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miércoles, mayo 07, 2025

Merz, un canciller debilitado

Ayer tuvo lugar el cónclave, por usar una metáfora apropiada al momento, del parlamento alemán, sesión de investidura para escoger al canciller federal. La previsión era que, tras el acuerdo firmado entre los conservadores y socialdemócratas, la elección de Merz sería poco más de un trámite, y lo sucedido hizo que el guion se cumpliera en el fondo, pero no en la forma. Sí, Merz salió elegido, pero en la segunda vuelta, tras una sorprendente primera votación en la que alguien que debía votar que sí no lo hizo, y propició la derrota del candidato. El voto allí para esa sesión es secreto, por lo que no se sabe quienes alteraron su compromiso, pero se supone que serán del SPD.

Lo que pasó ayer muestra que, aunque Alemania tiene nuevo gobierno, nace con debilidad manifiesta, y eso ya es una mala noticia para una UE sumida en problemas existenciales. Tras la marcha del Reino Unido, los cuatro grandes países de la unión afrontan serios problemas internos que lastran el proyecto compartido. Italia y España, naciones de segunda, no pintan mucho (bueno, nosotros ni existimos en la práctica) y son Francia y Alemania las que deciden, impulsan y dan consistencia a la Unión. En Francia sigue la división interna en la sociedad, y el gobierno del primer ministro hace poca cosa porque su apoyo parlamentario es el que es, y sólo la figura de Macron, un presidente que, constitucionalmente, es un monarca poderoso, logra que el país tenga una representatividad internacional, que de hecho es mucho mayor de la que sus propias capacidades le otorgan. En Alemania la situación es algo mejor tras el acuerdo de gran coalición, pero los retos son enormes, y lo que pasó ayer me da mala espina. En economía Merz tiene a un país anclado en el estancamiento, sometido a grandes costes energéticos, golpeado por la competitividad de los productos tecnológicos chinos (los coches, sin ir más lejos) y recibiendo palos constantes de las decisiones arancelarias de Trump. Todo está confabulado contra el diseño de la actual estructura económica alemana, y así van los datos, con un país que no crece desde el Covid y presenta grietas profundas en muchos de sus sectores estratégicos. La necesidad de reformas es imperiosa, tanto para modernizar algunos aspectos de la nación, lo que significa grandes inversiones, como para alentar el desarrollo económico, fomentando la competitividad, como para espolear sectores punteros que en el tiempo presente son de primera necesidad, como todo lo que tiene que ver con defensa. Mer debe organizar una política económica de gasto público expansivo en ciertos aspectos y liberal desregulatoria en otros, lo que le va a complicar mucho sus apoyos. Si bien para lo primero es probable que no tenga muchas dificultades, lo segundo va a suponer rebeliones en el apoyo parlamentario, como la vista ya ayer, por lo que es probable que gran parte del programa liberal que llevaba como mantra en su campaña naufrague a la hora de traducirlo en normas federales. Eso será malo para una Alemania que necesita el crecimiento como aire para respirar. En parte, no sólo por ello, pero sí muy influenciada, el auge que vive el movimiento extremista AfD, al que las encuestas ya sitúan como primera formación en intención de voto, se da en una nación en la que el orgullo económico de antaño se muestra herido, y con una ciudadanía que ve como los salarios crecen menos que los precios y que la senda de prosperidad creciente que ha caracterizado décadas y décadas en el país parece haberse topado contra un muro. El mundo se ha complicado mucho, y la estrategia alemana de tejer alianzas comerciales fiables con socios de todo tipo para tratar de sacar margen gracias a sus empresas punteras choca frente a un escenario de partición, de bloques, de recelos entre grandes potencias. Alemania carece de poder duro, de influencia geopolítica, su atractivo es su tecnología, sus marcas, su industria, su fiabilidad, y eso, en los tiempos actuales, no basta.

La alternativa sencilla que algunos han propuesto, derivar el esfuerzo del complejo automovilístico hacia el militar, no es tan sencilla como suena, porque son sectores de requerimientos muy distintos y de mercados opuestos (de hecho, lo militar no tiene “mercado” porque son los estados los que lo demandan y pagan con el presupuesto, no los ciudadanos o empresas). Vamos a ver lo que sucede, pero para el desarrollo y estabilidad de la UE es condición necesaria que Alemania funcione bien. Ojalá sean capaces de enderezarla.

lunes, febrero 24, 2025

Merz gana en Alemania

No ha habido granes sorpresas en el escrutinio de las elecciones alemanas anticipadas celebradas ayer. El orden de los partidos, en función de sus resultados, ha sido el predicho, y si acaso la victoria de los conservadores de la CDU ha sido un poco menos holgada, en porcentaje de voto, y el disparo de los ultras de AfD mayor, pero las posiciones de ambos, y la dimensión de la debacle socialdemócrata, han entrado dentro de lo estimado. Parece que finalmente los números van a dar para que una unión entre conservadores y socialdemócratas tenga la mayoría absoluta necesaria para gobernar sin problemas, y los verdes no serían necesarios. Más sencilla una gran coalición que un tripartito, visto la experiencia del último.

Merz dijo varias cosas ayer por la noche, y al menos en dos de ellas tenía bastante razón. Una, la premura que hay a la hora de alcanzar acuerdos de gobiernos, “porque nadie va a esperar a Alemania” en un reconocimiento explícito de que el contexto global avanza por un camino en el que el que fue durante tiempo el regente de la UE pinta cada vez menos. Esa asunción es positiva, porque sirve para recolocarnos a todos ante el escenario que se nos presenta, ya que si Alemania se siente acosada y prescindible, qué pueden esperar naciones de medio pelo como la nuestra. La otra declaración positiva es la de que la UE, bajo el nuevo impulso alemán, debe buscar una independencia estratégica de EEUU, que se ha mostrado como un socio no fiable, más bien como un socio regido por una administración desleal y desquiciada. La entente franco alemana, condición necesaria para que la UE haga algo en cualquier tema, lleva un tiempo paralizada a cuenta de los problemas políticos en ambos países, y sería muy conveniente que, tras la recomposición de un gobierno estable en Berlín, esas dos naciones volvieran a trabajar al unísono a la búsqueda de un camino de supervivencia. En este caso se van a ver apoyadas por un socio no previsto, Reino Unido, que se ha quedado completamente colgado tras el error del brexit y al legada al poder en Washington de traidores a la idea del vínculo trasatlántico. Los tres países son la condición necesaria para que Europa sea capaz de tomar decisiones valientes, y pueden constituir el núcleo que adopte algunas de ellas, en una versión extrema de lo que se llamó cooperaciones reforzadas en el pasado, de tal manera que otras naciones, si quieren, les acompañen, y de esta manera se pueda eludir el veto de países pro trumpistas y pro putinescos, que tanto monta monta tanto. Merz sabe que en Alemania el sentimiento a favor de Ucrania ha decaído y que el peso que formaciones como AfD o Die Linke, extremistas pero muy alineados en su apoyo a Moscú, es relevante. Aunque se pueda mantener un cordón sanitario efectivo en la cancillería y en el parlamento federal a las iniciativas de la extrema derecha, el resultado de AfD es grave, y tarde o temprano, en alguna de esas elecciones regionales que se dan regularmente a lo largo del país, AfD acabará ganando y, quizás, logrando alcanzar el poder. El estancamiento económico que vive Alemania, la gestión de la seguridad, sometida a periódicos ataques de tinte islamófobo, y la ola exterior que va a causar inestabilidades y subidas de precios son el caldo de cultivo perfecto para que la rabia que se ha canalizado en el país en forma de partidos ultras siga siendo fuerte. Por eso el nuevo gobierno debe tratar de conseguir rápidamente un cambio en la percepción de la población alemana, que parece estar mayoritariamente en shock ante el contexto global y la recesión. El trabajo es, por tanto, enorme, difícil y sin garantía de éxito. Y Alemania, por su situación en el centro este de Europa, notará en primera fila las consecuencias de lo que pueda ser un pacto de derrota de Ucrania en la guerra, impuesto por el mal aliado de Washington. Ahí Merz, sospecho, sólo podrá estar como espectador, al igual que el resto de los europeos.

De los resultados de ayer da mucho que pensar que, mientras el votante de mayor edad se ha decantado por formaciones clásicas (CDU y SPD principalmente) AfD y Die Linke, extremistas de derecha e izquierda, arrasan entre el voto joven, que no tiene recuerdo alguno del pasado del país y se informa por canales alternativos en la red, pasando de los medios convencionales. Es normal que la protesta se de en la juventud, pero que adopte formas políticas totalitarias resulta llamativo y, si, preocupante. El ruido de fondo del extremismo sigue agitado en Europa, y la incapacidad de las formaciones tradicionales para combatirlo se mantiene. Mala combinación.

lunes, diciembre 23, 2024

Alemania en crisis total

No era mi idea la de acabar el año comentando malas noticias, pero la actualidad manda, y este fin de semana se ha vuelto a centrar en Alemania. Si 2024 ha sido un año para olvidar en varios lugares, uno de ellos es Germania, que lleva un tiempo atravesando un serio bache. Este ha sido el año del total estancamiento económico, el de la declaración de emergencia competitiva por parte de muchos de sus sectores y el primero, desde que se creo la empresa, en el que Volkswagen anuncia el cierre de una planta en suelo nacional, algo traumático para una nación en la que la industria es tan determinante y genera ingresos ingentes, con marcas globales. Toda esa estructura económica se encuentra en crisis.

El viernes noche, en Magdeburgo, localidad del este del país, un descerebrado arremetió con un BMW cargado a toda velocidad contra la multitud congregada en uno de los típicos mercadillos navideños que tanta fama tienen en el norte de Europa. El balance de víctimas aún es provisional, pero se sitúa en los cinco fallecidos y cerca de dos centenares de heridos de diversa graduación, desde los leves hasta los casi terminales. El modus operandi de la acción es plenamente islamista, por lo que la posibilidad de estar ante un atentado de ese tipo se abrió paso a las pocas horas, a pesar de la escasa información conocida. Al saberse que el autor era un médico saudí de cincuenta años, que llevaba ya varios residiendo en Alemania, el origen yihadista del acto se vio reafirmado. El atacante pudo ser detenido, y eso hacía suponer que en breve se sabrían perfectamente los detalles de la acción y si había contado con ayuda de algún tipo a la hora de llevar a cabo su ataque, pero lo que vino después ha generado una enorme confusión y puesto patas arriba la mayor parte de hipótesis. Resulta que el atacante es islamófobo, huyó de Arabia Saudí para escapar de la teocracia suní que reina en esa nación, adjura del islam y en muchos de los escritos que se le han encontrado resulta que era más bien partidario de las tesis de AfD, la formación de extrema derecha germana. De hecho criticaba con fuerza las posiciones del gobierno socialdemócrata de Scholtz, al que acusaba de no perseguir el integrismo y de colaborar para que el islam se asentase en Alemania. Un perfil anómalo por completo, que ha dejado a todo el mundo asombrado. Y aún así, el personaje realiza un acto terrorista vil y despiadado, con la forma y sello de cualquier acción que hubiera sido alabada por el DAESH u otras organizaciones integristas. ¿Ustedes lo entienden? Yo no, y creo que casi nadie. A lo largo del fin de semana se ha sabido que las autoridades saudíes habían alertado alguna vez a la inteligencia alemana del proceso de radicalización que había sufrido este sujeto, por el contenido de los mensajes que colgaba, radicalización a la inversa si se quiere, pero con aires de violencia explícita y amenazas, y pese a ello no consta que la policía alemana hubiera hecho mucho para tenerlo controlado. Esto ha desatado una nueva tormenta política en el país, con un gobierno ya en retirada, a dos meses de las elecciones, y con el tema de la inmigración nuevamente puesto sobre la mesa, lo que es gasolina para una formación extremista como AfD que, según todas las encuestas, puede alcanzar el segundo puesto en los comicios de febrero. Tardaremos en saber si realmente el sujeto detenido realmente se había ido al otro lado de la psicosis o, como algunos señalan, todo es una táctica para enmascarar su auténtica creencia, la yihadista, usando el mensaje radical de extrema derecha para pasar desapercibido y no ser investigado por las fuerzas y cuerpos de seguridad. En todo caso, la tragedia ha conmocionado al país, a pocos días de Navidad, ha segado vidas inocentes, y ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de la seguridad de los eventos públicos, el por qué allí no hay bolardos u otros obstáculos que impidan actos como ese, que sen España se pusieron desde los atentados de Niza y berlín, Berlín, en 2016.

Para una Europa que se encuentra ante retos existenciales de todo orden, lo que pase en Alemania es determinante. Hasta ahora, con mayor o menor impulso, la estabilidad en ese país ha sido como una constante en el panorama continental y global, y eso puede empezar a desvanecerse dentro de, exactamente, dos meses, cuando el 23F se vote allí. Trump ya llevará un mes de presidencia y lo que haya decidido sobre aranceles y Ucrania tendrá un evidente impacto en esas elecciones. Los desquiciados mensajes de un cada vez más irracional Musk apoyando directamente a AfD no auguran nada bueno. Crucemos los dedos y que Alemania logre salir de sus problemas, nos vienen bien a todos que así sea.

Si no pasa nada raro, este es el último artículo del año. Subo a Elorrio por navidades. Pásenlo genial con los suyos y que el nuevo 2025 les traiga todo lo bueno que desean. Nos leemos el viernes 3 de enero, salvo sorpresas.

lunes, noviembre 11, 2024

Crisis seria en Alemania

El sábado 9, festividad local en Madrid de la Almudena, se conmemoraba el treinta y cinco aniversario de la caída del muro de Berlín, lo que fue el inicio del derrumbe de la dictadura soviética y la apertura de las naciones del este de Europa a un futuro desconocido para ellas, en forma de libertad y competencia económica. Quizás ahí se abrió uno de los momentos más optimistas y esperanzadores de este continente en mucho tiempo, especialmente en la propia Alemania, que pudo por fin empezar a afrontar su proceso de reunificación, tras la separación que supuso el fin de la IIGM y la guerra fría entre el bloque occidental y el soviético.

Hoy esa Alemania unida, el más poblado y más potente país de la UE, afronta una crisis seria, que se extiende por todas las estructuras de la nación, y que se ve reflejada perfectamente en los datos económicos y en su situación política. La economía alemana lleva tiempo tocada, no ha salido de la pandemia como se esperaba y, tras el inicio de la guerra de Ucrania, ha descubierto con horror el inmenso error que fue confiar en el aliado ruso y ponerse en sus manos a la hora de diseñar su estructura energética. La decisión propia de cerrar las centrales nucleares ha sido un clavo más en la estrategia de la no competitividad energética que lastra los costes de las empresas germanas. China y su coche eléctrico también están haciendo un daño enorme a lo que antaño fue la más pujante industria de Europa, la del coche alemán, sumida ahora en enormes problemas estructurales. La decisión de Volkswagen de, por primera vez en su larga historia, cerrar plantas en suelo alemán, en medio de una bajade ventas de sus modelos térmicos puros, es la señal de que las cosas por allí van realmente mal. Trimestres de crecimientos anémicos y bajadas nimias llevan al país a bordear las recesiones o salir de ellas en un perfil que es similar al de un enfermo necesitado de suero, reposo e inmovilización. En lo político, el gobierno que surgió tras las elecciones de 2021 ha resultado ser débil y lleno de contradicciones La coalición llamada semáforo, entre los rojos del SPD, los amarillos liberales y los verdes ecologistas ha resultado ser bastante disfuncional, y presidida por un canciller, Scholtz, que ha demostrado ser un personaje frío, carente de fuerza y gris hasta el hartazgo. En cada una de las elecciones regionales los socialdemócratas se han pegado grandes batacazos, sólo superados por los descalabros de los liberales y los tristes resultados de los verdes. Los conservadores de toda la vida de la CDU, el partido de Merkel, han ido subiendo poco a poco en voto, pero los grandes ganadores en cada comicio han sido los extremos de izquierdas y derechas, que suben como la espuma en medio de un descontento social creciente, con la economía como principal fuente de inquietud. Las tensiones en la coalición de gobierno han ido creciendo a cada una de esas elecciones locales han las que ha recibido palos y palazos y, finalmente, el miércoles pasado, en medio de la conmoción por la victoria de Trump, Scholtz anunció que prescindía de los ministros liberales, dando por rota la coalición. La intención del canciller es la de presentar una moción de confianza en breve, se discute si antes o después de las navidades, y la sensación es que, con elevadas probabilidades de no superarla, se produzca un adelanto electoral. Inicialmente las federales estaban previstas para otoño, pero ya no será así. Se baraja un calendario que va desde febrero hasta Semana Santa, que cae a mediados de abril en el próximo año, condicionado a la fecha en la que se produzca la citada moción de confianza. En el ánimo de Scholtz estaba, la semana pasada, atrasar todo esto lo más posible, pero me da que ya no controla los tiempos.

En definitiva, que tenemos ahora mismo a Alemania paralizada en lo económico y bloqueada en lo político. La posibilidad de que, de las elecciones, surja un parlamento fragmentado y con gran peso de las formaciones extremistas resulta inquietante, y que la gobernabilidad misma del país se deslice por el camino del desacuerdo y la brevedad de ejecutivos inquieta a propios y extraños. En este momento, a dos meses de la toma legal del poder por parte de Trump, con el evidente riesgo de que el socio trasatlántico nos de la espalda, los dos grandes países de la UE, Francia y Alemania, están sumidos en un marasmo total. Algo malo en el peor momento posible.

viernes, agosto 30, 2024

Inmigración y Alemania

Este domingo se celebran elecciones en dos estados federados alemanes, Sajonia y Turingia, en los que la ultraderecha de AfD tiene muchas opciones de ser la fuerza más votada entre todas las que se presentan. Justo una semana antes, el pasado sábado, se producía un ataque yihadista en Solingen, otra localidad alemana, en la que un sirio refugiado y radicalizado atacó con cuchillos a la multitud que acudía a un festival musical en el que se conmemoraba un aniversario redondo de la fundación de la localidad. El maldito estado islámico se atribuyó la autoría del ataque y el detenido, pillado un par de días después de los hechos, lo ratificó.

Lo más interesante de este atentado no es tanto la tragedia en sí, o que reaparezca la pesadilla de DAESH, hechos que también son muy destacables, sino que se produjera a una semana de las elecciones, logrando que la inmigración monopolice la campaña y, dado de lo que estamos hablando, favorezca las posiciones de ultraderecha. Los habitantes de Solingen lograron evitar que se produjeran escenas de enfrentamiento como las vividas en Reino Unido hace unas semanas ante un hecho similar en las formas, pero distinto en el fono. Pero ello no ha impedido que AfD capitalice la protesta pública ante un hecho que ha asustado e indignado a los alemanes a partes iguales. El detenido tenía una orden de repatriación en vigor, pero por fallos burocráticos no se había ejecutado y llevaba varios meses en una situación irregular, y conocida. Echar las culpas por ello al estado federal del atentado es una falacia, pero que logra ser vendida entre cierto público, necesitado tanto de explicaciones como de chivo expiatorio al que echarle las culpas de lo que sucede. Por un momento pudiera parecer, siendo uno muy mal pensado, que los organizadores del ataque escogieron no la ciudad, pero sí el momento preciso para sacarle el mayor rédito posible, buscando un endurecimiento del clima contra el inmigrante en Alemania que favorezca su discurso victimista y les sirva para captar más adeptos. Razonar sobre cómo unos criminales fanáticos organizan sus masacres no deja de ser un absurdo, pero la cadena de hechos y consecuencias es sugerente. Por de pronto, el gobierno federal ha empezado por realizar anuncios en los que se promete un endurecimiento de la legislación para agilizar las expulsiones, restringir las entradas y, en definitiva, imponer más mano dura a la llegada de inmigrantes a Alemania, pero eso no creo que sea suficiente para evitar una derrota de los partidos de la coalición de gobierno, ya muy debilitados, en la votación del domingo. Tampoco está nada claro que una victoria de AfD les permita alcanzar el gobierno regional, y desde luego es absurdo pensar que desde esa responsabilidad administrativa, si llegaran a lograrla, serían capaces de resolver el problema de seguridad que ciertos colectivos de inmigrantes suponen. AfD es populismo radical de derechas, tira de un recetario de corte cutre, duro, lo opuesto al buenismo de izquierdas en este tema, y que es tan poco práctico y resolutivo como la posición de no hacer nada, o de facilitarlo todo, que venden los partidos llamados progresistas. Tanto en Alemania como aquí la inmigración es un problema complicado, que se desarrolla de manera distinta en cada nación por las particularidades propias y por la tipología de inmigrantes que recibe, y que debe ser abordado de una manera integral, seria, responsable y de largo plazo, y con un mantra común. Da igual la procedencia de la persona, sea nacional o extranjera debe cumplir la ley, y ser castigada si no lo hace. Sólo con esa idea de fondo se puede empezar a articular una política de inmigración seria, adaptada en cada caso a lo que corresponda. Huelga decir que AfD no tiene nada de eso en mente, sólo vísceras y oportunismo.

A este tema de fondo se le suma, en el caso alemán, la situación general de un país, locomotora de Europa, que acaba de firmar una caída del PIB del 0,1% en el segundo trimestre del año. Golpeada en su pilar industrial por la competencia china, con el caso sangrante del automóvil como el dolor que no cesa, dañada por la creciente ola de aranceles que ralentizan el comercio global, con unos precios de la energía que allí no dan freno, tras la renuncia al casi regalado gas ruso, y con la guerra de Ucrania mucho más cerca, la economía alemana no sale de un prolongado estancamiento, la UE lo nota, y la sociedad germana está apática. Caldo de cultivo ideal para populistas.

jueves, junio 13, 2024

Derrota del gobierno alemán

El otro gran resultado, también previsto, de las elecciones europeas del domingo ha sido la estrepitosa derrota del gobierno de coalición tripartito de Alemania. Socialistas, verdes y liberales, que conforman el gabinete presidido por Scholtz, se han estrellado en las urnas. El claro ganador ha sido al CDU CSU, los conservadores de toda la vida, y el segundo partido más votado ha sido AfD, Alternativa por Alemania, la extrema derecha, que se ha convertido en la fuerza mayoritaria en lo que fue la Alemania del este. Viendo el mapa de los ganadores por distritos, es espectacular cómo se vuelve a crear la frontera entre las dos alemanias que se erigió tras la guerra, y que cayó con el muro en 1989.

El resultado electoral alemán tiene mucha miga, ya que ese país es el primero en la UE sea cual sea la estadística que usemos para medirlo, y sin él nada es posible en el continente. Aunque no somos conscientes de ello, obnubilados por nuestras miserias diarias, Alemania lleva varios años sumida en una crisis que se agrava por momentos y que empieza a tener un carácter estructural. Ya de antes, pero la postpandemia ha creado una realidad geoeconómica que resulta muy lesiva para los intereses alemanes. Su industria está siendo vencida en varios de sus sectores claves por la competencia china, siendo el caso del automóvil el más evidente y sangrante para el orgullo germánico, poseedor de las marcas más valiosas del mundo en este sector. El inicio de la guerra de Ucrania, que está cerca de allí, supuso un shock para toda la nación en lo mental y, de paso, el fin del barato gas ruso, que permitía un acceso a la energía en el pañis a unos precios muy competitivos, por lo que todo el sector productivo del país se “gasificó” en cuanto pudo. Acuerdo económico que, en la visión de los dirigentes alemanes, suponía estrechar los lazos entre ambas naciones de una manera en la que los sólidos intereses mutuos impedirían agresiones futuras. Es una visión que tiene bastante lógica y funcionó correctamente, generando beneficios tanto para Berlín como para Moscú, hasta que un día Putin decidió que eso no bastaba, y recurrió al uso de la fuerza bruta. Desde entonces los costes se han disparado en las empresas germanas, su competitividad ha quedado tocada y, en los mercados globales, pierde cuota de exportación. La enorme imbricación de la economía germana en el comercio global, es uno de los mayores exportadores del mundo, palanca para su crecimiento durante décadas, es ahora fuente de problemas, tanto por la reducción del peso del comercio global sobre el conjunto de la economía, eso que algunos llaman de manera exagerada “desglobalización” como el proceso creciente de imposición de aranceles y trabas que amenazan con encarecer todo lo que viene de fuera. En un mundo en el que la OMT, Organización Mundial del Comercio, no es capaz de imponer reglas y el recelo entre los bloques de naciones va a más los costes no hacen sino crecer, las ineficiencias con ellos y las fuentes de crecimiento basadas en el intercambio, secarse. Mucho más dependiente de la venta de bienes que de servicios, la economía germana tiembla cada vez que oye el término “arancel” en boca de una nación cliente o del bloque al que pertenece, como pasó ayer con la Comisión Europea, porque en Berlín saben que este tipo de iniciativas son respondidas de manera fulgurante y con no menos intensidad por las naciones a las que van dirigidas, y es la empresa propia que vende en esa nación la que va a resultar perjudicada en última instancia, y con ella los clientes allí y los trabajadores aquí. Como resultado de todo esto, la economía alemana lleva más de dos años en un estado de estancamiento, que no es recesivo, pero sí anémico, sin ir a ninguna parte. El desempleo permanece bajo, pero las perspectivas de empresas y consumidores son grises, y la sensación nacional es de decadencia, o más bien impotencia, ante lo que sucede en un mundo al que no logran adaptarse.

El gobierno tripartito ha tenido algunas iniciativas, vía gasto público, para tratar de remontar la economía del país, pero apenas han sido capaces de frenar la fuga de empresas, algunas de las cuales se han ido a EEUU al calor de las infinitas subvenciones verdes desarrolladas por la administración Biden en el marco de una orgía de deuda pública imparable. China ha logrado introducirse en algunos sectores, y en medio de todo esto la política se vuelve hostil, regada por la incertidumbre que se vive a pie de calle. Los extremistas de derechas claman por la vuelta de la gran Alemania competitiva y tienen fácil vender un discurso del que apenas concretan nada, porque nada saben. Si Alemania no arranca la UE no lo hará.

miércoles, febrero 07, 2024

Los problemas de la economía alemana

Si uno mira las estadísticas de crecimiento de la UE le puede entrar una depresión. El tono anémico domina por completo desde hace año y medio, con tímidas subidas y bajadas, y trimestres planos, en un camino hacia ninguna parte. Esto se da mientras naciones en las que el turismo es primordial como España o Italia reflejan avances significativos de su PIB. Para que la media sea baja debe haber países que no carburan. Francia está entre ellos, pero el gran país de la UE, Alemania, es el que presenta los datos más negativos, sin mostrar capacidad de crecimiento alguna ¿Por qué?

Hay varios factores que explican el mediocre comportamiento de la economía alemana, y el nuevo mundo geopolítico en el que nos estamos metiendo no es, precisamente, el menor de ellos, pero si hay que buscar una causa profunda a esta situación se encuentra, sin duda, en el disparo de los precios de la energía, y en cómo la guerra de Ucrania ha convertido, de repente, lo que era una ventaja estratégica en un coste enorme y un gran problema. Alemania, desde hace años, apostó por la energía rusa como fuente primordial. La cercanía física, los vínculos empresariales y el alto rendimiento que ofrece el gas convertían a esta alternativa en algo bastante obvio, por lo que gran parte del sistema productivo germano se fue adaptando a un flujo energético que fiable, constante y a un precio muy bajo. Mientras que otras naciones teníamos unos costes energéticos elevados, Alemania disfrutaba de precios bajos en unos de los insumos imprescindibles para cualquier sector de la economía. Las redes clientelares creadas entre las empresas alemanas y las gasísticas rusas se fueron tejiendo sin mucho disimulo, hasta llegar a la plena implicación de las autoridades germanas, muchas de las cuales, tras dejar sus cargos, entraban a formar parte de los conglomerados energéticos sin demasiado disimulo, en una versión de las llamadas puertas giratorias en la que el cirílico era el lenguaje franco que dominaba. Estratégicamente, desde el gobierno alemán se alentaba esta alianza porque se consideraba que, además de las ventajas económicas señaladas, era una fuente de estabilidad para el continente. Dos economías que cada vez son más dependientes aumentan mucho los costes de una posible ruptura futura. Es lo que se ha llamado por algunos como la teoría del abrazo económico, un aumento de la interdependencia disminuye las opciones de enfrentamiento y garantiza una paz estable que, a su vez, espolea el crecimiento económico. Alemania, un país marcado a fuego por un siglo XX horroroso, encontró en esta teoría una vía para solucionar sus problemas seculares, y se lanzó sin cesar al acuerdo económico global. El peso exportador de sus empresas sobre el PIB siempre ha sido desproporcionado y el Made in Germany se ha convertido en un símbolo de calidad global deseado por todo un mundo en el que Alemania, demográficamente, es un país pequeño. La combinación de comercio global y bajos precios energéticos ha permitido dopar a la economía del país y e instalarla en un círculo virtuoso, y todo eso ha caído en terreno abonado, con una sociedad culta, formada, amante del trabajo y con un sentido elevado de la profesionalidad y el rigor. Las cifras de crecimiento de Alemania en las últimas décadas son envidiables para todo el mundo, y salvo unos años en los que fue calificada como el enfermo de Europa, poco después del 2000, su senda de crecimiento se ha mantenido imbatible. Era imposible renunciar a las decisiones que llevaron a esta decisión, que han elevado los niveles de vida del país a un nivel digno de la opulencia.

En parte, este castillo se ha desmoronado, porque la decisión de Putin de invadir Ucrania ha roto la racionalidad de la teoría del abrazo. De un día para otro Alemania paso de estar atado a un socio fiable y un suministro barato a estarlo a un país en guerra con la UE y una materia prima objeto de sanciones. El disparo en los costes de la industria alemana por el incremento de los precios del gas en 2022 y el suministro actual, sometido a los avatares del transporte marítimo por transportarse en forma licuada y por barco, han convertido a la energía en el gran cuello de botella. Alemania sufre.

lunes, abril 17, 2023

Error energético alemán

Alemania es el líder de Europa, nada se puede hacer sin su consentimiento, y lo que ella determina nos condiciona a todos. La guerra de Ucrania ha puesto sobre la mesa una gran cantidad de errores estratégicos que los distintos gobiernos alemanes ha cometido a lo largo de los años en lo que hace a su relación con Rusia. Algunos comprensibles, otros no tantos. El de supeditar la energía del país a la barata y accesible fuente de gas ruso es uno de los más graves y de los que más aristas presenta (¿qué político no vende a sus ciudadanos un suministro asequible y seguro de energía?) y la guerra ha roto por completo esta fuente.

Este fin de semana el gobierno alemán ha cerrado las tres últimas centrales nucleares que funcionaban en el país, en una decisión que llevaba planificada desde hace tiempo, que contaba con partidarios y detractores, pero que la actual guerra y la ruptura de relaciones con Rusia ha convertido en un absoluto disparate, un error monumental. Tras el accidente de Fukushima, que no fue nuclear ni causó apenas víctimas, el gobierno de Angela Merkel decidió prescindir de la energía nuclear en su país y anunció un calendario de cierre de centrales, que fue aplaudido por las organizaciones ecologistas. El miedo a los residuos y a los accidentes superaba por mucho a la evidencia de que las nucleares ya construidas eran una fuente de energía segura y libre por completo de emisiones de CO2, en un momento en el que la lucha contra estas emisiones ya estaba en el ambiente de todo debate político y económico. El dogma antinuclear venció a la razón y el gobierno alemán fue apagando reactores poco a poco, a sabiendas de que de algún lado tenía que sacar la electricidad que esas centrales dejaban de aportar. La instalación de molinos eólicos y paneles solares ha avanzado con fuerza en aquella nación, pero la natural intermitencia que se asocia a estas fuentes obligaba a tener instalaciones de respaldo cuando, sin sol o sin viento, nada aportan. Para eso estaba el barato y seguro gas ruso, que fluía sin cesar por el Nord Stream 1 y que, en breve, también lo haría por el 2. Imbricado hasta las trancas en las estructuras de poder alemanas, Gazprom y otras empresas paraestatales rusas habían conseguido que los políticos germanos firmasen todos los acuerdos y contratos posibles para que el gas de los Urales fuera la fuente principal de energía de la industria y hogares germanos. Por su parte, los gobiernos que han pasado por Berlín ha mantenido una postura, que tiene cierta lógica, basada en la teoría de que dos socios comerciales que se necesitan no se enemistarán, porque ambos pierden. Cuanto más me abrace al oso menos probable es que me arañe con sus zarpas. Eso ha funcionado hasta que Putin lanzó sus tanques contra Ucrania y todo el equilibrio europeo se fue al garete. Carente de centrales de regasificación, Alemania ha conseguido abrir la primera para poder usar gas natural licuado, pero evidentemente no da para suplir la oferta que venía de Rusia. Para sobrellevar el invierno, el gobierno germano ha contado con la suerte de unas temperaturas no muy frías y un desvío de todo el gas del que pudiera disponer para destinarlos al abastecimiento de hogares y empresas, sin dedicar una sola molécula a la producción eléctrica. ¿Cómo se ha cubierto entonces la producción de electricidad? En parte con importaciones desde terceros países, en parte con las nucleares que seguían en marcha y, sobre todo, por encima de todo, con carbón, un recurso que sigue siendo muy abundante en suelo germano. Alemania suple sus necesidades de electricidad quemando carbón, con una tasa de emisión de CO2 mucho más alta que la del gas y, por supuesto, infinita si la comparamos con la nuclear. Sólo este hecho hubiera bastado para que el gobierno de Sholtz rectificase y decidiera no cerrar las nucleares que quedaban aún en marcha, pero no ha sido así. Incapaz de corregir una decisión errónea, que el tiempo ha convertido en estúpida, el apagón nuclear ya es una realidad en Alemania.

Desde ayer mismo el consumo de carbón del país ha crecido en un 2% más o menos, con lo que sus emisiones también lo harán, y en bruto, porque aparecen nuevas donde antes, directamente, no existían. Ecológica, estratégica, política, industrialmente… como quieran ustedes verlo, es una decisión absurda y tan equivocada que produce sonrojo, pero no dejes que la falsa demagogia ecologista te ciegue, deben pensar algunos políticos. El cartel de la nuclear cerrada esconde una producción mucho más sucia. Era triste ver como ayer la decisión alemana era respaldada por los ecologistas franceses, nación que produce unos tres cuartos de su electricidad con nucleares. La capacidad europea para el suicidio estratégico no tiene límites.

miércoles, enero 25, 2023

Tanques occidentales a Ucrania

Parece que hoy, por fin, el reticente canciller alemán Scholtz anunciará que su país va a ceder tanques Leopard al ejército ucraniano. Semanas de presión incesante por parte de un montón de países y los estragos diarios que realiza el despiadado ejército ruso en Ucrania han acabado por vencer las resistencias de un gobernante muy superado por la realidad a la que se enfrenta, y que ha conseguido enfadar tanto al resto de naciones aliadas como a parte de sus socios de gobierno. La sociedad alemana, muy dividida en este asunto, se muestra temerosa, y no asume el enorme fracaso estratégico que ha resultado ser su política hacia Rusia.

En la decisión de Scholtz parece haber pesado también el que EEUU haya anunciado que enviará algunas unidades de sus Abrams, en un movimiento que era negado por Washington desde hace semanas, y que está por ver si es realmente un anuncio efectivo o una medida de cara a la galería, cosmética, con el objeto de convencer al aliado alemán para luego concretarse en poca cosa. El traslado de las unidades norteamericanas hasta el frente ucraniano es bastante complicado, y el verlos operar allí puede ser algo digno de ser narrado si finalmente se produce. La gran pregunta es, ¿Van a cambiar el curso de la guerra este aporte de carros occidentales? Pues sí y no. Sí, porque evidentemente todo refuerzo es para bien, y la superioridad técnica de los vehículos occidentales sobre los rusos es más que conocida, así que es de esperar que en enfrentamientos en campo abierto el carro alemán gané al de origen soviético. Así mismo, si Ucrania pretende romper las líneas defensivas que Rusia ha fortificado en los frentes que controla sólo puede hacerlo con una ofensiva mecanizada en condiciones, y para ello la participación de los carros es decisiva. ¿Cuáles son los problemas? Varios, y no pequeños. El primero es el tiempo, porque va a transcurrir un tiempo no corto entre que los ucranianos aprenden a usar estos vehículos y les puedan llegar a sacar partido hasta que los lancen al frente del este, y ese tiempo es un margen que Rusia tiene, si es capaz de aprovecharlo, para intensificar ataques en donde considere conveniente. Ahora mismo la sensación de estancamiento con ligeros avances rusos parece ser la dominante. No creo que Ucrania pueda lanzar divisiones blindadas con estos nuevos vehículos de manera efectiva antes de la primavera avanzada, y eso nos pone varios meses por delante. El otro problema, más profundo y complicado, es el de la logística. Estos vehículos occidentales tienen incompatibilidades entre sí (los Leopard alemanes y Challenger británicos usan motores diésel, los Abram turbinas de gas) y, por supuesto, no comparten nada de la mecánica de las unidades T-XX rusas y ucranianas. Hasta ahora el principal suministrador de carros para Ucrania ha sido el necio ejército ruso, tanto con unidades operativas que eran abandonas como con vehículos parcialmente destruidos, pero que podían canibalizarse para obtener repuestos o munición que fuera útil para las unidades de Kiev. Si, pongamos, una oruga de un tanque ucraniano se rompía, los restos de un tanque ruso roto servían para desmontar piezas de sus orugas e insertarlas en la unidad ucraniana. Esto ya no es así en los vehículos occidentales. Si un Leopard se estropea los ucranianos no tienen piezas de repuesto para arreglarlo, deben suministrarlas en Alemania, y algo parecido pasa con la munición de disparo, tanto del cañón principal como de las ametralladoras auxiliares que portan estas unidades. Esto supone que el ejército ucraniano debe, en la práctica, crear dos líneas logísticas de suministro y mantenimiento para sus unidades acorazadas, realmente tres si hay Abrams sobre el terreno, que son diferentes de todos los demás, y eso complica notablemente las cosas, y ofrece un punto débil que los rusos, si tienen algo en la cabeza, pueden explotar con facilidad. La logística es clave en todo proceso, y más en el militar. De hecho, Rusia ha mostrado lo nefasta que es la suya y la oportunidad que ello ha suministrado a Kiev, y los ucranianos han demostrado ser bastante más efectivos, sacando ahí una ventaja profunda.

Por ello, la llegada de estos carros es una buena noticia para Kiev, algo que era obligado por parte de las naciones que estamos apoyando a la democracia ucraniana frente a la salvaje invasión rusa, pero como se lleva demostrando desde hace ya casi un año, lo que se venden como cartas ganadoras resultan ser más piezas dispuestas en un tablero en el que la sangría no cesa. Ojalá la efectividad de estos carros supla a los problemas de suministro y permitan arrasar las líneas rusas, brindo por ello, pero lo celebraré cuando se produzca, nunca antes. A esta horrenda guerra le quedan aún muchos capítulos, y no están escritos.

miércoles, enero 26, 2022

Alemania teme al frío

El marasmo de Ucrania le ha pillado a Alemania inaugurando un nuevo gobierno, salido de las últimas elecciones. La coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales ya afrontaba grandes retos desde el momento en que nació, pero ahora uno más, de dimensiones y riesgos difíciles de calibrar, ha venido a complicarlo todo. Como gran potencia económica de Europa, el papel de Alemania es indispensable a la hora de acordar la respuesta, sea la que sea, del desafío ruso, pero su solvencia financiera contrasta con su liliputiense papel militar, su nula ambición exterior y el chantaje energético al que le somete el vecino ruso. Por eso, principalmente, Alemania muestra su total incomodez ante lo que está pasando. Lo teme mucho.

Una de las piezas del juego que se desarrolla en la zona, y que no puede ser eludido, es el llamado Nord Stream 2, un gaseoducto que, bajo las aguas del mar báltico, conecta directamente el territorio ruso con el alemán, lo que sirve para diversificar el flujo de gas que ahora, naciendo desde Siberia, llega hasta Berlín y el resto de ciudades germanas atravesando países del este de Europa como Ucrania o Polonia, en una canalización que sirve para el suministro de todos ellos. El Nord Stream 2 es un proyecto estratégico que se lleva desarrollando desde hace bastante tiempo y forma parte de la compleja relación entre la gasística rusa Gazprom y la política alemana, cuyo mayor exponente es el excanciller Gerhard Schroeder, que forma parte desde hace años del consejo de esa empresa estatal rusa, en un caso de puerta giratoria que deja convertido en juego de niños los que conocemos en nuestro país. Alemania depende completamente del gas que importa de Rusia para su generación eléctrica y el abastecimiento de calor en las casas en los rigurosos inviernos del norte, y carece por completo de una infraestructura alternativa de regasificadoras, como nosotros sí tenemos, que pudieran servir de alternativa, tirando de las compras de gas natural licuado transportado en barco, más caro pero al menos existente. Alemani depende por completo de Putin y de lo que quiera hacer con la presión a la que se bombee el gas. Con el gaseoducto original que ya existe, el destino de Alemania se une al del resto de naciones del este, de tal manera que comparten problema y, por así decirlo, se pueden unir para hacer presión, pero la apertura del Nord Strem 2, además de ser un gran negocio para Rusia, supondría que Alemania se desentendería de lo que pasase en el resto de naciones del este. Ella tendría suministros independientemente de que Putin decidiera reducir el aprovisionamiento de, pongamos, Ucrania. Y por eso la apertura de esa nueva conducción, altamente deseada por Moscú y Berlín, se ha visto desde hace tiempo con mucho recelo por parte del resto de naciones del este, y en parte también por los socios de la UE, que verían como las relaciones entre Berlín y Moscú serían, por amor al gas y el calorcito, mucho más estrechas, dependientes. Visto desde fuera pareciera como si Alemania hubiera jugado muy mal sus cartas a lo largo de los últimos años y se hubiera ido enrollando cada vez más en una soga tejida desde Moscú, de tal manera que la sensación de ser chantajeable sea inevitable. Quizás este movimiento se ha ya producido por lo de siempre, una suma de factores entre los que el interés de lo más fácil, el nepotismo y la falta de perspectiva a largo plazo hayan sido los fundamentales, como pasa en todas partes, pero la situación actual es la que es y, ante la escalada que se vive en Ucrania, el miedo a que unas sanciones impuestas contra Rusia si realiza acciones ofensivas sea respondida con un gas que no llega y un frío intenso en las casas alemanas es algo que aterra al gobierno de Berlín. De ahí que, en los movimientos que vemos estos días, en los que la UE resulta ser un convidado de piedra, Alemania esté entre las naciones que son informadas de primera mano por EEUU (huelga decir que nosotros no) pero serán difícil encontrar posiciones claras desde la cancillería berlinesa al respecto. Su papel parece ser el de no hacer nada, el de esconderse, el de no molestar. El miedo al frío les puede.

Eso es una falla en la actuación conjunta de las naciones de la UE, y lo sabe todo el mundo, Putin también, y probablemente juegue con ello a la hora de tensar la cuerda, adivinando que no es sostenible una posición muy dura desde una capital que depende tanto del suministro de energía. La ocasión está siendo aprovechada por Francia, con las elecciones presidenciales en mayo, para sacar la cabeza y ofrecer perfil de potencia estratégica, con iniciativas de diálogo. Probablemente este ejercicio francés sea, como un vestido vaporoso, tan llamativo como inútil, pero nada emociona más a los galos que hacerse los imprescindibles, aunque hace mucho que hayan dejado de serlo. Como verán, en el tema ucraniano las posiciones son muy complejas.

lunes, septiembre 27, 2021

Alemania huye de los extremismos

Jornada electoral tranquila en Alemania, sin incidentes. Alguna anécdota como la de ese colegio de Berlín que no se podía abrir ni con llave o, la más sonada, el error del candidato conservador Lasech a la hora de doblar la papeleta al introducirla en la urna, de tal manera que se veía lo que tenía señalado como su voto. Hubo muchas coñas en la web germana al respecto y, aunque el voto finalmente fue válido porque acabó en el interior, las autoridades electorales señalaron que el presidente de la mesa no debió dejar que entrara en la urna de esa manera, lo que hubiera sido el colofón a la mala campaña de los conservadores y a lo que anticipaban las encuestas.

Finalmente los resultados han sido muy parecidos a lo que se apuntaba, de tal manera que la victoria, por muy poco, se la han llevado los socialdemócratas del SPD, con Olaf Scholz como candidato, aventajando en poco más de un punto a los conservadores de la CDU / CSU . Es la primera victoria socialdemócrata tras cuatro derrotas consecutivas propiciadas por Merkel. La tercera fuerza son los verdes, que obtienen un gran resultado, pero que les sabrá a poco dadas las expectativas con las que contaban hace no muchos meses. Errores de campaña y de su candidata les bajaron de una nube en la que se codeaban al borde de la victoria, y la subida que han experimentado desde el anterior resultado, cuestión de expectativas, les sabrá a poco. Cuartos han quedado los liberales, en la tierra de nadie en la que suelen vivir estos partidos en toda Europa, con unos resultados similares a los anteriores comicios, y las últimas posiciones se las reparten Alternativa por Alemania, la extrema derecha, y Die Linken, la extrema izquierda. Lo que más me ha gustado de estos resultados es, exactamente, esto último, la bajada de estas formaciones populistas extremistas, su pérdida de representatividad y de poder. Los alemanes han acudido a las urnas a sabiendas de los problemas que tienen y que existen distintas vías para tratar de arreglarlos, pero que ninguna pasa por los extremos, por esos discursos de odio y ruido que ambas formaciones, teóricamente muy enfrentadas pero que, en la práctica, se parecen mucho, ofrecen al electorado. Con todo hay un matiz preocupante, y es que la formación de extrema derecha se consolida en lo que fueron los estados de Alemania del Este, camino quizás de convertirse en una formación regionalista. Los malos resultados de la CDU / CSU en esos estados federados hacen que la distancia entre ambas formaciones sea mínima e, incluso, puede que en alguna región los extremistas hayan superado a los conservadores clásicos. En todo caso el día de hoy es de alegría tanto para los que apostamos sin fisuras por la democracia representativa como por las formaciones clásicas, por la política seria y aburrida, la que huye de estridencias y extremos. Alemania ha dado, en este sentido, una lección. La gran pregunta que queda por responder es cómo se formará gobierno y quién lo dirigirá. El sistema electoral alemán, complicado, determina finalmente que tras cada elección el tamaño del Bundestag (para entendernos, y aunque no sea exactamente así, su Congreso de los Diputados) sea distinto en función de los votos cosechados por cada formación, por lo que hasta que no finalice el recuento no se puede saber cuántos parlamentarios habrá y cómo calcular la composición de mayorías, pero con lo que ya se sabe, sólo hay tres posibles coaliciones que alcancen mayoría en la cámara. De menor a mayor probabilidad, una reedición de la gran coalición entre conservadores y socialdemócratas, que ambas formaciones rechazan como solución general; la llamada coalición Jamaica, unión de conservadores (negro) liberales (amarillo) y verdes, y la coalición semáforo, liderada por socialdemócratas (rojo) liberales (amarillo) y verdes. Tras la victoria del SPD esta parece la opción más posible.

En Alemania, como en España, el canciller lo elige el parlamento, y es nombrado aquel que consigue más votos en la cámara, pertenezca o no a la formación más votada. Tanto el ganador, Scholz como el perdedor Laschet quieren entablar negociaciones con las otras dos formaciones necesarias para lograr un acuerdo de investidura (les suena, ¿verdad?) pero, a priori, lo tiene más fácil el candidato del SPD, aunque será un reto aunar en un mismo gobierno a liberales y verdes, que en algunas cosas coinciden, pero en otras se repelen como agua y aceite. Vienen semanas de discusiones y parálisis en la política germana, y, claro, en la europea. Nos conviene que este proceso no se eternice y, sea cual sea el resultado, se alcance rápido y de estabilidad.

viernes, septiembre 24, 2021

El adiós a Ángela Merkel

Ayer por la noche pasaron muchas cosas. Cayó una intensa tormenta en Madrid, en Cerdeña fue detenido uno de los mayores traidores y cobardes de la historia reciente de España y en Alemania tuvo lugar el último debate electoral de cara a las elecciones legislativas de este domingo. Las encuestas siguen apuntando que el actual partido gobernante, al CDU conservadora, perderá frente a los socialdemócratas, ambas formaciones con candidatos grises, y que los verdes serán la tercera fuerza, desbancando a la ultraderechista Alternativa por Alemania, que cae muchos puntos. En dos o tres días veremos a ver el grado de acierto de los pronósticos.

Lo relevante de estas elecciones no es quién gane y se presenta, sino quién estará ausente. Por primera vez desde hace dieciséis años, cuatro comicios verdaderos, Ángela Merkel no figurará como candidata de su partido, la conservadora CDU, y su gesto, ya universal, de las manos unidas a su manera no aparecerá en cartel alguno ni en las vallas. Merkel lo deja tras una etapa de gobierno en la que ha tenido que afrontar retos enormes, para los que ha demostrado una valía fuera de toda duda, y que ha marcado una huella profunda no sólo en Alemania, sino en toda Europa. Sus gobiernos, varios de ellos en coalición con los socialdemócratas, han sido una garantía de estabilidad en un continente azotado por tormentas electorales que han derribado primeros ministros como si fueran casas prensadas por la lava de La Palma. Seria, discreta, con un toque de introspección que no nunca le ha abandonado, Merkel ha sido rígida en ocasiones, audaz en otras, flexible y dura a lo largo de todos estos años. Tres han sido las grandes crisis que le ha tocado lidiar, y de las que ha sabido salir indemne; la económica tras el derrumbe de 2008, muy leve en Alemania, y su contagio a la deuda soberana y el propio futuro del euro, la de los refugiados tras la avalancha de sirios que huyeron de su país en medio de la cruel guerra civil que lo azotaba y la del coronavirus, global, que Alemania ha sobrellevado con mucha menos crueldad en forma de fallecidos que la mayor parte de los países de su entorno. En todas ellas Merkel se ha mostrado como una dirigente seria, ajena a las modas. En tiempos de velocidad y de populismo rampante, de liderazgos huecos en los que sólo caben los asesores de imagen y los creídos “spin doctor” que viven pendientes del último tuit y sondeo, Merkel ha sido una roca que ha aportado firmeza a la veleta global. No decidía nunca la primera, no se dejaba llevar por impulsos. Preguntaba, recababa informes y datos, y luego decidía. Una vez había decidido, era firme en defender su elección, y no se dejaba amilanar. En la crisis del euro fue dura con los países del sur, lo que le granjeó muchas críticas, desde luego menos de las que justamente merecieron muchos de los responsables de la ruina que en naciones como Grecia o la nuestra causaron años de enorme dolor y sufrimiento, críticas que no fueron emitidas, y que aún hoy, años después, no se oyen ni siquiera como lamento propio solicitando perdón por los errores cometidos. En la crisis de siria se mostró comprensiva con los refugiados y, en medio de las tensiones provocadas por el auge de la extrema derecha, decidió abrir sus fronteras y acogió a miles y miles de ellos, lo que le llenó de críticas entre muchos de sus propios y de elogios comedidos de los ajenos, que ya se sabe que el sesgo político impide elogiar como es debido a los contrarios cuando hacen lo que es debido. Y en el coronavirus se mostró firme, con rigor científico, nunca menospreció la dimensión de la crisis, nunca negó a su sociedad las palabras duras que describían lo que se les venía encima y las muertes que acarrearía, y ha sido estricta con los procesos de confinamiento y desescalada. En todos los avatares sufridos, desde su perspectiva vital y conocimiento del país en el que vive, ha actuado movida por el interés político, obviamente, pero con un sentido de la responsabilidad y de estado tan aplastante como ejemplar.

Basta ver la nómina de mandatarios que han pasado mientras ella gobernaba. Hollande, Sarkozy, May, Cameron, Conte, Renzi, Zapatero, Rajoy, Trump…. Todos ellos absolutos incapaces a su lado, muestrario de egos, prisas, desconcierto y falta de capacidad. Muchos de ellos implicados en escándalos de corrupción, y ella, que sigue yendo por las tardes al supermercado a hacer su compra, ajena a las tentaciones que el dinero y el poder siembran en quienes cerca de ellos andan, y tarde o temprano, la mayoría, caen. Merkel lo deja y, sin duda, será añorada por muchos, al menos por los que pensamos que la política es algo serio, es un servicio púbico a toda la ciudadanía de un país y requiere entrega, honradez y sacrificio. Con sus aciertos y errores, Merkel ha dado una lección práctica de gobernanza en un mundo que la necesita con apremio.

martes, diciembre 10, 2019

Ángela Merkel en Auschwitz


Es ya casi una tradición que los entonces cancilleres de la RFA, y desde la caída del muro, los de la Alemania unificada, visiten el campo de exterminio de Auschwitz al menos una vez en todo su mandato. Alguno lo ha hecho en más de una ocasión. Esa visita es una experiencia dura, para la que hay que estar preparado, y requiere un comportamiento y actitud. A veces se proclaman discursos, otras el silencio es lo único que se puede decir ante la barbarie que rodea aquel lugar, como le ha pasado a algún Papa. Visitar ese campo, cosa que aún no he hecho en persona, es algo que creo que hay que hacer alguna vez en la vida, para pasarlo mal, sí, para sentir como el mal es capaz de crear su mundo de desolación y la necesidad que hay de combatirlo sin descanso.

Se van a reír, pero creo que es “El señor de los anillos” el libro que ahora recuerdo en el que mejor se ejemplifica la relajación humana que se produce cada vez que creemos haber derrotado al mal, y cómo el enemigo aprovecha esa relajación para rearmarse, coger fuerzas, reconquistar territorios y almas, y reemprender sus ataques. Esos territorios custodiados por Gondor y Rohan que son abandonados a su suerte, esas fortalezas que se olvidan y dejan desguarnecidas hasta que vuelven a ser tomadas por bandas de orcos, esa sombra que vuelve a surgir en el este y que, silenciosa, avanza por la Tierra Media entre el miedo y la indiferencia… Tolkien vivió la I Guerra Mundial y sabía lo que era la guerra de destrucción absoluta, pero también conocía esas ideología de odio que se mantienen en el ambiente, esperando el momento, como el anillo de poder, para regresar, para ser llamado por su amo cuando éste vuelva a estar fuerte. El antisemitismo es el perfecto ejemplo de idea de odio que se extiende sin descanso por la historia europea, en forma de incesantes pogromos y actos de vileza individual. Acierta Guillermo Altares cuando señala que el repunte del antisemitismo es una señal de que algo muy oscuro crece en la sociedad, y que debe ser atajado cuanto antes. Hoy, a las puertas del 75 aniversario de la liberación de Auschwitz por parte de las tropas rusas, aniversario que tendrá lugar el 27 de enero del año que viene, en poco más de un mes, el odio antisemita vuelve a la Europa que nunca abandonó. Los incidentes violentos contra sinagogas se repiten en Alemania y Francia, y el saqueo y vejación de cementerios está a la orden del día. Podemos pensar, con razón, que el grado de intensidad de todos estos eventos es muy bajo comparado con lo que se produjo en los años veinte y treinta del siglo pasado, pero el mero hecho de que se produzcan a sabiendas de lo que ya sucedió en esas décadas y en la siguiente nos debiera hacer reflexionar en lo más hondo sobre por qué volvemos a vivir experiencias tan turbias como estas. ¿Qué anida en nuestro interior que no deja de revolverse, como el magma de un volcán aparentemente dormido, que en el momento más inesperado despierta y arrasa? Miedos, incertidumbres, temores atávicos y sensación de descontrol son aprovechadas por sembradores de odio, populistas de todo tipo y sentimiento, que saben que es en estas épocas turbulentas cuando pueden conseguir prender su discurso y obtener un rédito, económico y de poder. El discurso que victimiza al otro de nuestros males, que focaliza en un grupo concreto de personas la fuente de todos nuestros problemas es tan falso como sencillo de reiterar, y es lo que anida detrás de todos estos actos de odio. Ahora se tira mucho del “inmigrante” como el chivo expiatorio del desempleo, de las colas en los servicios sociales, de la necesidad que sufren “los nuestros”, “los de aquí” y el judío es el caso claro de inmigrante que no es “de aquí” que no deja de conspirar. Quizás en España este tipo de racismo se nos haga un poco ajeno, porque en este país hace ya muchos siglos que se expulsó a los judíos, fuimos pioneros en esto, pero en el resto de Europa occidental el antisemitismo es como una peste endémica que rebrota y se apacigua, pero siempre está ahí. Y recuerden que incluso aquí, en el franquismo, se aludía al complot judeomasónico, en una muestra más de antisemitismo importado, tan vil y falaz como cualquier otro.

El pasado viernes Ángela Merkel visitó el campo de la muerte, en lo que ahora es Polonia, pero que cuando funcionó era territorio anexionado por el Reich, y no se calló. En su discurso, de una enorme valentía y rotundidad, proclamó que lo sucedido en Auschwitz forma parte de la identidad alemana, es indisociable a la misma, y que es imposible no ya la negación, sino el mismo acto de separación de esos hechos del ser y sentirse alemán. El arrepentimiento que los alemanes deben hacer por lo que cometieron allí debe ser constante, inasequible al desaliento, y lo dijo ella, constreñida por un pasado que sabe imposible de abordar pero necesario de asumir. Con sus palabras y ejemplo Merkel dio un paso que nos ayuda a todos, y alertó de que los “campos de Gondor” deben ser nuevamente fortificados, moral y humanamente, para que el mal, que se remueve otra vez, no logre arraigar.

jueves, octubre 10, 2019

Atentado antisemita en Alemania


El mero título del artículo de hoy, esa malhadada triple A que resulta de convertirlo en acrónimo, esconde una perturbadora pesadilla que revive, como en la peor de las películas de terror, sea cual sea su letra de serie. Años, décadas de educación, de historiografía, de documentales y libros, de concienciación, de recuerdo de lo sucedido, no han servido para que un sector de la población de esa nación siga teniendo en mente a algunos de los mayores criminales de la historia como héroes de su panteón, y a los judíos, sufridores de la persecución y exterminio organizado más cruel y sádico imaginable como enemigos eternos, como elementos a abatir. Esa maldita triple A encierra todo el mal que uno pueda ser capaz de concebir.

Ayer, en Halle, localidad alemana, un sujeto que se llama Stephan B, trató de causar una masacre en una sinagoga, en la que decenas de fieles se reunían para celebrar el Yon Kippur, el día de la expiación, la más sagrada y respetada de las fiestas del judaísmo. A Stephan le salió mal el plan, porque la llegar a la sinagoga comprobó que las medidas de seguridad que el gobierno de Alemania ha adoptado para defenderlas eran efectivas, y consiguieron ser lo suficientemente disuasorias como para que su idea original no pudiera ser llevada a cabo. Según parece, complicaciones técnicas con el arma que portaba tampoco se lo pusieron fácil. Antisemita y chapucero, Stephan empieza a ver cómo su idea de emular lo que el seguro considera gloriosa matanza perpetrada en marzo en Cristchurch, Nueva Zelanda, empieza a ser casi imposible. Rabioso, abandona el objetivo inicial, pero no puede irse de vacío, no puede hacer como si no hubiera pasado nada, ha salido a la calle dispuesto a matar, a cazar subhumanos, a exterminar a aquellos que no merecen vivir en suelo ario y que son inferiores a él. A sus 27 años el destino, la providencia que tanto mencionaba su adorado Fürher, le ha llamado a él para que sea el brazo ejecutor de sus deseos, y no le va a fallar. En su deambular por la calle, dispara a unos transeúntes, y luego ve un local de comida turca, un kebap, y entonces decide cambiar de nacionalidad de exterminio pero no de racista consideración. Los turcos también son basura inferior, sujetos despreciables, no humanos, bestias con nuestra forma, pero no son como nosotros, y cree que allí puede hacer el trabajo que ha venido a cumplir. Entra en el local y dispara, en medio de gritos de horror de los allí presentes y de proclamas a favor de la raza aria y en contra de la propaganda judía por parte de Stephan. A la salida del local ya se oyen sirenas de policía y de cuerpos sanitarios, que escucharon los primeros disparos efectuados en plena calle y se han puesto alerta. Llegan al lugar en el que se encuentra el kebap y logran atrapar a Stephan, pero hay mucha confusión sobre lo sucedido, sobre si él es el único atacante o son más los que desarrollan esa acción. Algunos testigos hablan de varias personas, hay miedo y nerviosismo. Y también víctimas. Dos personas han muerto a manos de Stephan y su paseo de disparos. Dos personas que esa mañana de octubre estaban haciendo algo, pensando en cosas distintas, con ideas para el nuevo día y con agenda para los siguientes, que tuvieron la desgracia de encontrarse con un fantasma salido de las pesadillas del pasado de la desquiciada Europa del siglo XX y vieron como la muerte decidió llevárselas, usando para ello a Stephan B. El asesino, de pensamiento retrógrado pero dotado de la tecnología de su época, lleva una cámara encima, al parecer del casco que porta, y lo ha grabado todo, y subido a Internet en tiempo real, en otro acto que copia al asesino neozelandés, y esas imágenes y sonido son la prueba perfecta de lo que ha sucedido, y justifican su futura condena en prisión, que de nada servirá para restaurar las dos vidas perdidas.

En el Yon Kippur de 2019 se ha producido en Alemania el primer atentado antisemita desde 1945, el año en el que el nacismo fue derrotado en la mayor guerra que el mundo ha conocido. ¿Cómo es posible que la semilla de ese abominable mal siga germinando en nuestro tiempo? ¿cómo alguien de 27 años puede ser imbuido a cometer actos semejantes y poseer una fe tan ciega que le lleva a creer que es su deber? En algún punto profundo de nuestra mente está un gen que nos hace olvidar lo sucedido, que por mucho que se nos enseñe impide que recordemos las atrocidades pasadas, que nos condena a ser una civilización de Sísifos que no dejan de cometer, con décadas de intervalo, los mismos y crueles errores. La tecnología avanza, pero el alma humana contiene siempre los mismos ángeles y demonios, en lucha permanente.

miércoles, octubre 31, 2018

El ocaso de Ángela Merkel


Cuando en septiembre del año pasado volvió a ganar las elecciones a la cancillería, el gesto de la noche electoral de Ángela Merkel era el de la más amarga de las victorias de su carrera. Quedó primera, en nombre de su formación, la CDU, pero con el resultado más bajo de las cuatro elecciones a las que había concurrido. El ascenso de los ultraderechistas de AfD era la noticia de la noche, y los resultados no dulces de la CDU eran gloria comparados con el desastre social demócratas del SPD, hundido. Merkel sabía so sólo que tenía que negociar, sino que lo debía hace desde una posición más débil que en el pasado y con un socio tocado y casi hundido. Esa noche Merkel empezó a ver el fin de su carrera. No lo dijo, pero su gesto, impertérrito, hablaba por ella.

El lunes lo dijo en forma de discurso ante los suyos. Un nuevo batacazo electoral regional, esta vez en el Lander de Hesse, ha precipitado las cosas. La escena se repite de manera matemática en cada elección regional, con esa precisión que asociamos a lo germánico. La CDU gana pero no consigue fuerza para gobernar en solitario, los socialdemócratas baten récords de bajada y se hunden sin cesar y los extremistas de AfD y los verdes capitalizan el voto del descontento, situándose ambos como fuerzas preminentes, en el caso de los verdes como segunda opción en más de un estado federado. Las encuestas han anticipado bien estos escenarios, y Merkel, consciente de que la base de su poder omnímodo en la CDU, sus resultados electorales, mengua, ha optado por iniciar la retirada. En su comparecencia del lunes anunció que no se presentará a la reelección como presidenta de su partido en el congreso que tendrá lugar este diciembre, y que no se presentará más como candidata a la cancillería, siendo este su último mandato que, si logra llevarlo a término, expirará en septiembre de 2021. Esto último está por ver, dada la debilidad de la actual gran coalición y la erosión del poder que va a sufrir Merkel una vez que ha anticipado sus movimientos y ha dejado pista libre a sus posibles sucesores. El fin de Merkel es el fin de una era en Alemania y en Europa, y en parte, también en el mundo. Pragmática, seria, austera en forma y fondo, apodada por muchos alemanes como la “mamma”, la madre que los cuida, ha sido Merkel un animal político de primera división que ha regido los destinos de una Alemania que, en medio de la crisis global, se ha convertido en la regente de Europa, haciéndola a ella en cierto modo dueña y señora de los designios del continente. Nada ha sucedido en estos años en la UE sin el permiso, explícito o tácito de Merkel, que ha dejado en evidencia la debilidad de otros posibles aspirantes a ese papel de mando, especialmente de todos los franceses que han pasado por el Elíseo. Criticada por muchos, alabada por pocos, escasamente defendida, su gestión en Alemania ofrece unas cifras económicas que no son todas de oro, pero siguen siendo la envidia de medio mundo y gran parte del otro. En Europa su apuesta por la austeridad le granjeó enormes enemigos, pero en su defensa hay que decir que todos enfrentamos una crisis monstruosa sin los instrumentos adecuados para combatirla y en medio del histerismo global. Muchas cosas pudieron hacerse de manera distinta, sí, peo es muy fácil decirlo a posteriori, y olvidar lo que fueron nuestra prima de riesgo de 600 puntos o la casi salida de Grecia del euro. En esos momentos, con sus aciertos y errores, sólo Merkel mantenía la compostura, entre la debacle de los liderazgos nacionales que eran de quita y pon, sin sustancia ni ideas. Ella determinó el rumbo de lo que actualmente son nuestras economías, para bien y para mal. Quizás todo lo sucedido en torno a la crisis marque demasiado la valoración de su mandato, y eso sería injusto.

En un tiempo de liderazgos populistas, demagógicos y chillones, Merkel ha sido la callada voz de la sensatez que ha servido de punto de referencia para muchos, y de sosiego para casi todos. Su decisión más polémica, la que más costes políticos le creó, fue la de acoger a los inmigrantes sirios hace un par de años, lo que fue utilizado por extremistas de todo el mundo para atacarla. Con la llegada de Trump al poder y el delirio a Washington, Merkel se ha convertido en la líder sensata, a la que asirse. Sus declaraciones a favor de la libertad, el respeto institucional, el multilateralismo y la seguridad jurídica son islas en medio de la pesadilla política que vivimos. Se le echará mucho de menos, muchísimo.

Mañana es fiesta pero no me cojo puente. Nos leeremos, unos poquitos valientes, el viernes 2

jueves, agosto 30, 2018

Disturbios racistas en Chemnitz, Alemania


He tenido que buscar en Google Maps dónde se encuentra la localidad alemana de Chemnitz para ubicarla plenamente, porque la referencia de que se encuentra en la antigua Alemania del este no basta. Se ubica entre Leipzig y Dresde, un poco al sur de la línea horizontal que une estas dos ciudades, y es la tercera en tamaño del estado de Sajonia, tras las dos citadas y más conocidas. En esa ciudad se han producido graves disturbios alentados por la ultraderecha tras la muerte de un hombre a manos, al parecer, entre otros de varios inmigrantes. La violencia de lo sucedido ha dejado a cualquier suceso policial español de los últimos años convertido en riña de gatos.

Esta zona de Alemania, tan bonita como el resto del país, y relativamente próspera si la comparamos con la media europea, es la más pobre de la nación germánica, y es la cuna de Pegida, el movimiento antiinmigración que nació con fuera tras la llegada masiva de refugiados sirios, y que acabó cristalizando en Alternativa por Alemania, AfD, partido de corte extremista que en las pasadas elecciones federales logró ser la tercera fuerza más votada, y uno de los pilares del sistema político alemán. La pujanza de estos extremistas, el miedo a que siguieran en ascenso más bien, forzó la reedición de la gran coalición entre conservadores de la CDU y socialdemócratas del SPD, que están unidos ahora mismo sobre todo por el temor a los radicales. Sin embargo, el influjo de AfD no deja de crecer entre distintos sectores del electorado alemán, lo que resta votos a los partidos clásicos, y eso corroe día a día al gobierno de coalición de Merkel, que es mucho más débil de lo que lo fue en el pasado. Es en la Alemania del este donde este movimiento ha conseguido mayor implantación y fuerza, electoral y callejera. Rentas medias inferiores, pensiones más baja, tasa de paro superior, y estructuras económicas más obsoletas y un futuro más gris es lo que domina en esa zona frente a la pujanza irrefrenable del oeste, donde la economía sigue creciendo y el paro empieza a ser residual. Muchos habitantes del este no creo que añoren el pasado dictatorial, pero sí los tiempos de empleos abundantes y seguros, y el miedo ante un futuro que no controlan les hace decantarse por alternativas extremistas que les hablan de pasados gloriosos que pueden reverdecer, pero que no lo harán si Alemania es tierra de acogida de inmigrantes, que sólo traen pobreza y violencia. El discurso maniqueo de siempre, que es enarbolado en Hungría, Italia, EEUU y tantas otras naciones, que es falso en lo más profundo, pero que cala entre unas poblaciones que se ven sin muchas alternativas. Quiere Merkel y sus socios poner en marcha una intensa agenda social, quizás tratando de contrarrestar la sensación de abandono de estas zonas del país, y haciendo ver que el crecimiento de Alemania es inclusivo, pero está por ver que eso sea suficiente una vez que ha arraigado un virus extremista que, visto lo visto estos días, se desenvuelve muy bien frente a las fuerzas de seguridad. La eficiente policía alemana ha actuado sin la más mínima previsión, de una forma muy chapucera, y se ha visto completamente desbordada por unos incidentes mucho más graves de los que hubiera podido prever. Posteriores jornadas, con presencia de contramanifestantes, fueron escenario de más violencia, menor que al principio, pero porque la calles de Chemnitz ya estaban tomadas por las fuerzas del orden. Esta ciudad vuelve a mostrar que el polvorín populista, que adopta formas e ideologías extremistas distintas en cada nación, resucita de vez en cuando, porque sigue latente en el fondo de aquella, de nuestras sociedades.

¿Cómo aplacarlo? ¿Cómo vencerlo? No lo tengo nada claro. La economía que, de momento, crece, lo hace de una manera distinta a como lo hacía antes de la gran crisis, y es evidente que territorios y franjas de población han perdido el carro del avance ante otras zonas, y algunos países y regiones, como la misma UE, tenemos el riesgo de ser los perdedores frente a China y, en general, la pujante Asia. En un mundo de complejidad e incertidumbre crecientes, el populismo logra conseguir adeptos que buscan remedios directos a sus problemas, aunque sean recetas falsas. La pedagogía política debe mantenerse sin descanso para luchar contra este mal, pero quizás no sea suficiente. Italia, ya en manos populistas, es un ejemplo del problema que tenemos si triunfan movimientos de este tipo. Es un peligro creciente.

martes, noviembre 21, 2017

¿Repetirá elecciones Alemania, como ya lo hizo España?

¿Se enfrenta Alemania a una repetición electoral? ¿va a vivir un escenario tan absurdo como el que pasamos los españoles en 2015? No es descartable a día de hoy, una vez que los liberales han anunciado que rompen las negociaciones de la llamada coalición Jamaica, extraña unión de liberales, ecologistas y conservadores, única forma viable de gobierno que se aventuraba posible tras el resultado electoral del pasado septiembre. Está por ver si todo es una pose negociadora, que busca conseguir réditos extra a base de amedrentamientos, pero Merkel ya ha dejado claro que prefiere unas nuevas elecciones a un gobierno en minoría que, por definición, es inestable. Rajoy podría asesorarle sobre cómo hacerlo viable.

Ya en septiembre, tras las elecciones, muchos analistas españoles sacaron a relucir ese concepto de la “amarga victoria” que tanto éxito tuvo en la España de los noventa tras la última victoria del PSOE de Felipe Gonzalez. Un triunfo, sí, pero claramente insuficiente, que dejaba claras grietas y fracturas en el poder. Merke, con su semblante serio, mostraba en la noche electoral de hace dos meses una pose que dejaba a las claras su decepción, su preocupación por unos resultados que no eran los esperados. Antes del verano las encuestas otorgaban una amplia mayoría a su CDU y una derrota clara para los socialdemócratas del SPD. Esto último sucedió, pero no lo primero, ya que la CDU se dejó mucho voto en forma de desilusionados y, sobre todo, ciudadanos que fueron captados por los populistas neonazis de Alternativa por Alemania, que obtuvieron un excelente resultado, o nefasto si se mira por el bien de todos. Con un SPD en mínimos históricos y renunciando expresamente a una nueva gran coalición, la alternativa Jamaica parecía la única posible, y desde ese día la política alemana entró en un impasse que empieza a paralizar al conjunto de Europa. Era clave este año 2017, con las elecciones francesas y alemanas, para relanzar la UE o sentenciarla, según el resultado de ambos comicios. Curiosamente los franceses, que eran los que presentaban peor aspecto, resultaron ser los más beneficiosos para la UE y la política global, tras la derrota del populismo a cargo de un advenedizo, Macron, que encarna la esperanza de un mundo abierto, global y moderno. Y las alemanas, que se presumían certeras y sin incertidumbre, se están convirtiendo en un problema que crece día a día. Si Merkel estuviera ya en el poder, y con estabilidad, su alianza con Macron sería una gran fuerza para relanzar la Unión, empezar a reformarla y luchar de manera decidida contra los populismos, separatistas en Cataluña, de extrema derecha en Polonia y otras naciones del este, que surgen con fuerza, y todo ello con el Brexit de fondo. Aunque muy distintos, Macron y Merkel, alguien seguro que ya los ha apodado M&M, poseen una visión de lo que quieren para Europa, tienen una idea de futuro. Nos podrá gustar más o menos, ser más audaz o parecernos insuficiente, pero algo tienen en mente. Si uno pregunta en Moncloa, en el Quirinal de Roma o Helsinki nadie le va a contestar sobre la Europa que quiere construir, porque parece que nadie se la ha llegado a plantear. Ese liderazgo compartido, esencial para construir, se enfrenta ahora al riesgo de la parálisis permanente, en esta ocasión muy lejos del espíritu de la movida, y esa parálisis es lo que menos necesitamos de cara a un futuro lleno de oportunidades si, pero también retos y amenazas por doquier. China parece tener muy claro qué es lo que quiere en el futuro, EEUU con Trump al frente se repliega y deja de ser un socio fiable, y Europa, o se espabila, o se convertirá en un apéndice comercial del futuro global, recibiendo millones de turistas que dejan dinero para disfrutar de nuestra espléndida decadencia. O nos espabilamos todos o nos comen.


No es broma, Rajpy debiera hablar con Merkel y asesorarle para salir de este atolladero, y ver qué escenario es el mejor para ella y Alemania en su conjunto. Nuestras segundas elecciones fueron una muestra de fracaso, y como uno de enormes dimensiones se verían, de producirse, en la eficiente Germania. ¿Qué efecto tendría sobre el voto populista una repetición? ¿Aumentaría aún más? Esa es una de las preocupaciones que gravita sobre muchas cabezas en el Berlín oficial. Vamos a confiar en que finalmente haya un acuerdo porque, de lo contrario, y como mínimo, una repetición electoral nos haría perder un tiempo precioso, que no tenemos.

miércoles, mayo 31, 2017

Trump provoca un choque entre EEU y Alemania

Hace un par de días Angela Merkel pronunció un discurso, o mitin, no estoy seguro, en el que realizó una de las afirmaciones más importantes de los últimos años, décadas si me apuran. Dijo que “los europeos tenemos que tomar el destino en nuestras manos” queriendo dejar claro que, tras lo visto en las cumbres internacionales del fin de semana en las que había participado Trump, EEUU ya no era un socio fiable. La relación trasatlántica empieza a hacer aguas por el enloquecido comportamiento de uno de sus miembros, el norteamericano, y Merkel lazó “urbi et orbe” el grito de que Europa está sola, de que ya no podemos contar con el auxilio de Washington. De que o nos ponemos nosotros a trabajar solos para nuestro propio bien o ya nadie nos va a auxiliar.

Poco eco tuvo en los medios, a mi entender, esta afirmación, que es trascendente. Supone un grito de orfandad, una declaración de divorcio, de ruptura, en una relación que lleva décadas funcionando de manera estrecha y provechosa a ambas orillas del Atlántico. Que Europa se encuentre, de repente, sola, puede tener sus ventajas, pero no deja de ser un reto formidable, y está por ver que, dada nuestra capacidad de gestión de los problemas que nos atañen, seamos capaces de salir adelante. Lo que seguro que Merkel no se esperaba era que no sólo EEUU nos iba a dejar solos, sino que se puede llegar a convertir en un enemigo potencial para nuestros intereses. En su desquiciada visión de la vida, expresada a golpe de tweet de troll, Trump ha saltado con unas afirmaciones bastas, burdas y falaces, en las que acusa a Alemania de tener un superávit comercial injusto con respecto a EEUU y no aportar a cambio lo suficiente en los costes de la OTAN. “Y que eso se va a acabar”. Poco nos debiera sorprender ya de un personaje como Trump, pero lo cierto es que su capacidad para epatar al personal con sus disparates empieza a poner en riesgo a los humoristas que lo caricaturizan, y a guionistas de series como “House of Cards” incapaces de imaginar escenas tan absurdas, peligrosas y complicadas con las que emergen cada vez que al verdadero presidente se le pone a tiro un micrófono o el teclado de su Smartphone para escribir silbidos, más bien de pajarraco. Alemania posee un superávit comercial no sólo con EEUU, sino con gran parte de los países del mundo, pero el origen de esa ganancia competitiva está en la fortaleza de su industria y los productos que elabora, no en engañosas políticas comerciales o cambiarias que juegan a su favor. Alemania no realiza una conspiración global para colocar sus productos en el mundo, aunque sea ese un pensamiento que tanto Trump como otros líderes populistas de naciones variadas expresan. Las palabras del pobre Donald, y de esos otros líderes populistas igualmente desnortados, lo que reflejan sobre todo es una profunda envidia ante la capacidad de la economía y sociedad alemana de producir bienes y servicios de una calidad fuera de toda duda. Si los coches alemanes arrasan en EEUU no se debe a que las barreras arancelarias son favorables a los germanos, no, sino a que no hay un producto hecho en EEUU que sea capaz de competir de tú a tú con los Mercedes o BMV que suponen el techo de la aspiración del consumidor. Curiosamente es el modelo S de Tesla, la berlina eléctrica de lujo que produce el conglomerado de Musk en California, el único modelo creado en suelo norteamericano que es capaz de competir con las berlinas de lujo alemanas en el selecto mercado de la élite del estado soleado, y si es capaz de ello se debe a que es un producto novedoso, innovador, rupturista en lo tecnológico y asociado a una imagen de modernidad fuera de toda duda. Ese es camino que debe emprender la industria norteamericana si quiere vencer a la alemana, no el de las bravatas, aranceles o guerras comerciales sin sentido, que sólo logran empobrecer a todos los países envueltos en ellas y, desde luego, a los ciudadanos de esas naciones.


Pero estas declaraciones de Merkel y Trump, centradas principalmente en lo económico, muestran sobre todo una fractura política e ideológica, una separación en la forma de entender la sociedad y la vida. Hasta ahora veíamos al dirigente que ocupaba la Casa Blanca como el líder del mundo libre, el presidente de la democracia más longeva y el administrador de una nación regida por el derecho, la ley y la libertad. Eso con Trump ya no es posible. Ahora mismo es Merkel, odiada por muchos y admirada cada vez más por quien esto les escribe, la que se atreve a decir en alto que la ley, los derechos humanos y la sociedad libre son los designios que deben regir nuestra conducta como naciones. Pero, ay, Merkel carece de poder fuerte, no posee ejércitos y está en el ojo de mira de una Rusia que la puede condicionar. Terrible panorama el que se abre para un occidente convulso y dividido.

miércoles, diciembre 21, 2016

El terrorismo y los buitres


A la misma hora que en Madrid, cuando aquí es aún noche cerrada, debe estar amaneciendo en Berlín, dos días después del atentado que ha sacudido a la ciudad, y sin ninguna pista clara, que se sepa, sobre el paradero del autor del mismo. La liberación, ayer, del único sospechoso que estaba detenido, que finalmente no tenía relación con el ataque, ha dejado bastante en evidencia a la policía germana y con el miedo en el cuerpo a los habitantes de la capital y, en general, el resto del pañis, dado que la sospecha de que un asesino anda suelto a cuatro días de la Navidad resulta, cuanto menos, inquietante. Ojalá den con él a la mayor brevedad posible.

 

El título del artículo de hoy no es original mío, lo he tomado prestado del editorial del periódico francés Le Monde, y describe muy bien, en cinco escuetas palabras, lo que pasó ayer, en medio de la conmoción y el dolor que todos sentíamos por la matanza de Berlín….. ¿todos? No, todos no. Una serie de personajes, representantes políticos, alianza de partidos y siglas se frotaba las manos sobre los aún calientes restos humanos que se situaban a los pies de la iglesia memorial del Káiser Wilhelm. Alternativa por Alemania, el UKIP, Le Pen, los extremistas holandeses y austriacos, y toda la constelación de formaciones satélites de similar corte e ideología, por llamarla de alguna manera, apenas tardaron minutos para explotar para su beneficio la tragedia, para lanzarse a las redes sociales y calumniar a Angela Merkel, mostrando su imagen teñida de sangre, para acusar a todos los que no son los suyos de ser colaboradores con el terror y, también, culpables de su existencia, y a cargar sin piedad contra los que ellos consideran diferentes, acusándoles de complicidad con la barbarie y toda clase de males que su presencia ha traído a las virginales tierras europeas. A algunos de esos políticos, aunque no debiéramos llamarlos así, se les abrieron las puertas del cielo electoral por cada hueso que era quebrado y cada alma extinguida sobre las aceras de Berlín, y nada esperaron para vejarlas del todo, para abusar de su recuerdo y aprovecharse de los cadáveres. Para los que vivimos en España, esas actitudes no nos son extrañas. Recuerdan demasiado a la utilización de las víctimas de ETA que realizaba Batasauna y todo su entorno, a la manipulación de los sentimientos, al traslado de la carga de la culpa que los socios de los terroristas hacían ante cada asesinato. “Algo habrá hecho”, “no debía estar ahí”, “todas las violencias tienen culpa” y muchas otras soflamas, basuras, eran arrojadas a la memoria de la víctima, familiares y amigos, y durante muchos años, se quedaban ahí, sin que nadie las combatiera, calando en parte de la sociedad que, amedrentada, cómplice y cobarde, asimilaba ese discurso y acababa haciéndolo propio. Lean Patria de Fernando Aramburu para saber cómo se vivía esa cárcel moral que daba cobijo al terror armado. Sólo la revuelta de unos valientes se atrevió a levantarse, a alzar su voz, en silencio, con pancartas blancas, con lazos azules, con gestos por la paz, y tras muchos años en soledad llegó el pacto político contra el terror, la solidaridad de las fuerzas sociales frente a la barbarie, y la construcción de un discurso ideológico que dejara claro quiénes eran las víctimas y quienes los verdugos, discurso que, por cierto, ahora algunos quieren empezar a deshacer, porque les incomoda. Frente al terrorismo yiahdista nos falta un discurso colectivo de oposición, de actuación común, que distinga a los musulmanes de los asesinos, como aquel grito que resonaba a finales de los noventa de “vascos sí, ETA no”, Y frente a nosotros, el asesino actúa sin freno alguno y, horror, existe un frente unido, compacto y coherente que ofrece la peor de las respuestas posibles, para sacar partido y hacerse con el poder. La situación es, se vea como se vea, desoladora.

 

El memorial del Kaíser Wilhelm de Berlín consiste en mantener en pie los restos de la gran iglesia que se erigía en esa zona, que como toda la ciudad, quedó arrasada tras la Segunda Guerra Mundial. Esa torre, llamada con cariño “la muela cariada”, nos recuerda en qué se convirtió Europa, y parte del mundo, cuando el fanatismo, la sinrazón, y el nacionalismo se hicieron con las riendas del poder, cuando en mundo de ayer que relataba Zweig con maestría se derrumbó bajo el yugo del miedo y del odio. Esas ruinas son una señal que nos dice lo que pasó, y puede volver a pasar, si caemos en los errores que creíamos, ingenuamente, superados. Hoy todos somos Alemania y Merkel nuestra presidenta, pero hay que actuar para que mañana no se hagan con el poder los que amenazan con destruir lo que hemos creado.

 
A ver si esta tarde puedo colgar un artículo con la lista de recomendaciones de libros de 2016