viernes, octubre 16, 2026

Ciberataque en el súper

De momento, al menos hasta esta hora de la mañana, la IA no ha acabado con nosotros, por lo que podemos sentirnos satisfechos. Quizás todavía esté planificando cómo hacerlo, de la manera más efectiva y elegante posible. Lo que sí es cierto es que las noticias de ciberataques contra infraestructuras de todo tipo no dejan de crecer, y en muchas está presente la IA, no por iniciativa propia, sino como herramienta utilizada por los hackers para disparar de manera exponencial la capacidad de sus ataques y el número de objetivos. Sí, las capacidades de la IA permiten convertir en vulnerable algo que ya lo era, pero que resultaba demasiado costoso atacar.

Hace unos días se ha sabido de un ataque sufrido por varias cadenas de supermercados franceses, desarrollado durante el fin de semana. La acción no consistía en penetrar en las cuentas del sistema financiero de la entidad y robar el dinero, o listados de clientes, o algo así, lo más habitual, sino en algo mucho más retorcido. Los atacantes, no se sabe claramente quienes, al parecer con el concurso de la IA, lograron entrar en los obsoletos sistemas que controlan la refrigeración de las cámaras en las que se conservan los productos frescos en los supermercados, esos armarios o arcones de puertas de cristal que contienen los helados, yogures y demás. Lograron hacerse con el control de los termostatos y, los muy capullos, no sólo no los apagaron, sino que dispararon su temperatura de trabajo hasta los 50 grados positivos. Como supondrán, cuando los empleados de los centros volvieron el lunes a sus puestos se encontraron con que prácticamente todo el género que estaba almacenado en esos refrigeradores se había podrido, o derretido. Todo echado a perder. Un montón de mierda. Kilos y kilos de comida de alto valor convertidos en pérdidas de una manera aparentemente tonta, pero sin duda brillante. Esas cámaras de refrigeración están conectadas a una central, donde indican si hay fallos de algún tipo, pero no usan tecnología punta que mida sus parámetros de una manera concienzuda. Requieren que alguien supervise en central los avisos que puedan dar en el caso de que algo se estropee. Un domingo no es el mejor día para que haya retenes de empleados en ninguna parte, y los que se encontraban de guardia en esa fecha o no vieron esa información o no les llegó. ¿Qué papel ha jugado la IA en este ataque?. Hay muchas vulnerabilidades conocidas en estos sistemas antiguos, pero simplemente el desconocimiento del software que emplean, su obsolescencia en no pocos casos, las ha protegido de intrusos y de modificaciones. Funcionan, pues no se tocan. Se ha perdido el conocimiento del programa que las gestiona, no hay problema de mientras vaya. Pero claro, par una IA de ahora el que los humanos no sepan cómo funciona un sistema informático no es obstáculo para que ella, que los domina todos, sea capaz de hacer con él lo que sea. Algo como el Mythos de Claude o incluso una IA no tan avanzada es capaz de encontrar vulnerabilidades en todos los sistemas conocidos, incluso aquellos para los que ya no hay personal ni manuales disponibles para ser arreglados. Quizás antes cada una de estas máquinas tenías softwares incompatibles, y atacar a un grupo de ellas requería una estrategia distinta en cada caso, pensemos en función de la marca del fabricante, pero eso para la IA no es un problema, si acaso algunos segundos más de cálculo. Alguien, retorcidamente, puso en su objetivo estos sistemas y es casi seguro que la IA le hizo gran parte del trabajo, y de ahí en adelante llegó el caos en forma de comida podrida.

Los daños causados no son pocos, aunque no suponen un desastre para las cuentas de los supermercados, pero sí dejan sobre la mesa la inseguridad creciente de todo sistema que pueda ser conectado a la red, ese Internet de las cosas que no deja de crecer en el que dispositivos de todo tipo, muchos en los hogares, interactúan en la red como si fueran bots para conseguir actualizaciones o configurar sus tareas, etc. Puede ser gracioso que un hacker mediante IA consiga hacerse con las luces de nuestra casa y nos monte una discoteca sin que lo deseemos, pero el escenario que se abre tiene muchas aristas, peligros, y costes desatados.

jueves, octubre 15, 2026

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania?

Siguen incesantes los ataques rusos, mediante drones a reacción, sobre infraestructuras y viviendas ucranianas, y el balance de víctimas que se suceden a diario en las ciudades del país atacado crece con intensidad desde que la nueva tecnología rusa de drones ha irrumpido en el frente. La incapacidad de las defensas ucranianas para detenerlos hace que Moscú dispare casi a placer. Ayer más de medio millón de habitantes de Kiev carecían de electricidad, y aún estamos a las puertas del inverno. No ha llegado la nieve por allí, pero cuando lo haga poco habrá, tecnológicamente hablando, para defenderse de ella.

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania? La pregunta surge tras la denuncia efectuada ayer por Zelensky del no funcionamiento del sistema Starlink, propiedad de Elon Musk, que es la pieza clave de comunicaciones que permite a las tropas de Kiev mantener el contacto entre sí y con los mandos operativos. También es lo que dota a los drones de guiado y les permite localizar los objetivos cuando se trata de atacar posiciones lejanas, desde luego fuera del rango visual del operador. Musk salió ayer a defenderse diciendo que ellos operan la compañía, pero que los permisos de uso son dados por las autoridades norteamericanas dado el carácter estratégico que tiene el sistema. Una manera de escurrir el bulto y pasar la pelota directamente a una Casa Blanca que ayer no dijo nada al respecto, por lo que se puede interpretar que es probable que sí haya bloqueado el acceso y no le importen sus consecuencias. Esta red también permite los ataques en profundidad de Kiev ha efectuado sobre instalaciones rusas, tales como refinerías, centros de datos o almacenes logísticos, y puede que ahí se encuentre la causa última de la decisión de EEUU. A apenas tres semanas de las elecciones de medio término, con una inflación ascendente y récord en el precio de los combustibles, el papel de Rusia como suministrador global e diésel es cada vez más relevante, pero los ataques ucranianos han hecho mella en su capacidad de refino y exportación. Hace no muchos días Washington firmó un acuerdo con Moscú para que los rusos aumentasen sus exportaciones de diésel, levantando en la práctica todas las sanciones que pudiera haber contra ese producto. Este acuerdo fue muy criticado por congresistas demócratas y republicanos, y visto con malísimos ojos en la UE, pero se pactó. Trump alegó que esto iba a permitir contener los precios del combustible, y desde entonces comenzó una serie de ataques verbales contra Zelensky, acusándole de ser el culpable del incremento de los precios por sus acciones contra las refinerías rusas. El que, con su guerra absurda, ha provocado el estrangulamiento de Ormuz lanzando culpas infundadas al presidente de una nación atacada que trata de defenderse como puede. El mundo al revés. Lo cierto es que alguien, probablemente en el Pentágono, ha pensado que una manera de evitar que Zelensky destruya instalaciones rusas es dejarlo a ciegas, cortarle el acceso a la red de Starlink, de tal manera que todas sus acciones ofensivas se convierten en imposibles. Supongo que en esa reunión alguna otra persona añadiría que eso no sólo iba a causar la parálisis de los ataques ucranianos sobre el suelo ruso, sino la incapacidad operativa generalizada en toda la maquinaria de guerra ucraniana, pero es de temer que esta derivada ya estuviera en los planes de los que dictaron la orden de bloqueo. En el fondo, esa decisión no va a suponer nada en el precio global de los hidrocarburos, pero sí es uno de los mayores balones de oxígeno que puede recibir el Kremlin en su ofensiva de invierno. Es todo un regalo.

Evidentemente tanto Kiev como la UE asisten muy preocupadas a todos estos movimientos, en los que parece que la sintonía entre Trump y Putin es algo más que una música de fondo. Es probable que Moscú aproveche esta ventana de oportunidad para arreciar en sus ataques y habrá que ver los daños que puede causar, y las víctimas, temiendo que no sean pocos en ambos casos. Y desde Europa, ante una tensión creciente y con incidentes casi a diario en las fronteras y en el campo de la ciberseguridad, resulta sombrío el comprobar que la fiabilidad del aliado norteamericano se puede convertir en mera traición si así lo determinan los intereses del magnate que lo rige sin rigor desde hace casi dos años.

miércoles, octubre 14, 2026

Orgullo real

Es histórica la vista que ayer comenzó el Rey y la Reina a Ceuta, que hoy continuara con la llegada a Melilla. Es la primera vez que los monarcas acuden a esas dos ciudades, y después de que lo hiciera el rey Juan Carlos y Sofía en 2007, hace ya diecinueve años. Una eternidad en estos tiempos. También es la primera vez, desde Alfonso XIII, en la que el Rey se queda a pasar la noche en Ceuta, cosa que nos hace pensar en la anomalía que se vive en lo que hace a la relación de las instituciones del estado con esas dos ciudades y el miedo atroz que nos corroe frente a las amenazas, siempre veladas, en ocasiones expresas, de Marruecos.

En su discurso de ayer, sin alaracas, sin palabras altisonantes, pero con la firmeza requerida, el Rey dijo un par de obviedades, pero que suenan transgresoras. Dejó claro que la soberanía e integridad territorial de España, como la del resto de naciones, no es negociable y se debe defender, y que Ceuta y Melilla son España, como cualquier otro territorio de nuestro país, y que no se tolerarán acciones hostiles que pretendan alterar esa realidad. Tan sencillo como eso, tan claro, tan fácil de expresar, pero, al parecer, tan imposible de decirlo en la boca de muchos. El contexto en el que se produce la visita otorga a esas palabras toda su relevancia, porque desde que se produjo el intento de invasión de finales de julio, Ceuta vive una situación de anormalidad incuestionable, de dejadez por parte de las autoridades del estado, de descontrol en la mayor parte de las realidades en su día a día y, en definitiva, de sensación de abandono por parte del país al que pertenece, sensación que en todo este tiempo ha estado más que fundada en los hecho desarrollados por el gobierno nacional. Bueno, más bien en la ausencia de los hechos que debió llevar a cabo. El acto hostil alentado por Marruecos, probablemente también organizado, ha sido de una dimensión tan inmensa como cruel, y ha dejado a las autoridades de la ciudad, recordemos que posee unos ochenta mil habitantes solo, a merced de una coyuntura inasumible para sus medios desde todos los puntos de vista. La idea de que la frontera se ha vuelto una amenaza para los habitantes de Ceuta se ha convertido en una realidad, el que al otro lado de esa divisoria se encuentra un régimen que no disimula en lo más mínimo sus ansias expansionistas y que muestra el desprecio más absoluto al coste que eso le pueda suponer pone a los ceutíes en la tesitura de tener que defender un espacio con unos medios que no son, desde luego, los adecuados, y con una moral que se mantiene firme entre la población, pero que en ningún momento oculta la angustia que lleva viviendo desde hace dos meses. Con la economía de la ciudad muy tocada, los intercambios comerciales con la península reducidos a lo imprescindible, el turismo desaparecido, los ceutíes viven en una situación de excepcionalidad que nos es muy difícil de imaginar al resto de habitantes del país, empezando por el hecho de que las localidades en las que habitamos no están delimitadas por una valla que marca lindes y derechos. Esa frontera fue, durante varios años, un lugar de intercambio comercial y fuente de riqueza para ambos lados, porque es en esos espacios donde, además de separación, se da una cooperación más intensa, fruto de la necesidad mutua, pero ya desde el Covid Marruecos decidió clausurar todo ese entramado, formal e informal, y comenzar a asfixiar económicamente a la ciudad (igual táctica con Melilla) cortando lazos no sólo económicos, sino también humanos. La presión ha ido creciendo, con el asalto de 2021 se convirtió en amenaza y, desde este verano, es asedio. Ceuta necesitaba una visita real desde hace mucho mucho tiempo. Llega inevitablemente tarde, pero lo ha hecho, y la población se ha volcado con un líder no político, no electo, que ha mostrado la cercanía a su sufrimiento que otros, elegidos y representantes altísimos del estado, no han tenido el cuajo mínimo para expresar. Los vítores de ayer eran sinceros, el orgullo de los que los expresaban era real, como la Real visita que presenciaban.

Han sido los reyes los que han acudido al cementerio musulmán de Ceuta para honrar la memoria de los que allí están enterrados a causa de la invasión del 30 de julio. Ciento cuarenta personas fallecieron en ese desastre, la mayor parte de las cuales ocupa un nicho en ese cementerio ceutí identificadas con un número, porque no se saben sus nombres. Marruecos no ha querido saber nada de ellos, aunque la mayor parte sean ciudadanos de ese país. El Rey de España ha recordado la memoria de las víctimas causadas por la invasión alentada desde Rabat. Eso también es real, y eleva la figura del monarca, le honra. Le sitúa aún más por encima de la mediocridad que nos rodea.

martes, octubre 13, 2026

El valor de la nada (para JMCC)

¿Cómo huir del ruido que todo lo rodea? Sin campaña electoral ya vivimos en situaciones de tensión constantes bastante elevadas, en el trabajo y en muchas otras facetas de la vida. Buscar evadirse es casi un deseo permanente que incluso genera sus propias dinámicas de estrés, convirtiendo lo que puede ser una ayuda en algo contraproducente. A veces basta con no buscar mucha cosa, con estar sentado tranquilamente en un lugar plácido y dejar el tiempo pasar. Algo tan simple que asombra en su sencillez, y que puede llegar a dar vértigo por la antítesis que supone respecto a lo que hacemos cada día.

Este puente, gracias a la generosa hospitalidad de JMCC, he podido pasar unos días con unos amigos en un pueblo de Extremadura, de esos que cuesta ubicar en el mapa porque si no lo buscas con la escala más precisa te escapas de sus calles simplemente al señalarlo con el dedo. Una localidad de apenas un par de cientos de personas de censo, que acoge en fines de semana e interludios como los que hemos vivido a población flotante que, o bien acude a pernoctar en las casas rurales que tiene la localidad o abre las viviendas propias que pasan la mayor parte del año cerradas. Una población con una iglesia, plaza con fuente y dos bares hermosos, uno en cada esquina de la plaza, que tiene piscina que en verano se convierte en el centro de la vida local, pero que en estas fechas ya clausurada, se convierte en un lugar de extrarradio algo desolado, estando como imaginarán a pocos pasos de cualquier otro punto del pueblo. Una localidad que apenas tiene tiendas, pero sí una churrería que abre por la mañana y que, a unos precios de saldo, elabora unas porras que son un regalo para el desayuno y que congregan el mayor de los ambientes en el momento más temprano del día. Una localidad en la que, fuera de la hora del vermut del mediodía, cuando las terrazas de los dos bares se llenan, el silencio domina plenamente sus calles escasas, estrechas y cortas. De vez en cuando pasa algún coche por ellas, y a lo largo de este fin de semana se ha dado el hecho de que han transitado más personas a caballo rumbo a una procesión que se celebraba ayer en el monasterio de Guadalupe que vehículos de ruedas. Uno de esos espacios que no llegan a ser urbanos, pero que suponen el inicio de la comunidad humana, con su aglomeración de casas y estructuras, conformando un espacio habitado, social y de relación. Una población bonita, en la que, como sucede en casi todas las localidades españolas, se agrupan casas con gusto junto a edificaciones amorfas, hechas de retazos, construidas con todas sus formas al aire y sin reparar nada en la estética ni la conformidad con las edificaciones colindantes. Un aglomerado de viviendas en las que uno puede encontrar restos de la historia medieval de nuestro país junto al más barato de los ladrillos sin enfoscar rodeando una ventana de aluminio propia de un cutre pabellón industrial abandonado. Y todo en medio de la quietud absoluta. Creo que era el domingo cuando estaba en el amplio patio que JMCC ha conseguido crear en torno a su vivienda, en una zona de sombra casi permanente, con vistas a una palmera de la propiedad y un limonero del vecino, sin que se pudiera escuchar sonido alguno, y pensaba en que el principal valor que tenía estar allí era que, parafraseando la novela de Bret Easton Ellis, había que hacer menos que nada. De vez en cuando un pájaro, abundantes por la zona, se posaba en las ramas de uno de los árboles que contemplaba, se movía, hacía algo y luego se marchaba. El aire era de una serenidad clara y apenas soplaba el viento, la temperatura era agradable, un calorcito suave nada agobiante, y la tarde de domingo, mágica en este caso al ser el lunes festivo, se dilataba de una manera anormal, como un reloj daliniano, perdiendo su forma y extendiéndose a lo largo del cielo que podía contemplar. No había prisas, no había urgencias, no había móvil, no había noticias, no había sonidos, no había existencias, no había nada.

¿Cuántos se paga por una experiencia así? ¿Cuántos negocios venden esa sensación de relax fabricado a cambio de bastante dinero? ¿A qué lugares exóticos se nos invita a ir para tener experiencias de ese tipo? Basta una buena compañía, un lugar tranquilo y un tiempo sereno para poder alcanzarla, y en esos pueblos olvidados del interior del país resulta casi natural encontrar ese refugio que no pocos buscan con ansia para liberarse, precisamente, de la que les domina. El atasco que viví ayer al mediodía de entrada a Madrid por la A5 era una especie de recordatorio no sólo de que el puente se acababa, sino de que la vida de retiro quedaba atrás, pero a sabiendas que JMCC y su familia, sabios, han creado para sí y los suyos, su propio oasis, su refugio.

viernes, octubre 09, 2026

Los civiles ucranianos, asediados

Este miércoles fue el cumpleaños de Putin. 74 años ha hecho la criaturita y, visto su rostro, impasible desde hace décadas, es como si no los cumpliera. Tiene el mismo aspecto vil y sanguinario desde hace demasiados años. Quizás como regalo a su líder, o como muestra de lo que pretenden hacer en estos meses que llevan al invierno, durante esta semana se han sucedido los ataques rusos sobre objetivos civiles en varias ciudades ucranianas. El miércoles más de una veintena de personas murieron en los edificios residenciales en los que vivían en Kiev, alcanzados por uno de esos drones a reacción que las defensas no logran abatir.

Ayer, en una jugada aún más audaz y cruel, una treintena de civiles fallecieron cuando los autobuses en los que circulaban fueron alcanzados por bombas rusas, no está claro si por drones o misiles, en la localidad de Kramatorsk, muy cercana al frente de la disputada región del Dombas. Las imágenes ofrecían una desolación absoluta, en lo que parecía una calle residencial, ancha, bastante diáfana, en la que dos estructuras, como de autobús pequeño, ardían mientras que el asfalto y los alrededores estaban sembrados de chatarra, restos de la explosión y despojos humanos. No costa que hubiera heridos en el ataque, todos fallecieron. En los márgenes de la calle se apreciaban algunos árboles con las hojas ya otoñales, con tonos bellos, que contrastaban de una manera insoportable con lo que se podía apreciar en el primer plano de las imágenes. Los pocos testimonios que se podían captar en la zona eran de rabia pero, sobre todo, de desolación, de impotencia, de incapacidad de asumir lo que había sucedido, un día más, en esa ocasión allí. El uso intensivo de drones de tecnología mejorada por parte de Rusia y la cada vez más acuciante escasez de interceptores por parte de Kiev aumenta día a día la efectividad de los ataques rusos, que no se limitan, ni mucho menos, a la destrucción de objetivos que puedan tener relación con las operaciones militares, no, sino que directamente buscan sembrar el terror en la población civil, que hasta ahora tenía el miedo en el cuerpo pero confiaba en la estadística, que señalaba el muy alto porcentaje de interceptaciones exitosas que alcanzaba el ejército ucraniano. A medida que esa tasa baja el riesgo para los civiles se dispara, a la vez que aumenta la tentación de las tropas rusas de castigar porque sí, de coger barrios donde vive gente, zonas residenciales sencillas, sin nada que ofrecer con carácter estratégico, y castigar con saña, buscando causar el mayor número de civiles muertos y extender al máximo la estrategia del miedo. Hacer sentir a todos los ucranianos que viven en las ciudades que sus vidas corren un peligro cierto. Estas semanas se han vuelto a ver escenas de masas agolpadas en los andenes del metro de Kiev, tratando de buscar refugio para pasar la noche, o el tiempo máximo que sea posible, porque ya no se fían de los pisos en los que viven. Esa angustia, que lleva instalada en la población desde el inicio de los combates está subiendo de una manera que sólo es comparable al mismo momento del estallido de la guerra, cuando toda esperanza se derrumbó y la perspectiva del enfrentamiento militar lo llenó todo. Tras haber resistido el embate inicial de las tropas rusas, detenidas a pocos kilómetros de la capital, Kiev ha vivido numerosos ataques pero con la sensación de jugar a una ruleta rusa de un tambor muy grande, con muchos más huecos de lo normal. Ahora eso ha cambiado, y la proporción de casquillos con los que se juega a esa maldita ruleta rusa ha crecido notablemente. Es de supone que volverá a haber alguna oleada de ciudadanos ucranianos que traten de escapar de su país, a medida que ese riesgo crece, pero el ambiente de acogida que hubo en Europa en el momento del inicio de la guerra ya no existe, o por lo menos no es nada claro. Se estrechan las alternativas sobre esa población.

Cuatro años y medio llevan soportando los ucranianos una situación de violencia, peligro y miseria que, a muchos, desde luego a mí, nos llevarían a la desesperación en un tiempo casi instantáneo. Con el frente bloqueado, el asedio aéreo ruso creciendo, la indiferencia norteamericana cada vez más palpable y la mencionada escasez de interceptores, este invierno que se empieza a echar encima puede ser uno de los más crudos de los que se han vivido allí desde el año 2022. ¿Cuánto y cómo podrán los ucranianos seguir soportando esta pesadilla? Putin, impasible, habiendo convertido a su país en una mera máquina de guerra, en una cárcel para todos los disputen su visión de la realidad, no desiste.

jueves, octubre 08, 2026

Campaña desde la Moncloa

Había apuestas a lo largo del fin de semana pasado por si Sánchez adelantaría elecciones tras la caída de sus decretos de vivienda, y el runrún iba creciendo a medida que decaía el domingo. Finalmente el lunes se produjo ese adelanto, aunque no eran pocos los que creían que cada momento de reflexión de Sánchez no es sino otra de sus infinitas jugarretas para marear la perdiz y hacer pasar por tiempo de estudio lo que no es sino maquinación desbordada. Más de un café se pagaría a lo largo de esa mañana tras la convocatoria, fijada el domingo 29 de noviembre, dentro de siete semanas. Algunos lo celebrarían, otros no.

Lo más interesante del lunes no fue eso, sino la reiterada muestra de hasta qué punto Sánchez ha pervertido el sentido de lo que es una institución hasta convertirlas en mero patrimonio propio. La presidencia del gobierno le corresponde a él, pero no es de su propiedad. Ahora que está de moda el tema, tras mantenerse en el olvido del gobierno durante años, Sánchez es un alquilado del Palacio de la Moncloa, detenta el cargo pero el cargo no es suyo. Por eso lo que se hace con él y desde las atribuciones que lo enmarcan es tan importante. Y Sánchez en su comparecencia del lunes, dedicó unos segundos a hacer el anuncio oficial y varios minutos, no pocos, a lanzarse loas a sí mismo y a su gobierno hasta casi parecer paródico y, en definitiva, a proclamar el primer mitin de campaña desde un lugar en el que no se deben pronunciar. Cierto que no es Sánchez el primero que cae en este tic autoritario de hacerse con el cargo para uso partidista, es algo que es tan tentador para todos los que lo han ocupado que apenas hay excepciones, pero nunca se ha visto el descaro con el que, desde que Sánchez gobierna, se practica esta perversión. Es una extensión casi natural de esa frase inolvidable, indigna, que soltó en una entrevista al decir aquello de “¿la fiscalía de quién depende? Pues eso” apropiándose sin rubor de una institución en la que el gobierno, sí, tiene influencia y competencias en el funcionamiento, pero que no es del gobierno ni está a su servicio. Es necesario separar mucho lo que es institución, lo que es gobierno y lo que es partido, y si las fronteras de todo eso son porosas se produce una perversión del sistema que es aprovechada por unos, envidiada por otros y que, finalmente, acaba poniéndolo todo en tela de juicio para la mayoría. El ejemplo paradigmático de todo esto es lo que hace Trump en EEUU. Desde la presidencia ejerce una perversión absoluta, de tal manera que entiende que su poder es total, que él es el único capaz de dictar lo que es correcto y lo que no, y que el entramado del estado no es sino artificios que están a su servicio. Por eso la degeneración que se vive en EEUU es tan profunda, porque Trump, con su uso y abuso, ensucia instituciones que pertenecen al país, que están al servicio del país, que no son patrimonio de nadie. A escala, con formas muy distintas, pero con idéntico objetivo, Sánchez trata de extender el perímetro de su influencia personal a todo aquello que pueda ser un obstáculo a sus designios. Cuando anuncia que el parlamento no responde a la voluntad popular, y él se autoproclama como una especie de superhéroe que encarna la voluntad popular más pura, está deslegitimando a la sede de la soberanía, que está por encima de él y del resto de políticos, ocupen cargos electos o no. En cada una de sus afirmaciones Sánchez busca acaparar más poder y quitárselo a centros diseñados para equilibrar las influencias que buscan el dominio absoluto, que es uno de los grandes males en los que puede degenerar todo sistema de gobierno. Trump odia los contrapoderes y no se corta a la hora de expresarlo. Sánchez es igual, aunque su discurso sea más elegante y tamizado. Ambos buscan que nada, nadie, les haga sombra.

¿Cómo se limpian instituciones que han sido mancilladas? No es fácil, no. Y eso en el supuesto de que se quieran limpiar. Tras el paso de personajes tan extremos como Sánchez o Trump existe la perversa tentación por parte de quienes sean sus sucesores de hacer lo mismo, con el falso argumento de que “si ellos lo hicieron, por qué yo no”. Ese es uno de los caminos directos a la destrucción de los sistemas democráticas porque el argumento correcto es “ellos no debieron, tú tampoco”. ¿Cómo se evita eso? ¿Depende exclusivamente del carácter del mandatario y de su compromiso personal? ¿Hay formas de frenar el deterioro que vivimos?

viernes, octubre 02, 2026

Disturbios sociales en Francia

Esta semana ha estado de visita en España el presidente francés Emmanuel Macron, pasando unos días de alborozo y sonrisas por parte de todos con los que se ha encontrado. En su país las cosas no serían tan agradables, porque como les pasa a la mayor parte de los dignatarios, los ciudadanos propios son los que cargan con sus medidas, no con sus sonrisas, y eso hace que la popularidad interior de los dirigentes sea mucho más baja que el afecto que despiertan en tierra ajena cuando hacen visitas de estado. Lo cierto es que si aquí tenemos la acampada de Sol, en Francia están, directamente, quemando institutos.

Allí la bronca no ha surgido por la vivienda, que es casi tan inaccesible como aquí, sino por la educación secundaria. Un movimiento estudiantil que demanda inversiones en los centros educativos, muchos de ellos necesitados de reforma con necesidad acuciante. Lo que empezó como una protesta de estudiantes ha ido escalando a lo largo de la semana, en la habitual tradición francesa, a un conjunto de algaradas en las que se mezclan las reivindicaciones sociales, el enojo por el disparo de los precios de la gasolina, la impopularidad de Macron y todo lo que ustedes quieran sumarle, de tal forma que ayer eran decenas las manifestaciones que en el país vecino acababan en serios enfrentamientos con la policía, con numerosos detenidos, heridos y destrozos, entre ellos algún instituto, que ahora sí que sí debe ser rehabilitado. La protesta social se produce a ocho meses de las presidenciales, en primavera del año que viene, por lo que el ambiente preelectoral lo impregna todo. Las formaciones de extrema derecha, principales favoritas para hacerse con la victoria con el Frente Nacional de Le Pen, culpan a la Francia Insumisa de Melenchon, el pablemos de allí, de alentar los disturbios y tratar de hacerse con las calles de una manera que no se lo van a permitir los votos. Algo de razón no les falto, aunque las reivindicaciones que llenan las calles tienen no poco de razón. Por el lado de la extrema izquierda se busca capitalizar lo más posible el descontento popular y subirse a la ola mediante una serie de promesas electorales de imposible cumplimiento, entre las que se ha colado el impago de la infinita deuda que tiene el país, lo que es un brindis al sol o una tentativa de suicidio colectivo. El espectro moderado, en el que destaca el partido de Macron y los restos de lo que antaño fueron el Partido Socialista y los gaullistas de derechas, andan sumidos en las sombras, sometidos a la dictadura de la polarización y con menguantes expectativas de voto. No es descartable que en esos comicios Le Pen se haga con la presidencia del país, pero para entonces aún queda bastante, y ya iremos viendo lo que pasa. Lo interesante de lo que sucede ahora mismo es que Francia empieza a mostrar síntomas de deterioro económico profundo, especialmente en lo que hace a sus finanzas públicas. La deuda nacional del país no deja de crecer y el tipo de interés de sus bonos soberanos, como el del resto de naciones, crece en estos meses de desplome del mercado de renta fija. Eso se traduce en que la partida del pago de los intereses de la deuda no deja de crecer y el agujero presupuestario se ahonda. Además, Francia, como el resto de las naciones europeas, sufre un proceso de envejecimiento que hace que las pensiones públicas sean la principal partida de gasto del presupuesto. Eso, sumado a los intereses que antes comentaba, acorrala a las finanzas públicas, que pierden margen sin cesar, y deben esquilmar del resto de partidas para poder sostenerse, y claro, la inversión suele ser la gran pagana cuando de recortar se trata. Decisión incorrecta desde el punto de vista estructural, pero lógica desde el político.

En el caso de Francia, dado que es el país más centralista de la UE y en el que más pesa el estado en la economía, si las cuentas del gobierno van mal, sus efectos se notan de una manera más profunda en todos los demás aspectos de la vida del país. La presión que empieza a sufrir su deuda soberana es significativa, y aunque se mantiene el amparo del BCE, Francia empieza a mostrar signos preocupantes de cara a un cambio de ciclo que pueda darse si el crecimiento que vivimos se torna en recesión. De momento allí las calles ya están sumidas en un “otoño caliente” y habrá que ver cómo se las arregla el presidente y su primer ministro Lecornu para no acabar, metafóricamente al menos, abrasados.

Subo a Elorrio y me cojo tres días de ocio. Si todo va bien, nos leemos el jueves 8. Pásenlo genial.