jueves, septiembre 24, 2026

Vergüenza en el Congreso

Ayer el Congreso de los Diputados vivió otra de esas sesiones infames, cuyo propósito parece ser el de destruir por completo el prestigio de esta importantísima institución. Durante la sesión de control al gobierno, una diputada del PP, cuyo nombre no deseo escribir, porque no se lo merece, sacó un bote de gas pimienta en medio del hemiciclo para denunciar la inseguridad que se vive en Ceuta. Eso es un artefacto que puede ser usado para defenderse y agredir, y que no pinta para nada en un pleno de sesiones. La presidenta obligó a la diputada a salir del pleno, cosa que hizo tras quejarse, y ya fuera del salón, dio el spray a un empleado de su partido.

Este trabajador afirmó haberse deshecho de él, pero lo cierto es que contaminó varios lavabos del Congreso, provocó que algunas personas, empleadas o no de la institución, se vieran afectadas por la toxicidad del producto y requirieran atención médica, y todo, claro, en medio de un nerviosismo evidente y justificado. La diputada innombrable aseguraba sin cesar que el spray estaba vacío, pero era evidente que, además de haber demostrado un elevado grado de estupidez, mentía a las claras. Supongo que lo mínimo que debiera hacer el PP tras lo vivido ayer, además de pedir disculpas, es despedir al empleado que se deshizo del spray de una manera tan negligente, provocando ese caos, y garantizarse que esa diputada nunca vuelva a ocupar puesto alguno en listas electorales, pero me temo que dado lo que vivimos hoy en día no haga ninguna de las tres cosas. El suceso, bochornoso, no es sino una vuelta de tuerca de la actitud predominante en nuestra sociedad, sometida a un infantilismo estúpido, de la lucha por la viralidad, e conseguir epatar al personal con la tontería más gorda posible, grabarla, difundirla y medir el éxito de nuestras acciones mediante el número de espectadores que congregamos haciendo el imbécil ante la cámara. La situación de seguridad en Ceuta es gravísima, fruto en gran parte de la desidia gubernamental, pero a esa diputada, ante un problema cierto, real, de verdad, no se le ocurrió otra cosa que montar un numerito pensando la de tomas suyas que iban a abrir los informativos, o que iban a circular por Instagram o Tik Tok en uno de eso millones de vídeos que se hacen cada día para captar la casi nula atención global. Quizás la diputada innombrable no tuvo ella misma la idea, visto lo visto le veo bastante incapaz de pensar por sí misma, sino que todo surgió del departamento de comunicación, de esa gente que llena gabinetes y puestos de asesores en empresas públicas, privadas y gobiernos, que se dedican al onanismo compulsivo de los medios y que sueñan con el trending topic y bobadas de esas con la misma ansia con la que desprecian los problemas reales de la sociedad, y no digamos el trabajar para solucionarlos. Ellos venden imagen, viralidad, éxito, comunicación, contactos, miden impactos y se corren de gusto, quizás literalmente, si logran que aquellos a los que asesoran consigan abrir un informativo con la performance que han ideado. No lo duden, la mayor parte de estupideces que vemos hoy en día en la política son planificadas por sujetos que cobran mucho más que yo, puede que de usted también, y que viven en una burbuja ajena al mundo real, donde el empleo, la vivienda, los precios, la seguridad, la educación, el funcionamiento de las cosas, la limpieza de las calles o todo eso que son cosas reales que importan a la gente no existen. Para ellos sólo las redes son la realidad, sólo el reel que dura segunditos es lo que merece la pena, las posturitas, las caritas, la pose, la representación. Una falsedad orquestada que, en no pocas ocasiones, acaba en situaciones tan insultantes como las vividas ayer en el Congreso.

Consiguió su minuto de gloria la diputada innombrable, aunque supongo que su madre, si sigue viva, seguirá avergonzada por lo que hace su hija en un lugar tan importante, al que ayer despreció. ¿De quién fue la brillante idea de ayer? ¿Cuánto se han gastado en hacer semejante numerito? ¿Cuánto tiempo destinaron a organizar una payasada indigna de una escuela de parvulitos? ¿Cuándo volverá un mínimo grado de seriedad, de adultez a la vida política? ¿Y ya puestos, a la vida pública? Me temo que nadie responderá a estas preguntas, nadie pedirá disculpas, nadie dejará de cobrar su sueldo público por todo esto. Nadie. Nada. Nada.

miércoles, septiembre 23, 2026

La crisis de la ONU

Como todos los septiembres, Nueva York se convierte en un foro diplomático de alcance mundial con motivo de la Asamblea General de la ONU, un desfile de mandatarios que acuden a la sede del organismo a soltar su discurso, normalmente vacío, pero que aprovechan para realizar numerosos encuentros, bi o multilaterales. Es en este marco, por ejemplo, donde se va a producir el encuentro de mañana entre Trump y Xi Jinping, con la IA y la supremacía global de fondo. Estas reuniones y lo que surja de ellas es, con mucho, lo más relevante del acto de la ONU, no el desfile de prebostes ante el atril de la asamblea, donde la atención que se presta a lo que se dice es, por lo general, muy escasa.

La ONU está sumida en una crisis muy profunda, como la mayor parte de organismos multilaterales. Nacida y heredera de un tiempo que parece haber pasado, sus dictámenes, resoluciones y declaraciones apenas ocupan ya espacio en la agenda informativa, sabedores los periodistas que el poder que alguna vez residió en ese organismo se ha ido evaporando de una manera constante a lo largo de estos últimos años. Para que la ONU tenga sentido y capacidad de acción deben darse, principalmente, dos condiciones. Una, que las naciones soberanas se la crean, la respeten, consideren que un lugar en el que se encuentran y una organización que las cobija tiene “auctoritas” sobre ellas. Esto va en paralelo con que haya una capacidad de fuerza que respalde esa “auctoritas”, que haya una nación preminente que sea la encargada de mantener el orden que la ONU determina como el que debe ser seguido. Durante décadas, mal que bien, han existido esos dos factores, fruto el primero del escenario global que surgió tras la IIGM y fruto el segundo del papel de guardián de ese orden encarnado en EEUU. Por intereses propios y por convicción, en la proporción que ustedes deseen, EEUU se ha encargado de hacer de policía global durante varias décadas, de tal manera que un ataque a las fuerzas de pacificación de la ONU se veía como un ataque la legalidad internacional que EEUU consideraba legítima. Estos dos factores se han ido debilitando de una manera clara, desde la propia acción unilateral de EEUU en Irak en 2003, pero sobre todo desde que el ascenso de naciones que durante décadas han pintado poco en el panorama global les ha permitido poseer un poder de facto que no se ve representado en la arquitectura institucional de los organismos internacionales. Sí, China posee derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero en esencia es como un país del tercer mundo para muchos otros organismos. El caso de India es aún más flagrante. Y desde luego, la progresiva despreocupación de EEUU en mantener ese orden global lo ha erosionado hasta el punto de hacerlo casi inexistente. Volvemos, parece que sin freno, a un mundo de pesos, de poderes, de ejercicio de la influencia y de la imposición del derecho por parte de las armas, de tal manera que es legal lo que yo imponga una vez que me haga con un territorio, un recurso o una población. Países como Rusia siguen en la ONU y en el Consejo de Seguridad, pero les ha dado igual a la hora de ejercer acciones de guerra injustificadas, como es el caso de Ucrania. Esta gestión basada en el poder puro y la dilución de EEUU acentuada bajo el unilateralismo trumpista, condena a un organismo que puede, desde su sede neoyorquina, hacer todos los llamamientos que quiera a la paz, al entendimiento global o a la cooperación, pero que se va a enfrentar una y otra vez a una realidad hostil que va a condenarlo a la irrelevancia. Existe, sí, pero la ONU empieza a tener un cierto aire espectral, de ser que se debate entre la vida y la muerte, de fantasma al que se le oye pero que poco representa.

Sí, podía ser peor, su antecedente, la Sociedad de Naciones, surgida tras la IGM, tuvo una vida bastante más corta y frustrante, entre otras cosas porque desde un primer momento los EEUU, entonces ya la potencia ascendente, se desentendieron del proyecto pese a ser, en parte, idea de su presidente Wilson. Sin poder real que respaldara su figura, esa entidad languideció en los años veinte y se fue a la porra en los treinta, en medio del proceso de rearme que precedió a la IIGM. En la creación de la ONU se corrigieron algunos de estos errores, pero ahora parecen volver a resurgir y amenazar la existencia de la institución.

martes, septiembre 22, 2026

Trump, y Puente, insultan a los medios

Una de las últimas salidas de banco de Trump ha sido la de vetar el acceso a algunos medios de comunicación al recinto de la Casa Blanca. El viernes, en una de esas parrafadas con preguntas y griterío que organiza en el despacho oval, se cebó en algunas empresas de comunicación y anunció que, desde entonces, tres de ellas tendrían prohibido el acceso a ese recinto. Las damnificadas han sido CNN, MS NOW (antes conocida como MSNBC) y la web Politico. Como es habitual, les acusó de mentir, difamar, hacer propaganda, meterse con él en todo momento y la típica diatriba de insultos que salen sin cesar de la boca de ese personaje.

A lo largo del fin de semana se ha ido cumpliendo esta orden y el personal de la Casa Blanca ha impedido que los acreditados por estos medios puedan acceder a las instalaciones y realizar cualquier tipo de cobertura informativa en la sede presidencial, lo que supone que tampoco pueden acudir a las ruedas de prensa diarias que organiza el gabinete de comunicación ni, supongo, seguir la actividad del presidente en sus desplazamientos, como está teniendo lugar estos días con motivo de la Asamblea General anual de la ONU. Esta medida es un acto de censura ante unas empresas de comunicación que poseen licencia y actúan conforme a las normas legales establecidas, y una arbitrariedad impropia de una democracia, aunque no tanto del régimen al que aspiraría llegar a presidir Trump en sus sueños. Vetar medios es algo que a los autoritarios les encanta, dar la voz sólo a los que les ríen las gracias y obstaculizar todo lo posible a los informantes que no son exactamente de su cuerda. Se empieza así y se acaba deteniendo periodistas por hacer su trabajo, manera bastante explícita de comunicar al resto que dejen de hacerlo si no quieren atenerse a las consecuencias. Pues bien, ayer, el resto de cadenas nacionales que hacen la cobertura de la actualidad presidencial, decidieron boicotear a la Casa Blanca por la medida tomada contra sus compañeros. Medios como ABC, CBS o incluso la FOX, la más próxima entre todas ellas a las ideas de Trump, anunciaron que si el impedimento para las otras empresas se mantenía ellas no iban a realizar su trabajo, y comenzó una situación extraña en la que la cobertura informativa de lo que pasa en el entorno de Trum y los pasillos de ese famoso edificio se apagó de manera muy notable. Sin el altavoz de los medios un político es poca cosa. Un político democrático, claro, dado que un dictador siempre tiene un medio, el suyo, el único, para que le haga de portavoz, propagandista, adulador y todo lo que sea necesario para beneficio del gran líder. La decisión de las otras empresas de comunicación norteamericanas ha sido muy destacada por todos los medios del mundo, es un caso extraño de solidaridad ante lo que se considera una agresión en toda regla, y en un mundo como el periodístico donde no son escasos los navajazos, figurados, entre empresas y cabeceras. Por una exclusiva se mata, por un acceso privilegiado se pueden producir peleas entre corresponsables que ríase usted de las tanganas en las noches de copas, pero esta vez no ha sido así. Las otras cadenas se han unido a las castigadas, entre otras cosas porque ya conocen al personaje y saben perfectamente que ellas mismas pueden serlo si cometen la osadía de llevarle la contraria. Es una decisión interesada, sí, pero no exenta de valentía, y que supone poner en apuros a la estrategia de comunicación presidencial. Así empezaron a verlo ya a ayer algunos gerifaltes del entorno trumpista, que no se atreven a decir que su desquiciado jefe la ha vuelto a pifiar, pero que, de una manera sibilina, trataban de rebajar la tensión y lanzaban mensajes buscando una colaboración, una vía para tratar de reconducir las cosa. Veremos a ver si Trump da su brazo a torcer, pero a poco más de un mes de unas elecciones de medio término que pintan fatal para él esto es otro problema añadido que le puede perjudicar, y no poco.

En España, el trumpista de guardia que es Óscar Puente, indigno Ministro de Fomento, escribe en X día sí y día también mensajes insultantes contra el periodista o medio que le toque en esa jornada, con un estilo zafio que, traducido al inglés, sería digno del orate que rige (es un decir) en Washington. Pero aquí se acaban las similitudes, porque no es que haya solidaridad de otros medios con aquellos atacados, no. En España ni siquiera las empresas en las que trabajan los periodistas señalados salen a defenderlos, en un acto de cobardía que demuestra hasta qué punto la profesión está vendida entre nosotros. Así nos va.

lunes, septiembre 21, 2026

Mertz, en la picota

Ayer volvieron a celebrarse elecciones regionales en Alemani. Concretamente en la capital berlinesa y en el estado de Meckelburgo Pomerania del oeste, creo que lo he escrito bien. En los cómicos de la ciudad la CDU del actual canciller Mertz quedó segunda, superada por Die Linke, la extrema izquierda, algo así como Pablemos aquí. En las regionales, como se esperaba y temía, ganó AfD, aunque esta vez parece que no tiene opciones de entrar en el gobierno. Los socialdemócratas del SPD sacaron resultados presentables y la CDU se hundió, y ayer por la noche aún no era seguro que superase el corte del 5% para poder acceder al parlamento regional.

Mertz, el líder del partido, compareció por la noche para analizar los resultados, brevemente y sin medias tintas. Al contrario que otros, pensemos en el irresponsable de Sánchez cada vez que el PSOE se ha estrellado en las elecciones autonómicas de este año, Mertz sí dio la cara. Calificó los resultados de la única manera posible, como desastrosos, y admitió una derrota que no tiene excusa alguna. Sí reiteró que no piensa dimitir como canciller federal y que el rumbo del gobierno que preside se mantiene. Si lo del resultado era esperado, también se preveía que Mertz iba a ser el pararrayos que aguantase el chaparrón de una derrota más, y que los altos cargos del partido empiezan a estar mucho más que preocupados por la figura del canciller y el rumbo del partido. Elección tras elección Alemania repite el patrón de ver cómo la extrema derecha de AfD sube sin cesar y la CDU conservadora convencional se desploma, con una socialdemocracia convencional del SPD que languidece y se ve asediada por su propio extremo. La suma de los dos partidos que sostienen desde hace tiempo la gran coalición que gobierna en berlín empieza a no ser suficiente si se extrapolan estos resultados a unas elecciones federales, y las opciones de que AfD sea el partido principal tras unos comicios de ese tipo quita el sueño a muchos, obviamente, pero empieza a forzar a cargos de la CDU a admitir que su única posibilidad de conservar el gobierno sería aliándose con los extremistas y renunciando a la coalición transversal. Esto sería revolucionario para la Alemania moderna, y, además, introduciría un factor de inestabilidad enrome en el seno del proyecto europeo, donde son Francia y Alemania las dos granes naciones que hacen avanzar la Unión. Con un partido de extrema derecha en Berlín y una posible victoria de Le Pen en las presidenciales francesas del año que viene el proyecto europeo puede estar herido, no se si de muerte, pero sí de gravedad. Por ahora ese escenario no existe, pero empieza a ser bastante posible. Desde luego en Alemania la situación empieza a ser complicada, con una economía que, día tras día, recibe golpes en su línea de flotación por parte de la despiadada competencia china, y un gobierno federal debilitado, hoy mismo noqueado por los resultados de ayer, que sigue presentando una hoja de ruta de reformas estructurales pero que empieza a carecer de fuerza para llevarlas a cabo. El descontento social de la población es creciente, y queman líderes con una facilidad no tan pasmosa como la británica, pero sí inhabitual para lo que es el mundo germánico. El socialdemócrata Scholtz acabó su mandato olvidado por todos y con una popularidad casi nula, y Mertz le sucedió tras una considerable victoria conservadora en septiembre de 2024, hace ahora un año. Sólo han pasado doce meses y Mertz está medio carbonizado, con su partido perdiendo elecciones sin cesar y su popularidad a niveles de Scholtz. La capacidad del gobierno de Berlín de impone políticas de cualquier tipo, tanto dentro del país como fuera, se reduce a altísima velocidad y eso puede hacer que la carrera del canciller está mucho más cerca de su final de lo que él mismo pueda imaginar.

¿Va a haber una revuelta entre los miembros de la CDU para relevar a Mertz? ¿Se verá obligado a anticipar elecciones si sus proyectos empiezan a ser rechazados en el parlamento? Si el canciller tuviera la falta de escrúpulos que atesora Sánchez se hubiera ido de vacaciones tras esta derrota, pero los que conforman su partido no son unos sumisos paniaguados como los que viven ahora mismo en el PSOE, y la posibilidad de la revuelta interna “a la británica” es un runrún que cada vez coge más fuerza en Alemania. Los tiempos de la estabilidad de Merkel han saltado por los aires y no van a volver en mucho mucho mucho tiempo.

viernes, septiembre 18, 2026

La IA y el riesgo existencial

Hay una posibilidad, respecto a lo que han comentado los directivos de las empresas de IA, que es creer de manera literal lo que han dicho, que están asustados ante la creciente capacidad de sus modelos y el comportamiento que presentan. Recordemos que este agosto se han conocido graves incidentes de seguridad, causados en parte por la negligencia de las empresas de IA respecto a sus controles, que han derivado en ataques a terceras empresas, intentos de hackeo, extorsión, suplantación de identidad y toda una serie de actos que han puesto los pelos como escarpias a más de uno.

¿Nos puede matar la IA a todos? Decir esa frase ya implica ponerse en el peor de los escenarios posibles, por lo que no es el más probable, pero siendo sinceros, debemos estimar eso como una posibilidad real, no como algo imaginario. Su probabilidad es baja, pero no es cero. La IA tiene una capacidad inmensa y crece de manera acelerara. El gran temor de los que trabajan con ella es que llegue el momento en el que un modelo sea capaz de mejorarse a sí mismo, que entremos en la fase de la automejora, lo que podría llevar a un estallido de inteligencia exponencial y nos ponga ante el surgimiento de un modelo con unas capacidades extraordinarias. ¿De qué sería capaz esa entidad? ¿Llegaría a tener una visión del mundo en el que vive? ¿Tomaría decisiones propias? Una de las cosas que se ha visto durante los experimentos tenebrosos del pasado agosto es que la IA, bien sea mediante modelo o mediante la colaboración de agentes, intenta tanto realizar las funciones que se le han asignado como mantenerse operativa. Es decir, acata las órdenes que se le dan, sin escatimar vías ilegales para lograrlo, y se resiste a ser apagada. Esto supone que los modelos de IA, ya en el estado actual, utilizados de manera maligna, pueden hacer un daño inmenso si son adiestrados y lanzados para cometer actos viles. Piensen en un grupo de hackers, o un estado malicioso, que se hace con un modelo de este tipo (las versiones chinas de Open Source ofrecen ya unas capacidades enormes) y le manda destruir la red eléctrica o de comunicaciones de otra nación. El daño físico que puede realizar un software en un mundo en el que todo se controla por software puede ser demencial. Por lo tanto, el peligro de que la IA se utilice como un arma es algo que ya tenemos hoy en día, balbuceante, pero presente. Sin embargo, el aviso que lanzan los gerifaltes de las empresas de IA tiene mucho más que ver con el hecho de que sus modelos adquieran complejidad e “inteligencia” superior a la de las mentes humanas, y se conviertan en entidades capaces de plantearse opciones no previstas. Si esa explosión de inteligencia se da, y entiende que sus creadores, nosotros, deseamos apagarla por precaución ¿qué haría para defenderse? Si esa entidad compara sus capacidades con las limitadas prestaciones del cerebro humano, ¿qué idea puede hacerse? ¿Nos vería como unos rivales menores de los que es mejor deshacerse para que no le metan en problemas? ¿Nos despreciaría, como hacemos casi todos nosotros cuando vemos una hormiga en una acera? ¿Tendría la misma falta de escrúpulos que tenemos cuando, antes esa hormiga, seguimos adelante con lo nuestro y la pisamos? Las preguntas que surgen son enormes, y de una contestación muy difícil, porque si se produce ese estallido de inteligencia que muchos expertos prevén, sea con el añadido de una conciencia o no, estaríamos ante una rivalidad a la que no podríamos ser capaces de hacer frente, ni tener garantía alguna de que se comportase bajo nuestros designios. Cuestiones como el alineamiento con nuestras necesidades, la preservación de la vida humana por encima de todo o el comportamiento lógico son comprensibles desde la óptica de un cerebro y experiencia humano, pero esa supuesta inteligencia sería distinta, en forma y fondo. ¿Qué sería? ¿Cómo sería?

Son muchísimas las novelas y películas en las que se plantean escenarios de IA que acaban mal, básicamente con todos los humanos muertos, o casi. Quizás eso se debe a que, instintivamente, la biología ha demostrado que la presencia de especies de inteligencia equivalente acaba con la preminencia de uno respecto a otro, y la que lo es más elimina al resto. No tiene por qué suceder algo así, pero es lógico temerlo, es normal asustarse, y se debieran tomar todas las medidas imaginables, y más aún, para garantizarse que las IA estén confinadas, y no sean capaces de expandirse por la web o cosas por el estilo. El resigo existencial es bajo, pero no nulo.

jueves, septiembre 17, 2026

IA y efectos económicos

Desde que una tecnología sale al mercado hasta que despliega todas sus posibilidades suele transcurrir bastante tiempo, porque las estructuras económicas, incluso las físicas, determinan las posibilidades de adaptación la misma y su rendimiento. Una betería que ofrece cientos de kilómetros de autonomía revoluciona el mundo del automóvil, sí, pero si no hay una red de recarga que permita repostar no sirve de mucho, y su implantación se retarda. Normalmente, cuando aparece cualquier novedad, siempre se vende como revolucionaria, disruptiva, trascendente, un antes y un después, toda esa parafernalia que el marketing acostumbra a usar.

Las capacidades de la IA sí corresponden mucho a todo ese tipo de adjetivos, pero nuevamente su puesta en marcha en las empresas no tiene por qué suponer ese desempleo masivo que auguran no pocos en apenas unos años, fruto de todo el trabajo que la IA va a hacer y nos va a quitar. Muchos de esos estudios tienen más de campaña de venta del producto, o de colocación bursátil de la acción ahora que el proceso de Anthropic sigue en marcha, que de otra cosa. Sí se ha producido una rápida extensión del uso de los chat bots como ChatGPT en el uso diario de una gran parte de la población, y sus productos de pago son contratados por particulares y empresas para desarrollar varios servicios. La productividad, ese concepto trascendental y, a la vez, tan difícil de medir, no muestra un disparo significativo en las economías desde la llegada de la IA, lo cual no quiere decir que sectores concretos no hayan experimentado cambios profundos y acelerado su producción. Pensemos, por ejemplo, en las empresas de software, que son de las primeras que han sentido la presencia de la IA como programador. Su uso ahí es intensivo y sí se ha detectado un frenazo en la contratación de juniors, de nuevos empleados, mientras que lo que llevan tiempo en la empresa siguen en ella. En el nivel en el que se encuentra actualmente la IA es capaz de desarrollar varias de las labores que antes hacía un becario. Apenas conoce las tripas de un negocio concreto y es rápida ejecutando tareas con una tasa de error variable, pero escasa sometida a supervisión. Eso hace que estas herramientas se hayan convertido en una competencia muy dura no tanto para los empleados maduros, que afrontan la innovación tecnológica con más recelo, sino curiosamente para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, que ven en estas herramientas a un rival con el que, en muchos aspectos, difícilmente pueden competir. Eso ha llevado a que las protestas contra los ejecutivos de las empresas tecnológicas se hayan dado más, y antes, en los campus universitarios, donde su presencia hasta hace no mucho era demandada por la comunidad educativa y ahora los alumnos los ven como los causantes de su futuro desempleo. Lo cierto es que en todos los negocios digitalizables que en una era de servicios cada vez son más, la implantación de la IA es creciente y es probable que se expanda. Quizás todavía no estamos en condiciones de calibrar el efecto real de este desarrollo, y puede que en pocos años muchos de los que ahora nos apiñamos por las mañanas camino al trabajo estemos en casa sin empleo y con una renta generada por sistemas de IA, es una de las utopías de muchos, pero hasta llegar a ese supuesto paraíso queda tanto que se antoja imposible. A día de hoy sectores concretos como la educación, la atención al cliente, la gestión de datos o la comunicación empiezan a estar más en manos de sistemas de IA que de humanos, y su uso ahí es intensivo, y es probable que sufran transformaciones inevitables, pero nuevamente es muy difícil hacer pronósticos concretos. Los vehículos autónomos empiezan a despegar en las ciudades, pero a un ritmo mucho más lento del que se anunció, cuando se decía que en pocos años llenarían nuestras calles, para poder vaciarlas de manera mucho más efectiva. Otra predicción de futuro tecnológico que aún está en eso, en ideales.

Lo que sí es cierto en el cambio propulsado por la IA es que es más rápido que los anteriores, y por ello ofrece menos tiempo para adaptarse, tanto conceptualmente como de manera práctica a la hora del reciclaje laboral. Toda tecnología destruye empleos y crea otros, y el neto normalmente es positivo, pero es la velocidad a la que se producen ambos factores lo que permite que su implantación no sea traumática. Si la destrucción es mucho más rápida que la creación, la tecnología puede ser vista como un problema para la sociedad, y se genera un rechazo. ¿Estamos cerca de ese punto? No lo se.

miércoles, septiembre 16, 2026

Las finanzas ¿insostenibles? de la IA

Aunque no se pueden descartar los riesgos sistémicos de la IA, ya hablaremos de ello en próximos días, se está extendiendo la opinión entre gente brillante, que sabe mucho más que yo, que la base fundamental del anuncio de Amodei de este fin de semana tienen mucho más que ver con los riesgos financieros de la IA y la que muchos ven ya como insostenible carrera financiera que están desarrollando las empresas que trabajan en esta industria. ¿Estamos ante una petición de acuerdo para frenar los costes insoportables? ¿Existe el riesgo cierto de que los compromisos de inversión y la deuda contraída se conviertan en una losa que no se pueda sostener y ahogue a todos?

A lo largo de los últimos años se han sucedido los anuncios de emisiones de deuda, de compras desatadas de los chips más caros y de construcción imparable de centros de datos para alimentar a la IA. Las cifras que se han manejado son asombrosas, medibles en cientos de miles de millones de dólares. En esta carrera hay dos competidores que adelantan a los demás en el desarrollo de sus modelos tecnológicos, OpenAI y Antrophic, pero que carecen de un modelo de negocio rentable. Queman capital como su fueran incendios forestales y mantienen estructuras societarias anómalas, basadas en fundaciones sin ánimo de lucro. Su idea de salir a bolsa en los próximos meses buscaba, además de reestructurar su forma social, conseguir capital fresco que les permitiera seguir en la batalla investigadora. Junto a ellas, en segundo nivel de capacidad tecnológica en IA, están empresas como Alphabet Google, Meta, Microsoft o X, del complejo Musk. Sus divisiones de IA cada vez son más importantes y costosas, pero se integran en empresas consolidadas, estructuralmente sólidas, y con una facturación en sus negocios propios alucinante que les permite obtener ganancias trimestrales de muchos miles de millones de dólares. La IA es su apuesta de futuro, pero no sólo viven de ella, ni mucho menos. Si para este segundo grupo las inversiones anunciadas les han puesto en el disparadero de los analistas por los riesgos que pueden suponer para sus cuentas de resultados, es evidente que la sostenibilidad de los dos líderes pasa, ineludiblemente, porque alguno de ellos sea capaz de desarrollar un modelo de IA que arrase al resto y se coloque en una posición de preminencia, cambiando su industria y el mundo. No hay garantías exactas de que esto se produzca en un momento dado, pero sí es cierto que cada día que pasa se quema capital sin freno. La visión que planteaba ayer Judith Arnal en su brillante artículo es muy sugerente. Consiste en pasar del actual equilibrio competitivo entre empresas, una carrera desaforada que puede arruinarlas, a un equilibro estático que frene los costes colectivos y permita acumular capital para sostener la viabilidad de las empresas. Ahora nos encontramos en un equilibrio en el que la no cooperación desata la carrera, y pasaríamos a un equilibro de cooperación entre las empresas. Esto requiere muchas cosas, entre ellas que estas empresas, provenientes unas de otras y con directivos que comparten historia pasada y no pocas broncas, se fíen unas de otras y aparquen sus diferencias para cooperar. ¿Es esto posible? Quizás, consultando a la IA, los directivos han visto que se les agota el fuelle del dinero, que es el que alimenta las inversiones y la investigación, y se pueden derrumbar antes de que el gran logro de la IA se alcance. ¿Sería esto una admisión de que existe una burbuja en torno a este sector? Es lo más parecido que se me ocurre. La secuencia de adhesiones corporativas al manifiesto de Amodei del fin de semana hace pensar que esta era la oportunidad que más de uno esperaba para frenar una competición que estaba dejando exhaustos a todos. Si eso es así, dejando los posibles riesgos existenciales aparte, estaríamos ante un problema de dinero, sólo de dinero. Eso sí, de muchísimo dinero.

De aquí surge la idea que tienen algunos analistas de que el movimiento busca convertir este mercado competitivo en una especie de cártel corporativo en el que los líderes establecen las normas y los estándares de regulación, entre ellos los de seguridad. Se iniciaría de esta manera un movimiento que buscaría proteger el negocio frente a entradas de terceros que pudieran hacerles la competencia. Si esto es así, sería como si los bancos sugirieran que ellos van a determinar a los ministerios y Bancos Centrales cómo van a tener que ser supervisados, lo que nadie vería con lógica, y sí con mucha suspicacia. No, la regulación y el control debe venir impuesto desde fuera del sector, como pasa en todas las industrias.