viernes, octubre 23, 2026

Tormenta en los mercados

Ayer fue un día tempestuoso en bolsas y mercados, nacionales y del exterior. El Ibex se fu un 2% para abajo y ha caído por debajo de los 19.000 puntos, en un año en el que ha superado los 20.000. La tarde europea no fue mucho mejor para Wall Street, con el SP cayendo algo más de un 1% y el Nasdaq tecnológico dejándose más de un 2%, con incrementos de la volatilidad en todas sus medidas. Quizás es que, ayer, tras unos días de calma, tocaba bajar, quizás algunos de los factores que amenazan al mercado se materializaron en forma de ventas, a saber. En todo caso, fue un día duro.

Con la vista puesta en el martes 3 de noviembre, elecciones de medio término en EEUU, y lo que pueda pasar financieramente tras ellas (lo político parece claro pero ya veremos) son tres factores los que están ahora mismo poniendo de los nervios a los mercados. El primero es oriente medio, con Ormuz, y los constantes rumores sobre in incremento de las tensiones entre EEUU e Irán y posibles nuevos planes de ataque, también vinculados con las elecciones legislativas israelíes, que se celebran el martes de la semana que viene. Eso, junto a los ataques hutíes sobre instalaciones saudíes, que no cesan, ha hecho que el barril de petróleo haya seguido subiendo a lo largo de toda la semana, situándose ayer en el entorno de los 113 dólares en su referencia europea Brent. Petróleo, y gas, desatados son condición necesaria para que la inflación suba y las economías sufran. El segundo factor es el del descalabro global de los bonos de deuda y la subida de sus rentabilidades, con Francia como objeto de inquietud en la UE, pero ni mucho menos como el único que preocupa. A lo largo de esta semana el bono galo a diez años ha tocado la referencia del 5% de rentabilidad, eso es un disparate, y supone un coste para las finanzas del país que puede hacerse insoportable con el paso del tiempo y la acumulación de deudas financiadas a esos elevados tipos. Los disturbios vividos el fin de semana pasado, y los que puedan darse a lo largo del que viene, no contribuyen a calmar los ánimos y pesan en los inversores, que detectan inestabilidad política y polarización en un país que va a ser muy observado en estos tiempos. Esa subida de la rentabilidad de los tipos de la deuda se vincula también al primer factor, la inflación, y la subida de tipos que los bancos centrales ya ha comenzado a realizar para tratar de dominarla, y eso, por lo que parece, ha empezado a contagiar al tercer factor de incertidumbre al que aludía al principio, que es la IA. La semana pasada, y esta, se han vivido momentos de mucho nervio en lo que hace a la financiación de varias empresas del ecosistema IA, especialmente las relacionadas con la nube que le sirve de soporte. Una de ellas, Corewave, ha visto como su cotización se ha desplomado en los mercados a la vez que lo hacía el riesgo de impago de la enorme deuda que ha emitido para financiar sus infraestructuras. La IA se sustenta en una montaña de deuda privada que se ha emitido en la confianza de un negocio futuro muy prometedor y unos tipos de interés bajos. El negocio no se sabe si llega, pero los tipos bajos se han acabado, y ahora mismo las cuentas financieras de muchas de las empresas vinculadas a ese mundo, no todas, pero si bastantes, presentan unas cifras que son, directamente, insostenibles. La financiación circular que se da entre ellas les permite sostenerse unas a otras en caso de que surjan problemas, pero por la misma razón, puede arrastrarlas en cascada si se produce un impago muy relevante, provocado por unos resultados malos, que provoque el miedo. La sostenibilidad financiera de la IA es algo de lo que se lleva hablando mucho tiempo, y con tipos de interés al alza se ha convertido en uno de los temas más preocupantes en ese mundo.

Para rematar, ayer se vieron las dimensiones del agujero de seguridad en internet, vinculado a fallos en el lenguaje PHP, que algunas IA habían detectado, y que obligó a cerrar sistemas y servicios para corregir los problemas, y también se hizo público, por parte de bancos norteamericanos, el problema que han detectado en forma de agentes de IA que realizan intrusiones en las cuentas bancarias y operan, sin poder distinguirlos de humanos, con la inseguridad que eso supone para el sistema financiero o las propios ahorros de los particulares. En definitiva, la IA como peligro conceptual, no sólo financiero. Con todo esto era imposible que la bolsa subiera ayer.

jueves, octubre 22, 2026

Gente que insulta

Es curioso cómo se dan los extremos en nuestra sociedad. Por un lado, visita uno una librería y la sección de autoayuda no deja de crecer, con títulos pomposos, contenidos vacíos y mensajes pueriles en los que se nos insiste en buscar las personas vitamina, huir de la confrontación, querer y quererse y, en general, una serie de pautas basadas en el buenismo más vacío posible. Venden un montón, son un gran negocio. Por otro lado, en las redes proliferan los insultadores, los zafios que se meten con los demás y se dedican a cagarse en todos, en todo y en la madre de los que pasan por allí y no. Y cuentan con tanto éxito como los de la vacía autoayuda.

El último caso, ayer mismo, es el de Milei, de visita por España. Un sujeto grotesco, defensor presunto de una ideología noble, pero que sólo con sus formas y lenguaje produce un rechazo instintivo. A algunos les hace gracia, pero no se la veo por ninguna parte. ¿A quién le gustaría tener a Milei de vecino, de compañero de trabajo, de jefe? Seguro que las respuestas afirmativas escasearán. Milei, tristemente, no es una excepción, sino uno de los ejemplos paradigmáticos de eso que se ha dado en llamar las personas “sin complejos”, que se dedican a decir un montón de insultos sin cesar, a despreciar a otros, y que a mi modo de ver son los mal educados de toda la vida a los que hay que ignorar por completo. El más mundialmente famoso de todos estos sujetos es Donald Trump, que en sus mensajes las mentiras se solapan con los insultos de una manera asombrosa. Es este otro sujeto al que algunos le ríen las gracias, pero sigo sin encontrársela. Un debate con Trump, si ello es posible, es tener a ese sujeto delante profiriendo falacias una tras otra, y todo ello aderezado con comentarios despectivos hacia todos los que tiene delante, y elogios sin par hacia sí mismo y nadie más. Es insoportable. En España tenemos al insultador mayor del reino, el ministro Óscar Puente, otro deslenguado que cubre su incompetencia a base de meterse con todos los que le rodean y dejan claro hasta qué punto es incapaz para el cargo que desempeña. Puente no se corta en lo más mínimo y es, probablemente, el ministro más trumpista que tenemos en el país, pero su corte de votantes y los enganchados al partido en el que milita le jalean, lo que deja de ser sonrojante. En general, en la política han proliferado los insultadores, a la vez, no es casualidad, que ha ido bajando la catadura intelectual de todos los que forman parte de los cuadros de los partidos, que parecen ser extraídos de lo peor de cada clase. Y todo ello se ha visto alentado por el perverso algoritmo de las redes sociales, que busca generar conversación, tráfico, y nada hay que genere más intercambio de mensajes que una montaña de insultos e improperios en la que los interlocutores van subiendo el tono de sus mensajes, la intensidad de los mismos y la frecuencia. Aquello acaba convirtiéndose en una patética pelea de chulos sin la más mínima gracias, pero con el interés máximo de la red. Ser malote en redes sale a cuenta, renta a la hora de conseguir notoriedad, seguidores y visibilidad. Comportarse de manera educada, noble, es aburrido para el algoritmo, a sabiendas de que un perfil suave será soso y no se meterá en broncas. Por ello el nivel de violencia verbal que se ve en las redes es mucho mayor que el que tenemos que soportar en el día a día del mundo real, más que nada porque sino habría peleas constantes en la calle, y no se dan. Pero al final es inevitable que si la zafiedad llena los espacios de interacción digital, en los que muchos viven más tiempo que en el mundo real, se produzca una contaminación en las formas en las que nos relacionamos en el entorno real. Triste, pero inevitable.

Consejo básico. Huya de la gente que se dedica a insultar, porque normalmente enmascaran en el lenguaje violento su incapacidad para afrontar los problemas que denuncian, o los que les rodean en su día a día. Hay gente que tiene un carácter más marcado que otros, todos somos distintos, pero exija en su entorno que se trate a los demás y a sí mismo con educación, y hágalo usted también, claro. Huya del insultador, deje de compartir espacios con él, en la medida que le sea posible, ignórelo, que proclame su zafiedad en soledad, donde sea lo menos molesto posible. Y, ya de paso, no se gaste dinero en libros de autoayuda, sólo ayudan a la cuenta corriente de quienes los escriben y editan.

miércoles, octubre 21, 2026

Trump traiciona a occidente

La semana pasada le dedicamos un artículo al apagado de Starlink y a las veleidades que, desde EEUU, se estaban cometiendo sobre Ucrania, manteniendo la duda sobre si estábamos ante un caso de dejadez, prudencia interesada o algo más sucio. Las declaraciones que el sujeto naranja ha ido pregonando a las bravas durante los últimos días dejan bastante claro lo sucedido, y nos ponen directamente en el peor de los escenarios. Sea por interés o convicción, Trump ya no se corta a la hora de mostrarse como un aliado de Putin en el contexto internacional, y mientras que sólo dirige elogios hacia Moscú, ha soltado amenazas y órdenes de cese a un Zelensky que sigue asediado por los ataques rusos.

Sí, Trump ha dicho alto y claro que Zelesnky debe dejar el poder en Kiev, que ya no es un interlocutor válido, le ha acusado de ser el causante de la subida de precios de los combustibles y poco le ha faltado para culparle del asesinato de Kennedy, en una serie de declaraciones que han dejado espantado a medio mundo, concretamente al medio mundo occidental, liberal y democrático, y que, escuchadas desde el kremlin, han sonado a gloria. Para más inri, desde Moscú se ha sugerido estos días la celebración de una cumbre tripartita entre EEUU, China y Rusia para debatir sobre el futuro de Ucrania y de otros temas aledaños, en una especie de reedición de Yalta, la cumbre de las potencias que iban a vencer en la IIGM y que empezó a rediseñar el mundo posterior a la batalla. Huelga decir que la idea de Moscú es que en esa cumbre entre potencias Ucrania no esté presente de manera directa, que se discuta sobre su futuro, su estatus, su posible partición, su hipotético reparto, sin que el país afectado, el agredido por la guerra invasora de Putin, tenga si quiera un asiento para escuchar. Es asombroso. Y aterrador. Si esa reunión se acaba produciendo, cosa que está por ver, ¿qué impide a esas naciones determinar lo que sea respecto a los asuntos que les plazca? Como me comentó un amigo hace un par de días al hablar sobre esto (sí, también soy un pesado en mi vida real) si lo hacen es porque pueden, y ya no se cortan a la hora de exhibirlo. Es crudo, pero el análisis me parece certero. Emborrachados por la sensación de ser invulnerables, los trumpistas han llevado a EEUU a la unilateralidad absoluta, y China, cuyo ascenso global es incuestionable, mantiene por ahora una posición internacional que es mucho menor respecto a sus capacidades económicas. Que ambas naciones, con Rusia como convidado nuclear belicoso, a la sombra de China, decidan abandonar al resto y parcelar el mundo y sus reglas a su antojo es una posibilidad nada descartable. Creo que cometerían un enorme error, no sólo por lo que esa decisión supondría para naciones menores o irrelevantes, como puede ser todo el conglomerado que formamos la UE, sino porque a lo largo de este 2026 se ha visto la incapacidad de EEUU de proyectar su poder duro en la guerra de Irán. El desastre en el que se ha enfangado el ejército norteamericano en el golfo, su incapacidad para valorar la respuesta de Teherán, el disparate de precios energéticos que ha provocado tras dejar Ormuz medio bloqueado y en manos del gobierno iraní… EEUU ha hecho el ridículo militar delante de todo el mundo, siendo incapaz de doblegar a un rival militarmente mucho menor, pero que ha mostrado una habilidad innegable a la hora de gestionar sus capacidades y los recursos de la moderna (y baratísima) tecnología de drones, frente a la apabullante, lenta y extremadamente cara maquinaria norteamericana, que ha quedado tocada por escasez de suministros tras apenas un par de meses de conflicto. Sí, EEUU y China son potencias hegemónicas globales, pero no tienen tanto poder como ellas creen, y si buscan rediseñar el mundo a su antojo se pueden encontrar con graves problemas que les perjudiquen.

Durante décadas EEUU ha sabido que su poder se asentaba en el mayor ejército del mundo, sí, pero también en una red de alianzas globales sostenidas por la credibilidad y el tiempo, lo que le permitía tener aliados en todas partes y capacidades de uso, inteligencia, información y suministro mucho más allá de lo que pudiera soñar nadie. Destruir todo eso, que es en lo que parece que está Trump, debilitaría mucho las capacidades del ejército, que seguiría siendo inmenso, pero mucho menos de lo que pudo ser. En ese juego de Risk entre potencias el resto perderemos, pero no tengo nada claro qué pueden acabar ganando ellas, sobre todo EEUU. China es otro caso, a sabiendas de que lo que debilite a EEUU le fortalece. ¿Juega a eso?

martes, octubre 20, 2026

Historia del telediario, para Ana Blanco

Ayer, con motivo del setenta aniversario de TVE, se emitió una edición especial del Telediario en el que algunos de los presentadores que han pasado a lo largo de estos años por la casa hicieron su entradilla a las noticias que consideraron más relevantes en todo este tiempo, algunas entre la infinidad de las habidas. Junto a ellos, reporteros de la casa actuales y míticos realizaron locuciones sobre imágenes que contextualizaban la noticia seleccionada, en la que se añadían otras de estilo similar y se hablaba del paso del tiempo en la percepción que ese suceso había dejado en la sociedad. Fue un interesante ejercicio visual y, en parte, de añoranza.

No, cualquier tiempo pasado no fue mejor, no, pero lo nuevo no tiene por qué ser sinónimo de bueno, y soy partidario de dejar que siga lo que funciona y cambiar o arreglar lo que no. De todos los presentadores seleccionados que apareciendo ayer me quedo con Ana Blanco. Ella seleccionó el 11S, la locura con la que se inició nuestro siglo, y en los pocos minutos en los que estuvo delante de la cámara, dio una lección a la gran mayoría de los que hoy se ponen al frente de una cámara en nuestro país para dar noticias. Blanco se jubiló hace no muchos años, salió de la pantalla, en la que había vivido décadas, con un silencio atronador, sin solicitar atenciones ni recibirlas como es debido. Simplemente lo dejó. Tengo mis ideas de por qué, y viéndola ayer me reafirmé en ellas. Blanco es la representante de un periodismo de noticias serio, riguroso, que busca la objetividad, a veces la encuentra y a veces no, pero que en todo momento sabe que está realizando un trabajo profesional, que trata de ser creíble y ve al espectador como un ciudadano que requiere información. Ana Blanco es la antítesis de lo que domina hoy en los medios, televisivos y redes, en los que la inmediatez, el ruido, el adoctrinamiento y el espectáculo lo han copado todo. La propia TVE ha sido la abanderada en la extensión hasta el extremo de un formato de infoentretenimiento que es la mayor perversión de lo que puede representar el trabajo del periodista de informativos, y eso sin contar con el evidente sesgo partidista que todos esos programas tiene ahora mismo en la desvencijada corporación pública. Blanco se pasó la mayor parte de su visa sentada frente a una mesa, contando noticias con una dicción precisa, una entonación suave, nada estridente, nada impostada. Era una imagen de credibilidad enorme. Algunos la acusaban de fría, de aburrida, pero es que creo que los informativos deben ser así, fríos, muy fríos. Si alguien quiere espectáculo que se vaya a los magazines de noche, si es que encuentra entretenimiento en ellos. Contar noticias es una labor seria, en la que hay profesionales que se juegan el tipo en situaciones peligrosas, en la que expertos de verdad saben de los temas de los que hablan cuando son preguntados, en la que hay horas y horas de profesionalidad metidas en piezas de pocos minutos, que a veces quedan mejor y otras peor, porque todos erramos, pero que día tras día se levantan con el mantra que debiera estar en la mente del periodista. Ir, ver, volver y contar. En esas cuatro palabras no hay conceptos como seguidor, redes, trending topic, petar, relato o las demás bobadas que han acabado inundando el mundo informativo de hoy en día. Más allá de la relación de los medios con el poder, que debe ser siempre lo más crítica posible, el informativo debe realizar una labor de composición de la actualidad, de criba y explicación, en la que el rigor debe pesar por encima de todo lo demás. Siempre ha habido informativos de autor con características muy especiales, los de TVE siempre estaban más a favor del gobierno de turno que de la oposición, nada es perfecto, y pretenderlo es absurdo, pero antes existían unas pautas profesionales que impedían que muchos de los horrores que hoy se emiten a diario fueran posibles, no ya por el sesgo, sino simplemente por la cutrez, por la vergüenza que producen.

Creo que Ana Blanco huyó en cuanto pudo de un medio en el que lo fue todo, porque todo el mundo le admiraba, al ver cómo ese medio era devorado por otra forma de hacer las cosas que ella ni compartía ni quería ni entendía. Ana Blanco desapareció sin rencores, pero sin querer saber nada de lo que había hecho durante tantos años de carrera, y decidió esconderse. Sospecho que cuando pone ahora la televisión se le amarga el gesto y se siente ajena a casi todo lo que ve, se siente con algo de rabia por la destrucción de una manera de hacer las cosas que ella encarnó como casi nadie. Si, ayer bastaron un par de minutos para que Ana Balnco hiciera callar a tantos. Menuda lección.

lunes, octubre 19, 2026

Francia incendiada

El pasado sábado, mientras en Madrid el tiempo aún aguantaba y la tarde era un ir y venir de gente llenado calles y locales, en Francia se sucedían las protestas violentas tras una serie de nuevas manifestaciones, encabezadas por los estudiantes. A lo largo de la tarde las redes se iban llenando de escenas de violencia en París, Marsella, Lyon y otras tantas localidades galas, en las que el protagonismo había dejado claramente de estar en manos de los que encabezaban reivindicaciones sociales para pasar a grupos de guerrilla urbana, pillaje o, directamente, invasión. La violencia escaló hasta alcanzar dimensiones no vistas en muchos años, y los saqueos se sucedieron sin freno.

Quizás la imagen icónica de ese día vaya a ser la del incendio y destrucción del ayuntamiento de Limoges, dotado de un campanario que sucumbe a las llamas y cae en una especie de secuela civil de la flecha abatida de Notre Dame, esta vez no por la desgracia fortuita sino por la mala acción premeditada de unos energúmenos. El balance que dejó ese día, repetido de manera más moderada ayer, es propio de quedar registrado en los libros de historia bajo epígrafes como “el día de la ira” o cosas por el estilo. Más de dos mil detenidos, cientos de policías heridos, un fallecido entre los manifestantes, unos mil quinientos locales afectados por los destrozos, con daños que van desde significativos hasta totales, enormes pérdidas de mobiliario urbano y de dotaciones públicas… es imposible hacer un balance rápido de lo que ha supuesto ese día, pero es probable que la factura se mida en muchos millones de euros, a los que habrá que añadir el lucro cesante, aún más complejo de evaluar, de un fin de semana de turismo en el país que se transformó en reclusión forzosa de los visitantes en sus hoteles si querían salir indemnes de la batalla campal que se desarrollaba en las calles por las que querían deambular. La imagen de un París, Lyon o cualquier otra ciudad de importancia convertida en un campo de batalla sin control alguno ha recorrido los medios de todo el mundo, y se ve perfectamente a grupos de salvajes dotados de armamento pirotécnico y estrategia acorralando a las fuerzas y cuerpos de seguridad, que en muchos casos se ven incapaces de frenar unos estallidos de violencia que son impropios de cualquier tipo de violencia social. Las escenas de pillaje se han repetido a lo largo y ancho del país, con las tiendas de moda y productos electrónicos como principales objetos de ataque. Comercios con los estantes arrasados, fruto del pasto de hordas medievales que no han dejado nada, que se han llevado lo que han podido y destruido lo demás, arrasando con escaparates y mobiliario del interior de los locales. En otros casos el pillaje ha sido menor, porque los locales no tenían los bienes que interesaban a los desalmados, pero los actos de destrucción sí han sido sistemáticos. No pocos restaurantes, bares y establecimientos similares han ardido, quedando totalmente destruidos. Supermercados, tiendas de conveniencia y similares han vivido escenas de pillaje que han causado más daños en forma de destrozos que por el valor de las mercancías sustraídas. En general, el paisaje tras lo sucedido es desolador, con calles completamente mancilladas en las que el peritaje de los seguros comenzará hoy mismo, pero con negocios que, en no pocos casos, verán su supervivencia amenazada por lo que ha pasado. O se establecen una ayudas rápidas y generosas por parte del exhausto estado francés o más de uno de esos comercios tendrá que cerrar para siempre. No serán pocos los que hoy no puedan acudir a su trabajo porque quedó afectado el sábado, o directamente porque la PYME que les contrata no les necesita porque ya no hay ni mostrador desde el que atender los pedidos. Muchos, del extrarradio de las ciudades, contemplarán hoy el paisaje después de la batalla cuando acudan a los centros urbanos.

¿Qué hay de social en todo esto? ¿qué de reivindicativo? ¿qué de negociable? Nada, absolutamente nada. Una cosa son las protestas que se reproducen desde hace semanas con reivindicaciones de todo tipo y otra el salvajismo destructor que se ha visto este fin de semana. Si con lo segundo hay opciones de diálogo y acuerdo, nada puede hacerse ante lo primero a parte de la firmeza policial y judicial. Este discurso es, aproximadamente, el que expresó Macron ayer en su comparecencia ante una nación francesa espantada. Para un opinador sin cargo como yo es válido, pero me temo que para el presidente de un país atribulado resulta claramente insuficiente. A seis meses de las elecciones, Francia emerge como el gran problema económico y social de la UE. Y aún no ha empezado el carísimo invierno que nos espera.

viernes, octubre 16, 2026

Ciberataque en el súper

De momento, al menos hasta esta hora de la mañana, la IA no ha acabado con nosotros, por lo que podemos sentirnos satisfechos. Quizás todavía esté planificando cómo hacerlo, de la manera más efectiva y elegante posible. Lo que sí es cierto es que las noticias de ciberataques contra infraestructuras de todo tipo no dejan de crecer, y en muchas está presente la IA, no por iniciativa propia, sino como herramienta utilizada por los hackers para disparar de manera exponencial la capacidad de sus ataques y el número de objetivos. Sí, las capacidades de la IA permiten convertir en vulnerable algo que ya lo era, pero que resultaba demasiado costoso atacar.

Hace unos días se ha sabido de un ataque sufrido por varias cadenas de supermercados franceses, desarrollado durante el fin de semana. La acción no consistía en penetrar en las cuentas del sistema financiero de la entidad y robar el dinero, o listados de clientes, o algo así, lo más habitual, sino en algo mucho más retorcido. Los atacantes, no se sabe claramente quienes, al parecer con el concurso de la IA, lograron entrar en los obsoletos sistemas que controlan la refrigeración de las cámaras en las que se conservan los productos frescos en los supermercados, esos armarios o arcones de puertas de cristal que contienen los helados, yogures y demás. Lograron hacerse con el control de los termostatos y, los muy capullos, no sólo no los apagaron, sino que dispararon su temperatura de trabajo hasta los 50 grados positivos. Como supondrán, cuando los empleados de los centros volvieron el lunes a sus puestos se encontraron con que prácticamente todo el género que estaba almacenado en esos refrigeradores se había podrido, o derretido. Todo echado a perder. Un montón de mierda. Kilos y kilos de comida de alto valor convertidos en pérdidas de una manera aparentemente tonta, pero sin duda brillante. Esas cámaras de refrigeración están conectadas a una central, donde indican si hay fallos de algún tipo, pero no usan tecnología punta que mida sus parámetros de una manera concienzuda. Requieren que alguien supervise en central los avisos que puedan dar en el caso de que algo se estropee. Un domingo no es el mejor día para que haya retenes de empleados en ninguna parte, y los que se encontraban de guardia en esa fecha o no vieron esa información o no les llegó. ¿Qué papel ha jugado la IA en este ataque?. Hay muchas vulnerabilidades conocidas en estos sistemas antiguos, pero simplemente el desconocimiento del software que emplean, su obsolescencia en no pocos casos, las ha protegido de intrusos y de modificaciones. Funcionan, pues no se tocan. Se ha perdido el conocimiento del programa que las gestiona, no hay problema de mientras vaya. Pero claro, par una IA de ahora el que los humanos no sepan cómo funciona un sistema informático no es obstáculo para que ella, que los domina todos, sea capaz de hacer con él lo que sea. Algo como el Mythos de Claude o incluso una IA no tan avanzada es capaz de encontrar vulnerabilidades en todos los sistemas conocidos, incluso aquellos para los que ya no hay personal ni manuales disponibles para ser arreglados. Quizás antes cada una de estas máquinas tenías softwares incompatibles, y atacar a un grupo de ellas requería una estrategia distinta en cada caso, pensemos en función de la marca del fabricante, pero eso para la IA no es un problema, si acaso algunos segundos más de cálculo. Alguien, retorcidamente, puso en su objetivo estos sistemas y es casi seguro que la IA le hizo gran parte del trabajo, y de ahí en adelante llegó el caos en forma de comida podrida.

Los daños causados no son pocos, aunque no suponen un desastre para las cuentas de los supermercados, pero sí dejan sobre la mesa la inseguridad creciente de todo sistema que pueda ser conectado a la red, ese Internet de las cosas que no deja de crecer en el que dispositivos de todo tipo, muchos en los hogares, interactúan en la red como si fueran bots para conseguir actualizaciones o configurar sus tareas, etc. Puede ser gracioso que un hacker mediante IA consiga hacerse con las luces de nuestra casa y nos monte una discoteca sin que lo deseemos, pero el escenario que se abre tiene muchas aristas, peligros, y costes desatados.

jueves, octubre 15, 2026

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania?

Siguen incesantes los ataques rusos, mediante drones a reacción, sobre infraestructuras y viviendas ucranianas, y el balance de víctimas que se suceden a diario en las ciudades del país atacado crece con intensidad desde que la nueva tecnología rusa de drones ha irrumpido en el frente. La incapacidad de las defensas ucranianas para detenerlos hace que Moscú dispare casi a placer. Ayer más de medio millón de habitantes de Kiev carecían de electricidad, y aún estamos a las puertas del inverno. No ha llegado la nieve por allí, pero cuando lo haga poco habrá, tecnológicamente hablando, para defenderse de ella.

¿Ha abandonado EEUU a Ucrania? La pregunta surge tras la denuncia efectuada ayer por Zelensky del no funcionamiento del sistema Starlink, propiedad de Elon Musk, que es la pieza clave de comunicaciones que permite a las tropas de Kiev mantener el contacto entre sí y con los mandos operativos. También es lo que dota a los drones de guiado y les permite localizar los objetivos cuando se trata de atacar posiciones lejanas, desde luego fuera del rango visual del operador. Musk salió ayer a defenderse diciendo que ellos operan la compañía, pero que los permisos de uso son dados por las autoridades norteamericanas dado el carácter estratégico que tiene el sistema. Una manera de escurrir el bulto y pasar la pelota directamente a una Casa Blanca que ayer no dijo nada al respecto, por lo que se puede interpretar que es probable que sí haya bloqueado el acceso y no le importen sus consecuencias. Esta red también permite los ataques en profundidad de Kiev ha efectuado sobre instalaciones rusas, tales como refinerías, centros de datos o almacenes logísticos, y puede que ahí se encuentre la causa última de la decisión de EEUU. A apenas tres semanas de las elecciones de medio término, con una inflación ascendente y récord en el precio de los combustibles, el papel de Rusia como suministrador global e diésel es cada vez más relevante, pero los ataques ucranianos han hecho mella en su capacidad de refino y exportación. Hace no muchos días Washington firmó un acuerdo con Moscú para que los rusos aumentasen sus exportaciones de diésel, levantando en la práctica todas las sanciones que pudiera haber contra ese producto. Este acuerdo fue muy criticado por congresistas demócratas y republicanos, y visto con malísimos ojos en la UE, pero se pactó. Trump alegó que esto iba a permitir contener los precios del combustible, y desde entonces comenzó una serie de ataques verbales contra Zelensky, acusándole de ser el culpable del incremento de los precios por sus acciones contra las refinerías rusas. El que, con su guerra absurda, ha provocado el estrangulamiento de Ormuz lanzando culpas infundadas al presidente de una nación atacada que trata de defenderse como puede. El mundo al revés. Lo cierto es que alguien, probablemente en el Pentágono, ha pensado que una manera de evitar que Zelensky destruya instalaciones rusas es dejarlo a ciegas, cortarle el acceso a la red de Starlink, de tal manera que todas sus acciones ofensivas se convierten en imposibles. Supongo que en esa reunión alguna otra persona añadiría que eso no sólo iba a causar la parálisis de los ataques ucranianos sobre el suelo ruso, sino la incapacidad operativa generalizada en toda la maquinaria de guerra ucraniana, pero es de temer que esta derivada ya estuviera en los planes de los que dictaron la orden de bloqueo. En el fondo, esa decisión no va a suponer nada en el precio global de los hidrocarburos, pero sí es uno de los mayores balones de oxígeno que puede recibir el Kremlin en su ofensiva de invierno. Es todo un regalo.

Evidentemente tanto Kiev como la UE asisten muy preocupadas a todos estos movimientos, en los que parece que la sintonía entre Trump y Putin es algo más que una música de fondo. Es probable que Moscú aproveche esta ventana de oportunidad para arreciar en sus ataques y habrá que ver los daños que puede causar, y las víctimas, temiendo que no sean pocos en ambos casos. Y desde Europa, ante una tensión creciente y con incidentes casi a diario en las fronteras y en el campo de la ciberseguridad, resulta sombrío el comprobar que la fiabilidad del aliado norteamericano se puede convertir en mera traición si así lo determinan los intereses del magnate que lo rige sin rigor desde hace casi dos años.