miércoles, octubre 21, 2026

Trump traiciona a occidente

La semana pasada le dedicamos un artículo al apagado de Starlink y a las veleidades que, desde EEUU, se estaban cometiendo sobre Ucrania, manteniendo la duda sobre si estábamos ante un caso de dejadez, prudencia interesada o algo más sucio. Las declaraciones que el sujeto naranja ha ido pregonando a las bravas durante los últimos días dejan bastante claro lo sucedido, y nos ponen directamente en el peor de los escenarios. Sea por interés o convicción, Trump ya no se corta a la hora de mostrarse como un aliado de Putin en el contexto internacional, y mientras que sólo dirige elogios hacia Moscú, ha soltado amenazas y órdenes de cese a un Zelensky que sigue asediado por los ataques rusos.

Sí, Trump ha dicho alto y claro que Zelesnky debe dejar el poder en Kiev, que ya no es un interlocutor válido, le ha acusado de ser el causante de la subida de precios de los combustibles y poco le ha faltado para culparle del asesinato de Kennedy, en una serie de declaraciones que han dejado espantado a medio mundo, concretamente al medio mundo occidental, liberal y democrático, y que, escuchadas desde el kremlin, han sonado a gloria. Para más inri, desde Moscú se ha sugerido estos días la celebración de una cumbre tripartita entre EEUU, China y Rusia para debatir sobre el futuro de Ucrania y de otros temas aledaños, en una especie de reedición de Yalta, la cumbre de las potencias que iban a vencer en la IIGM y que empezó a rediseñar el mundo posterior a la batalla. Huelga decir que la idea de Moscú es que en esa cumbre entre potencias Ucrania no esté presente de manera directa, que se discuta sobre su futuro, su estatus, su posible partición, su hipotético reparto, sin que el país afectado, el agredido por la guerra invasora de Putin, tenga si quiera un asiento para escuchar. Es asombroso. Y aterrador. Si esa reunión se acaba produciendo, cosa que está por ver, ¿qué impide a esas naciones determinar lo que sea respecto a los asuntos que les plazca? Como me comentó un amigo hace un par de días al hablar sobre esto (sí, también soy un pesado en mi vida real) si lo hacen es porque pueden, y ya no se cortan a la hora de exhibirlo. Es crudo, pero el análisis me parece certero. Emborrachados por la sensación de ser invulnerables, los trumpistas han llevado a EEUU a la unilateralidad absoluta, y China, cuyo ascenso global es incuestionable, mantiene por ahora una posición internacional que es mucho menor respecto a sus capacidades económicas. Que ambas naciones, con Rusia como convidado nuclear belicoso, a la sombra de China, decidan abandonar al resto y parcelar el mundo y sus reglas a su antojo es una posibilidad nada descartable. Creo que cometerían un enorme error, no sólo por lo que esa decisión supondría para naciones menores o irrelevantes, como puede ser todo el conglomerado que formamos la UE, sino porque a lo largo de este 2026 se ha visto la incapacidad de EEUU de proyectar su poder duro en la guerra de Irán. El desastre en el que se ha enfangado el ejército norteamericano en el golfo, su incapacidad para valorar la respuesta de Teherán, el disparate de precios energéticos que ha provocado tras dejar Ormuz medio bloqueado y en manos del gobierno iraní… EEUU ha hecho el ridículo militar delante de todo el mundo, siendo incapaz de doblegar a un rival militarmente mucho menor, pero que ha mostrado una habilidad innegable a la hora de gestionar sus capacidades y los recursos de la moderna (y baratísima) tecnología de drones, frente a la apabullante, lenta y extremadamente cara maquinaria norteamericana, que ha quedado tocada por escasez de suministros tras apenas un par de meses de conflicto. Sí, EEUU y China son potencias hegemónicas globales, pero no tienen tanto poder como ellas creen, y si buscan rediseñar el mundo a su antojo se pueden encontrar con graves problemas que les perjudiquen.

Durante décadas EEUU ha sabido que su poder se asentaba en el mayor ejército del mundo, sí, pero también en una red de alianzas globales sostenidas por la credibilidad y el tiempo, lo que le permitía tener aliados en todas partes y capacidades de uso, inteligencia, información y suministro mucho más allá de lo que pudiera soñar nadie. Destruir todo eso, que es en lo que parece que está Trump, debilitaría mucho las capacidades del ejército, que seguiría siendo inmenso, pero mucho menos de lo que pudo ser. En ese juego de Risk entre potencias el resto perderemos, pero no tengo nada claro qué pueden acabar ganando ellas, sobre todo EEUU. China es otro caso, a sabiendas de que lo que debilite a EEUU le fortalece. ¿Juega a eso?

martes, octubre 20, 2026

Historia del telediario, para Ana Blanco

Ayer, con motivo del setenta aniversario de TVE, se emitió una edición especial del Telediario en el que algunos de los presentadores que han pasado a lo largo de estos años por la casa hicieron su entradilla a las noticias que consideraron más relevantes en todo este tiempo, algunas entre la infinidad de las habidas. Junto a ellos, reporteros de la casa actuales y míticos realizaron locuciones sobre imágenes que contextualizaban la noticia seleccionada, en la que se añadían otras de estilo similar y se hablaba del paso del tiempo en la percepción que ese suceso había dejado en la sociedad. Fue un interesante ejercicio visual y, en parte, de añoranza.

No, cualquier tiempo pasado no fue mejor, no, pero lo nuevo no tiene por qué ser sinónimo de bueno, y soy partidario de dejar que siga lo que funciona y cambiar o arreglar lo que no. De todos los presentadores seleccionados que apareciendo ayer me quedo con Ana Blanco. Ella seleccionó el 11S, la locura con la que se inició nuestro siglo, y en los pocos minutos en los que estuvo delante de la cámara, dio una lección a la gran mayoría de los que hoy se ponen al frente de una cámara en nuestro país para dar noticias. Blanco se jubiló hace no muchos años, salió de la pantalla, en la que había vivido décadas, con un silencio atronador, sin solicitar atenciones ni recibirlas como es debido. Simplemente lo dejó. Tengo mis ideas de por qué, y viéndola ayer me reafirmé en ellas. Blanco es la representante de un periodismo de noticias serio, riguroso, que busca la objetividad, a veces la encuentra y a veces no, pero que en todo momento sabe que está realizando un trabajo profesional, que trata de ser creíble y ve al espectador como un ciudadano que requiere información. Ana Blanco es la antítesis de lo que domina hoy en los medios, televisivos y redes, en los que la inmediatez, el ruido, el adoctrinamiento y el espectáculo lo han copado todo. La propia TVE ha sido la abanderada en la extensión hasta el extremo de un formato de infoentretenimiento que es la mayor perversión de lo que puede representar el trabajo del periodista de informativos, y eso sin contar con el evidente sesgo partidista que todos esos programas tiene ahora mismo en la desvencijada corporación pública. Blanco se pasó la mayor parte de su visa sentada frente a una mesa, contando noticias con una dicción precisa, una entonación suave, nada estridente, nada impostada. Era una imagen de credibilidad enorme. Algunos la acusaban de fría, de aburrida, pero es que creo que los informativos deben ser así, fríos, muy fríos. Si alguien quiere espectáculo que se vaya a los magazines de noche, si es que encuentra entretenimiento en ellos. Contar noticias es una labor seria, en la que hay profesionales que se juegan el tipo en situaciones peligrosas, en la que expertos de verdad saben de los temas de los que hablan cuando son preguntados, en la que hay horas y horas de profesionalidad metidas en piezas de pocos minutos, que a veces quedan mejor y otras peor, porque todos erramos, pero que día tras día se levantan con el mantra que debiera estar en la mente del periodista. Ir, ver, volver y contar. En esas cuatro palabras no hay conceptos como seguidor, redes, trending topic, petar, relato o las demás bobadas que han acabado inundando el mundo informativo de hoy en día. Más allá de la relación de los medios con el poder, que debe ser siempre lo más crítica posible, el informativo debe realizar una labor de composición de la actualidad, de criba y explicación, en la que el rigor debe pesar por encima de todo lo demás. Siempre ha habido informativos de autor con características muy especiales, los de TVE siempre estaban más a favor del gobierno de turno que de la oposición, nada es perfecto, y pretenderlo es absurdo, pero antes existían unas pautas profesionales que impedían que muchos de los horrores que hoy se emiten a diario fueran posibles, no ya por el sesgo, sino simplemente por la cutrez, por la vergüenza que producen.

Creo que Ana Blanco huyó en cuanto pudo de un medio en el que lo fue todo, porque todo el mundo le admiraba, al ver cómo ese medio era devorado por otra forma de hacer las cosas que ella ni compartía ni quería ni entendía. Ana Blanco desapareció sin rencores, pero sin querer saber nada de lo que había hecho durante tantos años de carrera, y decidió esconderse. Sospecho que cuando pone ahora la televisión se le amarga el gesto y se siente ajena a casi todo lo que ve, se siente con algo de rabia por la destrucción de una manera de hacer las cosas que ella encarnó como casi nadie. Si, ayer bastaron un par de minutos para que Ana Balnco hiciera callar a tantos. Menuda lección.

lunes, octubre 19, 2026

Francia incendiada

El pasado sábado, mientras en Madrid el tiempo aún aguantaba y la tarde era un ir y venir de gente llenado calles y locales, en Francia se sucedían las protestas violentas tras una serie de nuevas manifestaciones, encabezadas por los estudiantes. A lo largo de la tarde las redes se iban llenando de escenas de violencia en París, Marsella, Lyon y otras tantas localidades galas, en las que el protagonismo había dejado claramente de estar en manos de los que encabezaban reivindicaciones sociales para pasar a grupos de guerrilla urbana, pillaje o, directamente, invasión. La violencia escaló hasta alcanzar dimensiones no vistas en muchos años, y los saqueos se sucedieron sin freno.

Quizás la imagen icónica de ese día vaya a ser la del incendio y destrucción del ayuntamiento de Limoges, dotado de un campanario que sucumbe a las llamas y cae en una especie de secuela civil de la flecha abatida de Notre Dame, esta vez no por la desgracia fortuita sino por la mala acción premeditada de unos energúmenos. El balance que dejó ese día, repetido de manera más moderada ayer, es propio de quedar registrado en los libros de historia bajo epígrafes como “el día de la ira” o cosas por el estilo. Más de dos mil detenidos, cientos de policías heridos, un fallecido entre los manifestantes, unos mil quinientos locales afectados por los destrozos, con daños que van desde significativos hasta totales, enormes pérdidas de mobiliario urbano y de dotaciones públicas… es imposible hacer un balance rápido de lo que ha supuesto ese día, pero es probable que la factura se mida en muchos millones de euros, a los que habrá que añadir el lucro cesante, aún más complejo de evaluar, de un fin de semana de turismo en el país que se transformó en reclusión forzosa de los visitantes en sus hoteles si querían salir indemnes de la batalla campal que se desarrollaba en las calles por las que querían deambular. La imagen de un París, Lyon o cualquier otra ciudad de importancia convertida en un campo de batalla sin control alguno ha recorrido los medios de todo el mundo, y se ve perfectamente a grupos de salvajes dotados de armamento pirotécnico y estrategia acorralando a las fuerzas y cuerpos de seguridad, que en muchos casos se ven incapaces de frenar unos estallidos de violencia que son impropios de cualquier tipo de violencia social. Las escenas de pillaje se han repetido a lo largo y ancho del país, con las tiendas de moda y productos electrónicos como principales objetos de ataque. Comercios con los estantes arrasados, fruto del pasto de hordas medievales que no han dejado nada, que se han llevado lo que han podido y destruido lo demás, arrasando con escaparates y mobiliario del interior de los locales. En otros casos el pillaje ha sido menor, porque los locales no tenían los bienes que interesaban a los desalmados, pero los actos de destrucción sí han sido sistemáticos. No pocos restaurantes, bares y establecimientos similares han ardido, quedando totalmente destruidos. Supermercados, tiendas de conveniencia y similares han vivido escenas de pillaje que han causado más daños en forma de destrozos que por el valor de las mercancías sustraídas. En general, el paisaje tras lo sucedido es desolador, con calles completamente mancilladas en las que el peritaje de los seguros comenzará hoy mismo, pero con negocios que, en no pocos casos, verán su supervivencia amenazada por lo que ha pasado. O se establecen una ayudas rápidas y generosas por parte del exhausto estado francés o más de uno de esos comercios tendrá que cerrar para siempre. No serán pocos los que hoy no puedan acudir a su trabajo porque quedó afectado el sábado, o directamente porque la PYME que les contrata no les necesita porque ya no hay ni mostrador desde el que atender los pedidos. Muchos, del extrarradio de las ciudades, contemplarán hoy el paisaje después de la batalla cuando acudan a los centros urbanos.

¿Qué hay de social en todo esto? ¿qué de reivindicativo? ¿qué de negociable? Nada, absolutamente nada. Una cosa son las protestas que se reproducen desde hace semanas con reivindicaciones de todo tipo y otra el salvajismo destructor que se ha visto este fin de semana. Si con lo segundo hay opciones de diálogo y acuerdo, nada puede hacerse ante lo primero a parte de la firmeza policial y judicial. Este discurso es, aproximadamente, el que expresó Macron ayer en su comparecencia ante una nación francesa espantada. Para un opinador sin cargo como yo es válido, pero me temo que para el presidente de un país atribulado resulta claramente insuficiente. A seis meses de las elecciones, Francia emerge como el gran problema económico y social de la UE. Y aún no ha empezado el carísimo invierno que nos espera.

viernes, octubre 16, 2026

Ciberataque en el súper

De momento, al menos hasta esta hora de la mañana, la IA no ha acabado con nosotros, por lo que podemos sentirnos satisfechos. Quizás todavía esté planificando cómo hacerlo, de la manera más efectiva y elegante posible. Lo que sí es cierto es que las noticias de ciberataques contra infraestructuras de todo tipo no dejan de crecer, y en muchas está presente la IA, no por iniciativa propia, sino como herramienta utilizada por los hackers para disparar de manera exponencial la capacidad de sus ataques y el número de objetivos. Sí, las capacidades de la IA permiten convertir en vulnerable algo que ya lo era, pero que resultaba demasiado costoso atacar.

Hace unos días se ha sabido de un ataque sufrido por varias cadenas de supermercados franceses, desarrollado durante el fin de semana. La acción no consistía en penetrar en las cuentas del sistema financiero de la entidad y robar el dinero, o listados de clientes, o algo así, lo más habitual, sino en algo mucho más retorcido. Los atacantes, no se sabe claramente quienes, al parecer con el concurso de la IA, lograron entrar en los obsoletos sistemas que controlan la refrigeración de las cámaras en las que se conservan los productos frescos en los supermercados, esos armarios o arcones de puertas de cristal que contienen los helados, yogures y demás. Lograron hacerse con el control de los termostatos y, los muy capullos, no sólo no los apagaron, sino que dispararon su temperatura de trabajo hasta los 50 grados positivos. Como supondrán, cuando los empleados de los centros volvieron el lunes a sus puestos se encontraron con que prácticamente todo el género que estaba almacenado en esos refrigeradores se había podrido, o derretido. Todo echado a perder. Un montón de mierda. Kilos y kilos de comida de alto valor convertidos en pérdidas de una manera aparentemente tonta, pero sin duda brillante. Esas cámaras de refrigeración están conectadas a una central, donde indican si hay fallos de algún tipo, pero no usan tecnología punta que mida sus parámetros de una manera concienzuda. Requieren que alguien supervise en central los avisos que puedan dar en el caso de que algo se estropee. Un domingo no es el mejor día para que haya retenes de empleados en ninguna parte, y los que se encontraban de guardia en esa fecha o no vieron esa información o no les llegó. ¿Qué papel ha jugado la IA en este ataque?. Hay muchas vulnerabilidades conocidas en estos sistemas antiguos, pero simplemente el desconocimiento del software que emplean, su obsolescencia en no pocos casos, las ha protegido de intrusos y de modificaciones. Funcionan, pues no se tocan. Se ha perdido el conocimiento del programa que las gestiona, no hay problema de mientras vaya. Pero claro, par una IA de ahora el que los humanos no sepan cómo funciona un sistema informático no es obstáculo para que ella, que los domina todos, sea capaz de hacer con él lo que sea. Algo como el Mythos de Claude o incluso una IA no tan avanzada es capaz de encontrar vulnerabilidades en todos los sistemas conocidos, incluso aquellos para los que ya no hay personal ni manuales disponibles para ser arreglados. Quizás antes cada una de estas máquinas tenías softwares incompatibles, y atacar a un grupo de ellas requería una estrategia distinta en cada caso, pensemos en función de la marca del fabricante, pero eso para la IA no es un problema, si acaso algunos segundos más de cálculo. Alguien, retorcidamente, puso en su objetivo estos sistemas y es casi seguro que la IA le hizo gran parte del trabajo, y de ahí en adelante llegó el caos en forma de comida podrida.

Los daños causados no son pocos, aunque no suponen un desastre para las cuentas de los supermercados, pero sí dejan sobre la mesa la inseguridad creciente de todo sistema que pueda ser conectado a la red, ese Internet de las cosas que no deja de crecer en el que dispositivos de todo tipo, muchos en los hogares, interactúan en la red como si fueran bots para conseguir actualizaciones o configurar sus tareas, etc. Puede ser gracioso que un hacker mediante IA consiga hacerse con las luces de nuestra casa y nos monte una discoteca sin que lo deseemos, pero el escenario que se abre tiene muchas aristas, peligros, y costes desatados.

jueves, octubre 15, 2026

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania?

Siguen incesantes los ataques rusos, mediante drones a reacción, sobre infraestructuras y viviendas ucranianas, y el balance de víctimas que se suceden a diario en las ciudades del país atacado crece con intensidad desde que la nueva tecnología rusa de drones ha irrumpido en el frente. La incapacidad de las defensas ucranianas para detenerlos hace que Moscú dispare casi a placer. Ayer más de medio millón de habitantes de Kiev carecían de electricidad, y aún estamos a las puertas del inverno. No ha llegado la nieve por allí, pero cuando lo haga poco habrá, tecnológicamente hablando, para defenderse de ella.

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania? La pregunta surge tras la denuncia efectuada ayer por Zelensky del no funcionamiento del sistema Starlink, propiedad de Elon Musk, que es la pieza clave de comunicaciones que permite a las tropas de Kiev mantener el contacto entre sí y con los mandos operativos. También es lo que dota a los drones de guiado y les permite localizar los objetivos cuando se trata de atacar posiciones lejanas, desde luego fuera del rango visual del operador. Musk salió ayer a defenderse diciendo que ellos operan la compañía, pero que los permisos de uso son dados por las autoridades norteamericanas dado el carácter estratégico que tiene el sistema. Una manera de escurrir el bulto y pasar la pelota directamente a una Casa Blanca que ayer no dijo nada al respecto, por lo que se puede interpretar que es probable que sí haya bloqueado el acceso y no le importen sus consecuencias. Esta red también permite los ataques en profundidad de Kiev ha efectuado sobre instalaciones rusas, tales como refinerías, centros de datos o almacenes logísticos, y puede que ahí se encuentre la causa última de la decisión de EEUU. A apenas tres semanas de las elecciones de medio término, con una inflación ascendente y récord en el precio de los combustibles, el papel de Rusia como suministrador global e diésel es cada vez más relevante, pero los ataques ucranianos han hecho mella en su capacidad de refino y exportación. Hace no muchos días Washington firmó un acuerdo con Moscú para que los rusos aumentasen sus exportaciones de diésel, levantando en la práctica todas las sanciones que pudiera haber contra ese producto. Este acuerdo fue muy criticado por congresistas demócratas y republicanos, y visto con malísimos ojos en la UE, pero se pactó. Trump alegó que esto iba a permitir contener los precios del combustible, y desde entonces comenzó una serie de ataques verbales contra Zelensky, acusándole de ser el culpable del incremento de los precios por sus acciones contra las refinerías rusas. El que, con su guerra absurda, ha provocado el estrangulamiento de Ormuz lanzando culpas infundadas al presidente de una nación atacada que trata de defenderse como puede. El mundo al revés. Lo cierto es que alguien, probablemente en el Pentágono, ha pensado que una manera de evitar que Zelensky destruya instalaciones rusas es dejarlo a ciegas, cortarle el acceso a la red de Starlink, de tal manera que todas sus acciones ofensivas se convierten en imposibles. Supongo que en esa reunión alguna otra persona añadiría que eso no sólo iba a causar la parálisis de los ataques ucranianos sobre el suelo ruso, sino la incapacidad operativa generalizada en toda la maquinaria de guerra ucraniana, pero es de temer que esta derivada ya estuviera en los planes de los que dictaron la orden de bloqueo. En el fondo, esa decisión no va a suponer nada en el precio global de los hidrocarburos, pero sí es uno de los mayores balones de oxígeno que puede recibir el Kremlin en su ofensiva de invierno. Es todo un regalo.

Evidentemente tanto Kiev como la UE asisten muy preocupadas a todos estos movimientos, en los que parece que la sintonía entre Trump y Putin es algo más que una música de fondo. Es probable que Moscú aproveche esta ventana de oportunidad para arreciar en sus ataques y habrá que ver los daños que puede causar, y las víctimas, temiendo que no sean pocos en ambos casos. Y desde Europa, ante una tensión creciente y con incidentes casi a diario en las fronteras y en el campo de la ciberseguridad, resulta sombrío el comprobar que la fiabilidad del aliado norteamericano se puede convertir en mera traición si así lo determinan los intereses del magnate que lo rige sin rigor desde hace casi dos años.

miércoles, octubre 14, 2026

Orgullo real

Es histórica la vista que ayer comenzó el Rey y la Reina a Ceuta, que hoy continuara con la llegada a Melilla. Es la primera vez que los monarcas acuden a esas dos ciudades, y después de que lo hiciera el rey Juan Carlos y Sofía en 2007, hace ya diecinueve años. Una eternidad en estos tiempos. También es la primera vez, desde Alfonso XIII, en la que el Rey se queda a pasar la noche en Ceuta, cosa que nos hace pensar en la anomalía que se vive en lo que hace a la relación de las instituciones del estado con esas dos ciudades y el miedo atroz que nos corroe frente a las amenazas, siempre veladas, en ocasiones expresas, de Marruecos.

En su discurso de ayer, sin alaracas, sin palabras altisonantes, pero con la firmeza requerida, el Rey dijo un par de obviedades, pero que suenan transgresoras. Dejó claro que la soberanía e integridad territorial de España, como la del resto de naciones, no es negociable y se debe defender, y que Ceuta y Melilla son España, como cualquier otro territorio de nuestro país, y que no se tolerarán acciones hostiles que pretendan alterar esa realidad. Tan sencillo como eso, tan claro, tan fácil de expresar, pero, al parecer, tan imposible de decirlo en la boca de muchos. El contexto en el que se produce la visita otorga a esas palabras toda su relevancia, porque desde que se produjo el intento de invasión de finales de julio, Ceuta vive una situación de anormalidad incuestionable, de dejadez por parte de las autoridades del estado, de descontrol en la mayor parte de las realidades en su día a día y, en definitiva, de sensación de abandono por parte del país al que pertenece, sensación que en todo este tiempo ha estado más que fundada en los hecho desarrollados por el gobierno nacional. Bueno, más bien en la ausencia de los hechos que debió llevar a cabo. El acto hostil alentado por Marruecos, probablemente también organizado, ha sido de una dimensión tan inmensa como cruel, y ha dejado a las autoridades de la ciudad, recordemos que posee unos ochenta mil habitantes solo, a merced de una coyuntura inasumible para sus medios desde todos los puntos de vista. La idea de que la frontera se ha vuelto una amenaza para los habitantes de Ceuta se ha convertido en una realidad, el que al otro lado de esa divisoria se encuentra un régimen que no disimula en lo más mínimo sus ansias expansionistas y que muestra el desprecio más absoluto al coste que eso le pueda suponer pone a los ceutíes en la tesitura de tener que defender un espacio con unos medios que no son, desde luego, los adecuados, y con una moral que se mantiene firme entre la población, pero que en ningún momento oculta la angustia que lleva viviendo desde hace dos meses. Con la economía de la ciudad muy tocada, los intercambios comerciales con la península reducidos a lo imprescindible, el turismo desaparecido, los ceutíes viven en una situación de excepcionalidad que nos es muy difícil de imaginar al resto de habitantes del país, empezando por el hecho de que las localidades en las que habitamos no están delimitadas por una valla que marca lindes y derechos. Esa frontera fue, durante varios años, un lugar de intercambio comercial y fuente de riqueza para ambos lados, porque es en esos espacios donde, además de separación, se da una cooperación más intensa, fruto de la necesidad mutua, pero ya desde el Covid Marruecos decidió clausurar todo ese entramado, formal e informal, y comenzar a asfixiar económicamente a la ciudad (igual táctica con Melilla) cortando lazos no sólo económicos, sino también humanos. La presión ha ido creciendo, con el asalto de 2021 se convirtió en amenaza y, desde este verano, es asedio. Ceuta necesitaba una visita real desde hace mucho mucho tiempo. Llega inevitablemente tarde, pero lo ha hecho, y la población se ha volcado con un líder no político, no electo, que ha mostrado la cercanía a su sufrimiento que otros, elegidos y representantes altísimos del estado, no han tenido el cuajo mínimo para expresar. Los vítores de ayer eran sinceros, el orgullo de los que los expresaban era real, como la Real visita que presenciaban.

Han sido los reyes los que han acudido al cementerio musulmán de Ceuta para honrar la memoria de los que allí están enterrados a causa de la invasión del 30 de julio. Ciento cuarenta personas fallecieron en ese desastre, la mayor parte de las cuales ocupa un nicho en ese cementerio ceutí identificadas con un número, porque no se saben sus nombres. Marruecos no ha querido saber nada de ellos, aunque la mayor parte sean ciudadanos de ese país. El Rey de España ha recordado la memoria de las víctimas causadas por la invasión alentada desde Rabat. Eso también es real, y eleva la figura del monarca, le honra. Le sitúa aún más por encima de la mediocridad que nos rodea.

martes, octubre 13, 2026

El valor de la nada (para JMCC)

¿Cómo huir del ruido que todo lo rodea? Sin campaña electoral ya vivimos en situaciones de tensión constantes bastante elevadas, en el trabajo y en muchas otras facetas de la vida. Buscar evadirse es casi un deseo permanente que incluso genera sus propias dinámicas de estrés, convirtiendo lo que puede ser una ayuda en algo contraproducente. A veces basta con no buscar mucha cosa, con estar sentado tranquilamente en un lugar plácido y dejar el tiempo pasar. Algo tan simple que asombra en su sencillez, y que puede llegar a dar vértigo por la antítesis que supone respecto a lo que hacemos cada día.

Este puente, gracias a la generosa hospitalidad de JMCC, he podido pasar unos días con unos amigos en un pueblo de Extremadura, de esos que cuesta ubicar en el mapa porque si no lo buscas con la escala más precisa te escapas de sus calles simplemente al señalarlo con el dedo. Una localidad de apenas un par de cientos de personas de censo, que acoge en fines de semana e interludios como los que hemos vivido a población flotante que, o bien acude a pernoctar en las casas rurales que tiene la localidad o abre las viviendas propias que pasan la mayor parte del año cerradas. Una población con una iglesia, plaza con fuente y dos bares hermosos, uno en cada esquina de la plaza, que tiene piscina que en verano se convierte en el centro de la vida local, pero que en estas fechas ya clausurada, se convierte en un lugar de extrarradio algo desolado, estando como imaginarán a pocos pasos de cualquier otro punto del pueblo. Una localidad que apenas tiene tiendas, pero sí una churrería que abre por la mañana y que, a unos precios de saldo, elabora unas porras que son un regalo para el desayuno y que congregan el mayor de los ambientes en el momento más temprano del día. Una localidad en la que, fuera de la hora del vermut del mediodía, cuando las terrazas de los dos bares se llenan, el silencio domina plenamente sus calles escasas, estrechas y cortas. De vez en cuando pasa algún coche por ellas, y a lo largo de este fin de semana se ha dado el hecho de que han transitado más personas a caballo rumbo a una procesión que se celebraba ayer en el monasterio de Guadalupe que vehículos de ruedas. Uno de esos espacios que no llegan a ser urbanos, pero que suponen el inicio de la comunidad humana, con su aglomeración de casas y estructuras, conformando un espacio habitado, social y de relación. Una población bonita, en la que, como sucede en casi todas las localidades españolas, se agrupan casas con gusto junto a edificaciones amorfas, hechas de retazos, construidas con todas sus formas al aire y sin reparar nada en la estética ni la conformidad con las edificaciones colindantes. Un aglomerado de viviendas en las que uno puede encontrar restos de la historia medieval de nuestro país junto al más barato de los ladrillos sin enfoscar rodeando una ventana de aluminio propia de un cutre pabellón industrial abandonado. Y todo en medio de la quietud absoluta. Creo que era el domingo cuando estaba en el amplio patio que JMCC ha conseguido crear en torno a su vivienda, en una zona de sombra casi permanente, con vistas a una palmera de la propiedad y un limonero del vecino, sin que se pudiera escuchar sonido alguno, y pensaba en que el principal valor que tenía estar allí era que, parafraseando la novela de Bret Easton Ellis, había que hacer menos que nada. De vez en cuando un pájaro, abundantes por la zona, se posaba en las ramas de uno de los árboles que contemplaba, se movía, hacía algo y luego se marchaba. El aire era de una serenidad clara y apenas soplaba el viento, la temperatura era agradable, un calorcito suave nada agobiante, y la tarde de domingo, mágica en este caso al ser el lunes festivo, se dilataba de una manera anormal, como un reloj daliniano, perdiendo su forma y extendiéndose a lo largo del cielo que podía contemplar. No había prisas, no había urgencias, no había móvil, no había noticias, no había sonidos, no había existencias, no había nada.

¿Cuántos se paga por una experiencia así? ¿Cuántos negocios venden esa sensación de relax fabricado a cambio de bastante dinero? ¿A qué lugares exóticos se nos invita a ir para tener experiencias de ese tipo? Basta una buena compañía, un lugar tranquilo y un tiempo sereno para poder alcanzarla, y en esos pueblos olvidados del interior del país resulta casi natural encontrar ese refugio que no pocos buscan con ansia para liberarse, precisamente, de la que les domina. El atasco que viví ayer al mediodía de entrada a Madrid por la A5 era una especie de recordatorio no sólo de que el puente se acababa, sino de que la vida de retiro quedaba atrás, pero a sabiendas que JMCC y su familia, sabios, han creado para sí y los suyos, su propio oasis, su refugio.