El lunes por la noche fue en Bilbao donde se produjeron unos graves disturbios urbanos, con quema de contenedores, barricadas y varios coches calcinados, localizados principalmente en la zona de Deusto. La excusa era la anunciada presencia de Vito Quiles, un agitador de nulo cociente intelectual y que dice ser periodista e ideólogo, en la universidad privada de ese barrio. El acto fue finalmente cancelado, pero eso no fue óbice para que los desalmados que tenían pensado organizarla pasasen la noche en casa viendo la tele o haciendo lo que les placiera. No, la idea era montarla, destruir todo lo posible y amedrentar, y lo lograron, en medio de un nuevo fracaso de acción de una ertzaintza maniatada.
A lo largo de la noche se pudo oír, por parte de los encapuchados, frecuentes gritos de apoyo a la banda terrorista ETA, lo que deja bien a las claras de que tipo de personas estamos hablando. Son esos gritos en los que se excusa Bildu para no condenar oficialmente esta desgracia, pese a que en la noche del lunes parecía dispuesto a ello. Su cobardía, o quizás simpatía ante la muchachada, y el sentirse plenamente orgulloso de ser heredero de una banda asesina es lo que hace que los bildutarras muestren ese lado comprensivo ante el matonismo callejero. Sin embargo, creo que los de Bildu tienen motivos para empezar a ponerse algo nerviosos, porque en su mundo empieza ya hay escisiones internas que ya los ven como los “abertzalitos cobardes” para entendernos. Dos son los grupos que más protagonismo han cogido en ese submundo. Uno es Jardun, muy pequeño, que se ha hecho conocido estos días por la detención de alguno de sus miembros y las acusaciones de terrorismo que han caído sobre ellos. Son orgullosos herederos del pasado etarra, cuestionan la disolución de la banda y ven en el terrorismo una manera legítima de conseguir sus objetivos, que son los mismos que defendía ETA. Son sobre todo abertzales, es decir, ultranacionalistas, y pretender crear una república socialista y esukaldun. El otro movimiento, de mayor dimensión y trayectoria, Es GKS, siglas de Gazte Koordinadora Sozialista, coordinadora socialista juvenil, escisión organizada de la izquierda abertzlae que ya lleva un par de años siendo noticia en el entorno norteño, y es el gran quebradero oficial de Bildu. GKS es un movimiento principalmente juvenil cuya ideología base no es tanto el ultranacionalismo como el marxismo leninismo. Son estalinistas en fondo y forma, si ven con buenos ojos la independencia vasca, pero no tanto como un objetivo principal, sino como herramienta para llegar al paraíso socialista. GKS lleva ya tiempo enturbiando la presencia de Bildu en el sustrato social vasco, buscando hacerle la competencia entre los movimientos estudiantiles pre y universitarios, tratando de conseguir espacio propio en las txoznas, bares improvisados que la izquierda abertzale monta en las fiestas de los pueblos para hacer proselitismo y, de paso, llevarse ingresos extras para su financiación, etc. Varias veces los portavoces de GKS, junto con un coro simpatizantes, todos ellos con cara de mala leche, han hecho declaraciones a la prensa como formación establecida, separada de Bildu, pero aún no se han presentado a elección alguna. Tampoco creen en el sistema electoral, son más de la toma del palacio de invierno, pero no es descartable que acaben acudiendo a alguna convocatoria, y son las municipales y forales de mayo del año que viene un buen momento para ver si deciden dar el salto. Todos estos grupos actúan con la violencia como una seña de identidad, la consideran tan legítima o más que cualquier otro tipo de protesta social, y calan en una parte de la sociedad vasca que ni ha pedido perdón por el terrorismo ni se ha socializado en el sistema democrático que tiene el respeto al ciudadano y su integridad como una de sus principales bases. No es de extrañar lo que vimos el pasado lunes, esas marañas existen desde hace tiempo, y cada vez actúan con más orgullo y capacidad.
Hubo el lunes escenas de ciudadanos enfrentándose a los agresores, valientes bilbaínos que veían como una panda de descerebrados y muchos mocosos se lanzaban contra sus comercios y enseres. Fueron héroes en medio de la masa descarriada. Como en Barcelona el sábado, muchos de los agresores eran críos de poco más de catorce años, que saben tanto de ideología como yo de la lengua uzbeka. La policía actuó tarde, por incompetencia de sus mandos políticos, que no se atreven allí a enfrentarse a la mafia abertzale como es debido, y que corren el peligro de permitir el crecimiento de estas formas violentas si no se demuestra una voluntad de controlarlas. Esos héroes merecen homenaje, sin límite, pero no es así como se combate a un grupo de alborotadores callejeros. El lunes también, para variar, fracasó el gobierno, en este caso el vasco.