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viernes, junio 04, 2021

Irse a venus

A este paso va a ser más fácil viajar al espacio exterior que el que los turistas británicos regresen a nuestro país, vista la decisión tomada ayer por el gobierno de Boris Johnson y el afán con el que Musk lanza cohetes sin cesar. Dentro de la NASA existe un programa de sondas baratas, costes del entorno de los 2.000 millones de dólares, que recibe montones de propuestas, interesantísimas, y que debe escoger con qué quedarse. Esta semana ha anunciado que para 2026 se lanzará una doble misión a Venus, a donde la agencia norteamericana no ha apuntado sus misiones desde 1991. Y créanme, Venus es un reto en todos los sentidos.

A veces el conocimiento clásico se equivoca por completo. Marte brillaba rojo ardiente y era el dios de la guerra, y ha resultado ser un mundo frío, relativamente accesible, con una atmósfera de juguete, suelo yermo y pasado muy prometedor. Venus, que billa en el cielo luminoso, el lucero del alba, era la diosa del amor, la Venus de tantas y tantas pinturas. De un tamaño casi idéntico al nuestro, siendo el planeta más cercano a nosotros, es un mundo infame en el que todos los conceptos que asociamos a infierno toman forma. Atmósfera pesadísima, en el entorno de cuatrocientas veces más densa que la nuestra, presión superficial insoportable, temperaturas de cientos de grados, lluvias de ácido sulfúrico…. Las pocas sondas que se han posado sobre ese mundo han sido cosas parecidas a cajas de caudales, y han aguantado unos pocos minutos, para transmitir unos datos que constatan lo insoportable de ese mundo. Poco se sabe de por qué Venus posee esa infernal dinámica atmosférica, que oculta por completo, y siempre, su superficie. La doble misión de la NASA busca hacer frente a los dos retos que presenta el planeta: realizar una cartografía precisa de cómo es Venus y estudiar su atmósfera. La atmósfera de Venus siempre ha sido de interés para los científicos, y muchos han señalado que es ese el lugar interesante del planeta, dada la hostilidad de lo que se encuentra debajo. El hallazgo de trazas de fosfano en las capas altas venusianas, publicado el año pasado, y luego bastante puntualizado, reavivó el interés por tener algún tipo de instrumental orbitando ese planeta y tratando de averiguar si hay capas altas de la atmósfera que pueden no ya albergar vida, cosa que sería más que sorprendente, sino compuestos estables y zonas de habitabilidad, o al menos de condiciones que la pudieran permitir. No pocos han soñado con que Venus puede ser visitable mediante globos, dirigibles, o vehículos por el estilo, que se situasen en las zonas acogedoras de su atmósfera y permanecieran allí estudiándola. La superficie se da por perdida, casi inaccesible, y carente de interés biológico dadas las condiciones que soporta, pero para los geólogos es un reto saber las formaciones que pueden encontrarse allí, conocer si, por su tamaño similar al nuestro, posee una composición interna comparable y algo parecido a nuestra dinámica de placas, etc. Las pasadas misiones a ese planeta tenían una tecnología ya superada que dio de sí todo lo que pudo, que no era poco, pero las sondas actuales pueden recoger mucha más información y de mayor calidad. Una de las ventajas del viaje a Venus es que está mucho más cerca que Marte, por lo que el tiempo necesario para llegar es menor y el desfase temporal entre ambos mundos también lo es de cara a la recepción de la información. Eso sí, es grande, por lo que nuevamente debemos recurrir a sondas robotizadas dotadas de sistemas de decisión y que, además de secuencias de investigación programadas, puedan tomar “decisiones” sobre la marcha, porque nadie podrá teledirigirlas desde aquí. El espacio, además de hostil, es vacío y solitario. 

La dinámica atmosférica de Venus también se ha puesto como ejemplo de un posible proceso de efecto invernadero extremo, de lo que puede llegar a pasar en el caso de que se alcancen concentraciones de CO2 tan elevadas que el equilibrio dinámico de los gases acabe degenerando en una situación límite como esa. No se sabe por qué es así, ni si ha sido siempre o en el pasado el planeta tuvo otro tipo de condiciones que fuesen más razonables. Realmente es muy poco lo que sabemos de Venus, a pesar de tenerlo tan presente desde hace tiempo en nuestra mitología, y los científicos que lo estudian sigue prometiendo que, a varios kilómetros sobre su torturada superficie, podemos encontrar sorpresas que Marte nunca nos ofrecería. Vayamos allí para comprobarlo.

miércoles, septiembre 16, 2020

Fosfano en las nubes de Venus

Durante el fin de semana se comentaba algo ya en algunos hilos de Twitter, pero eran rumores nada más. Ya para el lunes la noticia corría por la web y se hizo oficial por la tarde de ese día, y a partir de ahí las especulaciones y los titulares gruesos empezaron a correr. Se ha encontrado fosfano en la atmósfera de Venus. Bueno, más bien el sesudo estudio mediante espectroscopia ha detectado la marca que deja esa molécula, por lo que podemos deducir que en lo alto de la atmósfera de ese planeta tenemos un compuesto químico que se asocia a procesos biológicos y que, como tal, es uno de los llamados biomarcadores a la hora de buscar posibilidades de vida.

Venus es un planeta casi gemelo al nuestro en dimensiones y, por tanto, gravedad. No es como Marte, bastante más pequeño y liviano. En la mitología se le asociaba al amor y a características nobles, por su brillo y presencia celeste, pero la verdad es que nada allí es plácido ni confortable. Con una presión atmosférica de unos noventa bares (la presión media de la Tierra es de un bar) y nubes de ácido sulfúrico, la superficie de ese mundo vive un infierno constante de más de cuatrocientos grados y presiones aplastantes. Esas condiciones han hecho que enviar sondas a Venus sea como lanzar misiones suicidas, porque apenas hay tecnología que pueda sobrevivir a ese entorno. Las sondas que allí han llegado han medido su supervivencia en minutos, y eran lo más parecido a cajas fuertes con antenas que uno pueda imaginar. En ese entorno la vida, o algo similar a lo que entendemos como tal, se antoja imposible. Pero en la densa y elaborada atmósfera de ese mundo se pueden encontrar resquicios que, en presión y temperatura, pudieran ofrecer condiciones bastante más soportables. Ya el añorado y grande Carl Sagan propuso que las capas altas de esa atmósfera podían ser propicias para albergar vida bacteriana, porque ese un lugar protegido del infierno de la superficie, y el manto de nubes venusianas es un entorno de relativa estabilidad, dado que siempre está cubierto en ese planeta. Esa afirmación de Sagan le causó muchas críticas en su momento, pero lo único que mostraba es que no podemos buscar lo que consideramos vida con ojos estrechos, y que la llamada zona de habitabilidad no sólo hace referencia a dónde se puede situar un planeta respecto a su estrella para ofrecer condiciones proclives (visto desde otros mundos, Venus está en la zona de habitabilidad del Sol, como nosotros y Marte) sino que en cada mundo puede haber localizaciones que, en un entorno hostil, puedan llegar a ser propicias. En una atmósfera gaseosa es imposible que la vida que se pueda llegar a desarrollar sea compleja en el sentido de seres orgánicos, pero es plausible la existencia de virus, bacterias, organismos uni o pluricelulares en entornos similares, sostenidos en un manto de gases tibios y tranquilos. No es tan disparatado. Pero, desde luego, esto es una teoría, que puede ser cierta o no, pero no deja de ser una elucubración ingeniosa y optimista. El descubrimiento del fosfano en ese entorno venusiano sería un punto a favor de esta teoría, pero eso no quiere decir que la teoría sea cierta, ni mucho menos. Cierto es que la principal fuente conocida de fosfano es la descomposición de materia orgánica, pero eso es así en nuestro mundo, no quiere decir que en otros mundos, donde la disposición de moléculas disponibles pueda ser muy distinta, se repliquen los procesos orgánicos que se dan aquí. Y desde luego puede haber otro tipo de procesos, que desconocemos, que generan fosfano como residuo, por lo que aventurarse a lanzar las campanas de la vida al vuelo con esta prueba es, como mínimo, muy precipitado. Como decía Sagan, un hecho extraordinario requiere evidencias extraordinarias. Y el descubrimiento de vida orgánica fuera de La Tierra sería uno de esos grandes hechos extraordinarios que marcan un antes y un después. No, no se ha descubierto vida en Venus, eso lo debemos tener muy claro.

Pero también tenemos que tener claro que desde el lunes venus y su atmósfera son bastante más interesantes de lo que lo eran hasta ahora, y que su exploración es algo a lo que se debieran destinar recursos. Dentro de las enormes dificultades que implica una misión a Venus, es menos difícil estudiar su atmósfera que su improductiva superficie, por lo que es de esperar que este descubrimiento anime a agencias, ingenieros y presupuestadores a la confección de sondas que puedan asomarse por aquellas nubes a echar un vistazo. ¿Le hay salido un competidor a Marte en el barrio planetario? Puede ser, y ya saben, la competencia es buena. Como siempre, el gran Daniel Marín les cuenta en su blog todo lo que quieran saber sobre el fosfano, Venus y miles de cosas más.