Paseando por la ciudad uno puede ver cómo evolucionan muchas tendencias. El parque automovilístico es una de ellas, imposible de eludir. Hasta hace no demasiados años nuestras calles estaban llenas de coches mayoritariamente europeos. Marcas como Renault., Peugeot, Citröen, SEAT o Volkswagen eran las mayoritarias, junto con norteamericanas como Ford y Opel. El segmento de lujo estaba dominado por la tríada alemana Mercedes & BMW & Audi y luego estaban algunas exóticas como Nissan, Hunday, Toyota y otras, que eran visibles, pero se mantenían en nichos bastante concretos, sin salir de ellos.
Hoy el panorama no tiene nada que ver. Se han ido produciendo concentraciones de empresas en grupos que han mantenido las marcas, pero han mostrado la debilidad de las antaño dominadoras del mercado. Renault sigue sola entre las europeas, con su marcada Dacia de bajo coste sosteniendo las ventas, el grupo Stellantis es una especie de Frankenstein que aúna Peugeot, Citröen, FIAT, Opel, tras ser vendida por GM, y otras más, y el grupo Volkswagen, creado hace ya bastantes años, concentra a la casa matriz, Skoda, Audi, SEAT, Cupra y Porsche. Ford languidece a ojos vista. Las ventas de todas estas marcas se han derrumbado, y las asiáticas dominan claramente todos los segmentos. Toyota hace tiempo es el primer constructor mundial, y en Madrid, por ejemplo, la flota de taxis parece un enorme concesionario de esa marca japonesa, donde domina con mayoría absoluta. El consorcio surcoreano KIA & Hunday ha pegado un salto de calidad evidente y se ha hecho con una gran cuota de mercado, y se ha producido el desembarco de las marcas chinas, con denominaciones como BYD, Jaeeco, Omoda, Lynk & Co y muchas otras que hasta hace pocos años nadie conocía y que ahora empiezan a verse por todas partes. Volvo, antaño sueca, ahora mismo también esconde una marca china, como le pasa a la ex británica MG, y fruto del desembarco de Beijing en la industria española, haciéndose con la planta de Nissan en Barcelona, se ven por las calles coches de EBRO, mítica marca nacional de camiones, ahora de automóviles chinos. La revolución de las marcas ha venido al mismo tiempo que la de las motorizaciones. El diésel va camino de desaparecer entre los modelos vendidos, aunque su parque de vehículos en marcha sigue siendo muy considerable, la gasolina es la reina absoluta de los motores térmicos, pero los segmentos híbridos y eléctricos puros crecen sin para, y ahí el dominio asiático y chino es espectacular. Sólo Tesla, norteamericana eléctrica pura ha plantado cara a los productos chinos, pero en segmento de mercado de alta gama que no le permite alcanzar los volúmenes de ventas que los chinos logran gracias a una oferta muy diversificada que abarca todos los segmentos posibles. La digitalización interior de todos los componentes del automóvil también ha supuesto una revolución, de tal manera que ahora los coches están llenos de pantallas, sistemas de conectividad y guiado, pilotos automáticos y, en general, chips por todas partes, que han convertido a la electrónica en algo casi tan fundamental para su mera existencia como lo es el motor. El coche empieza a convertirse en una especie de Tablet con ruedas, no tanto un vehículo a motor, y en ese cambio de paradigma los asiáticos han mostrado ir bastante por delante de los europeos. Muchas de las marcas del viejo continente no han innovado en varios de los aspectos aquí señalados, y se ven ahora superadas por competidores que reciben subvenciones del gobierno de Beijing pero que, no nos engañemos, producen vehículos atractivos, que funcionan y que responden a las necesidades del consumidor. No son Trabant o Ladas soviéticos, no, son coches de verdad que rinden de verdad.
La reunión que celebra hoy Volkswagen en su sede de Wolfsburgo, una ciudad creada en torno a su planta de ensamblaje de coches, es la que le va a servir para anunciar las dimensiones reales de su plan de recorte, que parece que, además de fábricas y modelos, incluirá la eliminación de la marca SEAT. Las cuentas de la multinacional alemana son malas, y no parece que vayan a mejorar en los próximos años a no ser que se jibarice y cambie de mentalidad. Y si Volkswagen está así, el resto de marcas europeas no van mucho mejor. El sector de la automoción europea, antaño claro líder global en ventas, tecnología y prestigio, va camino de perder la batalla en esos tres ejes. El efecto económico y social de este proceso puede ser inmenso.