Mostrando entradas con la etiqueta Escándalo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escándalo. Mostrar todas las entradas

miércoles, febrero 11, 2026

Epstein y las redes de poder

En el caso Pellicot pudimos comprobar, con asombro y horror, cómo el marido de la abusada había organizado toda una trama en la que su mujer era el centro y decenas de hombres, de procedencias y vidas distintas, compartían un secreto y, ya de paso, ninguna moralidad. En esa situación la obscenidad se daba entre personas comunes, normales, sin fama ni relevancia, sujetos como cada uno de los que, aleatoriamente, usted puede seleccionar una tarde cualquiera en un vagón de metro o en el autobús en el que viaja, o entre los que se cruza por la acera en un momento dado. Maldad sin origen ni distinción. Cuesta imaginar que cosas así pasen, pero sucede.

Epstein nos pone ante una red muy similar, en la que la depravación y delito son equivalentes, con la única diferencia de que aquí nos encontramos ante un club exclusivo formado por personas famosas en todo el mundo, poderosas por sus influencias, cargos o cuentas corrientes, sujetos a los que medio mundo pone cara, nombre, responsabilidad y patrimonio estimado. Millonarios, políticos, personajes de relumbrón…. Como los socios del depravado marido Pellicot pero con todos los posibles imaginables. En la red de Esptein también se da un pacto de silencio, una complicidad para mantener el secreto de lo que sucede cuando los partícipes de la red se juntan, porque ellos saben que lo que hacen no sólo es ilegal, sino también repugnante, pero pueden hacerlo, y lo que les preocupa no es el hecho que cometen, sino que alguien se entere de ello. El secretismo es lo fundamental, el resto no importa. Epstein es el nexo común, el que los pone en contacto, el que dispone de un lugar perfecto para que se desarrollen los hechos lejos de la curiosidad del mundo, una isla privada, un enclave protegido. La socia de Epstein, Ghislane Maxwell es la organizadora de todo, la que se encarga de la logística, del funcionamiento, y también, claro, del abastecimiento de carne, de las chicas que van a ser abusadas por los potentados, que son tratadas como carne al peso, como muñecos sin valor, como objetos de usar y tirar. Ghislane sabe todo lo que pasa y le da igual, es una profesional en lo suyo, la más eficiente, la mejor. Todos le adoran. Los contactos y la red han permitido a Epstein hacerse con una fortuna respetable que le cubre todos los vicios posibles y le hace ser el rey de la fiesta. Es un síntoma de estatus poder accede a su isla, que te reciba, que Ghislane contacte previamente contigo para apalabrar los vuelos y la estancia, lo que deseas, el tipo de vicio que quieres consumir, rarezas y fetichismos que requieres, todas esas cosas necesarias de cara a maximizar la calidad de la experiencia. Sabes que si cas a la isla de Epstein estás en la cumbre del mundo, que las personas con las que contactas manejan información ultraprivilegiada, pueden hacer los mejores negocios del mundo, y escriben, si es necesario, las leyes que los convierten en lícitos. No hay cielo para el ego comparable a acudir a la isla de Epstein, y retozar allí con los sueños más oscuros que uno pueda imaginar. Quítenle todo el dinero, el lujo y el poder y tendrán nuevamente a la banda de malnacidos que abusaban de Giselle Pellicot, sin ostentaciones, sin palmeras ni villas con playas privadas de arenas finas, sin copazos de precio inimaginable ni excentricidades de millonario. Sólo sexo depravado, ilegal y abusivo, sólo violación, sólo abuso, sólo mierda. Ambas historias tienen un decorado muy distinto, casi antagónico, pero unos protagonistas que son de lo más similar. Y, desde luego, unas víctimas que sólo se han podido defender después de haber pasado una pesadilla inimaginable, una situación de horror que, vista desde fuera, es tan incomprensible como despiadada.

En el juicio del caso Pellicot los abusadores trataban de ocultarse, buscaban que no se conocieran sus rostros, rostros que no tuvieron problema de mostrar al marido organizador de la trama cuando se apuntaron a semejante asquerosidad. A medida que salen nombres de invitados a la fiestas de Epstein se repite el patrón de la negación, del callado arrepentimiento, del mea culpa, del “no sabía lo que pasaba” y demás clichés, predecibles y vacíos. Mentían los anónimos franceses, lo hacen los potentados epsteinianos. Ghislane Maxwell se puede cargar la imagen de medio mundo. Y lo sabe. Y los saben. Y, me temo, lo sabemos.

martes, febrero 10, 2026

Epstein y su derivada británica

El caso Epstein es una de los escándalos más profundos, densos y extensos de nuestro tiempo. La cantidad de personas de alto rango implicadas en él y lo que se sabe, y no, es realmente impresionante. Tenía pensado dedicarle algún artículo a este tema desde hace tiempo, especialmente por el uso que ha hecho Trump de él y por su falsedad para, cuando se le ha vuelto en contra, intentar diluirlo, pero la actualidad, ya saben, a veces atropella. Y de mientras pasan otras cosas siguen saliendo documentos sobre las actividades del pedófilo y de la red de amistades que cultivó a lo largo y ancho del mundo y el poder. Y la bola no deja de crecer.

Curiosamente, por ahora no es EEUU el lugar en el que más impacto tiene lo que se hizo al amparo del millonario abusador, sino en Reino Unido. Allí, desde el principio, la presencia de Andrés, hermano del actual rey Carlos III, en todos los papeles conocidos, supuso un escándalo mayúsculo en la casa real y, por extensión, todo el país. Cada vez que el príncipe negaba haber tenido relación con Epstein salía a la luz un documento o imagen aún más escabroso que lo ponía en entredicho. Obligado a renunciar a su distinción principesca, la policía se acerca cada vez más a su figura en medio del repudio popular, y el Rey ha optado, con inteligencia, por separarse lo más posible de su hermano para que todo esto no contamine a la institución, que no está muy sólida que digamos desde que la Reina Isabel II dejó el mundo de los vivos. Pero la cosa ya no es sólo monarquía, no. En la última tanda de papeles aparece muy destacada la figura de Peter Mandelson, Lord, prominente figura del laborismo, que en los tiempos de Tony Blair era apodado como el “príncipe de las tinieblas” por no tener cargo en el gobierno pero ser el que más mandaba por detrás, tano en el ejecutivo y en el partido. Mandelson llegó a ser nombrado embajador en EEUU, uno de los cargos más relevantes de la diplomacia británica, y su aura de poder nunca ha dejado de ser enorme. Pues bien, este señor aparece en el escándalo Epstein no sólo presuntamente en su faceta sexual, sin que de ello se hayan publicado pruebas claras, sino en otras dos vertientes muy feas. Una es la del desvío de dinero, de tal manera que Mandelson habría recibido ingresos de la trama Epstein que no habría declarado, y otro, que es muy grave desde la óptica del estado, es la sospecha de que Mandelson habría suministrado a Epstein y su círculo información confidencial sobre el Reino Unido, se supone que de seguridad y de carácter económico. Esto, desde la posición que representaba en EEUU, es directamente un acto de traición a la corona y al gobierno británico, y convierte al personaje en una de las cosas más repulsivas que en los estados pueden imaginarse, y más en aquel, donde la confidencialidad de la información ha sido siempre una obsesión. Mandelson ha contado, hasta hace muy poco, con el beneplácito de su partido y sus altos cargos, que lo han defendido sin cesar, pero desde hace unas semanas su situación se ha vuelto tan radioactiva que todo aquel que se acerca a él o ha tenido proximidad se arriesga a ser intoxicado. En los últimos días han dimitido dos altos cargos del ejecutivo británico, no dueños de carteras ministeriales, pero sí fontaneros de primer grado, de los que gestionan el poder real. El responsable de comunicación y el jefe de gabinete del primer ministro Stammer han cesado de sus cargos, y en sus renuncias se autoinculpan de haber confiado en la honestidad de Mandelson, y con ello haber respaldado su figura ante su jefe, el primer ministro. Ahora, afirman, al conocerse los hechos, se sienten traicionados y consideran que han errado, y deben irse. Su marcha es un pretendido cortafuegos para impedir que sea Stammer el que se abrase con este escándalo. ¿Funcionará?

Ayer mismo el jefe del laborismo en Escocia solicitaba públicamente la renuncia del primer ministro, que es de su partido, por si había dudas, dejando claro que Stammer no tiene, ni mucho menos, el control de la situación. Posee una mayoría clara en el parlamento, pero si figura, sin que hayan transcurrido dos años desde su elección, está claramente a la baja y sin visos de poder remontar. La crisis política que devastó al conservadurismo se puede replicar en el laborismo, por errores propios de gestión y por las derivadas de Epstein. Supongo que Stammer tratará de aguantar el chaparrón, pero esto le deja muy tocado. Y desde la barrera, Farage y los populistas ven como sus intenciones de voto se disparan sin hacer prácticamente nada.

miércoles, julio 16, 2025

El caso Epstein y los muy MAGA

El caso Epstein es uno de los mayores escándalos de los tiempos modernos y una fuente de constantes bulos, rumores, conspiraciones y demás. Epstein era un millonario de Nueva York con contactos en las más altas esferas de la economía, política y sociedad del mundo, y un adicto a algunas sustancias y, sobre todo, al sexo con menores. Organizaba fiestas en islas privadas del caribe en las que el suministro de menores estaba garantizado para los asistentes. Allí jugaba un papel trascendental Ghislaine Maxwell, su mejor amiga, hija del magnate británico Robert Maxwell (fallecido en Canarias en extrañas circunstancias) como organizadora de todo. Epstein acabó detenido y se suicidó en la cárcel. Ese es el discurso oficial

Hay grabaciones públicas de Epstein con todo quisqui, empezando por el propio Donald Trump en los noventa en una actitud de compadreo absoluto. Lo que no se sabe con certeza es la lista de los que acompañaban a Epstein en sus repugnantes fiestas, y esa ha sido una de las mayores fuentes de rumores de todo el caso. Los republicanos muy duros siempre han acusado a los líderes demócratas de haber sido invitados a esas reuniones y de que allí cometían todo tipo de delitos. Trump ha enarbolado la “lista Epstein” como uno de sus lemas en todas las campañas electorales que ha desarrollado, y ha dicho que la iba a hacer pública para escarnio de los pedófilos que en ella figuran. La llegada al poder del Donal en febrero reactivo este asunto y, desde las posiciones más ultras del movimiento MAGA, comenzaron las peticiones para que se desclasificasen todos los documentos al respecto. Trump, al principio, dijo que sí, que sin problemas, pero luego ha empezado a dar largas, y eso ha mosqueado a muchos. El acabose en este asunto llegó tras la bronca en redes de Musk y Trump, la escenificación de su divorcio, cuando Musk dijo que Trump figuraba en esa lista, acusándole públicamente de haber sido uno de los abusadores. Trump lo negó categóricamente, pero no ha querido saber nada más del asunto Epstein, y cada vez que los periodistas le preguntan sobre el tema monta en cólera y se niega a responder. De hecho empieza a decir públicamente que esa famosa lista que él ha alardeado en hacer pública no existe, y que todo eso es un viejo asunto que debe ser olvidado. Una mentira tipo Sánchez de reescribir lo que dije en el pasado que puede colar para algunos, pero en EEUU los más recalcitrantes del movimiento MAGA, que son los que han elevado al poder a Trump, no olvidan este asunto y llevan unos cuantos días encolerizados. Más allá de vídeos en las redes de sujetos quemando gorras de MAGA como desprecio a su líder, por lo que consideran una traición, y que puede notarse en el respaldo electoral el año que viene, lo relevante es que pesos pesados de la opinión ultraconservadora en EEUU están lanzando acusaciones contra Trump sobre este tema. No sólo le tachan de mentiroso al incumplir la promesa electoral que hizo de transparencia sobre el tema, sino que, tras los tuits de Musk, empiezan a exigirle que cuente lo que sepa no como presidente de EEUU, sino como antiguo amigo del pederasta. Este asunto, turbio donde los haya, ha escalado muy alto en el organigrama del poder de aquel país. La fiscal general, a las órdenes de Trump (que guay, eh, Sánchez?) se ha unido al discurso de su jefe y, cuando le mentan a Epstein, echa balones fuera y pasa del tema, pero en el FBI hay una bronca monumental, porque los dirigentes puestos por Trump no están siguiendo la línea oficial y exigen transparencia sobre el asunto. Esta semana se ha llegado a rumorear incluso la posible dimisión del máximo responsable de ese organismo en protesta por la negativa de Trump a aclarar el caso. Por ahora no se ha producido, al parecer porque Trump lo ha evitado, pero la marejada es intensa.

¿Qué hay de cierto en todo lo que rodea a la lista Epstein? A saber. La defenestración pública del príncipe Andrés de Inglaterra viene de ahí, porque Epstein era un muy buen amigo suyo, y se da por sentado que el príncipe cometió con el pederasta oficial actos deleznables, pero no hay constancia de otros nombres, aunque la rumorología ha puesto a muchos en el disparadero. Ghislaine Maxwell, condenada a varios años de cárcel por colaboración con Epstein es, probablemente, la fuente más autorizada para saber realmente quiénes estuvieron en esas fiestas y qué hicieron. Por ahora calla, como una auténtica profesional. Las evasivas de Trump aumentan la rumorología del escándalo y las teorías de todo tipo, sin que se les vea freno alguno.