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lunes, junio 15, 2026

SpaceX o el negocio espacial

El pasado viernes inició en Wall Street la cotización de SpaceX, la empresa de cohetes de Elon Musk. Salió a bolsa una parte pequeña de la compañía, en torno al 5%, con un valor estimado de 75.000 millones de dólares, así que multipliquen por veinte para calcular lo que la empresa estima como su propio valor. Como se esperaba, el debut fue exitoso, las acciones subieron por momentos por encima del 20% y acabaron cerrando con una revalorización del 19%, lo que supone una ganancia muy notable para todos los que estuvieron metidos en el ajo. Desde el viernes muchos de los empleados de la empresa son millonarios. Lo de su jefe ya está en otra dimensión.

¿Vale tanto SpaceX? Es difícil decirlo, porque el plan de negocio de la compañía es un compendio de realidades conseguidas y ambiciones fantasiosa que no se las cree casi nadie, salvo el propio Elon Musk. Lo seguro es lo que ha logrado ya. SpaceX ha revolucionado los lanzamientos con el desarrollo de un cohete reutilizable, uno que pone en órbita la carga útil, principalmente satélites, y luego vuelve a la Tierra, logra aterrizar y se puede volver a utilizar tras una revisión relativamente rutinaria. Es algo asombroso de contemplar, e inaudito. Nadie lo había conseguido. Hasta entonces lanzar cohetes era como coger un autobús para ir de un lugar a otro sabiendo que, una vez alcanzado el destino, el autobús se destruye. Tantos viajes a realizar, tantos autobuses a construir. Ruina garantizada. Este avance tecnológico ha supuesto una enorme reducción de los costes operativos y, con ello, ha permitido a la empresa hacerse con el mercado de lanzamientos, siento ahora mismo la dominante absoluta de los mismos. También ha logrado que su cápsula Dragon sea operativa, de tal manera que es capaz de poner astronautas en órbita baja, la Estación Espacial Internacional, de manera sencilla, eficaz y segura. Todo esto le ha costado no pocos accidentes, como es habitual en este mundillo, pero lo han conseguido, y sólo con eso SpaceX ya sería, es, la principal empresa espacial del mundo. Pero las ambiciones de Musk van mucho más allá. Desde hace tiempo mantiene en pie el proyecto StarShip, una nave de gran tamaño que serviría para llevar tripulaciones amplias y carga, en principio, bastante más allá de la órbita terrestre, con la Luna y Marte como principales objetivos. Cada pocos meses se realiza un lanzamiento de prueba del sistema StarShip, actualmente el mayo cohete del mundo, desde la base que SpaceX tiene en Bocachica, Texas, muy cerca de la frontera con Méjico. Ahí el número de incidentes está siendo elevado, y caso cada uno de estos intentos acaba con algo explotando de manea más o menos controlada, predominando lo segundo. “Proceso de desmontaje no programado” es como denomina Musk a todos esos incidentes. El proyecto StarShip es prometedor, pero hoy en día no cumple ninguno de sus objetivos y queda bastante para que pueda convertirse en una nave con un mínimo de fiabilidad. En lo que hace a la apuesta lunar, SpaceX tiene numerosos contratos con la NASA para poder dar servicio a las ambiciones de la agencia norteamericana de volver al satélite, tanto en lo que hace al mero retorno y poner el pie en él como para el desarrollo de una futura base estable que pueda mantener una tripulación constante en el satélite. Para ello SpaceX se ha comprometido a entregar un modelo de módulo de aterrizaje lunar, equivalente al LEM de los Apollo, que sufre una serie de retrasos nada anecdóticos, y en paralelo Musk sigue espoleando a sus ingenieros para que diseñen habitáculos y plataformas de aterrizaje lunares en las que las StarShip funcionarían como lanzaderas de conveniencia, haciendo posible el viaje que el viaje a la Luna sea algo tan rutinario como lo que ahora es un lanzamiento de satélites de su empresa. Pero, por ahora, todo esto son promesas, como la idea de instalar centros de datos para la IA en órbita terrestre, huyendo así de las restricciones que imponen los costes energéticos de los emplazamientos terrestres. Las ideas de SpaceX son numerosas y bastante rupturistas, pero por ahora muchas de ellas no pasan de bocetos.

No les he comentado nada de Marte porque, sinceramente, si lo de la Luna está verde, lo de Marte es pura fantasía, con el nivel tecnológico actual. Así pues, SpaceX es una empresa disruptiva a más no poder y trabaja en un campo de potencial enorme, costes que pueden convertirse en prohibitivos y riesgos muy elevados. Su apuesta es muy alta, y puede ser exitosa, lo que redundaría en beneficio propio y en el de toda la humanidad, o fracasar en varios de sus objetivos, creando agujeros económicos de imposible cobertura. Tener al desquiciado de Musk al frente vista su secuencia de éxitos empresariales, es uno de sus mayores activos. Invertir en ella es arriesgado, pero puede ser todo un pelotazo. El viernes pasado ya lo fue.

martes, diciembre 09, 2025

Acoso y derribo a la UE

Durante este pequeño puente, en el que en España hemos estado de ocio prenavideño, el mundo no se ha detenido. Más bien lo contrario, ha acelerado en algunas de las dinámicas más perniciosas de las que han eclosionado en este condenado 2025. Mientras que la presión a Ucrania por parte de EEUU crece, en lo que ya es un evidente chantaje que pone sobre las cuerdas al gobierno Zelensky, desde la Casa blanca se ha dado la orden de atacar con saña al conjunto de la UE, con la idea de debilitar nuestro vínculo con Ucrania y los propios lazos que nos unen en el proyecto europeo compartido.

Era asombroso ver, a lo largo del fin de semana, como un desquiciado Elon Musk se dedicaba en su red X a escribir in freno basura tras basura contra la UE, en la que mezclaba noticias ciertas con errores de la Unión y muchas muchas falsedades, todo ello apoyado en la idea general de que la soberanía de los estados debe estar por encima del poder dictatorial de una UE que restringe la libertad de expresión y los derechos en Europa, continente sometido a censuras sin fin. Leer algunos de estos mensajes lisérgicos era como ponerse a ver una película de serie Z en la que la producción es tan cutre que todo resulta cómico, solo que en el fondo no hacía gracia alguna. Muchos de esos escritos se basaban, sí, en errores cometidos desde las instituciones comunitarias, porque la UE también se equivoca, como todo el mundo, pero el contenido general y el tono de los mensajes superaba por mucho lo insultante para llegar directamente a la agresión. El lema que acompañaba a todos ellos era el de CancelUE, eliminar la UE, disolver la UE, así que, al menos, no se puede acusar al personaje de actuar de manera disimulada. Busca sin ambages nuestra destrucción como unión de estados. Lo más cachondo de todo era que cada gracia que soltaba Elon era apoyada fielmente por personajes como Dimitri Mevdeved. Alexander Dugin, Orban, Fico y otros sujetos reaccionarios que, o bien dirigen una dictadura o aspiran a hacerlo en sus naciones. Musk acusa desde su red X de censura a la UE y desde Rusia dirigentes de la nación lo apoyan, en un país en el que no se puede usar X porque, como casi todo, está prohibida. En la UE la red de Musk y todas las demás plataformas tecnológicas dominantes, de nacionalidad norteamericana, son plenamente operativas, y se usan a diestro y siniestro, generando beneficios a terceros y, claro, también a sus dueños, incluido el propio Musk. En Rusia X está tan prohibido como Facebook, Google y demás, y sólo a través de subterfugios como las VPN privadas el ciudadano ruso puede escapar de la cárcel cibernética que el régimen de Putin le ha impuesto. Pero no, la dictadura es la de la UE, el mal radica en Bruselas, y Moscú es el paraíso de las libertades. El mundo al revés, fruto no se si de una ingesta excesiva de sustancias, pero sí de una visión global desquiciada en la que no se es capaz de distinguir las fantasías de la realidad. Los ataques se han sucedido sin freno a lo largo de estos tres días, y desde ayer el propio Trump se ha sumado a los mismos, haciendo suyos los contenidos más vitriólicos de la nueva estrategia de seguridad que ha publicado el gobierno norteamericano, en la que califica a Europa de lugar decadente (algo de razón tiene) sometido a una invasión multicultural y en riesgo de desaparición. Dejamos de ser para ellos un aliado, un socio, un semejante, para convertirnos en un paria, en un estorbo, en alguien débil en un mundo de hombres fuertes que pueden reconfigurar el globo de acuerdo a sus deseos, creando esferas de influencia en las que la soberanía regional esté al mando de los designios de la potencia dominante. Se ve que a nosotros nos toca Rusia, y que Washington ve con buenos ojos todo lo que sean los deseos del Kremlin, en Ucrania y más allá, y claro, para eso la UE es un estorbo. Hay que cargársela, hay que liquidarla, hay que separar a las naciones para debilitarlas.

La tardanza en la reacción de Bruselas ante semejante andanada de disparates ha sido evidente, probablemente también porque allí aún no son conscientes del lío en el que nos hemos metido una vez que el garante de nuestra seguridad, EEUU, nos desprecia. Creo que aún domina en las cancillerías europeas el estupor cuando debiera ser el pánico lo que les moviera a actuar. Hay una negación colectiva, una especie de “esto no puede estar pasando” en la que París, Londres o Berlín, por poner los núcleos reales de poder del continente, no asumen que quien ha sido nuestro aliado determinante desde hace ochenta años está pactando con nuestros enemigos.

viernes, junio 20, 2025

Explota la Starship de Musk

Todo lo relacionado con la carrera espacial tiene un nivel de riesgo que, en muchas ocasiones, no somos capaces ni de imaginar. En bruto, un cohete es una sofisticada bomba que se hace detonar de manera controlada y dirigiendo toda su exhalación a un punto concreto para que genere fuerza de ascensión. Se pueden ver en internet un montón de vídeos de lanzamientos fallidos en épocas pasadas, en los que los distintos modelos de cohetes y torres de lanzamiento acaban destruidos en explosiones bastante bestias, mayores cuanto mayor es el cohete que se prueba y falla. Se supone que el mayor desastre de este tipo se produjo en la URSS en su intento de competir con EEUU en la carrera lunar, pero hay poca información fiable.

En todo caso, puede que ese registro fuera superado ayer, tras el desastre que se vivió en bocachica, Texas, justo al lado de la frontera del estado con México, en la costa del golfo de México, que no de América. Ahí es donde SpaceX, la empresa de Musk, tiene construida su instalación de montaje de cohetes y base de lanzamiento, y es desde donde dispara, en esas torres enormes, la Starship, la nave con la que quiere revolucionar el acceso al espacio y permitir a los humanos llegar a la Luna o Marte. Palabras exageradas, creo, pero en todo caso el tinglado que tiene allí la empresa es considerable y la nave, en sí misma, aplasta. Es la mayor construida, superando en tamaño a los cohetes del programa Apollo. Consta de dos fases, una inicial de ascensión, de un tamaño algo superior a la mitad del conjunto, con más de treinta motores en su parte inferior, que está diseñada para ser recuperada por la torre y reutilizarse, y una segunda, la nave en sí, que tiene el mismo nombre que el conjunto (sí, esto es lioso) que es lo que lleva tripulación y accede a órbita y sería capaz de alcanzar lugares más allá de la Tierra. El conjunto supera los 110 metros de altura y es imponente. SpaceX ha hecho ya varios lanzamientos de prueba de esta nave, nunca con tripulación, de tal manera que ha conseguido algunas cosas muy meritorias, todas ellas relacionadas con la primera fase, logrando su recuperación ya un par de veces, pero por el momento las pruebas con lo que sería la nave tripulada han ido fallando una tras otra. No se ha conseguido colocarla en órbita estable en ninguno de los intentos y las reentradas han sido, en todos los casos, en modo catastrófico, bien porque la nave ha implosionado por fallos o tensiones sufridas en el vuelo o porque, desde el control de tierra, se le ha hecho estallar una vez que se tenía constancia de haber perdido el control sobre la misma. En los dos últimos lanzamientos no se habían visto progresos en este aspecto, y empezaba a cundir la sensación de que SpaceX se estaba atascando en la Starship, un proyecto enorme tanto en dimensión como en complejidad (y sí, también en coste). Por eso, cada nuevo intento de lanzamiento se observa con mucho interés por parte de inversores y de toda la comunidad científica. A lo largo de estos días se preparaba un nuevo cohete completo, que ay estaba en la torre de lanzamiento. Todo cohete espacial pasa un montón de revisiones antes del momento del lanzamiento, con procedimientos infinitos referidos a la seguridad, carga de combustibles, mecánica, sistemas, telemetrías y todo lo que ustedes puedan imaginarse. Uno de los pasos obligados es lo que se llama el encendido estático. El cohete, sujeto a la plataforma, arranca los motores durante un par o tres segundos para comprobar que todo el sistema funciona y es capaz de alcanzar la potencia que se le requerirá en el vuelo real. Tras ello, se apagan y se comprueban otros muchos pasos. Esta prueba se hace pocos días antes del previsto para el despegue real. Es una prueba rutinaria, sí, pero que requiere encender todo el sistema, y eso siempre es peligroso. Pues bien, durante este encendido estático de ayer, la Spaceship explotó. Una enorme explosión se produjo en la nave y se extendió velozmente por parte de las instalaciones cercanas, donde se encuentran los depósitos de combustible que sirven para cargar los de la nave justo antes del inicio de su vuelo real.

El vídeo muestra una bola de fuego gigantesca que se realimenta durante unos segundos con todo lo que le rodea, generando el típico hongo que se monta cuando la explosión adquiere dimensiones suficientes. Es de suponer que el nivel de destrozo causado en las instalaciones será igualmente enorme, y, afortunadamente, no se ha informado ni de heridos ni de fallecidos. Es pronto para saber que ha pasado, incluso para determinar si los daños de la explosión han inutilizado la torre de lanzamiento y causado problemas estructurales en su entorno. No es descartable. En todo caso, es un palo para SpaceX, para Musk, y para todo su programa espacial.

lunes, junio 09, 2025

El futuro de la pobre NASA

Una de las muchas derivadas que surgen tras el divorcio abrupto entre Musk y Trump, y no es precisamente la menor, es qué va a pasar con la NASA, la agencia espacial norteamericana, una de las marcas de EEUU más reconocidas en el mundo y, también, de las más inspiradoras. La NASA tiene mucho de ese poder blando del que hablaba el recientemente fallecido Joseph Nye y su capacidad de influencia es global. Para Musk, enamorado de los cohetes y creador de SpaceX, la NASA era tanto un sueño como un competidor y socio, en función de sus variables intereses. Ahora la agencia queda en un peligroso limbo.

Dentro de la propuesta de gasto presentada al Congreso, que ha sido el detonante del divorcio, se incluían numerosos recortes en todas las agencias federales, y la NASA era de las más perjudicadas, con un tijeretazo del entorno del 20% de su asignación. Ya se habían publicado algunos artículos sobre el efecto de esta reducción en las misiones previstas, intuyéndose cuáles serían canceladas y cuáles no. Las propias perspectivas de la vuelta a la Luna de la agencia quedaban en entredicho y todo el proyecto del SLS, que arrastra costes muchos mayores de los previstos y críticas desde hace tiempo, corría el riesgo de acabar siendo suprimido en su totalidad. El gobierno federal designa al responsable de la agencia, y Trump propuso el nombre de Jared Isaacman, empresario afín a Musk, que hubiera sido ratificado sin problema en la cámara. Issacman ya había hecho algunas declaraciones de compromiso sobre la necesidad de reforzar el programa espacial norteamericano y el hecho de que la NASA debía ser una de las referencias del país, pero eso lo dijo antes de conocerse el recorte financiero. A ver quién es el gracioso que se presenta a dirigir una entidad con una cuarta parte menos de presupuesto y con la misión de cancelar misiones. Tras la bronca, Trump ha retirado el nombre de Isaacman de la mesa de los congresistas, y ahora mismo no hay una persona candidata que se sepa para el puesto. La relación de Musk con la NASA es muy intensa, aunque sea sólo por el hecho, trascendental, de que su nave Dragon, con sus cohetes de SpaceX, sea la única que permite a los astronautas llegar a la estación espacial y a misiones en órbita. Lo cierto es que SpaceX le ha ido comiendo terreno a la agencia en todo lo que hace al mercado de satélites y a otras misiones con un cierto carácter comercial. Se especulaba con que, al estar Musk al mando de áreas del gobierno, pudiéramos llegar a un punto en el que su empresa y la agencia actuaran de una manera unificada, siendo Elon el auténtico rector de todo el sistema espacial norteamericano. Eso, sin duda, generaba profundos recelos en todo el sistema investigador y tecnológico norteamericano, que veía a Musk como un innovador en ciertos aspectos (sus cohetes reutilizables son una joya) y un pirado en muchos otros, con su obsesión de llegar a Marte sin disponer de la tecnología necesaria que sea capaz de solventar los muchísimos y graves problemas que ese viaje significa. Ahora mismo esa situación de simbiosis ya no es posible, y la NASA puede ser utilizada por Trump como ariete frente a SpaceX, lo que sin duda supondrá una pérdida para ambas entidades. En el disparatado cruce de tuits que los dos se dispararon el jueves Musk amenazó con desmantelar la Dragon, la nave imprescindible que antes les comentaba, y eso son palabras muy serias. Lo cierto es que ahora mismo nadie sabe qué es lo que va a pasar ni con el programa espacial norteamericano, ni con los contratos que se mantienen entre el gobierno federal y SpaceX ni, desde luego, la colaboración de ambas entidades con otros organismos internacionales, necesaria para el desarrollo de proyectos como la Estación Espacia, la tantas veces planeada Estación Gateway en torno a la Luna o decenas de misiones de exploración espacial, con carácter científico y visionario. Lo único seguro es el recorte de presupuesto para la NASA y que viene tiempos muy complicados para las personas que allí trabajan, de mano de Trump y de sus paranoias.

Mientras eso pasa en EEUU, China mantiene el rumbo de su programa espacial sin descanso, y día tras día sus misiones aumentan en complejidad. La idea de que una persona de nacionalidad china llegue a la Luna con el plazo límite de 2030 se mantiene en el ideario del gobierno de Beijing, y contemplar desde allí el aparente desmadre que se está organizando en la que sigue siendo la primera potencia espacial mundial resulta, sin duda, un espectáculo gratificante que es celebrado con arroz, soja, te y cosas de esas que se tomen por allí. Conquistar el espacio es, también, conquistar los corazones de millones de personas en todo el mundo. Hasta ahora nadie como la NASA lo había logrado. Hasta ahora.

viernes, junio 06, 2025

Musk vs Trump

Era conocido por todos que en la relación de Trump y Musk existía un exceso desatado de ego en ambos que iba a acabar convirtiendo lo que parecía una extraña amistada en enfrentamiento. Tarde o temprano personas de carácter tan extraño y opuesto, y poseedoras cada una de una enorme cantidad de poder y creencia en sí mismo estaban destinados a chocar, por lo que el que se haya producido ya la ruptura no ha cogido a nadie por sorpresa. Pero sí lo ha hecho la velocidad y las formas. En apenas un día han pasado de mandarse elogios en las redes a cruzarse amenazas de un enorme calibre y de consecuencias difíciles de imaginar.

Más allá de la despedida oficial que Trump le tributó en el despacho oval el otro día, cuando Musk apareció con el ojo morado, por el fin de su cargo temporal al frente del departamento de eficiencia administrativa (DOGE) Musk había empezado a tuitear en su red mensajes en contra de la nueva propuesta de presupuesto federal que el equipo de Tump ha presentado en la Cámara de Representantes, una ley que Trump califica de maravillosa y genial y Musk, directamente, de abominable. En ella se recorta el presupuesto de varias de las agencias federales, especialmente la que tienen que ver con la ciencia e investigación, (pobre NASA) pero el gasto global se dispara, y con él el déficit y la deuda, en un proceso de bola de nieve fiscal que empieza a ser preocupante. Musk llevaba dos días criticando intensamente esta norma y anunciando que iba a hacer todo lo posible para que los congresistas la rechazaran, y eso ya despertó ayer las iras de Trump y los suyos, empezando a acusar a Musk de traición y cosas por el estilo. En apenas unas horas el grado de acusaciones mutuas escaló de una manera inimaginable y ayer por la noche en España, primera hora de la tarde allí, Musk soltó que Trump aparece en los archivos no desclasificados del pedófilo Epstein, calificando ese anuncio como de bomba nuclear. Trump le llamó de todo, Banon, uno de los más peligrosos jefes de la secta MAGA abogó por deportar a Musk y el tecnólogo amenazó con desmantelar la cápsula Dragon, de su empresa SpaceX, la única manera que tienen ahora mismo los astronautas norteamericanos, y el resto de occidentales, para acceder al espacio. En medio de esta escalada cuasimilitar las acciones de Tesla se despeñaban, y al final de la sesión en Wall Street cayeron en el entorno del 14%, lo que supone una pérdida de más de cien mil millones de dólares de capitalización. Una sangría absoluta. El coro de adeptos trumpistas no cesó de lanzar mensajes insultantes contra Musk, reclamando la cancelación de todo contrato federal con sus empresas, mientras que Elon consultaba en la red la necesidad de crear un partido de centro que aglutine a la mayoría social del país y reclamaba un “impeachment” para destituir a Trump. Todo esto casi en tiempo real, a esta velocidad, y con esta virulencia. El asombro de periodistas y del resto del mundo ante lo que se escribían dos de las personas más poderosas del mundo era absoluto, a la vez que la venta de palomitas virtuales se disparaba al contemplar el espectáculo del despellejamiento que ofrecían. Lo cierto es que ayer debió ser un día de locos en Washington y en todos los estratos del poder de EEUU, y nadie puede sentirse extraño por ello. Colocar al frente de la nación a un desquiciado como Trump y que se haya apoyado en un excéntrico como Musk es una perfecta receta para acabar teniendo un caos absoluto en todo. El proceso de degeneración de la política que vivimos ha arraigado también allí y, sí, ayer EEUU dio un espectáculo patético y denigrante. Imagino que China, Rusia y otros rivales, tan asombrados como el resto, aprovecharían para brindar con lo que suelan hacerlo, vodka ruso aparte.

¿Cómo va a acabar esto? Ni idea. Tras lo de ayer es difícil pensar, como sostienen algunos, que estamos ante un teatro, una actuación cara a la galería, y se me antoja imposible una reconciliación. Quizás un futuro pacto de no agresión sea posible, pero ante sujetos tan extraños como estos nada es descartable. En todo caso, el daño reputacional que provocan a su país es enormes, y las consecuencias económicas, tecnológicas y de poder pueden ser inmensas. La bronca del miércoles de Aldama y Dolset en versión norteamericana. Y ya se sabe, allí todo es a lo grande.

lunes, marzo 31, 2025

Tesla, o la reputación

La compra por parte de Elon Musk de Twitter, ahora X, supuso la primera prueba de hasta qué punto la personalidad del magnate podría suponer para los negocios que había desarrollado. Hasta entonces su éxito era total en áreas tan distintas y relevantes como los cohetes o los coches eléctricos. Su deriva política ya había empezado a resultar significativa, y era evidente que su ego empezaba a ser excesivo. Tantos millones quitan complejos, y Musk empezó a comportarse de una manera excesiva, problemática a ojos vista. Como un crío que rompe cosas en sus rabietas. Al poco, se convirtió en adalid del trumpismo y se involucró en la campaña electoral que acabaría llevando a Donald nuevamente a la presidencia.

Ese papel, sus gestos desafortunados, siendo diplomático, la actitud de Trump como gobernante y lo que está haciendo el propio Musk en el gobierno federal como responsable de esa oficina de eficiencia gubernamental llamada DOGE por sus siglas en inglés han acabado por arruinar su imagen en el mundo y eso se está trasladando a sus empresas. El boicot a sus coches crece, sus ventas caen, se suceden los vídeos en los que propietarios de Teslas les arrancan los logotipos, e incluso empiezan a generalizarse los ataques a concesionarios o la quema de coches. Asistimos en directo al asombroso espectáculo del derrumbe de la imagen de una marca. Hasta no hace mucho Tesla era sinónimo de modernidad, de prestigio, de tecnología verde, una combinación imbatible que hacía que muchos de sus propietarios se sintieran satisfechos consigo mismos a la hora de adquirir un producto muy caro, pero lleno de bondades y ventajas. Poseer un Tesla era una señal de estatus económico, sí, pero también de modernidad y prestigio, de concienciación con el medio ambiente. Una combinación imbatible, el sueño de todo departamento de marketing. Los coches eran norteamericanos, y era la gran marca del país, en un momento en el que la industria del automóvil de allí seguía sin levantar cabeza, y se replegaba en el resto del mundo. Pues bien, unos cuántos meses de locuras de Musk y el destrozo al emblema de Tesla es total. Ha pasado a ser la imagen de un desquiciado, de un adorador de Trump, de un intervencionista y de un extremista. Es muy llamativo cómo los números de la compañía se están despeñando a medida que el comportamiento de su jefe se desmadra, y es inevitable que empiece a reconocerlo, pero no parece que eso suponga ningún cambio en su actitud. Como mano derecha de Trump, Musk tiene todas las posibilidades abiertas en la administración de su país, sin que ninguna norma referida al conflicto de intereses sea capaz de menoscabar contratos o adjudicaciones, que recaen en sus empresas de manera constante. Si su ego era desmedido, ahora se alimenta con el poder puro y duro de la política ejecutiva, sin freno de ningún tipo. ¿Se va a cargar Musk Tesla? No es descartable. La imagen de marca es eso que se llama intangible, no existe en el mundo real, sino en la mente de las personas, y se crea con años de trabajo de insistencia, de mensajes, de trayectoria constante sostenida con inversiones y mucho trabajo. Es una idea, que posee un valor enorme en sí misma, y que en muchas ocasiones es el principal activo de una empresa, más allá de sus bienes de capital. Los que viven en el mundo de la industria del XIX o XX desprecian estos conceptos, y por eso a las empresas que lideran les va como les va. No todo es marketing, pero nada es sin él. Crear esa imagen de marca cuesta muchísimo, y en pocas ocasiones podemos contemplar lo sencillo que es llegar a destruirla con unos comportamientos irracionales. Lo que vemos en el caso de Tesla es un auténtico proceso de demolición mental, de arrasamiento en la conciencia de los clientes de todo el mundo del valor del producto y de la marca. No se si será reversible, porque una vez que el odio se instala puede llegar a ser una fuerza tan poderosa como el amor que los del marketing llegaron a plantar en un momento dado. Odiar mueve tanto como amar.

El resto de los negocios de Musk siguen boyantes, especialmente todo lo relacionado con Starlink y SpaceX, donde casi se ha hecho con el monopolio de los lanzamientos comerciales por su rupturista tecnología de reutilización, pero la fortuna del magnate se ha reducido en una cuarta parte desde los máximos que alcanzó poco después de las elecciones de noviembre. Musk empieza a notar en sus cuentas la imprudencia de sus actos, ¿le hará eso cambiar? Siendo como es un personaje impredecible es difícil saberlo. El dinero le importa, pero no es, ni mucho menos, el típico millonario obseso con su fortuna. Va a ser curioso comprobar cómo lidia con todo esto, pero lo cierto es que los Tesla, y los que trabajan allí, se han metido en un problema inmenso.

jueves, enero 09, 2025

Elon Musk parece estar desquiciado

Cada uno de nosotros posee diferentes aspectos y perfiles para las múltiples facetas y habilidades de la vida. Es un error muy generalizado hoy en día simplificar las cosas, en este mundo de lo instantáneo, y catalogar a alguien de una manera, y que esa idea fuerza sobre él sea la que rija en todos los aspectos. Un literato o actor no es un intelectual, puede saber de cosas más allá de su profesión o no, y su criterio al respecto puede ser certero o disparatado, o no saber. Una persona puede ser un genio en algunos aspectos, pongamos los profesionales, y ser a la vez un cero a la hora de hacer otras cosas y un ogro en su casa y alguien maravilloso con los amigos, y todo a la vez. Es lo normal, somos complejos y poseemos múltiples perfiles.

Elon Musk, una de las personas más importantes de nuestro tiempo, ha dejado claro que es tan brillante en la ingeniería como sociopático en lo personal y extravagante en lo público. Sus empresas, especialmente Tesla y SpaceX, han revolucionado por completo las industrias en las que se han asentado, automovilística y espacial respectivamente, y hay un antes y un después de su llegada que es incuestionable. Se ha convertido en un genio de los negocios con un componente de fábrica algo ajeno al mundo del puro software que impera entre las mentes de Silicon Valley, y se ha hecho rico, inmensamente rico. Es, desde hace un tiempo, y gracias al valor de sus acciones en sus compañías, el hombre más rico del mundo. En lo personal posee una vida completamente alocada, con un montón de hijos, creo que más de diez, fruto de su relación con varias mujeres, con algunos matrimonios, divorcios y relaciones abiertas. Su padre parece que era el típico autoritario que pega a su familia y eso, ya se sabe, crea traumas. Los hijos de Elon, a los que ha denominado en algunos casos con combinaciones alfanuméricas tipo XA17 y cosas por el estilo, tienen una relación complicada con él. Algunos mantienen el contacto y otros no. Uno, creo, ha transicionado para cambiarse de sexo cuando ha llegado a la adolescencia. Necesitado de un reconocimiento social, algo que es casi lo más normal en el mundo narcisista de las redes que impera hoy en día, Musk tuiteaba antaño a lo loco hasta que decidió comprarse la red Twitter para tuitear como el jefe loco. Eso ha hecho que la red, que redenominó como X, (sí, tiene una obsesión con esa letra) se haya convertido en una jaula de grillos aún más alocada de lo que ya era, con sectarios de todo tipo deambulando a sus anchas en medio de cosa de gran valor que no destacan como es debido. Coincidiendo con este movimiento empresarial, Musk ha tenido una epifanía política y, de ser un defensor de los demócratas se ha convertido en un adorador de Trump, de tal manera que la intensidad de sus tuits en apoyo al líder mesiánico de lo que antes era el republicanismo ha ido creciendo sin cesar. Esto no tiene mucha importancia cuando Musk no es sino un empresario muy rico y un creador de opinión influyente, que no es poco, pero que puede ser obviado simplemente no participando en el mundo de las redes sociales (mi madre no sabía quién era Musk hace año y poco) pero ya no es lo mismo cuando el empresario se mete en la campaña de Trump, acude a sus mítines con ardor y aspecto alocado y contribuye notablemente a la victoria del magnate, llegando así al poder político en la nación más poderosa del mundo. Musk, actual consejero en jefe de Trump, va a ser agraciado con la concesión de un departamento externo al gobierno federal para que éste sea simplificado y reorganizado, con lo que su poder va a afectar directamente a la gestión de la vida de los norteamericanos. Eso hace que si Trump pone un tuit en el que se cisca en alguien, aparte de ser un acto de mala educación, se convierta en la declaración de alguien con poder en Washington, capaz de transformar ese tuit, que no es nada, en una declaración de intenciones políticas que puede ser transformada en normas, leyes, decisiones de gobierno. Dado que la carga de locura de los tuits que Musk suelta sin cesar no deja de ir creciendo, es normal que la alarma de medio mundo también lo haga ¿Está en sus cabales el hombre más rico del mundo y el, actualmente, principal consejero de quien va a ser el presidente de los EEUU? ¿Musk es una versión tecnológica de Rasputín?

Walter Issaccson, autor de su biografía, que ya se ha quedado vieja, comentó en las entrevistas de presentación del libro que Musk tiene un componente que lo acerca al autismo en su relación con las personas, que de vez en cuando sufre brotes de ira que descarga en quienes tiene a su alrededor y que, durante ese tiempo, se convierte en un ser oscuro y despiadado. No es muy tranquilizador que un personaje así, tan proclive a dispararse, este cerca del enorme poder que la presidencia de EEUU puede desplegar, pero es lo que hay. Ahora mismo Musk es una fábrica de sorpresas, bulos, broncas y declaraciones que a uno le dejan perplejo. Y esto tiene pinta de ir a peor. ¿Cuánto tardarán Musk y Trump en enfrentarse¿ ¿Cuánto nos va a costar eso al resto del mundo?

miércoles, noviembre 13, 2024

Musk en la corte de Trump

Una de las mayores incógnitas sobre cómo se va a desempeñar la futura presidencia de Trump es el papel que en ella va a jugar Elon Musk, el multimillonario y emprendedor personaje capaz de todo. Por de pronto, la jugada electoral le ha salido bastante bien, porque ha destinado algunos cientos de millones de su astronómica fortuna, es el hombre más rico del mundo, para financiar la campaña del tío Donald y, tras la victoria, el subidón de la bolsa y de sus empresas, en especial Tesla, le ha reportado más de diez mil millones de ganancias de capitalización bursátil, por lo que no se le puede negar ojo al señor Musk. Todos los que le critican sin cesar debieran probar a hacer estos juegos de apuestas, a ver qué tal les salen.

Musk es tan brillante en lo ingenieril como chocante en lo personal. Cumple todos los requisitos para ser considerado como el rey de los frikys, de los nerd, de aquellos genios con notables taras en sus capacidades sociales. Tiene una capacidad de trabajo inmensa, estajanovista, que trata de que sea compartida por los que están a su alrededor, de tal manera que la intensidad laboral en sus empresas es realmente bestial. Visionario, capaz de crear una empresa de automóviles eléctricos que, ahora mismo, es la única capaz de replicar a las chinas, o algo como SpaceX, que ha revolucionado el mercado de lanzamientos espaciales con sus cohetes reutilizables, y que aspira a colocar naves enormes en órbita y rumbo a Marte, Musk también tiene un componente libertario descontrolado que se ha puesto muy de manifiesto cuando se compró Twitter, lo que el consideraba un juguete, lo rebautizó como X (sí, tiene una obsesión con esa letra) y se puso desde ese foro a lanzar mensajitos con carácter político que, en general, producían sonrojo por el infantilismo que destilaban. Durante la campaña ha sido aún más osado y paródico. En un momento dado, hace poco, Trump le dijo que si ganaba le encargaría la remodelación de la administración norteamericana, para hacerla moderna, ágil y carente de burocracia. Una labor como esa en manos de Musk, que en la primera semana como dueño de Twitter despidió a la mitad de la plantilla, es algo que puede resultar más que chocante. Además, y esto es un tema muy relevante, gran parte de los negocios en los que trabaja Musk están sometidos a regulación por parte de las administraciones, empezando por el nada convencional hecho de lanzar cohetes al espacio. Si finalmente Musk tiene poder sobre la administración, se llegaría al paraíso del plutócrata que sueña con hacerse con el regulador para que no le incomode. La captura sería completa. Estaríamos ante un caso de colisión de intereses de manual, pero me da que ni a Musk ni a Trump la ley y la apariencia de respetabilidad sea algo que les importe demasiado. Con su forma brusca de hacer las cosas Musk es capaz de llegar a Washington e, investido por el poder presidencial, hacer una escabechina entre el personal del gobierno federal, dejándolo en las raspas. Funcionarios, contratados, asesores y todo tipo de empleados que ahora mismo trabajan en la maquinaria de la administración del país deben estar aterrados sobre el futuro que les espera, más bien el que no, y es probable que en los apenas dos meses que le quedan a la administración Biden en el poder, principalmente dedicados al traspaso de poder a la nueva administración entrante, el principal empeño de los actuales trabajadores sea el de buscar un nuevo empleo fuera de la administración, a sabiendas de que van a ser liquidados. El comportamiento de Musk y la evidente colisión de intereses que esto supone no tiene nada de liberal, ni en lo político ni en lo económico. Estamos ante la toma de un aparato al servicio del estado, el de la administración, para ponerlo a rendir cuentas bajo no se sabe que intereses, sospechando que acabe favoreciendo de manera obvia a las empresas de Musk. ¿Se va a negar a sí mismo la posibilidad de que alguna de sus empresas se lleve contratos públicos? ¿va a respetar la competencia? Sólo el hacerse estas preguntas tan básicas hablando de una nación como EEUU nos señala hasta qué punto vamos a vivir toda una anomalía.

Musk tiene una vida personal muy desordenada, con varios hijos de múltiples parejas, algunos de los cuales han dejado claro que no quieren tener contacto con su padre. Es un personaje casi más propio de una película, una especie de mezcla entre Tony Stark y Sheldom Cooper, y se ha instalado por completo en el círculo interno del poder, y de la familia, de Trump, en una simbiosis entre personajes extravagantes que produce fascinación e inquietud a partes iguales. Con una fortuna estimada en torno a los trescientos mil millones de dólares, la gran mayoría en acciones de sus empresas. Musk puede incluso opacar en titulares al propio Trump. Nadie tiene ni idea de lo que puede llegar a hacer.