Los comicios celebrados ayer en Aragón no han mostrado unos resultados muy sorprendentes, ajustándose bastante a lo que señalaban las encuestas, y reforzando unas tendencias que vienen viéndose desde hace tiempo y se consolidan a nivel nacional. Se ha vuelto a dar que el partido gobernante de la región, el PP, adelanta los comicios para reducir su dependencia de VOX y logra, sí, la victoria electoral, pero a cambio de unos números que aumentan aún más su dependencia respecto a la formación populista de derechas, de tal manera que la gobernabilidad, que era difícil, se vuelve aún más enrevesada. Y el resto pierden, aunque con excepciones.
Azcón, el presidente regional aragonés, ha salido algo decepcionado de lo que pasó ayer, aunque no quiere exteriorizarlo. Baja dos escaños respecto a lo que tenía, y ve como VOX duplica su fuerza, de siete a catorce, por lo que lo que antes era un grupo minoritario ahora es la tercera fuerza en al cámara y poco se puede hacer sin su concurso. La posición negociadora de los de Abascal en las cortes aragonesas se vuelve mucho más fuerte, y la del PP, más débil, como ya sucedió en Extremadura. También, al igual que allí, el PSOE sufre un resultado desastroso, iguala el peor de sus registros regionales en la comunidad, con el agravante de que, cuando eso se produjo, tenía a un Podemos enorme fagocitándole voto, por lo que se encontraba desplazado en su espectro político, pero la izquierda era la dominante. Ahora el PSOE se desangra en un escenario de crecimiento de la derecha, que si aunamos sus votos tiene un dominio regional como no se si se ha dado alguna vez en las tierras mañas. La candidata del PSOE, ministra y portavoz sanchista hasta el último momento en el que pudo serlo, ha sido, como se esperaba, un fracaso, y ha recibido en carne propia el castigo del electorado regional dirigido al presidente que él trata de eludir a toda costa, poniendo a subalternos fieles que son lanzados a las hogueras electorales en una sucesión de inmolaciones absurdas. Los fieles del PSOE contemplan con angustia como, elección tras elección, su marca y poder se deshace, cosa que no le importa en lo más mínimo al inquilino de Moncloa, únicamente obsesionado consigo mismo, y nada con el partido que utilizó para encumbrarse en el poder y que ahora se volatiliza bajo sus pies. Del resto de formaciones políticas, es muy reseñable el ascenso de Chunta aragonesista, izquierda regional que ha absorbido gran parte de los votos del populismo a la izquierda del PSOE y que duplica representación, por lo que ellos y los de VOX son los que pueden estar más satisfechos tras la noche de ayer. Se confirmó que lo que parecía un ascenso de formaciones provinciales denunciantes del abandono en el que se encuentran muchas de sus comarcas no era sino un espejismo. Teruel existe ha calado como lema nacional y se usa ya en contextos muy distintos al de la política, pero la formación ha perdido un escaño, y su relevancia se va diluyendo poco a poco. IU saca un escaño con un porcentaje de voto poco más que residual y su candidata, lo más gris que he visto en mucho tiempo, presume en su discurso de la estabilidad de su electorado (que va de casi nada a nada o casi) y el PAR, fuerza regionalista de larga trayectoria, no consigue escaño, por lo que ya veremos si la formación logra sobrevivir al desierto electoral y, sobre todo, a la ausencia de ingresos derivada de la pérdida de representación institucional. La participación subió ligeramente respecto a las últimas autonómicas, que también eran municipales, algo que no se esperaba, y eso no se ha traducido en un aumento del voto de izquierdas, sino más bien lo contrario. Los lemas de toda la vida para explicar las dinámicas electorales caducan a la velocidad a la que lo hace el cambio social.
Si Aragón es nuestro Ohio, que algo de eso tiene, lo visto ayer tiene una sencilla extrapolación en el caso de unas elecciones generales. Ahora mismo la suma de PP y VOX alcanza una holgada mayoría absoluta, con una más que probable victoria del PP en unas cifras que parecen haber tocado techo, en el entorno de los 140 diputados, y un VOX crecido que puede romper sus límites y acercarse a los 70, y con un PSOE al que VOX come los talones (Ayer en Teruel ciudad el PSOE quedó tercero) Con unas estimaciones más o menos como estas es lógico que Sánchez quiera apurar su mandato aunque no tenga ni presupuestos ni votos ni nada. Es muy probable que al desastre de su gobierno le siga el caos de la derecha pegándose entre ella.