Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.
Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.
El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes
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