Transcurridas ya más de tres semanas desde el intenso de invasión híbrida que organizó Marruecos el 30 de julio sobre la ciudad de Ceuta, sólo me quedan dos cosas claras. Una, que el atacante tiene muy claro que aspira a hacerse con esa ciudad (y con Melilla) tanto por vías legales como por los hechos, sin importarle el coste en vidas que ello suponga, y que el atacado, nosotros, carecemos de capacidad de respuesta, mostramos una negligencia absoluta en la gestión de lo sucedido y seguimos sin ser capaces de defender, de ninguna manera, la soberanía de la ciudad y la dignidad de sus habitantes.
Sique sin estar claro cuánta gente entró en Ceuta a finales de julio. La mayoría de las fuentes comienzan la horquilla en el entorno de los 50.000 y no pocas lo elevan a un total de 80.000 que es muy similar al número de habitantes de la ciudad. Dado que Ceuta, por definición, posee fronteras rígidas, no hay un campo ahí al fondo donde se puede expandir la ciudad, eso supone duplicar la población en un día, algo insostenible por completo para cualquier localidad. Transcurridos los primeros días del asalto muchos miles de los que se vieron forzados a realizarlo retornaron a Marruecos, pero no todos, desde luego prácticamente ningún menor. Nuevamente seguimos sin cifras fijas, la eterna desesperación de un país que, ya en el covid, demostró no saber contar ni muertos, ni camas ni UCIs. Se habla de, al menos, dos mil menores y unos cinco mil no menores, pero con margen de incertidumbre, pudiendo ser cerca de diez mil los que permanecen en la ciudad tras el asalto. En una urbe de las dimensiones de Ceuta gestionar esto es un problemón. Y, ante esto, el ayuntamiento se ha visto abandonado por parte de un gobierno nacional que mantiene numerosas competencias claves para afrontar una situación como esta (sanidad, educación o seguridad por mencionar unas pocas) y que no ha hecho esfuerzos algunos para contener un problema que ha ido degenerando día a día. Los miles de personas, sin techo ni lugar en donde estar, se han ido autoorganizando, creando campamentos improvisados en la playa del trampolín y en otros lugares de la ciudad, construyendo cabañas y chabolas con lo que han ido cogiendo por ahí, y subsistiendo gracias a la caridad de algunos vecinos y de poco más. Las condiciones de salubridad de estos asentamientos son nulas, indignas, propias de reportajes de esa África que produce congoja nada más verla. Los episodios de violencia entre los inmigrantes y entre algunos de ellos y los residentes en la ciudad se han mantenido constantes a lo largo de todo el tiempo, con un evidente desborde de las fuerzas de seguridad, que no son capaces de garantizar que los hechos no vayan a más. Hay numerosas denuncias de acoso, ataques sexuales, robos y demás delitos que han saturado por completo las fuerzas judiciales de la ciudad, completamente dependientes del Ministerio, y la solicitud de refuerzos para que hagan frente a este disparo de casos, mientras que deben afrontar también toda la gestión de los permisos de residencia de los que solicitan asilo, no ha recibido por ahora respuesta por parte de los responsables del Ministerio. Lo mismo se puede decir de las incontables peticiones de refuerzo que realizan día a día los responsables sanitarios de la ciudad, dependientes por completo del Ministerio de Sanidad, que hacen frente a una avalancha de atenciones fruto de los incidentes mencionados y de la insalubridad absoluta en la que se encuentran esos miles de personas. Las enfermedades de todo tipo, muchas de ellas erradicadas en la península por vacunación, empiezan a surgir en la ciudad porque es casi seguro que ninguna de esas personas ha sido sometida a un proceso de vacunación, ni en Marruecos ni en sus naciones de origen. Durante todas estas semanas la displicencia con la que la ministra de sanidad ha actuado en esta crisis es una muestra perfecta de lo que ha hecho el gobierno central en todo momento. Figuración y nula gestión.
Con razón, los ciudadanos de Ceuta se sienten abandonados a su suerte. Su ayuntamiento llega hasta donde llega, pero no más allá. Las peticiones de mando único suplicadas por su alcalde Vivas han sido desoídas constantemente por parte de un gobierno ausente, que hace pocos días ha decidido que sea un ministro, el de política territorial, el que coordine el trabajo de todos los demás, en una muestra de reconocimiento implícito de la descoordinación que reina en Moncloa y aledaños. Miles de inmigrantes son las víctimas directas causadas por Marruecos en su asalto a Ceuta, y los residentes de esa ciudad son los rehenes de la presión de Rabat y la necedad de Madrid. Así están las cosas.