Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.
Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.
El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.