miércoles, septiembre 30, 2026

Inflación descontrolada

Ayer el INE publicó el indicador adelantado del IPC de septiembre. Desde hace ya algún tiempo se viene publicando, hacia el final del mes, un valor adelantado de lo que va a ser el índice de precios del mes, sin que ese periodo de tiempo haya finalizado. Posteriormente se revisa, en un ejercicio de corrección que no suele deparar más allá de una décima o dos de los datos adelantados. Es, por tanto, una señal fiable, y se busca con ella hacer un seguimiento lo más exhaustivo posible a la evolución de los precios, ya que cuando estos presentan variaciones significativas es necesario tomar medidas que permitan controlarlos.

Pues bien, el dato de ayer fue desastroso, así de simple. Un 4,9%, casi el 5%. Es la estimación de lo que han crecido los precios desde septiembre del año pasado. Un valor que bastante más que duplica el mítico objetivo del BCE del 2% y que muestra el peligro en el que nos encontramos, no ya de enfrentarnos a una nueva espiral inflacionista, sino de estar asentados en ella. La inflación subyacente, que es un índice paralelo que se elabora eliminando de la cesta del IPC los productos energéticos y los alimentos frescos, que sufren volatilidades propias, también ha subido, y se sitúa en el 3,1%. La tendencia de esta subyacente importa más a los expertos que la del IPC convencional, porque puede darse que, por ejemplo, haya un shock en los precios de un producto de los volátiles, pensemos en una mala cosecha de cereales por casusas meteorológicas, pero que no se acabe trasladando a la cadena productiva de los productos que se basan en el cereal porque el productor de bollería, sabiendo que es un shock puntual, no traslada la subida de costes a su precio final a sabiendas de que en pocos meses volverá al precio de origen, bien porque se de una entrada de cereal del extranjero a precio menor que palíe la falta de producción local o porque los fenómenos que provocaron la subida se reviertan. Es decir, no todos los shocks generan inflación persistente. Para lograrlo, deben ser intensos y duraderos, deben provocar una subida de precios en los bienes afectados muy significativa y que se mantenga en el tiempo, lo que hace que las expectativas del fabricante de bollería cambien, y por ello acabe repercutiendo el aumento de los costes en la cadena productiva, ya que teme que la reversión del coste que sufre no se va a dar. El brote inflacionario que sufrimos tiene mucho que ver con la guerra de Irán, y todo el caos logístico global organizado en torno al mercado del petróleo y, por extensión, de otras materias primas. En la gráfica del INE se ve perfectamente como el IPC conjunto llevaba una tendencia oscilante durante todo 2025, con una subyacente que sí subía, pero hasta niveles que no eran aún preocupantes, y de repente, en marzo de este año, la gráfica pega un salto descomunal y se dispara del 2,3% hasta el 3,4%, más de un punto en un mes. En esos niveles ha estado durante algunos meses, con la subyacente goteando al alza hasta el 3%, pero desde julio se ha producido un acelerón del IPC que le ha permitido romper con claridad la barrera del 4%. Los precios turísticos, desatados en otro verano de sobredemanda internacional, han tirado al alza de la cesta y han alimentado las brasas de una caldera que no parece tener visos de apaciguarse. A medida que ha avanzado septiembre se ha visto en los surtidores un nuevo empujón en el caso de los combustibles, alcanzando la cota de los dos euros casi todos ellos, sea cual sea su composición, y esto ha obligado al gobierno, en el caótico consejo de ministros de ayer, a aprobar la renovación de las ayudas de los 20 céntimos para el próximo mes de octubre, que empieza mañana. Si la situación de Ormuz no revierte de poco servirá esa bonificación.

Este subidón de precios es un golpe tremendo a las clases medias, que lo sufren día a día cuando van a hacer su compra, y se enfrentan a unos niveles que consumen sus salarios casi al instante, y es un mazazo absoluto para ciertos sectores productivos, como el agrario, la pesca o las industria energéticamente intensivas, que ven como sus costes se disparan y no pueden trasladarlos en su totalidad, ya que eso les obligaría a duplicar o más el precio de sus productos y destruirían gran parte de su mercado. Las perspectivas de los próximos meses son sombrías en este aspecto. O se normaliza el suministro energético global o se produce un colapso de la demanda o los precios seguirán al alza. ¿Temen a la Navidad? Yo sí.

martes, septiembre 29, 2026

Dos meses, una dimisión

Transcurridos ya prácticamente dos meses del asalto a Ceuta orquestado por las autoridades marroquíes, se ha producido la primera renuncia de un cargo gubernamental tras su desastrosa gestión de la invasión y de todo lo que ha sucedido después. Pérez Triano, gobernador civil de Ceuta, renunció ayer a su cargo, no sin que antes El País, que antaño fue un periódico, actuando como la correa de transmisión que es del gobierno, dejara claro en sus páginas que eso era lo que tenía que hacer. Supongo que en Moncloa decidieron que podían ofrecer esa pieza de caza menor para apaciguar los ánimos y dejaron al leal siervo, inmolado por su necio líder, abandonado en la cuneta. Y que luego fuera él el que se excusase en público.

En su comparecencia, sin preguntas, ya que sólo a los periodistas del extranjero, y allí fuera, se les permite hacer cuestiones a nuestros necios gobernantes, Pérez Triano anunció su marcha, su renuncia a la política, y no mostró arrepentimiento alguno ante el desastre que, por la parte que le toca, se ha producido en la ciudad, y sigue desarrollándose. Todo fueron excusas, algunas de ellas con cierta carga de culpabilidad respecto a sus superiores en el ministerio de interior, pero en lo relevante de su anunció, el habitual discurso exculpatorio que se repite sin cesar por cada necio que es pillado en su incompetencia y no hace sino culpar a los demás, universo conocido mediante, de todo lo sucedido. El por qué de esta dimisión ahora tiene que ver mucho más con el proceso judicial abierto en la Audiencia Nacional sobre lo sucedido en Ceuta que otra cosa. Esta semana, si no me equivoco, declara en el marco de esa causa el que fue jefe de gabinete de Triano, el único que, por ahora, ha dimitido sintiéndose culpable de algo, y en su renuncia dejó claro que informó a su superior de los avisos que le habían llegado del CNI sobre la avalancha de miembros que se estaban juntando en redes sociales para llevar a cabo un asalto y de que esto no era lo de todos los veranos, ni mucho menos. En su renuncia, el jefe de gabinete dejaba completamente al descubierto a su superior, no se si tachándolo de incompetente, pero sí de mentiroso, cosa que ha reiterado sin cesar el portavoz del PSOE en la ciudad, que ha cargado muy duramente contra el ya ex delegado del gobierno, acusándole de buscar únicamente la forma de salvar su cargo y sueldo, sin importarle en lo más mínimo lo que sucede en la cuidad, y sin hacerse cargo de lo que pasó durante la invasión. Atrincherado en su despacho de la delegación, Pérez Triano llevaba ya varios días sin hacer declaraciones ni dejarse ver por ninguna parte. Los rumores sobre su posición habían ido creciendo a lo largo de los últimos días, pero los afines a Moncloa señalaban en los medios propios que no se iba a dejar caer a nadie porque eso era reconocer que se habían producido errores de gestión en Ceuta, y que no se podía admitir esa posibilidad. Es lo que tiene el fanatismo, que todo lo ciega. Supongo que el desalmado del presidente del gobierno ni se inmutó cuando, entrevistado por la CNN en Nueva York, Amanpour le calificó directamente como desastre lo que había sucedido y seguía pasando en la ciudad. Ante ella ha sido la única vez que Sánchez ha hecho una declaración en la que ha acusado veladamente a Marruecos de algo. Nada, desde luego, en los tres ejercicios de propaganda gubernamental orquestados con medios nacionales, donde Sánchez no fue preguntado, sino casi jaleado por personas que se hacían pasar por periodistas y cobran creyéndose que son tales. En el extranjero, donde España es casi nada y nuestros dirigentes no tienen esa corte de aduladores que les rodea constantemente los políticos españoles se ven forzados a mentir menos, e incluso a veces dicen alguna verdad. Quizás ahí se decidió que Triano estaba condenado, y se contacto con los propios para que dejaran bien impreso por la mañana que su ostracismo era un hecho.

En todo caso Triano se va por el miedo que tiene al proceso judicial, no por otra cosa, y como volvió a mostrar ayer, sin el más mínimo arrepentimiento por su conducta, cosa que empieza a ser lo habitual en el conjunto de sujetos que nos rigen a todos los niveles, que se conducen como absolutos psicópatas y donde los conceptos de responsabilidad, culpa, arrepentimiento o perdón no figuran para nada en su vocabulario. Vanidosos hasta el extremo, sólo su necedad está a la altura del ego que les infla el cuerpo. Pérez Triano es un buen ejemplo de todo esto. Nadie lamentará su marcha, pero ojalá pague judicialmente por lo que hizo y por lo que no.

lunes, septiembre 28, 2026

La vivienda estalla

Llevamos años discutiendo sobre el problema de la vivienda sin que se haya hecho mucha cosa, más bien nada, para tratar de paliarlo. Los precios han subido con fuerza año tras año en las principales ciudades españolas, y este proceso se ha ido trasladando a capitales de provincia medianas y otras localidades, de tal manera que, ahora mismo, es en la llamada España vacía, donde no quiere vivir nadie, donde no hay problemas de acceso. La situación se ha vuelto muy tensa y ha sido el desahucio de MariCarmen, señora de 87 años residente en el acomodado barrio madrileño de Retiro, lo que ha encendido los ánimos de muchos.

Para ser original, me reiteraré respecto a lo que he dicho en otras ocasiones. El de MariCarmen es uno de los miles de desahucios que se ejecutan al año en España, transcurridos ocho años desde la llegada del gobierno que juró que, bajo su mandato, no se ejecutaría ninguno más. Es cruel ver a una señora de esa edad siendo expulsada de la casa en la que vive, pero no es menos cierto que esto se ha producido bajo la ley que lo ampara, no ha habido extorsión ni cosas raras, como sí se ha dado en otras situaciones de desalojo. Lo que ejemplifica el caso de MariCarmen, además de la profunda hipocresía política de los que ahora están en el gobierno, y la muy elevada de los que pueden llegar a estar en el futuro, es que el desajuste entre oferta y demanda de vivienda sigue creciendo y que eso sólo se casa con un disparo de precios, tanto de compra como de alquiles. Son más de medio millón de personas al año las que se suman a los que residimos en España desde hace ya algunos ejercicios, la población está cerca de los 50 millones de habitantes, cifra jamás alcanzada en nuestro país. El número de familias crece y la demanda residencial sube sin parar. En este contexto la oferta de vivienda se ha cercenado. La obra nueva sigue siendo ridícula respecto a las necesidades, porque los ayuntamientos y CCAA son muy reticentes a la hora de conceder permisos de construcción. Tras el disparo de pisos construidos que se produjo antes de la burbuja, el sector se derrumbó y no ha sido capaz de volver a unos ritmos normales. Los costes de construcción han subido, como casi todos los demás, y la mano de obra en el sector escasea, en medio de un envejecimiento generalizado. Para más inti, tenemos problemas de infraestructuras básicas, como las redes eléctricas, abandonadas por el gobierno, que no son capaces de atender a la demanda de las nuevas viviendas que hacen falta. No hay potencia ni red ni enganches en el caso de que se hicieran las viviendas necesarias. En el caso del alquiler las cosas están aún peor. Inseguridad jurídica, miedo a los okupas, ideas peregrinas sobre expropiación, limitaciones de precio y otros factores han hecho que la mayor parte de los dueños de los pisos que están en ese mercado, en su mayoría pequeños propietarios, se lo piensen dos veces antes de sacarlos al mercado, y de hacerlo, exijan condiciones inasumibles por muchos de los demandantes, de tal manera que la oferta es cada vez menor y de peor calidad, con cuchitriles infectos que salen a unos precios de drama y situaciones en las que los pisos vuelan ante las llamadas compulsivas de los que los necesitan. Ahora mismo el mercado de alquiler está roto, y en este contexto algunas empresas y grandes tenedores pueden hacer aún más su agosto, lo que lleva a situaciones claramente injustas. En definitiva, tanto la compra como el alquiler están desatados y no son capaces de funcionar ante una demanda muy tensionada. La desesperación de muchos es lógica.

Si el gobierno acaba sacando un decreto con nombre propio que solucione la situación de la señora desahuciada acabará aumentando la inseguridad jurídica, y si establece normas coercitivas sobre la propiedad o los derechos de los arrendatarios, extinguirá aún más la oferta. Seguridad jurídica, juicios expres para que los okupas se marchen, garantías de cobro para los que colocan sus pisos en el mercado serían medidas que harían aumentar la oferta, pero no serán capaces de cubrir la actual demanda, y menos si se sigue edificando a cuentagotas. Si la demanda no se frena, y sólo un cambio en el ciclo económico sería capaz de hacerlo, la situación de angustia seguirá.

viernes, septiembre 25, 2026

Delcy sonríe junto a su jefe

Dediqué la primera entrada del blog de este año a la operación de EEUU en Venezuela, saldada con la captura de Maduro y la imposición de Delcy en la jefatura de aquel país, y denunciaba que el dictador había caído, pero no la dictadura, y que el único interés que parecía mover a los norteamericanos era simplemente el control de las inmensas reservas petrolíferas de aquella nación, sin importarles lo más mínimo ni la prosperidad de sus habitantes ni los derechos que llevan años sepultados por la represión vestida de chándal bolivariano. Si el diagnóstico de entonces era sombrío, la realidad no ha hecho sino confirmarlo en plenitud,

Hoy, transcurrido casi un embarazo desde entonces, la situación venezolana ha desaparecido de la información y nadie mira allí. Sólo un desgraciado terremoto acaecido en el norte del país hace pocos meses, con un balance de víctimas y destrozos desgarrador, fue capaz de volver a poner a Venezuela en el centro de la actualidad, pero al cabo de unos días de ruinas, y de que la esperanza de que existieran supervivientes se desvaneciera, los equipos de rescate y televisión internacionales abandonaron el país y todo se volvió a sumir en el silencio de siempre, sólo que con un grado más, aún sí cabía, de miseria. La imagen de ayer, de Delcy saludando emocionada a un sonriente Trump en el marco de la Asamblea de la ONU, dice todo sobre el nivel de degradación en el que se encuentra Caracas y todo lo que depende de ella. Trump ha mostrado de forma explícita, sonrojante para cualquiera que tenga un mínimo de escrúpulos, lo que necesita de aquella nación, todo el crudo posible, y que no le interesan para nada los derechos de la ciudadanía ni la vuelta de la democracia. En esto es coherente, dado que le importan lo mismo los ciudadanos norteamericanos y su propia democracia, que destruiría sin dudarlo si estuviera en condiciones de hacerlo. La líder opositora, Maria Corina Machado, ha visto como una y otra vez sus intentos de volver a Venezuela son saboteados por el régimen chavista, quizás habría que empezar a llamarlo delcysta, y no ha encontrado apoyo alguno a sus demandas democráticas en Washington. Es más, el desprecio al que ha sido sometida es constante, una humillación que ni gestos como el de ofrecerle el galardón del Nobel que le fue concedido el pasado año a Trump han conseguido ablandar. Machado se da cuenta, poco a poco, que a Trump no le interesa la democracia, que sólo quiere un títere que obre para su propio beneficio, y que debe de haber llegado a un acuerdo satisfactorio con Delcy para dilapidar las riquezas de Venezuela de tal manera que ella robe lo suficiente como para enriquecerse y comprar las voluntades que las sostienen y él se quede con todo lo demás. Traicionada hasta el extremo, la oposición democrática venezolana no tiene ya valedor fiable en la Casa Blanca ni en su entorno de poder, y se apresta a vivir un largo invierno esperando unas elecciones que, de vez en cuando, Delcy anuncia que se producirán, pero sin urgencia laguna, como si no fueran necesarias, dada la estabilidad que sostiene al régimen. ¿Para qué una democracia, que es un engorro, si la satrapía local ya controla los recursos del poder? Los venezolanos sólo pueden escoger ya entre la miseria en su país bajo la represión delcysta o la huida sin posibilidad de retorno, y sin esperanza en un futuro próximo en casa. Realmente el panorama es deprimente para los ciudadanos de esa nación.

Recuerdo, cuando se produjo la captura de Maduro, que algunos comentaristas, de aquí y de fuentes de la diáspora venezolana, confiaban en que ese era el principio del fin del régimen y el comienzo de un proceso de transición a la democracia. Supongo que la imagen de esta semana de la dictadora sonriente junto al gran patrón que la respalda habrá terminado por hundir las esperanzas que quedasen en el apenas puñado de soñadores que han resistido estos meses de deriva. Mientras Trump permanezca en el poder no va a haber proceso alguno de democracia en Venezuela. Y ya veremos lo que pasa cuando Trump no esté.

jueves, septiembre 24, 2026

Vergüenza en el Congreso

Ayer el Congreso de los Diputados vivió otra de esas sesiones infames, cuyo propósito parece ser el de destruir por completo el prestigio de esta importantísima institución. Durante la sesión de control al gobierno, una diputada del PP, cuyo nombre no deseo escribir, porque no se lo merece, sacó un bote de gas pimienta en medio del hemiciclo para denunciar la inseguridad que se vive en Ceuta. Eso es un artefacto que puede ser usado para defenderse y agredir, y que no pinta para nada en un pleno de sesiones. La presidenta obligó a la diputada a salir del pleno, cosa que hizo tras quejarse, y ya fuera del salón, dio el spray a un empleado de su partido.

Este trabajador afirmó haberse deshecho de él, pero lo cierto es que contaminó varios lavabos del Congreso, provocó que algunas personas, empleadas o no de la institución, se vieran afectadas por la toxicidad del producto y requirieran atención médica, y todo, claro, en medio de un nerviosismo evidente y justificado. La diputada innombrable aseguraba sin cesar que el spray estaba vacío, pero era evidente que, además de haber demostrado un elevado grado de estupidez, mentía a las claras. Supongo que lo mínimo que debiera hacer el PP tras lo vivido ayer, además de pedir disculpas, es despedir al empleado que se deshizo del spray de una manera tan negligente, provocando ese caos, y garantizarse que esa diputada nunca vuelva a ocupar puesto alguno en listas electorales, pero me temo que dado lo que vivimos hoy en día no haga ninguna de las tres cosas. El suceso, bochornoso, no es sino una vuelta de tuerca de la actitud predominante en nuestra sociedad, sometida a un infantilismo estúpido, de la lucha por la viralidad, e conseguir epatar al personal con la tontería más gorda posible, grabarla, difundirla y medir el éxito de nuestras acciones mediante el número de espectadores que congregamos haciendo el imbécil ante la cámara. La situación de seguridad en Ceuta es gravísima, fruto en gran parte de la desidia gubernamental, pero a esa diputada, ante un problema cierto, real, de verdad, no se le ocurrió otra cosa que montar un numerito pensando la de tomas suyas que iban a abrir los informativos, o que iban a circular por Instagram o Tik Tok en uno de eso millones de vídeos que se hacen cada día para captar la casi nula atención global. Quizás la diputada innombrable no tuvo ella misma la idea, visto lo visto le veo bastante incapaz de pensar por sí misma, sino que todo surgió del departamento de comunicación, de esa gente que llena gabinetes y puestos de asesores en empresas públicas, privadas y gobiernos, que se dedican al onanismo compulsivo de los medios y que sueñan con el trending topic y bobadas de esas con la misma ansia con la que desprecian los problemas reales de la sociedad, y no digamos el trabajar para solucionarlos. Ellos venden imagen, viralidad, éxito, comunicación, contactos, miden impactos y se corren de gusto, quizás literalmente, si logran que aquellos a los que asesoran consigan abrir un informativo con la performance que han ideado. No lo duden, la mayor parte de estupideces que vemos hoy en día en la política son planificadas por sujetos que cobran mucho más que yo, puede que de usted también, y que viven en una burbuja ajena al mundo real, donde el empleo, la vivienda, los precios, la seguridad, la educación, el funcionamiento de las cosas, la limpieza de las calles o todo eso que son cosas reales que importan a la gente no existen. Para ellos sólo las redes son la realidad, sólo el reel que dura segunditos es lo que merece la pena, las posturitas, las caritas, la pose, la representación. Una falsedad orquestada que, en no pocas ocasiones, acaba en situaciones tan insultantes como las vividas ayer en el Congreso.

Consiguió su minuto de gloria la diputada innombrable, aunque supongo que su madre, si sigue viva, seguirá avergonzada por lo que hace su hija en un lugar tan importante, al que ayer despreció. ¿De quién fue la brillante idea de ayer? ¿Cuánto se han gastado en hacer semejante numerito? ¿Cuánto tiempo destinaron a organizar una payasada indigna de una escuela de parvulitos? ¿Cuándo volverá un mínimo grado de seriedad, de adultez a la vida política? ¿Y ya puestos, a la vida pública? Me temo que nadie responderá a estas preguntas, nadie pedirá disculpas, nadie dejará de cobrar su sueldo público por todo esto. Nadie. Nada. Nada.

miércoles, septiembre 23, 2026

La crisis de la ONU

Como todos los septiembres, Nueva York se convierte en un foro diplomático de alcance mundial con motivo de la Asamblea General de la ONU, un desfile de mandatarios que acuden a la sede del organismo a soltar su discurso, normalmente vacío, pero que aprovechan para realizar numerosos encuentros, bi o multilaterales. Es en este marco, por ejemplo, donde se va a producir el encuentro de mañana entre Trump y Xi Jinping, con la IA y la supremacía global de fondo. Estas reuniones y lo que surja de ellas es, con mucho, lo más relevante del acto de la ONU, no el desfile de prebostes ante el atril de la asamblea, donde la atención que se presta a lo que se dice es, por lo general, muy escasa.

La ONU está sumida en una crisis muy profunda, como la mayor parte de organismos multilaterales. Nacida y heredera de un tiempo que parece haber pasado, sus dictámenes, resoluciones y declaraciones apenas ocupan ya espacio en la agenda informativa, sabedores los periodistas que el poder que alguna vez residió en ese organismo se ha ido evaporando de una manera constante a lo largo de estos últimos años. Para que la ONU tenga sentido y capacidad de acción deben darse, principalmente, dos condiciones. Una, que las naciones soberanas se la crean, la respeten, consideren que un lugar en el que se encuentran y una organización que las cobija tiene “auctoritas” sobre ellas. Esto va en paralelo con que haya una capacidad de fuerza que respalde esa “auctoritas”, que haya una nación preminente que sea la encargada de mantener el orden que la ONU determina como el que debe ser seguido. Durante décadas, mal que bien, han existido esos dos factores, fruto el primero del escenario global que surgió tras la IIGM y fruto el segundo del papel de guardián de ese orden encarnado en EEUU. Por intereses propios y por convicción, en la proporción que ustedes deseen, EEUU se ha encargado de hacer de policía global durante varias décadas, de tal manera que un ataque a las fuerzas de pacificación de la ONU se veía como un ataque la legalidad internacional que EEUU consideraba legítima. Estos dos factores se han ido debilitando de una manera clara, desde la propia acción unilateral de EEUU en Irak en 2003, pero sobre todo desde que el ascenso de naciones que durante décadas han pintado poco en el panorama global les ha permitido poseer un poder de facto que no se ve representado en la arquitectura institucional de los organismos internacionales. Sí, China posee derecho de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, pero en esencia es como un país del tercer mundo para muchos otros organismos. El caso de India es aún más flagrante. Y desde luego, la progresiva despreocupación de EEUU en mantener ese orden global lo ha erosionado hasta el punto de hacerlo casi inexistente. Volvemos, parece que sin freno, a un mundo de pesos, de poderes, de ejercicio de la influencia y de la imposición del derecho por parte de las armas, de tal manera que es legal lo que yo imponga una vez que me haga con un territorio, un recurso o una población. Países como Rusia siguen en la ONU y en el Consejo de Seguridad, pero les ha dado igual a la hora de ejercer acciones de guerra injustificadas, como es el caso de Ucrania. Esta gestión basada en el poder puro y la dilución de EEUU acentuada bajo el unilateralismo trumpista, condena a un organismo que puede, desde su sede neoyorquina, hacer todos los llamamientos que quiera a la paz, al entendimiento global o a la cooperación, pero que se va a enfrentar una y otra vez a una realidad hostil que va a condenarlo a la irrelevancia. Existe, sí, pero la ONU empieza a tener un cierto aire espectral, de ser que se debate entre la vida y la muerte, de fantasma al que se le oye pero que poco representa.

Sí, podía ser peor, su antecedente, la Sociedad de Naciones, surgida tras la IGM, tuvo una vida bastante más corta y frustrante, entre otras cosas porque desde un primer momento los EEUU, entonces ya la potencia ascendente, se desentendieron del proyecto pese a ser, en parte, idea de su presidente Wilson. Sin poder real que respaldara su figura, esa entidad languideció en los años veinte y se fue a la porra en los treinta, en medio del proceso de rearme que precedió a la IIGM. En la creación de la ONU se corrigieron algunos de estos errores, pero ahora parecen volver a resurgir y amenazar la existencia de la institución.

martes, septiembre 22, 2026

Trump, y Puente, insultan a los medios

Una de las últimas salidas de banco de Trump ha sido la de vetar el acceso a algunos medios de comunicación al recinto de la Casa Blanca. El viernes, en una de esas parrafadas con preguntas y griterío que organiza en el despacho oval, se cebó en algunas empresas de comunicación y anunció que, desde entonces, tres de ellas tendrían prohibido el acceso a ese recinto. Las damnificadas han sido CNN, MS NOW (antes conocida como MSNBC) y la web Politico. Como es habitual, les acusó de mentir, difamar, hacer propaganda, meterse con él en todo momento y la típica diatriba de insultos que salen sin cesar de la boca de ese personaje.

A lo largo del fin de semana se ha ido cumpliendo esta orden y el personal de la Casa Blanca ha impedido que los acreditados por estos medios puedan acceder a las instalaciones y realizar cualquier tipo de cobertura informativa en la sede presidencial, lo que supone que tampoco pueden acudir a las ruedas de prensa diarias que organiza el gabinete de comunicación ni, supongo, seguir la actividad del presidente en sus desplazamientos, como está teniendo lugar estos días con motivo de la Asamblea General anual de la ONU. Esta medida es un acto de censura ante unas empresas de comunicación que poseen licencia y actúan conforme a las normas legales establecidas, y una arbitrariedad impropia de una democracia, aunque no tanto del régimen al que aspiraría llegar a presidir Trump en sus sueños. Vetar medios es algo que a los autoritarios les encanta, dar la voz sólo a los que les ríen las gracias y obstaculizar todo lo posible a los informantes que no son exactamente de su cuerda. Se empieza así y se acaba deteniendo periodistas por hacer su trabajo, manera bastante explícita de comunicar al resto que dejen de hacerlo si no quieren atenerse a las consecuencias. Pues bien, ayer, el resto de cadenas nacionales que hacen la cobertura de la actualidad presidencial, decidieron boicotear a la Casa Blanca por la medida tomada contra sus compañeros. Medios como ABC, CBS o incluso la FOX, la más próxima entre todas ellas a las ideas de Trump, anunciaron que si el impedimento para las otras empresas se mantenía ellas no iban a realizar su trabajo, y comenzó una situación extraña en la que la cobertura informativa de lo que pasa en el entorno de Trum y los pasillos de ese famoso edificio se apagó de manera muy notable. Sin el altavoz de los medios un político es poca cosa. Un político democrático, claro, dado que un dictador siempre tiene un medio, el suyo, el único, para que le haga de portavoz, propagandista, adulador y todo lo que sea necesario para beneficio del gran líder. La decisión de las otras empresas de comunicación norteamericanas ha sido muy destacada por todos los medios del mundo, es un caso extraño de solidaridad ante lo que se considera una agresión en toda regla, y en un mundo como el periodístico donde no son escasos los navajazos, figurados, entre empresas y cabeceras. Por una exclusiva se mata, por un acceso privilegiado se pueden producir peleas entre corresponsables que ríase usted de las tanganas en las noches de copas, pero esta vez no ha sido así. Las otras cadenas se han unido a las castigadas, entre otras cosas porque ya conocen al personaje y saben perfectamente que ellas mismas pueden serlo si cometen la osadía de llevarle la contraria. Es una decisión interesada, sí, pero no exenta de valentía, y que supone poner en apuros a la estrategia de comunicación presidencial. Así empezaron a verlo ya a ayer algunos gerifaltes del entorno trumpista, que no se atreven a decir que su desquiciado jefe la ha vuelto a pifiar, pero que, de una manera sibilina, trataban de rebajar la tensión y lanzaban mensajes buscando una colaboración, una vía para tratar de reconducir las cosa. Veremos a ver si Trump da su brazo a torcer, pero a poco más de un mes de unas elecciones de medio término que pintan fatal para él esto es otro problema añadido que le puede perjudicar, y no poco.

En España, el trumpista de guardia que es Óscar Puente, indigno Ministro de Fomento, escribe en X día sí y día también mensajes insultantes contra el periodista o medio que le toque en esa jornada, con un estilo zafio que, traducido al inglés, sería digno del orate que rige (es un decir) en Washington. Pero aquí se acaban las similitudes, porque no es que haya solidaridad de otros medios con aquellos atacados, no. En España ni siquiera las empresas en las que trabajan los periodistas señalados salen a defenderlos, en un acto de cobardía que demuestra hasta qué punto la profesión está vendida entre nosotros. Así nos va.