miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.

martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

lunes, junio 01, 2026

Grave accidente de Blue Origin

SpaceX nos ha malacostumbrado. Su altísimo porcentaje de éxito en los lanzamientos espaciales y en todo tipo de pruebas con los cohetes ha convertido a esos momentos en rutina, pero nada más lejos de la realidad. Un cohete es algo muy parecido a una bomba, pero que se detona de manera controlada. Supone quemar, de forma salvaje, combustible y oxígeno a todo trapo con el fin de alcanzar la velocidad de escape. Los motores son cámaras de combustión aceleradas donde los flujos y temperaturas que se alcanzan resultan mareantes. Cualquier problema puede acabar en desastre.

Y eso es lo que pasó el viernes en la prueba estática de Blue Origin. Esta prueba consiste en llenar el cohete de todo el combustible que puede cargar, no incorporar la carga útil que se prevea pueda portar en el lanzamiento, y poner en marcha sus motores durante un par de segundos o tres para comprobar todos los sistemas en condiciones reales. El cohete permanece atrapado junto a la plataforma de lanzamiento y no va a despegar. Todo el sistema se arranca y, pasados esos instantes, si todo es correcto, se corta el flujo de combustible y la maquinaria se apaga. A partir de ahí se puede empezar a instalar la carga útil del viaje, recargar los depósitos y planificar el despegue correcto. Pues bien, en la estática del viernes algo falló, aún no está claro que, pero algo en los motores de la primera etapa degeneró y provocó un fallo estructural en el cohete, que se extendió hasta la segunda, donde se inició un incendio no previsto. Las imágenes, nocturnas, eran las tres de la mañana en Florida, son muy veloces, y apenas permiten distinguir la ignición de algunos puntos a lo largo del cohete, pero en una fracción de segundo apenas perceptible todo se convierte en una inmensa bolsa de fuego que devora la escena, cubre por completo la plataforma e instalaciones auxiliares y se convierte en una gigantesca explosión dotada de su propio hongo, con una potencia que se ha estimado en un kilotón. El cohete estaba lleno del combustible, creo que queroseno, y oxígeno líquido, necesario para mantener la combustión cuando el cohete abandona la atmósfera y se encuentra en el vacío espacial, donde desde luego no hay aire. El incidente se produjo, por tanto, con la máxima cantidad de sustancia inflamable posible, y de ahí que la secuencia de la explosión sea tan salvaje. Se percibe como una de las torres de servicio, que actúa como pararrayos, tiembla como un árbol movido por el viento, muestra de la fuerza de la explosión. Las imágenes diurnas describen un escenario horrendo, con una de esas torres auxiliares completamente destrozada, daños significativos en la torre principal de lanzamiento y destrozos severos en el conjunto de la plataforma, que deberá ser reconstruida. La torre que sostiene el depósito de agua, necesaria para amortiguar el impacto del despegue en la estructura del lanzamiento, parece haber aguantado, pero está completamente ennegrecida y habrá que ver si sufre algún daño estructural. Son innumerables los fragmentos de material carbonizado que se extienden por toda el área y la sensación que produce la escena es de desastre total. Afortunadamente no había nadie cerca de allí, por lo que no se han registrado ni heridos ni percances personales de ningún tipo, pero el destrozo alcanza enormes dimensiones, no sólo por la pérdida del cohete en sí, sino también por lo que hace a la plataforma, que va a quedar inutilizada durante un buen tiempo, probablemente varios meses. Esa plataforma era la que se había habilitado, dentro del complejo de Cabo Cañaveral, para ser utilizada por Blue Origin, por lo que, o bien se destina otra de las plataformas a su uso, con la necesaria inversión para adaptarla a los cohetes de la empresa de Bezos, o la empresa tendrá que esperar a la reconstrucción de toda la instalación. En todo caso, pinta que habrá que esperar varios meses, no pocos, para ver un nuevo lanzamiento de Blue Origin.

Este desastre también tiene consecuencias para el programa lunar de la NASA. Las naves de Blue Origin juegan un papel muy importante tanto en el desarrollo de la futura base lunar como en el de la puesta en marcha del módulo lunar, que es el que permitirá a los astronautas salir de Artemisa y poder poner nuevamente el pie en el satélite. Si ya el calendario de las misiones II y IV se antojaba forzado, el percance del viernes pone completamente en entredicho todo el cronograma que la NASA se había impuesto, y generará retrasos de todo tipo en el programa lunar. La explosión del viernes le va a salir cara a Jeff Bezos, pero mucho más al programa espacial norteamericano.

viernes, mayo 29, 2026

Los bonos siguen cayendo

En medio de nuestras miserias patrias, y de los que los provocan, el mundo ahí fuera sigue en marcha, y con datos que llaman la atención. Los índices bursátiles de EEUU siguen en máximos, batiendo récords día tras día, con la ya cercana colocación de acciones de SpaceX como uno de sus puntos culminantes (alguno dice que ahí se tocará el techo) pero, en paralelo, el mercado de bonos vive horas bajas, con caídas generalizadas de los valores de estos activos y, en paralelo, tal y como están definidos, ascensos en los tipos de interés, que es como miden su rentabilidad implícita. Los treasuries americanos a diez años están en el 4,45%, nivel muy alto.

Algún analista ha dicho estos días que, en medio de la complacencia general de las bolsas, los mercados de bonos están gritando, chillando de dolor. El desplome que se vive en ellos es general, tanto en el mercado norteamericano como en el europeo, y las carteras de renta fijan llevan unos rendimientos anuales muy malos, nefastos si se comparan con las variables. ¿Por qué está pasando esto? Este movimiento es relativamente habitual cuando se prevé un ascenso de la inflación en las economías, y de ahí esas subidas en los tipos de interés. Se descuenta el hecho de que, para tratar de frenar los precios, los bancos centrales van a subir los tipos y eso encarecerá las nuevas emisiones de deuda, haciéndolas más rentables respecto a los bonos que ya cotizan en el mercado. Eso genera un movimiento de venta de los bonos viejos para adquirir los nuevos, lo que hace descender el valor nominal de los valores antiguos, y su rentabilidad, como es fija sobre el valor de emisión, crece respecto al valor nominal. Una sobredemanda de bonos genera un efecto inverso y hunde los tipos de interés. ¿Recuerdan cuando estuvieron a cero o en negativo? El mercado de bonos también es el mayor del mundo, el más líquido, en el que más participantes operan, y por ello sirve también de termómetro global de riesgo país. Por ejemplo, la escalada que ha vivido el bono británico, desde el 4,23% de finales de febrero hasta el 5,18% de mediados de mayo era un buen indicador del estado político del país, con la debacle laborista y las presiones contra el primer ministro Starmer. Ahora el bono cotiza en el 4,83%, muy alto, pero no imposible. Un bono de reino Unido al 5% durante un tiempo prolongado sería insostenible para el gobierno de aquel país y sus finanzas, y obligaría a tomar medidas drásticas, tanto económicas como de personal. El que los bonos norteamericanos estén caros es una medida, también, de la incertidumbre que aqueja a aquel país desde que Trump empezó a hacer barrabasadas en todos los sentidos. Los bonos caros suponen presión para las arcas del estado, porque incrementan notablemente el coste de financiación de la deuda, y dados los enormes volúmenes de deuda pública sobre las que se asientan nuestras economías, tampoco es necesario que los tipos se vayan hasta el infinito para que su ascenso implique daños severos al presupuesto (afortunados los que lo tengan). Un país que puede meterse en problemas a no mucho tardar por este asunto es Japón. Atenazad por el estancamiento de precios durante muchos años, sus bonos han rendido tradicionalmente muy poco. Empezaron este año en el 1%, nivel que para ellos ya era elevado, dado de donde venían, pero ahora se encuentran en el 2,6%, un valor que supone zona de peligro para un país sobreendeudado, en pleno proceso de desplome demográfico y con problemas geoestratégicos crecientes. Japón es una de las naciones más golpeadas directamente por el cierre de Ormuz, y sus precios suben al ritmo al que lo hace un barril de crudo del que dependen más que otros. Este ascenso en sus bonos refleja tensiones inflacionistas como no se recordaban allí desde hace muchos años, e introduce una enorme presión en su economía. Veremos a ver cuáles serán las consecuencias de todo esto y lo que Tokyo se verá obligada a hacer.

¿Es compatible la subida bursátil con la bajada de los bonos? Los hechos de los últimos tiempos demuestran que sí, pero no deja de ser algo que llama mucho la atención. Por un lado, los bonos reflejan preocupación creciente por la inflación, considerándola como algo que ha venido para quedarse, mientras que las bolsas juegan a que el shock de precios será tan intenso como fugaz, un susto sin efectos sostenidos. Ambas interpretaciones no son posibles, por lo que uno de los dos mercados parece estar valorando erróneamente lo que sucede, o no queriéndolo admitir ¿Quién tendrá razón? Como casi siempre, el tiempo será el juez adecuado para salir de dudas.

jueves, mayo 28, 2026

Descomposición

Quizás recuerden ustedes cómo acabó el felipismo a mediados de los noventa. Se sucedía una causa tras otras de corrupción, a cada cual más escandalosa, en la que se veían implicados ministerios, todas las ramas del PSOE e instituciones como el Banco de España o el BOe, era un no parar de sobresaltos, con dos procedimientos largos que, día a día, proporcionaban noticias. Uno era el relacionado con los GAL, la X famosa y las pesquisas del entonces prestigioso Baltasar Garzón, quién le ha visto y quien le ve. La otra era la trama de financiación ilegal del PSOE, lo de Filesa, Malesa y Time Export, instruida por el vilipendiado juez Marino Barbero.

El aire de derrumbe era constante, la parálisis dominaba todo y, tras los fastos de 1992, la sensación era de desplome, de abatimiento, de lo que se pudo hacer en un país por modernizarlo y el destrozo que, desde el gobierno, estaban realizando una panda de mangantes insaciables. González, al frente de todo aquello, negaba sin cesar su participación en las tramas y decía sentirse traicionado por ellas, en unas declaraciones que quizás reflejasen la verdad, pero que no eran sino insultos dirigidos a los pagadores de impuestos, usted y yo entre ellos, que éramos los que financiábamos la juerga. Aquello no podía seguir y se acabó en las elecciones de 1996, donde el PSOE sacó un muy buen resultado, perdiendo sólo por 300.000 votos frente al PP, el ganador. Ni todo el descrédito de la corrupción sangrante pudo erosionar la base socialista, que sí se derrumbó en las elecciones de 2000, cuando Aznar logró una mayoría absoluta. ¿Soy el único que ve paralelismos entre aquel año socialista de 1996 y este de 2026? Treinta años son bastantes, la verdad, pero la similitud de los procedimientos que se ven resultan tan tiernos como curiosos. Tenemos una trama que afecta a las finanzas del PSOE, en la que, por ahora, no ha salido financiación ilegal, pero sí el uso ilegal de fondos para obstaculizar a la justicia en los procedimientos en los que el gobierno se vea implicado. La ristra de procesos que afectan a antiguos miembros del gabinete de Sánchez y a organismos del estado por ellos controlados no dejan de crecer, aportando nombres y estructuras a unas tramas que son cada vez más difíciles de comprender, aunque en todas ellas algunos seres se repitan y sean los nexos que permiten ir saltando de unas a otras. El destino del dinero de las corruptelas sigue aún sin ser descubierto en plenitud, y las mordidas de las que se está hablando en los medios se cifran en los centenares de miles o unos pocos millones, pero tramas como la presunta del ex presidente Zapatero en los negocios petrolíferos de Venezuela pueden elevar estos importes en varios órdenes de magnitud. La precariedad del actual gobierno es mucho mayor que la del de Gonzalez de finales de los noventa, dado que entonces sólo dependía de la que sería la procesada familia Pujol y ahora está en manos de una banda de aprovechados a los que les importa más el dinero que cobran por sus cargos parlamentarios o gubernamentales que cualquier otra cosa, a sabiendas de que jamás volverán a tener semejante oportunidad de acceso a sueldos y prebendas equivalentes. Una de las diferencias del pasado respecto a la actualidad es la talla de las cúspides de ambos gobiernos. González acabó deshecho por la corrupción, pero tuvo años de gloria en los que revolucionó el país y creo instituciones, derechos y conceptos que lo modernizaron por completo, la historia se lo ha ido reconociendo. Frente a él Sánchez ha demostrado ser un perfecto arribista, un sujeto arrogante obsesionado por el poder personal, que ha destrozado la imagen de su partido y de todo aquel que se le ha acercado, sin que eso le suponga rubor alguno. Poco quedará del sanchismo para la historia, salvo su obsesión por la resistencia personal, y un comportamiento más propio de un psicótico que de una persona en sus cabales.

Como pasó en 1996, creo que aún falta mucha trama por descubrir, y grandes tracas explosivas. Recuerdan sin duda la que se organizó cuando Roldán escapó de España para huir de la justicia tras su fraude en la Guardia Civil. Ese fue quizás el momento más chusco de todo aquello, y em da que aún veremos a alguno de los implicados en estas tramas, y a nombres nuevos que saldrán, escapándose para eludir la justicia, apuesten por República Dominicana como destino, en medio de la comprensión de no pocos medios de comunicación y periodistas, así se hacen llamar, que les defenderán hasta que, seguro, también aparezcan sus nombres en listados de cobro de mordidas. Sí, esto tiene pinta de derrumbe.

miércoles, mayo 27, 2026

Abucheos a la IA

Fin de curso, las ceremonias de graduación se extienden por todas partes imitando las que se celebran en EEUU, que de tanto verse en las películas han generado envidia sin cesar. Se organizan con un boato similar y se convierten un festejo, orgullo de padres y antesala de una noche de desmadre. En EEUU existe la costumbre de que gente famosa, de los negocios o la farándula, den un discurso en esas ceremonias con el objeto de alentar a los nuevos graduados ante su inminente entrada en el mundo laboral, el abandono de la incubadora universitaria y su inmersión en el crudo mundo del empleo, del que muchos saldrán despedazados.

La semana pasada fue Eric Schmidt el que disertó ante un auditorio lleno de birretes. Schmidt fue durante varios años el Consejero Delegado de Alphabet, la matriz de Google, lo que le convirtió en uno de los más poderosos en el mundo de la empresa y tecnología en el mundo. Desde que ha dejado su puesto ha simultaneado sus apariciones como gurú tecnológico y como experto en gestión empresarial, con un cache de cobro con tantos ceros como usted pueda imaginar. Un invitado de relumbrón al acto. La cuestión es que las cosas no sucedieron como nadie de los que lo organizaron esperaba. Schmidt comienza su alocución y, en un momento dado, habla de la IA, del reto que supone para los nuevos empleos y para los estudiantes graduados que van a comenzar sus carreras laborales, y se empiezan a escuchar pitos, abucheos, silbidos, ruidos que interrumpen el discurso y cargan el ambiente. Se produce una rebelión en la audiencia ante uno de los hombres más poderosos del mundo, y Schmidt tiene que cambiar su intervención e irse por otros derroteros para salvar los muebles. La escena muestra una cierta incredulidad en el ponente, que no es precisamente dado a expresar emociones, pero se le ve incómodo, sorprendido. Es justo la IA, la gran criatura que su empresa y otras del sector han alumbrado como promesa de solución de muchos de los males, la que ha suscitado el rechazo entre los que van a ser parte del empleo norteamericano en unas pocas semanas. En vez de abrazarla como una oportunidad, como el reto que no dejan de insistir los que la desarrollan, esos chavales la ven como una amenaza, como un problema que puede condenarles a no conseguir empleo, o a alcanzar uno que diste mucho de sus aspiraciones, y que les genere muchos menos ingresos de los que esperaban, y de paso no les permita cubrir las deudas que han contraído para sufragar sus estudios universitarios. El paco faústico norteamericano, en el ámbito de la Universidad, consiste en que uno se arruina para alcanzar la titulación de prestigio que otorga una de esos campus de ensueño de nombres por todos admirados, y con eso en el mercado de trabajo las oportunidades de empleo se disparan, a la par que los salarios, y los costes de la educación se recuperan en un plazo breve gracias al éxito profesional. Ese compromiso, que involucra a instituciones educativas, empresas, familias y estudiantes, empieza a romperse porque, entre otras cosas, la IA hace que las nuevas generaciones de estudiantes entren en un mercado laboral que no les demanda. Saben que las consultoras, despachos de abogados, empresas tecnológicas y demás nichos atractivos de empleo han frenado la contratación de juniors, el primer escalón de empleabilidad en sus sectores, porque la IA empieza a realizar esos trabajos. Eso estudiantes saben que compiten con algo que, durante estos últimos años de la carrera, les ha resuelto casi todos sus problemas educativos, hecho gran parte de sus trabajos y esquematizado lo que tenían que aprender. Conocen muy bien la capacidad de la IA, por eso la temen como competidora.

Este quizás sea uno de los primeros momentos en el que se vislumbra la ruptura entre el sueño tecnológico y la realidad, el fin del enamoramiento perdido entre la sociedad, encantada de contemplar las novedades sin fin que surgen de Silicon Valley, y el mundo de los tecnólogos y sus ensoñaciones. Internet supuso una revolución en muchos aspectos, pero que fue abrazada por todos como algo que generó un progreso evidente, aunque dejase profesiones enteras extinguidas. El caso de la IA, mucho más complejo y potencialmente profundo en sus implicaciones, ya no se ve como algo “molón” por así decirlo. La sensación de problema crece al mencionar ese asunto, sea un temor real o figurado. Y eso es una profunda novedad.

martes, mayo 26, 2026

Lo de Alsina

Más de una vez ha declarado Carlos Alsina que su intención no era la de perpetuarse, sino jubilarse pronto, descansar, no trabajar tanto para poder disfrutar de eso que te ofrece la vida y que el día a día te lo niega. Creo que ni sus oyentes ni los jefes le hacíamos demasiado caso ante esas palabras, su carrera está en lo más alto en popularidad y facturación, su prestigio es grande, su imagen y nombre ya son marca de la radio en España y, también, no es muy mayor. Con 57 años se está en plenitud de facultades y aún se tiene cuerda para rato. Es cierto que las generaciones jóvenes ya vienen a coger el relevo, pero eso es ley de vida, ley natural. No es una edad para retirarse de nada, salvo que uno sea deportista, claro.

Por eso, conocer la decisión de Alsina de dejar el tramo de las noticias de su programa para presentar sólo la segunda parte, esa que huye de la política, ha supuesto una cierta conmoción para muchos, empezando por mi mismo, y más sabiendo que es la decisión menos mala posible, porque las intenciones iniciales de Alsina eran la de dejarlo todo, abandonar, renunciar a su carrera y colgar los micrófonos. Persuadido por los ejecutivos de su empresa, ha aceptado quedarse en lo que muchos consideran un destino menor, residual, secundario, el jiji jaja como él mismo afirmaba ayer que lo consideran muchos profesionales del medio, frente al portaviones blindado que supone el tramo político de muy primera hora hasta las 10 de la mañana. Declaró ayer Alsina que se siente gastado, cansado de dar la perorata todos los días, de incidir una y otra vez en una actualidad que, sí, cada vez es más amarga, en comentar una política que ha degenerado con el paso del tiempo y que no necesita casi ni comentarios, porque se ve lo cutre que es con sólo echarle un vistazo. Él, que es muy listo, sin duda ha llegado a hartarse de hacer entrevistas en las que sabe sin duda alguna que el entrevistado le está mintiendo de la manera más descarada, y que por mucho que intente sacarle algo de verdad, no de jugo, sino de simple sinceridad, no habrá manera, porque hace tiempo que la política ha huido de la verdad para esconderse en el relato fabricado, y ha visto en los medios, algunos quebrados, todos necesitados de ingresos en un mercado menguantes, a los siervos que les puedan ofrecer el servicio adecuado. Carlos ha visto, sin duda, la degeneración de la profesión, el banderismo que se ha instalado entre unos y otros, la obsesión por analizarlo todo desde la trinchera política (qué coñazo de gente, como ayer reiteró) y el papel cada vez menos relevante para la sociedad de un periodismo que se encuentra, quizás, en el nivel de prestigio más bajo de su profesión desde hace mucho tiempo. No son pocos los factores que han contribuido a ello, empezando por el cambio tecnológico y social que vivimos desde hace años, pero uno de ellos, y muy relevante, ha sido el abandono de la profesionalidad del periodista para hacerse amigo a sueldo de una corriente política que sea la que le garantice ingresos. Muchos periodistas y medios ya no cuentan lo que pasa, cuentan lo que les dicen que cuenten para justificar las decisiones que unos u otros toman. Para eso, ¿para qué consumir periodismo? piensa más de uno y de dos. Alsina ha tratado de huir de ese comportamiento, y en un país polarizado como el nuestro, sometido al infantilismo de unos y otros sobre cualquier asunto, en el que la carencia de razonamiento, criterio técnico y solvencia es la nota dominante de casi la totalidad de quienes hablan y opinan de manera remunerada y constante, Alsina ha tratado de escapar y crear, desde un medio de gran porte y alcance, una radio política que no diera vergüenza, que no tuviera fieles escuchantes, adeptos a la consigna que es conocida de antemano. Lo mejor que se puede decir de Alsina es que, antes de escucharle opinar sobre un tema, no está nada clara cual va a ser su postura, y en muchas ocasiones resulta sorprendente. E ilustra. Puede que esa sea una de las obligaciones del periodista, la de plantearse sus convicciones en contraste con la realidad. Alsina es de los pocos que ha tratado de hacerlo, día a día, año a año. Y sí, eso cansa. Eso gasta.

No les voy a engañar, parafraseando a Rufián, vaya vaya, estoy jodido, porque a partir de septiembre voy a tener una cierta orfandad informativa. No nos sobran las mentes lúcidas en este país, ni las voces con algo relevante que decir, como para que Alsina deje de opinar sobre lo que nos pasa y lo que los gobernantes nos imponen. Su marcha es una pérdida enorme que muchos lamentaremos, aunque más de uno y dos brindarán al no tener que soportarle. En un mundo de bandos Alsina ha tratado de escapar de ellos, y en no pocas ocasiones, por ambos ha sido atacado. No hay mayor elogio posible para un periodista, un opinador, un escritor, español. Muchas gracias por tanto, y fortuna en la nueva etapa, y vida.