martes, junio 16, 2026

El acuerdo de Trump con Irán

Ayer fue un día de festejo en bolsas y mercados de todo el mundo tras el grandilocuente anuncio de Trump del acuerdo, tras más de una treintena de amagos, con Irán, y su inminente firma. Parece que esta vez va en serio, o eso es lo que compraron los valores, con subidas desatadas en las bolsas, récord del Ibex por encima de 19.000, caída del petróleo, con el Brent en 84$, aún caro, pero bastante menos que hace unas semanas, y sensación de que lo peor ha pasado. De todas maneras se mantiene una cautela lógica ante lo que pueda pasar estos días, sobre la estabilidad del acuerdo, y va a ser necesario bastante más tiempo del que muchos creen para que los flujos petrolíferos vuelvan a la normalidad, y los precios a niveles razonables.

Del acuerdo en sí hay dudas, porque se han filtrado versiones del mismo que son divergentes. Parece que existe consenso en cesar las hostilidades, en reabrir Ormuz, y poco más. Sí hay un compromiso de empezar a negociar desde este momento la cuestión nuclear, con la idea de que en sesenta días, que se antojan muy pocos, suscribir un acuerdo al respecto en el que Irán renuncie al arma atómica y se deje claro que pasa con cientos de kilogramos de uranio enriquecido a elevado porcentaje que el país mantiene. Se abre la puerta al desarrollo de un programa de energía nuclear civil, que necesita de un uranio con un nivel de enriquecimiento mucho más bajo (3,5% frente al más del 90% que necesita la bomba). A partir de aquí las dudas son crecientes, principalmente por tres aspectos. Uno, la posible compensación económica que Irán pueda recibir por parte de EEUU por los daños causados en los ataques, que el régimen de los Ayatolas da por cierto y la Casa Blanca lo desmiente. Dos, las renuncias al desarrollo de misiles y programas defensivos de ataque, entre los que se incluyen los drones, que EEUU considera como imprescindible y que Irán no quiere dejar de tener, y que según no pocos analistas sigue creando desde que se dio el cese parcial de las hostilidades. Esto incluye el final del respaldo a las milicias tipo Hamas y Hezbollah. Y tres, y el más espinoso de los asuntos, la deriva del Líbano Israel. Teherán considera que el acuerdo incluye el compromiso de cese de los ataques israelíes al Líbano y el fin de esa guerra, con el retorno de las poblaciones desplazadas y el fin del sufrimiento de la población civil, mientras que Washington no considera que este punto se incluya en el acuerdo por ser ajeno al enfrentamiento entre ambas naciones. Sin embargo, es evidente que Israel, más bien el desatado gobierno de Netanyahu, se opone frontalmente al acuerdo entre Irán y EEUU y ha declarado que no se ve concernido por él, de tal manera que seguirá con sus operaciones en Líbano y donde considere conveniente. Pero tan evidente como eso lo es la incomodidad creciente de EEUU con su socio israelí, principal causante de la entrada de los norteamericanos en el avispero iraní, y constante instigador de acciones sobre civiles que son imposibles de comprender por las opiniones públicas occidentales. Hasta la casa Blanca de Trump se ha dado cuenta de que la actitud de Netanyahu es tóxica para sus intereses, y se empiezan a filtrar con regularidad conversaciones en las que Donald insulta sin rubor al dirigente hebreo, acusándole de torpedear todos los acuerdos posibles y de actuar no ya por libre, sino de manera traicionera y estúpida, todo ello aderezado con el florido vocabulario insultante del magnate, que es tan claro como naranja su aspecto. Irán ha dejado claro que no sólo responderá a Israel ante ataques que sufra en su propio territorio, sino que si desde las IDF se siguen emprendiendo campañas contra el Líbano atacará objetivos militares y civiles israelíes. Está por ver si EEUU logrará meter en vereda a su socio israelí, pero entre las numerosas dudas que sugiere lo que se conoce del acuerdo, este flanco parece ser el más propicio para que se pueda romper, y las ganas que tiene Netanyahu de forzar esa ruptura son tan claras como peligrosas.

Lo único seguro de lo sucedido estas semanas de negociación es que, pese a que ambas partes lo vendan como una victoria, EEUU ha sido el más interesado en que la guerra se acabe para que los costes económicos de la misma no sigan erosionando las expectativas electorales de Trump en noviembre. EEUU ha perdido una guerra en la que no debió entrar, que imaginó como paseo militar con conquista de régimen a lo venezolano y que se ha convertido en una fuente de grandes daños en la infraestructura militar en la región, desaires profundos con sus socios de las monarquías del golfo, destrozos económicos, consumo desaforado de valiosos y difícilmente reemplazables stocks militares y, en general, ha dado la sensación de haber fracasado, con una carencia de estrategia absoluta.

lunes, junio 15, 2026

SpaceX o el negocio espacial

El pasado viernes inició en Wall Street la cotización de SpaceX, la empresa de cohetes de Elon Musk. Salió a bolsa una parte pequeña de la compañía, en torno al 5%, con un valor estimado de 75.000 millones de dólares, así que multipliquen por veinte para calcular lo que la empresa estima como su propio valor. Como se esperaba, el debut fue exitoso, las acciones subieron por momentos por encima del 20% y acabaron cerrando con una revalorización del 19%, lo que supone una ganancia muy notable para todos los que estuvieron metidos en el ajo. Desde el viernes muchos de los empleados de la empresa son millonarios. Lo de su jefe ya está en otra dimensión.

¿Vale tanto SpaceX? Es difícil decirlo, porque el plan de negocio de la compañía es un compendio de realidades conseguidas y ambiciones fantasiosa que no se las cree casi nadie, salvo el propio Elon Musk. Lo seguro es lo que ha logrado ya. SpaceX ha revolucionado los lanzamientos con el desarrollo de un cohete reutilizable, uno que pone en órbita la carga útil, principalmente satélites, y luego vuelve a la Tierra, logra aterrizar y se puede volver a utilizar tras una revisión relativamente rutinaria. Es algo asombroso de contemplar, e inaudito. Nadie lo había conseguido. Hasta entonces lanzar cohetes era como coger un autobús para ir de un lugar a otro sabiendo que, una vez alcanzado el destino, el autobús se destruye. Tantos viajes a realizar, tantos autobuses a construir. Ruina garantizada. Este avance tecnológico ha supuesto una enorme reducción de los costes operativos y, con ello, ha permitido a la empresa hacerse con el mercado de lanzamientos, siento ahora mismo la dominante absoluta de los mismos. También ha logrado que su cápsula Dragon sea operativa, de tal manera que es capaz de poner astronautas en órbita baja, la Estación Espacial Internacional, de manera sencilla, eficaz y segura. Todo esto le ha costado no pocos accidentes, como es habitual en este mundillo, pero lo han conseguido, y sólo con eso SpaceX ya sería, es, la principal empresa espacial del mundo. Pero las ambiciones de Musk van mucho más allá. Desde hace tiempo mantiene en pie el proyecto StarShip, una nave de gran tamaño que serviría para llevar tripulaciones amplias y carga, en principio, bastante más allá de la órbita terrestre, con la Luna y Marte como principales objetivos. Cada pocos meses se realiza un lanzamiento de prueba del sistema StarShip, actualmente el mayo cohete del mundo, desde la base que SpaceX tiene en Bocachica, Texas, muy cerca de la frontera con Méjico. Ahí el número de incidentes está siendo elevado, y caso cada uno de estos intentos acaba con algo explotando de manea más o menos controlada, predominando lo segundo. “Proceso de desmontaje no programado” es como denomina Musk a todos esos incidentes. El proyecto StarShip es prometedor, pero hoy en día no cumple ninguno de sus objetivos y queda bastante para que pueda convertirse en una nave con un mínimo de fiabilidad. En lo que hace a la apuesta lunar, SpaceX tiene numerosos contratos con la NASA para poder dar servicio a las ambiciones de la agencia norteamericana de volver al satélite, tanto en lo que hace al mero retorno y poner el pie en él como para el desarrollo de una futura base estable que pueda mantener una tripulación constante en el satélite. Para ello SpaceX se ha comprometido a entregar un modelo de módulo de aterrizaje lunar, equivalente al LEM de los Apollo, que sufre una serie de retrasos nada anecdóticos, y en paralelo Musk sigue espoleando a sus ingenieros para que diseñen habitáculos y plataformas de aterrizaje lunares en las que las StarShip funcionarían como lanzaderas de conveniencia, haciendo posible el viaje que el viaje a la Luna sea algo tan rutinario como lo que ahora es un lanzamiento de satélites de su empresa. Pero, por ahora, todo esto son promesas, como la idea de instalar centros de datos para la IA en órbita terrestre, huyendo así de las restricciones que imponen los costes energéticos de los emplazamientos terrestres. Las ideas de SpaceX son numerosas y bastante rupturistas, pero por ahora muchas de ellas no pasan de bocetos.

No les he comentado nada de Marte porque, sinceramente, si lo de la Luna está verde, lo de Marte es pura fantasía, con el nivel tecnológico actual. Así pues, SpaceX es una empresa disruptiva a más no poder y trabaja en un campo de potencial enorme, costes que pueden convertirse en prohibitivos y riesgos muy elevados. Su apuesta es muy alta, y puede ser exitosa, lo que redundaría en beneficio propio y en el de toda la humanidad, o fracasar en varios de sus objetivos, creando agujeros económicos de imposible cobertura. Tener al desquiciado de Musk al frente vista su secuencia de éxitos empresariales, es uno de sus mayores activos. Invertir en ella es arriesgado, pero puede ser todo un pelotazo. El viernes pasado ya lo fue.

viernes, junio 12, 2026

Suben los precios, suben los tipos

El anuncio de ayer de Trump de un acuerdo con Irán para este fin de semana disparó los índices de la bolsa de EEUU e hizo caer el petróleo, pero esta supuesta tregua es parecida a la que se ha anunciado unas treinta veces en las últimas semanas, y sospecho que el único objetivo de ese anuncio era el de espolear los mercados justo en el momento de la colocación de las acciones de SpaceX, garantizándose así hoy una salida al mercado exitosa de la espectacular empresa espacial de Elon Musk. ¿Un mero amaño de mercado? No sería la primera vez que el tahúr de Trump lo hace, ni sería la última.

En lo relevante, el miércoles se supo el dato de inflación de EEUU, que en tasa interanual ha subido en mayo hasta el 4,2% , la más alta desde los tiempos del descenso de la tasa tras el disparate de la salida del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania. Es un valor muy alto, altísimo, que erosiona profundamente la capacidad de compra del consumidor, devalúa sus ingresos y activos y, dado su carácter regresivo, destruye mucho más a las clases bajas y medias que a las adineradas. Ante un panorama semejante, con daños estructurales en Ormuz y su entorno que van a hacer que los precios de la energía no vuelvan a ser bajos en bastante tiempo, es de esperar que las tasas de inflación no retornen a corto plazo al nivel deseado del 2%, por lo que las autoridades monetarias deben actuar, les guste o no. De ahí la intervención del BCE de ayer, con una subida de tipos de 0,25%, dejando los oficiales de la eurozona en el 2,25%. Esto se va a traducir rápidamente en un encarecimiento del crédito, tanto el de inversión como el de consumo o el hipotecario. Este último lleva ya unos meses poniéndose cuesta arriba, porque el euríbor está actuando como buena señal de tensión monetaria, alcanzando cotas de cierre mensual del 2,8% Esto encarece las hipotecas a tipo variable, y por ello el porcentaje de las que se firman a fijo sube y sube, pero decisiones como las de ayer encarecerán las ofertas de fijo de los bancos, por lo que la financiación para la compra de inmuebles se pondrá más difícil sí o sí. ¿Puede ser esa la causa por la que parece que hemos llegado a un techo en el precio de los inmuebles? Quizás, aunque también el que su precio sea disparatado y la demanda no tenga fuerza infinita influirán sobremanera. En todo caso, y como pasó ante el disparo inflacionario de 2022, las causas de esta subida de precios no son estrictamente monetarias, no hay un disparate de emisión de moneda o algo así, son causas físicas, principalmente la escasez en el abastecimiento de energía, pero el BCE y el resto de autoridades monetarias no disponen de fragatas u otro tipo de elementos “reales” con los que hacer frente a las crisis de precios. Sólo pueden actuar sobre variables intermedias, como los tipos, los coeficientes de reserva y cosas por el estilo, para tratar de buscar una contención de la demanda y que así los precios se vean menos tensionados. Combatir problemas de escasez de oferta frenando la demanda no parece la mejor de las soluciones posibles, y no lo es, pero no hay muchas alternativas si no hay movimientos que arreglen los problemas en el mundo real. Las autoridades monetarias son las responsables de variables financieras, y no tienen muchas más opciones. Deben controlar el nivel de precios y no pueden consentir que, sea cual sea la causa, se dispare. A partir de ahora el BCE está a expensas de los anuncios de Trump, y de lo que acabe sucediendo en Ormuz. Si la crisis se mitiga en el medio plazo podrá volver a una senda de moderación, pero si las cosas se enquistan y, con ello, los precios, no tendrá más remedio que volver a subir tipos.

Para la economía de la UE, débil y golpeada por varios frentes, la subida de tipos va a sentar mal a muchos sectores, nuevamente los más débiles, los necesitados de financiación o los que tienen ingresos bajos. Los precios aquí no han llegado a ese 4% de ascenso que se registra en EEUU, pero en gran parte eso se debe a las subvenciones que se siguen aplicando, por parte de los gobiernos, a los combustibles, por lo que un gasto fiscal extra está sosteniendo artificialmente los precios de la gasolina, y esto no puede ser indefinido. O baja el barril en origen o las subvenciones se irán recortando. Las medidas de estímulo necesarias para que nuestras economías remonten allí donde lo necesitan se encarecerán.

jueves, junio 11, 2026

Antonio Gaudí en la Torre de Jesús

Cojan una cuerda con las manos y extiendan sus brazos, a lo ancho, creando envergadura, poniéndolos en cruz. Mantengan la cuerda tensa. Ahora, poco a poco, vayan cerrando los brazos y verán cómo, al destensarse, la cuerda cae poco a poco creando una curva. Esa curva se llama catenaria, es la forma que se genera cuando una misma tensión se aplica a cada punto. Es la que se puede ver en cualquier tendido eléctrico o en las que sostienen los puentes colgantes. Quizás les parezca una parábola, pero no lo es. A medida que acerquen sus brazos la cuerda colgará más y empezará a caer con fuerza, creando una imagen similar a un arco apuntado, pero raro.

Con las manos cerca una de otra, la extensión de la cuerda hacia abajo es casi máxima y su base estrecha. Ahora imagen ese trazado justamente invertido, con la base en el suelo y la cuerda elevándose al cielo y bajando. Acaban de crear ustedes una bóveda catenaria, y eso es lo que define gran parte de la arquitectura de Gaudí. Aunque parezca que son góticas, las naves y muchas de sus edificaciones no tienen nada que ver con ese estilo, de paredes rectas y bóvedas de arista, que inevitablemente acaban generando descargas que se salen de la verticalidad de las paredes y requieren apoyos, los arbotantes y contrafuertes que inventaron los constructores de las catedrales. Gaudí era un arquitecto genial que sabía de estructuras modernas. Jugaba con las formas y se exaltaba en la decoración, pero conocía los materiales modernos y el comportamiento de las estructuras como un buen ingeniero de su época, principios del siglo XX, cuando el desarrollo de arcos y otras formas había alcanzado niveles inauditos para los constructores del pasado. Sus edificios son raros por fuera, también por dentro, pero estructuralmente siguen las ecuaciones que rigen los que ahora utilizamos, ecuaciones que él conocía. Su genialidad absoluta fue llevar a ciertas formas estructurales a límites que no se habían intentado jamás y, desde luego, su inspiración en la naturaleza para dotar de organicidad (disculpen el palabro) a todo lo que edificaba, creando así obras con un sello muy propio que son inconfundibles. Algunas de sus creaciones se enmarcan dentro de la corriente de Art Nouveau, que si visitan Bruselas, por ejemplo, podrán admirar en todo su esplendor, pero es cierto que Gaudí va más allá, y su Nouveau no sólo tiene esteroides por la dimensión que alcanza, sino por el exuberante barroquismo que llega a ser invasivo. Las fachadas de Gaudí son sobrecargadas en extremo, y suponen un reto constante para el que las contempla, como una especie de cuadro de El Bosco donde los detalles se agolpan uno contra otro hasta llenarlo todo. No hay detalle del edificio, desde las barandillas de las escaleras hasta la última teja del techo, que no sea trabajado en extremo por el artista, que concebía sus edificios como un todo, como un conjunto en el que cada parte tenía la misma importancia que las demás, y no dejaba nada al azar. Este afán obsesivo encarecía mucho sus proyectos y le hacía incumplir plazos, aunque en general dejaba satisfechos a los mecenas que financiaban sus obras, que sabían hasta qué punto la dedicación del creador de las mismas había sido plena. Esa obsesión profesional, junto con su profunda vocación religiosa, se unieron en el que fue el mayor de sus proyectos, el de la creación de una iglesia a la mayor de las glorias, con motivo expiativo, lo que sería el templo de la sagrada familia. Una construcción en la que todo su genio se llevaría al extremo, en el interior y el exterior, con doce torres para los apóstoles, cuatro para los evangelistas, una para José, una para María y, como cimborrio, la de Jesús, la torre de iglesia proyectada con mayor altura del mundo para su tiempo, que superaría a la mítica catedral alemana de Ulm, y que se quedaría unos pocos metros por debajo de la altura de la colina del Tibidabo, techo geográfico del municipio de Barcelona, para no rivalizar con lo que Dios creo en la tierra.

Ayer, en una ceremonia emotiva, bella y con mucho sentido de la luz, con música plena, y en el marco de la visita del Papa León XIV, tras la misa que tuvo lugar en el templo, se procedió a la inauguración oficial de la torre, una vez que fue coronada hace no mucho por la cruz mirador de cuatro brazos que remata su cúspide. Entre toques de órgano, orquesta y voces de niños, la luz del interior de la torre y la imagen del propio Gaudí generada por drones luminosos en el cielo de Barcelona consagraron la cúspide de una obra asombrosa, que sigue impactando a quien la ve y provocando reacciones de todo tipo. Gaudí era un genio, y creo que le hubiera gustado ver el espectáculo de ayer.

miércoles, junio 10, 2026

Apache vs Dron

Si busco en Google cuánto cuesta un helicóptero Apache, Gemini me contesta que la cifra básica es de unos 52 millones de dólares, a los que se debe incorporar munición, sistemas de radar y demás, y toda una serie de conceptos que se incluyen en los contratos de compra, como mantenimiento, simuladores, formación de pilotaje, repuestos, etc. Un elemento de este tipo no funciona sólo, sino que requiere una logística enorme. Señala la IA de Google que los últimos acuerdos firmados por EEUU con Israel o Polonia para suministrar estos helicópteros a sus ejércitos han hecho que cada unidad salga a un coste de unos cien millones de dólares.

Pues bien, ayer por la tarde noche un dron iraní derribó uno de estos helicópteros en las proximidades del estrecho de Ormuz. Los dos tripulantes del aparato pudieron salvarse, pero la nave se perdió por completo. No se que tipo de dron sería el empleado, a priori, puede que un shahed de los que Irán hace versiones y unidades a lo loco, pero pudiera ser de otro tipo. En todo caso, el objeto que derribó al helicóptero era no tripulado, con lo que el riesgo para el operador iraní era realmente bajo comparado con el de los tripulantes de la aeronave, y sin determinar el objeto atacante preciso no puedo buscar cuánto ha costado, pero se estima que un shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares la unidad. Pongámonos en lo más caro, hacemos unas pocas cuentas y deducimos que un Apache cuesta lo mismo que dos mil drones shahed. Un helicóptero por el coste de dos mil drones. La ratio es realmente asombrosa. Desconozco cuál es la efectividad de los shahed en el caso de un enfrentamiento entre ellos y los Apache, cuántos drones son necesarios, de media, por ataque, para derribar a un helicóptero, pero sospecho que harán falta menos de dos mil. Cualquier que vea estas cifras puede empezar a pensar, fríamente, hasta qué punto compensa hacerse con unos helicópteros o con la licencia para fabricar drones. Piense usted que los drones, obviamente, no están tripulados, por lo que no sólo el riesgo de que el piloto pueda sufrir algún tipo de lesión o baja queda descartado, es que simplemente no hay que aprender a pilotar. El dron vuela al objetivo teledirigido parcialmente en plan videojuego o lo hace de manera autónoma con sensores en los que el software juega el papel determinante y donde la IA empieza a tomar sus propias decisiones una vez que se ha marcado cuál es el objetivo que atacar. El dron puede emplearse contra elementos en vuelo, como helicópteros o aviones, o blancos fijos, bien sean tropas, infraestructuras militares, residencia de civiles o cualquier otro tipo de objetivo, y aunque las capacidades destructivas de un Apache son elevadas, dada la munición que porta, vemos cada día en el frente ucraniano como oleadas de cientos de drones causan daños generalizados en las zonas a las que son dirigidos, tanto por los rusos como los ucranianos. Los porcentajes de drones interceptados son elevados, normalmente superiores a la mitad de los que forman parte de la oleada de ataque, pero basta que unos pocos logren llegar a sus objetivos para infringir daños y atemorizar al rival. En el ataque por drones precisión es una palabra importante, sí, pero aún más lo es saturación. No hay sistema de defensa que sea capaz de parar la totalidad de una embestida en la que cientos de naves proyectil se dirigen contra un escenario. Hay experimentos con métodos de inhibición de frecuencias y cosas por el estilo, incluso el uso de láseres para poder eliminar a los drones, en ejercicios que parecen películas futuristas, pero ahora mismo eso está en plan experimental, y a un nivel de coste disparatado frente a lo que supone un enjambre de cientos de unidades. Y pensemos que los shahed son drones de un cierto tamaño, y por ello coste. Imagine usted un enjambre de drones minúsculos, como esos que se usan en los parques para grabar vídeos, cargados de explosivo y que se concentran en un objetivo (avión de combate, helicóptero, etc). La escena puede ser fantasiosa, pero empieza a darse.

Si algo ha enseñado la guerra de Ucrania al resto del mundo es que las tecnologías militares han revolucionado la estrategia, y que ahora mismo las grandes y caras plataformas como tanques, fragatas o helicópteros son muy muy vulnerables ante ataques de drones de coste ridículo. Ucrania, Turquía o Irán han marcado el camino al resto, pero EEUU muestra lo poco que algunas naciones han aprendido sobre lo que lleva sucediendo desde hace pocos años. Y si los norteamericanos están así ni les cuento los europeos, que ahora han fracasado a la hora del diseño conjunto de un nuevo caza de combate, cuando probablemente los cazas se están quedando obsoletos. Hagan números.

martes, junio 09, 2026

León XIV y el liderazgo

Una buena muestra de hasta qué punto ha triunfado el Papa en su visita a Madrid es lo rápido que corren muchos a sumarse a su discurso, a coger fragmentos que creen que les benefician para intentar sacar rédito y conseguir que parte de las masas que aplauden a León XIV les sean propicias. Eso se vio ayer de manera descarada tras el discurso del Congreso, donde el Papa hizo una exhortación a favor de la doctrina clásica de la iglesia, en lo moral y social, y unos se quedaron con lo segundo, otros con lo primero, algunos con la integridad y Miriam Nogueras con la mano de su santidad en medio de su delirio nacionalista. Mucho interesado, pero poca sinceridad ayer en las Cortes por parte de sus señorías.

Lo cierto es que en estos días León XIV ha dado una lección práctica de liderazgo a muchos de los que cada día se llenan la boca con estrategias, campañas y demás operaciones de marketing. El liderazgo es algo muy difícil de lograr. Hay gente que tiene madera para ello, otros entrenan y lo consiguen, los hay negados, y los peores son los incapaces que creen serlo. El líder es el que guía, el que lleva a otros a cumplir la voluntad que él desea, bien por el interés colectivo o personal, y hay tantas formas de ejercer esa capacidad de liderazgo como uno pueda imaginar, pero básicamente, simplificando las cosas demasiado, las dividiría en dos. Por una parte, está el líder impositivo. Normalmente poseedor de un cargo, tiene una autoridad nominal y la ejerce. Es el consejero de legado de una empresa, el jefe de equipo, el cargo público, el directivo, el presidente, lo que sea. Ahí puede ejercer sus dotes y parte con la ventaja de que, a priori, se le va a hacer caso. En muchas ocasiones esta posición de autoridad deriva en autoritarismo, y el liderazgo se acaba ejerciendo por el mero ejercicio del poder, de la amenaza, de la imposición. Los equipos acaban cumpliendo los objetivos previstos, pero más por las amenazas que caen sobre ellos que por otra cosa. El cargo tiene la “potestas” que de él se deriva pero carece de la “autoritas” del ejercicio. Puede llegar a triunfar, pero la imagen que tendrán de él los que comparten trabajo y vida no será envidiable. Este tipo de liderazgo es el más común. El otro es el que yo denominaría líder persuasivo. Normalmente no está ligado directamente a cargos nominales, aunque puede darse el caso, y es aquel que logra convencer a los demás que lo mejor que pueden hacer es, precisamente, lo que él desea que suceda. Este es el liderazgo en el sentido puro, genuino, porque los demás ven en esa persona alguien en quien fiarse y observan como en su desempeño se da un grado de coherencia entre aspiraciones y sacrificios personales. El líder también se entrega. Sí, manda y coordina, pero trabaja como los demás, y uno se cree lo que hace bajo su dirección porque le ve igualmente implicado. Este tipo de liderazgo es mucho más instintivo, se puede tener o no, pero es difícil de adquirir. Se da en entornos variados, tanto profesionales como alejados del trabajo o de las esferas del poder. Es relativamente fácil de detectar, y muy difícil de imitar. En la práctica el liderazgo acaba teniendo un poco de todo, pero a mi entender la mejor combinación es la que tenga una escasa presencia del peso autoritario, que siempre debe darse en toda organización, y una elevada del componente persuasivo, que sea el ejemplo el que muestre el camino y mando. Abundan mucho más los liderazgos impositivos, porque son más fáciles, pero conseguir esa “autoritas” que sirva de guía es lo más difícil. En el caso del Papa, el actual titular del cargo, Prevost, parece un hombre sereno, poco dado a la efusión, tranquilo, con don de gentes pero lejos de la capacidad magnética de alguno de sus predecesores, como por ejemplo Juan Pablo II, líder carismático en estado puro. Ocupa un cargo de Rey absoluto en una jerarquía extendida por todo el orbe, y por tanto parte con ventaja de cara a ejercer su misión. Posee la “potestas” desde que fue elegido en el cónclave.

En esta visita ha empezado a construir su “autoritas”. Su estrategia parece sencilla, y es la de huir del dogmatismo de la tradición católica y, frente a unos liderazgos políticos globales basado en el grito, el insulto y las malas formas, con Trump como ejemplo perfecto de todo eso, lanzar un mensaje suave, conciliador, respetuoso con la tradición católica, pero sin estridencias. No abroncar, sino acompañar. Por lo visto estos días, y más allá de que existe un componente de “papilotría” en numerosos estratos de la sociedad, ha logrado posicionar su imagen global, ha empezado a construir su liderazgo. El cómo lo ejerza en el día a día y cómo afronte asuntos peliagudos (el tema de los abusos, las finanzas vaticanas, el choque con los gobiernos populistas) determinará su futuro, pero de momento ha acumulado un muy notable capital.

lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.