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martes, mayo 12, 2026

Otros dos guardias civiles muertos por el narco

Este fin de semana, mientras los ojos de medio mundo y toda la logística del estado estaban puestos en Canarias, en la operación de desembarco y reparto de los pasajeros del Hondius, el crucero afectado por el brote de hantavirus, morían dos guardias civiles, otros dos guardias civiles, en medio de una persecución a narcolanchas en la zona de Huelva. En el fragor de la carrera, persiguiendo a la nave de los delincuentes, las embarcaciones de la benemérita sufrieron un choque y el fatal desenlace deja dos fallecidos y dos heridos, que fueron trasladados lo más rápidamente posible al hospital para tratar de recuperarlos. Los malos huyeron

Otra vez en aguas próximas a la costa andaluza, esta vez no en Barbate, pero no muy lejos, y nuevamente la sensación absoluta de desamparo por parte de los que se dedican a la persecución de la delincuencia, los que trabajan para que nosotros estemos seguros, al comprobar como su voluntad choca contra el muro de la falta de medios frente a un enemigo que rebosa de dinero y es capaz de hacerse con embarcaciones, armas, coches y cualquier otro dispositivo que supera con creces todo lo que puedan llevar a cuestas los miembros de la benemérita. Casi siempre en estas persecuciones en el agua las lanchas de los narcos son, directamente, inalcanzables, llevan una capacidad motora fuera de toda regla, y la única posibilidad de frenarlos es una actuación coordinada que las intercepte, que trate de romper sus trayectorias rectas, lanzadas, y que en una de estas se vean bloqueados. Eso expone cada vez más a los agentes frente a unos delincuentes que tampoco se cortan a la hora de usar la violencia. Los métodos desatados que reinan en el mundo del narco latinoamericano, piense usted en México por unos instantes, ya han llegado aquí, y dotados de armas de precisión y potencia casi militar, los traficantes no dudan en disparar contra las patrulleras, o directamente embestirlas, confiando en que su velocidad sea la fuerza que les permita eludir las intercepciones. Es un juego asimétrico en el que las posibilidades de fuga de los malvados son altas, casi tanto como las de los agentes de salir mal parados. La sensación de desánimo cunde sin freno entre los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que operan en toda esa zona, que incluye al estrecho, al ver que día sí y día también se enfrentan a un juego de toreo en el que ellos no llevan el estoque y, cada vez más, son los que caen y acaban arrastrados en la plaza. La mayor parte del país descubrió esta situación cuando se produjo el asesinato, porque no tiene otra denominación posible, de dos guardias en Barbate cuando su patrullera fue embestida por una narcolancha que iba con el propósito directo de acabar con ellos, cosa que consiguió. En los días posteriores, de luto y rabia, el clamor de la impotencia llegó con fuerza desde una zona en la que el narco cada vez tiene más poder real en la calle, gracias al riego de dinero con el que inunda comercios, empleos, vidas y esperanzas. Frente a ello, los servidores de la ley malviven con sueldos bajos, material escaso, cuando no claramente defectuoso, y una gran parte de la sociedad que, o está temerosa por el poder del narco y su imperio de la violencia, lo que le hace callar, o ve en el negocio de la droga una alternativa vital que no es la que prefiere, pero que le permite acceder a un nivel de vida que sería completamente impensable de alcanzar de maneras legales. La imbricación del narco en la sociedad en esa zona del país está alcanzando niveles de gravedad extrema, y si no se muestra voluntad para dotar de medios a los agentes, piensen en lo que se hace (nada) para evitar que cientos de chavales y mayores se conviertan en prósperos empleados de unas redes de narcotráfico que son casi multinacionales.

El ministro de Interior no acudió al funeral de los guardias en Huelva. Estaba en Madrid en el dispositivo organizado en relación con el hantavirus. Sin duda prefirió la tranquilidad de la oficina y los medios sedosos que pisar una población en la que dos personas habían fallecido en el acto del deber. Nada hacía Marlaska en Madrid que fuera más importante que estar en la capilla ardiente de los agentes muertos. Su ausencia en ese acto, la ausencia clamorosa de ministro alguno es una muestra de lo que le importa al gobierno este tema, de los medios que dedica a ello, de la prioridad que le otorga a este asunto. Abandonados por el estado murieron los agentes, abandonados por el estado fueron durante su despedida.

martes, noviembre 11, 2025

Los narcos disparan sin mirar

Durante este puente de tres días en la capital se han producido dos operaciones policiales relacionadas con los narcos que han llegado a los medios por la extrema violencia que han desatado. En una, ocurrida en los meandros del Guadalquivir, un policía resultó gravemente herido cuando los delincuentes repelieron el intento de asalto de las autoridades a una nave en la que se almacenaba droga. En otra, en el Casar de Escalona, Toledo, un narco falleció en el enfrentamiento a tiros que se desató cuando las fuerzas del orden acudieron a la vivienda en la que residía, junto con otras personas, para detenerlas por temas de narcotráfico.

Este tipo de acciones, en las que policías y narcos intercambian disparos sin control, se están empezando a convertir en frecuentes, lamentablemente, y tienen mucho que ver con el disparo en todo lo relacionado con la gestión de las drogas que se produce en nuestro país. Si echan un vistazo a las noticias sobre este tema verán que las incautaciones de todo tipo de droga, especialmente hachís, cocaína y químicas, no dejan de crecer y batir récords. Cada vez hay más droga en nuestro entorno, es más accesible y su precio es menor, y eso se debe a varios factores. Por un lado, el consumo ha aumentado en una población que ha perdido en parte el miedo al uso de sustancias de ese tipo, demandas tanto por fines recreativos como, en no pocos casos, medios para sostener un ritmo vital acelerado en extremo. También es verdad que España se ha convertido en una de las principales puertas de acceso de Europa a la droga, cuando era Rotterdam tradicionalmente el punto de entrada de referencia para el continente. Algeciras, el estrecho y, en general, toda la costa sur, son ahora otro referente de una importancia enorme, y desde ahí se dirigen flujos que no sólo abastecen a nuestro país, sino al resto de las naciones de la UE. Otro factor que ha contribuido a inundar de droga Europa y a tirar sus precios es que el consumo en EEUU, especialmente de cocaína, ha caído notablemente, pero no porque los norteamericanos se hayan vuelto más sanos, no, sino por el efecto del fentanilo, que ha copado parte de la clientela adictiva de esa nación y, de paso, se la carga a una velocidad mucho mayor que el resto de sustancias. EEUU ya no es el mercado primordial de la cocaína latinoamericana, y Europa se ha vuelto la joya para los productores, por lo que las operaciones de cruce del Atlántico con mercancía se han disparado, usando para ello todos los medios posibles. Hasta hace no mucho era impensable que submarinos cargados de droga cruzaran los miles de kilómetros que separan las costas americanas y españolas, pero eso empieza a ser algo que ha saltado de la incredulidad a lo convencional. En fin, en un mercado inundado y que consume a espuertas los narcos se han hecho con una cantidad de recursos bárbara, emplean a gran cantidad de personas en todo tipo de trabajos relacionados con la recepción, distribución y gestión de los alijos y sus formas de trabajo se han profesionalizado a la par que su nivel de violencia. El mercado es tan grande que da para muchas bandas, algunas de ellas especializadas en labores muy concretas de todo el proceso, otras de tipo vertical que operan en toda la cadena, desde la llegade los alijos al blanqueo de dinero, y de esta manera se ha creado todo un ecosistema económico y empresarial que, como en el resto de sectores, tiene actores de todo tipo y poder. La rivalidad también se da entre ellos, no sólo los supermercados compiten a la hora de colocar sus productos en el barrio, y los casos de robos, ajustes de cuentas y fenómenos de ese tipo se dan cada vez con más frecuencia, y todo con un enorme nivel de violencia. Los narcos de ahora primero disparan y luego preguntan, y lo hacen con armas automáticas de gran calibre, algunas de corte militar, que no dejan nada vivo sea cual sea la precisión del tirador si este logra impactar en su objetivo.

La policía, jueces y personal especializado en el tema, incluyendo a varios periodistas, llevan tiempo alertando tanto de la creación del ecosistema económico que antes les comentaba, que hace que parte de la sociedad viva de él y lo defienda, como de la falta de medios para enfrentarse a unas bandas que operan no con impunidad, pero sí con una sensación de meter miedo a todo quisqui, también a la policía. Es arriesgado afirmar que zonas como Algeciras o la parte baja del Guadalquivir son territorios fuera de la ley, pero algo de eso hay, y no se pueden escatimar recursos a la hora de dotar a las fuerzas de seguridad de medios para defenderse, atacar y hacer su trabajo. Por lo que parece, el narco tiene ingresos sin límite, y la policía debe escatimar sus medios. Mala combinación.

viernes, noviembre 15, 2024

Millones emparedados

Cuando se descubren tramas corruptas muchas personas que no han estado involucradas en ellas se preguntan el por qué de tanto dinero involucrado, cómo la avaricia puede seguir existiendo en personas que se llevan cientos de miles de euros. La respuesta obvia es que hay deseos humanos que no conocen límites, que una vez que se alcanza un grado se considera lo normal y es necesario escalar al siguiente. El de los cientos de miles, convencido de que eso es lo natural, aspira a la cifra mágica de los millones, y el que en ella ya está escala a la decena, y así hasta las estratosféricas cifras de Elon Musk. Salvo excepciones, la naturaleza humana es así, el corruptor lo sabe y explota.

El caso reciente del jefe de blanqueo de la policía de Madrid esconde todo este tipo de comportamientos y un contexto tan sórdido como paradójico. Que un alto cargo de la policía, encargado del fraude financiero, sea pillado con millones de euros fruto de su corrupción es similar a, no se, que un político tan declaradamente feminista como Errejón fuera descubierto en una faceta de abusador de mujeres, no se si me explico. El sujeto policial escondía unos veinte millones de euros en su casa, emparedados entre los tabiques. Le gustaba el dinero, pero le venían mal los lofts. Enormes cantidades de billetes entre ladrillos y revocos, que sin duda proporcionaban un aislamiento térmico y acústico de primera división. Seguro que había un factor ecosostenible en su actuación que aún no ha sido desvelado, pero que puede llegar a eximirle de alguno de sus delitos. Además, el sujeto guardaba cerca de un millón de euros en billetes en su despacho de trabajo, en la sede de la policía, en la mesa de la oficina. Es de suponer que no en papeles sueltos encima del escritorio, a modo de caramelos golosos, sino a buen recaudo, en algún cajón cerrado con llave. El señor iba a trabajar en coche, que era cambiados cada pocos meses, y con una nivel motorizante de aúpa, en el que los Lamborghinis y otro tipo de vehículos de esos que le gustan a Pedro Sánchez cuando quiere hacer comparativas falaces, se sucedían como en una especie de concesionario. Son buenos coches, se diría así mismo y a sus compañeros, para perseguir a los delincuentes, ya es hora de la que las fuerzas del bien pasen del Dacia o el Renault a un coche de alta gama para que los macarras que se nos escapan sepan lo que es bueno. No descarten que soltase alguna perla por el estilo. No se si el aparcamiento del complejo en el que trabajaba, es un decir, el sujeto detenido es descubierto o subterráneo. De serlo al aire libre debía de ser llamativa la llegada del jefe en un coche llamativo, ruidoso y más bien propio de los sujetos a los que decía perseguir. ¿Nadie de su equipo de trabajo tenía la más mínima sospecha del tren de vida que llevaba su jefe? Lo cierto es que todos trabajan en un sector en el que se investigan delitos, y la sospecha de lo que sucede alrededor es una de las más valiosas herramientas que pueden tener en su profesión. No se, no era una oficina de seguros o una contrata de parques y jardines. A todo esto debemos sumar que la pareja del personaje, también policía, ha sido detenida igualmente, porque ha quedado claro que el hombre emparedante no llevaba una doble vida y no le ocultaba a su mujer lo que servía para decorar el interior de su vivienda y vida. Ambos circulaban en esos ostentosos coches y se beneficiaban de un tren de vida que para sí lo quisiera la Alta Velocidad en época de incidencias constantes. El sujeto acabó ligando y echándose pareja en el trabajo, cosa que no es lo más recomendable, pero decidió compartirlo todo con ella. Era sincero, no le ocultaba nada ni le engañaba, entiéndase que a ella. A todos los demás sí, empezando por sus compañeros, superiores jerárquicos (que no son tantos) y, en general, a la sociedad, que le pagaba el sueldo, más bien la propina, y le respetaba dado el uniforme y placa que portaba. Descubierto el pastel, o el tabique, la vergüenza es absoluta.

Parece bastante claro que este jefe policial era empleado de alto nivel de un cártel de la droga, a los que informaba de las operaciones que se estaban desarrollando y avisaba de posibles redadas, siendo recompensado muy generosamente por parte de los delincuentes con papelitos de colores en cuantía suficiente como para montar un Monopoly. Quién mejor que el responsable de blanqueo de la policía para que sea nuestro hombre, debió pensar la organización traficante en un pensamiento de chulería propio de Bilbao centro. Y el resultado, ahora descubierto, ha debido ser de lo más rentable. Si el policía capullo se ha llevado veinte millones, calculen lo que habrán sacado de beneficio los narcos. En fin, lo de siempre, pero como nunca.

Subo a Elorrio y me cojo tres días de vacaciones. Si sobrevivimos a la vorágine actual, nos leemos el jueves 21. Pásenlo bien.

martes, febrero 13, 2024

El apoyo social al narco

La grabación del asesinato de los guardias civiles de Barbate tiene un enorme valor como prueba documental de los hechos y gran utilidad a la hora de presentar cargos en un juicio, para demostrar la intencionalidad de las muertes causadas, pero el sonido que en ella se escucha tiene un enorme valor por la descripción de los hechos y, sobre todo, por la percepción que de los mismos se tiene en una parte de la sociedad. Los comentaristas que graban la escena desde un lado del puerto, hacen chanzas, oles cuando las narcolanchas torean a las zodiacs de los guardias y, en general, muestran un divertido apoyo a la escena que están contemplando.

Es una obviedad decir que parte de la población de las zonas en las que se trafica con drogas apoya ese negocio ilícito porque se ha convertido en su forma de vida, en una de las industrias locales que genera empleos, crea riqueza y permite ir tirando. El volumen de dinero que mueve el narco y la cantidad de procesos implicados en la gestión de la droga, desde que entra ilegalmente en las costas mediante esas narcolanchas hasta que es consumida por parte del que la adquiere para su goce o necesidad permite crear una estructura de negocios, empleos, jerarquías y flujos de dinero de los que se benefician no pocos, y ese dinero abundante que riega todo el proceso se acaba convirtiendo en demanda de pisos, coches ocio, consumo, etc, como toda entrada monetaria en una economía. No serán pocos los que, trabajando en ese mundo, saben de su ilegalidad, y de los daños que produce el producto que venden a unos consumidores que se están matando con él, pero el negocio es el negocio, y las formas tradicionales de vida pueden ser viables o no, pero en todo caso generan bastante menos ingresos. Cortar los flujos de droga desde un principio es costoso, pero tiene como premio impedir que se cree ese mundo de negocio paralelo que, una vez instalado, resulta mucho más difícil de controlar. Por así decirlo, cortar el césped todos los días es muy pesado, pero tratar de controlar un jardín abandonado en el que las zarzas se han hecho fuertes puede ser imposible. En España ya hemos vivido una situación similar con respecto al mundo de las drogas, que es lo que pasó en Galicia en la década de los noventa y alrededores, cuando clanes como el de los charlines o personajes como Sito Miñanco se convirtieron en celebridades. Controlando el mercado de la droga de manera casi completa, desde la gestión de los pedidos en Latinoamérica hasta el menudeo entre los clientes, esas estructuras se hicieron muy fuertes, económica y mafiosamente, y llegaron a convertirse en poderes fácticos en los territorios donde operaban, y en uno de los principales empleadores de los mismos. No había una demanda social para acabar con ellos, por miedo a las represalias y, también, por el temor al paro y la falta de ingresos si el negocio desaparecía. Fueron las madres de algunos de los engañados que trabajaban en los extremos de ese negocio, que eran los que morían de vez en cuando, y las madres de los hijos que fallecían por las drogas que consumían las que alzaron la voz y empezaron a crear un caldo de protesta social, pero ese mundo de cárteles gallegos sólo pudo ser controlado y debilitado cuando el Estado se puso a trabajar en serio y a distancia, no desde las audiencias provinciales gallegas, donde los tentáculos de la mafia local podían actuar y amedrentar, sino desde Madrid, desde la distancia segura de un mundo ajeno, en lo físico y en lo emocional, a todo aquello. Las bandas gallegas, al contrario que otras mafias, no optaron por una respuesta terrorista ante estos envites de la justicia, y las cosas poco a poco pudieron controlarse. La historia que relata Nacho Carretero en “Fariña” es de una tristeza absoluta, y de un final feliz si como tal entendemos la decadencia del negocio de las drogas en esa región, pero el balance de los años duros de tráfico y consumo es desolador.

Ahora, año 2024, con un consumo de sustancias desatado entre la sociedad europea, con una baja percepción del riesgo de la droga por parte de los ciudadanos y las autoridades, la tecnología por doquier y el acceso online a cualquier tipo de sustancia, el poder de los narcos en el sur de España se ha hecho enorme, y su respeto ante la autoridad ha caído a mínimos. Los Guardias Civiles asesinados el viernes no son los primeros a los que el narco mata en esa zona y, tristemente, no serán los últimos. Faltan medios por doquier, sí, pero sobre todo falta el impulso social necesario para asumir que el problema es gordo, profundo, descontrolado, y que requiere soluciones policías y económicas. Y trabajo, mucho mucho trabajo.

lunes, febrero 12, 2024

Dos asesinatos en Barbate

El vídeo está tomado a distancia, de noche, pero permite hacerse una perfecta idea de la escena sin ver los detalles más cruentos. Se observa cómo, en el agua revuelta, hay un grupo de embarcaciones que se persiguen y bloquean, una más pequeña y otras grandes. En un momento dado, una de las grandes enfila la pequeña y, en la distancia, arremete contra ella con toda la potencia de la que es capaz, que es muchísima, y pasa por encima sin que se perciba un gran temblor en la estructura ni la sensación de haber tenido un impacto. En ese instante dos vidas han sido segadas y otras heridas de diversa gravedad. La embestida ha tenido éxito para su ejecutor.

Esa grabación será una de las principales pruebas de cargo en el juicio que, algún día, se celebrará contra algunos de los que han sido detenidos este fin de semana acusados de esos asesinatos, y quizás sirva para que la condena sea indudable y numerosa en años pero, sin que tenga nada claro cuántos realmente acabarán pasando los culpables en la cárcel, me da que no servirá para resarcir a las familias de los fallecidos, a los compañeros de la Guardia Civil, el cuerpo atacado, ni a los cientos de personas que, desde la más absoluta precariedad, luchan cada día contra las redes de narcotráfico que se están haciendo con parte del control de la costa sur española, subidas a la ola de un consumo de sustancias desaforado en Europa y a los incalculables ingresos que ese negocio produce. Es casi imposible competir con los medios que son capaces de comprar los delincuentes de la droga, cuyas cuentas nada corrientes y disponibilidad de efectivo sin límites les permite adquirir los mejores motores y montarlos en embarcaciones que podrían servir para celebrar premios de Fórmula 1 acuática en las aguas de los países del golfo, con patrocinios carísimos y escenas de acción propias de película. Frente a ellos, las fuerzas de seguridad del estado, voluntariosas, llenas de arrojo y de poco más. Siempre con el presupuesto justo, recortado o, simplemente, inexistente. Con unas zodiac a mano poco mejores de las que puede disponer un puesto de rescate de la Cruz Roja en una playa de veraneo, con algunas patrulleras de elevado porte en el arsenal de efectivos, pero estropeadas como manda la tradición, a buen seguro con reparaciones atrasadas desde hace días, o no pagadas, o incluso no contratadas. En una de las voces de fondo que se escuchan en el vídeo se oye a uno de los que graban decir algo así que mire a los guardias con la mierda con la que van, y el otro le contesta socarrón, “claro, es lo único que tienen”. Desamparados por parte de una jefatura que desea ascender y colgarse galones, y por un Ministerio que está para repartir productividades, cargos y puestos en ceremonias de postín, los guardias se juegan la vida frente a unos profesionales del crimen que les sobrepasan en efectivos, medios y capacidades, y sólo el arrojo de nuestros profesionales es capaz de, parcialmente, detener una ola que no deja de crecer. Pero ya se sabe, de arrojo y heroísmo se llenan bonitas páginas novelescas, pero no se arreglan los problemas. El flujo incesante de dinero riega el campo de Gibraltar, La Línea y otras partes de la costa sur, con ramificaciones extensas en toda la provincia de Cádiz. Una región con una tasa de paro elevadísima, con empleos muy ligados a la temporalidad veraniega y al turismo, que no ven con malos ojos los millones de euros que mueve le porteo de droga, de los cuales unos pocos miles pueden dar para que familias enteras se mantengan todo el año, y frente a ellos unas fuerzas de seguridad que hace tiempo dejaron de imponer el respeto y la ley, porque sus propios superiores ya no saben lo que es eso. Los agentes de la Guardia Civil, Policía Nacional y los dependientes de los municipios de la zona empiezan a estar más preocupados por su propia seguridad que por el trabajo que, en teoría, deben hacer.

Ayer, en el funeral de una de las víctimas, la mujer del guardia asesinado impidió que el ministro grande Marlaska, aquel que debía velar porque a su marido no le faltasen defensas en su labor frente al narco, se colgara la medalla de la imagen pública poniendo un trozo de chapa y tela sobre el cuerpo del difunto. En un acto de valor y coraje propio de una viuda, que deja en mantillas a todo lo que es capaz de hacer un político mediocre metido a alto cargo, esa mujer vengó, a su manera, el honor de su marido, asesinado por los delincuentes del narco, abandonado por sus superiores. Vale más ella que toda la cúpula de Interior, y creo que no hay efectivo de seguridad en este país que no lo tenga así de claro.