Ayer uno de esos personajes que saltan de programa en programa de televisión haciendo creer al resto que saben cosas alcanzó cierta notoriedad en redes al recomendar la nacionalización de los servicios ferroviarios como solución al desastre que vivimos. Ese personaje ocupó una alta posición en el gobierno paralelo de Sánchez y es uno de los mayore s vendedores de humo que se han visto en los tiempos modernos. Su incapacidad es sólo comparable a la soberbia con la que rodea todos sus movimientos y el aire de augur con el que habla cada vez que abre la boca. Sorprendentemente, o no, algunos líderes políticos, como los de pablemos, secundaron ayer su idea.
Y es que se ha puesto de moda en los últimos días achacar a la liberalización de la Alta Velocidad los males que vive, acusaciones que realizan no pocos portavoces de izquierda, extrema y no, denunciando ese proceso, la merma de los servicios públicos y todo el manual de agravios contra el capitalismo opresor y demás. Esas opiniones, además de equivocadas, demuestran la absoluta ignorancia de quienes las proclaman, porque reclaman a voz en grito que se haga algo que ya existe, que se adopten unas medidas que son las que rigen el sistema ferroviario desde el principio de los tiempos. Los que no tienen ni idea confunden liberalización con privatización, que no son ni mucho menos lo mismo, pero lo juntan todo a la vez, y para vender su discurso demagógico tanto monta uno como otro. La liberalización del AVE supuso la entrada de compañías que rompieran el monopolio de RENFE, empresa pública al 100%, que era la única operadora. Eso hizo que dos compañías, una francesa, OUIGo, marca comercial de la pública SNCF, y otra italiana, Yryo, marca comercial de la pública Trenitalia, comenzasen a rodar por las vías españolas, ofreciendo servicios alternativos a la de la pública, pública, pública, RENFE. No se puede nacionalizar una compañía que ya lo es. En toda la red de no Alta Velocidad se mantiene el monopolio de RENFE y los usuarios ven día a día como servicios como los Cercanías se convierten en la sombra de lo que fueron, en medio de un rosario constante de averías y problemas de todo tipo. Pero es que, además, todas esas empresas operan sobre infraestructura construida exclusivamente por el estado y gestionada exclusivamente por ADIF, que es un organismo público, concretamente una entidad pública empresarial adscrita al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. Es decir, la construcción de la red la realiza el gobierno mediante inversiones públicas y la gestión de la red la realiza el gobierno, y es ADIF quien canaliza una y otra vía, nunca mejor dicho. Cuando el gurú basura y los que le siguen la corriente publica en redes, de manera rupturista, que el sistema ferroviario debe ser nacionalizado, a ¿qué se refiere? ¿Considera que RENFE es privada? ¿Está diciendo que ADIF es una peligrosa especuladora, gran tenedora de vías y que encarna todos los males del capitalismo? ¿Es que ya nadie se para a pensar las bobadas que escribe? El desastre que hemos vivido, este y el de Adamuz, y los que se habrán evitado por la suerte, y los que se repitan en el futuro si no cambiamos mucho las cosas, son fruto de enormes errores de gestión en un organismo público, ADIF, y en un ministerio, antaño Fomento, ahora Transportes, donde la corrupción, el enchufismo, el putiferio constatado y la necedad se han hecho con gran parte de los cuadros directivos del organigrama. Todos los implicados en la gestión y operativa ferroviaria son organismos públicos, totalmente públicos, y es el fallo en esos organismos públicos lo que ha causado el desastre. Y ese fallo ha sido consentido, alentado y no evitado por gestores públicos, nombrados por designación política, que cobran elevados sueldos públicos y se llenan la boca al hablar de “lo público” cuando lo único que hacen es degradarlo hasta convertirlo en el desastre que estamos viendo.
En el fondo, el gurú basura sabe que miente, porque es consciente de que no tiene ni la menor idea del mundo ferroviario, del mundo público ni de nada en general. No sabe nada de nada. Es bueno vendiendo su producto. El humo, el relato, esa palabra maldita que nos ha colonizado, que es el eufemismo bajo el que se esconde la propaganda que trata de ocultar la incompetencia. Gurús basura, políticos basura, periodistas basura, directivos basura… una enorme cantidad de gente que ha aprendido a vivir del dinero público y a vender relatos que oculten la necedad que se esconde detrás de sus perfiles. En eso, el gurú famosete es un genio, en eso sí. Así ha ganado mucho más dinero del que yo veré en mi vida. Como estafador ha hecho una gran carrera.