miércoles, marzo 11, 2026

Europa en el laberinto

Cuando se utiliza la expresión “el mundo de ayer” se vuelve inevitablemente a la obra homónima de Stephan Zweig, su biografía, un libro que todo europeo, al menos, debiera leer en su vida. En ellas el bueno de Stephan cuenta lo ilusos y felices que vivían todos antes de la IGM, cuando ese conflicto no se había desatado y, desde luego, nadie pensaba que se acabaría llamando de esa manera. Exuda nostalgia el texto por un pasado perdido, idealizado, porque esa sensación no es de ahora, sino eterna, la de la seguridad de lo ya transitado frente a la incertidumbre de lo que nos espera. Escrito de maravilla, es un testimonio vital impagable y la crónica del suicidio del continente.

Todo esto viene a cuento de lo que dijo ayer Von der Layen, la presidenta de la Comisión europea, al respecto de cómo afrontar el nuevo desorden mundial. Úrsula tiró la toalla y abogó porque Europa deje de defender un orden que ha caído, un orden multilateral basado en reglas que ahora empiezan a ser papel mojado. Desde la oposición política a la presidenta, y también desde dentro de las instituciones comunitarias, se lanzaron serias críticas a esta declaración, tanto por considerar que era una manifestación que, con mucho, excedía las competencias sobre las que la presidenta de la Comisión puede hablar, como por el fondo. El presidente del Consejo, Antonio Costa, socialdemócrata, encabezó la oposición institucional europea a las declaraciones de Von del Layen, y ayer era el día para ponerse en uno u otro bando en función de la ideología en la que uno esté adscrito. Creo que las cosas son un poco más complicadas, y crudas. Yo soy partidario del orden multilateral liberal basado en reglas que todos acatamos, y que cumplimos de una u otra manera, a veces mejor, otras peor, pero en un marco estable y conocido, un marco que todos damos por sentado, y que nos permite establecer vínculos de confianza. Un marco regulado, protegido y defendido. Esa es la situación en la que hemos vivido durante bastantes décadas, principalmente desde el final de la IIGM, en un orden en el que los europeos hemos ido perdiendo influencia poco a poco y en el que EEUU ha sido el gran hegemón, el garante de la estabilidad, tanto económica como de seguridad. Sí, el orden multilateral se ha mantenido porque los europeos hemos abogado por ello, pero, sobre todo, porque la primera potencia económica y militar del mundo también lo ha hecho, y ha puesto financiación y soldados para ello. Sin el respaldo de EEUU estas pasadas décadas de multilateralismo hubieran sido imposibles, y por eso la pesadilla a la que ahora nos enfrentamos es tan alarmante. Otras naciones han podido saltarse el orden, de una manera u otra, pero sus perturbaciones no iban a ir más allá del conflicto regional, normalmente alejado del territorio europeo, por lo que no nos perturbaba mucho más allá de ocupar espacio en los informativos a la hora de la cena. La prosperidad y seguridad europea y nuestros lazos globales estaban sostenidos por los EEUU, que colaboraba con nosotros, que ganaba en esa simbiosis, y que permitía que las reglas se acatasen. El disparo económico de China a partir del siglo XXI empezó a alterar este escenario, porque su dimensión y potencia eran ya demasiadas para mantener las reglas que habían funcionado hasta entonces, pero los europeos hicimos como que no queríamos ver, mientras que nuestras economías eran superadas métrica a métrica por el gigante asiático, que no dejaba de crecer hasta tener a EEUU a tiro. La hegemonía económica occidental hace tiempo que ha pasado a ser un juego a dos, con China compitiendo en todas las dimensiones y ganando ya en muchas de ellas. Su capacidad de imponer reglas es casi natural en muchos de los mercados, porque es quien dictamina la oferta, la calidad, el volumen, la tecnología... todo.

Ahora EEUU, dominada por un populismo ciego, ha decidido romper el pacto de seguridad global, y dar rienda suelta a sus instintos, sabedor de que nadie puede hacer frente a su capacidad militar, y eso incluye no tener en cuenta las opiniones de las pequeñas, débiles y divididas naciones europeas. Si el garante de nuestra seguridad nos ignora (cuando no torpedea) y nuestra economía empieza a estar dominada por China, es normal que el pánico cunda entre las cancillerías europeas. El mensaje de Von der Layen es útil si acaba cristalizando en un debate serio sobre cuáles son nuestras alternativas reales, hoy y ahora. En cierto modo ya lo dijo bien claro Carney en su discurso de Davos. El mundo de ayer no va a volver, y nos toca a nosotros decidir cómo afrontar lo que se nos viene encima, nos guste o no.

martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

lunes, marzo 09, 2026

Errores militares de EEUU

Ya llevamos más de una semana de guerra iraní, y se pueden extraer las primeras conclusiones del enfrentamiento armado. EEUU e Israel tienen prácticamente el control del cielo iraní, de tal manera que la aviación persa, lo que aún exista de ella, apenas puede operar, y las defensas antiaéreas no son efectivas. Las campañas de bombardeo se pueden realizar sin excesivo riesgo por parte de quienes las desarrollan y el número de objetivos alcanzados crece día a día. La respuesta de Irán se materializa en forma de misiles balísticos que atacan a los países vecinos, centrados en las bases conjuntas con EEUU, e infraestructuras como aeropuertos o desaladoras.

Y claro, los drones. Esta es la gran arma iraní y el gran fracaso norteamericano. Desde hace cuatro años asistimos todos, en Ucrania, a la eclosión del dron como arma en todos los sentidos. Ataque, defensa, observación, suministro, apoyo…. La evolución tecnológica y de capacidades de estos cacharros ha resultado asombrosa, y dignade estudio para todo aquel que le ha prestado una mínima atención a lo que allí pasaba. Al parecer, en EEUU, poseedores de una fuerza abrumadora, han descuidado este aspecto, lo han considerado menor, pobre, propio de naciones carentes de alternativa, y es en estos momentos cuando descubren que los drones les pueden suponer un enorme problema. Varios de los objetivos militares norteamericanos en la zona, entre ellos algunos radares de importancia estratégica, han sido alcanzados y destruidos por drones iraníes sin que se haya visto ningún tipo de defensa actuando frente a ellos. Asombroso. En los ataques que se producen contra los países vecinos e Israel Irán lanza drones de coste bajo frente a interceptores de respuesta que pueden costar diez veces más, y cuyos stocks no son precisamente ilimitados, dadas las dificultades que existen para producirlos, por coste y tecnología. A finales de la semana pasada se dio el ofrecimiento, por parte del atacado Zelensky, por parte del despreciado Zelensky, de ayuda a los EEUU para suministrarles y adiestrarles en el uso de drones interceptores, diseñados para evitar el impacto de drones de ataque, que poseen una efectividad similar a los interceptores clásicos (no son infalibles) pero que cuestan mucho menos, no necesitan costosas plataformas para operar y se pueden lanzar en masa, como los de ataque, de tal manera que neutralizan el efecto de saturación que un enjambre produce. El ejército de EEUU ha aceptado la oferta y se ha mostrado muy interesado, demostrando primero la mezquindad de la administración que desprecia al ucraniano atacado, y en segundo lugar, cómo la soberbia de quien tiene el mejor ejército del mundo se cree invulnerable. Es evidente que en un enfrentamiento convencional nada se puede hacer frente a las capacidades norteamericanas, pero claro, un país atacado que quiera responder no puede hacerlo de manera convencional, a sabiendas de su derrota, por lo que escoge otras vías. Irán es castigado duramente noche tras noche en bombardeos de alta intensidad, que acabarán destruyendo sus capacidades industriales y militares si siguen a este ritmo, pero la posibilidad de generar disrupciones en el tráfico aéreo, de meter miedo a sus vecinos, de colapsar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y, en definitiva, de hacer daño a los que le atacan sigue, dado que se recurre a unas capacidades versátiles y muy móviles, que no son tan fáciles de identificar ni de eliminar mediante el ataque aéreo convencional. Los silos de misiles balísticos y sus plataformas de lanzamiento fijas es probable que ya hayan sido eliminados, pero perseguir lanzadores de drones es bastante más difícil. Uno supone que, a sabiendas de todo esto, el régimen de los ayatolas posee suministros guardados de drones en abundancia para aguantar el tiempo necesario para agotar la paciencia del ególatra Trump, causando de mientras un daño económico elevado a la economía occidental. Esa es su mejor estrategia de supervivencia.

Los drones han revolucionado el escenario militar, y EEUU no se ha enterado de ello. Paradójicamente fue de las primeras naciones en usarlos, con los modelos raptor, de gran tamaño y altura, que podían realizar labores de observación y ataque preciso, pero eran, por así decirlo, una versión de aviación teledirigida. Lo que nos ha enseñado el frente ucraniano en estos años de guerra es otra forma de combate muy distinta, basada en enjambres pequeños, baratos, manejados o autónomos, que actúan de manera coordinada en distancias cortas sobre la trinchera o largas cuando se usan como elementos de ataque estratégico. Ahora mismo Ucrania y, tristemente, Rusia, son las grandes potencias en este tipo de armamento. El resto estamos muy lejos de ellos.

viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

jueves, marzo 05, 2026

¿Nos puede boicotear EEUU?

Lo más relevante de la declaración plasma de ayer de Sánchez, sin periodistas, sin preguntas, sin nadie, en medio de la soledad de la sala de prensa de Moncloa, ejerciendo un presidencialismo autoritario que no le corresponde, fue que abre una probabilidad, por ahora pequeña, para que se adelanten las elecciones generales a este año, una vez que los gurús del presidente han encontrado en el “No a la guerra” un lema para, creen, movilizar a los suyos, que se mueven tras el desastre de gestión de la actual presidencia. ¿Acabará dándose esa carambola de elecciones conjuntas en Andalucía, Cataluña y generales? Sigue pareciéndome muy complicada, pero ya no es descartable.

Yendo a lo que importa, ¿nos puede bloquear comercialmente Trump, como amenazó hace un par de días? La respuesta rápida y convencional es que no, pero con el ególatra supremo ya se sabe que hay pocas cosas convencionales. Nuestro gobierno ha usado la ley de manera correcta al no permitir el uso de las bases conjuntas para el actual ataque a Irán por entender que no es una actuación legítima, de la misma manera que convirtió en legal el ataque que, con el apoyo de esas bases, se dio en verano, también sobre Irán. En todo caso, la posición de denegar el uso tiene respaldo con el convenio suscrito entre EEUU y España en la mano. El cabreo de Trump ante esta decisión se puede traducir en palabras, como las de hace dos días, o en hechos, aún no realizados. Las políticas comerciales de España son soberanas, pero con una “s” pequeñita, dado que muchas de sus competencias están transferidas a la UE, que es la que tiene la capacidad para firmar tratados. En este caso nosotros vamos con el resto de socios europeos, y cuando empezó el lío de los aranceles ilegítimos del año pasado, los que ha tumbado el Supremo de EEUU hace un par de semanas, la Comisión le recordó a EEUU que no podía dictar normas distintas a las naciones de la UE, que todas debieran ser tratadas de igual manera. Esto es lo que dice la ley. ¿Puede saltarse Trump la ley? Sí, lo hace con frecuencia, y ese es el problema máximo. Desde que dijo esas palabras todas las empresas y los que trabajan en las relaciones comerciales con EEUU están agobiados, porque saben que la seguridad jurídica con la que se han desarrollado esas relaciones en las últimas décadas se ha derrumbado. Donde antes había reglas claras ahora dicta la voluntad de un sujeto que decide de manera arbitraria y son argumentos. En números, en los últimos años la balanza comercial con EEUU se ha ido deteriorando porque hemos aumentado nuestras compras de energía, especialmente desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, de tal manera que ya es uno de nuestros principales suministradores de petróleo y gas natural licuado. Eso hace que ahora el déficit comercial con ellos supere ampliamente los 10.000 millones de dólares. Es decir, EEUU gana dinero en sus relaciones comerciales con España, no le conviene reducirlas, aunque sea por un mero interés financiero. Nuestras exportaciones allí se centran en maquinaria, servicios industriales y de consultoría (sector importante en el que hemos ganado mucha cuota de terreno desde hace años) y, claro, la agroalimentaria. Este último sector es el que más ha sale en los medios cuando se habla de este tipo de problemas. Bodegueros, fabricantes de queso, jamones y demás productos, especialmente los de alta gama, tienen en EEUU desde hace tiempo un mercado que compra con firmeza sus productos y de donde saca unos márgenes nada despreciables. Desde el inicio de Trump 2, esto se ha resentido notablemente, tanto por los aranceles famosos como por la creciente sensación de inestabilidad. Vender allí se complica cada vez dada la actitud hostil de la administración, que no la de los clientes, que son los perjudicados por las subidas de precios. Es de esperar que este clima confuso, lejos de mejorar, se enturbie aún más.

El problema de fondo, que Sánchez no es capaz de ver y que el resto de naciones europeas no quieren admitir, es que el país más poderoso del mundo, dotado del mejor ejército, ha decidido actuar de manera unilateral en nombre de lo que se supone son sus intereses, aunque realmente sean sólo los de Trump y la camarilla que le rodea. Un mundo de reglas y acuerdos, sostenido por la voluntad y fuerza de EEUU, se derrumba ante nuestros ojos, demolido precisamente por aquel que ha contribuido a crearlo. Ante esto, las actitudes de países de segundo o tercer nivel, como somos nosotros, pueden resultar pueriles y ser castigadas de una manera desproporcionada. ¿Cómo gestionar este escenario? Ni la más remota idea.

miércoles, marzo 04, 2026

Fernando Ónega, Periodista

Ayer, cuando llegué a casa por la noche, algo más tarde de lo habitual, me enteré de la noticia del fallecimiento de Fernando Ónega, a los 78 años, edad no demasiado avanzada para estos tiempos. Había tenido en el pasado algunos problemas de salud y tuvo que recibir un trasplante de riñón, donado por su esposa. Él decía que ella le había dado la vida personal y, tras eso, también la física, en un agradecimiento profundo que era tan sincero como comedido en sus formas. Ónega siempre fue suave, en tiempos duros y no tantos, y más aún en tiempos de algarabía incesante como los que ahora nos toca sufrir sin cesar.

Ónega lo ha sido todo en el periodismo nacional, y consiguió llegar, muy joven, a lo alto de la comunicación política, como escritor de los discursos de Suárez, en los inicios de nuestra democracia. Ese “puedo prometer y prometo” que tanto se ha parodiado y que con énfasis pronunciaba Suárez en sus discursos salió de la mente y dedos de Ónega. No duró mucho aquella etapa porque Suárez abandonó su cargo tras pocos años de permanencia, y a partir de ahí Ónega desarrolló una carrera periodística que le ha llevado por multitud de medios, tanto en radio como en televisión, tanto en la pública como en la privada. Su dicción, suave, con marcado acento gallego, algo carrasposa, era inconfundible. Ejerció el periodismo en el ámbito político, que era el que mejor conocía, y junto a Luis del Olmo creó eso de la tertulia, extensión en el mundo de la radio de lo que se hacía desde antaño en los cafés, formato que ha muerto de éxito y del que Fernando renegaba últimamente la ver en qué se había convertido. Sus análisis eran finos, normalmente acertados, nunca hirientes, tratando de buscar el por qué de las decisiones de los gobernantes, siempre en un marco de honestidad. Como todos, poseía una ideología propia, pero nunca dejó que le cegase. Tenía claro que lo primero de todo era ser periodista, testigo, relator y analista de lo que sucede, y que el público al que informaba se merecía todo el respeto, empezando por ser tratado de manera adulta y sin recurrir a la consigna. Huyó desde el principio de esa corriente que se ha convertido en la dominante, que ha transformado al periodista en activista, en propagandista de ideologías sin rubor y mendicante de apoyos por parte de los gobiernos de turno, o de los que puedan venir, para ganarse un jornal con una actitud nada cercana al espíritu del narrador de noticias. Ónega tuvo muy claro que ese estilo no era el suyo, y a medida que logró compaginar su labor de periodista con la de gestor en empresas de comunicación, llegó a ante grandes cargos en el grupo Plante Atresmedia, quiso que su estilo también se notase en la directriz de los equipos y empresas. Se centró cada vez más en la radio frente a la televisión, y fue en Onda Cero donde pasó sus últimos años de carrera, extensos, desde una primera línea de gestión y una secundaria de opinador, de editorialista de cabecera, en la que trataba de mantener un estilo que muchos, cada vez más, veían anticuado por el mero hecho de que escucharle no supusiera sentir un golpe en la mesa. Todos los que le conocían, y ahora a su muerte lo reiteran, señalan que en lo profesional y personal era como lo que parecía, alguien afable con el que se podía trabajar, y alguien que enseñaba a quien se lo pedía. Muchos comunicadores, especialmente de la radio, son deudores de los consejos que Ónega les ha dado y de haber sido subordinados suyos. Ha sido un maestro para generaciones enteras de periodistas, sobre todo en lo que hace al mundo de la actualidad y la política. Su muerte es hoy noticia en todos los medios del país, porque en todos ellos hay alguien, uno o muchos, que ha aprendido de Ónega y lo ha tenido como mentor.

En los últimos años sus hijas, especialmente Sonsoles, empezaban a ser más famosas que él para las nuevas generaciones. Cuando se retiró de la profesión, hace sólo tres años, en la última entrevista que le hizo Alsina, reconoció que en la vida había trabajado mucho y vivido menos de lo que deseaba, y que ya le tocaba un poco de eso de pasar los días sin agobios, deberes y agenda. Siguió activo en algunas facetas, especialmente en lo relacionado con los problemas de la gente mayor, pero su presencia en los medios se redujo totalmente. Hoy habrá numerosos obituarios en España que glosen su memoria. En pocas ocasiones serán tan sentidos y sinceros por quienes los van a escribir. Se va un maestro en su profesión. El “cole” está de luto.

martes, marzo 03, 2026

Guerra de salvas en Oriente Medio

Lo que contemplamos ahora mismo desde las oficinas y viviendas de gran parte del mundo es la apoteosis de lo que los expertos denominan la guerra de salvas, una batalla en la que no se producen choques de tropas en tierra, sino el intercambio constante de proyectiles lanzados mutuamente sin cesar desde las posiciones seguras de los combatientes enfrentados. Haciendo uso de su superioridad aérea, EEUU e Israel compaginan esta situación con acciones de bombardeo, pero la esencia del combate se parece mucho a una guerra de bolas de nieve en la que dos grupos de escolares se lanzasen bolazos a lo loco pero sin que ninguno de ellos llegara a pegarse con nadie del bando contrario. Cruento, pero menos, y curioso.

Por parte de EEUU, las salvas constan fundamentalmente de misiles de crucero, de alta precisión, y el peso de la aviación, reduciendo a escombros una lista de objetivos previamente planificada en la que los analistas han determinado cuáles son los prioritarios y qué armamento es el adecuado para eliminarlos. Los puntos de ataque son las flotas compuestas por los dos portaaviones que rondan por la zona y sus escuadras de apoyo, junto con acciones de bombardeo que proceden de puntos mucho más distantes. Israel sólo emplea su aviación porque carece de capacidades balísticas relevantes de ataque (ya las ejecuta EEUU en su nombre). Irán recurre a dos tipos de bolas de nieve. Por un lado, misiles balísticos, caros y poderosos, capaces de causar grandes daños en caso de impacto, tanto por su velocidad como por su peso y carga explosiva. Por otro, el empleo de drones, donde su modelo shahed se ha hecho mundialmente conocido por el empleo de una de sus versiones por parte de Rusia en Ucrania. Con su estructura de ala delta, posee un cuerpo de misil con una cabeza explosiva cercana a los 50 kilos de capacidad que causa daños notables en los objetivos contra los que impacta, aunque evidentemente de mucha menor cuantía de lo que es capaz un misil. A cambio, cada shahed le cuesta a Irán poco más de 20.000$, por lo que dispone de una cantidad mucho más alta. Eso le permite, como se ha visto en Ucrania, plantear ataques de saturación contra objetivos en los que un sistema de defensa antimisiles es incapaz de abordar a un enjambre de drones, simplemente porque los objetivos son mucho más numerosos que las capacidades. Además, los interceptores de los sistemas de defensa son mucho más caros que cualquier dron que pueda ser lanzado, por lo que la relación coste beneficio de un ataque con drones es muy ventajosa para la nación que los usa. En Ucrania ambos bandos han visto cómo el empleo de drones en enjambre puede resultar muy efectivo tanto contra plataformas pesadas (tanques, helicópteros, aviones, barcos) como frente a objetivos fijos, civiles o militares. Irán tiene pinta de que puede seguir una táctica similar, tratando de mantenerse en pie y resistir todo lo que sea posible usando para ello el stock de que disponga de drones. Son un arma secundaria respecto a los misiles, pero claro, las baterías que lanzan los misiles son más fáciles de detectar y destruir por parte de los sistemas norteamericanos, de tal manera que una sostenida campaña de bombardeo puede eliminar gran parte de las instalaciones, fijas y móviles, que dan soporte a la capacidad de disparo iraní. Sería una manera de dejarle sin ese tipo de armamento, uno de los argumentos utilizados por Trump a posteriori para justificar el ataque. Sin embargo, esto no tiene porqué suponer ni la rendición del régimen ni su derrota, ya que eso dependerá de la capacidad que mantenga para amenazar a sus vecinos con los enjambres de drones. Irán, en este sentido, ha aprendido algunas de las lecciones de Ucrania y las está empleando. Es probable que, dadas sus limitadas capacidades y la superioridad aérea manifiesta que muestra EEUU, no pueda sostener campañas de intimidación durante mucho tiempo, pero si logra sobrevivir más que la paciencia, escasa, que caracteriza a Trump, no está determinado lo que va ya a suceder.

Desde luego, aunque el régimen está más que tocado, de momento sobrevive. El odioso complejo militar y teocrático que aprisiona a Irán es bastante más compacto de lo que uno pudiera desear, y a corto plazo no se ve a una “Delcy” que pueda hacerse con el poder en Teherán y que ofrezca a EEUU lo que desea a cambio del final de las hostilidades. Ayer Trump no se cerró a la posibilidad de poner tropas sobre el terreno en Irán, pero eso, ahora mismo, es una ensoñación, dad la ausencia de logística desplegada al respecto. Días y días de bolazos pueden ablandar a unos y agotar a otros. Vamos a ver cómo se desarrolla todo este desastre.