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jueves, octubre 24, 2024

Norcoreanos en Ucrania

A un ritmo lento, desesperante, las tropas rusas avanzan en el frente del Donbas y conquistas localidades pequeñas, aldeas, que ya están más que arrasadas. El ejército ucraniano anda escaso de munición, pese a los suministros que recibe de occidente, y sobre todo falto de reservas, de tropa. Las levas no están siendo muy numerosas dada la demografía del país, la fuga de personas a otras naciones y la sensación de que la guerra, eternizada, come la moral y carcome a la sociedad, dejándola exhausta y sin esperanza. A las puertas de un nuevo y cruel invierno, Rusia no acaba de ganar pero Ucrania empieza a perder.

Estos días se ha confirmado lo que, al principio, parecía un rumor disparatado. Es muy conocida la colaboración de otros regímenes enemigos de la libertad con Putin para prestarle ayuda militar. Drones iraníes o armamento norcoreano hace tiempo que son empleados por las tropas rusas en sus ataques sobre Ucrania, y de hecho Rusia ya ha creado fábricas en las que produce drones a la iraní en grandes cantidades, siendo estos los principales medios empleados en sus, cada vez, más efectivos ataques aéreos, con el objeto de saturar las defensas y destruir infraestructuras básicas del país, y de paso asesinar lo que caiga. Pues bien, hace unos días empezaron a filtrarse rumores sobre la presencia de tropas norcoreanas, de soldados, en zonas próximas al frente. Las primeras fuentes eran del gobierno de Kiev, y poco a poco otras más alejadas de los contendientes han ido confirmando la presencia de algunos miles de soldados de la nación oprimida por los Kim en la zona. Las cifras son confusas, pero se habla de un rango que oscila entre los mil quinientos a diez mil. Han salido a la luz vídeos en los que se los ve pertrechándose de material militar en barracones donde parecen estar residiendo, se supone que en territorio ruso o en lo que antaño fueron zonas ucranianas, ahora ocupadas. Algunas de las fuentes afirman que el objetivo de estas tropas es entrar en combate en la región de Kursk, en la zona de territorio ruso que Ucrania ocupó por sorpresa en verano, con el objetivo de reconquistarla, por lo que minimizan el efecto de este factor a una especie de ayuda externa a Moscú para recuperar lo que era su territorio de origen, pero, en general, se da por sentado que si esos soldados están ahí, tarde o temprano acabarán acudiendo al autentico frente de guerra, esa línea de unos mil kilómetros de longitud que delimita la zona ocupada por Rusia del resto de territorio ucraniano. No se sabe mucho sobre estas tropas, sobre su entrenamiento, capacidad de combate, estrategias, quiénes son sus comandantes, cómo se establecen las comunicaciones entre ellas y los mandos rusos (el ruso y el norcoreano son bastante distintos). Se supone que habrá enlaces entre ambos contingentes para las cuestiones de idioma y otros aspectos distintos, pero pocos detalles se tienen al respecto. En todo caso, si esos soldados dan un solo tiro sobre el terreno tendremos ya a tres países que se están enfrentando en suelo europeo, siendo Corea del Norte el primero que realmente manda soldados a reforzar a una de las partes. Evidentemente esta es una noticia de impacto, de gran impacto, y ha alarmado a todo el mundo, sobre todo porque deja bien a las claras los nexos que unen a las dictaduras de Putin y Kim, y en lo que hace al eterno misterio norcoreano, muestra que las bravatas del gordito Kim Yong Un no son sólo ejercicios sonoros de un bocazas, sino una muestra de que la agresividad de su discurso se respalda con hechos consumados, y violentos. En Corea del Sur la alarma es obvia. Durante estos meses el discurso que ha salido de Pyongyang es, cada vez, más agresivo, y se han volado, literalmente, las carreteras que aún quedaban que unían las dos naciones. ¿Planea el norte un ataque al sur? ¿Están estas tropas preparándose para una acción militar real en su propio país? ¿Son esto unas maniobras militares norcoreanas con fuego real con vistas a acciones propias? Muchas preguntas sin respuesta.

Algo nos dice también este movimiento sobre la situación sobre el terreno de Rusia. La capacidad de su ejército para asesinar a los propios, una constante de la historia, hace que los relevos de tropa también sean cada vez más difíciles, y recurrir a soldados ajenos es una muestra clara de escasez de los propios. Por otro lado, también es una señal al mundo de hasta qué punto dos naciones sometidas a regímenes tan hostiles a lo que entendemos como libertad y derecho pueden ser capaces de colaborar en lo más sucio, en la agresión a un tercer país y en el asesinato de su población. La imagen que se obtiene de todo esto es gris, sobre un fondo muy negro.

viernes, junio 21, 2024

Putin en Corea del Norte

Una de las cosas asombrosas de la propaganda es que funciona, y por eso se usa sin cesar. No ya es que lo veamos en casa, con la basura diaria creada en Moncloa que genera réditos en forma de votos en cada elección, no, es que entre nosotros hay gente que es favorable a Putin, y no poca. Gente que recorre todo el espectro ideológico, desde la ultraderecha nacional catolicista nostálgica de la dictadura franquista hasta los ultraizquierdistas que sueñan con hoces, martillos y muros en Berlín. Y entre medias no pocos, más templados, que alaban las virtudes del régimen y a su dictador, sin apenas rubor alguno. No lo entiendo, pero así es.

Esta semana Putin ha visitado la mayor cárcel del mundo, que no es una de esas macroprisiones construidas por Bukele en El Salvador, sino Corea del Norte, toda una nación entre rejas. Si uno visita esa atroz dictadura y se saca fotos de cariño cómplice (nunca mejor empleada esa palabra) con el dictador que oprime a todo su pueblo no hace falta ser un lince para deducir de qué lado debe estar un demócrata ante semejante muestra de absolutismo paranoide, pero tranquilos, si sacan el tema seguro que alguien de su entorno les recuerda lo esclavizados que estamos en el sistema capitalista que nos oprime, y desde su Smartphone último modelo, donde acumula los resguardos para el viaje de veraneo que va a realizar en breves semanas, tuiteará algo en contra de la opresión occidental y a favor de los que luchan contra ella. Como no merece la pena discutir con gente como esa es mejor mirar la imagen de los dos opresores juntos y darse cuenta de que, para usted y para su hipócrita amigo, es una mala noticia que esos sujetos se reúnan, porque para ellos nosotros, usted y su amigo conjuntamente, y todos los que les rodean, somos basura decadente, vulgares sujetos, débiles que soñamos con la libertad individual, los placeres mundanos, el relajo y la prosperidad. En Rusia, y no les digo ya nada en Corea del Norte, todo eso no existe, o al menos está supeditado a la voluntad del régimen y sus deseos y necesidades, y si una guerra de exterminio surge por la voluntad imperialista de los que rigen el poder en Moscú la juventud del país no puede pensar en prosperar, hacer negocios, formarse o encontrar empleo, o pareja, o todas esas basuras que nos tienen muy ocupados en el decadente occidente. No. Deben ser llamados a filas y sacrificados en unas trincheras infames, morir como basura para conquistar y destruir aldeas en las que hace no mucho otros jóvenes como ellos soñaban con eso del trabajo, la familia y las tonterías que antes enumeraba. No. Es mucho más digno ser un cadáver reventado en las tierras arrasadas de Ucrania que un joven decadente que busca la libertad. Eso Putin y su amigo Kim lo tienen muy muy claro, tanto como que son otros, no ellos, los que van a morir en esos campos, mandado por sus deseos, eso sí. En esta visita Putin ha fortalecido los lazos con la nación más cerrada y extraña del mundo, y seguramente ha firmado nuevos contratos por los que el complejo industrial militar norcoreano, el único digno de tal nombre en aquella nación, seguirá suministrando armamento al ejército ruso, especialmente munición de los más diversos calibres. Aún con la economía rusa convertida en complejo centrado en lo militar, con cada vez más recursos y empleos destinados a fabricar armamento, Moscú no es capaz de sostener en solitario el esfuerzo que supone los algo más de mil kilómetros de frente que ahora se desarrollan en Ucrania. Los proyectiles que lanza se cuentan por miles al día, y la capacidad de sostener ese esfuerzo de castigo es lo que le está permitiendo avanzar, tímidamente, pero de manera clara, en medio de las trincheras. Ucrania no obtiene los refuerzos de material que necesita a la velocidad a la que Rusia lo hace, y eso desequilibra la contienda.

Que un dictador de aspecto mefistofélico se haga fotos encantado frente al gordito Kim y su junta de miles de militares entusiastas deja claro dónde está el peligro. En esas escenas en las que ambos sátrapas se mueven por Pyongyang entre multitudes robotizadas que compiten en mostrar afecto servicial son realmente escalofriantes, la muestra de un mundo alternativo que está en la mente de estos dictadores, y que han conseguido recrear en sus sometidas naciones. Y todo con el aplauso, supervisión y apoyo del gran Xi Jinping desde la poderosísima china. Sinceramente, no se cómo alguien puede seguir siendo propagandista de semejante mierda, por mucho que del kremlin obtenga nóminas por ello. Que ya algunos lo hagan de gratis sólo demuestra estupidez insalvable.

jueves, septiembre 14, 2023

Dos asesinos juntos

Qué enternecedor es asistir al encuentro de dos viejos camaradas que tanto comparten y se añoran. Conmueve comprobar la cercanía de ambos, sus sinceras sonrisas, su sintonía, su aspecto distendido. Tiene cada uno en frente a alguien que sí les comprende, que ejecuta con la misma crueldad a sus enemigos, que mantiene una visión totalitaria de la vida que lo llena todo. Juntos podrán compartir información que les es relevante, cunetas sobre a cuántos se han cargado, rememorar anécdotas sobre aquella purga que sí que fue dura, no como las de ahora, y planificar nuevas aventuras, conquistas y exterminios. No me digan que no es tierno, ¿eh?

La reunión entre Putin y Kim Jong Un en el cosmódromo ruso de Vostochny permitió juntar a dos de los mayores asesinos que, ahora mismo, rigen sobre las naciones en el mundo. Corea del Norte no sale de sus fronteras, pero eso le basta al gordito Kim para mantener a raya su dictadura paranoica y someter no ya con un puño de hierro, sino simplemente con todas las mordazas del mundo a unos ciudadanos que son poco más que siervos de una paranoia que se vende comunista. Putin, en Rusia, tiene ambiciones imperiales, un ejército de nauseabunda capacidad y una saña violenta que le hace despreciar a los suyos tanto como a los que se opone. No le basta su nación, la más inmensa de todas las existentes, porque en su delirio etnicista tiene claro que los demás somos menos, y ahí seguirá empeñado en recordárnoslo y, de paso, asesinado a cuantos pueda. La reunión permite establecer una alianza entre dos naciones que se muestran débiles y acorraladas ante el mundo, pero que no por ello son menos peligrosas, ni mucho menos. A Kim le gustan los cohetes, en eso compartimos gustos, pero él los quiere destinar a fines destructivos. Necesita tecnología para mantener en pie su programa armamentístico, pero más aún petróleo y comida para que su país no muera de inanición en la oscuridad, y Rusia está más que dispuesto a darle esos recursos a cambio de arsenales. El stock de munición de Rusia no debe estar muy boyante tras año y medio de sádica guerra en Ucrania, y los almacenes norcoreanos, siempre hasta arriba por la paranoia de un régimen que se cree siembre al borde de la invasión capitalista, son un botín excelente para Putin. Además, los sistemas militares de ambas naciones son herederos del mundo soviético, por lo que la compatibilidad de calibres, cañones y demás elementos es plena. Basta con trasladar los proyectiles norcoreanos a suelo ruso para que sean llevados al frente para asesinar ucranianos, que plan más sencillo. Que Rusia llegue a acuerdos con el mayor paria de la Tierra es una muestra de que la nación eslava está en un estado de aislamiento más que evidente, pero eso es relativo. Muchas son las naciones que no quieren abastecer a Putin de material militar para su cruel guerra, pero es evidente que Irán lo hace y Corea del Norte lo hará. También parece comprobado que China no lo está haciendo, lo que es muy relevante, pero no opone resistencia alguna a esos movimientos, y está claro que su colaboración en el entramado global de sanciones tejido contra Rusia es escasa. Pese a ello, es mayor que la de la India, la otra gran nación de Asia, que no se corta un pelo a la hora de comprar petróleo ruso con descuento, fruto de las sanciones globales, y que desarrolla una actividad diplomática evidente para jugar a dos bandas en una contienda en la que sólo hay un agresor y un agredido. El que el G20, en su reunión del fin de semana en Nueva Delhi, emitiera un comunicado tan vago sobre la guerra es una muestra de que pocos suministran efectivos a Putin, pero más son los que le cubren las espaldas. El encuentro de ayer será obsceno por su escenografía, pero no es algo tan anómalo como pudiera parecer.

Que Kim declare el pleno apoyo a la guerra sagrada que desarrolla Rusia contra occidente es algo de agradecer, porque ha dicho en pocas palabras lo que casi todos sabemos, y tratan de ocultar los que en nuestras sociedades, desde posiciones ideológicas aparentemente enfrentadas, pero igualmente populistas y totalitarias, defienden la acción rusa y comprenden al caudillo del Kremlin. Kim no es un rusoplanista de los que se describen en este fantástico artículo. Al menos el dictador norcoreano rehúye la corrección política y los eufemismos, porque no los necesita en su reino de terror, y llama a la masacre putinesca lo que realmente es. Se agradece la sinceridad del gordito.

viernes, octubre 16, 2020

En Corea del Norte no hay coronavirus

No parece que en Corea del Norte el coronavirus sea un problema. De hecho, en aquella nación está prohibidos los problemas que el régimen considera que lo sean, y la población muestra entusiasmo desbordante cada vez que las cámaras de la neutral y objetiva televisión estatal, única, les filma en actos de ensalzamiento al líder. Imagino a Iglesias, Abascal y a tantos dictadorzuelos que tenemos en nuestro país salivando cada vez que contemplan esos espectáculos de masas. Ellos, que han dedicado esfuerzos y recursos a crear medios de comunicación que sean mera propaganda de sus megalomanías (ni los voy a enlazar) son unos pringaos de cuidado ante lo que organiza la dinastía Kim en el mayor gulag del mundo. Cómo les gustaría estar en esa tribuna de Pyongyang.

El último espectáculo coreografiado por la dictadura norcoreana ha sido el desfile militar conmemorando el 75 aniversario de la fundación del partido de los trabajadores, que como buen ejemplo de la neolengua ni es un partido ni defiende a los trabajadores. Allí Kim y los suyos han mostrado el armamento que poseen, en una parada militar de esas que asombran por la cantidad de gente que participa y la exactitud con la que desarrollan sus naturales movimientos. En ese desfile se ha presentado el último modelo de misil intercontinental desarrollado por la industria armamentística local, probablemente la única industria del país, excepción hecha de la de exterminio. Es difícil saber con lo que hemos visto si el misil es de verdad o no deja de ser un aparatoso tubo metálico que no va más allá de la amenazante carcasa, pero lo que sí es cierto es que ruedas, lo que se dice ruedas, el vehículo que lo porta sí que tiene, por lo que al menos los norcoreanos han logrado fabricar un buen puñado de ellas. Son feas, gordas, y con un color de plástico negro muy intenso. Suponiendo que todo el desfile no sea un brillante montaje de Photoshop, los neumáticos parecen tan cargados de goma como las ruedas de los antiguos Tente, que eran sólidas y así de oscuras. Realmente estos desfiles norcoreanos dan mucha risa por su estética casposa y por la sensación de estar asistiendo a un cutre teatro, pero dos son los motivos profundos por lo que estas exhibiciones, y todo lo que viene de aquel país, no tiene nada de gracioso. Uno es que se sabe que la vida en aquella nación no vale nada, y nada es nada, como diría “no es no Sánchez. Purgas en los altos cargos, eliminación de disidentes, reeducación de las masas… Corea del Norte es la mayor cárcel del mundo y nadie sabe a ciencia cierta cuánta gente muere o es asesinada allí, pero sospecho que más que las ya muy abultadas cifras de fallecidos nuestros por el coronavirus. Realmente Kim no necesita una epidemia para exterminar a su población, se basta con sus propios medios. La otra causa de fondo que hiela la risa es que, tras haberlo probado en repetidas ocasiones, la duda es cuántas bombas atómicas tiene el régimen (se estima que unas veinte o treinta) pero es un hecho que las posee, y eso ha cambiado su estatus global, de apestado a peligroso apestado, adquiriendo una respetabilidad que sólo el miedo logra infundir. Puede que gran parte de lo exhibido en el desfile de Pyongyang sea falso, cartón piedra, pero es cierto que tienen la bomba, y se supone que algo real sobre lo que poder cargarla y dispararla. Nadie se atreve a decir si ese misil hormonado lleno de ruedas es cierto, y posee capacidad efectiva para ser lanzado y llegar, pongamos, a EEUU, pero que el régimen tiene intenciones de construir algo así y que, sobre todo, posee la bomba que sea insertada en la cabeza nuclear son hechos probados, y cambian la perspectiva. Esta respetabilidad vía miedo es lo que animó a que Trump, otro envidioso de los dictadores (qué engorro son las elecciones, ¿verdad, Donal? Cuanto mejor mandar y que el resto callen) se reunió con Kim a lo largo del año pasado en tres encuentros que fueron desde lo más amistoso hasta la frialdad del fracaso. Poco, más bien nada, se ha sabido desde entonces de las relaciones entre ambos líderes, y de la evolución del régimen. Vamos, lo habitual de un estado totalitario y paranoico hasta el extremo.

Lo único que ha trascendido de aquellos encuentros son algunas declaraciones que Trump le ha hecho a Bob Woodward y que éste recoge en su último libro. Allí habla el presidente norteamericano de los tiras y aflojas en sus relaciones con Kim, al que no deja de presentar como alguien que le interesa (la citada envidia) y que no duda a la hora de eliminar opositores. Parece que es cierto que realiza purgas sangrientas en su entorno cuando se le discute, o le viene en gana, y que, imitando escenas del Padrino, a veces deja el cadáver de sus defenestrados, decapitado, con la cabeza sobre la barriga, a la entrada de los edificios oficiales en los que detentaban el poder antes de perder la testa, como señal de advertencia para los siguientes. Como vacuna ante el coronavirus, reconozcámoslo, es efectivo para evitar contagios.

miércoles, marzo 27, 2019

El asalto a la embajada norcoreana en Madrid

Hay historias reales que dejan en mantilla a las ficciones por las que muchos se desvelan ante el televisor o el papel, y es que la realidad siempre es capaz de superar nuestras expectativas, casi nunca de la manera que hubiéramos sido capaces de imaginar. Se imagina uno las historias de espías, tan bien narradas por LeCarré, Forsyth o Marías, en unos ambientes brumosos, británicos, en una época pasada, con aires rusos de guerra fría y en lugares o bien remotos o distinguidos, con frío y mal tiempo. Pero resulta que no, que estas historias se pueden dar en el extrarradio de Madrid, en un decorado bastante convencional, y bajo el sol de justicia que este 2019 no nos abandona.

Fue noticia, no muy comentada, que el pasado 22 de febrero se produjo un asalto a la embajada norcoreana en España, sita en el madrileño barrio de Aravaca, en una zona confortable de casas y adosados rodeados de vegetación. La embajada funciona bajo mínimos desde que el anterior gobierno del PP retirase las credenciales al entonces embajador, llamado Kim Hyok-chol. La intrusión en la embajada fue violenta y se produjo el robo de material y enseres que se encontraban en la misma. En un principio, y dado el poco personal que había en la legación, se sospechó incluso de un atraco cometido por delincuentes convencionales, que atacaron ese chalet como podían haberlo hecho con cualquier otro del selecto barrio, pero poco a poco la realidad ha ido tomando una forma mucho más compleja y, para que negarlo, atractiva. La instrucción judicial que se abrió con el asalto dio lugar ayer a un relato pormenorizado de lo que tiene toda la pinta de ser una operación encubierta de servicios secretos en busca de material e información norcoreana relevante. La secuencia del asalto a la embajada se centra en la figura de Adrian Hong Chang, el líder del comando de varias personas que realizaron el asalto. Relata el escrito judicial como Hong Chang planificó el asalto varios días antes de llevarlo a cabo, comprando material para efectuarlo, entre ello pistolas simuladas, cómo proceden a entrar en la embajada y al violencia que utilizan contra el personal, escaso, que en ese momento se encuentra en el interior del edificio. Tras el asalto, y se supone que con el botín buscado ya en mano de la banda de Hong Chang, éste vuela de Madrid a Lisboa y de allí lo hace a Nueva York, donde ya se había puesto en contacto con personal del FBI. Todo esto hace sospechar que el jefe de esta banda era un mandado de los norteamericanos, y que el asalto a la embajada era una operación que buscaba información sensible sobre ese extraño país. ¿Cuál? ¿Por qué motivo? No se sabe, pero hay una pieza importante que vincula a Madrid con las más altas jerarquías del régimen de Pyongyang. Tras ser expulsado de Madrid, el anterior embajador, recordemos que se llamaba Kim Hyok Chol, vuelve a la capital norcoreana y no tarda mucho en convertirse en una de las piezas fundamentales del equipo negociador de Kim Jong Un en todo lo relacionado con el proceso de desnuclearización del régimen. Así, Hyok Chol pasa del anonimato a ser uno de los principales interlocutores con los norteamericanos, y personaje clave en la organización del encuentro entre Kim y Trump que se celebró en Vietnam a finales de febrero, encuentro que empezó con muchas risas y acabó en un estrepitoso fracaso. Demasiado rápido parece el ascenso de Hyok Chol, ¿no?. Una hipótesis que aparece sola al leer esta secuencia de hechos es que, de mientras estaba en Madrid, el entonces embajador ya era una pieza fundamental de Kim en todo lo relativo a la nuclearización, y de ser así es obvio que tendría en su poder informaciones de alto valor, tanto de cara a un proceso negociador como a saber cuál es realmente el alcance y dimensiones del programa nuclear de aquel país. ¿Era eso así? ¿Estaban en el chalet de Aravaca algunas de las claves nucleares de Kim?.

El que una operación de asalto como la comentada se llevase a cabo apenas una semana antes de la cumbre Kim Trump refuerza esta idea. Los norteamericanos buscaban información de cara a esa cumbre y a futuras actuaciones, y sospechaban que algo se dejó Hyok Chol en Madrid. Organizaron un comando y procedieron al asalto en busca de esa información. La violencia y precipitación de la huida muestra una operación más bien chapucera, con demasiadas pistas dejadas por el camino. ¿Fruto quizás de las prisas ante la inminencia de la cumbre? ¿Estaba en Aravaca la información que buscaban? ¿Tuvo que ver este incidente en el desenlace abrupto de la cumbre? ¿Qué conexiones reales hay entre Hong Chang, el asaltante, y los miembros de su banda con la disidencia norcoreana y con la CIA y otros servicios de espionaje? No me digan que no es apasionante.

jueves, febrero 28, 2019

Trump, Kim y Cohen


Ya no asombra, pero sigue siendo digno de admiración, y de inquietud, el que Trump se muestre mucho más cómodo y distendido con sátrapas y dirigentes autoritarios que con mandatarios electos. Está muy a gusto en su presencia, les dedica gestos de cariño y comprensión que torna en reprimendas y posturas soeces para sus congéneres democráticos. Más allá de lo que puede ser una táctica negociadora para embelesar a quien lo requiere, no oculta Trump una envidia manifiesta ante los que pueden ejercer el poder como él quiere, sin cortapisas, sin controles, sin tener que sujetarse a burdos parlamentos, debates y tonterías por el estilo. En el fondo Trump ansiaría ser dictador, y eso se nota cada vez que se junta con otros de su estilo.

La cumbre que se desarrolla estos días en Hanoi entre Trump y Kim Jon Un ha ofrecido nuevamente imágenes de complicidad entre ambos que rozan lo esperpéntico. Las últimas crónicas del encuentro hablan de cancelaciones y discusiones, pero hasta el momento lo que se ha podido ver es a un presidente norteamericano que adula hasta el extremo al dictador norcoreano, alabando su país, el potencial que posee y la posibilidad de hacer negocios juntos. ¿Aspira Trump a construir una de sus torres en Pyongyang? No lo descarten. De lo mollar del encuentro, el proceso de desnuclearización en Corea del Norte, poco ha trascendido. Ya saben que yo soy de los que ven como algo utópico el que el régimen norcoreano renuncie al arma que le ha dado la posibilidad de perpetuarse en el poder y convertirse en un interlocutor respetado. Una vez alcanzada, la bomba te incluye en un club respetable, un club regido por el miedo que impones a los que te rodean, y ese miedo es el que, en última instancia, garantiza la perpetuación de la dictadura infame que somete desde hace décadas a aquella nación. El objetivo internacional puede ser el de encapsular el problema, acotar las aspiraciones del régimen, y atornillarlo poco a poco con sanciones económicas que acaben provocando un levantamiento interno de la población, y que esa sea la vía para que la dictadura caiga, pero este guion clásico se topa con el oscurantismo y paranoia que se vive en la sociedad más cerrada y militarizada del mundo, intoxicada hasta un extremo en el que es realmente difícil saber no ya lo que piensa la población de su régimen, sino si es capaz de pensar dada la opresión en la que vive. El caso norcoerano es uno de los más difíciles, y potencialmente peligrosos, en una región que cada vez acumula más potencial bélico, con un China convertida en superpotencia local, un Japón declinante pero lleno de aspiraciones nacionalistas y un conjunto de países, Vietnam entre ellos, que poseen aún el recuerdo de las atrocidades que las distintas guerras orientales han causado en su territorio, y observan con mucho recelo el expansionismo chino en sus mares. ¿Piensa Trump en algo de todo esto? Evidentemente no, pero tampoco es necesario, para eso están los asesores y expertos, y en este caso hay serias dudas sobre cuáles son las intenciones reales de unos EEUU que ven en Corea del Norte un grave riesgo pero que parecen tan perdido sobre cómo afrontarlo como el resto del mundo. De momento el que está ganando con estos juegos de cumbres y respetabilidad es Kim, el sátrapa gordito, que de ser despreciado internacionalmente ha pasado a ser visto como un interlocutor necesario. Eso da oxígeno a su régimen y margen para seguir hacia adelante, lo que en su caso es, básicamente, conservar el poder absoluto y pegarse la gran vida a cuenta de la miseria de su nación. En los meses transcurridos desde la primera cumbre no se ha dado un paso en el proceso desnuclearizador, y sólo la mejora de las relaciones entre las dos Coreas ha sido el fruto de este proceso negociador. No es poco, dado que técnicamente siguen en guerra tras el armisticio de los años cincuenta, pero es muy insuficiente. ¿Dara algo de sí esta cumbre? Y si se produce esa ruptura que ahora se cuenta ¿Qué consecuencias tendrá?

De mientras Trump alababa al gordito dictador en Hanoi, en Washington su exabogado Michael Cohen rajaba de lo lindo ante el Congreso, calificando a su anterior cliente de racista, estafador y mentiroso, lo que es sabido por todos, pero relevante si así lo dice un estrecho excolaborador. Cohen presentó pruebas sobre la compra del silencio por parte de Trump a antiguos escarceos, como el de Stormy Daniels, y no pudo afirmarlo, pero cree en la posible connivencia entre su antiguo jefe y los servicios secretos rusos. Si las cabezas nucleares norcoreanas son difíciles de desactivar, la onda expansiva de Cohen puede ser directamente irrefrenable. Pensarán los apocalípticos religiosos que cuánto mal ha hecho EEUU para tener al castigo de Trump como presidente y ser él el que encarne su presencia en el mundo.

martes, junio 12, 2018

Kim, Trump y el caos


Es una de las reuniones más extrañas que imaginarse uno pueda entre líderes mundiales, usando esa acepción con mucha generosidad. Nunca en la historia se ha dado un encuentro entre los mandatarios de EEUU y Corea del Norte. Cuando se anunció esta cumbre hubo incredulidad y risas, que fueron sustituidas poco a poco por la gravedad del tema de fondo. Hace menos de un mes la cumbre peligraba por los mensajes cruzados de ambas diplomacias y, finalmente, ha tenido lugar esta madrugada, hora nuestra, en Singapur, demostrando nuevamente que el centro del mundo se está desplazando hacia Asia. A los europeos ya no nos hacen caso ni como peligro.

La imagen de Trump y Kim sonrientes es de lo más exótica, y sinceramente se me hace difícil de analizar. Juntar a esos dos sujetos uno frente al otro es arriesgarse a una especie de ruleta rusa en la que en cualquier momento uno de ellos puede saltar iracundo y mandar todo a la porra. Ambos poseen un comportamiento poco predecible, basado en rabietas personales, no se dejan aconsejar por nadie y creen mandar el mundo en su integridad, siendo esto último cierto en el caso del norcoreano, dado que su país es una prisión y sus habitantes viven separados del mundo. Se me escapa, para que vean hasta qué punto estoy perdido en esta cumbre, el motivo de la misma, dado que Corea del Norte no tiene aliciente alguno para eliminar su programa nuclear. Es más, la existencia del mismo es lo que le ha permitido meter tanto miedo al mundo como para que Trump y los demás le hagamos caso. Si renuncia a esa arma perderá el seguro que le mantiene aferrado al poder absoluto, y su régimen puede caer. ¿Tanta inversión y esfuerzo en desarrollo nuclear para ofrecer el desmantelamiento a cambio de nada? Busca Corea del Norte la garantía internacional de la pervivencia de su régimen a cambio de la renuncia al arma, y se encuentra el dictador en frente a un sujeto, Trump, al que nada le importa que la dictadura norcoreana se mantenga o no, y menos aún los derechos humanos, pero que se caracteriza por su voluble comportamiento y su falta de compromiso. La palabra de Trump no vale mucho, y sus tuits muestran a un sujeto inestable, volátil, airado y que cambia de criterio en cada pausa publicitaria de los debates basura que ve en su habitación. ¿Se fía Kim de lo que le pueda prometer Trump? Si el norcoreano ha seguido la actualidad de estos días se habrá dado cuenta de hasta qué punto la cumbre canadiense del G7 ha sido un fiasco por culpa de Trump, y la forma con la que el presidente norteamericano ha tratado al resto de socios occidentales. De alguien que se dedica a insultar a los presuntos aliados, que firma un compromiso de mínimos acordado por todos y que, a los pocos minutos, ya subido en el avión presidencial, lejos de la cumbre, se carga ese acurdo con unos tuits, lo último que se puede esperar es fiabilidad y respeto a la palabra dada. Los iraníes ya tienen la experiencia de lo que es que Trump se salte acuerdos multilaterales, por lo que las expectativas que pueda tener el dictador norcoreano en su encuentro pueden estar bien poco fundadas. Si el sátrapa de Pyongyang buscaba una foto, un reconocimiento internacional a su obsceno régimen y una presencia global, eso lo ha logrado con creces. A partir de ahí, todo son incógnitas. ¿Se acabará firmando un tratado de paz entre las dos Coreas, que técnicamente siguen en guerra desde los años 50? ¿Reducirá EEUU su presencia militar en el Pacífico y el apoyo a sus aliados tradicionales, Corea del Sur y Japón? ¿Cuál es el papel de China en este encuentro? ¿Cede EEUU el liderazgo regional a Beijing y se desentiende de la zona? ¿Alguien se cree las promesas de Trump?

Dice el presidente norteamericano, en su habitual y grandilocuente lenguaje, que la reunión ha ido mejor de lo imaginable, lo que es avalar con un éxito una iniciativa personal suya que podría ser un enorme fracaso y ridículo global de salir mal. Consejo, créanse poco las declaraciones de ambas partes, esperemos a ver qué queda tras disiparse el humo de los fuegos de artificio y tengan en mente que, si el norcoreano va en serio, desmantelar un programa nuclear activo con, se estima, de veinte a cuarenta cabezas nucleares e incontables componentes y fábricas asociadas supone un reto de años y años para el que apenas hay experiencia. Eso sí, sería de coña (o no, que diría Rajoy) que Trump al final se llevase mejor con este apestoso dictador que con los líderes de las democracias occidentales.

viernes, abril 27, 2018

La histórica cumbre de Corea del Norte


El abuso con el que utilizamos el término de histórico provoca que cada vez que lo empleamos devaluemos su sentido y el acontecimiento al que nos referimos. Es una pena. Sobre todo cuando realmente nos encontramos ante algo que sí tiene relevancia histórica real, por su trascendencia y por el paso que supone en un conflicto que lleva estancado desde mediados del siglo XX. El encuentro entre Moon Jae-In, presidente de la democrática y pujante Corea del Sur, y Kim Jong Un, dictador absoluto de la paranoica y pobrísima Corea del Norte, celebrado esta madrugada hora española, es el primer encuentro entre líderes de las dos Coreas desde la firma del armisticio, que no paz, que puso fin a la guerra civil en 1953, que provocó la partición del país.

Las imágenes de esta reunión muestran escenas alegres, distendidas, de los dos líderes caminando hasta encontrarse en el borde de la frontera, en la zona desmilitarizada, una peligrosa tierra de nadie, y ambos cruzan la marca de piedra que señala el límite con desparpajo. Muchas sonrisas y apretones de manos que dan una sensación de encuentro triunfante, positivo y prometedor. Hasta ahí lo bueno, ahora vienen mis dudas, relacionadas con la postura de Corea del Norte. Y es que no acabo de entender la estrategia de Kim de cara a este encuentro y al próximo, explosivo, con Donald Trump. En medio de todas estas reuniones está, omnipresente, el triunfante programa nuclear norcoreano, que ha adquirido suficiente tamaño como para ser respetado y temido en todo el mundo. Cierto es que eso eleva al loco de Kim al estatus de “líder respetable” pero precisamente por ello no me resulta nada creíble su presunta promesa de renunciar a ese programa para conseguir acuerdos exteriores. ¿Cómo va a renunciar a la única baza que le permite seguir siendo líder indiscutido y temido, dentro y fuera? Todo lo que sea distensión entre las dos Coreas y entre el régimen psicótico norcoreano y el resto del mundo será bien recibido, y esperemos que sirva para mejorar la situación de la pobre gente que vive en la cárcel que regenta Kim, pero más allá de gestos y fotos, aquí hay algo que no me cuadra. Sabe muy bien el tercero de la dinastía norcoreana el final que tuvieron dictadores como Gadafi o Sadam, bien porque acordaron no desarrollar sus programas nucleares o porque se les impidió conseguirlo. Ahora ellos están muertos y sobre sus países, o restos, se erigen nuevos hombres fuertes. La lección que tan bien aprendió el gordito fue clara. Corre, corre, corre, desarrolla tus bombas y misiles lo más rápido posible y hazlo saber al mundo entero, pregona a los cuatro vientos, presentadora marcial de la televisión mediante, los misiles y las bombas que tienes, pruébalas, sube la tensión y mete miedo, no demasiado, pero sí el suficiente como para ser respetado. Eso es lo que ha conseguido Kim en estos últimos años, y es un éxito evidente de su régimen. Ahora, como diría algún miembro de la directiva del PP de Madrid, Kim es “uno de los nuestros” y cuando solicita cumbres se asiste a las mismas. Por ello, ¿es creíble la oferta de que renunciará a esa baza a cambio de algo? No me lo parece. Algunas opiniones afirman que Kim ha lanzado estos señuelos presionado por China, angustiado porque el bloqueo económico empieza a ser efectivo y trata de buscar una salida que permita alimentar a su gente y sacarla de la miseria, lo que pudiera ser cierto, aunque eso exige suponer que a Kim y los suyos les importa algo su gente, lo que es mucho suponer. A partir de la cumbre de hoy es probable que se puedan establecer algunos canales entre las dos Coreas y una cierta cooperación económica, lo que redundará en ventajas para la más pobre de las dos. Y, también es cierto, eleva algo al imagen de Kim en el mundo, tan sonriente y afable.

Todo esto es un previo de la gran, y peligrosa, cumbre entre Kim y Trump, dos sujetos viscerales que poseen botones grandes y parecen ser poco proclives a la reflexión. Si esa cumbre se desarrolla bien podemos estar ante un deshielo en la península de Corea que sería muy positivo para la región y todo el mundo, pero no descarten que los egos de esos dos personajes tan extraños choquen y el encuentro acabe realmente mal. Es un encuentro ante el que hay notables dudas y cautelas, porque cada uno de los presentes es más raro que el otro. Lo cierto es que, en apariencia, Kim se está mostrando como un habilidoso jugador del póker de la imagen global. El encuentro de hoy es un triunfo para ambos mandatarios, y nos lleva a aguas no cartografiadas. Crucemos los dedos para que todo siga saliendo bien.

Me cojo el lunes 30 de ocio y el1 y 2 es festivo en Madrid, así que nos leemos otra vez el jueves 3. Descansen y ojo al bajón de temperaturas, la primavera retrocede otra vez al final del invierno.

martes, marzo 13, 2018

Trump y Kim Jong Un se verán las caras

Lo primero que me pasó por el cuerpo cuando me enteré de la reunión entre Trump y Kim Jong Un fue un escalofrío. “La disuasión funciona” pensé, y me di cuenta hasta qué punto llega el poder del arma nuclear. Con sus ensayos y desarrollos de bombas y misiles Corea del Norte se ha convertido en un actor peligroso, realmente peligroso, y mete miedo, y consigue la respetabilidad suficiente (el acojone colectivo si lo prefieren) para que el Presidente de EEUU se reúna con el líder de esa infame dictadura. La lección es obvia. Dictadores del mundo, haceros con armas de destrucción masiva lo más rápidamente posible si queréis perpetuaros en el poder.

En general predominan los comentarios positivos y esperanzadores ante este futuro encuentro, previsto para abril o mayo, y que no tiene lugar de destino, aunque cotiza al alza la zona desmilitarizada entre las dos Coreas. Si estuviéramos hablando de dirigentes normales puede que una reunión así se viera con optimismo, pero estamos muy lejos de la normalidad, y tengo miedo de que ese cara a cara degenere en algo descontrolado. De momento Trump se ha vuelto a saltar a lo que antes era el todopoderoso Departamento de Estado, convertido hoy en una sombra de lo que fue, tomando la iniciativa y anunciando el encuentro de manera personal, mala forma de empezar algo muy serio. Portavoces de la Casa Blanca corrieron detrás para calmar los ánimos y mezclar esa reunión con la necesidad de desnuclearización de Corea del Norte y la renuncia a su programa de armamentos, promesa que era la base de la invitación norcoreana a la reunión, pero eso no hay quien se lo crea. Es precisamente esa política de armamentos la que le otorga el estatus de líder creíble al dictador norcoreano, y es su principal baza, quizás la única, para perpetuar su régimen. No es descartable que la presión china y el daño que producen las sanciones internacionales hayan obligado a Kim a optar por una táctica conciliadora, quizás para ganar tiempo e imagen púbica, pero no veo sinceridad alguna en el delincuente que ofrece entregar su arma cuando ésta es lo único que infunde miedo a los rehenes. El irracional, en apariencia, comportamiento de ambos líderes tampoco invita a ser muy optimistas. Quizás se lleven bien, y decidan hacer negocios a costa de la sociedad norcoreana y sus derechos humanos, cosa que no importa en lo más mínimo a ninguno de ellos, pero también está el escenario en el que la reunión resulta ser un fracaso. Primer encuentro, al máximo nivel, y encontranazo. Y después que, ¿la guerra? Si la reunión sale mal ninguno de ellos tendrá incentivos para volver a establecer un cauce diplomático o vías alternativas de entendimiento, y los cargos a su disposición no podrán contradecir las órdenes que emanen de los líderes y de sus impresiones tras la reunión. Sólo de pensar un escenario así le empiezan a uno a recorrer escalofríos por la espalda, y admite el riesgo enorme que supone dejar la seguridad global en manos de unos sujetos que parecen vivir llevados por sus egos, manías e irresponsabilidades. Con el surgimiento de liderazgos globales fuertes y autocráticos en otros escenarios del mundo (China ya es imperial otra vez y Putin volverá a reinar en Rusia tras las elecciones (jajaja) del domingo) los destinos globales cada vez dependen más de volcánicos personajes, y menos de asesores y equilibrios. Mal panorama.


En definitiva, la reunión de estos dos sujetos puede dejar imágenes realmente curiosas, y la podemos observar como un juego de cara o cruz. Si sale cara y se llevan bien, el escenario en la península de Corea puede cambiar bastante en poco tiempo, si sale mal, quizás acabe desapareciendo parte de la península de Corea en breve tiempo. Doble o nada, un juego de apuestas muy peligroso con millones de personas en medio, susceptibles de verse afectadas por la irritabilidad de personajes de pelo extraño, ideas alocadas y concepciones sociales atávicas y lo más lejanas posibles a lo que entendemos por democracia. Crucemos todos los dedos.

lunes, febrero 12, 2018

¿Deshielo en Corea?

Se han inaugurado los Juegos Olímpicos de invierno, en la localidad surcoreana de Pyeongchang, no confundir con la Pyongyang, capital de Corea del Norte. No consta que esta similitud y la dificultad de ambos nombres hayan sido tenidos en cuenta por el COI para escoger la sede de los Juegos con el objeto de hacerlo pasar muy mal a los periodistas que acudan o comenten los deportes. A buen seguro habrá una larga colección de presentadores atascados en la “ngch” que darán juego a los imitadores. Como en los juegos de invierno no hay fútbol ni nada por el estilo es poco probable que alguna noticia trascienda de ellos en los espacios de deporte de nuestro país.

Los juegos, el frío y el argot internacional están permitiendo que el uso de la expresión “deshielo” aparezca en todas partes refiriéndose a la actual situación entre las dos Coreas. Ha resultado curioso, como mínimo, ver lo rápido que los dos países, técnicamente aún en guerra, han acordado la presencia de los participantes norcoreanos y la implicación del régimen de los Kim en los juegos y en la propia ceremonia, con la presencia de la hermanísima Kim Yo Jong, quizás la mujer más poderosa del Norte, y responsable de la gestión de imagen y propaganda de su gordito y todopoderoso hermano. Este viaje y la invitación cursada a los mandatarios de Corea del Sur para que, de manera oficial, visiten Pyongyang suscita muchas preguntas. ¿Estamos ante un intento serio de negociación y apertura? ¿Qué pretenden los Kim? ¿A qué viene ahora este comportamiento “convencional”? Como es imposible saber lo que sucede en Corea del Norte resulta muy difícil, siendo generoso, determinar cuál es el objetivo último de estos gestos, y los analistas están algo desconcertados. Tras una serie de amenazas y pruebas balísticas y nucleares amenazantes, ahora Kim y los suyos ofrecen una cara amable y negociadora. ¿Doble estrategia? ¿tacticismo? Tanteo? Quién sabe. Comentaba ayer un analista de una universidad china, el principal y único aliado que le queda a Corea del Norte, que pueden ser dos los motivos que lleven a los norcoreanos a comportarse de manera amable. Uno, el económico, el daño que ya están produciendo las cada vez más intensas sanciones y bloqueos, y la necesidad de que Corea del Sur le abastezca de bienes, tratando así de buscar una salida a una situación económica interna que, puede ser, se está deteriorando. Otro motivo, este es muy interesante, es que los Kim pueden haber pensado que, tras los últimos ensayos y pruebas armamentísticas, ya son de facto una potencia nuclear respetable, ya infunden miedo, demasiado como para ser obviado, y que se han ganado el respeto de la comunidad internacional (pueden sustituir, si quieren, respeto por acojone) y que pueden empezar a hacer gestos de magnanimidad y apertura, en la confianza de que han asegurado la pervivencia de su régimen. Quizás sea cierto que, aunque mínimo, se ha establecido una especie de equilibrio del terror entre EEUU y Corea del Norte, en el que las abismales diferencias de capacidad militar entre ambos países no eliminan la sombra, certera, de que si se lo propone, Corea del Norte sí podría atacar a ciudades norteamericanas. No es una mera hipótesis ni escenario virtual, sino el resultado de las últimas pruebas, realizadas con todo el boato y exhibicionismo posible, para que a nadie le quepan dudas de hasta qué punto Corea del Norte es capaz de cumplir las amenazas que anuncia su más duro dirigente, la presentadora de las noticias de televisión. Si esto fuera así, Kim y su tropa de generales y familiares adictos estarían desarrollando una peligrosa, sí, pero de momento exitosa estrategia para consolidarse en el poder, y no deja de ser cruel que la, quizás, dictadura más férrea y perfecta del planeta haya encontrado la manera de perpetuarse en el contexto internacional.


Las declaraciones de hoy mismo del Vicepresidente de EEUU, Mike Pence, sobre la disposición norteamericana a establecer un diálogo con Corea del Norte avalarían esta idea de que, con su tecnología y capacidad demostrada, los norcoreanos se han vuelto respetables, o demasiado peligrosos como para ser ignorados, que viene a ser lo mismo. Aún está por ver si Trump lanza algunos tuits salvajes de los suyos ciscándose en su vicepresidente, pero algo, no se muy bien qué, parece moverse en el escenario coreano. Todo lo que no sea una guerra, de devastadoras consecuencias fuera cual fuese el armamento utilizado, es una gran noticia. Parece que Kim sabe jugar a este Póker internacional, y se ha hecho con buenas cartas. De todas maneras, precaución máxima, sigue siendo un juego muy peligroso y entre jugadores inestables.

jueves, enero 18, 2018

Tregua olímpica en Corea

Este año, en un mes, se celebran los Juego s Olímpicos de invierno en la localidad surcoreana de PyeongChang. Supongo que no es casualidad que ese toponímico sea tan parecido a Pyongyang, la capital de Corea del Norte, lo que indica la similitud que existe, de fondo, entre ambas coreas. Lo mismo podría pensar un extranjero al llegar a España y ver en el mapa las provincias de Palencia y Valencia, una sola letra de diferencia, que causa confusiones lingüísticas a propios y extraños. Aquí no hay frontera que mantenga separados a las dos “alencia” pero allí sí. Y desde hace muchas décadas, y con un férreo control para evitar su traspaso.

La noticia de que las dos Coreas desfilarán bajo una bandera conjunta en esos juegos de invierno es positiva, e introduce un matiz de distensión en una península en la que se acumulan demasiados odios, influencia y armamento como para estar tranquilos. Pero no les voy a negar que es un acuerdo que me ha extrañado mucho. Venimos de meses de alta tensión que no deja de crecer entre Corea del Norte y EEUU a cuenta de los, exitosos, programas nucleares y armamentísticos de la dictadura Kim, y las bravatas entre los dos presuntos líderes no han dejado de crecer, mostrando el infantilismo de ambos, su complejo por el tamaño de las cosas y, desde luego, al aparente imprudencia que domina sus actos. Y tras eso, unas declaraciones raras, valga la redundancia, de Trump, en las que se muestra simpático con el dictador Kim, nada que ver con las alusiones al pequeño hombre cohete que le suelta cada dos por tres, y luego este acuerdo deportivo. Conocido es que el actual gobierno de Corea del Sur desea una relación amistosa con su vecino y es más partidario de la negociación que de la pose intimidatoria, pero ¿esconde este acuerdo deportivo algún movimiento de fondo? Ayer mismo Trump, en una nueva vuelta a la política del palo, acusó a Rusia de estar colaborando con Corea del Norte para que el régimen pueda eludir las sanciones económicas impuestas desde la ONU y otros organismos. ¿Existe alguna estrategia de fondo en este vaivén de declaraciones y poses? ¿está acordado que algunos actores van a hacer de malos y otros de buenos? ¿se juega con un plan a largo plazo en el que la negociación con Corea del Norte está encima de la mesa? No lo se. Lo único seguro es que las demostraciones nucleares de 2017 han convertido a Corea del Norte en una potencia nuclear de primera categoría, y sus capacidades balísticas ya no se toman a cachondeo en ninguna cancillería ni servicio de estudios. La estrategia que, al parecer, buscaba Kim, puede empezarle a funcionar. Convertirse en algo tan peligroso para el resto del mundo que le otorgue la credibilidad necesaria como para ser tratado como uno de los grandes, infundiendo miedo y respeto. Eludir así el escenario iraquí o libio, en el que la flagrante ausencia de armas de destrucción masiva convirtió a sus regímenes en eliminables por parte de fuerzas internacionales. La bomba y todos sus aparatos asociados se han convertido, a sabiendas, en la garantía de pervivencia del régimen, y en teoría, cuanto más tiempo pase y mayores sean las capacidades militares norcoreanas en el campo nuclear y balístico, más segura será la posición del gordito Kim, inexpugnable su país y respetado su régimen. Que eso supongo que la mayoría de los norcoreanos se mueran de hambre y, desde luego, vivan sometidos al yugo de una de las dictaduras más atroces y paranoicas imaginables es algo que se da por sentado y, desengáñese, no le importa a nadie. La “real politik” en pleno y triste apogeo.


Esta situación de equilibrio estratégico, del terror como se denominaba en la época de la guerra fría, tiene sus evidentes riesgos. Un colapso económico del régimen es factible, un accidente utilizando alguna de sus armas sería devastador y, desde luego, la tentación de atacar por parte de EEUU pensando que, frente a lo que sucedía en la guerra fría, estaríamos ante un conflicto local, no global. Ese pensamiento puede ser muy equivocado, porque China tiene mucho que decir en todo esto, y de momento no se sabe qué opina de los últimos movimientos. Por tanto, puede que algo se esté moviendo en el tablero coreano, pero no tengo manera de saber si es así o no. De momento la olimpiada rebaja la tensión y complica el trabajo de los comentaristas deportivos al citar la localidad en la que se celebra. Veremos a ver en qué queda todo.

viernes, diciembre 01, 2017

Corea del Norte ya tiene misiles de verdad

Esta semana Corea del Norte ha efectuado un nuevo ensayo balístico. Ha lanzado un misil que ha llegado a una altura de varios miles de kilómetros sobre la superficie para acabar estrellado en el mar, en un proceso de prueba que ha demostrado a todo el mundo su mejora en este tipo de armamentos. Según los expertos, esta prueba ha mostrado, por primera vez, que el amigo King Jon Un tiene misiles no sólo capaces de alcanzar territorio norteamericano, sino cualquier punto del mismo. Sus proyectiles llegan sobreviven al retorno atmosférico e impactan sobre el objetivo señalado. Aún es probable que la tecnología norcoreana no pueda equiparlos con cabezas nucleares, pero ese es el siguiente paso. Ya posee un vector global.

Cada vez que Corea del Norte lanza un nuevo pulso surge la pregunta inevitable. Y ahora, ¿qué? ¿Cómo respondemos? ¿Qué hacemos? De poco sirven las reuniones y condenas de una ONU escasamente operativa en lo general y nula absolutamente en lo que hace al problema norcoreano. Nuevas bravatas tuiteras de Trump muestran su enfado y disposición a hacer cosas, pero nada sucede y el progreso norcoreano es evidente. Si no suceden cosas extrañas o accidentes, es probable que en poco tiempo lleguemos a una situación de equilibrio estratégico, o de equilibrio del terror, como también se le denominaba en el pasado, entre EEUU y Corea del Norte. La capacidad mutua de atacarse nuclearmente impone una cautela en ambas partes muy medida. Cierto es que la superioridad militar norteamericana es abrumadora, pero la probabilidad de que los norcoreanos puedan causar una desgracia nuclear en suelo estadounidense ya no es cero, y ambas partes lo saben. Eso cambia notablemente las estrategias de los dos oponentes y, curiosamente vista la experiencia de la guerra fría, los convierte en más cautelosos. Ninguno de los dos posee incentivos reales para ir a la guerra, a sabiendas de que EEUU saldrá dañado y Corea del Norte liquidado por completo, pero este equilibrio quizás sea la única garantía que puede esgrimir seriamente el régimen de Pyongyang para garantizarse su supervivencia, que es lo único que le importa al gordito y sus gerifaltes. Las conversaciones de EEUU con China, único aliado de los norcoreanos y suministrador de energía y otras materias primas al régimen, no avanzan por buen camino. China promete colaborar en el control del régimen satánico del norte, pero todos saben que, en el fondo, el conviene que esa dictadura permanezca. Le evita un éxodo de población norcoreana, pobre hasta decir basta, y le hace de tapón con respecto a Corea del Sur, aliado norteamericano. De no existir el tramo del norte un gran aliado de EEUU tendría frontera física con China, y eso es algo que en Beijing no se quiere ni imaginar. Por ello todo lo relacionado con Corea del Norte tensa las relaciones entre China y EEUU y complica la geoestrategia en la zona, hasta llevarla a situaciones de alta tensión que pueden ser indeseables. Con todo esto encima de la mesa y otros muchos factores que me dejo y olvido, pueden ustedes concluir que la situación allí es, como mínimo, difícil, y no se vislumbra una salida. Quizás a medio plazo tengamos que acostumbrarnos a vivir con un régimen tan abominable que parece una caricatura, pero que está tan armado y es, aparentemente, rabioso, que mejor no tocarlo. Este status quo de estabilidad a cambio de persistencia de la dictadura garantiza la seguridad en la zona a cambio de la intranquilidad de los vecinos y la opresión infinita e infame de la población norcoreana. Si este es el mejor de los escenarios posibles, ¿cuál es el peor? Una guerra.


Cualquier guerra que se de en la zona, sea con el armamento que sea y de la dimensión que se desee, generaría un balance de muertos difícil de imaginar por su dimensión, y es probable que acabara con un enfrentamiento total, a sabiendas los norcoreanos que, en caso de batalla, no tienen opciones de ganar, sólo de hacer el mayor daño posible a sus vecinos y enemigos antes de ser aniquilados. Cifras de muertos, daños materiales y económicos…. El balance de cualquier conflicto armado en la zona alcanzaría proporciones históricas, y no por lo bueno. Quizás hace unas décadas fuera posible realizar ataques quirúrgicos que impidieran la escalada armamentística y nuclear norcoreana, pero hoy en día eso ya parece fuera de todo alcance. Así que les dejo sobre la mesa la pregunta de antes. Y ahora ¿Qué?

lunes, septiembre 04, 2017

Corea del Norte sube la apuesta aún más

Dicen los expertos en armamento que, pese a la potencia de la bomba explosionada, es muy poco probable que la prueba nuclear de ayer en Corea del Norte corresponda realmente a una bomba de Hidrógeno. Este tipo de explosivos es de una potencia descomunal, y para que se hagan ustedes una idea, usan una bomba atómica convencional (de fisión) como espoleta para arrancar las reacciones de fusión que son el núcleo de su bomba. La prueba norcoreana alcanzó los 100 kilotones de intensidad, lejos de la escala del megatón, que suele asociarse a las bombas H, pero una cifra respetable, y muy superior a la de pruebas anteriores. Es evidente que los norcoreanos progresan en su tecnología militar nuclear.

A lo largo de este agosto, con Gibraltar ausente, ha sido Corea del Norte el origen de muchos de nuestros desvelos, y de algunas de las caídas bursátiles. La tensión en la zona no deja de crecer y la capacidad de raciocinio que se supone que está al frente de la Casa Blanca añade aún más presión al asunto. Corea del Norte ha desarrollado, en paralelo, las dos tecnologías que permiten ascender al olimpo de la disuasión nuclear y ser considerado como potencia de primera fila. Una es la de las propias bombas, tanto de fisión como de fusión, y su progresiva miniaturización. Otra es la de los misiles balísiticos, conocidos por las siglas inglesas ICBM, misiles que alcanzan cientos de kilómetros de altura sobre la superficie y que en minutos pueden llegar a cualquier parte del mundo. Colocar una cabeza nuclear en la ojiva de esos misiles es el paso definitivo para ser potencia, para poder amenazar al mundo del todo. Y es obvio que Corea camina con paso firme para lograr esa simbiosis de armamentos. La pregunta es qué podemos hacer llegados a este punto. Puede que el programa nuclear norcoreano hubiera podido ser detenido hace varios años, cuando aún balbuceaba y era poco más que un reactor experimental en una central contenida y vigilada, pero eso ya no es posible. Las diversas pruebas y exhibiciones muestras que, aunque de una dimensión ridícula frente a los arsenales ruso y norteamericano, Pyongyang posee capacidad de disuasión nuclear, y recuerden que “disuasión” es una manera de decir “meter miedo”. Sí, Corea del Norte ya da mucho miedo, y a medida que sus capacidades crecen, más. Si no hacemos nada el progreso armamentístico del país no se detendrá, visto lo visto, y el riesgo irá a más. El problema es qué hacer. A lo largo del verano se han publicado varios artículos que hablan de posibles escenarios militares en un supuesto ataque norteamericano, escenarios que acaban todos de la misma manera, con el derrumbe del régimen, pero que plantean, también todos ellos, una guerra de enormes dimensiones, de cifras de muertos que resultan mareantes y de riesgos geopolíticos enormes en una de las zonas más calientes del mundo. No hay alternativas quirúrgicas ante Corea del Norte, y todo tipo de escenario militar supone reactivar la guerra entre las dos Coreas, que sigue en punto muerto desde los años cincuenta, y contempla a Seúl, megalópolis surcoreana, sita a apenas 50 kilómetros de la frontera norcoreana, como víctima potencial de todo tipo de ataques, que no requieren gran tecnología, y que pueden causar víctimas por millares en cualquier instante. El propio colapso del régimen de los Kim abriría un escenario difícil de manejar, y con China al otro lado de la frontera una posible Corea reunificada, aliada de EEUU, sería algo insoportable para el gobierno de Beijing. Muy resumidamente, una guerra en la zona sería una catástrofe, de dimensión difícil de estimar, pero una catástrofe en todo caso.

Si no hay guerra, ¿qué hacemos? Las sanciones económicas han funcionado ante otros regímenes, piénsese en Irán, pero Corea parece inmune a ellas porque a Kim y los suyos les da igual que su aplastado pueblo se muera o no. ¿Habría que negociar directamente con el régimen? Su poder, su disuasión, le otorgan carta de legitimidad para formar una mesa en la que Kim se siente de tú a tú con el resto de potencias? A medida que el poder militar crece este escenario toma más fuerza y, a la vez, se convierte en más siniestro, dado que no deja de ser un aliciente para aumentar aún más la carrera militar norcoreana. Lo cierto es que no veo buenas soluciones a este problema que no deja de crecer.

miércoles, agosto 09, 2017

Fuego y furia en Corea del Norte

Sigue la escalada verbal en torno a Corea del Norte, protagonizada, desde el bando lunático, por los dirigentes norcoeranos y su burdo aparato de propaganda, que incluye a esa presentadora de televisión, no se si siempre es la misma, con pinta de estar tan enfadada como cualquier sufridor de las colas del Aeropuerto del Prat. Por el otro bando, el del racional occidente, tenemos a Donald Trump, lo que transforma todo, y da a esta tragedia un tono aún más cómico que no le pega nada. En un tuit de ayer Trump amenazó a Corea del Norte en un fuego y furia nunca vistos si seguía adelante en sus bravatas. Todo muy tranquilizador.

En el perverso juego que se está desarrollando entre Corea del Norte y, cada vez más, el resto del mundo, la tensión no deja de crecer y las posibilidades de que se desate una guerra crecen. Sea cual sea el tipo de conflicto, no podemos descartar el uso de armamento nuclear, y en todo caso nunca olvidemos que una guerra iniciada puede tener un transcurso no previsto. El programa nuclear y balístico de Corea del Norte es lo que permite al régimen seguir en el poder, mantener las riendas del país y ser tomado como amenaza, y por tanto como algo importante, por el resto del mundo. Así mismo, ese armamento tan letal no puede ser usado nunca, porque saben los dictadores de Pyongyang que un disparo nuclear sería su última acción, la excusa obligatoria para que el resto de potencias liquidasen el régimen. Por tanto, el programa nuclear se desarrolla en la secreta esperanza de que no sea necesario ser usado jamás. Esto es la teoría, y en una situación tensa se puede llegar a mantener, como sucedió durante la guerra fría, pero el riesgo de “accidentes” siempre existe, y hay momentos puntuales en los que la tensión crece mucho y el riesgo de enfrentamiento con ella. De los sesenta a los ochenta fueron varios los episodios, algunos famosos, otros oscuros, en los que EEUU y la URSS estuvieron a punto de lanzarse sus bombas nucleares, lo que hubiera supuesto el fin de nuestro mundo. No sucedió, tanto por la frialdad de los que tenían las últimas decisiones como por protocolos que funcionaron y, también, porque hubo suerte. En el caso de Corea del Norte los riesgos que corre el régimen del país asiático son más elevados que los del resto del mundo, lo cual desequilibra la balanza y le obliga a adoptar una posición más forzada. ¿Es posible llegar a un punto de equilibrio estratégico que impida la guerra nuclear? Seúl, a 50 kilómetros de la frontera norcoreana, y en general toda Corea del Sur y Japón serían los más interesados en que jamás se desatase guerra alguna. Leía hace un par de semanas en una web, no recuerdo cual, una posible solución de armisticio, que era un ejercicio de “real politik” de primera división pero que puede ser efectiva. Aviso que el resultado no es bueno, porque en el punto al que hemos llegado sólo podemos escoger malas alternativas o peores. El articulista defendía la idea de que el régimen de Pyongyang no va a renunciar al arma nuclear por ser esta, como antes comentaba, su seguro de existencia. Por ello, para que desmantele ese armamento, debe tener un seguro de existencia equivalente. La solución pasaba por el reconocimiento del régimen por parte de las potencias mundiales (EEUU, China y Rusia) y la garantía de defensa de estos tres países de la integridad de Corea del Norte y su gobierno. Es decir, que los potenciales enemigos de Corea del Norte juren que nunca la van a atacar a cambio de deshacerse del armamento nuclear. Esto supondría, de facto, que la atroz dictadura norcoreana, que no deja de causar sufrimiento y muerte en su país, sería legitimada como gobierno a ojos del mundo y podría seguir masacrando a su población sin que nada ni nadie se lo impidiera. Sacrificaríamos a los norcoreanos para lograr la estabilidad en la zona. Como verán, no es una buena solución, pero ¿acaso las hay?


Como señala el editorial de The Economist, un enfrentamiento nuclear no es descartable. Sería horrendo, sí, pero posible. Y puede llegarse a él por una secuencia de errores y bravatas, vía televisión o twitter, que hagan que la situación se escape de control. Evitar esa guerra sería el objetivo primordial, y no se si eso está grabado a fuego en la cabeza de quienes tienen que gestionar esa situación. Lo único cierto es que cada peldaño que se sube en la escalera de la tensión facilita que sucedan “cosas” que la conviertan en irresoluble y lleguemos a un punto de no retorno. A partir de ahí los análisis diseñados cuentan las bajas por cientos de miles, los destrozos por inimaginables y la alteración del orden global, absoluta. Hay que desactivar esta crisis como sea.

miércoles, abril 19, 2017

Crece el riesgo de guerra en Corea

No es un titular alarmista el que he escogido hoy, sino uno de los escenarios posibles a los que nos aboca la actual tensión en la península asiática. Creo que es el menos probable, pero no es descartable, y sólo el hecho de que lo veamos como posible indica la gravedad de los acontecimientos que allí se están desarrollando, los golpes sobre la mesa, y bajo ella, que se suceden cada día, y la tensión creciente entre un grupo de actores principales y secundarios que tienen un papel determinante. El problema es que estos actores no cuentan con guion y son sumamente impredecibles. Kim Jong Un y Donald Trump no responden a la lógica, y eso hace todo mucho más peligroso.

El régimen norcoreano es el más hermético y secreto del mundo, no está nada claro qué es lo que pasa ahí ni cuáles son sus intenciones reales de cara a la relación con sus vecinos, más allá del supuesto objetivo básico de la perpetuación del régimen y de los sátrapas que sobre él reinan la nación. Sí parece obvio que los norcoreanos han aprendido las lecciones de Irak y Libia, lecciones que se basan en el amargo trago que supone para un dictador regional alardear de poseer armas de destrucción masiva cuando realmente no las tiene. Jugar de farol con estas cosas hace que puedas acabar colgado de una horca como Sadam o violado y despellejado en una cañería como Gadafi. Por lo tanto, si quieres garantizar tu éxito, no presumas de tener armas superiores. Tenlas y muéstralas. Los ensayos nucleares norcoreanos de hace unos años elevaron mucho la tensión, sí, pero sobre todo otorgaron a Pyongyang un aura de respetabilidad, la que se asocia al miedo. La pasada política de EEUU frente al régimen de los Kim ha sido muy bien descrita por el vicepresidente actual Mike Pende, estos días de visita en Corea del Sur, al afirma que “se ha terminado la época de la paciencia estratégica”. EEUU muestra músculos, y el ataque con Tomahawk a las posiciones sirias y el uso de “la madre de todas las bombas” en el desierto de Afganistán, más allá de las implicaciones en la política interna y la búsqueda de reforzar la imagen presidencial de un alocado Trump, que mucho hay de eso, son un mensaje a la cúpula norcoreana, algo así como “andaros con ojo, que a mi no me da miedo disparar”. Pudiera parecer, por este cruce de acusaciones y bravatas, que el juego sólo se desarrolla entre estos dos países, pero no nos engañemos, hay un tercero, China, que es tan importante como ambos. No sólo porque sea el único que posee frontera con la dictadura norcoreana y, por tanto, puede verse asaltado por una avalancha de refugiados en caso de que se desate una guerra, y no sólo por ser el tradicional aliado del régimen comunista (es una forma de llamarlo) que reina en la zona oscura de la península. China es, económica, política y militarmente, el líder en la zona, y no ve con agrado, siendo comedidos, que tropas norteamericanas se acerquen a sus aguas con la excusa norcoreana, o que sistemas de radares instalados por Washington en Corea del Sur, que sirven para el guiado de los misiles defensivos que ha instalado EEUU en su aliado amenazado, puedan ser utilizados para espiar comunicaciones internas de Pekín. En este sentido la situación recuerda un poco a la ira que le entra a Rusia cada vez que los países fronterizos con ella reclaman la presencia de militares e instalaciones norteamericanas, consiguiendo de esta manera que el enemigo histórico se encuentre justo a las puertas de casa. No es nada probable que EEUU actúe unilateralmente en Corea del Norte sin el acuerdo de China, pero no es descartable, al menos con Trump en el poder. Las últimas declaraciones tuiteras del Presidente sobre el tema incidían mucho en eso, en que las cosas se harán, mejor con el acuerdo de China, pero sin que sea imprescindible. Eso hace aumentar aún más la volatilidad del escenario y sus riesgos.


Y todo esto sucede con Corea del Sur en un estado de nerviosismo que no quiero imaginar. Cerca de cincuenta millones de personas viven en ese país, en torno a una veintena de ellos en el área del gran Seúl, una de las conurbaciones más grandes y densas del mundo. Seúl está a sólo cincuenta kilómetros de la frontera de Corea del Norte, por lo que en caso de que haya cualquier tipo de ataque militar no es necesaria ninguna gran tecnología para causar una masacre de enormes proporciones en esa abigarrada ciudad. Los escenarios bélicos que se manejan hablan de cifras que superan el millón de muertos con una naturalidad pasmosa. Más allá de las pifias que hacen que esta tensión pueda ser tomada a guasa, el escenario coreano es, ahora mismo, junto al sirio, el más peligroso y tenso del mundo. Mucho cuidado con lo que allí pueda acabar pasando.

viernes, febrero 24, 2017

Producciones Corea del Norte presenta

Si no fuera porque se trata del país más nauseabundo de la tierra, del régimen más corrupto y de la más cruel y sanguinaria dictadura, que oprime hasta límites inimaginables a los habitantes que han tenido la desdicha de nacer en esa tierra, lo que sucede en Corea del Norte daría para sainetes de todo tipo. Resulta ridículo hasta el extremo cualquier información que nos llega desde ese mundo, que a veces parece estar más lejos que cualquier exoplaneta distante años luz de la Tierra. El asesinato hace unos días del hermanastro de Kim Jong-Un, el gordito regente de la nación, es una de esas películas que no se presentan a los Oscar del Domingo. De hacerlo podrían ganar de calle. Al menos el premio al mejor guion original.

Kim Jong-nam fue asesinado en el aeropuerto de Kuala Lumpur por un comando que le envenenó con un gas tóxico, que ahora sabemos que es un arma química, lo que hace a todo el episodio aún más rocambolesco. Da no se que saber que en cualquier parte puede haber agentes norcoreanos dotados de armas químicas dispuestos a acabar con sus enemigos sin miramientos. El finado era hermanastro de Kim Jong-un, el actual líder, y es que el padre de ambos, Kim Jong-il, era muy aficionado a las películas, y más a las actrices. Simultaneaba la visión de escenas con la reconstrucción de las mismas y, ya de paso, el fornicio con las mujeres que actuaban en pantalla. Algunas de ellas eran norcoreanas, pero el dirigente no le hacía ascos a las surcoreanas, más bien lo contrario, y cuando se encaprichaba de una, la llamaba para que acudiera a su país y residencia palaciega. Como nadie quiere irse allí, las actrices no contestaban a las seductoras peticiones del “amado líder” y éste optaba por vías más expeditivas. Durante unos años fueron corrientes las incursiones de comandos norcoreanos que entraban en Corea del Sur y secuestraban gente (principalmente actrices) y las llevaban al otro lado de la frontera. De la mayor parte de ellas nunca se supo, y se sospecha que, de seguir vivas, se pudren aún en la presencia de las autoridades de esa tiranía. De una de esas actrices fue hijo Kim Jom-nam, y durante algunos años, entre la camada de hermanos y hermanastros del líder, estuvo entre los predilectos. Pero al igual que la fama y los oropeles del cine, que a veces bendicen a unos pero luego los maldicen, la estrella de Jong-nam dejó de brillar en el paseo de la fama de la residencia de los Kim. Tras unos años de estudio en el extranjero, el joven empezó a pasar bastante de la política (es un decir) norcoreana y se dedicó a visitar casinos, centros de ocio y parques de Disney, mientras mostraba una evidente tendencia al engorde marca de la familia. El régimen empezó a verlo con malos ojos, y dio órdenes para que fuera eliminado, primero de manera interna, y luego ya de cara a la ciudadanía del paraíso norcoreano, que vio en Jong-un a una de las tantas encarnaciones del mal que amenazan la tranquilidad del cielo divino en el que viven sus ciudadanos. El joven Jong-un expreso varias veces su deseo de no volver a pasear por las calles de Pyongyang, haciendo el sacrificio de perderse su rutilante y animada vida. Su idea era sobrevivir a base de no ser nada en el mundo, de desvincularse por completo de su familia y país, de no ser un rival para los jerarcas del régimen. El mundo de los casinos y del ocio nocturno en los depravados, decadentes y subdesarrollados países vecinos le atraía mucho más que el paraíso comunista creado por su familia. Pero resulta evidente que cuando al Kim reinante se le pone algo entre ceja y ceja, y le caben muchas cosas dado que no tiene la cabeza ni el cuerpo pequeño, acaba sucediendo. Ahora el joven Jong-un es un cadáver en la morgue de Kuala Lumpur y la trama de su asesinato no deja de enrevesarse.

Pudiera pensarse que este episodio de rencillas y vendettas en el clan de los Kim es algo asilado, anecdótico, pero nada más lejos de la realidad. Realmente refleja muy bien cómo cada uno de los “amados líderes” de ese régimen han gobernado a su pueblo y mundo. Piensen ustedes que, si así se actúa contra los familiares directos, lo que no se hará sobre, y contra, el resto de la población. Lo dicho, este domingo noche el gordito Kim seguro que será uno de los espectadores de la ceremonia de los Oscar, y todas las películas le parecerán flojas, en comparación con las que inventa y produce desde su guarida celestial. Por el bien de todos, que no se encapriche de Ema Stone en La la land o Amy Adams en La Llegada….

jueves, enero 07, 2016

Corea del Norte juega con la bomba H

¿Se portaron bien los reyes con ustedes y sus hijos? Seguro que sí. Ayer era el día de desenvolver muchos paquetes, estrenar juegos y juguetes y bajar a la calles, si el tiempo lo permitía, para darles uso y enseñárselos a los demás. Todos los niños practican en esta fecha el mismo ritual, y Kim Jong-Un, el dictador de Corea del Norte, que tras su gruesa figura esconde a un niño, o puede que por volumen a varios de ellos, también practicó el mismo ritual. Se autohizo un regalo de reyes en forma de bomba, H dice, salió a la calle y jugó con ella para que todos nos enterásemos de cuál era su nuevo capricho.

Es realmente difícil saber qué es lo que sucede en Corea del Norte, la dictadura más paranoica, oscurantista y errática del mundo. Más allá de saber que el país entero es una cárcel que mantiene a millones de personas alienadas y encerradas, el resto es misterioso. Sólo conocemos lo que el régimen permite que sepamos, y cuando hace pruebas de estas tengan por seguro que no realiza esfuerzo alguno por ocultarlas, como ha sucedido esta vez. Hace ya algunos años Corea del Norte hizo una prueba nuclear llamémosla convencional, una bomba de fisión estilo Hiroshima, y desde entonces el régimen se convirtió en intocable, llevando a la práctica una de las grandes lecciones de la guerra de Irak de 2003, que es que si te acusan de tener armas de destrucción masiva y las utilizas no te invadirán, de lo contrario pensarán que vas de farol y te harán la guerra. La bomba demostró que los coreanos del norte, a la hora de resolver el problema que vivieron los rusos durante la guerra fría, la disyuntiva entre cañones y mantequilla, poderío militar versus desarrollo civil, han optado por profundizar aún más en la intensidad de sus hambrunas. Para cualquier nación el desarrollo de la bomba supone un gran esfuerzo tecnológico y presupuestario, como se ha visto estos años con el caso de Irán. Avanzar el siguiente paso, que es la bomba de hidrógeno, una de fusión en la que la bomba atómica original actúa como detonador (háganse una idea de la potencia que se puede obtener) es algo mucho más difícil y complejo. De hecho, en el club nuclear formado por los países que poseen la bomba, lo hayan declarado o no, creo, aunque puedo equivocarme, que sólo EEUU y Rusia (puede que China y Reino Unido también, pero no estoy seguro) poseen armas termonucleares, la forma elegante de llamar a la bomba H, y además miniaturizadas de tal manera que pueden cargarse en la ojiva de un cohete, lo que da como resultado las “cabezas nucleares” de las que tanto se hablaba en los ochenta, y que o bien convencionales o H, alcanzaban cifras de millares para cada uno de los dos contendientes en la guerra fría y de decenas, o pocas centenas, en el resto de países, muchos de ellos sin tecnología portadora de cohete. La capacidad destructora que posee una bomba de este tipo es, simplemente, inimaginable, y al contrario de lo que sucede con las convencionales, carece de límite teórico para su crecimiento, dado que si en las clásicas la cantidad de uranio o plutonio que se puede fabricar para la bomba es siempre restringida, el hidrógeno que actúa como explosivo en las H (se fusiona formando núcleos de helio como en el Sol) es casi ilimitado y, una vez puesta en marcha la reacción, la potencia de la bomba depende de la cantidad de hidrógeno que contenga. El fin último de estos monstruos era el de destruir, de un solo golpe, las grandes ciudades del país rival, y destruir quiere decir arrasar por completo cientos de kilómetros cuadrados desde el punto de impacto, sin que nada pueda sobrevivir. El infierno nuclear.

Hay muchas dudas sobre lo que realmente hizo estallar ayer el psicótico régimen norcoreano, pero parece aceptado que fue otro artefacto de origen nuclear, según algunos expertos una bomba atómica convencional reforzada. Habrá que esperar a los análisis y estudios, pero en todo caso supone un nuevo paso adelante en la paranoica y absurda escalada de una dictadura infecta que, cuando caiga, que algún día lo hará, nos mostrará hasta qué punto de horror y vileza han llegado sus métodos. Lo más relevante de lo sucedido ayer es que no podemos olvidar que Corea del Norte es una tiranía absoluta, y que sus más de veinte millones de personas viven encarceladas. Eso es lo nuclear del asunto.

miércoles, abril 03, 2013

Las bravatas de Corea del Norte


Parece que Corea del Norte, envidiosa del protagonismo de la crisis europea en los medios internacionales, ha decidido hacer ruido para llamar la atención y que todo el mundo se fije en ella. Puede ser que estuvieran previstas procesiones de Semana Santa en Pyongyang y se hallan suspendido por la lluvia, o que los altos dirigentes del país tuvieran dinero en Chipre y se han cabreado viendo como ahora ya no pueden recuperarlo. Es poco probable que haya sido por alguna de estas causas, pero es tan difícil saber realmente porqué…

Y es que lo único que se tiene claro del régimen norcoreano es que no se sabe anda. No se tiene ni la menor idea de qué es lo que pasa en el país y, mucho menos, lo que sucede en las interioridades de un gobierno militar extremista, opaco, psicodélico y paranoide. Si no fuese porque todo lo que allí pasa bordea la más infame de las tragedias la situación del país llamaría a la risa y el chiste continuo. Primera monarquía comunista, Cuba tiene el dudoso honor de ir camino de ser la segunda, el actual dirigente supremo, el famoso y jovencito Kim Jong-Un es un chaval que a primera vista parece un candidato a un programa de reducción de peso por el aspecto que tiene de ser adicto a la comida basura. Lo pilla el alcalde de Nueva York y le pone a dieta ipso facto. De edad indeterminada, aunque se sospecha que menor de treinta años, casado y no se sabe si padre o no, que de todo hay rumores, el “comandante brillante” que así es llamado por los medios locales (bueno, el medio, que es una mera extensión del régimen) se hizo con el poder tras la muerte repentina de su padre Kim Jong-Il, el avejentado aficionado al porno y las películas del oeste, que entronizó a su padre Kim Il-Sung como presidente perpetuo del país para siempre jamás, sin importar que llevase muerto ya unos cuantos años. La muerte de Jong-Il nunca ha estado clara, se habló de numerosas enfermedades y derrames, pero es evidente que su hijo estaba muy joven y verde cuando llega al cargo y se hace con el control del estado y el ejército, que viene a ser lo mismo. Es probable que, como pasa en todas las dictaduras, el nuevo regente quiera dar golpes de autoridad para afianzar su liderazgo, y de hecho ha habido rumores de purgas y destituciones en la cúpula militar norcoreana, se dice que con sádicos fusilamientos de por medio, pero nada es seguro, y como esta dictadura es tan especial no está nada claro que ese tipo de comportamientos se den con las mismas características ya comprobadas en otros regímenes totalitarios. Es en este contexto, es decir, en medio de la nada, donde debemos enmarcar la escalada de declaraciones y amenazas que Corea del Norte lleva lanzando las últimas semanas, anunciado el fin del armisticio que mantiene con su enemiga Corea del Sur y llegando a afirmar que arrasará EEUU, Japón y todo lo que se le ponga por delante (sólo le ha faltado mencionar Chipre). Se sabe que el ejército del gordete Jong-Un es uno de los más grandes del mundo por el número de soldados, quizás el primero, con creo recordar seis millones de personas, una cuarta parte de la encarcelada población local, pero se le supone pobre de medios y dotado de una tecnología desfasada. Cierto, tienen el arma nuclear, y por eso se les teme y hace caso, pero en una fase de desarrollo que impide poder cargarla en un misil balístico y lanzarla contra un objetivo, cercano o lejano. Puede ser utilizada en un bombardeo clásico (soltarla desde un avión) pero dados los sistemas de guiado de misiles que tiene instalados EEUU en los países cercanos a la frontera norcoreana esa hipótesis es, como poco, remota. Sinceramente dudo que Corea del Norte esté en condiciones de lanzar una guerra como tal contra Corea del Sur. Sin embargo, a saber.

¿Estamos por tanto ante un riesgo serio de escalada local y, si todo se pone feo, global? ¿O sólo asistimos a una bravuconada de un líder que no controla a sus huestes y quiere hacerse el duro ante ellas? No está claro, pero me inclino a pensar en lo segundo, a sabiendas del enorme peligro que supondría lo primero. Corea del Norte está jugando con fuego y, aunque todo sea un amago, el riesgo de quemarse es elevado. Recordemos que Seul está a escasos cien kilómetros de la frontera norcoreana y que el peso económico y tecnológico de esa zona en el mundo es trascendental (por ejemplo, las pantallas táctiles de todos los móviles se hacen en Corea del Sur) así que habrá que estar atentos a lo que el joven Kim Jong-Un hace después de zamparse cada una de sus macrohamburguesas del desayuno.