miércoles, noviembre 12, 2025

Crisis en la BBC

A ver si puedo dedicarle un par de días a escribir sobre la BBC y la profunda crisis que viven los medios en España, una vez que han abandonado el periodismo por el activismo. Hoy quiero centrarme en la cadena británica, probablemente la televisión más prestigiosa del mundo, que ha visto como algunos de sus mayores ejecutivos han dimitido tras haberse probado la manipulación de algunos reportajes que afectaban a Donald Trump, concretamente sus declaraciones en el aciago día del asalto al Capitolio en 2021. Otras coberturas también estaban en cuestión, y siendo investigadas, pero en esa en concreto se ha visto que la mala praxis era deliberada, y eso ha originado el escándalo.

La BBC, como es habitual en las corporaciones públicas de comunicación, tiene un consejo rector en el que participan tanto periodistas de la casa como representantes de las fuerzas políticas del país del que se trate. Este consejo toma decisiones editoriales, realiza nombramientos, aprueba contratos para la realización de programas concretos, etc, y debe velar por los principios que guían a la entidad. En este caso, la información, la veracidad y el rigor, siendo la audiencia algo positivo si se logra, pero no un determinante. No vale todo por conseguir espectadores en un medio público, porque su finalidad no es la de competir en el mercado publicitario en el que viven las televisiones comerciales, sino la de realizar funciones que, por su coste, su carácter de audiencia minoritaria, su valor social y cultural, sean dignas de hacerse, aunque no generen rentabilidad. Por ello, se entiende que la financiación de una entidad de este tipo se haga mediante aportaciones públicas, salidas de los presupuestos que financia el ciudadano y las empresas con los impuestos que aportan al Tesoro Público. Además, en Reino Unido, existe una cuota que los particulares deben abonar si quieren tener acceso a la emisión, algo así como una pago por uso, supongo que será similar a lo que tenemos aquí para contratar plataformas privadas de televisión. El contribuyente paga el coste de la emisión y, a cambio, la corporación se compromete a mantener unos estándares de calidad y servicio. Si la segunda parte de la ecuación se rompe, y las emisiones no son acordes a lo debido, ¿por qué se debe pagar por ello? Esta pregunta, que es bastante profunda, va más allá de la ideología del ciudadano, que puede ser de lo más diversa, y que a veces será satisfecha por lo que ve en el canal público y a veces no. La pregunta tiene todo su sentido cuando el canal público estafa, es decir, vende un compromiso que no cumple. Para lo que es habitual en España, lo que está causando problemas a la BBC en Reino Unido es una cosa que pasaría desapercibida en el lodazal que son nuestros canales públicos, pero allí aún hay profesionales y directivos de medios que se creen lo que rezan los estatutos y compromisos de la corporación, y por ello, el que se haya detectado una manipulación es un tema muy grave. El máximo directivo de la cadena, que ha dimitido, llegó a la misma con el anterior gobierno conservador y lleva, por tanto, año y medio en el cargo con un gobierno laborista, situación que sería impensable entre nosotros, pero que allí es de lo más habitual. El escándalo ha surgido por que un organismo interno de control y verificación de la cadena ha emprendido una investigación y ha encontrado pruebas que den soporte a las acusaciones de manipulación. Es decir, el fallo interno ha sido detectado por los procedimientos internos creados para ello, y para perseguirlo. Ha habido un error consciente y el sistema lo ha detectado, aireado y depurado. En este sentido la BBC ha demostrado ser eficiente, y justa, porque podría haberse dado una situación, nada difícil de imaginar, en la que la falla, conocida, se tratara de ocultar de una u otra manera, aunando al error de manipulación el de la corrupción interna, pero no ha sucedido nada de eso. Y es meritorio reconocerlo.

Los profesionales de la BBC saben que su prestigio radica tanto en la calidad individual de su trabajo como en la seriedad con la que la corporación defienda sus valores de rigor, y más en un mundo de desinformación, propaganda y ruido. Es inevitable que haya algunos trabajadores que no cumplan con lo debido, no está el mundo hecho de mármol, sino de personas, pero la velocidad con la que la corporación sea capaz de gestionar este escándalo determinará mucho de su impacto. Los ceses acelerados, las dimisiones, el no ocultamiento, afrontar el error y pedir disculpas es el camino más seguro para acabar haciéndolo bien. Y, otra vez, la BBC ha dado una lección en este sentido.

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