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lunes, julio 06, 2026

Venezuela es una ruina

Transcurrida ya más de una semana desde que tuvo lugar el terremoto de Venezuela, aún es posible la existencia de milagros en forma de supervivientes rescatados bajo los escombros, pero las probabilidades son ya mínimas. Sólo aquellos que hayan sido localizados por los rescatistas y se les haya podido aprovisionar con agua pueden aguantar el tiempo necesario para que, tras el desescombro, sean rescatados con vida. El resto, o ya han fallecido o agonizan. Muchos de los voluntarios llegados de todo el mundo para auxiliar a las víctimas ya dejan el país ante la imposibilidad de nuevos rescates, y la tragedia empieza a perder puestos en el ranking informativo global.

Si Venezuela era ya una nación torturada por la opresión de su régimen, esta aleatoria catástrofe natural supone su ruina en el sentido literal del término. Antes sólo estaba arruinada, ahora el paisaje de escombros se repite por numerosas localidades del país. Como suele suceder en estas ocasiones, los gobiernos se ven superados por los acontecimientos, pero si en el caso de una democracia esto es grave, en una dictadura como la que se gestiona desde Caracas las consecuencias para la ciudadanía son insoportables. La incompetencia, la falta de recursos, de medios, de todo lo imaginable para rescatar o aliviar los daños personales aparecen con la mayor de las crudezas, porque el régimen chavista es muy bueno reprimiendo, por la cuenta que le trae para seguir en el poder, pero es la necedad absoluta en todo lo demás. Si en las coyunturas normales la gestión chavista ha sido capaz de hundir la economía venezolana hasta unos límites propios de la miseria más extrema, ni les cuento lo que va a pasar a partir de ahora. Privado de recursos y capacidad, el régimen tratará de cubrir con propaganda los desconchados y hacer creer a los propios que lo sucedido es poco más que una fatalidad, pero que en ningún caso es excusa para denunciar la corrupción que todo lo llena o la mera incompetencia. Por si fuera poco, el proceso de tutela que vive el país, sometido a los designios de Trump, no ayuda para nada. Al poco de producirse el seísmo se lanzaron declaraciones de apoyo desde la Casa blanca y se anunció el envío de material pesado y equipos especializados, pero la impresión de los que se encuentran sobre el terreno es que la ayuda norteamericana no se ve en abundancia. Algo hay, pero ni mucho menos de manera masiva. Conociendo los intereses de los que rigen la nación norteamericana es probable que su interés se mantenga puesto únicamente en las zonas extractoras de petróleo, situadas en una región bastante alejada de las que han sido más afectadas por el temblor. Si no se han producido daños importantes en las instalaciones petroleras del país es casi seguro que la administración Trump haya perdido todo interés en lo que hace a rescates y ayuda humanitaria, por lo que se mantendrá al margen y solo moverá un dedo para apuntalar al régimen. Si hay movimientos opositores de damnificados, que se ven, con toda la razón, abandonados a su suerte, es casi seguro que las fuerzas represoras manadas por Delcy y compañía sí que les respondan con la contundencia habitual y, de necesitarlo, contarán con todo el apoyo por parte de los norteamericanos. Las últimas noticias conocidas en las que EEUU actúa en contra del posible regreso de Marina Corina Machado a su país, en medio de la debacle, deja bien claro cuáles son las intenciones reales del régimen y de las fuerzas que lo controlan. Si los demócratas venezolanos esperan que de las ruinas de Caracas o la Guaira surja algún tipo de alternativa política al régimen, ya pueden ir perdiendo toda esperanza. Delcy es una buena lacaya de los intereses trumpistas, y si antes no se conmovía por la suerte de los suyos, ahora tampoco.

¿Qué esperar a partir de ahora? No lo se, pero las cifras de muertos y damnificados, que serán mucho más altas que las oficiales, abocan al país a una situación de desastre difícil de imaginar. Si la pobreza ya estaba generalizada, y la violencia urbana era un mal endémico, ahora a todo eso se le une un nivel de destrucción difícil de imaginar. La falta de recursos para reconstruir lo dañado aboca a miles de personas a malvivir en medio de un escenario de ruinas que pueden perpetuarse años y años. Quizás el terremoto sea el paso que lleve a Venezuela a “cubanizarse” a entrar en el más profundo escalón de la pobreza. Ojalá no sea así, pero pinta muy muy mal.

viernes, enero 09, 2026

Los venezolanos no importan

En una entrevista que concedió ayer a su canal amigo de televisión, la FOX, el vicepresidente de EEUU, JD Vance, mano derecha de Trump y más que posible sucesor, a la pregunta del entrevistador sobre en qué iba a mejorar la vida del norteamericano medio con el ataque a Venezuela, se mostró tan directo y carente de escrúpulos como su jefe. Afirmó que ahora mismo los inmensos recursos naturales del país están en manos de EEUU y que en un futuro no muy lejano la gasolina y otros costes que pagan los americanos verán reducido su precio por la explotación que de esos recursos se va a llevar a cabo.

Es un perfecto ejemplo de mentalidad colonialista del siglo XIX. Si algo me interesa, me lo quedo, y si es de alguien, si soy más fuerte, se lo quito. Hasta no hace mucho EEUU mantenía un discurso de promoción de la democracia en el mundo, mezclado no pocas veces con explotación de recursos de por medio, pero existía un sustrato ideológico de desear la expansión de los regímenes liberales por el mundo, sobre todo cuando existía un antagonismo dictatorial como fue el caso de la época de la guerra fría. Ya no. Los actuales líderes de esa nación actúan desde la prepotencia más absoluta, la de saberse poseedores del mayor ejército del mundo y de la capacidad de imponer una fuerza desproporcionada sobre todos los demás que se les crucen en el camino. En el caso de Venezuela el argumento exprimido por la administración Trump ha sido el del vínculo de Maduro con redes de narcotráfico, y esa es la causa por la que va a ser juzgado en suelo norteamericano, pero es obvio que si Maduro estaba compinchado con cárteles, cosa que es perfectamente posible, otros miembros de su régimen no se dedicaban a la beneficencia. Diosdado Cabello o los hermanos Rodríguez también formarían parte de una estructura delictiva. Lo que es obvio es que todos ellos componían la cúpula del poder dictatorial venezolano, cúpula descabezada, pero que se mantiene casi intacta en el resto de niveles, tras el ascenso de Delcy al poder. Ayer varias fuentes de la administración Trump hablaban de que el control del país se puede mantener durante años, porque expoliar sus recursos no va a ser tarea fácil ni rápida. Eso va a requerir notables inversiones, presencia sobre el terreno de compañías privadas petroleras y fuerzas militares de defensa, y más que sustanciosos ingresos tanto para la potencia colonizadora como para los jerarcas actuales del chavismo, que van a ver cómo lo que antes robaban se queda convertido en poca cosa frente a lo que van a poder llevarse ahora. Con estos réditos a la espera es más que lógico suponer que Delcy, y otros, traicionasen a Maduro para quedarse con el poder y repartirse un jugoso botín. La falta de escrúpulos está bastante bien repartida entre todos los personajes de este drama. Y algo que también comparten todos ellos es el absoluto desprecio al pueblo venezolano. Los millones de ciudadanos de ese país que malviven en él y los que han tenido que huir, por la miseria o por la persecución, no cuentan para nada en esta ecuación, son comparsas, decorado sobre el que actúan los poderosos. Quizás algo de las inmensas cifras que se acaben deduciendo de toda la corrupción que se va a poner en marcha ahora caigan hacia algunos sectores de la población del país, pero lo que les pase a los venezolanos, en su futuro político y económico, es lo que menos le importa a Trump y a su camarilla, y a Delcy y los suyos. Ambos han firmado un pacto bañado en crudo, la necesaria sangre y fortunas futuras a la espera. Todo lo demás es disimulo, ruido y algo de propaganda, tampoco mucha, que no hace falta vestir demasiado la colonización que viene.

Ayer fueron liberados en Caracas cerca de un centenar de presos políticos, de esos que los que apoyan al régimen entre nuestros ciudadanos dicen que no existen, en lo que parece un gesto de buena voluntad, pero que no cambia mucho las cosas. La represión se mantiene, la posibilidad de reconocer a Edmundo González, ganador de las elecciones de 2024 como presidente es nula, y la estabilidad de Delcy y los suyos en el poder se consolida día a día en medio de cesiones ante los mandatos de Trump y promesas de enriquecimiento para los que le sean leales. El futuro del país es oscuro, y la esperada transición democrática no es deseada por ninguno de los que ahora mismo detentan el poder, tanto en Caracas como en Washington.

jueves, enero 08, 2026

Se lo lleva crudo

Cuando usted ya estaba incumpliendo los primeros propósitos de año nuevo, incluso antes de que muchos renunciaran a su primera sesión de gimnasio por eso de “bueno, queda mucho año por delante” Trump ya estaba maquinado cosas para dejarnos a todos pasmados, y escogió Venezuela como el primero de sus objetivos, país que se encontraba en el punto de mira, literalmente, desde hace ya tiempo. Era evidente que el despliegue militar realizado en torno a las aguas del país caribeño no podía ser sólo un teatro, era demasiado aparatoso e intenso para quedarse en mera fanfarronada. Y en efecto, se usó.

El Sábado 3 de enero se puso en marcha una operación militar que, con el bombardeo previo de algunas instalaciones militares en Caracas y alrededores, llevó a cabo la captura de Nicolas Maduro, el presidente del país, el líder de la dictadura que oprime a los venezolanos. A lo largo de ese día las impresiones de los que seguíamos las noticias, al menos las mías, iban cambiando a la vez que se superponían. Evidente sorpresa por lo sucedido, por la forma y el éxito aparente de una operación de descabezamiento del régimen. Alegría por la caída de un dictador que ha oprimido a su país durante años, condenándole a la miseria económica y la represión. Inquietud por las formas, por la absoluta violación del derecho internacional que suponía que una nación, EEUU, se arrojase por su cuenta y riesgo la labor de descabezar a otra nación soberana y atacar su territorio, aunque fuera de una manera quirúrgica, como parecía que había sido el golpe, sensación de “deja vu”, de vuelta a unos años sesenta y setenta donde Washington imponía a sangre y fuego los liderazgos en una América Central y del Sur donde la democracia era una aspiración vana… todo agolpado a lo largo de una mañana en la que las noticias se sucedían sin parar, hasta llegar a un mediodía en el que se confirmaba que Maduro, apresado, ya iba camino a EEUU, a una cárcel en Brooklyn, uno de los distritos de Nueva York. La sucesión de opiniones y especiales en los medios no cesaba, en medio de unas vacaciones navideñas pre Reyes que ya habían quedado suspendidas para todos. Había aún bastante confusión, incluida entre los venezolanos opositores al régimen, que veían con asombro el derribo del tirano y el surgimiento de una esperanza pero, al menos así lo creía yo, era necesario esperar a la comparecencia de Trump, prevista para la tarde de ese sábado, para tener una idea medianamente cierta tanto de lo que había pasado como el cómo y las consecuencias de lo que vendría después. Esa aparición ante los medios se produjo en su casa de Florida, desde donde se dirigió toda la operación, en una nueva muestra de cómo el magnate considera la presidencia de su país como un negocio privado en el que la institucionalidad y las formas no son sino obstáculos a su megalomanía. Las explicaciones empezaron con retraso, pero a los pocos minutos de la misma empezó a quedar bastante claro no sólo que estábamos ante un nuevo espectáculo televisivo de Trump, de esos que tanto le gustan, sino que la captura de Maduro no se enmarcaba en ningún plan de derrocamiento de la dictadura chavista y de la vuelta de la democracia al país, no. Todo era una operación destinada sí al descabezamiento del régimen, y sí, sobre todo, a la puesta de Venezuela bajo tutela norteamericana para que los recursos naturales del país, especialmente el petróleo, pero no sólo, fueran gestionados, explotados e ingresados por empresas norteamericanas. No estábamos ante la caída de la dictadura, sino a su sometimiento ante otro régimen, que parece ir encaminado a serlo.

Transcurridos algunos días desde los hechos del 3 de enero, es evidente la desvergüenza absoluta con la que la administración Trump trata a la oposición venezolana y la obsesión que mantiene con el control del petróleo y sus ingresos. Estamos ante una mera operación de robo, de apropiación, de asalto. La sucesión en el régimen, a cargo de la muy conocida Delcy, garantiza estabilidad y represión de puertas para dentro y la tutela que EEUU va a poner sobre ella determinará que la mayor parte de los ingresos generados por el país se queden en Washington, incluso en la propia familia Trump, convertida en una satrapía. No va a haber transición democrática en Venezuela, sí un acuerdo entre mangantes, nacionales y extranjeros.

viernes, diciembre 12, 2025

Marina Corina Machado en Oslo

Mientras en España las tramas corruptas del desgobierno sanchista empiezan a reventar una detrás de otra y los juzgados se preparan para años y años de trabajo, en medio del silencio cobarde de los que respaldan o viven del agónico mandato de lo que antaño fue el PSOE, en Oslo, al día siguiente de al entrega del Nobel de la Paz, Marina Corina Machado pudo llegar a la ciudad y presentarse ante la multitud congregada en el hotel en el que se alojan las personalidades relacionadas con ese galardón. Fue su hija la que subió al estrado el jueves y pronunció el discurso de agradecimiento y aceptación. Ayer Marina era, nuevamente, la protagonista.

Su huida de la cárcel que es Venezuela refleja bastante bien lo que supone vivir en una dictadura, llevar una vida en la clandestinidad y oponerse, jugándose el tipo, a los designios del omnímodo poder que no duda en golpear con toda la fuerza posible a quien ose levantarse contra él. Las dictaduras funcionan como cárceles en ambos sentidos, acceder a ellas es difícil desde el exterior, y escaparse resulta aún más complicado, porque una de las obsesiones de todo régimen autoritario es que la población viva confinada, ajena al exterior, sin posibilidad de evadirse. Por eso la salida de Machado del país ha debido de ser una aventura de lo más rocambolesca, y con peligros de todo tipo, porque si llega a ser descubierta es más que seguro que las fuerzas del régimen la hubieran encarcelado en alguna prisión y su hubiese frustrado toda posibilidad de viajar a Oslo. Una vez que ha llegado, Machado tiene dos retos importantes por delante. Uno, el de intentar volver, algo poco recomendable y difícil de lograr de manera clandestina. El otro es el de lidiar con la situación en la que se encuentra ahora mismo su país fruto de la presión militar norteamericana y de sus desconocidas intenciones. Machado, y con ella todos los que ansiamos la libertad, soñamos con la caída del dictador Maduro y de su régimen, pero mi opinión es que esto no puede hacerse mediante una intervención militar expresa de EEUU que, por así decirlo, tome Caracas, o detenga al dictador, o se lo cargue. Esa no sería la manera de lograr la libertad para aquel país, porque contaminaría el proceso de oposición democrática que lleva años enfrentándose al régimen de manera pacífica. Machado lo sabe, y en sus declaraciones desde que ha llegado a Oslo se ha mostrado ambigua, alabando por un lado la presión que Trump está haciendo contra el régimen, pero dejando claro que serán los venezolanos los que recuperen su libertad. La imagen de soldados norteamericanos asaltando el país es lo que necesita un personaje siniestro como Maduro para convertirse en mártir a los ojos de una parte de la opinión pública global, y de, también, capas de la población venezolana. Si, como se ha dicho, se ha negociado una salida para el dictador de tal manera que tenga inmunidad y pueda dejar el país a la búsqueda de un exilo en lugares amigos (Rusia, Bielorrusia, no descarten Madrid) el fruto de esta movilización militar de EEUU puede hacer que caiga la dictadura sin que se produzca un enfrentamiento real, y en ese caso el amago habría sido válido, pero como realmente nadie sabe lo que planea Trump y su círculo más íntimo la inquietud no hace sino crecer en todas partes. El último de los movimientos ha sido la toma de un petrolero venezolano por parte de las fuerzas norteamericanas, acusado de contrabando. Es cierto que este barco parece que sí figuraba en algunas listas que recogen material usado por redes ilegales en sus procesos de tráfico de sustancias y mercancías, pero la imagen de los helicópteros y soldados de EEUU tomando el buque ha desatado aún más nerviosismo.

¿Estamos ante un proceso de amenazas crecientes para que Maduro se de cuenta de que no tiene alternativa y debe huir? ¿La marcha de Maduro provocará que el régimen, en manos de los militares, se avenga a razones y acepte un proceso de transición? ¿Tiene planes EEUU respecto al petróleo y recursos naturales de Venezuela que no ha hecho públicos? ¿Es Venezuela el primero de una serie de intentos de volver a someter bajo su dominio a los países latinoamericanos, renovando la doctrina Monroe del “patio trasero”? Nadie lo sabe, Machado tampoco. Por ahora, festejemos que disfruta de días de libertad y reencuentros con los suyos, pero el futuro de Venezuela es una total incógnita.

viernes, diciembre 05, 2025

Ejecuciones en alta mar

Sigue sin estar nada claro cuál es el objetivo del despliegue milita norteamericano frente a las costas de Venezuela, peo sí sabemos lo que hace con las presuntas lanchas de narcotraficantes que navegan por esas aguas. Las elimina. Desde que empezó esta campaña son numerosas las embarcaciones que han sido atacadas y hundidas por impactos de misiles lanzados desde aviones de EEUU, y la cifra de fallecidos se estima que ya anda por los ochenta, que no son pocos. Uno sería más que suficiente para que estuviéramos ante el dilema de lo que está sucediendo, porque lo que hace EEUU en esas aguas es completamente ilegal.

Cierto que esas embarcaciones pueden ser de narcos, portar drogas y servir para abastecer las líneas logísticas de los traficantes que luego las introducen en el país norteamericano y en otros, no lo niego, pero aun suponiendo esto, ¿Cuál es la legitimidad que tiene una nación para ir ejecutando a personas en el mar? Se puede hostigar a esas naves y forzarlas a que regresen a sus puertos, establecer un cierto bloqueo que permita el tráfico comercial y que ante naves sospechosas se ofrezca resistencia, pero esto de atacarlas como si estuviéramos ante un videojuego resulta inconcebible. Por la misma regla de tres la Guardia Civil podía avisar al ejército cada vez que se detecta una narcolancha en el estrecho o en la zona del Guadalquivir, y que un helicóptero artillado acudiese y la hiciera estallar en mil pedazos, asesinando a sus ocupantes. ¿Cómo lo veríamos? El ajusticiamiento del presunto delincuente no es justicia, sino dictadura. Por esa regla de tres Trump puede decretar que todo lo que no le guste es susceptible de ser disparado, y a buen seguro que estaría encantado de que así fuera. En fin, en medio de este debate en el que poca gente entra sobre lo que pasa en el Caribe, esta semana sí se han oído voces críticas en EEUU contra estas actuaciones porque en una de ellas se ha producido un hecho aún más grave. Se produjo el ataque aéreo sobre el buque y las imágenes posteriores mostraron que algunos de sus tripulantes seguían con vida, y desde el Departamento de Defensa, ahora renombrado como de Guerra, se ordenó rematarlos, cosa que la marina norteamericana hizo. Varios medios del país y congresistas han clamado diciendo, con razón, que si el ataque a las lanchas es un acto de difícil soporte jurídico, esta escalada no puede sino considerarse como una ejecución para la que el gobierno norteamericano carece de justificación ni de cobertura legal. Es un acto de lo más crudo y cruel y no hay forma de defenderlo. Ante el revuelo organizado, el Secretario de Guerra, Hegseth, trumpista hasta la médula, ha ido usando discursos alternativos en los que, en unos casos, admitía lo sucedido y en otros decía no saber si realmente había supervivientes tras el ataque inicial o no. Como buen cobarde que es, ha descargado las culpas de todo lo que haya podido suceder en un almirante naval, y se ha reafirmado en el discurso de dureza de la actual administración contra las drogas, la delincuencia, la inmigración y todo lo que suene a no trumpista. Hegseth es un ex presentador de la Fox, un Javier Ruiz de allí para entendernos, un indocumentado que poco más sabe a parte de mirar bien a la cámara, y que está al frente de la mayor maquinaria militar del planeta. Pillado ya en más de una ocasión compartiendo planes secretos de operaciones militares con conocidos en una red social no protegida, un grupo de Signal, Hegseth es de las personalidades más polémicas y peligrosas de toda la administración Trump. Su desprecio a todo lo que no sea él mismo es elevado, y las muestras de desafección que ha dirigido a Ucrania, y en general a toda Europa, lo definen muy bien. De gatillo fácil, no duda en usarlo, y ha convertido a las aguas del caribe venezolano y aledaños en su particular campo de tiro en el que, como si fueran platos, no duda en lo más mínimo a la hora de ejecutar. Le da absolutamente igual la vida de los que van en esas lanchas, sean quienes sean.

Estos son los prolegómenos de lo que pueda llegar a pasar en una Venezuela que sigue sometida a la opresión de la dictadura de Maduro, pero que puede enfrentarse a un ataque, quizás quirúrgico, de las tropas de EEUU. Derrocar a Maduro es una necesidad para que Venezuela pueda llegar algún día a la democracia. Hacerlo mediante una invasión o golpe auspiciado por EEUU es una de las peores maneras posibles de lograrlo, y puede convertir al sátrapa en una especie de mártir para los suyos, blanqueando los crímenes que ha cometido en estos largos años de dominio en Caracas. Todo lo que Trump toca se ensucia, puede que también la esperanza de la oposición venezolana.

martes, noviembre 25, 2025

¿Qué va a pasar en Venezuela?

Desde este fin de semana no es posible volar de Madrid a Caracas. Iberia, junto con otras aerolíneas, han suspendido los vuelos a Venezuela siguiendo las recomendaciones de las autoridades de EEUU, que han señalado graves riesgos para la navegación aérea en el espacio de tránsito de esa nación caribeña. La suspensión se mantendrá en vigor hasta que, o bien la alerta se levante o suceda algo que permita saber que la seguridad ha vuelto a la zona. Por lo tanto, ahora mismo sólo se puede acceder a Venezuela por tierra desde el continente sudamericano. El contingente militar de EEUU que rodea sus costas aconseja no hacerlo por mar.

Hay mucha confusión y todo tipo de hipótesis sobre lo que puede pasar en Venezuela, y los signos se acumulan señalando a algo feo. Ayer mismo el gobierno de Trump declaró como organización terrorista a uno de los cárteles de la droga que operan en Sudamérica y considera que es Nicolás Maduro, el presidente del país, la máxima autoridad de esa organización delictiva. Lo cierto es que no se si Maduro es o no un traficante, pero sí se que es un vulgar dictador y responsable, junto con no pocos, de haber sumido a Venezuela en la miseria absoluta y en el oscurantismo de la represión de un régimen que ha convertido a todo el país en una cárcel. ¿Excusa eso para una intervención militar que lo derroqué? No es algo que me guste, y creo que precisamente algo así contribuiría a dar al represivo régimen venezolano una pátina de mártir que sería muy fácil de explotar por parte de los movimientos ultras que lo apoyan, algunos muy presentes, y muy forrados, entre nosotros. Lo cierto es que la creciente acumulación de tropas norteamericanas en el entorno del país indica que eso es algo más que un juego. No tiene sentido movilizar al mayo portaaviones de la flota y a miles y miles de soldados para un ejercicio de intimidación puramente teatral. Sin embargo, dadas las dimensiones del país, tampoco es imaginable una operación invasiva como tal con las fuerzas que se han reunido. Venezuela no es Panamá, ejemplo último que puedo recordar de una intervención militar norteamericana en la zona, un país pequeño y con dos únicos puntos estratégicos de control, su capital y el canal. Aquí sólo las dimensiones de Caracas impiden una toma de la ciudad por un contingente como el desplegado. ¿Busca Trump asustar a Maduro y que él mismo opte por la huida? ¿Trata de ofrecer el apoyo de sus tropas a posibles movimientos disidentes en el ejército venezolano, que puedan optar por alzarse contando con el apoyo de EEUU? ¿Se planea una operación de toma del centro de poder y extracción / eliminación del líder y que el caos consiguiente sea aprovechado por las fuerzas opositoras? Nada está claro y las dudas, a la par que la tensión, crecen y crecen. Dentro de los propios EEUU no está clara la pretensión de Trump, y por si acaso se decreta una intervención militar, no son pocas las voces que señalan que el presidente debiera pedir permiso a las cámaras para lanzar algo así. No se si eso es requisito obligado o no dada la legislación y los poderes que allí rigen, pero sea como sea a Trump la legalidad le importa tanto como a Sánchez. Los planes que le hayan elaborado desde el rebautizado Departamento de Guerra sólo los conocen ellos, y sus intenciones permanecen ocultas. Como en muchos casos, se habla también de la motivación económica, y del posible intento de acceso de EEUU a los inmensos recursos petroleros de Venezuela, cosa que no es descartable, pero a priori me parece secundario, dado que EEUU ya es uno de los principales productores del mundo y el petróleo, que sigue siendo decisivo, empieza a no serlo tanto frente a otros recursos, como pueden ser las famosas tierras raras. ¿Todo esto para hacerse con los yacimientos de crudo? No es descartable, pero se me antoja demasiado burdo.

Para los venezolanos de a pie, los que quedan en el país y no han podido huir, su situación es desastrosa, tras años y años de represión política y destrucción económica. La miseria y violencia en el país es elevada, y sus posibilidades de recuperación nulas. La junta militar que realmente controla la nación y sus recursos sigue enriqueciéndose a cuenta de la pobreza de todos los demás y no querrá dejar el chollo que ha conseguido fabricar en lo que antaño fue un país. A toda esa desgracia se suma ahora la impredecible actitud del presidente norteamericano y las fuerzas que se sabe rodean las costas del país. Habrá que seguir atentamente lo que allí suceda, pero no, no pinta muy bien.

lunes, octubre 13, 2025

Nobel muy merecido para Marina Corina Machado

Hubo el viernes un suspiro de alivio en medio mundo por la no concesión del Premio Nobel de la paz a Donald Trump. El personaje, ególatra hasta el extremo, desea todo para sí, incluido ese galardón. No sabe, como es habitual en él, que el comité Nobel suele otorgar sus premios tradicionalmente no por un hecho concreto, sino por una carrera, por un esfuerzo de años. Cierto es que a veces se han saltado esta norma, y una de las más sonadas, y erróneas, fue la concesión del premio de manera preventiva a Obama nada más llegar al cargo. Ese galardón no lo entendió nadie, creo que ni el mismo presidente de EEUU.

Marina Corina Machado, la premiada de este año, es una de las cabezas más visibles de la oposición venezolana y, a la vez, una de las mujeres más escondidas del mundo. Desde que el régimen la enfiló y ella, candidata a las presidenciales, vio de manera clara que su vida corría peligro, decidió esconderse dentro de Venezuela, sin que se sepa su paradero. Por eso, pese a ser la candidata unitaria de la oposición, no pudo disputar las últimas elecciones presidenciales, las amañadas, las de las actas que nunca aparecerán, y ella, junto con el resto de líderes opositores, escogieron la figura de Edmundo González como candidato para disputarle a Maduro el sillón presidencial. Tras lo que pasó en aquellos comicios y la posterior represión del régimen, Edmundo, un señor mayor y de carácter suave, tuvo que huir del país y reside en España, y Machado permanece escondida. Marina es una mujer fuerte, valiente, directa, que sobrevive en medio de una de las dictaduras más burdas y crueles de la historia de América Latina. Lo que comenzó con el triunfante golpe de estado de Hugo Chávez y se transformó en una dictadura vestida de revolucionaria para congraciarse con ciertas élites izquierdistas occidentales se ha convertido en un régimen militar obseso con el control del poder, del dinero y de la nación. Venezuela hace tiempo que se ha convertido en una gran prisión al aire libre, donde el ciudadano que no ha optado o podido salir del país malvive sometido a los designios de un poder arbitrario, caótico y despiadado. La economía de la nación es un desastre absoluto, con tasas de pobreza enormes y con unos indicadores que no dejan de agravarse año tras año, y el endémico problema de la violencia en la sociedad civil ha sido agravado por los actos represivos del régimen. Venezuela es un fracaso absoluto desde todos los puntos de vista, un país en el que, nadie, en su sano juicio, desea vivir, y no es mucho más allá de la finca particular para recreo de los militares del país, con Maduro en la presidencia y Diosdado Cabello como hombre fuerte, haciendo y deshaciendo a su antojo. Los vínculos de ambos personajes y, en general, los altos cargos del régimen, con el narcotráfico son bastante claros, y el enriquecimiento ilícito de todos los que se encuentran en la cúpula de semejante entramado es cada vez mayor, en una nación en la que la pobreza se ha convertido en la manera de vida habitual de los que permanecen en ella. La oposición al régimen ha actuado varias veces de manera dividida, con intentos significativos de cambiar las cosas, como la autoproclamación de Guaidó como presidente legítimo del país, que acabó siendo flor de pocos días, y ha visto como muchos de sus dirigentes eran apresados o perseguidos con saña. Escaparse del país ha sido la manera que han encontrado no pocos de ellos para mantenerse con vida. Marina Corina Machado ha sido la última gran figura unitaria de la oposición y ha mostrado poseer una valentía que pocos de los líderes nacionales han sido capaces de igualar. Su figura, y el hecho de ser mujer, le han catapultado a la relevancia internacional, y desde un principio el régimen tuvo claro que era peligrosa para sus intereses. El hostigamiento hacia ella ha sido contante, pero de una manera novedosa, Marina opto por exhibirlo, por mostrar al mundo cómo se las gastan los siervos de Maduro, y lo hizo en público hasta que el riego de su vida se disparó y tuvo que esconderse.

Este premio es un acto de justicia a la causa por la libertad en una nación sometida desde hace décadas a una crueldad pasmosa, y los silencios que se han dado en España al conocerse su concesión dicen mucho. Nuestro desgobierno aún no ha felicitado a Corina, muestra de cobardía absoluta y de complicidad con la dictadura madurista. Los socios del gobierno al menos sí han hablado para expresar lo que se esperaba, su alineamiento pleno con los represores y su absoluta hipocresía, la de unos personajes ricos y que hablan sin cesar del paraíso venezolano residiendo a cuerpo de rey a miles de kilómetros de allí. Por sus hechos les conoceréis, y Marina, con su valor, los desnuda a todos.

viernes, enero 10, 2025

Viva Venezuela libre, abajo la dictadura

Hoy está prevista la jura de la presidencia de Venezuela tras las elecciones celebradas allí en verano. El régimen de Maduro se encargó de inhabilitar a un montón de candidatos que pudieran hacerle la sombra, especialmente a la líder opositora, María Corina Machado, y finalmente fue Edmundo González, un diplomático jubilado, el que pudo presentarse como representación de la democracia real frente al tirano y sus secuaces. El amaño del recuento electoral, la farsa de la proclamación de Maduro como ganador sin mostrar las actas y todo lo que vino después no fue sino la constatación de que la dictadura chavista, ahora madurista, sigue en pie.

Ante un robo de esas dimensiones sólo hay tres opciones posibles. La resistencia armada, que nunca es aconsejable, la resistencia civil o la huida. Machado optó por la segunda. Tras el fraude en las elecciones el aparato del régimen empezó a inventarse causas contra ella de tipo penal y, sabiendo que no tenía garantía alguna de poder defender sus derechos ante tribunales y administraciones golpistas, optó por esconderse en la clandestinidad, dentro del país. Edmundo González, el candidato opositor, un señor ya mayor y con una pinta de salud endeble, se vio igualmente acosado por las estructuras del poder chavista y poco a poco el cerco del régimen se estrechó contra él. Las opciones que le quedaban eran escasas, y casi todas pasaban por la cárcel. Finalmente usó la tercera vía que antes les comentaba y huyó para salvar su pellejo, recalando en España, donde ha sido acogido con la parcial indiferencia de nuestro desgobierno, uno de cuyos socios comulga claramente con la dictadura de Maduro. Desde entonces Edmundo ha declarado que su estancia en España es temporal, y que el 10 de enero de 2025, fecha prevista para la jura presidencial, acudiría a Caracas para ser investido como legítimo ganador de las elecciones. Ese día ha llegado, es hoy, y desde hace unos días Edmundo realiza una gira por países latinoamericanos para recabar apoyos diplomáticos y respaldo a su figura. También ha sido recibido en la Casa Blanca por el ya saliente presidente Biden, y sigue con la intención de entrar hoy en Venezuela, a un país en el que la seguridad del régimen ha amenazado con actuar sin muchos miramientos ante esa posibilidad. Ayer mismo se produjo una masiva manifestación en las calles de Caracas de opositores a la dictadura y reapareció María Corina Machado, tras meses en la clandestinidad, para ser detenida de manera violenta por parte de algunos sicarios del régimen, y posteriormente ser puesta en libertad, en un episodio mafioso que no tiene otro mensaje que el de meter miedo a Edmundo y a cualquier otro opositor que intente plantar cara ante las formas del régimen. Hubo disparos en el incidente de ayer, el número de armas que hay en Venezuela es muy alto y el régimen se ha encargado de que muchos de los que le apoyan, que se organizan mediante bandas de motociclistas, estén perfectamente dotados de pistolas, munición y objetos contundentes para sembrar el pánico. Vamos, lo de siempre, el poder de las armas del dictador frente al de la palabra del opositor. ¿Quién gana? En demasiadas ocasiones lo que parece más obvio, y el cadáver del opositor suele dar testimonio de una entrega que ha terminado de manera criminal. Si hoy Edmundo González entra en Venezuela las opciones de que acabe siendo un “Navalny”, detenido, encarcelado y asesinado por la fuerza represiva de la dictadura, son muy altas. El riesgo que corre es evidente y, sinceramente, deseo que siga vivo y luchando, por lo que espero que no entre en el país. Pero el valor que han demostrado los opositores ante la infamia de Maduro y los militares que le sostienen va más allá de cualquier frío cálculo, y alguien cobarde como yo sólo puede expresar su admiración ante semejante muestra de gallardía. Ellos son un ejemplo de lucha por la democracia, cuando ésta lleva tiempo secuestrada.

Esta semana ha comenzado el desgobierno de aquí una vacía y cutre campaña de marketing sobre el medio siglo transcurrido desde la muerte del dictador que rigió España durante casi cuarenta años. Mucho alto cargo bien pagado en un acto vacío a mayor gloria del actual presidente del gobierno. La nada absoluta. Mucho postureo ante un dictador infame que lleva medio siglo muerto y nada, ningún gesto ni declaración de todos los allí presentes ante un dictador vivo, Nicolás Maduro, que oprime a una nación hermana, Venezuela, y que no dejará el poder nunca por su propia voluntad. Así se escribe la historia, y deja cada uno testimonio de sus hechos cuando los realiza, y cuando no.

lunes, septiembre 16, 2024

La dictadura venezolana aprieta

Es triste que, de todo nuestro desgobierno, sólo Margarita Robles, ministra de defensa, se haya atrevido a decir una verdad tan clara y evidente respecto al régimen de Maduro. Al calificarlo como lo que es, dictadura, ha roto una especie de tabú en la tontería ideológica que se mantiene en gran parte del ejecutivo y, desde luego, en sus socios de investidura. La contemplativa actuación de Albares, que hace tiempo que superó el ridículo, ha sido puesta totalmente en evidencia por Robles, que tiene bastantes más arrestos y capacidad para saber a lo que se enfrenta que un segundón cuyo futuro depende sólo de la rosca que le haga al que, es un decir, preside el gobierno de España.

Ayer Borrell, que ya está de salida, lo volvió a reiterar y dejarlo muy claro. Antes de las elecciones fraudulentas Venezuela estaba en manos de una dictadura, después del amaño, el régimen es aún más represivo y cerrado. Es así de sencillo. En el mundo existen dictaduras de derechas y de izquierdas, o que al menos pretenden vestirse de esos ropajes ideológicos, dado que en todas partes son lo mismo, un grupo de sujetos e intereses que se han hecho con el poder absoluto, político y económico, y reprimen con dureza a todo aquel que ose discutir su preminencia. Todas las dictaduras son malas, y todas debe ser vistas con el mismo desprecio moral, pero para gran parte del pensamiento dominante en nuestro país, que vive como millonarios en una sociedad de libre mercado, dictaduras como las de Cuba o Venezuela no lo son. En fin, no se dejen engañar por semejantes falsos. La cuestión es que, tras las declaraciones de Robles el régimen de Maduro ha aumentado la presión sobre España y nuestro desgobierno ya no puede recurrir al cansino comodín del PP para echarle las culpas de todo lo que pasa en el universo conocido. Este fin de semana se ha sabido que aquella dictadura mantiene detenidos a varios occidentales, entre ellos a dos de Bilbao, a los que acusa, sin pruebas, de formar parte de una conspiración para atentar contra la vida de Maduro. Diosdado Cabello, el responsable de las fuerzas armadas y hombre muy fuerte del régimen, ha salido en la televisión anunciándolo, acusando a los españoles de pertenecer al CNI y contando toda una historia que más parece fruto de una buena cortina de huno que otra cosa. Nuestro desgobierno ha salido rápidamente a desmentir que los ciudadanos españoles pertenezcan al CNI o a cualquier otra institución pública, y sus familias, que no han comparecido públicamente, sólo han confirmado que estaban de turismo por la zona y a principios de la semana pasada pusieron una denuncia por desaparición, porque habían perdido el contacto con ellos. Ahora sabemos que se encontraban detenidos por el régimen y que nadie de allí había informado ni a las autoridades españolas, y menos a las familias, que sus seres queridos no habían sufrido un accidente o algo así, sino que estaban entre rejas. Junto a ellos hay ciudadanos norteamericanos y de alguna otra nacionalidad europea, por lo que me da que Maduro y sus chicos acaban de conseguir un botín en forma de rehenes para presionar a las autoridades de estas naciones con el objeto de conseguir que la presión contra ellos disminuya. Supongo que a lo largo de la semana se mostrarán imágenes por parte del régimen de los capturados, con rótulos enormes en los que se indique que reconocen todos los cargos de los que se les acusa, y se empezarán a organizar pantomimas de juicio, de trámites previos, en los que se anticiparán sentencias muy duras. La actitud mafiosa de toda dictadura, que se extiende más allá de su propia población, y que no duda en restringir derechos a todo aquel que ose acercarse al país sometido al arbitrio del tirano.

Es de esperar que la UE avance en el procedimiento para reconocer a Edmundo González como presidente electo de Venezuela, e intensifique las sanciones al sátrapa Maduro y a su camarilla cómplice, lo que pondrá en más aprietos al desgobierno que tenemos, carente de toda ética, cegado por ideologías trasnochadas y muy perjudiciales, y lleno de necedad. La situación de estos rehenes que ahora se encuentran en Caracas es un problema añadido, no menor, pero que no puede condicionar el desarrollo de las decisiones políticas y sociales que deben ser tomadas por nuestras autoridades. Menos mal que estamos en la UE.

lunes, septiembre 09, 2024

Edmundo González, asilado en España

Ayer se supo que Edmundo González, el candidato opositor en Venezuela, ganador de las elecciones presidenciales a las que Maduro decidió no hacer caso, se hallaba en viaje rumbo a Madrid para ser acogido como refugiado político. Desde que se celebraron los comicios, su figura ha sufrido todo tipo de acosos por parte del chavismo, y la seguridad de su persona empezaba a estar en entredicho. A los cerca de 75 años de edad, y con un aspecto frágil, el ex diplomático no estaba en condiciones de afrontar las formas que una dictadura otorga a aquellos a los que reprime. Su marcha del país era lo mejor para él.

Pero, ay, esa marcha vuelve a ser una forma de consolidar el reino de terror de Maduro en la nación venezolana. A estas elecciones presidenciales la oposición, sometida a todo tipo de presiones y amenazas, logró acudir unida, pero ante la fuerza de su candidata, María Corina Machado, el régimen hizo de todo para apartarla de la carrera electoral, buscando descabezar el cartel opositor. Machado vio que era inútil dar la batalla contra la dictadura y sus instituciones y renunció a presentarse, y propuso a Edmundo, un hombre veterano, alejado de la política, de perfil bajo y talante tranquilo. En los mítines ella jaleaba y Edmundo era la cara y el cartel. Con esta improvisación, en las elecciones, los resultados es muy probable que hayan sido los que la oposición proclama y el gobierno esconde. Las actas electorales probablemente nunca sean mostradas por la dictadura, que ya no las necesita, para ejercer el poder. Le bastan las porras y las prisiones. El acoso a todos los líderes opositores se intensificó desde que Maduro se proclamó ganador de los comicios y ayer se supo que, desde entonces, Edmundo González se refugió en la embajada de Países Bajos, desde donde enviaba vídeos reclamando el reconocimiento del régimen de su derrota y el fin de la represión. Como respuesta, la fiscalía y tribunales venezolanos, vulgares apéndices del madurirsmo, intensificaron sus pesquisas de manera inquisitorial, y la presión se empezó a convertir en insoportable. Salir del país es, la verdad, la opción más razonable para garantizar la supervivencia de Edmundo González, pero la pregunta que queda es cómo se las va a arreglar la oposición venezolana para sobrevivir, tras haber perdido a un nuevo líder. Machado ha anunciado que se queda en el país, pero evidentemente en la clandestinidad más absoluta, y las posibilidades de que un régimen atrincherado se prolongue durante el tiempo son elevadas. A Maduro y sus secuaces bien poco les importa que otras naciones sudamericanas, algunas de ellas gobernadas por dirigentes ideológicamente cercanos, le hayan quitado todo el reconocimiento y, tras haber pedido las actas y no haberlas conseguido, den por hecho que el fraude denunciado por la oposición se ha consumado. Maduro cuenta con pocos apoyos en el exterior, empezando por el dictador nicaragüense Noriega, que son ridículos, pero no lo es el de la Rusia de Putin, que desde el principio salió en defensa del régimen y felicitó al dictador sudamericano. Rusia es, por tanto, no sólo el principal apoyo político, sino también económico. China también ha reconocido al régimen, pero luego no ha hecho demasiadas declaraciones ni ha mostrado postura alguna sobre todo los que ha sucedido desde el día de los comicios. Para el aparato represor, muy ocupado deteniendo y torturando a los que pilla, todo el apoyo o condena internacional le preocupa bien poco, y puede aguantar durante muchos años en pie. El proceso de degradación económica del país es total, pero los jefes del régimen y el ejército, auténticos dueños de todo, ya han rapiñado lo suficiente para vivir de manera holgada durante mucho tiempo, mientras que los venezolanos que no pueden huir del país van a seguir subsistiendo en medio de la mayor de las pobrezas. Para un venezolano los próximos años, como los pasados, sólo ofrecen una disyuntiva. Sometimiento y miseria o huida. Los venezolanos han votado “con los pies” y son legión los que han escapado de su país.

Mención aparte requiere el papel de nuestro desgobierno en todo el asunto venezolano. España ha tenido una posición ambigua en todo momento dado que parte del actual ejecutivo se apoya, directamente, en una formación, Sumar, que en parte hereda los dictados de Pablemos sobre la defensa a ultranza de Chaves Maduro, lo que es tan infame como suena. El papel ejercido por ese sujeto siniestro apellidado Monedero y ese otro melifluo apodado como ZP dejan clara cuál ha sido uno de los factores que más han pesado a la hora de que nuestro país no apoyase como es debido a la oposición venezolana. Acertada ha sido la decisión del ejecutivo de acoger a Edmundo, pero ni mucho menos lava las manchas de lo que antes ha hecho.

martes, julio 30, 2024

Fraude en Venezuela

Cuando un autócrata convoca elecciones lo hace para ganarlas, como sucede igualmente con los plebiscitos. Dependiendo de la rigidez del régimen y el control que tiene de la sociedad a través de la represión que impone, logra salir victorioso con mayor o menor margen, pero no pierde. Hace pocos meses Putin dio una lección sobre cómo arrasar en una elección presidencial, con candidatos amañados, campaña de mentiras, votantes sumisos y resultados aplastantes. Qué dictador más profesional. Una ola de envidia se sintió en gran parte de los palacios presidenciales del mundo, especialmente los ocupados por dictadores. Este sí que sabe hacer las cosas bien, pensaron muchos de ellos.

En Venezuela, país arrasado en lo económico y social, Maduro lidera un régimen caótico que está muy lejos de la eficacia represora de Putin, pero no tanto por sus métodos, igualmente crueles, sino porque es ineficiente en todo lo que hace, y no logra por tanto someter a todos los ciudadanos. Tampoco es capaz de mantener el sector productivo nacionalizado, es la de Maduro la típica dictadura latinoamericana, cruel y despiadada, pero inútil hasta en la gestión de lo suyo. Las elecciones presidenciales de este domingo han sido las primeras en mucho tiempo a las que la oposición, con un candidato desconocido, tras impedir el régimen presentarse a cualquiera que pudiera tener tirón, se presentaba unida, y con opciones de victoria. Sabían los opositores que las amenazas que los de Maduro han ido sembrando a lo largo de la campaña no iban a quedar sólo en palabras, y han sido varios los actos de intimidación, crecientes a medida que se ha ido acercando la fecha de los comicios, donde candidatos opositores y seguidores suyos han sido sometidos a actos de violencia y amedrentamiento. El propio Maduro amenazó con baños de sangre si era expulsado de un poder que considera como propio, heredado del golpista Chávez, convertido en una especie de mito religioso absurdo. El día de las elecciones fue una nueva muestra de cómo el régimen facilitaba el voto de los suyos e impedía el de los contrarios, con colegios saboteados y colas largas en algunos casos que no iban a ninguna parte. Se impidió la presencia de observadores internacionales dignos de tal nombre, vetando a personas propuestas por regímenes como el colombiano o chileno, donde gobierna la izquierda, y sólo personajes siniestros y afectos al madurismo como Monedero o ZP han sido los que se han paseado por el país en coche oficial a lo largo de estas últimas semanas, disfrutando de los privilegios de la élite que rige los designios de la ruina venezolana, un poco a la manera en la que los antiguos dirigentes de las formaciones comunistas europeas viajaban a Rusia, y desde el PCUS se les trataba con mimo y enseñaba una versión falsa de la realidad, ajena a la cruel dictadura que imperaba al otro lado del telón de acero. Tras el cierre de los colegios la mayor parte de encuestadores no oficiales otorgaban ventaja a la oposición en una proporción de dos tercios frente al tercio de votos conseguido por el madurismo, pero ya se sabe que no hay nada más útil en un proceso electoral amañado que un recuento trucado. A primeras horas del lunes, hora española, la junta electoral dominada por Maduro refrendaba una victoria del oficialismo por la mínima, poco más de un punto sobre la mitad de los votos válidos, y una derrota de la oposición que lograba algo más de un tercio de los votos. Junto a ellos, otros partidos que, sumados todos los porcentajes de votos, superaban ampliamente el 100% de los emitidos, cosas de la manipulación, que como antes les comentaba, y en contraste con la rusa, es inútil hasta para eso. Las protestas se suceden desde entonces y hay actos violentos en las calles de Caracas y otras ciudades, en los que se mezclan manifestaciones pro democráticas, actos de pillaje, represión del régimen y descontento generalizado. Con Maduro autoproclamdo presidente, sin apenas reconocimiento salvo algunos de los dictadores más significativos del mundo, es de esperar que la represión se agudice en el país y que todo vaya a peor.

La única esperanza para los venezolanos, ya lo siento, está en las terminales de los aeropuertos o en las fronteras terrestres, vías para poder salir de un país destruido que se va a seguir hundiendo en la miseria y la represión. Es de esperar que, como pasó en Bielorrusia tras el último fraude orquestado por Lukashenko, a las manifestaciones les siga más represión y sólo la huida de los opositores podrá garantizarles la vida, cosa que ya no será segura en el interior del país. La sociedad venezolana, rota, arruinada, seguirá varada años y años en medio de una dictadura paranoide y la esperanza, que parecía cierta, se tornará frustración. No hay luz al final de ese túnel.

viernes, mayo 03, 2019

Venezuela prosigue su derrumbe


Me preguntaba en algún momento de la eterna primera campaña electoral oficial que acabamos de vivir sobre qué estaría pasando en Venezuela, de donde apenas llegaban noticias, aplastadas por el fragor de la lucha local entre partidos. Visto en la distancia, pareciera que se hubiese llegado a una especie de equilibrio entre las dos legitimidades, la usurpadora de Maduro y la constituyente de Gauidó, pero el poder es caprichoso y no desea ser compartido en regímenes presidencialistas como el venezolano. No es posible una convivencia entre esas dos fuentes de poder y, tarde o temprano, una de ellas será vencida, por los hechos o por el paso del tiempo. Guaidó lo sabía y actuó.

En un movimiento estratégico de calado, movilizó a algunos militares y logró liberar de su arresto domiciliario a Leopoldo López, líder de su partido, de corte socialdemócrata, que permanecía retenido en casa desde hace tiempo y a la espera de cumplir una condena de muchos años de encierro. La imagen de Guaidó y López juntos, en la calle, rodeados de seguidores, era muy fuerte, poseía un aire de conquista y suponía un duro golpe para la dictadura de Maduro, que no podía dejar de responder si quería mantenerse en pie sin ser gravemente herida. Durante unas horas parecía no llegar esa respuesta, y se empezó a especular con que el movimiento de Guaidó era, realmente, el inicio del cambio político, el comienzo de una sublevación militar en la que el ejército se pasaría al lado del autoproclamado presidente y el final del chavismo se acercaría, por fin. Horas de enfrentamiento, confusión, informaciones confirmadas, desmentidas y envueltas en sombras, rumores y engaños, y al cabo de un par de días nos encontramos con un panorama confuso, sí, pero triste para las aspiraciones democráticas de los venezolanos. Triste porque, por encima de todo, el régimen se mantiene en pie, y eso es lo fundamental. López se encuentra acogido en la residencia del embajador español en Caracas, lo que nos otorga un protagonismo aún más especial en esta crisis, en una situación que puede convertirle en un nuevo “Assange” esta vez en el propio territorio del país. Las amenazas del aparato represor de Maduro ya apuntan contra nuestra embajada y personal, y veremos a ver con qué temple y fortaleza son gestionadas desde aquí, pero parece obvio que, de momento, el movimiento de insurrección de Guaidó no ha logrado su propósito principal, el desestabilizar al ejército. Pase lo que pase en Venezuela, será el ejército, que es el que tiene todo el poder, el que decida quién sigue al margen y quién es depuesto, quién detenido o arrestado, y quién liberado. Algunas informaciones señalan que, antes de dar este paso, Guaidó tenía apalabrado el apoyo de varios de los responsables de la cúpula militar del país, y es probable que alguno sí se hubiera pronunciado en este sentido, porque de lo contrario el movimiento del presidente proclamado sería un farol muy arriesgado para él y los suyos. Si la situación no se altera, la posición de Guaidó en el interior de Venezuela peligra, porque el régimen, enrabietado, puede moverse contra él y plantear detenciones. A esta hora no se conoce su paradero, cosa bastante lógica, y aunque los ojos de los medios estén ahora mismo centrados en el legación española y en lo que allí sucede, es inevitable pensar que el régimen tiene también puestos muchos intereses en la captura, ya sin disimulo, de Guaidó. Ha llamado el autoproclamado, y reconocido, presidente, a una huelga general en el país, para que sean las calles las que vuelvan a salir a denunciar la insoportable situación que se vive en una nación que se desangra en lo económico y lo social, pero nuevamente, esas movilizaciones, justas y llenas de razón, no llevarán a ninguna parte si los militares del país no cambian de bando y no ofrecen una alternativa. De mientras detenten todo el pode y tengan el control sobre lo poco que queda de la economía local, pocas esperanzas veo de que la dictadura caiga. Ojalá me equivoque, pero mal pinta aquello para la libertad de los venezolanos.

Ayer por la tarde, sentado en un banco en la calle sin hacer nada, viendo la vida pasar, tenía un jardín a pocos metros y en él descansaban tres chivos venezolanos, con sus gorras y pañuelos con la bandera del país estampada, y sus bicicletas. Eran repartidores de esas empresas de servicio de comida a domicilio que pagan poco y exigen mucho. Dos de ellos dormitaban sobre la hierba y el tercero tecleaba sin cesar su móvil, no se si escribiendo o jugando, qué más da. Eran la imagen del éxodo. Madrid, como otras muchas ciudades españolas, acoge a muchísimos venezolanos, algunos pudientes, otros pobres, los que han podido escapar de la ruina de su país, y ahora tratan de abrirse camino en nuestra sociedad, que no se lo pone fácil, pero que es un paraíso teniendo en cuenta el lugar del que provienen. Esos chavales son el futuro de su nación, les necesitan allí. Ojalá Venezuela vuelva a conocer la libertad y prosperidad que necesita y merece.

miércoles, marzo 06, 2019

Sigue el pulso Guaidó Maduro en Venezuela


Hace unos días pudimos ver la auténtica cara del régimen de Maduro en los enfrentamientos acaecidos en los puentes fronterizos entre Venezuela y Colombia. Envíos de ayuda humanitaria quemados y bandas de paramilitares a sueldo del régimen militar hostigando a civiles y personal humanitario que trataba de ayudar a los miles de venezolanos que han encontrado en esas vías y en el país vecino la única escapatoria posible a la miseria y hambre que les corroe. A pesar de que parte de la opinión pública internacional los miraba, los mafiosos a sueldo de Maduro actuaron con saña. Se frustró la entrega de ayuda en esa frontera y, con su actuación, el régimen quedó aún más retratado si cabe.

Tras una gira por naciones vecinas del subcontinente sudamericano, Guaidó ha vuelto a Venezuela, en un movimiento arriesgado en el que las posibilidades de que algo le saliera mal eran muy elevadas. Y de momento la suerte le sonríe, aunque quizás habría que eliminar el término suerte y sustituirlo por poder, al menos una porción del mismo, que empieza a recaer de manera efectiva sobre sus hombros. Maduro amenazó con detenerlo a su vuelta a Caracas, y Guaidó anunció cuándo y cómo iba a volver para convocar a sus seguidores. Masas humanas como muestra de respaldo popular y, también, como escudos para protegerlo de un posible intento de detención. ¿Qué ha hecho Maduro esta vez? Nada. Ni el más mínimo asomo de policías o militares leales tratando de detener a Guaidó o de obstaculizar su regreso. ¿Por qué? Hay varias respuestas, pero una, directa, es que Guaidó empieza a ser peligroso para el régimen, empieza a concitar un respaldo no sólo nominal, sino real entre gran parte de la población del país, no digamos en el exterior, y sabe Maduro que sus garras empiezan a no ser muy efectivas ante la coraza “presidencial” que empieza a proteger, de manera efectiva, al autoproclamado presidente. Vista desde fuera, la situación venezolana se ha enquistado en un desequilibrio de poder que, poco a poco, bascula hacia un equilibrio entre los dos personajes, con un ejército que, en todo caso, no da muestras de decantarse unánimemente a favor de Maduro ni de oponerse con saña contra Guaidó. La medida de cuán grande es la división entre los militares es la única que puede decantar esta situación, pero es probable que el proceso que se ha iniciado de engrandecimiento de Guaidó no cese mientras que la decadencia de Maduro se agrave. ¿Cuál es el problema? La velocidad de ambos procesos. Este tipo de situaciones no pueden prolongarse mucho en el tiempo porque son inestables por definición, y están llenas de riesgos de todo tipo. Al poder no le gusta bascular, sino vivir asentado y quieto, y en una situación como la presente las posibilidades de insurrecciones y movimientos armados son más que reales. El hartazgo de la población venezolana es inmenso y es poco probable que, si el régimen ataca a Guaidó, no responda de manera simétrica. Maduro, como todo buen dictador, no quiere dejar el poder, y a medida que la situación se prolongue es probable que su nerviosismo aumente, y cometa actos violentos o desesperados, que pueden, sí, acelerar su caída, pero causar daños y víctimas en un país ya lleno de ellas. Por parte de Guaidó, a pesar de que corre riesgos evidentes, en un país lleno de paramilitares y armas por doquier, su posición se ve favorecida por el tiempo, pero tampoco puede aspirar a prolongar sine die el equilibrio actual. Es una alternativa de poder, no un contrapoder. De momento va ganando, poco a poco, pero un proceso lento de consolidación tampoco le favorece.

Es muy difícil realizar predicciones, en toda coyuntura, y más en esta. No han sido pocos los regímenes en la historia que, con aparente solidez, se han derrumbado estrepitosamente en apenas días sin que nadie lo hubiera previsto, mientras que otros han aguantado años y años en una situación de aparente fragilidad, pero con los resortes internos del poder oculta y bien controlados. Nuevamente, son los militares los que van a decantar la situación. Hay un goteo de deserciones pero no se ve, de momento, el paso masivo de oficiales del madurismo a la libertad. Si ese paso se diera el régimen caería en horas. Sin él, la situación puede encallar y convertirse en una larga partida de desgaste de incierto futuro. Y todo con una población que sufre y pasa penalidades sin fin, inimaginables desde nuestra acomodada posición. Y pensar que no pocos de los de aquí han añorado y defendido esa dictadura hasta hace un par de minutos. Qué triste.

viernes, enero 25, 2019

Venezuela, la ruina total de una nación


Muchas veces, hablando de la situación de Venezuela y de otras naciones afligidas por la pobreza y el desgobierno, surge siempre ese comentario que afirma no saber cómo el país sufre tanto la pobreza “si es tan rico”, si posee tales recursos naturales que nos cuesta siquiera imaginarlos. Parece una duda sensata, pero me gusta responder diciendo que naciones ricas son, por ejemplo, Japón y Holanda, que apenas disponen de espacio, menos aún recursos, pero gestionan muy bien lo que tienen, le sacan partido y, sobre todo, posee capital humano, personas formadas que trabajan y son muy productivas. La riqueza y prosperidad de una economía es algo mucho más complicado que una mera acumulación de recursos naturales.

Pensemos en el petróleo. Si se fija, la mayor parte de los países exportadores de petróleo no son desarrollados. Una relativa excepción es Rusia, y EEUU va camino de convertirse en la gran excepción, pero ni las petromonarquías del golfo ni naciones como Nigeria, Venezuela y otras muchas son desarrolladas o ricas. Y esto no sólo se debe al pasado colonial de algunas de ellas y las herencias que ese estadio anterior dejo, que influyen, sino al efecto perverso que el petróleo genera en sus economías. Ese maná caído del cielo en forma de crudo negro se convierte en el principal bien exportador y en una enorme fuente de ingresos para el país, que supera ampliamente la mitad de los mismos en muchos casos. ¿Cuáles son los efectos perversos que se generan? Mucho, pero principalmente dos. Uno, muy amplio, de tipo económico, es que el negocio del petróleo desincentiva todos los demás, que poco pueden ganar en comparación a lo que renta el crudo. La inversión en el resto de la economía se debilita y la dependencia del crudo tiende a aumentar. El flujo de ingresos y divisas fruto de la venta del petróleo entra en tromba en una nación que posee pocas industrias y producciones alternativas y, como es obvio, esa renta se desea gastar en consumo, por lo que el nivel de importaciones de la economía empieza a crecer, y con ello la deuda externa. Los tipos de interés suelen ser altos, también las tasas de inflación, y el ciclo se acaba instalando en un constante flujo de entrada de recursos y salida de los mismos para sostener un gasto local que no es abastecido por las empresas de la propia nación, en un círculo vicioso que ciega la economía a futuro pero que es sostenible gracias a la constante entrada de recursos por la venta de petróleo. Irán, uno de los principales productores de petróleo, importa la mayor parte de la gasolina que consume, porque carece de capacidad industrial de refino, porque simplemente no ha invertido en ella. Todo esto genera economías débiles, deformadas y muy vulnerables El otro problema, muy profundo, es de tipo político, y se deriva de que las rentas del petróleo acaban haciendo muy poderosos a los gestores de ese negocio, que tarde o temprano logran controlar, o influenciar en exceso, a los gobiernos, convirtiéndoles en “socios” de sus propios intereses. Los niveles de corrupción que existen en esas economías son asombrosos, y abarcan todo tipo de niveles, y el riego del petróleo permite comprar impunidades casi perpetuas. Al final la sociedad está al servicio del negocio petrolífero, y eso es desastroso. Casos como el de los oligarcas rusos y su connivencia con Putin son los más conocidos, pero situaciones similares se dan en todas las naciones que viven de esta manera. Y ese destrozo institucional, a veces absoluto, perjudica, sobre todo, a los que no son capaces de conseguir ingresos, y viven al margen de la riqueza petrolera. Y eso genera enormes bolsas de pobreza y frustración.

Esto, muy resumidamente, es lo que se llama “la maldición de los recursos naturales” que ya la vivió la España del siglo XVI cuando el oro de América fue nuestro petróleo, o la propia Holanda al descubrirse los yacimientos del mar del norte en el siglo XX, o tantas y tantas naciones de hoy en día. El caso de Venezuela es exacerbado, con una capacidad de exportación de crudo salvaje, sólo superada por la desigualdad social en la que vive su población. Condiciones ideales para que el golpismo haya reinado durante muchas décadas en aquel país, agravándolo todo. La última versión de esas dictaduras, la chavista madurista, puede caer gracias a la proclama de Guaidó, pero los problemas que asolan a esa querida nación son muy profundos y difíciles de arreglar. Ojalá logren encontrar el camino para salir del actual pozo.

jueves, enero 24, 2019

El régimen de Maduro se tambalea


¿Va a caer el régimen de Maduro en Venezuela? ¿Se aproxima el final de esa dictadura? Puede ser, pero varias han sido las veces que hemos dado por derrocada esa estrafalaria figura presidencial y su dominio sobre aquel país, y no ha sucedido. Hoy como en el pasado, contemplamos grandes manifestaciones en Caracas y otras ciudades que demandan libertad y el final del despótico régimen bolivariano, y nuevamente esas protestas son reprimidas con fuerza, lo que unido a la violencia intrínseca que vive el país, se genera un saldo de muerte que a esta hora supera ya la decena, según las crónicas que llegan desde aquella nación. Anteriores movimientos de protesta se saldaron en pasadas y olvidadas víctimas e inmovilismo en el poder.

Hay una diferencia significativa entre este movimiento y los anteriores, y es que se ha producido una toma de poder presidencial por parte del presidente de la Asamblea Nacional, el parlamento, que sigue en manos opositoras. Juan Guaidó, que así llama el presidente de ese parlamento, juró ante la multitud que llenaba las calles de caracas y se autoproclamó presidente interino, encarnando una figura que reconoce la constitución del país para servir de puente hacia unas nuevas elecciones. Guaidó ha sido el primero que, en los años de marasmo de Maduro, se ha atrevido a dar ese paso, dado que la fuerte oposición al régimen ha estado siempre bastante dividida, con numerosas cabezas visibles que no han actuado y otras, proclives a ello, han tenido que huir del país o sido detenidas. El movimiento de Guaidó es atrevido, parece que constitucional, y supone un enfrentamiento directo al poder de Maduro. Y además cuenta con una baza que no se dio en procesos opositores anteriores, que es el reconocimiento internacional. Si Maduro se tambalea no es porque Guaidó se haya autoproclamado presidente, sino porque ese movimiento ha sido reconocido por otros países, empezando por EEUU y Canadá, y siguiendo por la mayoría de los grandes países latinoamericanos, con la excepción de México. Es decir, a Guaidó le ha empezado a llegar poder de verdad, del duro, fruto del reconocimiento internacional, y sólo con eso, que es difícil de lograr, se puede construir una legitimidad que sea capaz de derribar al régimen. Por primera vez Maduro sabe que tiene a alguien en frente que puede echarle del poder porque posee algo del mismo, y eso sin dura provoca ahora mismo pesadillas en el palacio de Miraflores, sede de la presidencia venezolana. Maduro, histriónico como él sólo, proclamó ayer la ruptura de las relaciones diplomáticas con EEUU, dando un plazo de tres días a los embajadores y cuerpo diplomático del aquel país para que abandonen suelo venezolano, pero sus acciones empiezan a verse limitadas ante la creciente emergencia de ese nuevo poder, encarnado en Guaidó, que realmente le hace sombra. ¿Sobrevivirá el régimen a esta embestida? Está por ver, pero no lo subestimemos, error que ya cometieron opositores anteriores. En el fondo Maduro es un títere gestor (perdón por el mal uso de esa palabra) de una dictadura militar que gobierna el país desde el golpe de Chávez, comandante que fue listo como para vestir su dictadura de ropajes ideológicos de izquierda que le dieran legitimidad, en un país arrasado por la corrupción, la cleptocracia del poder y una desigualdad sangrante. Serán los militares los que decidan si el viento cambia y Maduro es prescindible o no, y de esa disputa que se produzca en los cuarteles y bases militares saldrá el resultado de la lucha que se vive en Caracas. Si el ejército duda y relaja su posición, el régimen caerá, pero si se mantienen fuerte y actúa reprimiendo las protestas con dureza puede que la situación se enquiste, o degenere en un enfrentamiento civil abierto. Todas las opciones están abiertas.

Hoy Venezuela es sinónimo de fracaso, en todas las dimensiones que uno quiera estudiar. Con una economía arrasada, hambre en las calles, desabastecimiento de medicamentos y emigración masiva, de los pudientes a Europa o EEUU y de los pobres a la vecina Colombia, el país es una caricatura de lo que fue y, sobre todo, de lo que podría ser. Su historia es la de la constante convulsión política y militar, ambas cruzadas sin remedio, la ausencia de libertades y la nefasta gestión de los asombrosos recursos naturales del país, empezando por el petróleo, que es su principal fuente de riqueza y de desgracias. Ojalá los venezolanos encuentren una solución a su drama, el régimen caiga y se habrá una oportunidad al desarrollo y el crecimiento económico que tanto necesitan miles, millones de ciudadanos que apenas tienen horizonte.

lunes, agosto 06, 2018

Supuesto atentado contra Maduro


Es difícil saber qué es lo que pasó ayer en Venezuela, en un atentado contra Maduro que es, como mínimo, extraño. No se si es la primera vez que se usan drones en un intento de magnicidio, pero esa es mi sensación. Las imágenes revelan confusión, nervios, carreras y desbandadas en un “rompan filas” de lo más caótico, pero en ningún momento nos ofrecen la vista de lo que Maduro y su séquito ven desde la tribuna, ni se aprecian los objetos voladores que puedan servir para calificarlos de atacantes. Hay una presunta reivindicación de un grupo de militares, de franela o algo así se hacen llamar, completamente desconocidos, que afirman haber fallado esta vez, pero que en sucesivos intentos lo lograrán.

Lo único cierto de lo que pasó ayer en Venezuela, o lo que sucede hoy mismo en sus calles, es que el país está en un estado de descomposición total, sumido en un profunda crisis económica y social en la que el régimen chavista, encarnado en un Maduro caricatura de sí mismo y la corte de militares que le sostienen sigue haciendo todo lo posible para aferrarse al poder, a costa de la destrucción de la vida y la hacienda de los venezolanos. Cada día llegan noticias de lo absurda que es allí la vida debido a la hiperinflación que se sufre, un proceso similar al que se vivió en la Alemania de los años veinte y de idénticas y nefastas consecuencias. La más obvia es la destrucción del valor, el ahorro y la propiedad, pero la más profunda es la ruptura de la sociedad. La moneda no vale nada, el mercado no funciona y la supervivencia, lo único importante, provoca situaciones de colapso, acaparamiento y egoísmo en las que muy pocos son capaces de medrar y casi todos se hunden en el fango de la miseria. Es Venezuela uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales, poseedor de una de las mayores reseras de petróleo conocidas, y actualmente sus habitantes apenas pueden comprar la poca gasolina que el colapsado monopolio público de explotación de hidrocarburos, la antaño mítica PVSA, es capaz de bombear y refinar. Pero el petróleo es lo de menos. Comida, transporte, medicinas, servicios básicos, bienes de primera necesidad… Venezuela es el reino de la escasez y la angustia, allá donde nada existe y todo posee precios imposibles. El proceso de depauperización de la clase media venezolana, que ya comenzó con los corruptos gobiernos anteriores, ha llegado a su perfección más siniestra de la mano del chavismo y el madurismo, un régimen dictatorial que ha sumido al país en la crisis absoluta. El que puede escapa de Venezuela. Los menos pudientes, a través de la frontera física de Colombia, convertida en una especie de versión latinoamericana del tránsito de refugiados que vimos en Europa hace un par de veranos. Los que más medios tienen cogen vuelos y se largan a EEUU o a Europa, siendo Madrid uno de los destinos preferidos por parte de pudientes venezolanos que han escapado con lo puesto y sus ahorros, antes de que sean destrozados del todo por la inflación galopante. El que no puede salir del país vive en una cárcel ideológica y en una prisión económica, uno de los desastres más perfectos y profundos de los que ahora existen en Latinoamérica y que no tiene visos de mejorar en el corto plazo, sino más viene seguir empeorando. Sabe Maduro que si pierde el poder su cabeza está en peligro, porque serán muchos los que quieran pasarle factura por este desastre, y por ello se agarra como puede a su silla del Palacio de Miraflores, sin importarle nada ni nadie. Y los que menos, sus compatriotas.

La intentona de atentado de ayer, fuera lo que fuese, y sea quien sea el autor, beneficia a corto plazo a Maduro y su régimen, al proporcionarle un presunto enemigo interno, excusa perfecta para aumentar las represalias sobre opositores y todo lo que huela a disidencia. ¿Vio Maduro lo bien que le vino a Erdogan el fracasado golpe de hace dos veranos para instaurar su régimen de poder absoluto y trata de hacer lo mismo? Quién sabe. En todo caso, las acusaciones contra Colombia demuestran, una vez más la paranoia y mentira constante en la que vive ese sujeto, y las nulas posibilidades de que, de su mano, se de paso a un proceso de transición en el país, y el desastre económico sin fin aumenta las probabilidades de revueltas y enfrentamientos. Pobre Venezuela, poco más se me ocurre decir.

martes, julio 11, 2017

Venezuela, la lenta agonía del régimen chavista

Las cosas no avanzan en Venezuela, país que sigue envuelto en una ola de conflictividad social que deja un reguero de muertos, daños materiales y una paralización que hunde aun más su maltrecha economía, que presenta algunos de los peores registros macroeconómicos de todo el planeta. Al frente de la misma, y de todo lo demás, sigue instalado el régimen chavista, madurista podría denominarse ahora, sumido en la falacia de una revolución que hace mucho tiempo dejó de ser tal para convertirse en una dictadura más o menos dura, que alienta ataques contra políticos, parlamentarios y todo aquel que disienta de lo que Miraflores, el palacio presidencial, dictamina como verdadero. Visto desde fuera, el panorama cada vez es peor.

Este fin de semana el gobierno de Maduro ha levantado un poco la mano y aliviado el castigo que impuso a Leopoldo López, uno de los líderes opositores, tornando su prisión por arresto domiciliario. Condenado a una grave pena de cárcel en un juicio sin garantías, por una acusación oscura, López empezaba a ser un problema en la cárcel para el régimen, dada la notoriedad de sus protestas, y las crecientes condenas internacionales, tanto de países como de organizaciones defensoras de los derechos humanos, que no cesaban de advertir cómo entre rejas su vida empezaba a correr peligro. Para algunos ha sido un gesto de magnanimidad del chavismo, para otros, de debilidad, y yo me inclino a pensar más por la segunda opción. Pese a estar confinado en casa, López puede movilizar con mayor fuerza a sus seguidores y mantener el pulso a las huestes violentas que hacen el trabajo sucio a un chavismo que, oficialmente, se desentiende de ellas pero que, en la práctica, consiente su actuación y busca la manera de apoyarlas. Estas imágenes de enfrentamientos continuos por las calles son tristes y reflejan la profunda, quizás ya irreversible, división que se vive en el país, división que hace cada vez más difícil la salida del problema político. El régimen enrocado enarbola su fantasmal asamblea constituyente para reformar la constitución y perpetuarse en el poder con una estrategia que está siendo imitada por otros iluminados como los soberanistas catalanes. Frente a ellos, la oposición, que posee una gran fuerza en la calle pero muy poco peso en los estamentos de poder del país, y que sabe que, de llevar a cabo sus planes de reforma, las elecciones en las que puede mostrar su fuerza dejarían de existir como tales, y la asamblea legislativa sería borrada del mapa, no de una manera tan burda como pretendían los violentos que la asaltaron la semana pasada, pero sí de una manera mucho más efectiva. Y en medio de todo está el ejército, el gran poder del país, acostumbrado a poner y quitar dirigentes. No olvidemos que Chávez era, sobre todo, un militar golpista. ¿Qué opina el ejército de lo que pasa ahora en el país? ¿Está dividido? ¿Va a consentir que el estado de revuelta social se perpetúe? ¿Acabará dejando sólo a Maduro, que se ha mostrado como un fracaso en todos los aspectos? ¿Se dividirá como la propia sociedad? No tengo respuesta para ninguna de estas preguntas, pero lo único que veo probable es que, de seguir la situación actual, tendrá que acabar tomando postura por uno u otro bando, o por una tercera alternativa, que sería la del golpe clásico y la instauración de un estado de orden bajo una tercera figura. En todo caso su papel actual de observador de la situación cada vez es más incómodo y difícil de sostener. La propia deriva de la crisis venezolana, que no deja de ir a más, le impedirá seguir estando sin pronunciarse. Y no perdamos de vista el precio del petróleo, el recurso básico para la economía nacional, que sigue bajo mínimos y drena toda posibilidad de aumentar los ingresos para el país y sus habitantes.


Los ejercicios de mediación internacional, en los que ha participado activamente, entre otros, el expresidente ZP, se han saldado con escasos resultados, dado el avispero en el que se ha convertido el país. Los pudientes de Caracas están optando por dejar su ciudad, y no pocos vienen a Madrid, en una entrada de capitales que ya nota, y con fuerza, el mercado inmobiliario de barrios como el del Salamanca, pero la inmensa mayoría de los venezolanos siguen allí, angustiados por su futuro y muy preocupados por su convulso presente. Es muy difícil saber lo que acabará pasando, pero lo ya sucedido es bastante triste, en una nación de riquezas naturales tan inmensas como desigual y nefastamente gestionadas. Pobre Venezuela, pobres sus ciudadanos. Ojalá el régimen de paso a una apertura de verdad, la situación se calme y el país logre reconstruirse. Lo merece y necesita.