Mostrando entradas con la etiqueta Geología. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Geología. Mostrar todas las entradas

martes, septiembre 21, 2021

Imparables lenguas de lava

Estamos más acostumbrados a las inundaciones, procesos rápidos, bruscos, en los que una ola de agua, barro y lodo se abate sobre propiedades y causa destrozos en un tiempo breve. Lo sucedido este verano en Alemania y en zonas de Castellón, Toledo o Tarragona, o el riesgo de que algo similar pase hoy o mañana en Baleares es lo que se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos algo que arrasa nuestras casas. Es doloroso, cruel, pero al día siguiente el agua ya no está. Quedan sus consecuencias, pero las calles se acaban limpiando, y con esfuerzo, dinero y paciencia muchas cosas se acaban reconstruyendo. Las inundaciones dejan cicatrices en el paisaje, pero lo rompen del todo.

Lo de la lava de un volcán es otra cosa muy distinta, un fenómeno completamente diferente en todas sus dimensiones, y para el que no estamos realmente preparados, no ya en los aspectos técnicos, sino sobre todo en los conceptuales. Vemos las imágenes de La Palma y lo que se ha formado bajando la montaña no es exactamente un río de lava, sino una especie de aglomerado, similar a lo que pasaría si cientos de hormigoneras empezasen a verter su contenido en una calle. Una masa pétrea, no muy viscosa, pero flexible, que avanza despacio, y que como un glaciar, no puede ser detenido de ninguna manera. Llega a las propiedades y las aplasta, carboniza, prensa, quema y destruye con una fiereza metódica y aplastante. La sensación de impotencia que produce es enorme, y se acrecienta por la especie de cámara lenta a la que se desarrolla el proceso. En la inundación muchas veces hay que salir corriendo porque el agua llega de golpe y o tiras de tus piernas y lo dejas todo atrás o estás muerto. Aquí no, los desalojados pueden, como lo hacen los medios de comunicación, acercarse a las propiedades y ver como, a unos cientos de metros, una pared de lava se aproxima. Una masa de varios metros de altura que va sepultándolo todo. Contemplan a su exterminador caminando despacito, a golpe de pedrusco que se desprende del magma y permite que una nueva porción de colada le sustituya, acercarse a sus propiedades. Escuchan el crujido de cada una de las estructuras de lo que fueron sus casas, enseres, arbolados, fincas, en medio del fragor de fondo de la incansable erupción. Esa masa deforme de lava y rocas crea terreno, aplasta lo que existía para sepultarlo bajo varios metros que, cuando se enfríen, se convertirán en sólido suelo pétreo, duro como roca que es, haciendo que lo que existió desaparezca por completo, borrado de la faz de la tierra, que precisamente ve su rostro alterado. La extensión de las lenguas de lava es caprichosa, en función del terreno por el que avanzan, no son excesivamente anchas, pero allí por donde pasan crean un tajo imposible de disimular, en el que su presión y fuego gangrenan el terreno que antaño fue cultivo, pastos, residencial o de servicios, para convertirlo en negrura absoluta, en una especie de asfaltado natural que no tiene alternativa. Cuando la erupción termine, quién sabe cuándo será eso, la imagen de la isla habrá cambiado, imposible decir hoy en qué cuantía y dimensión, pero las zonas arrasadas se encontrarán sepultadas bajo toneladas de roca dura, y muchas de ellas serán completamente irrecuperables. La afección no sólo es superficial, dado que estructuras subterráneas como acuíferos y manantiales también se habrán visto afectadas, por las filtraciones de gases que emanan de la mole que se mueve sobre ellas, por no hablar de bodegas y construcciones subterráneas, al parecer abundantes en la zona, que ahora se encuentran sepultadas a mucha mayor distancia de lo que antaño estaban. El efecto sobre lo que existía es similar a un bombardeo perpetrado por un ejército enemigo, que realizase numerosas pasadas para destruir con saña todo lo que sobre el suelo levantase cabeza. Y aun así la comparativa se queda corta.

A medida que la erupción avanza y nuevas grietas se abren sobre el terreno crece el número de evacuados, que saben que sus vidas ya no serán como las de antaño pero que no tienen manera de conocer cuándo podrán no ya regresar a sus inexistentes hogares, sino simplemente escuchar el silencio que antaño mandaba en la isla en la que vivían y, en muchos casos, nacieron. La evolución del fenómeno tiene mucho de caótico y resulta imprevisible, y lo único que pueden hacer los expertos es medir, ver, tomar datos, usar su experiencia para tratar de atisbar lo que puede ser más probable que suceda, pero nunca mojarse, porque saben que el espectáculo durará lo que la caprichosa naturaleza quiera. Y para los desalojados, ¿qué consuelo les queda? ¿Cómo afrontar una nueva vida desde la nada? Esas grietas que se abren tampoco se sabe cuándo se podrán cerrar.

lunes, septiembre 20, 2021

Erupción en La Palma

Sí, pocas cosas imaginables faltaban para que la actualidad de este año superase a todo lo imaginado. El listón en enero se puso muy alto, con unos extremistas con cuernos asaltando el Capitolio en Washington y una nevada sepultando Madrid, pero a la realidad le gusta superarse. Al poco de empezar el año tuvimos un enjambre sísmico en la zona de Granada Santa Fe, seguro que alguno de ustedes se acuerda, que genero mucho miedo entre la población y alarma por lo que pudiera llegar a pasar. Los movimientos causaron noches de pánico y de estancia al raso, y no pocas grietas en viviendas y otros edificios, pero como vinieron, los temblores se fueron. Ya en su momento los expertos advirtieron que estos procesos no son predecibles.

El fatídico 11 de septiembre, hace apenas una semana, se puso en marcha un nuevo enjambre sísmico en la zona de cerro viejo, en la parte sur de la isla canaria de La Palma. Esta isla, la segunda más joven del archipiélago, posee paisajes propios de las películas de aventuras, con enormes barrancos y cortados cubiertos de vegetación, y es el resultado de dos procesos eruptivos, uno, el principal, que crea toda la zona norte, es la caldera de Taburiente, un enorme cono volcánico desplomado en su flanco suroeste, y otro, en la zona sur, fruto del volcán de cumbre vieja, de menor tamaño, pero mucha mayor actividad. Los sismos que empezaron el sábado 11 adquirieron regularidad e intensidad a lo largo de la semana, y mostraban una clara tendencia a ir disminuyendo de profundidad. Para los expertos la cosa estaba clara, una enorme masa de magma presionaba desde la profundidad de la tierra, intentando salir, y eso generaba una tensión en la superficie. El proceso de deformación de la zona sur de la isla iba a más a lo largo de los días, y la posibilidad de que se produjera una erupción a corto plazo aumentaba. Dado que estos procesos se pueden intuir pero no prever, se decidió por parte de las autoridades la activación del plan ante erupciones que existe en el archipiélago, el llamado Pevolca, y comenzaron las reuniones de los técnicos y responsables políticos con los habitantes de la zona previsiblemente afectada, parte sur y orilla oeste de la isla. El sábado, con movimientos cada vez más superficiales, se decidió que era conveniente evacuar de algunos municipios a las personas dependientes, con movilidad reducida y, en general, las más vulnerables, por si acaso. Fue una decisión muy acertada, porque estos fenómenos avisan, sí, pero son traicioneros, y las cosas pueden ser inminentes y no darse o ser tranquilas y, de repente, desatarse sin control. Ayer por la mañana se produjo un movimiento de intensidad superior a tres con una profundidad de apenas un kilómetro, lo que se parece mucho en vulcanología a una cuenta atrás antes de la puesta de largo de la erupción. Y así fue esta vez. Pasadas las tres de la tarde hora canaria, las cuatro peninsular, en una anodina tarde de domingo nacional, una columna de humo y cenizas se elevó al cielo desde Cumbre Vieja y anunció, con gran estrépito, que el volcán se activaba tras cincuenta años desde su última erupción. El nerviosismo cundió entre la población de los núcleos cercanos, localidades pequeñas, eminentemente agrarias, y con bastante población dispersa, y los planes de evacuación que habían sido puestos en marcha el día anterior se aceleraron, de tal manera que para la tarde noche de ayer era unas cinco mil las personas que habían sido desalojadas de sus casas y conducidas a polideportivos y centros similares de localidades mayores, alejadas de la actividad eruptiva, como Tazacorte o Los llanos de Adeje. Afortunadamente no se ha producido incidencia alguna en el proceso de desalojo y, a esta hora, podemos decir que el balance de la erupción es nulo en lo que hace a muertos y heridos, lo que es todo un logro. Los planes de aviso y desalojo han funcionado correctamente y la profesionalidad de todos los implicados en ellos ha sido muy reseñable, y digna de todo elogio.

No se puede decir lo mismo, obviamente, del balance material de la erupción. Desde ayer la presión magmática ha rajado la montaña en, parece en este momento, ocho puntos en los que se produce la expulsión de lava de manera violenta pero, afortunadamente, no explosiva. Ríos de colada bajan lentos y densos por la ladera de la montaña camino al mar, a un paso de anciano caminante, pero imparables, arrasando viviendas, propiedades, campos de cultivo e infraestructuras, sin que se pueda hacer nada para evitarlo, salvo seguirlo al minuto para saber si esta o aquella vivienda, o ambas, serán destruidas. El espectáculo del volcán es hipnótico, pero para los habitantes de la zona supone la ruina total, la destrucción de su entorno y propiedades. Y es imposible saber cuánto tiempo la actividad volcánica seguirá y hasta dónde llegarán sus efectos. Toca esperar y, asombrados, ver.