¿Se imaginan que Ayuso pidiera que se hiciese pública la nacionalidad de las personas detenidas por la policía por la comisión de delitos? No tardaría mucho el movimiento de opinión sincronizada alentado desde Moncloa en lanzarse contra ella acusándola de racista, y con un cierto grado de razón, al querer usar esos datos para alentar la idea de que son “los de fuera” los que cometen los delitos y eso justifica políticas antiinmigratorias duras, discurso que es defendido con poco disimulo y mucha hipocresía por Vox, y genera arrastre en otros partidos y organizaciones sociales.
Pues bien, ha sido el muy derechista PNV el que ha decidido hacerlo, ordenando a la Ertzaina la publicación de esos datos. Como el PNV es nacionalista y socio del gobierno tiene bula para hacer lo que quiera, aunque ideológicamente sea de lo más carca, y apenas se ha visto revuelo por parte de esa sincronizada, que ataca con precisión y se queda quieta indolente en función de la orden que se dicte desde el despacho de Sánchez. Sí, crisis es una palabra demasiado suave para definir el hundimiento de lo que se llamó periodismo. La cuestión es que esos datos, así, en bruto, refuerzan la idea de que sí son los inmigrantes, los no europeos para más señas, los que cometen el mayor número de delitos, destacando los de origen latinoamericano y magrebí. Eso es miel para los oídos de los que defienden los argumentos voxeros, y seguramente así serán utilizados. De hecho el PNV lo hace precisamente para captar votos en ese espectro, el de aquellos que buscan la seguridad, frente a la posición tibia que en este asunto tiene Bildu, su gran rival local. El problema de los datos que se han conocido es que son así, en bruto, y que un estudio adecuado de la sociedad permite ver que las cosas son un poco más complicadas. Es normal que los inmigrantes cometan más delitos desde tres puntos de vista. Uno, muchos se encuentran en una situación de desarraigo, desubicados, y la posibilidad de cometer errores en una sociedad que no es la tuya y no entiendes crece. Dos, por lo general, tienen unos ingresos mucho más bajos, porque la mayoría de los que trabajan desempeñan los puestos que el resto de la población no quiere, por lo que viven cerca de la precariedad, y los que no trabajan ni les cuento, y la correlación entre delincuencia convencional y renta es bastante alta, e inversamente proporcional a los ingresos regulares. El tercer punto, que puede resultar chocantes, es que cometen más delitos las personas jóvenes que las mayores, la adolescencia y juventud son épocas de riesgo, de sobrevalorar las capacidades propias, y en esas franjas de edad los inmigrantes son, en muchos casos, tantos o más que los nacidos de familias autóctonas, y esa sobrerepresentación en ese espectro genera que los datos agregados de los que cometen delitos les haga parecer que son muchos más. Si se hace un estudio un poco serio se verá que son estos factores los que explican gran parte de los datos, y rompen en gran medida la ecuación de inmigrante delincuente versus pacífico nacional. Las cosas no son tan simples. ¿Significa eso que debemos adaptar la ley para beneficiarles? No, la ley debe ser igual para todos, y si se comete un delito me da igual quién haya sido, sus apellidos, su origen o el Dios en el que cree o abandonó. La ley debe ser ciega, como se le representa, y tratar a todos por igual, y las normas son comunes. No debe castigarse de más a una persona por ser extranjera si se le pilla delinquiendo ni se le debe defender ante el mal que ha hecho alegando que es de fuera. No, debemos ser ecuánimes. Publicar esos datos busca lo que busca, que no es arreglar el problema de la inseguridad, sino captar algunos votos que ven en ella, en la inseguridad, un factor muy importante para decidir a quién escoger en unas elecciones.
De hecho, sino fuera trágico, daría mucha risa que fuera precisamente en el País Vasco donde se centre este debate, dado que ha sido el lugar de nacimiento de la mayor y más sanguinaria banda terrorista de nuestra época, ETA, formada toda ella por autóctonos muy autóctonos, y que ahora mismo algunos de los nostálgicos de las capuchas y la extorsión tratan de reanimar una especie de Kale Borroka 2.0 enmarcada en la ideología de extrema izquierda que abanderan grupos como GKS. Esos, que son muy muy muy de aquí, dan miedo, generan inseguridad, amenazan, destrozan cosas, se enfrentan a la Ertzaina, y no consta que allá inmigrantes en sus filas. Mal nacidos hay en todas partes, nos guste o no.
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