Cafeterías y librerías son los locales que más frecuento en Madrid, con diferencia. De hecho creo que son los únicos que visito por gusto, ya que el resto suelen estar relacionados con obligaciones que uno debe cubrir (ropa, alimentación, etc) Pasar la tarde en un centro comercial me parece un plan tan absurdo como aburrido. En esos dos establecimientos me dejo bastante dinero, cada vez más dado el coste creciente del café. Por eso, que cierre alguno de esos locales me parece una mala notica, una pena, una pérdida, algo que lamentar. No entiendo la politización de esos hechos, simplemente lo veo como algo que me aportaba y deja de existir, y eso es malo.
Tipos Infames es
una librería que está en Malasaña y que abrió en medio de la debacle de la
crisis financiera, tras los años más duros del desplome y cuando estábamos en
el fondo de un pozo al que no se le veía salida. Tres amigos montaron un local
para vender libros y que tenía la cafetería como una forma paralela de negocio.
De hecho era un bar con espacio en el que la mayor parte de este se ocupaba con
estantes y mesas expositoras con títulos de todo tipo, especialmente novedades
y de editoriales no masivas, en los que el gusto personal de los propietarios
se notaba mucho en la selección de la oferta. Cuando descubrí el negocio lo
anoté como uno de los que debiera visitar con cierta frecuencia, cosa que he hecho
a lo largo de estos años. Al principio la cosa debía ir funcionando lentamente,
porque era sencillo poder encontrar sitio en sus dos o tres mesitas para poder
tomarse un café y leer (soy más de café que de vinos, aunque ellos publicitaban
más las copas que las tazas) en una escena que era el sumun de lo que entonces
empezaba a llamarse cultura hípster, sólo que yo no cumplía ninguno de los
estereotipos estéticos de ese grupo de gente. Era muy urbanita, propio de la
capi, por así decirlo, lo de tomarse algo y leer en el mismo local, y me
parecía una idea excelente, por la misma razón por la que hay gente que disfruta
en esas inmensas tiendas de ropa en las que la música no cesa y siguen llenas.
Que se lo pasen genial así, pensaba, yo lo hago de otra manera, y todos
contentos. Con el tiempo el local empezó a crecer en audiencia y ya no era
posible encontrar sitio para tomar algo, pero sí se podían seguir comprando
libros, y lo hacía de vez en cuando, de tal manera que soy de los que ha
contribuido a mantener la empresa en pie durante estos tiempos, con mi modesta
aportación de cultureta pringado compra volúmenes, que es lo único que soy capaz
de hacer en condiciones. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de la noticia
de que van a cerrar el negocio em entró mucha tristeza. Salían entrevistas en
varios medios a algunos de los propietarios, en los que comentaban el disparo
de precios en los alquileres en el barrio, sometido a una demanda desesperada y
constante, y el cómo ya no han podido hacer frente a la marea. Al poco, cosas
infames de verdad que suceden en estos tiempos, en las redes sociales empezó
una especie de batallita cutre en la que algunos, ante las declaraciones
anticapitalistas de los propietarios (creo que erradas) empezaban a acusarles
de subvencionados, de falsos y de todo tipo de cosas sin sentido. Se podía
percibir un cierto aroma de venganza en esos mensajes, como de “os lo tenéis
merecidos, por modernos” en un movimiento áspero y sucio que carecía de sentido.
Lo observaba y no entendía nada. La politización basura que nos absorbe y que
todo lo enfanga también entró ahí, para buscar rédito o para echar aún más sal
en la herida. Y seguía sin entender nada. Lo único que sabía es que una
librería que he visitado varias veces, en la que me lo he pasado bien, en la
que me han tratado bien, va a cerrar, y eso, para mi, es una pena.
A veces he soñado con regentar yo una librería, dado que me paso tanto tiempo leyendo en mi tiempo de ocio, pero me he desengañado rápidamente porque me da que el negocio no es lo suficientemente lucrativo como para cubrir la hipoteca de casa y ciertas necesidades, entre ellas la de comprar libros. Los que crearon Tipos Infames lograron llegar a ver su sueño cumplido, y durante años les ha permitido vivir de ello, y eso es algo que merece admiración, y, sí, también, un punto de envidia, en este caso sana. Cuando dentro de un tiempo pasee por esa zona y vea que en ese negocio hay obras de reforma, o se abre cualquier otra cosa, me dará pena, por un pasado que se fue. Al menos pude disfrutarlo de mientras existió. Gracias por ello.