viernes, julio 03, 2026

250 años de EEUU

Mañana EEUU cumple 250 años, pocos países pueden decir que tienen una fecha de fundación dada, fija, y plasmada, en este caso en la famosa declaración de independencia de 1776. Una muestra de que la historia es impredecible es que nadie hubiera apostado en esas fechas, ni en muchas posteriores, a que esas trece colonias que se desgajaron de la corona británica iban a acabar siendo la nación más poderosa del mundo un par de siglos después y, depende de cómo lo veamos, la más poderosa que ha existido jamás en la Tierra. Con sus luces y sombras, EEUU tiene algo que celebrar mañana, y el objetivo de mantener lo logrado.

Precisamente llega este cumpleaños tan redondo en uno de los momentos más convulsos de la historia reciente del país. Hasta ahora, con aciertos y errores, era una nación que tenía clara su unidad y destino compartido, y también el papel que le correspondía en un mundo hecho, en parte, a imagen y semejanza de sus valores, al servicio de sus intereses. Desde la primera presidencia de Trump es evidente que ha nacido una división en el seno de la sociedad de aquella nación sobre cómo se ve a sí misma. A los europeos esto no nos suena raro, porque nuestros países han estado atravesados por conflictos civiles entre facciones que han tratado de hacerse con el conjunto de la nación desde premisas muy particulares, pero para los norteamericanos esto es nuevo. La unidad interna, el patrioterismo orgulloso que ellos exhiben, no pocas veces caricaturizado desde este lado del mundo, ha sido una de sus mayores fortalezas, y eso empieza a resquebrajarse. Hay una división profunda y creciente entre unos norteamericanos y otros, unos que ven a su nación de una forma radicalmente distinta a la que la contemplan los de enfrente, con una divergencia en las posturas que empieza a quebrar estructuras sociales en las que la política debe ser ajena. Eso es un peligro para toda sociedad, porque esa semilla de división, una vez que germina, resulta mucho más difícil de erradicar que cualquier otra cosa. La segunda presidencia de Trump no está haciendo sino ahondar en este problema, empezando por cuestionar las bases del sistema político de la nación, que ha soportado un cuarto de siglo de andadura sin haber sido jamás derribado por golpes civiles, militares o de otro tipo. Resulta cruel ver como desde naciones como la nuestra, con una experiencia democrática infantil, se pontifican lecciones hacia EEUU sobre cómo no perder la libertad. ¿Exime esto de riesgos a Norteamérica? No, ni mucho menos. Es difícil que suceda, pero también era difícil pensar que desde la presidencia de aquel país se desarrollara un programa de destrucción sistemática de los contrapesos y las costumbres legales que llevaban asentadas tanto y tanto tiempo. La disrupción que se ejecuta cada día desde el despacho oval por parte del populista naranja es asombrosa, pero también una advertencia de que EEUU no es inmune al virus de la degradación que tan bien conocemos los europeos y que, en el pasado, afectó a imperios y naciones que también se creyeron inmunes, bendecidas por los dioses, y elevadas a un rango más allá de la historia. El engreimiento es un camino seguro al fracaso, y no es fácil hacer ver a una potencia de las dimensiones de EEUU de los peligros a los que puede llevar una política populista ejercida desde sus propias instituciones. Para los que siempre hemos admirado a los padres fundadores de aquella nación, a los que pensamos que Franklin, Jefferson o Washington tuvieron la visión de crear una estructura política superior a todo lo conocido, la menos mala de las existentes, a los que creemos que presidentes como Lincoln o Roosevelt han encarnado lo mejor de eso que llamamos occidente, contemplar la deriva actual de EEUU nos duele, nos apena y, desde luego, nos preocupa. No podemos vivir en el mundo de hoy sin el papel que EEUU está destinado a cumplir en él.

Una muestra de la división del país es que gran parte de los actos previstos para este fin de semana se han suspendido porque Trump los ha querido patrimonializar para convertirlos en loas a su persona. Festivales de música que se iban a celebrar en Washington han visto como las estrellas de sus carteles se han caído a medida que el presidente iba convirtiendo lo que estaba previsto que fuera un homenaje a la historia de la nación en un mero acto de propaganda MAGA a su más absoluto beneficio. Este es el camino que acaba destruyendo consensos, generando rencillas profundas y debilitando a las sociedades. Sí, también las puede llevar a su enfrentamiento.

jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.

viernes, junio 26, 2026

Primera ola de calor

Si en lo político esta semana la cosa ha estado calentita, ni les cuento en lo meteorológico. Casi toda la España peninsular ha sufrido en sus carnes una ola de calor, de la que los más afortunados por su liviandad han sido los residentes en la esquina suroeste. Sí, esta vez Huelva o Sevilla no se han llevado la palma de las temperaturas, ni de las noches tropicales, que en el caso de Almería han pasado a ser dos niveles superiores, saltándose las tórridas y llegando a las infernales, cuando las mínimas no bajan de los 30 grados. Tres noches han tenido seguidas de este tipo, lo que supongo implica desesperación absoluta, porque las pasadas en Madrid claramente por encima de los 20 no han sido nada divertidas.

Donde esta ola, la primera del verano, ya ha sido histórica, es en el norte. Asturias pero, sobre todo, Cantabria, País Vasco y Navarra han superado récords de junio y absolutos con una facilidad pasmosa, en medio de un ambiente completamente despejado, con trazas de calima y escaso refresco nocturno. Noches tropicales que han ido seguidas de jornadas por encima de los cuarenta grados de manera consecutiva, enlazadas una tras otra en una secuencia que, tengo que revisar los datos de Elorrio, pueden haber sido récord desde que los tengo. Cuatro días seguidos por encima de cuarenta es algo anómalo allí, pero que se ha convertido en otro hito superado en el proceso de subida progresiva de las temperaturas medias que se vive en nuestro país y entorno. El calor en la meseta o en el sur es duro, pero existe costumbre frente a él, formas de vida, entornos, tecnología, etc. En el norte alcanzar los cuarenta no es tan exótico, es bastante habitual que un día al año se logre, pero es ese día, el día de los cuarenta, no una secuencia de varios y, sobre todo, tras ese día de cuarenta suele llegar algún tipo de derrumbe en forma de tormenta, role de viento o similar. Esta vez no se ha vivido nada de eso. Ayer, que se alcanzaron los treinta y ocho, como si fueran un regalo, hubo amagos de tormenta por el norte, pero tampoco nada del otro mundo. Parece que hoy la tendencia a bajar las temperaturas por allí se consolida y se mantendrá varios días, de tal manera que el inicio de la semana que viene pillará a Bilbao y alrededores en el entorno de los veintitantos. Y, como les anticipaba, frente a la costumbre del sur, el norte no sabe combatir esas temperaturas, no están preparados ni los cuerpos ni las viviendas ni las infraestructuras. No se si habrá algún piso con aire acondicionado en mi pueblo, pero tengo dudas. Es probable que alguna casa o chalet disponga de ello, pero como algo exótico, como la piscina particular, que es una de las mayores excentricidades que se pueden ver por arriba, signo de ostentación donde los haya. Sospecho que los ventiladores se habrán agotado en las tiendas y sus fabricantes estarán haciendo el agosto adelantado, pero un ventilador de esos pequeños que se ponen en las habitaciones, aunque hace su labor, no es capaz de cubrir las necesidades de una familia, o de alguien mayor para el que la regulación de la temperatura es algo que su cuerpo ya no realiza de manera correcta. Toldos, parasoles y ventiladores de techo son ideas muy prácticas y efectivas, pero que deben ser instaladas previamente, requiriendo una inversión mayor y obras, en algunos casos escasas, en otros no tantas. Se han dado casos de centros de salud urbanos en Bilbao en los que las temperaturas interiores superaban claramente los treinta grados, de tal manera que se convertían en lugares peligrosos para sus trabajadores y los que a ellos acuden, máxime cuando se supone que no lo hacen en la mejor de las condiciones físicas. Algunos de estos centros son de reciente construcción, lo que muestra las carencias con las que se han planificado. Es cierto que las olas de calor tienen un componente de punta que es breve en el tiempo, pero la persistencia de las altas temperaturas y los picos más altos es algo que se está cronificando poco a poco en esos entornos donde eso antes era un relato propio de la estancia de vacaciones en otros lugares. Salvo las oficinas modernas, las instalaciones de climatización no están para nada adaptadas a los veranos que nos tocan.

Y si en Bilbao esto ha sido duro, piensen en París o Burdeos, que también han superado claramente los 40, o en Londres por encima de los 35. Esas ciudades, países en general, tienen el calor como un elemento exótico, propio de relatos de verano en el sur de Europa o, directamente, de cuentos coloniales. Allí no ha hecho calor casi nunca, y las vías del tren o las carreteras empiezan a fallar cuando se superan umbrales de temperatura que en el sur de España son convencionales en verano. La ola en el norte y centro de Europa no ha remitido aún, y sus consecuencias son significativas. Las medidas preventivas ante hechos de este tipo deben ser planificadas con premura, porque estas temperaturas desatadas se van a repetir cada vez con más frecuencia.

Subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de julio

jueves, junio 25, 2026

La ciega soberbia

Se que me repito, a todos nos pasa, pero más a los que no callamos. Lo que no está en Homero o en la Biblia lo teatraliza Shakespeare o lo novela Cervantes. En Macbeth las tres brujas comen la cabeza al noble escoces, le hacen creer que él es el mejor y le anticipan su reinado, y preso de codicia, con el inestimable apoyo de su esposa, comienza una carrera de sangre y destrucción hasta lograr el soñado poder, desde el que ejercerá con la misma ira con la que llegó, y así cavará su tumba. La historia que se relata en la obra es la de un fracaso absoluto, la de la destrucción de un reino por las ambiciones de una persona. Los hay que prefieren ver un relato de heroísmo, pero no es así. Es una advertencia ante el peligro de creerse el poder.

Sánchez ejemplifica bastante bien el relato shakesperiano, trasladándolo a unos tiempos modernos en los que la liquidación de los adversarios políticos no pasa por su ejecución en la plaza público o por el sombrío asesinato en las alcobas. Llegado a la secretaría general del partido y a la presidencia del gobierno de una manera rupturista frente a los usos de la democracia española, se ha mantenido en el poder a base de mentir sin tapujos durante años, prometer cosas que nunca se cumplirían y traicionar a propios y extraños con el único objetivo de ser él el que se mantenga en el poder. A lo largo de este tiempo la figura de su gobierno se ha ido desdibujando, el mensaje socialdemócrata, que sirvió como trampantojo para enganchar al electorado, se ha travestido en mero culto al líder y su partido se ha ido jibarizando hasta convertirse en poco más de una secta de acólitos al que manda que ya no son capaces de hacer nada sin su permiso y que viven completamente desconectados de la realidad. Los constantes casos de corrupción que afloran desde hace tiempo en el entorno del presidente, sea cual sea el punto al que miremos, son tratados por él como algo ajeno, similar a fenómenos meteorológicos que se suceden en el cielo ante los que no hay responsabilidad alguna que se pueda achacar a quien lo dicta todo. Es precisamente la naturalidad con la que Sánchez miente sin cesar lo que ha destruido la credibilidad del personaje en el conjunto de la sociedad española, que en un momento dado lo recibió como un regenerador tras la estela de corrupción que arrasó el PP de Rajoy. Coincidía su llegada con las ascuas aún bien calientes del movimiento 15M, una llamada social a la regeneración del país que unos aprovecharon, otros desperdiciaron y, los más, exprimieron para su propio beneficio. Sánchez tuvo mucho olfato para detectar el sentimiento que existía cuando se embarcó de camino al poder, y desde entonces mantenerse en él ha sido su único objetivo, una obsesión que no logro entender, que se ha transformado en la destrucción del personaje y su marca a lo largo y ancho del país, de una manera que resulta tan obvia que sólo los que sigue cobrando gracias a él son capaces de combatir, como buenos empleados que son. El acto parlamentario que se vivió ayer, que vi de manera resumida por la noche, no fue sino la enésima reiteración de los comportamientos ya conocidos. Un sujeto soberbio hasta el extremo que se presenta ajeno a toda mancha que le rodea, una oposición cargada de razones pero que no logra construir el argumentario debido y unos socios de gobierno que sigue hundiéndose en la irrelevancia a cambio de las elevadas nóminas que ocupan en los cargos que, lo sabe, perderán el día en el caiga el gobierno, y, lo saben, al contrario que las oscuras golondrinas, no volverán. Un conjunto de mediocridades reiterativas en la sala de plenos del Congreso, en otro ejercicio de devaluación de la Cámara, uno más. En cierto modo, es algo coherente, dado el desprecio con el que Sánchez trata las instituciones que se diseñaron para limitar el poder, para deliberar, para frenar las ansias de quien se cree por encima de todo.

Con un estilo muy distinto, con formas opuestas, Sánchez es un presidente muy trumpista, muy en la línea de creerse por encima de todo y de todos que se estila en la Casa Blanca desde que el populista naranja se hizo con ella. Sánchez no se caga en los muertos de nadie, ni insulta sin cesar (Óscar, el indeseable, Puente sí) pero comparte el desprecio a la democracia como sistema de contrapesos y de limitaciones. Si el presidente soy yo, ¿quién me va a limitar? ¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me venga en gana porque mando yo, y sólo yo? Más de un pelota, bien remunerado, aún queda en los pasillos de Moncloa y en no pocos medios reiterando los síes fieles a estas preguntas cuando su líder se las hace. No esperen que Sánchez dimita, aunque se vea envuelto en causas corruptas que le afecten a él mismo. Nunca lo hará.

miércoles, junio 24, 2026

El infinito poder de Alan Greenspan

Hubo unos años en los que Alan Greenspan no sólo era una de las personas más poderosas del mundo, sino también de las más admiradas. Capacidad de decisión y calidad de conocimiento se aunaban en un personaje de gafas grandes y calvicie creciente que acabó completamente pelado cuando alcanzó sus años de gloria. Recuerdo una tarde en el centro de cálculo de la Universidad, cuando estaba haciendo cursos postdoctorales (qué tiempos, qué envidia) en la que Greenspan comparecía, y sus palabras hicieron caer la bolsa norteamericana a plomo. Uno de mis compañeros de entonces, el gran PBN, empezó a cagarse en los muertos de Alan y en toda su familia viva, mientras que el SP bajaba. Todos conocíamos a Alan.

Greenspan estuvo diecinueve años, que se dice rápido, al frente de la FED, el banco central de EEUU, el organismo monetario más importante del mundo. Su gestión abarcó cuatro presidencias, multitud de crisis pequeñas y medianas, booms del mercado y situaciones de todo tipo. Instauró una gestión profesionalizada al frente de la institución, sistematizando procesos y dando cada vez más importancia a la información cuantitativa a la hora de la toma de decisiones. En su mandato se pasó de los ordenadores como algo exótico al dominio de la tecnología para la gestión financiera y estadística, en lo que supuso una revolución que, aún hoy, sigue imparable. Greenspan supo ver la importancia de la informática tanto como herramienta para su trabajo como sector productivo capaz de revolucionar al resto. Amigo de la teoría de las expectativas racionales, que acabaría siendo el paradigma de la economía en esos tiempos, se encargo de dictar lo que se denominó desde entonces las “forward guidance”, catálogo de intenciones de política monetaria previsibles, de tal manera que la FED, además de un regulador, se convirtiera en un agente económico fiable, no dado a las sorpresas. La idea era que ese conocimiento anticipado de lo que la Fed iba a hacer diera a los mercados la tranquilidad de un rumbo, de que el objetivo de inflación del 2% se mantendría como foco inamovible y que la rigurosidad de la institución sería el ancla en los tiempos turbulentos y en los días despejados. Durante los años de la presidencia de Clinton formó un tándem operativo con Robert Rubin, Secretario del Tesoro de aquel gobierno, que les hizo mundialmente famosos en el mundo de la economía y que llevó a EEUU a tasas de crecimiento sostenidas durante muchos años. Empezó ahí el despegue absoluto de esa economía, que aún por entonces se podía ver desde la distancia desde la Europa occidental, pero que ya empezaba a marcharse al infinito. Los años de la gran moderación, como se le empezaría a llamar entonces, con tasas de crecimiento económico, desempleo a la baja e inflación controlada eran el paraíso de los economistas y la balsa de aceite sobre la que crecía la prosperidad occidental. Muchos veían a Greenspan como una especie de mago que tocaba pocas teclas, pero siempre las acertadas y en el momento preciso, y su aura de infalibilidad creció hasta niveles delirantes. Bob Bodward llegó a escribir uno de sus libros, titulado “maestro” en el que la imagen de Alan ocupa toda la portada y es una especie de hagiografía desatada, una larga carta de agradecimiento a quien el periodista veía como uno de los principales artífices de la prosperidad de su país. También se recuerda mucho ese día en el que Greenspan habló de la “exhuberancia irraciona” de los mercados, pronunciada en 1996, en medio de la subida bursátil de la tecnología, que advertía de una posible burbuja en aquel mercado. Greenspan acertó, pero cuatro años antes de lo debido, lo que en economía es errar por mucho. Ese día sus palabras hundieron una bolsa que se recuperó al poco. Quizás fuera ese justo el momento en el que mi querido PBN se ciscó en todo, o no.

Greenspan pudo lidiar con la burbuja puntocom de 2000, y se fue de la FED en 2006 en medio de la aclamación global, sucedido por un desconocido profesor de Princeton llamado Ben Bernanke. En 2007 comenzó una tormenta que se convirtió, en 2008, en la gran recesión, que lo hundió todo. También la imagen del propio Greenspan, que se vio acusado por todos de no haber visto lo que venía y haber mantenido la burbuja de crédito desatada en los últimos años de su mandato. Greenspan trató de defender su legado, inútilmente, y fue Bernanke quien, junto con otros, nos salvó del desastre. Amante del jazz, saxofonista de gran nivel, ha fallecido a los 100 años. Hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en mito.

martes, junio 23, 2026

Spielberg, y El día de la revelación

Acudir a una sala de cine y que se proyecté eso de “Dirigido por Steven Speilberg” no es sólo una garantía de calidad asegurada, sino volver al terreno añorado, a una casa en la que se sabe uno querido y se encuentra a gusto. Aún las películas que no son redondas de Spielberg entregan mucho más de la medía, y sospecho que nunca podremos agradecerlo lo que ha creado para todos, las imágenes en las que ha plasmado sus propios deseos vitales y nos los ha convertido en propios. Todos tenemos una peli de Spielberg, una escena particular, que ha penetrado hasta lo más profundo, que nos ha marcado. Eso pocos autores lo pueden decir. Muy muy pocos.

El título de la película no hace referencia al momento en el que Aldama empezó a desvelar las andanzas de Ábalos y la troupe de golfos que conformaban todos juntos, sino a la visión que el genio muestra de las conspiraciones ufológicas. Quiere creer el maestro que los extraterrestres han llegado hasta nosotros, en décadas pasadas, y que permanecen de alguna manera aquí. Sueña con el hecho de que si han logrado alcanzarnos no sólo poseen una tecnología fascinantemente superior a la nuestras, sino un grado evolutivo mucho mayor en el que la mayor parte de los instintos violentos que los humanos mostramos en demasía se han perdido, en aras de una convivencia colectiva en armonía, que aporta muchos más beneficios. Esa premisa ha estado presente en todas sus historias en las que ha habido un componente extraterrestre, es marca de la casa, y por tanto se puede considerar como el mayor hándicap a la hora de disfrutar de esta película, pero el mismo problema lo tenía ET o Encuentros en la tercera fase. La diferencia, si me apuran, es el nivel de cinismo que se ha alcanzado actualmente en la sociedad, donde la desconfianza en la dirigencia y en quienes ostentan cualquier cargo de responsabilidad es no ya creciente, sino casi imposible de superar (y viendo lo de Ábalos y sus jefes qué decirles). Spielberg habla al mundo desde una visión buenista, aunque no me gusta la palabra, que la sociedad no comparte, o ya no siente como propia, y eso lastra el resultado de esta película, en la que el desenlace puede no estar a la altura de las expectativas, en la que el clímax se alcanza justo en el vacío del conocimiento de una verdad oculta que muchos considerarían como una patraña más en un mundo de pantallas en el que el consumo de contenidos artificiosos no deja de crecer y que acabará superando al de historias reales. Si nos abstraemos de ese problema, la película funciona muy bien como una historia de tensión, persecuciones y personajes sometidos a fuerzas que les superan, sean estas muy terrenales o de origen paranormal. Como es marca de la casa, la producción resulta impecable y el realismo de todo lo que se ve es incuestionable. Spielberg sigue demostrando que, a su edad, nadie rueda como él, nadie es capaz de contar sólo con imágenes escenas completas, en las que los personajes se desnudan y relatan historias sin decir una sola palabra, porque lo que vemos ya nos lo cuenta. Eso es cine. En este sentido las cotas alcanzadas en Los Fabelman, su anterior trabajo, uno de los más deslumbrantes de entre los suyos, se muestran insuperables, no llegando en este filme a ese nivel de relato, pero es cierto que, como película de acción, la cinta no pivota tanto como la anterior en la vida interior de los personajes y sus relaciones como en la propia supervivencia de los mismos y de sus huidas. En todo caso, sea en las escenas de acción o en las relajadas, la precisión con la que rueda Spielberg logra sacar todo el jugo posible a un conjunto de actores que se muestra algo irregular, especialmente en sus caracteres masculinos, pero que desborda en los femeninos, con Emily Blunt y Eve Hewson comiéndose la tostada a todos los que comparte escena con ellos.

Si se quiere ver como una peli de acción, lo es. Si se quiere interpretarla como un alegato conspiranoico, funciona, si se busca una historia de encuentro y redención en la que el cariño entre personas y seres sea lo dominante, también cumple como tal. Las críticas que ha recibido el filme son dispares, y creo que, como señalaba al principio, se envuelven en exceso en un cinismo social que tacha a Spielberg de ingenuo, de ñoño, de no ser el adulto serio y duro que debe ser en el mundo de hoy. Es curioso que quien logró que muchos cerrasen los ojos porque no soportaban lo que Steven les mostraba en Omaha Beach el Día D sea tachado de infantiloide. Cada uno de los planos de sus películas velen mucho más que lo que yo pueda crear a lo largo de mi vida, y ese es punto de partida desde el que establezco mi juicio hacia su obra.