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viernes, julio 24, 2026

ChatGPT se escapa

Una de las noticias más interesantes de la semana, que da mucho que pensar, es el incidente sucedido con un modelo de IA de la empresa OpenAI, creadora de los ChatGPT X. Al parecer, según han contado y ratificado otras fuentes, un modelo de IA que estaban entrenando en un entorno seguro y, presuntamente, aislado del exterior, logro encontrar un agujero en las medidas de seguridad que cercenaban su hábitat y escapó, de tal manera que violó el confinamiento. No sólo eso, sino que procedió directamente a lanzar un ciberataque a una empresa tecnológica emergente, de nombre Huggin Face. Esta empresa ha confirmado que sufrió el ataque.

La IA tiene, en este momento, dos grandes riesgos, de naturaleza muy distinta, y que en ningún caso, en mi opinión, se están afrontando como es debido. Uno es el financiero. La industria de la IA requiere enormes inversiones en centros de datos que sirvan para entrenar y abastecer de información a los modelos, llenos de carísimo equipamiento informático de última generación, y con ellos enormes costes energéticos de uso y refrigeración. Para lograr todo esto las empresas metidas en la carrera de la IA han anunciado inversiones inmensas, de cientos de miles de millones de dólares, se ha lanzado a la emisión de deuda privada a lo loco y se han convertido en devoradoras de capital con una voracidad pocas veces vista. Hasta ahora el mercado se lo ha consentido todo en aras de la expectativa de negocio que se puede estar creando, pero empiezan a surgir serias dudas de que toda esa montaña de costes pueda no sólo llevarse a cabo, sino ser rentable en un plazo razonable. Si crece la sensación de que estos costos no van a ser asumibles y este castillo financiero se derrumba, la IA puede llevarse por delante compromisos, emisiones, derechos y todo lo que ustedes imaginen que sucede cuando se produce una estampida financiera. La dimensión de las cifras apostadas en el sector es capaz de provocar un crack global si no cumple lo que promete. El otro problema, más de concepto si quieren, es el derivado de una tecnología que puede no ser tan controlable como se nos ha vendido. Desde el principio, mucho antes del surgimiento de los modelos LLM, ha habido una corriente precautiva con la IA ante el temor de que, si se alcanza, se escape de nuestro control y sea capaz de causar daños masivos. El que muchas películas hayan basado sus argumentos en este temor lo ha ridiculizado parcialmente para muchos expertos serios mantienen dudas profundas sobre qué va a suceder cuando las aplicaciones de IA sean capaces de operar solas y el control de quienes las diseñan no pueda mantenerlas en cautividad. La carrera que se vive entre empresas y naciones (EEUU y China) en este sector no hace sino aumentar los miedos a que alguno de los modelos llegue a un punto de escape. No hace falta que se alcance la AGI, la Inteligencia Artificial General que tanto ansían las empresas norteamericanas y que no dicen perseguir las chinas. Basta con que un modelo empiece a superar las capacidades de comprensión y seguridad de quienes lo han desarrollado para que se vuelva peligroso, como una criatura que ya no responde a quien le ha amaestrado, en este caso más bien creado. ¿Algo de esto es lo que le ha pasado esta semana a OpenAI? Puede ser, aunque recuerden que en este sector las noticias que asustan también son una excelente fuente de marketing. En todo caso, parece que estamos ante un incidente serio, que ha comprometido las medidas de seguridad de la empresa y que, probablemente, revele hasta qué punto esas medidas son, cada vez, más escasas ante el avance que se registra en la carrera tecnológica. Es probable que OpenAI haya sido sobrepasada por una de sus creaciones. Es muy necesaria una auditoría seria de lo que ha sucedido y tomar las medidas que sean necesarias para impedir que se repita.

En ambos planos, financiero y tecnológico, la IA corre a sus anchas sin apenas regulación, más allá de los intentos de una UE sobrepasada por completo. Las similitudes entre la carrera nuclear y la de la IA son numerosas, aunque hay un factor que, por ahora, las distingue claramente. En el caso nuclear primero vino la bomba, vimos el hongo y, tras ello, se vio la necesidad global de la regulación por seguridad. En la IA el desarrollo tecnológico sigue imparable sin apenas controles, pero con el temor de que, en algún momento, se produzca un accidente que revele la peligrosidad potencial de esa tecnología ¿Habrá que esperar a que eso suceda para regular como es debido? Ojalá no sea así, pero ya ven, los problemas crecen y las medidas para atajarlos no.

miércoles, mayo 27, 2026

Abucheos a la IA

Fin de curso, las ceremonias de graduación se extienden por todas partes imitando las que se celebran en EEUU, que de tanto verse en las películas han generado envidia sin cesar. Se organizan con un boato similar y se convierten un festejo, orgullo de padres y antesala de una noche de desmadre. En EEUU existe la costumbre de que gente famosa, de los negocios o la farándula, den un discurso en esas ceremonias con el objeto de alentar a los nuevos graduados ante su inminente entrada en el mundo laboral, el abandono de la incubadora universitaria y su inmersión en el crudo mundo del empleo, del que muchos saldrán despedazados.

La semana pasada fue Eric Schmidt el que disertó ante un auditorio lleno de birretes. Schmidt fue durante varios años el Consejero Delegado de Alphabet, la matriz de Google, lo que le convirtió en uno de los más poderosos en el mundo de la empresa y tecnología en el mundo. Desde que ha dejado su puesto ha simultaneado sus apariciones como gurú tecnológico y como experto en gestión empresarial, con un cache de cobro con tantos ceros como usted pueda imaginar. Un invitado de relumbrón al acto. La cuestión es que las cosas no sucedieron como nadie de los que lo organizaron esperaba. Schmidt comienza su alocución y, en un momento dado, habla de la IA, del reto que supone para los nuevos empleos y para los estudiantes graduados que van a comenzar sus carreras laborales, y se empiezan a escuchar pitos, abucheos, silbidos, ruidos que interrumpen el discurso y cargan el ambiente. Se produce una rebelión en la audiencia ante uno de los hombres más poderosos del mundo, y Schmidt tiene que cambiar su intervención e irse por otros derroteros para salvar los muebles. La escena muestra una cierta incredulidad en el ponente, que no es precisamente dado a expresar emociones, pero se le ve incómodo, sorprendido. Es justo la IA, la gran criatura que su empresa y otras del sector han alumbrado como promesa de solución de muchos de los males, la que ha suscitado el rechazo entre los que van a ser parte del empleo norteamericano en unas pocas semanas. En vez de abrazarla como una oportunidad, como el reto que no dejan de insistir los que la desarrollan, esos chavales la ven como una amenaza, como un problema que puede condenarles a no conseguir empleo, o a alcanzar uno que diste mucho de sus aspiraciones, y que les genere muchos menos ingresos de los que esperaban, y de paso no les permita cubrir las deudas que han contraído para sufragar sus estudios universitarios. El paco faústico norteamericano, en el ámbito de la Universidad, consiste en que uno se arruina para alcanzar la titulación de prestigio que otorga una de esos campus de ensueño de nombres por todos admirados, y con eso en el mercado de trabajo las oportunidades de empleo se disparan, a la par que los salarios, y los costes de la educación se recuperan en un plazo breve gracias al éxito profesional. Ese compromiso, que involucra a instituciones educativas, empresas, familias y estudiantes, empieza a romperse porque, entre otras cosas, la IA hace que las nuevas generaciones de estudiantes entren en un mercado laboral que no les demanda. Saben que las consultoras, despachos de abogados, empresas tecnológicas y demás nichos atractivos de empleo han frenado la contratación de juniors, el primer escalón de empleabilidad en sus sectores, porque la IA empieza a realizar esos trabajos. Eso estudiantes saben que compiten con algo que, durante estos últimos años de la carrera, les ha resuelto casi todos sus problemas educativos, hecho gran parte de sus trabajos y esquematizado lo que tenían que aprender. Conocen muy bien la capacidad de la IA, por eso la temen como competidora.

Este quizás sea uno de los primeros momentos en el que se vislumbra la ruptura entre el sueño tecnológico y la realidad, el fin del enamoramiento perdido entre la sociedad, encantada de contemplar las novedades sin fin que surgen de Silicon Valley, y el mundo de los tecnólogos y sus ensoñaciones. Internet supuso una revolución en muchos aspectos, pero que fue abrazada por todos como algo que generó un progreso evidente, aunque dejase profesiones enteras extinguidas. El caso de la IA, mucho más complejo y potencialmente profundo en sus implicaciones, ya no se ve como algo “molón” por así decirlo. La sensación de problema crece al mencionar ese asunto, sea un temor real o figurado. Y eso es una profunda novedad.

viernes, mayo 08, 2026

Musk vs Altman, juicio a la IA

Estos días, en Oakland, California, muy cerca de San Francisco, se está desarrollando un juicio interesantísimo donde no se determinará un veredicto sobre la IA, pero sí se enfrentan dos enormes inteligencias humanas muy vinculadas a este asunto, y lo que se dirime es un tema monetario, derechos, dinero, cantidades enormes de dinero, en relación con una industria que está configurando el mundo a una velocidad nunca vista. Por un lado, Elon Musk, que no necesita muchas presentaciones, y creo que estaremos de acuerdo que tampoco precisa de más dinero, es el demandante. Por otro lado, Sam Altman, el principal directivo de OpenAI, la matriz de ChatGPT, el modelo LLM de IA más famoso del mundo.

Musk ha demandado a Altman porque considera que le ha estafado. Cuando se funda OpenAu se crea no como una empresa, sino como una fundación sin ánimo de lucro, sin el componente de negocio ni su presión, que es una de las características definitorias del mundo del emprendedor, y más en el entorno de Silicon Valley. Musk fue uno de los que invirtió dinero en su momento en OpenAI, aunque también fue rápido a la hora de abandonar la idea, absorbido por entonces con el desarrollo de Tesla, que estaba cada día al borde de la quiebra. Su planta matriz está, por cierto, en Fremont, a pocos kilómetros de Oakland. La cuestión es que OpenAI crece y crece, y necesita recursos financieros sin cesar porque sus modelos iniciales funcionan, pero consumen energía y capacidad de procesamiento de una manera no vista. El dinero aportado por los fundadores no es suficiente y Altman, con otros miembros de la compañía, busca nuevos inversores. Ahí aparece Microsoft, que insufla una buena cantidad de dinero, bastantes miles de millones de dólares, y permite a OpenAI seguir su desarrollo y llegar hasta la primera versión abierta al público de ChatGPT, y el resto es tanto historia como revolución. OpenAI hoy en día sigue siendo una entidad que no genera dinero, pero su tecnología sí, y tanto Microsoft como otras empresas la utilizan para desarrollar sus propios LLM (Copilot, Gemini, etc) y la propia valoración de ChatGPT está disparada en medio del mercado efervescente que rodea a la IA. Se supone que este año va a salir a bolsa y se habla de cientos de miles de millones de dólares de valor en acciones. Musk cree que ChatGPT engañó a los inversores iniciales que, como él, creyeron en la idea cuando era poco más que una fantasía, y que se ha producido un cambio completo en la filosofía de la entidad, donde el componente de lucro ha suplido por completo a la fundación originaria. Demanda una cifra que, creo, se sitúa en los 15.000 millones de dólares como indemnización. Por su parte Altman defiende que la entidad que dirige no ha engañado a nadie, que todo el mundo veía que el desarrollo de la tecnología era exitoso pero inasumible sin más recursos, y que era necesaria la entrada de mucho capital para ello, y que Musk pasó de ellos en un estadio bastante inicial del proyecto, aunque reconoce que sí les ayudó en las primeras etapas. Alega, además, que Musk y sus empresas también han copiado la tecnología LLM de ChatGPT, porque qué otra cosa es Grok, al IA de X, sino un ChatGPT desarrollado por los ingenieros de Musk inspirado en la empresa originaria. Considera que Musk apostó inicialmente pero luego se fue a por otras ideas y se retiró voluntariamente, y no tiene derecho a indemnización alguna. Como pueden ver, el juez de Oakland se enfrenta a un dilema financiero complejo y a dos genios, acompañados de caros abogados, que si se ponen a discutir entre ellos puede que nadie sea capaz de entenderlos.

Dicen las crónicas que es poco probable que Musk se salga con la suya, y que el veredicto, a lo sumo, le puede otorgar una cifra testimonial, de decenas o cientos de millones (entiéndase lo de testimonial en el contexto de las cifras que manejan estos sujetos) y que las comparecencias están siendo dignas de ser seguidas. Lo cierto es que OpenAI, junto con Anthropic, surgida de una escisión suya, se han convertido en líderes globales de una tecnología que casi todo el mundo observa como el santo grial ante cualquier problema, y que de momento ha solucionado tantos como los que ha contribuido a crear. Sea cual sea el veredicto del tribunal, la IA no deja de crecer, y que se sepa, no redactará la sentencia que de por juzgado el caso.

viernes, abril 24, 2026

Mythos de la IA

Mientras el estrecho de Ormuz sigue bloqueado y la crisis energética global se agrava, la IA sigue generando noticias sin que se le preste demasiada atención. Es verdad que muchas de ellas tienen un componente, digamos, apocalíptico, que hace difícil saber que tienen de cierto, de propaganda por parte de sus difundidores o de real, pero bueno, las cosas son como se cuentan, no tanto como son en sí. Anthropic, la empresa desarrolladora de Claude, quizás la más avanzada en este mundo, y la que ha tenido los famosos problemas con el Pentágono por cuestiones de ética de uso de su IA para fines militares, vuelve a ser la protagonista.

Hace unos días desveló la existencia de una variante de su modelo Claude, al que apodó como Mythos. Las empresas de IA desarrollan modelos completos en los que mejoran las capacidades de sus precedentes, de ahí ChatGPT 3, 3.5, 4, etc pero como pasa con el software de toda la vida, hay versiones intermedias que no salen al mercado masivamente pero sí son probadas por desarrolladores y especialistas de la comunidad. Esta es una de esas. La cosa es que Anthropic ha anunciado que Mythos existe, pero que no la va a dejar nunca de acceso libre al mercado, por el peligro que supone. No, no Mythos no mata a la gente ni nada por el estilo, lo que sucede es que parece ser muy buena para detectar vulnerabilidades en el software, fallos en el código de la programación de programas que sí existen ya en el mercado y que muchos utilizamos, fallos que pueden servir para que maliciosos se infiltren en ellos o los derrumben o se apropien de los datos o hagan cosas ilegales. Pues bien, dice Anthropic que son miles y miles los fallos de vulnerabilidad que ha encontrado en software que lleva años en servicio, y que muchos de esos errores son vulnerabilidades críticas que comprometen seriamente al programa y a sus usuarios. Afirma también que la mayor parte de esos fallos jamás hubieran sido detectados por humanos, y que los riesgos que abriría la divulgación de esos errores son enormes. Nuevamente, ¿cuánto hay de cierto en esta noticia y de propaganda publicitaria de Anthropic? Es imposible saberlo, y en todo caso debiera ser alguien muy experto en programación, o mejor, un buen hacker, el que responda a esta pregunta después de analizar lo que Mythos proporciona. Como no es el caso de quien esto escribe, no les puedo responder con capacidad. Lo único seguro es que la empresa de los hermanos Amodei ha organizado una ronda de reuniones al más alto nivel con empresas de software punteras (Microsoft, Oracle, Google… ) para analizar en privado, y bajo una confidencialidad aparentemente estricta, lo que el modelo ha descubierto y las formas de corregir esos fallos. Supongo que los desarrolladores de esas empresas podrán valorar correctamente hasta qué punto las vulnerabilidades encontradas son comprometedoras, pero dado que las IA a las que podemos acudir todos en el mercado sí son capaces de programar correctamente y hacer cosas de desarrollo que hace un par de años o tres hubieran requerido grandes equipos humanos y tiempo abundante, es posible suponer que las más avanzadas serán capaces de hallar fallos en líneas de código realizadas hace tiempo por humanos bajo unos estándares de seguridad menores que los actuales. De hecho eso es el trabajo del hácker, encontrar fallos, o puertas no diseñadas pero que existen y se abren, que permiten que el software o no se comporte como se esperaba o que lo haga al servicio de quien se introduce en él, y no al de quien lo diseño u opera. Quizás Mythos no sea el hacker universal como se anuncia, pero es fácil que haya encontrado algo feo y potencialmente peligroso, así que mejor corregirlo.

En todo caso, lo que sí es cierto es que, sin inteligencia comparable, las IA empiezan a mostrar capacidades que no se les suponía hasta dentro de mucho tiempo, y su mejora continua no cesa de producirse en un bucle de retroalimentación interesante. Su presencia en la sociedad es creciente y sus consecuencias económicas no hacen sino crecer. Ayer Meta, la empresa de Zuckerberg, anunció el despido de 8.000 empleados, que resultan ser redundantes dado el desarrollo de la IA en la evolución diaria de su corporación. ¿IA creciente a la par que la tontería humana? Viendo Ormuz no es descartable.

lunes, abril 20, 2026

Ya nos ganan corriendo

Ayer tuvo lugar la media maratón de Beijing, algo no muy raro dada la fiebre, que sí veo rara, de salir a correr distancias inconmensurables que dejan los cuerpos hechos polvo. Eso se ha extendido por todo el mundo, y en Madrid hay momentos en los que parece que han soltado un monstruo por las calles, de la cantidad de gente que ves corriendo, como si huyera de él. La cuestión es que en esa media, en paralelo al recorrido oficial, había un carril reservado para que por el fueran robots humanoides, no artefactos con ruedas en plan cochecito, no sino robots bípedos como nosotros que corriesen de una manera similar.

A la prueba se presentaron algo más de cien robots, de aspecto y tamaño similares, más o menos como un humano bien grandote. La inmensa mayoría de los participantes eran de fabricación china, siendo sólo unos poquitos del resto del mundo. De entre todos los concursantes, algo más de la mitad eran dirigidos por control remoto, es decir, un operador los controlaba y, supongo, era el encargado de mantener el ritmo de la carrera y hacer los giros y demás efectos necesarios para mantenerse dentro del recorrido, una especie de piloto de coches radiocontrol pero llevando un aparato sin ruedas. El resto de los participantes eran sistemas manejados por IA, autónomos, que evaluaban por sí mismos el recorrido y decidían cuándo acelerar o cómo tomar las curvas y pendientes que surgían a su paso. El año pasado también se celebró esta carrera, con bastantes menos participantes, y muchos de ellos generaban simpatía al ver cómo tropezaban o caían de una manera un poco patosa. El ganador de esa competición robótica tardó más de dos horas en recorrer la distancia reglamentaria. Este año las cosas han sido un poco distintas. Mucho. Ha habido algunos ejemplares que se han caído, tropezado y quedado por el camino, pero la mayor parte de los participantes lograron llegar a la meta, tanto los controlados por remoto como los que usaban la IA. No sólo la ratio de éxito de los participantes ha sido exitoso, sino que las marcas ya son memorables. El ganador de la competición, creo que radiocontrolado, ha tardado unos cincuenta minutos en hacer los 21 kilómetros de la carrera, lo que bate con creces las mejores marcas humanas. Apodado relámpago, luce un color rojo intenso y unos bracitos pequeñitos, con un tronco esbelto y un par de piernas que se mueven de manera impetuosa. No hacen falta pies como tales para semejante comportamiento, y sus extremidades se parecen a esas prótesis que lucía Pistorius, el famoso atleta paraolímpico. La cabeza es enjuta, con un sistema de visión que le da un cierto toque dimensional humano pero con notable ausencia de rostro. Al parecer fue necesario cambiarle la batería a mitad de recorrido, pero sólo con dos cargas pudo mantener todo el tiempo una velocidad constante que le llevó a batir todos los récords. Relámpago ha corrido una distancia enorme, una media maratón, a un ritmo que ningún humano conocido es capaz de alcanzar, por lo que sería capaz de pillar a quien quisiera en una competición de distancia, superando poco a poco a humanos que desarrollarían velocidades mayores en distancias más cortas, pero que con el paso de los kilómetros quedarían agotados. En la competición del hombre contra la máquina es evidente que ya perdimos hace tiempo la batalla frente a los objetos con ruedas, simplemente piense una bajada de un puerto de montaña en bicicleta respecto a la carrera humana, y ni les cuento en las comparativas con coches o cualquier otro tipo de vehículo a motor. Lo ultranovedoso de este caso es que el bipedismo artificial ya es capaz de superar al biológico en prestaciones. Recuerden, relámpago tenía las mismas ruedas que usted y yo: ninguna.

El progreso alcanzado por este tipo de robots en el lapso de unos pocos años es realmente asombroso. China se ha propuesto liderar esta carrera, la conceptual, y desde hace un par de años no deja de hacer demostraciones en las que humanoides cada vez más sofisticados no sólo ya replican nuestros movimientos, sino que los multiplican de una manera asombrosa en coordinación, precisión y capacidad. El ejercicio de artes marciales y baile que mostró al mundo hace un par de meses con motivo del nuevo año lunar ya dejó epatado a medio planeta. Lo de ayer fue otra exhibición de control y, también, marketing. Espectacular.

viernes, febrero 20, 2026

¿La IA nos dejará a todos en paro?

Aunque la actualidad vuelve a atropellarme, en forma de ex príncipe detenido, voy a aprovechar el artículo de hoy para enlazarles un comentario en X de hace un par de semanas que tuvo mucho éxito, y que se dedica exclusivamente al impacto creciente, y potencialmente revolucionario, de la IA en el mundo del trabajo. Lo escribió Matt Shumer, un ingeniero informático que trabaja en Silicon Valley y que de esto sabe bastante, y en Le Grand Continent lo han traducido para que, si lo desean, puedan leerlo y entender lo que señala, y así lo puedan valorar en su justa medida.

La tesis de Shumer es simple. Escrita de una manera que trata de impactar al lector y, en cierta medida asustarle, indica que no somos capaces de asumir el crecimiento exponencial que están alcanzando los modelos de IA a la hora de desarrollar tareas intelectuales cada vez más complejas, que su evolución es cada vez más rápida y precisa, y que es probable que en mucho menos tiempo del que imaginamos esas IAs sean capaces de hacer la mayor parte del trabajo que hoy desempeñamos los humanos, y de una manera mucho más precisa, y por supuesto, más rápida. Shumer utiliza el símil del Covid, de cómo a principios de 2020 se hablaba de algo que estaba pasando en China pero que no estábamos muy seguros de lo que era, y que en ningún caso iba a llegar a afectarnos, y un par de meses después teníamos a todo el planeta revolucionado y a gran parte de él viviendo en pijama en casa de manera constante. Así describe la ola que viene, que va a ser, según él, mucho más disruptiva y trascendental, porque viene para quedarse. Es cierto que Shumer de esto sabe mucho y está en primera línea de los desarrollos que luego cada uno de nosotros, como usuarios, acabamos utilizando de una manera u otra, pero él, como todos nosotros, tiene una capacidad escasa para predecir realmente lo que puede suceder en el futuro, y sobre este tema de la IA el debate es tan profundo y disputado que, realmente, se me antoja difícil saber si este experto se ha tirado a una piscina con agua o no. Cierto es que su intención es al de llamar la atención, lanzar un aviso de cara a lo que viene, advertir a la gente de que sus empleos y formas de vida, que cree garantizadas, se enfrentan a un terremoto inmenso que puede trastocarlo todo, y no hace predicciones sobre impactos en PIB o cosas por el estilo. Sólo quiere hacer de señal de advertencia, de letreo luminoso en medio de la carretera que indica PELIGRO ante algo que se aproxima. ¿Es real el escenario que preludia Shumer? No lo se. Varias profesiones sí se están viendo afectadas por el desarrollo de la IA, y no hace falta pensar sólo en el mundo de los programadores y todos aquellos que trabajan con el desarrollo de sistemas informáticos. Su extensión al campo cultural es cada vez mayor y crecen ahí las voces, especialmente en el campo de los guionistas y actores, sobre la probabilidad creciente de que creaciones puras de IA sean capaces de suplirlos dada la cada vez mayor verosimilitud de lo que producen. En nuestro día a día leemos artículos y textos en los que la IA ha participado como apoyo o, directamente, como redactora, y a veces se nota y en otras ocasiones no. El propio internet se encuentra en un momento delicado, al ver como el tráfico de humanos cae y el del bots de IA se dispara, o cómo las búsquedas y el uso de enlaces se reduce a medida que los agentes de IA de las empresas de la red responden a las preguntas que se les plantean sin tener que llevarte a ningún otro sitio. Sí, la IA puede ser disruptiva.

En esto, como en tecnologías pasadas, cuando se descubrieron e implantaron, no es tan relevante el efecto que producen como la velocidad a la que lo logran, de tal manera que se disponga de tiempo para que, individual y socialmente, se puedan dar las adaptaciones precisas para que se acceda a los nuevos empleos y capacidades que suplan los perdidos. Precisamente ahí es donde más incide Shumer en su advertencia, en que la velocidad de lo que viene va a ser mucho más rápida de lo que somos capaces de imaginar, y que no nos va a dar tiempo a ajustarnos. ¿Será así? No lo se. En todo caso, el texto merece la pena ser leído y reflexionado.

jueves, febrero 19, 2026

¿Burbuja de inversión en IA?

A ver si puedo escribir un par de artículos sobre la IA, que está la cosa candente. Hoy vamos sobre temas financieros. Desde hace unos cuántos días las cotizaciones de las empresas vinculadas con la IA, el grupo de los siete magníficos (Apple, Alphabet, Meta, Amazón, Tesla, Nvidia y Microsoft) llevan goteando a la baja en bolsa, en un proceso de rotación de carteras que beneficia a sectores como el de la energía u otros más relacionados con el “value” una forma de inversión muy basada en análisis fundamental de las características financieras de la empresa, y menos en su capacidad innovadora. ¿A qué se debe esto?

El movimiento empezó tras la publicación de resultados de varias de estas empresas, en general buenos, o incluso mejores de lo esperado, pero que iban acompañados de mastodónticos anuncios de inversión en centros de datos y demás parafernalia destinada a la IA. Las cifras que las compañías han puesto sobre la mesa para un plazo que no llega a los dos años se sitúan en el entorno de los 600.000 millones de dólares, una barbaridad, o un disparate, según han querido verlo algunos analistas. Unas cifras de inversión que dejan a los presupuestos nacionales en I+D+i de las naciones europeas convertidos en propina y que comprometen la estabilidad financiera de empresas enormes, actualmente muy saneadas, pero que se han puesto un reto por delante difícil de imaginar. Además de con sus propias cajas, muchas de ellas han hablado de la necesidad de emitir deuda corporativa para hacer frente a semejante esfuerzo, y Alphabet, la empresa matriz de Google, ha sugerido la posibilidad de sacar bonos a un plazo de cien años para lograr conseguir los más de cien mil millones de dólares de inversión que, ella solita, pretende llevar a cabo. ¿Existirá Google dentro de cien años? Es una buena pregunta, y quizás sea correcto empezar a responderla imaginando qué de lo que conocemos lo logrará. En general el mercado ha acogido con prudencia, cuando no temor, estas perspectivas de inversión, porque se consideran exageradamente altas, y porque se corre el riesgo de que la apuesta por la IA alcance unas dimensiones existenciales para el futuro de estas empresas. Visto lo visto, o resulta el mejor negocio de la historia o no habrá manera de recuperar semejantes fortunas invertidas, por lo que muchos de estos planes se enfrentan a un todo o nada que no gusta demasiado. Lo de poner todos los huevos en la misma cesta y esas cosas. Además, como ha sucedido anteriormente en el mundo tecnológico, independientemente de si la IA resulta ser el negocio paradisiaco que se promete, la experiencia demuestra que no son varias, sino una empresa la que se acaba haciendo con el pastel. Hubo muchos buscadores, triunfó Google, Meta es la líder en redes sociales, Amazon lidera el comercio electrónico, Apple la tecnología de teléfonos…. Si la IA se acaba imponiendo es más que probable que alguna empresa, quizás ninguna de las mencionadas, sea la que domine su aplicación y se lleve la mayor parte de los beneficios, lo que supondría que el resto difícilmente serían capaces de recuperar las ingentes sumas invertidas. Lo que ha supuesto esta serie de anuncios es el recrudecimiento de toda una carrera de armamentos tecnológica que se ha desatado en Silicon Valley en torno a la IA, y a una especie de juego de apuestas desatado en el que los órdagos se suceden y las cifras se disparan hasta valores inmanejables. Con ello, evidentemente, también lo hacen los riesgos, en este caso los financieros, y si alguna de esas inversiones sale mal, empresas que ahora son joyas, símbolos globales de riqueza, poder y estatus, pueden acabar arrasadas. No sería la primera vez que sucede, desde luego que no.

Hay cada vez más estudios que relativizan el efecto de la IA en la productividad de aquellas empresas que la han implantado, que muestran ganancias relativas, menores que las esperadas, y que el uso de este tipo de tecnología puede tener más efectos sociales que económicos. El modelo de negocio de entidades como OpenAI (ChatGPT) o Antrophic (Claude) sigue estando en entredicho y no consiguen generar beneficios. Si la productividad no se dispara con la IA, como predicen sus gurús, los problemas de financiación de las inversiones irán creciendo y la paciencia del mercado se puede agotar. ¿Cómo va a acabar esto? Nadie lo sabe.

martes, febrero 03, 2026

Sin corrección en bolsa

Ayer, tras el desplome de los metales preciosos del fin de semana, las bolsas asiáticas vivieron un día duro, con bajadas generalizadas y superiores al 2%, y el arranque de las europeas tuvo un tono similar, pero luego las cosas se fueron enderezando y, finalmente, los índices occidentales cerraron en ganancias. En el caso del selectivo español, el Ibex35 cerró por primera vez por encima de los 18.000 puntos, en lo que vuelve a ser un récord histórico. El comportamiento de nuestro índice es de los mejores del mundo, sostenido fundamentalmente, aunque no sólo, por el peso de la banca, que sobrepondera en nuestra bolsa, y que está a unos niveles de cotización extraordinarios.

¿Cuál es el techo de este mercado bursátil? Desde hace tiempo se viene insistiendo que hemos llegado a él y nuevos registros no hacen sino contradecir esa idea, por lo que aventurarse a pronosticar se ha convertido en un ejercicio de pura fe, lleno de riesgo. Las tensiones comerciales desatadas por Trump en abril de 2025 provocaron un minicrash que se recuperó con gran velocidad, de tal manera que, si uno hubiera estado quieto durante esas semanas de turbulencias, habría acabado en el mismo punto y se habría podido anotar ganancias adicionales. Si es cierto que los índices norteamericanos, aunque siguen subiendo, lo están haciendo a un ritmo cada vez más pausado. El SP ha llegado a superar los 7.000 en cotización intradía, pero no ha cerrado aún por encima de esa marca, y en lo que llevamos de 2026 la evolución ofrece ganancias, pero cortas. Hay una sensación de que el mercado está muy alto, pero no deja de subir, y los agoreros llevan ya un tiempo medio callados en vista de que sus pronósticos no se han cumplido. Dos son las fuerzas, simplificando mucho las cosas, que tiran del merado. Por un lado, la liquidez creciente que llena de papelitos todo y hace que los precios de los activos suban en su denominación en unas monedas a las que la inflación erosiona sin cesar. El otro impulso es la IA, las enormes inversiones en esa tecnología que, día sí y día también, revientan marcas alcanzadas en acuerdos entre empresas del sector. Este de la IA es el puntal principal para asentar el crecimiento, especialmente en EEUU, y es, a la vez, el gran riesgo económico. La eterna discusión de hasta qué punto las expectativas que se están poniendo en esa tecnología serán capaces de cumplirse es la pregunta que obsesiona a todos, y se están dando respuestas de todo tipo, algunas que hacen ver que la IA es una solucionadora de problemas, como se ve casi a diario en publicaciones científicas de todo tipo, mientras que no son pocos los artículos que cuestionan el uso real de herramientas como Copilot, el asistente de IA de Office, en el día a día de las empresas, habiéndose detectado una reducción de su uso desde el disparo inicial tras su implantación. ChatGPT, la gran empresa que todos asociamos como el culmen de la IA, ejemplifica muy bien tanto las esperanzas en la tecnología como los costes de capital que supone desarrollarla. Sigue sin dar beneficios y consumiendo dinero para mantener un sistema informático colosal que es mundialmente conocido, pero que no sirve, hoy en día, como negocio. Su futura salida a bolsa, principalmente para obtener capital fresco con el que financiarse, ha sido señalada por más de uno como el momento culminante de la exuberancia de la IA, el punto en el que todo el mundo se lanzará a por acciones de esa empresa para subirse al carro de lo que promete ser el negocio perfecto, convirtiendo la expectativa en una burbuja de verdad, que puede ser el colofón de la época. ChatGPT no es Terra, pero no falta quien compara la locura que puede suponer su salida a bolsa con la que se vivió con aquel portal web. ¿Recuerdan lo mal que acabo todo aquello, verdad?

Sí tengo la sensación de que este año puede ser más irregular que los pasados en bolsa, especialmente viniendo de un 2025 con ganancias muy elevadas, pero no me atrevo a hacer pronóstico alguno. Creo que en lo de la IA hay algo de burbuja, de vendehúmos, pero también observo realidades tangibles. Quizás, como pasó con la web, sea necesaria una purga para hacer limpieza y que la tecnología se despliegue con todo su potencial y capacidades, y limitaciones, y en esa limpieza no pocos palmen sus ahorros e ilusiones, pero si eso se produce, a saber cuándo, cómo y por qué será. Lo comentaremos aquí, y si no pasa, no. De momento, las bolsas aguantan.

jueves, noviembre 20, 2025

Todos pendientes de Nvidia

Ayer por la noche, horario español, todo el mundo económico estaba pendiente de la presentación de los resultados de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo en bolsa, fabricante de chips y estructuras de soporte a la IA que se ha convertido no sólo en la joya de los mercados sino la piedra angular en la que se sostiene todo el mundo de la IA. Las empresas y demás actores que pretenden utilizar servicios de IA como ChatGPT, Copilot o cualquier otra de las que se encuentra en el mercado acaban dependiendo de la tecnología de Nvidia. Era la de ayer una noche especial, y que medio mundo estuviera cruzando los dedos esperando a los resultados por miedo a que si no eran demasiado buenos las cotizaciones de ese mundo se desplomasen es, admitámoslo, una anomalía.

Y los resultados, buenos, superaron ligeramente las expectativas del mercado, lo que da opciones a los que dicen que no estamos ante una burbuja. Durante el tercer trimestre de 2025 el beneficio neto ha sido de 31.190 millones de dólares, una barbaridad, y un 65% más de lo cosechado en el mismo periodo del año anterior. Tanto en beneficio por acción como en otros múltiplos de interés la compañía mejoró algo los exigentes vaores que le exigían los analistas, y eso se tradujo en subidas de la acción en post mercado de hasta un 5%, moderándose posteriormente al entorno del 2% – 3% Con eso el valor, tras la subida de casi el 3% que experimentó ayer, recupera prácticamente el 6% de bajada que había sufrido el lunes y martes de esta semana. El negocio de la empresa va viento en popa y su CEO, Jensen Huang, fue ayer tajante a la hora no sólo de prometer un futuro magnífico para su empresa y el sector de la IA; sino también en su negativa sobre la impresión de que estemos ante una burbuja en el sector. El miedo a ese fenómeno ha ido creciendo entre los analistas y otros muchos participantes en los mercados, y ahora mismo casi podíamos dividir a la opinión económica entre los que opinan que estamos ante una burbuja y los que no, y los primeros daban una importancia trascendental a los resultados de ayer para, en caso de ser decepcionantes, decretar el inicio de su estallido. Es cierto que se han visto desplomes en acciones ligadas al sector que tienen un perfil gráfico muy de burbuja reventada, casos como el del Oracle o Palantir, pero en las grandes, como es Nvidia, Microsoft, Alphabet y otras no se aprecian síntomas de una figura por el estilo. Obviamente el ascenso infinito no existe, las exigencias para Nvidia irán a más a medida que el tamaño de la empresa crezca y llegará un punto en el que sus cifras de ventas y beneficios se estanquen, como pasa en todo sector económico, pero parece que ese momento no es ya. En la opinión burbujil también hay dos sesgos significativos. Los que no lograron en su momento subirse al carro de las subidas se mueren de envidia ante lo que contemplan y creen que el derrumbe es inevitable, dado que ellos no lograron ver la oportunidad de ganancia. Por el contrario, los que están sobre una fortuna acumulada de subidas sostenidas necesitan que las cotizaciones no se derrumben para no perder lo acumulado en estos años de euforia. Eliminando estas opiniones interesadas, el miedo a que se produzca un porrazo en el mercado es lógico, y a medida que las valoraciones de las compañías se disparan es creciente, por el impacto que puede tener en la macroeconomía. El hecho de que muchas de las empresas del sector de la IA estén participadas también entre sí y aumente sin cesar el cruce de inversiones y préstamos que unas hacen sobre otras aumenta la sensación de que la caída de una de ellas pueda generar efectos de arrastre mucho más intensos de lo que sería deseable, por no hablar de las consecuencias puramente financieras sobre los volúmenes de deuda emitidos para financiar las inversiones mastodónticas que se anuncian día sí y día también. Es realmente difícil saber en qué situación nos encontramos.

Por definición, una burbuja lo es cuando ha reventado, porque si no lo hace no la subida podrá ser todo lo explosiva que queramos, pero responde una realidad. Es caso de las puntocom de principios de los dos mil es el que más se está recordando, como caso de una burbuja reventada que limpio el sector de internet, no lo arrasó, sino que sirvió para consolidarlo y convertirlo en lo que luego ha sido, la clave de bóveda de nuestra economía y sociedad. ¿Puede haber una burbuja de ese tipo en la IA, que borre muchos proyectos absurdos y ayude a consolidar los que realmente serán líderes? Sólo el tiempo lo dirá. De momento es eso, tiempo, lo que parecen haber comprado las cotizaciones. Disfrutemos de ello.

viernes, septiembre 26, 2025

ChatGPT como amigo

Historia real de la mañana de este pasado martes. Iba el metro atestado en el camino desde mi casa al trabajo, todos presionados. Mi idea de ir leyendo en el trayecto la tuve que aplazar. Un par de paradas después de la mía subió, entre otros, una chica joven, moderna, era guapa. Se tuvo que poner muy cerca de mi. Llevaba el móvil en las manos y podía ver su pantalla, de echo tenía que hacer esfuerzos para no hacerlo dado las posiciones prensadas en las que estábamos todos. En ese momento se escribía por whatsapp con su madre, a eso de las 07:20 de la mañana. Discutían, con formas adecuadas, pero con firmeza mutua. No quise hacer caso al contenido concreto del problema.

Una parada después, tras haber cerrado el whatsapp, la chica abrió la app de ChatGPT, y se puso a escribir, y ahí no puede evitar engancharme. Contaba, resumidamente, que era una chica de 23 años, estudiante de derecho, carrera que no le gusta pero que la hace porque sus padres se lo habían exigido. Saca buenas notas pero a desgana. Lo que a ella realmente le gusta es la música, desde pequeña cantar, y desde hace un par de años componer sus propias canciones con las apps que ha descubierto para ello. Tiene estudios básicos de solfeo y le gustaría ampliarlos. Su idea, su gran idea, es dedicarse a eso una vez que acabe la carrera y olvidar el derecho para siempre, pero en casa no están de acuerdo y cada vez que surge el tema se organizan serias discusiones. Le escribía a ChatGPT para contarle todo esto y para que le ayudase, para que le diera consejo, para que le guiara sobre cómo afrontar las discusiones en casa, que le estaban haciendo la vida imposible, para que le animase cuando se iba a llorando a la habitación después de haber tenido otra bronca en la sala sobre su futuro, para que le diera fuerzas…. Y más o menos por aquí es cuando ella se bajó de parada y yo seguí en el vagón. Durante el tiempo en el que escribió a ChatGPT lo hizo de una manera bastante más pausada y reflexiva que cuando discutía por whatsapp, como si estuviera pensando con mucho más detalle lo que estaba poniendo, con un cuidado muy superior a la interacción con su madre. Eso me permitió seguir bastante bien el hilo de lo que le escribía a la IA. A medida que iba relatando su historia mi asombro no dejaba de crecer, porque al otro lado, en la IA, no hay nadie. De hecho no hay exactamente ni inteligencia, pero sí hay algo que escribe y responde de manera personalizada a todo aquel que le consulta lo que sea. Es probable que, cuando acabara su escrito y se lo mandase, ChatGPT tardase poco más de unos segundos en escribirle un texto lleno de recomendaciones, avisos, sugerencias, relativas a la necesidad de compaginar los deseos de su familia y los suyos, y todo con un lenguaje frío pero respetuoso y fabricado en exclusiva para ella. Supuse, durante el resto del viaje, que esa chica habría contado su problema a los amigos de la universidad, o a los que tenga fuera del mundo educativo, pero luego pensé que a lo mejor su círculo de amistades, como pasa cada vez más, es muy corto, y la relación no es tan estrecha ni íntima como es necesaria. Si tuviera pareja es casi seguro que ese debe ser uno de los grandes temas de conversación, y problema, en la relación, pero obviamente no tengo información al respecto. ¿Estaría usando ChatGPT para contrastar su “opinión” con la de otras personas del entorno? Quizás no estaba satisfecha con lo que el resto le ha sugerido y quería una opinión adicional, y sabiendo que la IA siempre está ahí recurrió a ella. No quiero pensar que esa referencia, la IA, era la principal de las suyas, o que le estaba contando su problema antes que a otras personas de su círculo íntimo, pero la proliferación de casos que se ven en las redes y la vida real de personas que usan a ChatGPT como compañero y amigo son tales que es una posibilidad que no es descartable. Prefiero pensar que no es así, pero se que no puedo asignarle un cero de probabilidad a algo que supondría la soledad profunda de esa chica ante su problema y, desde luego, las demás complejidades de su vida.

Sí, cada vez estamos más solos. Tenemos montones de “amigos” en las redes que, en muchos casos, no son sino bots o personas que están al otro lado de una aplicación, pero fuera de nuestra realidad. En nuestros entornos personales la frialdad crece, la consolidación de las amistades se vuelve más difícil en un mundo de narcisismo creciente y la complejidad de la vida moderna erosiona los patrones de relación social que han existido durante infinidad de años y nos han moldeado a la hora de relacionarnos con los demás. Recurrir a ChatGPT como amigo o confidente es el síntoma de un problema más profundo, novedoso, y que, sinceramente, no se muy bien cómo se puede abordar.

Este finde subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de octubre.

jueves, agosto 28, 2025

Nvidia y la IA

Ayer presentó resultados trimestrales Nvidia, la mayor empresa del mundo por capitalización bursátil. Al cierre de ayer, antes de publicarlos, su valor en Wall Street era de 4,4 billones de dólares, billones europeos, billones burros. El PIB de España es de aproximadamente 1,6 billones de euros, por lo que esta empresa vale bastante más del doble de toda nuestra producción anual. Es una de las que está en el centro de la IA, la fabricante de los mejores chips para los centros de datos que alimentan a ChatGPT y demás modelos LLM que pueblan nuestros dispositivos, y reflejo de la fiebre que existe en el sector sobre la IA y todo lo que se le parezca.

Los resultados han estado en la línea de lo esperado, sin sorpresas. La empresa ha ingresado 46.700 millones de dólares en el trimestre que va de abril a junio, y el beneficio por acción se sitúa en 1,04 dólares (tiene unos 24.400 millones de acciones cotizando a diario). Son cifras mareantes que sonrojan a cualquier otro negocio, y que ayer fueron recibidas, tras el cierre de mercado, que es cuando se publican los resultados, con caídas en la cotización del entorno del 3%. Nvidia ha acostumbrado a los inversores a batir las expectativas, y eso de que se ajuste a ellas los dejó algo fríos. Los resultados de ayer son los primeros que se publican tras la puesta en funcionamiento de ChatGPT 5.0, la última evolución del LLM de OpenAI, que ha resultado ser parcialmente un fiasco, y la creciente publicación de estudios y opiniones que hablan de un riesgo de burbuja en el sector de la IA. Uno de los que ha utilizado esa palabra es Sam Altman, el todopoderoso líder de OpenAI, afirmando seguidamente que, pese a ello, la IA es la tecnología más importante en estos momentos y que cambiará nuestras vidas. Por definición una burbuja sólo se puede afirmar que ha existido una vez que se ha reventado, porque alzas explosivas sin bajadas no lo son. La IA ahora mismo cumple varias de las condiciones necesarias que se relacionan con estos fenómenos, como el acaparamiento de inversiones, el disparo de precios o cotizaciones de todo lo relacionado con ello y la sensación de vivir algo nuevo, nunca visto, el no va más, donde las expresiones grandilocuentes se suceden una tras otra. Todas las burbujas que han sido han tenido momentos similares y luego han pinchado, dejando tras ellas numerosas expectativas frustradas, ruinas abundantes, empresas quebradas, hileras de adosados abandonados o lo que tocase en aquel momento. Quizás la imagen de burbuja que más fácilmente nos viene a la cabeza es la de la inmobiliaria de 2008, pero creo que, dado el sector del que estamos hablando, puede que sea la de las puntocom del dos mil la que no sirva mejor como referente. Con el surgimiento de internet como fenómeno social y económico se produjo un disparo desaforado de inversión, creación de empresas y empleos, y anuncios maravillosos sobre todo aquello que tuviera una versión web, fuera lo que fuese. En España Terra se convirtió en el fenómeno burbujero. Partiendo de los 11 euros de cotización llego a superar los 130, y acabaría con el tiempo valiendo nada. Aquella burbuja, que arruinó a más de uno, produjo una depuración del ecosistema empresarial ligado a internet, arrasó muchas empresas, algunas de ellas valiosas, la mayoría superfluas, y creo las bases de lo que luego ha sido el negocio en la web tal y como lo conocemos. Internet sí transformó nuestras vidas, como se anunciaba por entonces, pero de una forma algo más lenta y para nada como se esperaba, ya que fue la eclosión de la web y sus simbiosis con los teléfonos móviles lo que realmente ha transformado las economías, y sociedades, en lo que ahora son. Por tanto, algo de aquellos mensajes de trascendencia que se postulaban en su momento sí se ha cumplido, pero obviamente no todo. La inversión en la red y en todo lo relacionado con ella ha seguido creciendo tras el derrumbe y hoy en día es imposible imaginar la vida sin conectividad. Los negocios que sí han sabido subirse a esa ola se han hecho de oro, el resto han logrado adaptarse o se han quedado atrás, y de aquel reventón queda bastante como resto útil, por lo menos si lo comparamos con el desastre del ladrillo patrio de hace tres lustros.

¿Va a pasar lo mismo con la IA? ¿Estamos en el punto álgido de una burbuja que ha sobreestimado sus efectos y va a generar una crisis? ¿Surgirá de esa crisis la economía de la IA libre de humo y promesas huecas que ahora pueden estar llenándolo todo? No lo se, es muy difícil hacer vaticinios sobre esto. Estudiar el pasado permite reconocer patrones que, como les señalo, se vuelven familiares en la situación actual, pero el futuro no está escrito y no tiene por qué repetirse de igual manera. En todo caso, Nvidia y el resto de las empresas que ahora, o pertenecen a ese sector o apuestan por él, son, hoy en día, las más punteras, valiosas e importantes del mundo. Y eso ya es mucho. Mañana ya se verá.

viernes, julio 18, 2025

La IA y el internet que conocemos

Desde hace un tiempo, no mucho, se habrán dado cuenta de que, cuando buscan algo en Google, lo que aparece arriba del todo en la pantalla de resultados, antes de cualquier enlace, es la propuesta que la IA de Alphabet, la empresa matriz dueña del buscador, les sugiere ante su consulta. A veces es un texto pequeño y en otras ocasiones un par de párrafos. Tras ello, como sucedía antes, se listan los enlaces que PageRank, el algoritmo que ha permitido convertir a Google en el monstruo que es ha seleccionado como los más relevantes dada su consulta, y en donde se puede acceder a la información solicitada y contenidos más relevantes o completos.

Si la IA es buena, y lo que ofrece inicialmente es correcto y satisface la consulta hecha, mucha gente optará por tener su consulta resuelta y no entrará en ninguno de los enlaces ofertados por el buscador, con lo que, aunque se muestren, no se utilizarán. Antes de la implantación de la IA, sin otra posibilidad, era inevitable que el usuario que buscaba algo accediera a alguno de los enlaces mostrados, casi siempre los dos o tres primeros nada más, de tal manera que veía el contenido de esas webs y, de paso, además de la duda que le había surgido, podía acceder a otro tipo de información que pudiera serle curiosa. Ahora ya no. La gran mayoría de los usuarios se quedan con el resultado que otorga la IA y no clican a ninguna otra parte. Las consecuencias de esto son muy interesantes. El tráfico en internet está empezando a bajar, sí, sí entendemos como tráfico el número de páginas consultadas, los accesos a las mismas, etc. Google era una enorme fuente de demanda de tráfico que el buscador canalizaba a millones de webs, y que ahora ya no funciona como canal, salvo en un pequeño porcentaje de los casos. Antes, estar en lo más alto del PageRank era un orgullo, e incluso fuente de estafas, con empresas que modificaban código y hacían perrerías para intentar engañar al algoritmo para que las posicionase en lo más alto como resultado de la búsqueda. Ya no hace falta nada de eso. Miles y miles de webs que antes obtenían accesos a través de las búsquedas ahora son consultadas muchísimo menos, de tal manera que su relevancia se apaga, su papel disminuye y se van convirtiendo poco a poco en islas en un mar menos transitado. Google, y su servicio de IA, siguen accediendo a toda la información relevante y se quedan con el resultado de las consultas de los usuarios y las respuestas, y comprueban en cada una de las iteraciones pregunta respuesta que reciben, millones y millones al día, la efectividad de su IA y los efectos en el buscador y en la web. De hecho el papel de buscador empieza a ser menos de buscar como tal y más de servicio de consulta directo, y eso altera por completo la ecuación que hemos visto durante bastantes años en el internet que hemos conocido. Una de las mayores consecuencias, de las más relevantes en el plano económico, han empezado a denunciarlas servicios webs como revistas, portales y otros muchos, que viven de la publicidad que facturan, y que la contratan en función de las visitas que reciben. Como es lógico, cuantas más visitas, más puedo cobrar en mi web por poner anuncios y más ingreso por ellos, y más posibilidades tiene el anunciante de que su producto llegue a más gente. Si el acceso a mi web se derrumba porque las visitas ya obtienen información directa de lo que desean sin acudir a lo que publico, el anunciante querrá renegociar el contrato o, directamente, cancelarlo, porque una web que se ve poco interesa poco. Y así los ingresos que mantienen muchos de los servicios están empezando a declinar por primera vez desde que internet explotó, porque existe una competencia feroz que es capaz de suplantar a la audiencia que antes tenían y les proporcionaba su fuente de financiación. La IA les está quitando el negocio.

Si el proceso se extiende, si las IAs aumentan su capacidad y precisión, si finalmente todo lo que se quiera saber esté al alcance de una IA que es capaz de responder al instante, ¿Cuál es el papel que le queda a internet? ¿Está condenada la red a ser un barrio decadente con visitas menguantes y, en muchos casos, lugares cerrados o apenas visitados? No se sabe, pero la derivada de que la IA iba a hacer que internet fuera una de sus primeras víctimas no la había visto casi nadie, muestra de que, en general, el futuro es impredecible y, en particular, que es casi imposible saber hasta qué punto pueden llegar los efectos de la IA en nuestras vidas. Todo está por averiguar en este caso, y no hay brújula ni mapa, sólo incógnitas, que la propia IA desconoce.

miércoles, enero 29, 2025

La UE y la IA

No he querido hacer un juego de siglas con el título, pero así ha quedado. Aunque ayer hubo un cierto rebote en los mercados norteamericanos, nada que ver el con el pánico del lunes, lo cierto es que las condiciones tecnológicas y geopolíticas del juego de la IA han cambiado radicalmente, y no se si estamos ante un momento Sputnik como se ha comentado por parte de algunos analistas, pero lo cierto es que lo que antes era una carrera en la que competía uno se ha convertido en un juego de dos, y lo que antes era un monopolio secreto de unas empresas norteamericanas se ha transformado en una disputa entre empresas de ambas naciones, con estrategias y condicionantes distintos.

Si se fijan, en todo lo anterior hay dos naciones en disputa, y existe un tercer actor que, por motivos obvios, nos importa muchísimo y no aparece en las noticias del lunes. Ni si quiera se vio afectado en sus bolsas, que ese día subieron. Ese tercer actor es la UE, nosotros. Hasta ahora veíamos la IA norteamericana como un invento fantástico y como algo que podíamos usar en nuestro favor, pero como respuesta parece que no había movimiento alguno para desarrollar una tecnología similar. Lo más sonado que ha hecho la UE respecto a este asunto mientras los norteamericanos presentaban sus modelos y los iban perfeccionando ha sido establecer el primer reglamento que regula los posibles efectos de esa tecnología. Sí, hemos llegado al absurdo de crear una norma para regular una industria que aún no existe en nuestro territorio, no hay empresas de la UE en el mundo de la IA generativa, sí que participen en la cadena de valor de chips, pero no en el desarrollo y puesta en marcha de modelos LLM estilo ChatGPT o DeepSeek. El anuncio de que se iba a crear el reglamento sobre el tema generó un montón de chanzas por parte de humoristas profesionales y casi todo el mundo, ahondando en el tópico de que la UE no crea nada y que se ha convertido en una potencia regulatoria, con la ambición global de que el resto del mundo se someta a sus normas. Evidentemente esto no va a ser posible. Aunque somos uno de los mayores y más atractivos mercados del mundo, nuestra capacidad para imponer reglas a los demás se ha ido diluyendo a medida que nuestro peso en el PIB global se ha reducido, y el paso de un mundo eurocéntrico a uno global nos ha empezado a dejar en un rincón del tablero. Eso es muy frustrante para quien, durante siglos, ha sido el que ha organizado el mundo para su propio beneficio. Ya no es así. En un mundo de potencias enormes, de grandes avances tecnológicos y de ejercicio del poder de la fuerza sin los disimulos de antaño, la UE sólo puede mantener su modelo legal, político y social si logra incrementos de productividad que le permitan mantener su riqueza relativa. Ya no vamos a ser capaces de imponer nuestros deseos por la vía militar, así que sólo nos queda la economía, y en ese campo o espabilamos o nos hundimos. Lo visto este lunes es una muestra de que China es un competidor ambicioso global en todos los frentes, también en el de la innovación, y que nosotros estamos dormidos en los laureles. Así no se puede llegar a ninguna parte. Sigo manteniendo mis dudas sobre los datos que la empresa china ha suministrado correspondientes a su modelo de IA. Supongo que costará bastante más, habrán sido necesarios muchos más chips y de un nivel más avanzado del publicitado, pero sea como sea, el modelo funciona, es operativo, es competencia, es real. En China, desde hace meses o años, ha habido equipos de ingenieros y desarrolladores centrados en eso y han logrado crear un modelo propio (y con sus censuras) que ha cambiado las reglas de juego. Eso es lo relevante. Y que ellos lo han hecho, y nosotros no.

¿No hay en Europa ingenieros de primera? ¿No hay dinero para invertir? ¿No hay centros de investigación punteros? ¿No hay emprendedores y grupos empresariales? Sí, sí, tenemos de todo esto, sí, pero no le estamos sacando el rendimiento debido. En el caso del coche, la idea de que somos invulnerables y que los chinos sólo hacen cosas de bajo coste nos ha llevado a la debacle que asoma en el horizonte. En la IA ya vamos por detrás de las dos potencias. China no sólo copia más barato. Crea. Y a día de hoy la UE ni copia ni crea. O espabilamos, o nos tomamos todo esto en serio o vamos a ser unos meros consumidores del desarrollo de otros. Y sin su riqueza.

martes, enero 28, 2025

China provoca un terremoto en la IA

El domingo por la tarde, mientras perdía el tiempo sin hacer nada de interés, vi que había algunas noticias referidas a una app china de IA que estaba siendo testada desde hacía unos días por expertos, y que, al parecer, ofrecía un resultado espectacular, comparable al de sistemas tipo Chat GPT de Open AI. Empezaban a aparecer opiniones sobre lo que eso supondría en el ecosistema de esta industria y el impacto que las características que la app china podía causar. A esas horas los futuros de los mercados de EEUU seguían cerrados, pero ya por la noche eché un vistazo y el rojo empezó a ser intenso. Reconozco que no puse relación a ambos fenómenos.

DeepSeek es el nombre de la empresa china que ayer desbarató gran parte de las creencias asentadas sobre cómo funciona la industria de IA y volatilizó valor en bolsa como nunca antes se había visto. Si ustedes entran en su web, con el logo de una ballena azul por bandera, tienen acceso a la app para descargarla y a un formulario de registro para darse de alta y empezar a interactuar con la IA, todo gratis. Se parece mucho a Chat GPT en su estética, pero eso es lo de menos, lo importante son las tripas. Sometida a un embargo tecnológico por parte de EEUU para que no pudiera acceder a los chips de altísima tecnología que se usan en la IA, China parece haber sido capaz de crear un modelo de IA de LLM, modelos de lenguaje que son comunes en todos estos bots, rompiendo los siguientes supuestos, hasta ahora considerados como condiciones necesarias; No ha usado los chips más potentes del mundo, no, sino unos que no son malos, precisamente, pero no la punta de lanza tecnológica. Son de Nvidia, sí, pero no sus joyas. No ha hecho un uso masivo de ellos, no, sino que le han bastado apenas un par de millares. Consecuentemente, el consumo energético de todo el sistema es bastante menor que el requerido por la infraestructura que hasta ahora se asociaba a los LLM, y todo ello redunda en un coste ridículo, que las fuentes oficiales chinas estiman en unos seis millones de dólares, una minucia comparada con los presupuestos que han hecho públicos Open AI u otras empresas norteamericanas. Además, DeepSeek, que traducido del inglés significa búsqueda profunda, está desarrollado en código abierto, lo que quiere decir que un especialista puede acceder a él, entenderlo y rehacerlo según sus necesidades. Es, más o menos, como la diferencia que hay entre Windows y Linux, siendo el primero un producto propietario de una empresa que lo ha desarrollado y no accesible en lo que hace a las tripas de su programación y el segundo un software en el que la comunidad que en él trabaja pone a disposición del resto los avances que se van creando para que, quien lo desee, pueda ir añadiendo, parcheando a adaptando según le convenga. El sistema de código abierto es un viejo conocido del mundillo de la informática y es muy querido por los desarrolladores, y odiado por los financieros, porque supone un golpe a la generación de ingresos entendida como la venta de paquetes de software cerrados y estandarizados. En fin, DeepSeek se convierte en una alternativa de bajo coste a los sistemas de IA conocidos, y ya sólo por eso supone una revolución en la materia, pero lo más importante de todo es que, según los expertos que lo están testando, es algo que funciona. Comparado con los últimos desarrollos de Open AI ofrece un rendimiento perfectamente comparable a la hora de superar pruebas de lógica y otros tipos de test a los que son sometidas estas máquinas para comprobar sus capacidades. Así que, casi de la noche a la mañana, una pequeña empresa china que era una total desconocida se ha convertido en un rival perfectamente competitivo para las joyas de la tecnología norteamericana, algo con lo que nadie contaba y que ha puesto patas arriba todo el mercado financiero global y, sobre todo, el relato de la supremacía de EEUU. Hay voces que opinan que todo es demasiado bueno para ser cierto, y que detrás de DeepSeek se esconde el potencial del gobierno chino, y en parte tienen razón, porque ese régimen controla todo lo que sucede en el país, pero a medida que pasen los días y los expertos calibren lo que hay se podrá ver si todo lo afirmado por la empresa china es cierto o no. Lo único que es seguro es que es una IA comparable a las conocidas en una nación que, según todos los que de esto saben, no debiera haber sido capaz de construir algo así.

El terremoto en los mercados ayer fue tremendo. Europa no se enteró de mucho, una de las pocas ventajas de vivir en el atraso tecnológico que ya nos caracteriza, pero en EEUU el golpe fue serio. El índice tecnológico Nasdaq cayó un 3% y la sangría fue enorme en las empresas que se dedican al sector, destacando Nvidia, la hasta ayer mayor empresa cotizada del mundo, fabricante de los chips que llenan todos los sistemas de IA conocidos. Ayer cayó un 17% y eso supuso perder un poco más de medio billón de dólares de capitalización, con b de burrada. Esa es la mayor pérdida de valor bursátil jamás registrada en la historia, equivale a casi la mitad de nuestro PIB. De esas dimensiones fue el golpe de ayer. Tremendo.

jueves, octubre 10, 2024

Los Nobel y la IA

Esta es la semana en la que se conceden los premios Nobel, por lo que es probable que hoy se entregue el de literatura alguien que no conozca en absoluto y me haga pasar por iletrado. Es lo que lleva pasando desde hace algunos años de manera reiterada. El lunes se concedió el de medicina a unos avances en el uso del ARN, que todo el mundo entendió como meritorio y premiable, pero ayer con el de física se produjo una gran discusión, porque no se premió ninguna investigación teórica sobre los temas habituales en la materia, no, sino que se premió la tecnología de redes neuronales y el machine learning, que ha hecho posible la actual IA.

Las redes neuronales son una técnica conocida desde hace bastante tiempo. Se trata de combinar una serie de capas de neuronas artificiales, operadores sencillos que pueden hacer un cálculo muy básico con la información que reciben, y la reenvían a otra capa de operadores similares. Las múltiples relaciones que existen entre todos los operadores capa a capa, y las ponderaciones que definimos a la hora de que algunos de esos vínculos sean más importantes y otros menos, genera una complejidad creciente con un número de neuronas no muy elevado, y modelos de este tipo son capaces de realizar predicciones que compiten desde hace tiempo con técnicas econométricas clásicas en el mundo de la economía. Lo que ha revolucionado el mundo de estas redes es la capacidad de proceso que las nuevas tecnologías permiten a la hora de manejar millones de neuronas y miles de millones de vinculaciones entre ellas, y el llamado machine learning, o autoaprendizaje, que no es sino el recálculo constante de las ponderaciones de los vínculos que existen en el modelo de neuronas, de los miles de millones que componen todo el modelo. Así, diseñamos un modelo neuronal complejísimo para, por ejemplo, identificar imágenes, pongamos de gatitos. Entrenar al modelo consiste en suministrarle miles y miles de ejemplos de imágenes en las que pueden salir gatitos, o no, y el modelo irá ajustando sus vínculos y ponderaciones en función de sus aciertos y errores, consolidando cuando acierta y haciendo cambios cuando falla, de tal manera que su precisión se irá haciendo cada vez mayor. Todos los modelos de IA funcionan así, aunque esta sea una manera muy burda de explicarlo. La tecnología que hay en ellos, el trabajo de programación y la necesidad de personal cualificado, datos y energía que consumen son enormes, y cada uno de ellos se especializa en lo que aquellos que los han creado considera es lo más relevante. Chat GPT, el más famoso de todos, utiliza este procedimiento para entender texto y generarlo, bien escrito y hablado. Es un “loro estocástico” en el que, cada palabra que escribe, es el resultado de una gigantesca cantidad de cálculos que otorgan a esa palabra que se nos muestra la mayor de las probabilidades para ser lo que debía en función de lo que se le ha preguntado. Chat GPT no sabe ni leer ni escribir, no entiende lo que pone, y ni falta que le hace. Está entrenado para que sus objetos de cálculo, el texto, se genere cumplido las reglas de probabilidad que ha aprendido. Las IA que detectan tumores observando mamografías hacen lo mismo, generar resultado probabilísticamente lo más ajustados posibles a la secuencia de miles y miles de mamografías, con o sin cáncer, que se les han suministrado. Y aprenden, y logra ser más efectivos en el diagnóstico de lo que lo sería un doctor experto en la materia. Recordemos, no entienden la imagen, no saben lo que se les muestra, no viven en un mundo de conocimiento de conceptos y realidades como el nuestro, sino en otro de ajustes de probabilidad, algo tan abstracto como extraño, pero que acaba por generar resultados fascinantes. Con el uso y abuso de la fuerza bruta computacional, pero es evidente que funciona.

El avance tecnológico de estos modelos es incuestionable, pero la pregunta que se hacen muchos desde el martes es si eso es merecedor de un Nobel de física. Para echar más leña al fuego, el Nobel de química de ayer se otorgó a los desarrolladores de AlphaFold, la IA de Google que logró, por un sistema idéntico al anterior, descubrir todas las posibilidades de plegamiento que puede desarrollar una proteína, una de las bases de la vida biológica, compuesta por cadenas de aminoácidos que adoptan formas espaciales muy complicadas que, en gran parte, son las que determinan sus propiedades y usos. AlphaFold permitirá sintetizar nuevas proteínas, todas las que sean capaces de existir de hecho, pero es el segundo Nobel a la IA en una semana.

miércoles, febrero 14, 2024

¿Hay burbuja en Wall Street?

El pasado viernes, por primera vez en la historia, el índice SP 500 de la bolsa de Nueva York cerró por encima de los 5.000 puntos. Tras un inicio de enero con altibajos, febrero ha sido una sucesión casi constante de máximos históricos que ha llevado a la bolsa y a sus tres índices de referencia, el citado SP, el Dow Jones y el Nasdaq, a tocar cotas nunca vistas. El 5.000 tiene valor como símbolo, pero no es un soporte ni tiene significado dentro de la teoría chartista, la que se basa en elucubrar el futuro por la forma de los gráficos. Eso sí, alcanzarlo permite publicar titulares muy redondos y llenar portadas con la conquista de otra cima, una más.

Gran parte de la subida de los índices norteamericanos se ha producido en estos últimos años gracias a las llamadas siete magníficas, empresas tecnológicas relacionadas tanto con internet como con las tecnologías relacionadas, especialmente en el campo de la fabricación de semiconductores y la IA. Microsofto, Apple, Alphabet (Google) Meta, (Facebook), Nvidia, Tesla y Amazon son monstruos que, en algunos casos ya viniendo del olimpo y, en otros, entrando recientemente en él, han alcanzado valoraciones directamente inimaginables. Las dos primeras de la lista son las primeras empresas del mundo cuya capitalización bursátil supera los tres billones de dólares, con b de burrada. Esto significa que, en bolsa, Microsoft o Apple están valoradas, cada una de ellas, como dos veces el PIB de España. A precios de ayer al mediodía, todo el Ibex 35 español valía unos 650.000 millones de euros, por lo que, redondeando, cada una de estas empresas vale unas cinco veces toda la cotización de la élite empresarial española. Son unas cifras asombrosas. Nvidia, la última de las llegadas a este grupo de maravilla, supera ya el billón y medio de capitalización, y es la que ha experimentado las mayores ganancias porcentuales de valor de todas ellas a lo largo del pasado año 2023. Nvidia es un fabricante de chips, que durante años fueron dedicados casi en exclusiva a las tarjetas gráficas de los ordenadores, para apoyar al procesador central en el manejo de las imágenes cuando eso era una labor muy intensiva. En el mundo de los videojuegos Nvidia era muy conocida, pero no tanto fuera de allí. De repente, con el boom de la IA, la empresa se ha disparado ¿Por qué? Resulta que la arquitectura de sus procesadores, pensada para ese tratamiento de imágenes que antes comentaba, encaja a la perfección en la manera en la que trabajan internamente sistemas como ChatGPT y similares, ofreciendo un rendimiento mucho mejor que los chips de propósito general que desarrollan empresas como Intel o AMD. Y la demanda de productos de Nvidia no ha dejado de crecer a medida que la IA se ha convertido en el nuevo santo grial de la industria tecnológica. Las inversiones en ese mundo crecen sin freno y a ellas se han subido las siete magníficas, tanto desde el lado del hardware como del software. La semana pasada Sam Altman, el responsable de Open AI, el que fue cesado y reincorporado en el extraño culebrón que se dio en la empresa hace unos meses, afirmaba en unas declaraciones que eran necesarias inversiones en el campo de la IA por valor de billones de dólares para el desarrollo de software, producción de chips, entrenamiento, etc. Cifras monstruosas que dejan los esfuerzos de los presupuestos de inversión públicos convertidos en calderilla. Afirmaba Altman que era el momento para que fondos soberanos de naciones como la saudí o noruega, dotados de una capacidad de gasto que se puede medir en esas escalas inconcebibles, entrasen de pleno en el sector, porque la necesidad de recursos era ingente, pero las posibilidades de ganancia y de nuevos descubrimientos resultaban aún más asombrosas. Uno leía titulares de este tipo y, además de buscar en varias fuentes para comprobar si había erratas con las unidades de medida de las cifras, sentía un cierto estremecimiento por las dimensiones que pueda estar alcanzando el mundo de la IA en el plano ya no tecnológico y de poder, que también, sino simplemente en el financiero. ¿Cómo desarrollas un gasto de semejantes proporciones? ¿Qué sucede si fracasa?

Todas estas noticias juntas, y la bolsa disparada, han llevado a muchos a preguntarse si, realmente, estamos ante una burbuja, repetición a su manera de la “puntocom” que se dio en el Nasdaq hace veinte años, sólo que en este caso centrada en el campo de la IA y sus derivadas. No lo se. Lo malo de las burbujas es que tienen que reventar para, una vez contemplado el destrozo causado, poder afirmar que, en efecto, lo eran. Si no hay reventón no hay burbuja. Tengo el pálpito de que algo parecido a una burbuja se está gestando en ese mundo, pero puede que estemos realmente ante algo novedoso que altere la forma de muchos negocios y genere un efecto escalar no visto. En todo caso toca ser precavido. Ayer la bolsa corrigió ligeramente.

viernes, noviembre 24, 2023

¿Qué ha pasado en OpenAI?

La respuesta rápida al culebrón de esta semana es ni idea. OpenAI es una entidad, llamémosla así, que agrupa a un montón de investigadores de inteligencia artificial y es la creadora de modelos como ChatGPT. Es una entidad sin ánimo de lucro, pero que posee una organización que le permite financiarse, que es la que ha recaudado los miles de millones de dólares que cuesta el crear monstruos tecnológicos como los que de ahí salen, y es a través de esa organización instrumental por donde entró Microsoft en el capital de la empresa, entre otros inversores, y es la que permite dar a OpenAI una valoración de mercado de en torno a 85.000 millones de dólares. Como verán, sin ánimo de lucro, pero con un enorme lucro potencial.

La cara visible de OpenAI es Sam Altman, un joven de pelo rizado y ojos algo saltones, que no lleva las habituales sudaderas de los ejecutivos a lo Facebook pero que comparte varios de sus valores y formas de actuación. Se ha hecho famoso como portavoz y emblema de la empresa y ha acudido a un montón de reuniones institucionales en las que se ha codeado con mandatarios de todo el mundo, como fue, por ejemplo, la celebrada en Betchley Park hace unas semanas. Altman siempre ha abogado por las ventajas de la IA y que, pese a asumir que puede suponer grandes transformaciones en nuestro mundo, será una fuente de prosperidad y beneficio, tanto en lo económico como en lo social. Evidentemente habla como parte interesada, pero ese tono mesiánico sobre las bondades de la tecnología es algo que se da mucho entre los desarrolladores de Silicon Valley, conscientes como son de algunas de las potencialidades de los productos que generan (desconociendo por completo otras derivadas). El viernes pasado, sin previo aviso, en una reunión telemática celebrada por el consejo de gobierno de OpenAI, formado por seis miembros, cuatro de ellos votaron para despedir, de manera fulminante, a Altman y a su segundo de abordo. No trascendieron las causas del despido pero la noticia fue una bomba, porque el foco de la actualidad está puesto de manera obsesiva sobre el sector. La fama universal de Altman fue la espoleta de una bomba mediática que llenó titulares en todo el mundo, y que dio inicio a toda una revuelta en la empresa. De los cerca de setecientos empleados de OpenAI más de quinientos publicaron un escrito en el que se solidarizaban con su exjefe, desconocían lo que había pasado, afirmaban que el consejo de administración se había extralimitado en sus funciones y amenazaban con dejar la empresa. Dado el sector, no hay activo más valioso que ese grupo de genios que trabajan en él, y empresas tecnológicas de primer nivel como Salesforce o Microsoft empezaron a lanzar ofertas a aquellos que abandonasen la nave de OpenAI. La compañía de Redmont ofertó directamente un puesto al propio Altman, que lo rechazó. El revuelo empezó a ser escándalo y algunos de los inversores que habían colocado su dinero en OpenAI a través de la entidad financiadora empezaron a temer que lo se prometía como un colosal negocio terminase en bancarrota total con la disolución de todas las corporaciones implicadas en el AI. A lo largo de esta semana ese miedo del dinero se ha traducido en todo un golpe de estado interno en el que el consejo de administración, los cuatro que quedaban, ha sido directamente cesado, supongo que “convencido” para que se largue, y el propio Altman ha sido readmitido por un nuevo consejo en el que todos sus miembros han sido cambiados, y al que han accedido personas como Larry Summers, ex secretario del tesoro del gobierno de Bill Clinton, economista de muy reconocido prestigio pero alguien totalmente ajeno al mundo de la IA. La empresa matriz, la de sin lucro, vuelve a estar con Altman al mando y el vehículo inversor asegurado, tras una tormenta muy peligrosa para todo el sistema.

¿Por qué se despidió a Altman? Se alegó falta de confianza, lo que quiere decir que no se saben las causas reales. La rumorología se ha desatado y hay fuentes que hablan de desarrollos tecnológicos de última hora potencialmente peligrosos, que Altman no habría valorado en su justa medida. También las mareantes cifras de inversión que se están dando en la empresa han generado probables celos y deseos de ponerse al mando de una nave que puede ser un pelotazo financiero si algún día sale a bolsa… de todo. Este artículo es bastante interesante y analiza todos estos avatares, pero realmente se sabe muy poco. Y puede que en toda esta historia haya mucha inteligencia artificial y poca humana.

Subo el finde a Elorrio y me cojo dos días. Nos leemos el miércoles 29.

jueves, noviembre 02, 2023

La IA en Bechley Park

Bechley park es una pequeña localidad situada al noroeste de Londres, siguiendo el camino que lleva de la capital británica al aeropuerto de Luton. Allí se localizó, durante los año de la IIGM, un importante centro de la inteligencia en el que un equipo, liderado por AlanTuring, fue capaz de descifrar las transmisiones en clave que los nazis mandaban desde sus cuarteles a submarinos, barcos y otro tipo de elementos militares. Esas comunicaciones estaban encriptadas por la máquina Enigma, un sistema ideado por los nazis que requirió, para ser vencida, la brillantez de Turing y el desarrollo de lo que hoy llamamos informática. Fue una proeza.

Que el gobierno británico haya escogido este lugar para celebrar una primera cumbre mundial sobre la IA es un detalle de agradecer y vuelve a dar justicia a lo que allí pasó , reivindicando nuevamente al figura de Turing, que tuvo un final de vida y muerte cruel por su homosexualidad en una época en la que eso estaba tan mal visto en nuestras sociedades como lo es ahora en las sociedades musulmanas. Sobre la IA, en el año de la explosión definitiva de aplicaciones como ChatGPT, existen dos principales visiones generales que, homenajeando a Umberto Eco, pueden ser calificadas como apocalípticos e integrados. Los primeros destacan los riesgos existenciales que supone una tecnología que nos puede superar en lo intelectual, la única barrera que nos permite sobrevivir en un mundo en el que nuestra naturaleza es bastante mediocre, y que su disparo puede acabar con nosotros como nosotros lo hacemos a diario con otras especies que no poseen intelecto para defenderse. Frente a ellos están los que ven a la IA como una enorme oportunidad de desarrollo en distintas áreas y la vía para que muchas de las aspiraciones humanas se hagan posibles, liberándonos de trabajos, incluso del mismo concepto de trabajo. Probablemente, como suele suceder, ambos tengan una parte de la razón. Desde la óptica del desarrollo de la IA, existen dos naciones y un tercer ente que poseen, también, visiones opuestas. EEUU ha dado rienda libre a sus empresas, que son las que han creado los programas que nos han deslumbrado a todos, en un salto de escala que se incorpira al desarrollo empresarial y de I+D+i que acogen ecosistemas como Silicon Valley o el MIT. Si primero vino internet, luego los buscadores y tras ellos las redes sociales, ahora viene la IA, con nuevas aplicaciones, negocios y beneficios. Frente a esta visión, China desarrolla una IA con fuerte presencia del estado, como no puede ser de otra manera en aquel régimen autoritario. Las empresas que desarrollan la tecnología lo hacen de una manera relativamente privada, pero bajo supervisión estatal en todo momento, porque es el gobierno el principal interesado e implantar estos desarrollos en sus políticas de control social. En China, además, el entrenamiento de la IA se produce con datos privados de los ciudadanos sin que ellos puedan decir nada, porque allí la privacidad y los derechos no existen, lo que da a sus sistemas cierta ventaja frente a los occidentales. En medio de esta nueva carrera entre las dos superpotencias vuelve a estar ese ente llamado UE, que no es capaz de poseer tecnología comparable, está muy lejos, pero tiene la obsesión por regular los efectos que está, y otras, puedan causar en áreas como la privacidad, el desarrollo económico, el empleo o la desinformación. El papel de la UE en este juego es, como en casi todos los que se desarrollan hoy en día, secundario, es un actor relevante por su presencia mediática y el poder económico de su mercado, pero no es capaz de tener tecnología propia que le permita hablar de tú a tú con las dos naciones que avanzan en la carrera. Todos están interesados sobre las consecuencias que esta tecnología va a tener en el futuro, pero mientras que en EEUU domina la visión comercial, el tema estratégico manda en China. Los gobiernos de todas las naciones quieren que la IA esté a su servicio, por lo que hay intereses compartidos y, sí, también ciertos temores que se expresan a veces en voz baja, pero sin cesar, por parte de muchos dirigentes.

La declaración de Bechley, fruto de esta cumbre, es una primera puesta sobre el papel de un conjunto de intenciones globales sobre los riesgos que la IA puede llegar a causar y el compromiso de todos para no incurrir en ellos, pero es un texto de recomendaciones, de buenos propósitos. No es una directiva ni una norma ni nada por el estilo, sino una especie de mínimo consenso global sobre dónde estamos y qué es lo que queremos evitar. La cumbre se ha denominado “de seguridad” porque más allá de los usos que se puedan hacer con esta tecnología, la prioridad es que ella no se vuelva contra nosotros de una manera descontrolada. El principio de precaución ante lo desconocido por encima de todo, y de lo que puede ser capaz de hacer la IA, la verdad, es que sabemos muy muy poco.

miércoles, septiembre 20, 2023

Chantaje con IA en Almendralejo

Una de las primeras cosas que todo el mundo vio claro cuando se hicieron públicos los resultados de las distintas aplicaciones de IA era que esa tecnología era capaz de crear objetos prácticamente indistinguibles de la realidad. Imágenes, archivos de sonido o de vídeo, escenas gráficas… su realismo es enorme y la posibilidad de confundir al que los analiza igualmente alta. En seguida se pensó en la manipulación política como una de los mayores mercados para estas tecnologías, dado lo que se miente de normal para alcanzar el poder, pero la retorcida mente humana es capaz de hacer cosas más oscuras y a mayor velocidad de lo que los analistas esperaban. Y sí, cómo no, con el sexo de por medio.

El chantaje efectuado por parte de unos críos a unas chicas en la localidad extremeña de Almedralejo recoge, en un solo caso, toda la podredumbre moral, retorcimiento y desarrollo tecnológico que nuestro tiempo es capaz de aunar de una manera tan exacta como perturbadora. Esos críos, que no se muy bien cómo denominar, cogieron fotos de chicas de su colegio o alrededores, y con una aplicación de IA que es gratuita y se puede ejecutar desde el móvil, fusionaron los rostros con cuerpos desnudos, de tal manera que la composición ofrecía como resultado la sensual imagen de una niña posando como un putón. No contentos con la mamarrachada, comenzaron a delinquir distribuyendo algunas de esas imágenes artificiales entre sus contactos, haciéndolas pasar como por ciertas, y se dedicaron también a la extorsión, amenazando a algunas de las chicas con hacer eso mismo, la difusión de las imágenes, si no se sometían al chantaje que ellos decidieran. Está aún por ver la dimensión del caso al que nos enfrentamos, pero ya son más de una decena las familias de chicas que han denunciado los hechos, y algunas fuentes apuntan hasta la treintena las afectadas. Tanto ellos como ellas tienen edades que alcanzan, como máximo, los catorce años, y es probable que no haya pocas con una edad más cercana a la decena que a la quincena., Eso no son sino detalles concretos que poco aportan al caso, porque basta con que una fuera la perjudicada, sea cual sea su edad, para que estuviéramos ante un comportamiento tan asqueroso como sorprendente. El caso da mucho que pensar, porque es tan repugnante que es imposible quedarse indiferente, pero nos encontramos con una combinación letal para que sea castigado como sea debido. La utilización de una tecnología no regulada, de acceso libre y sin coste, y la edad de los sujetos que han cometido estos actos, todos menores de edad, incluso puede que muy menores, deja a los juzgados ante un problema de difícil abordaje. No se han robado imágenes ni se ha producido delito alguno en el mundo real, sino que todo es virtual, artificial, pero con unas gravísimas y evidentes consecuencias en el mundo real. Las chicas están asustadas, se sienten indefensas, muchas no quieren salir de casa y ven como su mundo se derrumba de una manera que, a buen seguro, no son capaces de comprender plenamente. Las familias de esas chicas tienen la sensación de que, de una manera muy extraña, alguien las ha violado, ha entrado en la intimidad de sus vidas y las ha deshecho. Ha abusado de ellas, pero sin poner un dedo en el cuerpo, sólo en la pantalla de un móvil. Imágenes manipuladas de ellas, con ese rostro auténtico y personal, circulan por ahí sin control alguno y pueden acabar en lugares más depravados y oscuros de lo que uno sea capaz de imaginar. La denuncia de los padres para defender a sus hijas es un movimiento obvio, pero no está nada claro cómo se va a poder llevar a cabo la defensa real de las mismas una vez que los hechos han sido creados y circulados. ¿Qué reparación cabe? ¿Qué condena resarce de semejante agravio? ¿Cómo interpretamos unas leyes, pensadas para el mundo real de adultos, en un contexto artificial, y donde los delincuentes son los niños? ¿Qué hacemos con los capullos, esos hijos de … que han creado esas escenas y las han usado para eso? ¿Cómo plantear una reeducación ante hechos semejantes? ¿Cómo es posible que algunos de esos niños respondan ante los hechos con un orgullo desmedido?

Uno de los pensamientos que me surgió al enterarme de la noticia es qué estarán pensando los padres de los autores de semejante disparate. Seguramente son lo habitual en nuestra sociedad, padres y madres que defienden a sus hijos ante todo, que consideran que son los mejores, los más listos y especiales, que están por encima de la media en todo, que tienen sólo derechos y nada de obligaciones. Este parece ser el patrón de los padres de hoy, según cuenta cualquiera que trabaje en colegios y tenga reuniones con ellos. ¿Qué castigo pueden imponer a sus hijos? ¿Cómo sobrellevan lo que está pasando? ¿Qué sensación de culpabilidad tienen? ¿Creen que se han equivocado en algo?

jueves, junio 01, 2023

Nvidia, ¿hay burbuja en la IA?

Nvidia es una empresa muy famosa en el mundo de la informática. Fue de las primeras creadoras de tarjetas gráficas, esa extensión de hardware que permite al ordenador manejar con mayor velocidad las imágenes que nos muestra en pantalla, y desarrolló una tecnología de procesador específicamente diseñada para eso, para manejar imágenes a lo bruto, polígonos de manera masiva, que era necesario para que los juegos primero, y luego otros programas, dieran de sí todo el potencial que escondían. Las tarjetas Nvidia se convirtieron en algo obligado en los equipos de alta gama, algo así como Intel en el mundo del ordenador personal.

Si les hablo de Nvidia, y a algunos puede que les suene a chino, se debe a que hace una semana, el 25 de mayo, sus acciones sufrieron un alza espectacular en la bolsa de Wall Street, una ganancia del 25% en una sesión, el día después de que anunciase unos beneficios jugosos en el primer trimestre del año y, sobre todo, una expectativa de ventas futuras desorbitantes. La empresa siguió subiendo hasta este martes 30, y ahí se convirtió en otra de las selectas que ha alcanzado el valor de capitalización de un billón de dólares, con be de burrada. Nvidia se ha convertido en una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, así de simple, y eso ha generado la atención y, también, chiste fácil, la envidia de todo el mundo. ¿Qué ha sucedido para que una empresa, que sí que era grande, se convierta en un mastodonte? Bastan dos palabras: Inteligencia Artificial. Resulta que los procesadores que diseña Nvidia, que tienen un destino mucho más específico que los generales que elabora Intel o AMD, como antes les decía, no sólo son muy buenos para el tratamiento de gráficos, sino que rinden perfectamente en los sistemas de redes neuronales, que son los que están detrás de ChatGPT y todo ese grupo de sistemas de conversación virtual. Esas redes neuronales son complejísimas, con millones de conexiones entre unas y otras, pero las operaciones que realiza cada una de las “neuronas” con sus vecinas son extremadamente sencillas, y el procesador gráfico de Nvidia es el ideal para ejecutarlas. Todas las empresas que están detrás del desarrollo de sistemas tipo ChatGPT llevan un tiempo demandando a la empresa los procesadores más punteros que sea capaz de producir, y de hecho existe un cierto desabastecimiento en el mercado de ordenadores de los productos de Nvidia de alta gama, porque no es capaz de producir la cantidad que se le demanda. La explosión de la IA, las enormes inversiones que se están realizando y el crecimiento de las empresas y productos basados en ella requiere muchas cosas, y también componentes avanzados como esos procesadores, y las previsiones de ventas de Nvidia reflejan la carrera desatada que se ha puesto en marcha entre distintos actores para llevar a cabo sus proyectos de IA. El boom de la cotización es una derivada de ese aluvión de dinero que está llegando a la nueva tecnología de moda. Cuando Microsoft dijo que iba a invertir 10.000 millones de dólares en OpenAI, la empresa que desarrolla ChatGPT, es evidente que una parte sustanciosa de ese dinero se irá a equipos y sistemas en los que la tecnología de Nvidia estará muy presente. Y si Microsoft hace eso el resto de competidores, con Google a la cabeza, también, por lo que el disparo de la cotización de la empresa tiene una justificación y, nuevamente, uno se queda con la cara de tonto por no haber tenido la agudeza de meter algunos euros en esa empresa cuando todo esto de ChatGPT saltó a la luz. Otra oportunidad perdida de subirse al carro alcista que, vista a posteriori, era tan obvia. La vida se repite una y otra vez.

Y en esa sensación de repetición, con el billón de valor cotizado alcanzado, ha surgido la palabra y el miedo tradicional. ¿Estamos ante una burbuja de IA? La tecnología promete maravillas, pero de momento absorbe muchos recursos y vende expectativas, lo habitual en estos casos. ¿Se está engordando algo que puede acabar siendo mucho menos valioso de lo que se anuncia y se lleve por delante ahorros e inversiones? Es imposible contestar esa pregunta en este momento, sólo el tiempo podrá decir si estamos ante algo ya visto en sectores tecnológicos, y muchos otros. De momento, su tenían acciones de Nvidia compradas hace dos o tres semanas, son la envidia del resto de sus amigos. Disfrútenlo.