martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.

lunes, marzo 02, 2026

El ataque fue por la mañana

A lo largo de la tarde noche del pasado viernes se sucedieron los mensajes de alerta lanzados por los ministerios de asuntos exteriores de gran cantidad de países, empezando por China y siguiendo por los europeos, solicitando a sus nacionales que abandonasen Irán. A su vez, saltaban alertas de aerolíneas que decidían suspender sus vuelos a Teherán en un movimiento que, casi siempre, precede a un ataque, aunque a veces se produzca con una antelación muy elevada respecto al momento preciso en el que comienzan las hostilidades. Veía todo eso y mi apuesta de que, tras las conversaciones en Ginebra, Trump había decidido golpear, crecía en probabilidades. ¿Cuándo será el momento preciso? ¿Cómo?

No hubo que esperar demasiado, ya que al levantarse el sábado todo el mundo supo que la acción había sido madrugadora, no nocturna, como suele ser en estos casos, sino de día, iniciada ya la mañana en Irán, pasadas las siete en España, con el alba empezando a asomar en la península en una mañana tranquila, fría y soleada. La operación, denominada Furia Épica, en un intento bastante casposo de copiar a lo que parece más una secuela del universo Marvel que a otra cosa, se desarrolla conjuntamente desde el inicio por las fuerzas de EEUU e Israel. En una primera tanda de ataques, en la mañana del sábado, las fuerzas israelíes se centraron en los objetivos de control y mando del régimen, incluyendo las residencias del líder supremo y de numerosos altos cargos del ejército y la seguridad iraní, mientras que los norteamericanos atacaban, vía aviación y el empleo de misiles desde barcos, instalaciones militares, capacidades balísticas, depósitos de munición, complejos relacionados con el desarrollo nuclear y, en general, todo lo relacionado con la capacidad militar del país. Un doble golpe, muy intenso, que buscaba tanto descabezar el régimen como debilitar sustancialmente sus capacidades ofensivas, degradándolas hasta el punto de que no supusieran un problema. Una guerra intensa, de salvas, como se dice ahora en la literatura especializada, sin desplazamiento de tropas sobre el terreno, sólo de lanzamientos de precisión buscando causar el mayor impacto posible en un tiempo breve, que cause una conmoción en el país atacado, una desestabilización de las estructuras de poder. Lo que en un principio parecía ser una operación de advertencia se convirtió, a las pocas horas, en una clara intentona de derrocar al régimen en su conjunto. Hay muchas dudas sobre el por qué de la operación y el cuándo escogido, pero parece que la inteligencia norteamericana detectó a muy primera hora del sábado una reunión entre el líder supremo y gran parte de su cúpula en las instalaciones oficiales del régimen, no en un búnker o algo similar, y la posibilidad real de cazar a todos ellos de un golpe precipitó la ofensiva. Desde el mediodía las fuentes israelíes daban como probable que Ali KAmenei, el líder supremo iraní, con casi cuatro décadas al frente de la dictadura, había caído, junto con una buena parte de su cúpula de seguridad y control. Los norteamericanos no difundieron esta información hasta ya entrada la noche del mismo sábado, dando entonces por segura la muerte del número uno del régimen iraní, y un presentador de la televisión oficial persa lo confirmó, entre sollozos a lo Arias Navarro, en la madrugada europea. El intento de decapitación había sido un éxito, la dimensión del golpe, enorme, las consecuencias potenciales de la acción, espectaculares. El escenario regional había sido completamente alterado de un plumazo y el impacto de la noticia era, a lo largo del domingo, el monotema en los canales informativos de todo el mundo. Esta vez Kamenei no iba a acompañar a Maduro en una celda de Brroklyn, no. Estaba ya en el mundo de los muertos.

A lo largo del fin de semana se han sucedido los ataques norteamericanos e israelíes, y la respuesta iraní, en forma de lanzamiento de misiles y drones contra objetivos situados en todas las naciones ribereñas del golfo pérsico. Estos ataques han causado daños leves, algunas bajas, el absoluto caos aeroportuario en una de las principales regiones de conexión logística de pasajeros del mundo, el corte preventivo del tráfico de buques en el estrecho de Ormuz y la alerta generalizada en toda la región. A esta hora de la mañana, golpeado, el régimen iraní sigue, no ha caído, y se esperan días de bombardeos, respuestas y contrarespuestas en una nueva guerra desatada en la zona. En esta ocasión, con el destino de Irán de fondo. Alucinante.

viernes, febrero 27, 2026

Cocaína por doquier

Esta semana otra mujer, al parecer actriz, ha presentado demanda contra Íñigo Errejón por abusos sexuales, por haber sido forzada por el que parecía un crío inocente. Sobre el personaje, su hipocresía y demás ya he escrito, y otros lo también lo han hecho mejor que yo. Quiero fijarme en un detalle secundario de la denuncia En ella la demandante describe sucintamente la situación que derivó en abuso haciendo hincapié en el consumo de alcohol y cocaína por parte de ambos, agresor y agredida, en un contexto de fiesta, consumo que, por lo que se intuye, no tenía nada de esporádico ni de mínimo. Lo de ponerse de copas hasta arriba no es algo excepcional, pero por lo que parece, colarse con rayas tampoco.

Y digo esto porque los datos, siempre muy imprecisos en este campo, hablan de una realidad de consumo de cocaína que es más que abundante en nuestro entorno. Las principales estimaciones se hacen en función de los alijos decomisados, cada vez mayores, los que se estiman que no se interceptan, y la mejor de las pruebas, el estudio de las aguas residuales de las ciudades, que sirvió en sus tiempos para prevenir las olas de Covid y ahora también señala que la gente se mete polvos en su interior más de lo que podría imaginarse. A grosso modo se estima en un 7% el porcentaje de la población que consume cocaína, y eso en un país de casi cincuenta millones de habitantes es mucho. Mucho. Los consumos se supone que se disparan el fin de semana, por eso del ocio, pero esta droga está muy vinculada también al trabajo, a la activación máxima del cuerpo ante situaciones de tensión, y es por ello que, aunque sí hay picos, se ve que los valles de los días laborales no son muy profundos. Hay un consumo regularizado y sostenido por parte de cientos de miles de personas que ven en esta droga algo de lo más convencional en sus vidas. Por lo que me cuenta alguna persona bastante joven, en su entorno casi es más frecuente el recurso a la cocaína y a drogas sintéticas que al alcohol en sus múltiples variedades, lo que no deja de ser algo chocante. La cocaína es una droga que mata, que destruye al que la consume, que deja secuelas y que destroza los entornos personales y sociales de los lugares en los que penetra, pero aun así sigue teniendo una imagen positiva. A un consumidor de cocaína no se le ve como un adicto, un enganchado, un drogata. Si me apuran incluso lo contrario, como alguien de éxito que recurre a eso para mantenerse en la cresta. Es una droga que tiene un estatus muy especial y que no ha conseguido perder con los años. Así mismo se ha dado en estos últimos tiempos un fenómeno curioso, que es su abaratamiento. Mientras el precio de la cesta de la compra no deja de subir, el de la dosis de coca ha ido bajando a medida que parte de la producción que era consumida en EEUU se derivaba a Europa dado el impacto que el fentanilo ha tenido en el mercado de los adictos norteamericanos. Europa está invadida de alijos, no cesan de llegar de cualquier manera imaginable y sus efectos económicos empiezan a ser más que serios en naciones como Países Bajos, donde la economía de la droga comienza a tener mucho más poder del debido en un sistema político que no es un narcoestado, pero que empieza a tener algunas de sus características. Lo cierto es que el consumidor accede hoy en día a un producto más barato que antaño y de mejor calidad, en el que la pureza es mucho más elevada de lo que solía ser. Ponerse renta más en todos los sentidos. Fuerzas de uno y otro sentido alientan el crecimiento de un mercado que no parece tener techo, y las noticias en las que sucesos de todo tipo tienen implicados a personas que han consumido cocaína se suceden, y son vistas con la naturalidad que refleja la extensión de su consumo en nuestra sociedad. ¿Cómo no va a tomarla él si yo lo hago, o conozco a alguien que lo hace?

¿Toma usted cocaína? ¿Lo ha hecho alguna vez? No, no me conteste, por supuesto, píenselo en su interior. Les confieso que mi papel de recatado en la vida no es una pose, y pese a que he podido hacerlo, nunca he consumido esa droga (y creo que ninguna otra, salvo alcohol) No me llama la atención para nada, no me resulta atractiva, no me estimula su presencia, no me pone, no….. Nunca la he probado, se lo confieso. Lo cierto es que tenemos un problema social con la normalización de algo que no lo es, con el consumo de una sustancia tan dañina. ¿Cuántos de su entorno de trabajo darían positivo en cocaína si se hiciera un control aleatorio un día cualquiera? ¿Cuántos entre su familia o amistades?

jueves, febrero 26, 2026

Juan Carlos I, Rey

Que se muriera Tejero ayer por la tarde fue como si el destino, que no existe, quisiera lanzar un guiño a los españoles, clausurando por todo lo alto la historia del golpe del 23F tras la desclasificación, al mediodía, de la documentación que seguía considerándose como secreta. Tejero era la imagen viva de esa asonada, su aspecto más chusco y visible, y era de los pocos que vivieron aquello en primera persona que seguía entre nosotros. Su muerte, a los 93 años, cierra un círculo y entierra un pasado que, afortunadamente, no llegó a ser. Tejero hizo todo lo posible para que una oscuridad volviera, pero otros, no pocos, consiguieron que no fuera así.

Poca información relevante ha surgido de los papeles desclasificados. No se esperaban grandes secretos, según decían los expertos en la materia, y así ha sido. Si acaso, de una visión general de lo conocido, emerge aún con más fuerza el papel del Rey Juan Carlos y su inquebrantable compromiso con la democracia. El Rey fue un espolón frente al que chocaron las intentonas golpistas, esta y otras que se fraguaron y no llegaron a fructificar. En aquellos momentos Juan Carlos, aunque la Constitución vigente ya le había desposeído de poder efectivo, conservaba un enorme ascendiente en la carrera militar, que constaba de miles de personas con poder real, y que hasta hacía no muchos años se habían repartido el país a su gusto. El ejército de entonces no era el de ahora, ni mucho menos. El miedo que entonces producían los “ruidos de sables” estaba más que justificado. Pues bien, ante este poder militar sublevado, parcialmente pero con ímpetu, Juan Carlos se planta, pone pie en pared. Universalmente conocida es su alusión en TVE esa noche en la que insta a los sublevados a deponer su actitud y a rendirse, a no causar más daños y a dejar las armas. Esa escena, que consagra a Jun Carlos como Rey constitucional, y que algún conspiranoico de tres al cuarto ha tachado de montaje para defender la figura del Rey, se ve ahora que no es sino la culminación de un día en el que, en todo momento, el Rey está en frente a los golpistas. En esos documentos hechos púbicos se ve como Juan Carlos se niega a renunciar a su corona, se niega a exiliarse, afirma que resistirá como sea y que no se doblegará ante el golpe, triunfe o no. Muestra valentía y creencia en la democracia, y se convierte en el mayor poder no controlado por los golpistas que se revuelve contra ellos. Podía haber algún momento de vacilación, duda, deseo de componenda, intento de diálogo para ver lo que se puede sacar de la situación, cualquiera de esas cosas cutres que ahora vemos en la sucia política que nos domina, pero no. Juan Carlos, desde sus primeras palabras registradas, se pone al frente de la democracia española y se determina a resistir cómo y cuánto sea necesario. Muestra valor, porque frente a una actitud violenta como la que entonces se estaba desarrollando la vida de los que mostrasen oposición podía correr riesgo, y pese a ello se juega el tipo en cada momento. Eso hace que algunos de los golpistas, tras su fracaso, expresen un odio desmedido, con lógica, ante la figura que les frenó, el Rey, y afirmen que, para ocasiones posteriores uno de los primeros pasos debe ser neutralizar al Borbón. En esto, y en no pocas cosas, los golpistas y los etarras compartían destino, y su proyecto totalitario pasaba por hacer caer la monarquía, garante de las libertades constitucionales. Unos lo intentaron el 23F, otros varias veces en atentados felizmente frustrados. Sí, Juan Carlos se doctoró como Rey esa noche, pero durante el día desarrollo la lección de manera espléndida. Su figura queda aún más engrandecida tras lo conocido.

Su hijo, Felipe VI, también ha tenido que hacer frente a un golpe de estado, en este caso postmoderno, sin militares con las calles, pero con civiles queriendo hacerse con el poder de manera ilegítima y desmontando la constitución. En 2017, tras la asonada del procés, también Felipe VI sale por la noche a dar un discurso de importancia máxima, y logra que la situación política se encauce tras lo vivido en Cataluña por los totalitarios, en este caso vestidos de independentistas. Pese a las sucias componendas con las que el actual desgobierno ha tratado de reescribir la historia, en ese momento el hijo, como el padre, vuelve a jurar la constitución delante de todos nosotros, y muestra que las libertades que en ellas se recogen exigen a los poderes públicos sumisión, respeto y creencia. No es poca lección en estos tiempos.

miércoles, febrero 25, 2026

Muchas dudas sobre Irán

Pocas novedades en el discurso sobre el estado de la unión que ha pronunciado hoy Trump en el Congreso norteamericano. Casi dos horas de alocución en su estilo desordenado, faltón, soberbio, lleno de ira hacia los que no son exactamente como él. Se ha enorgullecido de los éxitos económicos que vive su nación, a pesar de las trabas que le impone, y el resto han sido insultos varios hacia todo el mundo, empezando por los jueces del Supremo que el viernes declararon ilegales sus aranceles. En el cuarto aniversario de la guerra de Ucrania su desprecio, en forma de ignorancia, a los ciudadanos atacados por Rusia lo dice casi todo.

Sí ha mencionado Irán, aunque poco más que para soltar algunas amenazas vagas, dejando claro que no consentirá que tenga el arma nuclear. Mientras que hoy se vuelven a reunir en Ginebra delegaciones norteamericanas y persas con el objeto de alcanzar algún tipo de acuerdo, la acumulación de tropas y efectivos logísticos en el entorno de Irán prosigue, en una escalada en la región no vista desde la guerra de Irak y con una forma de actuación que se empieza a parecer demasiado a la que preludió la acción militar en Venezuela. Excesiva acumulación militar para luego no hacer nada. Las demandas norteamericanas sobre el régimen son tres, con una de propina; la renuncia plena al programa nuclear, el recorte masivo de su programa de misiles balísticos, el fin del apoyo a todos los grupos afines que desestabilizan la zona en nombre del chiismo y, ya de paso, la apertura democrática y la liberación de los represaliados por la dictadura. Teherán ha dicho varias veces que está dispuesta a mantener conversaciones sobre todos estos temas, pero que la acumulación de líneas rojas que suponen las condiciones norteamericanas hacen inviable un acuerdo. El gran asunto es todo lo que tiene que ver con el programa nuclear. Si recuerdan, en el verano pasado se produjo un ataque norteamericano contra las instalaciones de enriquecimiento de Natzan y Fordo. Se aseguró que quedaron completamente destruidas y que el plan iraní de hacerse con material radiactivo de alta graduación, por así decirlo, se había convertido en historia. Lo que vemos ahora es un desmentido de esa afirmación. Puede que las instalaciones quedasen dañadas, pero el programa sigue. Irán repite sin cesar que lo que busca es material para la generación de energía, y todo el mundo sabe que enriquecimientos por encima del 4% se hacen para lograr material para un arma nuclear, y esa arma, en posesión de los Ayatolas, además de supone un riesgo, sería su absoluta garantía de inmunidad, por eso del pánico que genera conocer la posesión de la bomba. A partir de ahí el juego de amenazas se ha ido sucediendo en la zona, junto con la pérdida progresiva de poder de Irán en la región a causa de las ofensivas israelíes, que han ido laminando la capacidad de Hamas, Hezbollah o lo que quedaba del poder chií en Siria. Nunca el régimen de Teherán ha estado tan acorralado como ahora, y las últimas revueltas, de principios de este año, sofocadas mediante un uso indiscriminado de la violencia por parte de las fuerzas paramilitares afectas al poder de los clérigos, han vuelto a demostrar que la cúpula del poder en Irán sobrevive gracias a su empleo de la fuerza y al ejercicio de la represión. ¿Tiene futuro el régimen? A priori no, pero ha demostrado que es capaz de todo con tal de mantenerse, a sabiendas de que su alternativa no es pasar a la oposición, sino al otro mundo. Por eso las conversaciones que se tienen ahora en Ginebra, que son importantes, pueden ser sólo un compás de espera antes de que se de un tipo de intervención militar norteamericana, con o sin apoyo de Israel, que precipite los acontecimientos.

En todo caso Irán no es Venezuela. Estamos ante un régimen mucho más poderoso y compacto, con estructuras militares y de gobierno bien establecidas, y la caída del líder no implicaría precisamente el desmoronamiento del poder establecido. Lo que sucedió en Caracas puede otorgar a los norteamericanos una falsa sensación de seguridad respecto a sus opciones militares contra los Ayatolas, pero sería caer en un error. Irán es una pieza de caza mayor, y son crecientes las informaciones de fuentes militares de EEUU que hablan de la dificultad de desarrollar una operación militar quirúrgica en el escenario persa. Parece que en unas semanas podemos salir de dudas. O no, ya se verá.

martes, febrero 24, 2026

Cuatro años de guerra en Ucrania

Hoy se cumplen cuatro años desde que Putin lanzó su invasión contra Ucrania, una guerra de agresión que se suponía iba a ser breve y exitosa para el Kremlin y que se ha convertido en la más larga en más de un siglo para los rusos (hace poco superó a la duración para ese país de la IIGM) y que ha convertido el este de la nación invadida en una ruina en la que una tierra de nadie de más de mil kilómetros de largo se extiende, como una cicatriz de muerte, señalando el límite del avance ruso. Una quinta parte de la extensión del país invadido ha sido conquistada, a una velocidad de reptil inmundo, y los destrozos en el conjunto de Ucrania son considerables, y crecientes.

No hay visos de que la guerra termine a corto plazo, y si lo hiciera sería porque se fuerce a los ucranianos a una capitulación en la que debieran ceder territorio, soberanía y recursos. Durante estos años el pueblo ucraniano ha mostrado una fortaleza muy superior a la que nadie hubiera sido capaz de imaginar, y esa resistencia ha sido alimentada tanto por suministros exteriores como por el desarrollo de capacidades propias. La mayor parte del armamento del que han dispuesto los ucranianos ha sido norteamericano, que es el gran productor de occidente en este aspecto, financiado en su mayor parte con dinero europeo. Hasta la llegada de Trump a la presidencia EEUU ha ido aprobando regularmente paquetes de ayuda militar y de intendencia que incluían tanto donativo como material pagado por europeos que se destinaba a las tropas de Kiev para darles con qué luchar. En ucrania esas ayudas han sido decisivas para resistir, pero lo cierto es que el desarrollo de los combates, el disparo tecnológico que vive la guerra, junto a su configuración estática, en una mezcla de siglo XXI con el XIX que nadie hubiera sido capaz de prever, ha hecho que los ucranianos, poco a poco, hayan ido creando elementos militares de ataque de gran eficacia y en cantidades masivas. Esta necesidad se ha espoleado desde que el magnate naranja ha llegado a la presidencia en Washington y ha impuesto una política de hostilidad hacia Kiev que, con altibajos, parece perfectamente diseñada desde un despacho del Kremlin. Ucrania ha logrado desarrollar una industria de drones que es capaz de poner contra las cuerdas a las tropas rusas y causar cientos de bajas diarias, logrando alterar todos los esquemas con los que se inició el ataque. Los rusos, tristemente, también han aprendido sobre estas nuevas tácticas militares, y después del uso intensivo de drones de origen iraní, los sahel, han sido capaces de crear líneas enteras de producción de aparatos que les sirven tanto para atacar en el frente como para golpear a las ciudades del interior y occidente de Ucrania mediante oleadas de cientos de ellos de una sola vez. Enjambres de drones se destruyen mutuamente en la tierra de nadie y matan a todo lo que se mueva en el entorno en un combate de desgaste de enorme crueldad que no sirve para mover unas líneas de frente que, de hacerlo, se repliegan hacia el interior de Ucrania. Se estiman en varios centenares los muertos y heridos que se causan cada día en los combates, y es obvio que el país más pequeño es el que sufre la mayor sangría de población y recursos. Desde Kiev se contempla el deterioro de la situación con angustia, asumiendo que nadie esperaba que se pudiera aguantar tanto, pero con la duda constante de hasta cuándo se puede seguir así, en un proceso de desgaste constante que no parece tener fin. En Kiev importa la vida y futuro de los ucranianos. Huelga decir que en Moscú no, pero allí tampoco importa para nada la vida y el futuro de los rusos, y eso ofrece, si uno quiere seguir el baño de sangre, una excusa perfecta para mantener la guerra sin fin.

El creciente chantaje norteamericano y la debilidad europea a la hora de suministrar armamento pesan como una losa sobre las opciones de Kiev, que sabe que no puede ganar a Rusia pero que toda cesión será una derrota, preludio quizás de una capitulación total en el futuro. La necedad mostrada durante estos años por el ejército ruso es digna de estudio, pero con la matanza de sus propias huestes está logrando destruir la capacidad de Ucrania para sobrevivir como nación independiente, sobre todo si EEUU no cree en ella y no le apoya. Como dijo el excanciller alemán Olaf Scholtz, Ucrania no puede perder, Rusia no puede ganar. En esas estamos, y parecen que aún seguiremos bastante tiempo.

lunes, febrero 23, 2026

El Supremo para a Trump

Se esperaba la sentencia sobre los aranceles fálsamente recíprocos de Trump desde hace tiempo, desde finales de enero ya la invocaban algunos analistas, y existía un cierto consenso en que iba a ser negativa para los intereses del presidente. El caso lo interpusieron varias medianas y pequeñas empresas norteamericanas, perjudicadas por el gravamen dictado desde la Casa Blanca. Sí, sí, las medidas de Trump nos perjudican a nosotros, pero también les perjudican a ellos. Quizás sea la fortuna personal del sujeto y de algunos de sus secuaces lo único que se vea beneficiado por sus políticas.

La cuestión es que fue el pasado viernes por la tarde, hora española, cuando se hizo pública esa sentencia y, en efecto, era un varapalo a las medidas dictadas por Trump. Se consideraban arbitrarios los gravámenes impuestos e ilegal la norma utilizada para ello, por lo que se estimaba la petición de los demandantes de anularlos y de revertir lo ingresado por ello. La sentencia hace referencia a la dificultad de este último punto, dado que estamos hablando de cientos de miles de millones de dólares recaudados que debieran ser reintegrados, con el inmenso lío administrativo que eso supone y el daño a las arcas públicas. Pero el fondo de la sentencia es nítido. Trump actuó de manera arbitraria e ilegal. Al poco respondió el magnate desde la Casa blanca acusando al Supremo de haberse vendido a intereses antinorteamericanos, insultando a los jueces y mostrando hasta qué punto la degradación de la institución presidencial del país no deja de ahondarse en manos de semejante individuo. Prometió reponer los aranceles, y su equipo jurídico ha buscado nuevas fórmulas, de momento provisionales, para imponer un arancel universal a todo el mundo del 10%, que en la noche del sábado subió al 15%, generando aún más confusión en el tablero económico global ante las dudas sobre si esta nueva medida también será ilegal, o sobre dónde quedan ahora los acuerdos comerciales bilaterales firmados entre EEUU y otras naciones para eludir, o al menos suavizar, los aranceles que se impusieron en la primera ronde de agravios, ahora declarada ilegal. Como es habitual con Trump, ruido y caos a mansalva. Lo relevante de lo vivido el viernes, más allá de las consecuencias económicas, es que, por primera vez, una enorme institución del país, el Tribunal Supremo, le ha llevado la contraria al magnate. Tres de los miembros conservadores del Tribunal, algunos de ellos colocados por Trump, han votado en contra de los intereses del presidente que les llevó hasta esa alta magistratura, lo que es algo reseñable, y envidiable visto desde aquí. Es cierto que la pertenencia vitalicia al tribunal hace que los magistrados no se deban a quien les colocó una vez puestos en el cargo, dado que son incesables, sólo la enfermedad o la muerte les puede quitar el puesto, pero siempre da envidia comprobar como una institución en la que la ecuanimidad se encuentra entre los pilares principales que justifican su existencia la ejerce de esa manera. En el primer año de presidencia trumpista el sistema de check & balance, compromisos y cortapisas, por así decirlo, ha fracasado en aquel país. Con el control de la presidencia y las cámaras apenas nadie ha osado llevar la contraria el ególatra supremo, y su presidencia discurre por un decretismo autoritario que no cesa y que va a más. El viernes, por fin, alguien con poder de verdad en EEUU decidió decir basta a quien amenaza con sumir a la nación en el caos. Y aunque sea sólo por eso, debemos celebrar la sentencia del Supremo.

En su escrito de justificación de su voto, contrario el presidente, el juez Gorsuch, conservador, puesto en el Tribunal por Trump, argumentó que las decisiones legislativas de la nación deben tener un componente deliberativo incuestionable, deben por tanto nacer de una contraposición de ideas entre instituciones, sea la presidencia, las cámaras o similar, y en ningún caso la norma debe responder exclusivamente al deseo de una única persona, a las ambiciones de alguien que se apropie el derecho como uso exclusivo en su propio beneficio. Gorsuch defiende en su escrito la esencia de la república norteamericana y la separación de poderes que consagran las constituciones de las democracias liberales. Y si lo hace es porque sabe que ambas, república y constitución, están amenazadas.