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jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

viernes, junio 12, 2026

Suben los precios, suben los tipos

El anuncio de ayer de Trump de un acuerdo con Irán para este fin de semana disparó los índices de la bolsa de EEUU e hizo caer el petróleo, pero esta supuesta tregua es parecida a la que se ha anunciado unas treinta veces en las últimas semanas, y sospecho que el único objetivo de ese anuncio era el de espolear los mercados justo en el momento de la colocación de las acciones de SpaceX, garantizándose así hoy una salida al mercado exitosa de la espectacular empresa espacial de Elon Musk. ¿Un mero amaño de mercado? No sería la primera vez que el tahúr de Trump lo hace, ni sería la última.

En lo relevante, el miércoles se supo el dato de inflación de EEUU, que en tasa interanual ha subido en mayo hasta el 4,2% , la más alta desde los tiempos del descenso de la tasa tras el disparate de la salida del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania. Es un valor muy alto, altísimo, que erosiona profundamente la capacidad de compra del consumidor, devalúa sus ingresos y activos y, dado su carácter regresivo, destruye mucho más a las clases bajas y medias que a las adineradas. Ante un panorama semejante, con daños estructurales en Ormuz y su entorno que van a hacer que los precios de la energía no vuelvan a ser bajos en bastante tiempo, es de esperar que las tasas de inflación no retornen a corto plazo al nivel deseado del 2%, por lo que las autoridades monetarias deben actuar, les guste o no. De ahí la intervención del BCE de ayer, con una subida de tipos de 0,25%, dejando los oficiales de la eurozona en el 2,25%. Esto se va a traducir rápidamente en un encarecimiento del crédito, tanto el de inversión como el de consumo o el hipotecario. Este último lleva ya unos meses poniéndose cuesta arriba, porque el euríbor está actuando como buena señal de tensión monetaria, alcanzando cotas de cierre mensual del 2,8% Esto encarece las hipotecas a tipo variable, y por ello el porcentaje de las que se firman a fijo sube y sube, pero decisiones como las de ayer encarecerán las ofertas de fijo de los bancos, por lo que la financiación para la compra de inmuebles se pondrá más difícil sí o sí. ¿Puede ser esa la causa por la que parece que hemos llegado a un techo en el precio de los inmuebles? Quizás, aunque también el que su precio sea disparatado y la demanda no tenga fuerza infinita influirán sobremanera. En todo caso, y como pasó ante el disparo inflacionario de 2022, las causas de esta subida de precios no son estrictamente monetarias, no hay un disparate de emisión de moneda o algo así, son causas físicas, principalmente la escasez en el abastecimiento de energía, pero el BCE y el resto de autoridades monetarias no disponen de fragatas u otro tipo de elementos “reales” con los que hacer frente a las crisis de precios. Sólo pueden actuar sobre variables intermedias, como los tipos, los coeficientes de reserva y cosas por el estilo, para tratar de buscar una contención de la demanda y que así los precios se vean menos tensionados. Combatir problemas de escasez de oferta frenando la demanda no parece la mejor de las soluciones posibles, y no lo es, pero no hay muchas alternativas si no hay movimientos que arreglen los problemas en el mundo real. Las autoridades monetarias son las responsables de variables financieras, y no tienen muchas más opciones. Deben controlar el nivel de precios y no pueden consentir que, sea cual sea la causa, se dispare. A partir de ahora el BCE está a expensas de los anuncios de Trump, y de lo que acabe sucediendo en Ormuz. Si la crisis se mitiga en el medio plazo podrá volver a una senda de moderación, pero si las cosas se enquistan y, con ello, los precios, no tendrá más remedio que volver a subir tipos.

Para la economía de la UE, débil y golpeada por varios frentes, la subida de tipos va a sentar mal a muchos sectores, nuevamente los más débiles, los necesitados de financiación o los que tienen ingresos bajos. Los precios aquí no han llegado a ese 4% de ascenso que se registra en EEUU, pero en gran parte eso se debe a las subvenciones que se siguen aplicando, por parte de los gobiernos, a los combustibles, por lo que un gasto fiscal extra está sosteniendo artificialmente los precios de la gasolina, y esto no puede ser indefinido. O baja el barril en origen o las subvenciones se irán recortando. Las medidas de estímulo necesarias para que nuestras economías remonten allí donde lo necesitan se encarecerán.

jueves, marzo 19, 2026

Escalada energética

Ayer se produjo una serie de ataques cruzados que tuvieron como objetivo grandes y cruciales infraestructuras energéticas en la zona del Golfo Pérsico. Israel atacó las instalaciones iraníes de South Pars, que explotan el mayor yacimiento de gas natural del mundo, una bolsa que se encuentra bajo la parte interior del golfo pérsico, situado de manera perpendicular a la forma alargada que adopta el mar en esa zona. Ese yacimiento también es explotado por Qatar, país riquísimo precisamente gracias a él: Qatar no tiene petróleo, pero sí gas. Produce más o menos el 20% del Gas Natural Licuado del mundo, y lo hace desde el complejo de Ras Laffan.

Esas instalaciones, uno de los lugares más importantes del mundo en lo que hace a energía e industria, fueron atacadas por Irán como represalia ante el ataque a South Pars. No consta que haya habido víctimas, según las informaciones difundidas por el gobierno qatarí, pero sí daños materiales cuantiosos, imposibles de precisas, pero que afectan la estabilidad del complejo y a su operativa lo suficiente como para dejarlo en barbecho. Todo el mundo está mirando el petróleo, con razón, pero el gas es otra enorme fuente de energía, cuyo papel no ha hecho sino creer con el paso de los años, y que tiene unos usos mucho más extensos que el del transporte o la calefacción. El gas natural se usa mucho en procesos químicos básicos como el de la producción de nitratos, cuyo principal uso es el de los fertilizantes agrarios. Comemos todos, principalmente, a la industria global de fertilizantes, que permite que las cosechas alcancen las dimensiones que nos permiten subsistir. Si esa industria sufre las cosechas lo harán, y el precio de los alimentos puede experimentar subidas muy considerables a corto y medio plazo. El gas también se usa en otros procesos que acaban generando helio, gas noble que, además de para llenar globos de feria que tanto gustan a pequeños y mayores, se utiliza en procesos de fabricación de fibra óptica, chips y otros componentes tecnológicos avanzados…. Uno puede pensar que las cosas salen de las estanterías de los supermercados o centros comerciales como por arte de magia, pero no, cada objeto esconde una cadena de producción que tiene indeterminados eslabones, muchos de ellos cruzados, que se extiende en el espacio y el tiempo, y que logra que un paquete de macarrones o un disco duro externo con USB esté a nuestra disposición a un precio razonable. Y en el fondo de todos los productos se encuentra la energía y los procesos industriales básicos capaces de producir elementos imprescindibles para que todos los bienes, todos, se acaben elaborando. Los ataques cruzados de ayer no se dieron sobre arenales sin poder estratégico o pabellones de almacenamiento de enseres, no, se produjeron sobre algo parecido al corazón de la industria global, uno de los puntos en los que se inician procesos capaces de alcanzar dimensiones planetarias. No se izo un rasguño a un fragmento de piel del brazo, no, se produjo un trombo en una de las principales arterias de la economía, logística e industria global, con unos daños que tardarán mucho tiempo en ser reparados, a un coste muy elevado, y que a cortísimo plazo suponen la interrupción de suministro y el destrozo de las cadenas logísticas para muchos sectores, además de un obvio disparo de los precios en todas partes. Lo de ayer fue el típico cruce de actos estúpidos que se produce cuando la ira de los contendientes le da por destrozar cosas de comer, y eso acaba con los que se pelean mucho más pobres. Y de rebote todo el mundo. Ayer se destruyeron cosas de una importancia que no somos capaces de calibrar. 

Trump se mostró enojado por el ataque israelí a South Pars, más que por las consecuencias o porque Qatar sea un aliado suyo porque, quizás, ya le habían dicho cuánto iba a robar haciéndose con las instalaciones y ahora están medio inutilizadas, porque al ególatra supremo la estabilidad logística y productiva global le da igual, por decirlo de manera suave. En todo caso, lo de ayer también va a suponer un abrupto encarecimiento de la vida del consumidor norteamericano (ni le cuento la nuestra) y eso puede que sí le importe más otras cosas. A punto de llegar a la tercera semana de guerra la situación se descontrola, en lo económico y militar, y los costes de este desastre no hacen sino crecer sin límite conocido.

miércoles, febrero 07, 2024

Los problemas de la economía alemana

Si uno mira las estadísticas de crecimiento de la UE le puede entrar una depresión. El tono anémico domina por completo desde hace año y medio, con tímidas subidas y bajadas, y trimestres planos, en un camino hacia ninguna parte. Esto se da mientras naciones en las que el turismo es primordial como España o Italia reflejan avances significativos de su PIB. Para que la media sea baja debe haber países que no carburan. Francia está entre ellos, pero el gran país de la UE, Alemania, es el que presenta los datos más negativos, sin mostrar capacidad de crecimiento alguna ¿Por qué?

Hay varios factores que explican el mediocre comportamiento de la economía alemana, y el nuevo mundo geopolítico en el que nos estamos metiendo no es, precisamente, el menor de ellos, pero si hay que buscar una causa profunda a esta situación se encuentra, sin duda, en el disparo de los precios de la energía, y en cómo la guerra de Ucrania ha convertido, de repente, lo que era una ventaja estratégica en un coste enorme y un gran problema. Alemania, desde hace años, apostó por la energía rusa como fuente primordial. La cercanía física, los vínculos empresariales y el alto rendimiento que ofrece el gas convertían a esta alternativa en algo bastante obvio, por lo que gran parte del sistema productivo germano se fue adaptando a un flujo energético que fiable, constante y a un precio muy bajo. Mientras que otras naciones teníamos unos costes energéticos elevados, Alemania disfrutaba de precios bajos en unos de los insumos imprescindibles para cualquier sector de la economía. Las redes clientelares creadas entre las empresas alemanas y las gasísticas rusas se fueron tejiendo sin mucho disimulo, hasta llegar a la plena implicación de las autoridades germanas, muchas de las cuales, tras dejar sus cargos, entraban a formar parte de los conglomerados energéticos sin demasiado disimulo, en una versión de las llamadas puertas giratorias en la que el cirílico era el lenguaje franco que dominaba. Estratégicamente, desde el gobierno alemán se alentaba esta alianza porque se consideraba que, además de las ventajas económicas señaladas, era una fuente de estabilidad para el continente. Dos economías que cada vez son más dependientes aumentan mucho los costes de una posible ruptura futura. Es lo que se ha llamado por algunos como la teoría del abrazo económico, un aumento de la interdependencia disminuye las opciones de enfrentamiento y garantiza una paz estable que, a su vez, espolea el crecimiento económico. Alemania, un país marcado a fuego por un siglo XX horroroso, encontró en esta teoría una vía para solucionar sus problemas seculares, y se lanzó sin cesar al acuerdo económico global. El peso exportador de sus empresas sobre el PIB siempre ha sido desproporcionado y el Made in Germany se ha convertido en un símbolo de calidad global deseado por todo un mundo en el que Alemania, demográficamente, es un país pequeño. La combinación de comercio global y bajos precios energéticos ha permitido dopar a la economía del país y e instalarla en un círculo virtuoso, y todo eso ha caído en terreno abonado, con una sociedad culta, formada, amante del trabajo y con un sentido elevado de la profesionalidad y el rigor. Las cifras de crecimiento de Alemania en las últimas décadas son envidiables para todo el mundo, y salvo unos años en los que fue calificada como el enfermo de Europa, poco después del 2000, su senda de crecimiento se ha mantenido imbatible. Era imposible renunciar a las decisiones que llevaron a esta decisión, que han elevado los niveles de vida del país a un nivel digno de la opulencia.

En parte, este castillo se ha desmoronado, porque la decisión de Putin de invadir Ucrania ha roto la racionalidad de la teoría del abrazo. De un día para otro Alemania paso de estar atado a un socio fiable y un suministro barato a estarlo a un país en guerra con la UE y una materia prima objeto de sanciones. El disparo en los costes de la industria alemana por el incremento de los precios del gas en 2022 y el suministro actual, sometido a los avatares del transporte marítimo por transportarse en forma licuada y por barco, han convertido a la energía en el gran cuello de botella. Alemania sufre.

martes, junio 06, 2023

Alemania, fresas y carbón

La web de energy map es una de las más interesantes de las que hay. Si entran les mostrará un mapa del mundo y los datos de las naciones que los suministran, referidos a la producción eléctrica y las fuentes utilizadas para ello. Cada país o zona con datos se marca con un color en función de la emisión media de CO2 correspondiente al mix de generación de ese momento, más verde cuanto menor sea, más marrón cuanto más. A esta hora de hoy, 07:58, Alemania está en un marrón medio con 407 gramos de CO2 por megawatio producido y en España estamos en un amarillo mostaza con 250 gramos, algo más de la mitad que los germanos.

Viene esto a cuento para poner el dedo en el ojo de la misión de diputados alemanes que, amparados en la conciencia climática, pretendían visitar las plantaciones de fresas aledañas al parque de Doñana que tanto revuelo han provocado en las pasadas semanas. La visita, decían, buscaba averiguar si esos cultivos estaban perjudicando el entorno natural de las marismas y contribuían a su deterioro. Loable propósito, envuelto en un cierto aire de superioridad colonial de país rico que visita a otro pobre para forzar a que no haga lo que el rico se puede permitir no hacer. El que las fresas de Doñana consumen un agua que es escasa lo sabemos todos, de hecho es lo que sucede con los cultivos de gran parte de España, donde el déficit hídrico es permanente. El gobierno central vio en este asunto un motivo de campaña para las últimas municipales y trató de expandir mediáticamente el asunto, lo que le sirvió para perder con más fuerza al partido gobernante en Moncloa en esos municipios, y para convertir el tema en algo de debate europeo en el que, nuevamente, las naciones ricas observan a las pobres con la condescendencia habitual. Hay dos maneras de no esquilmar el agua de Doñana; una es construir desaladoras, cofinanciadas por la UE por ejemplo, que ofrezcan suministro sin recurrir a los pozos o a lo que caiga el cielo. La otra es exterminar los cultivos, mandar al paro a todos los que en ellos trabajan y que las fresas se cultiven en terceros países, de fuera de la UE, en los que nadie podrá saber bajo qué condiciones, medioambientales, laborales o de cualquier otro tipo, son plantadas y cosechadas. Escojan los ricos consumidores alemanes qué es lo que prefieren. Si les he mencionado al principio del artículo las emisiones de la producción eléctrica germana no ha sido por casualidad. Y es que, tras los enormes errores estratégicos en los que ha incurrido el gobierno de Berlín en materia energética (principalmente hacerse dependiente del gas ruso vía mordidas de Putin a sus gobernantes y cerrar el parque de nucleares) la sociedad alemana, toda ella, no sólo la industria, sobrevive gracias al carbón. Sí, hay renovables en Alemania, pero desde hace un año es el sucio carbón la gran fuente de producción de energía del país. Se han reabierto centrales y se expanden las minas a cielo abierto, generando enormes fracturas en el paisaje, destrozos y hasta forzando a abandonar poblaciones que serán engullidas por las gigantescas excavadoras que extraen el carbón. La huella ecológica de la explotación minera alemana en el país es enorme, y va a más, y el impacto de sus emisiones crecientes en tiempos de reducción de consumo de combustibles fósiles resulta absurdo. ¿Por qué los parlamentarios germanos, tan preocupados por Doñana, no vuelcan su conciencia ecológica en sus propias emisiones? Porque de hacerlo recibirían cero votos por parte de sus electores, los que sí les importan, y perderían el cargo, y siempre es más rentable exhibir un ecologismo de postín que rente imagen para luego obtener votos en casa que meterse de verdad con los problemas que pueden acabar con la carrera política del más pintado. Y esto pasa en Alemania, España, EEUU y en cualquier parte del mundo en la que hay humanos.

Viendo las emisiones generadas por Alemania, ¿se imaginan una misión de parlamentarios españoles que quiera visitar aquel país para ver cómo impactan en la UE, y en nuestra nación, los efectos de la quema de carbón en suelo germano? No ¿verdad?. ¿Qué diría la prensa y el gobierno alemán ante esa iniciativa? ¿Cuál sería el nivel de desprecio utilizado por los opinadores y medios de la sociedad alemana ante una iniciativa semejante?. La ocurrencia de los diputados alemanes ejemplifica perfectamente el dicho ese de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio, y lleva nuevamente a la palestra el interesado, cutre y sobado uso que del problema ambientan se hace para justificar algunos comportamientos en función de la renta y el poder de quienes los desarrollen. En este asunto la hipocresía está siendo exagerada hasta el extremo

lunes, abril 17, 2023

Error energético alemán

Alemania es el líder de Europa, nada se puede hacer sin su consentimiento, y lo que ella determina nos condiciona a todos. La guerra de Ucrania ha puesto sobre la mesa una gran cantidad de errores estratégicos que los distintos gobiernos alemanes ha cometido a lo largo de los años en lo que hace a su relación con Rusia. Algunos comprensibles, otros no tantos. El de supeditar la energía del país a la barata y accesible fuente de gas ruso es uno de los más graves y de los que más aristas presenta (¿qué político no vende a sus ciudadanos un suministro asequible y seguro de energía?) y la guerra ha roto por completo esta fuente.

Este fin de semana el gobierno alemán ha cerrado las tres últimas centrales nucleares que funcionaban en el país, en una decisión que llevaba planificada desde hace tiempo, que contaba con partidarios y detractores, pero que la actual guerra y la ruptura de relaciones con Rusia ha convertido en un absoluto disparate, un error monumental. Tras el accidente de Fukushima, que no fue nuclear ni causó apenas víctimas, el gobierno de Angela Merkel decidió prescindir de la energía nuclear en su país y anunció un calendario de cierre de centrales, que fue aplaudido por las organizaciones ecologistas. El miedo a los residuos y a los accidentes superaba por mucho a la evidencia de que las nucleares ya construidas eran una fuente de energía segura y libre por completo de emisiones de CO2, en un momento en el que la lucha contra estas emisiones ya estaba en el ambiente de todo debate político y económico. El dogma antinuclear venció a la razón y el gobierno alemán fue apagando reactores poco a poco, a sabiendas de que de algún lado tenía que sacar la electricidad que esas centrales dejaban de aportar. La instalación de molinos eólicos y paneles solares ha avanzado con fuerza en aquella nación, pero la natural intermitencia que se asocia a estas fuentes obligaba a tener instalaciones de respaldo cuando, sin sol o sin viento, nada aportan. Para eso estaba el barato y seguro gas ruso, que fluía sin cesar por el Nord Stream 1 y que, en breve, también lo haría por el 2. Imbricado hasta las trancas en las estructuras de poder alemanas, Gazprom y otras empresas paraestatales rusas habían conseguido que los políticos germanos firmasen todos los acuerdos y contratos posibles para que el gas de los Urales fuera la fuente principal de energía de la industria y hogares germanos. Por su parte, los gobiernos que han pasado por Berlín ha mantenido una postura, que tiene cierta lógica, basada en la teoría de que dos socios comerciales que se necesitan no se enemistarán, porque ambos pierden. Cuanto más me abrace al oso menos probable es que me arañe con sus zarpas. Eso ha funcionado hasta que Putin lanzó sus tanques contra Ucrania y todo el equilibrio europeo se fue al garete. Carente de centrales de regasificación, Alemania ha conseguido abrir la primera para poder usar gas natural licuado, pero evidentemente no da para suplir la oferta que venía de Rusia. Para sobrellevar el invierno, el gobierno germano ha contado con la suerte de unas temperaturas no muy frías y un desvío de todo el gas del que pudiera disponer para destinarlos al abastecimiento de hogares y empresas, sin dedicar una sola molécula a la producción eléctrica. ¿Cómo se ha cubierto entonces la producción de electricidad? En parte con importaciones desde terceros países, en parte con las nucleares que seguían en marcha y, sobre todo, por encima de todo, con carbón, un recurso que sigue siendo muy abundante en suelo germano. Alemania suple sus necesidades de electricidad quemando carbón, con una tasa de emisión de CO2 mucho más alta que la del gas y, por supuesto, infinita si la comparamos con la nuclear. Sólo este hecho hubiera bastado para que el gobierno de Sholtz rectificase y decidiera no cerrar las nucleares que quedaban aún en marcha, pero no ha sido así. Incapaz de corregir una decisión errónea, que el tiempo ha convertido en estúpida, el apagón nuclear ya es una realidad en Alemania.

Desde ayer mismo el consumo de carbón del país ha crecido en un 2% más o menos, con lo que sus emisiones también lo harán, y en bruto, porque aparecen nuevas donde antes, directamente, no existían. Ecológica, estratégica, política, industrialmente… como quieran ustedes verlo, es una decisión absurda y tan equivocada que produce sonrojo, pero no dejes que la falsa demagogia ecologista te ciegue, deben pensar algunos políticos. El cartel de la nuclear cerrada esconde una producción mucho más sucia. Era triste ver como ayer la decisión alemana era respaldada por los ecologistas franceses, nación que produce unos tres cuartos de su electricidad con nucleares. La capacidad europea para el suicidio estratégico no tiene límites.

martes, febrero 14, 2023

La economía aguanta

Desde octubre septiembre, momento en el que hicieron mínimo, las bolsas suben, con ganas, en lo que ha dejado de ser un rebote tras el desplome para convertirse en todo un movimiento alcista que ha borrado gran parte de las pérdidas que se acumularon en la primera parte de 2022. El inicio del año en los mercados está siendo deslumbrante, con un Ibex, para no irse muy lejos, que gana en el entorno del11%, margen más que suficiente para vender hoy mismo y quedarse el resto del ejercicio mirando y disfrutando de lo ganado. En EEUU los índices muestran una fortaleza igualmente notable y, a mi escaso entender, sorprendente.

Esta mejora bursátil no es una mera excepción. Ayer, en su revisión de las previsiones, la UE elevó la tasa de crecimiento del PIB de la economía española para este año del 1,1% al 1,4%, cifras bajas todas ellas, pero crecientes, y alejó la temida recesión técnica, tanto en nuestro país como en el conjunto de la Unión. Existe una sensación de dulzura en los análisis económicos a medida que llegamos al final del invierno y el peor de los escenarios no se ha hecho realidad. Los precios energéticos, desatados a lo largo del verano pasado, ha ido aflojando a medida que se acercaba el frío. El mismo frío ha sido menor de lo habitual, en otro invierno no extremo en Europa, y el suministro de gas natural licuado, especialmente desde EEUU, ha permitido tener las reservas altas y la garantía de suministro. Putin no ha logrado que nos congelemos y el precio de la energía no se ha convertido en un muro infranqueable. Eso ha deshecho el panorama negro con el que afrontábamos este invierno, por lo que la sensación de alivio generalizado que se respira en las capitales occidentales y los institutos de previsión económica tiene su sentido. ¿Quiere decir esto que hemos vencido a los problemas económicos? No, me temo que no. La inflación sigue muy alta, castigando el bolsillo de consumidores y empresas, y las subidas de tipos decretadas por los bancos centrales para tratar de controlarla ya se nota en las cuotas de las hipotecas y en la restricción del acceso al crédito. Siguen funcionando numerosos frenos a la demanda que la están llevando a pararse, especialmente en lo que hace al consumo privado, el gran motor. El endeudamiento de familias y empresa crece para poder mantener un ritmo de gasto ante precios ascendentes y ahorros pandémicos agotados, por lo que ese motor del consumo se debe ir parando. Por el contrario, de manera sorprendente, el empleo sigue tirando con fuerza, y los datos de creación del mismo, aquí y en EEUU, muestran una fortaleza que resulta muy llamativa, asombrosa en un contexto tan tenso como el que vivimos. Si uno empieza a juntar todos los elementos y los contrapesa se da cuenta de que o algo no cuadra o, simplemente, este que escribe es corto y no lo entiende. Debiéramos estar ante un debilitamiento de la economía más intenso pero, afortunadamente, no es así. ¿Qué está provocando esta bendita resistencia? En el caso español se me ocurren tres factores. Uno es el constante y disparatado endeudamiento del sector público, cuyos déficits no dejan de crecer y suponen un estímulo a la economía, aunque sean una losa en el medio y largo plazo. Otro es la capacidad exportadora de nuestras industrias y servicios, cuya competitividad internacional no deja de crecer y les permite ganar cuota, por lo que el sector exterior es, ya, uno de nuestros motores de crecimiento. Este quizás sea uno de los cambios estructurales más profundos, y en este caso positivo, que nos dejó la crisis de 2008 – 2013. El tercer factor que veo es el del disparo del turismo. Como país “exportador” de sol y ocio la pandemia nos arrasó, somos de las muy pocas economías occidentales que aún no llegamos al PIB pre covid, y la vuelta del turismo en 2022 ha sido un revulsivo tremendo. Este año es de prever que ese factor siga mejorando y, con la apertura de China, el retorno del turismo asiático nos puede venir de perlas en forma de sustanciales ingresos.

En todo caso, y con la sensación de que hemos salvado el agujero del invierno, no podemos lanzar campanas al vuelo en lo más mínimo. Ese freno en la demanda de los consumidores va a ir a más, y el factor de la vuelta de China tras el cierre covid, que nos viene bien como turismo, puede sentarnos a todos muy mal si eso supone un tirón en la demanda de productos energéticos y una nueva ronda de subidas de precios por ese lado. La guerra sigue, por lo que las disrupciones que provoca se mantendrán. En definitiva, que no ha sucedido lo peor, pero no se muy bien dónde estamos ni lo que va a pasar de ahora en adelante. La incertidumbre sigue siendo muy alta.

martes, enero 03, 2023

Luz de regalo

Desde ayer, 2 de enero, el precio de la luz volvió a superar el centenar de euros por megavatio, colocándose hoy en el entorno de los 140, que no parece mucho frente a los cuatrocientos o más que llegó a alcanzar en algunos tramos de 2022, pero que es un precio carísimo. Por contraste, y durante la semana navideña. Hasta el 1 de enero inclusive, se registraron precios maravillosos que, por poco, superaban la decena de euros. Hubo alguna jornada que ni eso, siendo el coste de la producción eléctrica casi nulo, en algunos tramos horarios incluso negativo, por el exceso de lo que se generaba y no se podía consumir. Menudo regalo

¿Por qué se ha dado esto? Bueno, hay varias explicaciones, y la principal es la meteorológica, por dos vertientes. Una es la bonanza de días que hemos tenido, en España y en toda Europa, con temperaturas mucho más altas de lo habitual, por lo que la demanda de energía para calefacción ha sido muy reducida. El buen tiempo ha sido, en sí mismo, un regalo, que ha llenado calles en todas partes y dejado estampas más propias de la primavera de que de la Navidad. No hemos llegado al extremo australiano donde, dada su posición en el hemisferio sur, celebran estas fechas en la playa empezando su verano, pero casi. El calor de estos días ha venido por la entrada en el continente de borrascas atlánticas, que debieron haberlo hecho antes, llevando ríos de humedad mucho más templada que lo que corresponde a unas temperaturas de finales de año, y en esos ríos el viento soplaba con ganas. Un viento que ha hecho girar los aerogeneradores de todo el continente a lo loco, por lo que su producción se ha disparado, hasta acercarse bastante al potencial de la capacidad instalada. Esta producción eólica entra a coste cero en el sistema, por lo que acaba arrastrando los precios a la baja, que siempre son determinados por el más caro, el gas. Menos demanda de gas para electricidad y menos en estos días para unas calefacciones que incluso podían estar apagadas ha hecho caer el precio del gas en el mercado mayorista y, con ello, el resultado es que la oferta eléctrica de estos días se ha dado a unos precios de derribo. Por el lado de la demanda tampoco ha habido mucha presión. En estas jornadas en España se han dado picos de demanda un 3% – 4% por debajo de las registradas en otros años, seguramente motivadas por la necesidad de ahorro de muchos de los consumidores, pero con las industrias de vacaciones, estos días suelen registrar niveles bajos de consumo. Además, sospecho, empezará a notarse cada vez más el efecto de autoconsumo de todas las placas solares que muchos han instalado en sus casas, porque kilovatio que se produce por la placa para el consumo en ese hogar es kilovatio que no se demanda a la red, por lo que no debe ser producido. Puede que este verano, con insolación en sus máximos, veamos curvas de demanda más bajas de las registradas en años precedentes, aunque es cierto que eso dependerá de lo cálido y agobiante que sea. En estas fechas navideñas se alcanza el mínimo de insolación y, aunque esté despejado, como ha sido el caso, las placas producen menos, simplemente por el hecho de las pocas horas diurnas que hay. A medida que avancen los días el papel de la solar fotovoltaica irá subiendo porque el día crece desde el 22 de diciembre, y eso aportará al sistema producción a coste nulo. Nuevamente, dependeremos del tiempo, porque si enfría y no hace viento, como va a pasar esta semana sin ir más lejos, la producción renovable caerá, la demanda subirá y con ello el precio, y por eso hemos saltado nuevamente de la barrera de los cien euros.

En todo caso, el efecto de la rebaja de los costes eléctricos durante el mes de diciembre supondrá que las tarifas que lleguen referidas a esas fechas tendrán un aguinaldo para todos los consumidores, mayor o menor en función de lo consumido y la selva de tarifas contratadas que existen en el mercado, pero generalizado. Un alivio real en forma de euros que no habrá que pagar. ¿Tendremos ese alivio en la cuesta de enero? Sí lo disfrutamos el veraniego día 1, pero desde ayer 2 el chollo se ha acabado. Toca mantener una política personal de ahorro energético y sentir que, cada vez que el sol y el viento nos rodeen vamos a tener un aguinaldo, a destiempo, pero bien recibido, en forma de ahorro de la factura.

miércoles, diciembre 14, 2022

Avances en la fusión nuclear

Uno de los chistes clásicos del mundo científico, que se viene repitiendo más o menos desde los años sesenta, es que quedan veinte años para que podamos usar la fusión nuclear como fuente segura, limpia e infinita de energía. Esa expresión se reitera sin cesar y los veinte años avanzan desde el pasado hasta el futuro. Se suceden las inversiones y los experimentos, y la cosa sigue instalada en una promesa a la que no se llega. Ayer se hizo un anuncio importante relacionado con esta tecnología, que supone, cierto, el primer avance real registrado al respecto desde hace décadas, pero es el primero de un montón de pasos que quedan, sin que se sepa, ni mucho menos, cómo llevarlos a cabo. Alegría, sí, pero nada de ilusión.

La tecnología nuclear que dominamos es la de fisión, en la que un elemento se escinde, de manera natural o forzada, en otros, emitiendo energía en el proceso en forma de ondas de múltiples tipos, luz y calor. Centrales nucleares, bombas atómicas convencionales, radioterapia contra el cáncer…. Todo eso se basa en la fisión. Son elementos muy pesados, o isótopos de los mismos, que se transforman en elementos más ligeros. La fusión es otra cosa, se trata de que dos elementos muy ligeros se unan, idealmente dos átomos de hidrógeno en uno de helio, de tal manera que en esa fusión se libera energía, en una tasa mucho más alta que en el caso de la fisión. Es lo que sucede en el interior de las estrellas. La inimaginable presión de la gravedad, fruto de su propia masa, comprime los núcleos de tal manera que la fusión “arranca” cuando el tamaño del núcleo de condensación es lo suficientemente elevado. El encendido del horno nuclear genera una enorme presión hacia fuera y la estrella, en marcha, estabiliza sus presiones y así se queda hasta que el combustible se vaya agotando. Recrear algo así en nuestro mundo es un reto fascinante. Se han propuesto dos posibles tecnologías para ello; una es en la que se basa el reactor que se construye en Cadarache, Francia, dentro del proyecto internacional ITER. En este caso se calienta hasta alcanzar millones de grados el hidrógeno, hasta que se alcanza el estado de plasma, previo al de la posible fusión. Ese plasma se contiene en enormes campos magnéticos, dado que no hay material físico que lo soporte, y se trata de que el plasma “arranque” la fusión al alcanzar temperaturas disparatadas. La otra tecnología utiliza una diminuta pastilla de deuterio, un isótopo del hidrógeno, que es bombardeada por cientos de láseres de altísima frecuencia. La concentración de energía en ese punto minúsculo dispara la presión y temperatura en él hasta los millones de grados requeridos y se busca que se produzca el “arranque” antes comentado. Son dos vías distintas, una más inmensa en lo que hace a sus instalaciones, otra un poco menos, pero ambas carísimas y muy consumidoras de energía. Lo que anunció ayer el laboratorio norteamericano que desarrolla la segunda tecnología es que, por primera vez, el arrancado de la máquina ha generado más energía de la que ha consumido, por lo que, por primera vez, se puede decir que se ha conseguido generar energía vía fusión. Ese es el enorme logro. Y no es poco. Es un gran avance que, hasta ahora, sólo existía en los Power Points de los ingenieros y físicos que trabajan en estos proyectos. Pero tan ilusionante es celebrar lo conseguido como frustrante esperar que de aquí se abra la puerta a un mundo de energía limpia, gratuita y casi inagotable. No. El logro se ha dado una vez, en un laboratorio gigantesco, en una instalación científica como no hay otra, y bajo unas condiciones muy concretas. Ha sido un experimento que ha salido bien. Convertir esto en una tecnología práctica, escalable, rentable, utilizable, es un proceso que, vuelve el chiste, puede llevarnos fácilmente un par de décadas, por lo que es necesario borrar el entusiasmo que se vivía ayer en varios medios, sin duda agobiados por la factura energética de este invierno. No, la fusión no nos va a salvar de los precios caros provocados por la guerra de Ucrania. Lo hará, si lo logra, dentro de muchos muchos años.

Realmente los humanos sí hemos conseguido desarrollar reacciones de fusión nuclear en la tierra, y sabemos que son devastadoras. Las usamos como arma, y son las bombas termonucleares, los arsenales más destructivos que poseen potencias como EEUU o Rusia. En ese caso, la bomba atómica de fisión se usa para crear las condiciones de fusión en un instante dado, por lo que el proceso se da, y la energía resultante es devastadora. Las capacidades de destrucción de estas armas, diseñadas para borrar grandes ciudades del mapa son, simplemente, devastadoras. Queda mucho para poder domesticar este poder.

jueves, octubre 20, 2022

Arabia Saudí se enfrenta a EEUU

Una de las noticias más inesperadas de entre las que se están dando en este año se produjo hace un par de semanas, más o menos, cuando la OPEP+ el cártel conformado por varios países productores de petróleo, decidió recortar la producción en dos millones de barriles al día tras las bajadas en el precio que se dieron en los mercados internacionales. Esas bajadas de precio del barril son las que han permitido que el litro de combustible se abaratase a la vuelta del verano y, con ello, parte de la altísima presión inflacionaria. Este efecto ha sido menor en Europa que en EEUU, porque compramos el petróleo en dólares, y el euro está por los suelos frente al billete verde

Lo trascendente de esta decisión no es que un grupo de presión trate de sacar partido de la coyuntura chantajeando al resto, eso lo vemos todos los días en todas partes, y es algo humano, nos guste o no. Lo interesante es que Arabia Saudí, la nación que realmente dictamina el precio al que cotiza el barril de crudo, dadas sus reservas, infraestructuras y márgenes de explotación, se ha sumado sin pestañear a un recorte que beneficia a uno de los países productores que necesita que el valor del barril siga alto, Rusia, y perjudica al principal socio comercial y valedor de la dictadura saudí en el mundo, EEUU, y todo ello a escasas semanas de las elecciones de medio término, en la que demócratas y republicanos se juegan el control del Senado y la Cámara de Representantes. Una gasolina con precio a la baja es lo que más necesitaba Biden para remontar en unas encuestas que le tienen hundido, y el recorte de producción y subida de precios es lo mejor que les puede pasar a los oponentes republicanos para denunciar la carestía de la vida entre sus votantes, carestía que, como aquí, es cierta. Así que vemos como la monarquía saudí actúa claramente a favor de los intereses de la Rusia de Putin y en contra de la presidencia demócrata de Washington. Como mínimo un movimiento que ha llamado la atención a casi todos y que ha provocado que, en medios norteamericanos, la palabra traición se eleve contra la casa Saud como no recuerdo que haya sucedido nunca. Que la nación saudí, o más bien los miles de pertenecientes a la familia que comanda el reino como una finca medieval, tengan una vida de privilegio absoluto es algo plenamente debido al negocio del petróleo, y asegurado por las inversiones de EEUU en esa industria y en la de seguridad. Arabia Saudí puede que sea el principal comprador de armas norteamericanas, con cifras de miles de millones hasta un nivel mareante. Armamento de todo tipo, de altísimo nivel tecnológico, que los saudíes no son capaces de utilizar de manera eficiente dado su nivel de inoperancia y corrupción. Esto hace que, en la guerra sostenida de los saudíes contra los hutíes del Yemen la otra parte, mucho más pobre y destartalada, haya sido capaz de mantenerlos a raya, e incluso llegar a atacar Riad con drones como los que ahora emplea Rusia, porque los hutíes son chiíes, como los iraníes. Lo cierto es que portavoces del reino saudí han tenido que salir a la palestra para defenderse de unas acusaciones que no dejan de subir de tono en gran parte de los medios y clase política de Washington y han afirmado, con todo el desparpajo del mundo, que sólo cuestiones económicas son las que están detrás del anunciado recorte de producción. Imagino a los destinatarios de esta declaración reaccionando con una extraña mezcla entre carcajadas y recuerdos nada amistosos a la madre del portavoz del gobierno saudí y el resto de su familia. Realmente este movimiento de Bin Salman, el hombre fuerte en Riad, en un momento de estrecheces energéticas globales, en el que está claro que parte del mundo sufre más el alza de los precios y cuál se beneficia de la misa, es todo un órdago a la cara de sus socios norteamericanos, sus aliados de toda la vida, y es una patada en toda la regla en el tablero geopolítico global y, especialmente, en el avispero de Oriente Medio.

Si para varios analistas norteamericanos la idea de ir abandonando esa zona de influencia era algo que tenía que hacerse sí o sí, y más a medida que la independencia energética de la nación era ya un hecho, esta situación actual refuerza esa necesidad de dejar atrás una relación que se ha mostrado muy fructífera para ambas partes, pero que ha creado un cáncer en la zona en forma de satrapía wahabista en el que es, sin duda, uno de los regímenes más opresivos y siniestros del mundo. El actual precio de la energía le dará nuevos ingresos e impulsos a Bin Salman y sui camarilla, pero es evidente que occidente debe hacer, debemos hacer, todo lo posible para que este grupo de aprovechados, y traidores, acaben completamente arruinados.

lunes, septiembre 05, 2022

Gas ruso cortado

Desde hace meses se habla del uso por parte de Rusia del gas como un arma más dentro de su estrategia militar y política. La posibilidad de que se produjera un corte de los suministros a Europa estaba sobre la mesa de muchos debates, y la mayoría creíamos que eso iba a tener lugar tarde o temprano. No pocos, quizás por ingenuidad, algunos por cálculos económicos y otros por el mero seguidismo a las tácticas rusas, negaban esa opción. Es impensable que Rusia corte la fuente principal de sus ingresos, ni se atreverá ni le conviene. Si lo hace destruye su mercado y se arriesga a un futuro sombrío. No lo hará. Pues bien, ya lo ha hecho.

La excusa para suspender el flujo del Nord Stream 1, el principal gaseoducto que abastece directamente a Alemania desde los campos de extracción de Siberia, ha sido un problema técnico en una turbina, una fuga de aceite, y como prueba, una imagen de un equipamiento lleno de cables en los que hay una mancha. Podría ser el dispositivo que suministra corriente a la vitrocerámica de su casa sobre el que se ha derramado un café, pero dice Gazprom que es lo que es y que supone un problema técnico insalvable, con la misma cara dura con la que el matón de barrio rompe los escaparates a un comerciante y le dice que, con las lunas rotas, no puede vender en su calle. El corte se ha producido cuando Alemania ha anunciado que tiene sus reservas llenas en el entorno del 80%, que es el requisito que había pedido la UE a los estados miembros para poder hacer frente a las incertidumbres de suministro. Lo cierto es que, al menos, las incertidumbres se han terminado, el suministro también. Quedan algunos conductos que abastecen a Europa, atravesando países continentales, uno de ellos por la torturada Ucrania, pero el flujo que aportan es mínimo comparado con el que procedía de la fuente principal. El que ese gran gaseoducto estuviera funcionando el último par de meses a un rendimiento muy bajo, poco más de su quinta parte de capacidad, ha permitido a los alemanes hacerse una ligera idea de lo que se les viene encima, pero ese menor suministro se ha dado en la época de menor consumo, en la que la práctica totalidad del gas es utilizado por las empresas que, para su producción, carecen de alternativa. Algunas de ellas, trabajando de manera liviana al estar en el vacacional verano, no han notado escasez de flujo, si precios disparatados, y han comenzado a cerrar al convertirse en ruinoso su negocio. Eso mismo ya pasa en España. A partir de ahora, con la llegada plena del otoño, la producción a su nivel normal y las temperaturas bajando, el consumo de gas crecerá, tanto para usos industriales como de cualquier otro tipo, y las reservas, que han ido subiendo muy despacio, empezarán a bajar a mayor velocidad. Es obligación, supongo, por parte de los políticos y dirigentes, de lanzar mensajes de calma, de asegurar que con las reservas que se dispone podremos hacer frente al otoño invierno, y que no pasa nada, pero la verdad es que la sensación de estar en un barco que se hunde en medio de mensajes tranquilizadores de la tripulación es tan elevada que resulta imposible no usar metáforas de ese tipo. Todos sabemos que la economía y vida europea no es plenamente viable sin el acceso a la barata energía rusa, y más en naciones como Alemania, que han hecho de ese suministro un monocultivo. La imagen de personas haciendo cola para comprar carbón o leña retrotrae a tiempos pasados, casi de blanco y negro, pero sobre todo pone sobre la mesa a los miles, millones de personas, que carecen de la opción de darse calor al carecer de chimeneas o no vivir en lujosos adosados o urbanizaciones de casas. Los millones de pisos que viven, vivimos, de calefacciones centralizadas o de suministros individuales de gas estamos abocados a restricciones cuando las famosas reservas empiecen a flaquear, pero la situación es mucho más grave para empresas e industrias que no tienen otra alternativa que el gas, y que ven al ERTE de hace un par de años nuevamente en el horizonte. Hornos cerámicos, generación de fertilizantes, cracking, químicas, etc.. el número de industrias que sólo usan gas y no pueden hacer otra cosa es enorme, su impacto igualmente gigantesco. Si con los precios actuales apenas pueden, a medida que se tense el suministro tendrán que ir apagando sus instalaciones. Y entonces el frío no sólo será ambiental.

Este es el gran chantaje que nos plantea Putin a los europeos. Si seguimos apoyando a Ucrania, política, militar y financieramente, nos hará sufrir, pasar frío y ruina. Si nos rendimos y abandonamos a Zelesnky aflojará la soga, el gas fluirá, los precios bajarán y la energía dejará de ser inflacionaria. Tan sencillo como eso. Está en nuestra decisión moral el que el mafioso del Kremlin nos haga sufrir más o menos. Es tan sencillo y crudo como esto. A medida que su chantaje se haga efectivo las sociedades europeas se empezarán a levantar contra sus gobiernos, reclamando el fin de la guerra. Y Vladimir lo contemplará todo desde su caliente despacho, con su gran mesa. Ese es su plan. Vencerle exigirá un enorme sacrificio colectivo.

martes, agosto 30, 2022

Gas descontrolado

Desde hace más de un año el precio del gas natural es el principal causante del descontrol de la tarifa eléctrica, donde descontrol es una manera de disimular el sablazo de precios que no dejan de sucederse día tras día. Ya antes de la guerra la cotización del gas, el más caro de los componentes que entran cada día en el mix energético, empezó a subir desde cotas en el entorno de los 10 euros. Cada megavatio de electricidad producido por gas necesita dos megavatios gaseosos para ser fabricado, (ese rendimiento del 50% es bastante bueno) por lo que multipliquen por dos el precio del gas y, a falta de añadir algunos componentes menores, ya tienen la mejor aproximación posible al precio del megavatio hora final de mercado.

España y Portugal consiguieron hace unos meses la llamada excepción ibérica. Alegando, que es cierto, que la península es una isla en lo que hace al gas debido a la falta de interconexiones, o al menos a lo insuficientes que son, se permitió a nuestros gobiernos poner un límite al precio del gas por debajo del de mercado, diferencia que luego será cubierta en el futuro por los consumidores que ahora no la pagan, y eso ha hecho que los precios de la luz en España, desatados, lo estén algo menos que en los países centrales. Pero claro, ahora que el gas ha superado cotas como las de los 300 euros megavatio y que, además, la sequía se ceba en naciones como Alemania y Francia, reduciendo su potencial hidroeléctrico, y las nucleares francesas están en un proceso de renovación que ha hecho parar más reactores de los previstos, la cosa se ha ideo de madre. Precios de 700 u 800 euros megavatio se ven ya en las cotizaciones de Europa, con futuros que apuntan a los 1.000 para inicios del año que viene. Esos valores son completamente insostenibles. No es que ya destruyan demanda, que también, sino simplemente son impagables por las empresas que necesitan consumirlos, por lo que también destruyen oferta. A esos precios muchas empresas ven cómo les compensa más cerrar que seguir abiertas y produciendo a unos costes que no son capaces de cubrir. La fuerza recesiva de una subida tan disparatada de los precios de la energía es enorme, y ya tiene contra las cuerdas a toda la economía alemana, que vive en una pesadilla. No hace falta que les indique el efecto inflacionario que esto supone. De momento muchas empresas y negocios no han trasladado en su totalidad esas subidas de costes, ni siquiera en gran parte, a la espera de que sean fenómenos puntuales, que les destrocen la caja unas semanas o meses y luego las cosas vuelvan a su cauce, pero es evidente que los precios elevadísimos llevan ya bastante más tiempo de lo que pueden aguantar las cuentas de resultados de muchos negocios. Piense no tanto en la gran empresa, que también, sino en los negocios de calle de su barrio. Cámaras frigoríficas, horneadores de pan, secadores de peluquería, cajas registradoras, iluminación, máquinas de café…. La electricidad está por todas partes y su subida de precio ahoga a todos. Ante esta situación la Comisión Europea salió ayer a la palestra para decir que va a reformar el mercado eléctrico e intervenirlo, aún más, para que los precios dejen de subir. Declaraciones llenas de buenas intenciones por parte de la presidenta Von der Layen y que luego fueron seguidas por intervenciones del mismo estilo por parte de ministros de energía de distintos países de la Unión, pero que se enfrentan a una misma realidad, la de no ser capaces de asumir los costes de las facturas que se generan en cada una de sus naciones, y a la posible insumisión de los clientes. En Reino Unido los movimientos propugnan no pagar unos recibos que se han más que duplicado crecen sin cesar en medio de huelgas provocadas por la inflación de costes, que se cuela en segunda ronda ya en todos los sectores, y destruye capacidad adquisitiva.

Las intenciones de los gobiernos y la Comisión son buenas, eso es innegable, pero desde esta esquinita en la que estoy veo un problema de fondo. El principal motivo del disparo del precio del gas es el chantaje al que Putin nos somete a cuenta de la guerra de Ucrania, y su extorsión va a ir a más. Si corta del todo el flujo y llega un momento en el que, directamente, el suministro no cubra la demanda, el precio dará igual, esté limitado o no. Simplemente no habrá y se deberá proceder a cortes de energía. Algunas naciones pueden tener más o menos reservas, más o menos plantas de gas licuado, pero si Putin rompe el mercado, dispara los precios más allá de cualquier límite y genera escasez, ¿cómo utilizar un gas que tendrá el aspecto de mascarillas inexistentes al inicio de la pandemia? No se la respuesta, miedo me da la pregunta.

jueves, agosto 04, 2022

Medidas de ahorro

Para variar, nuestro desgobierno pasa de la negación de los problemas a la sobreactuación, todo ello sin que ni antes ni después tenga pensado nada consistente sobre el problema que primero negaba y luego considera urgente. Vimos este comportamiento en el momento de la eclosión del Covid y es un patrón que se da en todos los casos en los que uno analiza las políticas del sanchismo. Lo más importante es la imagen, el gesto, el dar la sensación de actuar, el que parezca que se hace algo aunque luego realmente todos sea improvisación y ausencia de pensamiento. Mucho Real Decreto Ley que luego deben aplicar otros y que nadie entiende, y que debe ser complementado y corregido hasta la saciedad.

En esto del ahorro las medidas que ha propuesto el gobierno son las más obvias y, en general, las apruebo. Como pertenezco a esa extraña especie que no ama el aire acondicionado y no soporta el frío que se puede llegar a pasar en algunos espacios en verano, con un chorro de aire polar directo al pescuezo, me parece comprensible que se limite la temperatura de la refrigeración a unos niveles razonables, dado que el refrigerio se basa sobre todo en el contraste, y frente a los desatados cuarenta grados de los que no nos libramos este verano temperaturas de veinte y tantos son más que refrescantes. Lo que pasa es que luego la fiesta va por barrios, y la sensibilidad térmica de cada uno es distinto, y no es lo mismo la capacidad que tiene un centro comercial para ajustar sus temperaturas, y el reclamo que ellas son en sí mismas para atraer clientela en veranos, que un pequeño comercio o tienda cuyos equipamientos son más modestos, no tan regulables y suponen un coste proporcionalmente mucho más elevado. La obligatoriedad de tener puertas cerradas en los locales comerciales es algo que tiene sentido, porque expulsar aire acondicionado a la calle resulta absurdo, pero el coste de una puerta automática puede ser la puntilla para algunos negocios, en los que el estar abiertos es su mayor reclamo para exponer productos y hacer que el consumidor entre. Sin tiempo de moratorias, con multas elevadas ya tasadas y obligación de supervisión a unas CCAA que de esto se han enterado a la vez que usted y yo, la norma de ahorro contiene aciertos, errores y, sobre todo, vacíos. No dice nada de la gestión del alumbrado público nocturno, cuyo coste se puede reducir directamente a la mitad si optamos por el viejo sistema de apagar la mitad de las farolas. No se habla de subvenciones ni planes para incentivar los LEDs, y resulta curioso que aún hoy la iluminación de las carreteras nacionales, competencia exclusiva del estado, se basa en lámparas de sodio o similares que consumen mucho más que las de LED. Si se aprovechase el verano para sustituirlas en masa el consumo eléctrico de esa iluminación se reduciría notablemente de cara al temido invierno. No se si se comenta algo del teletrabajo, pero ampliarlo en las administraciones públicas es una vía para reducir costes de mantenimiento de los edificios gubernamentales y reducir notablemente el consumo de gasolina, haciendo así, de manera indirecta pero efectiva, un trasvase de recursos del surtidor al bolsillo del usuario, por lo que el ahorro se convierte automáticamente en ingreso personal. Hay bastantes medidas que se deben poner en marcha, y rápido, y pensando con cabeza, teniendo en mente que las restricciones energéticas que tenemos van a durar mucho y, sospecho, irán a peor a medida que el otoño invierno avance y Putin aumente su chantaje con el gas a una Europa occidental que carece de recursos propios. Como en el Kremlin se pongan serios en su estrategia de sometimiento para que abandonemos a Ucrania, el ahorro previsto del 7% del gobierno o del 15% de la UE va a ser sólo la introducción de lo que nos espera.

Y, sobre todo, el gobierno debe tener muy claro que si pretende establecer restricciones al consumo de hogares y empresas no puede hacerlo sin, él mismo, dar ejemplo y ofrecer a la ciudadanía una imagen de recorte. Que para cualquier acto del presidente se prepare un despliegue de medios de transporte terrestres y aéreos dignos de una flota estelar no sólo es absurdo, y hasta ridículo, sino totalmente contraproducente para lograr un objetivo de ahorro. La austeridad bien entendida empieza por uno mismo, y eso se lo debe grabar a fuego el gobernante que pretenda recortar, tanto ahora que hace calor como, sobre todo, cuando llegue el frío.

jueves, junio 23, 2022

Fracasos ante la crisis energética

La secuencia es de las de nunca olvidar. En medio del disparo de precios de la luz, el PP pide al gobierno que rebaje adicionalmente el impuesto de la electricidad del 10% al 5%. El gobierno se niega, aduciendo motivos de todo tipo, incluso la imposibilidad legal para ello, y columnistas presionados por Moncloa escriben sesudos artículos justificando la negativa. El PP arrasa en las elecciones andaluzas y el PSOE sufre una derrota histórica. A los tres días, el gobierno anuncia la bajada del impuesto eléctrico del 10% al 5% y esta noche los sesudos analistas, que quieren sobre todo seguir cobrando de sus jefes, escribirán artículos loando esa medida y cantando todas sus ventajas.

Parece un chiste, pero no lo es, sólo es otra muestra de cómo estamos afrontando, de una manera patética, la crisis energética en la que nos hemos metido y que, no lo duden, se agravará aún más. Pero no se crean, ni mucho menos, que este tipo de comportamientos absurdos y desnortados se dan sólo en nuestro particular desgobierno, no. Vivimos en un continente atribulado, dependiente de la energía exterior, y que sigue sin tomarse en serio el lío en el que se ha metido por culpa de la guerra de Ucrania, y el chantaje ruso al que se nos va a someter. Quizás sea Alemania el ejemplo más perfecto de una nefasta política energética que ahora tiene a esa nación con la soga al cuello, sin que el gobierno de Berlín sea consciente de hasta qué punto su supervivencia y la paz social dependen del precio de ciertas materias primas. Años de lobismo bien engrasado por parte de las empresas rusas, de suministro fiable de un gas barato y cercano, de una seguridad en los stocks y en los bolsillos de los decisores han ido transformando la industria alemana, como no podía ser de otra manera, en “gasintensiva” por así llamarla, vía inversiones que tenían toda la lógica viendo los precios de mercado y las relaciones establecidas entre ambas naciones. A medida que los vínculos se estrechaban los costes de ruptura eran tan altos que actuaban como el mejor pegamento posible. Esto llevó a decisiones como el del cierre de las centrales nucleares germanas, que Merkel tomó tras el accidente de Fukushima (recordemos que hubo un terremoto y tsunami que a cualquiera le hubiese mandado al otro barrio, no fue estrictamente un accidente nuclear) lo que amplió aún más la dependencia del gas ruso. Ahora, al inicio del verano, con las reservas del país a medio gas, si se me permite el chiste, la cada vez menor presión que entra por los gaseoductos que siguen abiertos revela que Putin va a ir cerrando sus manos sobre el cuello germano que presiona con firmeza, y que la sensación de ahogo del país será creciente. Con el Sol en su apogeo y los días más largos del verano seguro que los germanos y resto de continentales no nos preocupamos de esto, sino de cómo sobrevivir a las quemaduras y a las resacas, pero llegará el final de agoto, el declinar de la luz y el inicio de los fríos, que allí son bastante más tempraneros que aquí. Y en ese momento a lo mejor el país central de la UE se da cuenta de que no tiene recursos suficientes para afrontar el largo invierno, que no hay gas para dar de comer a empresas, industrias, hogares, negocios, etc, y debe imponer una política de racionamiento, lo que significa pasar frío en casa, parar cadenas productivas, destruir empleos, etc. Y ese racionamiento puede ir a más si el chantaje ruso se agudiza, y Putin se harta de que apoyemos a Ucrania, y corta del todo el grifo y exige que nos rindamos, y que dejemos de apoyar a un Kiev que afrontaría su primer invierno en medio de las penurias de la guerra. Y el fantasma de la opulenta sociedad europea pasando unos fríos siderales en sus grandes hogares puede ser lo que arrase no sólo economías, que también, sino carreras políticas, que es lo que importa a los que mandan, porque de ellas, cobran, viven y mantienen a los que les apoyan para seguir en la brecha. Eso incluye también a los sesudos analistas que comentaba en el primer párrafo.

La decisión alemana de esta semana de reabrir centrales de carbón para mantener el suministro eléctrico ante un posible escenario de cortes de gas no es sólo un desastre medioambiental, que también, sino la mayor expresión posible del fracaso estratégico de esa nación, que empieza a saber que con renovables no se puede sobrellevar su invierno. Alemania no es Almería, y eso parece que empiezan a descubrirlo en Berlín. Salvo que todos los alemanes se instalen en invierno en nuestras costas (aviso, no caben) veremos salir otra vez hollín de viejas chimeneas renanas en un invierno de restricción, casas frías y de, al menos lo intentarán, nula autocrítica por parte de los irresponsable gobiernos europeos. El de aquí, el de allí y otros tantos.

jueves, junio 09, 2022

Gas de ida y vuelta

Ayer fue una tarde gaseosa, en la que ese producto energético fue el absoluto protagonista, por motivos muy diferentes. Ya avanzada, se supo que la Comisión aprobaba el procedimiento presentado por los gobiernos español y portugués para limitar el precio del gas en la producción eléctrica, lo que se puede traducir en una rebaja de los precios dentro de una o dos semanas. Es una buena noticia para el gobierno y los consumidores, y algo más difícil de valorar para el conjunto de la economía, dado que lo que no se pague hoy se hará en el futuro y por quienes no lo hacen ahora. En todo caso, es un tanto político para el gobierno, que ha peleado por esta medida.

Pero en casa Sánchez las alegrías duran minutos. Durante la mañana, arrastrado por la exigencia de toda la oposición, el doctor compareció ante el Congreso para respaldar el sorprendente y nada explicado giro del gobierno en el tema del Sahara y el respaldo absoluto que ahora otorgamos a la posición de Rabat, abandonando al Polisario por completo. Ese giro, que alguna vez alguien tendrá que descubrir a qué se ha debido, y del que nos enteramos no por comunicación de nuestro gobierno sino por la carta nefastamente escrita que Marruecos filtró, provocó una reacción en su momento de Argelia, la otra potencia regional, aliada de los saharauis. Tras las no explicaciones de Sánchez de ayer el gobierno argelino no tardó demasiado en responder, y soltó una bomba por la tarde cuando ya se acababa, en forma de ruptura de los acuerdos de buena vecindad establecidos entre Argelia y España y la congelación de las relaciones comerciales. Un portazo en toda regla que aún está por ver de qué manera se lleva a cabo y en qué se traduce, pero nada más conocerse la noticia todo el mundo pensó en una cosa, sólo en una. El gas. Hasta hace medio año Argelia era nuestro principal suministrador de gas, muy por encima del resto de naciones a las que les compramos este fluido. El intercambio se producía a través de dos gaseoductos, uno que pasa por Marruecos y otro que cruza el Mediterráneo y llega hasta Almería. Ya Argelia decidió cerrar hace unos meses el gaseoducto que transcurre por Marruecos, para evitar que su enemigo fronterizo tuviera acceso a parte del suministro, por lo que nos quedó sólo una vía, la más importante, sí, pero sólo una, sin alternativa ante problemas de cualquier tipo. A medida que el problema en Ucrania crecía y, sobre todo, tras el estallido de la guerra en febrero, han aumentado notablemente nuestras compras de gas en forma licuada, suministrado por metaneros, y proveniente sobre todo de EEUU, que se ha convertido en nuestro primer proveedor, superando a Argelia, en un movimiento que no hay que descartar que tenga relación con el viraje gubernamental sobre el Sáhara. Lo cierto es que de los desiertos argelinos sigue manando una gran cantidad del gas que consumimos a diario, no tanto en las calefacciones en este verano tan tórrido, pero sí en las industrias y numerosísimas instalaciones de todo tipo que utilizan gas para sus procesos, las conozcamos o no. En su comunicado, el gobierno de Argel muestra a las claras que está muy enfadado, y que no se va a quedar de brazos cruzados, por lo que el futuro de las relaciones comerciales con ese país es oscuro y las empresas españolas que allí venden y operan ya pueden empezar a mirar a otros lugares para encontrar sustituto. Eso nos va a hacer daño, claro está, pero el gran problema es el del gas. No nos podemos permitir un corte de suministro unilateral por parte del gobierno argelino o, pongamos, una duplicación o triplicación del precio al que se nos vendiera en futuros contratos. En este sentido la posición española recuerda mucho a la de los países del este europeos respecto a Rusia, su principal suministrador. Ellos están acogotados por lo que se decida en Moscú respecto a los flujos y abastecimientos, y nosotros dependemos de Argelia. Pegarle una patada en sus partes a un socio energético tan vital para nosotros es un error político de dimensiones tan inmensas que resulta incomprensible. No se si lo de este gobierno es puro aventurismo, desconocimiento o necedad.

Conclusión rápida. Ahora ya todas las naciones europeas, del este y del sur, tenemos en riesgo el suministro energético de igual manera, y nos hemos metido de cabeza en un túnel en el que nuestra seguridad y aprovisionamiento depende casi en exclusiva de lo que venga por barco vía EEUU. Cierto es que ahí tenemos una relativa ventaja por nuestras infraestructuras para almacenar y tratar el gas licuado, pero si se empiezan a dar cortes y represalias por parte de los oferentes, los metaneros de gas empezarán a tener aspecto de mascarillas en marzo de 2020, y acudirán a los puertos que más les paguen, que mucho mucho más les paguen. Y entonces la crisis energética puede ser descomunal. Sinceramente, creo que no tenemos ni la más remota idea del lío en el que nos estamos metiendo.

martes, mayo 31, 2022

Inflación descontrolada

Desde hace ya demasiados meses, cuando llegamos al final del periodo el INE nos regala un amargo dato que nos hace ponerle cifras redondeas a lo que experimentamos en el día a día de nuestra vida, la imparable subida de los precios. Si el valor de abril reflejó una “moderación” del 8,3%, que fue saludada por algunos como un buen dato, sobre todo tras el 9,8% de febrero, el adelantado de ayer fue otro jarro de agua muy fría a los que ya vendían la burra de que, como en el pasado, habíamos doblado la curva del virus antes de tiempo. Un doloroso 8,7% que nos consolida claramente por encima del 8% y que es dañino se mire por donde se mire. Una crueldad.

Ese dato hace referencia a la inflación general, que se obtienen por la medición de una cesta de bienes y servicios en los que hay muchas cosas y, a partir de ahí, se genera un índice único. Con él, el INE publica la llamada inflación subyacente, en la que, se excluyen, de la cesta anterior, los productos energéticos y los alimentos frescos. ¿Por qué? Se considera que estas variables tienen ciclos de precios propios, sujetos muchas veces a coyunturas particulares, y que introducen mucho ruido en la serie, por lo que pueden distorsionarla. Pensemos, por ejemplo, en las heladas tardías que hubo en abril, y que destruyeron parte de la incipiente cosecha de frutales de hueso. Por ese motivo, pasara lo que pasase, este año el precio de esas frutas subiría en el mercado porque habrá menos, pero el año que viene, sin heladas, la producción volvería a ser normal y el precio de la fruta bajaría, respecto a este. Esa subida y bajada no se debe a factores económicos, y se trata de eliminarla en algún punto para ver cuál es la evolución profunda de los precios. En la gráfica de la nota del INE se ve a esa inflación subyacente en amarillo, debajo de la general, en granate, y se observa cómo es siempre más baja, pero que ya ha cogido una clara tendencia ascendente. ¿Qué nos dice este dibujo? Muchas cosas. La gráfica amarilla muestra cómo la economía productiva, empresas y servicios, ha tratado vía márgenes de absorber el impacto del incremento de precios de la energía derivados de la vuelta a la normalidad tras las restricciones Covid y el posterior shock provocado por la guerra de Ucrania. Mientras los márgenes lo permitían el ascenso de precios era mucho menor que el de la demanda, que se refleja en el tirón de la serie granate ya en la primavera de 2021. Terminamos ese año con una subyacente del 2,1%, que no es poca, pero sí soportable, y se ve cómo ascensos granates muy significativos apenas tuvieron efectos en la subyacente durante meses. Las capacidades productivas ociosas y los márgenes estaban conteniendo la subida, pero febrero y marzo suponen un cambio de escenario. La demanda, tras el final de ómicorn y la sensación colectiva de vencimiento de la pandemia pega otro gran tirón y comienza la guerra, lo que dispara los precios energéticos aún más. Los sectores productivos ya no pueden absorber esos factores sin poner en riesgo sus cuentas y empiezan a trasladar los incrementos de costes a los bienes y servicios que ofrecen. Poco a poco el precio de la energía, desatado, deja de ser un shock puntual para convertirse en un factor estructural, de largo plazo, que se filtra en toda la cadena de producción y que acaba en los precios de todos los productos que vemos en las tiendas. La huelga de camineros y las tensiones de abastecimiento supusieron el primer gran aviso de lo que podría suceder en caso de que los precios energéticos no se moderen, y se solventó con una subvención generalizada, pero el mantenimiento de la guerra y las sanciones asociadas hacen que el petróleo y gas permanezcan en niveles muy altos (el euro en bajos respecto al dólar en que los pagamos) y que su presión siga siendo insistente. Eso hace que la tendencia ascendente de la inflación subyacente sea muy fuerte, y que nos plantemos en este mes de mayo en niveles del 4,9%, altísimos, que empiezan a ser insoportables. El daño que estas variables hacen a la economía real es enorme, y el empobrecimiento que nos causan a todos, inmenso.

¿Perspectivas? Malas. No hay visos de que la energía se vaya a abaratar, sino más bien todo lo contrario, dado que las sanciones van a más y crecerá el uso que el malvado Putin hace de sus recursos y nuestra dependencia para herirnos. Más allá de las medidas adoptadas por España y Portugal para abaratar el gas y así bajar el recibo de la luz, que no se notarán hasta medidos finales del próximo mes de junio, los precios no van a bajar si no lo hace la energía o se frena la demanda. Medidas como las próximas subidas de tipos de interés del BCE, que se esperan en julio, buscan eso, enfriar la demanda, provocando una crisis que haga que los precios caigan, por el camino doloroso de encarecer el dinero. Si la energía se moderase podríamos evitar ese escenario, pero eso, que no está en nuestra mano, no parece que vaya a pasar. Probablemente, la curva naranja aún no ha tocado techo.

jueves, mayo 19, 2022

A los pies del emir de Qatar

El otro día les hablaba de la hipocresía que nos rodea, absoluta, pero no quiero que piensen en mi como un talibán de la moral, ni mucho menos. Todos tenemos incongruencias y actuamos de manera hipócrita en algún momento, y este que les escribe también, no poco. Si uno vive aislado en una cueva es capaz de llevar a rajatabla los imperativos kantianos que dictan su conducta, pero el contacto con la vida real hace que sólo los fanáticos puedan mantenerse impertérritos ante la realidad con la que viven, y el fanatismo es receta segura para la desgracia personal y, sobre todo, ajena. Se trata de saber negociar y ser conscientes de donde estamos realmente.

Esta semana el emir de Qatar ha visitado España. El recibimiento que se le ha hecho ha sido apoteósico, con todas las autoridades habidas y por haber puestas a sus pis, casi literalmente, en un ejercicio de peloteo que daba algo de grima, y que mostraba quién tiene dinero y quién lo necesita. Qatar es una de las naciones más ricas del mundo, debido a sus yacimientos de gas natural. Enclavada en una pequeña península que da del golfo pérsico, no muy lejos de las costas de Dubai y el resto de Emiratos Árabes Unidos, su régimen es una monarquía feudal, absolutista, regida bajo el designio del integrismo islámico, en su versión chií. Es una vulgar dictadura teocrática en la que los derechos humanos no existen y el sometimiento al régimen te garantiza un nivel de vida asombroso dados los recursos que el reino obtiene de la explotación de sus hidrocarburos. Las finanzas de esta nación son de una enorme simpleza; ingresa por gas y gasta en ocio y seguridad. Como otras pequeñas naciones de ese entorno, lleva un tiempo tratando de diversificar su economía buscando atraer turistas, occidentales ricos a ser posibles, y creando burbujas de disfrute de muy alto nivel económico. Qatar compró hace años el campeonato del mundo de fútbol, que tendrá lugar las próximas navidades, dado que sólo el calor es comparable al rigor de la policía de aquel reino, y se ha gastado miles y miles de millones en la construcción de enormes estadios para eso de pegar patadas a un balón, en el que la mano de obra empleada ha sido, fundamentalmente, semiesclavos del sureste asiático, filipinos sobre todo, habiéndose documentado numerosos casos de muerte y heridas provocadas por un régimen laboral digno del egipcio de los faraones. No se sabe a cuánto habrán ascendido las comisiones que se han llevado los muy corruptos dirigentes de la cosa esa del balón para hacer el campeonato allí y en esas fechas (quizás Rubiales tenga alguna grabación al respecto) pero lo cierto es que los recursos del emir lo compran todo. Ahora que estamos en guerra con Rusia y que el abastecimiento de gas a Europa peligra seriamente todos los productores que en el mundo haya de esa materia prima se convierten en jugosos amigos a los que pelotear para poder sacar algo que permita suplir la producción que viene de Siberia. Lo que han hecho las autoridades españolas esta semana es ponerse a los pies del emir para que aumente su producción de gas y parte de la misma nos la venda, transportada licuada en barcos metaneros, dado que no hay gaseoductos desde el Golfo a Europa. Ponerse de rodillas delante del dictador para obtener un gas que es consumido por empresas, particulares y, en su conjunto, toda la economía. Ante un otoño invierno que se presenta aterrador en lo que hace al suministro de energía (y ya veremos en qué más) España, como el resto de naciones, busca cubrirse las espaldas y aumentar la diversificación de su suministro, tratando de llenar unas reservas que no dejan de encarecerse. El corte de gas ruso, que todo el mundo da por sentado que sucederá, no implicaría un corte de suministro para España, dada nuestra baja dependencia de ese origen, sí lo supondría para otros países de la UE, pero en todo caso implicaría un disparo de precios en los mercados internacionales. ¿Tenemos recursos para hacerle frente a esa carestía?

Así que póngase en la piel del gobernante de turno. Por un lado, tenemos los principios de la democracia, el derecho, la igualdad y todas esas cosas que nos caracterizan, valiosas hasta el extremo, y por otro al ciudadano del país que tiene por costumbre cocinar todo el año y no pasar frío en invierno, y a las empresas, que emplean a los ciudadanos, y el gas es condición necesaria para que todo el sistema económico y social funcione. Principios o supervivencia. Escoja. Seguramente la inmensa mayoría abjurará de sus principios y, con repugnancia, entenderá lo que hemos visto estos días, en la confianza de que en invierno la calefacción funcione. Es así de simple y cruel. La realidad no es lo que deseamos que sea, sino lo que es, nos guste o no.

jueves, abril 28, 2022

El chantaje ruso con el gas

Estamos a finales de abril. A pesar de los episodios tormentosos y de nevadas que estamos viviendo, el Sol calienta ya con ganas cuando asoma y domina la mayor parte de las horas del día astronómico. Quedan menos de dos meses para el verano y los fríos del invierno pasado empiezan a ser un recuerdo. Por ello, las necesidades de energía para calefacción están cayendo notablemente y el riesgo que suponen los cortes de suministro en ese ámbito se reducen a medida que el calor se acerca. Vamos camino de la época de bonanza en el año, los meses que no tienen “r” en el nombre y permiten la vida en el exterior.

Pese a ello, la amenaza de chantaje ruso con la energía sigue ahí, porque no podemos olvidar que el gas tiene usos mucho más allá que el de la calefacción. Hay empresas, sectores industriales y negocios que lo utilizan sin alternativa posible a corto medio plazo, por lo que un corte de suministro supondría un desastre de mayor o menor medida, contenido en los meses cálidos, pero intenso en todo caso. La decisión llevada a cabo ayer por el Kremlin de cortar el flujo de gas a Polonia y Bulgaria por negarse a pagar la factura en rublos es el primer “bombardeo” que Putin lanza sobre el núcleo de la economía europea, porque nadie es capaz de negar que, después de una decisión así, no vaya a haber otras similares. Estas dos naciones son de las que tienen dependencias altas del gas ruso, pero afortunadamente, sobre todo en el caso de Polonia, tienen sus reservas en niveles altos y eso les va a poder permitir ir tirando en los meses de verano, pero el invierno en centro Europa es muy riguroso y resulta evidente que ni uno de esos países puede afrontarlo sin un suministro regular de hidrocarburos. En los meses cálidos hacia los que vamos la UE tiene que empezar a pensar cómo gestionar el próximo invierno en el caso, nada disparatado, de que Rusia amplíe los cortes y decida, por ejemplo, que Alemania no recibe gas. La economía germana es tremendamente dependiente de ese bien, y pese a que hay algunos estudios que miden el impacto de un corte de suministro como el causante de una recesión leve, esos trabajos me suenan a aquellos que decían que la pandemia tendría efectos breves y transitorios en la economía global. Con las cosas de comer no se juega, y Alemania, que en más o menos un 30% de su mix energético es dependiente del gas ruso se puede ver abocada a un desastre en caso de corte de suministro. Y recordemos que eso también impactaría directamente en la producción de las industrias germanas, donde el gas no puede ser reemplazado como materia prima de una manera tan sencilla. Por eso, y no por otra cosa, el gobierno de Berlín actúa a remolque de las decisiones que se toman en Bruselas sobre las sanciones a Rusia, especialmente las energéticas. Décadas de inversiones mutuas entre Berlín y Moscú, con la decisiva influencia de altos cargos políticos alemanes captados por los gigantes rusos, han convertido a la economía alemana en una “yonki” de la energía moscovita. A priori la decisión parecía tener su lógica. La fuente de abastecimiento está cerca, hay amplias relaciones entre los gobiernos, y la interdependencia económica hace que esas relaciones se mantengan dentro de unos cauces controlados, porque a nadie le viene bien hacerse daño. Durante años y años el sistema productivo y residencial alemán e ha ido acomodando a un suministro de energía fiable, barato y cómodo basado en el gas ruso, en una decisión que ahora puede verse como suicida, pero que pocos criticaban en el pasado. El mero hecho de que Moscú decida que, pasado el verano, baja la presión del gaseoducto que abastece a Alemania, o proponga cortarlo algunos días, supone una pesadilla absoluta para el gobierno de Berlín, porque Scholtz y el resto de los mandatarios locales saben que su cargo duraría pocos días en una situación como esa, con la población e industria del país soliviantada por restricciones y frío.

La situación es seria, muy seria, y no veo que desde las autoridades de la UE, no digamos desde las de nuestro desgobierno, se esté actuando de manera preventiva. Ni existen planes serios de ahorro energético ni procesos de abastecimiento extraordinario que permitan rellenar las reservas a su máximo posible antes de que lleguen los fríos ni nada de nada. Si a Putin no le importan la vida de sus soldados, que caen en abundancia en el frente ucraniano, menos le importamos los acomodados europeos. Tengo la sensación de que el invierno que viene puede ser muy cuesta arriba y no veo una previsión al respecto por parte de nadie. Por si acaso, compre jerséis en abundancia para llevar unos cuantos puestos encima, en casa y en todas partes, para cuando vuelvan los meses que tienen “r”

jueves, abril 07, 2022

¿Hasta dónde estamos dispuesto a sacrificarnos por Ucrania?

A los pocos días de que empezase la guerra de Ucrania hizo Josep Borrell unas declaraciones que, injustamente, fueron ridiculizadas por no pocos. En ellas pedía que los europeos bajásemos el termostato de la calefacción varios grados para reducir el consumo de hidrocarburos provenientes de Rusia, la principal arma con la que atenaza a Europa. Las críticas iban desde la demagogia de los que, desde sus chalets, cuidan su estado progresista pensando en los que no tiene calefacción hasta los que consideraba que era una mera ridiculez sin efecto alguno. Borrell no ha insistido en este argumento y, creo, debiera hacerlo una y otra vez.

Tras más de cuarenta días de guerra, masacres y desastres, está claro que Putin podrá replegar sus tropas en algunos lados, pero no tiene intenciones de que la ofensiva acabe hasta que conquiste zonas de su interés y, sobre todo, convierta a Ucrania en un país arrasado y no viable. Para financiar su esfuerzo bélico Putin necesita ingresos, y el principal es el que obtiene por la venta de gas y petróleo, y su primer mercado de exportación es Europa occidental, así de sencillo. Parece bastante obvio que no queremos sacrificar vida alguna de nuestros nacionales en un conflicto global con Rusia, tanto por el miedo que da que la guerra se descontrole como por el infinito valor que le damos a la vida occidental frente a cualquier riesgo, así que empieza a ser hora de preguntarse si nuestras sociedades, si nosotros, estamos dispuestos a sacrificar niveles de vida y comodidad para ganar esta guerra o no. Si vamos a recortar el uso de ciertos productos y servicios, haciendo daño a la maquinaria financiera del Kremlin, o no vamos a cambiar nuestras costumbres y, con ello, dejar ese frente económico libre de riesgos para el poder maligno que ejecuta la guerra. Cierto es que algunos de esos sacrificios nos vendrán impuestos, vía subida de precios. Si su salario no sube y lo que compra y consume se encarece no tiene más que dos opciones; o se endeuda (ni se le ocurra) o reduce gastos. Hay gastos y precios que son más difíciles de controlar y de recortar, pero no todos inciden en el presupuesto del Kremlin. Si usted reduce la compra de alimentos o deja de irse de vacaciones perjudicará a su nivel de vida, y generará un efecto de redistribución de rentas en la economía nacional, pero a Putin le dará más o menos igual. Es en el tema de la energía donde las cosas son relevantes para el sátrapa ruso, y ahí es donde, si tomamos decisiones, le puede costar carao y hacer daño. Es difícil precisar la cifra, depende del cambio del euro y de la climatología, pero hágase una idea de que, diariamente, los países de la UE pagamos a Rusia unos 800 millones de euros en concepto de gas y petróleo. Evidentemente esa es la principal fuente de financiación no sólo de la guerra, sino de todo el presupuesto de esa nación. Cada paso que nuestras naciones dan en pos de la autosuficiencia energética es uno dado en el desenganche de la influencia rusa, y eso se puede hacer vía renovables o diversificación de las fuentes de las que importamos. Todos esos pasos son necesarios, pero cuestan dinero y llevan tiempo, y algunos de ellos son mucho más sencillos que otros. Es posible alimentar con electricidad proveniente de energías renovables a un futuro parque de vehículos eléctricos urbanos, pero no es tan obvio ese cambio de fuentes de energía en el horno de gas que utilizan, por ejemplo, las empresas cerámicas para cocer azulejos, o en el queroseno que emplean los aviones para volar. Hay que ser ambiciosos y realistas, saber qué se puede suplir a corto y medio plazo y que no, qué costes tiene esa transición y cómo afrontarlos con cabeza, pero eso, si se hace bien, es un asunto de política macroeconómica, de decisiones de gobiernos. Muchas de ellas nos vendrán impuestas y otras “motivadas” con subidas de impuestos y penalizaciones. No confíen en que se hagan con la cabeza, rigor e inteligencia debida.

Lo de los sacrificios viene por cuenta de cada uno. Si, como dijo Borrell, los europeos nos compramos un jersey más para ponérnoslo en casa y bajamos dos grados el termostato de la calefacción será una decisión que impactará directamente en la cuenta de ingresos del Kremlin. Ahora que el invierno se agota y los calores se aproximan, tenemos el aire acondicionado como herramienta para combatirlo, más necesaria en nuestras latitudes que en otras. Restringiendo su uso haremos caer la producción eléctrica necesaria para alimentarlos y, con ello, el consumo de gas necesario para completar la generación de energía necesaria. Pensémoslo seriamente. Si no estamos dispuestos si quiera a hacer sacrificios como estos, ¿cómo esperamos ganar una guerra? Mostremos con ello lo que realmente nos importa la tragedia ucraniana.

miércoles, enero 26, 2022

Alemania teme al frío

El marasmo de Ucrania le ha pillado a Alemania inaugurando un nuevo gobierno, salido de las últimas elecciones. La coalición entre socialdemócratas, verdes y liberales ya afrontaba grandes retos desde el momento en que nació, pero ahora uno más, de dimensiones y riesgos difíciles de calibrar, ha venido a complicarlo todo. Como gran potencia económica de Europa, el papel de Alemania es indispensable a la hora de acordar la respuesta, sea la que sea, del desafío ruso, pero su solvencia financiera contrasta con su liliputiense papel militar, su nula ambición exterior y el chantaje energético al que le somete el vecino ruso. Por eso, principalmente, Alemania muestra su total incomodez ante lo que está pasando. Lo teme mucho.

Una de las piezas del juego que se desarrolla en la zona, y que no puede ser eludido, es el llamado Nord Stream 2, un gaseoducto que, bajo las aguas del mar báltico, conecta directamente el territorio ruso con el alemán, lo que sirve para diversificar el flujo de gas que ahora, naciendo desde Siberia, llega hasta Berlín y el resto de ciudades germanas atravesando países del este de Europa como Ucrania o Polonia, en una canalización que sirve para el suministro de todos ellos. El Nord Stream 2 es un proyecto estratégico que se lleva desarrollando desde hace bastante tiempo y forma parte de la compleja relación entre la gasística rusa Gazprom y la política alemana, cuyo mayor exponente es el excanciller Gerhard Schroeder, que forma parte desde hace años del consejo de esa empresa estatal rusa, en un caso de puerta giratoria que deja convertido en juego de niños los que conocemos en nuestro país. Alemania depende completamente del gas que importa de Rusia para su generación eléctrica y el abastecimiento de calor en las casas en los rigurosos inviernos del norte, y carece por completo de una infraestructura alternativa de regasificadoras, como nosotros sí tenemos, que pudieran servir de alternativa, tirando de las compras de gas natural licuado transportado en barco, más caro pero al menos existente. Alemani depende por completo de Putin y de lo que quiera hacer con la presión a la que se bombee el gas. Con el gaseoducto original que ya existe, el destino de Alemania se une al del resto de naciones del este, de tal manera que comparten problema y, por así decirlo, se pueden unir para hacer presión, pero la apertura del Nord Strem 2, además de ser un gran negocio para Rusia, supondría que Alemania se desentendería de lo que pasase en el resto de naciones del este. Ella tendría suministros independientemente de que Putin decidiera reducir el aprovisionamiento de, pongamos, Ucrania. Y por eso la apertura de esa nueva conducción, altamente deseada por Moscú y Berlín, se ha visto desde hace tiempo con mucho recelo por parte del resto de naciones del este, y en parte también por los socios de la UE, que verían como las relaciones entre Berlín y Moscú serían, por amor al gas y el calorcito, mucho más estrechas, dependientes. Visto desde fuera pareciera como si Alemania hubiera jugado muy mal sus cartas a lo largo de los últimos años y se hubiera ido enrollando cada vez más en una soga tejida desde Moscú, de tal manera que la sensación de ser chantajeable sea inevitable. Quizás este movimiento se ha ya producido por lo de siempre, una suma de factores entre los que el interés de lo más fácil, el nepotismo y la falta de perspectiva a largo plazo hayan sido los fundamentales, como pasa en todas partes, pero la situación actual es la que es y, ante la escalada que se vive en Ucrania, el miedo a que unas sanciones impuestas contra Rusia si realiza acciones ofensivas sea respondida con un gas que no llega y un frío intenso en las casas alemanas es algo que aterra al gobierno de Berlín. De ahí que, en los movimientos que vemos estos días, en los que la UE resulta ser un convidado de piedra, Alemania esté entre las naciones que son informadas de primera mano por EEUU (huelga decir que nosotros no) pero serán difícil encontrar posiciones claras desde la cancillería berlinesa al respecto. Su papel parece ser el de no hacer nada, el de esconderse, el de no molestar. El miedo al frío les puede.

Eso es una falla en la actuación conjunta de las naciones de la UE, y lo sabe todo el mundo, Putin también, y probablemente juegue con ello a la hora de tensar la cuerda, adivinando que no es sostenible una posición muy dura desde una capital que depende tanto del suministro de energía. La ocasión está siendo aprovechada por Francia, con las elecciones presidenciales en mayo, para sacar la cabeza y ofrecer perfil de potencia estratégica, con iniciativas de diálogo. Probablemente este ejercicio francés sea, como un vestido vaporoso, tan llamativo como inútil, pero nada emociona más a los galos que hacerse los imprescindibles, aunque hace mucho que hayan dejado de serlo. Como verán, en el tema ucraniano las posiciones son muy complejas.