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viernes, agosto 29, 2025

Cierto pinchazo del turismo en el verano

En homenaje a Manuel de la Calva, miembro del dúo dinámico, fallecido hace un par de días, se puede decir que este fin de semana que tenemos por delante sí que va a sonar con todo su sentido “el final del verano”: La operación retorno del domingo se prevé masiva y el lunes será 1 de septiembre, un lunes de esos enormes en el calendario, con L mayúscula, que significan un cambio temporal y de ánimo. Para muchos hoy y mañana serán de despedida de sus lugares de descanso, y el domingo el día del viaje y el agobio. Consuélense, tienen trabajo al que volver.

Aún es pronto para hacer balance del gran mes turístico del año, pero por lo que se puede leer en varios sitios, hay algunas sensaciones generales que parecen ser dominantes. Si exceptuamos las zonas azotadas por los devastadores incendios, donde las cancelaciones han hundido la temporada, en el resto del país las reservas de alojamientos han llegado a los picos que se esperaban, y el volumen de gente deambulando por los lugares turísticos ha sido el previsto, una marabunta. Pero eso sí, deambulando más que gastado. La sensación general en la hostelería es de pinchazo, de que no se han llenado sus locales. Paseantes a mansalva, pero clientes los justos, con unas cifras de facturación que no han cubierto las expectativas. Puede haber varias causas, pero una es la determinante, la subida disparatada, alocada, de los precios de todo lo relacionado con el ocio, restauración y vacaciones. No es sólo que los viajes y hoteles se han puesto por las nubes, que también, sino que una vez en destino, cualquier destino, tomar una copa o comer se ha convertido en toda una experiencia dolorosa para cualquier bolsillo. Ante esto, el turista español ha optado por una política de recortes. Se viaja a costa, sí, pero menos tiempo, y se toman tragos y comidas, sí, pero bastantes menos. Los volúmenes de ocupación que antes correspondían a turistas nacionales empiezan a ser suplidos en numerosos destinos por turistas extranjeros, que son los que tienen capacidad adquisitiva para permitirse ir, pongamos, a Baleares, archipiélago cuyos precios empiezan a ser disuasorios hasta para los que tienen ingresos elevados. En general, la sensación es que mucho turista ha tirado de bocadillos y compras en supermercados para cubrir la necesidad de alimentación, dejando el chiringuito a medio gas. El de la terraza, que había puesto en su cartel precios equivalentes a restaurante de Michelín, en parte se ha estrellado, y por ello, en general, se ha podido acudir a muchos locales sin reserva porque no todo el mundo puede pagarlo que se pide en ellos. Hay una cierta sensación, lógica, de abuso en los precios del sector y de que se ha producido un incremento ilógico, que a gran parte de la población le ha supuesto renunciar a días de ocio y a costumbres arraigadas en lo que hace a comidas y cenas. Es probable que, al menos en este sector, se haya podido llegar a un tope en lo que hace a la demanda, porque el precio de la oferta parece haberla agotado. Irse de vacaciones a los precios actuales empieza a ser un lujo en gran parte del país, y el residente nacional se encuentra con que el esfuerzo de pagarse unos días de ocio le puede suponer el gran roto de su economía familiar. El incremento de precios que se da en otros sectores ajenos al turismo, como es el de la cesta de la compra de cada día o el de lo relacionado con la vuelta al cole (ay, eso sí que es desmoralizante), por no hablar de todo lo relacionado con el acceso a la vivienda, agota por completo la capacidad de gasto del ciudadano medio. Han proliferado los estudios comparativos de los que se deduce que una semana en Mallorca equivale a otra en Bali o en un destino exóticos similar, dado los precios que ha alcanzado todo en el archipiélago balear. En este estado de cosas esos lugares antes frecuentados se vuelven prohibitivos para la clase media nacional, y los extranjeros pudientes cubren gran parte de ese nicho, pero no todo.

Cogerse vacaciones es una necesidad, irse por ahí durante ellas no. Las redes sociales, especialmente Instagram, han disparado el postureo vacacional y han masificado muchos destinos a la vez que convierten en pringados a los que no acuden a una cala o paisaje a posar. Esas fotos, vacías de contenido, cuestan una pasta, y suponen una sangría para muchos, que la sufren a cambio de no parecer menos frente a otros. Gran error. Nadie es más que otro, y tener dinero para irse a un lugar y no tenerlo y quedarse en casa no es la manera de medir a las personas, sus vidas y sus valores. En fin, que ánimo para el lunes, y a esperar a que las cifras de agosto ya cerradas nos den la imagen fiel de cómo se ha comportado la gran industria de este país, la del turismo.

miércoles, abril 16, 2025

Viajes a EEUU

Tiene bastante lógica que el ministro Cuerpo haya ido lo más rápido posible a Washington para tratar de limar asperezas con el departamento de economía de allí. Las declaraciones de Scott Bessen en las que mencionaba cortes de cuello ante la agasajada presencia de Pedro Sánchez en Beijing requerían muchos gestos, y algo más que diplomacia, ante unas expresiones más propias de una película de mafiosos. Cuerpo ha comentado que la reunión ha sido cordial, cosa que diría pasara lo que pasase en la sala del encuentro, y ha dejado clara la voluntad de España de llegar a acuerdos que pasan, forzadamente, por la negociación entre EEUU y la Comisión Europea. Todo correcto y previsible.

Es obvio que España, y el resto de naciones, deben actuar en respuesta a las medidas proteccionistas de Trump buscando alternativas, y el mundo es grande, y los mercados por explorar, amplios. Los aranceles perjudicarás a las empresas extranjeras y a los consumidores norteamericanos. Estos últimos, por residir allí, no pueden buscar opciones no gravadas, dado que todas las están, pero el exportador del país de origen del bien tasado puede buscar un tercer destino a sus productos que le salve de las caídas de ventas que va a sufrir por las decisiones del ogro naranja. Es la lógica económica puesta en acción. Lo que ocurre es que estos movimientos no se limitan, ni mucho menos, a lo que puedan hacer las empresas afectadas por las tasas, sino que todos los agentes reaccionan ante lo que ven. La enorme pérdida de poder blando que está sufriendo EEUU con la reaccionaria administración trumpista y los insultos que el resto del mundo recibe de ella empiezan a pasar factura a sectores no sujetos a aranceles, pero que, como todo, funcionan en economía por deseos y necesidades insatisfechas. Uno de ellos es el turismo. EEUU es el tercer país del mundo que más visitantes recibe al año, con Francia en segundo lugar y España, sí, sí, en primero (somos los primeros desde el año pasado, en el que superamos a nuestros vecinos). Irse de vacaciones allí es uno de los objetivos de gran parte del mundo. Pasear por Manhattan, sentirse en medio de una película, ver los parques nacionales en los que la naturaleza se desborda… el viaje a EEUU es algo que está siempre en el imaginario del turista, y es ese imaginario el que empieza a romperse. El destino norteamericano empieza a sentirse como algo desagradable por más de uno ante las diatribas constantes de Trump. No sólo los canadienses, vecinos tachados de nación de segundas, expresan su renuncia a viajar al país de al lado, el único con el que comparten frontera, con porcentajes de rechazo que se sitúan en torno a un tercio de los encuestados. En Europa se detecta una bajada significativa de reservas en los vuelos y hoteles de cara a la campaña de verano, para la que quedan un par de meses. El viaje a EEUU requiere una planificación superior y antelaciones notables frente a una escapada europea para los que residimos a este lado del charco, y si ahora, mediados de abril, los datos indican bajada, es poco probable que la temporada de verano sea como la de años pasados. Las cifras de visitas e ingresos relacionados con el turismo son enormes para la economía norteamericana y, especialmente, para ciudades como Nueva York, San Francisco, Las Vegas o Florida, donde la presencia internacional es muy relevante. Miles de millones en ingresos y muchísimos empleos viven del negocio turístico, y si ya hay sensaciones de frenazo económico en el país esto va a contribuir notablemente a ello. Curiosamente, las condiciones financieras “puras” están abaratando los viajes a allí desde Europa, dada la apreciación del euro respecto al dólar y la bajada del petróleo, que reducirá los costes de los vuelos. Comprar algo norteamericano se está poniendo más atractivo en precio para el europeo, pero el rechazo trumpista parece compensar todo esto y las ofertas que pueda haber tendrán que ser muy agresivas para revertir la tendencia que se observa.

Curiosamente, a España todo esto le puede venir bien, porque no es descartable que algunos de los europeos que renuncien a sus vacaciones norteamericanas decidan quedarse en la UE o aledaños, y claro, más de uno decidirá venirse a España, por lo que puede que haya un arreón no previsto de reservas para nuestro verano que haga que el récord de turistas alcanzado el año pasado vuelva a ser superado, con el impulso que eso supondrá a la economía y, sí, también, la agudización de los problemas derivados de la masificación del sector. Los aranceles trumpistas serán sobre los bienes, pero acaban generando consecuencias en la primera línea de playa, o incluso en los miradores desde los que se observa la grandiosidad de Nueva York.

Subo a Elorrio a pasar Semana Santa y me cojo el lunes 21. Si todo va bien nos leemos el próximo martes 22.

miércoles, mayo 03, 2023

Todo lleno en todas partes

Ayer fui al Museo del Prado, cosa que hago dos o tres veces al año. Se lo recomiendo. La exposición temporal de Guido Reni está muy bien. Adquirí la entrada por internet antes del puente y tenía fijada una hora de entrada, por la mañana, pero como soy un petardo profesional, me levanto muy pronto y me sobra tiempo, fui con un gran margen. Al llegar al entorno del Museo comprobé que aquello estaba atestado de gente como si se tratara de una estación de ADIF sometida a la suspensión de servicios por alguna incidencia, y vi que la cola de la puerta que me tocaba era enorme, y que si no me ponía ya tendría problemas. Hice cuarenta minutos de espera y entré en el horario que tenía asignado.

La sensación de que en este puente todo ha estado lleno en todas partes, parodiando el nombre de la película que se ha llevado, de manera incomprensible, tantos Oscar, es generalizada. Tres semanas después de una Semana Santa de enorme trajín y lleno en todos los destinos, se han vuelto a repetir escenas de atascos en las entradas y salidas de las ciudades, y costas repletas al calor de, nunca mejor dicho, unas temperaturas elevadas y apenas cuatro gotas fruto de las tormentas. Imagino que los que hayan escapado a destinos costeros podrán contar historias sobre colas en los chiringuitos, terrazas abarrotadas y demás costumbrismo típico del verano, pero serán solapados por los que han huido a destinos rurales de interior, donde tampoco cabía nadie más, y las escenas de lleno se sucedían. El hecho de que el 1 de mayo sea festivo en gran parte de Europa ha contribuido a que este puente, aderezado con un extra en Madrid, sea aprovechado por muchos para organizarse unas minivacaciones (en algunos casos no tan minis) y el movimiento haya sido extraordinario. La cuenta de resultados de las empresas de ocio y turismo está por calibrarse, pero la sensación de euforia es generalizada. A pesar de la enorme subida de precios que se ve a pie de terraza, los llenos garantizan una caja que permite al hostelero hacer frente a sus propios ascensos de costes y le lleva no sólo a cuadrar las cuentas, sino a hacer recaudaciones que, sin duda, también serán históricas. Si recuerdan aquellos mantras de la época pandémica, ya tan olvidada, de “vamos a salvar la XXX” donde se podía pensar en la Semana Santa, Navidad o el puente que usted prefiera, podemos decir que los hemos salvado sin problema. La hostelería vive ahora mismo un boom tremendo al que no frena ni la inflación ni la cada vez más asediada cartera de los clientes. ¿Cómo se explica esto? No lo se. Afrontar los gastos de tanto ocio supone un reto en tiempos de precios crecientes y euríbor disparado, pero es evidente que una parte relevante de la población o tiene recursos para permitírselo o a priorizado este tipo de consumo frente a otro. Es de suponer que, a medida que precios e hipotecas siguen creciendo el importe destinado a este apartado de ocio debiera verse mermado, y con ello el impulso vacacional, pero por ahora no se observa nada de esto. ¿Cuál es la explicación? No lo se. Hay posibles fuentes, y una de ellas, el ahorro generado en la época de la pandemia, pudo explicar el impulso inicial en los años 2021 y 2022, pero me da que está ya bastante agotado. Las otras tres vías que se me ocurren son la del recurso al crédito, el cambio de preferencias tras el episodio pandémico por una actitud más lúdica de la vida y las ganas de recuperar tiempos perdidos en episodios de encierro. Todas estas son tendencias de fondo que pueden aguantar más o menos, y el crédito es la más peligrosa de todas, pero se sostienen en un mercado de trabajo que sigue funcionando a buen ritmo, y que aumenta el número de personas que obtienen ingresos por su trabajo. Más renta y nuevas preferencias pueden explicar este movimiento lúdico tan intenso. Lo cierto es que su fuerza y duración en el tiempo nos tiene a muchos tan sorprendidos como escamados, pero así es.

Así, en cada nuevo puente u ocasión de escape (el lunes 15 es festivo en Madrid ciudad) volvemos a asistir a una lucha entre la demanda de consumo y la necesidad de ahorro, con fuerzas como los intereses pisando el freno de la demanda de manera constante desde hace meses. ¿Cuándo se va a observar en la realidad el encarecimiento del crédito y su restricción que las medidas monetarias y los problemas bancarios ya están provocando? Nuevamente, no lo se. De momento, el sector del turismo ya se prepara para un verano espectacular y sus previsiones dejan atrás el máximo de 2019. Ojalá la cosa siga.