viernes, octubre 09, 2026

Los civiles ucranianos, asediados

Este miércoles fue el cumpleaños de Putin. 74 años ha hecho la criaturita y, visto su rostro, impasible desde hace décadas, es como si no los cumpliera. Tiene el mismo aspecto vil y sanguinario desde hace demasiados años. Quizás como regalo a su líder, o como muestra de lo que pretenden hacer en estos meses que llevan al invierno, durante esta semana se han sucedido los ataques rusos sobre objetivos civiles en varias ciudades ucranianas. El miércoles más de una veintena de personas murieron en los edificios residenciales en los que vivían en Kiev, alcanzados por uno de esos drones a reacción que las defensas no logran abatir.

Ayer, en una jugada aún más audaz y cruel, una treintena de civiles fallecieron cuando los autobuses en los que circulaban fueron alcanzados por bombas rusas, no está claro si por drones o misiles, en la localidad de Kramatorsk, muy cercana al frente de la disputada región del Dombas. Las imágenes ofrecían una desolación absoluta, en lo que parecía una calle residencial, ancha, bastante diáfana, en la que dos estructuras, como de autobús pequeño, ardían mientras que el asfalto y los alrededores estaban sembrados de chatarra, restos de la explosión y despojos humanos. No costa que hubiera heridos en el ataque, todos fallecieron. En los márgenes de la calle se apreciaban algunos árboles con las hojas ya otoñales, con tonos bellos, que contrastaban de una manera insoportable con lo que se podía apreciar en el primer plano de las imágenes. Los pocos testimonios que se podían captar en la zona eran de rabia pero, sobre todo, de desolación, de impotencia, de incapacidad de asumir lo que había sucedido, un día más, en esa ocasión allí. El uso intensivo de drones de tecnología mejorada por parte de Rusia y la cada vez más acuciante escasez de interceptores por parte de Kiev aumenta día a día la efectividad de los ataques rusos, que no se limitan, ni mucho menos, a la destrucción de objetivos que puedan tener relación con las operaciones militares, no, sino que directamente buscan sembrar el terror en la población civil, que hasta ahora tenía el miedo en el cuerpo pero confiaba en la estadística, que señalaba el muy alto porcentaje de interceptaciones exitosas que alcanzaba el ejército ucraniano. A medida que esa tasa baja el riesgo para los civiles se dispara, a la vez que aumenta la tentación de las tropas rusas de castigar porque sí, de coger barrios donde vive gente, zonas residenciales sencillas, sin nada que ofrecer con carácter estratégico, y castigar con saña, buscando causar el mayor número de civiles muertos y extender al máximo la estrategia del miedo. Hacer sentir a todos los ucranianos que viven en las ciudades que sus vidas corren un peligro cierto. Estas semanas se han vuelto a ver escenas de masas agolpadas en los andenes del metro de Kiev, tratando de buscar refugio para pasar la noche, o el tiempo máximo que sea posible, porque ya no se fían de los pisos en los que viven. Esa angustia, que lleva instalada en la población desde el inicio de los combates está subiendo de una manera que sólo es comparable al mismo momento del estallido de la guerra, cuando toda esperanza se derrumbó y la perspectiva del enfrentamiento militar lo llenó todo. Tras haber resistido el embate inicial de las tropas rusas, detenidas a pocos kilómetros de la capital, Kiev ha vivido numerosos ataques pero con la sensación de jugar a una ruleta rusa de un tambor muy grande, con muchos más huecos de lo normal. Ahora eso ha cambiado, y la proporción de casquillos con los que se juega a esa maldita ruleta rusa ha crecido notablemente. Es de supone que volverá a haber alguna oleada de ciudadanos ucranianos que traten de escapar de su país, a medida que ese riesgo crece, pero el ambiente de acogida que hubo en Europa en el momento del inicio de la guerra ya no existe, o por lo menos no es nada claro. Se estrechan las alternativas sobre esa población.

Cuatro años y medio llevan soportando los ucranianos una situación de violencia, peligro y miseria que, a muchos, desde luego a mí, nos llevarían a la desesperación en un tiempo casi instantáneo. Con el frente bloqueado, el asedio aéreo ruso creciendo, la indiferencia norteamericana cada vez más palpable y la mencionada escasez de interceptores, este invierno que se empieza a echar encima puede ser uno de los más crudos de los que se han vivido allí desde el año 2022. ¿Cuánto y cómo podrán los ucranianos seguir soportando esta pesadilla? Putin, impasible, habiendo convertido a su país en una mera máquina de guerra, en una cárcel para todos los disputen su visión de la realidad, no desiste.

jueves, octubre 08, 2026

Campaña desde la Moncloa

Había apuestas a lo largo del fin de semana pasado por si Sánchez adelantaría elecciones tras la caída de sus decretos de vivienda, y el runrún iba creciendo a medida que decaía el domingo. Finalmente el lunes se produjo ese adelanto, aunque no eran pocos los que creían que cada momento de reflexión de Sánchez no es sino otra de sus infinitas jugarretas para marear la perdiz y hacer pasar por tiempo de estudio lo que no es sino maquinación desbordada. Más de un café se pagaría a lo largo de esa mañana tras la convocatoria, fijada el domingo 29 de noviembre, dentro de siete semanas. Algunos lo celebrarían, otros no.

Lo más interesante del lunes no fue eso, sino la reiterada muestra de hasta qué punto Sánchez ha pervertido el sentido de lo que es una institución hasta convertirlas en mero patrimonio propio. La presidencia del gobierno le corresponde a él, pero no es de su propiedad. Ahora que está de moda el tema, tras mantenerse en el olvido del gobierno durante años, Sánchez es un alquilado del Palacio de la Moncloa, detenta el cargo pero el cargo no es suyo. Por eso lo que se hace con él y desde las atribuciones que lo enmarcan es tan importante. Y Sánchez en su comparecencia del lunes, dedicó unos segundos a hacer el anuncio oficial y varios minutos, no pocos, a lanzarse loas a sí mismo y a su gobierno hasta casi parecer paródico y, en definitiva, a proclamar el primer mitin de campaña desde un lugar en el que no se deben pronunciar. Cierto que no es Sánchez el primero que cae en este tic autoritario de hacerse con el cargo para uso partidista, es algo que es tan tentador para todos los que lo han ocupado que apenas hay excepciones, pero nunca se ha visto el descaro con el que, desde que Sánchez gobierna, se practica esta perversión. Es una extensión casi natural de esa frase inolvidable, indigna, que soltó en una entrevista al decir aquello de “¿la fiscalía de quién depende? Pues eso” apropiándose sin rubor de una institución en la que el gobierno, sí, tiene influencia y competencias en el funcionamiento, pero que no es del gobierno ni está a su servicio. Es necesario separar mucho lo que es institución, lo que es gobierno y lo que es partido, y si las fronteras de todo eso son porosas se produce una perversión del sistema que es aprovechada por unos, envidiada por otros y que, finalmente, acaba poniéndolo todo en tela de juicio para la mayoría. El ejemplo paradigmático de todo esto es lo que hace Trump en EEUU. Desde la presidencia ejerce una perversión absoluta, de tal manera que entiende que su poder es total, que él es el único capaz de dictar lo que es correcto y lo que no, y que el entramado del estado no es sino artificios que están a su servicio. Por eso la degeneración que se vive en EEUU es tan profunda, porque Trump, con su uso y abuso, ensucia instituciones que pertenecen al país, que están al servicio del país, que no son patrimonio de nadie. A escala, con formas muy distintas, pero con idéntico objetivo, Sánchez trata de extender el perímetro de su influencia personal a todo aquello que pueda ser un obstáculo a sus designios. Cuando anuncia que el parlamento no responde a la voluntad popular, y él se autoproclama como una especie de superhéroe que encarna la voluntad popular más pura, está deslegitimando a la sede de la soberanía, que está por encima de él y del resto de políticos, ocupen cargos electos o no. En cada una de sus afirmaciones Sánchez busca acaparar más poder y quitárselo a centros diseñados para equilibrar las influencias que buscan el dominio absoluto, que es uno de los grandes males en los que puede degenerar todo sistema de gobierno. Trump odia los contrapoderes y no se corta a la hora de expresarlo. Sánchez es igual, aunque su discurso sea más elegante y tamizado. Ambos buscan que nada, nadie, les haga sombra.

¿Cómo se limpian instituciones que han sido mancilladas? No es fácil, no. Y eso en el supuesto de que se quieran limpiar. Tras el paso de personajes tan extremos como Sánchez o Trump existe la perversa tentación por parte de quienes sean sus sucesores de hacer lo mismo, con el falso argumento de que “si ellos lo hicieron, por qué yo no”. Ese es uno de los caminos directos a la destrucción de los sistemas democráticas porque el argumento correcto es “ellos no debieron, tú tampoco”. ¿Cómo se evita eso? ¿Depende exclusivamente del carácter del mandatario y de su compromiso personal? ¿Hay formas de frenar el deterioro que vivimos?

viernes, octubre 02, 2026

Disturbios sociales en Francia

Esta semana ha estado de visita en España el presidente francés Emmanuel Macron, pasando unos días de alborozo y sonrisas por parte de todos con los que se ha encontrado. En su país las cosas no serían tan agradables, porque como les pasa a la mayor parte de los dignatarios, los ciudadanos propios son los que cargan con sus medidas, no con sus sonrisas, y eso hace que la popularidad interior de los dirigentes sea mucho más baja que el afecto que despiertan en tierra ajena cuando hacen visitas de estado. Lo cierto es que si aquí tenemos la acampada de Sol, en Francia están, directamente, quemando institutos.

Allí la bronca no ha surgido por la vivienda, que es casi tan inaccesible como aquí, sino por la educación secundaria. Un movimiento estudiantil que demanda inversiones en los centros educativos, muchos de ellos necesitados de reforma con necesidad acuciante. Lo que empezó como una protesta de estudiantes ha ido escalando a lo largo de la semana, en la habitual tradición francesa, a un conjunto de algaradas en las que se mezclan las reivindicaciones sociales, el enojo por el disparo de los precios de la gasolina, la impopularidad de Macron y todo lo que ustedes quieran sumarle, de tal forma que ayer eran decenas las manifestaciones que en el país vecino acababan en serios enfrentamientos con la policía, con numerosos detenidos, heridos y destrozos, entre ellos algún instituto, que ahora sí que sí debe ser rehabilitado. La protesta social se produce a ocho meses de las presidenciales, en primavera del año que viene, por lo que el ambiente preelectoral lo impregna todo. Las formaciones de extrema derecha, principales favoritas para hacerse con la victoria con el Frente Nacional de Le Pen, culpan a la Francia Insumisa de Melenchon, el pablemos de allí, de alentar los disturbios y tratar de hacerse con las calles de una manera que no se lo van a permitir los votos. Algo de razón no les falto, aunque las reivindicaciones que llenan las calles tienen no poco de razón. Por el lado de la extrema izquierda se busca capitalizar lo más posible el descontento popular y subirse a la ola mediante una serie de promesas electorales de imposible cumplimiento, entre las que se ha colado el impago de la infinita deuda que tiene el país, lo que es un brindis al sol o una tentativa de suicidio colectivo. El espectro moderado, en el que destaca el partido de Macron y los restos de lo que antaño fueron el Partido Socialista y los gaullistas de derechas, andan sumidos en las sombras, sometidos a la dictadura de la polarización y con menguantes expectativas de voto. No es descartable que en esos comicios Le Pen se haga con la presidencia del país, pero para entonces aún queda bastante, y ya iremos viendo lo que pasa. Lo interesante de lo que sucede ahora mismo es que Francia empieza a mostrar síntomas de deterioro económico profundo, especialmente en lo que hace a sus finanzas públicas. La deuda nacional del país no deja de crecer y el tipo de interés de sus bonos soberanos, como el del resto de naciones, crece en estos meses de desplome del mercado de renta fija. Eso se traduce en que la partida del pago de los intereses de la deuda no deja de crecer y el agujero presupuestario se ahonda. Además, Francia, como el resto de las naciones europeas, sufre un proceso de envejecimiento que hace que las pensiones públicas sean la principal partida de gasto del presupuesto. Eso, sumado a los intereses que antes comentaba, acorrala a las finanzas públicas, que pierden margen sin cesar, y deben esquilmar del resto de partidas para poder sostenerse, y claro, la inversión suele ser la gran pagana cuando de recortar se trata. Decisión incorrecta desde el punto de vista estructural, pero lógica desde el político.

En el caso de Francia, dado que es el país más centralista de la UE y en el que más pesa el estado en la economía, si las cuentas del gobierno van mal, sus efectos se notan de una manera más profunda en todos los demás aspectos de la vida del país. La presión que empieza a sufrir su deuda soberana es significativa, y aunque se mantiene el amparo del BCE, Francia empieza a mostrar signos preocupantes de cara a un cambio de ciclo que pueda darse si el crecimiento que vivimos se torna en recesión. De momento allí las calles ya están sumidas en un “otoño caliente” y habrá que ver cómo se las arregla el presidente y su primer ministro Lecornu para no acabar, metafóricamente al menos, abrasados.

Subo a Elorrio y me cojo tres días de ocio. Si todo va bien, nos leemos el jueves 8. Pásenlo genial.

jueves, octubre 01, 2026

Casi un atentado aéreo

Este año, en el que se ha cumplido el 25 aniversario de los atentados del 11S, hemos estado a punto de volver a ver un atentando con una tipología de acción muy similar a la que se registró en esas fechas. Ayer miércoles, final de mes, se produjo un grave incidente en un vuelo de FlyDubai que hacía el trayecto entre Dubai y Tel Aviv, con más de 170 pasajeros a bordo, israelíes. Faltó poco para que el avión se estrellase, y la pericia de un piloto que se encontraba entre el pasaje y parte de los viajeros, que lograron reducir al asaltante que se encontraba en cabina, consiguieron hacer que el avión aterrizase, de emergencia, pero entero, en un aeropuerto saudí.

Al parecer fue el copiloto de la nave el que atacó al piloto, con la intención de estrellar el avión, haciéndose con los mandos y provocando su caída precipitada, lo que hubiera supuesto la muerte de todos los que en él estaban. El piloto, gravemente herido, pudo abrir la puerta de la cabina en ese momento del ataque, y eso permitió que pasajero del avión penetrasen en ella y consiguieran reducir al atacante. Eso no evitó, desde luego, un inicio de descenso abrupto en el que el vuelo cayó varios miles de metros en una maniobra suicida que desató el pánico entre todos los que estaban a bordo. Las escenas que han relatado los testigos del viaje son impactantes, con el miedo dominándolo todo y la angustia creciendo a media que la altura se perdía. Finalmente, el piloto que estaba de viaje pudo hacerse con los mandos del aparato, algunos dañados tanto durante el ataque como premeditadamente por parte del atacante, y logró estabilizar el avión. Solicitó un lugar para aterrizar lo más próximo posible y acabó en un Aeropuerto saudí situado al noreste del país, que se encontraba relativamente cerca de la trayectoria que estaba describiendo el vuelo antes del incidente. Ya en tierra, todos los pasajeros fueron evacuados y el piloto atacado hospitalizado, a la vez que detenido el atacante, que permanecía rodeado por algunos de los pasajeros, custodiándolo. Los pasajeros fueron, posteriormente, embarcados en otro avión que, partiendo de esa escala imprevista, les acabó llevando a su destino, Tel Aviv, y pudieron ahí, ante los suyos y los medios locales, contar lo que habían vivido de primera mano. El piloto que logró salvar el aparato fue recibido por Netanyahu en medio de evidentes signos de agradecimiento. La versión que domina ahora mismo en los medios sobre lo sucedido es que estamos ante un intento de atentado yihadista contra ciudadanos israelíes. El objetivo no era hacerse con el avión para estrellarlo contra algún objetivo, siguiendo fielmente la estela del 11S, sino directamente lograr que el avión impactará contra el suelo y matar a sus pasajeros y tripulantes, en una réplica exacta de lo que pasó con el vuelo de GermanWings pero con motivaciones islamistas. Como no es posible introducir explosivos con las medidas de seguridad que existen hoy en día, provocar el derribo en un acto suicida por parte del copiloto. Visto lo visto, el desastre estuvo bastante cerca de producirse. Las gráficas del vuelo muestran un desplome del orden de los cinco mil metros que podría haber provocado una entrada en pérdida muy difícil de poder revertir. El avión, tras aterrizar, no muestra daños en su fuselaje, pero en el timón de cola falta toda la estructura de guiado del mástil trasero, síntoma evidente de las tremendas fuerzas que sufrió el aparato cuando empezó el ataque y su trayectoria se convirtió en un caos. Hay pasajeros contusionados por el desplome, por las turbulencias generas, y más allá de los evidentes casos de ansiedad derivados de todo lo sucedido, abundan los golpes, cortes y demás lesiones menores, pero que evidencian que lo que se vivió allí fue pesadillesco. Al final el valor de los pasajeros, la suerte de contar con otro piloto y algo de fortuna lograron evitar lo que hubiera sido un atentado aéreo de primer nivel, el mayor desde el 11S.

Ahora toca investigar bastante, especialmente en lo que hace a la trayectoria del atacante, a sus vínculos, a cómo logro entrar en la compañía y cómo fue su proceso de radicalización, y si posee contactos con otros elementos que pueden realizar actos semejantes o estamos ante un lobo solitario que decidió actuar motu proprio. No tengo claro cual es su estado, pero está vivo, por lo que podrá ser interrogado y sometido a juicio por una evidente tentativa de asesinato múltiple. Ayer pasamos un señor susto en el mundo de la aviación, y el espectro del yihadismo volvió a asomar desde la oscura cueva en la que parece estar recluido desde hace un tiempo.

miércoles, septiembre 30, 2026

Inflación descontrolada

Ayer el INE publicó el indicador adelantado del IPC de septiembre. Desde hace ya algún tiempo se viene publicando, hacia el final del mes, un valor adelantado de lo que va a ser el índice de precios del mes, sin que ese periodo de tiempo haya finalizado. Posteriormente se revisa, en un ejercicio de corrección que no suele deparar más allá de una décima o dos de los datos adelantados. Es, por tanto, una señal fiable, y se busca con ella hacer un seguimiento lo más exhaustivo posible a la evolución de los precios, ya que cuando estos presentan variaciones significativas es necesario tomar medidas que permitan controlarlos.

Pues bien, el dato de ayer fue desastroso, así de simple. Un 4,9%, casi el 5%. Es la estimación de lo que han crecido los precios desde septiembre del año pasado. Un valor que bastante más que duplica el mítico objetivo del BCE del 2% y que muestra el peligro en el que nos encontramos, no ya de enfrentarnos a una nueva espiral inflacionista, sino de estar asentados en ella. La inflación subyacente, que es un índice paralelo que se elabora eliminando de la cesta del IPC los productos energéticos y los alimentos frescos, que sufren volatilidades propias, también ha subido, y se sitúa en el 3,1%. La tendencia de esta subyacente importa más a los expertos que la del IPC convencional, porque puede darse que, por ejemplo, haya un shock en los precios de un producto de los volátiles, pensemos en una mala cosecha de cereales por casusas meteorológicas, pero que no se acabe trasladando a la cadena productiva de los productos que se basan en el cereal porque el productor de bollería, sabiendo que es un shock puntual, no traslada la subida de costes a su precio final a sabiendas de que en pocos meses volverá al precio de origen, bien porque se de una entrada de cereal del extranjero a precio menor que palíe la falta de producción local o porque los fenómenos que provocaron la subida se reviertan. Es decir, no todos los shocks generan inflación persistente. Para lograrlo, deben ser intensos y duraderos, deben provocar una subida de precios en los bienes afectados muy significativa y que se mantenga en el tiempo, lo que hace que las expectativas del fabricante de bollería cambien, y por ello acabe repercutiendo el aumento de los costes en la cadena productiva, ya que teme que la reversión del coste que sufre no se va a dar. El brote inflacionario que sufrimos tiene mucho que ver con la guerra de Irán, y todo el caos logístico global organizado en torno al mercado del petróleo y, por extensión, de otras materias primas. En la gráfica del INE se ve perfectamente como el IPC conjunto llevaba una tendencia oscilante durante todo 2025, con una subyacente que sí subía, pero hasta niveles que no eran aún preocupantes, y de repente, en marzo de este año, la gráfica pega un salto descomunal y se dispara del 2,3% hasta el 3,4%, más de un punto en un mes. En esos niveles ha estado durante algunos meses, con la subyacente goteando al alza hasta el 3%, pero desde julio se ha producido un acelerón del IPC que le ha permitido romper con claridad la barrera del 4%. Los precios turísticos, desatados en otro verano de sobredemanda internacional, han tirado al alza de la cesta y han alimentado las brasas de una caldera que no parece tener visos de apaciguarse. A medida que ha avanzado septiembre se ha visto en los surtidores un nuevo empujón en el caso de los combustibles, alcanzando la cota de los dos euros casi todos ellos, sea cual sea su composición, y esto ha obligado al gobierno, en el caótico consejo de ministros de ayer, a aprobar la renovación de las ayudas de los 20 céntimos para el próximo mes de octubre, que empieza mañana. Si la situación de Ormuz no revierte de poco servirá esa bonificación.

Este subidón de precios es un golpe tremendo a las clases medias, que lo sufren día a día cuando van a hacer su compra, y se enfrentan a unos niveles que consumen sus salarios casi al instante, y es un mazazo absoluto para ciertos sectores productivos, como el agrario, la pesca o las industria energéticamente intensivas, que ven como sus costes se disparan y no pueden trasladarlos en su totalidad, ya que eso les obligaría a duplicar o más el precio de sus productos y destruirían gran parte de su mercado. Las perspectivas de los próximos meses son sombrías en este aspecto. O se normaliza el suministro energético global o se produce un colapso de la demanda o los precios seguirán al alza. ¿Temen a la Navidad? Yo sí.

martes, septiembre 29, 2026

Dos meses, una dimisión

Transcurridos ya prácticamente dos meses del asalto a Ceuta orquestado por las autoridades marroquíes, se ha producido la primera renuncia de un cargo gubernamental tras su desastrosa gestión de la invasión y de todo lo que ha sucedido después. Pérez Triano, gobernador civil de Ceuta, renunció ayer a su cargo, no sin que antes El País, que antaño fue un periódico, actuando como la correa de transmisión que es del gobierno, dejara claro en sus páginas que eso era lo que tenía que hacer. Supongo que en Moncloa decidieron que podían ofrecer esa pieza de caza menor para apaciguar los ánimos y dejaron al leal siervo, inmolado por su necio líder, abandonado en la cuneta. Y que luego fuera él el que se excusase en público.

En su comparecencia, sin preguntas, ya que sólo a los periodistas del extranjero, y allí fuera, se les permite hacer cuestiones a nuestros necios gobernantes, Pérez Triano anunció su marcha, su renuncia a la política, y no mostró arrepentimiento alguno ante el desastre que, por la parte que le toca, se ha producido en la ciudad, y sigue desarrollándose. Todo fueron excusas, algunas de ellas con cierta carga de culpabilidad respecto a sus superiores en el ministerio de interior, pero en lo relevante de su anunció, el habitual discurso exculpatorio que se repite sin cesar por cada necio que es pillado en su incompetencia y no hace sino culpar a los demás, universo conocido mediante, de todo lo sucedido. El por qué de esta dimisión ahora tiene que ver mucho más con el proceso judicial abierto en la Audiencia Nacional sobre lo sucedido en Ceuta que otra cosa. Esta semana, si no me equivoco, declara en el marco de esa causa el que fue jefe de gabinete de Triano, el único que, por ahora, ha dimitido sintiéndose culpable de algo, y en su renuncia dejó claro que informó a su superior de los avisos que le habían llegado del CNI sobre la avalancha de miembros que se estaban juntando en redes sociales para llevar a cabo un asalto y de que esto no era lo de todos los veranos, ni mucho menos. En su renuncia, el jefe de gabinete dejaba completamente al descubierto a su superior, no se si tachándolo de incompetente, pero sí de mentiroso, cosa que ha reiterado sin cesar el portavoz del PSOE en la ciudad, que ha cargado muy duramente contra el ya ex delegado del gobierno, acusándole de buscar únicamente la forma de salvar su cargo y sueldo, sin importarle en lo más mínimo lo que sucede en la cuidad, y sin hacerse cargo de lo que pasó durante la invasión. Atrincherado en su despacho de la delegación, Pérez Triano llevaba ya varios días sin hacer declaraciones ni dejarse ver por ninguna parte. Los rumores sobre su posición habían ido creciendo a lo largo de los últimos días, pero los afines a Moncloa señalaban en los medios propios que no se iba a dejar caer a nadie porque eso era reconocer que se habían producido errores de gestión en Ceuta, y que no se podía admitir esa posibilidad. Es lo que tiene el fanatismo, que todo lo ciega. Supongo que el desalmado del presidente del gobierno ni se inmutó cuando, entrevistado por la CNN en Nueva York, Amanpour le calificó directamente como desastre lo que había sucedido y seguía pasando en la ciudad. Ante ella ha sido la única vez que Sánchez ha hecho una declaración en la que ha acusado veladamente a Marruecos de algo. Nada, desde luego, en los tres ejercicios de propaganda gubernamental orquestados con medios nacionales, donde Sánchez no fue preguntado, sino casi jaleado por personas que se hacían pasar por periodistas y cobran creyéndose que son tales. En el extranjero, donde España es casi nada y nuestros dirigentes no tienen esa corte de aduladores que les rodea constantemente los políticos españoles se ven forzados a mentir menos, e incluso a veces dicen alguna verdad. Quizás ahí se decidió que Triano estaba condenado, y se contacto con los propios para que dejaran bien impreso por la mañana que su ostracismo era un hecho.

En todo caso Triano se va por el miedo que tiene al proceso judicial, no por otra cosa, y como volvió a mostrar ayer, sin el más mínimo arrepentimiento por su conducta, cosa que empieza a ser lo habitual en el conjunto de sujetos que nos rigen a todos los niveles, que se conducen como absolutos psicópatas y donde los conceptos de responsabilidad, culpa, arrepentimiento o perdón no figuran para nada en su vocabulario. Vanidosos hasta el extremo, sólo su necedad está a la altura del ego que les infla el cuerpo. Pérez Triano es un buen ejemplo de todo esto. Nadie lamentará su marcha, pero ojalá pague judicialmente por lo que hizo y por lo que no.

lunes, septiembre 28, 2026

La vivienda estalla

Llevamos años discutiendo sobre el problema de la vivienda sin que se haya hecho mucha cosa, más bien nada, para tratar de paliarlo. Los precios han subido con fuerza año tras año en las principales ciudades españolas, y este proceso se ha ido trasladando a capitales de provincia medianas y otras localidades, de tal manera que, ahora mismo, es en la llamada España vacía, donde no quiere vivir nadie, donde no hay problemas de acceso. La situación se ha vuelto muy tensa y ha sido el desahucio de MariCarmen, señora de 87 años residente en el acomodado barrio madrileño de Retiro, lo que ha encendido los ánimos de muchos.

Para ser original, me reiteraré respecto a lo que he dicho en otras ocasiones. El de MariCarmen es uno de los miles de desahucios que se ejecutan al año en España, transcurridos ocho años desde la llegada del gobierno que juró que, bajo su mandato, no se ejecutaría ninguno más. Es cruel ver a una señora de esa edad siendo expulsada de la casa en la que vive, pero no es menos cierto que esto se ha producido bajo la ley que lo ampara, no ha habido extorsión ni cosas raras, como sí se ha dado en otras situaciones de desalojo. Lo que ejemplifica el caso de MariCarmen, además de la profunda hipocresía política de los que ahora están en el gobierno, y la muy elevada de los que pueden llegar a estar en el futuro, es que el desajuste entre oferta y demanda de vivienda sigue creciendo y que eso sólo se casa con un disparo de precios, tanto de compra como de alquiles. Son más de medio millón de personas al año las que se suman a los que residimos en España desde hace ya algunos ejercicios, la población está cerca de los 50 millones de habitantes, cifra jamás alcanzada en nuestro país. El número de familias crece y la demanda residencial sube sin parar. En este contexto la oferta de vivienda se ha cercenado. La obra nueva sigue siendo ridícula respecto a las necesidades, porque los ayuntamientos y CCAA son muy reticentes a la hora de conceder permisos de construcción. Tras el disparo de pisos construidos que se produjo antes de la burbuja, el sector se derrumbó y no ha sido capaz de volver a unos ritmos normales. Los costes de construcción han subido, como casi todos los demás, y la mano de obra en el sector escasea, en medio de un envejecimiento generalizado. Para más inti, tenemos problemas de infraestructuras básicas, como las redes eléctricas, abandonadas por el gobierno, que no son capaces de atender a la demanda de las nuevas viviendas que hacen falta. No hay potencia ni red ni enganches en el caso de que se hicieran las viviendas necesarias. En el caso del alquiler las cosas están aún peor. Inseguridad jurídica, miedo a los okupas, ideas peregrinas sobre expropiación, limitaciones de precio y otros factores han hecho que la mayor parte de los dueños de los pisos que están en ese mercado, en su mayoría pequeños propietarios, se lo piensen dos veces antes de sacarlos al mercado, y de hacerlo, exijan condiciones inasumibles por muchos de los demandantes, de tal manera que la oferta es cada vez menor y de peor calidad, con cuchitriles infectos que salen a unos precios de drama y situaciones en las que los pisos vuelan ante las llamadas compulsivas de los que los necesitan. Ahora mismo el mercado de alquiler está roto, y en este contexto algunas empresas y grandes tenedores pueden hacer aún más su agosto, lo que lleva a situaciones claramente injustas. En definitiva, tanto la compra como el alquiler están desatados y no son capaces de funcionar ante una demanda muy tensionada. La desesperación de muchos es lógica.

Si el gobierno acaba sacando un decreto con nombre propio que solucione la situación de la señora desahuciada acabará aumentando la inseguridad jurídica, y si establece normas coercitivas sobre la propiedad o los derechos de los arrendatarios, extinguirá aún más la oferta. Seguridad jurídica, juicios expres para que los okupas se marchen, garantías de cobro para los que colocan sus pisos en el mercado serían medidas que harían aumentar la oferta, pero no serán capaces de cubrir la actual demanda, y menos si se sigue edificando a cuentagotas. Si la demanda no se frena, y sólo un cambio en el ciclo económico sería capaz de hacerlo, la situación de angustia seguirá.