No hay especial novedad en el informe policial que la noche del martes trascendió a la opinión pública, y que hacer desmenuzaban todos los medios, con relación a la invasión ceutí de julio. Se limita a recopilar pruebas que avalan la tesis que todos, bueno, casi todos, mantenemos desde un principio; que los gravísimos hechos de esos días fueron obra premeditada, organizada y dirigida desde Marruecos, y que las fuerzas y cuerpos de seguridad de esa nación estuvieron al tanto en todo momento de lo que pasaba, lo alentaron y consintieron, haciendo la vista gorda todo el tiempo que fue necesario e, incluso, guiando a muchos de camino a la frontera reventada.
¿Cambiará hoy Sánchez en el Congreso su discurso de sometimiento a Rabat a la vista de las evidencias que se agolpan ante todos? No lo se, aunque me inclino a pensar que no. El principal esfuerzo de ayer por la noche de los monclovitas y de los medios pagados por ellos era el de restar credibilidad a ese informe, decir que era un corta y pega de capturas de redes sociales y cosas por el estilo. En ese empeño se percibía claramente un aire de desesperación, de huida hacia adelante para tratar de mantener una idea fuera a la que se agarran de manera desesperada. Su soledad ya es absoluta, y es casi seguro que hoy, en el Congreso, no haya fuerza política alguna, desde el extremo derecho populista de Vox hasta pablemos y los batasunos que respalde al gobierno en su delirio conspirativo internacional y blanqueamiento de Marruecos para justificar las causas de los gravísimos hechos que se desarrollaron en julio en Ceuta, y que siguen sometiendo a la ciudad a un estado de ocupación y degeneración insoportable. Ante este profundo ejercicio de ceguera es normal que la opinión pública se sienta engañada, tomada por estúpida, cosa que Sánchez hace constantemente y con un arte casi insuperable, pero es probable que, en esta ocasión, su capacidad de engaño no sea suficiente. Todos los españoles sabemos a lo que aspira Marruecos, entre otras cosas porque lo dice con cierta regularidad, y desde portavocías muy oficiales. Sabemos que no sólo habla, también actúa, y que la asfixia económica a las que somete a Ceuta y Melilla tiene un propósito. Sabemos que el primer viaje al extranjero que hace todo nuevo presidente del gobierno de España es a Marruecos, y que la institucionalidad que rige en el resto de la nación allí no se da, por miedo a las reacciones de Marruecos. Cuando el país ve como el asalto de 2021, tremendo, se convierte en una demo respecto a lo que vivimos en julio, y contempla las imágenes de pasividad absoluta de la seguridad del régimen ante lo que sucede sabe atar cabos, sabe lo que está viendo, porque lo ha visto ya anteriormente, y la tozudez del gobierno en negar esa realidad es al gobierno a quien destruye. La sensación generalizada de que Sánchez nos miente de manera vil respecto a Marruecos es casi unánime, sólo no lo dicen así los que dependen para pagar sus hipotecas de un sueldo que Sánchez puede mantener o no, así de claro. La pregunta que nadie es capaz de contestar es por qué. Por qué ese empeño ridículo, obsceno, en defender al agresor, culpabilizando a todos los actores globales posibles menos al local que ha sido el causante. Es un empeño absurdo, condenado al fracaso, que destruye la poca credibilidad que pudiera tener un personaje que ya ha mentido a todo el mundo muchas veces, poco a poco, pero en pocas ocasiones con esta contundencia y generalidad. El hombre sin palabra, carente de escrúpulos y deseos más allá de su avidez por el poder, se muestra claramente a los ojos del país como el sujeto que resulta ser, Su toxicidad es ya imparable, y no hay círculo cercano al sanchismo que no empiece a sentirse apestado electoral y socialmente.
En cierto modo, quizás sea el destino el que haga que esta desgraciada legislatura, que nunca debió empezar, concluya con una inmensa mentira, dado que empezó con otra de dimensiones gigantes, que no debemos olvidar. Esa amnistía a los sediciosos puigdemoníacos, que jamás se aprobaría porque era ilegal, se convirtió en lo más natural del mundo cuando se acabó el recuento de la noche electoral de julio de 2023. Hay Sánchez engaño a propios y extraños, y deslegitimó su gobierno para siempre, que es legal, pero indigno. De esa gran mentira a esta hay un trecho. Ambas son de inmensa gravedad, consecuencias profundas y daños extensos. Y tienen un nexo común, la palabra de alguien que no ha dudado en traicionar a todo, y a todos, por su único interés personal.