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jueves, julio 17, 2025

Volar el ministerio de defensa sirio

Desde hace unos días se producen graves enfrentamientos en los altos del Golán, territorio disputado entre Israel y Siria, entre fuerzas islámicas alentadas por el gobierno sirio y personas de la minoría drusa, aliada de Israel, que viven en esa zona. Apenas ha salido en los medios, pero el balance de la refriega ha dejado un saldo de cerca de trescientos muertos y numerosos heridos. El actual gobierno sirio, débil, no es capaz de imponer la seguridad en su territorio y las milicias que respalda, en muchas ocasiones, no es que se extralimiten, sino que directamente realizan acciones de tierra quemada en las que no dejan nada vivo. Ya pasó algo similar en Tartus, antigua base rusa y zona controlada por los alauíes, afectos al caído régimen de los Asad.

Pues bien, Israel, que ah descubierto que su mejor diplomacia es la del palo, y no la zanahoria, ayer atacó posiciones en el mismo centro de Damasco, la capital siria, y en una acción de gran impacto destruyó, directamente, la sede del ministerio de defensa sirio, con una serie de bombazos que redujeron el edificio a un conjunto de escombros. Como llamada de atención equivale a pulsar un timbre muy grande. Aunque Siria es enorme frente al tamaño de Israel, Damasco está situada en el extremo oeste, por lo que la distancia de tiro desde Israel es mínima, tanto para un lanzamiento balístico como para una operación aérea de ida y vuelta. Es de suponer que el gobierno sirio haya captado el mensaje y la situación en el Golán se reconduzca rápidamente, pero esta vuelve a ser una nueva muestra de hasta qué punto el gabinete israelí de Netanyahu ha decidido resolver todos sus problemas a base de ataques militares, empleando una fuerza disuasoria de capacidad no vista en la zona. Todos sus vecinos, a excepción de Egipto, creo, han sido atacados últimamente por Israel, con consecuencias devastadoras para la población civil y con el claro mensaje de superioridad que esos actos han implicado. Ahora mismo nadie es capaz de toser a Tel Aviv en su región, porque tanto Líbano como Siria como Irán han sufrido duros castigos que les han hecho ver que meterse con Israel es un mal negocio. En un mundo de diplomacia en retirada las armas imponen su ley, e Israel ha decidido que su seguridad vale más que cualquier otra cosa, y desde luego más que la vida de cualquiera de sus vecinos. EEUU ha reaccionado con una posición diplomática ante lo sucedido, reclamando la calma entre las partes y la apertura de negociaciones para que la situación en el Golán se encauce, pero de las declaraciones de Marco Rubio y de algunos miembros de su equipo trasluce una creciente incomodidad respecto a la autonomía estratégica con la que Israel se desenvuelve. Completamente dependiente del suministro de armas por parte de EEUU, Netanyahu se ha convertido en un pistolero de gatillo fácil en una zona demasiado convulsa, y el recurrir a bombardear como primera medida de presión es algo que no se contempla en los manuales de la diplomacia moderna. Hasta ahora estaba claro que la seguridad de Israel estaba en manos de EEUU y que la superpotencia era el garante último de lo que pasase allí, pero desde los crueles atentados de Hamas del 7 de octubre de 2023 y la llegada al poder en Tel Aviv del extremismo sionista, las reglas han cambiado, e Israel dicta su política de seguridad sin ambages, sin cortapisa alguna. Sabe que su imagen en el mundo se ha desplomado, pero no le importa, porque ha logrado meter miedo a sus enemigos históricos, que ahora están más débiles que nunca. El ciudadano israelí contempla como su país se ha embarcado en un proceso de militarización acelerada, con reservistas llamados a filas de continuo, con muchos negocios y empresas cerrados por los recelos de los clientes internacionales y la falta de trabajadores, algunos en el ejército, otros, inmigrantes, que no pueden acceder al país, y una sociedad que vive el orgullo de imponer su ley a todo quisqui que le rodee pero que no se quita el miedo de encima sobre posibles agresiones y venganzas. Israel está construyendo su seguridad a base de humillar a todo lo que le rodea, y ese es el perfecto caldo de cultivo de futuras venganzas.

Lo que antes les comentaba, recurrir a la violencia como primera alternativa, antes de la negociación, es, en parte, un resultado del mundo descontrolado al que vamos, en el que la labor policial que ejercía EEUU se está diluyendo con las decisiones que cada día toma Trump desde su despacho. Vamos a un escenario global fragmentado, inestable, peligroso, en el que la fuerza empieza a ser la vara de medir, y en el que varios actores pueden tomar decisiones militares de relevancia en la creencia de que nadie va a detenerlos. El nivel de peligrosidad crece y las violencias locales pueden resurgir. Israel, en este caso, puede ser el alumno aventajado de lo que está por venir.

miércoles, julio 31, 2024

Juego de Tronos en Oriente Medio

Esta noche se ha sabido que ha muerto Ismael Haniya, el máximo jefe político de Hamas. Como es habitual en muchos líderes terroristas, Haniya no residía en Gaza, el lugar en el que Hamas reside y actúa, sino que se pegaba la vida padre en Qatar. Había viajado a Irán para asistir a la ceremonia de proclamación del nuevo presidente, el elegido tras el accidente de helicóptero que acabó con su predecesor, y allí ha sido asesinado, en lo que parece una operación de los servicios secretos israelíes, unos de los más interesados en que Haniya se fuera para el otro barrio. A esta hora no hay confirmación alguna sobre la autoría del ataque y cómo se ha desarrollado.

Lo que sí reconoció Israel fue el ataque realizado ayer contra un edificio residencial de Beirut, capital de Líbano, que se saldó con la muerte de uno de los máximos dirigentes militares de Hezboollah. Por ahora, esta es la respuesta de Israel al ataque que la milicia pro iraní realizó el sábado a una zona habitada por drusos en los Altos del Golán, territorio anexionado por Israel y que es frontera de Líbano y Siria. Un misil disparado por las milicias chiís impactó en un campo de fútbol en el que jugaban varios críos en un partido, matando a doce de ellos y dejando varios heridos, en una acción de gran salvajismo de la que Hezbollah ha querido distanciarse, pero que en la forma de actuar y en el armamento utilizado lleva su firma. Este ataque ha disparado la tensión en la zona y abra las puertas a que se abra una guerra abierta entre esa milicia y el ejército israelí, que sigue desarrollando su operación en Gaza pero mantiene un ojo puesto en todo lo que sucede en el norte. Eso que se ha hace llamar comunidad internacional contempla con estupor la posibilidad de una guerra israelí de dos frentes, y el miedo a que el Líbano se convierta, otra vez, en el campo de batalla entre dos potencias militares de grandes dimensiones, porque Hamas es apenas un esbozo de lo que Hezbollah puede ser capaz de hacer. La situación, en cierto modo, recuerda al intercambio de golpes directos que se vivió entre Israel e Irán hace unos meses, una escalada inédita que se saldó en un pulso de cohetería sin demasiadas consecuencias prácticas, pero con todos los temores abiertos sobre cómo podría acabar En el caso del Líbano no estaríamos ante algo nuevo, porque guerras abiertas entre Israel y las milicias se han dado en abundancia, y de hecho el que haya una fuerza de interposición de la ONU en la zona es una prueba clara de hasta dónde han llegado las hostilidades en el pasado. Así, si la guerra Israel Irán es un tabú que se rozó hace unos meses, una guerra de Israel en el Líbano sería una nueva guerra, pero no una novedad sistémica. Sí el que suponga la apertura de un doble frente para las IDF, sometidas a desgaste en Gaza, y más presión para una sociedad israelí que sigue viviendo con angustia lo que sucede en la franja, el incierto futuro de los rehenes, y la deriva ultranacionalista de su gobierno, que no deja de pisar charcos y hacer declaraciones de todo tipo que son fuente de nuevas tensiones. Asediado por fuerzas terroristas alentadas por Irán en ambos frentes, la gestión que está haciendo el gabinete de Netanyahu de todo este marasmo es desastrosa, con una guerra en Gaza que ha hundido la imagen de Israel en el mundo y la ha separado de muchos de sus aliados naturales, y sin que se haya conseguido la liberación de los rehenes ni ninguno de los objetivos que Netanyahu señaló al inicio de las hostilidades cuando se vio obligado a responder al infame ataque terrorista de octubre. Un doble frente militar para las IDF sería una sobrecarga para un ejército sometido a una tensión difícil de sostener en el tiempo.

Y todo este desastre sucede en medio del final de la presidencia de Biden, que tras admitir su renuncia a la campaña electoral se ha convertido en un presidente sin influencia alguna. Con unos EEUU en el lío electoral entre dos candidatos que se juegan su futuro, el papel mediador, o apaciguador, de Washington en el tablero de Oriente Medio es prácticamente nulo, y es probable que lo que suceda dependa plenamente de las intenciones e iras de los contendientes directos, Israel e Irán, La escalada de violencia actual en la zona es poco probable que se apacigüe, y el riesgo de terceras respuestas, léase atentados, en otras partes del mundo, se dispara.

lunes, abril 15, 2024

Irán cumple y ataca a Israel

Dado lo anunciado que estaba el ataque hubiera sido una frustración que no se hubiese producido. La expectativa general era que iba a ser después del martes, final del ramadán, y así ha sido, pero con un retardo prolongado. Al parecer Irán advirtió a países vecinos dos o tres días antes de que era la noche del sábado la escogida para llevarlo a cabo, y de ahí que el proceso de cierre del espacio aéreo en naciones como Jordania, Siria y demás fuera tan sincronizado. En unas pocas horas del sábado era imposible volar por Oriente Medio, zona que ya registraba un descenso en el tráfico por la suspensión decretada por varias aerolíneas comerciales occidentales desde hacía ya casi una semana.

El ataque ha consistido en el lanzamiento combinado de misiles y drones, en una cifra conjunta que supera por poco las trescientas unidades, disparados tanto desde el territorio iraní como de algunas de las bases que Teherán posee en Siria y territorios cercanos. El objetivo principal eran infraestructuras militares israelíes, bases y aeropuertos sobre todo, pero fueron varios los que sobrevolaron las ciudades hebreas, con Jerusalén como principal escenario, donde se vieron trazas de motor cohete en abundancia en lo alto de sus cielos. Por el número de elementos empleados, el ataque es significativo, y para ser el primero de la historia lanzado oficialmente desde y por Irán contra Israel, es llamativo. Llama la atención que han sido los drones los elementos más utilizados para el ataque, por encima del recurso clásico de misiles, sean cuales sean sus características. La capacidad iraní de producir drones de ataque se ha relevado como amplia, y lamentablemente, vemos en Urania casi a diario como los que origen y diseño persa se emplean al servicio de las fuerzas rusas, golpeando de manera efectiva a las poblaciones civiles y matando gente. Para repeler el ataque Israel ha vuelto a hacer uso de la “iron dome” la cúpula de hierro, un sistema de antimisiles que busca interceptar los proyectiles que se lanzan contra su territorio. Compuesto por baterías Patriot, entre otro tipo de elementos, es una muestra de lo más sofisticado que existe en tecnología de defensa, y la noche del sábado mostró lo eficaz que puede llegar a ser. A penas unos pocos de los lanzamientos iraníes llegaron a impactar contra objetivos en tierra, causando daños menores y apenas un par de heridos. El susto ha sido enorme, pero el resultado conseguido, casi nulo. Afirma Israel que el 99% de los proyectiles han sido abatidos, y viendo las imágenes que circulan por las redes puede uno comprobar como más de uno y dos de ellos logra impactar contra el suelo y explotar, por lo que ese porcentaje parece exagerado, pero no creo que esté muy alejado de la realidad. La demostración de eficacia del escudo protector de Israel ha sido evidente, y deja claro que el país posee un sistema como casi ninguna otra nación en el mundo. Si uno de los objetivos del ataque era testar las capacidades de la cúpula de hierro ante una situación de guerra real, se puede decir que el examen ha sido superado con éxito por parte de la tecnología. Las escasas consecuencias sobre el terreno del ataque pueden hacer pensar que estamos ante un bluf, una pantomima, pero no es tanto eso como la eficacia de un sistema que impide al agresor alcanzar sus objetivos. La presencia del airbag puede salvar al conductor, pero no reduce la intensidad del accidente, sólo la de sus consecuencias, que es lo que se busca. En la noche del sábado la tecnología norteamericana de defensa triunfó frente a la persa de ataque, en el formato en el que se desencadenaron las hostilidades. No siempre tiene por qué ser así, pero afortunadamente es lo que pasó.

Un breve apunte sobre las opciones de escalada de esta crisis. Creo que son escasas. Ni a Israel ni a Irán les interesa lanzarse a una guerra abierta entre sus naciones. Tel Aviv no contaría con el apoyo norteamericano para ello y el régimen de Teherán no está para embarcarse en guerras de grandes dimensiones. La posible respuesta que realice Israel ante lo sucedido el sábado nos puede llevar a una espiral de acciones y reacciones peligrosas, pero creo que no conducentes a una guerra total. Irán está más cómodo actuando en la retaguardia con sus grupos proxy, e Israel tiene varios frentes abiertos, empezando por Gaza, que debe controlar ante de lanzarse a por otros. Sustos, sí, serios, sí, pero no veo aquí potencial desestabilizador global. Espero no equivocarme.

lunes, febrero 05, 2024

EEUU responde a Irán

Este fin de semana se ha producido la primera respuesta de EEUU al taque que sufrieron sus tropas en la base que está en la frontera entre Jordania y Siria, y que causó la muerte de tres de sus soldados. Llena como está toda la zona de milicias pro iraníes, era evidente quién era el inspirador y proveedor que está detrás de los ataques. La respuesta ha consistido en el bombardeo de posiciones de las milicias en Siria e Irak, causando un total de cuarenta fallecidos, según fuentes de ambas naciones, y daños a los campamentos y bases logísticas que los milicianos utilizan para entrenar y abastecerse de munición. Parece que los ataque seguirán.

Fíjense que EEUU no ha tocado una brizna de arena dentro del territorio de irán, y no es por casualidad. Una de las cosas que, por encima de todo, busca la administración Biden, es no entrar en una guerra declarada entre ambas naciones, lo que llevaría la tensión en la zona, ya dispara, a su apogeo, y al mundo a un conflicto de consecuencias imprevistas. Así mismo, la Casa Blanca está obligada a responder ante la muerte de soldados suyos, y es evidente que la respuesta debe ser modulada, dejando claro a los oponentes que quien se mete con EEUU lo pagará, pero sin que los Ayatolas tengan excusas para no inflamar más la situación. La respuesta retórica de Teherán ha sido la habitual, con su manido repertorio de soflamas contra el gran satán norteamericano, pero nada fuera de lo previsto. Desde ambos lados del ring los dos contendientes se miran, se amenazan, se lanzan puñetazos al aire y se desean mal, pero ninguno quiere subir al cuadrilátero para empezar una pelea. Este deseo mutuo de contención es la principal garantía de que la situación en la zona no va a degenerar en una guerra peligrosa. ¿Es suficiente? Por ahora sí, pero es cierto que la presión va en aumento y la solidez de esta garantía disminuye. La guerra de Gaza es el combustible perfecto para inflamar los deseos islamistas, a la vista de la crueldad con la que está actuando el ejército israelí sobre la población civil. La cantidad de tropas que EEUU dispone en oriente medio es escasa y es creciente el apoyo, entre la población local, a su hostigamiento ante lo que ven día a día en la guerra de Israel y Hamas. Los incidentes entre los grupos proiraníes y las tropas norteamericanas, y los intereses occidentales en su conjunto, van a más, y no es descartable que se produzca un accidente que empeore las cosas. La muerte de esos tres soldados es el resultado esperado de una continuada oleada de ataques a bases americanas, repelidos en su mayoría, pero con la insistencia en los mismos aumenta la probabilidad de que alguno de ellos logre alcanzar su objetivo y provoque las muertes que se buscan. Si Hamas trataba, con su salvaje atentado del 7 de octubre, de provocar a Israel para enfangarle en Gaza y hundirle ante la opinión pública internacional, a costa de la vida de los palestinos, tampoco es descartable que esas milicias busquen, con sus acciones, que EEUU, deseoso de abandonar esa zona desde hace años, se vea obligado a implicarse en un conflicto del que no va a sacar mucho rédito y sí posibles víctimas. En año electoral a Biden lo último que le interesa, con una popularidad por los suelos, es que se produzcan acciones que le hagan recibir féretros con la bandera de barras y estrellas, dejando su imagen aún más por los suelos de lo que ya está. La debilidad que muestra EEUU con su profunda división interna es algo que terceros actores están deseosos de tentar, para ver hasta dónde pueden llegar, y en este sentido las milicias proiraníes pueden ser muy insistentes. Está por ver que los efectos de la respuesta norteamericana tengan efectos disuasorios, ante unos grupúsculos que subsisten en una región de aridez extrema y que están fanatizados como pocos. A corto plazo las cosas se desarrollan como era de esperar.

A medio plazo, mientras la guerra de Gaza siga, la posición de EEUU en la zona se debilita. Blinken vuelve a estar de gira por allí, tratando de apaciguar los ánimos, y requiriendo paciencia hasta el extremo mientras busca desesperado una tregua en Gaza, a la que el primer ministro israelí se opone. Como un genio fuera de la botella, la estrategia del ala dura israelí ya está fuera del control directo de Washington, y sólo la presión de los familiares de los rehenes puede lograr que los combates paren para permitir la liberación de los secuestrados. El avispero regional sigue complicándose y las opciones para EEUU se reducen. A Irán, de momento, el marasmo le viene bien.

lunes, enero 29, 2024

Tres soldados de EEUU muertos en Jordania

Los intentos por contener la guerra de Israel con Hamas a la franja de Gaza se han topado, desde el principio, con la actitud hostil de un conjunto de milicias apoyadas por Irán, dependientes en mayor o menor grado de lo que se dicte en Teherán, que llevan jugando con las tropas norteamericanas desplegadas en todo oriente medio desde el inicio de los combates tras los atentados del 7 de octubre. Con distintos argumentos, la táctica es la misma. Hostigamiento, ataques a distancia y búsqueda de causar daños y bajas, menores dado el tipo de ofensiva de que se trata, pero relevantes al ser la gran potencia la atacada.

En este juego de tensión han sido los hutíes de Yemen los que han causado más disrupciones globales y se han llevado casi todos los titulares, pero las milicias que operan en Irak y Siria han actuado de manera constante contra las bases estadounidenses que se encuentran en su zona de acción. Las tropas de EEUU habían neutralizado, hasta la fecha, todos los ataques, sin que se hubieran producido bajas de ningún tipo, aunque siempre con la sensación de que se estaba cerca, y finalmente las temidas víctimas han llegado. Tres soldados norteamericanos fallecidos y decenas de heridos en el ataque que ayer sufrió una base enclavada justo en la esquina fronteriza entre Jordania, Siria e Irak, en el lado jordano. Los responsables del ataque no están muy claros, dada la zona limítrofe en la que se ha producido, pero son, sin duda, milicias que actúan desde Irak o Siria, en las que la mano financiadora de Irán es obvia. Es probable que sean grupos poco organizados, nada que ver con Hamas o Hezbola, pero coincidentes en ideología islamista y en origen del material y dinero que les sirve para mantener su fuerza militar. En medio de los arenales de esa zona se camuflan con rapidez y mantiene el control, o la simpatía, de poblaciones locales en las que el chiismo de origen iraní se ha hecho tras el resultado habido de guerras como las de Irak o Siria. La hostilidad hacia las tropas norteamericanas en la zona es elevada y Jordania se mantiene como la única nación musulmana del entorno en el que un destacamento de EEUU puede estar medio seguro, aunque siempre vigilante. ¿Es grave este incidente? El tiempo nos lo dirá. A priori supone una escala de la tensión en la zona y obliga a EEUU a mover ficha, dado que la llegada de cadáveres a casa siempre es algo doloroso y, en año electoral, fuente de votos perdidos para la administración gobernante. Es probable que la respuesta de EEUU sea un ataque, a distancia, vía aérea, sobre posiciones de esas milicias, en sus retaguardias, más fácilmente en el castigado territorio sirio, donde la presencia norteamericana es testimonial, que en el conflictivo Irak, donde aún permanecen tropas estacionadas. Una acción de castigo que cause bajas que puedan ser vendidas a la opinión pública norteamericana como una respuesta ante aquellos que han causado la muerte de sus soldados y logren volver a un escenario de tablas. De ahí en adelante es poco probable que la cosa vaya a más, porque aunque se retan con saña, desde Teherán no se busca una guerra abierta en la zona porque la nación estaría en una posición débil para desarrollarla y desde Washington también se elude un conflicto a gran escala en un escenario del que mantiene un muy mal recuerdo desde la aventura iraquí. A priori, por tanto, hay intereses entre las jefaturas de ambas naciones para que la tensión no vaya a más, pero eso no quiere decir que ese sea el resultado final obtenido. En estos juegos en los que trato de pillarte y ver hasta dónde aguantas se pueden producir errores de cálculo y graves equivocaciones que desencadenen respuestas inesperadas. Irán es la gran potencia regional y lo que sucede en Gaza, aunque suponga la eliminación de sus milicianos de Hamas, refuerza su posición ideológica de odio a Israel entre el resto de naciones y, sobre todo, sus poblaciones, por lo que no tiene prisa en lanzar una guerra local que pudiera acabar ganando sin disputarla.

Lo último que necesita Biden es un tercer frente militar en el que disolver esfuerzos, recursos e inteligencia, visto como los otros dos son pasto de la disputa política interna y se convierten, cada vez más, en lastres para su propia campaña. Con unas encuestas muy a la baja su administración está obligada a responder ante estas muertes, pero sospecho que su deseo sería que este asunto se extinguiera en los medios lo más rápido posible. En el caso de los rebeldes hutíes la necesidad de mantener abierta una ruta primordial para el comercio global es un argumento que se entiende allí y en todo el mundo, pero en los arenales de Irak o Siria la estrategia norteamericana tiene bastante que perder y, me da, ningún voto que ganar para una administración demócrata.

jueves, mayo 13, 2021

Guerra Israel Hamas

Hay algunas constantes en la vida que es mejor asumir para sobrellevarlas. Hace calor en verano, frío en invierno, la policía es decepcionante, ellas nunca te harán el caso con el que sueñas y la guerra es constante entre Israel y Hamas. Esta última puede que sea la más certera de todas, porque a veces hay inviernos suaves o políticos que pueden sorprender para bien. Sí, parece que lo de las mujeres también se puede considerar como constante. Lo cierto es que desde cree tener uso de razón las noticias sobre enfrentamientos en esa zona son constantes, se pierde la cuenta del número de guerras, asaltos, ataques, intifadas y demás conflictos, y año tras año, generación tras generación, los odios no dejan de crecer.

La actual guerra abierta entre Israel y Hamas, no declarada, pero militar como pocas, puede que tenga su origen en la tensión surgida hace unas semanas por unos desalojos de asentamientos palestinos en viviendas que iban a ser otorgadas a colonos israelíes, o eso al menos se dice, pero son infinitas las causas que allí pueden desencadenar los enfrentamientos, porque la lista de agravios que cada uno de los pueblos tiene es tan larga como la creencia en que su Dios es el verdadero, lo que quizás sea auténtico motor del odio mutuo. Lo cierto es que esta ha sido otra noche de constante lanzamiento de cohetes desde la franja de Gaza, en la que rige el islamismo yihadista de Hamas, y algunos de ellos han logrado superar el sistema de defensa israelí, la “cúpula de hierro”, causando víctimas judías. El gobierno de Netanyahu, frágil como en pocas ocasiones tras los sucesivos desacuerdos e infinitas elecciones, ha respondido con la dureza de siempre, bombardeando la franja y eliminando edificios en los que se encuentran líderes de la resistencia palestina. Cohetes y bombas son más o menos inteligentes, usando esos eufemismos de hoy en día, pero cuando impactan en sus blancos se llevan a los que allí estén, sean los objetivos buscados o cualquier otro, por lo que el balance de víctimas es elevado y, como siempre, lleno de tragedias. Más de sesenta son, por ahora, los palestinos muertos, y se acerca a la decena el de israelís. Si me apuran, el conflicto que vivimos estos días tiene un grado de vileza aún más elevado que pasados enfrentamientos, porque estamos viendo luchas callejeras en ciudades de Israel entre ciudadanos de aquel país, mayoritariamente de origen judío, pero con una minoría muy significativa de árabes israelíes en su seno. Ciudades como Lod, al sur de Tel Aviv, han sido escenarios de enfrentamientos, quemas de mobiliario urbano y edificios, e incluso linchamientos, que van bastante más allá de algaradas provocadas por violentos, y que empiezan a parecerse demasiado a un conflicto civil en el seno de la propia sociedad israelí. El alcalde de esa localidad ha tenido que pedir al ejército que tome las calles e imponga un toque de queda no por el allí ya derrotado coronavirus, sino por la situación de violencia desatada. En todo momento el estado de Israel sabe que se encuentra en peligro de existencia porque está rodeado de enemigos que se la tienen jurada, y eso condiciona mucho la visión de los estrategas y políticos de aquel país, pero hasta ahora no se habían visto fisuras entre la población israelí al respecto, más allá de las visiones más o menos duras que se asocian a las distintas tendencias políticas del espectro, muy occidentalizado en su mayoría. Esta lucha interna entre judíos y árabes, todos ellos israelitas, es un factor nuevo que añade aún más inestabilidad y odio a una región llena de ambos ingredientes, y que ve como todos los intentos de encontrar no ya una salida a este entuerto, sino un mero pacto duradero de no agresión se convierten en frustración. El movimiento de los últimos años de Israel de establecer relaciones con las monarquías del golfo parecía querer abrir un nuevo escenario en esta bronca local, pero no parece haber sido así.

A eso que llamamos comunidad internacional la actual guerra le ha pillado a contrapié, y más allá de las típicas llamadas a la calma no se ve acción alguna, con todos los esfuerzos globales centrados en la vacunación y en la búsqueda del final del túnel del Covid. La nueva administración Biden aún no ha perfilado su estrategia en esa zona, una de las habituales de gran interés para EEUU, y ya tiene ante sí un fregado de los gordos en los que meterse. La UE, como potencia diplomática, sigue a dos velas en una región en la que no tiene la influencia que desearía y China, que es bastante ajena a lo que sucede en oriente medio, mira, espera y a saber qué opina realmente de las desgracias que allí se suceden año tras año.

Me cojo un par de días de ocio para subir a Elorrio, mañana y el lunes no habrá artículo. Sean felices y nos leemos el martes 18 si no pasa nada raro.

martes, abril 13, 2021

Tensión en Irán

Con la confirmada subida de positivos que da por cierta la temida cuarta ola, que algunos negaron, el coronavirus volverá a ser el centro de la actualidad, con permiso de la batalla en el barro madrileño, pero hay varias zonas del mundo en las que la tensión está creciendo desde hace días sin que nos estemos dando plena cuenta de ello. A ver si a lo largo de esta semana me puedo dar una vuelta por varios de esos sitios para echar un vistazo, y es que cuando estemos vacunados y festejando el final de esta pesadilla esos problemas seguirán ahí, enquistados. Viajemos hoy a oriente medio, a un lugar polvoriento en Irán llamado Natanz, que no sonará a muchos. Grave error.

En Natanz se encuentra el principal complejo de investigación nuclear iraní, unas instalaciones en la superficie y bajo tierra en las que el régimen de los Ayatolas lleva tiempo investigando e invirtiendo dinero, presuntamente con fines civiles, para desarrollar combustible para futuras centrales productoras de electricidad, pero como todo el mundo sabe, el objetivo del programa es militar. Es una de las principales piezas sobre las que se establece la estrategia de defensa y seguridad persa, y su control era una de las claves del famoso acuerdo nuclear firmado por Irán y una entente de países hace algunos años, que languidece desde que Trump decretó que EEUU se lo saltaba. En esas instalaciones se han vivido todo tipo de “problemas” e incidentes, el último este fin de semana, cuando se fue la luz por lo que, a todas luces, un sabotaje provocado por las fuerzas de espionaje israelí, que cada cierto tiempo realizan acciones espectaculares, quirúrgicas o no, que tratan de obstaculizar los pasos que dan los persas para alcanzar la bomba. Más allá de acuerdos y negociaciones, Israel nunca va a permitir que una nación como Irán, que jura que uno de sus objetivos es acabar con el estado de Israel, se haga con armamento nuclear, y hará todo lo necesario para ello. El asesinato de responsables del programa nuclear, el ataque a instalaciones de enriquecimiento mediante virus informáticos o, como esto último, bloqueos en el suministro de energía, y así incontables acciones propias de películas de espionaje en las que Israel deja clara su voluntad, y explicita al mundo que, haya acuerdo entre potencias o no, si el desarrollo nuclear iraní sigue en pie se encargará de impedirlo. No sería la primera vez que el ejército hebreo realiza acciones de ataque a naciones terceras para lograr, por la pura fuerza bruta del bombardeo, la destrucción de instalaciones que puedan servir para desarrollos potencialmente peligrosos para la seguridad de la nación. Este incidente de NAtanz ha coincidido con la reactivación de conversaciones en Viena entre Irán y un grupo de naciones, EEUU y algunas europeas entre ellas, con vistas a retomar algunos de los puntos del antiguo tratado nuclear, ahora que la nueva administración Biden se muestra partidaria de volver a él. Está por ver qué saldrá de esas conversaciones, empezando por el hecho de que la fiabilidad de lo pactado ya no sólo está en entredicho por los posibles bandazos de un régimen dictatorial como el iraní, sino también por los cambios de actitud de la otra parte. La ida y vuelta de EEUU introduce un factor de inestabilidad global que antes, sencillamente, no existía. Irán acude a esas negociaciones no por gusto, sino por necesidad económica, dado que las sanciones impuestas por la anterior administración Trump y las que se promulgaron antes de la firma del primer tratado, le hacen mucho daño. Su economía es débil, dependiente en gran medida de la exportación de petróleo, y la pandemia le ha hecho daño en un sector, el del turismo, que no era poca cosa. Es la ruina lo que fuerza a los jerarcas de Teherán a sentarse a negociar, no el deseo ni la querencia. Y todos estos factores provocan que los posibles acuerdos que de ahí salgan sean débiles, y sometidos a enormes presiones que pueden darlos al traste. Compran tiempo, sí, aplazan el futuro del arma nuclear persa, la alejan del calendario, pero día a día el proceso de investigación iraní avanza pasos que, llegado el caso, pueden ser irreversibles.

En la zona la tensión sigue siendo muy elevada, aunque la pandemia ha hecho que cada nación tenga que centrarse en sí misma. El balance de las guerras regionales ha sido muy positivo para Teherán, que ha logrado dominar algunas zonas estratégicas y posee milicias que actúan a su favor. Frente a ellas, Israel ha firmado acuerdos con monarquías del golfo que hubieran sido impensables hace no mucho tiempo, monarquías que siguen invirtiendo fortunas en armamento norteamericano de máxima tecnología pero que se muestran completamente incapaces de usarlo ni de hacer frente a sus propios retos de seguridad. La zona seguirá siendo fuente de conflictos en el futuro, y más nos vale que se queden en regionales.

miércoles, enero 08, 2020

Ira en Irán


Casi imposible imaginar una secuencia de acontecimientos más acelerada y peligrosa que la vivida en los últimos días, antes y después de la entrada en el nuevo año, en el escenario de oriente medio, con Irán de fondo e Irak como escenario. La muerte de un contratista norteamericano en un ataque de brigadas chiíes, la respuesta norteamericana atacando un convoy de esos brigadistas y matando a varios, la reacción de repulsa orquestada por las fuerzas iraníes que derivó en el asedio de la embajada norteamericana en Bagdad y, como gran traca, la ejecución por parte de drones estadounidenses del general Soleimani, en un acto que mantiene en vilo al mundo desde entonces.

No era Soleimani un militar cualquiera, sino el de mayor relevancia del país, y según muchas fuentes el auténtico número dos del régimen de los ayatolas. Creador de las fuerzas Al Quds, y gestor de la inteligencia militar del país, había logrado tejer una red de entidades proxy que actúan en cuatro de los escenarios de relevancia del régimen de Teherán, a saber: Líbano (Hezbola es el más famoso), Siria, Irán y Yemen. En esas naciones Irán actúa como si se tratasen de semiprotectorados, con total libertad, y siempre con fuerzas no regulares, o al menos que no enarbolan los distintivos oficiales del ejército persa, y eso por obra y gracia de Soleimani. Nada hacían los grupos iraníes de esos lugares sin que el general lo supiera. No era, por tanto, un desconocido para la inteligencia occidental ni para nadie, ni un sujeto que viviera escondido, como lo fueron Bin Landen o Al Zarqawui, no. Soleimani paseaba consciente de su poder, inmenso, y la inmunidad que le proporcionaba, porque nadie quería atacarle a sabiendas de las posibles consecuencias de dicho movimiento. Es conocido que tanto Bush hijo como Obama tuvieron opciones y planes para eliminarlo, pero finalmente no lo hicieron, a sabiendas de que ese movimiento podría desencadenar reacciones virulentas y fuera de control. Extrañamente ha sido Trump, cuyo credo es aislacionista, y que no deja de repetir que quiere largarse de todos los sitios en los que las tropas norteamericanas actúan, el que ha ordenado este movimiento, sin que se tenga muy claro si era consciente de las posibles consecuencias del mismo ni sin que se sepa exactamente el porqué del momento escogido para ello. ¿Justifica la secuencia antes comentada un movimiento de ese calado? Aparentemente no. Trump ha dicho que informaciones en su poder confirmaban que Soleimani pretendía llevar a cabo un potente golpe contra intereses y vidas de estadounidenses, y conociendo al militar iraní no es algo que suene a raro, dado que se dedicaba en gran parte a esos menesteres, pero ya se sabe, ante un acto trascendental, tiene que haber información del mismo grado de importancia que la justifique. Evidentemente todo esto ha exacerbado la tensión en la zona, puesto a EEUU e Irán ante su mayo crisis quizás desde la de la toma de rehenes en la embajada de Teherán de hace ya cuarenta años y de paso ha convertido al ya moribundo acuerdo nuclear internacional en poco más que papel mojado. Irán ha anunciado, en una de sus respuestas, que ya no respetará los límites de enriquecimiento de uranio que se fijaron en ese texto, por lo que la relación actual entre la potencia persa y el resto del mundo va camino de la inexistencia. Terceros países, como la UE, que nada pesa en este escenario, o Rusia, que últimamente es la potencia dominante en la zona, se han ofrecido a mediar y tratar de aplacar la tensión entre ambos, pero todo parece indicar que, de momento, este es un juego de dos en el que el resto no pintamos nada.

Las impresionantes manifestaciones de duelo en Teherán ante el cadáver de Soleimani, que han causado unos cincuenta muertos víctimas de avalanchas y aplastamientos, enmarcan un grito de venganza que, dada la figura del eliminado, es obligada por parte de Irán para tratar de salvar la cara y no quedar en ridículo. Una respuesta que puede ser a su vez contrarrestada por otro movimiento del ejército norteamericano y así entrar en una espiral que puede llevar a una guerra abierta entre ambas naciones, que todo el mundo dice no desear pero que se acerca a cada paso, como si la dinámica de la violencia empezase a cobrar vida propia más allá de lo que afirmen los actores implicados. Hoy parece que hemos visto la primera respuesta de Irán, pero esto no ha hecho más que empezar. Mucho mucho cuidado.

miércoles, noviembre 06, 2019

Aramco sale a bolsa


Parece que esta vez va en serio y Aramco va a salir a bolsa, Quizás a muchos el nombre de Aramco les suene a chino, pero no debiera. Responsable de la extracción y refino de una décima parte del petróleo que se consume en el mundo, ese nombre hace referencia a la empresa petrolera saudí que ostenta el monopolio del crudo en aquel país. Regida por la familia Saúd como una extensión de sus propiedades, se la considera la empresa más valiosa del mundo, con un valor que puede situarse en el entorno de los 1,8 billones de euros (el PIB de España es 1,2 billones) lo que prácticamente duplica el valor de monstruos como Apple, Microsoft, Amazon, Google…

El plan saudí para sacar una porción de esta empresa a bolsa es antiguo, y se ha frustrado en numerosas ocasiones, tanto por la complejidad y volumen de la operación como por las propias opacidades del reino del desierto y su manera de gestionar las cosas. Se ha hablado habitualmente de sacar un 5% del capital de la empresa, lo que puede suponer, redondeando, unas ganancias para los saudíes de unos cien mil millones de dólares, tres veces lo que vale Telefónica hoy en día. En estas cifras siempre está como base la valoración que Riad ha hecho del imperio petrolífero, de sus infraestructuras y reservas, y pese a que se sabe que los recursos petrolíferos saudíes son ingentes, ha habido suspicacias sobre el valor de los activos de la compañía y lo que realmente esconde bajo su nombre. Obsesionados por el ingreso rápido que supone la salida a bolsa, los dictadores saudíes han mantenido su opacidad, y eso es una combinación imposible en este caso. Cotizar en bolsa exige una transparencia mucho mayor a la empresa que decide dar ese paso que si uno se mantiene alejado del parqué. En el fondo, salir a bolsa no es sino vender una parte de tu negocio a otros, que en el porcentaje vendido, entran a formar parte de tu empresa y tienen acceso a tu información. A veces eso es bueno y necesario, principalmente paran la empresa que sale al parqué, porque obtiene una fuente de financiación rápida y directa, pero acarrea consecuencias que pueden ser no deseadas. Elon Musk, el fundador de tesla, sigue coqueteando vía twitter con la idea de sacar a su empresa de cotización (eso se hace recomprando las acciones, poniendo dinero encima de la mesa) porque está harto que la SEC (el regulador bursátil norteamericano) y un montón de auditores le estén husmeando día tras día. En España tenemos el caso de empresas como Mercadona o, especialmente, El Corte Inglés, que son indistinguibles del tejido económico nacional, pero que no cotizan. Los grandes almacenes son el ejemplo perfecto de oscurantismo en sus cuentas y gestión propietaria, más allá de los líos familiares que se han hecho públicos en los últimos años. Nadie conoce el detalle del balance de El Corte Inglés, y sería casi público si tuviera que salir a bolsa. Consideran sus dueños que no necesitan el ingreso suplementario del parqué a cambio de perder la propiedad y privacidad plena, y es su decisión, y la pueden mantener indefinidamente, siempre que ante las necesidades financieras encuentren alternativas privadas. En el caso saudí, la situación es la misma, pero a una escala tan gigantesca como nepotista. Controlada por los príncipes herederos y sus adláteres, que son muchísimos, Arammco es otro tentáculo del poder regio en el que la separación entre estado, negocio y empresa es, como mínimo, gris. Acuciado por una deuda pública crecente y unos precios del petróleo que parecen haber alcanzado un máximo estructural ante la emergencia del fracking, el reino saudí busca, con la venta de ese pequeño porcentaje de la empresa, una riada de dinero fresco que sanee las cuentas nacionales y cubra el déficit creciente de una economía absurda, que derrocha los ingresos que casi, en su totalidad, provienen del petróleo. Arabia Saudí es, en este sentido, un fantoche, que empieza a asumir que en un mundo descarbonizado su papel será irrelevante. Tardará décadas, quizás, pero la tendencia está ahí.

Más allá de la espectacularidad de las cifras financieras de la operación, por la que han pujado la city londinense, Singapur, Tokyo y Wall Street, a sabiendas de las multimillonarias comisiones que pueden surgir, todo el mundo ansía con curiosidad conocer detalles del interior de esa misteriosa y mágica empresa. El atentado que sufrieron sus instalaciones hace pocos meses con aquellos drones que decían venir de Yemen pero probablemente lo hacían de Irán dejó claro que el mantenimiento y seguridad de sus instalaciones no es lo que se nos ha dicho, y eso se notó en las estimaciones de valor de esta macrooperación económica y de poder, que va mucho más allá de lo bursátil. Veremos a ver cómo cotiza, si cumple con los dividendos previstos, y qué se esconde detrás de su turbulenta historia.

lunes, septiembre 16, 2019

Ataque con drones a Arabia Saudí


Uno de los escenarios clásicos que se plantean en los juegos de gesoestrategia es el del bloqueo del estrecho de Ormuz, impidiendo la salida del petróleo que de allí surge, y abastece a medio mundo. Derivadas de ese escenario implican que lugares que a usted quizás no le suenen de nada como Ras Tanura o Abqaiq sean atacados e inutilizados. Esas palabras arábigas hacen referencia a enormes complejos de procesado, refino y abastecimiento de petróleo, que son la base de la potencia exportadora de Arabia Saudí y su joya absoluta. Inutilizar alguno de esos complejos implique el primer productor y exportador mundial de crudo quedaría bloqueado. De ahí sale, redondeando, el 10% de todo el petróleo que se consume. No es poca cosa.

Pues bien, de una manera innovadora, sorprendente y con un toque extraño que lo hace aún más inquietante, el complejo petrolífero de Abqaiq fue atacado este pasado sábado mediante un grupo de drones cargados con explosivos enviados por los rebeldes hutíes. Lo reconozco, la frase tiene mucha miga, y junta conceptos clásicos con otros que no lo son tantos. Conocida es la guerra que se libra en Yemen entre los hutíes y el régimen del país, que no es sino una guerra “proxy” entre Irán,q eu apoya a los chiíes hutíes y Arabia Saudí, que apoya al suní régimen. Esta guerra lleva ya varios años en marcha, con muy escasa cobertura de la prensa, y ha causado la ruina absoluta de Yemen, un país que ya de por sí era pobre, y un balance de miles de muertos y refugiados, que a pocos les interesan. Los hutíes han demostrado una resistencia mucho mayor de la que nadie esperaba y han logrado realizar ataques con misiles a lugares insospechados, como el aeropuerto internacional de Riad, pero el que puedan manejar drones militares resulta algo que nadie, o casi nadie, tenía en su radar. Al parecer han sido diez los aparatos utilizados, y los daños en el complejo petroquímico, minimizados en un primer instante por el gobierno saudí, son más intensos de los que nadie pudiera esperar. Hay una enorme distancia entre la zona de guerra yemení y el lugar atacado, más de una España de uno a otro punto, por lo que surge dudas evidentes sobre cómo los hutíes han podido hacerse con esa tecnología, estar adiestrados en su uso y acertar de pleno en un ataque tan intenso. Han afirmado portavoces rebeldes que han contado con el apoyo de elementos locales, y eso pondría en la diana al pequeño porcentaje de población chií, en torno al 10%,que vive en el reino del desierto, pero aun así la logística del ataque y su éxito son realmente sorprendentes, tanto que de primeras permiten hacer dos deducciones muy interesantes (e inquietantes). Una es que las acusaciones de que Irán esté detrás de este ataque no son un brindis al sol, por las características que les estaba comentando, y que la seguridad de los complejos saudíes es, como mínimo, muy mala, así como su sistema de defensa antiaéreo. No sabemos casi nada de lo sucedido, a excepción del hecho de que ha pasado, y es probable que la información militar profunda sobre ello n se sepa nunca, pero intuyo que ahora mismo en Riad y Washington se está analizando en detalle qué detectaron los sistemas de seguridad saudíes, y qué no detectaron, en el momento del ataque. Riad es uno de los principales compradores de armamento a EEUU, pero cada día que pasa parece obvio el poco partido que saca a tales inversiones. El estancamiento eterno de la misma guerra de Yemen es una muestra de la inoperancia de los saudíes, y deja a las claras que el reino del desierto es una máquina de generar dinero y derrocharlo, pero con una incapacidad absoluta de gestionar cualquier problema que se le pueda presentar. Frente a ellos, Irán, país bastante más pobre, pero dotado de una estructura de gobierno mucho más seria, se convierte en un enemigo potencialmente mucho más peligroso, y vuelve a ser el paraguas de EEUU la única coraza que permite que la cleptocrácica monarquía saudí siga en pie. El heredero al trono y hombre fuerte del país, MBS, tiene ante sí un nuevo reto. Ha demostrado ser cruel con los periodistas molestos e inoperante en la gestión militar ¿Qué hará ahora?

La subida del 10% del precio del petróleo en lo poco que llevan abiertos los mercados es una respuesta lógica, no tanto por el corte de suministro saudí, que también, como por el incremento de la tensión en la zona. EEUU amenaza con intervenir militarmente contra Irán si se demuestra que está detrás de este ataque, y un conflicto desatado en aquel lugar sí que puede suponer un desastre en el suministro global de petróleo y un problema de primer orden para todo el mundo. Tarde o temprano los juegos de guerra que se desarrollan a ambas orillas de Ormuz y las amenazas mutuas pueden acabar en un enfrentamiento real de serias y graves consecuencias. Muy atentos a todo lo que allí puede acabar pasando. Nos afecta de lleno.

miércoles, agosto 07, 2019

Pesadilla medieval en Dubái


Es Dubái una especie de Walt Disney para millonarios, un parque temático enfocado a señores adinerados que se compran un piso en esa urbe de fantasía, con el infinito desierto a sus espaldas y el gogo pérsico de frente, plagado de islas artificiales, canales, yates inmensos y centros comerciales donde refugiarse del infinito calor exterior y gastar sin límite. Es uno de los emiratos que forman parte de Emiratos árabes Unidos, EAU, y carece prácticamente de hidrocarburos, por lo que se las ha ingeniado para prosperar a base de vender el paraíso para potentados. Mantiene el rigorismo islámico hasta el extremo, por lo que si uno tiene dinero y es hombre, pocos problemas padecerá. En caso contrario, el panorama es mucho más sombrío.

Estos días se le ha puesto cara en muchos medios del mundo al emir de Dubái, el jeque Mohamed Bin Rashid al Maktum, al que llamaré el jeque para simplificar, a cuenta de un problema conyugal de primer orden. Una de sus esposas, que ya saben que la poligamia no está permitida por el islam pero la practican muchos, ha huido a Londres y solicita medidas cautelares para buscar protección para ella y para sus hijos, alguno de los cuales intentó escapar del emirato con suerte dispar hace algunos años. El artículo de Walter Oppenheimer de este pasado domingo en El País relata las vicisitudes de esta mujer, Haya, y de sus hijos, y revela un escenario de auténtica pesadilla en el que el jeque no sólo ejerce el poder absoluto sobre las finanzas y política del emirato, encarnando una dictadura clásica de las que se estilan por la zona, sino que también trata a su familia con la misma condescendencia con la que emplearía alguno de sus múltiples coches. Acusaciones de malos tratos, retenciones, secuestros de facto, escenas de terror que se desarrollan en el interior de palacios suntuosos con vistas a rascacielos de ensueño… el panorama que se muestra es de auténtico terror. La estrategia del jeque, de cara a la galería, ha sido la de vender un Dubái occidental, moderno, atractivo para las clases pudientes occidentales, para las que la religión es algo exótico durante su primer fin de semana de estancia en el lugar y algo completamente ajeno después. No es Nueva York, pero si pretende ser una Miami del golfo, un lugar de recreo y ensueño, lleno de billetes y placeres para los que el islam no sea un problema. Emaar, la empresa del jeque encargada del desarrollo inmobiliario de la ciudad, está presenten en las mayores ciudades de occidente y comercializa residencias en aquel lugar para tratar de captar así inversiones de postín. Uno pasea por el centro de París o Londres y se encuentra oficinas de ese emporio vendiendo pisazos o villas en islas creadas de la nada. Lo cierto es que si uno se va a vivir a ese lugar, o pasa largas estancias en él, debe ser consciente de hasta qué punto es falso lo que ve y vive, falso no sólo por la artificialidad de una arquitectura insostenible en un entorno desértico sino, sobre todo, por la sensación de apertura y vida libre que se ofrece en lo que no es sino una extraña y hasta cierto punto distópica jaula de oro. El caso de Haya es horrible, pero sin duda alguna responde a lo que viven la mayor parte de las mujeres en esa zona del mundo, y en el caso de la jequesa las comodidades materiales ayudan a sobrellevar la prisión en la que se encuentra. Piense en las miles, millones de mujeres de esas naciones que, independientemente de su nivel económico, viven en una cárcel, de oro o de adobe, sometidas al deseo de sus maridos, que los tratan como vulgares posesiones, como una versión de camellos de dos piernas en vez de cuatro patas. ¿Por qué se consiente esto? Una de las imágenes que ilustran el reportaje al que antes me refería muestra al jeque luciendo el protocolo, absurdo, que rige en las carreras de Ascott, con su chaqué y sombrero de copa, saludando a la reina de Inglaterra. Ella sabe todo lo que pasa en los dominios de quien le mira, y también conoce cuánto dinero la familia del jeque y sus amigos invierten cada año en un Reino Unido que, cada vez más, es comprado al mejor postor, en forma de palacios, pisos, edificios de oficinas o centros comerciales de titularidad extranjera.

Sabe la Reina Isabel que para el jeque que le mira ella vale lo mismo que cualquier otra mujer, nada, pese a ser la soberana de una nación y una de las mujeres más ricas del mundo. Conoce hasta qué punto el invisible manto de la ley y jurisprudencia occidental le permite disfrutar de derechos que en Dubái son inconcebibles, y seguro que tiene la sensación de que cuando mira al jeque o le da la mano, sus dedos atraviesan ese manto protector y notan la frialdad de los del carcelero que, despótico, sin freno alguno, ejerce su antediluviana voluntad contra aquellos y aquellas a las que considera inferiores, indignas de su presencia. El caso de Haya es una muestra de que, en nuestro mundo, apenas unas horas de vuelo equivalen a una máquina del tiempo, que permite poder viajar al pasado y conocer cómo era la Edad Media.

jueves, junio 27, 2019

Trescientos kilos de uranio enriquecido


En el día de hoy, si todo va como está previsto, Irán superará esa cantidad de uranio enriquecido almacenada en sus silos o donde sea que lo estén guardando, y romperá por su parte el tratado nuclear firmado con las potencias occidentales en 2015. Este tratado ya fue roto anteriormente por EEUU al imponer sanciones adicionales no recogidas por el mismo, por lo que los únicos que hoy mismo pueden defender su vigencia son el resto de firmantes, especialmente la UE, que como convidado de piedra y animador de aquel acuerdo carece por completo de poder real para hacerlo respetar o imponerlo de alguna manera. ¿Está muerto el pacto? Así parece.

Si esto es así, ¿ante qué escenario nos encontramos? Es difícil decirlo, porque por ambos lados, EEUU e Irán, parecen encontrarse dos bandos contrapuestos que empujan en sentidos diferentes. Hay un grupo de halcones, que en Irán son encabezados por el Ayatolá supremo Ali Jamenei y en EEUU por el Secretario de Estado Mike Pompeo y el consejero de seguridad Jon Bolton, que ven el enfrentamiento militar como la única alternativa posible para acabar de una vez con la rivalidad perpetua entre ambas naciones. Desde Teherán este movimiento observaría una guerra contra EEUU como una manera de demostrar su insumisión ante el imperio yanqui y una oportunidad para, desatando la actividad de todos los grupos armados que operan en la región bajo su influencia (Hamas, Hezbolla, etc) conseguir afianzar la posición de dominio conseguida tras la guerra de Siria y acorralar al archienemigo israelí. Saben que militarmente poco pueden hacer frente a la maquinaria de EEUU desatada, pero el enorme valor que tienen las vidas de los soldados occidentales para la opinión pública de sus países y el efecto de estrangular el suministro de crudo juegan a su favor. Por parte norteamericana, los belicistas, encabezados por Pompeo y Bolton, ven por fin la oportunidad de enfrentarse a un archienemigo que lleva décadas desestabilizando la región, actuando mediante los mencionados tentáculos, hostigando a Israel y otros aliados, y siendo un permanente dolor de cabeza. Saben que su fortaleza militar es absoluta y no temen represalias, porque creen que las sanciones ya impuestas han debilitado tanto la economía iraní que no está en condiciones de responder de una manera fiera ni sostenida. Saben también que gran parte de la población del país, muy joven, desea un cambio de régimen, que no soporta más la dictadura teocrática de los ayatolas y que un conflicto, aún de baja intensidad, puede ser la espoleta que cause el levantamiento interno que acabe con el régimen. También evalúan costes, que son amplios, pero sus deseos lo son aún más, y en casos como el de Bolton, obsesionado con este conflicto, y ya muy entrado en años, sería su última oportunidad, ocupando un cargo de enorme relevancia en el organigrama de la Casa Blanca, de poder lanzar una operación de este tipo. Creen haber aprendido de los errores de Irak y confían en una intervención breve, quirúrgica, potente y desestabilizadora, pero sin la intervención de tropas masivas, recurriendo al potencial aéreo y la superioridad tecnológica, avasalladora, del ejército norteamericano. Desde ambos lados del estrecho ambas facciones se observan, y en el cogote de los norteamericanos sopla el aliento de saudíes e israelíes, que ven también ahora la oportunidad de su vida para, unos, dominar de una vez al eterno enemigo chií, y otros la esperanza de librarse de uno de los países que, constantemente, esgrimen como objetivo la destrucción de la nación judía. Desde luego hay una concentración de fuerzas a favor de la guerra muy considerables.

¿Las hay en contra? Sí, y curiosamente ocupan los máximos exponentes del poder civil de ambas naciones. Hasan Rohaní, presidente de Irán, moderado, cuyo poder está muy mediatizado por los jerarcas religiosos, desea a toda costa evitar un enfrentamiento que sabe sería lesivo para el país, y Donald Trump, el presidente más aislacionista que ha ocupado la casa Blanca en décadas, no quiere saber nada de una guerra, la tercera para su país en esa zona, que le empantanaría en aquellas arenas a un año de las elecciones en las que busca su reelección. Su lucha es la de mantener el ciclo económico y que eso le permita volver a ganar los comicios. ¿Quién va a ganar este pulso? No lo se. Vimos la semana pasada que estuvo a punto de producirse un incidente que casi desencadena una guerra. Las espadas están en alto.

viernes, junio 14, 2019

Tensión en el estrecho de Ormuz


Volvamos al mapa, que siempre es una vía perfecta para ver y entender la actualidad. Cinco son los puntos en los que se concentra el tráfico marítimo global y son, por tanto, vitales bajo cualquier punto de vista. Dos son artificiales, los canales de Panamá y Suez, y tres son naturales, los estrechos de Gibraltar, Malaca y Ormuz. De los cinco, es este último, el de Ormuz, que da acceso al golfo pérsico, el que no lleva a ninguna parte, no comunica un mar con otro, y por tanto parece, a simple vista, mucho menos relevante, pero el que un tercio del petróleo que cada día consume el mundo, y que sale por vía marítima de ahí, es lo que lo convierte en, quizás, el más valioso.

Varios son los artículos de política ficción que han jugado con un conflicto que provocase el cierre de Ormuz, y las consecuencias que ello tendría para la economía global. En nuestro mundo actual la dependencia de las economías respecto al petróleo se ha reducido algo frente a la situación de adicción total que se vivía en los setenta u ochenta, pero es obvio que el crudo sigue siendo la materia prima más valiosa e importante. La propia producción se ha diversificado mucho y hoy en día, créanselo o no, es EEUU el principal productor del mundo, pero el segundo, Arabia Saudí, que es el estabilizador del precio global de esa materia, saca sus recursos por ese canal estrecho, al igual que lo hace Qatar, principal exportador de gas natural licuado, o Kuwait e Irak, que bombean petróleo con ganas. También lo utiliza Irán, el otro gran productor de la región y vecino de los saudíes, separados por el golfo y muy cerca unos de otros en el estrecho, desde donde se miran amenazadoramente desde hace décadas. En Barein, entre la costa catarí y saudí, tienen los norteamericanos la base de la quinta flota, y no es ninguna casualidad que esté allí, controlando el flujo del golfo y estrecho. Es, por tanto, un lugar de constantes fricciones entre enemigos acérrimos, saudíes e iraniés, suníes y chiíes, entre los que las tensiones no cesan de crecer y apaciguarse, en un movimiento similar a la sístole y diástole cardíaca que siempre parece rozar un infarto. De hecho, el cierre o bloqueo parcial de ese estrecho sería lo más próximo que podría vivir la economía mundial a un infarto, la obstrucción de una de sus principales arterias generaría una enorme marejada económica en forma de subida de precios del crudo y, por ende, de otros muchos productos. La mera suposición no ya de un bloqueo marítimo, sino el desarrollo de una guerra a ambos lados del golfo sería un escenario de auténtica pesadilla para el globo, porque las instalaciones de extracción, refino y almacenamiento de crudo que allí se encuentran están entre las mayores del planeta, funcionan a un ritmo endiablado prácticamente sin descanso y son las que abastecen del crudo más utilizado en todo el mundo. Por ello, cada vez que tambores de guerra suenan en la zona el nerviosismo se dispara y todas las miradas se vuelven a un punto en el que lugares como Bandar Abbás, el puerto iraní, o Ras Tanura y Al Jubayl, los enormes complejos petroquímicos saudíes, apenas conocidos por el público en el día a día, se mencionan como si fueran Londres o París en boca de los industriales del crudo y los operadores financieros de medio mundo, que gestiona los contratos de flete, suministro, venta y demás operaciones que pueden verse relacionadas con la compra y transporte del petróleo. El golfo y sus puertos viven un constante trasiego de barcos de carga, mercantes que transportan crudo y / o derivados desde sus zonas de aprovisionamiento hacia cualquier país del mundo que lo haya comprado. Esas naves se cruzan desde hace algunos años con los cruceros que caminan rumbo Dubai o Abudabi, extraños enclaves de lujo que también se encuentran en esa zona, y que viven del petróleo, sus rentas y sus poseedores.

Dos de esos barcos petroleros son los que ayer se vieron envueltos en un grave incidente en el que el fuego y el humo demostraban que algo había explotado contra sus cascos, en una acción premeditada que EEUU atribuye sin duda a Irán y que los iraníes niegan en redondo. Hace un par de semanas tuvo lugar otro incidente, de menor grado, que ya levantó sospechas y alarmas, pero lo de ayer fue bastante más serio. El crudo acabó subiendo un 2% en los mercados, pero la difusión de un vídeo por parte de EEUU que dice probar la mano iraní y las claras acusaciones de Pompeo, secretario de estado norteamericano contra el régimen de Teherán parecen ser suficientes para que la escalada leve de ayer lo sea más intensa hoy. Mucho cuidado con todo lo que suceda los próximos días en esa zona. Los infartos, de todo tipo, son muy peligrosos.

martes, mayo 14, 2019

Descontrol en el Golfo Pérsico


Puede que sea por la marcha de personas como HR McMaster o Jim Mattis, que ejercían el papel de “adulto en la sala” que tanto se echa en falta, o por la llegada a los más altos cargos de la administración de Michael Pompeo o John Bolton, que son aún más impulsivos e intervencionistas que su jefe, pero lo cierto es que en unas pocas semanas se han producido una serie de acontecimientos que han colocado a cuatro de los frentes en los que se desarrolla la política exterior norteamericana ante un panorama de enorme gravedad, con un deterioro evidente de la situación (y sensación) de seguridad. Venezuela, Corea del Norte, Irán y China son, ahora mismo, crisis plenamente abiertas.

Ya hablamos aquí la semana pasada del pulso comercial entre EEUU y China, que va a más y hace aumentar la sangría de las bolsas, que ya se han comido buena parte de las ganancias de lo que parecía que iba a ser un gran año. Las otras tres crisis tienen un componente mucho más militar que económico, y es en principio la iraní la que posee el mayor potencial desestabilizador. Conocida es la ojeriza mutua que se tienen los gobiernos de Washington y Teherán desde que la revolución islámica triunfó en Persia y “muerte al satán de EEUU” se convirtió en lema habitual de las manifestaciones en la capital iraní. Durante los últimos años se han producido dos sucesos muy interesantes en este conflicto. Uno fue la firma del tratado nuclear entre los ayatolás y las potencias internacionales, que paralizaba el programa de enriquecimiento de uranio iraní, que se vendía como una vía de investigación para fines civiles pero todo el mundo sabía que era la base de un programa de armamento. El segundo ha sido el enorme refuerzo de la posición de Irán en el tablero local tras el desarrollo de las guerras de Irak y Siria. Hoy Irak es, en gran parte, un protectorado de la propia Irán, donde extiende su influencia con poco disimulo, las batallas sirias le han dado la posibilidad de acceder al control indirecto de varios de sus territorios y, la verdad, todo lo sucedido allí en los últimos tiempos ha tenido a Irán como uno de los ganadores. En paralelo, la influencia sunita de Arabia Saudí, su gran rival en la región, ha salido muy mal parada, y las guerras en las que, vía estados o fuerzas “proxy” ambas potencias se han enfrentado han supuesto, en general, derrotas de Riad y victorias de Teherán. Israel ha ido viendo esta situación con creciente nerviosismo, porque uno de los objetivos declarados de Irán es acabar con el estado israelí, y las milicias sostenidas por Teherán que actúan en las fronteras judías (Hamas en Gaza y Hezbola en Líbano) no cesan en sus ataques. La llegada de Trump al poder supuso un refuerzo instantáneo de las posiciones israelíes en la zona, con gesto como el traslado de la embajada a Jerusalén, y la reanudación de las hostilidades de palabra con Teherán. Hace un año EEUU revocó su compromiso con el pacto nuclear y reanudó las sanciones sobre la economía persa, que ahora empieza a sufrirlas en serio, momento en el que los ayatolás se han declarado abiertamente partidarios de romper con ese acuerdo. ¿Está muerto el pacto? Así lo parece, y eso es, en sí mismo, una mala noticia. En paralelo al lenguaje inflamado, EEUU está aumentando la presión militar en la zona del golfo pérsico, con el envío de una escuadra encabezada por el portaviones Abraham Lincoln, lo más parecido que existe a un destructor estelar de “La guerra de las galaxias” y la acumulación de fuerzas en la zona empieza a ser lo suficientemente considerable como para que, no sólo la tensión crezca, sino que también lo haga la probabilidad de incidentes, accidentes o eventos que puedan descontrolarse. El gobierno español ha ordenado a la fragata Méndez Núñez que no entre en las aguas del estrecho, para no verse involucrado en lo que allí pueda pasar, y el temor a una escalada crece.

Es estrecho de Ormuz es la salida natural de muchos petroleros que se abastecen de las costas iraníes y saudíes, que se miran amenazantes unas a otras a escasa distancia. Los oleoductos internacionales han reducido algo su valor estratégico, pero sigue siendo uno de esos cuellos de botella de los que depende la economía global. En estos últimos días se han producido incidentes en la zona que ha afectado a petroleros y que son calificados como sabotaje por Arabia Saudí. ¿Qué está pasando en la zona? ¿Hay escaramuzas entre los saudíes y los iraníes? Jugar con fuego es peligroso, y el petróleo arde y hace arder, no sólo metafóricamente. Desde que es independiente en lo que hace a producción de crudo, EEUU ha perdido mucho miedo a un enfrentamiento que dispare los precios del oro líquido. Mucho ojo a lo que allí pueda pasar.

Mañana, San Isidro, es festivo en Madrid. Será el último día de gran calor. Nos leeremos el jueves.

martes, mayo 07, 2019

Tregua eurovisiva en Gaza


Llevamos ya más de un día de frágil, insegura, pero cierta tregua entre Israel y Gaza, tras un recrudecimiento de la tensión que ha llevado al mayor choque bélico desde la guerra de 2014. El constante lanzamiento de cohetes desde la franja por parte de las milicias islamistas de Hamas y la respuesta contundente del ejército israelí dejan un balance de cuatro israelíes y veinte palestinos muertos, cifras que sorprenden sobre todo por parte del bando israelí, donde las víctimas suelen ser muy reducidas en este tipo de choques, a veces inexistentes. Nuevamente el papel de Egipto parece haber sido determinante para que las hostilidades no vayan a más.

Bueno, y en esta ocasión a las buenas artes de la diplomacia egipcia se debe sumar un factor ajeno, novedoso, que puede parecer ridículo, pero que no lo es en absoluto, y es la celebración en Tel Aviv del festival de Eurovisión. Si no recuerda mal ese evento tendrá lugar el próximo sábado 18 de mayo, y el mero hecho de que delegaciones y turistas de casi toda Europa, y de lugares tan cercanos como Australia viajen allí a celebrar el acontecimiento supone una presión enorme para Israel como anfitrión. La seguridad del evento se puso en primera línea del debate sobre el festival nada más conocerse el resultado del año anterior, que daba el triunfo a la cantante israelí, cuyo nombre no recuerdo, que cantaba una cosa machacona y coreografía algo horrible que tenía relación con el baile del pollito, no estoy seguro. Ganó con gran claridad, y desde entonces se discutió si era una buena idea juntar a tanta gente en un país en el que el tema de la seguridad es un problema de primer orden. Normalmente Tel Aviv, donde se celebra el acontecimiento, la capital oficiosa y el emblema de la modernidad y la sociedad abierta que hay en Israel, se encuentra ajena a ataques islamistas desde Gaza y a otro tipo de asaltos terroristas, mucho más frecuentes estos últimos en Jerusalén, donde no cesan las disputas religiosas, pero eso desde luego no supone una ausencia total de riesgos. Que una reedición de la guerra con Hamas se produzca en medio de los ensayos y el festival es una pesadilla para los organizadores de semejante acto y, en conjunto, para las opiniones públicas europeas, que reniegan cada dos por tres de eurovisión pero que le otorgan año tras año una audiencia más que respetable, casi nunca por el interés musical y casi siempre por el morbillo de ver quién hace la puesta en escena más chocante o, directamente, absurda. Por ello, no resulta nada extraño imaginar que en esta ocasión, a la diplomacia de El Cairo se le habrán sumado presiones de todo tipo, y de muchas cancillerías europeas, para rebajar la tensión entre las partes, atemperar al gobierno israelí para que frene su ofensiva de ataques aéreos y buscar que Irán, que es el duelo de Hamas y de la franja, obligue a su brazo armado local a frenar sus lanzamientos. Si eso es así y al menos, durante un par de semanas, se consigue parar una incipiente guerra, algo bueno habrá conseguido el evento eurovisivo de este año, al margen de las canciones que en él se presenten (probablemente tan nefastas como un bombardeo) pero queda la duda de cómo garantizar la seguridad de la propia ceremonia eurovisiva, larga, compleja y con muchísima gente participante en calidad tanto de público como profesionales e invitados. El reto para Israel es enorme.

¿Y después? Apagados los ecos de las canciones, algo que sin duda agradeceremos en no pocos casos, ¿nada frenará un posible nuevo conflicto? La respuesta es amarga, porque parece que así sería. La situación política en la zona es de estancamiento, cuando no involución. Netanyahu ha conseguido ganar las elecciones, pero el parlamento israelí está profundamente dividido y las minorías religiosas siguen teniendo mucho peso. Hamas sigue fuerte en Gaza y su discurso de odio no cesa, y en Cisjordania la Autoridad Nacional Palestina cada vez tiene menos de autoridad y casi nada de nacional, con un Mahmud Abás atrincherado en un cargo para el que ya carece de capacidad de ejercicio. La solución de los dos estados agoniza y la actitud de Trump aquí (y dónde no) es una fuente constante de problemas. Casi es deseable que en las votaciones de eurovisión haya empate y al final tenga que repetirse para que la tregua dure más.

jueves, octubre 25, 2018

Arabia Saudí es nefasta, China no es mucho mejor


Tres son los intereses económicos principales que nos unen a Arabia Saudí. Uno de ellos, del que más se habla, es el mercado armamentístico, en el que España se ha hecho un pequeño hueco en el creciente impulso comprador de armas que experimenta Riad, tercer inversor mundial en ese campo. Los otros dos, de los que se habla mucho menos, son las inversiones que los saudíes (y sus naciones satélites del golfo) realizan en España, siendo la más visible por tamaño la Torre Cepsa, la del arco de las cuatro, propiedad del gobierno de Emiratos Árabes Unidos. La tercera, que nadie menciona, es el megacontrato de construcción y explotación del Ave del desierto, entre Medina y La Meca, que acaba de empezar a funcionar como tal.

Esto es geopolítca, y lo demás son tonterías. Todo el mundo sabe cómo es la monarquía saudí, como funciona, qué delitos comete y cuál es su grado de impunidad. Todos somos conscientes de que los derechos humanos en ese país, simplemente, no existen para muchos de sus residentes, y prácticamente para ninguna de las mujeres que allí viven. Pero nos callamos por intereses económicos, porque la vida es así de cruda y dura. No podemos prescindir de sus reservas de petróleo y, asociadas, de capitales. Hace un siglo, antes de que el petróleo condicionara la evolución económica y política del mundo, Arabia Saudí no existía como tal, y eran apenas unas tribus de comerciantes las que vivían en sus vastos y desérticos espacios. Está por ver si, en el futuro lejano, cuando el petróleo sea algo mucho menos importante para nuestra economía, si no vuelve a ser así aquel país y su decadencia no es inexorable. Para que eso suceda debemos inventar y desarrollar tecnologías que arrinconen al petróleo y sus derivados, que posean su impulso energético y que sean accesibles y limpias. Esa es la manera de acabar con el poder de los saudíes y de otros sátrapas que viven encima de las reservas de crudo, pero de mientras eso no suceda, usted, yo y todo el mundo giramos la llave de contacto del coche y el arranque se produce porque quema gasolina o diésel, y los aviones despegan porque queman queroseno, y la industria química consume petróleo para muchísimos de sus desarrollos. Ese es el poder de Arabia Saudí. Si España actúa de manera unilateral y renuncia a los contratos con el reino y boicotea sus acciones, el principal perjudicado seremos nosotros. Observaremos un coro de plañideras internacionales compungidas ante el salvaje asesinato perpetrado en el consulado de Estambul, pero bajo la mesa habrá codazos y carreras para hacerse con los contratos que nosotros dejemos libres. Sólo una acción común, coordinada y sostenida en el tiempo de los países de la UE, y a ser posible en unión con EEUU y otras naciones, sería capaz de lograr que un cierto bloqueo económico penalizase a la dictadura teocrática saudí, y aun así las posibilidades de que eso se mantuviera en el tiempo son escasas, porque el riego de dinero saudí es el mayor engrasador de voluntades, y tarde o temprano, atraído por el enorme incentivo de ser el primero, algún país rompería ese supuesto acuerdo y ganaría mucho por ello. Gobernar es, demasiadas veces, tomar decisiones que no gustan, escoger entre lo malo y lo peor, saber que las acciones que tomas poseen males objetivos, y pese a todo, tener la determinación para llevarlas adelante. Es el crudo, nunca mejor dicho, mundo real. Dijo Kapuscinski que los cínicos no valían para el oficio de periodista, pero para el de político, y más siendo gobernante, el cinismo es condición necesaria para ejercer.

Y es que, pongamos más cartas oscuras sobre la mesa, ¿cuál es la diferencia entre Arabia Saudí y China? Que la segunda es mucho más poderosa que la primera. Ambas son dictadura que oprimen, encarcelan, persiguen la disidencia y ejercen un poder autoritario en el que la democracia y los derechos humanos son fantasías. Eliminar el petróleo puede, como antes señalaba, debilitar el poder saudí, pero el poder chino es ya omnímodo y va camino de ser la primera potencia global ¿Renunciamos a las relaciones económicas con China? ¿Boicoteamos  Beijing? Más allá de la polémica de los astilleros gaditanos y la cercanía de las elecciones andaluzas, debemos ser conscientes de que política internacional y los intereses económicos son mundos que, tristemente, apenas interseccionan con la ética. En ese conjunto vacío nos movemos, nos guste o no.

viernes, octubre 19, 2018

El cisne negro saudí


Nassim Taleb es un pensador de origen libanés afincado en EEUU. Estadístico, filósofo, operador de mercados financieros, posee un perfil bastante renacentista, y es amante de las polémicas, en las que muestra unas formas rudas y poco caballerosas. Saltó a la fama en la crisis de 2008 cuando desarrolló su teoría del “cisne negro” que definió como ese acontecimiento poco probable pero poseedor de enormes consecuencias, que de vez en cuando se desata. La caída de Lehman Brothers en ese año, o el asesinato del archiduque en Sarajevo en 1914 son ejemplos de este tipo de sucesos, que desencadenan efectos tremendos y que, por su baja posibilidad de que sucedan, no reciben la atención debida antes de producirse.

¿Es lo sucedido en el consulado saudí de Estambul un cisne negro? Potencialmente, sí. Uno de los problemas de la teoría de Taleb es que le pasa a su concepto como a las burbujas, que sólo sabemos que estamos delante de una de ellas cuando sus efectos se desatan. Antes, en ausencia de los mismos, no podemos calificar como burbuja o cisne a sucesos que pudieran parecer tales, y de ahí el calificar lo que ha pasado en Estambul como “potencial cisne” y de paso prestarle toda la atención que seamos capaces de darle. Poco a poco sabemos más detalle de lo que allí pasó, el número de personas que estuvieron implicadas en el asesinato, y la certeza de que tal crimen tuvo lugar. Ayer, de hecho, se produjo un salto cualitativo en el engorde del oscuro cisne cuando Trump reconoció que, probablemente, el periodista Khashoggi está muerto, y amenazó con represalias. Es un cambio relevante del aliado más fiel y poderoso que poseen los saudíes en el mundo, y un primer mensaje serio por parte de la Casa Blanca a los Saud ha sido la cancelación de la presencia del Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en el foro económico que va a tener lugar en Riad en unos días, en lo que se calificaba hace unos meses como el “Davos del desierto” por la relevancia de presencias financieras globales que se iban a citar en las arenas saudíes y que ahora ya podemos bautizar como el “Davos desértico” ante la espantada generalizada. Los costes para la monarquía saudí de todo esto empiezan a ser significativos, y la figura del todopoderoso MBS empieza a no ser intocable. Ayer se hablaba de buscar un chivo expiatorio entre alguno de los principales responsables de la seguridad del propio MBS, estableciendo así un cortafuegos que llegase cerca de las alturas familiares y que permitiese dar la imagen de una renuncia de poder por parte de los Saud y reconocimiento de culpa. ¿Es esto suficiente o estaríamos ante una mera representación? Parece más probable lo segundo, y está por ver que sea suficiente. Los saudíes y los norteamericanos (por extensión todos nosotros) estamos agarrados por nuestras partes blandas y si uno presiona y hace daño el otro lo puede hacer igualmente. El régimen feudal de los Saud subsiste gracias al petróleo y a la alianza forjada a principios del siglo pasado entre esa familia y las empresas norteamericanas que empezaban a explotar los infinitos yacimientos que se esconden en la península arábiga. Posteriormente los Saud se hicieron con el poder en el país y nacionalizaron el negocio petrolífero, pero manteniendo ventajosos acuerdos comerciales con las empresas matrices que lo explotaban hasta entonces. Hoy en día Arabia Saudí sigue siendo el país regulador del precio del crudo, con capacidad para bombear mucho o recortar la producción en apenas días, gracias a la tecnología e intensidad con la que explota sus campos, que le ofrecen un margen espectacular por cada barril que produce. Y es uno de los países que más compra a occidente, sobre todo armamento, lujo y comida. Fuentes saudíes han amenazado con hacer disparar el precio del crudo si se producen sanciones o decisiones lesivas para sus intereses. ¿Hará Trump algo? ¿Moverá realmente ficha contra su eterno aliado? Sería, de producirse, un movimiento tan relevante como chocante.

MBS, el príncipe heredero, está en medio de toda esta situación. Su política, agresiva, ha cambiado la estabilidad de la corrupta casa Saud, llevada en silencio durante décadas. Purgas masivas, guerras frecuentes en su vecindario (como la horrenda de Yemen) y una actitud de total impunidad a la hora de tomar decisiones le han dado la sensación, hasta ahora cierta, de ser intocable. ¿Ha llegado el ocaso de MBS? Está por ver, eso sería algo muy serio para el futuro de los Saud y del país que controlan como si se tratase de una finca familiar, pero no es posible descartar nada. Y todo por un asesinato cruel y propio de una película en el consulado de Estambul. No se si será cisne a la manera de Taleb, pero sí que todo pinta de un negro petróleo que no augura nada bueno. Hay que seguir esta historia sin descanso.

martes, octubre 16, 2018

Asesinato en la embajada saudí


A ver, seriéfilos del mundo, que os pegáis zampadas de capítulos a alta velocidad y simultaneando pantallas para poder seguir el ritmo de estrenos, novedades y comentarios que inundan las redes, os planteo un nuevo reto. ¿Cuál de las tramas que seguís posee un argumento con la truculencia, sordidez e intriga de lo que se está desarrollando ahora en el consulado de Arabia Saudí en Estambul? ¿Dónde en vuestros adorados malos de la pantalla se esconden asesinos de lujo árabe y descuartizadores profesionales de cadáveres que viven el día a día con pasaporte diplomático? ¿En cuál de esos guiones se puede llegar a una crisis global y a un disparo en el precio del petróleo por un cruel asesinato de un periodista que buscaba papeles para un divorcio?

Se pueden hacer chistes y bromas, pero la situación es de todo menos graciosa. Sea lo que sea que sucedió en el interior de ese consulado, se ha saldado con la muerte de un periodista opositor al régimen de los Saud, y eso no es sino un asesinato en territorio saudí perpetrado por miembros del régimen. Un crimen político que muestra hasta qué punto la dictadura saudí abre ligera y cosméticamente la mano, permitiendo cosas como la conducción por parte de las mujeres, pero a la vez mantiene un férreo puño cerrado con el que golpea a todo el que no se pliega a su visión teocrática, dictatorial y medieval de la vida. Sin embargo, queda la duda de si esta vez la dictadura regente en Riad ha calculado mal sus fuerzas y se ha pasado de frenada. La desaparición del periodista fue denunciada al cabo de un día por sus allegados, y los rumores de asesinato eran tan intensos al poco tiempo como imposibles de ocultar. Jamal Khashoggi colaboraba con el Washington Post, no era un mindundi de la profesión, y eso sin duda ha hecho que el ruido mediático de este caso sea mucho más elevado de lo habitual, a lo que hay que sumar el morbo por el suceso en sí y por detalles como la presunta descuartización del cadáver, que elevan la imaginación del personal y lo trasladan a mundos de ficción serializados. La polémica es muy intensa, y de ella no han podido huir los mandatarios aliados de Arabia Saudí, que son todos los que en el mundo existen salvo Irán y algunas ramas chiíes. Riad es la ciudad en la que, nos guste o no, se deciden los designios del petróleo, que alimenta nuestros coches en todas partes. Occidentales y orientales, cada cierto tiempo peregrinamos al país de los mil príncipes, quizás muchos más, para saber que esa especie de gasolinera global va a seguir de nuestro lado, controlando el flujo de extracción, los volúmenes del mercado e impidiendo que el barril escale más allá de valores insostenibles para el crecimiento económico global. Es así de crudo, literalmente hablando. La llegada de un nuevo príncipe casi al poder, el famoso MBS, alentó esperanzas en el mundo de que sería este el señalado para modernizar la economía y sociedad del reino. Hacer de Arabia Saudí un país que no sólo viva del monocultivo del crudo y que las libertades personales se abrieran paso entre las arenas, donde ahora yacen yermas, presas de la dictadura de los Saud y del rigorismo suní wahabí que controla el país. MBS ha tomado decisiones inauditas, como las enormes purgas entre su familia, tratando de desterrar la corrupción, o eso se nos ha contado, pero su política gestora del reino ha sido, como mínimo, errónea. Lo ha embarcado de pleno en la guerra del Yemen, una de las mayores tragedias que se viven en la actualidad, en la que los saudíes no logran vencer a los chiíes hutíes, pero sí están llevando a ese ya pobre país a la miseria más absoluta. En su lucha contra Irán, MBS ha perdido casi todos los frentes y la influencia regional de los persas ha crecido en todo su entorno de una manera que ha escapado a las previsiones de muchos. Desde que MBS “reina” sin estar nombrado, el poder de Arabia Saudí ha decrecido y su imagen, deteriorado.

Ahora, según algunos medios, y para salvar la imagen de este poderoso regente, los saudís pudieran otra por reconocer que Khashoggi murió en un interrogatorio en la embajada que salió mal. Curiosa forma de admitir la existencia de torturas generalizadas, que se achacan a elementos incontrolados de la seguridad interna, nada que ver con las autoridades del país. Una cortina de humo para encubrir el caso y acallar la polémica, pero que revela hasta qué punto es Arabia Saudí no ya un aliado incómodo, sino un problema global que existe gracias al parasitismo que provoca su recurso natural. No creo que haya valor para poner a Riad las sanciones que debieran ser obligadas, entre otras cosas por el miedo a su respuesta. De momento, los Saud nos siguen teniendo cogidos por los barriles de crudo. La tecnología que nos haga prescindir del petróleo es lo que acabará, antes o después, con su cruel régimen.

viernes, agosto 10, 2018

Sigue la cruel guerra de Yemen


Esta vez ha sido un autobús en el que viajaban muchos niños la víctima de los bombardeos que los aliados del régimen han alcanzado en su última ofensiva. El balance de víctimas es provisional, pero se habla de cerca de las cincuenta, la mitad de ellas niños, aunque ya se sabe que en las guerras hay que desconfiar de lo que cuentan las fuentes de parte. Las pocas imágenes que nos han llegado relatan angustia, dolor y muerte, en un escenario polvoriento y desolado, roído por los bombardeos de una guerra que se arrastra desde hace años y que ha dejado el país reducido en gran parte a escombros y a su economía completamente devastada.

¿De qué nación estoy hablando? Casi todos pensaríamos en Siria, dado que el relato anterior cuadra con lo que hemos vito estos últimos años. Y sí, podría ser Siria, pero no, es Yemen. Y al nombrar Yemen seguramente muchos preguntarán qué es eso, y luego quizás dónde está, y por último, si pasa algo allí, en ese lugar ignoto y perdido. Yemen está en la península arábiga, en su extremo sur, es un país montañoso que está rodeado de ricos vecinos como Omán y Arabia Saudí. Por desgracia para los yemeníes, bajo sus montañas y el trozo de desierto arábigo que les ha tocado sólo se esconde más piedra y arena, ni rastro de petróleo, y por ello el país siempre ha sido pobre, y ha contado con regímenes autoritarios que en nada han ayudado a su desarrollo. Profundamente dividido entre chiíes y suníes, hace unos tres años se produjo una revuelta de una de las etnias locales, los hutíes, en contra del gobierno de Saná, la capital. Los hutíes chiíes fueron apoyados desde el principio por Irán, y el poderoso vecino saudí contempló con estupor como era posible que una revuelta de sus odiados chiíes se pudiera estar dando en el patio trasero de su nación, y sin pensárselo dos veces, empezó a actuar militarmente en apoyo del gobierno que hasta entonces regía en el país. De una manera no prevista, el alzamiento hutí se convirtió en toda una guerra civil y en una guerra “proxy” entre Irán y Arabia Saudí, como las que libraban en sus tiempos EEUU y la URSS en Afganistán o en muchos de los conflictos africanos y centroamericanos. Las pocas noticias que llegan desde Yemen son siempre horrendas, y es en parte esa misma opacidad, síntoma de indiferencia, lo que está permitiendo a los contendientes elevar el grado de crueldad de su enfrentamiento y abocar a la población civil yemení a aun situación de crisis realmente aterradora. Varios han sido los brotes de cólera que se han desatado en el país en estos años y, se cree, han causado más víctimas que la propia guerra. En lo que hace al conflicto bélico la situación es de un angustioso empate en el que ninguna de las partes ha llegado a imponerse a la otra. Pese a la implicación saudí, los hutíes resisten y desde hace un tiempo el gobierno de Saná no es sino una farsa en una nación que se ha convertido en el caos, con zonas controladas por ambas partes y sin que esté nada claro cuál va a ser el final de este conflicto. El aumento del poder en Riad del príncipe MBS se ha traducido en mayores bombardeos por parte de los saudíes en Yemen, con el objeto de dar por liquidado un conflicto que se prolonga en el tiempo mucho más de lo que nadie hubiera esperado, pero el sobreesfuerzo saudí no está logrando resultados prácticos. Incluso se han producido respuestas hutíes en forma de lanzamientos de misiles sobre Riad, que hace unos meses obligaron a cerrar el aeropuerto internacional por unas horas, en lo que fue un episodio bochornoso para la potencia saudí.

En esta guerra, cruel hasta el extremo, se juntan todas las maldades posibles, y en lo que nos toca a nosotros se junta la indiferencia ante lo que sucede en un lugar remoto, del que apenas tenemos referencias visuales o emocionales, junto con el deseo de mirar hacia otra parte cuando es Arabia saudí, el controlador del precio del crudo, quien soporta a una de las partes. Los saudíes representan una visión medieval, dictatorial y oscurantista del islam y los derechos humanos son para ellos algo que se puede pisotear cuando se desee. No nos enfrentamos a Riad porque nuestros surtidores, en el fondo, dependen de ellos, y lo sabemos. Los iraníes no son mucho mejores. Y en medio de este desastre, los yemeníes y su patrimonio mueren. Y a (casi) nadie le importa.