jueves, junio 11, 2026

Antonio Gaudí en la Torre de Jesús

Cojan una cuerda con las manos y extiendan sus brazos, a lo ancho, creando envergadura, poniéndolos en cruz. Mantengan la cuerda tensa. Ahora, poco a poco, vayan cerrando los brazos y verán cómo, al destensarse, la cuerda cae poco a poco creando una curva. Esa curva se llama catenaria, es la forma que se genera cuando una misma tensión se aplica a cada punto. Es la que se puede ver en cualquier tendido eléctrico o en las que sostienen los puentes colgantes. Quizás les parezca una parábola, pero no lo es. A medida que acerquen sus brazos la cuerda colgará más y empezará a caer con fuerza, creando una imagen similar a un arco apuntado, pero raro.

Con las manos cerca una de otra, la extensión de la cuerda hacia abajo es casi máxima y su base estrecha. Ahora imagen ese trazado justamente invertido, con la base en el suelo y la cuerda elevándose al cielo y bajando. Acaban de crear ustedes una bóveda catenaria, y eso es lo que define gran parte de la arquitectura de Gaudí. Aunque parezca que son góticas, las naves y muchas de sus edificaciones no tienen nada que ver con ese estilo, de paredes rectas y bóvedas de arista, que inevitablemente acaban generando descargas que se salen de la verticalidad de las paredes y requieren apoyos, los arbotantes y contrafuertes que inventaron los constructores de las catedrales. Gaudí era un arquitecto genial que sabía de estructuras modernas. Jugaba con las formas y se exaltaba en la decoración, pero conocía los materiales modernos y el comportamiento de las estructuras como un buen ingeniero de su época, principios del siglo XX, cuando el desarrollo de arcos y otras formas había alcanzado niveles inauditos para los constructores del pasado. Sus edificios son raros por fuera, también por dentro, pero estructuralmente siguen las ecuaciones que rigen los que ahora utilizamos, ecuaciones que él conocía. Su genialidad absoluta fue llevar a ciertas formas estructurales a límites que no se habían intentado jamás y, desde luego, su inspiración en la naturaleza para dotar de organicidad (disculpen el palabro) a todo lo que edificaba, creando así obras con un sello muy propio que son inconfundibles. Algunas de sus creaciones se enmarcan dentro de la corriente de Art Nouveau, que si visitan Bruselas, por ejemplo, podrán admirar en todo su esplendor, pero es cierto que Gaudí va más allá, y su Nouveau no sólo tiene esteroides por la dimensión que alcanza, sino por el exuberante barroquismo que llega a ser invasivo. Las fachadas de Gaudí son sobrecargadas en extremo, y suponen un reto constante para el que las contempla, como una especie de cuadro de El Bosco donde los detalles se agolpan uno contra otro hasta llenarlo todo. No hay detalle del edificio, desde las barandillas de las escaleras hasta la última teja del techo, que no sea trabajado en extremo por el artista, que concebía sus edificios como un todo, como un conjunto en el que cada parte tenía la misma importancia que las demás, y no dejaba nada al azar. Este afán obsesivo encarecía mucho sus proyectos y le hacía incumplir plazos, aunque en general dejaba satisfechos a los mecenas que financiaban sus obras, que sabían hasta qué punto la dedicación del creador de las mismas había sido plena. Esa obsesión profesional, junto con su profunda vocación religiosa, se unieron en el que fue el mayor de sus proyectos, el de la creación de una iglesia a la mayor de las glorias, con motivo expiativo, lo que sería el templo de la sagrada familia. Una construcción en la que todo su genio se llevaría al extremo, en el interior y el exterior, con doce torres para los apóstoles, cuatro para los evangelistas, una para José, una para María y, como cimborrio, la de Jesús, la torre de iglesia proyectada con mayor altura del mundo para su tiempo, que superaría a la mítica catedral alemana de Ulm, y que se quedaría unos pocos metros por debajo de la altura de la colina del Tibidabo, techo geográfico del municipio de Barcelona, para no rivalizar con lo que Dios creo en la tierra.

Ayer, en una ceremonia emotiva, bella y con mucho sentido de la luz, con música plena, y en el marco de la visita del Papa León XIV, tras la misa que tuvo lugar en el templo, se procedió a la inauguración oficial de la torre, una vez que fue coronada hace no mucho por la cruz mirador de cuatro brazos que remata su cúspide. Entre toques de órgano, orquesta y voces de niños, la luz del interior de la torre y la imagen del propio Gaudí generada por drones luminosos en el cielo de Barcelona consagraron la cúspide de una obra asombrosa, que sigue impactando a quien la ve y provocando reacciones de todo tipo. Gaudí era un genio, y creo que le hubiera gustado ver el espectáculo de ayer.

miércoles, junio 10, 2026

Apache vs Dron

Si busco en Google cuánto cuesta un helicóptero Apache, Gemini me contesta que la cifra básica es de unos 52 millones de dólares, a los que se debe incorporar munición, sistemas de radar y demás, y toda una serie de conceptos que se incluyen en los contratos de compra, como mantenimiento, simuladores, formación de pilotaje, repuestos, etc. Un elemento de este tipo no funciona sólo, sino que requiere una logística enorme. Señala la IA de Google que los últimos acuerdos firmados por EEUU con Israel o Polonia para suministrar estos helicópteros a sus ejércitos han hecho que cada unidad salga a un coste de unos cien millones de dólares.

Pues bien, ayer por la tarde noche un dron iraní derribó uno de estos helicópteros en las proximidades del estrecho de Ormuz. Los dos tripulantes del aparato pudieron salvarse, pero la nave se perdió por completo. No se que tipo de dron sería el empleado, a priori, puede que un shahed de los que Irán hace versiones y unidades a lo loco, pero pudiera ser de otro tipo. En todo caso, el objeto que derribó al helicóptero era no tripulado, con lo que el riesgo para el operador iraní era realmente bajo comparado con el de los tripulantes de la aeronave, y sin determinar el objeto atacante preciso no puedo buscar cuánto ha costado, pero se estima que un shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares la unidad. Pongámonos en lo más caro, hacemos unas pocas cuentas y deducimos que un Apache cuesta lo mismo que dos mil drones shahed. Un helicóptero por el coste de dos mil drones. La ratio es realmente asombrosa. Desconozco cuál es la efectividad de los shahed en el caso de un enfrentamiento entre ellos y los Apache, cuántos drones son necesarios, de media, por ataque, para derribar a un helicóptero, pero sospecho que harán falta menos de dos mil. Cualquier que vea estas cifras puede empezar a pensar, fríamente, hasta qué punto compensa hacerse con unos helicópteros o con la licencia para fabricar drones. Piense usted que los drones, obviamente, no están tripulados, por lo que no sólo el riesgo de que el piloto pueda sufrir algún tipo de lesión o baja queda descartado, es que simplemente no hay que aprender a pilotar. El dron vuela al objetivo teledirigido parcialmente en plan videojuego o lo hace de manera autónoma con sensores en los que el software juega el papel determinante y donde la IA empieza a tomar sus propias decisiones una vez que se ha marcado cuál es el objetivo que atacar. El dron puede emplearse contra elementos en vuelo, como helicópteros o aviones, o blancos fijos, bien sean tropas, infraestructuras militares, residencia de civiles o cualquier otro tipo de objetivo, y aunque las capacidades destructivas de un Apache son elevadas, dada la munición que porta, vemos cada día en el frente ucraniano como oleadas de cientos de drones causan daños generalizados en las zonas a las que son dirigidos, tanto por los rusos como los ucranianos. Los porcentajes de drones interceptados son elevados, normalmente superiores a la mitad de los que forman parte de la oleada de ataque, pero basta que unos pocos logren llegar a sus objetivos para infringir daños y atemorizar al rival. En el ataque por drones precisión es una palabra importante, sí, pero aún más lo es saturación. No hay sistema de defensa que sea capaz de parar la totalidad de una embestida en la que cientos de naves proyectil se dirigen contra un escenario. Hay experimentos con métodos de inhibición de frecuencias y cosas por el estilo, incluso el uso de láseres para poder eliminar a los drones, en ejercicios que parecen películas futuristas, pero ahora mismo eso está en plan experimental, y a un nivel de coste disparatado frente a lo que supone un enjambre de cientos de unidades. Y pensemos que los shahed son drones de un cierto tamaño, y por ello coste. Imagine usted un enjambre de drones minúsculos, como esos que se usan en los parques para grabar vídeos, cargados de explosivo y que se concentran en un objetivo (avión de combate, helicóptero, etc). La escena puede ser fantasiosa, pero empieza a darse.

Si algo ha enseñado la guerra de Ucrania al resto del mundo es que las tecnologías militares han revolucionado la estrategia, y que ahora mismo las grandes y caras plataformas como tanques, fragatas o helicópteros son muy muy vulnerables ante ataques de drones de coste ridículo. Ucrania, Turquía o Irán han marcado el camino al resto, pero EEUU muestra lo poco que algunas naciones han aprendido sobre lo que lleva sucediendo desde hace pocos años. Y si los norteamericanos están así ni les cuento los europeos, que ahora han fracasado a la hora del diseño conjunto de un nuevo caza de combate, cuando probablemente los cazas se están quedando obsoletos. Hagan números.

martes, junio 09, 2026

León XIV y el liderazgo

Una buena muestra de hasta qué punto ha triunfado el Papa en su visita a Madrid es lo rápido que corren muchos a sumarse a su discurso, a coger fragmentos que creen que les benefician para intentar sacar rédito y conseguir que parte de las masas que aplauden a León XIV les sean propicias. Eso se vio ayer de manera descarada tras el discurso del Congreso, donde el Papa hizo una exhortación a favor de la doctrina clásica de la iglesia, en lo moral y social, y unos se quedaron con lo segundo, otros con lo primero, algunos con la integridad y Miriam Nogueras con la mano de su santidad en medio de su delirio nacionalista. Mucho interesado, pero poca sinceridad ayer en las Cortes por parte de sus señorías.

Lo cierto es que en estos días León XIV ha dado una lección práctica de liderazgo a muchos de los que cada día se llenan la boca con estrategias, campañas y demás operaciones de marketing. El liderazgo es algo muy difícil de lograr. Hay gente que tiene madera para ello, otros entrenan y lo consiguen, los hay negados, y los peores son los incapaces que creen serlo. El líder es el que guía, el que lleva a otros a cumplir la voluntad que él desea, bien por el interés colectivo o personal, y hay tantas formas de ejercer esa capacidad de liderazgo como uno pueda imaginar, pero básicamente, simplificando las cosas demasiado, las dividiría en dos. Por una parte, está el líder impositivo. Normalmente poseedor de un cargo, tiene una autoridad nominal y la ejerce. Es el consejero de legado de una empresa, el jefe de equipo, el cargo público, el directivo, el presidente, lo que sea. Ahí puede ejercer sus dotes y parte con la ventaja de que, a priori, se le va a hacer caso. En muchas ocasiones esta posición de autoridad deriva en autoritarismo, y el liderazgo se acaba ejerciendo por el mero ejercicio del poder, de la amenaza, de la imposición. Los equipos acaban cumpliendo los objetivos previstos, pero más por las amenazas que caen sobre ellos que por otra cosa. El cargo tiene la “potestas” que de él se deriva pero carece de la “autoritas” del ejercicio. Puede llegar a triunfar, pero la imagen que tendrán de él los que comparten trabajo y vida no será envidiable. Este tipo de liderazgo es el más común. El otro es el que yo denominaría líder persuasivo. Normalmente no está ligado directamente a cargos nominales, aunque puede darse el caso, y es aquel que logra convencer a los demás que lo mejor que pueden hacer es, precisamente, lo que él desea que suceda. Este es el liderazgo en el sentido puro, genuino, porque los demás ven en esa persona alguien en quien fiarse y observan como en su desempeño se da un grado de coherencia entre aspiraciones y sacrificios personales. El líder también se entrega. Sí, manda y coordina, pero trabaja como los demás, y uno se cree lo que hace bajo su dirección porque le ve igualmente implicado. Este tipo de liderazgo es mucho más instintivo, se puede tener o no, pero es difícil de adquirir. Se da en entornos variados, tanto profesionales como alejados del trabajo o de las esferas del poder. Es relativamente fácil de detectar, y muy difícil de imitar. En la práctica el liderazgo acaba teniendo un poco de todo, pero a mi entender la mejor combinación es la que tenga una escasa presencia del peso autoritario, que siempre debe darse en toda organización, y una elevada del componente persuasivo, que sea el ejemplo el que muestre el camino y mando. Abundan mucho más los liderazgos impositivos, porque son más fáciles, pero conseguir esa “autoritas” que sirva de guía es lo más difícil. En el caso del Papa, el actual titular del cargo, Prevost, parece un hombre sereno, poco dado a la efusión, tranquilo, con don de gentes pero lejos de la capacidad magnética de alguno de sus predecesores, como por ejemplo Juan Pablo II, líder carismático en estado puro. Ocupa un cargo de Rey absoluto en una jerarquía extendida por todo el orbe, y por tanto parte con ventaja de cara a ejercer su misión. Posee la “potestas” desde que fue elegido en el cónclave.

En esta visita ha empezado a construir su “autoritas”. Su estrategia parece sencilla, y es la de huir del dogmatismo de la tradición católica y, frente a unos liderazgos políticos globales basado en el grito, el insulto y las malas formas, con Trump como ejemplo perfecto de todo eso, lanzar un mensaje suave, conciliador, respetuoso con la tradición católica, pero sin estridencias. No abroncar, sino acompañar. Por lo visto estos días, y más allá de que existe un componente de “papilotría” en numerosos estratos de la sociedad, ha logrado posicionar su imagen global, ha empezado a construir su liderazgo. El cómo lo ejerza en el día a día y cómo afronte asuntos peliagudos (el tema de los abusos, las finanzas vaticanas, el choque con los gobiernos populistas) determinará su futuro, pero de momento ha acumulado un muy notable capital.

lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.

viernes, junio 05, 2026

Bad Bunny arrasa, aunque no lo soporte

Creo que de las pocas veces que he estado de acuerdo con Donald Trump fue cuando se quejó porque en el intermedio de la Superbowl de este año salió a actuar un cantante al que no se le entendía nada. Los hablantes españoles asentimos diciendo que nosotros tampoco le entendíamos, aunque se suponga que habla castellano. El artista se llama Bad Bunny, conejo malo, y arrasó en ese espectáculo, uno de los de mayor audiencia televisiva a lo largo de todo el año en los EEUU. Yo le conocía de antes, pero apenas había escuchado temas suyos. Me bastaron unos pocos minutos para tener claro que no, que el conejo malo me parece malo malo malo, que no me gusta nada de nada.

Como casi siempre, debo estar en minoría. Ya por entonces se estaba planificando su gira y las fechas de los conciertos que iba a dar en España y otros países. La demanda de entradas se disparó y las fechas de los eventos se iban sucediendo sin cesar, de tal manera que se acabó creando una secuencia de días que resulta asombrosa. Entre mayo y junio el conejo acabaría dando dos conciertos en Barcelona y, pásmense, diez en Madrid, con un aforo de unas cincuenta mil entradas en cada uno. Un conjunto de seiscientas mil entradas vendidas, que ya serán algunas más, a un precio mínimo de cien euros, que supone una de las mayores concentraciones de pago jamás registradas por un solo cantante. En estos días estamos inmersos en la secuencia de conciertos del malote en Madrid, que se celebran en el Metropolitano, el estadio del Atlético que se encuentra en la zona este de la ciudad, afortunadamente lejos del centro, donde los cortes y preparativos para la llegada mañana del Papa León XIV complican notablemente el tránsito. Creo que tendrían que pagarme más de cien euros, pongamos que bastante más, para que asistiera a un concierto de ese tipo, pero se ve que hay multitudes dispuestas a ello, y se congregan para un espectáculo musical y visual que, sinceramente, me echa mucho para atrás. Soy de los pringados que creen que un concierto es música, con aderezos, pero música, y si la música del intérprete no me gusta, el resto me da igual. Ahora no, los conciertos se han convertido en “experiencias” en las que la música es uno de los factores que congregan a la masa, pero no parece ser el más relevante en ciertos casos. Luces, juegos visuales, representaciones, cosas como lo de “la casita”, presuntos posicionamientos políticos y demás estrategias de marketing acaban ocupando las portadas de los medios y el interés de los asistentes y los que hablan del concierto mucho más allá de lo que en él se cante o haga. En general, todo eso que rodea al espectáculo me da bastante igual, creo que su sobreabundancia en estos tiempos tiene mucho que ver con el desplome de la calidad musical que se interpreta, y que todo lo demás consigue llenar el hueco que dejan unos temas plúmbeos, repetitivos y sazonados de reguetón y cosas así, que me parecen insoportables. Es realmente difícil distinguir un tema del conejo malo de otro de artistas de apodos similares, en los que la letra, si se llega a comprender parcialmente, suele ser la descripción de un par de escenas de porno barato y la música se reitera reguetoneramente sin cesar, inmisericorde, constantemente, aderezada según sea el caso con toques de bachata, salsa, merengue o algún otro tipo de aderezo latino que se le añade en función de la procedencia del cantante o del público o de lo que sea. A los pocos minutos la secuencia musical es una mera iteración de lo ya escuchado y el espectáculo se prolonga durante horas, en medio del éxtasis de los asistentes, sin que apenas haya nada de música que pueda ser calificada como tal. Muy, pero que muy muy interesante, debiera ser la acompañante que me hiciera ir a un concierto de este tipo, o muy sustanciosa la comisión (Leire, estírate) que me cayera si franquease las puertas del estadio para ir a la grada y pasar horas con Bad Bunny.

En todo caso, lo que yo opine da un poco igual. Realmente no sirve para nada. Hoy en día el éxito global del reguetón y asociados es incuestionable, y ha logrado que la música en español (si acordamos que eso que suena es nuestro idioma) logre superar en facturación a la anglosajona, cosa que no había sucedido nunca. Bad Bunny arrasa y convoca multitudes, yo escucho lo que me gusta y todos contentos. No cambiaré mi opinión sobre ese tipo de música por mucho éxito que tenga, aun a sabiendas que, en unas décadas, el reguetón será visto por no pocos como algo “bueno” frente a lo que suene en ese momento, que será lo peor. Es lo normal en cuestiones musicales, donde el gusto es personal y, no pocas veces, intransferible.

jueves, junio 04, 2026

La guerra escala en Ucrania

Huyamos de la pestilencia de los que nos desgobiernan y sus tramas mafiosas, vayamos a la guerra. En Ucrania esta semana ha sido especialmente trágica. El martes el país sufrió una de las mayores oleadas de ataques desde el inicio de la invasión rusa, con decenas de muertos en Kiev, causados por unos seiscientos drones y algo más de medio centenar de misiles de diferente tipo. Edificios residenciales, principalmente, y algún complejo industrial, fueron los objetivos de este “blitz” que sumió a la capital del país en el caos y la lleno de columnas ardientes, elevando sus humaredas al cielo. Las defensas aéreas locales poco pudieron hacer ante semejante oleada.

Ayer, en la inauguración del llamado “Davos de Putin” encuentro económico y político de alto nivel que el dictador ruso organiza anualmente en San Petersburgo, los ucranianos lograron golpear esa ciudad, que está a mil kilómetros en línea recta desde Kiev, con varios drones, no tan numerosos, pero sí efectivos, que causaron daños en el puerto, en algún buque militar ruso y en instalaciones fabriles de las afueras. A menor escala, pero la imagen que ofrecía ayer la bella ciudad rusa del Báltico era similar a la de Kiev, con varias columnas de humo elevándose, señal inequívoca de los impactos logrados. Las defensas rusas abatieron a la mayor parte de los proyectiles ucranianos, pero la escena no dejaba lugar a dudas. Kiev logró golpear la ciudad cuando Putin estaba en ella y, aunque los daños no son serios, mostró su enorme capacidad de ataque y la necedad de las defensas rusas. Ayer Zelensky humilló al dictador ruso, llevando el golpe hasta las mismas puertas de su acto de propaganda. Estos hechos son el culmen de un par de meses en los que Ucrania ha logrado detener el avance de las fuerzas rusas y, aunque de manera minúscula, ha recuperado kilómetros cuadrados de frente en el Dombas, región masacrada en la que no se si quedará algo en pie. Ante la creciente falta de efectivos humanos Kiev lo está apostando todo a la tecnología, principalmente drones, tanto aéreos como terrestres, que atacan las líneas enemigas y logran rescatar heridos de las primeras posiciones del frente. También está haciendo sus pinitos con la IA, empleando armas con cierta capacidad de decisión, que dan mucho miedo a todo el que las está analizando, porque el riesgo de que se escapen de control existe. Por parte rusa, sigue la leva de tropas y las bajas se cuentan por miles y miles cada mes, tanto en fallecidos como heridos de diversa consideración, mientras que el rendimiento de las unidades terrestres sigue siendo decepcionante. Los analistas observan un frente estancado en el que los avances rusos del invierno se han detenido y la primavera ha resultado ser positiva para la estrategia de Kiev. En este contexto crecen las voces para que se llegue a un acuerdo entre las partes, acuerdo en el que los ucranianos pudieran tener en estos momentos en una posición de poder negociador mayor que en ocasiones anteriores. Hay rumores crecientes de disensiones en el entorno de Putin sobre el desarrollo de la guerra, el creciente e inasumible coste, financiero y en vidas, que está suponiendo, y la necesidad de frenar esta sangría. Es difícil saber qué hay de cierto o no en estas informaciones, que se solapan con amenazas cada vez más explícitas de portavoces oficiales rusos hacia las naciones europeas, quien sabe si en un intento de amedrentamiento para que cesen su ayuda a Kiev o como una escalada real en la que Rusia puede intentar algún golpe de efecto que cause un miedo europeo que atenace a las capitales occidentales. ¿Una escalada para desescalar? ¿Un golpe, pongamos, en los bálticos, que exija a la UE ceder en sus posiciones para no arriesgar? ¿Es un farol? Hay serias dudas sobre la capacidad militar rusa, y su ineptitud se ha mostrado a las claras durante lo que llevamos de guerra, pero sería un error subestimar el daño que puede causarnos.

Con unos EEUU cada vez más ausentes de la seguridad europea, desentendiéndose de lo que pasa en Ucrania y errando de manera clamorosa en sus propios laberintos, Kiev sabe que lo que pueda conseguir pasa por el autosacrificio y la capacidad que tenga la UE de sostener sus gastos. Conoce las limitaciones del armamento europeo, de su incapacidad de producción, y se ha volcado en una evolución tecnológica que le está permitiendo resistir y convertirse, quien lo hubiera dicho, en líder mundial en la guerra de drones. ¿Será eso suficiente para mantener a Rusia a raya? ¿Cuánto tiempo más pueden mantener ambas naciones las hostilidades? No hay respuestas claras, sólo víctimas, destrozos y columnas de humo en el cielo.

miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.