Pocas novedades en el discurso sobre el estado de la unión que ha pronunciado hoy Trump en el Congreso norteamericano. Casi dos horas de alocución en su estilo desordenado, faltón, soberbio, lleno de ira hacia los que no son exactamente como él. Se ha enorgullecido de los éxitos económicos que vive su nación, a pesar de las trabas que le impone, y el resto han sido insultos varios hacia todo el mundo, empezando por los jueces del Supremo que el viernes declararon ilegales sus aranceles. En el cuarto aniversario de la guerra de Ucrania su desprecio, en forma de ignorancia, a los ciudadanos atacados por Rusia lo dice casi todo.
Sí ha mencionado Irán, aunque poco más que para soltar algunas amenazas vagas, dejando claro que no consentirá que tenga el arma nuclear. Mientras que hoy se vuelven a reunir en Ginebra delegaciones norteamericanas y persas con el objeto de alcanzar algún tipo de acuerdo, la acumulación de tropas y efectivos logísticos en el entorno de Irán prosigue, en una escalada en la región no vista desde la guerra de Irak y con una forma de actuación que se empieza a parecer demasiado a la que preludió la acción militar en Venezuela. Excesiva acumulación militar para luego no hacer nada. Las demandas norteamericanas sobre el régimen son tres, con una de propina; la renuncia plena al programa nuclear, el recorte masivo de su programa de misiles balísticos, el fin del apoyo a todos los grupos afines que desestabilizan la zona en nombre del chiismo y, ya de paso, la apertura democrática y la liberación de los represaliados por la dictadura. Teherán ha dicho varias veces que está dispuesta a mantener conversaciones sobre todos estos temas, pero que la acumulación de líneas rojas que suponen las condiciones norteamericanas hacen inviable un acuerdo. El gran asunto es todo lo que tiene que ver con el programa nuclear. Si recuerdan, en el verano pasado se produjo un ataque norteamericano contra las instalaciones de enriquecimiento de Natzan y Fordo. Se aseguró que quedaron completamente destruidas y que el plan iraní de hacerse con material radiactivo de alta graduación, por así decirlo, se había convertido en historia. Lo que vemos ahora es un desmentido de esa afirmación. Puede que las instalaciones quedasen dañadas, pero el programa sigue. Irán repite sin cesar que lo que busca es material para la generación de energía, y todo el mundo sabe que enriquecimientos por encima del 4% se hacen para lograr material para un arma nuclear, y esa arma, en posesión de los Ayatolas, además de supone un riesgo, sería su absoluta garantía de inmunidad, por eso del pánico que genera conocer la posesión de la bomba. A partir de ahí el juego de amenazas se ha ido sucediendo en la zona, junto con la pérdida progresiva de poder de Irán en la región a causa de las ofensivas israelíes, que han ido laminando la capacidad de Hamas, Hezbollah o lo que quedaba del poder chií en Siria. Nunca el régimen de Teherán ha estado tan acorralado como ahora, y las últimas revueltas, de principios de este año, sofocadas mediante un uso indiscriminado de la violencia por parte de las fuerzas paramilitares afectas al poder de los clérigos, han vuelto a demostrar que la cúpula del poder en Irán sobrevive gracias a su empleo de la fuerza y al ejercicio de la represión. ¿Tiene futuro el régimen? A priori no, pero ha demostrado que es capaz de todo con tal de mantenerse, a sabiendas de que su alternativa no es pasar a la oposición, sino al otro mundo. Por eso las conversaciones que se tienen ahora en Ginebra, que son importantes, pueden ser sólo un compás de espera antes de que se de un tipo de intervención militar norteamericana, con o sin apoyo de Israel, que precipite los acontecimientos.
En todo caso Irán no es Venezuela. Estamos ante un régimen mucho más poderoso y compacto, con estructuras militares y de gobierno bien establecidas, y la caída del líder no implicaría precisamente el desmoronamiento del poder establecido. Lo que sucedió en Caracas puede otorgar a los norteamericanos una falsa sensación de seguridad respecto a sus opciones militares contra los Ayatolas, pero sería caer en un error. Irán es una pieza de caza mayor, y son crecientes las informaciones de fuentes militares de EEUU que hablan de la dificultad de desarrollar una operación militar quirúrgica en el escenario persa. Parece que en unas semanas podemos salir de dudas. O no, ya se verá.