Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.
Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.
Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.