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viernes, febrero 21, 2025

Pablemos y el sexo

Juan Carlos Monedero es un personaje destructivo que pregona una imagen intelectual, vestimentas progres, una idea de la justicia social anclada en el más rancio de los marxismos y una profunda adoración a todas las dictaduras que se vistan de izquierdas pero que no sean sino meros trampantojos a los que poder colar sus servicios de consultoría profesional, muy bien remunerados, por su puesto, porque será izquierdista el personaje según proclama sin cesar, pero factura a lo Shakira, siendo chico, sin límite y sin pagar los impuestos debidos. En su faceta profesional y ética, es alguien a evitar en todo momento.

Ahora resulta que, como lo era su compañero de filas Errejón, también es un personaje de manos largas, un presunto sobón de tres al cuarto y un abusador de su posición de poder para tratar de beneficiarse a todas las mujeres que pueda. Las acusaciones que hemos conocido esta semana repiten el patrón de siempre, el sota caballo y Rey que se asocia con el sujeto repugnante que, desde una posición de dominio, abusa de ella para cobrarse en sexo lo que cree como propio de sí mismo. Errejón, que se movía en círculos más elitistas, supuestamente culturetas y con un aire de intelectualidad, no era sino un vulgar guarro, vestido de niño inteligente. Monedero, que se mueve por zonas más de acción de clase de la izquierda clásica, no es sino un presunto vulgar guarro, vestido de activista y profesor. Ambos son el mismo tipo de personaje, un abusador del que se debe huir en cuanto se pueda, y que a buen seguro han causado desgracia y maldad en los entornos en los que han pululado, e inimaginables pesadillas para ellas, que en su entorno han estado. Todos estos comportamientos se han dado por parte de dirigentes de Pablemos, secta de tres al cuarto montada por el líder supremo Pablo Iglesias, que en esto de comportarse como el gran macho ha sido el más orgulloso y bocazas de todos los que en la política se han movido en España. En todas sus declaraciones se ha deslizado siempre, además de su instinto autoritario, un toque machista y obseso con el sexo que no ha dejado indiferente a casi nadie, pero que se le ha perdonado por lo de siempre, porque lo decía desde una posición ideológica que le amparaba. Iglesias ha consumido parejas en grandes cantidades, y como siempre, nada que objetar al respecto si ha sido siempre por acuerdo mutuo de ambos, pero vistos los comportamientos de los que han sido sus dos grandes lugartenientes en el movimiento que fundaron no hace falta ser el más espabilado del mundo para sospechar que el tercero de los próceres de la nueva, verdadera, pura, auténtica izquierda (añádanle todos los adjetivos falsos que deseen) ha incurrido en comportamientos similares, y que la organización por ellos dirigida los ha encubierto. Este proceso de ocultar las manos largas del líder y silenciar a la víctima ya lo vimos en Restar, cuando se destapó el caso Errejón, y quedó claro que todos los esfuerzos de las muy concienciadas dirigentes de esa formación se dirigieron, en exclusiva, a tapar el escándalo, que no saliera a la luz, a defender al acosador y a que la víctima se callara. Nauseabundo. En el caso de Monedero el patrón, también en esto, se repite. Las primeras denuncias que señalan a este sujeto por tratar de meter mano a compañeras de partido se remontan a 2017, hace no pocos años, y no consta que la formación tomara medida alguna al respecto, sino todo lo contrario. Silencio, ocultación, disimulo, esconder la cabeza, ocultarlo todo, tapar. La misma nauseabunda actitud, y en público pleno respaldo al personaje, que seguía pontificando sus hipocresías ideológicas y cobrando por ellas. Ahora la fábrica de excusas que se uso en Restar se repetirá, punto por punto, con Monedero. Y rostros igualmente pétreos saldrán ante los medios a mentir sin cesar, tratando de salvarse ellos de toda la mierda que han acumulado sin cesar.

¿Y Pablo Iglesias? ¿Cuánto va a tardar en salir alguna a denunciar que el líder supremo es el tercero en discordia? ¿o más bien, el jefe de la banda? A lo mejor me arriesgo mucho al afirmar algo así, y espero equivocarme, porque la inexistencia de un abuso es lo que todos debiéramos desear, pero creo, al 99% de confianza, que alguna saldrá, a pesar de que, en este caso, la presión que haya sufrido ella para callar haya sido proporcional al estalinista liderazgo que ha ejercido ese sujeto en su entorno, y que todavía practica con absoluto descaro. Se vuelve a repetir la hipocresía máxima que nos rodea. No es el qué, sino el quién, y los delitos cometidos por los “guays” parecen ser menos que los cometidos por otros. Y no. Son la misma mierda.

jueves, febrero 09, 2023

El desgobierno se descompone

Llega un momento en el que el poder empieza a agrietarse, al menos en la gestión democrática del mismo. Se cometen errores, fruto de la inconsciencia, la soberbia, la creencia de estar en posesión de la verdad y otras causas tan bien conocidas por reiteradas. Y se empieza a perder el poder. La rueda de prensa que dio Cospedal, en la presidencia de Rajoy, con el espectáculo del despido en diferido fue el principio del fin de aquel gobierno, la vía de agua que era imparable. Después de aquel ridículo algo era fácil de quebrar, y Sánchez, que era tan taimado como ahora pero pocos le conocían, fu espabilado y lo aprovechó. El PP perdió el poder por sus propios errores y no lo quiso ver. Es lo habitual.

¿Será desastre del sólo sí es sí el iceberg que hunda el Titanic sanchista? Cada vez lo parece más, aunque se lo confirmaré cuando el naufragio sea constatable. Meses y meses de advertencias sobre un texto lleno de fallos y construido desde el sectarismo por parte de juristas de todo tipo fueron olvidados tras la aprobación legislativa de una norma que la máquina de propaganda monclovita elevó a los altares del progresismo. Todo falso, claro. Con las primeras sentencias revisionistas de pena empezaron a surgir no una voz, sino miles, que denunciaban que serían una marabunta los delincuentes beneficiados, y que ya lo habían advertido, pero que la necedad de Irene Montero y la soberbia de Sánchez no escuchaban a nadie. Montero, que no sabe razonar, que sólo es capaz de gritar consignas baratas, no se ha bajado de su pedestal de fracaso en todo este tiempo, y es Sánchez el que ha ido virando, sin que le importen en lo más mínimo ni las rebajas de penas ni el inmenso daño causado a las víctimas de abusos sexuales, sino el efecto electoral que ese goteo de infamias tiene en sus expectativas electorales. Sánchez no es bobo, sabe que Tezanos miente, para eso le paga, y que a cada condena revisada pierde miles de votos. Así que, la semana pasada, tras cuatro meses de insultos a los jueces, a los expertos y, desde luego, a las víctimas, volantazo desde Moncloa para tratar de tapar una grieta en el casco por la que no deja de entrar agua. Y en ese volantazo el bigobierno se muestra como lo que es, una mera coalición de intereses para mantenerse mutuamente en el poder pero nada relacionado con la gestión, el proyecto o nada que se le parezca a gobernar. Decisiones colegiadas que el Consejo de Ministros aprueba en pleno son descalificadas por una parte u otra en función de lo que interese, ministras como Montero o Belarra se muestran desatadas y no dejan de insultar a todo aquel que ose llevarles la contraria, como buenas sectarias que son, pero tampoco dudan en insultar a sus compañeros de gabinete ni en despreciar al que los preside a todos, cuya autoridad pública se deshace a cada comentario sectario de una banda que sirve para poco más que hacer tuits macarras. Desde hace un par de días, la ministra de Justicia, a la que Podemos no dejó ni que abriera la boca en todo el trámite legislativo de la ley, empieza a tener cara de cordero degollado en el altar de las responsabilidades políticas, al que quizás eleve su jefe Sánchez como chivo expiatorio de un desastre tan monumental como infame. Ella, que ha tenido la parte de culpa colegiada que le toca, como a todo el Consejo de Ministros, en todo lo que está pasando, al menos ha tenido el valor de salir a decir que la ley es un desastre y que sus efectos son crueles y dolorosos. ¿Consecuencias de sus palabras? Lapidación por parte de Podemos y sus terminales, que quizás deseen, como sueña el macho alfa de esa manada, en azotarla hasta que sangre. Por parte de la bancada socialista, sumida en el marasmo, apenas algunas palabras de apoyo a su compañera ministra, que ahora sabe bien cómo son los más cobardes de entre los suyos, que cobran a final de mes pase lo que pase, porque sólo cobrar les importa. Y por parte de Yolanda, la que quiere sumar, lo de siempre. La nada, la vacuidad, las palabras huecas propias de cualquier baratija de autoayuda que ahora arrasan en ventas.

El componente sectario de Podemos se ha ido ahondando a medida que el partido ha ido evolucionando, curiosamente en dos de los planos semánticos de la palabra; el de la intolerancia política y el del comportamiento como una pura secta de fanáticos, en la que el líder supremo sigue manipulando en la sombra. El desastre que vemos era fácil de prever, pero no tanto las causas del mismo. Todo lo que ha tocado Podemos se ha visto destrozado en forma y fondo, y las causas a las que se ha acercado se han pervertido profundamente. El daño que esa formación ha hecho al país es grande. Y a sus socios de coalición también. No es tanto el ridículo como la vergüenza lo que vemos en estos días. Y de fondo, las víctimas. Humilladas. Olvidadas.

jueves, enero 26, 2023

Ione Belarra, en pleno desgobierno

La decisión alemana de ayer de aceptar el envío de sus tanques al frente ucraniano abrió, otra vez, la disensión en el seno de nuestro extraño gobierno de coalición, que en el fono nunca ha sido tal. Desde que comenzó esta legislatura ha habido dos gobiernos, uno vestido de socialista que loa a Sánchez y otro que rige Iglesias, en presencia o en la sombra. Todos los ministros han jurado su cargo y prometido someterse a lo que mande el presidente pero, en la práctica, los de Podemos hacen lo que les da la gana y Sánchez no parece tener permiso para tocarlos. Es una situación absurda, que lo sería menos si estuviéramos ante profesionales competentes, pero mire, precisamente no es ese el caso.

La respuesta de Ione Belarra, ministra de este gobierno, con sueldo de ministra de gobierno y con derecho a indemnización de ministra de gobierno cuando deje de serlo, a la decisión del ala socialista de unirse al esfuerzo occidental frente a Rusia fue de risa, tenebrosa, pero de risa. Criticó con dureza esa posición de la “parte socialista” y dijo que lo que debe hacer España es estar en la negociación para que la guerra se acabe. Nunca ha salido de su boca una crítica al Kremlin, a Putin o a nada de lo que las tropas rusas hayan perpetrado en estos once meses de guerra. Ni un solo mensaje de apoyo y condolencia a las víctimas ucranianas, residentes en una nación soberana brutalmente invadida por un vecino mucho más poderoso. No. Belarra, que cobra como ministra, ha dedicado insultos y amenazas a muchas personas, la última de ellas Juan Roig, dueño de la cadena Mercadona, y en su nombre a todos los responsables de las empresas de distribución alimentaria. Contra ellos ha dirigido expresiones y tonos de una dureza inusitada, en la que el rencor se junta con la ignorancia para generar un discurso vacío, populista y tan equivocado como peligroso, pero es sorprendente (o no) que ni el 2% de la intensidad con la que la ministra Belarra ha sacudido a Roig se la haya dedicado al sátrapa que desde Moscú dirige la carnicería en el este. Y eh añadido el “o no” porque, en el fondo, todos sabemos con quién simpatiza Belarra, y su auténtico jefe. Es inconcebible que en esta situación en la que las democracias europeas estamos siendo atacadas por la dictadura de Putin en el cuerpo y territorio de Ucrania haya representantes en un gobierno europeo que no oculten su admiración ante el personaje que rige en Moscú, que vean con buenos ojos las posiciones rusas y que compren sin rechistar el discurso que, desde las cloacas del poder ruso, se elabora para justificar la infamia que vemos cada día. Ayer Belarra volvió a ser la voz de su amo en el tema de la guerra, y dejó claro, como desde hace once meses, que si fuera por ella y los suyos no se hubiera movido un dedo en defensa de los ucranianos desde el momento en el que empezó la guerra. Si me apuran, quizás en la intimidad, sería ella una de las que celebraría la posible victoria rusa en la guerra. Cierto es que en esa fiesta no estaría sola, porque no son pocos los que, tristemente, viven en una burbuja de ensoñación respecto al papel de Moscú en el mundo. Algunos de ellos tienen el aliciente de ser convenientemente engrasados a través de sus cuentas corrientes, donde a buen seguro exigen el pago en euros o dólares, no en rublos, porque serán sectarios, pero no imbéciles, y usan los altavoces mediáticos de los que disponen para mantener un discurso que, si al inicio de la guerra era sonrojante, ahora es simplemente un delirio cruel. Belarra no está sola en sus opiniones y discursos, probablemente eso sea lo más inquietante, pero sí es de las pocas que los dicen desde las alfombras oficiales de un gobierno occidental. Es un caso inaudito, y resulta por ello obvio que en las reuniones y llamadas oficiales que se hacen para decidir el rumbo de los acontecimientos y la participación occidental en el desastre ucraniano a España ni se le consulte. Conocida es la postura prorrusa de parte de nuestro gobierno y, obviamente, como para contarle confidencias están los aliados. Es un nivel de ridículo el que se alcanza cada vez que se repiten declaraciones de este tipo que ya se han superado todos los límites inimaginables.

¿Consecuencias? Ninguna para el salario de Belarra, que es lo que más le importa. Su jefe, Sánchez, sigue haciendo como si oyera llover cada vez que alguno de sus ministros morados, que son sus subordinados, sale a la palestra a decir cosas que sonrojan a cualquiera. ¿Por qué? No lo se, no lo entiendo. Pensará el doctor que da igual, que todo es pose y que no supone problema alguno de cara a las expectativas electorales del ala socialista, pero sea así o no, que lo dudo, el cargo de ministro en España, que ya llevaba tiempo devaluado, se ha convertido en algo carente de todo prestigio. Pruebe usted en su trabajo hoy a cagarla y delante de su jefe y a ver qué tal se lo toma. Seguro que le cae una bronca seria y, quizás, la última. En todo caso, sepa que Belarra seguirá cobrando, lo haga usted o no

miércoles, julio 06, 2022

Desgobierno enfrentado

Suelo usar el término desgobierno para definir al grupo de personas que, supuestamente, rigen el país, fijándome más en el resultado de sus acciones que en la forma que posee. Quizás el término bigobierno sea más exacto, porque nunca se ha dado una unión cierta no ya entre los equipos, sino ni si quiera en las líneas de actuación entre la rama socialista y la de Podemos. La crisis del verano pasado, que quizás se repita, en la que Sánchez sólo cambió ministros socialistas. Y la negativa a cesar a algunos de los ministros de Podemos tras sus sonoros y evidentes fracasos muestra que el gobierno es uno y dúo, y que se opone a sí mismo. Como mínimo curioso, en general, triste.

Es normal que en toda coalición haya disputas y diferencias, por algo son uniones entre formaciones distintas que deciden agruparse para gestionar un poder que sólo de esa manera logran alcanzar. Es el interés egoísta de cada uno lo que les lleva al pacto, en un ejemplo que a Adan Smith le encantaría, seguro que no tanto a Ione Belarra. Sin embargo, lo que vemos desde que se conformó el gobierno de Sánchez es otra cosa. Dos ramas, una grande, la socialista, que sabe lo que es gobernar y lo que supone estar al cargo de instituciones, aunque lo haga mal, y otra, la de Podemos, que sigue viviendo en esencia en el mundo asambleario y que lo único que parece tener claro es la abultada nómina que sus dirigentes y colocados reciben a final de mes tras el no desempeño de sus obligaciones. Gobernar es difícil, sacrificado, duro, cuesta. Sí, ahora uno de los tres lectores que aún me siguen me han mandado a la porra, ayy, pero es como veo que debe ser el ejercicio del poder en nuestras sociedades. Los ministros de Podemos ocupan cargos de responsabilidad elevada, tienen acceso a presupuestos públicos, obtenidos mediante la recaudación de impuestos de todos los ciudadanos, les hayan votado a ellos o no, y deben ser conscientes de que ocupan esos cargos porque el voto popular que ellos y el resto de partidos que los apoyan les otorgó mayor representación en el Congreso que a sus oponentes. Poseen un contrato temporal en el sentido más estricto del término. Le deben coherencia y respeto a su jefe en el gobierno, Sánchez, y si no la lealtad plena que el militante socialista observa hacia su ungido jefe, si la mínima imprescindible para que la labor colegiada del gobierno y los ministerios no sea un constante ejercicio de lucha interna. Si uno como miembro de una formación política discrepa de los acuerdos o las decisiones de su jefe en el gobierno trata de arreglarlo, vía debate o griterío, pero a puerta cerrada, y si la cosa no mejora siempre está la opción de dimitir y dejar el cargo. Que una parte del gobierno realice la oposición a la otra en un tema como el del aumento del presupuesto de defensa tras la cumbre de la OTAN es tan incomprensible como que los dirigentes de dicha rama opositora sigan cobrando, sin pestañeo alguno, los emolumentos de sus cargos, que proviene del hecho de ser parte de ese gobierno. Ayer a Boris Johnson le dimitieron dos de sus más cercanos e importantes ministros, uno el de economía, por el último escándalo en las filas conservadoras, de acoso sexual de un dirigente a otros hombres del partido, ante el que el jefe de pelo encabritado ha actuado como siempre; tarde, mal y arrastras una vez que la noticia ya era imparable. Los dos ministros, seguramente hartos tras los escándalos pasados, han debido pensar que ya es suficiente y que no iban a aguantar más. Son miembros del mismo partido que el premier, pero se han ido, lo han dejado. A nadie se le obliga a ser ministro, y uno siempre tiene la oportunidad de irse, pero ninguno de los cargos de Podemos ha abandonado sus bien remunerados puestos por problemas de conciencia o incompatibilidad entre lo que el gobierno decide y lo que él proclama en sus mítines o declaraciones. Seguramente varios miles de euros al mes dilatan todas las estrecheces políticas y éticas que uno pueda tener, y darse una vuelta turística por Manhattan a cuenta del presupuesto público bien vale la hipocresía de apoyar a un gobierno en el que uno, en este caso una, nunca ha creído.

En todas las coaliciones llega un momento, a medida que se acercan las siguientes elecciones, en las que hay que escenificar la ruptura para que las formaciones que las componen se puedan presentar cada una por su lado ante el electorado, presumiendo de manera individual de todos los logros colectivos del ejecutivo y achacando al otro, u otros, los fallos y lo que no ha podido ser en la experiencia de gobierno. Pareciera que en este experimento de Sánchez esa escenificación comenzó al par de semanas de echar a andar el pacto de gobierno, lo que lo hace todavía más complejo. Los politólogos lo deben estar disfrutando, pero el resto de los ciudadanos, paganos y sometidos a las inclemencias del día a día, no, nada.

martes, marzo 16, 2021

Iglesias en los idus de marzo

Si ayer les decía que los artículos de opinión se quedan cortos en horas… pues apenas tres son las que pasaron desde que colgué el de ayer para que un nuevo temblor sacudiera la política nacional y diera otro giro de guion a la trama política que vivimos, que deja a cualquier serie a la altura del barro. Sigo sin entender como la gente se apunta a plataformas televisivas para ver ficción que no puede rivalizar, en lo más mínimo, con lo que emiten a cada minuto nuestros informativos. De hecho creo que nuestros incapaces políticos han decidido que van a dejar en paro a actores y demás profesionales audiovisuales con sus actuaciones, imposturas y ambiciones de infantil parvulario. No tendremos grandeza, sólo miserias, pero sí, de las grandes.

Salió a eso del mediodía Pablo Iglesias en un vídeo producido por los suyos en los que, tras varias de sus soflamas, y en el estilo arrogante y faltón que le caracteriza, anunció que pasa de ser vicepresidente del gobierno, que renuncia al cargo y servicio a su país, y que ha decidido, sin pedir permiso a nadie, a quien menos a su actual jefe el presidente del gobierno, que se presenta como candidato a las elecciones a la Comunidad de Madrid, y que para chulo él, y que la salvación de los valores de la democracia y la libertad sólo está en su mano frente a la necedad de otros y la malignidad absoluta de lo que a ellos se enfrenta. A cada instante de ese vídeo (cuesta verlo en su totalidad) parece que al líder supremo se le va a escapar la coletilla de “no tenéis ni XXX idea” a todo el mundo mundial al que proclama su advenimiento en la carrera electoral madrileña. Traicionando nuevamente al gobierno al que decía representar, traicionando nuevamente al cargo que ostentaba y a la alta responsabilidad que supone, siguiendo en la línea de lo que ha hecho en el ejecutivo desde que llego a él, Iglesias pasa de todo delante de todo el mundo y se erige en salvador de la izquierda para encabezar una formación que, según las encuestas, corría el serio riesgo de no alcanzar el mínimo del 5% de votos para conseguir representación en la asamblea regional. Como buen dictador de su formación que es, deja su sucesión atada y bien atada, diciendo en público quién debe ser la persona que ocupe la vicepresidencia que él deja y la que le releve en la cartera ministerial. Doy por sentado que las designadas, Yolanda Díaz y Ione Belarra, no sabían lo que se les iba a asignar, porque los designios del Señor son inescrutables, y más aún los del amado y querido líder. Y las atribuciones del presidente del gobierno para escoger su equipo, bueno, pues me las paso por donde me las plazca, pensaba el orgulloso sujeto del moño cuando hablaba mirando a la cámara que le obsesiona. Iglesias, en un ejercicio de prepotencia muy de los suyos, se ofrece a los componentes de las otras candidaturas madrileñas situadas a la izquierda del PSOE a encabezar el movimiento para concurrir a las elecciones, dejando sin duda que, si hay acuerdo, algunos de los que encabezan actualmente esos partidos, por ejemplo Más Madrid, puedan ser siervos suyos y tener el honor de honrar cada día de su vida con la presencia y cercanía al amado líder. No se qué pensarán Errejón y otros miembros de la formación madrileña del ofrecimiento por parte de aquel que no dudo en degradarles y purgarles en cuanto pudo. Supongo que si a mi me dio risa ver el vídeo a ellos les debe haber entrado un escalofrío de terror al comprobar cómo el que se apropió de sus ideas y destruyó esa opción política con el único objetivo de medrar en lo personal, económico y profesional vuelve a sus vidas con ofertas de abrazo. A cada elección que se presenta Iglesias y su formación pierden votos, escaños, concejales, poder en definitiva, pero a quien a concebido la política como mero instrumento para satisfacer sus infinitos egos eso es lo de menos. Siempre encontrará ese presunto líder algunos sujetos que se le ofrezcan, engañados por su falso discurso, obnubilados por su presencia, atraídos por su magnetismo personal, que le puedan servir al usurpador para alcanzar alguno de sus logros. Escalado el buscado peldaño, ya serán arrojados tras haber sido usados como estaba planeado. En los idus de marzo el Brutus patrio no deja de apuñalar a los que cree que pueden obstaculizar su camino al cesarismo.

Y ante esta decisión, brusca, sorpresiva y arriesgada, el muro de la realidad en forma de elecciones y rivales. El movimiento de Iglesias convierte aún en más trascendentales las elecciones del 4 de mayo en Madrid, elevándolas a rango de primarias presidenciales. Ha aumentado aún más el prestigio de Ayuso el que el hasta ayer vicepresidente segundo del gobierno la escoja como la rival a batir, y hace que sea esa candidata del PP la que pueda ejercer el papel de Némesis del conducator, si es que le propicia la derrota electoral que los sondeos auguran. La puerta del Sol, donde nació el 15M hace diez años, puede ser el inicio de la tumba política de uno de los que más se aprovechó y, a conciencia, pervirtió ese movimiento. Chúpate esa, guionista de Netflix.

martes, junio 30, 2020

Iglesias y la tarjeta chamuscada


Es curioso como ciertas historias que parecían muy claras y obvias se enredan y acaban por parecer algo muy distinto a lo que prometían. No sólo en las series hay giros de guion inesperados, sino que la realidad también los ofrece. Enrevesa las tramas, sí, pero las hace más atractivas. Lo que parecía una vulgar operación de acoso a un líder político emergente, la luz que guía a Podemos hacia la tierra prometida, el líder supremo Pablo Iglesias, encabezada por el sucio personaje que se esconde tras la denominación de “comisario Villarejo” se está transformando en una historia de muchas aristas en las que Villarejo sigue siento sucio e Iglesias muestra que no le va muy a la zaga en maldad, cosa que no es sorprendente.

Antes de las elecciones de 2019, qué lejos que da eso, el caso de la tarjeta sustraída al móvil de Dina Bousselham, asesora de Iglesias, era sencillo de interpretar, y obvio el rédito político que los morados sacaban del mismo. Una operación de las cloacas para desprestigiar a Iglesias y a su formación para impedirles el ascenso al poder, o si a él llegaban, bloquear su ejercicio. La tarjeta de ese móvil acaba en manos del director del grupo editor de la ya extinta Interviú y éste se la da a Iglesias, que tiene una prueba de cargo para enarbolarla en la bandera de “los de abajo frente a los de arriba”: Con Villarejo de por medio todo es posible y la trama antipodemos es coherente. Electoralmente poco éxito le saca Iglesias a la historia, dado que sus resultados en cada elección menguan, a la par que lo hace el control estalinista de su persona y familia sobre la formación política. Sin embargo en las últimas semanas se han ido conociendo nuevas noticias de este asunto de la tarjeta y el proceso judicial que está abierto al respecto. ¿por qué hay un juez de por medio? La causa se judicializa cuando se descubre que la tarjeta fue entregada finalmente a su dueña deteriorada, destruida por un tercero, en lo que es un delito contra la propiedad de la información. Como se suponía que la tarjeta contenía información privada que afectaba tanto a Bousselham como a Iglesias (vaya vaya, el líder supremo y su corte de admiradoras) el juez abre procedimiento y, entre los perjudicados, incluye a Iglesias, en coherencia con lo que comentaba al principio de la teoría del chantaje de las cloacas. Pero hete aquí que la cosa cambia cuando Bousselham declara ante el juez que fue el propio Iglesias el que le devolvió la tarjeta deteriorada. Vaya, el perjudicado con la carga de la prueba destruida. Eso es más raro. Controlada en todo momento por una abogada de Podemos muy cercana al círculo del líder, Bousselham cambia de versión declarada y busca exculpar a Iglesias, pero el juez ya está mosqueado, y empieza a sentir que la historia no es lo que parecía. Los medios afines a Podemos y sus redes sociales se encuentran ante un problema, y tras algunas vacilaciones, cambian de registro y se dedican a atacar con saña a la versión del juez, manteniendo en todo momento la idea original de las cloacas y que todo es una retorcida versión que trata de incriminar al inocente hombre corriente encarnado en Iglesias. En paralelo, Iglesias crea para Bousselham una web digital de noticias, denominada La última hora, que se presenta como un medio independiente al servicio de la ciudadanía, al que sólo le falta el logotipo arcaico de diseño soviético para ser el Gramma o Pravda en versión hispánica. Día tras día surgen nuevas informaciones sobre el caso, audios de las declaraciones de una Bousselham que se ve acorralada entre el juez y su líder y mensajes en los que se ve connivencias entre la fiscalía e Iglesias.

¿Hubo un intento de chantaje sobre Iglesias por parte de Villarejo y alguien más? Muy probablemente ¿Contenía esa tarjeta material que podía servir para chantajear al líder y Bousselham, y quizás a alguien más? Casi seguro. ¿Actuó Iglesias de manera oscura con esa información durante los muchos meses que tuvo la tarjeta en su poder? Parece que sí ¿Alguien más que todos ellos posee copias de esa información “interesante”? Muy probablemente sí. ¿Es Bousselham la pieza más frágil de la trama y la que ha cometido el error de destaparla? Parece probable. El locuaz Iglesias no dice nada desde hace varios días, y eso como mínimo es muestra de que algo oculta el líder, la luz que guía y señala siempre, sólo, la verdad.

miércoles, junio 05, 2019

Crisis en Pablemos


Después de las dos noches electorales recientemente vividas resultaba obvio que Podemos es el gran derrotado de esta serie de comicios enlazados que hemos vivido. El PP sale muy herido de ambos, pero las opciones de alianzas le permiten conservar feudos de poder y parece haber visto su suelo electoral, por lo que, aunque su situación es grave, tiene paliativos. En casa iglesias no hay lugar para el consuelo. Pierde todas las plazas de poder municipal y autonómico que tenía, y la única ciudad que conserva sigue en manos del “kichi” perteneciente a una de las corrientes opositoras al liderazgo de Iglesias. En votos, concejales y escaños el balance de este ciclo para los morados es sonrojante, y los aboca a una crisis existencial, lo quieran o no. Mejor dicho, lo quiera ÉL o no.

Y es que uno de los males de Podemos, que no le ve ni quiere afrontar, y se aloja en su seno desde su misma concepción, es su total dependencia del mesiánico liderazgo de un Pablo Iglesias que se ve como líder y dueño de la formación. Es cierto que su papel ha sido determinante en el surgimiento del partido, y nadie le puede negar el mérito de haber armado desde la nada una formación que consiguió unos resultados excepcionales, pero a partir de cierto momento su soberbia, que exhala por todos los poros de su cuerpo, empezó a restarle apoyos y votos, y cuando llegó ese momento en el que el líder debe saber apartarse para que el grupo que ha creado pueda seguir creciendo, optó por todo lo contrario. También es verdad que a nadie debiera extrañarle algo así en una formación de corte marxista clásico, que parece casi siempre sacada de un tarro de formol de principios o mediados del siglo pasado, que diríase que posee aún un despacho en el que un teléfono tiene línea directa con Moscú para recibir instrucciones. En su concepción del poder, absoluta y absolutista, heredera de los líderes soviéticos a los que tanto admira, Iglesias ha ejercido la autoridad absoluta en su entorno, vistiéndolo a veces de ropajes amables, apelando a la “gente” como otros lo hacían al pueblo antes de esclavizarlo. En otras ocasiones no se ha andado con subterfugios y ha usado palabras muy gruesas contra sus oponentes. Y en todo momento ha dejado claro que oponente sería todo aquel que le llevase la contraria. Así, la salida de dirigentes, con o sin cargo, de la formación, ha sido un constante, de tal manera que cada vez los que quedan al frente son pablistas más puros, y es sabido que, entre las vanguardias proletarias, también se crean subgrupos de purísimos que purgan a los simplemente puros, y así hasta el infinito. El partido ha ido adelgazando en nombres, corrientes y perspectivas a medida que el discurso de Iglesias ha monopolizado el pensamiento de la formación. Un discurso sectario, de enfrentamiento, comprensivo con el independentismo, económicamente maniqueo, ausente en lo social, con tintes autoritarios y, sobre todo, tan trasnochado que, ya les digo, parece propio de un museo. A medida que el partido perdía voces también se caían apoyos sociales, que eran vistos por los pablistas como rémoras, grasa que se podía eliminar para correr más hacia ninguna parte. Por otro lado, Iglesias, como todo buen émulo de sátrapa, no ha tardado en arreglar su vida personal chalet en la sierra madrileña mediante mientras sigue encarnando, con una notable hipocresía, un discurso basado en “los de arriba y los de abajo” carente de toda credibilidad tras verse cómo a la primera oportunidad ha podido escapar de “los de abajo” para hacerse de “los de arriba” según él los define. La casa de Galapagar define muy bien lo sucedido con Podemos a lo largo del año pasado y el caos mental en el que se encuentra la formación. En medio del jaleo, Iglesias trata constantemente de acallar críticas y de atacar a todos lo que le puedan hacer sombra, buscando sobre todo que nadie le pueda quitar las sombras que, en su jardín, junto a la piscina, le refresquen en verano.

El cese ayer por la noche de Pablo Echenique como secretario de organización del partido es el primero de los ordenados desde Galapagar por Iglesias para tratar de dar carnaza a los críticos, que llevan varios días organizándose y emitiendo comunicados y señales. Con su ambición incesante de entrar en el gobierno, busca Iglesias salvar su trasero, chalet y posición, y tener un altavoz desde el que golpear con saña a sus opositores. En todo esto el papel de Irene Montero es idéntico al de su marido, porque ambos son clones, tanto en lo estético como en lo ideológico y formal. El hecho mismo de que ella se pueda presentar como sucesora y que la sede familiar del poder del partido se mantenga es una muestra de hasta qué punto el personalismo peronista de Iglesias ha entrado hasta el seno mismo de la formación, destrozándola. Podemos parece agonizar.

martes, marzo 26, 2019

Iglesias y Abascal, dos líderes tóxicos


El sábado volvió Él. Como colofón a un garrafal error de estrategia, que en el fondo deja muy clara cómo es su personalidad, Pablo Iglesias se dio un chapoteo de masas, que no baño dados los que estaban, este pasado sábado en la plaza del museo Reina Sofía, lugar emblemático para Podemos. Cuando uno vuelve a los mitos teniendo tan pocos años de edad como esa formación política quiere decir que algo no va bien. Pocas sorpresas dio Iglesias en su discurso, en el que volvió al estilo mitinero y bronco que le caracteriza, sin dejar resquicio alguno a los que no son plenamente fieles a su idea de la política, del partido, de la sociedad y de todo lo que él quiera entender en el mundo. O conmigo o contra mi, en un aire viejuno y desgastado. Ni unidos ni ya pueden.

Parece que en estas elecciones de abril un par de cosas están claras, y son la bajada de Podemos y la aparición de Vox en el Congreso. Quizás lo que baje uno suba el otro, y no es por casualidad. Podemos ha perdido el aura de partido de moda, de estar en la onda, de ser la herramienta para castigar al sistema, y ese papel lo juega ahora la formación ultraderechista. ¿Es absurdo plantear que hay trasvase de votos entre el comunismo podemita y el franquismo voxero? No, porque más allá de los fieles de ambas formaciones, que seguirán hasta el día del juicio final, una masa de votantes díscolos puede oscilar entre ambas formaciones, pendulando de un extremo a otro. Y además no sólo muchas de las ideas de ambos partidos son similares, sino que el liderazgo que ejercen sus jefes es perfectamente equiparable. Muchas cosas diferenciarán a Iglesias de Abascal, pero en lo profundo se parecen mucho. Ambos, por encima de todo, desean dictar, entienden el liderazgo como un proceso de sumisión absoluta del otro a sus propios designios. La libertad de ideas no existe en sus mentes, donde sólo una idea anida y el resto se persiguen, y la discrepancia se convierte rápidamente en disidencia y de ahí al ostracismo no hay nada. Sus formas son las de los años treinta, la de los líderes duros, visionarios, creadores de nuevos amaneceres, que bien se inspiran en la revolución de clase o en el orden social, pero que ansían sobre todas las cosas el poder perfecto, perpetuo y eterno. Ambos admiran regímenes de aborrecible recuerdo y de siniestra similitud en formas de desarrollo y represión. Para Iglesias todos los que no piensan como él en el extremo del espectro en el que vive son “izquierda amable” dicho con el rintintín de desprecio más absoluto hacia los que considera los peores traidores posibles. Para Abascal, los que no comulgan con su militarista y ultra visión social son “derechita cobarde” expresión que recita con el mismo tono que usa Pablo y, casi seguro, con la misma imagen de ira depositada en aquellos que ve como vendidos, claramente inferiores. Representan ambos la peor versión del liderazgo, del ejercicio de las ideas, que todos podemos ver en público, pero que muchas veces, en el día a día, observamos en entornos de trabajo o familia, donde protodictadores similares tratan de crear nichos de verdad y poder incontestables, convirtiendo en tóxicos aquellos ambientes en los que se desenvuelven. Estos comportamientos, de los que conviene huir como de la peste, han adquirido últimamente un cierto prestigio en la esfera pública, algo que soy incapaz de entender. El tertuliano borde, el jurado d concurso chulesco que se mofa y se hace el duro con todo aquel al que se dirige obtiene un inusitado premio de audiencia y gana más dinero con ello, mientras que el opinador moderado es arrasado, arrinconado. La duda se castiga, le fe ciega se premia, y entre semejantes ejercicios de demagogia, se arruina el debate, marchita el tejido social y se resiente al democracia en su conjunto.

¿Sabe Iglesias que su tiempo como líder supremo se agota? Quizás sí, porque será muchas cosas, pero tonto no, pero la idea de rodearse de colaboradores de fe ciega para protegerse ante un descalabro quizás indique su intención de resistir como sea. La alternativa de colocar a Irene Montero como sucesora sería un movimiento que lo equipararía con, pongamos, Daniel Ortega y su mujer, que encabezan la dictadura nicaragüense desde hace años en una sucesión familiar tan absurda como paródica. En todo caso, tanto Podemos como Vox representan lo peor de la política en España, suponen el contagio a nivel nacional de demagogias basura como la encarnada por Puigdemont y sus secuaces en Cataluña, y contaminan el debate político en un proceso de degradación que, legislatura tras legislatura, no parece conocer fondo.

jueves, marzo 07, 2019

ÉL


ÉL. Así, en mayúsculas, bien visibles, llenando todo, marcando territorio y, metafóricamente, masculino paquete. Cubriendo en cartel con su presencia e imagen, siendo el centro de todo lo que hubo, hay y habrá, dejando a las claras que su mujer es una mera sustituta interina, y que todos los demás no son sino siervos a su servicio. Él se reencuentra con la gente y la gente vuelve a tener en él al líder soñado que les conducirá al paraíso, que liberará a la estúpida masa, incapaz de pensar, de sus cadenas, porque él, el ser superior, el señalado, el ungido, sabe lo que es lo mejor para todos. En él se encarnan los valores del pueblo escogido. Él es, de hecho, el pueblo.

Hay dos cosas que pugnan por ser lo más asombroso del montón de estupideces que se desvelan en el cartel de la vuelta de Pablo Iglesias a la política. Una es que él mismo se cree esa figura de adulación máxima que ha creado, y ejerce sin disimulo como tal. Lo segundo es que, en ciertos ámbitos y reductos, funcione, y que haya personas dispuestas a seguir a este tipo de liderazgos hasta el extremo creyendo, sinceramente, que en ellos anida la verdad. El desvarío mental de Iglesias, porque no se muy bien sino como calificar el ego que se le escapa por todos los poros, puede ser una curiosa excepción, sólo le afecta a él y está confinado en el seno de su infinita autovaloración, en su eterna y elevadísima imagen de amor propio que cultiva sin fin. El que eso tenga éxito es un asunto más profundo, que nos dice mucho sobre la psicología de masas, sobre la capacidad que el líder tiene de influir en aquellos que creen en él y llevarlos hasta el precipicio, y llegado el caso mandarles que se arrojen por él y conseguir que esas masas aborregadas se suiciden con caras sonrientes. A lo largo de la historia hemos visto innumerables ejemplos de liderazgos políticos exacerbados que siempre han acabado igual. El culto a la personalidad es algo común en la política, pero en sus extremos se convierte en seña de identidad única y plena, la causa fundamental del movimiento. Hitler o Stalin encarnaron, desde posiciones aparentemente opuestas, pero realmente iguales, el mesianismo perfecto, que no es sino otra forma de definir la dictadura absoluta. Ellos eran su régimen, y su final era el final de todo, porque en ellos todo empezaba y terminaba. El lavado de cabeza de sus sociedades fue absoluto, gracias al empeño de miles de profesionales y servidores en todas las áreas posibles dedicados en cuerpo y alma al engrandecimiento del ser superior. El caudillismo latinoamericano, del que tanto bebe Iglesias, tanto envidia y tanto desea emular, resulta ser una versión más burda y chusca de esos movimientos totalitarios europeos, pero no por ello menos efectiva. Ahí tenemos los casos de Hugo Chávez o Daniel Ortega, casi canonizado el primero por sus engañados seguidores (afortunadamente cada vez menos) y manteniéndose el segundo al frente de una Nicaragua destruida por su ego y mano de hierro. ¿Cómo logran estos personajes lamentables el respaldo unánime y el servilismo ciego? No lo se, no me lo explico. Son listos, sí, saben que teclas pulsar para emocionar a los suyos y crear corrientes de opinión favorables, pero un mero análisis de un par de minutos por parte de una mente serena arroja siempre la misma conclusión. Son una falsedad total, un ejemplo perfecto de egolatría propia de psiquiátrico y unos personajes ávidos de riqueza y poder hasta el extremo. Sus discursos se basan en tópicos falces y en argumentaciones de quita y pon. Las fuerzas ocultas que se oponen a su clarividencia son las culpables de todos los males, y armados de la verdad y la palabra, en ellos, afirman, radica la verdad, cuando esos dos minutos de análisis bastante para destapar la inmensa montaña de chorradas que son sus, en apariencia, serios y hondos discursos. De ahí que reírse de ellos sea muy fácil y que, por su puesto, todos estos sujetos carezcan, por completo, de sentido del humor.

Personajes de estos se encuentran a lo largo de todo el espectro ideológico, porque lo suyo no son ideas políticas sino egolatría y ansia de poder. De hecho se puede jugar a las siete diferencias entre Iglesias y Abascal y acabar en unos pocos minutos encontrando apenas tres. Resulta obvio que todo lo que antes he comentado tiene un componente religioso que lo impregna todo, y es que todos estos líderes aspiran, por encima de todo, a fundar una religión de fieles a su persona. Y no deja de ser cruel que Iglesias se autoproclame el Mesías liberador cuando las elecciones en las que su formación (él) puede sufrir un mal resultado se celebran a los pocos días de la Semana Santa. Pero seguro que desde la dacha de Galapagar se cree en la resurrección de la carne de Iglesias, de su cuerpo. Y cruel será el castigo a los que carecen de fe.

viernes, enero 18, 2019

Errejón deja Pablemos


Ay, la política, qué grande es, qué apasionada. Un día estás en lo más alto y en pocas horas te conviertes en historia y recuerdo, desbancado como no esperabas. Años de gloria difuminados por completo. Que se lo digan a Rajoy, que en mayor vivió el cénit y el final de su carrera en apenas cuatro días, o que se lo digan a Pablo Iglesias, el líder supremo y absolutista de Podemos, que logró llevar su experimento político a las puertas del poder real, que alcanzó estimaciones de voto superiores al 20% y que ahora se despeña poco a poco en medio del encumbramiento de su teocracia pablista, de su nepotista reparto del poder, que tanto recuerda al estilo de los Trump, y los mensajes emitidos desde el chalet de Galapagar, que detenta como nuevo rico.

No se si la marcha de Errejón de Podemos es una herida mortal para la formación, pero desde luego supone un golpe durísimo, que se une a los muchos que ese grupo político sufre desde hace tiempo, principalmente causados por la manifiesta incapacidad de su líder supremo de ver más allá de su ego. La historia de Podemos es la de Pablo Iglesias, la del líder mesiánico que tiene una visión y que se dedica, a medida que asciende a los cielos, a liquidar a todos aquellos que puedan hacerle sombra, a usarlos como piezas útiles en su escalada pero a abandonarlos, como esas piezas que se clavan en la montaña para hacer las cordadas pero que luego, una vez alcanzada la cima, ahí se quedan. Tampoco en esto Iglesias es muy original, la verdad, porque en todo partido político se dan purgas y siega de afines al bando contrario cuando es el propio el que alcanza el control de la formación, y los últimos que saben algo de esto son los sorayistas del PP o los susanistas del PSOE, pero el estilo Iglesias, que tanto se parece en sus formas al de sus adorados miembros del politburó soviético, es especialmente cínico y resolutivo y más cuando Podemos venía a hacer “otra política”. Ay, los eslóganes vacíos…. Del equipo fundador de Podemos sólo queda Pablo. Monedero fue el primero en caer, víctima de su propia egolatría y de los chanchullos financieros que le permitieron enriquecerse a un personaje bastante siniestro que ha escrito libros en los que habla de política decente para la gente decente. Tras él fueron cayendo muchos que tenían un perfil mediático más o menos intenso, pero que sobre todo parecían tener cabeza, ideas y estrategias modernas para poder ganar elecciones. Luis Alegre y Carolina Bescansa fueron dos claros ejemplos, profesionales venidos de ámbitos intelectuales, dotados de mentes avanzadas y que veían la política como una manera de llegar al poder, que es lo que es, pero también como un espacio de estudio, dignidad y colaboración. Fueron laminados cuando vieron que la formación que habían contribuido a organizar se estaba convirtiendo en otra cosa. De fondo siempre estaba Errejón, con su cara de niño que le ha causado ser tomado poco en serio entre los suyos y los demás. Errejón es mucho más listo que Iglesias, y éste lo sabe. Y ser listo te convierte en peligroso a ojos de quien busca sobre todo detentar el poder para él mismo, sin importarle nada más. El ostracismo de Errejón ha ido a más en cada una de las citas de Vistalegre, lugar en el que hace cinco años justos nació Podemos, y que en cada encuentro se iba convirtiendo en una vista cada vez más triste para los errejonistas y, en general, todos los que veían a Podemos como un partido político y no un grupo de fanáticos pablistas. La posición de Errejón como cabeza de lista de Podemos a la Comunidad de Madrid era tan frágil como falsa, porque cada día se iba sabiendo como Iglesias iba a confeccionar unas listas en las que él decidiría quién acompañaría y vigilaría a un Errejón que más parecía un títere, un cartel de marca, que un candidato propio. Iglesias quería conservarlo a sabiendas de que era el que más votos (le) iba a recoger, pero una vez pasados los comicios, se convertiría en un pelele en sus manos.

Ya no. Errejón ha decidido volar sólo con una marca conjunta en la que él y Carmena son las dos imágenes, y suponen uno de los más fieros tándems electorales en la batalla local madrileña de mayo. Supongo que será finalmente expulsado del Podemos pablista, y fiel a la tradición de los admirados padres ideológicos, Iglesias borrará su imagen y recuerdo de toda la historia de la formación, que es suya y sólo suya, y nada más que suya. Errejón ya no podrá acudir a la piscina de la dacha de Galapagar, y los votos que consiga serán sólo suyos, no del amado líder. Su jugada es valiente, arriesgada, fruto de una necesidad de supervivencia política, y le honra el coraje de haber dado un paso así. Y en medio de su infinito cabreo, Iglesias sabe que todo esto es así, pero a buen seguro que será incapaz de ver su culpa en todo ello. Quizás pudieron, sí. Ya no.

jueves, abril 19, 2018

Podemos y Vistatriste


Ay ay ay, el poder, cuántas tonterías se hacen para conseguirte y retenerte. Los partidos, estructuras creadas para alcanzar el poder, son la forma más civilizada que hemos encontrado en los tiempos modernos de gestionar el acceso y renuncia al mismo, pero en su seno laten las oscuras pulsiones que, desde siempre, han creado los liderazgos, destronado jerarcas, ajusticiado cabezas y encumbrado hombres fuertes. La historia, en este sentido, cambia de ropajes pero se repite una y otra vez. En todas las formaciones, sea cual sea su ideología declarada o real, se mantienen, como en el manto terrestre, fuerzas que pueden erupcionar en un momento dado, y casi siempre con consecuencias serias.

Lo sucedido ayer en Podemos es un ejemplo clarísimo de todo esto y la muestra de que, vestidos de ropajes morados, y presuntamente alejados de las castas políticas, los dirigentes actuales y los aspirantes a serlo son, obviamente, políticos que buscan el poder por encima de todo. La estructura de gobierno de Podemos se diseñó a la carrera, pero basada en el mesianismo de su líder, que por formación es más que partidario de los regímenes de hombre fuerte donde él, cómo no, sea el que ordene y mande. Sabe bien Pablo Iglesias que compartir poder y decisiones es perderlo, y que sólo se puede mostrar uno generoso cuando, alcanzado el poder institucional, se tienen cargos para repartir y, como en los parques, alimentar de migajas a los que le rodean para garantizarse su quietud. Las dos asambleas habidas en el partido, bautizadas como Vistalegre I y II se han mostrado, cuando menos, poco afortunadas por el nombre escogido, y han dado muestras de la profesionalidad purgante de Iglesias de los suyos a la hora de laminar a los críticos. Tres son las corrientes que, en apariencia, viven en Podemos. Están los anticapitalistas, anarquistas más o menos de postín, que tienen peso y cargo en varias instituciones. Su líder es el actual europarlamentario Miguel Urbán. Están los moderados, encabezados por Errejón, que han ido perdiendo fuelle y presencia con el paso del tiempo, y están los comunistas clásicos de toda la vida, encabezados por Iglesias. Él ha sido desde el primer momento el líder supremo de la formación y, como manifestó hace una semana, no iba a permitir “ni media tontería” sobre la gestión del partido de cara a las próximas elecciones. Sabe perfectamente Iglesias que la ventana de oportunidad de Podemos para asaltar los cielos (además de marxistas son cursis) se acaba a medida que pasa el tiempo y que si no logra algo en las elecciones de 2019 – 2020 el proyecto corre serio riesgo de naufragio. Eso lo sabe él tan bien como todos los demás de su formación, y por eso los moderados, que ven como el clima social actual es más liviano que el que generó el surgimiento del partido, buscan un discurso más suave, abierto y, de verdad, transversal. Para ello necesitan tener un cierto control a la hora de elaborar listas y candidaturas, que permita a los suyos acceder a puestos de representatividad institucional y poder interno en el partido. Como todas las corrientes, busca conseguir cargos que la refuercen. El que ayer se supiera que uno de los objetivos de la corriente era desbancar al propio Iglesias poco tiene de sorprendente, más allá de la postmoderna forma mediante la que lo hemos conocido. El guerrismo en sus buenos tiempos siempre negaba que quisiera controlar el PSOE pero hacía todo lo posible para lograrlo. Conocida la idea de algunos errejonistas sobre su particular asalto al poder, descubierta la trama y conociendo la airada respuesta del líder supremo y los suyos, los líderes de la moderación, Errejón y Bescansa, corren a negar que fuera una idea suya, cuales Pedros en vísperas de la crucifixión, mientras que Iglesias (nombre adecuado para la metáfora) recuenta los judas que bailan a su alrededor, a buen seguro no frenará las espadas de sus soldados.

Como vivimos en democracia, estas cosas pasan en todos los partidos casi todos los días y son de lo más normal. Lo único que las apacigua son las épocas en las que el partido controla el gobierno, que ya se sabe que el poder une tanto como disgrega su pérdida. En las dictaduras eso no es así, allí no hay discusión. China o Cuba, que hoy elige (es una forma de hablar) al sucesor de Castro son, quizás, los referentes más queridos para un Pablo Iglesias que sueña día tras día con ser presidente del gobierno y poder extender su autoritarismo, que no esconde nunca, a todos los ámbitos de la vida. Ese sueño, esos cielos, se alejan cada vez más, y la tierra en la que se enfanga Podemos es la ya muy conocida, la de las divisiones, corrientes y disputas de quienes no han ganado elecciones.

martes, junio 13, 2017

La moción espectáculo de Pablo Iglesias

Con la que se desarrollará hoy, a partir de las nueve de la mañana en el Congreso, serán tres las mociones de censura celebradas en nuestra democracia, todas ellas de idéntico resultado, su rechazo y permanencia del gobierno que se pretendía derribar, pero de distinto alcance y significado. En 1980 fue el PSOE de Felipe González el que trató de derribar a un gobierno de UCD que empezaba a mostrarse de muchas maneras, pero ninguna unida. En 1987Antonio Hernández Mancha encabezó una moción del PP contra un gobierno del PSOE en el apogeo de su poder. La primera moción fue muy útil para los socialistas, la segunda nefasta para los populares.

¿A cuál se parecerá la de hoy de Podemos? Buscan desde luego acercarse a la primera, pero corren serio riesgo de acabar como la segunda. El dominio y sentido del espectáculo de Iglesias y su corte es innegable, pero tras un buen rato de fuegos artificiales el público empieza a cansarse, y Podemos hace tiempo que no deja ver nada más que operaciones de marketing, algunas de ellas brillantes, todas impactantes, pero tan llamativas como vacías. El liderazgo absolutista que encarna Iglesias en su formación, muy a tono con los postulados leninistas que tanto adora y que fueron marca de la casa de los regímenes soviéticos, ha impedido cualquier tipo de propuesta que se salga de los cauces establecidos por el líder y su camarilla, lo que le ha encerrado en una visión de la sociedad cada vez más sectaria y errada. Frente a los problemas de la sociedad española, de su economía y vida, que son muy grandes, Iglesias no ha propuesto en estos tiempos nada más que grito, ira y encono, y así es como es visto por la mayor parte de la sociedad. Ha logrado convertir su movimiento transversal en un claro frente de ultraizquierda, y su valoración personal es la más negativa de entre todos los líderes políticos, y vean el mercado que hay para escoger. Por ello, con este movimiento de moción de censura, busca Iglesias adquirir ante la sociedad española la imagen de presidenciable, la de alguien que puede encarnar el cargo y asumirlo con responsabilidad, sosiego y propuestas de cambio. Que al final del debate ese carácter institucional de Iglesias haya aumentado o no es el principal de los aspectos que deberemos analizar de lo que hoy suceda en el Congreso, más allá de la bronca y las anécdotas, que a buen seguro serán numerosas. Por de pronto, los votos de apoyo que va a recibir la moción son, en cierta manera, abrazos envenenados para el electorado. Compromis, la rama valenciana, finalmente se suma, cosa que era previsible, pero contar con el respaldo de Bildu y ERC es, como mínimo, salir de viaje con compañeros incómodos. La presión del independentismo catalán, de esos oprimidos encarnados por el millonario Guardiola, será uno de los argumentos de debate que hoy aparecerá en todo momento en el Congreso, y el partido de Rufián, que usa la palabra democracia todo el tiempo, pese a no ser capaz de emplearla, es visto por el electorado moderado como un grupo de exaltados que amenazan con la sedición de parte del país. El discurso de “la mayoría social” a la que tanto apelan Iglesias y los suyos nada tiene que ver con el delirio independentista de una parte de los catalanes o las propuestas económicas nacidas de un radicalismo extremo que sólo conducirían a la ruina. Iglesias, que no es tonto, lo sabe, pero atrapado entre el dogmatismo de su discurso y la necesidad de ganar elecciones para no convertirse en irrelevante debe escoger. Hoy es uno de esos días en los que se enfrenta a ese dilema.


Enfrente, un gobierno del PP que vende estabilidad como solución a todos los males, que ha sido el más votado entre todos los partidos por la falta de alternativas que estos ofrecen y la incertidumbre que provocan, y que muestra flancos muy fáciles para ser atacado, como son sus corruptelas, su dejadez y la nula ilusión que produce en la sociedad. Elegido como mal menor, es muy probable que Rajoy actúe en la moción para, a su estilo, castigar a Iglesias delante de todo el hemiciclo, sabiendo que Podemos está en una fase descendente según marcan las encuestas y que, probablemente, la ventana de oportunidad de la que disfrutó Iglesias se ha cerrado. Pero más allá del artificio muto no espero mucha cosa de la sesión de hoy, un nuevo espectáculo de la mano de Podemos Productions. Mucha algarabía para nada

lunes, febrero 13, 2017

Rajoy gana dos veces, Errejón lo pierde todo

A eso de las cuatro y media de la mañana de hoy Madrid era un puro temporal de lluvia y viento. Las persianas de casa se movían agitadas por una especia de baile de San Vito que amenazaba con descoyuntarlas y el agua era lanzada contra ellas y los cristales como si alguien, con baldes, la estuviera tirando con toda la saña del mundo. Me he levantado a ver el espectáculo y créanme que impresionaba. Dudo que hubiera mucha gente por la calle a esas horas, pero los que ahí estuvieran, los coches que circulasen entonces, menudo temporal que estaban capeando. Lo mejor de contemplar esas escenas es la seguridad de volverse a la cama y, aunque despierto, sentirse guarecido, a resguardo del exterior.

No se si Rajoy habrá oído el vendaval, Errejón seguro que sí, y a ambos les habrá suscitado sensaciones muy distintas. Rajoy ha pasado uno de los fines de semana más plácidos, “búlgaros”, aburridos, previsibles y sensatos de toda su vida, y no ha dejado de escuchar loas y alabanzas a su nombre, algunas sinceras, otras fingidas, las más interesadas, las menos emotivas, pero con idéntico resultado de encumbramiento absoluto en las alturas del poder del partido, de su partido, que es su vida y obra. El marianismo reina sobre el PP de manera absoluta, y como un Luis XIV en Versalles, a su paso suena la orquesta, los nobles se giran y todo es cortejo y aplauso. La verdad es que, como se preveía, los periodistas que han seguido el congreso popular se han aburrido de lo lindo. En Vistalegre, donde a la vez se celebraba la asamblea de Podemos, ha habido bastante más movimiento e interés, aunque al final ha acabado pasando lo que muchos esperaban. Iglesias ha ganado todas las votaciones a las que él, los suyos y sus ideas se presentaban, y controla la organización de manera cómoda tras unos resultados en los que, también, se muestra que los votos no son proporcionales a los representantes conseguidos (pasa en todas las familias y colegios electorales). El respaldo de la militancia a las tesis de Iglesias es, aunque suene sorprendente, la guinda del pastel de Rajoy. Una victoria de alguno de los postulados de Errejón quizás hubiera supuesto una fractura orgánica en Podemos, aparentemente le debilitaría, pero le hubiera forzado a realizar un trabajo de integración y apertura a otras corrientes, y así mostrar a la sociedad una imagen más abierta. Eso se hubiera podido traducir en una mayor confluencia con otros movimientos, con el PSOE y otras formaciones, y la famosa transversalidad de la que habla Iñigo sin cesar que, no olvidemos, está en los genes fundadores de un Podemos que no era un instrumento de la extrema izquierda, ni mucho menos. La victoria de Iglesias, además de engordar aún más su ego si cabe, corta todas estas posibilidades. Salvo auténtica sorpresa, Errejón y los suyos serán relevados de sus cargos y, quizás, se les adjudiquen otros que tengan más de simbólico que de relevante, perdiendo protagonismo y poder. Podemos, bajo el mandato único de Iglesias, seguirá en un camino de radicalización y enfrentamiento contra todos, que le ha permitido cosechar muchos votos, sí, pero que le supone haber llegado a un techo que no puede traspasar. La imagen de un Podemos enfadado es la perfecta, la más deseada por Rajoy, y por buena parte del PSOE, para lanzarle las críticas más aceradas, y en parte acertadas, sobre los males del populismo, para volcar sobre él la imagen de irresponsabilidad e inmadurez frente a los acuerdos, el pacto y las medidas del día a día que, gobierno y oposición, puedan pactar en el Congreso y demás instituciones. Un Podemos radicalizado es el perfecto pimpampum sobre el que descargar los errores propios y, por ello, es un regalo para sus adversarios.


Errejón seguro que ha oído el vendaval de esta noche, y no habrá pensado mucho en metáforas tras el propio que ha sufrido estos días, y el zarandeo que le espera a partir de mañana. Se ha atrevido, cosa poco habitual en España, a llevar la contraria a la corriente mayoritaria de su formación, y su derrota, cosa habitual en España, le condenará con alta probabilidad al ostracismo. A partir de hoy veremos cómo se conforman los cuadros dirigentes de la formación y qué papel se reserva a los seguidores de Errejón, pero él es, seguro, el más consciente de lo fría y dura que es la intemperie, lejos de las cálidas y recogidas mantas del liderazgo. Rajoy, de todo esto, nada dice, ni siente ni padece. En el Valhala en el que se ha instalado nada es morado ni rojo ni verde ni azul, sino del color que le place cada día. Y siempre luce el sol

jueves, febrero 02, 2017

Ya no Podemos

Podemos surgió de los rescoldos del 15M y como respuesta a la incapacidad de la política y las instituciones para hacer frente no tanto a la crisis económica sino a sus devastadoras consecuencias sociales. Nació para evitar que la desigualdad creciese y para que “los de siempre” salieran beneficiados y “los de siempre” perjudicados. Un discurso simple como pocos pero con un poso de razón. Los indignados con los rescates y las injusticias que, en forma de corruptelas, veía la sociedad española día a día crecer a su alrededor fueron la gasolina que hizo carburar al coche de Podemos y ponerle en muy alta velocidad.

La situación actual de Podemos, envuelto en una crisis interna de liderazgos, eso seguro, y de discurso ideológico, eso no lo tengo tan claro, es fruto tanto del cambio de la coyuntura económica y social como de los errores propios. La economía no está ahora en una situación tan desastrosa como la de hace apenas tres o cuatro años, y pese a la precarización a la que hemos llegado, muchos ciudadanos prefieren un mal contrato que el atroz desempleo que conocieron durante el hundimiento. No existe el grado de crispación social que supuso el sustrato en el que germinó Podemos. En esta coyuntura, se reclama desde hace tiempo que Podemos pase de la protesta a la propuesta, y es ahí donde se ha visto una de sus mayores fallas. El discurso de muchos de sus dirigentes combina mensajes buenistas con otros del populismo más acusado, agitado todo ello en una coctelera con base anticapitalista y de izquierda extrema que no garantiza nada bueno. El populismo, que a veces han reclamado y otras denostado, es un término que los define bastante bien y del que parecen representar la vertiente española de la ola que recorre el mundo, en este caso muy alejada de los parámetros propios de la extrema derecha que domina fuera de nuestras fronteras, pero coincidente con muchas de sus medidas (Podemos habría firmado las órdenes derogatorias de los acuerdos de libre comercio de Trump sin mirarlas siquiera). A este lío conceptual se debe unir los problemas internos de gestión, problemas que se dan en todas las organizaciones, y que enfrentan a los que tienen el poder frente a los que aspiran a tenerlo. Aquí el papel de Pablo Iglesias ha sido determinante. Ideólogo férreo, clarividente en muchos aspectos, capaz de armar la formación desde nada, y hacerla crecer a través de una inteligente campaña mediática, no ha sabido en ningún momento gestionar el indudable éxito electoral de su formación. Con un ego desmedido, tanto como su ansia de llegar al poder a toda costa, desperdició una oportunidad de oro para poder aupar al PSOE en el gobierno, sólo con la condición de que esperase su turno para “pillar poder”. El ansia le pudo, y a partir de ahí todo el mundo vio cómo su forma de dirigir Podemos era lo más autoritario y radical que uno pudiera imaginar. Reniega del culto a la personalidad, salvo que se trate de la suya, y convierte todo discurso y debate en una lucha entre él, defensor de las esencias, y aquellos que las pervierten. Admirador de los antiguos dirigentes comunistas, sus formas y modos recuerdan mucho a un estalinismo versión 2.0, en el que las purgas se hacen por internet, los ceses son sólo de los cargos y el arrastre de los enemigos no se hace por el fango o frente a la moscovita plaza Dzierżyński, sino en Telegram y Twitter. Iglesias fue capaz de hacer lo más difícil y ha fracasado cuando tenía a su alcance un logro impresionante, en un partido que, recordemos, existe desde hace apenas unos años.

La dimisión ayer de Carolina Bescansa, una de las ideólogas del partido y fundadora del mismo, revela hasta qué punto existe la división en el partido. “Pablistas”, “Errejonistas” y “Anticapitalistas” es una manera algo burda y caricaturesca de describir el debate de fondo de una formación que se ha hecho mayor, se enfrenta a una crisis de liderazgo, proyecto y estrategia, como les ha pasado a todos los partidos, y debe escoger qué es lo que quiere hacer en el día a día de la sociedad y cómo contribuir a arreglar los problemas de los ciudadanos, que siguen siendo inmensos. Si acierta en sus decisiones, ganaremos todos. Si se equivoca, sobre todo perderán ellos. “Vista Alegre” no parece ser el lugar más afortunado para definir lo que se avecina.

jueves, junio 30, 2016

El amor cainita de Podemos

Decía aquella canción eso de “se nos rompió el amor de tanto usarlo” y muchas veces, cuando eso sucede, el amor roto esconde odios, celos, envidias y males profundos. El mismo corazón fragmentado es usado, con sus bordes afilados, para herir a quien hasta hace muy poco era la persona más importante. Vemos comportamientos de este tipo, odiosos, todos los días en los medios de comunicación, muchas veces con consecuencias indeseables. Toda historia amorosa puede  contener un reverso de terror, pasiones ambas extremas que, demasiadas veces, se tocan. Huyan ante una situación así, es lo más aconsejable.

Podemos planteó su campaña electoral como un ejercicio de amor. Más allá de las acusaciones de cursilería que les han caído durante las pasadas semanas, esa imagen de corazones rosas trataba sobre todo de ablandar la imagen de un grupo político basado en la dureza de su líder y en un mensaje, marxista extremista, que no tiene nada de cariñoso, y sí mucho de dictatorial y severo. Los corazones buscaban eso que se dice muchas veces de vestir al lobo con piel de cordero, y en parte casi lo consiguen, aunque de vez en cuando a Iglesias y los suyos se les iba la mano y sacaban las esencias de lo que son, unos comunistas de la muy vieja escuela. Pensaba Iglesias que este disimulo, postureo que dicen los modernos, les iba a permitir conseguir voto más allá de sus extremos, de las zonas propias, y extenderse al centro moderado, que afortunadamente es el que quita y pone gobiernos (consejo, huyan en la vida de los extremos). Trataba de hacerse transversal y las encuestas, las malditas encuestas, le daban la razón. Llegó el día de las elecciones y el fiasco se asentó en la sede de Podemos. El resultado electoral es excelente, 71 escaños, pero viniendo de los 69 de la vez pasada y con la aspiración de asaltar los cielos la sensación de la dirigencia del partido es que es número primo de escaños les dejaba como un ídem. Y a partir de ahí, se rompió el amor, y como en toda formación política, llegó la hora de empezar a usar los cuchillos, para saludar con ellos de la manera más efusiva posible a los que, hasta hace unas horas, eran tus queridos compañeros de partido, convertidos de repente en los más peligrosos enemigos de la formación. Esto se da en todos los partidos, muy habitualmente, y sólo se evita cuando se mantienen en el poder, pero la diferencia de Podemos respecto al resto no es ya sólo el contraste entre la amorosa imagen (falsa) vendida y la real que se esconde bajos sus siglas, ni el hecho de que un “nuevo” partido se amolde tan rápidamente a las costumbres de los viejos. No, la diferencia fundamental es el desparpajo con el que los dirigentes de Podemos exhiben su ramalazo autoritario y leninista a la hora de amenazar a los demás. Esas declaraciones de Echenique en las que afirma que hay que cortar las malas hierbas son la expresión más clara de lo profesionales que son estos señores a la hora de llevar a cabo sus purgas, sus descartes, sus defenestraciones. En los tiempos, para ellos adorados, del PCUS, bajo el reinado de Lenin o Stalin, a los que sin duda tanto admiran, el concepto de purga fue refinado y elevado al más alto grado de la perfección como herramienta de gestión política. Generaciones enteras de dirigentes, cuadros y estructuras del partido eran laminadas, y en ese caso eso significaba su exterminio, en virtud de la escasa fidelidad que, según el líder supremo, mostraban al proyecto y, sobre todo, a su persona. La más mínima duda era causa de fusilamiento o confinación en un gulag, sin que se tenga muy claro cuál de las dos alternativas era la peor. Así el partido y, sobre todo, sus líderes, no contaban con oposición alguna y las órdenes que emanaban desde la cúpula eran seguidas a rajatabla por todo el mundo. La dictadura perfecta.

Ahora mismo Iglesias, Errejó, Echenique y el resto de líderes de Podemos andan enfrentados en una guerra interna, reitero que muy habitual en toda formación política tras unos malos resultados, pero que muestra a las claras el concepto de democracia interna (y externa) que anida en la mente de estos señores. Este artículo de Nacho Cardero en El Confidencial es impagable al respecto sobre cómo y con qué saña se atacan unos a otros. Es curioso, la tecnología avanza, ahora los insultos se viralizan vía redes sociales, pero la sensación de que algunos viven en los años treinta del siglo pasado, o aún más atrás, resulta demoledora. En fin, que el amor de Podemos fue flor de un día. De esa rosa marchita ya sólo quedan espinas afiladas.

martes, junio 28, 2016

Ganó Rajoy, y se pinchó la burbuja de Podemos

Ríos caudalosos, de los que braman tras las lluvias, son los vertidos en forma de tinta tras los comicios del 26J, una época del año tan calurosa que provoca estiaje en los cauces y sequedad en el aire. La victoria de Rajoy es lo más relevante de lo sucedido, y pese a que la formación de gobierno vuelve a ser algo muy complicado, la legitimidad que tiene ahora el PP para intentarlo es mucho mayor que la que poseía hace meses. En ese sentido, el panorama se ha aclarado bastante. No se confíen, porque los números no cuadran del todo, pero el resultado ha generado un claro ganador y unos cuantos perdedores.

Quiero centrarme hoy en el papel de Podemos, y en lo mucho que ha logrado, y lo muy lejos que se ha quedado de lo que aspiraba. Podemos, desde el principio, tuvo la inteligencia de detectar una brecha que se agrandaba, la de la desigualdad, y a la que nadie hacía caso. Sumidos en sus batallas políticas de salón, ni el PP ni el PSOE vieron que parte de la sociedad se iba quedando atrás gracias a una crisis devastadora que nadie vie ni tampoco pudo solucionar. Sin paliativos, esas heridas escocían, y Podemos fue muy listo a la hora de apropiárselas. Su discurso político, sin embargo, es contraproducente. Basado en unas ideas trasnochadas que ya fracasaron en las estepas rusas e islas del Caribe, su mesianismo absoluto, centrado en la figura de su líder absoluto, atrajo a un montón de votantes y, con un discurso radicalizado, extremista, demagógico y simplista (sí, verán que no me gustan demasiado) logró un espectacular resultado en los comicios de diciembre, 71 escaños. Tremendo. Tercera fuerza parlamentaria. Un éxito arrollador. Desde esa posición Iglesias y sus siervos, que así es como los trata, podían haber sido muy hábiles para lograr un acuerdo de gobierno con un PSOE debilitado que seguía siendo segunda fuerza política, pero siguieron una estrategia muy extraña si uno no ha leído historia, pero clásica si se conocen los movimientos estalinistas. La vanguardia, encarnada por Iglesias y los suyos, debía hacerse con todo el poder, y el resto, fuera el PSOE o lo que fuese, debía ser eliminado. En las no negociaciones de primavera vimos a un Podemos convertido en el rey de la altanería, del desprecio a los teóricos socios ideológico, a una formación convertida en mera máquina de ansiar poder, sillones, cargos, ministerios y demás palancas de gobierno para hacer su revolución. En un tiempo récord Podemos olvidó a los necesitados a los que tanto mencionaba, demostrando, por si quedaban dudas, de hasta qué punto manipulaba su desgracia en beneficio propio. La convocatoria de elecciones fue vista por Iglesias y los suyos como la oportunidad del “sorpasso”, de la dominación de la izquierda, del acceso al poder real. Su campaña, mediáticamente brillante, lograba que el foco estuviera siempre en ellos, en sus ocurrencias, en sus guiños, ideas y mensajes. Muchísima televisión, transformismo político, asociación (destrucción) de Izquierda Unida en un proyecto más amplio, confluencia de todo lo posible en torno al líder que ya hablaba de cómo repartir una Moncloa que tenía al alcance de la mano… Podemos vendió la idea de que estaba en una carrera de poder con el PP, que eran ellos o Rajoy, y casi todo el mundo compró ese discurso. Iglesias se travestía de lo que fuera para arañar votos y engañaba a quien fuese para lograrlo, y muchos compraban su discurso. Hasta las 21 horas del 26J Podemos era imparable.


Y curioso, como si fuese heredero de las consecuencias de una primera burbuja, la inmobiliaria, que tras reventar nos llevó hasta aquí, a esa hora del 26J la burbuja de Podemos reventó. Sus uniones, “sorpassos” y demás tretas mediáticas se convirtieron en polvo y repitió resultado, 71, q  ue son muchísimos escaños, pero nada frente al ansiado cielo conquistado que el Rey Iglesias iba a presidir. Ahora Podemos analiza qué es lo que ha pasado, pero como toda formación estalinista que se precie, las conclusiones de su estudio serán lo que su líder, que nunca yerra, decida. Y así las declaraciones de ayer de Pablo Echenique, que afirmaban que la sociedad ya les acabará dando la victoria que es suya, reafirman esta postura. “El pueblo de Podemos” aún no ama a su líder como es debido, el pueblo es imperfecto. Iglesias y los suyos ya lo moldearan…

miércoles, mayo 11, 2016

¿Cuánto suman Podemos más IU?

La anunciada confluencia, otra palabra de moda, entre Podemos e IU se escenificó el lunes de una manera muy cercana a una celebración universitaria. Unos abrazos en la Puerta del Sol, muchos botellines de cerveza y risas comunes para un acuerdo que, en principio, promete el oro y el moro para los de IU, acostumbrados a ver cómo sus votos acaban convertidos en nada debido a la dispersión con la que se recogen en todo el territorio nacional. Alberto Garzón, que siempre ha visto a Podemos como su lugar de destino frente al viejo origen que ocupa, era el más sonriente en todas las escenas. Iglesias, frente a él, era el que ganaba de verdad.

Es curioso ver como Iglesias, que antes de diciembre, y subido a la soberbia perpetua en la que vive, calificaba a IU de “putufos gruñones y viejos” ahora se pone al frente de un proceso negociador con ellos. Entonces les despreciaba, ahora les necesita. Su resultado electoral en diciembre, excelente, se reveló insuficiente, y la nefasta gestión que ha hecho del mismo en estos meses le han producido un daño en las encuestas que apenas puede disimular. Siguiendo con los dibujos animados, Iglesias ha resultado ser un auténtico Gargamel, que deja al pitufo gruñón a la altura de La Sirenita. El primer objetivo de Iglesias, a muy corto plazo, es taponar esa brecha demoscópica con el millón de votos de IU, pero su objetivo principal está más allá, en Ferraz. Por fin Iglesias ha construido una plataforma unitaria, monolítica, que hace sólo lo que él desea, y que reúne a todas las fuerzas de izquierda que están más allá del PSOE, con el objetivo no tanto de arrebatar la victoria al PP, que todo el mundo sabe que ganará las elecciones en Junio. La idea fuerte de Iglesias es convertirse en el líder único de la izquierda en España, en ser el referente, la orilla en la que todos los que no voten a PP vean en su formación, léase su persona, al indiscutible caudillo. Es la vieja teoría del “sorpasso” que supuso en sus tiempos la obsesión de otro iluminado, Julio Anguita, que fracasó en el intento, y que ve como ahora un joven discípulo suyo, un pequeño Padwan, bastante más hábil en el uso del reverso tenebroso de la fuerza y dotado de una ambición infinita, puede llevar a cabo. Anguita no deja de dar entrevistas en las que se declara emocionado porque, por fin, la izquierda verdadera, auténtica, la fetén, la suya, puede aventajar a los corruptos que se disfrazan con rosas y no son capaces de llevar a cabo promesa alguna. ¿Y qué se dice desde Ferraz de todo esto? Se responde con la boca pequeña, diciendo “no, gracias” a las ofertas que la galaxia Iglesias les lanza desde su nuevo trono. Sabe el PSOE que estas elecciones pueden ser determinantes para su futuro, que un resultado peor que el cosechado en diciembre puede, por arte de la ley electoral, hacerles perder muchos escaños que se irían a ese conglomerado de izquierdas. Para un partido de poder como el PSOE, quedar tercero pudiera ser la gran tragedia. El voto útil de la izquierda, que hasta ahora siempre le ha sido fiel porque, aún a disgusto, era una vía para llegar al poder y evitar que la derecha lo dominase, puede huir en masa si ve que la opción PSOE es un caballo perdedor. Ante esta coyuntura se impone el clásico movimiento en Ferraz. Prietas las filas, apoyo sin fisuras al candidato y, como las cohortes romanas, escudos al alza para defenderse del fuego graneado. Las primeras reacciones, procedentes del partido en Valencia, son un indicio de que parte de la formación se empieza a desmoronar, quizás deseándolo, ante el envenenado canto de la sirena Iglesias.

Sólo ha habido un caso de “confluencia” en la izquierda en el pasado, cuando no éramos tan pijos y a las coaliciones las llamábamos por su nombre, que fue el pacto entre Almunia PSOE y Frutos IU frente a la segunda elección de Aznar. Si lo recuerdan, aquello acabó con la mayoría absoluta del PP y el fin de carrera política de ambos líderes de izquierdas. En este caso dudo que pase lo mismo, pero es muy probable que muchos votantes de IU, insultados sin parar desde hace meses por el líder supremo de Podemos, rechacen ahora votarle por la opción de que sus dirigentes alcancen un plato de escasos escaños. A ver qué es lo que acaba pasando.

lunes, abril 11, 2016

La ruptura

Toda ruptura de relaciones genera destrozos, de mayor o menor grado. Cuanto más intensa ha sido la relación previa es de esperar que mayores sean los daños y el tiempo necesario para curarlos. En política, sin embargo, estas normas no se aplican siempre. Hay rupturas muy dolorosas tras apenas una legislatura de acuerdo y hay divorcios pactados muy civilizados después de años de convivencia. Y también, como en el amor, hay escenificación, teatro, disimulo, impostura, apariencia y mensajes que dicen una cosa y realmente son otra. Esa es la mejor manera de destruir una relación para siempre. Para que no surja nunca.

¿Hasta qué punto hay teatro en todo lo que estamos viendo en las conversaciones PSOE Podemos? No lo se, pero me atrevería a señalar que domina frente a la realidad. La reunión del pasado jueves mostró un entendimiento muy escaso entre ambas partes, no digamos ya Ciudadanos, el pepito grillo de la sensatez en una mesa en la que el descontrol del gasto y de otras cuestiones estaba más que presente. Las ruedas de prensa tras la reunión dejaron claro que el acuerdo era muy difícil, media resultante del imposible para Ciudadanos y el posible para el PSOE. De hecho cada uno de los dos portavoces parecía que habían estado en reuniones distintas dadas las conclusiones que extrajeron. Podemos, que siempre necesita ser la vedette de todas las funciones, convocó a los medios para el viernes por la mañana, para ser protagonista único que de lo fuera a decir. Con retraso, y la puesta en escena coral que le caracteriza, para así arropar su infinito liderazgo, el líder supremo reencarnado en Pablo Iglesias destrozó en pocas palabras la reunión del jueves, coincidiendo así con Ciudadanos, y no dejó de dar pullas a un PSOE al que acusó de todo lo posible. A medida que hablaba imaginaba yo los sudores crecientes de una ejecutiva en Ferraz que se veía traicionada, como tantos le habían advertido, por un personaje, un estilo y unas formas que no son propias ni de nuestro tiempo ni contexto. Iglesias escenificó la ruptura de un acuerdo que nunca había existido, convocó a sus bases para que, por aclamación, que para eso se les llama, ratifiquen su propuesta, y dio el pistoletazo de salida para la campaña electoral de las elecciones del 26 de Junio, salvo sorpresa de última hora. Un PSOE rabioso salió a las pocas horas para descargar en Podemos toda la responsabilidad de no haber podido llegar a un acuerdo, y anunció que, como ellos son serios, responderían al documento de propuestas que Iglesias llevó el jueves a la mesa de negociación. El enfado de Hernando y el resto de portavoces socialistas era patente, junto a la ausencia de Pedro Sánchez, que nada ha dicho desde hace unos días, quizás compungido por ver como se esfuma su única opción de acceder al gobierno, y así librarse de los enemigos propios que en su partido buscan su cabeza para cortarla. Ayer, en otra escena, el PSOE contestaba al documento que presentó Podemos a la mesa, diciendo que estaba de acuerdo en un 70% de las ideas de los de Iglesias, dando por sentado con ello que el programa económico del PSOE es una filfa, y acusando otra vez a los podemitas de ser los culpables de la falta de acuerdo y de que Rajoy siga en la Moncloa. El argumentario ya conocido.

¿Es todo teatro? Quizás. El PSOE, a sabiendas de que nunca podría aceptar una propuesta de Podemos, los cita para escenificar una ruptura violenta y así cargar a Iglesias la culpa de una falta de acuerdo, responsabilizarle de que Rajoy siga y conseguir con ello el relato necesario para presentarse a las elecciones como la única fuerza que quiso el cambio pero los antisistema no lo permitieron. Y Podemos, que nunca ha querido pactar con nadie, porque ellos son la verdad revelada, busca en esas nuevas elecciones superar de una vez a un PSOE que se escora a la derecha con su pacto con Ciudadanos, frente a ellos, la izquierda verdadera, única, grande y eterna. Sí, quizás todo sea falso.

jueves, marzo 03, 2016

Pablo Iglesias o la más rancia política

Pocas novedades pudimos ver ayer en la sesión de investidura de Pedro Sánchez en el Congreso, empezando por lo último, el resultado de la votación, con unos rotundos 219 noes frete a los 130 síes previstos y la abstención de Coalición Canaria. Con una elevada probabilidad, altísima, ese será el resultado que se obtenga en la segunda votación, la de mañana, a eso de las 20 horas. Y después, dos meses de posibilidades de acuerdos que empezaron a contar desde el momento de la votación de ayer. Eso, la puesta en marcha del reloj de descuento hacia nuevas elecciones, es el fruto más claro de la sesión de investidura.

Tampoco hubo sorpresas en lo que hace al comportamiento de los oradores, y eso tiene ventajas, porque nos permitió ver la cara auténtica de cada uno. En casi todos los casos es la misma que la que ya conocíamos, y sólo Pablo Iglesias se mostró diferente, aunque esa impresión sea falsa. De hecho ayer pudimos ver al Pablo Iglesias de siempre. El mitinero, el vocinglero, ruidoso, demagogo, faltón, irreverente, maleducado y populista hasta el extremo. El adorador de consignas vacías diseñadas para epatar a la audiencia televisiva, el que ve todo como si fuera un plató de televisión, y a todo dedica el mismo cariño, respeto y mesura, ninguna. Iglesias subió a la tribuna y se dedicó a echar la bronca a todo el mundo menos a él mismo, reflejo de una santidad inmaculada que él mismo se ha atribuido y que muchos ingenuos, llevados por un papanatismo impropio de quienes se dicen leídos, le otorgan sin rechistar. Subido en su ola populista en la que “la gente” es la protagonista, el pueblo es el señor y sus votantes son los únicos ciertos, Iglesias iba soltando diatribas y acusaciones a todo aquel que pueda interponerse en su camino hacia el poder absoluto, que es lo único que persigue. Insultó al PSOE, no sólo al candidato Sánchez, sino al partido, a sus cuadros dirigentes y a todos los que, en el pasado, han ocupado cargos públicos. Insultó al PP, aunque es cierto que le dedicó menos tiempo que a cualquiera de los asaetados miembros de la familia socialista, despreció con saña a Ciudadanos, en unas manifestaciones en las que sobre todo destilaba envidia y celos, acusándolos de ser la reencarnación de todos los avernos que el doctrinario comunista tiene escritos en piedra desde que la toma del palacio de invierno destruyó los símbolos de la dictadura zarista para suplantarlos por la leninista. En un tono de mitin duro, molesto, atropellado, lleno de consignas, lugares comunes y sentencias que rozaban la banalidad de Paolo Coelho con las arengas a las masas del líder supremo, Iglesias ofreció en el Congreso la imagen que miles y miles de vídeos de You Tube muestran de su carrera política, pese a los intentos realizados en los últimos meses de transformarse, disfrazarse, enmascararse en un líder “progresista” para tratar de captar votos de un espectro que vaya más allá de los afectos al régimen chavista, los radicales de extrema izquierda y los independentistas, violentos o no, que forman una extraña e incompatible amalgama que, curiosamente, en España logra aunarse de una manera impropia, porque ya me dirán ustedes qué puede haber más opuesto que la izquierda y el nacionalismo. En cada frase lapidaria Iglesias pegaba una patada no sólo a las posibilidades de acuerdo con un PSOE que lo necesita, sino a la convivencia, a la historia y a los logros del periodo democrático de estas últimas décadas. Su espectáculo, triste, antiguo, carca y completamente ajeno a la realidad, sólo tuvo utilidad para los historiadores, que vieron revivido a algunos de aquellos a los que estudian desde hace un siglo.

Como buen bolchevique de fábrica, Iglesias necesita la destrucción de la democracia para erigirse como líder redentor. Y ayer hizo muy bien su papel de agitador, de subversivo. Cada vez que lo oía me venía la imagen, para no buscar liderazgos en blanco y negro, de Donald Trump, otro demagogo que busca en la bronca y la agitación la victoria, y que también, tristemente, la obtiene. Ambos representan las vísceras de una sociedad que, sangrante, supura bilis y clama venganza. Sigo sin entender como analistas, periodistas sesudos y líderes de opinión con criterio y lecturas en su bagaje mantienen su admiración ante un personaje como Iglesias.