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lunes, diciembre 15, 2025

Matanza en la playa

La escena es muy rápida, improvisada, sin dirección alguna, pero con más fuerza que muchas de las películas imaginadas. El tirador, fusil en mano, apunta y dispara bajo unos árboles con unos coches aparcados a su espalda. Desde esos vehículos surge un hombre, calvo, gordito, que corre hacia el que dispara y se le echa encima por la espalda. Le agarra el cuello con el brazo derecho y trata de doblarle es espinazo. Son un par de segundos o tres los que los dos individuos aparecen unidos, con el rifle asomando por el lado izquierdo de la imagen, y transcurrido ese tiempo el asaltante pierde el control del arma, el que se le ha abalanzado se hace con ella, y las posiciones de fuerza se invierten, quedando el atacante desorientado.

El señor que se hizo con el arma e impidió al terrorista seguir disparando se llama Ahmed al Amed, tiene 43 años y es frutero, y ayer pasó de la irrelevancia en la que vivimos casi todos a la fama global por su acción, de un heroísmo extremo, en las cercanías de la playa de Bondi Beach, en Sidney, un lugar que todo el mundo asocia al relax, disfrute, sensación de paraíso, pero que la intolerancia antisemita convirtió ayer en el escenario de una matanza. Dos eran los atacantes que decidieron exterminar a cuando judíos pudieran, aprovechando que en la playa ese día se celebraba una concentración con motivo de la fiesta de Hanukkah. Armados con fusiles, apostados en una especie de puentes que parecen situarse en una posición que permite observar gran parte de la playa, las imágenes de lo sucedido muestran a los tiradores recargando su arma y disparando sin piedad una y otra vez sobre la multitud que, presumiblemente, se expone ante su mirada, haciendo blancos como si se tratase de una jornada de caza de perdices. El proceso de recarga del arma es manual, por lo que se aprecia, y eso aletarga un poco la secuencia de disparos, pero uno intuye que cada uno de los que se escucha hace mella en una persona, por la concentración y seguridad con la que el tirador ejercita su siniestra labor. En segundos la playa ha pasado de ser un lugar de ocio a convertirse en un insospechado escenario de pesadilla donde los gritos y las carreras se unen al sonido de los disparos que lo llenan todo. Miles de personas allí congregadas no saben lo que pasa, pero escuchan los tiros, e inevitablemente ven algunas de sus consecuencias, con cuerpos en el suelo, sangre y muerte. La situación se descontrola rápidamente y la llegada de los primeros cuerpos de seguridad no es capaz de poner en jaque a unos atacantes que actúan con una organización precisa, fruto probablemente de un entrenamiento eficaz y una voluntad a prueba de todo. Más y más policía llega al lugar del atentado, y la escena que van descubriendo les dejará, como al resto, en shock durante bastante tiempo. Se ha producido una matanza, no estamos ante un mero pánico y algunos heridos, sino ante un atentado con muchas víctimas mortales. Los esfuerzos de la policía empiezan a dar sus frutos, y uno de los atacantes acaba siendo abatido por ellos en un enfrentamiento armado. El otro es el que aparece en la escena del héroe que da la vuelta al mundo, y posteriormente a perder su arma, es detenido por la policía y custodiado. Se descubre un vehículo, en el que al parecer los atacantes han llegado al lugar de su acción, en el que según varias fuentes se hallan algunos artefactos explosivos, que no han sido utilizados. Quizás la idea fuera arrojarlos contra multitudes congregadas en la playa, o convertir al coche en una trampa para que, en medio de la confusión, estallase y aumentara el balance de fallecidos y contribuyera al caos. No se sabe con precisión. Las autoridades logran acotar el escenario, confirmando que los atacantes eran esas dos personas, la abatida y la detenida, padre e hijo según algunas fuentes, y que tras su neutralización el ataque ha culminado. Esa noticia llega cuando la zona de la playa y aledaños ya es un desierto, tras la huida de todos los que han podido, y sólo queda un rastro de fallecidos y heridos diseminados a lo largo de un amplio espacio. El balance es desolador.

Quince son las personas asesinadas y decenas las heridas por este ataque terrorista, el más grave de la historia de Australia, creo, una nación en la que la violencia es escasa. La motivación es claramente antisemita, y habrá qué estudiar cuáles han sido los orígenes de todo esto, si esas dos personas se han radicalizado por su cuenta o no, si han contado con apoyo externo, eran una célula durmiente islamista, estamos ante una venganza por lo sucedido en Gaza…. En todo caso, más allá de lo que dictamine la investigación, el horror por lo sucedido es enorme, el trauma para los supervivientes inmenso, y la sinrazón de la violencia, otra vez, dejándonos al resto mirando sin entender nada, sólo padeciendo.

jueves, septiembre 11, 2025

11 de septiembre

Hoy es 11 de septiembre, vigésimo cuarto aniversario de la destrucción de las Torres Gemelas del WTC de Nueva York en los sádicos atentados terroristas que también impactaron en Washington y dejaron un avión destruido en Pensilvania. En un mundo como el nuestro de ahora, de violencia creciente entre estados, de sectarismo y polarización, este día debiera obligarnos a recordar que la acción del mal, planificado, de manera inteligente, es capaz de destruir muchas de las cosas que consideramos permanentes o eternas. Sea el recuerdo de hoy a las más de dos mil víctimas de aquellos hechos atroces y, por extensión, a todas las víctimas del terrorismo que en el mundo hay, y a sus familiares y allegados, que sufren su pérdida.

viernes, marzo 07, 2025

Pilar Ruiz, de los Pagaza. Una mujer valiente

Esta semana, a la edad de noventa y tres años, ha fallecido Pilar Ruiz. Puede que este nombre, dicho así, no signifique mucho, pero si les digo que era la madre de los Pagaza, los Pagazaurtundúa, a buen seguro les vienen recuerdos de años oscuros en los que el terrorismo etarra actuaba a discreción, el miedo corría por las calles del País Vasco, no sólo, y los asesinos y sus cómplices, muchos de ellos en las instituciones, ejecutaban sus sentencias de muerte sin que nada ni nadie pareciera hacerles frente. No fue ese el caso de Pilar, que desde sus años jóvenes mostró un compromiso pleno con la libertad y, primero, lucho contra la dictadura franquista y luego contra la nacionalista vasca.

Pilar sufrió lo más cruel que puede experimentar una madre, que es la muerte de su hijo, no accidental, no casual, sino provocada. Joseba, policía municipal de Andoan, fue asesinado en un cruel atentado etarra en el que el asesino le disparó mientras estaba tomando algo en una cafetería de su pueblo, en fin de semana. Los cómplices ya habían trabajado durante un tiempo dando información al comando que iba a ejecutar a un inocente, y la suerte de Joseba estaba echada desde hace tiempo porque desde el Ayuntamiento de su pueblo y la Consejería de Interior del Gobierno Vasco se le había abandonado. Fundador de Basta Ya, protestón habitual cada vez que ETA y sus socios ejercían su labor sanguinaria, Joseba era un objetivo obvio para los nazis locales y una molestia para los que recogían las nueces del árbol que los terroristas golpeaban con saña. Su ejecución fue absoluta, sin piedad, de día. El objetivo, además de eliminarlo, era mandar un aviso a todos los que se manifestaban en contra de ETA y su mundo, para que se callasen. La mafia batasuna y su brazo ejecutor dejaban claro qué les pasaba a los que se les oponían. El silencio de la sumisión garantiza la vida, era el mensaje claro. Lo que no tuvieron en cuenta en ningún momento toda esa calaña de sujetos es que en los Pagaza había una familia con un valor y coraje que era impensable, y más para unos cobardes como los etarras, basura moral que no son nada sin armas. Ahí muchos descubrimos los arrestos de unas mujeres, Pilar y su hija Maite, pero sobre todo Pilar, en aquellos momentos de conmoción, que nos hicieron levantarnos de nuestros cómodos asientos vitales y expresar la mayor de las admiraciones ante una mujer pequeña, menuda, físicamente poca cosa, pero con un gesto enérgico, una voz firme, y una convicción plena. Rota de dolor, pero a sabiendas de que los malnacidos eran los asesinos, Pilar defendió en todo momento la vida, obra, imagen y recuerdo de su hijo Joseba, denunció cómo las instituciones lo habían abandonado, a sabiendas de que estaba en el objetivo de ETA desde hacía tiempo, y que ahora, tras el asesinato, vendrían palabras falsas de condena por parte de políticos rastreros que se mostraban compungidos por lo sucedido pero que, en el fondo, lo celebraban, porque compartían las ideas fanáticas que justificaban el terror etarra, porque estaban inundados de nacionalismo sectario y, también, porque vivían gracias a poltronas bien conservadas en las que el terrorismo era una pieza necesaria para mantener callada a la población y sometida. Ya en el funeral de Joseba Pilar se mostró con un temple inaudito, e impidió que batasunos y representantes del régimen nacionalista vasco se acercasen al féretro de su hijo, destacando el enfrentamiento que tuvo con Xavier Arzallus, máximo dirigente del PNV y, quizás, la persona con más poder en todo el País Vasco, el padrino. Nadie se atrevía a echar en cara a Arzallus su connivencia con el terror, su proximidad moral e ideológica con los asesinos, de los que mantenía una distancia física para no mancharse, pero que siempre tenía cerca en el corazón, tan cerca como lejos a las víctimas. Pilar Ruiz le hizo frente, y para el nacionalismo carca, sectario y, también, misógino, que una mujer se les enfrentara supuso una conmoción que muchos no lograron superar. Pilar se convirtió en objeto de ataque por parte de todo el mundo nacionalista, y ella siguió ahí, valiente, hablando sin miedo.

Pilar se enfrentó también a los suyos, a los socialistas, cuando quedó claro que el PSE iba a pactar con Batasuna para llevarse beneficios de las treguas etarras y se iba a iniciar un proceso de blanqueamiento del terrorismo que ha llevado hoy a la indignidad de que Bildu sea visto como “progresistas”. Como Zelensky hace una semana en la Casa Blanca, Pilar Ruiz estuvo rodeada muchos años por matones, y les hizo frente. Algunos de ellos hoy siguen cobrando elevados sueldos públicos, y arrastrando la indignidad de sus actos hasta el fin de sus días. No será nunca símbolo feminista, pero Pilar Ruiz fue una mujer que mostró un valor, convicciones y entereza como muy pocos y pocas pueden hacerlo. A ella todo mi reconocimiento.

Subo a Elorrio este fin de semana y me cojo dos días. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles. Seguirá lloviendo.

lunes, diciembre 23, 2024

Alemania en crisis total

No era mi idea la de acabar el año comentando malas noticias, pero la actualidad manda, y este fin de semana se ha vuelto a centrar en Alemania. Si 2024 ha sido un año para olvidar en varios lugares, uno de ellos es Germania, que lleva un tiempo atravesando un serio bache. Este ha sido el año del total estancamiento económico, el de la declaración de emergencia competitiva por parte de muchos de sus sectores y el primero, desde que se creo la empresa, en el que Volkswagen anuncia el cierre de una planta en suelo nacional, algo traumático para una nación en la que la industria es tan determinante y genera ingresos ingentes, con marcas globales. Toda esa estructura económica se encuentra en crisis.

El viernes noche, en Magdeburgo, localidad del este del país, un descerebrado arremetió con un BMW cargado a toda velocidad contra la multitud congregada en uno de los típicos mercadillos navideños que tanta fama tienen en el norte de Europa. El balance de víctimas aún es provisional, pero se sitúa en los cinco fallecidos y cerca de dos centenares de heridos de diversa graduación, desde los leves hasta los casi terminales. El modus operandi de la acción es plenamente islamista, por lo que la posibilidad de estar ante un atentado de ese tipo se abrió paso a las pocas horas, a pesar de la escasa información conocida. Al saberse que el autor era un médico saudí de cincuenta años, que llevaba ya varios residiendo en Alemania, el origen yihadista del acto se vio reafirmado. El atacante pudo ser detenido, y eso hacía suponer que en breve se sabrían perfectamente los detalles de la acción y si había contado con ayuda de algún tipo a la hora de llevar a cabo su ataque, pero lo que vino después ha generado una enorme confusión y puesto patas arriba la mayor parte de hipótesis. Resulta que el atacante es islamófobo, huyó de Arabia Saudí para escapar de la teocracia suní que reina en esa nación, adjura del islam y en muchos de los escritos que se le han encontrado resulta que era más bien partidario de las tesis de AfD, la formación de extrema derecha germana. De hecho criticaba con fuerza las posiciones del gobierno socialdemócrata de Scholtz, al que acusaba de no perseguir el integrismo y de colaborar para que el islam se asentase en Alemania. Un perfil anómalo por completo, que ha dejado a todo el mundo asombrado. Y aún así, el personaje realiza un acto terrorista vil y despiadado, con la forma y sello de cualquier acción que hubiera sido alabada por el DAESH u otras organizaciones integristas. ¿Ustedes lo entienden? Yo no, y creo que casi nadie. A lo largo del fin de semana se ha sabido que las autoridades saudíes habían alertado alguna vez a la inteligencia alemana del proceso de radicalización que había sufrido este sujeto, por el contenido de los mensajes que colgaba, radicalización a la inversa si se quiere, pero con aires de violencia explícita y amenazas, y pese a ello no consta que la policía alemana hubiera hecho mucho para tenerlo controlado. Esto ha desatado una nueva tormenta política en el país, con un gobierno ya en retirada, a dos meses de las elecciones, y con el tema de la inmigración nuevamente puesto sobre la mesa, lo que es gasolina para una formación extremista como AfD que, según todas las encuestas, puede alcanzar el segundo puesto en los comicios de febrero. Tardaremos en saber si realmente el sujeto detenido realmente se había ido al otro lado de la psicosis o, como algunos señalan, todo es una táctica para enmascarar su auténtica creencia, la yihadista, usando el mensaje radical de extrema derecha para pasar desapercibido y no ser investigado por las fuerzas y cuerpos de seguridad. En todo caso, la tragedia ha conmocionado al país, a pocos días de Navidad, ha segado vidas inocentes, y ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de la seguridad de los eventos públicos, el por qué allí no hay bolardos u otros obstáculos que impidan actos como ese, que sen España se pusieron desde los atentados de Niza y berlín, Berlín, en 2016.

Para una Europa que se encuentra ante retos existenciales de todo orden, lo que pase en Alemania es determinante. Hasta ahora, con mayor o menor impulso, la estabilidad en ese país ha sido como una constante en el panorama continental y global, y eso puede empezar a desvanecerse dentro de, exactamente, dos meses, cuando el 23F se vote allí. Trump ya llevará un mes de presidencia y lo que haya decidido sobre aranceles y Ucrania tendrá un evidente impacto en esas elecciones. Los desquiciados mensajes de un cada vez más irracional Musk apoyando directamente a AfD no auguran nada bueno. Crucemos los dedos y que Alemania logre salir de sus problemas, nos vienen bien a todos que así sea.

Si no pasa nada raro, este es el último artículo del año. Subo a Elorrio por navidades. Pásenlo genial con los suyos y que el nuevo 2025 les traiga todo lo bueno que desean. Nos leemos el viernes 3 de enero, salvo sorpresas.

miércoles, septiembre 11, 2024

11S, veintitrés años después

Hoy es 11 de septiembre, se cumplen veintitrés años desde el salvaje atentado de las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono. Miles de personas fueron asesinadas en un instante y los iconos de una ciudad y un tiempo desaparecieron en un instante, gracias a la planificada acción de unas inteligencias humanas, como la suya o la mía, no ajenas a nuestro mundo. Hoy es un día de recuerdo a todas esas víctimas, y las causadas por el terrorismo en el mundo, y de repudio a los causantes de semejantes atrocidades, de rechazo frontal a sus cómplices, de mostrar con quién estamos, si con las víctimas o con sus asesinos. Ayer y hoy, en Nueva York, aquí y en cualquier otra parte del mundo.

lunes, julio 15, 2024

Trump sobrevive a un intento de asesinato

El magnicidio en EEUU no es una tradición, pero no son raros los casos en los que se ha dado. En un país lleno de armas y en el que la violencia suele ser una vía recurrente para saldar cuentas los casos de atentados contra presidentes y otros cargos son numerosos. El de Kennedy marcó gran parte de la segunda mitad del siglo XX y se ha convertido, por derecho propio, en parte de la mitología del país, y más allá. Entre los frustraos recientes, destaca el que sufrió Reagan ya como presidente en 1981, al que sobrevivió tras varios días ingresado en el hospital para recuperarse de las heridas sufridas.

Este sábado por la tarde en Pensilvania, primeras horas del domingo en España, Trump volvió a nacer. Un Chaval de veinte años apuntó desde algo más de cien metros de distancia y le rozó la oreja en pleno mitin electoral, cuando el magnate se dirigía a sus fieles desde el estrado. Un gesto espontáneo de girar la cabeza, de moverse en el momento dado, es lo que le ha salvado la vida, la diferencia entre que la bala le haya rozado o impactase directamente en su cabeza, matándolo. La escena posterior es muy rápida, con el servicio de seguridad abalanzándose sobre la figura del presidente, herido, que gotea sangre de su lóbulo, pero consciente en todo momento. En paralelo, tiradores apostados en las proximidades del mitin localizan al atacante y lo abaten antes de que pueda volver a actuar. El disparo que hiere a Trump apenas se ve alterado por el roce con su cuerpo y sigue en trayectoria libre, y acaba matando a un seguidor republicando que asistía al acto político, y causando heridas de gravedad a un par de personas más. El balance incluye, por tanto, dos fallecidos, uno de ellos el atacante. Trum se incorpora rodeado del equipo de seguridad y logra arengar a los suyos, en medio del tumulto y la cara con chorretones de sangre, en una escena que la fotografía de un fotoperiodista que estaba siguiendo el acto logra captar y elevar a los anales del género. La confusión en el entorno del mitin se reduce cuando Trump aparee vivo, pero el acto, obviamente, se acaba, y empieza el miedo en el conjunto del país por lo que acaba de pasar y las consecuencias que puede tener. Las reacciones de condena empiezan a darse de manera progresiva en todos los estamentos de la política de EEUU y, a lo largo de la mañana del domingo, en una Europa que despierta amodorrada y que se pega de bruces contra la realidad de un atentado frustrado que ha estado a punto de acabar con la vida del que ahora mismo es el favorito para la elección de noviembre. A lo largo del domingo Trump emite un comunicado en sus redes sociales y se ven imágenes suyas en las que se demuestra que está bien, más allá de tener un enorme susto en el cuerpo. Las heridas eran sangrantes pero superficiales, y ese centímetro de distancia, o menos, que separa el lóbulo del cráneo, ha sido la distancia real entre seguir vivo o morir ante todo el mundo. Los llamamientos a la calma se suceden desde algunos de los mandatarios de ambos partidos y el temor a que el atentado genere una espiral de violencia y tensión está presente en todo momento. En paralelo, los analistas empiezan a hacer elucubraciones sobre el impacto del atentado en la campaña y los efectos que en los votantes puede tener un acto así. La opinión general es que si antes del ataque Trump llevaba ventaja esta ahora se ha ampliado, y que su campaña, que ha sobrevivido, se verá reforzada por el sentimiento que toda víctima genera en torno a sí. Los demócratas, inmersos por completo en la disputa sobre si Biden debe retirarse o no, observan atónitos lo sucedido y dan por sentado que no les beneficiara, pero al menos quita el foco sobre el marasmo en el que viven, lo que les reduce un poco la presión que soportan desde hace meses, exacerbada desde el desastre de debate de hace un par de semanas.

La violencia política no es política, es violencia. El atentado frustrado es lo peor que puede suceder en una campaña electoral, siendo lo peor el que el atentado logre su objetivo y acaba con la vida del objeto de ataque. La condena ante lo sucedido debe ser unánime, absoluta, radical. Atentar contra un candidato electoral es hacerlo contra la democracia y la nación que debe escoger a sus representantes. Nada, nunca, justifica la violencia política, y eso hay que decirlo desde España, donde ETA ha asesinado a mansalva en campaña y fuera de ella, y no pocos han justificado, aún lo hacen, los crímenes cometidos. Trump es una víctima de terrorismo, político, interno. Lo que pasó el sábado es de una gravedad enorme.

viernes, abril 19, 2024

Bildu puede ganar

Este próximo domingo se celebran las elecciones autonómicas en el País Vasco, las segundas de las, de momento, cuatro previstas para este año políticamente desquiciante. Van a ser los primeros comicios regionales en los que no voy a poder votar allí, cosa que me fastidia muchísimo y que, internamente, me hace soltar algunos tacos, en una de las pocas venas vascas autóctonas que surgen en ocasiones de mi interior, hecho como estoy para romper todos los tópicos imaginables. Veré, por tanto, el recuento desde la distancia geográfica y la sensación cierta de que, pase lo que pase, no he hecho nada para alterarlo. Es un pensamiento estúpido, ya lo se, dado el peso de un sufragio, pero no puedo evitar caer en él.

Bildu puede ganar las elecciones, más probablemente en votos que en escaños, pero es posible que incluso en ambos. El sistema de reparto de escaños del parlamento vasco, probablemente uno de los más injustos de occidente, le otorga una prima en Guipúzcoa que puede rentabilizar notablemente. El mero hecho de la posibilidad de que los herederos de Batasuna ETA puedan ganar unas elecciones autonómicas y que, por primera vez en la historia, desbanquen al sacrosanto PNV es algo que nos debiera llevar a todos a una reflexión sobre la podredumbre que ha anidado en parte de esa sociedad, de toda nuestra sociedad. En este final de campaña se ha visto, de manera suave, como el candidato de Bildu no condena el terrorismo etarra, y no es algo que se pueda entender como un error estratégico ni nada por el estilo por su parte o por la de la formación. Para ellos ETA no era un grupo terrorista, sino una banda que defendía su idea de un estado totalitario, étnicamente puro y sometido a su dictadura, eliminando los obstáculos que se interponían en el camino. Peio Otxandiano, el desconocido candidato de Bildu, seguramente optó en su momento por pedir a ETA que dejara de matar no por el hecho de que eso fueran acciones criminales despreciables, no, sino porque no rentaban como antaño. El coste social de los asesinatos empezaba a superar a los beneficios, y el mundo mafioso de la mal llamada izquierda abertzale decidió amortizar a uno de sus brazos, el de las pistolas, para que el resto sacasen el mayor beneficio posible. Peio y los suyos no ven terrorismo en el asesinato, secuestro, amenazas y demás infamias realizadas por ETA. No, para ellos todo eso estuvo bien. Si me apuran, se quedaron cortos, dejaron demasiados vivos, no hicieron la limpieza necesaria, no contaron con los medios para ello. Por eso, el revuelo montado estos días en torno a sus declaraciones me parece de una hipocresía rayana en el insulto. Otxandiano no miente, cree en lo que dice, sigue orgulloso del pasado terrorista de su banda. Son otros, los que pactan con Bildu, los que le han blanqueado, los que firman acuerdos con ellos y se sacan fotos sonrientes, los que los venden como una formación progresista y hacen que a muchos nos entren ganas de vomitar al escucharlo, los que deben dar explicaciones. Falsas rasgadas de vestidura las que hemos visto en este final de campaña, poses teatrales forzadas, mentirosas, viles hasta el asco por parte de muchos que, una vez que pasen las elecciones europeas, no tendrán muchas dudas en volver a pactar con Bildu cualquier norma en el Congreso y, desde luego, sopesar la posibilidad de otorgarle el gobierno vasco si llega la ocasión. ¿Cuál es la diferencia entre el ayuntamiento de Pamplona y el Gobierno Vasco? No veo muchas, más allá de la mayor sequedad del clima en la comarca navarra frente a la llanada alavesa. El PNV sabe que su alianza con el PSOE, que es la que ha gobernado el País Vaso durante varias legislaturas, depende del cinismo absoluto con el que se maneja Sánchez a la hora de elegir alianzas. Durante unos pocos días la máquina de propaganda de Moncloa ha permitido que sea políticamente correcto llamar a Bildu lo que es y arrojarles en la cara su connivencia con el terrorismo, pero puede que a partir del lunes mismamente la orden que salga del palacete madrileño y vuelvan a repicar los portavoces subvencionados sea la que se leía hasta hace un par de semanas, la de un Bildu socialdemócrata cuasi equivalente a una formación nórdica.

Más allá de la de política y sus nauseabundeces, quizás sea el País Vasco uno de los lugares de Europa donde más se sigue despreciando la memoria de las víctimas del terrorismo. En casi todas las localidades la mafia etarra, con el apoyo bastantes de sus habitantes, ejecutó asesinatos y crueldades incontables. En esos pueblos hoy sigue sin haber recuerdo alguno a los muertos, y en casi todos ellos se mantienen homenajes a los asesinos y sus colaboracionistas, en una inversión macabra de la historia perfectamente engrasada con dinero público y consentida desde todas las autoridades. Esa profunda podredumbre moral puede alcanzar cotas inéditas a partir del lunes que viene.

martes, marzo 26, 2024

Putin utilizará el atentado

Es duro ver las imágenes de los presuntos terroristas detenidos por los cuerpos de seguridad rusos, presentados ante los medios ante el tribunal que ha decretado su ingreso en prisión preventiva durante un par de meses. Amoratados, con evidentes síntomas de tortura, uno de ellos con una oreja cortada a semejanza del pasaje evangélico que se leerá en estas fechas, todo muestra la pulcritud con la que las autoridades rusas se conducen por el mundo, y el “escrupuloso” respeto a los derechos humanos que ejercitan. No he visto a ningún propagandista, de los pagados por el Krmelin, que se rasga las vestiduras por todo lo que pasa en occidente, señalar a las autoridades de Moscú por estas crueles escenas.

Putin ayer compareció nuevamente para retorcer su teoría del atentado. Ante las absolutas evidencias de la ejecución yihadista del mismo no le quedó más remedio que admitir que, en efecto, han sido islamistas del ISIS-K los causantes de la matanza, pero a continuación se mantuvo en sus trece y dejó caer que si bien los ejecutores podían ser esos los organizadores y quienes realmente estaban detrás del mismo eran los ucranianos, los autores intelectuales, en una expresión que a muchos se les hará familiar. La masacre del viernes es culpa de sus ejecutores y ejemplo de fallo en la prevención de la seguridad del estado, que desatendió las advertencias occidentales al respecto y que ha permitido que se le cuele un gol en forma de atentado despiadado, pero, una vez sucedido, la maquinaria de propaganda del Kremlin está más que dispuesta a aprovechar cada una de las víctimas causadas en el ataque como munición para sus propios intereses militares en Ucrania. Si ya desde hace semanas se venía sospechando de una posible nueva orden de reclutación para llevar más hombres al frente, las escenas del Crocus que vivimos el viernes serán bien utilizadas para alentar el deseo de venganza de la población, aún en shock, y canalizar la ira hacia los ucranianos, los que para el kremlin se esconden detrás de la fachada islamista. Es burdo, absurdo, carente de sentido, pero no descarten que funcione. A escala también en España tenemos un gobierno que no deja de mentir y utilizar la propaganda para vender falsedades, que son compradas por no pocos. En Rusia la ventaja para el gobierno es que, al contrario que en España, ejerce su poder en el marco de una dictadura que reprime sin cuartel. Por ello, aunque veamos imágenes de un apenado Putin vela en mano en un memorial dedicado a las víctimas, en el fondo está feliz porque la casualidad le ha brindado una oportunidad no prevista para enardecer el espíritu patriótico y dirigirlo a favor de sus objetivos. Al conocerse la noticia, sin que se hubiera producido aún reivindicación alguna, la teoría de un atentado de falsa bandera organizado por el propio aparato del kremlin no se descartaba, porque no sería la primera vez que sucesos de semejante nivel de depravación y retorcimiento han llegado a suceder en Rusia. Cuando Putin llega al poder se producen en Moscú una serie de atentados sobre edificios residenciales que causan decenas de muertos. El gobierno ruso los vincula rápidamente con comandos terroristas chechenos, que ya habían realizado acciones en el pasado en la capital, y a partir de ahí lanza una movilización que desatará la segunda guerra de Chchenia, la que laminará Gorzny, y servirá para elevar a Putin al nivel de poderoso y eficaz mandatario, a lomos de un ejército triunfante sobre las hordas separatistas. Varios son los analistas que sospechan que algunos de esos atentados no fueron tales, sino acciones organizadas desde el poder ruso que buscaban crear la excusa para desarrollar una guerra en Chechenia que pusiera fin a ese problema y otorgara al desconocido Putin la vitola de líder victorioso. Es uno de los temas más oscuros de aquellos años, y la sombra de la sospecha no ha llegado a disiparse. Dado el comportamiento mafioso del poder del Kremlin, la teoría del autoatentado, aunque suene horrenda, no era del todo descartable, pero al poco se vio que no era así. En todo caso Putin quiere que le sea útil para sus depravados fines, sin importarle demasiado la autoría real del ataque y lo que ha permitido que se pueda llevar a cabo.

Mientras en Europa crece el temor, uno más en la lista, a que ISIS-K se sume al grupo de dolores de cabeza de seguridad que nos amenazan, en Rusia el luto por la matanza va a ser sustituido en breve por olas de propaganda antiucraniana que reforzarán el mensaje de guerra mesiánica entre la verdad de Moscú y la infamia de Kiev, cuando es justo al revés. La memoria de los inocentes asesinados el viernes será mancillada por las autoridades de su país, que ven en ellos piezas que sirven para construir nuevas mentiras en su imperio de terror y sometimiento. Muchos, rusos y ucranianos, seguirán muriendo en los campos del este por deseo del dictador que no cesa en su afán de odiar a todo lo que pueda hacer sombra a su megalomanía.

lunes, marzo 25, 2024

Masacre terrorista en Moscú

En los vídeos que empezaron a circular el viernes por la tarde noche, poco recomendables dada su dureza, las tomas las realizan los que están dentro del Crocus City Hall, el pabellón multiusos donde se produce el ataque. La mayoría de las imágenes se captan desde la zona cercana a la entrada, un gran vestíbulo acristalado con escaleras mecánicas, con estilo de centro comercial moderno, donde los terroristas no dudan en acribillar a todos los que encuentran. Los cristales que rodean el acceso saltan en pedazos a la vez que se ve a personas que tratan de huir, pero, bajo ráfagas de disparos, caen y se amontonan unas sobre otras.

El segundo grupo de vídeos muestra el interior del auditorio del centro, una enorme sala semicircular con capacidad para varios miles de personas, donde se iba a celebrar un concierto de rock. El aforo parece parcialmente desalojado, pero la imagen es engañosa porque, al igual que el cámara que toma las imágenes, muchos otros asistentes se encuentran agachados, buscando que la fila de asientos que está delante de ellos les haga de parapeto ante lo que parece ser un grupo de personas que disparan. En efecto, vemos sobre el primer graderío a dos o tres terroristas con armas automáticas que no dudan en disparar a lo que ven, creando mucho más caos y pánico del que usted pueda ser capaz de imaginar. Las tomas son bastante estáticas, desde el refugio en el que el que las está captando trata de protegerse. Viendo esas escenas uno ya podía imaginarse la magnitud de lo que estaba sucediendo, pero luego nos enteramos de que se produjo el incendio del local, obra también de los terroristas, y que las llamas acabaron por consumir gran parte de la estructura del edificio, arrasando por completo el auditorio y convirtiéndolo en una absoluta ruina, con el techo derrumbado y precipitado en forma de vigas rotas sobre escenario y plateas. Las escenas de los bomberos al día siguiente muestran la sala, donde hace falta imaginación para situarse y pensar que corresponde al mismo escenario que vimos en los vídeos pasados, con un enorme boquete en el techo, desde el que se puede ver el cielo gris de un Moscú atacado. Policías y bomberos trabajan conjuntamente tratando de separar amasijos de hierro, para permitir el acceso a todas las zonas que han quedado en pie de la estructura en busca de posibles víctimas. El balance de la noche del viernes, una cuarentena de muertos, envejece rápidamente a lo largo del sábado, superándose con creces el centenar, y con varios cientos de heridos de diversa consideración. El exterior del recinto, un lugar similar al BEC de Barakaldo o al IFEMA de Madrid, se ve lleno de equipos de seguridad, asistencias sanitarias y policías, que intentan empezar a recopilar pruebas de lo sucedido, mientras en todo el país comienza una operación de caza a los terroristas que han perpetrado semejante barbarie. Las condenas internacionales a lo sucedido se agolpan unas sobre otras, así como los comunicados de reivindicación del maldito estado islámico en su rama del Jorasán, ISIS-K en siglas anglosajonas, y de hecho los islamistas difunden algunos vídeos tomados por los propios atacantes desde cámaras que portan con ellos, con el objeto de documentar sus atrocidades. Los dos escenarios comentados se repiten, pero esta vez no desde la perspectiva de los aterrados ciudadanos indefensos, sino desde la de los que los buscan para cazarlos. Las imágenes tiemblan y tienen poca definición, pero no otorgan duda alguna sobre lo que está pasando y añaden un toque de crueldad aún mayor si cabe a lo que vimos el día anterior. Personas orgullosas de asesinar en masa se graban con el anhelo de pasar a la posteridad por su acción, como esos psicópatas que atacan los colegios norteamericanos, atiborrados de armas y tecnología. Allí es una rabia escondida o el deseo de venganza personal, aquí es el fanatismo religioso y, también, la venganza contra Rusia por sus acciones en Siria y Afganistán. En el fondo es lo mismo, odio descarnado, sin límite, sin piedad alguna, buscando causar el mayor daño posible.

La sociedad rusa, conmocionada, vive el luto de un atentado de crueldad masiva, y su gobierno, noqueado, ve como sus servicios de seguridad no han podido evitarlo, a pesar de contar con información occidental que avisaba de la posibilidad de que algo así sucediera. A menos de una semana de la reelección aplastante de Putin como presidente del país, el dolor de los moscovitas será usado por el dictador en su beneficio, y ya pone un ojo en Ucrania como culpable de un acto vil del que el gobierno de Zelensky no tiene responsabilidad alguna. Días de lloros en Moscú, preludios de más días tristes en el este, de feos días de venganza alentada desde el kremlin.

martes, marzo 12, 2024

Veinte años del 11M

Ayer se cumplió el vigésimo aniversario de los crueles atentados del 11 de Marzo en Madrid, dos décadas que han apaciguado el dolor de la sociedad por la vileza que se vivió aquellos días, pero que siguen recientes en la memoria de las víctimas que sufrieron lo indecible. Ciento noventa y dos fallecidos dejan historias de dolor como para no terminar de contarlas nunca. El hecho de que entonces, y hoy también, las víctimas sean despreciadas por los políticos, que las vieron en su momento como útiles a sus intereses, centrados en mantenerse o acceder al poder, lo condiciona. Y es que el 11M también fue testigo de nuestro fracaso como sociedad. Inapelable.

Quizás fueron esos los días más desagradables que he vivido en Madrid, donde llevaba algo más de año y medio residiendo, en lo que iba a ser un traslado temporal por trabajo en contra de mi voluntad para acabar siendo mi lugar habitual de residencia y vida. Fueron distintos a los días del encierro por la pandemia, también marcados por el dolor y el miedo, pero no por la indignación, porque no había culpables en la pandemia, no existía alguien a quien achacar la culpa. No hay intelecto que haga que una proteína se configure de la manera efectiva para que encaje en nuestras células y convierta a un virus inofensivo en un letal visitante. La pandemia, en el sentido existencialista de Camus, era cruel pero absurda. El 11M, fue producto de personas, de inteligencias, de decisiones, de fanáticos yihadistas que planearon una acción cruel y devastadora, que querían causar el mayor daño posible, era un hecho evitable desde el momento en que fue una elección humana el que sucediera. Y eso lo convertía, como todo atentado, en un acto de sadismo que los que lo sufren o vemos desde fuera no llegamos a comprender del todo, por mucho que lo estudiemos. El asesinato, el poner una bomba, la eliminación física de otra persona por unas ideas propias, sean cuales sean, se convierte en una barrea infranqueable para muchos humanos, y es lo que permite que las sociedades sobrevivan, pero son elementos que se ven como naturales para unos pocos, para aquellos para los que su idea de sociedad, de vida, de fe, de lo que sea, está por encima de las vidas de los demás. Salvo en una guerra, donde muchas veces las decisiones de matar o morir están plenamente entrelazadas y se cruzan con las opciones de supervivencia de cada uno de los combatientes, el terrorismo tiene un componente de planificación fría que asusta, que te hace dudar de la consistencia del mundo en el que vives. Semanas antes del 11M había personas dando vueltas por los cercanías de Madrid, a lo mejor coincidí con algunos de ellos, que iban pensando cuál era la manera más óptima de matar, de ser efectivo con las cargas que sabían que dejarían en ese mismo vagón. Estudiaban horarios, recorridos, apuntaban datos, organizaban y preparaban un acto cuyo fin era matar a la máxima cantidad de gente posible. A diario todos y cada uno de nosotros desarrollamos proyectos propios o relacionados con el trabajo que nos exigen una preparación, una organización, disciplina, actos regulares…. No se, piense en ese grupo de amigos que prepara una obra de teatro para la función de fin de curso del colegio, o esa mujer que se ha puesto como reto hacer una carrera de 10 kilómetros este año, lo que se le ocurra. Todos organizan parte de su vida, creando huecos, para tratar de alcanzar ese objetivo. No son propósitos de año nuevo o de cambio de vida, no, sino metas buscadas, accesibles, con un tiempo dado para ser logradas, que se acerca. Entre esos millones de planes que se fraguaban a finales de febrero de 2004 uno era el de cometer una matanza en Madrid, y a ello se dedicaron muchas personas, algunos recursos económicos, tiempo, entrega, esfuerzo y sacrificio, como si de la acción más importante se tratara por parte de quienes a ello se dedicaron. Y, mierda, no hay duda de que lograron el objetivo buscado. Pasarán a la historia por causar una de las mayores tragedias que ha vivido esta ciudad, este país.

Cuando volví a casa la tarde del jueves 11 lo hice en metro. Tenía dudas, pero pensé que estaría todo tan vigilado que la posibilidad de un nuevo atentado era escasísima. Cometí un error de cálculo que no se tradujo en nada, ya que luego pudimos comprobar que la célula asesina seguía operativa, y no fue hasta la operación de Leganés cuando se pudo respirar sin miedo. En el viaje de vuelta, sobre raíles, el silencio era total, en una época en la que los móviles, también utilizados para activar las bombas, no nos tenían abducidos a todos. Ese silencio definía el estupor de una ciudad, el espanto, el miedo. La efectividad de lo que los malditos yihadistas habían planificado y ejecutado.

martes, octubre 17, 2023

Habrá más atentados en Europa

A los pocos días del ataque de Hamas sobre Israel, y a medida que se disparaba la tensión internacional, muchos pensamos en que una de las derivadas más obvias de todo lo que estaba sucediendo era la de que el riesgo de atentados terroristas en Europa de corte yihadista se iba a disparar. Llevábamos un tiempo con esa amenaza medio olvidada, arrinconada, y sólo cuando alguna célula durmiente era desarticulada lograr escalar como noticia en la escaleta de los medios, pero hechos como el 11M, el ataque en las Ramblas o lo sucedido en Bataclan siguen en la memoria de muchos como hitos de un horror que era inimaginable entre nosotros.

Tristemente la realidad se ha encargado de convertir en exitosa esa agorera previsión, y fue en Francia, uno de los candidatos claros, el primer lugar en el que el terrorismo golpeo, con un ataque con cuchillos en el que un radical checheno asesinó a un profesor de instituto en Arras, al norte del país, e hirió a otras personas del colegio en el que tuvieron lugar los hechos, que es también donde estudió el autor del atentado. Este sábado se cerraron el Louvre y Versalles por amenazas de bomba que resultaron ser falsas, pero que lograron que la intranquilidad que existía en París se materializase en escenas de nerviosismo durante el desalojo del gran museo de la ciudad. El coste económico para el turismo galo aún será insignificante, pero empieza a surgir una sombra en este sentido, y no sólo allí. Ayer, en Bruselas, otro de los lugares donde el islamismo encuentra un refugio de difícil comprensión pero muy efectivo, un terrorista mató con una escopeta a dos aficionados suecos que, junto a varios miles, estaban en la ciudad para contemplar una cosa de esas de pegar patadas al balón que se celebraba entre las selecciones de ambas naciones. El atacante logró huir del lugar del crimen, no sin antes haber sembrado de alabanzas a Alá la escena macabra que había generado y grabarse en un vídeo diciendo que la defensa de la fe es lo que el creyente debe hacer sobre todo, y demás parafernalia integrista. Desde anoche Bruselas está en alerta terrorista máxima, entre otras cosas porque el asesino aún no ha sido detenido, y Francia también ha elevado notablemente la alerta de su personal de seguridad. Es el país galo el que ha sido objeto de los mayores atentados de este tipo, y es la nación europea que concentra la mayor comunidad judía y musulmana, por lo que las opciones de que se produzcan incidentes y ataques hacia los intereses israelíes es, a priori, más alta. Pero lo cierto es que toda Europa está ahora mismo empezando a entender que la amenaza yihadista puede volver a golpearla al calor de lo que está pasando en la franja de Gaza y la efectiva propaganda con la que Hamas e Irán explotan la actuación desatada de Israel, y eso antes de que se haya producido una entrada militar como tal sobre el territorio. En las calles y parque de nuestras ciudades permanecen los objetos que, como obstáculos, fueron colocados por parte de los ayuntamientos para impedir que suicidas con vehículos pudieran lanzarse contra la población. El horror que se vivió en el paseo de los ingleses de Niza hace algunos veranos, cuando un islamista con un camión asesinó a más de ochenta personas hizo imprescindible tomar medidas, y ahora las zonas peatonales tienen grandes macetas o similares, decorativas o no, que permiten el paso de vehículos si fueran necesarios, pero les obligan a realizar un incómodo zigzag, por lo que no se pueden lanzar a la carrera en ningún caso. Son medidas de seguridad pasiva pensadas para minimizar los daños que pueda cometer algún suicida, pero que no los eliminan por completo. Dificultan su acción, disuaden parcialmente.

A lo largo de este fin de semana, paseando por el centro de un Madrid abarrotado, me ha dado la sensación de que he visto más policía de lo normal, pero eso puede ser eso, una sensación de un testigo que no tiene valor alguno. Sí imagino a los responsables de seguridad de nuestro país y al del resto de naciones europeas empezando a movilizar recursos, a extremar las precauciones ya volver a ponerse en un estado de alerta vigilante como no se veía desde hace algunos años, porque la amenaza vuelve, y es de esperar que sea más intensa cuanto más dure y más cruel se vuelva la guerra entre Israel y Hamas. Crucemos los dedos, pero me temo que tendremos desgracias por delante que narrar.

lunes, septiembre 11, 2023

11 de septiembre

Hoy es 11 de septiembre. Se cumplen veintidós años desde el sádico atentado islamista que conmocionó al mundo en 2001. El fanatismo, en este caso yihadista, asesinó a miles de personas en Manhattan y destruyó las Torres Gemelas del World Trade Center usando como armas aviones cargados de pasajeros y combustible. Logos máximos de la tecnología empleados para arrasar iconos diseñados con ansias de perdurar, miles de vidas perdidas en una mañana aciaga. Sea hoy un día de recuerdo para ellas y sus familiares, y de homenaje a todas las víctimas que el terror ciego, el que es capaz de surgir sólo en una mente humana, ha creado y crea a lo largo del mundo.

viernes, julio 07, 2023

Cierra la librería Lagun

En euskera lagun quiere decir amigo. La gramática y vocabulario vasco y castellano son lo más alejado del mundo, pero ha querido la casualidad que las dos palabras que hacen referencia a ese mismo concepto tengan, en los dos idiomas, un sonido dulce, suave, marcado por esa g melosa, acorde con la grata sensación que nos provoca la amistad de aquellos que apreciamos como propios. Es una coincidencia curiosa, y reseñable. Libro en euskera se dice liburu. Lo lógico sería suponer que la palabra vasca tiene la misma raíz que la castellana, aunque no lo se. También es reseñable que el término vasco dulcifica nuevamente respecto a un castellano algo más rudo. Un libro siempre es un buen amigo (no me atrevo a traducirlo a euskera)

Lagun, la librería, es, como todos los locales que venden libros, un remanso de paz y oasis para los que amamos las letras, y en este caso concreto, un símbolo de la libertad frente a los totalitarismos que en el siglo XX y XXI han tratado de imponer su terror a la sociedad en la que se han desarrollado. Primero frente al régimen franquista y sus secuaces, luego frente al nacionalismo etnicista y su brazo armado, ETA, ese local ha sufrido todo tipo de agresiones, ataques y destrozos y, una y otra vez, el amor y lealtad de sus dueños seguía intacta para reparar los cristales, arreglar las puertas, limpiar ejemplares dañados y hacer que el local volviera a abrir lo antes posible. Ignacio Latierro, María Castells y José Ramón Recalde, estos últimos matrimonio, crearon un negocio que era un reflejo de sus inquietudes políticas y vitales. Si hubieran abierto una mercería, pongamos, quizás se hubieran ahorrado problemas, pero antes que las cuentas de pérdidas y ganancias para ellos había un compromiso social, una necesidad de divulgar y de dar a conocer la cultura, la creación de un espacio de diálogo y esperanza. Los libros eran la forma que ellos conocían para cumplir todo esto, y sin censuras, a ellos se dedicaron en cuerpo y alma. Era inevitable que los intolerantes les odiasen. El cerril fanático que no lee nada, o peor aún, que sólo lee el panfleto que su líder le obliga, tenía en Lagun el centro de sus odios, el espacio que debía ser exterminado, porque allí no se vendían certezas, sino preguntas. No se adoctrinaba a la gente, sino que se le dejaba escoger. No se le obligaba a leer lo que el poder dictase que era correcto, sino lo que se editaba por unos y por otros. Un lugar obsceno para el corto de miras, un sitio donde escandalizarse aquel que sólo cree una cosa y considera al resto inferiores. Un lugar lleno de pecado. Y como todas las censuras e inquisiciones son iguales, comienza con las amenazas, luego los ataques a los bienes y acaban tratando de matar a las personas que se les oponen. Los franquistas y sus basuras armadas hicieron mucho de lo primer y lo segundo, pero fue ETA, la asquerosa ETA, y sus cómplices batasunos, y sus colaboradores sociales, y el mirar para otro lado de tantos, empezando por el gobierno vasco, los que decidieron que Lagun no debía existir y sus dueños morir. Los ataques por parte de los batasunos se hicieron cada vez más frecuentes e intensos, llegando una vez a sacar cientos de ejemplares del local y prenderles fuego en una plaza aledaña, en un acto que es tan puramente nazi que, desde el infierno, Adolf estaría orgulloso de cómo su espíritu se reencarnaba en esa salvaje muchachada tan tan vasca. Pero los dueños de Lagun eran mucho más valientes que sus oponentes. Y por eso ETA decidió asesinarlos. Pegó un tiro a Jose Ramón Rekalde que a punto estuvo de matarlo, pero que no lo logró. Quiso la suerte que la trayectoria de la bala “sólo” le destrozase la mandíbula y le dejase un rostro algo deformado y un habla muy deteriorada, pero el aviso era claro. La escoria etarra y sus socios habían decidido quién tenía derecho a existir y quién no, y Lagun y sus dueños debían desaparecer. Pero no, no lo hicieron. Su valor, enorme, soportó humillaciones sin fin. ETA se disolvió, no el odio social que le servía de cobertura, pero Lagun aguantó.

Este fin de semana que viene, julio de 2023, la librería Lagun cierra por la bajada de ventas, porque el negocio no da para pagar los costes y porque la gente ya no pasa tanto por sus estantes para comprar los libros expuestos. Las cuentas de pérdidas y ganancias se han teñido de rojo y los ahorros de sus propietarios actuales ya no dan para más. Fallecidos ya los dueños históricos del local, la librería era un símbolo de la lucha de la libertad en tiempos oscuros, lucha que siempre hay que mantener porque el enemigo no descansa, y el lunes que viene ese símbolo ya no volverá a abrir las puertas. Mucho me duele afirmar que las poquísimas veces que he pasado por San Sebastián no he comprado allí, por lo que el artículo de hoy, además de ser un homenaje debido, es también un mea culpa por la parte que me toca en la ruina del negocio.

miércoles, abril 12, 2023

Un resort borroka

En su excelente libro “Los amnésicos” Geraldine Schwarz, de padre alemán y madre francesa, cuenta historias de su familia que, con el ascenso al nazismo, participó en el comportamiento silencioso y cómplice que invadió a muchos, que no apoyaron expresamente a Hitler pero que, como los Schwarz, se hicieron con propiedades confiscadas a vecinos que eran judíos, o no, pero que estuvieron en la diana del régimen. En el texto se buscan las causas de esos comportamientos deshonestos pero extendidos, comprensibles desde el lado de la codicia, pero insoportables para la ética. Todo el relato es, en el fondo, un testimonio de arrepentimiento.

Durante los días festivos de la Semana Santa ha tenido lugar en Elorrio el encuentro de las juventudes de Bildu, partido elevado a los altares del progresismo por no pocos gracias a que sostiene al gobierno nacional y, así, de paso, las nóminas de los aduladores. Una reunión que habrá juntado del orden del cinco a siete mil jóvenes para los que la organización, además de prever espacios de aparcamiento y acampada, había previsto numerosos actos musicales, culturales y políticos. Más allá de la sobreexposición a la estética borroka, caricaturizada hace tiempo en algunas películas de éxito, el encuentro era una orgullosa manifestación de la ideología totalitaria que ha amparado más de ochocientos asesinatos en el País Vasco y resto de España, muchos de ellos aún no juzgados al no poder ser esclarecidos. Detrás de las pancartas, lemas e imágenes que se exhibían por doquier en calles y espacios públicos, se encontraba un indisimulado orgullo de pertenecer a una supuesta élite, líder de un proceso de construcción nacional, para el que, si es necesario, se sacrifica a los que se vean como obstáculos. ¿Se veía algún signo de arrepentimiento por parte de los congregados respecto a los actos desarrollados por ETA? No, ninguno. Más bien lo contrario. El mensaje que se quería transmitir es que el terrorismo ha sido la vanguardia del movimiento, los que llegaron más allá en su compromiso, los que dieron la vida por él, los que sacrificaron la comodidad de una vida burguesa a cambio de una militancia plena. Para los congregados los terroristas siguen siendo héroes, y como tales los tratan. Las víctimas, basura a olvidar, ejecutados como era debido y por razones que sobraban ya en su momento. Asistir como espectador a un espectáculo de este tipo no sólo es repugnante sino, sobre todo, desmoralizador. Sí, ETA ha desaparecido, gracias única y exclusivamente a la acción de la policía y Guardia Civil, los auténticos héroes del final del siglo XX e inicios del XXI en la sociedad vasca, pero para gran parte de los ciudadanos de aquella parte del país, y sorprendentemente para no pocos del resto, la acción nazi emprendida por el terrorismo nacionalista vasco sigue contando con una aureola de lucha por la libertad que es, directamente, propia de frenopático. Justo lo contrario de lo que se pretende festejar es lo que la banda asesina y sus secuaces sembraron durante décadas en pueblos y ciudades de todo el país, y con un dominio establecido en algunas localidades vascas propio de escenarios mafiosos. Transcurridos los años, el fracaso de la intentona terrorista es obvio, pero resulta triste comprobar como una parte de esa sociedad y mucha de la dirigencia que entonces mantenía el poder y sigue sujetándolo con fuerza ver el terrorismo como algo anecdótico, cuando no necesario. No hay arrepentimiento alguno en los que apoyaron a esa banda de asesinos, y resulta asombroso, o no, que sólo sean algunos de los que empuñaron las pistolas y mataron los únicos que, sinceramente, hayan expresado su sensación de fracaso y vergüenza por lo que hicieron.

Como dijo Pablo Martínez Zarracina hace unas semanas ante las sucias declaraciones de Pello Azpiazu, consejero de Economía del Gobierno Vasco (uno de los que nunca ha soltado el poder) al afirmar que el terrorismo etarra no había tenido consecuencias económicas para el País Vasco, en los años del terror la sociedad se dividía en tres. Unos, pocos, que tenían miedo a ser asesinados, otros, más, que asesinaban y ayudaban a hacerlo y el resto, la mayoría, silenciosa, que miraba para otro lado y se aprovechaba de las nueces que caían tras tirotear al árbol, o a lo que se pusiera en el objetivo. La amnesia voluntaria que se vivió en aquellos tristes años sigue, en gran parte. Y de arrepentimiento nada, apenas se ve nada.

jueves, agosto 25, 2022

Salman Rushdie sigue vivo

Durante mis dos semanas de vacaciones, la noticia más relevante que ha sucedido fue el atentado contra Salman Rushdie. Mientras yo estaba en la playa, en el que probablemente sea el único día del año que la pise, el escritor estaba en un encuentro literario que se celebraba en un pequeño pueblo en las afueras de Nueva york, cuyo nombre no recuerdo pero que remite al pasado indiano de toda aquella zona. En un momento, uno de los asistentes al evento sube al estrato en el que se encuentra Rushdie junto con otras personas, y lo apuñala, hiriéndole de gravedad. El asaltante es inmovilizado y Rushdie evacuado a un hospital, donde aún sigue.

Como comentó más de uno en las redes sociales en los días posteriores al ataque, es deprimente comprobar la ligereza con la que en occidente afrontamos los debates, que duran horas de tuits cruzados y se olvidan casi al instante, frente a la persistente memoria que demuestran los fanáticos islamistas, que muchas décadas después siguen manteniendo el odio irracional hacia el escritor anglosajón. El atacante de Rushdie, cuyo nombre, Heidi Matar, parecía ya predestinarle a cosas no muy bonitas, tiene poco más de veinte años, y cuando nació el sátrapa de Jomeini, que dictó la condena a muerte contra el escritor, llevaba ya bastante tiempo muerto, y sospecho que muy lejos de cualquier versión imaginada de paraíso. Eso no ha impedido que el odio sembrado desde el rigorismo chií iraní se haya mantenido vivo años y años, y pasado por generaciones que, ni antes ni ahora, han leído al escritor condenado. Cuando un fundamentalista decreta algo parece que escribe sus maldiciones sobre piedra, destinadas a permanecer perpetuamente en el horizonte, mientras que lo que escribimos los occidentales referido a nuestras convicciones y pensamientos se queda en el papel, que el viento se lo lleva, o en los ordenadores, que cuando se va la luz de nada sirven, tampoco cuando es tan cara como estos días. Descubre uno nuevamente que las semillas del odio logran arraigar con fuerza en los corazones de la gente y resultan muy difíciles de ser exterminadas. Tras el atentado a Rushdie se ha visto como la prensa rigorista iraní se congratulaba de lo sucedido, con un entusiasmo digno del mayor de los forofismos deportivos, y el gobierno de esa república islámica, siguiendo la tradición que ya uso en el pasado y que tan bien conocemos en nuestros lares gracias a su empleo por parte de Bildu y todo el entorno etarra, echó toda la culpa de lo sucedido al propio Rushdie, a la víctima. Por ser, por existir, por no doblegarse, por seguir ahí molestando, por no haberse muerto por sí mismo. La víctima es la culpable a los ojos del fanático, sea un escritor o un constitucionalista. Para el que odia el objeto del odio es culpable y debe ser exterminado, y todo lo que no sea eso es un desastre que debe ser corregido por el tiempo y los hechos. Nada hay de culpa en sus actos y ataques, sólo defensa ante la ignominia de que el objeto que focaliza su odio siga ahí. Rushdie lleva na vida de mierda desde que fue condenado por el nazi Jomeini, y en los últimos años, con su residencia definitivamente asentad en Nueva York, ha ido relajando sus costumbres y dejando de vivir de una manera completamente oculta, encerrada y protegida. Roberto Saviano, otro escritor amenazado por intolerantes, en este caso mafiosos italianos, ha descrito muy bien como la víctima que se oculta para protegerse acaba desarrollando un complejo de culpa que le desborda, y le sirve para justificar la vida de renuncia que lleva. Y en ese círculo de opresión y justificación el perseguido se puede derrumbar, llegando a veces a clamar para que la sentencia de muerte contra él dictada se cumpla y le libere del todo. Rushdie habrá vivido momentos similares, sin duda, pero parece haberlos superado. Su buen humor, que es algo que le caracteriza según los que le conocen, le habrá ayudado sobremanera. Y quizás, también, el agotamiento, el olvido occidental de lo trascendente.

Un aspecto interesante de este atentado ha sido no ya las condenas escuchadas por todo el mundo contra él, sino varios y clamorosos silencios que no han movido un dedo para pulsar teclas de repulsa. Gente que en redes sociales y grupos políticos denuncia la corrupción de todo y el peligro en el que se encuentra la democracia, tal y como ellos la entienden, desde que se levanta el Sol hasta que se pone, en un ejercicio de infatigable dogmatismo, no han dicho nada de nada. Obsesos que ven fascistas por todos lados pero que no los denuncian cuando los tienen realmente delante, armados y peligrosos. Nada nuevo en esos personajes, que siguen engañando a muchos, afortunadamente cada vez a menos. Por sus hechos les conoceréis.

miércoles, agosto 24, 2022

Un atentado en Moscú

El lunes a primera hora nos enteramos de la noticia de un atentado en Moscú. A la manera de la odiada ETA, una bomba había hecho explosión en los bajos de un coche y, en una carretera del extrarradio de la urbe, había matado a Daria Duguina, cuyo nombre no sonaba a casi nadie, pero su apellido sí. Esa “a” del final parece querer decir “hija de” por lo que he visto en otros casos, y sí, se trataba de la hija de Alexander Duguin, uno de los cerebros en la sombra de las teorías que sostienen la invasión rusa y, en general, el supremacismo “rsiky” que emana del Kremlin. Al parecer, a última hora, padre e hija intercambiaron coches, por lo que puede que el objetivo del atentado fuera el propio Alexander. Probable, pero difícil de demostrar.

Duguin, con su pinta de Dostoievsky renacido, ha sido considerado por muchos como el ideólogo de cabecera de Putin, el que le ofrece un sustrato de ideas para asentar, justificar o, si así lo quieren, excusar el asesinato masivo que realizan sus tropas en Ucrania desde hace seis meses. Sus escritos rezuman un sabor conocido, ya transitado por Sabino Arana en el caso del vasquismo o de los supremacistas arios que precedieron al régimen nazi. Su obsesión por el mundo euroasiático, por su pureza de valores y, frente a ello, la corrupción moral que proviene de ese occidente pecador que todo lo aniquila resulta tan cargante como útil, a ojos de unos cuantos, para ordenar sus vidas y criterios morales. Duguin no tiene poder en el Kremlin, pero sí influencia, y eso a veces resulta ser incluso más útil. Por eso el atentado se ha visto como un golpe en el corazón del putinismo, en su núcleo más personal, y de ahí la relevancia del atentado. Obviamente la gran pregunta que surge es quien es el autor de este acto y, a partir de ella, surge otra más interesante. ¿Qué se busca? Los servicios secretos rusos, el FSB, ha tardado horas en atribuir a la inteligencia ucraniana la planificación y ejecución del ataque, acusando a una mujer que llegó a Moscú desde Ucrania con su hija de doce años hace pocas semanas de ser la autora. Esa mujer parece que ahora se encuentra en Estonia, a donde viajó hace también un par de días. El que Ucrania esté detrás el atentado parece una de las soluciones más obvias a este asunto, pero no creo que sea la más creíble, porque realmente poco gana el régimen de Kiev matando a un pensador afín a Putin, o en caso de error a su hija. Sí es cierto que sería como pegar una puñalada al propio Putin y, dado que, la seguridad en su entorno será máxima, una opción es buscar una víctima que le duela a Vladimiro pero que no esté tan resguardada. Junto a la opción ucraniana aparecen algunas posibilidades de que el atentado sea obra de fuerzas internas rusas y ahí son tres las posibilidades; que sea obra de un grupo de opositores al régimen y a la guerra, que buscan crear una especie de resistencia rusa; que sea obra de personas sitas en el entorno del poder del Kremlin que buscan desestabilizar al régimen actual, Putin, para acceder ellos al poder, con lo que estaríamos ante un comportamiento típico dentro de las estructuras mafiosas, que en la jerarquía rusa es la manera de comportarse; y una tercera opción, disparatada pero factible, que señala a sectores rusos enfadados por la incompetencia con la que se desarrolla la guerra y frustrados por la incapacidad del kremlin para ganarla, y que con esta acción piden un golpe sobre la mesa, una ofensiva devastadora, una guerra total y la desaparición del gobierno ucraniano de una vez por todas. ¿Con qué alternativa se quedan ustedes? Es difícil decirlo, pero de estas tres opciones internas la que más débil me parece a mi es la primera, la del movimiento opositor interno, porque entre otras razones los servicios de seguridad rusos son bastante expeditivos cuando encuentran tramas opositoras, y no dudan en cargarse a quien las está organizando. Duguina se había mostrado como ferviente partidaria de la guerra y, como periodista, sus escritos respaldaban por completo las ideas de su padre. Me resulta sugerente la idea del enfrentamiento mafioso entre los jerarcas del régimen, porque esta forma de eliminar a personajes de la trama es de un estilo muy conocido en el mundo en el que se mueve Putin. Y me da mucha curiosidad la hipótesis extremista, a la que veo poco probable, pero no tan descabellada como pudiera pensarse en un principio.

En el funeral de Duguina su padre, obviamente conmocionado, era el reflejo del dolo, pero también de la sed de venganza, que exige en forma de victoria rusa. Las declaraciones de los prebostes del régimen, de Putin para abajo, son duras, reiterando que no habrá clemencia alguna ante los autores del atentado, y los que lo hayan inspirado, y que lo pagarán caro. Moscú es, como siempre, una sombra en la que es imposible saber lo que sucede, en la que todo se desarrolla en la trastienda y vivimos sin certeza alguna sobre cómo se maneja el poder. A saber cuándo, si llega el día, sabremos lo que ha sucedido. En todo caso, la guerra sigue.

martes, julio 12, 2022

Miguel Ángel Blanco, 25 años después

Hoy hace 25 años también era un día soleado, radiante y caluroso en Bilbao, aunque la sombra del terrorismo lo cubriera todo. Miguel Ángel Blanco, concejal del PP de Ermua, había sido secuestrado el jueves y Eta, y sus socios y colaboradores, plantearon un chantaje a la sociedad, sometiéndola a lo que, sin dura, iba a ser una pena de muerte ejecutada a cámara lenta. No había muchas dudas sobre lo que los malnacidos terroristas iban a hacer entonces. Ya lo hicieron con el ingeniero Ryan, y con otros tantos cientos de víctimas, y les hubiera gustado hacerlo con Ortega Lara, a quien dichosamente la Guardia Civil sacó del campo de concentración en el que estaba recluido. El sol iluminaba, pero no había luz en esos días.

Nos concentramos en Bilbao miles y miles de personas en una enorme manifestación que pedía a ETA liberar a ese chaval, que quería exigir, pero aún no se atrevía a usar ese término, que el terrorismo se acabara y que esa banda mafiosa y todo su conglomerado se disolviera de una vez. Fue la mayor manifestación que tuvo lugar hasta ese momento contra el terrorismo, y el germen de un movimiento cívico contra el fanatismo etarra que luego sería el gran dolor de cabeza del poder dominante en el País Vasco, el poder nacionalista que, vía amenazas de unos, seducción de otros y asesinatos de aquellos era, y sigue siendo, el hegemónico. Evidentemente no estábamos todos en aquella manifestación, no sólo porque, aunque Bilbao es infinito, no permitía acoger a todo el mundo. Varios miles y miles de personas esperaban también esa tarde que ETA cumpliera su amenaza, pero porque querían que la ejecutase. Miles de supremacistas que consideraban a Miguel Ángel como a otro maketo eliminable, a otro de esos que debían someterse a su sueño imperial de una Euskadi grande y libre, sujeta a su designio, como lo estuvo España durante décadas sometida al designio de otro dictador. Arnaldo Otegi, ahora el rubricante de infames acuerdos y leyes con un gobierno que se dice progresista, pasó esa tarde de sábado en la playa, sin que su conciencia, inexistente entonces y ahora, le perturbara el descanso lo más mínimo. Si acaso, intuyo, con el nerviosismo que todo asesino profesional debe tener antes de ver cómo otro de sus colegas realiza su trabajo. En esa manifestación había representantes del gobierno vasco y del nacionalismo no terrorista, convencidos en parte de que el secuestro de Miguel Ángel era un delito pero, sobre todo, un error de cara a su estrategia de dominio de la sociedad. Durante ese fin de semana el PNV, el partido más listo y con mayor sentido del poder que hay en España, fue el primero que vio que un poder autóctono emergía, fuera de su control, en su territorio, y ya desde el lunes empezó a trabajar para que ese movimiento no llegase a más, para que lo que siempre había sido suyo siguiera siéndolo, como lo es hoy. En esa manifestación también habría curas y religiosos, pero a buen seguro pocos, escondidos, amparados en la multitud. Expertos excomulgantes que tronaban desde sus púlpitos ante los débiles de la sociedad pero que callaban, y callan, ante el delito flagrante cometido por el poder que amedrenta. En las iglesias vascas apenas hubo, en décadas, ni el más mínimo gesto de conmiseración ante los asesinados y los suyos, y sí toda la complicidad del mundo con los asesinos, sus jefes e ideas. Nunca un religioso fue objeto de atentado por parte de ETA, porque ninguno de los jefes con alzacuellos oso jamás a lanzar un mensaje contra el terrorismo. Sólo cuando empezaba a verse la debilidad de la banda y que la vida del que contra ella se postulaba dejaba de correr peligro se les vio a los prelados girarse. Tampoco estaban en la manifestación miles y miles de colaboracionistas interesados, chivatos, delincuentes, colaboradores, sujetos que en los pueblos llevaban el control de qué hacía cada uno y en qué se significaba, para que la mafia etarra le diera un aviso y se mantuviera en el redil adecuado. Soplones baratos, basura que trabajaba de manera coordinada, efectiva y barata. De esos en Bilbao no estuvo ninguno, claro.

En Bilbao estuvimos miles y miles de pringados. Miles y miles y miles de gilipollas que sabíamos que ETA iba a matar a Miguel Ángel Blanco pero que, por lo menos, no renunciábamos a nuestro derecho a la pataleta, a salir a la calle a gritar que la infamia en la que llevábamos años viviendo era insoportable, y que no se podía seguir así. El resultado de aquellos días lo conocen perfectamente quienes así lo vivieron y desean, y no lo saben quienes, por expreso deseo del poder nacionalista que persiste, no lo han aprendido porque nadie se lo ha contado. Hoy ETA no existe, estamos miles de veces mejor que entonces, pero las infamias que hicieron muchos en el pasado, de las que siguen mostrándose orgullosos, jamás se blanquearán por mucho que un débil gobierno nacional lo pretenda. Muchos mataron a Miguel Ángel, no sólo los malnacidos que le dispararon. Y muchos entonces, y no pocos ahora, lo siguen festejando.

lunes, julio 11, 2022

Magnicidio en Japón

Un atentado en Japón es, de por sí, una gran noticia. Los niveles de violencia en ese país son bajísimos, menores aún de los que vivimos en las muy tranquilas sociedades europeas occidentales. Hay una alta tasa de suicidios, pero los actos de violencia premeditada contra otras personas son rarezas que acaparan toda la atención informativa. Más allá de las acciones de la Yakuza, la mafia local, que combina el exterminio con la amputación de miembros más que con la eliminación completa de rivales, los atentados en aquel país han tenido habitualmente tintes religiosos o mesiánicos. El estricto control de la venta de armas hace que sean venenos o armas blancas las utilizadas en los esporádicos ataques que se dan en tan pocas ocasiones.

Por eso el magnicidio que el viernes acabó con la vida del ex primer ministro japonés Shinzo Abe es una noticia tan rara, y que ha dejado a aquella sociedad sumida en el shock absoluto. Amplifica aún más el impacto el que Abe haya sido, probablemente, el primer ministro más conocido desde el final de la II Guerra Mundial tanto en el país como fuera. Con una idea bastante clara del necesario resurgimiento de su país, usando para ello una doctrina bastante nacionalista, Abe abrió Japón al mundo mucho más que sus predecesores, tejió alianzas con países socios como EEUU y suscitó rechazo en vecinos como China y Corea, en los que aún siguen vivas las heridas de las invasiones niponas del siglo XX. En lo económico, Abe luchó en sus dos mandatos contra el estancamiento en el que vive la economía de aquella nación, y le tocó vivir los efectos de la pandemia. Suya es la que mundialmente se ha conocido como “Abenomics” un programa de impulso de la economía basada en tres flechas (monetaria, fiscal y de reformas estructurales) que se tradujo fundamentalmente en la expansión desmesurada del balance del banco central nipón, en consonancia con lo vivido en el resto de economías occidentales, con la idea fundamental de escapar de la atonía de precios que vivía su nación desde más allá del estallido de su propia burbuja inmobiliaria, hace ya varias décadas. Japonización de la economía es una expresión que hace referencia a esa caída en el letargo, al apagamiento de las variables, a la permanencia en un pozo de nulo crecimiento del PIB, de los precios, de todo, convirtiéndose poco a poco en menos relevante en el creciente mundo global. Abe, por tanto, era una celebridad absoluta. No pudo terminar sus dos mandatos por problemas de salud, y se presentaba ahora a las elecciones parlamentarias, celebradas ayer domingo, para conseguir un escaño en la cámara japonesa. El atentado, extraño, acabó con su vida mientras celebraba un mitin poco concurrido en una ciudad mediana. Con la habitual escasa seguridad que allí se estila, Abe estaba, micrófono en mano, subido a una pequeña tarima hablando ante unos congregados, pocos, cuando se escuchan un ruido sordo y se empieza a crear una gran confusión. En segundos se escucha otro sonido similar, que se empieza a parecer a un disparo, pero como apagado, y la figura de Abe, que ante el ruido anterior se había girado extrañado como todos, se desploma. Si el primer disparo no lo alcanzó el segundo lo hace de pleno. El político cae y empieza a ser rodeado por los suyos, mientras algunos agentes de seguridad, apenas dos o tres, inmovilizan al presunto autor del ataque, que no hace grandes esfuerzos para resistirse. La situación de Abe es y se le traslada a todo correr a un hospital, donde morirá poco después. El arma con la que ha sido atacado es improvisada, una especie de escopeta de cartuchos fabricada de manera artesanal por el atacante. Todo es raro, la escena es impropia y el sentimiento de incredulidad crece en Japón y el resto del mundo.

A lo largo del fin de semana se ha sabido que las causas del atentado no son políticas, sino, a lo japonés, difíciles de entender. La madre del atacante se arruinó dando donativos a un grupo religioso al que Abe había alabado en algunas ocasiones, y esto hizo que el hijo comenzase a odiar al político y le acusase de la ruina de su progenitora. Fríamente el odio creció y le hizo planear una venganza, que le ha llevado a fabricar esa arma y organizar un atentado durante meses y meses, años. Abe murió a manos de un sujeto que le odiaba por algo que el fallecido jamás hubiera sido capaz si quiera de imaginar. Su cadáver aún resuena en un Japón marcado esta semana por los rituales funerarios para su antiguo líder y por la victoria del partido de Abe en las elecciones de ayer.

miércoles, mayo 18, 2022

Terrorismo supremacista en EEUU

La cascada de tiroteos que tienen lugar en EEUU logran insensibilizar al más pintado. Se están recibiendo las crónicas aún frescas del último de los registrados cuando otro, más atroz aún, llega a los medios con el marchamo de “urgente” y sepulta al anterior al minutaje tonto de los informativos, y así masacre tras masacre, en una secuencia espeluznante, casi tanto como la ausencia de medidas por parte de las autoridades y el conjunto de la sociedad para atajar un mal tan profundo y obvio. No es el asesinato indiscriminado algo como la meteorología, que se cuenta y relata pero no es alterable. Se debe combatir como sea, se debe buscar su final.

La matanza de Búfalo, cometida este fin de semana, tiene algunas características especiales que la hacen, aún si cabe, más cruel. No estamos ante el caso del empleado despedido que se venga de sus antiguos compañeros, o el desquiciado que vive un trauma del pasado y lo resuelve a golpe de disparo, no, nada de eso. Se trata de un asesinato múltiple meditado, planificado, organizado con saña y frialdad por parte de un crío de dieciocho años, con la mayoría de edad recién cumplida. Blanco, residente en el sur del estado de Nueva York, en una comunidad mayoritariamente blanca, cogió el coche y se hizo casi trescientos kilómetros hasta el norte, hasta llegar a la ciudad de Búfalo, con mayor presencia negra, y alcanzar uno de los barrios en los que los negros son la inmensa mayoría. No iba sólo en su viaje, le acompañaba un fusil automático que hubiera sido de gran utilidad a los soldados ucranianos que se han tenido que rendir ante los rusos en Azovstal. Con su arma cerca, imagino que en el viaje iría repasando las creencias que le estaban motivando a alejarse cada kilómetro de su hogar en la misión que se había encomendado a sí mismo. Llegó al barrio de destino, entró en un centro comercial que en ese momento, con bastante gente en su interior, desarrollaba su actividad en plena normalidad, y comenzó a disparar. Sembrar el pánico es una frase hecha que se utiliza en demasía, pero creo que esta es una de esas ocasiones en las que se ajusta con precisión a lo que pretende describir el que la emplea. Un entorno seguro, aburrido, anodino, convertido en la tumba de todos aquellos que tuvieron la desgracia de cruzarse con el asesino imberbe. La policía acudió al lugar de los hechos al poco, alertada por llamadas sin fin de testigos y víctimas, que no sabían lo que pasaba, sólo que alguien estaba matando sin piedad, y encontraron al autor de los hechos tan tranquilo. Según algunas fuentes, durante unos instantes, se apuntó a sí mismo con su arma, pero luego la bajó y no opuso resistencia ante su detención. Dejaba un rastro sádico, con diez asesinatos a sus espaldas en pocos minutos, y numerosos heridos. Una matanza en toda regla efectuada de una manera profesional, carente de sentimiento, fría y certera. Un crío de mierda, si se me permite el exabrupto, que ha destruido vidas, familias y futuros en una dimensión difícil de concebir. Y todo esto ¿por qué? ¿se le cruzaron los cables al chaval? ¿le dejó su novia y le dio un arrebato? Nada de nada, todo es mucho más oscuro y peligroso. Antes, al comentar el viaje hasta su macabro destino, les iba contando el repaso a las creencias que motivaban su acto, que en este caso no eran religiosas, sino conspiranoicas. El chaval era fiel seguidor de una teoría denominada “el gran reemplazo” que dice que hay una conspiración en EEUU, y todo occidente por extensión, de negros, latinos, asiáticos y todo lo que usted imagine para ir eliminando a la población blanca que reside en esas naciones. La baja natalidad blanca y su reducción de peso en las comunidades norteamericanas sería fruto de un plan orquestado para eliminarlos del mapa, y hacer que los que ahora son las minorías étnicas del país se hagan con él y manden a los blancos a guetos. ¿Solución? Autodefensa, ataque y lucha de los blancos frente a todos los enemigos, el supremacismo blanco como vía de salvación de la especie, su poder y futuro.

Esta absoluta imbecilidad corre por las redes sociales y medios de comunicación, allí y aquí, junto con otras teorías, a cada cual más absurda, y logra convencer a algunas personas de que es la vía para explicar lo que sucede a su alrededor. Ese crío asesino ha nacido en la nación más rica de la tierra, en un lugar con pleno acceso a la información, y ha acabado siendo abducido por un pensamiento sectario que le ha llevado a cometer un acto terrorista de enormes proporciones. Es una historia tan absurda como cruel, y difícil de entender si uno la lee en su conjunto, pero es real, ha sucedido, y puede volver a suceder. El terrorismo supremacista es un problema creciente en unos EEUU, y un occidente, que en ciertos aspectos parecen haber perdido la cordura social.

viernes, marzo 11, 2022

11M en Mariupol

Hoy es 11 de marzo, y se cumplen dieciocho años, ya, de los salvajes atentados yihadistas que asesinaron a casi doscientas personas en Madrid, en el mayor ataque terrorista sufrido en Europa. Se sucederán los homenajes a las víctimas y en recuerdo a esa matanza, tanto de carácter institucional como privado, y es probable que la lluvia acompañe a las lágrimas de los que no puedan evitar derramarlas de emoción al rememorar esa cruel tragedia. El bosque de los ausentes del Retiro empieza a coger porte tras los años transcurridos desde su plantación, y será imposible olvidar nunca aquellos días de angustia que nos rompieron un poco a todos, nos afectase en persona o a través de allegados o fuéramos sólo testigos de la historia.

De mientras esos actos tengan lugar, seguirá el asedio ruso a la ciudad costera de Mariupol, en el mar de Azov, una localidad que antes de que empezara la guerra de Ucrania contaba con una población de cerca de cuatrocientos mil habitantes, y que ahora, parcialmente desalojada por los que huyeron antes de los ataques y los que han podido escapar entre cohete y bombazo, acoge a un número desconocido de almas en pena cuyas vidas no valen nada a ojos del asesino de Moscú que determina la intensidad de los ataques. El objetivo ruso de tomarla para convertir al mar de Azove n un lago interior, conectando así por tierra Crimea y las regiones separatistas del Dombás es claro, y da la impresión de que nada va a logar impedirlo. La táctica que se sigue en Mariupol es la ya vista en Alepo o Grozny; el aplastamiento, el derrumbe de la ciudad, su arrasamiento manzana a manzana para que los aterrados supervivientes imploren por la derrota propia y no ya acojan a los invasores con alegría, sino con el mero deseo de que, convirtiéndose en sus siervos, salven la vida. No hay miramientos en las tácticas rusas, no hay prisioneros, no hay estrategias de inteligencia ni nada que valga, sólo la destrucción absoluta a base de bomba y miedo. ¿Cuántos 11M habrá hoy en Mariupol? ¿Cuántos habrá habido ya? ¿Cuándo seremos capaces de medir la dimensión de la tragedia que allí sucede en estos momentos? Surgen preguntas de horrendo contenido cuyo silencio como respuesta ahonda en el pesar, y siendo incapaz de imaginar lo que se vive en ese lugar me limito a sentir dolor, un dolor vacío que de nada sirve, que a nadie ayuda, que no ofrece consuelo para nada. Como cuando se produjo el 11M, u otros atentados terroristas, etarras o yihadistas, salíamos a manifestar nuestra repulsa, a sabiendas de que era algo inútil, de que no servía para nada lo que estábamos haciendo. Nada podría resucitar a los muertos, nada salvo el trabajo de los profesionales sanitarios aliviaría las heridas de los que habían sido tocados por el impacto del terror, nada iba a contribuir a sanar el corazón afligido de quienes habían contemplado el horror. Esas manifestaciones servían, sobre todo, para canalizar la rabia personal, para ver los rostros de otras personas que, como uno, nada tenían que ver con los autores de la salvajada de turno y que, como uno, nada podían hacer ya una vez que el atroz atentado había tenido lugar. Era una terapia de grupo para impotentes. También lo es este texto, y todo lo que estos días escribimos sobre la tragedia ucraniana desde lugares seguros, confortables, cálidos, protegidos, ajenos al impacto de los proyectiles. Volcamos el miedo y la rabia en las teclas y gritamos nuestra condena en artículos y manifestaciones, que de nada van a servir ante el plan del kremlin, que haya fracasado o no, hoy seguirá matando y, con muy elevada probabilidad, mañana también. Esto que leen es, desde luego, la impotencia de quien nada puede hacer.

A un ejército que ataca sólo se le puede oponer un ejército que responde, es así de cruel, y Putin sabe que, a pesar del heroísmo que muestran los ucranianos y de que sus planes de toma rápida del país han fracasado, el tiempo corre más a favor de su viejo pero enorme ejército que de las voluntariosas pero poco capaces milicias ucranianas. A base de 11Ms va a masacrar Mariupol y otras ciudades hasta que el país se rinda, y todo lo demás le dará igual. Hoy los recuerdos en Madrid y España mirarán a Atocha, pero un momento dado se girarán hacia el este, de donde ahora viene la ola de fanatismo terrorista, de donde surge el mal que destruye y mata. Ese mal que hace dieciocho años nos segó en esta ciudad como nunca antes lo habíamos experimentado.

Subo a Elorrio y me cojo dos días, por lo que, si no pasa nada raro, nos leeremos el miércoles 16. Cuídense y abran los paraguas, que lloverá.