jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.

lunes, julio 13, 2026

La destrucción de RTVE

Siempre, cuando uno ve RTVE, sabe que es la tele o radio del gobierno, y eso obliga a poner una especie de filtro, para destilar la información real de la que está teñida de propaganda. Con el paso de los años uno le va cogiendo el truco, porque la manipulación, que siempre existe, es menos intensa que en las televisiones regionales, vulgares cortijos que sólo están para loar al líder autonómico. No se quién puede ver un informativo en, pongamos, Telemadrid o ETB y acabar sano de la cabeza, sin tener ganas instantáneas de que se convoquen elecciones para votar a manos llenas a la presidenta Ayuso o al Lehendakari Pradales, que tan buenos son.

Sánchez, que en esto también ha querido ser único, consideró que no le bastaba una tele nacional progubernamental, no, sino que necesitaba un altavoz de propagan cutre al nivel de las autonómicas y, ni corto ni perezoso, a convertido a RTVE en una de las peores cadenas de televisión imaginables, en la que la propaganda sale hasta por las orejas, en la que los bulos diseminados por Moncloa son los que forman la escaleta de los informativos y presuntas tertulias, convertidas en versión política del Sálvame basura que también intentó resucitar, llenan la parrilla mañana tarde y noche, en un ejercicio continuo por parte de lo que se llama la “sincronizada”, el conjunto de personas a sueldo del gobierno que se hacen pasar por periodistas para ser constante altavoz de las directrices de Sánchez y los suyos. El día después de la desgraciada DANA de Valencia, a nadie con mando en este país le interesaban los muertos y el desastre, a Sánchez tampoco. En medio de la conmoción, se las arregló para sacar en el Congreso una reforma del sistema de nombramiento de la presidencia de la corporación RTVE, de tal manera que tenía manos libres para hacer lo que quisiera. A partir de ahí se nombró un nuevo Consejo de Administración con mayoría absoluta de vocales afines al gobierno y sus apoyos, presidido por José Pablo López, personaje curioso que ha mostrado ser el mejor mercenario de quien esté dispuesto a pagarle las exorbitantes cantidades que reclama. A partir de ahí la degeneración de la casa ha sido total, los programas con argumentarios monclovitas se han hecho con las partes gruesas de la parrilla y han controlado los informativos, que han pasado en buena parte a ser publirreportajes de lo que dicta cada mañana Moncloa que debe ser la actualidad. Los profesionales de la casa han ido viendo como la usurpación del ente ha llegado hasta unos límites que ningún gobierno llegó a traspasar, y se han empezado a producir movilizaciones, más en el área de RNE, que lleva semanas de “viernes negros” famosos en la época del gobierno del PP, ninguneados por completo en la actualidad por parte de la dirigencia del ente. El consejo de informativos de TVE; organismo interno que lleva años de trabajo y prestigio denunciando las injerencias de los gobiernos en la redacción de noticias de la casa, ha ido elevando sus acusaciones ante lo que considera la época más negra de la historia de la cadena, con constantes presiones y una usurpación absoluta de la marca informativa de TVE por productoras externas que, con contactos en el gobierno, desarrollan esas tertulias basura constantes que “venden” información pero que no son sino burdos ejercicios de propaganda llenos de zafiedades. La respuesta de la gerencia de RTVE ha sido la de ir a por el consejo de informativos, expedientando a varios de sus componentes y dejando claro que todo aquel que se oponga a las líneas que se dictan desde Moncloa será represaliado. Debe haber un ambiente muy tóxico en los pasillos del ente, con bandos enfrentados, en una casa que, normalmente, ha tendido a ser pro PSOE, pero que nunca se ha visto maltratada de la manera en que lo está siendo en estos tiempos. Ni los propios soñaron jamás con un nivel de falsedad tan elevado como el que se dicta a cada hora desde una marca que ya ha perdido todo su prestigio para quienes consideran el periodismo una profesión, no una mera excusa para el desarrollo del activismo militante.

El triste episodio sucedido este fin de semana en uno de esas basuras de pseudotertulias, presentado por alguien que no llegaría ni a primero de periodismo, pero que no lo necesita para ser altavoz de quien le paga la nómina, no es sino una muestra más de la degeneración de una empresa, que hace tiempo que dejó de tener el servicio público en mente. RTVE es ahora mismo una basura equivalente a cualquiera de las patéticas televisiones autonómicas, con la diferencia de su influencia y disparatado coste, pagado por cada uno de nosotros mediante los impuestos. Eso también es corrupción. La decadencia del periodismo, su crisis absoluta, tiene en España, y en RTVE, uno de los mayores exponentes.

viernes, julio 10, 2026

Tragedia en el incendio de Los Gallardos

Esta noche se ha producido una tragedia en la comarca almeriense de Los Gallardos, por culpa del incendio forestal que se desató ayer por la tarde. Parece que, causado por la caída de un tendido eléctrico, y avivadas por el intenso viento, las llamas han corrido de manera caótica por un paraje en el que hay muchas casas de campo habitadas. Los fallecidos serían residentes que cogieron sus coches para huir del incendio y fueron atrapados en caminos rurales por zonas de incendio que cambiaban de curso a medida que el viento los zarandeaba. A esta hora de la mañana las llamas siguen descontroladas y son once los fallecidos confirmados.

Los medios de extinción trabajaban desde ayer en la zona del fuego y esta noche eran más de mil las personas desalojadas que, de manera controlada, habían abandonado sus hogares para buscar refugio, pero evidentemente la situación fue más grave de lo que los equipos presentes podían afrontar y la diseminación de la población en casas de campo sueltas ha contribuido a que el desastre se produzca. En este caso ha sido el maldito viento el que ha traicionado a los profesionales y a los residentes. Por lo que se cuenta, la virulencia del fuego no es extraordinaria, pero esas rachas intensas y cambiantes no dejan de extenderlo de una manera caótica, imposible de prever, que cambia de dirección a cada golpe de un viento caprichoso que no da tregua, y todo en un paraje agreste, lleno de recovecos donde el viento se comporta de una manera mucho más brusca y cambiante si cabe. Va a costar mucho llegar a las zonas en las que se ha dado la tragedia y ver lo que ha pasado, pero a escala, esto es lo que ha sucedido más de una vez en Portugal, donde desgraciadamente no son raros los casos de ciudadanos que huyen con sus vehículos de asentamientos rurales dispersos y fallecen al ser atrapados en caminos que eran seguros antes de convertirse en trampas infranqueables. Recuerdo un verano de no hace muchos años en el que la escena de vehículos carbonizados en medio de una carretera rural rodeados de lo que, creo, eran pinares ennegrecidos, resultaba sobrecogedora, y más sabiendo el elevado número de personas que viajaban en ese convoy de coches que fue atrapado y no tuvieron posibilidad alguna de escapar con vida de allí. En España los protocolos de desalojo de municipios se han mejorado mucho, y se llevan a cabo cuando los riesgos ya se consideran suficientes para la población, sin esperar a que la situación se vuelva extrema. En no pocas ocasiones estos desalojos cuentan con la oposición de los vecinos, cosa que puede parecer extraña a primera vista, pero no lo es tanto. En muchos casos estamos hablando de poblaciones rurales en las que los residentes conviven con su paisaje de una manera que se puede hacer difícil de entender para más de uno, que acrecen de muchos medios más allá de las propiedades residenciales y agrarias en las que viven, y que huir de allí es desubicarles por completo de su entorno, de donde y de lo que son. Al instinto del miedo ante el fuego puede, por no poco tiempo, vencer el de conservación de lo propio, y el intento de luchar contra las llamas, y ahí se puede perder un tiempo precioso. El incendio puede comportarse con una virulencia o impredecibilidad que deja sin respuesta hasta al más profesional, también al que mejor conoce el terreno, y el tiempo que se pierde desde que se pudo huir cuando la llama se intuía al que transcurre hasta que se admite la derrota ante el fuego puede ser vital. Es fácil decirlo sentado en una mesa de oficina, ya lo se, pero si las llamas se acercan a su finca lo mejor que pueden hacer, haya profesionales cerca o no, es huir, escaparse, tratar de salvar la vida. Es una mierda perderlo todo, pero es irremediable perder la vida.

Durante todo el día los servicios de extinción van a estar trabajando en la zona afectada por el fuego, y contra el resto de incendios que se desarrollan en España en estos momentos, a sabiendas de que en la zona mediterránea el calor no va a dar tregua y el viento se irá intensificando a medida que avance el día. Los 40 grados que se registran en gran parte del país no ayudan nada, se lo imaginan, para controlar incendio alguno, y aunque hoy se ha acabado la segunda ola de calor del verano, la fechada de levante y Baleares puede vivir la semana que viene un episodio de temperaturas muy altas que disparará todos los riesgos imaginables. Mucha prudencia, mucho cuidado, y no se lo piensen. Huyan antes de que sea demasiado tarde si el maldito incendio se les acerca.

jueves, julio 09, 2026

Ahora bombardeo, ahora no, ahora sí….

La conclusión casi unánime de todos los expertos es que el resultado de la guerra de elección de EEUU contra Irán ha resultado ser un fracaso para los intereses norteamericanos y, en general, para la imagen de su ejército. Un ejercicio de respuesta asimétrico por parte de Irán, el estrangulamiento de Ormuz y con ello del suministro de crudo y el desprecio absoluto del régimen iraní a las posibles bajas propias logró que los ataques aéreos de EEUU no doblegaran a la dictadura islamista como algunos ingenuos esperaban, sino que se consolidara el poder duro al frente de la nación. Y todo ello con los países del golfo siendo dañados por ataques iraníes y no protegidos por EEUU, en un papel de aliado completamente incomprensible.

Trump acabó casi suplicando la paz con Irán a medida que las reservas de crudo nacionales se agostaban, el barril no bajaba de los 100$ y el galón de gasolina llegaba a los 4 dólares, lo que para el consumidor norteamericano es carísimo (y eso que un galón son 3,78 litros). Pues nada, tras una serie de incidentes menores que han ido escalando poco a poco, ayer Trump, en la cumbre de la OTAN, se ciscó en los iraníes, a los que llamó escoria en varios momentos, y dijo que el memorándum de paz firmado en Versalles era papel mojado, que se iban a enterar y que bombardearía duro para que bla bla bla bla. Sus palabras tuvieron efecto inmediato en la cotización del petróleo, que subió un 7%, y en las caídas de las bolsas europeas, que arrastraron en un principio a los índices de EEUU, pero que luego estos lograron mitigar en un cierre en rojo pero con poca pérdida. A la noche, hora española, Trump reiteraba que iba a golpear Irán, pero ya descartaba que se reabriese la guerra en el sentido estricto, diciendo que esto que iba a hacer era una advertencia para que tomasen nota y no volvieran a causar más incidentes. Si uno juntaba las declaraciones de la mañana con las de la tarde le salía un personaje paródico, que se autocontradecía, que decía una cosa y la otra a la vez, con el que uno no sabe con que quedarse y que, de no ser alguien con el poder de Trump, lo consideraría como un vulgar payaso al que no se le debe hacer caso alguno en la sarta de tonterías que suelta sin cesar. Pero claro, Trump ocupa una posición en la que, si le entra un arrebato, hay un portaviones repleto de misiles y cazas de guerra que responden al poco, por lo que debe sus palabras deben ser tenidas en cuenta. En general, la devaluación de la palabra de Trump es ya muy elevada, han sido tantas veces las que ha dicho una cosa, su contraria y algunas versiones intermedias en tan corto plazo de tiempo que hace imposible mantener una cierta credibilidad respecto a sus intenciones reales. De hecho, se considera que carece de intenciones, de estrategia a largo plazo, por así decirlo. Su narcisismo descontrolado le impulsa a vivir el día a día y, como si fuera un niño, disfrutar en la nueva jornada de un nuevo juguete para su regocijo. Si consigue el juguete se ríe y aplaca. Es, a escala, el comportamiento que las crónicas clásicas otorgan a Calígula o Nerón, sujetos pueriles, volátiles, obsesos con sí mismos, que desean caprichos instantáneos y que, como ocupan la más alta posición del poder en su tiempo, obtienen dado que el resto de los mortales se desviven para proporcionárselos. En el caso de la corte de Washington el número de pelotas pusilánimes que rodean a Trump para agasajarlo es enorme. Pierden toda la dignidad y vergüenza posible arrodillados por completo ante su líder, con la esperanza de que algo de su fortuna les llegue y solucione para siempre su vida, pero para los analistas, estrategas militares, diseñadores de políticas, encargados de logística, financieros de presupuestos y todo tipo de profesiones que viven de prever, de estimar escenarios y de una cierta previsibilidad en los acontecimientos, los bandazos de Trump son una pesadilla. ¿Cuál va a ser el precio del petróleo hoy? ¿Mañana? ¿Dentro de seis meses? Es casi más sencillo acertar con la lotería que tratar de responder a esas preguntas.

Por de pronto, hoy mismo, veremos a ver si los ataques norteamericanos son respondidos por represalias iraníes y si esta escalada va a más o se convierte en tormenta en un vaso de agua y se va diluyendo con el paso de las horas. Lo cierto es que la seguridad en la zona es totalmente aleatoria, y el flujo de buques y crudo en Ormuz es algo tan volátil como la propia gasolina cuando se expone al aire. Trump no nos va a dejar un día tranquilo hasta que se acabe su mandato, ese es el único hecho seguro. Bueno, también que cada día que lo ejerce destruye la imagen de su nación y la credibilidad global de los Estados Unidos, regidos desde hace más de un año por un iluminado y una corte de aduladores.

miércoles, julio 08, 2026

El fin de la OTAN

En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.

Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.

Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.