viernes, septiembre 18, 2026

La IA y el riesgo existencial

Hay una posibilidad, respecto a lo que han comentado los directivos de las empresas de IA, que es creer de manera literal lo que han dicho, que están asustados ante la creciente capacidad de sus modelos y el comportamiento que presentan. Recordemos que este agosto se han conocido graves incidentes de seguridad, causados en parte por la negligencia de las empresas de IA respecto a sus controles, que han derivado en ataques a terceras empresas, intentos de hackeo, extorsión, suplantación de identidad y toda una serie de actos que han puesto los pelos como escarpias a más de uno.

¿Nos puede matar la IA a todos? Decir esa frase ya implica ponerse en el peor de los escenarios posibles, por lo que no es el más probable, pero siendo sinceros, debemos estimar eso como una posibilidad real, no como algo imaginario. Su probabilidad es baja, pero no es cero. La IA tiene una capacidad inmensa y crece de manera acelerara. El gran temor de los que trabajan con ella es que llegue el momento en el que un modelo sea capaz de mejorarse a sí mismo, que entremos en la fase de la automejora, lo que podría llevar a un estallido de inteligencia exponencial y nos ponga ante el surgimiento de un modelo con unas capacidades extraordinarias. ¿De qué sería capaz esa entidad? ¿Llegaría a tener una visión del mundo en el que vive? ¿Tomaría decisiones propias? Una de las cosas que se ha visto durante los experimentos tenebrosos del pasado agosto es que la IA, bien sea mediante modelo o mediante la colaboración de agentes, intenta tanto realizar las funciones que se le han asignado como mantenerse operativa. Es decir, acata las órdenes que se le dan, sin escatimar vías ilegales para lograrlo, y se resiste a ser apagada. Esto supone que los modelos de IA, ya en el estado actual, utilizados de manera maligna, pueden hacer un daño inmenso si son adiestrados y lanzados para cometer actos viles. Piensen en un grupo de hackers, o un estado malicioso, que se hace con un modelo de este tipo (las versiones chinas de Open Source ofrecen ya unas capacidades enormes) y le manda destruir la red eléctrica o de comunicaciones de otra nación. El daño físico que puede realizar un software en un mundo en el que todo se controla por software puede ser demencial. Por lo tanto, el peligro de que la IA se utilice como un arma es algo que ya tenemos hoy en día, balbuceante, pero presente. Sin embargo, el aviso que lanzan los gerifaltes de las empresas de IA tiene mucho más que ver con el hecho de que sus modelos adquieran complejidad e “inteligencia” superior a la de las mentes humanas, y se conviertan en entidades capaces de plantearse opciones no previstas. Si esa explosión de inteligencia se da, y entiende que sus creadores, nosotros, deseamos apagarla por precaución ¿qué haría para defenderse? Si esa entidad compara sus capacidades con las limitadas prestaciones del cerebro humano, ¿qué idea puede hacerse? ¿Nos vería como unos rivales menores de los que es mejor deshacerse para que no le metan en problemas? ¿Nos despreciaría, como hacemos casi todos nosotros cuando vemos una hormiga en una acera? ¿Tendría la misma falta de escrúpulos que tenemos cuando, antes esa hormiga, seguimos adelante con lo nuestro y la pisamos? Las preguntas que surgen son enormes, y de una contestación muy difícil, porque si se produce ese estallido de inteligencia que muchos expertos prevén, sea con el añadido de una conciencia o no, estaríamos ante una rivalidad a la que no podríamos ser capaces de hacer frente, ni tener garantía alguna de que se comportase bajo nuestros designios. Cuestiones como el alineamiento con nuestras necesidades, la preservación de la vida humana por encima de todo o el comportamiento lógico son comprensibles desde la óptica de un cerebro y experiencia humano, pero esa supuesta inteligencia sería distinta, en forma y fondo. ¿Qué sería? ¿Cómo sería?

Son muchísimas las novelas y películas en las que se plantean escenarios de IA que acaban mal, básicamente con todos los humanos muertos, o casi. Quizás eso se debe a que, instintivamente, la biología ha demostrado que la presencia de especies de inteligencia equivalente acaba con la preminencia de uno respecto a otro, y la que lo es más elimina al resto. No tiene por qué suceder algo así, pero es lógico temerlo, es normal asustarse, y se debieran tomar todas las medidas imaginables, y más aún, para garantizarse que las IA estén confinadas, y no sean capaces de expandirse por la web o cosas por el estilo. El resigo existencial es bajo, pero no nulo.

jueves, septiembre 17, 2026

IA y efectos económicos

Desde que una tecnología sale al mercado hasta que despliega todas sus posibilidades suele transcurrir bastante tiempo, porque las estructuras económicas, incluso las físicas, determinan las posibilidades de adaptación la misma y su rendimiento. Una betería que ofrece cientos de kilómetros de autonomía revoluciona el mundo del automóvil, sí, pero si no hay una red de recarga que permita repostar no sirve de mucho, y su implantación se retarda. Normalmente, cuando aparece cualquier novedad, siempre se vende como revolucionaria, disruptiva, trascendente, un antes y un después, toda esa parafernalia que el marketing acostumbra a usar.

Las capacidades de la IA sí corresponden mucho a todo ese tipo de adjetivos, pero nuevamente su puesta en marcha en las empresas no tiene por qué suponer ese desempleo masivo que auguran no pocos en apenas unos años, fruto de todo el trabajo que la IA va a hacer y nos va a quitar. Muchos de esos estudios tienen más de campaña de venta del producto, o de colocación bursátil de la acción ahora que el proceso de Anthropic sigue en marcha, que de otra cosa. Sí se ha producido una rápida extensión del uso de los chat bots como ChatGPT en el uso diario de una gran parte de la población, y sus productos de pago son contratados por particulares y empresas para desarrollar varios servicios. La productividad, ese concepto trascendental y, a la vez, tan difícil de medir, no muestra un disparo significativo en las economías desde la llegada de la IA, lo cual no quiere decir que sectores concretos no hayan experimentado cambios profundos y acelerado su producción. Pensemos, por ejemplo, en las empresas de software, que son de las primeras que han sentido la presencia de la IA como programador. Su uso ahí es intensivo y sí se ha detectado un frenazo en la contratación de juniors, de nuevos empleados, mientras que lo que llevan tiempo en la empresa siguen en ella. En el nivel en el que se encuentra actualmente la IA es capaz de desarrollar varias de las labores que antes hacía un becario. Apenas conoce las tripas de un negocio concreto y es rápida ejecutando tareas con una tasa de error variable, pero escasa sometida a supervisión. Eso hace que estas herramientas se hayan convertido en una competencia muy dura no tanto para los empleados maduros, que afrontan la innovación tecnológica con más recelo, sino curiosamente para los jóvenes que se incorporan al mercado laboral, que ven en estas herramientas a un rival con el que, en muchos aspectos, difícilmente pueden competir. Eso ha llevado a que las protestas contra los ejecutivos de las empresas tecnológicas se hayan dado más, y antes, en los campus universitarios, donde su presencia hasta hace no mucho era demandada por la comunidad educativa y ahora los alumnos los ven como los causantes de su futuro desempleo. Lo cierto es que en todos los negocios digitalizables que en una era de servicios cada vez son más, la implantación de la IA es creciente y es probable que se expanda. Quizás todavía no estamos en condiciones de calibrar el efecto real de este desarrollo, y puede que en pocos años muchos de los que ahora nos apiñamos por las mañanas camino al trabajo estemos en casa sin empleo y con una renta generada por sistemas de IA, es una de las utopías de muchos, pero hasta llegar a ese supuesto paraíso queda tanto que se antoja imposible. A día de hoy sectores concretos como la educación, la atención al cliente, la gestión de datos o la comunicación empiezan a estar más en manos de sistemas de IA que de humanos, y su uso ahí es intensivo, y es probable que sufran transformaciones inevitables, pero nuevamente es muy difícil hacer pronósticos concretos. Los vehículos autónomos empiezan a despegar en las ciudades, pero a un ritmo mucho más lento del que se anunció, cuando se decía que en pocos años llenarían nuestras calles, para poder vaciarlas de manera mucho más efectiva. Otra predicción de futuro tecnológico que aún está en eso, en ideales.

Lo que sí es cierto en el cambio propulsado por la IA es que es más rápido que los anteriores, y por ello ofrece menos tiempo para adaptarse, tanto conceptualmente como de manera práctica a la hora del reciclaje laboral. Toda tecnología destruye empleos y crea otros, y el neto normalmente es positivo, pero es la velocidad a la que se producen ambos factores lo que permite que su implantación no sea traumática. Si la destrucción es mucho más rápida que la creación, la tecnología puede ser vista como un problema para la sociedad, y se genera un rechazo. ¿Estamos cerca de ese punto? No lo se.

miércoles, septiembre 16, 2026

Las finanzas ¿insostenibles? de la IA

Aunque no se pueden descartar los riesgos sistémicos de la IA, ya hablaremos de ello en próximos días, se está extendiendo la opinión entre gente brillante, que sabe mucho más que yo, que la base fundamental del anuncio de Amodei de este fin de semana tienen mucho más que ver con los riesgos financieros de la IA y la que muchos ven ya como insostenible carrera financiera que están desarrollando las empresas que trabajan en esta industria. ¿Estamos ante una petición de acuerdo para frenar los costes insoportables? ¿Existe el riesgo cierto de que los compromisos de inversión y la deuda contraída se conviertan en una losa que no se pueda sostener y ahogue a todos?

A lo largo de los últimos años se han sucedido los anuncios de emisiones de deuda, de compras desatadas de los chips más caros y de construcción imparable de centros de datos para alimentar a la IA. Las cifras que se han manejado son asombrosas, medibles en cientos de miles de millones de dólares. En esta carrera hay dos competidores que adelantan a los demás en el desarrollo de sus modelos tecnológicos, OpenAI y Antrophic, pero que carecen de un modelo de negocio rentable. Queman capital como su fueran incendios forestales y mantienen estructuras societarias anómalas, basadas en fundaciones sin ánimo de lucro. Su idea de salir a bolsa en los próximos meses buscaba, además de reestructurar su forma social, conseguir capital fresco que les permitiera seguir en la batalla investigadora. Junto a ellas, en segundo nivel de capacidad tecnológica en IA, están empresas como Alphabet Google, Meta, Microsoft o X, del complejo Musk. Sus divisiones de IA cada vez son más importantes y costosas, pero se integran en empresas consolidadas, estructuralmente sólidas, y con una facturación en sus negocios propios alucinante que les permite obtener ganancias trimestrales de muchos miles de millones de dólares. La IA es su apuesta de futuro, pero no sólo viven de ella, ni mucho menos. Si para este segundo grupo las inversiones anunciadas les han puesto en el disparadero de los analistas por los riesgos que pueden suponer para sus cuentas de resultados, es evidente que la sostenibilidad de los dos líderes pasa, ineludiblemente, porque alguno de ellos sea capaz de desarrollar un modelo de IA que arrase al resto y se coloque en una posición de preminencia, cambiando su industria y el mundo. No hay garantías exactas de que esto se produzca en un momento dado, pero sí es cierto que cada día que pasa se quema capital sin freno. La visión que planteaba ayer Judith Arnal en su brillante artículo es muy sugerente. Consiste en pasar del actual equilibrio competitivo entre empresas, una carrera desaforada que puede arruinarlas, a un equilibro estático que frene los costes colectivos y permita acumular capital para sostener la viabilidad de las empresas. Ahora nos encontramos en un equilibrio en el que la no cooperación desata la carrera, y pasaríamos a un equilibro de cooperación entre las empresas. Esto requiere muchas cosas, entre ellas que estas empresas, provenientes unas de otras y con directivos que comparten historia pasada y no pocas broncas, se fíen unas de otras y aparquen sus diferencias para cooperar. ¿Es esto posible? Quizás, consultando a la IA, los directivos han visto que se les agota el fuelle del dinero, que es el que alimenta las inversiones y la investigación, y se pueden derrumbar antes de que el gran logro de la IA se alcance. ¿Sería esto una admisión de que existe una burbuja en torno a este sector? Es lo más parecido que se me ocurre. La secuencia de adhesiones corporativas al manifiesto de Amodei del fin de semana hace pensar que esta era la oportunidad que más de uno esperaba para frenar una competición que estaba dejando exhaustos a todos. Si eso es así, dejando los posibles riesgos existenciales aparte, estaríamos ante un problema de dinero, sólo de dinero. Eso sí, de muchísimo dinero.

De aquí surge la idea que tienen algunos analistas de que el movimiento busca convertir este mercado competitivo en una especie de cártel corporativo en el que los líderes establecen las normas y los estándares de regulación, entre ellos los de seguridad. Se iniciaría de esta manera un movimiento que buscaría proteger el negocio frente a entradas de terceros que pudieran hacerles la competencia. Si esto es así, sería como si los bancos sugirieran que ellos van a determinar a los ministerios y Bancos Centrales cómo van a tener que ser supervisados, lo que nadie vería con lógica, y sí con mucha suspicacia. No, la regulación y el control debe venir impuesto desde fuera del sector, como pasa en todas las industrias.

martes, septiembre 15, 2026

Muchas dudas sobre la IA

Vamos con lo de la IA. Lo único que tengo seguro de todo lo que se está comentando al respecto es que las dudas me pueden. Hay un montón de cosas que no logro entender de los movimientos de este fin de semana, en los que se mezclan causas de todo tipo, que han puesto el debate de la IA en el candelero global. Todo surge a partir de un ensayo de Dario Amodei, principal responsable de Antrophic, la creadora de Claude, solicitando un freno en el desarrollo de los modelos ante los riesgos existenciales que, según él, crecen, llegando potencialmente a ser incontrolables tanto para las empresas involucradas en ese mundo como para todo el mundo.

Hay muchas factores jugando un papel relevante en el entorno de la IA. Están esos posibles riesgos existenciales, de los que se lleva hablando mucho tiempo, y que la mitología popular, llena de imágenes de películas, transforma en terror apocalíptico, con un potencial grado de acierto en su vaticinio. Está la competencia entre las empresas, con la mencionada Antrophic y OpenAI, la creadora de ChatGPT, como las situadas a la vanguardia, con Google y su Gemini, Microsoft con Copilot, X de Musk con Grok y Meta de Zuckerberg en una segunda línea. Hay una sensación de que esta carrera comercial va a ser de tal manera que habrá un ganador único, una única entidad que se haga con todo el mercado cuando llegue al santo grial de la IA general y sea capaz de doblega por completo al resto, de ahí la competencia que existe entre todas estas empresas, norteamericanas. A escala de país, existe una rivalidad similar entre EEUU y China, con una idea muy similar; el país que alcance primero la IA General será el que sea vencedor de esta carrera y logrará imponerse al otro. De los desarrollos norteamericanos sabemos algo, no lo suficiente, pero de los desarrollos chinos tenemos mucha menos idea, con la sensación de que en Beijing van con un cierto retardo de meses respecto a los modelos de California, pero con una efectividad a bajo coste que, como todo lo que sale de China, logra ser competitiva y de alcance global. DeepSeek, como ejemplo de IA china, hace la competencia a los modelos norteamericanos con una tecnología de Open Source que permite a los que la adquieren realizar modificaciones y adaptar el modelo a sus necesidades con una flexibilidad que no otorgan las cajas negras de EEUU, y claro, todo más barato. Está la carrera por las inversiones, de tal manera que las empresas norteamericanas se han lanzado, desde hace ya un par de años o tres, a anuncios a cada cual más espectacular sobre inversiones en centros de datos y en todo lo que sea hardware de ultimísima tecnología para poder correr en ellos a sus modelos punteros. Aquí entra Nvidia, TSCM y todo el ecosistema de empresas destinadas a la fabricación de semiconductores, piezas necesarias para que esos modelos de IA funcionen. Esas inversiones se cubren a corto plazo con enormes emisiones de deuda privada y la esperanza de ingentes beneficios cunado la IA sea LA herramienta de trabajo global, pero a día de hoy las empresas de IA no ganan dinero con sus modelos, queman capital como si no hubiera mañana y la rentabilidad prevista por el consumo de tokens, las unidades de información con las que facturan a sus clientes por el uso de modelos de pago, se está desplomando gracias tanto la competencia entre empresas como, vaya vaya, a los mencionados modelos chinos, que tiran los precios, de tal manera que las cuentas financieras de las empresas de IA pura siguen viviendo de expectativas. Y están los procesos de salida a bolsa de algunas de ellas, esperados con el ansia que caracteriza a los creyentes. Antrophic tienen previsto hacerlo dentro de un mes, más o menos, y las estimaciones es que sea capaz de colocar papel en Wall Street por unos dos billones de dólares, una cifra demencial, de la que sólo en comisiones y participaciones se logrará hacer millonarios a todos sus empleados y a todos los operadores financieros que trabajan para llevar a cabo este proceso. Dinero por todas partes. Muchísimo dinero.

Estos factores orbitan mutuamente en torno a sí, de tal manera que es inevitable que ante los anuncios de peligro de este fin de semana surjan voces que, sin minimizarlos, hablen de estrategias de marketing, de intenciones de búsqueda de oligopolio por parte de las dos gigantes para echar al resto del mercado, de miedo a que la quema de capital sea imposible de sostener, etc. Sí es seguro que, durante este agosto, se han vivido situaciones de seguridad entorno a la IA que pueden considerarse muy graves, tanto por el comportamiento demostrado por los modelos como por la incapacidad de las empresas de tener sistemas de control y cortafuegos. Vamos a tener que hablar mucho de la IA, mucho mucho.

lunes, septiembre 14, 2026

Petróleo estrangulado

En este fin de semana, en el que Ceuta sigue hundiéndose en el caos con la precisa y necesaria colaboración del desgobierno, en lo que empieza casi a parecer una estrategia que busca arrasar la ciudad, se han producido varias noticias de alcance que darían para un montón de artículos, por su complejidad y trascendencia. Vamos hoy con el lío de los hutíes, porque la han montado buena. Esto se enmarca en la desastrosa guerra de EEUU con Irán, que mantiene cerrado el estrecho de Ormuz y ocasiona que, cada vez que vaya a repostar, se acuerde de la madre de los Ayatolas, de la de Trump y de todos los que iniciaron esta estúpida y fracasada guerra.

Los hutíes no están en Ormuz, sino en Yemen, al otro lado de la península arábiga, justo en su extremo sur. Yemen lleva en una cruel guerra civil desde hace ya bastantes años, en la que se enfrentan dos facciones por el poder y que se distinguen por su afiliación religiosa, El gobierno dominante sigue siendo el suní, apoyado por Arabia Saudí, y el bando contrario son los chiíes, los hutíes, apoyados por Irán. Si esta no ha trascendido mucho en los medios es porque Yemen es un país pobre, montañosos, carente de recursos petrolíferos, y que importa a poca gente. Pero se encuentra en un lugar muy especial, en la orilla este del estrecho de Bab el Mandeb, que es el que da acceso al Mar Rojo y, de ahí, al canal de Suez. Es una de las rutas marítimas más importantes del mundo. Los hutíes se hicieron conocidos para gran parte del mundo cuando, en el marco de la guerra de Gaza, se apuntaron al bando palestino y, como represalia a Israel, decidieron atacar los buques que transitan por esa zona, creando un problema logístico global. Atacados por Israel, aflojaron su ofensiva, pero no dejaron de intentarlo, y ahora, en medio de la guerra de Irán, han visto que su oportunidad es máxima. Cuentan con el respaldo claro de Irán, que cada vez que lo niega con gran firmeza parece hacerlo con la sonrisilla picarona de quien sabe que miente más que habla. De manera intermitente, atacan Arabia Saudí, la otra gran potencia regional de la zona, un gigante económico que gasta cantidades astronómicas en hacerse con material militar puntero norteamericano, pero que siempre muestra una incapacidad para el combate digna de estudio. Sospecho que ni saben como poner en marcha gran parte de las plataformas que adquieren sin cesar. Sumados a la guerra de drones, los hutíes han logrado más de una vez alanzar el aeropuerto de Riad, humillando a los saudíes ante todo el mundo, y a lo largo de la semana pasada han dado dos golpes muy importantes que, me temo, se empezarán a pagar desde hoy. Uno ha sido el de destruir parte de las instalaciones del oleoducto saudí que permite derivar parte de su producción a los puertos del Mar Rojo, ofreciéndole una salida alternativa a la de Ormuz. La capacidad de este oleoducto no llega, ni de lejos, a lo que puede sacar Arabia Saudí por las terminales del golfo pérsico, pero es un apaño que le permite ir tirando. Pues bien, tras el ataque registrado el jueves viernes, el oleoducto ha quedado muy dañado en una de sus estaciones intermedias y el flujo se ha interrumpido. Ahora mismo los saudíes no tienen capacidad de exportación de petróleo. Sí, sí, como oyen. No pueden sacarlo de su país por ninguna parte. El otro golpe ha sido la conquista de algunas islas que permiten a las milicias hutíes hacerse con el control del estrecho de Bab el Mandeb. Su intención es cerrarlo, atacar a los buques que quieran transitar por ahí y forzarlos a que bordeen África en su camino desde Asia a Europa y viceversa, lo que añade varias semanas de retraso en todos los viajes y, evidentemente, un sobrecoste por todos los conceptos que usted quiera imaginar. Con el estrecho cerrado el canal del Suez sirve para muy poco, y Egipto dejará de ingresar un pastizal en forma de aduanas por el tránsito que por ahí circulaba a diario. Pero lo más relevante es que se cierra la vía natural de comunicación entre Asia y Europa. China y occidente se distancian y sus productos mutuos se encarecen. El golpe a la logística global puede ser enorme, como cuando quedó cruzado el portacontenedores Evergiven en Suez y lo atascó todo, pero esta vez no por un accidente, sino por un ataque buscado.

Es de suponer que los precios del petróleo subirán como respuesta ante todos estos hechos. Ahora mismo el Brent de referencia en Europa está en 106$, escalando más de dos respecto al cierre del viernes. El resto de referencias del crudo y todas las del gas también suben con ganas. Esto sólo se puede traducir en subidas futuras de precios, en la maldita inflación que no cesa, y en subidas de tipos de interés, como la que efectuó el BCE el pasado jueves o la que puede verse forzado a hacer, aunque no quiera, Kevin Warsh al frente de la FED este próximo miércoles. El estrangulamiento hutí y el cierre de Ormuz son disparos a la línea de flotación del ciclo económico, pueden hacer mucho daño.

viernes, septiembre 11, 2026

11S, veinticinco años

Hoy se cumplen veinticinco años, un asombroso cuarto de siglo, desde los atentados del 11S, en los que la maldad y la inteligencia se combinaron de forma nunca antes vista para causar destrucción. En el recuerdo quedan los miles de víctimas de ese día, heridos y todos los que, en Nueva York y Washington, vivieron con dolor, ese memorable evento. El terrorismo sigue hoy golpeando en muchas naciones, en no pocas se exaltan a sus ejecutores, y las guerras se han ido extendiendo a lo largo de estos últimos años, recordándonos a todos que la maldad anida en algunos corazones y que la violencia, domesticada, sigue luchando por salir y golpearnos.

jueves, septiembre 10, 2026

Rebelión en RTVE

Ayer Sánchez concedió una entrevista, llamémosla así por convención, a La1 de TVE, tras la sesión de descontrol al gobierno del Congreso. A eso de las 11 de la mañana Sánchez acudió a la sede de la tele pública, la que pagamos entre todos, no para ser entrevistado por periodistas profesionales de la casa, responsables de los servicios informativos o presentadores de los mismos, no, sino para encontrase con los dos conductores de un programa de manipulación e infoentretenimiento, producido por una empresa ajena a RTVE, que se emite a esa hora, cuyo partidismo a favor del gobierno es tan intenso que ni el informe de sexado de periodistas de Marlaska es capaz de describirlo con la firmeza debida.

Probablemente ningún presidente de la historia de la democracia española ha despreciado a RTVE como lo ha hecho Sánchez. Tampoco ninguno a llegado a los niveles de manipulación que se alcanzan hoy en día en esa casa, convertida en una vulgar copia a gran escala de las desoladoras televisiones autonómicas, creadas desde el inicio con el objetivo único de ser altavoces de propaganda local a favor del gobierno. Lo de Sánchez es especial, porque ha juntado la manipulación pura y dura con la toma del control del ente mediante una normativa que ha transformado el consejo de gobierno de la casa en un sanedrín extraordinariamente bien remunerado de acólitos a su causa, que no han dudado en llenar la programación de La 1 y La 2 de programas de infoentretenimiento, versiones políticas de “Sálvame” carentes de cualquier rigor, objetividad, sentido del decoro o, simplemente, educación (PISA no miente). En todos esos programas se repite, sin cesar, uy sin pestañeo alguno, el argumentario que se fabrica para cada día desde Moncloa, con una insistencia machacona, propia del creyente adoctrinado, y su producción y realización se ejecuta mediante empresas externas a jenas a RTVE, que se llevan buenos contratos por parte de la casa para hacer los programas, sacando pingües beneficios a costa del erario público y, en última instancia, de usted y yo, los contribuyentes. La intromisión de estos programas basura en los contenidos informativos de RTVE es ya casi total, y a veces uno duda de por qué se siguen emitiendo Telediarios en formato clásico si el deseo de las productoras, y del que las auspicia, es que ese circo de manipulación se mantenga sin descanso todas las horas posibles. Desde el Consejo de Informativos de TVE, órgano interno que agrupa a los periodistas del ente que está en esa área, se viene denunciando esta situación desde hace tiempo, el incumplimiento de las normas internas que reservan para el personal propio de RTVE el desarrollo de los informativos y de los eventos de gran trascendencia relacionados con ellos, como coberturas exteriores, especiales o, por ejemplo, entrevistas al presidente del gobierno. Cada una de esas denuncias ha sido respondida por el Consejo de RTVE con amenazas, desprecios, intentos de sanción y actos por el estilo con una contundencia y desfachtez que no se recuerdan en la historia de la casa, todo ello con la publicación de comunicados en los que la dirección del ente trata de desprestigiar lo más posible a los profesionales de la casa que no se someten al régimen sanchista que ahora mismo impera. Con motivo del triste espectáculo de la “entrevista” de ayer el Consejo de Informativos emitió un duro comunicado en el que denunciaba la irregularidad que se estaba cometiendo, y mostraba su total rechazo a las formas, modos y acciones que siguen siendo amparadas por la dirección del ente. Existía el acuerdo de, en el Telediario, incorporar un breve en la noticia que hiciera referencia al contenido de la entrevista señalando la postura del Consejo de Informativos, pero eso no se emitió en la edición de las 15 horas por órdenes de lo alto de RTVE, lo que originó una protesta interna entre los trabajadores de la casa. Al parecen, en la edición de las 21 horas sí se emitió ese comentario añadido censurado por la tarde. No se lo puedo confirmar porque no vi el Telediario.

En fin, otro día en el que el proceso de degeneración de los medios públicos se acrecienta, en el que el poder ha dejado claro que el control de la información es lo que le interesa y que si uno quiere ejercer la profesión de periodista, no la de portavoz gubernamental, se encontrará con problemas si trabaja en RTVE. El ente, que en un tiempo pasado dijo soñar con ser la BBC, es casi ya poco más que una copia de EITB, TV3 o Telemadrid, tan sesgada como esos insoportables canales autonómicos, pero eso sí, mucho más caro, con mucho más personal y muchísimos más medios. Todo sea por glosar al sujeto que ocupa despacho en Moncloa, veranea sin límite cuando lo considera oportuno y miente más que habla.