miércoles, noviembre 04, 2026

Sánchez cesa a Puente

Sin arrepentimiento, sin el más mínimo remordimiento por lo sucedido, sólo por tacticismo político, por impacto electoral. En su comparecencia del mediodía, tras el Consejo de Ministros, Puente se mostró como es, tras desgranar una serie de ideas de marketing que buscaban ser como carnaza para que piquen ingenuos. Dijo entender las peticiones de dimisión que surgían de voces de la izquierda, negó legitimada alguna a la derecha para reclamárselo, y reiteró por activa y pasiva que no iba a dimitir de ninguna manera. Su posición era firme, y su objetivo claro era seguir. Creo que todos los periodistas le preguntaron por su marcha, a todos se la negó.

Por la noche, al final de la comparecencia ante la Diputación Permanente del Congreso, Puente anunció que dimitía, justo después de volver a escuchar las peticiones de todos los grupos reclamándosela, salvo Bildu, el aliado fiel al que sólo le interesan sus presos, nunca las víctimas. Hizo una y mil veces su papel de mal educado y soberbio, ese personaje que tan bien ha construido y que tendría un futuro excelente en la Casa Blanca trumpista. Y pasadas las nueve, justo al final de la sesión, anunció que dimitía, que lo tenía pensado desde un primer momento, que lo hacía por responsabilidad política y que era el respeto a las víctimas del accidente lo que le llevaba a tomar esa decisión, pese a no tener nada que ver con los accidentes sucedidos. Es asombrosa la naturalidad con la que estos personajes que nos dirigen mienten, su arte para hacernos creer que lo que dicen es sincero. Puente no se fue ayer por la noche por ningún tipo de arrepentimiento ni nada parecido, no, lo hizo porque su jefe se lo exigió tas comprobar, en las encuestas internas que le partido estaba realizando desde el accidente, que el desplome en intención de voto era total. Puente se fue porque era el fusible que su jefe, quien ahí le puso, ha encontrado para tratar de salvar su cara ante el desastre que su gestión y la de sus subalternos ha creado. Puente se fue porque su jefe le echó, porque era prescindible y porque los votos le importan, al contrario que las víctimas. Puente se va porque es la vía que Sánchez cree haber encontrado para taponar la sangría que si le afecta, la de los votos, no la literal. Puente no dimitió cuando se produjo la tragedia de Adamuz, cuando esos cuarenta y algo fallecidos llenaron las imágenes y corazones de casi todos, salvo los que rigen en Moncloa y en el Ministerio, que no pudieron mostrar un desprecio mayor a las víctimas de ese desastre, y que durante estos meses se han esforzado sin descanso en obstaculizar la investigación de una juzgado desbordado y carente de medios, que ha reclamado ayuda pero que nadie se la ha proporcionado. Hay pruebas de la instrucción de Adamuz que siguen ahí, pudriéndose en medio del abandono más absoluto, a conciencia, de manera buscada. Sólo por eso Puente ya tendría una causa penal pendiente, además de las dos que se merece por los dos accidentes. Pero nada, desde el Ministerio y Moncloa se brindaba con champán sobre cómo el ruido de la política diaria tapaba todo y lograba sacar a las víctimas de la primera plana de la actualidad. Un éxito absoluto de la estrategia de marketing basura que los gurús han convertido en el día a día de nuestra miserable actualidad. De vez en cuando el portavoz de las víctimas conseguía un hueco en los medios pero era rápidamente opacado por cualquier otra cosa, y por no poca basura sembrada sobre el caso por los portavoces mediáticos habituales de un gobierno que sabe gestionar como nadie la propaganda y la mentira. Su olvido era ya casi total, hasta que se produjo la semana pasada el segundo accidente en nueve meses, el desastre absoluto otra vez, la tragedia que llegó como novedad a las familias de Urda y que revivió lo sucedido a las de Adamuz sin apenas tiempo para poder haber comenzado un proceso de duelo digno de tal. Y en medio de esas catástrofes, el gobierno, preocupado por su supervivencia. Sólo por eso.

Las víctimas de Adamuz pudieron ser despreciadas sin límite por parte del gobierno porque el accidente sucedió lejos de cualquier elección, podían sr orillados, humillados, olvidados, y así sucedió. Los de Urda le han estallado al gobierno a seis semanas de unas elecciones generales. Puente, que nunca ha mostrado empatía alguna por ninguna víctima, que ha tenido el despreciable gesto de tratar de convertirse él mismo en una, fue cesado ayer en un patético teatro orquestado desde Moncloa tras ver las pérdidas electorales. Les dan igual las víctimas, les dan igual todo. Sólo les importa el resultado de unas elecciones. Eso es lo que tenemos, eso es lo que hemos creado, eso es de lo que nos hemos hecho merecedores. Eso nos refleja.

martes, noviembre 03, 2026

Estamos en manos de estafadores

Ayer uno de esos personajes que saltan de programa en programa de televisión haciendo creer al resto que saben cosas alcanzó cierta notoriedad en redes al recomendar la nacionalización de los servicios ferroviarios como solución al desastre que vivimos. Ese personaje ocupó una alta posición en el gobierno paralelo de Sánchez y es uno de los mayore s vendedores de humo que se han visto en los tiempos modernos. Su incapacidad es sólo comparable a la soberbia con la que rodea todos sus movimientos y el aire de augur con el que habla cada vez que abre la boca. Sorprendentemente, o no, algunos líderes políticos, como los de pablemos, secundaron ayer su idea.

Y es que se ha puesto de moda en los últimos días achacar a la liberalización de la Alta Velocidad los males que vive, acusaciones que realizan no pocos portavoces de izquierda, extrema y no, denunciando ese proceso, la merma de los servicios públicos y todo el manual de agravios contra el capitalismo opresor y demás. Esas opiniones, además de equivocadas, demuestran la absoluta ignorancia de quienes las proclaman, porque reclaman a voz en grito que se haga algo que ya existe, que se adopten unas medidas que son las que rigen el sistema ferroviario desde el principio de los tiempos. Los que no tienen ni idea confunden liberalización con privatización, que no son ni mucho menos lo mismo, pero lo juntan todo a la vez, y para vender su discurso demagógico tanto monta uno como otro. La liberalización del AVE supuso la entrada de compañías que rompieran el monopolio de RENFE, empresa pública al 100%, que era la única operadora. Eso hizo que dos compañías, una francesa, OUIGo, marca comercial de la pública SNCF, y otra italiana, Yryo, marca comercial de la pública Trenitalia, comenzasen a rodar por las vías españolas, ofreciendo servicios alternativos a la de la pública, pública, pública, RENFE. No se puede nacionalizar una compañía que ya lo es. En toda la red de no Alta Velocidad se mantiene el monopolio de RENFE y los usuarios ven día a día como servicios como los Cercanías se convierten en la sombra de lo que fueron, en medio de un rosario constante de averías y problemas de todo tipo. Pero es que, además, todas esas empresas operan sobre infraestructura construida exclusivamente por el estado y gestionada exclusivamente por ADIF, que es un organismo público, concretamente una entidad pública empresarial adscrita al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Es decir, la construcción de la red la realiza el gobierno mediante inversiones públicas y la gestión de la red la realiza el gobierno, y es ADIF quien canaliza una y otra vía, nunca mejor dicho. Cuando el gurú basura y los que le siguen la corriente publica en redes, de manera rupturista, que el sistema ferroviario debe ser nacionalizado, a ¿qué se refiere? ¿Considera que RENFE es privada? ¿Está diciendo que ADIF es una peligrosa especuladora, gran tenedora de vías y que encarna todos los males del capitalismo? ¿Es que ya nadie se para a pensar las bobadas que escribe? El desastre que hemos vivido, este y el de Adamuz, y los que se habrán evitado por la suerte, y los que se repitan en el futuro si no cambiamos mucho las cosas, son fruto de enormes errores de gestión en un organismo público, ADIF, y en un ministerio, antaño Fomento, ahora Transportes, donde la corrupción, el enchufismo, el putiferio constatado y la necedad se han hecho con gran parte de los cuadros directivos del organigrama. Todos los implicados en la gestión y operativa ferroviaria son organismos públicos, totalmente públicos, y es el fallo en esos organismos públicos lo que ha causado el desastre. Y ese fallo ha sido consentido, alentado y no evitado por gestores públicos, nombrados por designación política, que cobran elevados sueldos públicos y se llenan la boca al hablar de “lo público” cuando lo único que hacen es degradarlo hasta convertirlo en el desastre que estamos viendo.

En el fondo, el gurú basura sabe que miente, porque es consciente de que no tiene ni la menor idea del mundo ferroviario, del mundo público ni de nada en general. No sabe nada de nada. Es bueno vendiendo su producto. El humo, el relato, esa palabra maldita que nos ha colonizado, que es el eufemismo bajo el que se esconde la propaganda que trata de ocultar la incompetencia. Gurús basura, políticos basura, periodistas basura, directivos basura… una enorme cantidad de gente que ha aprendido a vivir del dinero público y a vender relatos que oculten la necedad que se esconde detrás de sus perfiles. En eso, el gurú famosete es un genio, en eso sí. Así ha ganado mucho más dinero del que yo veré en mi vida. Como estafador ha hecho una gran carrera.

viernes, octubre 30, 2026

Jardín desmadrado

Mi madre tiene mucha mano para las plantas. Yo no, ni para eso ni para otras muchas cosas. Sea cual sea el modelo de maceta o especie que tenga, logra que florezca en casa y prospere, a veces en exceso. Nunca ha tenido jardín, pero sí macetas de interior y de balcón, que ahora ya no puede cuidar por la edad. Supongo que la práctica, la maña, el empeño y la constancia (como me recordaba el otor día LNV, compañera de trabajo) están detrás de su éxito. A sus cualidades en esa materia le ha dedicado tiempo y esfuerzo, y eso ha dado fruto en forma de hojas y flores. Sin los primero sería difícil conseguir algo, sin lo segundo sería imposible. Conjuntándolo todo, es posible que se dé el éxito.

Los que tienen jardines saben que es un lujo para el verano, que están muy bien par el esparcimiento y celebrar fiestas o encuentros, pero también conocen cuánto dinero ha costado hacerse con uno y el trabajo que requiere que no se desmadre. Hay que limpiar, desbrozar, cortar la hierba, cuidar las esquinas, regar, podar, eliminar especies molestas… hay épocas de mayor trabajo y otras más relajadas, pero requiere una dedicación constante, y un gasto corriente dedicado que no cesa, bastante inferior al de su creación original, pero como un goteo, constante. Si uno se descuida y deja de hacer lo debido la naturaleza no frena, y empiezan los problemas. Las hierbas desmadradas se hacen con el control de todo y la organización de la parcela empieza a sucumbir ante el avance libre de las especies en el tiempo. Puede ser más rápido o no según el tipo de plantas que se tengan y de lo que llueva, pero es posible que en pocos meses el elegante jardín que se tenía acabe convirtiéndose en algo bastante más caótico y sucio. Llega un momento en el que alguien, familiar o amigo, dice eso de “pero esto qué dejado está, no?” y entonces se hace inevitable dedicarle un esfuerzo para poder arreglar lo que se ha descompuesto, y normalmente se descubre que el jardín pierde todo su aire de espacio agradable para convertirse en un lugar de trabajo duro y exigente. Lo que antes eran actuaciones constantes y pequeñas se transforman en trabajo generales, largos y costosos, en tiempo y recursos. Se puede llegar incluso a la situación de tener que comprar herramientas que no se tenían, y que no hacían falta cuando se procedía de manera regular a intervenir, pero que ahora se requieren dado el desmadre en el que se ha convertido lo que en un momento se podía definir como un seto alineado. En el caso extremo, el dueño del jardín desespera, porque descubre que lo que debe hacer para devolver el terreno a su estado original es algo que le sobrepasa por completo, y no olvidemos que tiene otras cosas que hacer en su vida además de preocuparse por el espacio vegetal, y llega el momento en el que llama a una empresa de jardinería, que acude sin mucha tardanza, elabora un presupuesto con varios ceros, horas de dedicación y necesidades, y no le queda más remedio que aceptar. Al final los jardineros arreglan el espacio y lo dejan más o menos similar a como era un principio, pero tras haber hecho un trabajo intenso de corte, tala, despiece, retirada de residuos, limpieza, arranque, replantación, excavación y todo lo que pueda uno imaginarse. Terminada la tarea, el dueño del jardín vuelve a sentarse con vistas a su parcela, contento porque vuelve a tenerla lustrosa, digna de ser vista y enseñada, pero cabreado, porque hace cuentas y descubre lo caro, muy caro, que le ha salido su dejadez, lo que ha pagado desde ese momento en el que dijo “ya lo haré mañana” y ese mañana no llegó nunca. Se da cuenta de que el jardín va a requerir esfuerzo y coste de mantenimiento de por vida, siempre, porque de lo contrario volverá a desmadrarse. El día en el que se hizo con esa parcela no pensó en el trabajo que iba a darle mantenerla, pero ahora ve que esa labor debe ser permanente. Y hace cuentas, en tiempo y dinero, y entonces el verde de la hierba recién cortada ya no le parece tan fresco y brillante.

Todo funciona de la misma manera, sea un jardín o una línea de alta velocidad. Recordamos con impacto el día de su apertura y el trabajo que supuso llegar hasta allí, pero luego hay un coste recurrente por mantenimiento y uso de la infraestructura que no cesa, que puede ser más o menos abultado, pero que es condición necesaria para que las cosas sigan funcionando como es debido, que no se ve, que no luce, que no vende, pero que es requerido. Y que si no se realiza acaba creando jardines salvajes, casas con goteras o trenes estrellados. Todos los sistemas requieren mantenimientos, so pena de degradarse hasta convertirse en inoperativos. No hay político que sea capaz de aprenderse esto, no hay técnico que no lo repita sin cesar.

jueves, octubre 29, 2026

Otro desastre ferroviario evitable

¿Qué hago? ¿Reciclo el artículo de hace nueve meses tras el desastre de Adamuz? ¿Lo pego aquí y le doy a Edición / Reemplazar para sustituir los “Adamuz” por “Urda”? ¿Reitero la indignación y la pena para llegar al mismo punto de desconsuelo? ¿Me indigno igualmente ante los necios que nos desgobiernan a sabiendas de que les da igual lo que pase, como les dieron igual las víctimas de hace nueve meses? ¿Despotrico para desfogarme a sabiendas de que, en función de cuánto pague el desgobierno, no faltarán palmeros que lo defiendan y se tapen los ojos ante los fallecidos? ¿Todo da igual?

Es horrendo comprobar que sólo nueve meses después, a un ritmo insoportable de incidencias en la red ferroviaria de todo tipo, que la han convertido en el hazmerreír de todo el mundillo especializado, volvemos a un punto desolado de la geografía nacional en el que la chatarra y los cadáveres se acumulan sin sentido alguno, al trasiego de ambulancias, a la imagen de las grúas que levantan y destruyen carrocerías reventadas para permitir buscar restos de fallecidos, a las familias de cientos de personas que no tienen ni idea de si sus seres queridos están en hospitales, morgues o aún entre los hierros y que deambulan, provenientes de provincias ajenas, por las instalaciones improvisadas de un pueblo que hasta ayer apenas nadie conocía y que hoy es el punto de encuentro del dolor y de la noticia. Al ritual de la espera angustiosa, vacía, incrédula, que no encuentra sentido a nada de lo que pasa y que ya ni reclama respuestas, porque sabe que no las va a obtener de la necedad que nos rige. En España nos estamos haciendo expertos en los rituales de gestión de catástrofes, porque si no es por la climatología cebada en un punto es por la desgracia provocada por la nefasta gestión. El rosario de localidades que están marcadas por tragedias que pudieron ser evitadas con inversión y profesionalidad no deja de crecer, y dentro de poco se puede acabar creando una asociación de lugares damnificados, marcados por la tragedia, que podrán ser recorridos en coche por carreteras bacheadas, dado que el tren no existirá o no funcionará, y se podrán hacer paneles con el número de víctimas de cada lugar, la cantidad de periodistas que acabaron visitando el pueblo, el tiempo que tardaron las necias autoridades en aparecer por allí, en algún caso ni eso, y los apenas segundos de su sucia agenda que ocuparon en aparentar conmoción por lo sucedido, para luego desaparecer y seguir al frente de sus departamentos, nominas, privilegios y chulerías. Se podrán hacer recorridos itinerantes por media España, saltando de catástrofe en catástrofe. En ese furto, dentro de muchos años, muchas de esas desgracias seguirán judicializadas, bien empantanadas para que no haya sentencia que condene a los responsables de lo sucedido, que a buen seguro seguirán en puestos de responsabilidad, quizás no tan mediáticos, pero sí excelentemente retribuidos, y con un número significativo de pelotas a sueldo para que les sigan protegiendo. Habrá jueces jubilados, fiscales comprados, abogados de oficio saturados, procuradores desbordados, y el típico juzgado provincial vetusto, que no ha visto un euro de inversión en años, que tramita las cosas a la velocidad del siglo XIX, precisamente porque quienes pudieran ser alcanzados por su competencia penal bien se han encargado de no dotarle de medio alguno para que desarrolle su trabajo. En esos pueblos de catástrofe habrá vecinos que tengan en su casa algo de chatarra del accidente de antaño, porque se acercaron a verlo y cogieron fragmentos para recordar lo sucedido, pese a que ocasionalmente, por la noche, se despiertan años después del desastre con las tripas revueltas, porque se acercaron a verlo, y no son capaces de olvidar lo sucedido, sin la necesidad de resto físico alguno. Ellos y las víctimas serán los únicos que mantengan en la memoria lo sucedió.

En Urda, ese pueblo que hoy es el centro del desastre, dentro de unos días volverá a ser el sitio al que no va casi nadie, será despreciado por los dirigentes que se acercaron ayer u hoy a cumplir un protocolo que cada vez realizan con una desgana más descarada, dejando claro a todo el mundo la nada que les importan las víctimas, lo sucedido, el desastre, la memoria, que sólo les importa su cargo, su puesto, su privilegio y, en estas semanas preelectorales, el voto que puedan ganar o perder. Urda volverá a ser un lugar olvidado, y la red de Ave, u otra infraestructura crítica sometida al mangoneo político y al abandono profesional comenzará un nuevo periodo de descuento hasta el próximo accidente fatal, que también será evitable, pero que nada se hará para ello.

miércoles, octubre 28, 2026

Proetarras en acción

El lunes por la noche fue en Bilbao donde se produjeron unos graves disturbios urbanos, con quema de contenedores, barricadas y varios coches calcinados, localizados principalmente en la zona de Deusto. La excusa era la anunciada presencia de Vito Quiles, un agitador de nulo cociente intelectual y que dice ser periodista e ideólogo, en la universidad privada de ese barrio. El acto fue finalmente cancelado, pero eso no fue óbice para que los desalmados que tenían pensado organizarla pasasen la noche en casa viendo la tele o haciendo lo que les placiera. No, la idea era montarla, destruir todo lo posible y amedrentar, y lo lograron, en medio de un nuevo fracaso de acción de una ertzaintza maniatada.

A lo largo de la noche se pudo oír, por parte de los encapuchados, frecuentes gritos de apoyo a la banda terrorista ETA, lo que deja bien a las claras de que tipo de personas estamos hablando. Son esos gritos en los que se excusa Bildu para no condenar oficialmente esta desgracia, pese a que en la noche del lunes parecía dispuesto a ello. Su cobardía, o quizás simpatía ante la muchachada, y el sentirse plenamente orgulloso de ser heredero de una banda asesina es lo que hace que los bildutarras muestren ese lado comprensivo ante el matonismo callejero. Sin embargo, creo que los de Bildu tienen motivos para empezar a ponerse algo nerviosos, porque en su mundo empieza ya hay escisiones internas que ya los ven como los “abertzalitos cobardes” para entendernos. Dos son los grupos que más protagonismo han cogido en ese submundo. Uno es Jardun, muy pequeño, que se ha hecho conocido estos días por la detención de alguno de sus miembros y las acusaciones de terrorismo que han caído sobre ellos. Son orgullosos herederos del pasado etarra, cuestionan la disolución de la banda y ven en el terrorismo una manera legítima de conseguir sus objetivos, que son los mismos que defendía ETA. Son sobre todo abertzales, es decir, ultranacionalistas, y pretender crear una república socialista y esukaldun. El otro movimiento, de mayor dimensión y trayectoria, Es GKS, siglas de Gazte Koordinadora Sozialista, coordinadora socialista juvenil, escisión organizada de la izquierda abertzlae que ya lleva un par de años siendo noticia en el entorno norteño, y es el gran quebradero oficial de Bildu. GKS es un movimiento principalmente juvenil cuya ideología base no es tanto el ultranacionalismo como el marxismo leninismo. Son estalinistas en fondo y forma, si ven con buenos ojos la independencia vasca, pero no tanto como un objetivo principal, sino como herramienta para llegar al paraíso socialista. GKS lleva ya tiempo enturbiando la presencia de Bildu en el sustrato social vasco, buscando hacerle la competencia entre los movimientos estudiantiles pre y universitarios, tratando de conseguir espacio propio en las txoznas, bares improvisados que la izquierda abertzale monta en las fiestas de los pueblos para hacer proselitismo y, de paso, llevarse ingresos extras para su financiación, etc. Varias veces los portavoces de GKS, junto con un coro simpatizantes, todos ellos con cara de mala leche, han hecho declaraciones a la prensa como formación establecida, separada de Bildu, pero aún no se han presentado a elección alguna. Tampoco creen en el sistema electoral, son más de la toma del palacio de invierno, pero no es descartable que acaben acudiendo a alguna convocatoria, y son las municipales y forales de mayo del año que viene un buen momento para ver si deciden dar el salto. Todos estos grupos actúan con la violencia como una seña de identidad, la consideran tan legítima o más que cualquier otro tipo de protesta social, y calan en una parte de la sociedad vasca que ni ha pedido perdón por el terrorismo ni se ha socializado en el sistema democrático que tiene el respeto al ciudadano y su integridad como una de sus principales bases. No es de extrañar lo que vimos el pasado lunes, esas marañas existen desde hace tiempo, y cada vez actúan con más orgullo y capacidad.

Hubo el lunes escenas de ciudadanos enfrentándose a los agresores, valientes bilbaínos que veían como una panda de descerebrados y muchos mocosos se lanzaban contra sus comercios y enseres. Fueron héroes en medio de la masa descarriada. Como en Barcelona el sábado, muchos de los agresores eran críos de poco más de catorce años, que saben tanto de ideología como yo de la lengua uzbeka. La policía actuó tarde, por incompetencia de sus mandos políticos, que no se atreven allí a enfrentarse a la mafia abertzale como es debido, y que corren el peligro de permitir el crecimiento de estas formas violentas si no se demuestra una voluntad de controlarlas. Esos héroes merecen homenaje, sin límite, pero no es así como se combate a un grupo de alborotadores callejeros. El lunes también, para variar, fracasó el gobierno, en este caso el vasco.

martes, octubre 27, 2026

Elecciones en Israel

Ayer se supo que Lula finalmente se llevó el gato al agua y se hizo con las presidenciales de Brasil tras una segunda vuelta en la que Bolsonaro hijo no fue capaz de mantener la ventaja que logró en la primera. Esto nos debe recordar que las encuestas electorales son vaticinios, pero que pueden acertar o no. En el caso brasileño la ventaja que daban de Bolsonaro sobre Lula entraba en los márgenes de error, por lo que el resultado es una sorpresa relativa. En el caso de unas elecciones legislativas es más fácil que los sondeos atinen, pero hasta que se recuentan los votos no se sabe. Que se lo digan al serbio prorruso Vucic, que también perdió el domingo frente al movimiento estudiantil.

Con esta idea, nos enfrentamos hoy a las elecciones en Israel, unas de las más importantes a nivel global, dada la conflictividad de la zona y las acciones desarrolladas desde Tel Aviv durante estos últimos años. Los contendientes principales son el eterno primer ministro Netanyahu y el general retirado Gadi Eisenkot, que abandono las tropas en 2024. Los sondeos apuntan a una ventaja de Eisenkot sobre Netanyahu, pero dejando claro que ninguno obtendría mayoría absoluta en la Kneset, parlamento nacional, dotado de un total de 120 escaños. Esta legislatura israelí arrancó tras varias repeticiones electorales, tras las que no era posible formar un gobierno estable, y culminó con una investidura de Netanyahu aupado gracias al apoyo de partidos ultraortodoxos de corte sionista. Rodeado de acusaciones de corrupción, con el Tribunal Supremo israelí persiguiendo sus andanzas, Netanyahu encontró en la inmunidad presidencial la mejor de las salvaguardas para escurrir el bulto y ahí se ha apoltronado, radicalizando su discurso a conveniencia de quienes le mantenían en el poder. Los salvajes atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023, que causaron más de mil muertos israelís y el secuestro de un par de centenar de ellos han sido el hecho determinante de lo que ha sucedido después. La nación, asustada y traumatizada por una salvajada que aún no se ha investigado en detalle, se lanzó a una guerra total contra Hamas en Gaza que acabó siendo una guerra de demolición de la franja y de persecución a los palestinos de esa zona, que han acabado convirtiéndose en refugiados en su propia tierra, en medio de las ruinas de lo que un día fueron sus barrios y viviendas. El dolor israelí tras los atentados, tras ese día en el que más judíos han muerto en una sola jornada desde el final del Holocausto, fue utilizado por Netanyahu para una intervención despiadada que ha ido condenando a Israel a ojos del mundo, siendo sólo apoyado sin fisuras por los EEUU de Trump. A medida que Gaza era arrasada la imagen global de Israel se hundía de manera irremediable. Hamas ha sido diezmada, pero también la población palestina, y los resultados de la guerra son la más absoluta de las miserias para ese grupo de población. Envalentonado por el éxito militar de sus tropas, Netanyahu ha lanzado ataques en todos los frentes posibles, destacando el iraní, donde se produjo un enfrentamiento directo entre ambas naciones mediante el intercambio de disparos de cohetes y ha acabado habiendo una guerra de interposición en la que EEUU se ha involucrado directamente tras ser convencido Trump por Netanyahu. Esa guerra, en la que EEUU logró erradicar a la cúpula del régimen chií pero que ha fracasado en todos sus restantes objetivos, es la que pagamos en forma de combustibles disparados e inflación desatada. Con Netanyahu al frente Israel se ha convertido en una especie de Esparta de la región, temida por todos por su capacidad militar y denostada por su belicismo. Las fuerzas ultras de la nación se han hecho muy poderosas y ahora mismo hay una corriente sionista despiadada que actúa de manera supremacista contra palestinos, cristianos y todo lo que no sea puro a sus ojos. Las acciones indiscriminadas de los colonos en Cisjordania proliferan sin cesar y las declaraciones de algunos miembros del gabinete de Netanyahu exhalan un deje racista que echa para atrás. Es lo que tiene apoyarse en los desquiciados, se acaban convirtiendo en la vanguardia.

En un clima social de profunda división Israel vota y es más que probable que el gobierno que acabe surgiendo, vemos a ver si de estas elecciones o de repeticiones posteriores, siga en manos de partidos minoritarios. El balance de estos años para el país, a mi entender, es desastroso, porque su causa ha quedado arrasada y la hostilidad que genera en todo el mundo por sus actos ha calado en la sociedad de una manera bastante transversal. Occidente ya no defiende a Israel, y eso es un daño profundo del que aquel país puede que no sea plenamente consciente. Ojalá se de un cambio de rumbo en su política, pero serán las urnas las que lo determinen. A ver qué acaba saliendo hoy.

lunes, octubre 26, 2026

Niñatos destrozando Barcelona

Este fin de semana se volvieron a repetir las grandes manifestaciones en París y otras ciudades francesas, esta vez bajo una lluvia que, por momentos, alcanzó gran intensidad. Quizás eso, junto con la mayor previsión policial y la presencia de muchos más medios contribuyó a que la violencia tras las protestas fuera de menor intensidad que el sábado pasado, pero nuevamente se produjeron saqueos, carreras, actos de pillaje y ataques a las fuerzas del orden, saldados con numerosos policías heridos y cerca de mil detenidos, cifras que indican la magnitud del esfuerzo al que hacen frente las autoridades galas.

Se ha dado un efecto contagio de las protestas, y esta vez también en España, concretamente en Barcelona, donde no se produjo apenas manifestación alguna de corte social o reivindicativo, no, sino que directamente se pasó al asalto de comercios o a su mera destrucción. Bandas organizadas de encapuchados se dispersaron por Palza Cataluña, Balmes, Portal del Ángel, las calles comerciales más significativas de la ciudad, y se dedicaron a golpear con saña a unos locales que, en algunos casos, habían logrado bajar las persianas para protegerse de asaltos, a veces incluso con clientes dentro, pero en otros fueron pillados de improviso, con apenas un par o tres de personas entre dependientes y encargados de seguridad para retener unas puertas que fueron forzadas con facilidad por la turba de saqueadores. Tiendas de electrónica, moda, gafas y, en general, comercios de alto nivel fueron los afectados, junto con locales de restauración. Los daños ascienden a muchos miles de euros, sin contar el valor de todo lo sustraído, y el mobiliario urbano de la ciudad en la zona del ataque quedó convertido en poco más que chatarra humeante. Una ola de salvajismo que pilló por sorpresa a las autoridades y responsables de las fuerzas y cuerpos de seguridad. El despliegue de los mosos se produjo cuando ya empezaban los actos vandálicos, y los comerciantes llevan desde ayer denunciando la falta de previsión de Ayuntamiento y Generalitat. ¿Cómo se ha gestado este ataque? Por lo que se ha ido sabiendo todo comenzó un par de días antes en redes sociales, en grupos de tik tok e Instagram, que animaban a movilizarse en imitación a lo que estaba sucediendo en Francia, con un cierto toque de protesta social, pero haciendo hincapié, sobre todo, en la algarabía, la bronca. Algunos expertos que se dedican a monitorizar las redes ya han avisado que lo sucedido es fruto de una organización previa que llevaba días reclutando chavales en institutos, algunos de ellos no de clase baja, y de ahí que, en el balance de detenidos, unos ciento cincuenta para redondear, la mitad sean menores de edad, y abunden entre ellos los críos de catorce y quince años. El sustrato violento, de base fundamentalmente anarquista, que anida desde hace tiempo en Barcelona es más que conocido por parte de las autoridades, y son reiterados los eventos en los que se pone a hacer lo único que sabe, destruir. Sea el sedicioso procés independentista, una celebración de fútbol o las fiestas de la Mercé, no hay manifestación en Barcelona que no acabe en un conato violento por parte de estos grupos, muy organizados y profesionalizados en lo que hace a las acciones violentas. ¿Están ellos detrás de lo que ha pasado este sábado? A priori es bastante probable, pero habría que investigar en las redes, y ahí, como han denunciado varios expertos, nos topamos con la opacidad de las empresas que las gestionan, que no colaboran para nada en estos casos, en general en ninguno. La medida adoptada en algunas ciudades francesas de bloquear el acceso a internet en las zonas de las manifestaciones impide la comunicación entre los asaltantes en el lugar de los hechos, pero no evita su organización los días previos. Hay trabajo por delante.

Una cuestión relativa a los menores y a la responsabilidad de sus padres. Decenas de críos detenidos asaltando tiendas y quemando paradas de autobús nos deben obligar a preguntar a sus padres qué opinan de todo esto, qué piensan de sus hijos. Además de hacer pagar a los padres por los destrozos que causen los menores a su cargo, medida que debiera implantarse de manera generalizada si no lo está ya, alguien debiera preguntar a esos padres sobre lo sucedido, sobre los conceptos de responsabilidad, educación, convivencia, respecto y cosas por el estilo que, seguramente, han sido repetidos varias veces en el aula en la que están esos críos y en casa. ¿Ha sido así? ¿Se va a pronunciar en público alguno de ellos?