jueves, abril 30, 2026

Powell deja la FED

Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.

Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.

El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes

miércoles, abril 29, 2026

Magnicidios trumpistas

Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.

Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.

Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.

martes, abril 28, 2026

Un año del apagón, cero responsables

Hoy se cumple un año del apagón que llevó todo el país a negro y nos puso delante de una de esas situaciones peliculeras que cada vez se dan más en nuestras vidas. Al mediodía de hace 365 días la luz se fue en la oficina en la que trabajo, y lo que parecía el efecto de alguna obra de mantenimiento, cosa que antes pasaba con cierta regularidad, derivó en otra cosa mucho más extraña. Los semáforos del barrio no funcionaban, y la información que llegaba indicaba que la situación no se daba en mi puesto de trabajo, sino en todas partes, en todo el país. Algo anómalo estaba sucediendo sin que nadie supiera ni el qué ni el por qué. Incertidumbre máxima en un día completamente soleado, como de película.

Un año después se ha producido un apagón de responsabilidades, lo que dice mucho del nivel de degeneración en el que han caído no ya las instituciones, que también, sino sobre todo el músculo moral de la sociedad, que si siempre ha estado fofo ahora no es más que un acomodaticio depósito de grasa. Si uno escucha a los expertos sobre el tema, a los de verdad, no a los tertulianos incultos pagados por el gobierno y afines, sabe bastante bien lo que pasó, una mezcla de mala suerte, irresponsabilidad en la gestión y deseos de experimentar con cosas con las que no se debe jugar. El hecho de que, desde entonces, la factura de la luz haya subido en promedio más de un 10%, evento iraní aparte, por las medidas impuestas por Red Eléctrica para que no se vuelva a repetir algo así es sintomático de que se podía haber evitado el suceso si la gestión actual se hubiera dado ese día, y los precedentes, donde ahora sabemos que se dieron momentos que podían también haber generado una situación de colapso como la vivida el 28 de abril. Un año después la gestión de Red Eléctrica ha cambiado, y es casi seguro que algunos de sus técnicos, los profesionales que más saben de esto, habrán sido purgados, pero la cúpula directiva de la entidad, con su presidenta Beatriz Corredor a la cabeza, ahí sigue, cobrando los cientos de miles de euros anuales con los que está retribuido su cargo, para el que no poseía ni mérito ni conocimiento cuando fue nombrada para ello, y que desde el día de la desgracia no ha hecho otra cosa que esforzarse sin cesar para salvar su nómina y exculpar a todos los demás de sus propios errores. Reconozco que cuando llegue el día del cese de este señora me alegraré aún más que el del de Tezanos, porque lo del sociólogo manipulador es de vergüenza, pero el daño que produce resulta mínimo respecto al destrozo económico y social que supuso el apagón. Beatriz Corredor es el perfecto ejemplo de incompetente puesto al frente de una entidad gestora pública, que está ahí por su lealtad al partido gobernante y a sus dirigente, no por nada más, sólo por hacer la pelota mejor que otros a los que mandan, y que gracias a ello se lleva una retribución inmensa, que a cualquier ciudadano le supondría el fin de sus problemas económicos. Corredor es el exponente perfecto de esas élites extractivas que Acemoglu y Robinson tan bien describieron en su obra seminal, y que lejos de perseguirse, por lo dañinas que son, han proliferado como los mosquitos en las aguas estancadas de nuestra sociedad. Su presencia se da a todos los niveles y en todas las administraciones, sea cual sea su color político, pero es evidente que cuanto mayor es el grado de poder que detenta una entidad política más lejos pueden llegar sus inútiles, más pueden cobrar y más destrozos son capaces de crear. En los ayuntamientos de España, donde hay todas las ideologías que quieran, hay miles de Beatrices Corredores cobrando sin merecerlo y haciendo destrozos que afectan a la vida de los residentes en esas localidades, pero su impacto es muy local, no trasciende. Destruye, como las termitas que corroen el tronco, pero es difícil de apreciar. En el caso de un organismo de la importancia de Red Eléctrica los aciertos también son invisibles, pero los errores pueden ser tremendos e imposibles de disimular. La oscuridad total se ve perfectamente.

Corredor se ha mimetizado perfectamente con el zeitgeist de nuestro tiempo, ese que viene a decir que admitir las responsabilidades de lo hecho y asumir los errores, pagando por ello, es de pringados, de cobardes, de débiles. Que el ciudadano que paga impuestos es un sujeto despreciable al que se le puede engañar todo lo posible y que dimitir es para otros, no para los que tienen el rostro pétreo, el morro infinito y se encargan de que haya siempre alguien a sueldo que les cubra las espaldas y defienda, a ser posible en medios controlado. Caerá Corredor algún día, lo festejaré, pero la probabilidad de que sea sustituida por una necedad semejante es muy alta. Y si hay otro apagón, ya saben a joderse tocan, que culpables no hay. Ni habrá.

lunes, abril 27, 2026

Monserrat Torrent, cien años

No, no voy a dar el protagonismo de hoy a Trump, pese a la gravedad de lo sucedido este fin de semana en la cena de corresponsales. Se lo voy a otorgar a una mujer que cumplió el centenar de años el pasado 17 de abril, hace una semana y media, y que no sólo merece reconocimiento por haber llegado a semejante edad, que también, sino porque es una de las personas más importantes de la historia de la música en España, reina eterna de la interpretación del órgano, instrumento al que ha dedicado la inmensa mayoría de todos esos años, y que, pásmense, sigue en activo, tocando con sus manos centenarias el teclado como si el tiempo no hubiera pasado.

Este sábado, en el ciclo de órgano que se celebra cada temporada en el Auditorio Nacional, se organizó un homenaje e Monserrat Torrent, la artista, la mujer, la matriarca, en el que ocho organistas españoles de estilos y trayectorias distintos interpretaron una pieza delante de ella. Todos, junto con muchos otros, han sido alumnos de Monserrat a lo largo de las pasadas décadas, y han aprendido de sus enseñanzas, y ahora alguno de ellos también la cuida y ayuda en la medida de lo posible. El concierto era muy especial, porque no se trataba sólo de una reunión de amantes de la música, sino también una fiesta de cumpleaños, y un reconocimiento a una longevidad y capacidad casi inimaginables. La movilidad de Monserrat es limitada, como resulta fácil de imaginar, por lo que cuando empezó el concierto ella no salió al escenario, sino que apareció directamente en la grada en la que se encuentra la consola del órgano junto con el resto de los intérpretes, que ya recibieron una ovación de gala por parte del público, que llenábamos el recinto. A partir de entonces Monserrat se quedó en un lateral de esa grada, oculta al público, cerca de los teclados, y cada uno de los intérpretes sí fue saliendo de manera convencional al escenario, en goteo, subiendo luego a la grada e interpretando la pieza del programa que le correspondía. Tras ello, saludaban a Monserrat, momento que se podía ver porque un sistema de cámaras retransmite la interpretación del organista (que se sitúa lejos del público y dándole la espalda) y dejaba su posición de intérprete y se sentaba en una parte de la bancada lateral, donde sí hay púbico, que está muy cerca del instrumento. Así uno a uno, cada uno con una pieza no muy amplia, de unos cinco o siete minutos, con repertorio barroco, impresionista, moderno, o antiguo, variado, hasta el momento en el que el programa indicaba que la última pieza sería interpretada por la propia Monserrat. Se trataba de la pastoral en fa mayor BWV 590 de JS Bach, composición compuesta de cuatro fragmentos de escucha agradable, estilo pastoril y de dificultad, como siempre en Bach, rozando lo imposible. Monserrat subió al banco de la consola ayudada por dos de los organistas que habían participado en el concierto, y uno de ellos, en la primera parte de las cuatro de la obra, interpreto las partes de pedal, porque Monserrat ya no llega desde su posición de sentada, con sus pequeñas piernas, hasta el pedalero. Pero en el momento en el que puso sus manos arrugadas sobre el teclado los dedos, centenarios, cobraron una vida inimaginable, y durante unos minutos que se antojaron suspiro se podía ver la proyección de sus brazos, manos y rostro atentos a la partitura, ejecutándola con precisión. Si durante el concierto el nivel de toses fue el habitual en una sala sinfónica, mayor de lo deseado, se suspendió de manera casi milagrosa en la interpretación de Monserrat, en un silencio de comunión y respeto como pocas veces se da en un recinto abarrotado, y que sólo la admiración por la música y un intérprete son capaces de lograr.

Terminada la interpretación, todos prorrumpimos en un aplauso absoluto, y nos pusimos en pie sin dudarlo. Casi dos mil personas entregadas a una mujer empequeñecida que era sostenida por el resto de organistas, pero que sigue siendo un prodigio al teclado. Con un micrófono pudo decir unas palabras, que entendí regular, en las que mostraba un agradecimiento profundo a todos los que a lo largo de su vida le han ayudado y a todos los alumnos que ha tenido, entre ellos los presentes en ese día, y agradecimiento rendido al público que siempre le ha respetado y admirado. Tras eso la ovación siguió, siendo nosotros los que agradecíamos la presencia de una profesional así y su magisterio. Historia viva de música y vida. Cien años de plenitud. Qué gozo.

viernes, abril 24, 2026

Mythos de la IA

Mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado y la crisis energética global se agrava, la IA sigue generando noticias sin que se le preste demasiada atención. Es verdad que muchas de ellas tienen un componente, digamos, apocalíptico, que hace difícil saber que tienen de cierto, de propaganda por parte de sus difundidores o de real, pero bueno, las cosas son como se cuentan, no tanto como son en sí. Anthropic, la empresa desarrolladora de Claude, quizás la más avanzada en este mundo, y la que ha tenido los famosos problemas con el Pentágono por cuestiones de ética de uso de su IA para fines militares, vuelve a ser la protagonista.

Hace unos días desveló la existencia de una variante de su modelo Claude, al que apodó como Mythos. Las empresas de IA desarrollan modelos completos en los que mejoran las capacidades de sus precedentes, de ahí ChatGPT 3, 3.5, 4, etc pero como pasa con el software de toda la vida, hay versiones intermedias que no salen al mercado masivamente pero sí son probadas por desarrolladores y especialistas de la comunidad. Esta es una de esas. La cosa es que Anthropic ha anunciado que Mythos existe, pero que no la va a dejar nunca de acceso libre al mercado, por el peligro que supone. No, no Mythos no mata a la gente ni nada por el estilo, lo que sucede es que parece ser muy buena para detectar vulnerabilidades en el software, fallos en el código de la programación de programas que sí existen ya en el mercado y que muchos utilizamos, fallos que pueden servir para que maliciosos se infiltren en ellos o los derrumben o se apropien de los datos o hagan cosas ilegales. Pues bien, dice Anthropic que son miles y miles los fallos de vulnerabilidad que ha encontrado en software que lleva años en servicio, y que muchos de esos errores son vulnerabilidades críticas que comprometen seriamente al programa y a sus usuarios. Afirma también que la mayor parte de esos fallos jamás hubieran sido detectados por humanos, y que los riesgos que abriría la divulgación de esos errores son enormes. Nuevamente, ¿cuánto hay de cierto en esta noticia y de propaganda publicitaria de Anthropic? Es imposible saberlo, y en todo caso debiera ser alguien muy experto en programación, o mejor, un buen hacker, el que responda a esta pregunta después de analizar lo que Mythos proporciona. Como no es el caso de quien esto escribe, no les puedo responder con capacidad. Lo único seguro es que la empresa de los hermanos Amodei ha organizado una ronda de reuniones al más alto nivel con empresas de software punteras (Microsoft, Oracle, Google… ) para analizar en privado, y bajo una confidencialidad aparentemente estricta, lo que el modelo ha descubierto y las formas de corregir esos fallos. Supongo que los desarrolladores de esas empresas podrán valorar correctamente hasta qué punto las vulnerabilidades encontradas son comprometedoras, pero dado que las IA a las que podemos acudir todos en el mercado sí son capaces de programar correctamente y hacer cosas de desarrollo que hace un par de años o tres hubieran requerido grandes equipos humanos y tiempo abundante, es posible suponer que las más avanzadas serán capaces de hallar fallos en líneas de código realizadas hace tiempo por humanos bajo unos estándares de seguridad menores que los actuales. De hecho eso es el trabajo del hácker, encontrar fallos, o puertas no diseñadas pero que existen y se abren, que permiten que el software o no se comporte como se esperaba o que lo haga al servicio de quien se introduce en él, y no al de quien lo diseño u opera. Quizás Mythos no sea el hacker universal como se anuncia, pero es fácil que haya encontrado algo feo y potencialmente peligroso, así que mejor corregirlo.

En todo caso, lo que sí es cierto es que, sin inteligencia comparable, las IA empiezan a mostrar capacidades que no se les suponía hasta dentro de mucho tiempo, y su mejora continua no cesa de producirse en un bucle de retroalimentación interesante. Su presencia en la sociedad es creciente y sus consecuencias económicas no hacen sino crecer. Ayer Meta, la empresa de Zuckerberg, anunció el despido de 8.000 empleados, que resultan ser redundantes dado el desarrollo de la IA en la evolución diaria de su corporación. ¿IA creciente a la par que la tontería humana? Viendo Ormuz no es descartable.

jueves, abril 23, 2026

Libros más o menos densos

Hoy es el día del libro, san Jorge en varias CCAA, y las calles se llenarán de tenderetes con autores y ejemplares, y rosas acompañantes, en un maridaje espléndido de belleza editada y natural, a pesar de que más de uno me acusará de ser cursi hasta el extremo. El poder de las tradiciones es su vigencia, pero las hay que, por sí mismas, valen la pena, y otras que no, y lo de comprar libros y rosas me parece algo no sólo digno de que se mantenga en el tiempo, sino una de esas cosas bonitas que no debieran dejar de existir en una sociedad que tiende a la grisura en muchos otros aspectos. El que critique, bien, y el que compre, también.

Hace unos días leía un artículo en el que se estudiaban algunas características de los libros editados en los últimos años. El tema de investigación, centrado en la pérdida de atención que se vive en nuestro mundo, comparaba la densidad de los textos, la longitud de las frases y su complejidad, y le salía como resultado que, progresivamente, los éxitos de ventas se van volviendo lingüísticamente más sencillos. La media de palabras por frases está bajando, poco a poco, pero de manera sostenida, y la ausencia de subordinadas es cada vez mayor, en unas estructuras mucho más lineales de lo que lo eran antes. Para los apocalípticos del tema esta es otra evidencia de la debacle a la que nos enfrentamos tras el dominio aplastante de las pantallas y del vídeo como fuente de conocimiento y diversión, mientras que para los integrados (Eco, Eco) el estudio es relevante pero no es indicativo de que se esté produciendo una decadencia de las capacidades lectoras, máxime cuando se venden más libros que nunca y el número de lectores activos se mantiene en cotas elevadas, sin haber sufrido desplomes como ha sucedido con el de los cinéfilos. Steve Pinker, psicólogo, uno de los estudiosos más relevantes sobre el comportamiento humano, y que tiende a estar en el lado de los optimistas vitales, ha comentado en algunas de sus últimas intervenciones que la preminencia del vídeo, gracias a la tecnología que lo ha hecho omnipresente, está sustituyendo al texto explicativo, y que leer algo es un esfuerzo que va en contra del instinto de ahorro que llevamos grabado a fuego en nuestro interior. Ver es más natural que leer, que no deja de ser una técnica introducida hace varios miles de años. Comenta Pinker que las búsquedas en internet de cualquier tema ofrecen, en la actualidad, como primera referencia un texto explicativo elaborado por la IA y, a continuación, una serie de vídeos que comentan sobre el tema. Esto es mucho más claro en búsquedas de carácter técnico que en otras (pruebe a buscar en Google cómo cambiar un grifo o enchufe, por ejemplo) y es probable que tenga razón. La pasividad que supone contemplar imágenes que nos explican las cosas es insuperable, frente al esfuerzo que supone leer e imaginarlas. Eso ya lo descubrieron los programadores de televisión hace varias décadas, de tal manera que consiguieron no ya hacerse un hueco, sino modificar completamente los estándares de ocio y acceso de la información de la sociedad. La tele se convirtió en la reina de los hogares, en un movimiento criticado por muchos por la escasa calidad de sus contenidos. “La caja tonta” es algo que se ha dicho toda la vida. Ese fenómeno se ha hecho exponencial con el móvil, de tal manera que esa pantalla es la absorbente completa de nuestras vidas, o de gran parte de ellas. El suministro de vídeo que supone acceder a algunas apps llega a ser infinito, y más de uno se puede pasar toda la tarde, o toda la vida, contemplando clips más o menos cortos de un tema para saltar a otro y a otro en un bucle absoluto. ¿Se está contagiando la literatura de ese concepto de la inmediatez, brevedad, concentración? Puede ser. De momento, bastante hace el sector con sobrevivir ante semejante competencia, que ha laminado industrias enteras, de ocio y de otro tipo.

No se va a dejar de leer, ni de publicarse novelas y ensayos relevantes, junto a muchos otros que no lo son tanto, porque no todo el campo está lleno de flores. La lectura siempre resultará más exigente que otras formas de ocio, pero ofrece a cambio una de las mayores posibilidades imaginadas, que es precisamente esa, la de imaginar lo que está sucediendo, la de ser uno el creador del vídeo personalizado que refleja lo que las letras le están contando. El vídeo de la web es idéntico para todo el que lo ve, la novela también, pero el resultado de la lectura es completamente distinto para cada lector que se enfrenta a ella. Esa es parte de su magia, de los pétalos de colores de esa rosa que, con sus espinas, sigue subyugando a tantos.

miércoles, abril 22, 2026

Trampas del nacionalismo voxero

Si no pasa nada raro, esta mañana María Guardiola será investida como presidenta de la Junta de Extremadura tras la segunda jornada del debate destinado a ese fin. Los votos de Vox, conseguidos tras el acuerdo firmado la semana pasada, permitirán a la del PP alcanzar una presidencia que ya ostentó la vez pasada gracias a otro acuerdo con los populistas de derechas que se frustró tras la espantada voxera a cuenta del acuerdo de reparto de menores inmigrantes. En esta ocasión los de Abascal han bajado algo sus exigencias tras los últimos resultados electorales, pero han conseguido que su idea, falsa, de los nacionales primero, esté presente en el debate político.

Y digo falsa porque el ideario voxero, como el de todos los nacionalistas populistas, se basa en la asunción de una superioridad (falsa) de un conjunto de personas respecto a otras por cuestiones que se asocian a la raza, el origen y tonterías por el estilo. En esto los profesionales en España son los nacionalistas vascos y catalanes, que exhiben su racismo sin tapujos y han conseguido que parte de la inútil izquierda del país les compre el discurso y lo califique de progresista. Pues bien, los de Vox son igualmente racistas, sólo que cogen a otro grupo de población para determinar cuáles son los privilegiados y cuáles los discriminados. Es lo que tiene ser sectario, tu defines a conveniencia quiénes son los elegidos y desprecias con la mayor fuerza posible al resto. Y ese comportamiento, además de inmoral, es ilegal. La ley, eso que empieza a ser poco más que una referencia en papel pero que cada vez se respeta menos, empezando por nuestro desgobierno, define a los españoles como ciudadanos sujetos de derechos y obligaciones. No es posible discriminar a unos de otros, porque las leyes modernas occidentales, fruto de la evolución ilustrada y liberal, se basan en el reconocimiento de la individualidad como el sujeto del derecho, en la preminencia del ciudadano como el titular, y en la igualdad entre todos ellos, sean hombres o mujeres, blancos o negros, niños o ancianos, calvos o poseedores de melenas… todo eso no es relevante respecto a los derechos que posee el ciudadano. Vox, como el resto de nacionalistas, además de ser racistas, y otras cosas igualmente malas, vive en un mundo preilustrado, un mundo medieval en el que los derechos no son de los ciudadanos, sino regalías otorgadas por el poder absoluto, del que emana todo, que permiten a unos medrar y mantienen a otros eternamente condenados a la discriminación. Los delitos con los que tanto se le llena a Vox la boca, son delitos, los cometa quien los cometa, y tenemos capullos integrales causantes de daño, dolor, muerte y corrupción nacidos en España, nacidos en Senegal y nacidos en Noruega. La ley no juzga orígenes, juzga hechos y actitudes. ¿Acaso la ocupación ilegal de viviendas es menos ilegal si la realiza un ciudadano nacional que uno comunitario o uno nacido fuera de la UE? ¿En qué cabeza entra que el castigo ante los delitos deba estar condicionado a la procedencia de los que los llevan a cabo? Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado deben perseguir a los delincuentes que lo sean, por los delitos que cometen, no por otra cosa, y los juzgados sancionar las conductas delictivas que sean probadas. Y todo ello, a ser posible, con celeridad. Es así de simple. Los voxeros han encontrado un presunto filón en el tema de la inmigración, que provoca tensiones en el acceso a los servicios sociales y a mercados como el de la vivienda, pero no tanto por el origen de los que vienen de fuera como por el mero hecho de que la población se dispara. Es tan complicado comprar piso en Alicante por la cantidad de nórdicos que se hacen por ellos como lograrlo en barrios del extrarradio de las grandes ciudades por la llegada de, pongamos, latinoamericanos. Curiosamente, o no, Vox sólo se fija en los segundos, para nada en los primeros. Es un racismo el suyo, como suele ser habitual, muy mediatizado por la renta per cápita del que llega al país, poniendo el umbral de la “españolidad” que otorga con displicencia en, intuyo, unos 35.000 euros de ingresos anuales. Por encima de esa cifra no le ve tantos problemas, seguro.

La gestión de los flujos migratorios es un problema para sociedades envejecidas como la europea, necesitadas de la llegada de gente de otras nacionalidades pero que ve, con temor e hipocresía, que el mundo que conocía se convierte en algo bastante distinto. Es un asunto en el que los populistas encuentran un buen caldo de cultivo para vender soluciones falsas, que logran prosperar en medio de la agitación social y la dejadez de las administraciones, más preocupadas por pillar mordidas que hacer su trabajo, como se intuye de los juicios que vemos a diario. Votar a populistas como Vox no solucionará problema alguno, sólo empeorará los que hay y creará a nuevos. Probablemente la sociedad lo descubra bastante más tarde de lo debido.

martes, abril 21, 2026

Marineros atrapados en el golfo

Mientras estamos en el brete de si hay negociaciones o no entre EEUU e Irán, y cada uno hace ejercicios de pose cara a la galería mezclado con movimientos profundos, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, por lo que la asfixia económica y energética que provoca se cronifica, y sus efectos, que pudieron llegar a ser transitorios, empieza a adquirir dimensiones más y más intensas. Sin embargo, hay un problema muy grave al que hasta ahora muy poca gente le habría prestado atención y que empieza a requerir la debida. No es económico, sino humano, y hace referencia directamente a miles de personas, las atrapadas en el golfo.

Se calcula que hay cerca de dos mil barcos que, en su mayor parte, siguen en las aguas interiores del golfo o están ala espera de entrar al mismo, y que no pueden franquear Ormuz. Y son miles, se estiman en más de veinte mil, los marineros que llevan ya más de mes y medio a bordo de esos buques en una estancia que se prolonga sin visos de que se pueda revertir en breve. En cada barco habrá una tripulación de distintos rangos y cometidos, pero que de manera indistinta come, bebe y duerme. Las provisiones que esos buques llevan tendrán unos márgenes de seguridad, para mantener el abastecimiento de la tripulación en caso de incidencias en el viaje, pero la que se está viviendo ahora es más que probable que haya desbordado muchos de los criterios de precaución con los que armadores y capitanes han planificado el viaje. Comienzan a llegar noticias de racionamiento de agua y víveres a bordo de muchas de las naves, y los problemas irán a más en una zona no precisamente fresca, donde las temperaturas seguirán subiendo cada día y el calor comenzará a ser un serio problema para todos. A todo esto se debe sumar el habitual caos que se produce en el sector marítimo, donde el armador suele ser uno, el pabellón bajo el que se navega otro, y las tripulaciones muchas veces parecen un espejo de la ONU, con procedencias muy diversas, idiomas y culturas de lo más diferente y sólo el trabajo a bordo como nexo común que agrupa a todos. Si las cosas se complican, y pasar hambre y sed son cosas muy complicadas, es fácil suponer que la tensión dentro de las tripulaciones se disparará y habrá incidentes de todo tipo. En el barco la máxima autoridad es el capitán, es un mundo reglado donde está bastante clara la jerarquía, el reparto de tareas y lo que cada uno representa en la vida a bordo, pero en situaciones como estas son clásicos los relatos de motines, revueltas, insubordinaciones, tomas de control, camarillas enfrentadas y todo tipo de incidencias en las que el orden interno va degenerando y la sociedad colapsa. ¿Alguien ha pensado en el estado de esas tripulaciones? ¿Hay previstos planes de reabastecimiento? No se si existe la posibilidad de que esos buques puedan arribar a puerto en el interior del golfo, y más dada como está la tensión bélica. Con ese riesgo, que ya se ha llevado a más de un marinero en los ataques infringidos por parte de los contendientes en este mes y medio de guerra, es la orilla sur del golfo, la que comparte Kuwait, Arabia Saudí, EAU y Omán la única que parece viable para que estas naves puedan tomar puerto y aprovisionarse de víveres y agua. También tengo dudas de en qué estado estarán sus reservas de fuel. Es fácil suponer que eso es algo que se carga con mucho margen, pero también es verdad que en mes y medio de vida a bordo los motores del barco son la única fuente de energía para todo, empezando por la luz de los camarotes y todos los sistemas de navegación. ¿Van a poder repostar? Si alguno de los buques llega a agotar su combustible se convierte en un objeto flotante sin rumbo ni capacidad de imponerlo, un gran objeto a merced de las corrientes que puede convertirse en un peligro para la navegación de todos los demás. Que se sepa aún no ha sucedido nada de eso, pero no es descartable que pase si la situación se prolonga en el tiempo.

Las familias de esos miles de marineros, que sabían que los suyos iban a hacer un viaje por el mar, de esos que siempre llevan su tiempo, ya están esperando más de la cuenta, y su angustia irá creciendo ante la incertidumbre de la situación y la prolongación de algo que nadie esperaba. Los testimonios de personas que se encuentran atrapadas en esta situación empiezan a circular, bien es cierto que, de manera escasa, y relatan miedo, angustia y desesperación creciente. Junto con la guerra hay miles de damnificados que han visto convertido su trabajo en una pesadilla, y su barco en una cárcel de la que no pueden salir de ninguna manera. Una odisea nada poética.

lunes, abril 20, 2026

Ya nos ganan corriendo

Ayer tuvo lugar la media maratón de Beijing, algo no muy raro dada la fiebre, que sí veo rara, de salir a correr distancias inconmensurables que dejan los cuerpos hechos polvo. Eso se ha extendido por todo el mundo, y en Madrid hay momentos en los que parece que han soltado un monstruo por las calles, de la cantidad de gente que ves corriendo, como si huyera de él. La cuestión es que en esa media, en paralelo al recorrido oficial, había un carril reservado para que por el fueran robots humanoides, no artefactos con ruedas en plan cochecito, no sino robots bípedos como nosotros que corriesen de una manera similar.

A la prueba se presentaron algo más de cien robots, de aspecto y tamaño similares, más o menos como un humano bien grandote. La inmensa mayoría de los participantes eran de fabricación china, siendo sólo unos poquitos del resto del mundo. De entre todos los concursantes, algo más de la mitad eran dirigidos por control remoto, es decir, un operador los controlaba y, supongo, era el encargado de mantener el ritmo de la carrera y hacer los giros y demás efectos necesarios para mantenerse dentro del recorrido, una especie de piloto de coches radiocontrol pero llevando un aparato sin ruedas. El resto de los participantes eran sistemas manejados por IA, autónomos, que evaluaban por sí mismos el recorrido y decidían cuándo acelerar o cómo tomar las curvas y pendientes que surgían a su paso. El año pasado también se celebró esta carrera, con bastantes menos participantes, y muchos de ellos generaban simpatía al ver cómo tropezaban o caían de una manera un poco patosa. El ganador de esa competición robótica tardó más de dos horas en recorrer la distancia reglamentaria. Este año las cosas han sido un poco distintas. Mucho. Ha habido algunos ejemplares que se han caído, tropezado y quedado por el camino, pero la mayor parte de los participantes lograron llegar a la meta, tanto los controlados por remoto como los que usaban la IA. No sólo la ratio de éxito de los participantes ha sido exitoso, sino que las marcas ya son memorables. El ganador de la competición, creo que radiocontrolado, ha tardado unos cincuenta minutos en hacer los 21 kilómetros de la carrera, lo que bate con creces las mejores marcas humanas. Apodado relámpago, luce un color rojo intenso y unos bracitos pequeñitos, con un tronco esbelto y un par de piernas que se mueven de manera impetuosa. No hacen falta pies como tales para semejante comportamiento, y sus extremidades se parecen a esas prótesis que lucía Pistorius, el famoso atleta paraolímpico. La cabeza es enjuta, con un sistema de visión que le da un cierto toque dimensional humano pero con notable ausencia de rostro. Al parecer fue necesario cambiarle la batería a mitad de recorrido, pero sólo con dos cargas pudo mantener todo el tiempo una velocidad constante que le llevó a batir todos los récords. Relámpago ha corrido una distancia enorme, una media maratón, a un ritmo que ningún humano conocido es capaz de alcanzar, por lo que sería capaz de pillar a quien quisiera en una competición de distancia, superando poco a poco a humanos que desarrollarían velocidades mayores en distancias más cortas, pero que con el paso de los kilómetros quedarían agotados. En la competición del hombre contra la máquina es evidente que ya perdimos hace tiempo la batalla frente a los objetos con ruedas, simplemente piense una bajada de un puerto de montaña en bicicleta respecto a la carrera humana, y ni les cuento en las comparativas con coches o cualquier otro tipo de vehículo a motor. Lo ultranovedoso de este caso es que el bipedismo artificial ya es capaz de superar al biológico en prestaciones. Recuerden, relámpago tenía las mismas ruedas que usted y yo: ninguna.

El progreso alcanzado por este tipo de robots en el lapso de unos pocos años es realmente asombroso. China se ha propuesto liderar esta carrera, la conceptual, y desde hace un par de años no deja de hacer demostraciones en las que humanoides cada vez más sofisticados no sólo ya replican nuestros movimientos, sino que los multiplican de una manera asombrosa en coordinación, precisión y capacidad. El ejercicio de artes marciales y baile que mostró al mundo hace un par de meses con motivo del nuevo año lunar ya dejó epatado a medio planeta. Lo de ayer fue otra exhibición de control y, también, marketing. Espectacular.

viernes, abril 17, 2026

Inacción

Ayer por la tarde, de camino a casa, viví un incidente en el metro, de los desagradables, que afortunadamente no se dan con frecuencia. A tres paradas de casa el tren en el que iba empezaba a estar más tiempo de lo debido en la estación y el conductor avisó de que, por avería en línea, estaríamos detenidos un rato. El convoy estaba bastante lleno, pero no de manera agobiante. Uno de los pasajeros, al que ya se le había escuchado murmujear a lo largo del trayecto, empezó a cagarse en todo en voz alta, sin cortarse mucho, y se levantó y salió del tren. El vagón en el que viajaba era el primero, el más cercano a la cabina del conductor.

El pasajero iracundo, por así llamarlo, salió, como les decía, y se plantó en frente a la puerta del conductor del tren. Empezó a lanzar insultos a lo loco, gritando como un poseso, con toda la retahíla de hijos, madres meretrices y demás expresiones de ese tipo. Dio también algunos golpes, no se si con el puño o patadas, a lo que supongo sería la puerta del conductor, por lo que sentimos los que nos quedamos dentro del vagón, y al poco decidió volver al interior, sin gritar tanto, pero con una mala leche alucinante y hablando en alto claramente, cagándose en el conductor y en todo lo demás. Obeso, medio calvo, con vaqueros desgastados, camiseta sudada y mochila, sudaba abundantemente. Pocos instantes después el tren dio el aviso de cierre de puertas y salimos de la estación. Al poco llegamos a la siguiente, a dos paradas de casa, donde arribamos, se abrieron las puertas, y un empleado de seguridad, acompañado de dos miembros del personal del metro, entraron en el vagón y se dirigieron al iracundo, que seguía sentado en el suelo y perjurando por lo bajo. Le conminaron a que se bajase, cosa a la que él se negó. El vigilante empezó a ser insistente y dijo que mientras el iracundo siguiera en el vagón el metro permanecería detenido, a lo que siguieron algunas voces de pasajeros pidiendo al sujeto que se bajase de una vez. Al cabo de un minuto, el iracundo decidió levantarse del suelo y salir del vagón, escoltado por el personal del metro y seguido del vigilante de seguridad. En el andén, los dos empezaron a discutir y, en un momento dado, el vigilante le sujetó de la mano para que no acercase tanto el brazo, cosa que hacía de manera intimidatoria. Eso provocó que la iracundia se transformase directamente en intento de agresión. El iracundo se encaró directamente con el vigilante, amenazándole con hacerle de todo si le volvía a tocar y gritando como un descosido: Cada vez se acercaba más al vigilante, con esa pose chulesca de “que pasa” que mantienen algunos en las discusiones cuando tratan de acorta el espacio de cortesía que nos separa a todos en condiciones normales para hacerse con él. Los empleados del metro, dos mujeres, sacaron sus walkies y, supongo, llamaron para relatar lo que estaba pasando y pedir refuerzos. Con el iracundo desmelenado, a pesar de su calvicie, a penas a unos centímetros del vigilante, amenazando con mandarle mucho más allá del otro barrio a base de toto tipo de golpes, volvió a sonar la señal del aviso de puertas y se cerraron, tras lo que el tren emprendió su rumbo y, en no mucho, transcurrieron las dos paradas que quedaban hasta llegar a la que es la mía. Cuando el tren arrancó, dejando la escena al otro lado de los cristales, se pudo sentir una especie de alivio generalizado entre todos los pasajeros que íbamos allí, espectadores involuntarios de una escena desagradable, que había estado a punto de descarrillar en más de una ocasión, y que tenía pinta de que no iba a acabar nada bien.

El título de hoy, inacción, viene de que eso es lo que hicimos todos los que viajábamos en el tren durante todo el suceso. Nada. Mirar, si, cada vez con mayor atención y reparo a lo que iba pasando, pero sin mover un dedo. Sólo algunas voces que pidieron que se bajase el iracundo tras el aviso de detención del vigilante hicieron ver que había público en la escena, el resto fue un silencio sepulcral. La violencia desatada por ese sujeto hizo que nadie se atreviera a mover un dedo en ningún sentido, a pesar de que habíamos visto un intento de agresión al conductor, al que no le pasó nada por estar protegido en su habitáculo. La violencia coarta. El miedo es efectivo. Esa ley de la selva, que tanto se lleva ahora en la actualidad internacional, funciona en todos los escenarios.

jueves, abril 16, 2026

¿Habrá escasez de combustible?

Aunque ayer en Wall Street tanto el Nasdaq como el SP500 cerraron batiendo sus récords históricos, superando los 7.000 puntos el principal índice agregado de aquella bolsa, el miedo a la crisis global por la guerra de Irán cree a cada día que el conflicto se mantiene. Ayer hablamos del problema de los precios, de cómo la inflación se puede colar en todos los productos, posibles respuestas monetarias de los bancos centrales y el daño que eso hará a la demanda, pero hoy quiero centrarme en un problema más físico, más de cantidades, y es el temor a que haya escasez de combustible, más concretamente, de queroseno y diésel.

Por Ormuz salía el 20% del petróleo que se consume en el mundo y un porcentaje elevado del gas natural licuado. Ese petróleo tenía como destino más directo Asia, de tal manera que son las naciones de ese continente las que están notando directamente una menor llegada de suministro. Tirando de reservas las cosas se palían, pero si entra menos que antaño y el consumo no cae lo debido las reservas se agotan. A partir de un barril de petróleo se extraen un montón de productos, algunos de ellos necesarios para la industria química, y toda una gama de derivados energéticos, desde el gas de petróleo (butano) a gasolinas ligeras, las convencionales, queroseno, diésel, naftas y alquitranes para asfaltado. Todo en función del proceso de refino que se haga, de las temperaturas de trabajo de ese proceso, de la calidad del petróleo en origen y otra serie de factores. En general, gasolinas y gasóleos son los derivados más numerosos en porcentaje respecto al total que se extrae, y también son lo que más se consume. El queroseno es uno de los derivados más importantes, porque es el combustible de la aviación, y aquí llegamos al gran cuello de botella. El transporte por carretera se puede electrificar en parte, sustituir por transporte público que optimice el consumo de combustible, etc. Es difícil y costoso, pero se pueden plantear alternativas, pero no hay nada similar en el mundo de la aviación. Todos los aviones consumen queroseno y no despegan sin él. Habrá trayectos cortos que pueden ver alternativas por carretera o tren, quizás, pero eso no es posible en la mayor parte de las rutas, sean trasatlánticas o de recorrido aún más largo. Empieza a cundir un cierto nerviosismo en las aerolíneas no sólo por el disparo de los precios del combustible sino por el mero hecho de su aprovisionamiento. Si hay naciones o aeropuertos que empiezan a afrontar escasez, los vuelos que lleguen a ellos no podrán repostar ni por tanto salir, por lo que pueden convertirse en hubs inoperativos, lugares de escala de los que no se puede salir, y las rutas comerciales empezarían a verse comprometidas. En un mercado con miedo a la escasez surgen procesos de acaparamiento, carreras para no ser el último a la hora de conseguir llenar el depósito, y eso conduce a conductas feas en las que la ley y demás normativas se ven suplidas por el pirateo puro y duro. En la pandemia pudimos ver qué es lo que pasa cuando la demanda de un producto, léase mascarillas y demás, se dispara con ansiedad respecto a la oferta disponible, y cómo se robaban cargamentos, se acaparaban, se especulaba con sus precios y más de uno se forraba en medio del problema de todos (ahora mismo se juzga a algunos que, aquí mismo, robaban a cuenta de eso, y de todo lo demás, desde instancias oficiales). ¿Puede suceder algo similar con el queroseno? ¿Está amenazado el sector de la aviación y los viajes? ¿Van a poder llegar a España los millones y millones de turistas que cada año lo hacen, a través de nuestros aeropuertos?

No hay respuesta clara. Como todo lo relacionado con este asunto, depende de cuándo se acabe la guerra, cuándo se reanude el tráfico de exportación de crudo desde Ormuz y cuáles hayan sido los daños que han sufrido las industrias extractivas en los países del golfo. En todo caso parece que sí habrá algunas tensiones, ya las hay de hecho, y cada día que se prolonga el conflicto bloqueo irán a más. Es probable que en un par de semanas o tres tengamos algunas respuestas más claras sobre esto, a medida que todo el crudo que pudo salir antes del inicio de la guerra ya haya sido procesado en destino y las refinerías asiáticas dejen de recibir barcos.

miércoles, abril 15, 2026

Consecuencias económicas de la guerra

Seguro que malas, pero la incertidumbre es grande en cuanto a su extensión y profundidad. Si uno se fija en los mercados, que se mueven a golpe de mensaje de Trump, ayer el petróleo recortó claramente por debajo de los 100$ y el SP500 subió y ya recupera prácticamente todo lo perdido desde el inicio del conflicto. La visión financiera de lo que sucede es parcial, pero indica un tropezón, no un porrazo. Sin embargo, sabemos muy bien que una cosa es lo que hacen los índices de la bolsa y otra lo que pasa en la economía real. Normalmente hay una relación muy estrecha entre ellos, pero no son pocas las ocasiones de divorcio. ¿Estamos ante una de ellas?

El principal problema al que se enfrentan nuestras economías en el corto plazo es el de los precios energéticos, e incluso la disponibilidad. Los que usen el coche todos los días verán que los surtidores siguen siendo dolorosos, especialmente en el caso del diésel, y esa subida de precios actúa como un impuesto sin destino, una mera detracción de renta que reduce la capacidad del consumidor, por lo que más allá de que se alcance una estabilidad en los precios, los costes de la subida ya suponen menos renta disponible para cualquier otra cosa. Los temidos efectos de segunda ronda, que es como se llama en jerga a la filtración de la subida de precios energéticos en la cadena de producción de todo lo demás, irán viéndose poco a poco, y se notarán más en unos sectores que en otros. Agricultura, por diésel y fertilizantes, va a ser de los que más va a experimentar un aumento de costes y será rápido su traslado al supermercado, lugar al que los productos llegan en transporte consumidor de diésel, por lo que la cesta de la compra subirá sí o sí. Aunque haya sectores que, de por sí, se vean menos afectados por esta catarata de subidas de precios, es probable que más de uno se suba al carro de aumentar sus tarifas, dado que el resto también lo hace. El dato del IPC de marzo publicado ayer por el INE, 3,4% supera en un punto al de febrero, y es una muestra de cómo el disparo de precios ya está aquí. La subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, subió dos décimas, muestra de que esa segunda ronda aún no ha llegado plenamente, pero quizás empiece a asomar y se consolide en los próximos meses. Ante este panorama el consumidor y las empresas tienen que optar por políticas de supervivencia. Sube con fuerza la demanda de productos de marca blanca frente a los de marca comercial, porque son los más baratos de los lineales del súper, y en alimentación se suele dar un traslado de bienes de mayor calidad (frutas, carnes o pescados) a productos de aguante, como pasta y arroz. El problema de los fertilizantes va a provocar que bienes de alta calidad nutritiva como las frutas, verduras y cereales sean de los más afectados por el incremento de precios, por lo que además de problemas económicos se va a producir un empeoramiento de la calidad de lo que se consume. Si en el súper se busca ahorrar, pero visitarlo es ineludible, es en el ocio donde se encuentra un capítulo de gasto importante que, a priori, puede verse reducido para compensar la subida de costes. Si me queda menos dinero puedo recortar mis salidas a tomar algo, a cenar fuera, a asistir a eventos y espectáculos, etc. Si antes iba n veces al mes a cenar fuera, por ejemplo, ahora puedo ir una vez menos y eso compensa parte de la subida. Hostelería y sectores similares pueden verse afectados de rebote por la caída de la renta real del consumidor, aunque en grandes ciudades el efecto turístico pueda enmascarar este proceso. Los viajes de vacaciones también se pueden ver afectados, porque suponen un coste elevado y sus precios no dejan de subir a un ritmo bastante superior al de otros bienes o servicios. Se hablaba de incrementos claramente superiores al 10% en lo que hace a transporte y alojamiento en la Semana Santa recién concluida respecto a la del año pasado. Ese ritmo de subida no es sostenible para cada vez mas estratos de la población y no serán pocos los que renuncien no al descanso, pero sí al viaje, este próximo verano.

Si suben los precios, aunque sea por causas no monetarias, el BCE y demás bancos centrales no pueden quedarse de brazos cruzados, y las bajadas de tipos de interés que se esperaban pueden tornarse en subidas a corto plazo para tratar de embridar esto. Eso ya se nota en el euríbor, que en marzo ha subido tres décimas respecto a febrero, y ya supone que las renovaciones de hipotecas semestrales y anuales salen más caras, después de un par de años o más de rebajas. Otro coste que sumar al de los precios directos de la compra, que aletarga la demanda. Si la guerra se acaba ya todos estos efectos se irán diluyendo a corto medio plazo, pero si esto se prolonga el problema se enquistará, y eso es nefasto para todos.

martes, abril 14, 2026

Orban pierde el poder en Hungría

El dictamen de las encuestas electorales de las pasadas elecciones húngaras era unánime. Orban, tras dieciséis años en el poder, iba a perder la votación y con ello su poder. Sin embargo, el miedo que genera el personaje y la duda sobre lo que sería capaz de hacer en la propia jornada electoral alimentaban un sano escepticismo sobre qué acabaría pasando. Finalmente el domingo no hubo que trasnochar para asistir a la defunción oficial del régimen húngaro tras la arrolladora victoria del candidato Magyar, que logró la mayoría absoluta y. además, la necesaria para revertir las reformas desarrolladas por Orban en el país. 

Durante estos años Hungría se ha deslizado hacia el autoritarismo de una manera evidente y peligrosa. Si no ha caído completamente en él se ha debido a su pertenencia al club europeo y a los frenos que Bruselas ha intentado aplicar, pero se ha visto que no eran demasiado efectivos. El propio Orban definía a su régimen como iliberal, despreciando ese liberalismo que se encuentra en la base de las democracias tal y como las entendemos, ese liberalismo que permite que la voluntad ciudadana se exprese en las urnas pero que la libertar individual y los derechos de las personas sean lo que determinen los límites del poder del estado. En Hungría había elecciones, sí, pero no mucho de lo otro. La intromisión del poder en la vida del ciudadano era inmensa, y en este caso no por una ideología presuntamente socialista, no, sino por lo que se vendía como su reverso, por un conservadurismo tradicionalista que, tanto monta monta tanto, ha cercenado derechos por doquier y ha impuesto un modelo de gobierno en el que todas las instituciones estaban al servicio de un Orban no convertido en dictador, pero sí en lo más parecido a ello que se pueda imaginar en el contexto de la Europa de hoy en día. Su alianza con lo mejor de cada casa ha hecho que Hungría se convierta en un satélite ideológico de naciones como Rusia, China y los EEUU de Trump. Dos de esos países son dictaduras y en el tercero el magnate naranja sueña con construir la suya propia. Desde esa posición internacional, Hungría ha sido el caballo de Troya de Putin en Bruselas desde hace mucho, boicoteando en todo lo posible las muchas decisiones comunitarias que requieren unanimidad y, en el caso concreto de la guerra de Ucrania, actuando descaradamente como representante del país agresor, sin cortarse en lo más mínimo a la hora de despreciar a los ucranianos y festejar la invasión putinesca. Una posición muy deshonrosa en el exterior que se ha ido mezclando con la decadencia económica interior. Si las democracias son corruptas, ni les cuento los regímenes autoritarios. Las cifras económicas de Hungría muestran una decadencia que es una excepción entre el conjunto de las naciones del este europeo, que han visto como la adhesión a la UE ha sido lo mejor que les ha sucedido en casi un siglo, también en lo económico. Los miles de millones de euros de fondos europeos que riegan al resto de países vecinos no lo hacen en Hungría, donde la Comisión no ha encontrado otra manera de amonestar a su socio más díscolo que la de recurrir a ese chantaje económico. La verdad es que Orban se lo ha puesto fácil a Bruselas, porque el incumplimiento de numerosas condiciones referidas a derechos y libertades era flagrante, y eso daba argumentos legales a Bruselas para no transferir sus fondos. Envuelto en la retórica ultranacionalista, Orban ha hecho lo que habitualmente hacen los que son como él, empobrecer a sus naciones, empequeñecerlas, someterlas, hacer que viajen a lo que se vende como un pasado idílico y no es sino un pasado peor, un pasado de atraso. 

La principal bandera de enganche del candidato vencedor, que viene de una escisión del movimiento de Orban, es la lucha contra la corrupción, La supermayoría alcanzada le va a permitir desmontar legalmente mucho de creado por el orbanismo, pero el número de parásitos leales al régimen que se encuentren en cualquier punto de poder en Hungría será tal que va a costar mucho deshacer el régimen. El domingo por la noche fue casi festivo en Europa tras la derrota de quien ha sido uno de sus mayores enemigos internos. Voxeros, putinistas, trumpistas, pablemos y demás populistas globales han perdido a un aliado, más bien a un siervo. Y eso también merece ser festejado.

lunes, abril 13, 2026

Artemisa II y lo que es el éxito

La maniobra de reentrada en la atmósfera de Artemisa II, el último punto crítico de la misión, se superó en la madrugada del viernes al sábado, hora española, sin contratiempo alguno. El esfuerzo al que fue sometido el escudo térmico se superó y la nave apareció ante las televisiones que allí se encontraban colgando de sus últimos y hermosos paracaídas, tocando las aguas del Pacífico apenas a una milla de donde estaba calculado que lo hiciera. Los equipos de rescate acudieron prestos y los cuatro tripulantes fueron izados al barco de la marina que se encontraba allí para llevarlos a casa. Éxito absoluto 

Durante toda la misión, las declaraciones de los astronautas han estado llenas de admiración por lo que estaban viviendo, nerviosismo ante las comprobaciones que iban a realizar, con la certera sensación de ser cobayas ellos mismos de un gran experimento, y de agradecimiento, de un profundo agradecimiento ante todo y todos. Es curioso, las personas que más lejos han llegado de nuestro mundo, las que más se han alejado de todos nosotros, no han tenido palabra alguna de vanagloria, de orgullo propio, de superioridad, de altanería. En un tiempo en el que el yo domina la conversación, la presunción ante el mínimo hecho logrado bombardea las redes sociales y la egolatría lo domina todo, cuatro personas que han alcanzado una meta que les permitirá inscribir su nombre en la historia de la carrera espacial se han mostrado lo más lejos posibles del pavoneo, de presumir por lo logrado. Son casi la némesis del presidente de su nación, de ese narcisista patológico, que alardea como un payaso de todo lo que tiene, logra o destruye, pero que es le que mejor refleja esa corriente de nuestro tiempo a la que antes me refería. Koch, Glover, Hansen y Wiseman, los cuatro de Artemisa II, saben perfectamente lo que han trabajado cada uno de ellos para estar ahí, lo que han sacrificado en el plano profesional y personal para subirse a esa nave, lo que han renunciado en la parte de la vida familiar, del ocio, de todo, para alcanzar su sueño, pero sobre todo, saben que eso ha sido posible porque miles y miles de personas en medio mundo han trabajado con igual dedicación para que esa nave exista, funcione y les lleve y traiga de vuelta. Como si fuera una metáfora de todo el proceso, el cohete de Artemisa, de algo más de cien metros, se acaba convirtiendo en nada para que la cápsula habitada, la punta superior, pueda cumplir su misión. El papel de las tripulaciones en este tipo de viaje es importantísimo, pero no menor que el de los ingenieros que han diseñado los sistemas, los empresarios y fabricantes de cada uno de los componentes, los que se encargan de montarlo todo, los que siguen el día a día de la misión, los que van pensando en los problemas que pueden surgir y en cómo afrontarlos…. Los equipos humanos que están detrás de un reto como el conseguido con Artemisa son innumerables, y se extienden a lo largo y ancho del mundo, por lo que las palabras de agradecimiento que los cuatro astronautas han expresado sin cesar no sólo son debidas y sinceras sino, sobre todo, ciertas. Ellos son los más conscientes de cuánta gente ha hecho posible lo logrado, y allí arriba, en medio de la negrura, de la nada, en la que inmensa Tierra empieza a convertirse en poco más que una canica que se va empequeñeciendo poco a poco, saben que en ese punto azul del que se alejan siguen siendo miles y miles los que velan por la seguridad de su nave y de sus vidas, que les observan y tratan de anticiparse a lo que pasa. Aunque es imposible sentirse solo en medio de tanto espacio, al otro lado del interceptor hay un mundo de organizaciones y personas que, día y noche, sin descanso, se desvelan por ellos y por el cumplimiento de la misión. Solos están, pero no exactamente. Y lo saben.

Ante hechos de esta naturaleza, ante semejante ejemplo de sacrificio, entrega y cooperación, ¿dónde queda el vacío orgullo que contemplamos día a día, ese afán desmedido por presumir que nos inunda? A mi me toda esa tropa de triunfadores de pacotilla que no hacen sino alardear de la nada que hacen en cada momento, y que no piensan jamás en lo mucho que deben a los demás de sus méritos propios me dejan bastante frío, me desinspriran, si me permiten el palabro. Frente a ellos, Koch, Glover, Hansen y Wiseman son su reverso, son la cara real de un triunfo absoluto que, para nada, se baña en orgullo. Ojalá hubiera en este mundo algún astronauta más, algún científico más, y menos influencers, directivos, asesores y demás vendedores de humo.

viernes, abril 10, 2026

Artemisa II regresa a casa

Si consulto la web artemistracker a esta oscura hora de la mañana me indica que la nave Artemisa está a una distancia de su amerizaje de 169.960 kilómetros, acercándose a una velocidad de 1,6 kilómetros por segundo. Ha hecho ya prácticamente la mitad del recorrido que hay entre la Luna y la Tierra, y aún acelerará más a medida que caiga en el pozo gravitacional de nuestro planeta. Como supondrán, el frenado que va a sufrir en la atmósfera va a ser la última gran prueba de esta interesante, y muy exitosa, misión. Es el gran reto que queda por superar para que todo salga correctamente. 

La reentrada exige hacerse desde un ángulo muy preciso. A esa velocidad las capas de la atmósfera se comportan como una superficie dura y el grado de rozamiento es enorme. Cuenta la nave con un escudo térmico que absorberá la mayor parte del calor producido, pero que tendrá que resistir los, estimados, 3.000 grados que se alcanzarán, suficientes para fundir cualquier aleación metálica. El ángulo de entrada es fundamental, porque incidir sobre la atmósfera de manera muy plana puede generar un efecto rebote que saque a la nave de la trayectoria de entrada (siempre se pone el ejemplo de esa piedra que se lanza muy horizontal sobre el agua y no se hunde en ella, sino que rebota) y si se entra con demasiado ángulo el rozamiento se convierte en algo salvaje y la temperatura alcanzada evaporaría cualquier tipo de escudo. Pasar el trago de la entrada es, como indicaba, el último de los pasos de una misión que, en general, se puede calificar de éxito absoluto. En ella casi todo eran pruebas, test de una nave que, por primera vez, se lanzaba con tripulantes, de tal manera que todos los sistemas de soporte vital eran comprobados in situ, no en simuladores. La técnica y tecnología han funcionado correctamente en cada uno de los pasos de la misión, desde el despegue hasta el proceso de inyección translunar el recorrido de trayectoria libre que les ha permitido orbitar el satélite y las correcciones de trayectoria precisas para ajustarlo como es debido. El módulo de servicio, la parte cilíndrica inferior adosada a la nave, que contiene las reservas de combustible, motores principales y todo lo necesario para suministrar hábitat a Orion, ha respondido perfectamente a todos los requerimientos que se le han hecho, y será la última de las secciones del cohete principal que se volatilice, al contacto con la atmosfera, y no llegará a la Tierra. Sólo la Orion, ese segmento cónico en el que se encuentran los astronautas y los sistemas de control, comunicación y mando de la nave, logrará llegar a las aguas del Pacífico. Si todo va bien lo hará en torno a las 2 de la madrugada de mañana sábado, cerca de la costa de San Diego, en la baja California. Ya hay un buque esperando en las inmediaciones, presto para ir lo más deprisa posible hasta el punto exacto en el que la cápsula americe. Un conjunto de paracaídas serán los responsables de hacer que la bajada de la nave en el último tramo de la atmósfera sea suave, llegando al nivel del mar a una velocidad estimada de 30 kilómetros hora, provocando así un choque suave con el agua. Allí, los astronautas esperarán a que les llegue el barco de rescate. Sí, la Orion está diseñada para flotar dado que este es el método de aterrizaje previsto, aunque cierto es que hay un límite para el oleaje que puede aguantar. No hay previsión de temporal en esa zona del mar para la hora de la llegada, por lo que no se espera que la meteorología suponga peligro alguno. Los cuatro tripulantes están a menos de un día de volver, tras diez de intensa misión. 

Ha habido garrafales errores por parte de los medios de comunicación a la hora de relatar el desarrollo e hitos de la misión, pero el récord de distancia alcanzado, 406.771 kilómetros de la Tierra por parte de esta tripulación ya está en los libros de historia. Y, sobre todo, la belleza de las imágenes que han tomado, especialmente al realizar la órbita lunar, son el mayor de sus hitos. La vuelta de la esperanza en una carrera espacial tripulada que nos lleve más allá de nuestro mundo, la contemplación del infinito que es el espacio desde ahí fuera y, junto a ello, la gracia y fragilidad de nuestro enano planeta en medio de ese cosmos de profundidad indescriptible. Artemisa II habrá creado vocaciones de investigación y aventura. Y eso es un éxito que no se cómo se mide, pero sí que es de los mayores que se pueden lograr.

jueves, abril 09, 2026

Crisis en el movimiento MAGA

Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.

Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.

El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.

miércoles, abril 08, 2026

Salvados por la campana

Ayer por la tarde se vivió una situación muy extraña en la que el grado de paranoia global se disparó. A lo largo de la Semana Santa Trump ha ido escalando en el contenido insultante de sus mensajes en redes, alcanzado cotas barriobajeras que dejan al Pérez Reverte cabreado como un becario, hasta que hace dos noches escribió eso de que, a un día de expirar la fecha del ultimátum, anunciaba que en poco una civilización dejaría de existir. Así, por las buenas, de golpe, lamentándolo, pero sin remilgos. La amenaza máxima.

No hace falta ser una lumbrera para interpretar qué tipo de armamento se puede asociar a una amenaza así, y a lo largo de la tarde española, mañana en EEUU, a medida que el plazo se acercaba a su fin, empezó a circular la idea de si EEUU estaba dispuesto a utilizar armamento nuclear en su enfrentamiento con Irán. Sólo el especular con este hecho delata el riesgo que se vivió ayer, la tensión que se respiraba a medida que pasaban las horas. La idea general, a la que se agarraban casi todos, es que esto no era sino otro farol, enorme, del tahúr naranja en su proceso de negociación con los Ayatolas, pero el comportamiento errático y desquiciado que reina en el mundo Trump hace que alusiones imposibles dejen de serlo y que opciones que nadie contemplaría en su sano juicio tengan que ser puestas encima de la mesa para ser tratadas como viables. Con la llegada de la noche española la tensión se mantenía, pero los mercados, de bolsa y petróleo, no reaccionaban en modo pánico, apostaban a que por detrás del escenario se estaba dando una negociación que iba a permitir que el ultimátum no se ejecutara. La bolsa de Nueva York cotizó en rojo moderado todo el día, pero al final de la sesión recuperó pérdidas y cerró casi plana, con alguno de sus índices en un muy ligero tono positivo. No cotizaba el miedo que se percibía en no pocas de las opiniones globales. Dado que los que mueven el dinero tienen mejor información que muchos, la apuesta a que el mus de los mafiosos se mantenía y la dictadura iraní y el desquiciado naranja estaban regateando era lo más fácil de suponer. Pasadas las once de la noche españolas, a unas tres horas de expirar el plazo, se empezó a filtrar a los medios una propuesta de Pakistán, país que lleva ya varios días ejerciendo el papel de mediador improvisado, en la que se ofrecía una opción de acuerdo. Básicamente EEUU suspendía sus ataques a Irán durante dos semanas y, a cambio, los ayatolas reabrían el estrecho de Ormuz al tráfico internacional, se presume que peaje mediante, que sería utilizado para obtener unos ingresos que se venderían como compensaciones de guerra. De esta manera se detendrían los ataques cruzados en la zona, que afectan a Irán ya a todas las monarquías del golfo, se reducirían los daños que se siguen causando en infraestructuras energética vitales para la explotación de los yacimientos energéticos y la presión sobre los precios del crudo y sus derivados aflojaría. Esa propuesta implicaría reconocer, para EEUU, aunque no se diga, que el régimen de Teherán no sólo no ha caído, sino que pasa a tener una posición de control explícito de la zona de Ormuz, porque recordemos que antes del inicio de la guerra el paso de naves por ese punto era libra, sin peaje ni traba alguna. En este acuerdo Irán no saldría tan perjudicado como pudiera parecer

Pues bien, a estas horas de la mañana la noticia global es que estos son los términos acordados entre ambas naciones, y que por un plazo de dos semanas la guerra iraní queda en suspenso. EEUU consigue una vía de salida para intentar escapar del avispero en el que se había metido y los ayatolas van a tener tiempo para reconfigurar su mando y consolidar el control del país (y de paso liquidar a todo el que se mueva en su contra). El petróleo baja y las bolsas suben, todo el mundo suspira de alivio y la apuesta suicida de Trump parece haberse quedado en nada. Pese a ello, este acuerdo huele a fracaso para unos EEUU carentes de estrategia, cabeza y capacidad de análisis. Como mucho, es una victoria pírrica. Veremos a ver si se mantiene. Ojalá que sí.

miércoles, abril 01, 2026

Artemisa II, volvemos a la Luna

Si no pasa nada raro, a las 00:24 de mañana 2 de abril, horario español, seis horas antes en Florida, la misión Artemisa II despegará de la plataforma de lanzamiento de Cabo Kennedy y emprenderá un viaje en el que los humanos, los cuatro tripulantes que se encuentran a bordo, llegarán hasta la Luna, en la primera misión tripulada que se manda a nuestro satélite desde el aterrizaje del Apollo XVII, en 1972. Han transcurrido cincuenta y cuatro años, más de medio siglo, en los que las misiones espaciales tripuladas no han pasado de la órbita baja, los cuatrocientos y poco kilómetros a los que se encuentra la Estación Espacial Internacional. Esto, y otras cosas, hacen a este vuelo algo histórico.

Si por lo que fuera hoy no se pudiera producir el lanzamiento hay varias ventanas para ello en estos primeros días de abril, posibilidades para que el cohete pueda salir y efectuar su misión. Por si lo están preguntando, no, no, no se va a producir un alunizaje, no se tocará el satélite. Tras entrar en órbita terrestre, la nave Artemisa II desarrollará algunas vueltas a nuestro planeta antes de encender sus motores para abandonar nuestra órbita y realizar la inyección translunar, esa maniobra en la que irá dejando la gravedad terrestre para ser, cada vez, más dependiente de la lunar. La idea es que llegue al satélite y realice lo que se llama una trayectoria de retorno libre, una vuelta a la Luna que le proporcione velocidad de escape para volver a caer hacia la gravedad terrestre, y de ahí a la inserción en nuestra órbita, penetración y amerizaje. Realmente la trayectoria de vuelo programada emula a la que, sin desearlo, hizo el Apollo XIII, el de la avería que casi deja a sus astronautas varados en tierra de nadie. Los cuatro tripulantes de Artemisa II verán la Luna, tanto su cara visible como la oculta, a una distancia algo superior a la que lo hicieron Lowell, Haise y Swigert, por lo que van a ser los humanos que más lejos van a estar de nuestro planeta en la historia, un mérito que ya es suyo. Estos cuatro astronautas, Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y Jeremy Hansen van a tener mucho trabajo durante los aproximadamente diez días que se espera tenga su misión, porque esto, en el fondo, es un vuelo de pruebas, un vuelo en el que se van a testar todos los sistemas de la nave y capacidades, toda la tecnología que lleva para el trayecto, soporte vital, instrumentación, investigación, seguridad, etc. En el interior de Artemisa II el espacio no es muy grande, son cuatro personas en un habitáculo más o menos comparable a una furgoneta mediana, y con infinidad de sistemas para todos los usos imaginables. Los astronautas y el equipo de control de misión de Tierra van a ir testando en todo momento cada una de las opciones posibles con la idea de ver cómo funcionan, cómo se desarrollan de manera real, a cientos de miles de kilómetros, rutinas que estarán muy ensayadas en los simuladores, pero que ahora se ejecutan en el espacio, uno de los entornos más hostiles que imaginarse pueda, donde un error o problema puede acabar siendo un riesgo vital. De hecho el testeo empieza directamente con el lanzamiento, ya que es el segundo de este tipo de cohete, un cohete con una tecnología reciclada de la de los transbordadores, en algunos aspectos bastante superada por lo que ahora mismo SpaceX muestra día a día, pero que por ahora es el único capaz de poner una nave tripulada con todo lo que eso requiere de peso, en una misión de este tipo. Los astronautas no son cobayas, pero en cierto modo también son estudiados de esa manera, y cómo afronten el reto al que se enfrentan también va a ser muy interesante. La experiencia que se adquirió con las misiones lunares del Apollo está bastante perdida y lo que se sabe de las estancias en la Estación Espacial Internacional, mucho más amplias en tiempo pero menos agobiantes en espacio y distancia, no es exactamente comparable a lo que ahora les espera.

La idea de la NASA es que Artemisa IV sea la primera misión de este tipo en la que, en efecto, se vuelva a poner el pie sobre la superficie lunar, pero no nos hagamos tantas ilusiones. Ahora mismo el que sería el módulo lunar para llegar hasta la superficie del satélite aún no está construido, y efectuar el alunizaje es una maniobra de enorme complejidad, que además requiere otro tipo de movimientos en el espacio que aún no están testados. La prisa de la NASA por volver a la Luna viene, en parte, de los innegables progresos chinos y la sensación de que ellos lo van a intentar en un plazo máximo de cuatro años. EEUU planea lograrlo en dos. De momento, es necesario que Artemisa II funcione como la seda para que eso sueños puedan volver a darse.

Hoy subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Nos leemos, salvo sorpresa, el miércoles 8. Pásenlo muy bien