miércoles, febrero 04, 2026

Cierra Tipos Infames

Cafeterías y librerías son los locales que más frecuento en Madrid, con diferencia. De hecho creo que son los únicos que visito por gusto, ya que el resto suelen estar relacionados con obligaciones que uno debe cubrir (ropa, alimentación, etc) Pasar la tarde en un centro comercial me parece un plan tan absurdo como aburrido. En esos dos establecimientos me dejo bastante dinero, cada vez más dado el coste creciente del café. Por eso, que cierre alguno de esos locales me parece una mala notica, una pena, una pérdida, algo que lamentar. No entiendo la politización de esos hechos, simplemente lo veo como algo que me aportaba y deja de existir, y eso es malo.

Tipos Infames es una librería que está en Malasaña y que abrió en medio de la debacle de la crisis financiera, tras los años más duros del desplome y cuando estábamos en el fondo de un pozo al que no se le veía salida. Tres amigos montaron un local para vender libros y que tenía la cafetería como una forma paralela de negocio. De hecho era un bar con espacio en el que la mayor parte de este se ocupaba con estantes y mesas expositoras con títulos de todo tipo, especialmente novedades y de editoriales no masivas, en los que el gusto personal de los propietarios se notaba mucho en la selección de la oferta. Cuando descubrí el negocio lo anoté como uno de los que debiera visitar con cierta frecuencia, cosa que he hecho a lo largo de estos años. Al principio la cosa debía ir funcionando lentamente, porque era sencillo poder encontrar sitio en sus dos o tres mesitas para poder tomarse un café y leer (soy más de café que de vinos, aunque ellos publicitaban más las copas que las tazas) en una escena que era el sumun de lo que entonces empezaba a llamarse cultura hípster, sólo que yo no cumplía ninguno de los estereotipos estéticos de ese grupo de gente. Era muy urbanita, propio de la capi, por así decirlo, lo de tomarse algo y leer en el mismo local, y me parecía una idea excelente, por la misma razón por la que hay gente que disfruta en esas inmensas tiendas de ropa en las que la música no cesa y siguen llenas. Que se lo pasen genial así, pensaba, yo lo hago de otra manera, y todos contentos. Con el tiempo el local empezó a crecer en audiencia y ya no era posible encontrar sitio para tomar algo, pero sí se podían seguir comprando libros, y lo hacía de vez en cuando, de tal manera que soy de los que ha contribuido a mantener la empresa en pie durante estos tiempos, con mi modesta aportación de cultureta pringado compra volúmenes, que es lo único que soy capaz de hacer en condiciones. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de la noticia de que van a cerrar el negocio em entró mucha tristeza. Salían entrevistas en varios medios a algunos de los propietarios, en los que comentaban el disparo de precios en los alquileres en el barrio, sometido a una demanda desesperada y constante, y el cómo ya no han podido hacer frente a la marea. Al poco, cosas infames de verdad que suceden en estos tiempos, en las redes sociales empezó una especie de batallita cutre en la que algunos, ante las declaraciones anticapitalistas de los propietarios (creo que erradas) empezaban a acusarles de subvencionados, de falsos y de todo tipo de cosas sin sentido. Se podía percibir un cierto aroma de venganza en esos mensajes, como de “os lo tenéis merecidos, por modernos” en un movimiento áspero y sucio que carecía de sentido. Lo observaba y no entendía nada. La politización basura que nos absorbe y que todo lo enfanga también entró ahí, para buscar rédito o para echar aún más sal en la herida. Y seguía sin entender nada. Lo único que sabía es que una librería que he visitado varias veces, en la que me lo he pasado bien, en la que me han tratado bien, va a cerrar, y eso, para mi, es una pena.

A veces he soñado con regentar yo una librería, dado que me paso tanto tiempo leyendo en mi tiempo de ocio, pero me he desengañado rápidamente porque me da que el negocio no es lo suficientemente lucrativo como para cubrir la hipoteca de casa y ciertas necesidades, entre ellas la de comprar libros. Los que crearon Tipos Infames lograron llegar a ver su sueño cumplido, y durante años les ha permitido vivir de ello, y eso es algo que merece admiración, y, sí, también, un punto de envidia, en este caso sana. Cuando dentro de un tiempo pasee por esa zona y vea que en ese negocio hay obras de reforma, o se abre cualquier otra cosa, me dará pena, por un pasado que se fue. Al menos pude disfrutarlo de mientras existió. Gracias por ello.

martes, febrero 03, 2026

Sin corrección en bolsa

Ayer, tras el desplome de los metales preciosos del fin de semana, las bolsas asiáticas vivieron un día duro, con bajadas generalizadas y superiores al 2%, y el arranque de las europeas tuvo un tono similar, pero luego las cosas se fueron enderezando y, finalmente, los índices occidentales cerraron en ganancias. En el caso del selectivo español, el Ibex35 cerró por primera vez por encima de los 18.000 puntos, en lo que vuelve a ser un récord histórico. El comportamiento de nuestro índice es de los mejores del mundo, sostenido fundamentalmente, aunque no sólo, por el peso de la banca, que sobrepondera en nuestra bolsa, y que está a unos niveles de cotización extraordinarios.

¿Cuál es el techo de este mercado bursátil? Desde hace tiempo se viene insistiendo que hemos llegado a él y nuevos registros no hacen sino contradecir esa idea, por lo que aventurarse a pronosticar se ha convertido en un ejercicio de pura fe, lleno de riesgo. Las tensiones comerciales desatadas por Trump en abril de 2025 provocaron un minicrash que se recuperó con gran velocidad, de tal manera que, si uno hubiera estado quieto durante esas semanas de turbulencias, habría acabado en el mismo punto y se habría podido anotar ganancias adicionales. Si es cierto que los índices norteamericanos, aunque siguen subiendo, lo están haciendo a un ritmo cada vez más pausado. El SP ha llegado a superar los 7.000 en cotización intradía, pero no ha cerrado aún por encima de esa marca, y en lo que llevamos de 2026 la evolución ofrece ganancias, pero cortas. Hay una sensación de que el mercado está muy alto, pero no deja de subir, y los agoreros llevan ya un tiempo medio callados en vista de que sus pronósticos no se han cumplido. Dos son las fuerzas, simplificando mucho las cosas, que tiran del merado. Por un lado, la liquidez creciente que llena de papelitos todo y hace que los precios de los activos suban en su denominación en unas monedas a las que la inflación erosiona sin cesar. El otro impulso es la IA, las enormes inversiones en esa tecnología que, día sí y día también, revientan marcas alcanzadas en acuerdos entre empresas del sector. Este de la IA es el puntal principal para asentar el crecimiento, especialmente en EEUU, y es, a la vez, el gran riesgo económico. La eterna discusión de hasta qué punto las expectativas que se están poniendo en esa tecnología serán capaces de cumplirse es la pregunta que obsesiona a todos, y se están dando respuestas de todo tipo, algunas que hacen ver que la IA es una solucionadora de problemas, como se ve casi a diario en publicaciones científicas de todo tipo, mientras que no son pocos los artículos que cuestionan el uso real de herramientas como Copilot, el asistente de IA de Office, en el día a día de las empresas, habiéndose detectado una reducción de su uso desde el disparo inicial tras su implantación. ChatGPT, la gran empresa que todos asociamos como el culmen de la IA, ejemplifica muy bien tanto las esperanzas en la tecnología como los costes de capital que supone desarrollarla. Sigue sin dar beneficios y consumiendo dinero para mantener un sistema informático colosal que es mundialmente conocido, pero que no sirve, hoy en día, como negocio. Su futura salida a bolsa, principalmente para obtener capital fresco con el que financiarse, ha sido señalada por más de uno como el momento culminante de la exuberancia de la IA, el punto en el que todo el mundo se lanzará a por acciones de esa empresa para subirse al carro de lo que promete ser el negocio perfecto, convirtiendo la expectativa en una burbuja de verdad, que puede ser el colofón de la época. ChatGPT no es Terra, pero no falta quien compara la locura que puede suponer su salida a bolsa con la que se vivió con aquel portal web. ¿Recuerdan lo mal que acabo todo aquello, verdad?

Sí tengo la sensación de que este año puede ser más irregular que los pasados en bolsa, especialmente viniendo de un 2025 con ganancias muy elevadas, pero no me atrevo a hacer pronóstico alguno. Creo que en lo de la IA hay algo de burbuja, de vendehúmos, pero también observo realidades tangibles. Quizás, como pasó con la web, sea necesaria una purga para hacer limpieza y que la tecnología se despliegue con todo su potencial y capacidades, y limitaciones, y en esa limpieza no pocos palmen sus ahorros e ilusiones, pero si eso se produce, a saber cuándo, cómo y por qué será. Lo comentaremos aquí, y si no pasa, no. De momento, las bolsas aguantan.

lunes, febrero 02, 2026

Burbuja del oro reventada

Enero ha sido un mes apoteósico, le ha dado tiempo a todo lo imaginable, hasta el punto de que hemos asistido al disparo y derrumbe de una burbuja en los metales preciosos, un fenómeno que venía sucediendo desde hace tiempo y que en las primeras semanas de 2026 se exacerbó, alcanzando el oro y plata valores nunca vistos, y registrando sus gráficos un ascenso exponencial que sólo podía acabar de una manera. En esto de las cotizaciones, subir como un cohete es peligroso, porque puede pasar como en los dibujos animados, que en plena subida agota el combustible y se queda colgando un instante en el cielo antes de comenzar a caer a lo loco.

El viernes el oro llegó a caer un 12% y la plata un 32%, pulverizando todas las ganancias deslumbrantes que se habían acumulado desde el inicio del año. El metal precioso por excelencia llegó a superar los 5.500 dólares la onza (escribí aquí sobre ello al tocar los 5.000) y terminó el viernes por debajo de ese nivel psicológico, cotizando ahora mismo en los 4.500 dólares la onza, un valor muy alto en la serie histórica, pero a mil dólares del máximo registrado apenas un par de días antes. Con la plata las cosas han sido aún más exageradas. Tocó techo en 119,87 dólares el mismo viernes 30 de enero y ahora cotiza en el entorno de los 75$, un derrumbe salvaje del -37,43% Son cifras propias de burbuja, de las de toda la vida, y cumplen lo necesario para denominarla como tal, dado que se e el ascenso fulgurante y, ay, el derrumbe, que es lo que permite llamarlas así. Desde que la cotización de oro y plata comenzaron a desplomarse se produjo el típico pánico vendedor de quienes se habían subido al carro de las subidas en máximos, junto con la liquidación de espabilados que llevaban grandes ganancias acumuladas, y que este viernes las convirtieron en efectivo, saliéndose de un mercado en el ellos, y pocos más, resultaban ganadores, y una gran masa se convertía en pagana de un movimiento desquiciado de subida que a buen seguro había obnubilado a más de uno. ¿Cuántos se han arruinado con este movimiento? Conozco a más de uno que se ha metido a jugar en este mercado de materias primas, al calor de las subidas, pero de manera prudente por la poca cantidad de dinero que han puesto, como si fuera un juego y uno coloca un par de fichas ahí a ver que pasa. Han puesto poco dinero que pueden arriesgarse a perder sin consecuencias, y alguno de ellos ya estará en pérdidas, pero no les va a quitar el sueño. Sin embargo es bastante probable que al calor del subidón de las cotizaciones no hayan sido pocos los que sí que se hayan metido en estos valores con cifras respetables, con cantidades serias que, en caso de pérdida o de bloqueo para no ejecutar la pérdida, pueden ser realmente significativas para sus economías. ¿Cuántos se han quedado atrapados en este movimiento? La brusquedad del mismo, por su dimensión y velocidad, es la propia de los mercados actuales donde hay muchísimos operadores particulares jugando desde sus apps y un montón de bots, programas automáticos, que actúan de manera fulgurante y pueden amplificar todo tipo de movimientos en manada. Una caída del valor de un tercio, como la de la plata, deja muertos y heridos, financieramente hablando, supone un desplome de mercado de consecuencias inevitables para casi todo el mundo, y destruye valor de una manera absoluta. Sí, valor que no sería cierto, pero era convertible en real antes del desplome. En el juego de los mercados las expectativas son una pieza fundamental, y el viernes por la mañana la sensación de euforia entre los inversores de oro y plata era generalizada, tanto como la del pánico unas horas después. A más de uno este fin de semana le habrá sentado peor que mal.

A otro que le ha ido mal en estos días es al Bitcoin, que ha pasado de rozar los 90.000 el viernes 28 a encontrarse ahora en el entorno de los 76.000. El, a mi modo de ver mal llamado, “oro digital” no ha servido como valor refugio en medio del desplome de los metales preciosos, porque el Bitcoin es de todo menos refugio. Aquí la pérdida ha sido menor que en los metales, pero nada pequeña, aunque es cierto que los que se meten en el mercado de Bitcoin saben que se lanzan a una selva en la que las posibilidades de ser devorado son elevadas. Hay mucho aventurismo, pero no tantos ingenuos. Desde luego sospecho que menos que los atrapados en el oro y plata.

viernes, enero 30, 2026

Liliana y la verdad

Es muy famoso el inicio de la novela del añorado Javier Marías Corazón tan blanco, ese “No he querido saber, pero he sabido” en el que el narrador relata como quiere negarse a conocer la verdad de un hecho cruel que ha sucedido en su entorno, prefiere vivir sin la carga que supone el conocimiento de lo que ha pasado. Lo evita. Yo tampoco quiero saber, no quiero, no quiero, no quiero, lo que viven las personas que han sufrido una pérdida, sin ir más lejos, en el desastre ferroviario de Adamuz. Esas familias rotas, que el domingo por la tarde no lo estaban, han conocido el dolor de una manera que no he vivido nunca. Y no quiero, no quiero, no quiero saberlo.

Ayer, en el funeral que tuvo lugar en Huelva como despedida a los fallecidos y homenaje a sus familias, subió Liliana Sáenz al atril para leer un comunicado en nombre de todos los fallecidos y sus familias. Con su hermano al lado, ambos despedían a su madre, que se quedó para siempre en ese rincón de Córdoba del que casi todos nada sabíamos, que se llama Adamuz. Liliana realizó una alocución de diez minutos tras la que, la verdad, todo lo que yo escriba, o lo que se añada desde cualquier medio, no sirve para nada, sólo es ruido y algarabía. Todo lo que había que decir lo dijo Liliana, y todo lo dijo bien. Desde una honda fe religiosa, que es la dominante en la ciudad onubense de la que procedían la mayor parte de los fallecidos en el desastre, Liliana trató de encontrar consuelo a su pérdida absoluta en la fe en Dios y en la esperanza de la resurrección, de un más allá de cielo al que su madre ha sido llamada con premura, inmensa premura. Liliana desgranó el sentimiento de angustia de las familias ante algo que no tiene sentido, ante la vivencia de unos hechos que son indeseables, que sólo generan dolor. En medio del desastre hay ayuda, sí, pero sólo sirve para paliar mínimamente el instante, no cubre la pérdida. En su alocución Liliana mencionó a todos los que, desde el domingo por la noche, se movilizaron sin cesar para asistir a los heridos, rescatar lo que fuera posible, dar cobijo… en este sentido los profesionales sanitaros y todo el pueblo de Adamuz, el que tuvo la desgracias de ser el más cercano al lugar de los hechos, estarán para siempre en la memoria de los supervivientes de la catástrofe, un lugar por el que algunos de ellos quizás pasaban regularmente, otros por primera vez, ni idea, pero que se volcó con sus recursos, todos los que disponía, para asistir en lo que fuera necesario. Agradecimiento sin límite expresó Liliana a todos los que han hecho posible que el dolor no creciera aún más, a sabiendas de que nada puede minimizarlo. Reclamó Liliana verdad sobre lo sucedido, expresando claramente que las familias la reclamarán sin cesar pero también sin rencor, e hizo mención expresa a la polarización indigna que ha calado entre todos nosotros, esa miseria moral que nos corroe y nos hace ver las cosas que suceden desde el sádico prisma de si beneficia “a los míos” y perjudica “a los de enfrente”, que pone en marcha calculadoras siniestras de votos en función de lo que ha sucedido, de donde y a quién le toca gestionarlo, para poder arrojarse las víctimas a la cara del contrario y así sacar un rédito repugnante. Liliana tuvo el valor de decir los que muchos piensan y, también, no pocos, callan. El valor de señalar una corrupción profunda que se ha quedado no sólo en la política, sino en los medios, en las opiniones, en el debate público, en las charlas del café, en tantos y tantos espacios de comunicación que han degenerado en vulgares cámaras de eco en las que los argumentarios de turno se suceden sea cual sea el hecho que se comenté, y que los muertos son uno de los activos que más se puede explotar de cara a herir a ese que se ve como el contrario. Liliana, con su discurso, se elevó muy por encima de la miseria moral que anida entre nosotros.

Sus palabras son un aldabonazo enorme, un grito que, a buen seguro, muchos no querrán escuchar, porque les deja desnudos ante la verdad, ante un dolor que no tiene cura, reparación, ante un hueco eterno que el tiempo suavizará, pero no logrará llenar. Ayer Liliana estuvo muy por encima de todos aquellos que se supone son representantes de la sociedad, fue la expresión del dolor y de la conciencia de una sociedad que se sabe manipulada, manejada, que entierra a sus muertos en medio de la incomprensión general, que se esconde ante la muerte y que, como mucho, la explota en beneficio propio. El discurso de Liliana es ya Historia de este país, pero, sobre todo, es ejemplo de ser y de estar. Todo sobra, basta lo que ella dijo.

jueves, enero 29, 2026

El papel del dólar

Bastante relacionado con lo que hablábamos ayer, sobre el precio del oro, que sigue subiendo, está el papel que desempeña el dólar en la economía global y su presunto declive, de momento más un deseo por parte de algunos agentes que una realidad. Siempre la moneda del país dominante ha actuado como moneda de reserva global. Pasó con el real de a ocho de la monarquía hispánica (del que el dólar también hereda las columnas de Hércules de nuestro escudo nacional, eso son sus dos barras verticales). La libra británica cumplió ese papel en el tiempo del imperio victoriano y, tras las guerras mundiales y la victoria de EEUU, es el dólar el que desempeña la función.

Eso significa que la demanda de dólares es mucho mayor que la derivada de los flujos económicos que se desarrollan en y con EEUU. El petróleo cotiza en dólares, por lo que si un país europeo quiere comprarlo debe entregar dólares para ello, cambiando sus euros. Muchas materias primas funcionan de igual manera, y otro tipo de bienes. El dólar es una moneda aceptada en casi todas partes, especialmente en aquellos lugares donde hay inseguridad financiera y lo sistemas de pago son endebles. Piense usted en Argentina, en qué moneda ahorraría, ¿en pesos?. Los depósitos denominados en dólares se ofrecen por parte de la inmensa mayoría de entidades financieras como vehículo de ahorro global. Es una moneda plenamente convertible, que cotiza a diario en el mercado de divisas. Los títulos de deuda emitidos bajo su denominación suponen el mayor mercado de bonos del mundo, el más líquido, el que más se demanda, compra y vende. Y por detrás está la primera economía del mundo, el mayor ejército y el garante del sistema de reglas globales, financieras y no, bajo las que nos regimos. Esto otorga a EEUU un privilegio enorme, exorbitante lo denominada De Gaulle, porque puede endeudarse mucho más que el resto de naciones, ya que siempre habrá alguien a quine le convenga o necesite hacerse con dólares, mientras que la demanda del resto de monedas será menor, poco o mucho, pero menor. ¿Puede cambiar este panorama? Sí, pero no es tan fácil. Los cambios de moneda de reserva global han ido precedidos de derrumbes en el poder real del país que tenía esa enseña como propia, principalmente por la pérdida de guerras y el declive en su peso internacional. Si EEUU deja de ser la gran potencia global el papel del dólar se debilitaría, pero es necesario mucho más que eso para que la preminencia de esa moneda deje de ser la que es, y por ahora no se ven signos evidentes que puedan ser capaces de alterar el panorama. China, su economía, empieza a rivalizar con la norteamericana en extensión, capacidad y vinculaciones, eso es cierto, pero su sistema financiero sigue siendo un juguete intervenido por el régimen de Xi, que ni aporta garantías ni solidez ni convertibilidad. El yuan está muy lejos de ser moneda de reserva internacional. Cierto es que cada vez que China firma acuerdos comerciales con terceros países en los que obliga a intercambiar los bienes en yuanes trata de erosionar el papel global del dólar, y esta es una vía efectiva para lograrlo, pero aun así es necesaria una reconfiguración global enorme para que el cambio se dé. Realmente, las mayores amenazas para el dólar sólo pueden surgir desde los propios EEUU, en dos vertientes, financiera y política. Por el lado financiero, el gigantesco déficit público que no deja de crecer allí puede acabar siendo una bola indigerible que nadie sea capaz de abordar, y la historia demuestra que el derrumbe de muchos imperios ha ido acompañado de déficits que se disparan, fruto del cada vez más costoso mantenimiento de una estructura de poder que requiere recursos infinitos. ¿Puede la deuda norteamericana herir gravemente las finanzas del país y debilitarlo globalmente? Sí, es un elemento capaz de lograrlo, y la discusión sobre si eso va a pasar o no y cuándo, de suceder, es una constante en el debate de no pocos estudiosos.

La otra vertiente es la política. La previsibilidad de EEUU en sus actuaciones y su papel como garante del sistema global, político y financiero, son algo que se daban por sentado pero que, con la deriva trumpista, empiezan a ponerse en duda. Si instituciones, flujos comerciales, incluso la estabilidad interna de la nación empieza a ser puesta en cuestión, el temor a que el billete verde empiece a dejar de ser visto como algo respaldado por poder efectivo puede crecer, y pocas cosas son más miedosas que el dinero. Trump grita a los cuatro vientos que el sistema global roba a EEUU, cuando es justo al contrario, EEUU es mucho más fuerte gracias a un sistema global en el que resulta ser el pilar decisivo. Este asunto, de enorme calado, empieza a abrirse paso en el debate global como pocas veces en el pasado.

miércoles, enero 28, 2026

Oro a 5.000 dólares

Esta semana el oro ha batido un nuevo récord en su cotización, alcanzando la barrera de los 5.000$ la onza, registros nunca vistos. Su carrera ascendente a lo largo del año pasado fue ya imparable, rompiendo el 3.000 en marzo y el 4.000 en octubre. De hecho la gráfica muestra una aceleración en la subida que no cesa y que le está otorgando una forma exponencial típica de los movimientos burbujiles. Con la plata ha pasado algo parecido, disparándose de una manera loca y con bruscos movimientos intradía en las pasadas jornadas que no han afectado a los que se han quedado quietos, pero ha arruinado a más de uno que se ha subido a esa montaña rusa a jugar. Mucho cuidado.

¿Por qué sube el oro? Sus movimientos tradicionales son lentos, pausados, marcados por ciclos seculares de varios años, tanto de subida como de bajada, nunca ha sido, como hasta ahora, un activo de especulación rápida y de cambios en su cotización más propios del bitcoin o de cosas por el estilo. Normalmente el oro se entiende como un valor refugio. Comparto con Keynes la idea de que esto es absurdo, de que es un mero metal que no aporta nada, pero hay lago atávico en la psique humana que lo reconoce como especial, y no tiene sentido luchar contra ello. En épocas de incertidumbre el oro suele subir porque se considera como algo que ancla el valor, que no se devaluara frente a otro tipo de activos, sujetos a coyunturas tormentosas. Lo cierto es que, en el mundo en el que estamos, la incertidumbre sobra, por lo que ese argumento precautorio tiene un respaldo muy sólido. También se ha visto, a lo largo de los últimos años, especialmente desde el Covid, como los bancos centrales han ido aumentando sus compras de oro, de tal manera que este activo ha ido pesando cada vez más en la composición de sus reservas respecto a otros, especialmente bonos y divisas. ¿Tiene este movimiento un calado profundo? Pudiera ser, ya que no son pocos los que opinan que ciertas autoridades monetarias, se habla sobre todo de la China, pero no sólo, tratan de ir creando una base sobre la que construir un patrón monetario que tenga un cierto respaldo en ese valor, y mutar respecto al sistema fiat en el que nos encontramos, en el que la moneda sólo es válida como tal por la fe que tenemos en ella, dado que no hay nada que la respalde. Es difícil saber qué hay de cierto o no en este argumento, que de ser correcto, nos llevaría a un replanteamiento del sistema global de divisas respecto a la situación actual, pero es innegable que, declaradas o no, las adquisiciones de oro por parte de los Bancos Centrales suben y suben, y eso presiona a las cotizaciones. Por último, ligado a lo anterior, se encuentra la explosión de déficits públicos que atenaza a las economías de medio mundo, déficits que no se reducen de ninguna manera y que se someten a refinanciación constante vía nuevas emisiones de deuda en un mercado que no deja de crecer. Hay una sensación extendida de que esa deuda nunca podrá ser devuelta, que la moneda que respalda esa deuda pierde valor a ojos vista, y que procesos inflacionarios como el vivido tras la salida del Covid, a pesar de su evidente componente de estrangulamiento de oferta, ahondan en la idea de que las monedas se depauperan sin freno. Este ha sido uno de los argumentos favoritos de los defensores del Bitcoin, que algunos, fantasiosos a mi entender, denominan el oro digital. Lo cierto es que, como bien sabe todo el mundo, el aumento del precio de un bien se puede explicar tanto por la subida del valor que otorgamos en ese momento al bien como por la devaluación de la moneda en la que lo expresamos. Si una onza de oro pasa de 4.000$ a 5.000$ podemos entender que su valor ha crecido un 25% o que el dólar se ha devaluado en esa misma proporción. Y es probable que haya algo de ambos movimientos.

En todo caso, es anómalo que el oro se encuentre en un proceso de subida libre, no es normal. Indica que algo pasa en el sistema económico. No son pocos los que señalan que parte de su ascenso se debe al daño que Trump está haciendo a los EEUU y a lo que eso supone en forma de no ver al dólar como una reserva de valor, como un activo invertible, sino como un riesgo en el que no hay que aumentar la exposición. El dólar es la moneda de reserva global y eso supone una enorme ventaja y poder para EEUU. ¿Señala el disparo del oro que ese papel del dólar empieza a concluir? No lo se, eso serían palabras mayores. De momento, sigue subiendo, ya a 5.200$. Enhorabuena a los que han pillado la subida y precaución para los que juegan con él.

martes, enero 27, 2026

El desastre de cercanías

Sobrevivo en Madrid gracias al metro. Tengo un coche que duerme en lonja en el pueblo y, hace años, pasó un verano en la capital, pero tengo la suerte de tener una boca de metro cerca de casa y más cerca aún de la oficina, por lo que no necesito vehículo para desplazarme. Sin ese servicio público de transporte la ciudad sería invivible, estaría sumida en el colapso permanente. Lo mismo se puede decir, a menor escala, respecto al servicio de autobuses o al de cercanías de RENFE. Entre semana, y en hora punta, somos cientos de miles de trabajadores los que los utilizamos para ir a nuestros empleos, y los cogemos otra vez para volver a casa. Sin ellos no sería posible.

Por eso, asistir como ha sucedido al constante proceso de degradación de los servicios de cercanías en nuestras ciudades, fruto del abandono por parte de la administración central, no me atrevo a decir que si por premeditación o por pura necedad, es sangrante, es injusto, y, sobre todo, supone un golpe para las rentas medias y bajas, que no disponen alternativa de transporte ni medios para sufragarse un vehículo o similar. Dejar morir las cercanías es golpear a las capas de la sociedad que más requieren el servicio público, con un gobierno cuyo constante marketing no hace sino pregonar su defensa de ese tipo de bienes, los públicos. El abandono es constante, y sus efectos progresivos, pero aquí también se puede utilizar esa frase que se le atribuía a Mark Twain. A la pregunta de cómo llegó a la ruina respondió “primero poco a poco, luego, de repente”. Desidias, faltas de inversión y mantenimiento, orillamiento, dejadez… el estado de la infraestructura y los trenes se va deteriorando poco a poco, como todo lo que se usa, y empiezan la catarata de incidencias que ataca la fiabilidad del servicio y lo convierte, poco a poco, en una lotería. Sus usuarios, recordemos que muchos de ellos sin alternativa, empiezan a ver al cercanías no como una solución, sino como el primero de sus problemas diarios. Aglomeraciones constantes, interrupciones de servicio, paradas no programadas, horarios que son fantasías… la dinámica del mal funcionamiento se instala como rutina, y de ahí a que se produzca un incidente serio no suele mediar demasiado. Todo esto se ha vivido así tanto en Madrid como en Barcelona, pero por las informaciones que han llegado desde allí, los incidentes han sido más serios y continuados en el área metropolitana catalana. A ninguno de los irresponsables políticos regionales que han pasado por cargos de poder en esa comunidad le ha interesado eso en lo más mínimo, seguramente porque muchos de ellos consideran en su fuero interno como chusma a la mayor parte de los usuarios del cercanías, no son “de los suyos”. En fin, ha querido la desgraciada casualidad que el Rodalies, que es la marca con la que el cercanías de RENFE opera allí (sí, para desvincularse del estado sí han sido efectivos, para nada más) tuviera un grave incidente en la misma semana de la tragedia de Adamuz, con el balance de un maquinista en prácticas fallecidos y decenas de heridos al descarrilar una unidad por desprendimiento de un talud de la AP7, en este caso parece que fruto de las intensas lluvias que han azotado toda aquella zona. A partir de ahí se ha producido un pulso entre los maquinistas, que llevaban tiempo denunciando el deterioro del servicio y la inseguridad creciente, y los gestores de las entidades ferroviarias y administrativas, que han hecho todo lo posible para acallar las críticas y no solucionar ninguno de los problemas. Plantes, huelga, revisión de las vías prometida y no realizada, nuevos sustos, nuevas huelgas, interrupción total del servicio durante el fin de semana ante la incapacidad del asegurar el funcionamiento correcto del mismo, rearranque ayer y un cúmulo de incidencias, incluidas las informáticas, que lo dejaron todo nuevamente medio parado…

Cientos de miles de usuarios catalanes ninguneados, burlados, despreciados por las administraciones a las que pagan sus impuestos y que ven como no hay manera de que el servicio de trenes funcione, mientras que el número de cargos y asesores en la administración y empresas paralelas no deja de crecer, al igual que sus nóminas. Lógica indignación, sensación de estafa, cabreo, descrédito absoluto ante las vacías promesas de un gobierno regional y nacional que miente más que habla, y en el día a día, incomparecencias en el trabajo, citas perdidas o aplazadas, malestar, angustia y todo lo que ustedes ya saben. Sí, sale muy caro tener a unos inútiles al mando. A ellos, a sus elevados ingresos, no. Al resto del país, carísimo.