jueves, mayo 07, 2026

El hantavirus

Es inevitable retrotraerse a los años del Covid cuando en los medios asalta con fuerza la presencia de un virus, un confinamiento, los asintomáticos y cosas de esas. Los recuerdos afloran con fuerza, y más cuando se escucha la voz de Fernando Simón, uno de los emblemas de nuestro fracaso nacional ante el Covid, diciendo que es probable que los casos no sean muchos más allá de los que se han conocido. Fue escuchar y ver al personaje en los medios y las redes se llenaron de memes sobre la urgencia de ir a por papel higiénico y demás, en un ejercicio de broma colectiva que sabía sacar lo poco que, de aquellos tiempos, resultó útil.

Ahora, con un poco más de rigor, vamos con el hantavirus, y lo que puede ser capaz de provocar y no. Resumidamente, y por lo que he leído a expertos que saben de esto mucho mucho más que yo, es un virus que tiene una muy alta tasa de mortalidad, de entorno al 30% o 40&, por lo que es un mal bicho, pero una limitadísima capacidad de contagio, lo que lo convierte en un transmisor casi imposible para propagar algo mínimamente parecido a una ola de infectados. Su reservorio son un tipo de ratas, y ahí dos variantes. Una, la asiática, de donde toma su nombre por un río coreano en cuyo entorno se detectó, y otra, la llamada de los Andes o sudamericana. Esta última parece ser la que está afectando a los pasajeros del crucero de la discordia. Tiene un grado de letalidad algo mayor que la asiática pero es igualmente difícil de transmitir. Al contrario que el Covid, la gripe o similares, no se propaga por el aire al ser exhalada, sino que requiere un contacto estrecho, físico, con el infectado, lo que implica que el aislamiento de los pacientes es más que suficiente para cortar la transmisión del virus. Así, el bicho es malo pero tiene las patas tan cortas que no puede llegar lejos, y eso evita que sea un problema serio. De hecho es endémico en ciertas zonas de Argentina, en su parte sur, y se sospecha que de ahí haya podido surgir el brote, probablemente llevado al crucero por algún pasajero que se infectó en tierra, a saber cómo, antes de embarcar, y a partir de ahí el brote ha surgido. Si se fijan por los datos que se han conocido, hay algunos cientos de personas en el barco y, a pesar de que el número de fallecidos es relevante, tres, el de contagiados que presentan síntomas es realmente bajo, síntoma de la dificultad de transmisión incluso en un entorno tan cerrado y limitado como es un crucero, en el que las interacciones entre pasajeros y tripulación son constantes, por el mero hecho de compartir pasillos, comedores o demás servicios comunes. Por lo tanto, tiene toda la pinta de que estamos ante un problema sanitario que afecta a los que se encuentran a bordo, a pocos de ellos, y que es muy difícil que se puede propaga en tierra, se realicen escalas para trasladar a los cruceristas a sus países de origen o no. La peligrosidad de un virus la da el producto entre su letalidad y su capacidad de transmisión, y la selección natural hace que aquellos que sean muy letales no tengan alta capacidad de transmisión, dado que acaban con sus huéspedes antes de que puedan acceder a otros cuerpos donde reinicien su proceso de incubación. Los virus exitosos, como la gripe o el Covid, sin ir más lejos, combinan baja letalidad con alta capacidad de transmisión, porque esto es lo que les permite maximizar el número de huéspedes que los van a “cultivar” y así prosperan biológicamente sobre el resto. Una combinación de alta letalidad y elevada capacidad de transmisión se da en las películas, pero es prácticamente imposible de encontrarla de manera natural. ¿Es posible generarla como arma biológica? Sí, si no ahora probablemente sí en el futuro, pero no estamos ante nada de eso.

En definitiva, la probabilidad de que el hantavirus acabe derivando en una crisis sanitaria de grandes dimensiones es mínima. No debemos alarmarnos ante ello, y pese a las incongruencias e incapacidades de nuestras autoridades, que ya el Covid demostró hasta qué punto son capaces de llegar, la biología está de nuestro lado y lo más probable es que este asunto se acabe disolviendo en los medios una vez que los pacientes lleguen a tierra y pasen las cuarentenas establecidas, sin que se produzcan demasiadas novedades al respecto. Eso sí, a los pasajeros del crucero, un viaje de lujo, se les ha amargado la aventura por completo, y a los que han fallecido y sus allegados ni les cuento.

miércoles, mayo 06, 2026

Escribano sale de Indra

Ayer, al final de la tarde, saltó la sorpresa en el mundo financiero y empresarial patrio. Se hizo público que Escribano había colocado su participación, del 14%, en Indra, por lo que la vendía y dejaba la compañía. Una noticia poco esperada y que, por ahora, pone fin a uno de los culebrones más sucios y volátiles de los vividos en la empresa española, y en la política, en el que el papel del gobierno y sus meteduras de pata (y mano) han sido memorables. Los hermanos Escribano ya tienen argumentos para que un buen profesional les escriba un libro en el que la intriga y los quiebros superna a muchas de las series de ficción imaginadas por guionistas que no alcanzan a ver hasta qué punto la realidad es insuperable.

Escribano, la empresa familiar, que empezó como un taller mecánico y creció hasta convertirse en una gran empresa de mecanizados, ha pasado de ser el ojito derecho del gobierno a un apestado, sin que se sepa claramente el por qué de lo uno y ni de lo otro. Desde que desembarcó en el accionariado de Indra, para lo que solicitó un préstamo a JP Morgan, se veía que contaba con el beneplácito de Moncloa para hacer una operación conjunta, dado el papel de la SEPI como accionista mayoritaria en la entidad suprema. Ángel desembarca en el consejo de administración y se empieza a hablar de una operación de fusión en la que Indra compra Escribano, creándose un espectacular conflicto de intereses dada la participación de la absorbida en la absorbente. Valoraciones de hasta 2.000 millones de euros para la empresa de mecanizados empiezan a circular por los medios, y no deja de asombrar a propios y extraños tanto el inflado de los números como el vicio profundo de la operación. Consejeros independientes de Indra rechazan la idea y empiezan a ver cómo Moncloa les trata con hostilidad. El augur económico de Sánchez, Manuel de la Rocha, que manda más en el tema que cualquier ministerio, bendice una operación que todo el mundo ve como imposible por su zafiedad. Indra y el ministerio de defensa, el contratista en todos los temas militares, defienden día sí y día también a Escribano frente a Santa Bárbara, el proveedor habitual de sistemas mecanizados de defensa, desde hace unos años propiedad de la norteamericana General Dynamics, alegando que Indra va a ser un campeón nacional en defensa y Escribano, carente de experiencia en el desarrollo de plataformas complejas, su suministrador de hardware, por así decirlo. La batalla dentro de Indra crece y crece, con zancadillas, golpes, broncas monumentales que se airean en público o se relatan en confidenciales, y personajes del poder de un lado y otro, con El País, de la mano de su principal accionista Joseph Oughourlian (y accionista también de Indra) defendiendo a muerte a los Escribano, entregándoles incluso el premio al ejecutivo del año del IBEX 35 hace un par de meses, frente a, por ejemplo, Iván Redondo, el consultor, el lobista, ahora a sueldo de Santa Bárbara, tratando de frenar el proceso de fusión / absorción / pelotazo. Todo iba bien hasta que, sin saber por qué, como pasó con la decisión de Sánchez con el Sáhara, Moncloa vira 180 grados y repudia a Escribano, y paraliza la operación. Ángel Escribano, presente en el consejo de Indra, se revuelve y no acata el cambio de postura de quien, hasta el día anterior, fue su principal valedor, y trata de seguir en la compañía con poder ejecutivo, pero finalmente es descabalgado y la situación entra en un impase desde hace unas semanas, con las espadas en alto pero con la adquisición aberrante frustrada. Finalmente, con la operación de ayer se pone fin a la presencia de los Escribano en la cotizada y, de momento, se cierra este extraño serial, en el que todo el mundo ha salido bastante perjudicado en su imagen.

Pero sí, algunos salen más beneficiados que otros. Se estima que Escribano, con su venta, ha generado unas plusvalías de unos 800 millones de euros, porque durante toda esta batalla, en la que Moncloa daba alas al futuro campeón nacional de defensa, las acciones de Indra se han revalorizado una barbaridad, por lo que más de uno se ha hecho de oro, y los Escribano, desde luego, sí. El margen es más que suficiente para liquidar el préstamo de JP Morgan y prácticamente equivale a lo que era toda la facturación prevista para la empresa durante este año 2026. Nuevos millonarios en la city madrileña, después de haber sido sacrificados en todo un Juego de Tronos. Desde luego la historia meceré ser escrita con detalle.

martes, mayo 05, 2026

Americanos en retirada

Muchos son los pilares que sostienen al ejército de EEUU, y lo convierten en el más poderoso jamás conocido. Su personal, el empleo incesante de la tecnología más avanzada, una dotación de medios apabullante, unos cuadros de mando formados de manera moderna y rigurosa, un presupuesto descomunal… la lista es larga, y cada una de las piezas que podamos añadir resulta determinante. Como en toda maquinaria, una de ellas rota supone un problema para el conjunto del sistema, y en el caso de la defensa, o ataque, que de eso va el ejército, un problema es un paso claro hacia el fracaso. Todo debe tenerse lo mejor engrasado posible.

Las bases que EEUU tiene en el resto del mundo son uno de esos puntales, a los que no se les presta especial atención, pero resulta determinante. En cada momento del año son decenas de miles, cientos, los soldados de EEUU que están fuera de su país en las bases que el Pentágono tiene por todas partes, cubriendo la mayor parte de la geografía global. Estas bases ejercen un poder de disuasión en sí mismas, es verdad, pero sobre todo, son la punta de lanza logística que permite al ejército del país poder operar en todo el mundo de manera eficaz. Suponen un acopio de provisiones, suministros, munición, combustible, etc, que hace que aviones que partan desde el territorio norteamericano puedan ejercer las tareas asignadas en cualquier parte del mundo en cualquier momento, a sabiendas de que es esa rede de bases la que les va a permitir reabastecerse de queroseno, de armamento, o de lo que sea, no quedándose tirados en el camino. Como si fueran portaviones inmensos, que no se mueven, sino que están varados en un punto concreto del globo, las bases actúan como elemento imprescindible para proyectar la fuerza que el ejército es capaz de desplegar, y se convierten en un elemento decisivo cuando se pasa de las palabras a los hechos. Es impensable la realización de operaciones como las que ahora están sucediendo en Irán sin la red de bases que proporcionan cobertura logística a todo el despliegue de fuerzas militares. La negativa de algunas naciones a prestar el uso de sus bases compartidas para esta guerra, como ha sido el caso de España o Italia, ha obligado al Pentágono a rediseñar sus rutas de suministro, a alterar los planes logísticos, pero con la red de bases de que dispone la situación se parece mucho a la del metro de una ciudad, en la que el cierre de una estación por obras supone un incordio, pero el mallado de la red permite el diseño de caminos alternativos, de tal manera que las cosas no funcionan con fluidez plena, pero lo hacen de manera efectiva, y el problema se solventa. Por eso, mantener esa red de bases y alcanzar acuerdos de colaboración con las naciones en las que se sitúan es primordial. China lo sabe, y esa estructura es una de las patas de las que no dispone su ejército, que está diseñando asentamientos en África para convertirlos en protobases, por así decirlo, dentro de los contratos de inversión civil que patrocina en muchos de los países de la zona, pero es evidente que carece de esa red, y de su inmenso poder de proyección. Beijing lo sabe, y es consciente de que, por mucho que su ejército crezca, no deja de ser un poder regional, incapaz de actuar en naciones situadas lejos de su vecindad. Puede llegar a convertirse en el hegemón regional, es a lo que aspira, a ser un rival insuperable en su área de influencia, pero conoce sus limitaciones y la imposibilidad de proyectar un poder militar global si quiera mínimamente comparable al norteamericano. En esto los EEUU han jugado muy bien su estrategia en el largo plazo, y han creado una estructura inigualable, tanto por su poder como por su extensión planetaria. Son los únicos que pueden actuar en todo el mundo en un momento dado.

Por eso, decisiones como las de Trump de retirar soldados de sus bases europeas por el berrinche que ha cogido tras la negativa de esos países de colaborar en la desnortada ofensiva contra Irán, además de ser otra muestra del infantilismo de su persona, es uno de los mayores daños que puede hacer a la propia capacidad militar de su país. Esas bases son joyas que deben ser mimadas, porque su papel logístico es de una importancia abrumadora. Desmantelarlas, reducirlas, abandonarlas, sería ir minando una red hasta el punto de que ya no pudiera ser operativa. Eso, el sueño dorado de la mayor parte de los enemigos de EEUU, es lo que el desquiciado de Trump está ejecutando en cada una de sus órdenes. Ver para creer.

lunes, mayo 04, 2026

El nacionalismo no admite bromas

El humor es una de las mayores armas que el ciudadano tiene frente al poder. Reírse de alguien, y más si ese alguien manda, es corrosivo, y despoja al que dicta de gran parte de su aura inexpugnable. Puede no servir de nada en caso de dictadura, pero son esos, los tiranos, los que más odian los chistes y los censuran hasta la paranoia absoluta, porque saben que quien se ríe de ellos no está totalmente sometido. Viñetistas, humoristas y demás siempre han tenido problemas con la autoridad y su censura, tanto en tiempos de dictaduras establecidas como en los actuales, donde la corrección política, el gremialismo exacerbado o el sentimiento constante de agravio tratan de imponer los mismos corsés que antaño los uniformados.

La pasada semana se vivió una trifulca relativa entre Sánchez y el PNV a cuenta de una viñeta publicada por los socialistas vascos, socios de gobierno en Vitoria, hecha con IA en la que Aitor Esteban, sonriente y trajeado, se tiraba a una piscina, en referencia a la alusión hecha por los peneuvistas hace meses de que no había agua a la que arrojarse en cuanto al nuevo estatuto de autonomía, del que llevan hablando ya demasiado tiempo, y al cambio reciente de opinión sobre si ahora sería posible llevarlo a cabo. Una imagen caricaturesca de elevada ñoñería y, para lo que se estila en las redes, apenas carga mordaz, bastante blanca. Propia del infantilismo en el que se ha convertido la política en nuestro tiempo, pero para nada ofensiva. Pues bien, el PNV, que mantiene un silencio sepulcral sobre todo lo que se dice a diario en el juicio a Ábalos y su tropa, salió en tromba haciéndose el ofendido máximo ante la publicación de la imagen y exigió, de la manera más ruidosa posible, una retractación de los socialistas vascos y una disculpa del propio Sánchez ante algo que consideraban intolerable. Tal escandalera montó que hasta los medios gubernamentales, que ocultan con exquisita profesionalidad todo lo que sea escándalo o problema de gestión que se den en el País Vasco, se vieron forzados a hablar del tema, escondiéndolo algo, pero publicándolo. Había mucho de impostura en la posición del PNV, de ego forzado, de chulería, de querer que se hable de mi, de solicitar un “casito” que los de Sabin Etxea creen que no reciben con la frecuencia deseada, cierto, pero también hay un fondo profundo en esa reacción que debe ser tenido en cuenta por parte de todo el mundo, y es que el nacionalismo, y el vasco hasta el extremo, no soporta el humor. No se pueden hacer chistes sobre cuestiones que el nacionalismo considera sacralizadas, como sus símbolos, dirigentes, historia, mitos y demás, porque son algo sagrado para ellos. Existe un componente de fe en el nacionalismo que llena su irracionalidad de misticismo, de creencia, de verdad revelada, de religión en la que la patria, la bandera y toda esa parafernalia sustituye al Dios de la religión organizada, y claro, los que se ríen de todo eso no pueden sino ser considerados como blasfemos, y el mayor de los castigos es poco para ellos. Vive el nacionalismo en un mundo imaginario, falaz, totemizado hasta el extremo, donde el poder de la simbología no debe ser alterada jamás, nunca puesta en duda y, desde luego, no ridiculizada. La gravedad de tono de todo lo que rodea a ese mundo puede resultar aplastante, no hay espacio para la risa, la broma o el desliz, todo es trascendente, eterno, infinito, lleno de futuro y destino. Las grandes palabras como la patria y demás son grabadas en piedra y adoradas como reliquias todos los restos del pasado mítico de la formación política y lo que ella decida que corresponde a los ancestros. En ese contexto, un bromista es visto como lo más subversivo que se pueda uno imaginar, y debe ser castigado sin demora, y sin apelación posible. No se puede consentir que alguien se ría de las ideas nacionalistas, no vaya a ser que eso las ablande, las muestre como la fantasía que son, y pierdan la fuerza que sirve de cohesión a ese mundo. No, el PNV no permite las bromas.

Hay programas de humor en la ETB, sí, y el “Vaya semanita” es quizás el mejor ejemplo de eso, pero es una excepción consentida, una válvula de escape que el nacionalismo otorga como dádiva, y desde luego bajo el control del medio propio, la televisión autonómica, chiringuito al servicio inexcusable del partido, la patria y toda esa serie de tonterías. En general, el fanatismo está reñido con el sentido del humor, y el exceso de ofensa ante las bromas revela, principalmente, una debilidad interna que se expresa en ira hacia los demás para tratar de escapar de las contradicciones propias, que el humor logra reflejar como casi nadie. Por eso, cuanto más autoritario es un régimen, más se persigue al humorista. Aquí y en todas partes.

jueves, abril 30, 2026

Powell deja la FED

Ayer fue la última reunión de la FED, la autoridad monetaria norteamericana, presidida por Jermo Powell, tras la cual termina su mandato y deja la institución. Powell fue puesto al frente de este organismo por elección de Trump en el año 2018, a mitad de su primer mandato, que nos parecía caótico y no sabíamos lo que nos esperaba. Ha demostrado ser un hombre pausado, reflexivo, serio, y profesional, en un mundo cada vez más turbio y desquiciado. Sus años al frente de la institución se recordarán por las dos crisis exógenas con las que ha tenido que lidiar y el gran problema, que nadie esperaba, y que ha marcado por completo su tramo final de mandato.

Las dos crisis han sido el Covid y la guerra de Ucrania, muy distintas, muy serias, y ambas han requerido determinación y buen hacer. El Covid se presentó como algo totalmente inesperado y novedoso, mandándonos a casi todos a casa, derrumbando la demanda y provocando una recesión artificial porque la economía, como todo lo demás, entró en suspenso. Ahí el problema era la inexistencia de demanda y el riesgo de que la falta de liquidez de las empresas al derrumbarse la actividad se convirtiera en insolvencia y quiebra. La FED, junto con otras instituciones similares, actuaron de manera coordinada y con una hoja de ruta similar, realizando inyecciones de liquidez como no se veían desde la crisis de 2008 – 2013 y garantizando la solvencia temporal de empresas, negocios y estados hasta que la situación sanitaria permitiese una vuelta a la normalidad. No había una guía muy clara de qué hacer ante ese problema, pero se trabajó bien y se superó, vacunación mediante. La otra crisis ha sido la de la guerra de Ucrania, muy distinta, no fruto del azar genético sino de la maldad deseada de Putin. Coincidiendo con la salida del Covid y la reactivación de la demanda se produjo el estallido del conflicto y la consiguiente tensión en las cadenas logísticas, con especial impacto en las que atañen a alimentación y productos energéticos. Si el Covid hundía la demanda y dejó la inflación en cero Ucrania provocó un disparo de precios, una crisis inflacionaria como no se veía desde hacía décadas. Las causas no eran monetarias, sino cruelmente físicas, pero la FED no podía quedarse de brazos cruzados viendo como los precios subían sin cesar, por lo que pasó de un modo Covid ultraexpansivo a una posición restrictiva, con subidas de tipos que trataban de contener los precios. Su éxito aquí fue relativo. Sí consiguió que las expectativas de inflación siguieran ancladas en el entorno del 2%, de tal manera que todos los agentes consideraron, como así fue, que el brote inflacionario sería temporal, pero no logró contener su dimensión, y el daño que esas subidas han hecho a la capacidad adquisitiva de los ciudadanos, especialmente en sus compras diarias, es algo que no ha sido paliado, ni por la autoridad monetaria ni por ninguna otra. La guerra de Ucrania nos ha empobrecido a todos en términos, reales, cierto que a algunos más que a otros, pero ha devaluado los salarios y rentas. Ahí la FED actuaba con las herramientas que tiene para tratar un problema que derivó en monetario, pero que tenía unas causas reales que no se pudieron atajar como es debido. Hizo lo que pudo con lo que tenía, y logró algo, pero menos de lo deseado. Powell ha sido el primer responsable de la FED desde Volcker que se ha enfrentado a un brote inflacionario, justo después de una crisis de deflación, como le pasó a Bernanke. Las dos pesadillas del banquero central casi seguidas una tras otra. Ha tenido mala suerte el bueno de Jerome.

El gran problema, jamás imaginado, ha sido el acoso de Trump en el segundo mandato. Por encima de todas las cuestiones económicas comentadas, Powell pasará a la historia como el gobernador que se enfrentó al presidente en defensa de la independencia de la institución, como el funcionario que recibió insultos y desprecios incesantes desde la alocada Casa Blanca y que no tuvo miedo, pese a ello, a responder a Trump cuando lo consideró necesario. Esa independencia de la FED es su valor máximo, su capital intangible por excelencia, y Powell se ha dejado horas, la vida, su aspecto físico lo denota, en batallar para defenderla. Sólo por eso merece el mayor de los homenajes

miércoles, abril 29, 2026

Magnicidios trumpistas

Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.

Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.

Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.

martes, abril 28, 2026

Un año del apagón, cero responsables

Hoy se cumple un año del apagón que llevó todo el país a negro y nos puso delante de una de esas situaciones peliculeras que cada vez se dan más en nuestras vidas. Al mediodía de hace 365 días la luz se fue en la oficina en la que trabajo, y lo que parecía el efecto de alguna obra de mantenimiento, cosa que antes pasaba con cierta regularidad, derivó en otra cosa mucho más extraña. Los semáforos del barrio no funcionaban, y la información que llegaba indicaba que la situación no se daba en mi puesto de trabajo, sino en todas partes, en todo el país. Algo anómalo estaba sucediendo sin que nadie supiera ni el qué ni el por qué. Incertidumbre máxima en un día completamente soleado, como de película.

Un año después se ha producido un apagón de responsabilidades, lo que dice mucho del nivel de degeneración en el que han caído no ya las instituciones, que también, sino sobre todo el músculo moral de la sociedad, que si siempre ha estado fofo ahora no es más que un acomodaticio depósito de grasa. Si uno escucha a los expertos sobre el tema, a los de verdad, no a los tertulianos incultos pagados por el gobierno y afines, sabe bastante bien lo que pasó, una mezcla de mala suerte, irresponsabilidad en la gestión y deseos de experimentar con cosas con las que no se debe jugar. El hecho de que, desde entonces, la factura de la luz haya subido en promedio más de un 10%, evento iraní aparte, por las medidas impuestas por Red Eléctrica para que no se vuelva a repetir algo así es sintomático de que se podía haber evitado el suceso si la gestión actual se hubiera dado ese día, y los precedentes, donde ahora sabemos que se dieron momentos que podían también haber generado una situación de colapso como la vivida el 28 de abril. Un año después la gestión de Red Eléctrica ha cambiado, y es casi seguro que algunos de sus técnicos, los profesionales que más saben de esto, habrán sido purgados, pero la cúpula directiva de la entidad, con su presidenta Beatriz Corredor a la cabeza, ahí sigue, cobrando los cientos de miles de euros anuales con los que está retribuido su cargo, para el que no poseía ni mérito ni conocimiento cuando fue nombrada para ello, y que desde el día de la desgracia no ha hecho otra cosa que esforzarse sin cesar para salvar su nómina y exculpar a todos los demás de sus propios errores. Reconozco que cuando llegue el día del cese de este señora me alegraré aún más que el del de Tezanos, porque lo del sociólogo manipulador es de vergüenza, pero el daño que produce resulta mínimo respecto al destrozo económico y social que supuso el apagón. Beatriz Corredor es el perfecto ejemplo de incompetente puesto al frente de una entidad gestora pública, que está ahí por su lealtad al partido gobernante y a sus dirigente, no por nada más, sólo por hacer la pelota mejor que otros a los que mandan, y que gracias a ello se lleva una retribución inmensa, que a cualquier ciudadano le supondría el fin de sus problemas económicos. Corredor es el exponente perfecto de esas élites extractivas que Acemoglu y Robinson tan bien describieron en su obra seminal, y que lejos de perseguirse, por lo dañinas que son, han proliferado como los mosquitos en las aguas estancadas de nuestra sociedad. Su presencia se da a todos los niveles y en todas las administraciones, sea cual sea su color político, pero es evidente que cuanto mayor es el grado de poder que detenta una entidad política más lejos pueden llegar sus inútiles, más pueden cobrar y más destrozos son capaces de crear. En los ayuntamientos de España, donde hay todas las ideologías que quieran, hay miles de Beatrices Corredores cobrando sin merecerlo y haciendo destrozos que afectan a la vida de los residentes en esas localidades, pero su impacto es muy local, no trasciende. Destruye, como las termitas que corroen el tronco, pero es difícil de apreciar. En el caso de un organismo de la importancia de Red Eléctrica los aciertos también son invisibles, pero los errores pueden ser tremendos e imposibles de disimular. La oscuridad total se ve perfectamente.

Corredor se ha mimetizado perfectamente con el zeitgeist de nuestro tiempo, ese que viene a decir que admitir las responsabilidades de lo hecho y asumir los errores, pagando por ello, es de pringados, de cobardes, de débiles. Que el ciudadano que paga impuestos es un sujeto despreciable al que se le puede engañar todo lo posible y que dimitir es para otros, no para los que tienen el rostro pétreo, el morro infinito y se encargan de que haya siempre alguien a sueldo que les cubra las espaldas y defienda, a ser posible en medios controlado. Caerá Corredor algún día, lo festejaré, pero la probabilidad de que sea sustituida por una necedad semejante es muy alta. Y si hay otro apagón, ya saben a joderse tocan, que culpables no hay. Ni habrá.