martes, agosto 04, 2026

Guerras híbridas contra Europa

Hoy se produce una esperpéntica reunión, por videoconferencia, de los ministros de interior de la UE con motivo del asalto marroquí a Ceuta recién sufrido. En este encuentro van a saltar chispas, tanto por la actitud de algunos países ante la inmigración como por el comportamiento inexplicable de nuestro ministro de exteriores, que en medio de semejante coyuntura no se le ha ocurrido otra cosa que crear una crisis diplomática con Italia, a cuyo embajador llamó a consultas mientras seguía manteniendo una servil e indigna actitud de peloteo con las autoridades marroquíes responsables del desastre que ha tenido lugar estos días.

Si esto no es la decadencia, que me lo expliquen. La UE se encuentra rodeada de enemigos que la ansían, por su riqueza económica, y la saben débil, por su envejecimiento y completo estado de alucinación colectiva al respecto de sus presuntas capacidades, siempre en entredicho. Las naciones europeas siguen, seguimos, viviendo en el paraíso de un mundo de normas que se hacen respetar, cuando fuera de nuestras fronteras la selva crece y se espesa de una manera aparentemente irreversible. Se habla sin cesar de incrementar el gasto común en defensa, y surgen proyectos sin fin al respecto, ideas que se quedan en meras presentaciones y que, en pocos casos, se plasmarán en realidades, pero, aunque lo haga, ¿de qué sirven si no generan capacidad disuasoria? ¿Qué poder disuasorio tiene España frente a Marruecos? Quiero creer que no nulo, pero tengo serias dudas. ¿Y la UE en su conjunto? ¿Qué capacidad de amedrentamiento posee frente al vecino del sur? Ahí si la respuesta no es cero se le aproxima bastante. Tratados comerciales de enorme valor, firmados entre la UE y Marruecos, podrían ser esgrimidos en una negociación oculta para dejar claro al régimen de Rabat ciertas cosas, entre ellas la integridad territorial de la UE, pero una observa con pasmo, para ocultar la rabia, cómo la presidenta de la Comisión felicita a España y Marruecos por la gestión de la crisis. En serio, ¿estamos bobos? Un centenar de muertos, un desastre en todos los sentidos, una agresión alentada desde un tercero contra un miembro de la UE, un ejercicio de matonismo mediante el uso indiscriminado de la población civil, ¿y la Comisión “felicita”? Imagino que, al leer semejantes declaraciones, en Rusia o China las carcajadas se habrán escuchado en todos los pasillos en los que se encuentre alguien que tenga algo de poder. El mundo contempla como la UE es sometida a ataques híbridos en su flanco sur y en el este y reacciona felicitándose como un pasmarote que sonríe cada vez que le pegan una patada. Acciones de guerra con características ambiguas, en sombra, que son difíciles de atribuir directamente, que juegan con la manipulación en las redes, que hinchan noticias que tienen algo de verosimilitud hasta crear relatos falsos que engañan a muchos, que no tienen pudor en usar la vida de otros para lograr sus fines. Actos de subversión que intentan desestabilizar las instituciones de naciones europeas y, de paso, el conjunto de la UE, en un proceso lento pero sostenido, que va erosionando capacidades y firmezas hasta que el agredido se ve en la tesitura de tener que negociar, hablar, mantener un diálogo fluido y sincero, y demás eufemismos que esconden el acojone que crece sin cesar en las cancillerías europeas. Rusia y otras naciones hostiles toman nota cada día de cómo actos menores, o muy graves como los de Ceuta, no son respondidos con la firmeza debida, y se sienten cada vez más valientes. Comprueban esos dictadores día a día el infinito miedo que los europeos tienen a la pérdida de sus vidas, de su nivel de ingresos, de la calidad con la que residen en el jardín que han creado, y ellos, que desprecian a las poblaciones de los países que dominan, no dudan en dar pasitos firmes, que les costarán vidas propias, pero que en sus cálculos cínicos carecen de valor. Sólo les importa ir avanzando en su proyecto de cerco y sometimiento al rico jardín europeo.

Si no despertamos ante lo que tenemos delante, no seremos capaces no ya de reaccionar, sino de sobrevivir. La norma, la ley, la razón, son necesarias, y no deben abandonarse, pero la defensa propia empieza a ser una necesidad acuciante por parte de una UE asediada, tomada por pazguata por regímenes mucho más duraderos y estables de lo que nos podamos imaginar. Debemos plantarnos ante Marruecos, ante Rusia y ante cualquiera que nos amenace, y si eso exige gastar dinero, emplear vidas y recursos, tenemos que escoger. O sacrificios para resistir o dejación y derrota. Está en nuestras manos si hacemos algo para defendernos o no.

Subo a Elorrio un par de semanas de vacaciones, a ver qué tal. Si no pasa nada extraño, y visto lo visto sucederá de todo, nos leemos el jueves 20 de agosto. Pásenlo muy bien y descansen si es posible.

lunes, agosto 03, 2026

Desidia o algo peor

Transcurridos ya unos pocos días desde el asalto cometido contra Ceuta, empieza a poder hacerse un cierto balance de lo sucedido, y es doloroso. Más o menos tres cuartas partes de los habitantes de la ciudad fue la cantidad de personas que entraron en la misma, con una salida posterior cercana a ese volumen, aunque hay aún permanecen cientos de personas en la ciudad, especialmente en los alrededores del CETi, que si ya antes estaba desbordado ahora mismo no es sino un contenedor rodeado por fuera y apelotonado por dentro. Se estima en más de cien los fallecidos en el asalto, la mayor parte de ellos en el lado español, y con dudas de cuántos en el lado marroquí. Todavía hay cadáveres por recuperar del fon del mar.

Cuanto más insiste el gobierno en achacar lo sucedido a las mafias y a la desinformación en las redes más queda claro que hemos estado ante un intento de agresión híbrida alentado, orquestado y consentido por las autoridades marroquíes, en un ejercicio premeditado de desestabilización por parte del país vecino de la soberanía nacional y la integridad de la ciudad de Ceuta. Nada curioso, ayer por la noche el gobierno de Marruecos rompió su silencio oficial, tras cuatro días de desastre, agarrándose sin tapujos a esta misma versión y reiterando, casi una por una, la mayor parte de las palabras que Sánchez pronunció en su comparecencia exprés del viernes, justo antes de evadirse rumbo a las inmerecidas vacaciones. Una recopilación de frases hechas, argumentarios equivalentes, en los que las mafias y la sentencia de las devoluciones en caliente del Tribunal supremo aparecen como causas justificativas de lo sucedido, y la reiterada voluntad de cooperación en la gestión migratoria que sonaría sarcástica si no fuera por lo cruelmente falsa que resulta. Marruecos, lo sabe todo el mundo, es el único responsable de esta tragedia, es, de hecho, el causante de la misma, y se produce porque es la manera que tiene de demostrar que sus ambiciones de posesión sobre Ceuta y Melilla permanecen ahí, y que la toma de ambas ciudades es una cosa que está al alcance de su mano si se lo propone. En esta simulación de marcha verde que hemos visto ha quedado muy clara la capacidad de movilización que posee el régimen alauí y la absoluta incapacidad que tiene el actual gobierno para garantizar la estabilidad de la frontera. Instalaciones defectuosas, un espigón nunca ampliado, escasez absoluta de cuerpos policiales, ausencia de dispositivos militares de control, imposibilidad de rechazar flujos masivos de entrada…. Ha sido tanta la capacidad de las masas marroquíes como nula la de España de hacerles frente. Pensemos en otro ejercicio similar a este pero que cuente con la presencia de soldados marroquíes camuflados entre las masas, de personal de asalto y combate entrenado, de “hombrecillos verdes” como los que empleó Rusia en la toma de Crimea en 20144. Amparados en el caso de la entrada bastaría un contingente de unos pocos cientos para tomar posiciones en el ayuntamiento y otros puntos estratégicos de la ciudad, haciéndose fuertes allí y plantando una base de poder que empiece a controlar la urbe. Desde ese punto, y en plena cooperación con las milicias marroquíes de su lado fronterizo, la valla se abriría por completo y el flujo ilimitado de personas haría el resto. La toma de la urbe podría hacerse en pocas horas y con, como se ha visto, la seguridad española completamente superada. Este ejercicio mental no es sino una mera ampliación de lo que hemos visto desde el viernes, con lo más difícil, que es la congregación y actuación de una inmensa masa humana, ejecutado de una manera precisa y contundente. Sí, con muchos muertos marroquíes, pero recuerden, al contrario que aquí, en Marruecos la vida de sus ciudadanos vale bien poco, empezando porque no son tratados como ciudadanos, sino como súbditos de un régimen opresor que mantiene controlado el poder y todos sus resortes. El comunicado marroquí de esta noche es un corte de mangas a la legalidad internacional, a la verdad, a lo que hemos visto todos y, desde luego, a España, país al que no tiene respeto alguno y que considera sometido a su voluntad.

¿Por qué esto es así? ¿Por qué nuestro gobierno ofrece un comportamiento absolutamente sometido a los deseos del régimen de Rabat? Hay varias explicaciones, y todas ellas tienen un lado siniestro. Además de nuestra acreditada desidia, está el miedo que produce ese régimen, que hace que todos los gobiernos de Madrid se cuiden mucho de “ofenderle” prohibiendo, por ejemplo, la visita del Rey a esas ciudades. Y claro, está el chantaje, que tantos mencionan, al que puede estar sometido un Sánchez que ni previó lo sucedido ni actuó cuando pasó ni se hace responsable de nada. Rabat ve como Madrid no actúa y sigue avanzando en su línea de conquista. Y si no se le frena, lo logrará.

viernes, julio 31, 2026

Marruecos vuelve a organizar un asalto a Ceuta

A lo largo del día de ayer, sin que se le hiciera caso alguno, se desató una avalancha de ciudadanos magrebíes que franqueó las verjas de acceso a la ciudad de Ceuta y que, de manera imprudente, se echó al mar para tratar de rodear el espigón que separa la ciudad del territorio marroquí. Lo que en principio era un movimiento de cientos de personas se convirtió, en pocas horas, en la llegada de miles, algunos medios hablan de cifras de entre diez mil y veinte mil personas, en medio de la incapacidad de las fuerzas españolas de controlar lo que sucedía y la pasividad absoluta de las marroquíes, dejando hacer a los que corrían por su territorio camino Ceuta.

La situación se parece a la que se vivió en 2021, pero tiene pinta de que esta vez la entrada de personas ha superado, por mucho, la que se registró en aquel año. Para una ciudad como Ceuta, con unos 83.000 habitantes y un entorno geográfico acotado, un acceso de miles de personas en sus calles es algo similar a una invasión, porque no hay manera de ofrecer un alojamiento o servicio alguno a los miles y miles que se encuentran por allí, que ya han pasado al raso una noche y no creo que hayan comido nada desde hace ya bastantes horas. La situación de la ciudad es insostenible desde cualquier punto de vista y la improvisación con la que ha actuado el gobierno, mirando para otro lado hasta que no ha podido evitar hacerlo es total. ¿Cuál es la causa de lo que está pasando? Se alega como motivo principal una sentencia del Tribunal Supremo de hace pocas semanas que rechaza las devoluciones exprés a Marruecos si la entrada a la ciudad se ha hecho a nado, al considerar el tribunal que eso supone que no se ha franqueado ilegalmente muro o barrera de contención. Es una posibilidad real, que ha podido generar un efecto llamada, pero no nos engañemos. El episodio de 2021 fue una respuesta organizada por el gobierno marroquí para castigar al español por la acogida que este dispensó al líder de los saharauis con motivo de un tratamiento sanitario en medio de la crisis del Covid. Todo el mundo sabe cómo se las gasta el régimen marroquí y es consciente de que nada pasa en el país vecino sin que el gobierno lo sepa. Ayer era el 27 aniversario de la llegada de Mohamed VI al poder, era fiesta en Marruecos, y algunos dicen que esa era la causa de que hubiera menos efectivos en el control de la frontera en el lado marroquí. También se dice que la reciente visita de Pedro Sánchez a Argeloia, enemigo acérrimo de Marruecos, ha disgustado en Rabat y que lo sucedido sería una especie de respuesta. No está claro. Lo único que tengo seguro es que lo que ha pasado ha contado con el aliento, colaboración, consentimiento y, me atrevería, estímulo de las autoridades de Rabat. Los cerca de quince muertos que se estima como balance de lo que pasó ayer en el asalto a la ciudad son algo que a Marruecos no le importa en lo más mínimo, como tampoco le importa el resto de su población. Lo de ayer fue otro ejercicio de intimidación perpetrado por el régimen de Rabat contra la soberanía española de Ceuta y Melilla, un intento de marcha verde ligera, no desatada, que vuelva a testar hasta qué punto somos capaces de controlar lo que se puede venir encima y mantenemos una cierta rigidez en nuestra posición de dominio de ambas ciudades. A corto plazo, la respuesta de las autoridades españolas habrá encantado a las marroquíes. Ignorancia, improvisación, desidia, desatendimiento total a la desesperada llamada de las autoridades de municipales de Ceuta reclamando la declaración de emergencia nacional, pasividad absoluta, comunicados oficiales en los que se alaba la cooperación de los gobiernos de España y Marruecos… la catarata de despropósitos que se vieron ayer sería de chiste, si no fuera por las dimensiones de la tragedia y la gravedad de lo que está pasando.

No nos engañemos, Marruecos va a tratar de hacerse con Ceuta y Melilla en el corto plazo, bien por una invasión civil de este estilo o con una operación militar, y no debemos olvidar que, desde hace un tiempo, Rabat cuenta con el apoyo explícito de Washington, que va a respaldar todos sus movimientos, tanto con declaraciones como con hechos o inacciones. Estamos solos ante la agresión presente, y las futuras, que Marruecos va a ejercer, y no debemos seguir engañándonos al respecto. Tarde o temprano habrá disparos cruzados entre militares de ambas fronteras, y estaremos solos, no nos va a ayudar nadie. ¿Somos conscientes de ello? ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando y del peligro que viene?

jueves, julio 30, 2026

El nivel de los stocks de armas de EEUU

Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.

Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.

En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.

miércoles, julio 29, 2026

El coste de los fuegos

Puede que sea un detalle menor, pero lo cierto es que los incendios forestales salen carísimos. Y no me refiero, desde luego, a los costes directos, ambientales y emocionales, que suponen su existencia, o al valor paisajístico destruido que tarda años en volver a ser algo comparable a lo que fue, no. El mero coste de la extinción es disparatado. Se estima en una cota que oscila entre los 10.000€ y 20.000€ por hectárea en función de si se han empleado medios aéreos para sofocarlo o no, siendo ese caso el que eleva las cifras hacia el rango alto. Multipliquen alguna de esas estimaciones por las cientos de miles de hectáreas que se queman al año y obtendrán cifras en el entorno de varios miles de millones de euros.

A este coste muy directo hay que sumar los costes derivados de los bienes destruidos. Particulares, empresas y sector público ven como algunos de sus activos físicos se pierden. Pensemos en viviendas, coches, cobertizos, instalaciones agrarias, reservas de comida para el ganado, pabellones industriales, carreteras, tendidos eléctricos, postes de telefonía móvil, antenas de Wifi… la lista de bienes a recuperar es enorme y se traduce en nuevos gastos de presupuestos de todo tipo e indemnizaciones de seguros, más o menos cicateras, que de todo hay, que se traducirán en primas más altas en años posteriores. En los incendios de esta semana sólo el coste de las viviendas perdidas en la comunidad de Madrid va a ser tremendo, dado que se estiman en decenas y decenas las perdidas, o pensemos en el entorno del pantano de San Juan, donde se encontraba toda una serie de negocios relacionados con la navegación de interior, con instalaciones de formación, chiringuitos y embarcaciones, habiendo sido todo ello arrasado. La factura global se eleva muy notablemente. Tras esto vienen los costes derivados de la reforestación o de, por lo menos, el tratamiento de los suelos arrasados. Miles de árboles que permanecerán en pie, ennegrecidos, estarán muertos o poco les faltará. Es necesario retirar todo eso y proceder a una regeneración de los suelos, y a un trabajo intenso por parte de los agrónomos de recuperación, siembra y replantado, estudiando en cada caso el diseño del paisaje que se quiera construir, las especies que van a ser adoptadas, su compra, labores de instalación, riego, abono, etc. La recuperación de caminos forestales y de toda una serie de instalaciones de monte, como conducciones de agua o tendidos también es costosa, y en ocasiones exige ser rediseñada por los destrozos causados por el incendio en el entorno. Esta es una tarea lenta, pausada, que no aparece en las noticias, pero que es primordial para que el terreno no sufra ya el abandono, sino la más profunda de las erosiones y se convierta en un anticipo de lo que es la aridez del desierto. Profesionales y empresas de todo tipo deben trabajar en estas labores, y hacerlo de una manera coordinada, y contando a ser posible con la suerte de la meteorología, en forma de otoño e invierno con precipitaciones que ayuden a crear una mínima capa de verdor que sea el principio de la recuperación. En zonas agrarias de Galicia, por ejemplo, se ha visto em años pasados como se procedía con urgencia a arrojar paja desde helicópteros sobre los terrenos chamuscados para que este material hiciera de cobertura ante las posibles lluvias del otoño. Se buscaba en este caso, en terrenos dominados por pendientes significativas, que esas lluvias no arrastrasen la ceniza depositada en las lomas tras el fuego, con la pérdida de sustrato de estos y el elevado riesgo de contaminación de ríos, acuíferos y todo tipo de sistemas fluviales de abastecimiento con los restos dejados por el fuego. La paja actuaría como compactador del terreno y limitaría los daños. Es probable que en la zona abulense arrasada este tipo de actuaciones se den con más frecuencia e intensidad que en la madrileña, a priori menos abrupta, pero en todo caso son tareas que requieren suministro de insumos y el uso de medios aéreos con intensidad, por lo que la factura no deja de crecer.

Hay un coste emocional enorme, e imposible de valorar, por la pérdida del paisaje, y otro, inmenso y, me temo, muy tangible, derivado de la ya nula explotación. Casas rurales, alojamientos de montaña, negocios de rutas y senderismos, decenas de actividades relacionadas con el ocio campestre, las excursiones o el asueto están condenadas a desaparecer una vez que los parajes que las sustentaban se han esfumado. Toda una red económica de servicios asociados a l turismo de naturaleza han desaparecido con las llamas. Para los pueblos del entorno es un daño inmenso, que se extenderá a lo largo del tiempo, y limitará mucho sus economías locales. Toda una serie de facturas que van a salir carísimas.

martes, julio 28, 2026

Evacuar la casa

Hay ciertos desastres naturales en los que la casa, tradicionalmente un refugio, se convierte en un peligro. No es el caso de, por ejemplo, nevadas o inundaciones, donde el hogar, más si cabe en el caso de ser un piso, ofrece protección. La casa se convierte en lugar de encierro, rememorando lo que pasó durante el Covid, y sus paredes, que nos separan de lo que pasa fuera, actúan como barrera defensiva, aunque también como prisión de la que no hay escapatoria. Demasiados días forzado a estar en casa suponen una prueba que muchos llevan con parsimonia y no pocos con desesperación. Todos sufrimos ese experimento social hace unos años, y seguro que son pocos los que quieren recordarlo.

El incendio es distinto. Como amenaza móvil, sujeta a los caprichos de la meteorología y la disponibilidad de combustible, supone un enemigo ante el que el hogar no es capaz de garantizarnos seguridad. Hay que huir en la dirección contraria cuando se acercan las llamas, con el viento de espalda, en busca de un lugar seguro, y en muchas ocasiones, hacerlo de manera precipitada. Vemos como cambios en la dirección del viento convierten en localidades que ven con temor el avance de las llamas en la lejanía en más que probables objetivos del incendio una vez que las rachas alteran su dirección. En este caso la huida puede ser a la carrera, descontrolada, en medio del pánico, y eso es una receta casi segura para que se produzcan desastres, como el que vimos hace no demasiadas semanas en Almería. Las evacuaciones que están provocando los malditos incendios de este julio, masivas, no han concluido en situaciones de ese tipo porque ha habido suerte y porque el personal encargado de gestionarlas es abundante y se trabaja en zonas bien comunicadas. Aun así, se han producido atascos considerables, inevitables, en muchas de las localidades que han sido forzadas a la evacuación. Los hay que pueden huir en sus coches, pero otros muchos no, bien porque no los tienen o porque ya no están en condiciones de conducirlos o por lo que sea. Hay personas que se resisten a huir, por el mero miedo de lo desconocido, porque no quieren renunciar a la seguridad de lo que hasta ahora ha sido su hogar y no ven cómo van a sobrevivir fuera de él. Esto es especialmente frecuente a medida que aumenta la edad de las personas, y complica mucho las evacuaciones. Cuando se decreta el abandono de una localidad no se hace como capricho, sino porque se cree que no hay otra alternativa más segura para los que allí viven ante un avance descontrolado de las llamas. Hay una causa objetiva, probablemente visible a poca distancia de las viviendas, que obliga a escaparse antes de que sea demasiado tarde. Los efectivos tienen como prioridad el salvar las viviendas de los pueblos para permitir que, aunque el entorno se destroce, los habitantes puedan volver a sus hogares y no sufran pérdidas materiales además de las emocionales, pero hay momentos en los que no está nada claro si ese objetivo se va a poder lograr o no, por lo que escaparse es lo más práctico para salvar la vida. En ese caso no hay que coger mucha cosa. Documentación, el móvil y el cargador, y medicinas en el caso de que sean necesarias por un consumo prescrito y recurrente. Apenas nada más. Se recomienda llevar algo de dinero en efectivo, pero eso hoy en día puede ser escaso en algunos hogares. En general, en los lugares habilitados para refugio a los que se lleva a la población se dispone de utillaje para poder comer y dormir. Rebuscar por la casa cosas que se antojan como valiosas o necesarias puede consumir un tiempo que, quizás, no tengamos. Hay que salir a la carrera, con lo puesto, tratando de salvarse a uno mismo y a los que nos rodean. Se ha visto como los equipos de emergencias llevaban a ancianos, personas con movilidad reducida y, en general, aquellos que no disponen de medios para desplazarse en su vida normal. No rebusque, no pierda ni un instante. Corra, y si no puede correr, avise para que quien sí es capaz pueda llevarle.

La incertidumbre de estar días como refugiado en tierra vecina sin saber qué habrá sido de las casas y pertenencias debe ser horrible. Los que están con los desplazados les cuidan de la mejor manera posible, pero no pueden aliviar su temor ante lo vivido y, sobre todo, ante lo que se pueda haber perdido en el caso de que el fuego haya entrado en las poblaciones. Esa angustia lo impregna todo, de igual manera que lo hace el olor a chamuscado, y no se va hasta que se puede retornar y se comprueba lo que ha quedado, el resultado de la macabra partida que los equipos de extinción han tenido que jugar contra el devastador fuego. Ojalá esto se acabe de una vez y los desplazados puedan volver, todos, a sus casas.

lunes, julio 27, 2026

Desastre absoluto

Ya el viernes por la tarde, mientras estaba trabajando en la oficina, en julio, se podía apreciar desde las ventanas que dan al oeste de mi edificio las enormes nubes de humo que cubrían la sierra de Madrid. Parecían formaciones tormentosas, el origen de los cumulonimbos que logran descargar en esa zona en los días de verano propicios para ello, pero no tenían un origen meteorológico, sino siniestro. Eran el reflejo del voraz incendio que estaba teniendo lugar en Ávila, en Toledo y en el suroeste de Madrid, todo zonas contiguas. El viento sostenido de suroeste originaba esa formación, que no llegaba a la ciudad, pero mostraba su amenaza.

A lo largo de estos días millones de personas residentes en el centro del país han, hemos, podido contemplar con nuestros ojos los devastadores efectos de unos incendios gigantescos, descontrolados, inabarcables, que se han cebado con vegetación, arbolado, enseres, infraestructuras y todo lo que han cogido a su paso. Las cifras de evacuados que se están teniendo que gestionar son propias de una catástrofe de película, o de una situación de guerra. En docenas de localidades, decenas de miles de personas, han tenido que abandonar sus hogares y llevan pasando ya tres o cuatro noches en polideportivos, locales municipales y cualquier otro tipo de instalación comunitaria, en medio del desvelo absoluto por no saber cómo estarán sus bienes. El único consuelo que queda es que, a estas alturas de la historia, no hay que lamentar desgracias personales, no hay fallecidos, ni heridos graves, pero todo lo demás es desolador. El número de personas que se emplean día y noche en luchar contra las llamas se cuenta por miles, entre bomberos profesionales, de reemplazo, voluntarios, militares, etc, en una movilización que también es digan, por su dimensión, de un tiempo de combate. Pese a todos los medios recabados, ha sido necesaria la variación de las condiciones meteorológicas, con el alivio del calor de este fin de semana, lo que ha permitido poner coto al avance de las llamas, pero el viento, el maldito viento, que sólo ayer empezó a ofrecer algo de tregua, ha traído por la calle de la amargura a todos los involucrados en la lucha contra el fuego. Las rachas sostenidas intensas, en los primeros días, llevaron las columnas de fuego a una velocidad insoportable, y a partir de este fin de semana, las más leves pero mucho más erráticas lo han expandido de manera caótica por zonas que los primeros días permanecieron a salvo. Se ha conseguido salvar el entorno de El Escorial, porque los medios y Dios lo quiso en forma de cambio de viento, pero ese mismo soplo de fortuna para esa zona supuso la condena del valle del Tiétar, en Ávila, una vez que el incendio de Castilla y León logró ascender toda la sierra en su vertiente norte y se lanzó sin freno a sotavento, recalentado. Muchas de las poblaciones que el sábado y ayer eran el centro de las llamas y la evacuación contemplaban con congoja, pero seguridad, la evolución del fuego el pasado viernes, cuando el suroeste sostenido les mantenía aparentemente lejos de la amenaza. El maldito viento ha sido su desgracia, ha jugado en su contra, y ha ganado a los esfuerzos de todos los que luchaban contra las llamas. No he estado nunca en esa zona de la sierra, que era conocida por sus parajes naturales, sus pueblos y por numerosos atractivos, la mayor parte relacionados con la gastronomía y el disfrute de los recursos. Cuando las llamas se extingan, muchos de los negocios de esas localidades se verán abocados al cierre, al existir, lo que quede de ellos, en medio de una extensión calcinada en lo que lo único que van a dar ganas de hacer cuando se pueda contemplar será llorar con rabia, con la angustia de saberse a salvo quien lo hace, pero encontrarse perdido en medio de lo que, hasta hace pocos días, era su paisaje, su vida, su pueblo, y ahora no es otra cosa que un erial de ceniza y desolación.

La meteorología vuelve a ponerse cuesta arriba a partir de esta tarde y mañana, con la llegada de varias jornadas de calor muy intenso, en el entorno de los 38 40 grados, por lo que, cuando los fuegos sean controlados del todo, la necesidad de refrescar el terreno deberá seguir siendo prioritaria para evitar reactivaciones, que el mero movimiento de una brisa entre semejante calorina bastará para convertirse en amenaza. Es de esperar que, con el avance de la semana, los desalojados vayan volviendo a sus hogares, pero aún queda bastante para hacernos una idea certera de las dimensiones del desastre que ha tenido lugar en esas comarcas, y de lo irreparable que va a ser en muchos de los casos. Qué maldito horror.