miércoles, abril 22, 2026

Trampas del nacionalismo voxero

Si no pasa nada raro, esta mañana María Guardiola será investida como presidenta de la Junta de Extremadura tras la segunda jornada del debate destinado a ese fin. Los votos de Vox, conseguidos tras el acuerdo firmado la semana pasada, permitirán a la del PP alcanzar una presidencia que ya ostentó la vez pasada gracias a otro acuerdo con los populistas de derechas que se frustró tras la espantada voxera a cuenta del acuerdo de reparto de menores inmigrantes. En esta ocasión los de Abascal han bajado algo sus exigencias tras los últimos resultados electorales, pero han conseguido que su idea, falsa, de los nacionales primero, esté presente en el debate político.

Y digo falsa porque el ideario voxero, como el de todos los nacionalistas populistas, se basa en la asunción de una superioridad (falsa) de un conjunto de personas respecto a otras por cuestiones que se asocian a la raza, el origen y tonterías por el estilo. En esto los profesionales en España son los nacionalistas vascos y catalanes, que exhiben su racismo sin tapujos y han conseguido que parte de la inútil izquierda del país les compre el discurso y lo califique de progresista. Pues bien, los de Vox son igualmente racistas, sólo que cogen a otro grupo de población para determinar cuáles son los privilegiados y cuáles los discriminados. Es lo que tiene ser sectario, tu defines a conveniencia quiénes son los elegidos y desprecias con la mayor fuerza posible al resto. Y ese comportamiento, además de inmoral, es ilegal. La ley, eso que empieza a ser poco más que una referencia en papel pero que cada vez se respeta menos, empezando por nuestro desgobierno, define a los españoles como ciudadanos sujetos de derechos y obligaciones. No es posible discriminar a unos de otros, porque las leyes modernas occidentales, fruto de la evolución ilustrada y liberal, se basan en el reconocimiento de la individualidad como el sujeto del derecho, en la preminencia del ciudadano como el titular, y en la igualdad entre todos ellos, sean hombres o mujeres, blancos o negros, niños o ancianos, calvos o poseedores de melenas… todo eso no es relevante respecto a los derechos que posee el ciudadano. Vox, como el resto de nacionalistas, además de ser racistas, y otras cosas igualmente malas, vive en un mundo preilustrado, un mundo medieval en el que los derechos no son de los ciudadanos, sino regalías otorgadas por el poder absoluto, del que emana todo, que permiten a unos medrar y mantienen a otros eternamente condenados a la discriminación. Los delitos con los que tanto se le llena a Vox la boca, son delitos, los cometa quien los cometa, y tenemos capullos integrales causantes de daño, dolor, muerte y corrupción nacidos en España, nacidos en Senegal y nacidos en Noruega. La ley no juzga orígenes, juzga hechos y actitudes. ¿Acaso la ocupación ilegal de viviendas es menos ilegal si la realiza un ciudadano nacional que uno comunitario o uno nacido fuera de la UE? ¿En qué cabeza entra que el castigo ante los delitos deba estar condicionado a la procedencia de los que los llevan a cabo? Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado deben perseguir a los delincuentes que lo sean, por los delitos que cometen, no por otra cosa, y los juzgados sancionar las conductas delictivas que sean probadas. Y todo ello, a ser posible, con celeridad. Es así de simple. Los voxeros han encontrado un presunto filón en el tema de la inmigración, que provoca tensiones en el acceso a los servicios sociales y a mercados como el de la vivienda, pero no tanto por el origen de los que vienen de fuera como por el mero hecho de que la población se dispara. Es tan complicado comprar piso en Alicante por la cantidad de nórdicos que se hacen por ellos como lograrlo en barrios del extrarradio de las grandes ciudades por la llegada de, pongamos, latinoamericanos. Curiosamente, o no, Vox sólo se fija en los segundos, para nada en los primeros. Es un racismo el suyo, como suele ser habitual, muy mediatizado por la renta per cápita del que llega al país, poniendo el umbral de la “españolidad” que otorga con displicencia en, intuyo, unos 35.000 euros de ingresos anuales. Por encima de esa cifra no le ve tantos problemas, seguro.

La gestión de los flujos migratorios es un problema para sociedades envejecidas como la europea, necesitadas de la llegada de gente de otras nacionalidades pero que ve, con temor e hipocresía, que el mundo que conocía se convierte en algo bastante distinto. Es un asunto en el que los populistas encuentran un buen caldo de cultivo para vender soluciones falsas, que logran prosperar en medio de la agitación social y la dejadez de las administraciones, más preocupadas por pillar mordidas que hacer su trabajo, como se intuye de los juicios que vemos a diario. Votar a populistas como Vox no solucionará problema alguno, sólo empeorará los que hay y creará a nuevos. Probablemente la sociedad lo descubra bastante más tarde de lo debido.

martes, abril 21, 2026

Marineros atrapados en el golfo

Mientras estamos en el brete de si hay negociaciones o no entre EEUU e Irán, y cada uno hace ejercicios de pose cara a la galería mezclado con movimientos profundos, el estrecho de Ormuz sigue cerrado, por lo que la asfixia económica y energética que provoca se cronifica, y sus efectos, que pudieron llegar a ser transitorios, empieza a adquirir dimensiones más y más intensas. Sin embargo, hay un problema muy grave al que hasta ahora muy poca gente le habría prestado atención y que empieza a requerir la debida. No es económico, sino humano, y hace referencia directamente a miles de personas, las atrapadas en el golfo.

Se calcula que hay cerca de dos mil barcos que, en su mayor parte, siguen en las aguas interiores del golfo o están ala espera de entrar al mismo, y que no pueden franquear Ormuz. Y son miles, se estiman en más de veinte mil, los marineros que llevan ya más de mes y medio a bordo de esos buques en una estancia que se prolonga sin visos de que se pueda revertir en breve. En cada barco habrá una tripulación de distintos rangos y cometidos, pero que de manera indistinta come, bebe y duerme. Las provisiones que esos buques llevan tendrán unos márgenes de seguridad, para mantener el abastecimiento de la tripulación en caso de incidencias en el viaje, pero la que se está viviendo ahora es más que probable que haya desbordado muchos de los criterios de precaución con los que armadores y capitanes han planificado el viaje. Comienzan a llegar noticias de racionamiento de agua y víveres a bordo de muchas de las naves, y los problemas irán a más en una zona no precisamente fresca, donde las temperaturas seguirán subiendo cada día y el calor comenzará a ser un serio problema para todos. A todo esto se debe sumar el habitual caos que se produce en el sector marítimo, donde el armador suele ser uno, el pabellón bajo el que se navega otro, y las tripulaciones muchas veces parecen un espejo de la ONU, con procedencias muy diversas, idiomas y culturas de lo más diferente y sólo el trabajo a bordo como nexo común que agrupa a todos. Si las cosas se complican, y pasar hambre y sed son cosas muy complicadas, es fácil suponer que la tensión dentro de las tripulaciones se disparará y habrá incidentes de todo tipo. En el barco la máxima autoridad es el capitán, es un mundo reglado donde está bastante clara la jerarquía, el reparto de tareas y lo que cada uno representa en la vida a bordo, pero en situaciones como estas son clásicos los relatos de motines, revueltas, insubordinaciones, tomas de control, camarillas enfrentadas y todo tipo de incidencias en las que el orden interno va degenerando y la sociedad colapsa. ¿Alguien ha pensado en el estado de esas tripulaciones? ¿Hay previstos planes de reabastecimiento? No se si existe la posibilidad de que esos buques puedan arribar a puerto en el interior del golfo, y más dada como está la tensión bélica. Con ese riesgo, que ya se ha llevado a más de un marinero en los ataques infringidos por parte de los contendientes en este mes y medio de guerra, es la orilla sur del golfo, la que comparte Kuwait, Arabia Saudí, EAU y Omán la única que parece viable para que estas naves puedan tomar puerto y aprovisionarse de víveres y agua. También tengo dudas de en qué estado estarán sus reservas de fuel. Es fácil suponer que eso es algo que se carga con mucho margen, pero también es verdad que en mes y medio de vida a bordo los motores del barco son la única fuente de energía para todo, empezando por la luz de los camarotes y todos los sistemas de navegación. ¿Van a poder repostar? Si alguno de los buques llega a agotar su combustible se convierte en un objeto flotante sin rumbo ni capacidad de imponerlo, un gran objeto a merced de las corrientes que puede convertirse en un peligro para la navegación de todos los demás. Que se sepa aún no ha sucedido nada de eso, pero no es descartable que pase si la situación se prolonga en el tiempo.

Las familias de esos miles de marineros, que sabían que los suyos iban a hacer un viaje por el mar, de esos que siempre llevan su tiempo, ya están esperando más de la cuenta, y su angustia irá creciendo ante la incertidumbre de la situación y la prolongación de algo que nadie esperaba. Los testimonios de personas que se encuentran atrapadas en esta situación empiezan a circular, bien es cierto que, de manera escasa, y relatan miedo, angustia y desesperación creciente. Junto con la guerra hay miles de damnificados que han visto convertido su trabajo en una pesadilla, y su barco en una cárcel de la que no pueden salir de ninguna manera. Una odisea nada poética.

lunes, abril 20, 2026

Ya nos ganan corriendo

Ayer tuvo lugar la media maratón de Beijing, algo no muy raro dada la fiebre, que sí veo rara, de salir a correr distancias inconmensurables que dejan los cuerpos hechos polvo. Eso se ha extendido por todo el mundo, y en Madrid hay momentos en los que parece que han soltado un monstruo por las calles, de la cantidad de gente que ves corriendo, como si huyera de él. La cuestión es que en esa media, en paralelo al recorrido oficial, había un carril reservado para que por el fueran robots humanoides, no artefactos con ruedas en plan cochecito, no sino robots bípedos como nosotros que corriesen de una manera similar.

A la prueba se presentaron algo más de cien robots, de aspecto y tamaño similares, más o menos como un humano bien grandote. La inmensa mayoría de los participantes eran de fabricación china, siendo sólo unos poquitos del resto del mundo. De entre todos los concursantes, algo más de la mitad eran dirigidos por control remoto, es decir, un operador los controlaba y, supongo, era el encargado de mantener el ritmo de la carrera y hacer los giros y demás efectos necesarios para mantenerse dentro del recorrido, una especie de piloto de coches radiocontrol pero llevando un aparato sin ruedas. El resto de los participantes eran sistemas manejados por IA, autónomos, que evaluaban por sí mismos el recorrido y decidían cuándo acelerar o cómo tomar las curvas y pendientes que surgían a su paso. El año pasado también se celebró esta carrera, con bastantes menos participantes, y muchos de ellos generaban simpatía al ver cómo tropezaban o caían de una manera un poco patosa. El ganador de esa competición robótica tardó más de dos horas en recorrer la distancia reglamentaria. Este año las cosas han sido un poco distintas. Mucho. Ha habido algunos ejemplares que se han caído, tropezado y quedado por el camino, pero la mayor parte de los participantes lograron llegar a la meta, tanto los controlados por remoto como los que usaban la IA. No sólo la ratio de éxito de los participantes ha sido exitoso, sino que las marcas ya son memorables. El ganador de la competición, creo que radiocontrolado, ha tardado unos cincuenta minutos en hacer los 21 kilómetros de la carrera, lo que bate con creces las mejores marcas humanas. Apodado relámpago, luce un color rojo intenso y unos bracitos pequeñitos, con un tronco esbelto y un par de piernas que se mueven de manera impetuosa. No hacen falta pies como tales para semejante comportamiento, y sus extremidades se parecen a esas prótesis que lucía Pistorius, el famoso atleta paraolímpico. La cabeza es enjuta, con un sistema de visión que le da un cierto toque dimensional humano pero con notable ausencia de rostro. Al parecer fue necesario cambiarle la batería a mitad de recorrido, pero sólo con dos cargas pudo mantener todo el tiempo una velocidad constante que le llevó a batir todos los récords. Relámpago ha corrido una distancia enorme, una media maratón, a un ritmo que ningún humano conocido es capaz de alcanzar, por lo que sería capaz de pillar a quien quisiera en una competición de distancia, superando poco a poco a humanos que desarrollarían velocidades mayores en distancias más cortas, pero que con el paso de los kilómetros quedarían agotados. En la competición del hombre contra la máquina es evidente que ya perdimos hace tiempo la batalla frente a los objetos con ruedas, simplemente piense una bajada de un puerto de montaña en bicicleta respecto a la carrera humana, y ni les cuento en las comparativas con coches o cualquier otro tipo de vehículo a motor. Lo ultranovedoso de este caso es que el bipedismo artificial ya es capaz de superar al biológico en prestaciones. Recuerden, relámpago tenía las mismas ruedas que usted y yo: ninguna.

El progreso alcanzado por este tipo de robots en el lapso de unos pocos años es realmente asombroso. China se ha propuesto liderar esta carrera, la conceptual, y desde hace un par de años no deja de hacer demostraciones en las que humanoides cada vez más sofisticados no sólo ya replican nuestros movimientos, sino que los multiplican de una manera asombrosa en coordinación, precisión y capacidad. El ejercicio de artes marciales y baile que mostró al mundo hace un par de meses con motivo del nuevo año lunar ya dejó epatado a medio planeta. Lo de ayer fue otra exhibición de control y, también, marketing. Espectacular.

viernes, abril 17, 2026

Inacción

Ayer por la tarde, de camino a casa, viví un incidente en el metro, de los desagradables, que afortunadamente no se dan con frecuencia. A tres paradas de casa el tren en el que iba empezaba a estar más tiempo de lo debido en la estación y el conductor avisó de que, por avería en línea, estaríamos detenidos un rato. El convoy estaba bastante lleno, pero no de manera agobiante. Uno de los pasajeros, al que ya se le había escuchado murmujear a lo largo del trayecto, empezó a cagarse en todo en voz alta, sin cortarse mucho, y se levantó y salió del tren. El vagón en el que viajaba era el primero, el más cercano a la cabina del conductor.

El pasajero iracundo, por así llamarlo, salió, como les decía, y se plantó en frente a la puerta del conductor del tren. Empezó a lanzar insultos a lo loco, gritando como un poseso, con toda la retahíla de hijos, madres meretrices y demás expresiones de ese tipo. Dio también algunos golpes, no se si con el puño o patadas, a lo que supongo sería la puerta del conductor, por lo que sentimos los que nos quedamos dentro del vagón, y al poco decidió volver al interior, sin gritar tanto, pero con una mala leche alucinante y hablando en alto claramente, cagándose en el conductor y en todo lo demás. Obeso, medio calvo, con vaqueros desgastados, camiseta sudada y mochila, sudaba abundantemente. Pocos instantes después el tren dio el aviso de cierre de puertas y salimos de la estación. Al poco llegamos a la siguiente, a dos paradas de casa, donde arribamos, se abrieron las puertas, y un empleado de seguridad, acompañado de dos miembros del personal del metro, entraron en el vagón y se dirigieron al iracundo, que seguía sentado en el suelo y perjurando por lo bajo. Le conminaron a que se bajase, cosa a la que él se negó. El vigilante empezó a ser insistente y dijo que mientras el iracundo siguiera en el vagón el metro permanecería detenido, a lo que siguieron algunas voces de pasajeros pidiendo al sujeto que se bajase de una vez. Al cabo de un minuto, el iracundo decidió levantarse del suelo y salir del vagón, escoltado por el personal del metro y seguido del vigilante de seguridad. En el andén, los dos empezaron a discutir y, en un momento dado, el vigilante le sujetó de la mano para que no acercase tanto el brazo, cosa que hacía de manera intimidatoria. Eso provocó que la iracundia se transformase directamente en intento de agresión. El iracundo se encaró directamente con el vigilante, amenazándole con hacerle de todo si le volvía a tocar y gritando como un descosido: Cada vez se acercaba más al vigilante, con esa pose chulesca de “que pasa” que mantienen algunos en las discusiones cuando tratan de acorta el espacio de cortesía que nos separa a todos en condiciones normales para hacerse con él. Los empleados del metro, dos mujeres, sacaron sus walkies y, supongo, llamaron para relatar lo que estaba pasando y pedir refuerzos. Con el iracundo desmelenado, a pesar de su calvicie, a penas a unos centímetros del vigilante, amenazando con mandarle mucho más allá del otro barrio a base de toto tipo de golpes, volvió a sonar la señal del aviso de puertas y se cerraron, tras lo que el tren emprendió su rumbo y, en no mucho, transcurrieron las dos paradas que quedaban hasta llegar a la que es la mía. Cuando el tren arrancó, dejando la escena al otro lado de los cristales, se pudo sentir una especie de alivio generalizado entre todos los pasajeros que íbamos allí, espectadores involuntarios de una escena desagradable, que había estado a punto de descarrillar en más de una ocasión, y que tenía pinta de que no iba a acabar nada bien.

El título de hoy, inacción, viene de que eso es lo que hicimos todos los que viajábamos en el tren durante todo el suceso. Nada. Mirar, si, cada vez con mayor atención y reparo a lo que iba pasando, pero sin mover un dedo. Sólo algunas voces que pidieron que se bajase el iracundo tras el aviso de detención del vigilante hicieron ver que había público en la escena, el resto fue un silencio sepulcral. La violencia desatada por ese sujeto hizo que nadie se atreviera a mover un dedo en ningún sentido, a pesar de que habíamos visto un intento de agresión al conductor, al que no le pasó nada por estar protegido en su habitáculo. La violencia coarta. El miedo es efectivo. Esa ley de la selva, que tanto se lleva ahora en la actualidad internacional, funciona en todos los escenarios.

jueves, abril 16, 2026

¿Habrá escasez de combustible?

Aunque ayer en Wall Street tanto el Nasdaq como el SP500 cerraron batiendo sus récords históricos, superando los 7.000 puntos el principal índice agregado de aquella bolsa, el miedo a la crisis global por la guerra de Irán cree a cada día que el conflicto se mantiene. Ayer hablamos del problema de los precios, de cómo la inflación se puede colar en todos los productos, posibles respuestas monetarias de los bancos centrales y el daño que eso hará a la demanda, pero hoy quiero centrarme en un problema más físico, más de cantidades, y es el temor a que haya escasez de combustible, más concretamente, de queroseno y diésel.

Por Ormuz salía el 20% del petróleo que se consume en el mundo y un porcentaje elevado del gas natural licuado. Ese petróleo tenía como destino más directo Asia, de tal manera que son las naciones de ese continente las que están notando directamente una menor llegada de suministro. Tirando de reservas las cosas se palían, pero si entra menos que antaño y el consumo no cae lo debido las reservas se agotan. A partir de un barril de petróleo se extraen un montón de productos, algunos de ellos necesarios para la industria química, y toda una gama de derivados energéticos, desde el gas de petróleo (butano) a gasolinas ligeras, las convencionales, queroseno, diésel, naftas y alquitranes para asfaltado. Todo en función del proceso de refino que se haga, de las temperaturas de trabajo de ese proceso, de la calidad del petróleo en origen y otra serie de factores. En general, gasolinas y gasóleos son los derivados más numerosos en porcentaje respecto al total que se extrae, y también son lo que más se consume. El queroseno es uno de los derivados más importantes, porque es el combustible de la aviación, y aquí llegamos al gran cuello de botella. El transporte por carretera se puede electrificar en parte, sustituir por transporte público que optimice el consumo de combustible, etc. Es difícil y costoso, pero se pueden plantear alternativas, pero no hay nada similar en el mundo de la aviación. Todos los aviones consumen queroseno y no despegan sin él. Habrá trayectos cortos que pueden ver alternativas por carretera o tren, quizás, pero eso no es posible en la mayor parte de las rutas, sean trasatlánticas o de recorrido aún más largo. Empieza a cundir un cierto nerviosismo en las aerolíneas no sólo por el disparo de los precios del combustible sino por el mero hecho de su aprovisionamiento. Si hay naciones o aeropuertos que empiezan a afrontar escasez, los vuelos que lleguen a ellos no podrán repostar ni por tanto salir, por lo que pueden convertirse en hubs inoperativos, lugares de escala de los que no se puede salir, y las rutas comerciales empezarían a verse comprometidas. En un mercado con miedo a la escasez surgen procesos de acaparamiento, carreras para no ser el último a la hora de conseguir llenar el depósito, y eso conduce a conductas feas en las que la ley y demás normativas se ven suplidas por el pirateo puro y duro. En la pandemia pudimos ver qué es lo que pasa cuando la demanda de un producto, léase mascarillas y demás, se dispara con ansiedad respecto a la oferta disponible, y cómo se robaban cargamentos, se acaparaban, se especulaba con sus precios y más de uno se forraba en medio del problema de todos (ahora mismo se juzga a algunos que, aquí mismo, robaban a cuenta de eso, y de todo lo demás, desde instancias oficiales). ¿Puede suceder algo similar con el queroseno? ¿Está amenazado el sector de la aviación y los viajes? ¿Van a poder llegar a España los millones y millones de turistas que cada año lo hacen, a través de nuestros aeropuertos?

No hay respuesta clara. Como todo lo relacionado con este asunto, depende de cuándo se acabe la guerra, cuándo se reanude el tráfico de exportación de crudo desde Ormuz y cuáles hayan sido los daños que han sufrido las industrias extractivas en los países del golfo. En todo caso parece que sí habrá algunas tensiones, ya las hay de hecho, y cada día que se prolonga el conflicto bloqueo irán a más. Es probable que en un par de semanas o tres tengamos algunas respuestas más claras sobre esto, a medida que todo el crudo que pudo salir antes del inicio de la guerra ya haya sido procesado en destino y las refinerías asiáticas dejen de recibir barcos.

miércoles, abril 15, 2026

Consecuencias económicas de la guerra

Seguro que malas, pero la incertidumbre es grande en cuanto a su extensión y profundidad. Si uno se fija en los mercados, que se mueven a golpe de mensaje de Trump, ayer el petróleo recortó claramente por debajo de los 100$ y el SP500 subió y ya recupera prácticamente todo lo perdido desde el inicio del conflicto. La visión financiera de lo que sucede es parcial, pero indica un tropezón, no un porrazo. Sin embargo, sabemos muy bien que una cosa es lo que hacen los índices de la bolsa y otra lo que pasa en la economía real. Normalmente hay una relación muy estrecha entre ellos, pero no son pocas las ocasiones de divorcio. ¿Estamos ante una de ellas?

El principal problema al que se enfrentan nuestras economías en el corto plazo es el de los precios energéticos, e incluso la disponibilidad. Los que usen el coche todos los días verán que los surtidores siguen siendo dolorosos, especialmente en el caso del diésel, y esa subida de precios actúa como un impuesto sin destino, una mera detracción de renta que reduce la capacidad del consumidor, por lo que más allá de que se alcance una estabilidad en los precios, los costes de la subida ya suponen menos renta disponible para cualquier otra cosa. Los temidos efectos de segunda ronda, que es como se llama en jerga a la filtración de la subida de precios energéticos en la cadena de producción de todo lo demás, irán viéndose poco a poco, y se notarán más en unos sectores que en otros. Agricultura, por diésel y fertilizantes, va a ser de los que más va a experimentar un aumento de costes y será rápido su traslado al supermercado, lugar al que los productos llegan en transporte consumidor de diésel, por lo que la cesta de la compra subirá sí o sí. Aunque haya sectores que, de por sí, se vean menos afectados por esta catarata de subidas de precios, es probable que más de uno se suba al carro de aumentar sus tarifas, dado que el resto también lo hace. El dato del IPC de marzo publicado ayer por el INE, 3,4% supera en un punto al de febrero, y es una muestra de cómo el disparo de precios ya está aquí. La subyacente, que excluye alimentos frescos y energía, subió dos décimas, muestra de que esa segunda ronda aún no ha llegado plenamente, pero quizás empiece a asomar y se consolide en los próximos meses. Ante este panorama el consumidor y las empresas tienen que optar por políticas de supervivencia. Sube con fuerza la demanda de productos de marca blanca frente a los de marca comercial, porque son los más baratos de los lineales del súper, y en alimentación se suele dar un traslado de bienes de mayor calidad (frutas, carnes o pescados) a productos de aguante, como pasta y arroz. El problema de los fertilizantes va a provocar que bienes de alta calidad nutritiva como las frutas, verduras y cereales sean de los más afectados por el incremento de precios, por lo que además de problemas económicos se va a producir un empeoramiento de la calidad de lo que se consume. Si en el súper se busca ahorrar, pero visitarlo es ineludible, es en el ocio donde se encuentra un capítulo de gasto importante que, a priori, puede verse reducido para compensar la subida de costes. Si me queda menos dinero puedo recortar mis salidas a tomar algo, a cenar fuera, a asistir a eventos y espectáculos, etc. Si antes iba n veces al mes a cenar fuera, por ejemplo, ahora puedo ir una vez menos y eso compensa parte de la subida. Hostelería y sectores similares pueden verse afectados de rebote por la caída de la renta real del consumidor, aunque en grandes ciudades el efecto turístico pueda enmascarar este proceso. Los viajes de vacaciones también se pueden ver afectados, porque suponen un coste elevado y sus precios no dejan de subir a un ritmo bastante superior al de otros bienes o servicios. Se hablaba de incrementos claramente superiores al 10% en lo que hace a transporte y alojamiento en la Semana Santa recién concluida respecto a la del año pasado. Ese ritmo de subida no es sostenible para cada vez mas estratos de la población y no serán pocos los que renuncien no al descanso, pero sí al viaje, este próximo verano.

Si suben los precios, aunque sea por causas no monetarias, el BCE y demás bancos centrales no pueden quedarse de brazos cruzados, y las bajadas de tipos de interés que se esperaban pueden tornarse en subidas a corto plazo para tratar de embridar esto. Eso ya se nota en el euríbor, que en marzo ha subido tres décimas respecto a febrero, y ya supone que las renovaciones de hipotecas semestrales y anuales salen más caras, después de un par de años o más de rebajas. Otro coste que sumar al de los precios directos de la compra, que aletarga la demanda. Si la guerra se acaba ya todos estos efectos se irán diluyendo a corto medio plazo, pero si esto se prolonga el problema se enquistará, y eso es nefasto para todos.

martes, abril 14, 2026

Orban pierde el poder en Hungría

El dictamen de las encuestas electorales de las pasadas elecciones húngaras era unánime. Orban, tras dieciséis años en el poder, iba a perder la votación y con ello su poder. Sin embargo, el miedo que genera el personaje y la duda sobre lo que sería capaz de hacer en la propia jornada electoral alimentaban un sano escepticismo sobre qué acabaría pasando. Finalmente el domingo no hubo que trasnochar para asistir a la defunción oficial del régimen húngaro tras la arrolladora victoria del candidato Magyar, que logró la mayoría absoluta y. además, la necesaria para revertir las reformas desarrolladas por Orban en el país. 

Durante estos años Hungría se ha deslizado hacia el autoritarismo de una manera evidente y peligrosa. Si no ha caído completamente en él se ha debido a su pertenencia al club europeo y a los frenos que Bruselas ha intentado aplicar, pero se ha visto que no eran demasiado efectivos. El propio Orban definía a su régimen como iliberal, despreciando ese liberalismo que se encuentra en la base de las democracias tal y como las entendemos, ese liberalismo que permite que la voluntad ciudadana se exprese en las urnas pero que la libertar individual y los derechos de las personas sean lo que determinen los límites del poder del estado. En Hungría había elecciones, sí, pero no mucho de lo otro. La intromisión del poder en la vida del ciudadano era inmensa, y en este caso no por una ideología presuntamente socialista, no, sino por lo que se vendía como su reverso, por un conservadurismo tradicionalista que, tanto monta monta tanto, ha cercenado derechos por doquier y ha impuesto un modelo de gobierno en el que todas las instituciones estaban al servicio de un Orban no convertido en dictador, pero sí en lo más parecido a ello que se pueda imaginar en el contexto de la Europa de hoy en día. Su alianza con lo mejor de cada casa ha hecho que Hungría se convierta en un satélite ideológico de naciones como Rusia, China y los EEUU de Trump. Dos de esos países son dictaduras y en el tercero el magnate naranja sueña con construir la suya propia. Desde esa posición internacional, Hungría ha sido el caballo de Troya de Putin en Bruselas desde hace mucho, boicoteando en todo lo posible las muchas decisiones comunitarias que requieren unanimidad y, en el caso concreto de la guerra de Ucrania, actuando descaradamente como representante del país agresor, sin cortarse en lo más mínimo a la hora de despreciar a los ucranianos y festejar la invasión putinesca. Una posición muy deshonrosa en el exterior que se ha ido mezclando con la decadencia económica interior. Si las democracias son corruptas, ni les cuento los regímenes autoritarios. Las cifras económicas de Hungría muestran una decadencia que es una excepción entre el conjunto de las naciones del este europeo, que han visto como la adhesión a la UE ha sido lo mejor que les ha sucedido en casi un siglo, también en lo económico. Los miles de millones de euros de fondos europeos que riegan al resto de países vecinos no lo hacen en Hungría, donde la Comisión no ha encontrado otra manera de amonestar a su socio más díscolo que la de recurrir a ese chantaje económico. La verdad es que Orban se lo ha puesto fácil a Bruselas, porque el incumplimiento de numerosas condiciones referidas a derechos y libertades era flagrante, y eso daba argumentos legales a Bruselas para no transferir sus fondos. Envuelto en la retórica ultranacionalista, Orban ha hecho lo que habitualmente hacen los que son como él, empobrecer a sus naciones, empequeñecerlas, someterlas, hacer que viajen a lo que se vende como un pasado idílico y no es sino un pasado peor, un pasado de atraso. 

La principal bandera de enganche del candidato vencedor, que viene de una escisión del movimiento de Orban, es la lucha contra la corrupción, La supermayoría alcanzada le va a permitir desmontar legalmente mucho de creado por el orbanismo, pero el número de parásitos leales al régimen que se encuentren en cualquier punto de poder en Hungría será tal que va a costar mucho deshacer el régimen. El domingo por la noche fue casi festivo en Europa tras la derrota de quien ha sido uno de sus mayores enemigos internos. Voxeros, putinistas, trumpistas, pablemos y demás populistas globales han perdido a un aliado, más bien a un siervo. Y eso también merece ser festejado.