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lunes, agosto 03, 2026

Desidia o algo peor

Transcurridos ya unos pocos días desde el asalto cometido contra Ceuta, empieza a poder hacerse un cierto balance de lo sucedido, y es doloroso. Más o menos tres cuartas partes de los habitantes de la ciudad fue la cantidad de personas que entraron en la misma, con una salida posterior cercana a ese volumen, aunque hay aún permanecen cientos de personas en la ciudad, especialmente en los alrededores del CETi, que si ya antes estaba desbordado ahora mismo no es sino un contenedor rodeado por fuera y apelotonado por dentro. Se estima en más de cien los fallecidos en el asalto, la mayor parte de ellos en el lado español, y con dudas de cuántos en el lado marroquí. Todavía hay cadáveres por recuperar del fon del mar.

Cuanto más insiste el gobierno en achacar lo sucedido a las mafias y a la desinformación en las redes más queda claro que hemos estado ante un intento de agresión híbrida alentado, orquestado y consentido por las autoridades marroquíes, en un ejercicio premeditado de desestabilización por parte del país vecino de la soberanía nacional y la integridad de la ciudad de Ceuta. Nada curioso, ayer por la noche el gobierno de Marruecos rompió su silencio oficial, tras cuatro días de desastre, agarrándose sin tapujos a esta misma versión y reiterando, casi una por una, la mayor parte de las palabras que Sánchez pronunció en su comparecencia exprés del viernes, justo antes de evadirse rumbo a las inmerecidas vacaciones. Una recopilación de frases hechas, argumentarios equivalentes, en los que las mafias y la sentencia de las devoluciones en caliente del Tribunal supremo aparecen como causas justificativas de lo sucedido, y la reiterada voluntad de cooperación en la gestión migratoria que sonaría sarcástica si no fuera por lo cruelmente falsa que resulta. Marruecos, lo sabe todo el mundo, es el único responsable de esta tragedia, es, de hecho, el causante de la misma, y se produce porque es la manera que tiene de demostrar que sus ambiciones de posesión sobre Ceuta y Melilla permanecen ahí, y que la toma de ambas ciudades es una cosa que está al alcance de su mano si se lo propone. En esta simulación de marcha verde que hemos visto ha quedado muy clara la capacidad de movilización que posee el régimen alauí y la absoluta incapacidad que tiene el actual gobierno para garantizar la estabilidad de la frontera. Instalaciones defectuosas, un espigón nunca ampliado, escasez absoluta de cuerpos policiales, ausencia de dispositivos militares de control, imposibilidad de rechazar flujos masivos de entrada…. Ha sido tanta la capacidad de las masas marroquíes como nula la de España de hacerles frente. Pensemos en otro ejercicio similar a este pero que cuente con la presencia de soldados marroquíes camuflados entre las masas, de personal de asalto y combate entrenado, de “hombrecillos verdes” como los que empleó Rusia en la toma de Crimea en 20144. Amparados en el caso de la entrada bastaría un contingente de unos pocos cientos para tomar posiciones en el ayuntamiento y otros puntos estratégicos de la ciudad, haciéndose fuertes allí y plantando una base de poder que empiece a controlar la urbe. Desde ese punto, y en plena cooperación con las milicias marroquíes de su lado fronterizo, la valla se abriría por completo y el flujo ilimitado de personas haría el resto. La toma de la urbe podría hacerse en pocas horas y con, como se ha visto, la seguridad española completamente superada. Este ejercicio mental no es sino una mera ampliación de lo que hemos visto desde el viernes, con lo más difícil, que es la congregación y actuación de una inmensa masa humana, ejecutado de una manera precisa y contundente. Sí, con muchos muertos marroquíes, pero recuerden, al contrario que aquí, en Marruecos la vida de sus ciudadanos vale bien poco, empezando porque no son tratados como ciudadanos, sino como súbditos de un régimen opresor que mantiene controlado el poder y todos sus resortes. El comunicado marroquí de esta noche es un corte de mangas a la legalidad internacional, a la verdad, a lo que hemos visto todos y, desde luego, a España, país al que no tiene respeto alguno y que considera sometido a su voluntad.

¿Por qué esto es así? ¿Por qué nuestro gobierno ofrece un comportamiento absolutamente sometido a los deseos del régimen de Rabat? Hay varias explicaciones, y todas ellas tienen un lado siniestro. Además de nuestra acreditada desidia, está el miedo que produce ese régimen, que hace que todos los gobiernos de Madrid se cuiden mucho de “ofenderle” prohibiendo, por ejemplo, la visita del Rey a esas ciudades. Y claro, está el chantaje, que tantos mencionan, al que puede estar sometido un Sánchez que ni previó lo sucedido ni actuó cuando pasó ni se hace responsable de nada. Rabat ve como Madrid no actúa y sigue avanzando en su línea de conquista. Y si no se le frena, lo logrará.

viernes, julio 31, 2026

Marruecos vuelve a organizar un asalto a Ceuta

A lo largo del día de ayer, sin que se le hiciera caso alguno, se desató una avalancha de ciudadanos magrebíes que franqueó las verjas de acceso a la ciudad de Ceuta y que, de manera imprudente, se echó al mar para tratar de rodear el espigón que separa la ciudad del territorio marroquí. Lo que en principio era un movimiento de cientos de personas se convirtió, en pocas horas, en la llegada de miles, algunos medios hablan de cifras de entre diez mil y veinte mil personas, en medio de la incapacidad de las fuerzas españolas de controlar lo que sucedía y la pasividad absoluta de las marroquíes, dejando hacer a los que corrían por su territorio camino Ceuta.

La situación se parece a la que se vivió en 2021, pero tiene pinta de que esta vez la entrada de personas ha superado, por mucho, la que se registró en aquel año. Para una ciudad como Ceuta, con unos 83.000 habitantes y un entorno geográfico acotado, un acceso de miles de personas en sus calles es algo similar a una invasión, porque no hay manera de ofrecer un alojamiento o servicio alguno a los miles y miles que se encuentran por allí, que ya han pasado al raso una noche y no creo que hayan comido nada desde hace ya bastantes horas. La situación de la ciudad es insostenible desde cualquier punto de vista y la improvisación con la que ha actuado el gobierno, mirando para otro lado hasta que no ha podido evitar hacerlo es total. ¿Cuál es la causa de lo que está pasando? Se alega como motivo principal una sentencia del Tribunal Supremo de hace pocas semanas que rechaza las devoluciones exprés a Marruecos si la entrada a la ciudad se ha hecho a nado, al considerar el tribunal que eso supone que no se ha franqueado ilegalmente muro o barrera de contención. Es una posibilidad real, que ha podido generar un efecto llamada, pero no nos engañemos. El episodio de 2021 fue una respuesta organizada por el gobierno marroquí para castigar al español por la acogida que este dispensó al líder de los saharauis con motivo de un tratamiento sanitario en medio de la crisis del Covid. Todo el mundo sabe cómo se las gasta el régimen marroquí y es consciente de que nada pasa en el país vecino sin que el gobierno lo sepa. Ayer era el 27 aniversario de la llegada de Mohamed VI al poder, era fiesta en Marruecos, y algunos dicen que esa era la causa de que hubiera menos efectivos en el control de la frontera en el lado marroquí. También se dice que la reciente visita de Pedro Sánchez a Argeloia, enemigo acérrimo de Marruecos, ha disgustado en Rabat y que lo sucedido sería una especie de respuesta. No está claro. Lo único que tengo seguro es que lo que ha pasado ha contado con el aliento, colaboración, consentimiento y, me atrevería, estímulo de las autoridades de Rabat. Los cerca de quince muertos que se estima como balance de lo que pasó ayer en el asalto a la ciudad son algo que a Marruecos no le importa en lo más mínimo, como tampoco le importa el resto de su población. Lo de ayer fue otro ejercicio de intimidación perpetrado por el régimen de Rabat contra la soberanía española de Ceuta y Melilla, un intento de marcha verde ligera, no desatada, que vuelva a testar hasta qué punto somos capaces de controlar lo que se puede venir encima y mantenemos una cierta rigidez en nuestra posición de dominio de ambas ciudades. A corto plazo, la respuesta de las autoridades españolas habrá encantado a las marroquíes. Ignorancia, improvisación, desidia, desatendimiento total a la desesperada llamada de las autoridades de municipales de Ceuta reclamando la declaración de emergencia nacional, pasividad absoluta, comunicados oficiales en los que se alaba la cooperación de los gobiernos de España y Marruecos… la catarata de despropósitos que se vieron ayer sería de chiste, si no fuera por las dimensiones de la tragedia y la gravedad de lo que está pasando.

No nos engañemos, Marruecos va a tratar de hacerse con Ceuta y Melilla en el corto plazo, bien por una invasión civil de este estilo o con una operación militar, y no debemos olvidar que, desde hace un tiempo, Rabat cuenta con el apoyo explícito de Washington, que va a respaldar todos sus movimientos, tanto con declaraciones como con hechos o inacciones. Estamos solos ante la agresión presente, y las futuras, que Marruecos va a ejercer, y no debemos seguir engañándonos al respecto. Tarde o temprano habrá disparos cruzados entre militares de ambas fronteras, y estaremos solos, no nos va a ayudar nadie. ¿Somos conscientes de ello? ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando y del peligro que viene?

viernes, noviembre 07, 2025

Marruecos se hace con el Sáhara occidental

Esta semana se cumple el medio siglo de la marcha verde, una de esas movilizaciones populares que son tan bien orquestadas por los gobiernos en países autoritarios cuando lo requieren. El régimen de Franco agonizaba, literalmente, con el dictador en el hospital esperando el hecho biológico, como se decía en los medios afines, y Hassan II, el entonces Rey de Marruecos, vio una ventana de oportunidad que no dejó escapar. Ansiaba ese terreno, situado al sur de lo que entonces era Marruecos y entendió que una política de anexión era ideal para reforzar su papel como regente y mantener al país bien sujeto bajo su mandato. La vida en Marruecos era de una gran pobreza y no hay nada que le venga mejor a un régimen que el patriotismo para ocultar miseria.

El Sáhara occidental era una provincia española más en la que regía la ley y administración que mandaba en el resto del país. Se estaba elaborando un censo por parte de las autoridades españolas para iniciar un proceso de autonomía en el marco de la descolonización que se dio en el resto de dominios europeos en África desde el final de la IIGM, coincidiendo obviamente con el ascenso del poder de ideologías no occidentales y el derrumbe de las naciones europeas, destruidas tras la contienda. El Sáhara resultaba ser la menor de todas las posesiones que los europeos tenían en el gran continente africano, y es de las pocas en las que el trabajo de la colonia se notó en algo más que la explotación de los recursos. Infraestructuras, colegios, hospitales… instalaciones de todo tipo se construyeron allí, y frente a la visión segregacionista que dominó en países como Francia y Reino Unido con respecto a sus colonias, los ciudadanos del Sáhara eran españoles de pleno derecho. No, no todo era de color de rosa, evidentemente, pero la situación no era la que uno entiende como explotación colonial. En fin, la marcha, un movimiento civil que ocupó el territorio, se encontró sin oposición alguna por parte de las autoridades españolas, que estaban muy nerviosas por lo que se suponía que iba a ser un momento decisivo en la estructura de poder del país, la muerte de Franco, y no tenían claro qué hacer ante los miles de ciudadanos marroquíes que entraban en el territorio y ciudades. La opción de una respuesta armada frente a ese movimiento era impensable, y no se dio. Marruecos se anexionó de facto los territorios, pero los saharauis que vivían en ellos se negaron a que el poder de Rabat fuera el dominante, y ahí empezó una huida por parte de muchos de ellos al interior del continente, creándose una estructura de campamentos para refugiados, que escapaban del dominio y la represión marroquí. El frente polisario, una facción de la oposición saharaui, decidió emprender el camino de las armas. Aunque empezó a atacar a principios de los setenta a las autoridades españolas, con la idea puesta en la independencia del Sáhara y su constitución como nación, al poco tiempo se encontró con que Marruecos era la potencia ocupante, y lo que acabó siendo la guerra del Sáhara se dio entre los polisarios y Marruecos. Años de enfrentamiento, muertes, tierra quemada, enormes extensiones minadas y muros que acabaron parcelando el territorio y llenando los campos de refugiados de gente huida del conflicto. La guerra acabó con un alto el fuego en el que ambas partes cesaban las hostilidades y se llegaba al compromiso de realizar un referéndum de autodeterminación de la región, previa elaboración de un censo basado en el que las antiguas autoridades españolas comenzaron a elaborar en los años setenta. Desde entonces, años noventa del siglo pasado, Marruecos ha ido entorpeciendo de manera constante la posible celebración de esa consulta, los saharauis han ido malviviendo en sus lugares de desplazamiento y Rabat ha realizado una explotación selectiva e intensa de las riquezas mineras de la zona, especialmente los fosfatos. La posición tradicional española, compartida por todo el espectro ideológico, ha sido la de apoyar a los saharauis y defender la consulta, a veces con la voz muy alta, otras baja, en función de cómo evolucionaban las complicadas relaciones con el vecino marroquí. La causa saharaui ha sido una de las banderas clásicas de la izquierda española y todos los años niños de esa zona acuden a pasar veranos en España, en programas de acogida que son numerosos y que reciben un gran apoyo por parte de muchos ciudadanos de nuestro país.

En uno de sus inexplicados y sorprendentes cambios de opinión, Sánchez decidió un viernes por la tarde tirar por la borda toda la trayectoria saharaui del PSOE histórico y apoyar la visión marroquí, que consiste en que el Sáhara sea una provincia más del reino alauí, con una autonomía relativa, pero soberanía propia nula. EEUU en el primer mandato de Trump se decantó por esta propuesta y, desde entonces, no ha cambiado de idea. La decisión de la ONU de hace unos días de respaldar esa idea es un regalo para Marruecos, un hundimiento para las aspiraciones de los saharauis de ser alguna vez una nación y, para España, un motivo más de vergüenza tras cincuenta años de forzado abandono tras la huida. Rabat gana, Mohammed VI gana.

viernes, octubre 03, 2025

Revuelta Z en Marruecos

Quizás recuerden como, hace pocos meses, se produjo una revuelta en Nepal, protagonizada por la juventud de aquel país. Se le apodó como revuelta Z, en alusión a la generación que la encabezaba, y era un movimiento de protesta ante el autoritarismo del gobierno y las constantes denuncias de corrupción. La cosa acabó desmadrada, con el parlamento nacional en llamas y la casa del primer ministro igualmente incendiada. Creo recordar que en uno de esos asaltos falleció la mujer del mandatario. En todo caso, el ejército tuvo que intervenir para imponer un cierto orden en el país, que se encontraba en plena anarquía,

Es distinto, pero en Marruecos también se está produciendo un movimiento juvenil de protesta que lleva ya varios días en las calles y que, poco a poco, se traduce en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y leva ya un balance de tres manifestantes fallecidos por disparos de la policía y un buen puñado de heridos fruto de cargas atropellos. La mecha que ha prendido la revuelta ha sido la muerte de varias mujeres embarazadas en un hospital de Agadir al recibir una anestesia que se encontraba en mal estado. El recorte de servicios sanitarios que vive el país se traduce en cosas como esas, y las protestas, que en principio eran localizadas y contra ese recorte, se han expandido. Otro de los motivos que está movilizando a los manifestantes es el dispendio absoluto en el que está cayendo el gobierno a la hora de invertir para el mundial de la cosa esa de pegar aptadas a un balón de 2030. Nuevos y faustuosos estadios con un coste disparatado, para el que no hay recorte alguno, conviven con la economía de un país con enormes carencias en infraestructuras, servicios sociales y todo lo relacionado con el estado del bienestar. Ver como no hay problemas para financiar un obrón relacionado con el balón pero sí una asistencia sanitaria es algo que solivianta, en Marruecos, aquí y en todas partes, y la juventud del país se ha lanzado a las calles. Debemos de tener en cuenta que la demografía marroquí no tiene mucho que ver con la nuestra. Pese a que allí también ha comenzado el frenazo a la natalidad que se da en casi todas las naciones del mundo, su población mantiene una estructura de pirámide bastante coherente, y los menores de veinticinco años son, más o menos, el 40% de la población total. La masa de gente joven en el país es enorme, sus tasas de paro elevadas, y sus perspectivas de futuro, escasas. La principal aspiración de muchos de esos jóvenes es emigrar, legal o ilegalmente. A catorce kilómetros de distancia de su país se encuentra el nuestro, la puerta de una Europa que, a pesar de sus problemas, tiene un nivel de vida inimaginable para el grueso de la población marroquí, y unas estructuras de poder democrático muy alejadas de la monarquía que rige en Rabat, donde Mohamed VI, no es listo el tío, no, pasa la mayor parte del año en su lujosa residencia parisina o en alguna de las villas de recreo que posee en África, lejos en todo caso de la vida real del país que rige con firmeza. Algunas de las promesas de apertura y democratización que la casa real ha realizado a lo largo de los años se han ido diluyendo por completo, y si bien es cierto que Marruecos no es una dictadura perfecta, no cumple los estándares necesarios para ser calificado como democracia. El control del régimen, junto con el papel de líder religioso que el monarca encarna para la creencia alauí, ha permitido que el islamismo no arraigue en el país, evitando un enorme problema que generó la guerra civil que desangró a la vecina Argelia y que ha sembrado de inestabilidad a todo el Sahel. En ese sentido el poder ejercido desde Rabat ha convertido a Marruecos en un país fiable para occidente y sus vínculos con EEUU no han hecho sino estrecharse, lo que ha supuesto un grave perjuicio para los saharauis y su causa, tradicionalmente defendida desde España, y de la que Sánchez renegó un viernes por la tarde sin dar explicación alguna al respecto.

Esa estabilidad en Marruecos es condición necesaria para que las complicadas relaciones que tenemos con esa nación se mantengan dentro de unos cauces razonables. La seguridad de Ceuta, Melilla, el estrecho y muchas otras cosas más dependen más de los designios del gobierno marroquí que de nuestras propias capacidades disuasorias, que no son tales. Vamos a ver en qué acaba esta revuelta, si es reprimida o logra ablandar las posiciones del gobierno. En todo caso, hay un magma de cólera en la sociedad del país vecino que puede llegar a ser explotado si alguien, con argumentos falaces, logra hacerse con la voz necesaria. El islamismo, que siempre está ahí, seguramente también observará con interés las protestas.

viernes, mayo 19, 2023

Posible fraude electoral en Melilla

Antes que nada, la realidad. Es prácticamente imposible amañar unas elecciones en España. El sistema es tan analógico, garantista, lleno de pasos y comprobaciones que, una vez que la papeleta está en la urna lo que allí se contiene se convierte en escrutinio. Desde hace un tiempo, y como en todos los temas, surgen conspiradores en las redes que denuncian intentos e falseo en los recuentos y demás basuras, que no merecen relevancia alguna. Que haya personas que den credibilidad a semejantes bobadas dice más de lo crédulos que son o desnortados que están muchos que otra cosa. Sí, las elecciones en España son limpias.

Entonces, ¿qué es lo que pasa en Melilla? La explosión de solicitudes de voto por correo, que se ha disparado hasta alcanzar casi el 20% del censo de la localidad ha extrañado a mucha gente, y se ha abierto un proceso judicial para investigar si detrás de ese fenómeno hay algo fraudulento. En este caso el fraude estaría antes de emitir el voto, comprando al votante. Alguien podría pagar a ciudadanos para que vayan a votar, haciendo que no sean abstención, o que cambien de papeleta en el supuesto de que sí tenían pensado ir a votar. Ofrece una cantidad de dinero en metálico y se asegura que la papeleta que va en el sobre es aquella que debe, según el corrupto que la compra. No es tanto fraude electoral como del proceso de votación, porque una vez que las papeletas han sido depositadas el recuento es limpio. Evidentemente comprar voto es ilegal, porque el voto es algo privativo del ciudadano, un derecho perteneciente a su esfera personal y muy protegido. Si uno pregunta en una tertulia de bar más de uno estaría dispuesto a venderlo, mal hecho, pero pocos admitirían estar dispuestos a comprarlo. Este tipo de fraude no es capaz de generar efectos en unas elecciones generales o, digamos, en comicios de amplio censo, como el de las grandes ciudades, pero en localidades pequeñas, en las que los resultados se pueden decidir por un pequeño número de sufragios, actitudes de este tipo sí que pueden ser relevantes. Pensemos en el típico pueblo en el que hay dos partidos que se reparten el poder y que, habitualmente, uno gana a otro por poco. Puede haber tentaciones para que ambas formaciones compren un pequeño número de papeletas, pocas para que el escándalo no trascienda, vitales cada una de ellas si las diferencias finales son escasas, y así amañar el resultado. Dado que en una trama de estas hay, al menos, tanta gente como votantes, las posibilidades de que alguien se vaya de la lengua son elevadas, y eso mismo favorece que un supuesto como el que les he contado no sea muy voluminoso. En Melilla, con un censo de unos 50.000 votantes, estamos hablando de 10.000 solicitudes de voto por correo, que son muchas más de las registradas en pasados comicios. Y eso hace pensar mal. Comprar miles de votos en una localidad tan pequeña es posible, pero supone un elevado riesgo por lo que antes les comentaba, son miles los comprados, y es poco probable que ninguno de ellos sepa de dónde procede el dinero que alguien les ha dado para que introduzcan la papeleta. Algunas informaciones de ayer apuntaban a Coalición por Melilla, partido pro marroquí, y una de las fuerzas que ya tenía representación en la alcaldía de la ciudad, a la formación que estaba detrás de todo este asunto, y eso elevaría aún más la peligrosidad del tema del que estamos hablando. Las posturas políticas a favor de Marruecos en un territorio en el que el comportamiento del vecino resulta determinante y su hostilidad manifiesta no dejan de ser algo a observar con mucho cuidado. ¿Estamos ante una trama organizada que busca poner al frente de Melilla a una formación pro marroquí para, desde dentro, suplantar la soberanía española de ese territorio?

La mera pregunta esconde un escenario feo, complicado, pero, no me lo nieguen, posible. A lo largo de estos últimos años la presión de Marruecos hacia Ceuta y Melilla no ha dejado de aumentar por todas las vías posibles, y eso ha coincidido con el abrupto, y no explicado, cambio de postura español sobre el Sahara, aceptando la posición marroquí sobre ese territorio y renunciando a la clásica postura española sin que se sepa la causa de ese movimiento. La investigación abierta sobre lo que pasa en las oficinas de correo melillense debe ser rápida, exhaustiva y dejar claro, en no muchos días, ante lo que estamos. Si el recuento de dentro de dos semanas ofrece un vuelco en los resultados a favor de la formación pro marroquí estaríamos ante la prueba de un posible amaño electoral de muy graves consecuencias.

jueves, febrero 02, 2023

Ceder ante el sátrapa a cambio de qué

Nos podemos poner tan dignos como queramos, pero todos caemos en la hipocresía en nuestra vida diaria. Decimos que sí cuando queremos decir no, actuamos por interese y no por convicciones… es humano. El imperativo categórico kantiano funciona muy bien sobre el papel, pero se estrella sin cesar contra un mundo real que nos exige vivir con otras personas y deseos. No se fustigue por ello, vivir y convivir son juegos en los que lo que deseamos no es lo que se va a producir, y exigen tomar decisiones que no nos gustan para ir tirando. Todo tiene sus límites y cuando la hipocresía toma totalmente el control es mejor evitar a quienes así viven, pero santos y puros, no, no existen.

En política la hipocresía es el ABC de la actuación diaria, y en las relaciones internacionales, más. Ahí, como han dicho muchos, sólo hay intereses, no amistades. Nuestro caso con Marruecos es uno de esos problemas que están ahí para quedarse, nos guste o no, y que tenemos que lidiar con él de la mejor manera posible, que en ocasiones es algo que está muy lejos de nuestros deseos. Todos los gobiernos españoles, este y los anteriores, han tenido el problema marroquí en la mesa y, a sabiendas de que ambas naciones juegan con distintas barajas a la hora de lograr sus objetivos, han tratado de mantener relaciones y de sobrellevar los enormes problemas de fondo. En el caso de Sánchez se ha producido un cambio profundo desde las tradicionales posiciones españolas en el caso del Sahara, uno de los grandes temas de la relación diplomática entre ambas naciones (no el más grave, pero sí importante) con el cambio de postura que realizó, sin avisar a nadie, hace algo menos de un año. El realineamiento de España en el tema saharaui, dando la razón a Marruecos en un conflicto que lleva décadas enquistado, nos enfrentó con Argelia, aliado del frente Polisario y tenso vecino de Marruecos en su frontera este, y nos colocó en los brazos de la política de Mohamed VI, que previamente había sido bendecida por la administración Trump. Nunca nadie ha explicado las causas de nuestro cambio de postura, expresado en aquella carta tan mal redactada que Sánchez envió a Mohamed VI, que se hizo pública por parte del gobierno marroquí, en un gesto que nos descolocó a todos, supongo que los primeros a los estrategas de Moncloa que querían mantenerla en secreto. Del cese de González Laya tras el episodio de acogida del dirigente Polisario Brahim Gali en un hospital en Logroño en los momentos pandémicos hasta el asalto a Ceuta alentado por las autoridades marroquíes, han pasado demasiadas cosas en las relaciones entre ambas naciones estos años como para que no haya nadie que no esté sorprendido, mosqueado o ambas cosas. Sobre ese cambio de postura de nuestro gobierno ha habido hipótesis de todo tipo, desde las conspiranoicas hasta las basadas en el puro miedo a las amenazas militares alauíes, pasando por el cambio de postura de una parte del PSOE en un tema como el del Sáhara que no da mucho de sí a presiones por parte de EEUU y otros aliados. No hay nada cierto que se sepa, y esto alimenta los rumores, las especulaciones y los chismes. Si a eso le sumamos que en el actual desgobierno la parte podemita se muestra plenamente pro saharaui tendremos el divertido espectáculo de un presidente que canta las bondades de Rabat y hace que sus diputados en Bruselas no se sumen a un voto condenatorio a las persecuciones de los derechos humanos en el país vecino mientras que una vicepresidenta de extraño prestigio (homenaje a Rosa Belmonte) arremete contra el gobierno marroquí y lo que hace un instante había defendido su jefe, el presidente de nuestro gobierno. Como verán, un circo de muchas pistas, algunas folclóricas, otras serias, llenas de fieras amenazantes.

Bien, todo esto viene a cuento de la visita oficial que Sánchez comenzó ayer a Rabat para estrechar lazos y dar por inaugurada esta nueva etapa en las relaciones de ambos vecinos. Vendida por el departamento de propaganda de Moncloa como el nuevo amanecer, el desprecio mostrado por Mohamed VI hacia el encuentro ha resultado ser tan absoluto como llamativo. Ni se ha presentado por allí, estando como está de vacaciones navideñas (sí, sí) en Gabón. Apenas una llamada de cortesía entre su realeza y Sánchez, en un gesto que ha sido interpretado por todos como una descortesía absoluta. El enorme coste del arrodillamiento de Sánchez ante Mohamed VI no ha servido ni para que le reciba. Negociar con sátrapas puede ser necesario, pero es peligroso.

lunes, junio 27, 2022

Masacre en Melilla

Se supone que el giro sin explicación que hemos dado en nuestras relaciones con Marruecos, y que nos ha encarecido el gas argelino en tiempos de escasez, tenía como fin principal el de fortalecer la seguridad de nuestro flanco sur, que se llama Ceuta y Melilla de una manera mucho más comprensible que en términos de geoestrategia. Plegarse a los deseos del sátrapa de Rabat permitiría que asaltos crueles como los que vivió Ceuta el año pasado, y que a todos nos asustaron, no se volvieran a repetir. Más allá de teorías conspiratorias sobre el espionaje al móvil de Sánchez y del contenido robado, ese asalto alarmó a todo el mundo, y quizás fuera el órdago, el gran chantaje si ustedes lo prefieren, para forzarnos a virar en nuestra política. “Mira de lo que soy capaz de hacer si no nos llevamos bien“ pareció ser el mensaje emitido por Marruecos.

Por eso resulta incomprensible el asalto que tuvo lugar el pasado jueves noche y mañana del viernes sobre la valla de Melilla, porque algo así no puede suceder sin que las autoridades marroquíes, que son las que controlan el territorio aledaño, lo permitan o consientan. Un asalto protagonizado por miles de subsaharianos, negros provenientes del centro de África principalmente, que se escapan de sus naciones, tanto arruinadas como sometidas en muchos casos a violentos conflictos donde el islamismo yihadista es uno de los grandes protagonistas, y que en su camino al dorado de Europa se encuentran con Marruecos como gran tapón. Los campamentos de subsaharianos se encuentran en varias zonas del país magrebí, pero especialmente en su zona norte, en las montañas que están cerca de la costa mediterránea y de las dos ciudades españolas. No es este el primer asalto de este tipo que viven nuestras ciudades, pero sí lo es desde el volantazo extraño de nuestra relación con Marruecos, y desde luego es el más cruel y siniestro de los que se han dado en tiempos recientes, porque el balance de fallecidos que deja es estremecedor. Las fuentes son confusas, dispares, pero las dos docenas de fallecidos se superan en todo caso, y no pocas hablan de treintena. Un número de muertos insoportable y unas escenas, que hemos podido ver todos, grabadas desde el lado de la frontera marroquí, en la que se ve la despiadada brutalidad con la que la policía alauí trata, no, maltrata, a cientos de personas que acumula como fardos pegados a un recinto de enclaustramiento. Palos, golpes, arrojamientos… las escenas muestran un nivel de sadismo difícil de soportar, y uno se hace a la idea de que el balance de muertos va a ser más elevado de cualquiera de las que sean comunicadas por las autoridades marroquíes. Sabido es que escenas de este tipo son más frecuentes de lo que pesamos, sólo que no las vemos, y lo son porque es Marruecos a quién hemos subcontratado la seguridad de nuestra frontera sur, desde hace décadas, y ese país tiene un concepto de democracia y derechos humanos bastante similar al que se estila en la Rusia de Putin. Ojos que no ven, corazón que no siente, y Marruecos pone la mano dura que nuestras leyes, conciencia e hipocresía nos impiden ejecutar. De vez en cuando surgían disputas por el “precio” que abonábamos a Rabat y oleadas no previstas de inmigrantes llegaban a las costas españolas, peninsulares y de Canarias, procedentes de playas marroquíes en las que, sorpresa, la vigilancia había desaparecido. Reuniones sin focos en salas oscuras y un nuevo acuerdo, un nuevo “precio” y las oleadas de pateras desaparecían de la misma manera como empezaron, de un día para otro. ¿Salvajadas como la que hemos visto son lo que habitualmente hace Marruecos para controlar las vallas? Me temo que si no es algo tan brutal, sí se le parecerá. Como las dimensiones de este asalto han sido mayores que las pasadas la actuación policial marroquí también ha sido superior y el balance que contemplamos, desolador, será de lo más grande y horrendo que se ha dado en esa zona de la frontera en mucho tiempo. Pero, permítanme la expresión, si nos hemos bajado los pantalones delante de Marruecos es para evitar situaciones de estas, para que la vigilancia de la frontera y de su propio territorio impidan asaltos y la consecuente respuesta de seguridad. Además de horrendo, es incomprensible.

Y entre las cosas incomprensible asociadas a esta tragedia también se encuentra la absoluta frialdad de nuestro gobierno, que en palabras de Sánchez despachó este tema en la rueda de prensa del sábado tras el consejo de ministros extraordinario con la alabanza a las autoridades marroquíes y la atribución exclusiva de todas las culpas a las mafias que trafican con personas, que parte de culpa tienen, no poca, pero no son las que aparecen en los vídeos maltratando y, en la práctica, matando, a un grupo de personas que alfombran lo que parece un campo de reclusión. Si este es el fruto de nuestra nueva política de vecindad con Marruecos, si esto es de lo que nuestro gobierno se muestra orgulloso, es para mandarles a todos nuestros dirigentes a l otro lado de la valla, no al nuestro, y que allí se las apañen

miércoles, mayo 04, 2022

El sórdido mundo del espía

Atando cabos y analizando fechas no es nada descabellado suponer que Marruecos está detrás del asalto a los móviles de Sánchez y Robles. Aquí pueden ver como algún medio digital muy afín al gobierno se lanza a esa piscina sin disimulo, regalando de paso la cabeza de la responsable del CNI a los sediciosos. Es probable que haya agua en la que zambullirse. El historial de incidentes en los que han estado implicados los servicios secretos marroquíes es amplio, ni mucho menos sólo en España. Su carácter agresivo y la profesionalidad de la que hacen gala los acredita como elementos de primera división en el tema, y no sería nada de extrañar que estuvieran detrás de todo este asunto. Ello, obviamente, no exime al gobierno nacional de dar muchas explicaciones sobre un tema que, como mínimo, es sucio.

El mundo del espionaje tiene mucho glamour y prestigio, pero a la hora de la verdad creo que es un asunto donde lo sórdido triunfa y la traición está a la orden del día. Que las naciones y empresas se espían entre ellas es algo conocido desde tiempos inmemoriales, porque lo que uno sabe del otro y logra ocultarle son dos de las armas más poderosas que cualquier agente tiene en un conflicto, negociación o guerra. El cine ha contribuido notablemente a elevar la imagen el espía al estatus de personaje que causa envidia por las intrigas en las que se mete y, de paso, las señoritas que se liga y beneficia, pero aunque puede haber algo de esto, creo que todo es mucho más prosaico. Si uno lee novelas sobre el tema escritas por personas que saben de esto comprobará que el poso que dejan estas historias es muy triste, porque el riesgo y la tensión están ahí, sí, el sexo bastante menos de lo que se muestra en la pantalla, pero la ocultación de la vida propia y el temor a saber que nadie es de fiar lo llenan todo hasta el punto de convertir la vida del espía en algo que da mucho repelús. Quizás sea John LeCarré el maestro en este género, sabedor del tema en carne propia y creador de personajes e historias excelentes. Sus novelas, centradas en la época de la guerra fría y la posterior caída de la URSS, revelan sujetos amorales, sucios, clandestinos, taimados y fríos, que saben que el fracaso es lo que les ha esperado a todos los que les han precedido y tratan de ser ellos los que se libren de una traición que siempre merodea por los pasillos. Graham Greene o Frederick Forsyth son también maestros del género, aunque creo que LeCarré está por encima de ellos. En España Javier Marías ha hecho del espionaje, con raíces británicas, un creciente protagonista de sus novelas, donde las tramas de acción son un poco lo de menos, pero en donde se vuelve a mostrar un mundo del que dan ganas de huir, de no ser parte de ninguna manera. El enorme éxito que tuvo Kim Philby en su papel de agente encubierto soviético en la Inglaterra de la postguerra fue el culmen del espía, la figura que reflejaba los sueños que existían en la sociedad sobre los agentes, propios y ajenos, que se multiplicaban por doquier en medio de la guerra fría. Era un momento de gloria en el que las potencias reclutaban personal sin límite para todo tipo de operaciones de información y contrapropaganda. Con la caída de la URSS cundió la sensación de que el espionaje era algo que se quedaba atrás, propio de una época superada, pero era evidente que quienes así opinaban conocían poco de la historia humana y de los insaciables deseos de superación de unos frente a otros. Simplemente el espionaje se reconvirtió, se alteró en sus modos y objetivos, se tecnificó y diversificó. Las maneras de acceder a la información han cambiado estos años a medida que la tecnología lo ha dominado todo, simplificando curiosamente la capacidad de robo y apropiación de datos que antes, sólo en soporte físico, exigían medidas igualmente físicas de intrusión, pero la cada vez mayor complejidad de la sociedad y sus actores ha disparado las ganancias derivadas de una política de control de la información y de acceso a la ajena, y quizás hoy sea cuando más se espía de toda la historia, empezando por el hecho de que cada uno de nosotros ya somos objeto de espionaje comercial por las marcas que, vía smartphone, intentan sacarnos hasta el último euro posible.

Los antecedentes de espionaje en España, los conocidos, se rodean de la chusca presencia de personajes como Villarejo y la glamourosa, por contraste, de Francisco Paesa y, entre medio, mucha oscuridad. El que haya accedido a los móviles gubernamentales, sea Marruecos o no, triunfó en su intento, y puede que también en los objetivos que tenía en esa misión. Fuera o no el reino alauí, la situación actual de las relaciones entre ellos y nosotros, tras el bandazo de hace no muchas semanas de Sánchez, demuestra hasta qué punto Marruecos tiene poder e influencia en su entorno, y es capaz de torcer la voluntad del gobierno que reside en Madrid, sea cual sea el color político. Cuadra que fueran ellos, tanto como descuadra que sea ahora cuando se publicite, como cortina de humo para tratar de salvar al desgobierno de sus propias crisis.

lunes, marzo 21, 2022

Volantazo en el Sahara

Una de las pocas cosas que eran ciertas en la crisis ucraniana es que, aunque íbamos a sufrir el encarecimiento del precio como todos, España no estaba sujeta al miedo de verse sin acceso al gas por la casi nula dependencia que tenemos de Rusia, a la que apenas compramos el 65 – 7% de lo que consumimos. El 40% que representa, sobre el total de lo que consume, el gas ruso para Alemania es lo que, para nosotros, supone Argelia, y el resto proviene principalmente de envíos de gas licuado vía barco con una creciente presencia de EEUU. Si Putin corta el grifo a Europa en España tendríamos gas, carísimo, pero no faltaría.

Pues nada, esa certeza ya la pueden tirar ustedes a la basura, porque en este contexto de realidad mutante y enloquecida que vivimos, el pasado viernes por la tarde nos enteramos, vía gobierno de Marruecos, que hemos cambiado nuestra tradicional postura de apoyo al pueblo saharaui en su demanda de un referéndum de autodeterminación para pasar a respaldar la idea marroquí de que el Sahara occidental es un territorio más propiedad de la nación alauí, sobre la que se podrá determinar un cierto estatuto de autonomía, pero siempre bajo el control y soberanía de la monarquía que reside en Rabat. Desde la descolonización de los años setenta, en pleno hundimiento del franquismo, la posición de los gobiernos españoles ha sido siempre la misma, la pro saharaui, defendiendo las resoluciones de la ONU que amparan a ese territorio, como parte de un proceso de descolonización, a ejercer el derecho a un referéndum para determinar qué es lo que quiere ser. Esta postura, defendida con vehemencia por la izquierda y apoyada por la derecha, ha sido uno de los ejes fijos de nuestra política exterior. Cierto es que el ardor con el que se ha enarbolado desde las autoridades ha sido escaso, porque siempre nos ha metido en líos con Marruecos, socio estratégico, vecino indispensable y poseedor de, entre otras cosas, la llave que abre y cierra los flujos migratorios sobre Ceuta, Melilla y Canarias. El que, de repente, sin previo aviso, sin información alguna de nuestro gobierno, se cambie de estrategia completamente, los 180 grados de rigor que exige la metáfora rupturista, es toda una sorpresa, y hace que casi todos los que han sido pro saharauis de corazón, muchos de ellos de las formaciones de izquierda, se vean colgados de la brocha por un gobierno que, precisamente, es de los suyos. Es divertido comprobar como lo que hasta el jueves era imposible el viernes por la tarde empieza a ser una decisión sensata, y hasta qué punto las órdenes de Moncloa se cumplen en los medios afines y, cada vez más, económicamente dependientes del gobierno. Más allá de la ridiculez de algunas de las cosas que hemos escuchado por boca de portavoces gubernamentales este fin de semana, es exigible una clara explicación de qué es lo que ha pasado para dar este giro abrupto, que soluciona por ahora la crisis que teníamos abierta con Marruecos, pero nos abre un roto con Argelia, nuestro suministrador de gas, que es un tradicional aliado de los saharauis y su brazo armado, el Frente Polisario. ¿El infame asalto orquestado por Marruecos el año pasado mediante el uso de carne de cañón inmigrante contra Ceuta asustó tanto al gobierno que ha sido la causa de esta decisión? La no reversión por parte de la administración Biden de la decisión de Trump de reconocer la soberanía marroquí de ese territorio ¿nos ha condicionado? El que la posición americana hiciera que varios países europeos acabasen por unirse, especialmente Francia y Alemania, y nos dejase solos, ¿nos ha presionado?. En el contexto de la guerra de Ucrania, donde se deben unir las filas con los aliados, ¿ha sido una exigencia este cambio por parte de EEUU? ¿Se informó a Argelia de esta decisión, como afirman algunas fuentes del gobierno y se desmiente desde Argel? ¿Está garantizado el suministro de gas argelino? ¿Se ha realizado un acuerdo a varias bandas entre naciones europeas y Argel para que la protesta formal que se ha presentado en Madrid no vaya a más? ¿Por qué esto ahora?

Si quieren podemos llenar páginas y páginas de preguntas, a cada cual más interesante, sobre las que no tenemos respuesta alguna, y que sólo el desgobierno que nos rige puede aportar algo. Bueno, una parte del desgobierno, la otra, la de Podemos, vuelve a sufrir un golpe tremendo dado que ellos sí han sido pro saharauis en todo momento, y ahora van a legitimar, con su presencia en el consejo de ministros, una decisión que, para sus postulados políticos, es aberrante. Otra más, sí, pero esta con gran carga simbólica. Dado como funcionan aquí las cosas los de Podemos harán lo posible por seguir cobrando y no dimitirán, y el resto del gobierno apenas aclarará nada sobre una decisión tan inesperada y trascendente. Que nos tengamos que enterar de algo así porque lo publica Rabat, es alucinante la ineptitud que nos rige.

jueves, noviembre 18, 2021

Ceuta, seis meses después

Ayer, el Telediario de TVE emitió una serie de reportajes rodados en Ceuta para analizar la situación de la ciudad a los seis meses del asalto propiciado por las autoridades marroquíes que impulso a que miles de inmigrantes trataran de entrar en la ciudad. El equipo televisivo, con Carlos Franganillo al frente, entrevistó a menores que siguen pululando por ahí, trabajadores sociales y educativos, autoridades y otros profesionales, tratando de ver cómo respira la ciudad tras unos hechos tan graves, que ya no son objeto de interés de los medios, pero que sin duda será una de las noticias que, con razón, aparecerá en los resúmenes anuales, ahora que empezarán a confeccionarse.

Transcurridos estos meses, la situación en Ceuta sigue siendo mala, en todos los sentidos. No hay la sensación de catástrofe, de crisis casi existencial que se vivió los días del asalto, pero si un problema de fondo que no se ha solucionado y un grupo de personas, cientos, miles, que siguen en situación irregular y para las que no hay solución a la vista. La urbe es pequeña, apenas unas decenas de miles de personas, y está vallada. Funciona como una isla, con la sensación de desamparo de saber que la frontera es mucho más que un concepto, siendo una dura realidad. Ceuta, y España con ella, sufrió un ataque híbrido, como ahora se denomina, por parte de Marruecos, usando a la inmigración como arma, sin que la vida o el futuro de ninguna de las personas que fueron involucradas en este acto fueran tenidas en cuenta en lo más mínimo por parte de las autoridades de Rabat, que las emplearon como arma arrojadiza. Al igual que ahora Bielorrusia usa a los inmigrantes de Oriente Medio en su pulso con Europa, Marruecos nos lanzó un órdago, y visto con perspectiva es casi milagroso que apenas se registrasen víctimas mortales en aquella situación. En los meses transcurridos varios de los migrantes que entraron en la ciudad han salido, no pocos hacia sus países de origen, menos hacia el destino soñado del continente europeo, pero no es ese el caso de cientos y cientos de menores, que están varados en Ceuta sin poder ir a ninguna parte. Muchos de ellos tienen contacto con sus familias en Marruecos, pero son muchos los que ya han perdido lazos con aquellos de los que proceden, sean del país vecino o de mucho más al sur, y se tiene a sí mismo y a los compañeros de aventura, con los que pasan el día en la ciudad. Las instalaciones que acogen a muchos de ellos son precarias, les mantienen semi hacinados, y eso por la noche, cuando acuden a dormir. De día vagan sin rumbo por la ciudad, buscando cómo pasar el tiempo y viendo el estrecho y el sueño de una Europa próspera casi al alcance de la mano. Muchos viven en lugares ruinosos, abandonados, coches o naves industriales que se pudren en arrabales de la ciudad, y que ahora son su hogar. La capacidad de las autoridades locales para asimilarlos, si quiera mantenerlos, es manifiestamente escasa, y como en muchos otros aspectos, todo tiene que provenir de la península, también los refuerzos de seguridad y servicios sociales. La economía de la ciudad, ya golpeada como todas por los efectos de la pandemia, se desangra con el sostenido cierre de la frontera con Marruecos, dejando a pasos como el del Tarajal, anteriormente un zoco de intercambio y negocio entre ambos países, también de trapicheo, convertido en un páramo en el que verjas, puestos de control, locales comerciales y naves de almacenamiento son un monumento al abandono. Los ceutíes tratan de asimilar la pérdida de uno de sus escasos motores económicos pero el sector comercial de la ciudad sufre mucho, y si en el resto de ciudades españolas vemos el daño que la pandemia ha hecho al tejido comercial en nuestras calles, imagínense lo que sucede allí. Las perspectivas son sombrías.

Marruecos, el impulsor del asalto, la mano tras la malvada acción, salió perdiendo ese pulso ante las autoridades españolas y, sobre todo, la opinión pública internacional, que vio realmente quién estaba utilizando a los inmigrantes y quien era presionado y trataba de salvarlos. Pero las relaciones entre Rabat y Madrid siguen tensas, frías, pese a algunos mensajes conciliatorios de Mohamed VI, que temo que nunca admitirá en público el error de su estrategia. Pase lo que pase entre las autoridades, el problema creado en Ceuta persistirá, y la vida sin rumbo de los menores que allí fueron arrojados irá avanzando hacia ninguna parte. Las guerras híbridas pueden ser menos cruentas que las convencionales, pero crean víctimas, daños y destrozos de larga y complicada reconstrucción, como todas.

martes, junio 01, 2021

Tormenta en el estrecho

Aunque el titular es metafórico, esta sí ha sido una noche de tormentas frecuentes en el centro peninsular. Pasadas las 22 horas el festival de rayos llegaba a Madrid y, en mi barrio, la lluvia empezó a hacer, aunque no lo hizo de manera torrencial. Por lo que he podido percibir ha habido otras dos tormentas esta noche, pasadas las tres y poco después de las cinco, con rayos y truenos cercanos y breves pero copiosos aguaceros, que han mojado un suelo que ya estaba reseco tras los primeros calores serios de un anticipado verano, que meteorológicamente empieza hoy, con la entrada en el mes de Junio, el de los exámenes finales y las vacaciones.

En el estrecho la metáfora es fácil y la tormenta arrecia. Ayer se cruzaron comunicados y declaraciones desde el ministerio de exteriores marroquí y la propia presidencia del gobierno, dejando clara la idea de que la crisis que vivimos es profunda, y será larga. Marruecos ha puesto meridianamente claro sobre el papel que, más allá de la presencia del líder saharaui en territorio español, el problema de fondo es la postura que nuestro actual gobierno, y los pasados, tienen sobre la antigua colonia española, territorio que desde aquí se sigue viendo como una especie de limbo jurídico sin que su soberanía sea plenamente marroquí, y que desde Rabat se contempla como una provincia más, sin que el derecho que la ONU recoge a los habitantes de esa región a que pueden decidir sobre su futuro importe lo más mínimo. Las comparaciones marroquíes sobre esa región saharaui y Cataluña son, además de insultantes, completamente absurdas, y está hechas para hacer daño, con todo el sentido posible. La respuesta que dio ayer Sánchez a estos comunicados marroquíes es correcta, porque inaceptable es que un país soberano como es Marruecos utilice su población, y la de inmigrantes de terceros países, todos ellos padeciendo los estragos de la pandemia y la crisis económica que antes y ahora existe en el reino alauí, para asaltar la frontera de otro país soberano, en este caso España. Es verdad que el grave incidente ceutí de la semana pasada ha permitido que muchas naciones, especialmente de la UE, vean con sus propios ojos cómo se las gasta el régimen de Rabat, y la imagen de Marruecos se ha deteriorado en las cancillerías europeas. Especialmente interesante es, en este aspecto, los editoriales de periódicos franceses, que criticaban abiertamente la postura de Marruecos, frente a la tradicional posición gala de respaldar las acciones de aquel país. Recordemos que el rey Mohamed VI pasa más o menos la mitad del año en París, alegando cuidados médicos, pero a buen seguro que disfrutando de un lujoso tren de vida en el palacete que allí posee y con su fortuna, fruto en gran parte del latrocinio efectuado al país que regenta. Que la opinión francesa critique a Marruecos es dañino para los intereses alauíes y bueno para nosotros. El problema es que, actualmente, Marruecos tiene dos patas importantes que le proporcionan respaldo político y económico. La primera, dolorosa para nosotros, es el espaldarazo que supuso el reconocimiento por parte de la administración Trump de la visión marroquí del Sahara occidental, decisión sorpresa que no parece que Biden tenga prisa por rectificar, si es que llega a hacerlo. Esto ha envalentonado notablemente a Rabat, que ve como el gran poder le respalda en sus aspiraciones. Este es para nosotros un problema de fondo, que coincide con una etapa de relaciones con EEUU mejorables, si se me permite usar un bobo eufemismo. No consta que Biden haya llamado ya a Sánchez, ni si quiera por la cortesía mutua, y ni por la presencia de las bases norteamericanas en nuestra orilla del estrecho se espera que Washington haga algún gesto para apaciguar las ansias de Rabat. Sin ese apoyo del amigo americano la situación española, y europea, ante este conflicto, se debilita.

La otra pata, económica y a largo plazo, es la cada vez mayor inversión china en Marruecos, que se ve respaldada por acuerdos comerciales cada vez más frecuentes e intensos. Sabido es que la economía marroquí es muy dependiente de las exportaciones a la UE, piense usted cual es el destino de salida de su producción agraria, y eso da a la UE poder de negociación, pero a medida que capitales y mercados chinos vayan adquiriendo presencia y relevancia en la economía marroquí el peso de las decisiones de Bruselas será menor en una economía que dejará de depender de lo que se decida en los consejos comerciales de la UE. Este es un proceso largo en el tiempo, no se cambia de socio comercial en semanas, pero puede ser una estrategia que Rabat busque para cubrirse las espaldas por si hace “algo” que pueda provocar sanciones desde Bruselas. Levante fuerte y tormenta en un estrecho que siempre está agitado, ahora más

miércoles, mayo 19, 2021

¿Cuál es nuestra estrategia en Ceuta?

Lo primero, resaltar que la decidida actuación del gobierno de ayer, enviando contingentes de refuerzo de policía y guardia civil, y militarizando la zona de Tarajal y aledaños para mantener el control de la frontera eran pasos que había que dar y, en efecto, se llevaron a cabo. Los efectivos desplegados tuvieron un incesante trabajo de control de perímetro y de rescate de personas, y deben ser valorados por ello. Así mismo, el mensaje de Pedro Sánchez y su decisión de viajar rápidamente a Ceuta es lo que cabía esperar de un Presidente del Gobierno, por lo que se debe alabar su comportamiento de ayer. Dijo lo que tenía que decir y estuvo donde tenía que estar, animando a los refuerzos enviados y con las instituciones y ciudadanos de Ceuta.

Ahora viene la gestión del problema, y sus consecuencias, asuntos complicados y enormes. La decisión de ofrecer asistencia sanitaria al líder del Polisario en un hospital de Logroño ha sido señalada por casi todos los analistas como la última decisión que ha llevado al gobierno de Marruecos a lanzar un golpe contra la seguridad de Ceuta y, por tanto, de España, como no se veía desde hace décadas. Tras el respaldo de EEUU, al final de la administración Trump, a las reivindicaciones marroquíes sobre el Sáhara occidental a cambio de la normalización de relaciones entre Marruecos e Israel, desde Rabat se demanda una posición similar por parte de España, y las presiones por parte de los enviados y agentes marroquíes han sido constantes para lograrlo, y en paralelo el uso de la política de inmigración como herramienta de presión. Que España acogiera al líder Polisario es un mensaje justo en la dirección opuesta, y Marruecos ha respondido con un órdago de primera división que ha descolocado a todos. Tras el golpe, el escenario ha cambiado, la tensión diplomática a ambas orillas del estrecho es muy elevada y será complicado volver al estatus quo anterior de relaciones, haya o no intercesión de las casas reales mutuas. Marruecos ha quebrado toda la confianza que pudiera ser tenida con él y ha enseñado hasta el extremo su chantajista comportamiento, sin que le importe en lo más mínimo la vida o seguridad de las personas de las que se ha aprovechado para realizar esta acción, algunas de ellas ciudadanos de su propia nacionalidad, en muchos otros casos terceros provenientes de otras naciones. ¿Se ha pasado de frenada el régimen de Rabat? Una de las posibles derivadas positivas de lo que ha pasado es que, a ojos del mundo, Marruecos ha quedado como lo que es, un país chantajista que desprecia los derechos humanos y que busca ventajas utilizando la miseria de los propios y ajenos. Esto nos puede venir muy bien ante nuestro principal foro de actuación internacional, la UE, que ha respondido diplomáticamente con un mensaje de apoyo a su socio, recalcando que las fronteras de España también lo son de la UE, y su integridad atañe e importa a todos los socios. En ese flanco no estamos solos, y eso nos viene bien, pero falta una pata, enorme, de apoyo internacional para asegurarnos el respaldo a nuestra posición, que es la de EEUU. El silencio de la administración Biden, o incluso que los pocos mensajes de apoyo que se hayan escuchado hagan más referencia a Marruecos que a otra cosa, y la sensación de que será muy difícil que desde Washington se de marcha atrás al reconocimiento de la soberanía marroquí del Sáhara nos pone en un brete, y muestra de paso que las actuales relaciones del gobierno con EEUU son malas, realmente malas. Es imposible que Rabat se modere del todo y recapacite si no recibe una clara advertencia desde Washington, que es quien tiene la porra y el dinero que ayuda a todos a recapacitar. Hemos parado el envite, sí, pero nada impide a Rabat seguir en el empeño o realizar acciones similares en, pongamos, Melilla, o las costas cercanas a Canarias.

Por ello, la pregunta es obvia, ¿Cuál es nuestra estrategia de ahora en adelante? ¿Cómo vamos a gestionar la relación con un vecino, socio comercial, con el que la gestión de la seguridad yihadista es clave? ¿Cómo forzar a que Marruecos se comporte como es debido? Más allá de soltar dinero para comprar tranquilidad y tiempo, necesitamos una política estratégica en la zona, que sea vista como política de estado por el PSOE y el PP, y que nos otorgue fuerza y actitud decidida ante este grave reto y los que se planteen en el futuro, y que nos permita recabar apoyos internacionales para defender nuestra posición. No somos un paria, no, pero no tenemos el peso y el poder de una gran potencia, y necesitamos que nos respalden. El gobierno tiene un enorme trabajo por delante para definir cómo actuar y llevar a cabo esos movimientos.

martes, mayo 18, 2021

Marruecos colapsa Ceuta

Las relaciones con Marruecos, el vecino del sur, siempre son difíciles, y la base de todo ello está en que, frente a nosotros, o al resto de países europeos, que somos democracias formales regidas por derecho, el reino alauí no deja de ser una autocracia en la que hay elecciones controladas por un régimen que tiene los derechos civiles como una posibilidad teórica, pero no práctica. Si no protestas y discrepas de las autoridades puedes progresar y vivir, sino te arriesgas a sufrir persecución y abusos por parte de unas instituciones que son un desastre vistas desde nuestros ojos. Por eso, por su capacidad para recurrir a la violencia y ser “carnívoro” frente a los “herbívoros” europeos, Marruecos juega en otra liga de relaciones. Una llena de aristas.

Es habitual que ese gobierno nos chantajee por una u otra causa, y la inmigración siempre está de fondo. Rabat hace de policía de control de la orilla sur del estrecho, y exige un precio a cambio. Cada vez que hay oleadas migratorias de cayucos a la península o a Canarias, provenientes de las costas marroquíes, es porque el gobierno de ese país así lo ha consentido, lo ha tolerado, y lo usa como arma de presión ante nuestro gobierno, el que sea, que sabe que no puede ningunear a los recelos de la opinión pública, cosa que al otro lado del estrecho importa bastante menos. A Marruecos no le importa lo más mínimo la seguridad o salud de los migrantes, es más, migrante que desaparece de su territorio es un problema menos, y da igual cómo desaparezca. Cuando ejerce su labro de control de fronteras es sabido que la policía marroquí se ensaña con los migrantes que permanecen en su territorio, con unas formas llenas de brutalidad que espolean aún más las ganas de huida de los retenidos, que subsisten en campamentos de precariedad extrema. A todo esto tenemos que sumar, obviamente, Ceuta y Melilla, ciudades españolas que desde hace unos cinco siglos se asientan en la orilla sur del Mediterráneo, que son pequeñas en población y extensión, y que presentan, a pesar de su pobreza relativa respecto al resto de España, un nivel de renta disparatado respecto a la nación vecina. Esas dos fronteras son, de hecho, una de las líneas divisorias del mundo que separan mayor diferencia de calidad de vida y de riqueza. Las tentaciones de saltar las vallas que separan ambas ciudades del territorio marroquí son enormes, y los problemas que pueden generar una actitud pasiva de Marruecos en el control de su lado a las autoridades españolas son igualmente inmensos. Más allá de los reiterados deseos de Marruecos de anexionarse esos territorios, su existencia le supone un excelente punto de presión a las autoridades españolas, y los chantajes en forma de asaltos y colapsos son comunes. Pero nunca hasta el punto de lo visto esta noche, en la que cifras enormes de personas, se habla de 5.000 pero pueden ser más, han entrado en Ceuta nadando, sorteando el espigón y valla que, en el mar, separa a esa localidad del país del sur. La población de Ceuta es de unas 85.000 personas, en un espacio físico acotado y que no se puede extender, por lo que pueden hacerse una idea de la inmensa presión que supone, sólo en el plano físico, lo que ha pasado allí la pasada tarde noche. Un problemón de enormes dimensiones que nos ha estallado a todos, al gobierno el primero, y que casi todo el mundo relaciona con la presencia en un hospital de Logroño de uno de los líderes del Frente Polisario, enemigo acérrimo de Marruecos. Desde que ese militar fue internado, aquejado de coronavirus grave, el gobierno reiteró que permitir su presencia en España era un asunto meramente humanitario, sin tener relación con un cambio de postura en la ambigua situación española en el conflicto del Sáhara, pero con unas relaciones que no son muy claras con Marruecos desde hace meses, entre otras cosas por las constantes declaraciones pro saharauis de la parte de Podemos del ejecutivo, eta puede haber sido la gota que ha hartado la paciencia de Rabat.

Lo cierto es que ahora mismo Ceuta afronta una crisis de una gravedad extrema. El gobierno ha ordenado que medio centenar de guardias civiles y centenar y medio de policías se trasladen a la ciudad para tratar de contener un orden alterado, pero son medios que, a todas luces, parecen insuficientes. El control de la frontera por el lado español está completamente sobrepasado y, o se repatrían a gran parte de las personas que esta noche han irrumpido en la ciudad o la crisis se puede agravar aún más. En esto el gobierno tiene que ser firme, actuar con cabeza, frialdad y, desde luego, con determinación, no tanto con discursos buenistas y sí con hechos, ante un problema muy serio. Hoy será un día tenso en aquella ciudad.

viernes, diciembre 11, 2020

El Sáhara occidental

El Sáhara occidental es uno de esos territorios internacionales de conflicto que viven en el olvido más absoluto, ausentes por completo de la actualidad informativa. En ellos se dan disputas territoriales, enfrentamientos larvados que, de vez en cuando, como volcanes dormidos, despiertan para apagarse nuevamente al poco. Excolonia española arrebatada de facto por Marruecos tras la marcha verde y la caída del franquismo, su estatus jurídico es confuso. Marruecos la considera propia mientras que la comunidad internacional lleva tiempo pidiendo que se haga un referéndum de descolonización para que los saharauis decidan qué futuro quieren. Mientras tanto, pasan las décadas y nada se mueve.

La decisión tomada ayer por Trump es un movimiento de calado en la región y altera las putrefactas aguas del pantano saharaui como si a ellas se hubiera arrojado un gran pedrusco, aunque dado lo desierto de la zona quizás la metáfora no sea la más adecuada. Siguiendo con su política de “yo te concedo lo que quieres si tú reconoces a Israel” la Casa Blanca emitió ayer un comunicado en el que reconoce la soberanía marroquí sobre el territorio saharaui, que fue respondido al poco por un comunicado desde Rabat en el que se agradece el gesto y, en efecto, se decide el establecimiento de relaciones diplomáticas con Israel en el más breve plazo posible. Se une así Marruecos a otras naciones, especialmente del golfo pérsico, que a lo largo de este año han reconocido y entablado relaciones con el hasta hace nada odiado Israel, en un movimiento que ha reconfigurado el mapa de alianzas de la zona, que busca sobre todo el aislamiento de Irán. Para España el movimiento diplomático de ayer es de enorme relevancia, no sólo por la sentimental relación de nuestro país por la que fue colonia y los que viven allí en los campamentos de refugiados, objeto de frecuente atención por parte de ONGs y otros movimientos voluntarios nacionales, sino también, y sobre todo, por la importancia que para nosotros tienen las relaciones con Marruecos, nuestro vecino más complicado, por usar un término de embajada. Normalmente, con este gobierno nada lo es, el primer viaje de un presidente del gobierno español a otro país era a Rabat. Nos unen a ellos muchas cosas, más allá de los vínculos comerciales. La seguridad de Ceuta, Melilla y toda la zona del estrecho, el control de la inmigración ilegal, que pasa por aquel país antes de intentar el salto a la península o Canarias, las cuestiones de seguridad relativa a la presencia de islamistas en territorio marroquí y su posible conexión con células en nuestro país, la competencia por ser base estratégica comercial en el Mediterráneo entre el núcleo de Algeciras y los futuros desarrollos alauíes en Tánger… son muchos los frentes abiertos, y todos ellos muy complicados, potencialmente peligrosos. Se ve claramente en el caso de las oleadas de inmigrantes, tanto en el estrecho como en cayucos a Canarias, que permitir su mera existencia es una cosa que Marruecos regula en función de lo que desee negociar con España, y a veces con la UE, en otras materias de su interés, y que si el acuerdo no llega o no le gusta, “casualmente” el flujo de los que intentan el salto de la valla en Ceuta o cruzan el estrecho se dispara o cesa. A cambio de que Marruecos realice las labores de vigilancia y control de fronteras, con unos medios que en la civilizada Europa no están socialmente bien vistos, España y el resto de la UE miran para otro lado ante la vulneración de derechos humanos en aquel país, o el latrocinio que la casa real marroquí realiza de los recursos de la nación o, también, del sentimental apoyo, pero nada operativo en la práctica a la causa saharaui. Hacemos como que apoyamos a los refugiados en la zona pero no movemos un dedo en la práctica, y todos contentos y felices a cambio de una seguridad nacional mutua.

Este equilibro de facto quedó roto ayer por la decisión de Trump, y deja a la posición tradicional española, defensa de boquilla del referéndum, tocada. No es casualidad que, aludiendo al comodín de la pandemia, ayer se decidiera aplazar el encuentro bilateral entre ambos gobiernos previsto para la semana que viene, una cumbre de las importantes con el tema migratorio de fondo con la que ya había mucha polémica por las declaraciones de Iglesias, apartado a última hora del encuentro por presiones marroquís. ¿Cuál será la postura de España, y la UE, ante el movimiento de Trump? ¿Mantendrá Biden esa misma posición? ¿Qué efectos va a tener esto en la zona y en nuestras relaciones de vecindad? Ahora mismo esas, y otras muchas preguntas, carecen de respuesta.