martes, noviembre 18, 2025

Zelensky visita hoy España

Hoy Zelensky está en España, en la tercera y última parada de una pequeña gira europea en la que el presidente ucraniano está firmando acuerdos de suministros necesarios para el mantenimiento de la guerra. En Grecia, primera parada, ha suscrito un compromiso para adquirir gas y en Francia, segunda etapa, acordó ayer la compra de, entre otras cosas, un centenar de aviones de combate Rafalle, para fortalecer las capacidades aéreas tripuladas ucranianas, que son realmente débiles. Tengo serias duras de cómo se va a financiar esa compra por parte de las arruinadas arcas de Kiev.

En su estancia de hoy nuestro gobierno puede ofrecer suministros bélicos limitados y tampoco mucho más, quizás líneas de crédito para financiar compras de terceros países, y apoyo moral, que siempre viene bien, pero no sirve para que los enemigos huyan. La situación en el frente y, en general, en Ucrania, no es positiva que digamos. De camino al cuarto invierno de combates las tropas rusas siguen avanzando, despacio, pero lo hacen, en el frente del Dombás, y la localidad de Pokrovsk se encuentra casi rodeada por todos sus flancos, por lo que su caída se espera si no sucede algo sorprendente. Los ataques con drones son casi constantes en la zona de combates y en muchas localidades del conjunto del país. No son ataques que permitan ganar una guerra como tal, pero sí generan heridas que minan la solidez moral de una nación que ve como Rusia no cesa en su ataque y las respuestas de apoyo occidentales se debilitan. La economía rusa, tocada pero no hundida, es capaz de fabricar los cientos de drones que diariamente se lanzan sobre Ucrania y posiblemente pueda escalar aún más su producción en los próximos meses. Los daños que Kiev logra producir en la infraestructura económica rusa, principalmente mediante ataques a las refinerías y otras industrias similares, demuestran la inutilidad con la que Moscú gestiona su espacio aéreo, un coladero en el que no parece haber tecnología alguna de seguimiento, y ocasiones rupturas de stock en suministros tan elementales como la gasolina, lo que notan los ciudadanos rusos de a pie. Se han visto colas en estaciones de servicio en Moscú y otras ciudades mientras el gobierno sigue hablando de esa operación militar especial que se prolonga sine die. Nuevamente, Kiev no ganará su enfrentamiento de esa manera, pero al menos hará ver que mantiene la voluntad de lucha y es capaz de humillar a un enemigo tan poderoso, que muestra debilidades impropias. En todo caso, son cientos las personas que mueren o resultan heridas cada día en el frente, en ambos bandos, y la sangría continúa. Mantener esas tropas de combate empieza a ser cada vez más complicado para Kiev, dada su menor población frente a la rusa y la incipiente desmovilización que se ve por parte de capas de una sociedad que se está hartando de una guerra a la que no ve salida. Ucrania pasa por momentos de euforia y depresión, en función del éxito de sus ataques y el daño que sufre a manos de Moscú, pero ese sube y baja constante no es muy sostenible en el tiempo, y el que la situación en el este empeore, aunque sea a la ridícula velocidad de avance a la que actúan las tropas risas, mina toda esperanza. En el frente interno también siguen, y crecen, los casos de corrupción en el entorno del gobierno, que atacan directamente a la figura de Zelensky. Destituciones y ceses que, emprendidos por él, apenas logran atajar uno de los males endémicos del país y que ahora mismo más daño puede hacer a la moral de combate de los soldados y a la esperanza de un pueblo acosado. Pintan bastos para Kiev. Zelensky bien lo sabe.

El mayor de los bastos, sin embargo, no es todo lo anterior, sino Trump. El efecto más práctico de su política de contemplación, cuando no amiguismo con Putin, es el del agotamiento de los suministros militares norteamericanos, y la necesidad de que una Europa que no es capaz de producirlos pueda suplir esas carencias. Eso es de lo que más agobia a Zelensky, que sabe que cuenta con el apoyo, comprensión y respaldo financiero de la UE, pero que necesita armas, municiones, equipamientos físicos, de los que empieza a estar corto. Sin ese flujo de material de guerra Ucrania ira perdiendo fuerza en su resistencia. Putin sabe que, por ahora, el tiempo no corre en su contra, y no va a cesar sus ataques.

No hay comentarios: