Esta semana ha tenido lugar un encuentro misterioso en Moscú que ha levantado las suspicacias de medio mundo. Hasta allí viajó el director general de la CIA, John Ratcliffe, el jefe del espionaje civil norteamericano, para reunirse no se sabe muy bien con quién ni para qué. Se supone que se vio con su homólogo, el jefe de la FSB, la agencia de seguridad e inteligencia del Kremlin, pero no se han dado detalles. Si todo lo relacionado con el espionaje suele ser opaco, imagínense lo que traman los jefes del mismo cuando deciden quedar. Sólo el hecho del desplazamiento convierte a lo sucedido en algo muy relevante.
Si uno bucea por ahí, en medio de los mensajes oficiales que quieren quitar pero a ese viaje, la interpretación más extendida, a saber si es cierta, es que el viaje ha sido para mandar una advertencia a los rusos sobre sus planes futuros en Ucrania y Europa. Durante este verano hemos asistido a una constante escalada en la intensidad de los ataques en el frente ucraniano, que se ha extendido por la estepa rusa en forma de ataque con drones contra instalaciones energéticas y de logística. Por su parte, Rusia ha intensificado los disparos de drones y misiles contra los objetivos ucranianos, a sabiendas de que Kiev anda muy escaso de interceptores. Esta escasez de munición, que también adolece EEUU, hecho al que ya nos hemos referido aquí en días anteriores, es conocida por todos y abre una ventana de “tentación” a actores hostiles para actuar y tratar de ver si realmente la capacidad norteamericana de respuesta está en entredicho. A lo largo del verano han ido creciendo los rumores de que Rusia lanzaría en otoño intentonas para testar la voluntad de la OTAN, en forma de ataques localizados contra, por ejemplo, los países bálticos, o Rumania, en general naciones de la alianza que estén en su más corto radio de acción y que le sirvan para ver cómo reacciona una asociación defensiva que está más que en entredicho y desarbolada por parte de su gran miembro, EEUU. Incluso, refiriéndose al teatro de operaciones ucraniano, se está especulando con que Rusia pueda usar armamento nuclear táctico dentro de su reforzada campaña de otoño. Todo esto son especulaciones que se basan en análisis de inteligencia y el olfato de expertos, pero que, por su propia naturaleza, carecen de confirmación. Pues bien, el objetivo de esta visita del jefe del espionaje de EEUU a Moscú sería el de disuadir a Rusia de hacer cosas de estas, de advertirle de que si escala la guerra a un país de la OTAN los EEUU se verían obligados a intervenir. Vamos, una especie de amenaza preventiva para que las cosas no lleguen a suceder. Desde fuentes rusas, que normalmente mienten mucho y no aclaran nada, han tachado de imaginaciones sin fundamento todos esos escenarios de escalada, de amenaza a terceros y demás, calificándolas de propaganda y desinformación, pero es sabido que la relación de la portavocía rusa con la verdad es, para entendernos, sanchista. Si recuerdan, al inicio de 2022 se produjo un momento muy especial, en el que la inteligencia norteamericana daba por hecho que se iba a producir un ataque ruso sobre Ucrania, y se dedicó a pregonar su información por todas partes, en lo que se llamó la “inteligencia del megáfono” para que ese conocimiento publicitado fuera el antídoto ante las ideas militaristas de Putin. La táctica no funcionó, y Rusia emprendió su ofensiva el 22 de febrero de ese año de la manera en la que los EEUU dijeron que lo iba a hacer, dejando claro que su información era buena y que no mentían. Muchos, empezando por los incrédulos ucranianos, tuvieron que admitir con dolo que las advertencias que les llegaban desde hacía semanas, y a las que no prestaron el caso debido por considerarlas fantasiosas, se convirtieron en cruda realidad, que aún sigue en forma de muertes y ataques diarios en ese castigado país.
¿Estamos ante algo similar? ¿Son esos rumores de ampliación de la guerra filtraciones interesadas de la inteligencia norteamericana que buscan frenar a Rusia desvelando sus planes? No es descartable, pero sólo el tiempo y lo que suceda determinarán si eso es así o no. El hecho de que la administración norteamericana esté ahora en manos de los desquiciados trumpistas lo complica todo, la verdad, y lo vuelve, si cabe, más peligroso. No se que pensar, más allá de que el otoño pinta muy peligroso para Kiev, y que esa sensación de que falta munición en los arsenales norteamericanos, unida a su ridícula actuación en Irán, van a alentar a algunos a hacer cosas (sí, también en Ceuta y Melilla). Toca esperar, ver y cruzar los dedos.