lunes, julio 20, 2026

No me gusta el fútbol

Esas cinco palabras del título de hoy ya son toda una declaración de intenciones vital, y en un país como el nuestro, motivo de exclusión, o como mínimo de observación por parte del resto de la sociedad, que me ve como si se tratase de un espécimen digno de ser guardado en una vitrina de museo. Si a eso se le suma una serie de cosas que tampoco me gustan y que la gente considera que son de obligado seguimiento, la imagen que tantos poseen de mi es, como mínimo, exótica. Cuando uno es pequeño eso le causa problemas, pero a medida que los años avanzan y todo resulta más relativo, no me preocupa lo que el resto quiera pensar. Sólo trato de que no me impongan sus aficiones. Al menos, claro, las que rechazo.

Manuel Vázquez Montalbán, que era muy del Barça, escribió un ensayo, que no he leído, con un título brillante: “Fútbol, una religión en busca de un Dios” en el que se planteaba, según relataban las crónicas, su pasión por ese deporte y, sobre todo, la pasión social que despertaba. Y sí, el título es muy bueno, porque describe bastante bien el irracional fenómeno de masas que se desata en torno a unas personas que pegan patadas a un balón y logran que millones crean que eso es relevante en sus vidas. Todos los procesos que se dan en el entorno de las religiones organizadas se reproducen de una manera casi milimétrica en torno al mundo del balón, con las congregaciones de fieles, adoradores ciegos de una enseña, unos colores, una marca, un equipo, una selección, a la que defienden a muerte respecto al resto, a la que ven como única. Un rebaño que comparte símbolos, autoridades y discursos en forma de sermones por parte de los dirigentes de su equipo y los que juegan en él, que son elevados a los altares formando un panteón de diosecillos que reciben adoración. En estos días se podía ver a aficionados montando altares en sus hogares o en los lugares de congregación de la feligresía futbolera en los que se ponían estampitas con la imagen de los jugadores, con fotos de celebraciones pasadas, con insignias, escudos y demás parafernalia, conformando altares con todas sus letras, donde sólo faltaban las barrocas columnas salomónicas para ser dignos de consagración. Ese movimiento de fe produce exaltados, creyentes acérrimos ciegos que no dudan jamás, que viven su pasión hasta el extremo y se dedican a perseguir a los que consideran impuros, tibios, o simplemente no dignos de su creencia. Pasa en todas las religiones, los exaltados se reúnen en sectas particulares y empiezan a dictar la norma que el resto ve como una exageración, pero en no pocas ocasiones se convierte en el objetivo a seguir. Envueltos en bufandas, uniformes, cánticos y no pocos signos más de pertenencia a la tribu, esos puristas van sembrando su mensaje entre los suyos y el resto y, antes o después, llegan los incidentes. El fútbol, como simulacro de guerra entre bandos, es proclive a la violencia y se considera que esta, mal vista de manera oficial, es algo natural en el entorno del balón. Todo el mundo ve obvio que existan corrientes de aficionados salvajes, de sujetos broncas, que extienden su mal vivir a los aledaños de los estadios, y cuyos actos son, no pocas veces, reídos como gracias por parte de los responsables de los clubes, que los consideran como muy necesarios de cara a conformar el espíritu de la entidad que dirigen. Esos mismos responsables que, casi siempre, eluden la ley, gestionan los equipos de manera opaca y con un ansia de protagonismo sólo comparable al nivel de presunto fraude que cometen ante todo tipo de leyes, especialmente las urbanísticas y financieras, y que cuentan con el beneplácito de las autoridades, que en nombre de los “colores” conceden privilegios a esas entidades del balón con los que no pueden ni soñar otro tipo de empresas o asociaciones, de lucro o no, que son perseguidas con saña por la administración en forma de normas e impuestos, mientras que los del balón se ven beneficiados de todo tipo de privilegios, quizás porque no hay nada que al poder le guste tanto como subirse a un palco de un estadio y sentirse por encima, en todos los sentidos, de la plebe a la que somete en sus formas de ocio y saja de manera financiera, mientras consigue el vulgo aplauda enfervorizadamente a los santones que corren por el campo.

Lo siento, soy un ateo de esa religión organizada que es el fútbol. Si el deporte me dice poca cosa, si verlo por televisión me parece una manera de aburrirse difícilmente superable, lo del fútbol es algo que me supera. Nunca me ha gustado, cada vez menos, y la intromisión que supone su desarrollo en la vida de los demás me parece un abuso que no tiene excusa posible. Obviamente me he enterado de lo que pasó ayer, aunque de todo lo que sucedió vi nada más que la entrega de premios, para comprobar qué espectáculo organizaba Trump y su secuaz Infantino. No defraudaron, actuaron a la altura de lo que ambos era esperable. Poca cosa más me interesaba de lo de ayer, nada del jolgorio de hoy, ni de lo que venga después, ni de los siguientes partidos, o ligas, o copas, o competiciones internacionales, o duelos del siglo, o….

viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.

lunes, julio 13, 2026

La destrucción de RTVE

Siempre, cuando uno ve RTVE, sabe que es la tele o radio del gobierno, y eso obliga a poner una especie de filtro, para destilar la información real de la que está teñida de propaganda. Con el paso de los años uno le va cogiendo el truco, porque la manipulación, que siempre existe, es menos intensa que en las televisiones regionales, vulgares cortijos que sólo están para loar al líder autonómico. No se quién puede ver un informativo en, pongamos, Telemadrid o ETB y acabar sano de la cabeza, sin tener ganas instantáneas de que se convoquen elecciones para votar a manos llenas a la presidenta Ayuso o al Lehendakari Pradales, que tan buenos son.

Sánchez, que en esto también ha querido ser único, consideró que no le bastaba una tele nacional progubernamental, no, sino que necesitaba un altavoz de propagan cutre al nivel de las autonómicas y, ni corto ni perezoso, a convertido a RTVE en una de las peores cadenas de televisión imaginables, en la que la propaganda sale hasta por las orejas, en la que los bulos diseminados por Moncloa son los que forman la escaleta de los informativos y presuntas tertulias, convertidas en versión política del Sálvame basura que también intentó resucitar, llenan la parrilla mañana tarde y noche, en un ejercicio continuo por parte de lo que se llama la “sincronizada”, el conjunto de personas a sueldo del gobierno que se hacen pasar por periodistas para ser constante altavoz de las directrices de Sánchez y los suyos. El día después de la desgraciada DANA de Valencia, a nadie con mando en este país le interesaban los muertos y el desastre, a Sánchez tampoco. En medio de la conmoción, se las arregló para sacar en el Congreso una reforma del sistema de nombramiento de la presidencia de la corporación RTVE, de tal manera que tenía manos libres para hacer lo que quisiera. A partir de ahí se nombró un nuevo Consejo de Administración con mayoría absoluta de vocales afines al gobierno y sus apoyos, presidido por José Pablo López, personaje curioso que ha mostrado ser el mejor mercenario de quien esté dispuesto a pagarle las exorbitantes cantidades que reclama. A partir de ahí la degeneración de la casa ha sido total, los programas con argumentarios monclovitas se han hecho con las partes gruesas de la parrilla y han controlado los informativos, que han pasado en buena parte a ser publirreportajes de lo que dicta cada mañana Moncloa que debe ser la actualidad. Los profesionales de la casa han ido viendo como la usurpación del ente ha llegado hasta unos límites que ningún gobierno llegó a traspasar, y se han empezado a producir movilizaciones, más en el área de RNE, que lleva semanas de “viernes negros” famosos en la época del gobierno del PP, ninguneados por completo en la actualidad por parte de la dirigencia del ente. El consejo de informativos de TVE; organismo interno que lleva años de trabajo y prestigio denunciando las injerencias de los gobiernos en la redacción de noticias de la casa, ha ido elevando sus acusaciones ante lo que considera la época más negra de la historia de la cadena, con constantes presiones y una usurpación absoluta de la marca informativa de TVE por productoras externas que, con contactos en el gobierno, desarrollan esas tertulias basura constantes que “venden” información pero que no son sino burdos ejercicios de propaganda llenos de zafiedades. La respuesta de la gerencia de RTVE ha sido la de ir a por el consejo de informativos, expedientando a varios de sus componentes y dejando claro que todo aquel que se oponga a las líneas que se dictan desde Moncloa será represaliado. Debe haber un ambiente muy tóxico en los pasillos del ente, con bandos enfrentados, en una casa que, normalmente, ha tendido a ser pro PSOE, pero que nunca se ha visto maltratada de la manera en que lo está siendo en estos tiempos. Ni los propios soñaron jamás con un nivel de falsedad tan elevado como el que se dicta a cada hora desde una marca que ya ha perdido todo su prestigio para quienes consideran el periodismo una profesión, no una mera excusa para el desarrollo del activismo militante.

El triste episodio sucedido este fin de semana en uno de esas basuras de pseudotertulias, presentado por alguien que no llegaría ni a primero de periodismo, pero que no lo necesita para ser altavoz de quien le paga la nómina, no es sino una muestra más de la degeneración de una empresa, que hace tiempo que dejó de tener el servicio público en mente. RTVE es ahora mismo una basura equivalente a cualquiera de las patéticas televisiones autonómicas, con la diferencia de su influencia y disparatado coste, pagado por cada uno de nosotros mediante los impuestos. Eso también es corrupción. La decadencia del periodismo, su crisis absoluta, tiene en España, y en RTVE, uno de los mayores exponentes.

viernes, julio 10, 2026

Tragedia en el incendio de Los Gallardos

Esta noche se ha producido una tragedia en la comarca almeriense de Los Gallardos, por culpa del incendio forestal que se desató ayer por la tarde. Parece que, causado por la caída de un tendido eléctrico, y avivadas por el intenso viento, las llamas han corrido de manera caótica por un paraje en el que hay muchas casas de campo habitadas. Los fallecidos serían residentes que cogieron sus coches para huir del incendio y fueron atrapados en caminos rurales por zonas de incendio que cambiaban de curso a medida que el viento los zarandeaba. A esta hora de la mañana las llamas siguen descontroladas y son once los fallecidos confirmados.

Los medios de extinción trabajaban desde ayer en la zona del fuego y esta noche eran más de mil las personas desalojadas que, de manera controlada, habían abandonado sus hogares para buscar refugio, pero evidentemente la situación fue más grave de lo que los equipos presentes podían afrontar y la diseminación de la población en casas de campo sueltas ha contribuido a que el desastre se produzca. En este caso ha sido el maldito viento el que ha traicionado a los profesionales y a los residentes. Por lo que se cuenta, la virulencia del fuego no es extraordinaria, pero esas rachas intensas y cambiantes no dejan de extenderlo de una manera caótica, imposible de prever, que cambia de dirección a cada golpe de un viento caprichoso que no da tregua, y todo en un paraje agreste, lleno de recovecos donde el viento se comporta de una manera mucho más brusca y cambiante si cabe. Va a costar mucho llegar a las zonas en las que se ha dado la tragedia y ver lo que ha pasado, pero a escala, esto es lo que ha sucedido más de una vez en Portugal, donde desgraciadamente no son raros los casos de ciudadanos que huyen con sus vehículos de asentamientos rurales dispersos y fallecen al ser atrapados en caminos que eran seguros antes de convertirse en trampas infranqueables. Recuerdo un verano de no hace muchos años en el que la escena de vehículos carbonizados en medio de una carretera rural rodeados de lo que, creo, eran pinares ennegrecidos, resultaba sobrecogedora, y más sabiendo el elevado número de personas que viajaban en ese convoy de coches que fue atrapado y no tuvieron posibilidad alguna de escapar con vida de allí. En España los protocolos de desalojo de municipios se han mejorado mucho, y se llevan a cabo cuando los riesgos ya se consideran suficientes para la población, sin esperar a que la situación se vuelva extrema. En no pocas ocasiones estos desalojos cuentan con la oposición de los vecinos, cosa que puede parecer extraña a primera vista, pero no lo es tanto. En muchos casos estamos hablando de poblaciones rurales en las que los residentes conviven con su paisaje de una manera que se puede hacer difícil de entender para más de uno, que acrecen de muchos medios más allá de las propiedades residenciales y agrarias en las que viven, y que huir de allí es desubicarles por completo de su entorno, de donde y de lo que son. Al instinto del miedo ante el fuego puede, por no poco tiempo, vencer el de conservación de lo propio, y el intento de luchar contra las llamas, y ahí se puede perder un tiempo precioso. El incendio puede comportarse con una virulencia o impredecibilidad que deja sin respuesta hasta al más profesional, también al que mejor conoce el terreno, y el tiempo que se pierde desde que se pudo huir cuando la llama se intuía al que transcurre hasta que se admite la derrota ante el fuego puede ser vital. Es fácil decirlo sentado en una mesa de oficina, ya lo se, pero si las llamas se acercan a su finca lo mejor que pueden hacer, haya profesionales cerca o no, es huir, escaparse, tratar de salvar la vida. Es una mierda perderlo todo, pero es irremediable perder la vida.

Durante todo el día los servicios de extinción van a estar trabajando en la zona afectada por el fuego, y contra el resto de incendios que se desarrollan en España en estos momentos, a sabiendas de que en la zona mediterránea el calor no va a dar tregua y el viento se irá intensificando a medida que avance el día. Los 40 grados que se registran en gran parte del país no ayudan nada, se lo imaginan, para controlar incendio alguno, y aunque hoy se ha acabado la segunda ola de calor del verano, la fechada de levante y Baleares puede vivir la semana que viene un episodio de temperaturas muy altas que disparará todos los riesgos imaginables. Mucha prudencia, mucho cuidado, y no se lo piensen. Huyan antes de que sea demasiado tarde si el maldito incendio se les acerca.