Sudán está en medio de África, lo que le otorga el superpoder de la invisibilidad. A nadie le importa lo que allí suceda y conseguir información sobre ese sitio resulta tan peligroso como inútil, porque apenas nadie la compra. En Sudán se desarrolla una guerra civil desde hace unos pocos años tras el golpe militar que derrocó un intento de gestión del poder por parte de civiles. A los uniformados no les hizo gracia semejante atrevimiento de la población del país y determinaron que ellos eran los que tenían derecho a gobernar. Tras la llegada al poder de los militares hubo un pequeño tiempo de tranquilidad que se rompió con el alzamiento de un grupo paramilitar que fue el germen de la guerra que ahora se vive en aquella nación.
Los levantados en armas responden a la denominación de Fuerzas de Acción Rápida, RSF en inglés, y son una milicia de corte suní que pretende derrocar al gobierno militar que rige en Jartum para imponer su propio mando de violencia y, en este caso, aderezo islamista. Tras el inicio de los combates, centrados en la capital, la violencia se ha extendido por amplias zonas del país, y los combates han ido teniendo una intensidad variable en función de los suministros de armas, de la climatología local (en gran parte Sudán es un lugar árido y hostil) y la capacidad de movilización de ambas partes. Al régimen que controla el gobierno lo apoyan naciones como Turquía o Rusia, mientras que a la milicia RSF le suministra material UAE, los emiratos del golfo, Dubai, Abu Dabi y compañía. El poder de las RSF se ha ido incrementando con el tiempo y la situación, que en un principio parecía estar dominada por el régimen, ha ido derivando a un escenario de tablas en el que el territorio del país está parcelado, con zonas dominadas por unos y por otros. Sudán ha conseguido hacerse un pequeño hueco en los informativos internacionales, olvídense de los nuestros, debido a la toma por parte de las RSF de la localidad de Al Fasher, en la provincia de Darfur, y si ha logrado cierta atención mediática no se debe tanto al hecho mismo de la conquista como la salvajada con la que las RSF han actuado. Al Fasher tiene una población del entorno de las doscientas mil personas, o esos eran los datos más actualizados. Tras un asedio de corte medieval en el que las RSF no han dudado en usar el hambre como una de sus armas, la localidad ha caído y la irrupción de la milicia ha ido seguida de escenas de cacería humana sin límite. Hay fuentes que cifran en el millar los asesinados diarios que las RSF han causado en la población de la ciudad, y han circulado por las redes vídeos grabados por los propios milicianos en los que se ven convoyes de coches de los enemigos, de las fuerzas gubernamentales, embolsados y quemados, pudiéndose distinguir sin gran esfuerzo los restos de decenas de personas que fueron abrasadas en el interior de esos vehículos sin piedad alguna. La acción militar ha dado paso directamente a la venganza y al exterminio, en un movimiento en el que no se ha respetado derecho alguno de ninguno de los involucrados en la contienda, ni de las fuerzas gubernamentales ni de los civiles. Los que no han huido de Al Fasher o están muertos o viven en una ciudad sometida a un régimen de terror difícil de imaginar. Algunos de los pocos que han podido informar de lo que allí pasa, y han conseguido ser escuchados, relatan escenas que cuadran bastante con el concepto de genocidio, tan usado recientemente en el caso de la cruel guerra de Gaza. La diferencia fundamental entre ambos casos es la asimétrica atención internacional a lo que sucede en los dos escenarios de dolor, así como la evidente rentabilidad política de uno de ellos para ser utilizado y la indiferencia absoluta que provoca el segundo en una opinión pública, la nuestra, la occidental, que no tiene ni muy claro que es Sudán si se le pregunta. Ahora mismo esa guerra es, probablemente, la más cruel de las que se desarrollan en todo el mundo, la que más gente mata, en la que más depravación se produce.
¿Qué se puede hacer para frenarla? La verdad, creo, nada. Las imágenes que se han podido ver de lo sucedido en Al Fasher han conmovido a algunos en occidente y se han lanzado mensajes dirigidos a UAE para que frene su apoyo a las RSF, como vía para lograr una situación de estancamiento en los frentes, pero la verdad es que son pocas las voces con peso que tienen su mirada puesta en esa parte del mundo. No consta que Sudán exista para la administración Trump y que de ahí pueda sacar tajada de alguna manera, y las comunidades sudanesas en occidente son escasas y carecen de poder efectivo. Es probable que volvamos a oír algo desde allí cuando otra atrocidad imposible de ocultar surja esporádicamente en los medios. Lo demás, vacío, dolor e indiferencia global.
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