Hoy se produce una esperpéntica reunión, por videoconferencia, de los ministros de interior de la UE con motivo del asalto marroquí a Ceuta recién sufrido. En este encuentro van a saltar chispas, tanto por la actitud de algunos países ante la inmigración como por el comportamiento inexplicable de nuestro ministro de exteriores, que en medio de semejante coyuntura no se le ha ocurrido otra cosa que crear una crisis diplomática con Italia, a cuyo embajador llamó a consultas mientras seguía manteniendo una servil e indigna actitud de peloteo con las autoridades marroquíes responsables del desastre que ha tenido lugar estos días.
Si esto no es la decadencia, que me lo expliquen. La UE se encuentra rodeada de enemigos que la ansían, por su riqueza económica, y la saben débil, por su envejecimiento y completo estado de alucinación colectiva al respecto de sus presuntas capacidades, siempre en entredicho. Las naciones europeas siguen, seguimos, viviendo en el paraíso de un mundo de normas que se hacen respetar, cuando fuera de nuestras fronteras la selva crece y se espesa de una manera aparentemente irreversible. Se habla sin cesar de incrementar el gasto común en defensa, y surgen proyectos sin fin al respecto, ideas que se quedan en meras presentaciones y que, en pocos casos, se plasmarán en realidades, pero, aunque lo haga, ¿de qué sirven si no generan capacidad disuasoria? ¿Qué poder disuasorio tiene España frente a Marruecos? Quiero creer que no nulo, pero tengo serias dudas. ¿Y la UE en su conjunto? ¿Qué capacidad de amedrentamiento posee frente al vecino del sur? Ahí si la respuesta no es cero se le aproxima bastante. Tratados comerciales de enorme valor, firmados entre la UE y Marruecos, podrían ser esgrimidos en una negociación oculta para dejar claro al régimen de Rabat ciertas cosas, entre ellas la integridad territorial de la UE, pero una observa con pasmo, para ocultar la rabia, cómo la presidenta de la Comisión felicita a España y Marruecos por la gestión de la crisis. En serio, ¿estamos bobos? Un centenar de muertos, un desastre en todos los sentidos, una agresión alentada desde un tercero contra un miembro de la UE, un ejercicio de matonismo mediante el uso indiscriminado de la población civil, ¿y la Comisión “felicita”? Imagino que, al leer semejantes declaraciones, en Rusia o China las carcajadas se habrán escuchado en todos los pasillos en los que se encuentre alguien que tenga algo de poder. El mundo contempla como la UE es sometida a ataques híbridos en su flanco sur y en el este y reacciona felicitándose como un pasmarote que sonríe cada vez que le pegan una patada. Acciones de guerra con características ambiguas, en sombra, que son difíciles de atribuir directamente, que juegan con la manipulación en las redes, que hinchan noticias que tienen algo de verosimilitud hasta crear relatos falsos que engañan a muchos, que no tienen pudor en usar la vida de otros para lograr sus fines. Actos de subversión que intentan desestabilizar las instituciones de naciones europeas y, de paso, el conjunto de la UE, en un proceso lento pero sostenido, que va erosionando capacidades y firmezas hasta que el agredido se ve en la tesitura de tener que negociar, hablar, mantener un diálogo fluido y sincero, y demás eufemismos que esconden el acojone que crece sin cesar en las cancillerías europeas. Rusia y otras naciones hostiles toman nota cada día de cómo actos menores, o muy graves como los de Ceuta, no son respondidos con la firmeza debida, y se sienten cada vez más valientes. Comprueban esos dictadores día a día el infinito miedo que los europeos tienen a la pérdida de sus vidas, de su nivel de ingresos, de la calidad con la que residen en el jardín que han creado, y ellos, que desprecian a las poblaciones de los países que dominan, no dudan en dar pasitos firmes, que les costarán vidas propias, pero que en sus cálculos cínicos carecen de valor. Sólo les importa ir avanzando en su proyecto de cerco y sometimiento al rico jardín europeo.
Si no despertamos ante lo que tenemos delante, no seremos capaces no ya de reaccionar, sino de sobrevivir. La norma, la ley, la razón, son necesarias, y no deben abandonarse, pero la defensa propia empieza a ser una necesidad acuciante por parte de una UE asediada, tomada por pazguata por regímenes mucho más duraderos y estables de lo que nos podamos imaginar. Debemos plantarnos ante Marruecos, ante Rusia y ante cualquiera que nos amenace, y si eso exige gastar dinero, emplear vidas y recursos, tenemos que escoger. O sacrificios para resistir o dejación y derrota. Está en nuestras manos si hacemos algo para defendernos o no.
Subo a Elorrio un par de semanas de vacaciones, a ver qué tal. Si no pasa nada extraño, y visto lo visto sucederá de todo, nos leemos el jueves 20 de agosto. Pásenlo muy bien y descansen si es posible.