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martes, abril 20, 2021

Volar en Marte

Pretender volar en Marte suena, así, soltado sobre la mesa, de una ingenuidad absoluta. Cierto es que el planeta es menor que la Tierra y que su fuerza de gravedad es un tercio de la nuestra, por lo que todo pesa menos y facilita levantar algo del suelo, pero la densidad de su atmósfera es ridícula, poco más de una milésima de la nuestra, y por ello la capacidad de sustentación que ofrece es cercana a cero. Es muchísimo más difícil volar allí que aquí, y eso una vez que se ha podido llegar hasta su superficie, claro está, en lo que es un viaje tan largo como arriesgado, en todas sus fases. Volar allí es como soñar hacerlo aquí en la época de, pongamos, los romanos.

Por eso seguramente tacharon de locos a los ingenieros de la NASA que propusieron que una misión llevase una especie de dron para probar si era posible el vuelo. Seguro que ingenuos fue lo más suave que les llamaron, y pese a ello algunos siguieron empeñados en intentarlo, y soñaron con una criatura llamada Ingenuity, un dron de doble aspa rotatoria que no necesitase timón de cola y que, plegado, pudiera alojarse en un espacio no muy grande de una futura misión. Se devanaron los sesos para maximizar la potencia de sus motores y la capacidad de sustentación de unas aspas en esa débil atmósfera, cambiando su forma para optimizar cada uno de los giros que iban a realizar. Se volvieron locos para conseguir incorporar un sistema de placas solares que le diera autonomía energética respecto a su nave nodriza y así no dependiese de más fuente energética que del Sol. Y todo ello, claro está, en el menor peso posible. Tras mucho tiempo de trabajo, estruje de sesos, pruebas, muchas sin duda fallidas, prototipos que funcionaban y que no, empezaron las simulaciones en espacios que recreaban las condiciones de temperatura, gélidas, y de atmósfera, liviana hasta el extremo, del Marte conocido. Y en ese contexto Ingenuity mostraba que podía lograrlo. Se elevaba, era capaz de despegar del suelo, mantenerse en el aire y realizar pequeñas maniobras de desplazamiento. El vehículo debía ser autónomo, dado que nada en Marte puede ser teledirigido desde la Tierra, y su ordenador de a bordo, alimentado por las mismas baterías, debía ser capaz de, recibiendo un programa de desplazamiento, realizar todas las maniobras necesarias para poner en marcha todo el sistema de hélices, despegar, moverse hasta el punto de destino y aterrizar. Pruebas, pruebas y más pruebas empezaron a mostrar a los equipos de la NASA que la descabellada idea de volar en Marte no tenía por qué ser un disparate fruto de una noche de demasiadas cervezas, sino algo técnicamente viable. Llegó un momento en el que los jefes de las misiones robóticas al planeta rojo dieron su brazo a torcer, y admitieron que en una de ellas, la más grande, cabría un demostrador, un prototipo de vuelo que se alojaría en la panza del rover, el objetivo principal de la misión, que sería depositado por él días después del aterrizaje marciano, una vez que todo estuviera correcto en el dispositivo principal, que el rover se alejaría del punto en el que se depositaría el demostrador y que, a partir de ahí, el grupo de iluminados probarían si realmente esa idea de volar allí era, literalmente, una marcianada o algo con fundamento. Imagino tensión a raudales en todo el proceso de empaquetado de rover y demostrador, de inserción del paquete conjunto en la cofia del cohete, la histeria del despegue y la posterior angustia de meses durante el largo viaje a Marte. Hace unos meses, en febrero, Perseverance, el mayor vehículo jamás mandado a otro mundo por el hombre, logró amartizar con precisión y sin daño alguno, y desde entonces se mueve por aquel planeta y ha empezado a realizar toda su labor de campo investigadora. Y ya hace algunos días soltó a ese demostrador que estaba en su seno en el suelo, y se alejó. Sus cámaras lo enfocaron y ahí, a unos cuantos metros, estaba el fruto de un grupo de ingenieros que, un día, soñaron con volar en Marte. Sobre el frío y rojizo polvo de aquel planeta estaba su criatura.

Ayer, 19 de abril de 2021, transcurridos 118 años desde aquel 17 de diciembre de 1903 en el que los hermanos Whright lograron hacer volar un aeroplano en Kitty Hawk, Carolina del Norte, Ingenuity puso en marcha sus rotores en medio de la desolación marciana, con Perseverance como testigo y miles de ojos a millones de kilómetros como seres pensantes y expectantes. Y voló. Se elevó varios metros sobre la superficie del planeta, osciló ligeramente sobre la vertical de su punto de despegué, y aterrizo suavemente tras descender lo elevado. Ayer fue el primer día de la historia en el que un artefacto diseñado por humanos vuela en un planeta que no es el nuestro. No me digan que no es absolutamente maravilloso.

viernes, febrero 19, 2021

Perseverancia en Marte

El lanzamiento del rover Perseverance de la NASA fue el último de los tres que tuvieron lugar al inicio del verano de 2020, aprovechando la ventana de lanzamientos que se produce coda dos años entre ambos planetas, que permite minimizar la distancia y coste del viaje. Las otras dos misiones, que llegaron la semana pasada, constaban de un orbitador del planeta y, en el caso de la china, un módulo de descenso que, se espera que en un par de meses, intente la odisea de posarse sobre la superficie del planeta y soltar un minirover, estilo Pathfinder de 1997, en lo que sería el primer gran paso del programa espacial chino en aquel planeta. Espero que haya suerte y lo consigan.

La NASA ya cuenta con satélites que monitorizan aquel mundo, y esta misión era, directamente, de aterrizaje. El rover, envuelto en una capsula protectora, debía llegar hasta el borde de la atmósfera marciana y, en un trayecto de siete minutos, lograr posarse, en un proceso de inserción y frenado de varias fases que debían lograr frenar su velocidad de crucero de unos 77.000 kilómetros por hora en el momento de la inserción orbital a los 3 por hora que se necesitaban para depositar con suavidad el vehículo sobre la superficie. Un enorme escudo protector para el arofrenado que protegiese a la nave de las temperaturas de la entrada, un sistema de paracaídas gigantes, para frenar algo una vez que la sonda estuviera ya en el interior de la tenue atmósfera marciana, un dispositivo con retrocohetes que debía tanto frenar al conjunto como encaminarlo hacia la posición prevista para el amartizaje, un mecanismo de cables que debía descolgar al rover desde el sistema de retrocohetes para que el posado fuera suave y el robot no sufriera la contaminación del polvo y la suciedad de los cohetes. Esas eran, esencialmente, las distintas fases previstas en la complejísima maniobra de entrada y toma de tierra, todas ellas automatizadas por completo, dado que ayer, día esperado de la llegada, la distancia entre Marte y la Tierra es de ocho minutos luz, y no hay opciones de ningún tipo para que señal alguna mandada desde aquí sea capaz de ser ejecutada en un plazo menor a ese. De hecho, cada una de las fases iba dando datos y confirmación de que se estaba produciendo a sabiendas de que, cuando aquí se empezaba a conocer que la entrada en la atmósfera era correcta el rover ya estaría sobre Marte, en buen estado o convertido en un intenso montón de chatarra. Esto hace que la tensión propia de una maniobra de este estilo se agrave porque acudimos a una especie de representación de lo hecho, una narración en diferido de un suceso ya producido. A medida que las telemetrías de la misión iban informando de la consecución de cada paso el ánimo crecía entre el personal del centro de control del JPL de Pasadena y de todos los que, desde cualquier parte del mundo, seguíamos en directo, falso como antes comentaba, lo que sucedía. Finalmente, a las 21:55 de la noche, hora española, máxima audiencia televisiva, se produjo el mensaje esperado, ese “touchdown” que viene a ser tocar suelo en guiri, con el que el propio sistema del robot informaba que estaba sobre la superficie. Una de sus múltiples cámaras envió una imagen de un suelo pedregoso tomado desde el vehículo, y los satélites de NASA que orbitan el planeta, que tenían todos sus ojos puestos en ese momento en la zona prevista de llegada, mandaron confirmación visual de que Perseverance había logrado con éxito el enorme reto que tenía por delante. Jolgorio en el centro de seguimiento, éxito y felicitaciones por un trabajo de muchos años y de miles de personas y empresas, que han trabajado en todas las fases y detalles imaginables para lograr lo conseguido ayer. El día estaba marcado y señalado desde hacía siete meses, y llegó, y el triunfo se logró.

El destino de Perseverance es el cráter Jezero, sito algo al norte del planeta, un lugar en el que las imágenes analizadas desde aquí sugieren que en el pasado muy remoto era un lago formado por la desembocadura de dos pequeños ríos, y en el que se puede apreciar un reguero de sedimentos que se asemeja a los deltas que se producen con cierta facilidad en nuestro mundo. El objetivo de Perseverance es la astrobiología, la búsqueda de trazas que permitan decir algo sobre la posible existencia de vida en el pasado remoto de Marte. A partir de ahora, durante al menos dos años terrestres si nada se tuerce, el nuevo investigador de la NASA trabajará sin descanso para desentrañar lo que pueda sobre el apasionante pasado marciano. Es fascinante.

miércoles, febrero 10, 2021

Invasión marciana

Cuando uno escucha el título que he escogido para el artículo de hoy piensa en la llegada de extraterrestres a nuestro mundo con intenciones hostiles, tomas del Capitolio y demás escenas similares que tanto éxito han tenido en incontables películas. Lo cierto es que, en el mundo real, vimos a primero de enero como el legislativo norteamericano puede ser asaltado por personajes que podrían ser calificados como marcianos por su aspecto y comportamiento, pero que eran muy, demasiado, terrestres. Hasta en eso han perdido la exclusiva los alienígenas, y en esos días somos nosotros los que estamos invadiendo Marte con sondas y naves espaciales.

Ayer EAU, ese pequeño conjunto de ricos y semifeudales principados que viven asociados en el Golfo Pérsico, logró un enorme éxito al conseguir poner en órbita la sonda marciana Hope, esperanza, en su nombre anglosajón, Al Amal en su denominación árabe. Esta es la primera de las tres misiones que llegarán al planeta rojo. Cada dos años las trayectorias orbitales de Marte y la Tierra se colocan en la posición en la que se minimiza el tiempo de viaje entre ambos mundos, por lo que aprovechando esa denominada ventana de lanzamientos se suelen preparar misiones y lanzarlas. La última ventana tuvo lugar en junio del año pasado, e iban a ser cuatro las misiones que aprovechasen el momento para emprender viaje. Una de ellas, la europea Exo Mars, con participación rusa, sufrió problemas técnicos en una de sus fases finales y no pudo estar preparada para ese verano, por lo que si todo va bien se lanzará en 2022, pero las otras tres sí partieron como estaba previsto. La primera, la emiratí, que ayer logró su inserción en la órbita marciana. Es una misión que consta de un solo elemento, un satélite que orbitará el planeta, lo observará y estudiará algunos de sus elementos, principalmente de la atmósfera. La siguiente misión en llegar, lo hará hoy, es la china. Es el primer intento chino de llegar a Marte y, como lo hacen últimamente en ese país, es a lo grade. La misión consta de un satélite orbitador y un módulo de descenso que tiene que amartizar, por así llamarlo, y que contiene en su interior un pequeño robot con ruedas, muy similar en su aspecto al antiguo Sojourner de la NASA, el primero que logró moverse por la superficie roja. El reto chino es enorme, tiene que lograr la inserción orbital, lo que ayer consiguió la sonda emiratí, estabilizarla, soltar su carga que esta logre tocar suelo sin estrellarse (algo de una enorme dificultad en Marte) y que el robot funcione, se mueva y lo pueda contar. Una misión realmente difícil en la que China quiere dar, de golpe, todos los pasos que, uno a uno, fue dando EEUU durante varios años de intentonas, éxitos y fracasos. La semana que viene, el jueves 18, llegará la tercera misión, la norteamericana. En este caso lo que se manda es a Perseverance, un Rover a un más grande que el Curiosity que deambula por Marte desde hace ya algunos años. Del tamaño de un coche grande, con un peso de unas dos toneladas, la misión norteamericana no lleva orbitador, porque ya tiene algunos que deambulan por aquella atmósfera desde hace un tiempo, y vuelve a ser una apuesta muy arriesgada dado el método de amartizaje escogido. El peso del rover es tal que el escudo protector y los paracaídas le frenarán algo en su entrada al planeta, pero no serán capaces de que alcance una velocidad suave. La tenue atmósfera marciana impide planear ni frenar aerodinámicamente, por lo que un sistema de retrocohetes y cables de los que colgará el rover tratarán de llevarlo a la superficie de la manera más suave posible, en una estrategia tan arriesgada como espectacular que, hace unos años, funcionó perfectamente con Curiosity, pero que no deja de tener unas elevadas posibilidades de fallo. La NASA tiene experiencias exitosas y calamitosas en Marte, y en poco más de una semana sabremos a que grupo de ellas se une esta última misión. Su destino es el cráter Jezero, lo que se supone que es el fondo de un lago sedimentado hace muchos millones de años.

Ahora mismo Marte está a once minutos luz de la tierra, tardaríamos un poco menos de media hora en poder cruzarnos un “hola”, por lo que todos los procedimientos de inserción orbital, descenso y demás acciones que estén previstas se han automatizado y se controlan desde el ordenador de las sondas. Eso hace que el más mínimo error no pueda ser solventado a última hora por un equipo desde la Tierra, que sólo puede cruzar los dedos y esperar las señales que indiquen lo que ha pasado. La meteorología marciana es uno de los muchos factores que condicionan las misiones que tratan de llegar a su superficie. Alcanzar el planeta es una proeza, de ahí en adelante todo se convierte en épica.

jueves, julio 30, 2020

Misión a Marte


Aproximadamente cada dos años, las velocidades y posición relativas de la Tierra y Marte permiten, con la tecnología de hoy en día, minimizar el tiempo de viaje entre ambos mundos, dejándolo en unos siete meses. Es por ello que esta denominada ventana de lanzamientos tiene siempre varias misiones preparadas para usarlas. Estaban previstas inicialmente cuatro en este año 2020, pero ya hace unos meses quedó claro que la iniciativa europea, con colaboración rusa, no estaba lo suficientemente perfilada como para lanzarse a la aventura. Su idea, poner un rover sobre el planeta, exigía que todo estuviera a mucho más del 100% de lo necesario, y no era el caso, por lo que el viaje europeo se producirá, si no pasa nada raro, en 2022.

Las otras tres misiones muestran un compendio de ambiciones tecnológicas y, también, suponen una imagen de cómo está el poder en la Tierra y de las naciones que cuentan, o se pueden permitir el lujo de pagar para contar. El primer envío, lanzado hace unas tres semanas, es una misión de los Emiratos Árabes Unidos, EAU, primera vez que una nación así y de la zona se lanza a esta carrerea. Es una misión modesta, y busca colocar un satélite en la órbita marciana que investigue su atmósfera. Además, dad la trayectoria orbital que va a poseer, se espera que pase cerca de una de las dos minilunas de Marte, Deimos, (la otra se llama Fobos) y que pueda tomar imágenes muy precisas de esa gran roca. La segunda misó, lanzada la semana pasada, es china, y supone el mayor reto al que se ha enfrentado la joven y lanzada tecnología espacial de aquel país. Es un viaje en el que van dos naves, un orbitador y un rover, que se espera se pose sobre la superficie y pueda realizar trabajo de campo analizando muestras y buscando razas de vida. Todos los intentos exitosos de amartizaje logrados en las últimas décadas llevan la bandera norteamericana, por lo que si los chinos son capaces de lograrlo habrán dado, otra vez, un golpe de efecto en una nueva mesa en la que ya son capaces de hablar de tú a tú con la gran potencia. Aterrizar en Marte es una pesadilla que junta lo peor de todos los escenarios posibles y lograr es, créanme, toda una proeza. La tercera misión al planeta rojo se lanza hoy a las 13:50 hora española desde Florida, y es norteamericana. Los americanos han conseguido pleno de éxitos en sus últimos intentos marcianos, y van poco a poco aumentado la complejidad de sus misiones. En este caso no se envía un orbitador, sólo un rover, llamado Perseverance, que es la evolución de Curiosity, que lleva ya cuatro años en la superficie de Marte y que ha supuesto un avance enorme en lo que hace al avance de la exploración del planeta. Son modelos de vehículos de gran tamaño, similares a un coche medio, y que pueden hacer decenas de kilómetros de viaje en su vida útil. Dotados de un amplio instrumental, el objetivo de Perseverance vuelve a ser la búsqueda de trazas que indiquen si hubo vida en algún momento sobre la superficie de aquel mundo, objetivo que obsesiona a todos los científicos desde que se ha demostrado que el agua sí fluyó sobre la superficie en un pasado remoto medible en muchos millones de años. Pera además de todo lo comentado, el rover norteamericano lleva un secreto muy interesante en su interior. Llamado Ingenuity, no es otra cosa que una especie de dron diseñado para despega y volar, sí , volar, por Marte. Dotado de un doble rotor de aspas y un aspecto mezcla entre un elemento de ciencia ficción y un insecto extraño, se ha creado para poder surcar la muy tenue atmósfera marciana, de una densidad ridícula comparada con la nuestra, pero que existe, y que puede ser “volada” por sí decirlo. Lograr que la misión aterrice sin percances y desplegar el Ingenuity sin problemas ya será todo un reto, pero si hay éxito la simple idea de poder contemplar Marte en vuelo, a través de los pequeños saltos que sea capaz de llevar a cabo este robot es, simplemente, fascinante.

Si todo va bien, las tres naves llegarán, como una flota invasora, a la órbita marciana para mediados finales de febrero de 2021, y a partir de ahí, en pocos días, sabremos si han tenido éxito sus maniobras de inserción y, en el caso chino y norteamericano, amartizaje, que es lo más difícil de todo. Para entonces es de esperar que el panorama pandémico que nos absorbe por completo a los terrícolas esté algo más despejado, y quizás tengamos ya a varios millones de personas vacunadas ante la maldita enfermedad, y podamos contemplar el futuro con algo más de esperanza. Futuro que, ineludiblemente, pasa por las estrellas y, paso a paso, por los planetas vecinos al nuestro, que cada día conocemos mejor y que no dejan de ofrecernos sorpresas y maravillas para ser exploradas.

viernes, febrero 15, 2019

Adiós, Opportunity


No hoy ambiente más hostil que el espacio exterior. Nada allí es compatible con la vida, y su exploración exige medidas extremas para garantizar la mera supervivencia de los astronautas. Las mismas máquinas y componentes sufren condiciones absurdas, extrañas, que obligan a testar todo una y mil veces y encarecen todos los proyectos. Las sondas que se mandan en la exploración de otros mundos no pueden usar la tecnología más moderna que usamos aquí en nuestro día a día porque no está aún diseñada la protección que la haga viable en esos ambientes. Son rudas, bastas en ciertos aspectos, pero hechas para sobrevivir. A veces logran superar su esperanza vital y, en ocasiones, se convierten en maravillas que siguen vivas mucho más allá de lo que nadie imaginó.

Tras el éxito científico y mediático de la misión Pathfinder, la primera que puso un pequeño rover en Marte, del tamaño de un microondas, la NASA diseño una misión con dos vehículos mucho más grandes y potentes. En 2004 Spirit y Opportunity, los nombres que finalmente recibieron esos vehículos, llegaron a Marte. Su misión era explorar las zonas en las que aterrizaron en busca de rastros de pasados cauces fluviales, cosa que lograron. Con un peso cercano a los doscientos kilos cada una, eran las sondas móviles más complejas jamás lanzadas a aquel planeta, y su duración estimada era de unos noventa días marcianos, lo que supone unos noventa y tres días terrestres más o menos. Alimentadas por placas solares, poseedoras de baterías que les permitían funcionar, o al menos mantener los sistemas encendidos durante la noche marciana, ambas sondas duraron mucho más de lo que nadie pudo imaginar. Spirit se mantuvo operativa hasta el año 2011, siete años de vida útil desde su puesta en marcha, lo que tenía asombrados a los responsables de su misión. Su baja se vivió como una gran pérdida pero, como en esas películas del mar en la que se rinde tributo en la cofia al cadáver que va a ser arrojado al agua, con sentido agradecimiento. No consta que el gemelo de la misión, Opportunity, sintiera pena por la marcha de su compañero, y quizás por eso, por ser una máquina, siguió trabajando sin descanso. Con un rendimiento decreciente por el deterioro de la maquinaria, pero con una capacidad fuera de toda lógica, el robot siguió su deambular por la superficie marciana explorando cráteres y dando a su equipo en la Tierra información de primer nivel sobre la geología marciana y, también, mucho más trabajo de lo que nadie hubiera sido capaz de imaginar. El envío de nuevas sondas marcianas y robot, como el Curiosity, que es mucho más grande que los dos gemelos comentados, no condenó a la obsolescencia al infatigable trabajador marciano, que año tras años seguía ahí, impasible y sin querer jubilarse. El año pasado una enorme tormenta de polvo, de varias semanas de duración, azotó la zona en la que Opportunity estaba trabajando. Los técnicos de la NASA percibieron que el peligro para el robot era máximo, y trataron de que entrase en un modo ahorro lo más intenso posible para intentar sobrevivir a largas semanas en las que sus paneles solares no iban a poder captar luz del Sol alguna. La tormenta duró más de lo esperado, fue más virulenta de lo normal y se convirtió en un fenómeno espectacular desde la óptica de la meteorología marciana, condicionando el envío de las misiones que amartizaron en 2018. Tras el paso de la tormenta se ha tratado sin descanso de contactar con Opportinuty, pero no se ha logrado respuesta alguna. Puede que la sonda haya quedado medioenterrada en el polvo, que sus baterías se hayan descargado del todo, que el intenso frío haya congelado sistemas vitales que los calefactores del equipo no han logrado reanimar. No se sabe exactamente qué ha sucedido,

Como bien cuenta Daniel Marín en su artículo de homenaje a esta tenaz maravilla, quizás una futura misión humana llegue hasta donde yace Opportunity y logre rescatarlo. Quién sabe si reanimarlo, pero en todo caso poder tocarlo y darle “en persona” las gracias por lo que durante todos estos años ha proporcionado a la ciencia e investigación espacial. Ya puestos, soñemos que dentro de algunos siglos haya una ciudad marciana llamada Opportunity, y que uno de los edificios que la compongan sea un museo de homenaje a esa sonda, y que los viajeros que provengan de la ciudad de Spirit, su ciudad gemela sita a miles de kilómetros, tengan en ese lugar una de las principales atracciones turísticas del planeta. “He ahí la sonda que más sobrevivió sobre la superficie de Marte” Y Opportunity, en el centro de su museo marciano.

martes, noviembre 27, 2018

Aterrizaje perfecto de Insight en Marte


Ayer por la noche hora española, poco antes del inicio del Telediario, la sonda Insight de la NASA logró aterrizar sobre la superficie de Marte tras más de doscientos días de viaje, culminando una maniobra de unos siete minutos en los que eran decenas, cientos, las cosas que podían salir mal. Esta misión no lleva un rover, un vehículo, sino que es fija y tiene objetivos centrados en el estudio de la geología marciana. Es la primera que va a taladrar la superficie roja, hasta una profundidad de cinco metros, y lleva consigo dos nanosatélites, cubesat en el argot, que le sirven para transmitir los datos a la Tierra y que, desde ayer, orbitan Marte.

Aterrizar en Marte, o amartizar si lo prefieren, es una de las cosas más complejas que imaginarse uno pueda, y más de una vez el intento se ha saldado con un fracaso estrepitoso en forma de estrellato contra la superficie. Sin ir más lejos ese fue el destino de la última misión europea. Tocar la superficie de cuerpos pequeños, con escasa gravedad y carentes de atmósfera es algo relativamente sencillo y de lo que tenemos experiencia desde, sin ir más lejos, la llegada a la Luna, pero los planetas grandes que poseen atmósfera y gravedad son otra cosa muy distinta. Tres son los problemas fundamentales que debemos vencer. El primero es lograr que la sonda o el objeto que va a aterrizar penetre en la atmósfera a la velocidad y ángulo adecuado para que no rebote contra ella, como lo hacen las piedras con las que a veces jugamos en el río. En función de la velocidad de llegada y el tipo y densidad de la atmósfera el ataque será distinto. Una vez superado eso el objeto debe atravesar una atmósfera que le va a ofrecer resistencia y freno, a cambio de calentarlo muchísimo, por lo que hay que llevar un escudo protector, que evite que la sonda se achicharre. El escudo pesa y se debe portar desde el inicio, y debe tener dimensión suficiente como para cubrir la sonda, por lo que a mayor tamaño del envío, más escudo, con más coste, peso y todo lo que imaginen. Una vez superado esto con éxito queda tacar suelo. Este último paso es, curioso, más sencillo en la Tierra, porque la atmósfera es densa y los paracaídas ofrecen una alta capacidad de frenado. Hemos visto varias veces como resulta brusco, pero efectivo, que las sondas tripuladas de los Soyuz, que traen de vuelta a los astronautas del espacio, se peguen un pequeño golpe en la estepa kazaja bajo la cúpula de varios paracaídas. Pero en Marte esto no es posible, porque la atmósfera es muy poco densa. Los suficiente para freír en la entrada, pero incapaz de servir para que un paracaídas frene. Las sondas marcianas pueden alcanzar la zona alta de la atmósfera a velocidades del orden de doscientos kilómetros por hora, ¿Cómo se frena eso? Lo más socorrido es lo que ha usado esta vez Insight, que es un sistema de retrocohetes instalado en la base de la sonda, que quedan al aire una vez que el escudo protector de la reentrada es desechado, y que frenan al objeto para otorgarle un aterrizajes suave. En sondas más pequeñas se han usado otras técnicas, como los balones inflables tipo airbag que protegieron al Pathfinder, o el Skycrane, sistema puntero de cohetes y cables que permitido aterrizar a Curiosity, el último rover. Nuevamente, cuando más pesado es el envío que llega a Marte más fuerza hace falta para frenarlo y todo se complica. Y todo esto que estamos contando, todas estas fases, se realizan a minutos luz de la Tierra, de entre ocho a quince en función de las órbitas relativas de ambos mundos, por lo que no pueden ser teledirigidos desde aquí. Hay que diseñar una secuencia automática de aterrizaje que lea los parámetros de los instrumentos de la sonda y que, en función de lo que registre, vaya cumpliendo los pasos hasta tocar suelo, todo de manera programada. Eso implica que si al llegar a Marte hay algo que no está previsto y sucede, todo puede irse al traste. Como ven, riesgo extremo.

Esta vez se han superado todos esos problemas y la toma de tierra ha sido correcta, como lo muestra la primera imagen tomada por la cámara de la sonda, aún llena de polvo y suciedad, que entre otras cosas indica que los sistemas y comunicaciones de la nave funcionan. Ahora toca desplegar el instrumental científico y comenzar la misión sobre el terreno, que busca, sobre todo, conocer la geología del planeta, si existen restos de sismología en él y, con ellos, saber cuál es la composición y estructura interna de Marte. El taladro perforante ayudará, por primera vez, a saber qué hay bajo la superficie. La misión tiene prevista una duración de algo más de un año terrestre, y a buen seguro nos deja titulares interesantes y muchísima y muy valiosa información.

viernes, agosto 03, 2018

40 en Madrid y agua en Marte

Hace el calor previsto, el que no habíamos tenido hasta ahora en un julio liviano y llevadero como no se recordaba en el centro peninsular en años. Sombra y agua fresca son el mejor remedio ante esta torridez, y encontrarlas puede ser costoso. Ahora mismo España es un secarral donde el agua se acumula en pantanos pero no brota por apenas otros lugares. En nuestro sistema solar tres son los mundos en los que consta que existe agua. Encélado, Ganímedes y Europa, todos ellos lunas de Júpiter y Saturno, siendo la primera de ellas la candidata a albergar las mayores reservas. En Marte se tiene constancia de que la hubo en la superficie, por la traza geológica del planeta, pero ahora ya no existe.

Una de las noticias de este verano, y del año si me permiten, es que la afirmación que cierra el párrafo anterior es falsa. Todos dábamos por sentado que el agua en Marte era un fenómeno del pasado, que se dio hace millones d años en su superficie pero que sólo queda de ella el recuerdo de los surcos que creo y los sedimentos que depositó. La actual atmósfera marciana, liviana hasta el extremo, impide la presencia de agua en ninguna forma y la elimina por completo. Pero la noticia es que los últimos datos de la Mars Express, la sonda europea que orbita en torno a aquel mundo y que lo estudia, ha detectado lo que parece ser un lago subterráneo en al polo sur marciano, enterrado a más de un kilómetro de profundidad. La noticia requiere algunas puntualizaciones, dado que lo que sí es seguro es que la sonda ha detectado un reflejo en su radar compatible con la presencia de humedad a esa profundidad, lo que permite un amplio rango de opciones, desde un clásico lago subterráneo a rocas o barros impregnados de humedad que se comporten como una especie de fango. En todo caso, sí se confirma la presencia acuosa. ¿Cómo es posible que esa agua esté en estado líquido en las condiciones marcianas? La presión a la que puede estar sometida a esas profundidades, unida a las disoluciones de sales presentes en el terreno hacen que el punto de congelación del agua baje muy pode debajo de cero, por lo que puede encontrarse de forma líquida a los 80 o 90 grados negativos que pueden reinar en ese ambiente marciano. En la Tierra tenemos lugares más o menos equivalentes, y quizás sea el lago Vostok, sito a cerca de cuatro kilómetros de profundidad bajo los hielos antárticos, el más famoso y relevante de ellos. Ese lago permanece líquido gracias a los mismos condicionantes que hemos señalado antes, presión y disoluciones salinas, y se pudo acceder a él hace pocos años. La complejidad de la perforación y el elevado riesgo de contaminar lo que se encuentre en ese oscuro lugar con restos biológicos de la superficie mantienen abierta la polémica de si hay organismos vivos, o trazas de ellos, en esas aguas subterráneas, pero todo parece indicar que existe material orgánico procedente de vida. La odisea de acceder a Vostok nos pone ya sobre aviso respecto a la imposibilidad, en la práctica, de llegar a la zona en la que se encuentra el supuesto lago marciano. Nuestras sondas han avanzado mucho y somos capaces de hacer con ellas cosas que hace años parecían imposibles, pero perforar la superficie marciana hasta esas profundidades es, simplemente, lejana ciencia ficción. Lo más interesante de este descubrimiento es que confirma que SÍ hay agua en Marte, y que si la hemos encontrado en un punto es muy probable que esté en otros muchos, por lo que urge avanzar en el proceso de estudio del planeta, probablemente con orbitadores provistos de radares mucho más potentes y precisos, que nos permitan obtener una especie de mapa de lo que se esconde bajo la árida e inerte superficie marciana.

Escuchar “agua en Marte” ha hecho que muchos directamente pasen al escalón de “vida en Marte”, y lo siento, pero debemos ser muy prudentes en este aspecto. Cierto es que descubrimientos de este tipo abren opciones que no contemplábamos, y la probabilidad de que escondan orgánulos o restos vivos ya no es cero, pero aun así, cautela. De hecho, dado que la expulsa al espacio, es más sencillo analizar el agua que se esconde bajo el lejano Encélado que la que reside en Marte, por lo que nada podemos decir al respecto, salvo que hay mucho y prometedor trabajo por delante. Para ampliar este descubrimiento, una buena referencia es el artículo escrito por los planetólogos Laura Parro y Javier Ruíz, de la UCM

martes, mayo 08, 2018

InSight ya vuela rumbo a Marte


Junto a los programas grandes, centrados muchas veces en la exploración humana del espacio, que por su coste y necesidades de seguridad ofrecen frutos escasos y muy contados, la NASA mantiene una línea de trabajo basada en sondas baratas, pequeñas y de objetivos menos ambiciosos en lo trascendente pero bastante prácticos en lo científico, y que otorgan relevancia y publicidad a la agencia. Marte es uno de los destinos preferidos para estas sondas, aunque no sea el único, y este pasado sábado, tras un retraso de dos años, despegó de la base californiana de Vandemberg el cohete que llevará a la sonda InSight a la superficie de Marte y nos permitirá conocer más sobre el interior del planeta.

InSight no es un rover con ruedas, como Curiosity, el último de los que de momento circulan sobre el planeta rojo, sino una sonda fija. Aterrizará mediante el uso de aerofrenado, paracaídas y retrocohetes, y no se moverá de su sitio una vez que se pose, esperemos que sin problemas, sobre la superficie marciana. El objetivo fundamental de la sonda es estudiar lo que sucede bajo la superficie marciana. Sabemos, dado que son muy presentes, que Marte ha tenido actividad volcánica, aunque no presente ahora mismo síntomas de erupción alguna, y sospechamos, aunque no es seguro, que carece de tectónica de placas como la que existe en la tierra, que es la causante de los terremotos y de, importantísimo, la renovación de la superficie del planeta. Para averiguar algo sobre estos temas, y entre los muchos instrumentos que lleva la sonda, el más importante de todos ellos será un sensor que va a penetrar unos cinco metros en la superficie del planeta, algo que se intenta por primera vez con tal profundidad. Cinco metros pueden parecer pocos, y lo son, pero debemos tener en cuenta que nuestras prospecciones en la superficie marciana no han pasado de los pocos centímetros. Una vez trepanado el agujero la sonda colocará allí algo parecido a un sismógrafo que estará conectado al SEIS, que es el nombre que se le ha dado a la estación principal de la sonda, que será la encargada de recoger los datos que perciba el sismógrafo y analizarlos en detalle. Todo el instrumental es de gran precisión y calibrarlo adecuadamente ha sido uno de los grandes dolores de cabeza de esta misión y el causante del retraso antes mencionado de dos años en el lanzamiento. Los datos de SESI también permitirán conocer, gracias a lo que sabemos sobre cómo funcionan las ondas sísmicas, la estructura interna del planeta, sus capas, cuántas son y qué características poseen, y la posible dimensión y composición del núcleo. Hasta ahora hemos averiguado muchas cosas de la atmósfera marciana, pero ahora empezaremos a saber algo sobre la geología interna del planeta. Este trabajo es el reverso perfecto del que Curiosity está realizando en su singladura de varios años para estudiar la geología superficial de Marte. Este rover nos ha permitido detectar compuestos y estructuras que nos hacen estar seguro de la pasada existencia de agua sobre la superficie marciana, en épocas que se remontan a varios millones de años de antigüedad. InSight nos va a ayuda ahora a cartografiar el interior del planeta, sabiendo hasta qué punto es activo o lo fue en el pasado. Dado que es bastante más pequeño y menos pesado que la Tierra, el proceso de enfriamiento de Marte ha debido ser más intenso y es de esperar una menor actividad que la terrestre, pero la sensibilidad de SEIS permitirá sacar información de los más mínimos temblores que se den en el planeta rojo. Una sonda como esa se volvería loca en nuestro planeta, donde la actividad sísmica es intensa, pero en el somnoliento Marte es perfecta.

El proyecto InSight ha costado 813 millones de dólares, unos 677 millones de euros al cambio actual, de los que una quinta parte corresponden al lanzamiento. Para que se han una idea, un kilómetro de AVE sale a algo más de 20 millones de euros, superando los 30 en zonas agrestes como Galicia o el País Vasco, y el rescate de las radiales quebradas costará algunos miles de millones de euros. Por lo tanto, me parece una sonda más que barata, sin olvidar desde luego el efecto de arrastre a la I+D+i que haya generado en laboratorios e instalaciones industriales, no sólo norteamericanas, que han participado en su desarrollo y fabricación. Como siempre, todo lo que quieran saber de la sonda y la misión se lo cuenta Daniel Marín en su blog de una manera exhaustiva y profesional digna de todo elogio. El 26 de noviembre, si todo va bien, amartizaremos.

jueves, octubre 20, 2016

La ESA vuelve a tropezar con Marte

Ayer era un día trascendental para la exploración europea. La misión Exo MArs llegaba a su destino y sus dos componentes principales se la jugaban al todo o nada. La nave mandada consta de un satélite que debe orbitar el planeta, denominado TGO, cuyo fin principal es estudiar las trazas de metano que existen en la atmósfera marciana y determinar hasta qué punto son de origen geológico o de un pasado biológico que pudiera esconderse bajo la superficie. La maniobra de inserción orbital del satélite fue correcta, y ya se encuentra dando vueltas a unos 400 kilómetros sobre la superficie.

El otro componente, el módulo Schiaparelli, tenía un fin más espectacular y efímero. Su objetivo era posarse sobre la superficie de Marte y desde allí confirmar que había llegado en buen estado, demostrando así que la tecnología europea permite posar un ingenio de manera segura sobre Marte. Nada se sabe de esta sonda. Su última transmisión tuvo lugar en la fase de descenso, con los paracaídas abiertos, pero no hay constancia de que tomase “tierra” de manera segura o, como se empieza a temer, se estrellase fatalmente. Amartizar, si se me permite la expresión, es una operación muy muy difícil. Marte tiene atmósfera, como la Tierra, pero es mucho más liviana, lo que ofrece problemas de todo tipo. Como cuando las naves regresan a la Tierra, toda entrada debe hacerse en un ángulo muy preciso, ni muy plano, lo que haría rebotar la nave contra la atmósfera como esas piedras que se lanzan y vuelan sobre los ríos, ni muy acusado, que la convertiría en un bólido y la achicharraría del todo. El ángulo de ataque adecuado siempre genera fricción y mucho calor, y las naves deben llevar un escudo protector que disipe el calor y no las achicharre. Una vez superada esta prueba el resto es relativamente sencillo… en la Tierra!!!;La densidad de nuestra atmósfera hace que los paracaídas frenen la nave y esta se pueda posar sin muchos problemas en el suelo. Pero la baja densidad de la atmósfera marciana reduce mucho la eficacia de los paracaídas, que frenan la caída, sí, pero no logran que la velocidad baje mucho más allá de los 80 kilómetros por hora, dependiendo del objeto de que se trate. En todo caso, suficiente para que se destroce en un impacto contra el suelo. Es por ello necesario el uso de retrocohetes para frenar el bólido y evitar el impacto. Así que, ya ven, por lo menos tenemos tres elementos que pueden fallar en el proceso de la entrada. Y luego hay otro que muchos olvidan. Marte está muy lejos, ayer a unos diez minutos luz. Todos esos procesos no pueden controlarse desde aquí, sino que deben estar completamente automatizados, y diseñado con precisión el algoritmo que arranque uno tras otro con el tiempo preciso para que sean efectivos. Un error, unos segundos en los que la secuencia de operaciones se desarrolle de manera no prevista, o un incidente sorpresa puede dar con toda la misión al traste. Por eso, lograr aterrizar allí es una aventura de un riesgo y peligrosidad apabullante. No lo sería tanto en una nave tripulada, porque el piloto humano podría alterar secuencias y tomar decisiones sobre la marcha, pero aun así el “amartizaje” es mucho más difícil que el aterrizaje. Posarse en la Luna, por ejemplo, que carece de atmósfera, muy poca gravedad y que está a poco más de un segundo luz de aquí, es infinitamente más sencillo. De ahí que la tasa de fallos y estrellatos sobre Marte sea muy elevada. Todas las naciones que han mandado misiones han mordido en alguna ocasión el polvo del planeta rojo.


Se espera rueda de prensa de la ESA esta mañana para confirmar o, al menos, intuir qué es lo que ha pasado, pero en este momento todo parece apuntar a que la sonda Schiaparelli ha unido su destino al Beagle 2, anterior intento de amartizaje europeo, que se saldó con un fracaso aún más estrepitoso. Las consecuencias, de confirmarse el fallo, serían graves, dado que esta era una prueba de demostración de que la ESA sería capaz de aterrizar un rover sobre Marte en la misión prevista para 2020, por lo que si el test ha fallado es probable que la futura misión robótica deba ser replanteada en muchos aspectos. Y eso implica cambios presupuestarios y retrasos, siempre indeseables. Quedaremos a la espera de lo que nos confirme la ESA

viernes, septiembre 30, 2016

El sueño marciano de Elon Musk

Quizás una de las maneras de acabar con la crisis del PSOE es que las facciones enfrentadas viajen a Marte y, en el camino, arreglen sus diferencias. Y si no son capaces, que al menos se queden allí, lejos de La Tierra y sin causar más problemas de los que ya tenemos. El anuncio de esta semana de Elon Musk sobre sus intenciones marcianas se lo pone en bandeja. El osado presidente de Tesla Motos y SpaceX se ha lanzado a la piscina, dudoso que contenga agua, con un plan soñador, apabullante, salido de un relato de ciencia ficción sito en unas cuantas décadas por delante de nuestra era. Pero es indudable. Musk tiene un plan.

Tanto por las dimensiones de las naves y cohetes que quiere emplear como por las tripulaciones que se mencionan, que serían capaces de transportar a tres comités federales del PSOE de una sola tacada, el anuncio de Musk ha sido acogido con mucho escepticismo por la comunidad científica y los expertos en la materia. Suena a algo tan descabellado, grandioso y avanzado que, probablemente, aún esté en el horizonte de lo que somos capaces de lograr con nuestra tecnología actual. Y obviamente, suena caro, muy caro. Poner cifras de inversiones, costes y hacer presupuestos de lo que Musk presentó es, simplemente, elevarse a unas cifras que exceden por completo no ya la capacidad financiera de las empresas de este visionario, que siguen perdiendo dinero, sino las posibilidades de muchos gobiernos. ¿Es posible acometer un plan de este tipo? Sí, es factible, pero se requiere un esfuerzo y una dedicación que nos sobrepasa. Visto en perspectiva, el viaje del hombre a la Luna puede suponer la situación más parecida, tanto por el reto que supuso a una tecnología espacial por entonces muy en mantillas y, sobre todo, a una informática que entonces no era capaz aún ni de ser llamada así. Pero en menos de una década se logró el hito de viajar a nuestro satélite, y no sólo una vez. Sin embargo, el contexto político y económico de entonces era muy diferente. El proyecto lunar triunfó porque una superpotencia puso todo su empeño en él para así derrotar a la otra superpotencia. Recursos, personal, dinero, todos los medios imaginables se destinaron sin freno alguno, para ganar esa carrera. EEUU triunfó, y las dimensiones del programa Apollo aún no han sido alcanzadas. Se vuelve a demostrar que, si se quiere, se puede. La gran pregunta es esa, quién quiere embarcarse en la aventura marciana. Es obvio que Musk está entre el grupo de pioneros, pero si no cuenta con recursos financieros (muy) abundantes y un respaldo político y social, el plan presentado esta semana puede volver a convertirse en otro de esos powerpoint maravillosos que nos hablan de un prometedor futuro, similar a esas imágenes que, tras el viaje lunar, nos hablaban de colonias en el espacio allá por el año 2000 y similares. Verlas hoy resulta melancólico, y es realmente difícil imaginar cómo el sueño espacial arraigó con fuerza en aquella sociedad, para luego desvanecerse poco a poco, una vez lograda la meta lunar, vencida la carrera contra una desfondada URSS y, tras ello, comprobar que los planes espaciales ni existían ni, desde luego, eran rentables. Musk sabe todo esto (y muchísimas cosas más) mucho mejor que yo, por lo que, quizás, la presentación de esta semana buscase, sobre todo, empezar a despertar el sueño marciano.

Como siempre, les recomiendo que lean el excelente artículo de Daniel Marín al respecto de los planes de Musk. Comparto plenamente su opinión y me fío por completo de su sabiduría en este tema, que está a años luz de distancia de la mía, pero como le comenté en unos tweets, el mérito de Musk está siendo, sobre todo, generar una batalla tecnológica en los sectores en los que está implantado. El coche eléctrico o el piloto automático ya no se entienden sin pensar en Tesla, los cohetes reutilizables eran una idea de lunáticos hasta que SpaceX nos enseñó que eran posibles. Esa labor de pionero, a veces con los pies en el suelo, otras con el riesgo de vender mucho humo, es el principal mérito de Musk. Su labor, en ese sentido, merece todo el reconocimiento posible. Sigo soñando en ver llegar al hombre a Marte antes de morir

viernes, octubre 23, 2015

The Martian, una magnífica película

Si se dan cuenta, esta semana ha estado muy marcada por el cine. El miércoles tuvimos la celebración de la llegada al futuro de Marty y Doc, y de ser cierta, una de las cosas que les hubieran asombrado es que en un par de meses se fuera a estrenar el episodio VII de la Guerra de las Galaxias, cuyo tráiler, absorbente y que no desvela casi nada de la trama, ha sido estrenado mundialmente esta misma semana. Y para redondear la jugada de las películas de ciencia ficción, tenemos el estreno de “el Marciano” que es como debiera haberse titulado en castellano la peli de Marte que el pasado viernes llegó a las carteleras, y que les recomiendo encarecidamente que vayan a verla.

La historia de la película tiene su aquel. Andy Weir, el autor de la novela, la escribió sin aspiración alguna. Mandándola por entregas vía correo electrónico a sus amigos, al acabó colgando en Amazon autoeditada a un precio ridículo, de 0,5 dólares o algo así. Quiso la casualidad que Ridley Scot la viera, leyera, y quedase asombrado ante el material que tenía delante, un guion en potencia. No tardó nada en comprar los derechos y en ponerse manos a la obra para rodar la película. Y se puede decir que, tras trastazos bastante considerables, que nos han decepcionado a casi todos, Scot ha fabricado una perfecta película de aventuras en la que la acción, la emoción, el humor y la aventura están presentes en todo momento. No es esta la película sobre trascendencia espacial que pudieran ustedes imaginar, estilo Interstellar, no, esto es una “peli” de aventuras para pasar algo más de dos horas de manera muy entretenida. El argumento es bastante sencillo. En un futuro cercano los humanos hemos logrado llegar a Marte y tenemos un pequeño habitáculo en la superficie que sirve de alojamiento a las misiones que realizan el viaje de ida y vuelta. Tras una tormenta de arena que se abate sobre la base marciana, la tripulación debe abandonar a toda prisa la misión y volver a la nave nodriza que orbita en torno al planeta rojo, cancelarlo todo y volver para casa. Sin embargo, uno de los astronautas resulta golpeado por objetos desplazados por la tormenta y no logra acceder al cohete salvador. La tripulación, ya a salvo, ve como uno de los suyos ha muerto y emprende un triste viaje de regreso. Sin embargo Mark Watney, que así se llama el astronauta perdido, no ha muerto. Tras la tormenta se encuentra inconsciente y, al despertar, logra volver a la base marciana. Y trata de sobrevivir y comunicarse con la tierra para hacerles saber que sigue vivo y que espera una misión de rescate. Y el resto de la película consiste en, por un lado, las peripecias de este “marciano” que, en plan nuevo Robinson, debe sobrevivir en el hostil ambiente del planeta, y los avatares de la tripulación y todo el personal de la NASA en la tierra para lograr mandar suministros o misiones que puedan llegar hasta Mark antes de que, de hambre o de cualquier cosa, fallezca. La acción va saltando continuamente del escenario planetario a lo que sucede en La Tierra y, si tienen vista la película de Apollo XIII, cosa que les recomiendo, en todo momento parece que nos encontramos en esa escena, que fue real, en la que los astronautas lunares tuvieron que ingeniárselas para convertir su módulo de mando en módulo de supervivencia, una vez abortado el alunizaje, y lo que a Houston y resto del mundo se les ocurrió para ayudarles. Imaginación, ingenio, ideas audaces, desesperadas, carambolas, accidentes, de todo un poco, con un grado de realismo muy logrado y, desde luego, con un sentido del ritmo y la emoción que logran que uno se lo pase en grande viendo la historia del náufrago Mark.

La producción no ha reparado en gastos, y se nota, y el plantel de actores se luce, con mención especial a un Matt Damon, que encarna al solitario Mark, que carga con gran parte del peso de la película, y que logra imprimir a su personaje mucha fuerza, estilo, humor y credibilidad. Su actuación es excelente, y le acompaña un reparto de secundarios, porque frente a él todos lo son, que bordan sus escenas. Con gran rigor científico respecto a lo que sería una misión a Marte y las condiciones de vida en aquel planeta (quizás la tormenta, demasiado virulenta para la bajísima presión marciana sea la mayor “fantasmada” de todas) El marciano ofrece más de dos horas de entretenimiento de calidad, ocio del bueno, risas y ratos muy agradables. ¿Qué más se puede pedir?

miércoles, septiembre 30, 2015

Hay agua salada en Marte. Vamos para allá!!!

Vámonos a Marte. Ese es el mensaje principal que me gustaría que les quedase de mi artículo de hoy. Retrasar ese viaje una y otra vez por excusas que, en el fondo, esconden falta de ambición y presupuesto, es un engaño. Cada vez conocemos más de nuestro vecino y resulta evidente que la caja de sorpresas que supone, como todos lo que orbita ahí fuera, es inmensa y apasionante. Y por si fuera poco, cada descubrimiento nos acerca más y más al momento en el que, ojalá llegue pronto, se descubran trazas de vida (microbiana, escala molecular) que ahora mismo pueda existir en el planeta, o que existió en el pasado. Como siempre, Daniel Marín se lo cuenta millones de veces mejor que yo.

El agua en Marte es un elemento que lleva tiempo dando vueltas y de cuya presencia en el pasado ya no hay dudas. Muchas de las formaciones geológicas que hoy vemos en la superficie del planeta son producto de años de erosión causada por flujos de agua, constantes o periódicos. El por qué Marte perdió esa agua en superficie y cómo se dio ese proceso es una de las preguntas más importantes que debemos responder. También se sabía desde hace tiempo que en los polos de Marte, en esos blancos casquetes, casi todos ellos conformados por CO2 congelado, hay trazas de hielo de agua, y que no puede haber agua en la superficie porque las condiciones atmosféricas de bajísima presión harían que hirviera y se evaporase al instante. ¿Qué es, entonces, lo que ha anunciado la NASA? Algo muy importante, y es el afloramiento a la superficie de salmueras procedentes del interior del planeta. La salmuera no es sino una sal con un componente de agua, o un agua muy muy muy salada. Quizás les suene el nombre por ser uno de los residuos que generan las depuradoras de agua marina, que vierten nuevamente al mar. En este caso se trata de sales minerales no tan habituales como las que usamos para dar sabor a la comida, pero que hacen que, combinadas con el agua, ésta pueda mantenerse en la superficie de Marte el tiempo suficiente como para que genere surcos, trazas, escorrentías, que poseen un carácter estacional, y duran pocos meses, pero que surgen de manera periódica en distintas zonas del planeta. Este descubrimiento implica, sobre todo, que bajo la superficie de Marte sí existe agua líquida, que hay depósitos, acuíferos, lagos o ríos subterráneos, no se sabe de qué dimensión, cuantía o profundidad, pero que resguardada de un exterior que es insoportable, se mantiene a cubierto. Y de vez en cuando aflora en esas disoluciones, que en semanas se frenan porque el agua que, de una manera u otra, asome a la superficie de Marte, se evaporará tarde o temprano. En salmuera muy tarde, pero lo hará. Y claro, si existe constancia de agua subterránea en Marte, recordemos que a resguardo de temperaturas y presiones extremas y del bombardeo de la radiación solar, la imaginación puede dispararse sobre si en esos “pozos” de agua pueden existir formas de vida, que o bien provengan de un pasado antiquísimo y se hayan adaptado a ese entorno o se hayan ido surgiendo y desarrollando en él. Esto no es sino una especulación, o quizás mejor, un deseo, y recordemos que no tenemos nada claro si quiere cómo se produjo el surgimiento de la vida en la Tierra, pero es obvio que para empezar a soñar con la posibilidad de que “algo” pueda existir en Marte el escenario de un lago subterráneo resulta mucho más atractivo que cualquiera de los áridos e insoportables parajes de la torturada superficie. Elimina muchos problemas previos, algunos de ellos insalvables en apariencia y ofrece una nueva oportunidad.

Recordemos que, en el fondo, conocemos muy poco de Marte. Lo tenemos cartografiado a una resolución alta, pero hay valles y zonas en las que nada vemos más allá de su planta, si saber si esconden cuevas o recovecos de otro tipo. Y nada sabemos de lo que hay bajo su superficie. Por eso el descubrimiento de la NASA resulta importante, y la mera idea de que perforando Marte podamos lograr extraer agua allí enclaustrada resulta sugerente y revolucionaria, tanto para esa búsqueda de vida mencionada como para el abastecimiento de los astronautas que, algún día, puedan pisar su superficie. En serio, ¿por qué no vamos?

miércoles, agosto 06, 2014

Oportunity, Spirit y Rosetta, tres éxitos espaciales


Para escapar un poco de la agobiante actualidad mundial que vivimos en este verano, qué mejor que largarse muy lejos, rumbo a las estrellas. Hoy se cumplen dos años del amartizaje, palabra que no existe pero que se añadirá algún día al diccionario, de Curiosity, el mayor robot jamás construido para explorar la superficie de otro planeta, en este caso Marte. Tras una maniobra endiablada, tanto de reentrada como descenso, llena de riesgos, pero que transcurrió a la perfección, Opportunity se posaba en el borde del cráter Gale y empezaba a trabajar en su misión.

En este tiempo el robot ha recorrido cerca de catorce kilómetros sobre la superficie del planeta rojo, y se encamina hacia las estribaciones del monte Sharp. Los logros de su misión ya son evidentes, especialmente la confirmación de que Marte fue un lugar que, en un pasado remoto, albergó condiciones para poder sostener vida en su superficie. Los análisis químicos y de otro tipo que ha realizado con muestras de las zonas investigadas así lo demuestran. También el terreno sobre el que ha transitado, y que se ha podido observar con un grado de definición nunca alcanzado, muestra evidentes signos de erosión derivada de un pasado en el que fluidos (agua) circulaban por su superficie, moldeándola como ahora lo hacen los ríos a sus lechos. También es significativo lo que no ha encontrado, y se esperaba que hubiera, metano. Como residuo muy claro de una pasada biología, se esperaban encontrar trazas de metano, que no han aparecido, al menos en las zonas exploradas. De mientras Curiosity continúa su misión, con alguna rueda escacharrada y el software dando problemas intermitentes, un primo suyo mucho más pequeño, Opportunity, acaba de celebrar los diez años, diez, de trabajo en la superficie marciana. Opportunity viajó a Marte en compañía de su gemelo Spirit. Eran robots mucho más pequeños que Curiosity, pero suponían un salto enorme respecto a la primera generación, el pequeño Pathfinder, de tamaño similar a un microondas. Diseñados para durar unos tres meses, Spirit dejó de estar operativo hace algunos años ya, pero Opportunity, sin que se sepa muy bien cómo, aún sigue desplazándose y mandando datos. La mayor parte de su instrumentación está ya fuera de servicio, pero los paneles solares, motores y ruedas funcionan, y el robot avanza. Esto le ha permitido batir el récord de la máxima distancia recorrida en otro mundo. Sus más de cuarenta kilómetros de desplazamiento superan por uno al registro que alcanzó la sonda lunar rusa Lunokhod 2 en 1973. El rendimiento de Opportunity es asombroso, y los técnicos que lo fabricaron y los que controlan desde el JPL de la NASA en Pasadena no salen de su asombro. Y alegría, claro está, porque dado que cada vez resulta más difícil conseguir presupuestos para nuevas misiones el que las que se encuentran en vigor rindan mucho mejor de lo esperado es una gran noticia en lo que hace a tecnología e investigación, pero también en ahorro de costes, eficiencia y publicidad, para convencer a patrocinadores y cargos públicos de la necesidad de seguir invirtiendo en la investigación espacial, en este caso la marciana. Nuestros enviados espaciales a Marte siguen ahí trabajando para nosotros, y eso es una gran noticia.

Y para redondear una jornada espacial muy especial, se espera que hoy la sonda Rosetta, lanzada por la Agencia Europea del Espacio, la ESA, alcance su objetivo previsto y se ponga en órbita de uno de los asteroides que se encuentran en el cinturón sito entre Marte y Júpiter. Tras diez años de viaje, en medio de la nada, el destino de esta sonda, que tiene el complejo nombre de 67P/Churyumov-Gerasimenko (no, no, no es un grupo separatista proruso de Ucrania) se encuentra a tiro, mostrando un aspecto curioso, mezcla entre cacahuete, patito de goma y pedrusco deforme. Si todo va bien hoy Rosetta entrará en su campo gravitatorio y permanecerá ahí explorándolo desde la distancia. En medio de la desolación de la guerra y enfermedad que llenan este verano de 2014, el espacio nos ofrece esperanzas de un futuro mejor.

martes, agosto 07, 2012

Marte, curiosidad e ilusión


No se quejarán, gracias al éxito de la misión marciana llevo tres artículos sin hablar de economía… aprovechen, que mientras Curiosity ha pasado su primera noche sobre el rojo suelo marciano la cosa sigue revuelta en nuestros mercados, pero eso será mañana. Hoy, teniendo en mente la preciosa imagen que ya ha mostrado la NASA de la montaña que se erige ante nuestro querido robot, quería hablarles de ilusión y curiosidad, dos de los motores más potentes del mundo, y que han llevado al éxito a esta misión, como a tantas otras en el pasado. La telemetría y la ciencia son necesarias, pero sin esas dos fuerzas de poco sirven.

Y es que anoche, cuando me tumbé sobre la cama (no puede uno meterse en ella en los calores madrileños) cerré los ojos y pensé en Marte tan contento como si fuera un crío, disfrutando del momento, y pensando en que, seguro, en muchas casas de todo el mundo, a esa hora o cuando toque irse a dormir, habrá niños que se acuesten soñando con Marte, cohetes, naves espaciales y estrellas que iluminan el firmamento. Muchos seguro que ayer preguntaron a sus padres cómo se va a Marte, cual es el camino, y quizás uno de ellos dijo la frase mítica “¿Por qué no vamos?”. Tras años de sobredosis deportiva, en la que las paredes de las habitaciones de todos los críos del mundo han estado llenas de héroes del balón o de la cancha, o de cantantes de medio pelo (en el caso de Justin Biber de cinco sextos dada su poblada cabellera) puede que ayer un niño en todo el mundo quitase la imagen de un jugador de fútbol y pusiera una foto de Curiosity, o de Marte, y puede que alguna niña quitase una de las cientos de imágenes de su grupo de los sueños y la sustituyera por una impresión de una foto parecida a la que les he enlazado en el párrafo anterior. Seguro que más de un niño se ha quedado al anochecer mirando un poco el cielo, contemplando como las estrellas iban tomando el dominio sobre la oscuridad, brillando allá en lo alto, lejanas e inaccesibles, pero misteriosas y atrayentes, y algún padre se habrá visto en un aprieto para poder satisfacer la curiosidad de su hijo cuando, viendo las imágenes de Curiosity, le haya preguntado si “eso está allí arriba” señalando a las estrellas. Quizás también algún universitario, o joven que está a pocos años de escoger su carrera, haya contemplado las imágenes de absoluta felicidad que ayer se vieron en el centro de control de la NASA del JPL de Pasadena, y haya pensado para su interior “yo quiero trabajar en eso, no se si pagan mucho o poco, pero quiero hacerlo” y se haya echado para atrás en su idea de no estudiar, o de dejar pasar el tiempo en las aulas para empezar a leer libros de astronomía con la ilusión de , quizás en o mucho tiempo, estar delante de una de esas pantallas en las que se podía seguir la traza de Curiosity a lo largo de su viaje y descenso a Marte. Y muchos adultos esta noche seguro que al ver estas imágenes han sentido un gustillo en su interior que les recuerda a su infancia, a la ilusión que entonces tenían por el espacio, que en muchos casos la rutina y vida diaria ha sepultado bajo una enorme montaña de problemas y angustias de todo tipo, pero que ayer logró aflorar. Muchos se sentirían incómodos de hacer pública esa emoción, por miedo a que sus amigos y compañeros les tachasen de excéntricos o frikys, pero quizás alguno, trajeado, en su oficina se puso a aplaudir porque hemos llegado a Marte!!!!!

Esos niños y niñas, adolescentes y adultos, también aterrizaron ayer en el planeta rojo, iban a bordo de Curiosity y sentían lo que miles de trabajadores y técnicos de la NASA y todas las empresas auxiliares, CSIC INTA español por supuesto, experimentaban ayer. Pura alegría, felicidad y, sobre todo, ilusión y curiosidad. Para mi Marte se asocia a dos genios, Ray Bradbury, que me lo noveló, y San Carl Sagan, que me lo enseñó. Hoy, desde lo más alto del cielo, ambos sonríen al ver como la semilla que prendieron en muchos corazones germina en las orillas del cráter Gale, y que nuevas semillas anidan en los corazones de los futuros exploradores del planeta.

lunes, agosto 06, 2012

¡Curiosity ha aterrizado en Marte!!


Fíjense en esas imágenes oscuras, pálidas, en las que es difícil distinguir qué es lo que se está enfocando. Parece la prueba fallida de una cámara vieja, pero poseen un valor incalculable. Son la versión gráfica de la llamada que hacemos a casa cuando llegamos a nuestro punto de destino para tranquilizar a nuestros padres, solo que en este caso la llamada la hace un robot desde millones de kilómetros de distancia, aunque el mensaje es el mismo: “¿Es la NASA? Soy Curiosity, he llegado a Marte y estoy bien. La alegría y el júbilo en Houston y en el JPL de Pasadena deben ser totales.

Ahora mismo cientos, miles de personas que durante todos estos años han trabajado sin descanso para lograr este éxito deben sentirse los más felices del mundo, y orgullosos por todo lo que han hecho, y desde aquí quiero dedicarles un abrazo y darles, a parte de la enhorabuena por su trabajo, las gracias. Si algo hubiera salido mal en la trayectoria de descenso la misión en su conjunto habría fracasado, y el éxito actual se convertiría en fracaso, llantos y rabia, pero el esfuerzo dedicado en todo ese tiempo habría seguido estando ahí, y merecería el reconocimiento igualmente. Ahora todo es alegría, felicitaciones y orgullo, porque se ha logrado una proeza difícil de imaginar. Colocar sobre la superficie de otro planeta lo que sea es algo tan difícil que cunado empiezas a leer cosas sobre ello y todo lo que puede salir mal te entran ganas de dedicar tus esfuerzos y dinero a jugar a la lotería. Y a medida que las misiones se hacen más y más complejas las dificultades crecen. Ya comenté el pasado viernes que las dimensiones de Curiosity, del tamaño de un coche, hacían de la entrada en Marte un proceso sumamente complejo y peligroso, lleno de etapas clásicas, como el uso de paracaídas, y de innovaciones como la grúa sky crane que parecían más propias de un visionario que de un departamento de ingeniería. Un fallo en cualquiera de las fases, en esos siete minutos que transcurrían desde la entrada en la atmósfera marciana hasta tocar la superficie, y todo se hubiera ido al traste. Pues todo ha salido a la perfección, el programa automatizado ha hecho exactamente lo que de él se esperaba y ahora mismo, YA, Curiosity está sobre su seis ruedas en el fondo del cráter Gale, a millones de kilómetros de distancia de aquí. Es fascinante, cuesta creerlo, y resulta maravilloso poder escribir esto casi a la par que está sucediendo. Ahora mismo Internet es un hervidero de fanáticos, apasionados e ilusionados soñadores que ven como una nave espacial humana llega a otro planeta y se posa sobre él. No tengo acceso ni a twitter ni a facebook en el trabajo, así que no puedo comentarlo, pero me imagino que miles de comentarios correrán por esas redes, y otras, contando la experiencia del momento. Ya ayer la expectación era máxima, y prueba de ello es que la web de la NASA TV se ha colapsado por la afluencia de internautas que querían ver en directo la primera imagen de ese amartizaje. Ahora, minutos después de haber sido publicada, esa foto circular que mañana debiera ser portada de todos los periódicos de papel del mundo llena blogs, portadas de diarios digitales y miles y miles de espacios. ¡¡Lo hemos conseguido!!

Ahora viene una parte aburrida de la misión. Curiosity tiene que autochequearse, ver que todo está en orden tras el viaje y al abrupto descenso, calibrar sus instrumentos y tras ello empezará su programa de trabajo en el planeta. La potencia del instrumental con el que carga, algunos de ellos de diseño y elaboración española, garantiza cientos, miles de horas de investigación exhaustiva como nunca se había podido desarrollar con anterioridad. Aquí tienen un detallado resumen de qué es lo que puede hacer y va a investigar el robot. En fin, abramos el champán y disfrutemos, porque hoy, en medio de la desolación que vivimos en nuestro día a día económico y social, tenemos algo muy grande e importante que celebrar. Esto es histórico!!!!!

viernes, agosto 03, 2012

¡¡Curiosity está llegando a Marte!!


Es duro llegar al Viernes mirando atrás una semana en la que se podía haber logrado algo de tranquilidad financiera y en al que, finalmente, la unión de la incompetencia y ceguera de todos los dirigentes europeos implicados en ello ha acabado por frustrar toda esperanza. Deprimente panorama, proclamo, a la manera de Forges. Dan ganas de huir muy lejos, esconderse y no volver. O de buscar puntos de esperanza a los que agarrarse. Cuando comenzó este 2012, que todos suponíamos malo, pero pocos tanto, yo tenía todas mis ilusiones reservadas para principios de Agosto, fechas en torno a las cuales la sonda marciana Curiosity llegaría a su destino.

Pues bien. Estamos a dos días de ese momento tan anhelado. Si todo va bien, Curiosity y la nave en la que viaja, poco más que un escudo térmico y una estructura de vuelo, entrarán en la atmósfera de Marte en la noche del 5 al 6 de Agosto, en lo que va del Domingo al Lunes. Tras prácticamente nueve meses de viaje, todo un embarazo, la sonsa tiene ya a Marte dominando su horizonte, y se sigue acercando a él a una velocidad de entorno a los seis kilómetros por segundo, tremenda, pero que indica, dado el tiempo empleado para el viaje, las inmensas, inimaginables distancias del universo, y Marte está aquí, justo enfrente… Como muchos de ustedes ya sabrán Curosity es un rover, un vehículo de ruedas autopropulsado dotado de multitud de instrumentos, cuyo objetivo es analizar la superficie del planeta no tanto para encontrar restos de vida, sino sobre todo de agua, y conocer la composición de la misma de la manera más exacta posible. Para sacarle el máximo rendimiento posible se le ha enviado a una zona más “interesante” que las visitadas en anteriores misiones exploratorias, el cráter Gale, en el que se sospecha se pudieron producir sedimentos en un pasado marciano caracterizado por la humedad. Este vehículo es el más grande y complejo jamás enviado a plantea alguno. Tiene un tamaño similar a un coche de los que vemos en nuestro día a día, pesa 700 kilos y tiene una altura máxima en su cámara de observación ligeramente superior a los dos metros. Su peso y dimensiones hacen que no pueda ser alimentado por paneles solares (Marte está lo suficientemente lejos del sol como para que la intensidad recibida sea muy escasa) por lo que lleva consigo un pequeño reactor nuclear capaz de proporcionarle energía durante un tiempo estimado de 14 años, aunque es probable que las duras condiciones de la superficie marciana hagan que su vida sea inferior a esta cifra. Su peso, dimensiones y la necesidad de atinar en el aterrizaje en el cráter escogido hacen que la maniobra de entrada en la atmósfera marciana y la toma de tierra se conviertan en uno de los mayores retos a los que ha hecho frente la exploración espacial. Freno aerodinámico en la atmósfera, paracaídas, retrocohetes, descenso mediante cables… toda la tecnología que uno sea capaz de concebir será puesta a prueba en los apenas siete minutos que transcurrirán desde que la sonda penetre en la atmósfera marciana hasta que el Rover toque suelo. La distancia de la Tierra a Marte (ahora es de unos 14 minutos luz) impide dar órdenes a los vehículos que allí se mandan y que estos puedan responder, por lo que toda la secuencia de descenso está programada de forma automática y debe salir perfecta. Un fallo en uno de los pasos y puede que toda la misión acabe convertida en un montón de chatarra sobre la roja superficie marciana. La NASA ha elaborado un fantástico vídeo sobre esos “7 minutos de terror” que pueden ver aquí, y que supera en emoción a muchas películas, y ha creado una doble versión friky con la narración de Will Wheaton (Big Bang Theory) y William Shaltner (star Trek)

Internet va estar volcada en el seguimiento del “amartizaje” y con todos los dedos y cables cruzados para que todo salga bien, con facebook y twitter echando humo. La NASA le dedicará su web casi de manera monográfica, siendo esta la página oficial de la misión y está la dedicada al seguimiento del descenso. El genio de Daniel Marín, que se lo sabe todo, recoge en este artículo todas las dudas y cuestiones que les puedan surgir sobre el rover, y los chicos de Amazing se van a pasar toda la noche siguiendo el evento desde su web. Crucemos los dedos, y que Curiosity llegue sana y salva a su destino. Espero poder contárselo el Lunes.