Durante este puente de tres días en la capital se han producido dos operaciones policiales relacionadas con los narcos que han llegado a los medios por la extrema violencia que han desatado. En una, ocurrida en los meandros del Guadalquivir, un policía resultó gravemente herido cuando los delincuentes repelieron el intento de asalto de las autoridades a una nave en la que se almacenaba droga. En otra, en el Casar de Escalona, Toledo, un narco falleció en el enfrentamiento a tiros que se desató cuando las fuerzas del orden acudieron a la vivienda en la que residía, junto con otras personas, para detenerlas por temas de narcotráfico.
Este tipo de acciones, en las que policías y narcos intercambian disparos sin control, se están empezando a convertir en frecuentes, lamentablemente, y tienen mucho que ver con el disparo en todo lo relacionado con la gestión de las drogas que se produce en nuestro país. Si echan un vistazo a las noticias sobre este tema verán que las incautaciones de todo tipo de droga, especialmente hachís, cocaína y químicas, no dejan de crecer y batir récords. Cada vez hay más droga en nuestro entorno, es más accesible y su precio es menor, y eso se debe a varios factores. Por un lado, el consumo ha aumentado en una población que ha perdido en parte el miedo al uso de sustancias de ese tipo, demandas tanto por fines recreativos como, en no pocos casos, medios para sostener un ritmo vital acelerado en extremo. También es verdad que España se ha convertido en una de las principales puertas de acceso de Europa a la droga, cuando era Rotterdam tradicionalmente el punto de entrada de referencia para el continente. Algeciras, el estrecho y, en general, toda la costa sur, son ahora otro referente de una importancia enorme, y desde ahí se dirigen flujos que no sólo abastecen a nuestro país, sino al resto de las naciones de la UE. Otro factor que ha contribuido a inundar de droga Europa y a tirar sus precios es que el consumo en EEUU, especialmente de cocaína, ha caído notablemente, pero no porque los norteamericanos se hayan vuelto más sanos, no, sino por el efecto del fentanilo, que ha copado parte de la clientela adictiva de esa nación y, de paso, se la carga a una velocidad mucho mayor que el resto de sustancias. EEUU ya no es el mercado primordial de la cocaína latinoamericana, y Europa se ha vuelto la joya para los productores, por lo que las operaciones de cruce del Atlántico con mercancía se han disparado, usando para ello todos los medios posibles. Hasta hace no mucho era impensable que submarinos cargados de droga cruzaran los miles de kilómetros que separan las costas americanas y españolas, pero eso empieza a ser algo que ha saltado de la incredulidad a lo convencional. En fin, en un mercado inundado y que consume a espuertas los narcos se han hecho con una cantidad de recursos bárbara, emplean a gran cantidad de personas en todo tipo de trabajos relacionados con la recepción, distribución y gestión de los alijos y sus formas de trabajo se han profesionalizado a la par que su nivel de violencia. El mercado es tan grande que da para muchas bandas, algunas de ellas especializadas en labores muy concretas de todo el proceso, otras de tipo vertical que operan en toda la cadena, desde la llegade los alijos al blanqueo de dinero, y de esta manera se ha creado todo un ecosistema económico y empresarial que, como en el resto de sectores, tiene actores de todo tipo y poder. La rivalidad también se da entre ellos, no sólo los supermercados compiten a la hora de colocar sus productos en el barrio, y los casos de robos, ajustes de cuentas y fenómenos de ese tipo se dan cada vez con más frecuencia, y todo con un enorme nivel de violencia. Los narcos de ahora primero disparan y luego preguntan, y lo hacen con armas automáticas de gran calibre, algunas de corte militar, que no dejan nada vivo sea cual sea la precisión del tirador si este logra impactar en su objetivo.
La policía, jueces y personal especializado en el tema, incluyendo a varios periodistas, llevan tiempo alertando tanto de la creación del ecosistema económico que antes les comentaba, que hace que parte de la sociedad viva de él y lo defienda, como de la falta de medios para enfrentarse a unas bandas que operan no con impunidad, pero sí con una sensación de meter miedo a todo quisqui, también a la policía. Es arriesgado afirmar que zonas como Algeciras o la parte baja del Guadalquivir son territorios fuera de la ley, pero algo de eso hay, y no se pueden escatimar recursos a la hora de dotar a las fuerzas de seguridad de medios para defenderse, atacar y hacer su trabajo. Por lo que parece, el narco tiene ingresos sin límite, y la policía debe escatimar sus medios. Mala combinación.
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