viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

jueves, marzo 05, 2026

¿Nos puede boicotear EEUU?

Lo más relevante de la declaración plasma de ayer de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas, sin nadie, en medio de la soledad de la sala de prensa de Moncloa, ejerciendo un presidencialismo autoritario que no le corresponde, fue que abre una probabilidad, por ahora pequeña, para que se adelanten las elecciones generales a este año, una vez que los gurús del presidente han encontrado en el “No a la guerra” un lema para, creen, movilizar a los suyos, que se mueven tras el desastre de gestión de la actual presidencia. ¿Acabará dándose esa carambola de elecciones conjuntas en Andalucía, Cataluña y generales? Sigue pareciéndome muy complicada, pero ya no es descartable.

Yendo a lo que importa, ¿nos puede bloquear comercialmente Trump, como amenazó hace un par de días? La respuesta rápida y convencional es que no, pero con el ególatra supremo ya se sabe que hay pocas cosas convencionales. Nuestro gobierno ha usado la ley de manera correcta al no permitir el uso de las bases conjuntas para el actual ataque a Irán por entender que no es una actuación legítima, de la misma manera que convirtió en legal el ataque que, con el apoyo de esas bases, se dio en verano, también sobre Irán. En todo caso, la posición de denegar el uso tiene respaldo con el convenio suscrito entre EEUU y España en la mano. El cabreo de Trump ante esta decisión se puede traducir en palabras, como las de hace dos días, o en hechos, aún no realizados. Las políticas comerciales de España son soberanas, pero con una “s” pequeñita, dado que muchas de sus competencias están transferidas a la UE, que es la que tiene la capacidad para firmar tratados. En este caso nosotros vamos con el resto de socios europeos, y cuando empezó el lío de los aranceles ilegítimos del año pasado, los que ha tumbado el Supremo de EEUU hace un par de semanas, la Comisión le recordó a EEUU que no podía dictar normas distintas a las naciones de la UE, que todas debieran ser tratadas de igual manera. Esto es lo que dice la ley. ¿Puede saltarse Trump la ley? Sí, lo hace con frecuencia, y ese es el problema máximo. Desde que dijo esas palabras todas las empresas y los que trabajan en las relaciones comerciales con EEUU están agobiados, porque saben que la seguridad jurídica con la que se han desarrollado esas relaciones en las últimas décadas se ha derrumbado. Donde antes había reglas claras ahora dicta la voluntad de un sujeto que decide de manera arbitraria y son argumentos. En números, en los últimos años la balanza comercial con EEUU se ha ido deteriorando porque hemos aumentado nuestras compras de energía, especialmente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, de tal manera que ya es uno de nuestros principales suministradores de petróleo y gas natural licuado. Eso hace que ahora el déficit comercial con ellos supere ampliamente los 10.000 millones de dólares. Es decir, EEUU gana dinero en sus relaciones comerciales con España, no le conviene reducirlas, aunque sea por un mero interés financiero. Nuestras exportaciones allí se centran en maquinaria, servicios industriales y de consultoría (sector importante en el que hemos ganado mucha cuota de terreno desde hace años) y, claro, la agroalimentaria. Este último sector es el que más ha sale en los medios cuando se habla de este tipo de problemas. Bodegueros, fabricantes de queso, jamones y demás productos, especialmente los de alta gama, tienen en EEUU desde hace tiempo un mercado que compra con firmeza sus productos y de donde saca unos márgenes nada despreciables. Desde el inicio de Trump 2, esto se ha resentido notablemente, tanto por los aranceles famosos como por la creciente sensación de inestabilidad. Vender allí se complica cada vez dada la actitud hostil de la administración, que no la de los clientes, que son los perjudicados por las subidas de precios. Es de esperar que este clima confuso, lejos de mejorar, se enturbie aún más.

El problema de fondo, que Sánchez no es capaz de ver y que el resto de naciones europeas no quieren admitir, es que el país más poderoso del mundo, dotado del mejor ejército, ha decidido actuar de manera unilateral en nombre de lo que se supone son sus intereses, aunque realmente sean sólo los de Trump y la camarilla que le rodea. Un mundo de reglas y acuerdos, sostenido por la voluntad y fuerza de EEUU, se derrumba ante nuestros ojos, demolido precisamente por aquel que ha contribuido a crearlo. Ante esto, las actitudes de países de segundo o tercer nivel, como somos nosotros, pueden resultar pueriles y ser castigadas de una manera desproporcionada. ¿Cómo gestionar este escenario? Ni la más remota idea.

miércoles, marzo 04, 2026

Fernando Ónega, Periodista

Ayer, cuando llegué a casa por la noche, algo más tarde de lo habitual, me enteré de la noticia del fallecimiento de Fernando Ónega, a los 78 años, edad no demasiado avanzada para estos tiempos. Había tenido en el pasado algunos problemas de salud y tuvo que recibir un trasplante de riñón, donado por su esposa. Él decía que ella le había dado la vida personal y, tras eso, también la física, en un agradecimiento profundo que era tan sincero como comedido en sus formas. Ónega siempre fue suave, en tiempos duros y no tantos, y más aún en tiempos de algarabía incesante como los que ahora nos toca sufrir sin cesar.

Ónega lo ha sido todo en el periodismo nacional, y consiguió llegar, muy joven, a lo alto de la comunicación política, como escritor de los discursos de Suárez, en los inicios de nuestra democracia. Ese “puedo prometer y prometo” que tanto se ha parodiado y que con énfasis pronunciaba Suárez en sus discursos salió de la mente y dedos de Ónega. No duró mucho aquella etapa porque Suárez abandonó su cargo tras pocos años de permanencia, y a partir de ahí Ónega desarrolló una carrera periodística que le ha llevado por multitud de medios, tanto en radio como en televisión, tanto en la pública como en la privada. Su dicción, suave, con marcado acento gallego, algo carrasposa, era inconfundible. Ejerció el periodismo en el ámbito político, que era el que mejor conocía, y junto a Luis del Olmo creó eso de la tertulia, extensión en el mundo de la radio de lo que se hacía desde antaño en los cafés, formato que ha muerto de éxito y del que Fernando renegaba últimamente la ver en qué se había convertido. Sus análisis eran finos, normalmente acertados, nunca hirientes, tratando de buscar el por qué de las decisiones de los gobernantes, siempre en un marco de honestidad. Como todos, poseía una ideología propia, pero nunca dejó que le cegase. Tenía claro que lo primero de todo era ser periodista, testigo, relator y analista de lo que sucede, y que el público al que informaba se merecía todo el respeto, empezando por ser tratado de manera adulta y sin recurrir a la consigna. Huyó desde el principio de esa corriente que se ha convertido en la dominante, que ha transformado al periodista en activista, en propagandista de ideologías sin rubor y mendicante de apoyos por parte de los gobiernos de turno, o de los que puedan venir, para ganarse un jornal con una actitud nada cercana al espíritu del narrador de noticias. Ónega tuvo muy claro que ese estilo no era el suyo, y a medida que logró compaginar su labor de periodista con la de gestor en empresas de comunicación, llegó a ante grandes cargos en el grupo Plante Atresmedia, quiso que su estilo también se notase en la directriz de los equipos y empresas. Se centró cada vez más en la radio frente a la televisión, y fue en Onda Cero donde pasó sus últimos años de carrera, extensos, desde una primera línea de gestión y una secundaria de opinador, de editorialista de cabecera, en la que trataba de mantener un estilo que muchos, cada vez más, veían anticuado por el mero hecho de que escucharle no supusiera sentir un golpe en la mesa. Todos los que le conocían, y ahora a su muerte lo reiteran, señalan que en lo profesional y personal era como lo que parecía, alguien afable con el que se podía trabajar, y alguien que enseñaba a quien se lo pedía. Muchos comunicadores, especialmente de la radio, son deudores de los consejos que Ónega les ha dado y de haber sido subordinados suyos. Ha sido un maestro para generaciones enteras de periodistas, sobre todo en lo que hace al mundo de la actualidad y la política. Su muerte es hoy noticia en todos los medios del país, porque en todos ellos hay alguien, uno o muchos, que ha aprendido de Ónega y lo ha tenido como mentor.

En los últimos años sus hijas, especialmente Sonsoles, empezaban a ser más famosas que él para las nuevas generaciones. Cuando se retiró de la profesión, hace sólo tres años, en la última entrevista que le hizo Alsina, reconoció que en la vida había trabajado mucho y vivido menos de lo que deseaba, y que ya le tocaba un poco de eso de pasar los días sin agobios, deberes y agenda. Siguió activo en algunas facetas, especialmente en lo relacionado con los problemas de la gente mayor, pero su presencia en los medios se redujo totalmente. Hoy habrá numerosos obituarios en España que glosen su memoria. En pocas ocasiones serán tan sentidos y sinceros por quienes los van a escribir. Se va un maestro en su profesión. El “cole” está de luto.

martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.

lunes, marzo 02, 2026

El ataque fue por la mañana

A lo largo de la tarde noche del pasado viernes se sucedieron los mensajes de alerta lanzados por los ministerios de asuntos exteriores de gran cantidad de países, empezando por China y siguiendo por los europeos, solicitando a sus nacionales que abandonasen Irán. A su vez, saltaban alertas de aerolíneas que decidían suspender sus vuelos a Teherán en un movimiento que, casi siempre, precede a un ataque, aunque a veces se produzca con una antelación muy elevada respecto al momento preciso en el que comienzan las hostilidades. Veía todo eso y mi apuesta de que, tras las conversaciones en Ginebra, Trump había decidido golpear, crecía en probabilidades. ¿Cuándo será el momento preciso? ¿Cómo?

No hubo que esperar demasiado, ya que al levantarse el sábado todo el mundo supo que la acción había sido madrugadora, no nocturna, como suele ser en estos casos, sino de día, iniciada ya la mañana en Irán, pasadas las siete en España, con el alba empezando a asomar en la península en una mañana tranquila, fría y soleada. La operación, denominada Furia Épica, en un intento bastante casposo de copiar a lo que parece más una secuela del universo Marvel que a otra cosa, se desarrolla conjuntamente desde el inicio por las fuerzas de EEUU e Israel. En una primera tanda de ataques, en la mañana del sábado, las fuerzas israelíes se centraron en los objetivos de control y mando del régimen, incluyendo las residencias del líder supremo y de numerosos altos cargos del ejército y la seguridad iraní, mientras que los norteamericanos atacaban, vía aviación y el empleo de misiles desde barcos, instalaciones militares, capacidades balísticas, depósitos de munición, complejos relacionados con el desarrollo nuclear y, en general, todo lo relacionado con la capacidad militar del país. Un doble golpe, muy intenso, que buscaba tanto descabezar el régimen como debilitar sustancialmente sus capacidades ofensivas, degradándolas hasta el punto de que no supusieran un problema. Una guerra intensa, de salvas, como se dice ahora en la literatura especializada, sin desplazamiento de tropas sobre el terreno, sólo de lanzamientos de precisión buscando causar el mayor impacto posible en un tiempo breve, que cause una conmoción en el país atacado, una desestabilización de las estructuras de poder. Lo que en un principio parecía ser una operación de advertencia se convirtió, a las pocas horas, en una clara intentona de derrocar al régimen en su conjunto. Hay muchas dudas sobre el por qué de la operación y el cuándo escogido, pero parece que la inteligencia norteamericana detectó a muy primera hora del sábado una reunión entre el líder supremo y gran parte de su cúpula en las instalaciones oficiales del régimen, no en un búnker o algo similar, y la posibilidad real de cazar a todos ellos de un golpe precipitó la ofensiva. Desde el mediodía las fuentes israelíes daban como probable que Ali KAmenei, el líder supremo iraní, con casi cuatro décadas al frente de la dictadura, había caído, junto con una buena parte de su cúpula de seguridad y control. Los norteamericanos no difundieron esta información hasta ya entrada la noche del mismo sábado, dando entonces por segura la muerte del número uno del régimen iraní, y un presentador de la televisión oficial persa lo confirmó, entre sollozos a lo Arias Navarro, en la madrugada europea. El intento de decapitación había sido un éxito, la dimensión del golpe, enorme, las consecuencias potenciales de la acción, espectaculares. El escenario regional había sido completamente alterado de un plumazo y el impacto de la noticia era, a lo largo del domingo, el monotema en los canales informativos de todo el mundo. Esta vez Kamenei no iba a acompañar a Maduro en una celda de Brroklyn, no. Estaba ya en el mundo de los muertos.

A lo largo del fin de semana se han sucedido los ataques norteamericanos e israelíes, y la respuesta iraní, en forma de lanzamiento de misiles y drones contra objetivos situados en todas las naciones ribereñas del golfo pérsico. Estos ataques han causado daños leves, algunas bajas, el absoluto caos aeroportuario en una de las principales regiones de conexión logística de pasajeros del mundo, el corte preventivo del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz y la alerta generalizada en toda la región. A esta hora de la mañana, golpeado, el régimen iraní sigue, no ha caído, y se esperan días de bombardeos, respuestas y contrarespuestas en una nueva guerra desatada en la zona. En esta ocasión, con el destino de Irán de fondo. Alucinante.

viernes, febrero 27, 2026

Cocaína por doquier

Esta semana otra mujer, al parecer actriz, ha presentado demanda contra Íñigo Errejón por abusos sexuales, por haber sido forzada por el que parecía un crío inocente. Sobre el personaje, su hipocresía y demás ya he escrito, y otros lo también lo han hecho mejor que yo. Quiero fijarme en un detalle secundario de la denuncia En ella la demandante describe sucintamente la situación que derivó en abuso haciendo hincapié en el consumo de alcohol y cocaína por parte de ambos, agresor y agredida, en un contexto de fiesta, consumo que, por lo que se intuye, no tenía nada de esporádico ni de mínimo. Lo de ponerse de copas hasta arriba no es algo excepcional, pero por lo que parece, colarse con rayas tampoco.

Y digo esto porque los datos, siempre muy imprecisos en este campo, hablan de una realidad de consumo de cocaína que es más que abundante en nuestro entorno. Las principales estimaciones se hacen en función de los alijos decomisados, cada vez mayores, los que se estiman que no se interceptan, y la mejor de las pruebas, el estudio de las aguas residuales de las ciudades, que sirvió en sus tiempos para prevenir las olas de Covid y ahora también señala que la gente se mete polvos en su interior más de lo que podría imaginarse. A grosso modo se estima en un 7% el porcentaje de la población que consume cocaína, y eso en un país de casi cincuenta millones de habitantes es mucho. Mucho. Los consumos se supone que se disparan el fin de semana, por eso del ocio, pero esta droga está muy vinculada también al trabajo, a la activación máxima del cuerpo ante situaciones de tensión, y es por ello que, aunque sí hay picos, se ve que los valles de los días laborales no son muy profundos. Hay un consumo regularizado y sostenido por parte de cientos de miles de personas que ven en esta droga algo de lo más convencional en sus vidas. Por lo que me cuenta alguna persona bastante joven, en su entorno casi es más frecuente el recurso a la cocaína y a drogas sintéticas que al alcohol en sus múltiples variedades, lo que no deja de ser algo chocante. La cocaína es una droga que mata, que destruye al que la consume, que deja secuelas y que destroza los entornos personales y sociales de los lugares en los que penetra, pero aun así sigue teniendo una imagen positiva. A un consumidor de cocaína no se le ve como un adicto, un enganchado, un drogata. Si me apuran incluso lo contrario, como alguien de éxito que recurre a eso para mantenerse en la cresta. Es una droga que tiene un estatus muy especial y que no ha conseguido perder con los años. Así mismo se ha dado en estos últimos tiempos un fenómeno curioso, que es su abaratamiento. Mientras el precio de la cesta de la compra no deja de subir, el de la dosis de coca ha ido bajando a medida que parte de la producción que era consumida en EEUU se derivaba a Europa dado el impacto que el fentanilo ha tenido en el mercado de los adictos norteamericanos. Europa está invadida de alijos, no cesan de llegar de cualquier manera imaginable y sus efectos económicos empiezan a ser más que serios en naciones como Países Bajos, donde la economía de la droga comienza a tener mucho más poder del debido en un sistema político que no es un narcoestado, pero que empieza a tener algunas de sus características. Lo cierto es que el consumidor accede hoy en día a un producto más barato que antaño y de mejor calidad, en el que la pureza es mucho más elevada de lo que solía ser. Ponerse renta más en todos los sentidos. Fuerzas de uno y otro sentido alientan el crecimiento de un mercado que no parece tener techo, y las noticias en las que sucesos de todo tipo tienen implicados a personas que han consumido cocaína se suceden, y son vistas con la naturalidad que refleja la extensión de su consumo en nuestra sociedad. ¿Cómo no va a tomarla él si yo lo hago, o conozco a alguien que lo hace?

¿Toma usted cocaína? ¿Lo ha hecho alguna vez? No, no me conteste, por supuesto, píenselo en su interior. Les confieso que mi papel de recatado en la vida no es una pose, y pese a que he podido hacerlo, nunca he consumido esa droga (y creo que ninguna otra, salvo alcohol) No me llama la atención para nada, no me resulta atractiva, no me estimula su presencia, no me pone, no….. Nunca la he probado, se lo confieso. Lo cierto es que tenemos un problema social con la normalización de algo que no lo es, con el consumo de una sustancia tan dañina. ¿Cuántos de su entorno de trabajo darían positivo en cocaína si se hiciera un control aleatorio un día cualquiera? ¿Cuántos entre su familia o amistades?

jueves, febrero 26, 2026

Juan Carlos I, Rey

Que se muriera Tejero ayer por la tarde fue como si el destino, que no existe, quisiera lanzar un guiño a los españoles, clausurando por todo lo alto la historia del golpe del 23F tras la desclasificación, al mediodía, de la documentación que seguía considerándose como secreta. Tejero era la imagen viva de esa asonada, su aspecto más chusco y visible, y era de los pocos que vivieron aquello en primera persona que seguía entre nosotros. Su muerte, a los 93 años, cierra un círculo y entierra un pasado que, afortunadamente, no llegó a ser. Tejero hizo todo lo posible para que una oscuridad volviera, pero otros, no pocos, consiguieron que no fuera así.

Poca información relevante ha surgido de los papeles desclasificados. No se esperaban grandes secretos, según decían los expertos en la materia, y así ha sido. Si acaso, de una visión general de lo conocido, emerge aún con más fuerza el papel del Rey Juan Carlos y su inquebrantable compromiso con la democracia. El Rey fue un espolón frente al que chocaron las intentonas golpistas, esta y otras que se fraguaron y no llegaron a fructificar. En aquellos momentos Juan Carlos, aunque la Constitución vigente ya le había desposeído de poder efectivo, conservaba un enorme ascendiente en la carrera militar, que constaba de miles de personas con poder real, y que hasta hacía no muchos años se habían repartido el país a su gusto. El ejército de entonces no era el de ahora, ni mucho menos. El miedo que entonces producían los “ruidos de sables” estaba más que justificado. Pues bien, ante este poder militar sublevado, parcialmente pero con ímpetu, Juan Carlos se planta, pone pie en pared. Universalmente conocida es su alusión en TVE esa noche en la que insta a los sublevados a deponer su actitud y a rendirse, a no causar más daños y a dejar las armas. Esa escena, que consagra a Jun Carlos como Rey constitucional, y que algún conspiranoico de tres al cuarto ha tachado de montaje para defender la figura del Rey, se ve ahora que no es sino la culminación de un día en el que, en todo momento, el Rey está en frente a los golpistas. En esos documentos hechos púbicos se ve como Juan Carlos se niega a renunciar a su corona, se niega a exiliarse, afirma que resistirá como sea y que no se doblegará ante el golpe, triunfe o no. Muestra valentía y creencia en la democracia, y se convierte en el mayor poder no controlado por los golpistas que se revuelve contra ellos. Podía haber algún momento de vacilación, duda, deseo de componenda, intento de diálogo para ver lo que se puede sacar de la situación, cualquiera de esas cosas cutres que ahora vemos en la sucia política que nos domina, pero no. Juan Carlos, desde sus primeras palabras registradas, se pone al frente de la democracia española y se determina a resistir cómo y cuánto sea necesario. Muestra valor, porque frente a una actitud violenta como la que entonces se estaba desarrollando la vida de los que mostrasen oposición podía correr riesgo, y pese a ello se juega el tipo en cada momento. Eso hace que algunos de los golpistas, tras su fracaso, expresen un odio desmedido, con lógica, ante la figura que les frenó, el Rey, y afirmen que, para ocasiones posteriores uno de los primeros pasos debe ser neutralizar al Borbón. En esto, y en no pocas cosas, los golpistas y los etarras compartían destino, y su proyecto totalitario pasaba por hacer caer la monarquía, garante de las libertades constitucionales. Unos lo intentaron el 23F, otros varias veces en atentados felizmente frustrados. Sí, Juan Carlos se doctoró como Rey esa noche, pero durante el día desarrollo la lección de manera espléndida. Su figura queda aún más engrandecida tras lo conocido.

Su hijo, Felipe VI, también ha tenido que hacer frente a un golpe de estado, en este caso postmoderno, sin militares con las calles, pero con civiles queriendo hacerse con el poder de manera ilegítima y desmontando la constitución. En 2017, tras la asonada del procés, también Felipe VI sale por la noche a dar un discurso de importancia máxima, y logra que la situación política se encauce tras lo vivido en Cataluña por los totalitarios, en este caso vestidos de independentistas. Pese a las sucias componendas con las que el actual desgobierno ha tratado de reescribir la historia, en ese momento el hijo, como el padre, vuelve a jurar la constitución delante de todos nosotros, y muestra que las libertades que en ellas se recogen exigen a los poderes públicos sumisión, respeto y creencia. No es poca lección en estos tiempos.