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viernes, junio 01, 2018

Así es el poder (para Rajoy, Sánchez y el PNV)


No se qué es más noticioso, si el hecho de la derrota de Rajoy o el que estemos ante la primera moción de censura exitosa de la democracia. Recordemos que esta es la cuarta de las que ha habido. La primera fue del PSOE contra UCD (permitió elevar la figura de Felipe González). La segunda, de AP contra González (hundió aún más al efímero Hernández mancha) y la tercera, hace más o menos un año, de podemos contra el PP, que sólo sirvió para el lucimiento de un Pablo Iglesias que entonces no aspiraba a residir en villas ajardinadas, aunque soñase con ello. La de ayer, la cuarta, partía con altas expectativas, y las ha superado. Hoy, salvo enorme sorpresa, caerá el gobierno.

Como dijo anoche David del Cura en La Brújula de Onda cero, pasadas las cinco de la tarde Aitor Esteban cogió su tractor y atropelló a Mariano Rajoy, dejándole sin el poder que ha detentado desde que ganó las elecciones de noviembre de 2018. No vi la escena en directo, pero ya forma parte de la historia de este país. Si existiesen los hados y los espectros, que no es el caso, era el momento ideal para que un aura de poder empezase a despegar de la figura de Rajoy, que era el investido de poder, debilitándole y dejándolo vacío, mientras que ese espíritu se encaminaba rumbo a un Sánchez que, a partir de hoy, verá crecer en torno suyo a la corte de pelotas y aduladores que viven de las faldas del poder. Rajoy tampoco vio en directo esa escena. Quizás sabedor de lo que iba a pasar, decidió buscar refugio en la esperanza de que un lugar privado y de puertas cerradas impidiera a esa aura escapar, pero no fue efectivo. No bastan las paredes del granito madrileño para retener el poder cuando éste escapa. Cuando se acabó la sesión de la mañana Rajoy, en compañía de fieles y ministros, se fue a un restaurante cercano a la Puerta de Alcalá y allí estuvo, en una de las sobremesas más largas que se recuerdan, hasta las 10 de la noche, demostrando nuevamente que los horarios de comida españoles no tienen sentido y son poco productivos. Rodeado de fieles, sopesando la derrota y el qué hacer, Rajoy se enfrentó ayer a la realidad de sus pesadillas, a la idea de hacer hoy una mudanza exprés de La Moncloa y a la sensación de que, al contrario que a Sánchez, los pelotas huían de su alrededor. Muchos de los que le rodeaban y tanto le querían y apreciaban empezarían desde ayer, sin duda, a no coger su teléfono, a no responder a sus llamadas y mensajes, a abandonar a aquel que ha perdido el poder e influencia. Cortes de pelotilleros varios van a tener que hacer mudanzas casi tan rápidas e intensas como los líderes que dejan de serlo y los que van a ser, en medio del marasmo de un fin de semana que, para variar, se prevé tormentoso en los cielos. De lo que no hay previsión alguna es de lo que va a suceder en la tierra del poder y gobierno. Quienes han perdido la moción aún no se lo creen y quienes la van a ganar, tampoco, y sin más los primeros que los segundos. Con 85 diputados y un conjunto de socios con los que no me atrevería a quedar en un descampado, Sánchez se ve en la tesitura de formar el gobierno más débil de la democracia, y no se si él mismo esperaba que sucediera lo que ha pasado. Ayer, por momentos, parecía suplicar a Rajoy para que dimitiera y le quitase la responsabilidad de gobernar el desgobierno, pero Rajoy primero no le hizo caso y luego no estuvo, por lo que no le dio esa ventana de oportunidad. Es prácticamente seguro que a lo largo de esta mañana Rajoy no hará ninguna jugada extraña y su previsibilidad llegará hasta el momento en el que, terminada la sesión, ponga rumbo a una Moncloa en la que las cajas de cartón, como en muchos ministerios, se irán formando y rellenando con las pertenencias personales de los que, sin saber muchos a donde, se van. Y sin que nadie tenga muy claro quienes vendrán.

Y el PNV… si decía que el aura de poder va y viene, el PNV parece ser el arcano que posee las llaves donde encerrarla a perpetuidad. En dos semanas ha aprobado unos presupuestos que riegan su territorio (léase sus bolsillos) y luego ha tirado al gobierno con el que ha acordado esas prebendas, dejándole muy claro a Sánchez que presidente será él, pero que poder es lo que gestionan en Sabin Etxea. Pocas veces cinco diputados, cinco, de trescientos cincuenta, han tenido tanto poder, y lo han usado con semejante eficacia. Hoy en la sede nacionalista deben estar satisfechos, y los guionistas de series políticas debieran desfilar, como penitentes rocieros, ante ese gran batzoki para mostrar sus respetos a los creadores de semejante trama. En lo suyo, y para lo suyo, unos profesionales como no los hay

lunes, febrero 13, 2017

Rajoy gana dos veces, Errejón lo pierde todo

A eso de las cuatro y media de la mañana de hoy Madrid era un puro temporal de lluvia y viento. Las persianas de casa se movían agitadas por una especia de baile de San Vito que amenazaba con descoyuntarlas y el agua era lanzada contra ellas y los cristales como si alguien, con baldes, la estuviera tirando con toda la saña del mundo. Me he levantado a ver el espectáculo y créanme que impresionaba. Dudo que hubiera mucha gente por la calle a esas horas, pero los que ahí estuvieran, los coches que circulasen entonces, menudo temporal que estaban capeando. Lo mejor de contemplar esas escenas es la seguridad de volverse a la cama y, aunque despierto, sentirse guarecido, a resguardo del exterior.

No se si Rajoy habrá oído el vendaval, Errejón seguro que sí, y a ambos les habrá suscitado sensaciones muy distintas. Rajoy ha pasado uno de los fines de semana más plácidos, “búlgaros”, aburridos, previsibles y sensatos de toda su vida, y no ha dejado de escuchar loas y alabanzas a su nombre, algunas sinceras, otras fingidas, las más interesadas, las menos emotivas, pero con idéntico resultado de encumbramiento absoluto en las alturas del poder del partido, de su partido, que es su vida y obra. El marianismo reina sobre el PP de manera absoluta, y como un Luis XIV en Versalles, a su paso suena la orquesta, los nobles se giran y todo es cortejo y aplauso. La verdad es que, como se preveía, los periodistas que han seguido el congreso popular se han aburrido de lo lindo. En Vistalegre, donde a la vez se celebraba la asamblea de Podemos, ha habido bastante más movimiento e interés, aunque al final ha acabado pasando lo que muchos esperaban. Iglesias ha ganado todas las votaciones a las que él, los suyos y sus ideas se presentaban, y controla la organización de manera cómoda tras unos resultados en los que, también, se muestra que los votos no son proporcionales a los representantes conseguidos (pasa en todas las familias y colegios electorales). El respaldo de la militancia a las tesis de Iglesias es, aunque suene sorprendente, la guinda del pastel de Rajoy. Una victoria de alguno de los postulados de Errejón quizás hubiera supuesto una fractura orgánica en Podemos, aparentemente le debilitaría, pero le hubiera forzado a realizar un trabajo de integración y apertura a otras corrientes, y así mostrar a la sociedad una imagen más abierta. Eso se hubiera podido traducir en una mayor confluencia con otros movimientos, con el PSOE y otras formaciones, y la famosa transversalidad de la que habla Iñigo sin cesar que, no olvidemos, está en los genes fundadores de un Podemos que no era un instrumento de la extrema izquierda, ni mucho menos. La victoria de Iglesias, además de engordar aún más su ego si cabe, corta todas estas posibilidades. Salvo auténtica sorpresa, Errejón y los suyos serán relevados de sus cargos y, quizás, se les adjudiquen otros que tengan más de simbólico que de relevante, perdiendo protagonismo y poder. Podemos, bajo el mandato único de Iglesias, seguirá en un camino de radicalización y enfrentamiento contra todos, que le ha permitido cosechar muchos votos, sí, pero que le supone haber llegado a un techo que no puede traspasar. La imagen de un Podemos enfadado es la perfecta, la más deseada por Rajoy, y por buena parte del PSOE, para lanzarle las críticas más aceradas, y en parte acertadas, sobre los males del populismo, para volcar sobre él la imagen de irresponsabilidad e inmadurez frente a los acuerdos, el pacto y las medidas del día a día que, gobierno y oposición, puedan pactar en el Congreso y demás instituciones. Un Podemos radicalizado es el perfecto pimpampum sobre el que descargar los errores propios y, por ello, es un regalo para sus adversarios.


Errejón seguro que ha oído el vendaval de esta noche, y no habrá pensado mucho en metáforas tras el propio que ha sufrido estos días, y el zarandeo que le espera a partir de mañana. Se ha atrevido, cosa poco habitual en España, a llevar la contraria a la corriente mayoritaria de su formación, y su derrota, cosa habitual en España, le condenará con alta probabilidad al ostracismo. A partir de hoy veremos cómo se conforman los cuadros dirigentes de la formación y qué papel se reserva a los seguidores de Errejón, pero él es, seguro, el más consciente de lo fría y dura que es la intemperie, lejos de las cálidas y recogidas mantas del liderazgo. Rajoy, de todo esto, nada dice, ni siente ni padece. En el Valhala en el que se ha instalado nada es morado ni rojo ni verde ni azul, sino del color que le place cada día. Y siempre luce el sol

viernes, noviembre 04, 2016

Rajoy y el gobierno del Gatopardo


Es bueno revisitar a los clásicos, sus lecciones permanecen inalterables a lo largo del tiempo. La novela de El Gatopardo, de Lampedusa, narra la dulce decadencia de la nobleza en una Italia que empieza a gestarse como país. Ante el arrebato de los nuevos poderes que vienen para suplir a los antiguos, renovarse lo justo para amoldarse a ellos es la mejor de las estrategias. Ese “cambiemos algo para que todo siga igual” que tiene el personaje principal como emblema y, casi, escudo de su casa, se ha convertido en una cita obligada cuando hablamos de adaptación, de cambio impostado, forzado por las circunstancias.
 
Rajoy ha demostrado ser un alumno muy aventajado del Conde de Lampedusa, y ha hecho de la frase de dicho noble su emblema absoluto. Esta legislatura será muy distinta de la anterior, la que duró cuatro años, pero el gobierno que la encabeza no es muy diferente. Se ha visto Rajoy forzado a cambiar algunas de las piezas que no daban más de sí, especialmente a un gris Pedro Morenés, que ha pasado sin pena ni gloria por un Ministerio de Defensa cada vez más devaluado, y a Jorge Fernández Díaz, que ha sido un mal Ministro de Interior, reprobado por el Congreso, criticado por casi todos, amante de hablar demasiado, cuando su cargo es de los que más prudencia requiere, y cegado por una fe religiosa que, cumpliendo la ley, no debe salir del ámbito privado. El relevo de Margallo en exteriores es más complejo, y se junta ahí tanto la locuacidad del personaje, a veces excesiva, como su edad y el rumoreado enfrentamiento que mantenía con la vicepresidenta. Aprovecha Rajoy estos relevos para incorporar figuras nuevas a su gabinete. Alfonso Dustis, diplomático, y hasta ahora representante de España ante la UE, en un nombramiento que tiene lógica en Exteriores. Introduce a Dolores de Cospedal, que todas las quinielas daban como ministrable, al cargo de Defensa, puesto devaluado y que tiene poco contacto con el resto del gobierno, excepción hecha de Hacienda. Más parece un retiro dorado que un incremento de poder de la, por ahora, secretaria general del partido. Y nombra a Juan Antonio Zoido, exalcalde de Sevilla, como responsable de Interior. Está por ver qué papel juega en ese puesto. Se ve Rajoy forzado a hacer dos nombramientos nuevos en los ministerios que estaban vacantes, y ahí es donde introduce algo de sangre nueva, con Dolors Monserrat al frente de Sanidad, en lo que es un guiño a Cataluña, en una cartera con competencias muy reducidas, aunque con importante parl de coordinadora entre Comunidades Autónomas, y eleva a Íñigo de la Serna, hasta ahora alcalde de Santander, al Ministerio de Fomento, donde se requerirá un elevado perfil de gestor y austeridad y control de gastos. En lo que es el núcleo duro del gobierno, la economía, pocos cambios. Montoro y Guindos continúan, reforzado algo este último al asumir las competencias de Industria, ministerio que queda troceado para colocar a Álvaro Nadal, no a Alberto, al frente de Energía, Turismo y Agenda Digital. En el resto de carteras no hay cambio alguno, aunque Soraya cede la portavocía para que sea Íñigo Menéndez de Vigo, Educación, el que nos cuente cada semana los acuerdos del Consejo de Ministros y sea la cara del gobierno.
 
No hay relevo generacional, pocas sorpresas, y el perfil de los nombrados es, en general, continuista, aunque sí poseen un carácter más fácil y pueden ser propensos al diálogo. Esa palabra, junto a negociación, va a ser la tónica de esta legislatura, y de su uso y frutos dependerá la duración de la misma y, por supuesto, la del gobierno. Por sus hechos y decisiones les conoceremos, por lo que es pronto para juzgar a los nombrados. Lo que hay que reconocer a Rajoy es que, desde luego, sabe guardar un secreto, y quizás hoy, en un lluvioso Madrid, alguno de los nombrados cuente detalles de cómo se enteraron de su cargo y, más interesante aún, con cuánta antelación. Luego, por favor, que se pongan a trabajar.

miércoles, octubre 26, 2016

Rajoy gana el juego


En política, como en muchas otras cosas en la vida, las estrategias deben ser valoradas por sus resultados finales, no por sus planteamientos a priori. Si he ganado un partido, lo hice bien, jugara como jugase, y si consigo ser investido como Presidente del Gobierno, también mi táctica ha resultado ser la correcta, pese a todas las críticas y dudas que hubieran surgido en torno a ello. Eso es lo que debe estar pensando ahora Rajoy que, trescientos y poco días después, afronta esta tarde una nueva investidura en la que, esta vez sí, con la abstención de algunos socialistas, le proclamará nuevamente Presidente, y esta vez de verdad, no en funciones.
 
Eso sí, presidirá Rajoy un gobierno débil en medio de la ruina política del país, tras un año convulso en el que la credibilidad de los gobernantes es nula entre los gobernados. El daño infringido al sistema político debido a los golpes, bajos y de otro tipo, que se han dado los partidos e instituciones, es muy alto, y esas heridas requerirán mucho tiempo para poder ser curadas. El PP, con 137 diputados, no puede aprobar norma alguna en solitario, y aún con el apoyo de Ciudadanos, necesitará pactar casi todo para poder sacarlo adelante. Más allá de cuestiones básicas, como la posición del país ante organismos internacionales, la gestión del terrorismo islamista o el desafío soberanista catalán, todo está en el aire, empezando por unos presupuestos que Bruselas exige que, por fin, sean realistas y recorten lo que deben. En frente el PP tiene un guirigay de cuidado, con un PSOE maltrecho como primera fuerza opositora. La abstención del sábado, aún no sabemos de qué dimensión, va a desgarrar más si cabe las costuras de un partido que se deshilacha por momentos, en una de las crisis más graves de las vividas a lo largo de su centenaria historia. Curiosamente, cuanto más dure el gobierno de Rajoy más tiempo tendrá el PSOE para repararse y armar una alternativa viable. Un gobierno del PP débil que, pongámonos en un caso extremo, cayera el año que viene tras no poder aprobar presupuestos, abocaría a unas elecciones en muy breve plazo y enfrentaría al PSOE convulso ante un precipicio insalvable. Su salvación y reconstrucción va a ser una de las noticias río de esta legislatura que ahora empieza de verdad. Y luego está Podemos, que como el gato de Schrödinger, quiere estar en la viva calle y las muertas instituciones. La crisis del PSOE ha ocultado, en parte, el cisma que se vive en ese movimiento, cisma que enfrenta a los posibilistas, con Errejón a la cabeza según los medios, que buscan mantener la transversalidad del partido y un tono amable, frente a los duros, los estalinistas, encabezados por el líder supremo, Pablo Iglesias, que no tolera que nadie le haga sombra, ni siquiera el Sol en verano, y busca agitar las calles para obtener en ellas lo que los votos no le han dado. Mi visión es que cuanto más se radicalice Podemos más apoyo popular perderá, y más marginal se hará, pero eso no implica que su táctica de broncas no suponga mucha sal en el ya excesivamente condimentado plato de la política nacional. Ciudadanos, por su parte, tiene una posición intermedia, posibilista, atractiva en potencia pero peligrosa en la práctica, ya que puede mostrar lo útil que es votarles para desarrollar reformas pero corre el riesgo de acabar diluido entre la bronca PP con el resto de la cámara. Tendrá que mostrar mucha cintura a sabiendas de que será penalizado por ella. Y luego están los nacionalistas moderados, PNV sobre todo, que pueden sacar mucha tajada, léase pasta, de esta coyuntura. Y no lo duden, la sacarán.
 
El hecho mismo de arrancar la legislatura y saber que no hay una campaña electoral en el horizonte ya es una buena noticia, pero no nos engañemos, es sólo el principio. El país necesita un montón de reformas, pactos, acuerdos y cambios, profundos muchos de ellos, que van a exigir a los partidos mucho diálogo y consenso, y todo ello en un contexto internacional y, especialmente, europeo, que no es nada favorable. Esta legislatura puede ser muy importante y fructífera, o muy decepcionante. Y la paciencia ante las decepciones se agota. A ver de lo que son capaces los diputados y, sobre todo, la sociedad española en su conjunto.

miércoles, septiembre 07, 2016

Francis “Rajoy” Underwood, Soria y Guindos

Estuvo ayer muy atinado un analista en twitter cuando afirmó que Rajoy es el único animal que tropieza dos veces en la misma Soria. La renuncia del exministro a su propuesta al cargo en el Banco Mundial, conocida ayer por la tarde, fue una bomba informativa, que los medios contrarios al PP convirtieron en sangre fácil y los favorables distorsionaron, transformando la lógica y justa concesión de hace un par de días por parte de un comité técnico en el justo sacrificio realizado por un concernido Rajoy. Vericuetos absurdos para enmascarar una decisión del gran jefe Mariano que sólo ha generado costes para su persona y entorno, y que era vista por todos como un error garrafal.

O no, que diría el gran Mariano, porque todo puede ser mucho más retorcido. Ya en algunos medios figuraba ayer por la tarde, tras la renuncia de Soria, una teoría muy interesante que a quien ponía en el disparadero no era al frustrado exministro, tampoco a Rajoy, sino al poderoso ministro Guindos. En todo este proceso de nombramiento, en el que el concurso y la comisión a la que tanto se han mencionado ni han existido como tales ni suelen darse (lo apañan los tecos entre ellos) el que más ha salido a defender a la palestra lo sucedido y se ha comprometido a hacerlo ante el Congreso es el Ministro Luis de Guindos, cuyo papel en el gobierno no ha dejado de crecer con los años. Desde hace meses incluso se ha barruntado su nombre como un posible candidato de consenso de cara a conformar un gobierno técnico, una versión hispana del interregno de Mario Monti en Italia, gobierno centrado en la economía, el cumplimiento de los compromisos con Bruselas y el funcionamiento de la administración, sin apenas gestión política. Recordemos que Guindos ni es afiliado al PP ni se ha presentado en las listas electorales. Ese papel de figura emergente ha sido desmentido con fuerza por cualquier portavoz del PP y de otras formaciones, y tomado como absurdo por parte del propio Guindos y su entorno, pero el rumor existe desde hace tiempo, y la imposibilidad de formar gobierno tras dos elecciones fallidas no ha hecho sino acrecentarlo. Pues bien, la teoría que ayer se comentaba y hoy se publica es que la jugada de Soria lo que ha logrado, en realidad, es desactivar a Guindos como alternativa a Rajoy. Siguiendo los consejos de su jefe Mariano, Guindos habría otorgado el puesto a Soria contando con que esa decisión sería respaldada por el gobierno y PP, pero a la vista de la reacción social generada por un nombramiento claramente injusto, y el revuelo en un PP que se enfrenta a elecciones decisivas, no tanto en País Vasco, pero sí en Galicia, Rajoy no ha dudado nada en desdecirse, darle la vuelta al argumentario, aparecer como el salvador que ve la realidad y admite que Soria no puede ocupar el puerto por decencia política, y por consiguiente deshace esa decisión. Y deja a Guindos, valedor y mano ejecutora del proceso, colgado de una brocha. “Así que ese es el criterio moral del tecnócrata aspirante a sucederme” parece querer Rajoy que pensemos todos los que nombremos el nombre de Guindos, en vano o no. Con todo este extraño y chusco episodio, error mayúsculo en todos los sentidos, lo que dicen estas voces es que no hemos asistido a una comedia de enredo entre incautos e incapaces, sino a un episodio de “House of Cards” en versión hispánica, con un cruel cruce de navajazos entre ambiciones políticas cuyo resultado deja a un peso pesado tocado en su despacho de la torre de Cuzco.

La teoría, vista en su conjunto, cuadra, lo cual la hace atractiva, aunque para mi sigue siendo demasiado retorcida. Lo cierto es que, sean cuales sean las fuerzas que se han movido tras el escenario de este extraño episodio, hay ganadores y perdedores, y Rajoy puede acabar no estando entre estos últimos, lo cual vuelve a demostrar, a propios y extraños, que ese curioso personaje de la política con pinta de abuelo bonachón es, como todos los que han llegado a ese puesto, un profesional de exterminar a sus rivales, un individuo poseedor de un afilado colmillo político y una criatura especializada en sobrevivir en el hostil entorno de la cúspide del poder. Otra vez se demuestra que infravalorar a Rajoy es un grave error por parte de quien lo comete.

miércoles, agosto 31, 2016

Poco Cicerón hay en nuestro parlamento

Terminé ayer de leer “Conspiración” segunda y excelente novela de la trilogía que el escritor británico Robert Harris está dedicando a la figura de Cicerón. En el primer libro, titulado Imperium, se narra el ascenso de esta figura en la turbulenta política romana. Este segundo se centra en dos episodios muy famosos, la desarticulación de la conjura de Catilina, que tiene lugar bajo el consulado de Cicerón, su mayor momento de gloria, y el imparable ascenso de César, que junto a Pompeyo y Craso, revienta las costuras de la república romana y empieza a señalar el camino al imperio y, también, al ocaso de un Cicerón abandonado por muchos.

Más de dos mil años después de su muerte, la figura de Cicerón sigue siendo el paradigma del político astuto, hábil, cruel con la palabra, letal con el argumentario y sibilino a la hora de convencer a los oponentes. En un momento de la novela, Harris hace decir a su personaje que, frente a los millones de Craso, las legiones de Pompeyo y la ambición desmedida de César, él sigue teniendo la misma y única arma que le ha permitido progresar en Roma: la palabra. Sus alegatos como abogado y sus intervenciones como senador son célebres, y se seguirán estudiando dentro de muchos muchos años, porque la verdad y rotundidad con la que se expresaba y, también, la belleza con la que utilizaba el lenguaje, eran fuente de convencimiento y deleite para los suyos y sus oponentes. Perdió debates y juicios, sí, pero nunca los dio por perdidos antes de recibir el veredicto, y en todos ellos dejó perlas para la posteridad. No es necesario comparar la figura del gran romano con la de nuestros parlamentarios, empezando por Rajoy y llegando por orden alfabético al que le antecede, porque el resultado sería simplemente desolador. Sin remontarse a pasados gloriosos, que si los hubo pocos los recuerdan, el discurso de investidura de Rajoy de ayer fue un alegato correcto en el fondo pero perdido en las formas. Leído de manera desganada, sin pasión alguna, poseedor de ideas de fuerza, de pacto y acuerdo, pero deslavazado por un intérprete que, forzado por el pacto que le ha hecho firmar ciudadanos, no creía en lo que decía. Su manera de expresarlo era un mensaje en sí mismo, con una lectura monótona, sosa y desmotivamente. Sólo al principio y al final del texto Rajoy se quiso salir del ejercicio de cante opositor que estaba realizando y le dio un poco de brío a su intervención, incluso sin mirar los papeles, pero no fueron sino dos momentos en medio de más de una hora de sopor. El contenido de la propuesta de acuerdo al resto de partidos, que va a ser desestimada por todos ellos, quedó envuelto en poco más que unas frases vacías, un requisito necesario para poner en marcha una investidura fallida que se va a quedar en nada, y como siendo consciente de ello, como sabiendo que todo es cuestión de trámite y de que, si hay acuerdo, este vendrá no antes de las elecciones vascas y gallegas del 25 de septiembre, Rajoy procedió a rellenar el expediente. Su alocución en el foro del Senado romano hubiera sido recibida con displicencia, al igual que las esperables réplicas de sus oponentes que, ya sabidas y reiteradas, escucharemos hoy como un nuevo trámite vacío de contenido, sólo forma y carcasa vacía.

La frase más famosa de Cicerón, “Quo usque tamdem abutere, Catilina,patientia nostra” (hasta cuándo abusarás, Catilina, de nuestra paciencia) es el inicio del más demoledor de los discursos que dirigió contra el conspirador de la república, que supuso su victoria absoluta contra él y el inicio del fin de los planes de un Catilina que, visto en perspectiva frente a César, no era sino un mero aprendiz. Esa expresión se puede usar, hoy mismo, referida a cualquiera de los que a lo largo del día se subirán a la tribuna del Congreso no para ensalzarlo, sino para realizar un discurso ya conocido, de trámite, de pérdida de tiempo, de aplazamiento, de dilación del necesario acuerdo. Ni uno de ellos sería digno de pisar la rostra romana, ni mucho menos el Senado.

viernes, agosto 19, 2016

¿Cuál es la estrategia de Rajoy?

Con el paso del tiempo, Rajoy se está convirtiendo en el político más extraño, y mira que los ha habido, de la democracia española. Presuntuoso como es él de representar al español medio, común y corriente, su estrategia de aguante funciona en medio del vendaval, pero sin que nadie sepa a ciencia cierta cuáles son los pasos que pretende seguir o qué es lo que quiere hacer. Su poder en el partido es absoluto, dependiente por completo de las riendas del poder político que maneja, y es consciente de que cuando pierda esas riendas perderá todo tipo de poder. Sin embargo, mientras las tenga, nadie le controlará y, menos aún, entenderá.

Sí, sí, entenderá. Y es que nadie lo logra comprender por completo. Los suyos, aquellos que le han intentado destruir desde dentro, han sido los primeros que se han estrellado contra un extraño muro formado por incomprensión, paciencia y formas propias del siglo XIX, pero que han sido letales frente a sus aspiraciones. Personajes de muy diversos estilos y formas, que han fracasado ante el antiliderazgo absoluto que representa un Rajoy salido de la nada y que nadie atisba por dónde se puede mover. Receloso de sus secretos, evasivo en sus respuestas, incapaz de mojarse, capaz de jurar una cosa para hacer exactamente la contraria, Rajoy logra desesperar a propios y extraños, y hunde carreras de sucesores y aspirantes en medio de la indiferencia más absoluta. Lo único que me queda claro del personaje es que no me atrevo a hacer predicción alguna sobre sus comportamientos futuros, porque todas han fallado. Se le dio por muerto muchas veces en la legislatura pasada, por errores de bulto que le hubieran costado la cabeza a cualquier político en un país decente, pero sabía Rajoy que éste no es ese tipo de país, y su cabeza se salvó. En los días del gobierno en funciones, en los que el juego político nos muestra la mayor de sus vilezas, y hasta qué punto los intereses de sus jugadores se alejan de las necesidades del país que dicen querer y respetar, Rajoy ha logrado que la izquierda, dividida y enfrentada entre los que saben y los chuletas que se creen los amos del mundo, sea incapaz de articular un proyecto digno de tal nombre. Ante la horda de iluminados podemitas, y un PSOE desnortado y herido, Rajoy ha sido erigido como el menos malo de todos los mediocres que se han presentado al ring de la batalla, con un Ciudadanos de fondo que, pena, nunca ha tenido el peso necesario para poder ser decisivo en batalla alguna, muleta de apoyo pero en ningún caso vehículo de transporte. En esta segunda intentona que vivimos ya sabemos cuándo será el debate de investidura al que, esta vez sí, Rajoy se presentará, el martes 30 de agosto, a las puertas del inicio de los colegios escolares el jueves 1 de septiembre, con el aroma del final del verano y con los números aún incompleto. La primera votación que tendrá lugar el 31 de agosto, de necesaria mayoría absoluta, pondrá en marcha el reloj del descuento hacia unas hipotéticas terceras y requetefracasadas elecciones que, de celebrarse, tendrían lugar el domingo 25 de diciembre, Navidad, tras una resaca de nochebuena que puede ser antológica en caso de encontrarnos en campaña. ¿Juega Rajoy con ese escenario de pesadilla, una imposible votación navideña, para forzar una investidura? ¿Pone Rajoy al resto de partidos ante la disyuntiva de que, o salga elegido o todos sean responsables de que tengamos que ir a votar un día imposible? ¿Es otra de sus argucias? Quizás sí, quizás no, creo que no hay manera de saberlo.

En todo caso, si Rajoy logra la investidura, por mayoría simple en segunda o tercera o cuarta votación, quién sabe, se iniciaría una legislatura con unos enormes retos por delante que requieren la unidad de muchos votos en la Cámara para sortearlos, y esa unidad no es que esté lejos, es que se antoja imposible. Salvo para el caso del desafío catalán, en el que PP y PSOE deben, y parecen proclives a llegar a acuerdos, los problemas económicos que nos asfixian serán la excusa para una dura batalla ideológica en la que los 137 diputados del PP pueden ser muy muy pocos. ¿Sería una legislatura breve, efímera y convulsa? Si llega, lo último es seguro, y lo demás, vaya usted a saber. Quizás ni Rajoy lo sepa, o sí.

lunes, enero 25, 2016

Rajoy, Sánchez e Iglesias juegan a tronos

A falta de saber en detalle las consecuencias del terremoto que ha sacudido el mar de Alborán esta madrugada, y que se ha sentido con fuerza en Melilla y toda la costa andaluza, vamos con el terremoto político del viernes, cuyas consecuencias tampoco están nada claras. Merecidos ríos de tinta se han escrito este fin de semana sobre lo que pasó el viernes, que nos dejó a todos muy sorprendidos, a mi el primero, no vayan a creerse. La situación sufrió un golpe que hizo tambalearse a todas las cartas y las ha dejado aún más al descubierto. Pero, de momento, siguen desemparejadas.

El primero en romper la baraja fue Iglesias, que proclamó una oferta de gobierno al PSOE en el que él figuraba como vicepresidente, asignaba los ministerios y dejaba a Sánchez como presidente honorario de un gobierno formado por la gracia de Iglesias. Tanto las formas del anuncio, sin que el PSOE supiera nada, y el fondo del mismo, denotan el absoluto desprecio que Iglesias tiene por el PSOE y, en general, por todos aquellos que no son él mismo. Su adanismo político y la soberbia que lo caracteriza son cada vez mayores, y está claro que tiene a los socialistas en el punto de mira. Como pasó con IU, los considera una palanca para sus intereses, un instrumento en el que apoyarse para, una vez superado, abandonar en la cuneta, lo más destrozado del todo si es posible para que ya nadie pueda usarlo. Sánchez se encontró con esta oferta en la boca del Rey y, supongo, su sorpresa fue mayúscula, pero su reacción, al contrario que la de otros notables de su partido, no estuvo a la altura no ya del reto, sino del insulto con el que Iglesias había tratado al partido. En el órdago de la presidencia, el único al que puede jugar Sánchez, con una sola posibilidad de disparo, cada vez está más aislado entre los suyos. No tengo claro si fue este tejemaneje entre la izquierda lo que llevó a Rajoy a declinar la propuesta de ser candidato a presidente. Él sabía que iba a perder la votación, tanto en primera vuelta con mayoría absoluta como en segunda por simple, y que de realizarse destruiría sus opciones a la presidencia. Pero la opción de no presentarse por ahora, que nadie había barajado en serio, le proporciona un tiempo que debiera ser capaz de utilizar para algo, aunque esto ya sea mucho pedir para un Rajoy que, estratega o no, parece no ser consciente de lo que las matemáticas y los destrozos ideológicos que ha provocado se reflejan en el actual parlamento. Así, amanecimos el vienes pensando que esta semana tendríamos votación en el Congreso con un Rajoy tratando de convencer (suplicar, mendigar, implorar) el voto de alguien que no sea su grupo y un Sánchez a la expectativa, negociando en la sombra con Podemos. Y terminamos el Viernes con un Rajoy que ni está ni no está, en una especie de extraño limbo, con un PSOE hostigado y despreciado por Podemos y un Sánchez sobre el que cae muchísima más presión de la que esperaba. A día de hoy ninguno de los dos tiene garantizada la presidencia, más bien no la tienen en absoluto. Es Rajoy quien pinta con peor aspecto, pero su jugada del viernes demuestra que los muertos, en política, no parecen existir. Sánchez es quien lo tiene menos difícil, pero su supervivencia pasa por ser abrazador por quienes quieren asesinarlo, metafóricamente hablando. Y los suyos lo saben mucho mejor que él, por lo que parece.


Lo que a mi me gustaría que sucediera es un acuerdo tripartido entre PP, PSOE y Ciudadanos, que puede expresarse de múltiples maneras, sobre todo mediante una abstención activa del PP, que hiciera innecesario un acuerdo del PSOE con Podemos y otras fuerzas rupturistas, pero parece evidente que estamos muy lejos de ese escenario… o no. Realmente no se en qué escenario estamos, y todo puede ser posible. De momento esta semana vuelven las consultas con el Rey, que empieza a situarse en una posición incómoda y llena de presión, y el reloj de los plazos, dado que no ha habido pleno de investidura, aún ni ha empezado a correr. Endiablado, apasionante, y complejo escenario. Mucho más que el argumento de Juego de Tronos. Aquí no te valen los caminantes blancos, Iglesias

martes, octubre 27, 2015

Rajoy, entrevistado en TVE

Ya está. Tras semanas de espera el Consejo de Ministros, en reunión extraordinaria celebrada ayer, aprobó el decreto de disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales para el Domingo 20 de diciembre, una muy mala fecha. La campaña comenzará oficialmente (es un chiste) el viernes 4 y terminará el viernes 18, coincidiendo con el estreno del episodio VII de La Guerra de las Galaxias. Algunos candidatos van a necesitar mucho la fuerza para poder vencer al lado oscuro que les atenaza. Otros puede que acaben vagando por mundos oscuros y perdidos en los confines de la galaxia. Todo está en el air, mejor dicho, en el espacio.

Coincidiendo con esta convocatoria, Rajoy dio una rueda de prensa al mediodía y acudió a TVE por la noche para una entrevista ante Ana Blanco. Resulta impostado, forzado y antinatural, que una persona que no soporta a los medios de comunicación se prodigue ahora por ellos, a unas decenas de días de los comicios, porque así lo exige la estrategia electoral. Cuando Rajoy dice que está encantado de ser entrevistado miente, lo sabe él y lo sabemos todos, y esa es la base de su enorme fallo de comunicación. Acertó ayer al inicio de la entrevista en calificarse así mismo como el principal rival de cara a poder ganar las elecciones. Su imagen es nefasta entre la población, no tanto por las medidas que ha tomado estos años, sino por cómo no las ha explicado, como las ha ejecutado con una displicencia absoluta, y cómo no ha ejercido en ningún momento el liderazgo que le es exigido a quien ocupa su cargo de presidente. En estos años Rajoy ha optado por esconderse ante los problemas, y eso es una losa muy grande que pesa en su haber. En el tema de la corrupción esa actitud es lo que más le ha penalizado. En el PP, como en todas partes, hay corruptos, y es difícil que los partidos los localicen antes de que cometan sus fechorías, pero lo que es imperdonable es que una vez detectadas, cuando salen a la luz esas golferías, se actúe como si no han existido, se escondan ante un público que las ve a plena luz. La misma actitud que ha llevado a cabo Convergencia con el 3% es la que ha efectuado el PSOE con los EREs de Andalucía y el PP con todo lo relacionado con Bárcenas, pero olvida Rajoy que el que ocupa la presidencia del gobierno es el que es escrutado y evaluado por todo el país, aunque no sea votado por ellos (no tenemos un sistema presidencialista, no lo olvidemos) y por eso la corrupción ataca especialmente a quien se encuentra en el punto más alto (y expuesto) del poder. Rajoy no es creíble cuando habla de enmendar la corrupción, porque no ha tomado ninguna de las medidas necesarias para atajarla, que no consisten sólo en nuevas leyes y reformas procesales, que también. Se basan en el reconocimiento del error, y la decapitación (figurada) en la plaza pública del autor de la fechoría, cueste lo que cueste, duela lo que duela. El Rey Felipe VI, cuando decidió que su hermana Cristina, su hermana, perdiera sus atributos, dio una lección de cómo se extirpa a un corrupto. Con bisturí, puntos y dolor, y algo de hemorragia. Rajoy no ha actuado de esta manera y por ello se le recordará. En general en la entrevista estuvo muy en su línea, tratando de defender lo logrado más que la búsqueda de un objetivo a futuro, enfocando su campaña con el miedo a que vengan otros y lo rompan todo. Su estrategia recuerda, en algún modo, a la seguida por el último felipismo cuando, quizás se acuerden, sacaba el dóberman para asustar, diciendo que venía la derecha. Era una táctica sucia y cutre, y no funcionó. En este caso las formas son mucho mejores, pero el mensaje es similar. Los datos económicos le son favorables, pero está por ver hasta qué punto funcionará sobre la hastiada sociedad española.

Sin duda, y no puedo dejarlo a un lado, lo mejor de la entrevista fue Ana Blanco. Profesional como la copa de un pino, se mostró en todo momento serena y cordial, pero seria, y repreguntaba cuando lo consideraba, y a veces interrumpía el parlamento de Rajoy cuando éste volvía al argumentario económico sin que viniera a cuento. En mi opinión dio una lección de cómo hacer una entrevista seria e independiente, sin caer en absoluto en el divismo ni el protagonismo que tanto se estila en muchas otras ocasiones. Y no lo olvidemos, con el enorme mérito de hacerlo ante su “jefe” directo, cosa que exige mucho más valor. Ayer Rajoy fue Rajoy y Ana Blanco dio una lección de periodismo.

viernes, julio 03, 2015

Rajoy acelera en su campaña (de gasto) electoral

Se acercan las elecciones generales, aunque no está claro cuándo van a ser y, desde luego, sui fuera por la voluntad de Rajoy, llegarían muy tarde. Sin embargo es inevitable que el ambiente preelectoral nos invada, a pesar de que nos encontramos a principios de un Julio tremendamente cálido y en el que la actualidad internacional no da tregua. En este ambiente, y entre nuevas acusaciones de corrupción, Rajoy anunció ayer un nuevo paquete de rebajas fiscales, que replica al que entró en vigor el 1 de enero de este año y que, desde la nómina de este mismo julio, supondrá una inyección de 1.500 millones en nuestros bolsillos.

Y para variar, aflora mi vena cascarrabias. Estoy en contra. Ya hace una semana escribí en contra de la posibilidad de que se nos reintegrara a los empleados públicos lo que nos queda pendiente de la extra retenida en 2012, y el argumento que utilice entonces sigue siendo válido ahora. Es una medida electoralista y que supone incrementar un gasto público que está fuera de control, y que año tras año genera un déficit que engorda nuestra deuda pública. Si Rajoy cree que le sobran 1.500 millones de euros, como político obsesionado por ganar las elecciones, que es lo que es, como todos, es lógico que lo derroche para comprar votos. Pero su fuera un buen presidente del gobierno, debiera darle otro uso a ese dinero. Le ofrezco aquí, sin pensarlo mucho, cuatro alternativas, dos de gasto y dos de ahorro, para que se sienta feliz y vea que hay donde escoger. Una primera de gasto sería, por ejemplo, reforzar las políticas de I+D+i, buscando el retorno de investigadores, dedicando ese dinero a un programa de becas que, con una duración de varios año, permita que científicos que han tenido que irse al extranjero puedan retornar en condiciones competitivas, u otorgándolo en bloque a proyectos de excelencia científica o de empresas innovadoras que estén desarrollando iniciativas (¿una asociación con el nuevo campus de emprendedores de google recientemente inaugurado en Madrid?). Otra de gasto, muy distinta, sería la de emplear ese dinero en la creación de un fondo de lucha contra la desigualdad que, por ejemplo, se destine a alimentar a niños que se encuentran en el umbral de la pobreza, o a surtir de recursos a bancos de alimentos o comedores escolares que, siendo verano, deben seguir abiertos para que muchos críos puedan comer en ellos lo que en sus casas sus padres no pueden proporcionarles. Entre las alternativas de ahorro, que serían mis favoritas en caso de hacer una elección rápida, la obvia es la de aprovechar para amortizar títulos de deuda pública viejos, de interés elevado, con lo que la media de intereses de nuestra deuda bajaría un pelo y el monto total, que ya está en el salvaje 100% del PIB se reduciría, casi nada, sí, pero algo por primera vez en mucho tiempo. Otra posibilidad de ahorro sería la de destinar ese dinero a reforzar el fondo de las pensiones, la hucha de la que no se deja de sacar dinero a manos llenas, ayer mismo más de 3.500 millones sin ir más lejos, mostrando que los ingresos vía cotizaciones no deben ir muy holgados, lo que es lógico dado que los nuevos cotizantes cobran menos que los antiguos y por ello sus aportaciones, pese a que numéricamente crezcan, no lo hacen proporcionalmente en el volumen recaudado. Destinar el dinero a ese fondo sería una muestra de responsabilidad intergeneracional y de compromiso con el mantenimiento de las pensiones públicas, hecho del que el gobierno alardea frecuentemente, y que, de hacerlo, sí podría exhibir con orgullo.

De hecho, cualquiera de estas cuatro medidas, bien vendida, se podría colocar como un éxito de la política del gobierno y, en el caso de las de gasto, generaría réditos electorales, que es lo único que interesa ahora mismo al PP (y resto de partidos). Sin embargo Rajoy ha optado por lo fácil, por fundírselo, por gastar la paga extra que, se supone, le ha caído, en la esperanza de que ese dinero extra anime el consumo y tire aún más de la economía hasta el sprint de finales de año, y ese mejor comportamiento económico se transforme en votos para su causa. El tiempo dirá si acertará en esta estrategia o no, pero desde un punto de vista macroprudencial, que es el que me importa, me parece un error de libro. Yo como usted, en previsión de lo que pueda pasar el año que viene, ahorraría el ingreso extra. Sea más prudente que el presidente.

viernes, junio 26, 2015

Pocos lamentarán la marcha de Wert

El nombramiento de Jose Ignacio Wert como Ministro de Educación fue una de las sorpresas de los nombramientos de hace tres años y medio. Sociólogo, experto en encuestas, tertuliano, conocido del gran público por su presencia habitual en medios de comunicación, colaborador d grupo PRISA, no afiliado.. Wert daba un perfil de técnico afable alejado de la política y poseedor de mano izquierda, en muchos sentidos del término. Se esperaba mucho de su gestión, dada la estúpida obsesión que tiene todo gobierno de cambiar para siempre la ley de educación una vez que llega al poder. Su gestión ha sido, como poco, mala.

Wert no ha entendido nunca a lo que se ha enfrentado. En medio de una crisis devastadora, su reforma educativa no ha conseguido aunar a los integrantes del mundo escolar… bueno, lo cierto es que los ha aglutinado a todos en su contra. En un Ministerio que apenas tiene competencias y con un escaso volumen de gasto, cada euro que se recorta en partidas ya de por sí pequeñas, pero muy importantes, genera mucha más contestación que en otros ámbitos sociales. Eliminar una beca puede suponer un ahorro de pocos miles de euros al gobierno, lo mismo que quitar un coche oficial, por poner un ejemplo maniqueo, pero lo primero va a generar mucho más rechazo social que lo segundo. A igualdad económica, lo segundo no es políticamente rentable. Poco a poco Wert ha ido volando todos los puentes que debiera haber tejido, tanto por obligación de cartera como por mero interés político, y ha acabado sólo y desamparado al frente de una cartera devaluada. Su gestión cultural ha estado marcada por la subida del IVA, del 8% al 21%, y por no entender tampoco que es igual de injusta la subida del IVA a un vendedor de chucherías que a un actor, pero a los primeros no los conoce nadie y a los segundos, unidos en una agrupación de intereses, casi todos, por lo que sus protestas serán siempre mucho más influyentes. En general, y esto no es una característica de Wert sino de todos los que han pasado por ese Ministerio, y por cualquier otro cargo público, la cultura es un estorbo que hay que soportar, y los autores son ese incordio que aguantamos porque no queda más remedio. Y un buen ejemplo de esto es cómo, sin ir más lejos, el nuevo ayuntamiento de Madrid pensaba colocar de concejal de cultura a ese zafio chistoso, que mostraba a las claras en sus escritos lo que le importaba el tema, más allá de la remuneración asociada. No se cuál debe ser la política cultural de un gobierno, es un tema de discusión bastante profundo, pero está claro que la de Wert no es un modelo válido. Día tras días veía a Jose María Lasalle, secretario de estado del ramo, hombre muy culto y preocupado por las artes, recibir en la frente los castañazos que iban dirigidos a su superior, poniendo rostro amable y aguantando estoicamente sin poder hacer nada, acatando unas órdenes equivocadas y sin sentidos. Entre errores propios y ajenos, Wert fue cayendo en las encuestas de valoración de ministros, que él mismo elaboraba antes de serlo, hasta ocupar a perpetuidad el último puesto, con una nota que no ha llegado al 2 desde hace ya algunos años. Apartado de la primera línea, con una relación sentimental con la que ha sido su secretaria de estado de educación, con un puesto conseguido por ella en París y otro aspirado por él, también junto al Sena, desde hace semanas solicitaba su dimisión para largarse al nido de amor con vistas a la Torre Eiffel. Ayer consiguió, por fin, que su jefe lo despidiera.

Una reflexión pequeña sobre como Rajoy hace sus crisis de gobierno. Basta una palabra. Mal. Weet quería irse, por lo que nada le costaba a Rajoy la semana pasada, después de haber hablado con el Rey, cesarle y asunto arreglado. Pero no, dejamos las cosas para el final, y hay que hacerlo corriendo, deprisa y mal. De noche, desde una Bruselas donde sólo existe Grecia, teniendo que llamar al Rey para avisarle, y logrando quitar peso en los medios la imputación de Chaves y Griñán, todo un desastre para el PSOE. Por no hacer las cosas cuando se deben, e ir como siempre arrastras, Rajoy ha dado un nuevo ejemplo de cómo no llevar a cabo las cosas y, de paso, no comunicarlas. Error tras error sin capacidad de enmienda.

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo el Lunes. Tengan cuidado con el intenso calor que nos espera y, si todo va bien, hasta el Martes 30.

martes, mayo 26, 2015

Rajoy y la perseverancia

El estilo político de Rajoy ha sido criticado desde su más tierna infancia. Indolente, diletante, pasota, dejado… muchos y gruesos han sido los adjetivos descalificativos usados sobre su persona y formas, que la verdad son extrañas y provenientes de otra época. Como respuesta a sus críticos, Rajoy puede exhibir su currículum, en el que desfilan cargos hasta aburrir y una victoria que le llevó en 2011 a la presidencia del gobierno, cosa de la que sólo pueden presumir con orgullo seis personas desde que Suárez, el primero de ellos, lo consiguió. Por tanto, el método Rajoy, extravagante e incomprensible para muchos, le ha funcionado.

Pero eso no quiere decir que vaya a seguir haciéndolo en el futuro. Ejemplos tenemos de líderes que, sin salirse de nuestro país, comenzaron con una trayectoria política ascendente pero que, ante cambios de la realidad que les tocaba gestionar, se negaron a admitirla, se llenaron de soberbia, desconocimiento o tacticismo, y acabaron fracasando estrepitosamente. El caso del gobierno de ZP es paradigmático. Tras una primera legislatura en la que pudo y debió cambiar el rumbo de la política económica, ZP se dedicó a inflar aún más la burbuja que le permitía mantener un nivel de gasto insostenible, que era la fuente de sus votos, dada la sangría que le suponía sus muchas declaraciones y medidas puramente políticas. Cuando la burbuja estalló ZP se negó a verlo, nunca reconoció su error y siguió, como los dibujos animados, pataleando en el aire mientras el abismo se agrandaba bajo su figura, en la creencia de que ese foso no era real. Llegó un momento en el que sólo el se creía a salvo del desastre, y el desastre le consumió. Visto en retrospectiva, ¿pudo hacer algo para evitar su derrota? Muy probablemente no, y cuando llegó el rubicón de 2010 su única opción elegante (y coherente) era dimitir. Pero en 2008 y 2009 pudo hacer algo para enderezar la situación o, al menos, que no se desarbolara del todo. ¿Por qué no lo hizo? No lo se. Cientos de articulistas nacionales e internacionales repetían todos los días que íbamos a un desastre cierto, como así fue, pero desde el gobierno y sus fieles, que siempre los hay a la vera de cualquier poder, nada se cambió. Todo siguió igual y ZP y el PSOE fueron directos a los arrecifes que los destrozaron y hundieron. En la playa, Rajoy contemplaba el espectáculo, sabiéndose seguro ganador de la contienda, y mientras recogía los pertrechos dejados por la marea se sentía seguro y satisfecho. Hoy, pocos años después, en una coyuntura económica algo distinta a la de entonces (pero ojo, con las mismas debilidades esperando a aflorar) Rajoy vuelve a ser el capitán de un barco que, ciego ante la realidad, dirige su proa rumbo a otros arrecifes que, como todos, son más poderosos que la nave en la que se ha embarcado. Oye los cantos de sirena de los aduladores que siguen subidos a su chepa, algunos también lo estaban en la chapa de presidentes pasados, y confiando en su instinto, espera que el agua suba, la nave se eleve y el trompazo electoral de este Domingo sólo sea un susto sin consecuencias. Convencido de ello, sujeta firme el timón y no va a hacer cambio alguno.

Y como pasó con ZP en su momento, analistas, periodistas, opinadores, gente de la calle, barrenderos, todo el mundo sabe que es seguro que se va a estrellar, que guía la nave con la misma soberbia y ceguera de quienes antes le precedieron, y de que llegará un momento en el que será demasiado tarde para cambiar de rumbo (ya lo es, creo) y que las generales de noviembre, sea cual sea su resultado, le quitarán la mayoría absoluta y abrirán el camino a un gobierno, o muy débil del PP, o de coalición de fuerzas opositoras. Y en ese momento alguien lamentará a la vera, al lado mismo de Rajoy, los errores cometidos. Y conociendo al presidente, es probable que los admita y entonces se dé cuenta de la oportunidad que perdió. O no.

miércoles, abril 08, 2015

El PP ante los arrecifes de Mayo

La reunión de la junta directiva del PP de ayer sirvió para demostrar que cuanta más gente es convocada a una reunión, menos productiva será esta. Seguro que tiene experiencia en su trabajo de reuniones agotadoras que no sirven de nada más allá de la primera media hora y en la que todos los asistentes pugnan por hablar, sin que aporten en exceso. Aumentar el número de asistentes tiende a aumentar el ruido y las posibilidades de que todo se desmadre. Algo así sucedió ayer en Génova, pero en el silencio más absoluto y con la única voz de Rajoy. El resto calló.

La situación a la que se enfrenta el PP es, realmente, endiablada, y sus posibilidades, escasas, si es que se quiere acudir a algunas de ellas. Tras el avisado y comprobado desastre electoral en Andalucía, en seis semanas se celebran nuevas elecciones, autonómicas en muchas comunidades y municipales en todo el país. Son, después de las generales, las más importantes de todas, las que más poder otorgan y permiten tener una imagen bastante fiel del sentimiento del votante. Acude a ellas el PP en medio del marasmo de saberse perdedor moral de las mismas, estando por ver si será también el perdedor real. En las anteriores, 2011, alcanzaron los populares unas cotas de poder inmensas, y es obvio que, sea cual sea el resultado, perderán gran parte de ese poder. Eso lo sabemos todos. La cuestión es determinar qué grado de pérdida es asumible, a partir de qué punto esa pérdida se convierte en desastre, y las consecuencias que, para la cúpula del partido, léase gobierno, tengan esas pérdidas. Recordemos que a estas elecciones no se presenta Rajoy ni su gobierno, pero es él y sus políticas las que van a ser votadas en cada una de las urnas, y se temen los miles de alcaldes, concejales y cargos públicos locales del PP que sea en ellos en quienes, en primera instancia, el votante descargue esa ira que todas las encuestas señalan, haciéndoles perder el cargo, poder y sueldo por ser quien representa al gobierno. De ahí que desde hace días surgieran voces críticas y ruido de fondo, miedo a la pérdida, que es lo que ayer trató de acallar Rajoy con un discurso reiterativo dirigido a los suyos, con un mensaje de prietas filas y de que es la marca PP la que gana las elecciones, no los candidatos. ¿Le harán caso? Todos ayer dijeron que sí, o al menos, al no emitir opinión alguna, dieron validez a este mensaje, pero a medida que la campaña se acerque veremos cómo habrá candidatos, no solo la de siempre, que irán por libre, que harán una campaña tipo Susana Díaz, en la que la persona oculta las siglas, una marca, PP en este caso, que resta más que vende. Y del resultado de las urnas y de la dimensión de la pira se verá quién tenía razón. Como son tantos los lugares donde se eligen candidaturas, todos los ojos van a estar puestos en Madrid, ayuntamiento y comunidad, grandes feudos del poder del PP, gobernados ambos por mayoría absoluta desde hace décadas, donde se presentan dos candidatas muy distintas, y ambas con opciones de ganar las elecciones y perder el poder. Si el PP pierde Madrid poco importará el resultado del resto de citas, su derrota será estrepitosa. Si el PP conserva Madrid poco importará el resto de citas, habrá salvado la cara. Por eso el principal empeño de sus rivales será hacer campaña en Madrid y arrebatársela. A día de hoy, con las volátiles y desquiciadas encuestas en la mano, los rivales del PP pueden lograrlo.

¿Y Rajoy? Acostumbrado a no cambiar nada, su actitud me desconcierta. Al igual que llegó al poder con una ola de indignación contra ZP y de cierta esperanza, ahora puede verse sumergido por la ola de descrédito y hartazgo político que recorre el país, de la que sigue sin parecer ser consciente. Su discurso economicista, que es acertado, ya no cala en un votante hastiado y cínico a más no poder, que impulsa a nuevas formaciones como reacción de rechazo a lo conocido. Quizás el PP necesite una segunda derrota, tras la de Andalucía, para darse cuenta de que su rumbo es erróneo, pero a día de hoy sigue siendo un trasatlántico muy pesado que, atisbando arrecifes a proa, se muestra incapaz de virar a tiempo.

lunes, marzo 09, 2015

Festín de cuervos en el PP de Madrid

Se que no es nada original utilizar conceptos sacados de Juego de Tronos para describir la actualidad política, por lo que no abusaré de ellos. Sin embargo pocos títulos de la saga me parecen más expresivos que el que he utilizado hoy para definir lo que pasa en el PP de Madrid. Algunos hubieran preferido la expresión de “Choque de reyes” segundo de los libros, pero eso exigiría que algunos de los contendientes en esta particular batalla fuera rey de algo, y pese a lo que puedan creer, especialmente una de las implicadas, me temo que ya sólo son regentes, sin corona, y con el exilio más cerca de lo que puedan suponer.

El viernes se hicieron públicos los candidatos a las elecciones locales en Madrid, cuyo ticket, usando la expresión norteamericana (siempre igual, copiamos las tonterías de los nombres y no la profundidad de los procedimientos) está compuesto por dos mujeres. Para la comunidad, Cristina Cifuentes, actual delegada del gobierno, joven, con adquirida notoriedad pública por sus actuaciones, buenas y malas, y por una desgracia personal involuntaria (su accidente de moto) Presenta un perfil renovador y socialmente alejado de lo que es el votante clásico del PP. Sustituye a un Ignacio González abrasado por el fuego amigo, que tras estar tres años comiéndose el marrón de gestionar la miseria que le dejó su jefa Esperanza ha sido descabalgado por los propios, por el llamado fuego amigo, usando para ello la historia del ático, que huele muy mal, pero que durante mucho tiempo ha estado dormida en los laureles, hasta que alguien en la jefatura del PP, sin la elegancia y el valor necesario para destituir si así lo creía conveniente, ha dado el visto bueno para que el actual presidente arda en la hoguera. Para el ayuntamiento se ha nombrado a Esperanza Aguirre, la lideresa del partido, una figura polémica donde las haya, y para mi, actualmente una triste caricatura de lo que un día pretendió ser. Altanera, chulesca, rodeada del fango de la corrupción por todas partes, oportunamente desaparecida durante los años de recortes, reaparecida para encabezar una lista tras anunciar que dejaba la política, Esperanza representa lo conocido y ya superado. Posee un tirón innegable en ciertas bases del partido, y quizás sea la garantía de un núcleo duro de voto que permita al perder sobrevivir al tsunami electoral que se prevé en la capital, pero su imagen se deteriora cada día que pasa, y las declaraciones que realiza sin parar no hacen sino acrecentar su figura paródica. Este mismo fin de semana hemos visto como, nada más ser nombrada, sus primeros movimientos han sido contra el partido, para reclamar su poder y dejar claro que ni Rajoy ni nadie le van a manejar. Espe, que lleva conspirando en la sombra y plena luz del día contra Rajoy desde que puede, ve como Mariano se encarga de que todos sus rivales acaben cayendo, y confía ser la excepción a esa regla. Su estilo, chulesco, lanzado y desabrido, contrasta con la indolencia que caracteriza a Rajoy. Curiosamente ambos han llegado muy lejos con estrategias tan distintas, incompatibles. Está por ver quién ganará finalmente esta batalla. De momento, Lunes, Espe gana el duelo del fin de semana.

Y todo esto en un Madrid, donde el poder del PP ha sido absoluto durante décadas, y delante de todos los medios de comunicación, que magnifican cualquier cosa que pase en las calles de esta villa. Cada patada o navajazo que se dan los miembros del PP es una nueva portada en los medios y una sangría de votos para sus expectativas electorales, ya debilitadas por el hartazgo social y el daño de la crisis. Los opositores, todos los demás, sólo tienen una cosa en común, que es echar al PP del ayuntamiento y la comunidad, y el PP sabe que, o gana ambos por mayoría absoluta o los pierde. Y con días como estos parece claro que el principal esfuerzo del PP de cara a estas elecciones, en Madrid, es para perderlas de calle.

viernes, marzo 06, 2015

Rajoy y la riada del Ebro

Hoy, tras el tradicional consejo de ministros, Rajoy emprenderá viaje para conocer en persona las consecuencias de la crecida del Ebro, que ha anegado pueblos, cultivos y enseres a lo largo de Navarra y, sobre todo, Aragón. Pedro Sánchez estuvo hace un par de días en esas mismas tierras embarradas y soltó varios “coños” en una demanda de visita del presidente del gobierno a las tierras doloridas, que al final ha encontrado el eco buscado. No está claro si el viaje de Rajoy no estaba previsto y se improvisó tras las declaraciones de Sánchez. La sobrecargada y volátil agenda de Moncloa permite suponer que ambas hipótesis pueden ser ciertas.

¿Cuándo una catástrofe de este tipo se convierte en arma electoral y permite ser usada como tal? O si quieren replantearse la pregunta, ¿Cuándo es justo que un político visite una zona afectada por un desastre de este tipo? Partiendo de la premisa de que en este caso, pese a los destrozos, no ha habido víctimas directas causadas por la riada, es fácil deducir que en medio del clima antipolítico que vivimos Rajoy sería asaetado hiciera lo que hiciese. Si hubiese visitado la zona con el agua alta, en fundado en botas de barro e impermeable, se le acusaría de buscar una foto para ocultar su gestión. Ahora, que va ya con el agua retirada, se le acusa de tardanza e ir a remolque de los acontecimientos. Y ambas críticas esconden algo de verdad. Estas situaciones son difíciles de gestionar para el gobernante, porque, valga el símil, la opinión pública funciona como una presa, que acumula tensión hasta que, llegado un punto, no puede más y, rebosada, la suelta. Si se acude después de ese punto de ruptura no habrá manera de librarse de críticas, mientras que si se acude antes es probable que la noticia no haya copado las suficientes portadas y entradas de televisión como para generar el rédito o mérito necesario. Algunos comparan esta inacción de Rajoy con la que ya mostró el PP en el asunto del Prestige, primera de las causas que originó en aquel entonces el divorcio entre la sociedad española y el partido. No son exactamente comparables, entre otras cosas por el factor humano que sí tuvo mucho que ver en aquel caso y nada en este, pero es verdad que en aquel entonces el PP mostró una falta de reflejos y sensibilidad que, en cierto modo, se ha instalado en sus genes a la hora de gestionar este tipo de sucesos. Se recuerda en debates y tertulias como, gracias a unas inundaciones, el canciller alemán Gerhard Schroeder logró una reelección, embutido en sus botas e impermeable, lleno de barro y agua, en primera línea de la crecida, en medio de una campaña electoral que pintaba muy mal para él. Mi opinión en este caso es que, aun siendo difícil calibrar el momento, Rajoy sí debiera haber ido antes, aunque sea para mostrar una imagen de proximidad, dado que como es sabido la presencia de autoridades en estos escenarios lo único que supone es entorpecer la labor de los profesionales y lugareños que tratan de arreglar los daños causados. Seguro que le iban a recibir no precisamente obsequiándole frutas de Aragón ni mantos de flores como el de la Virgen del Pilar, pero en el cargo y sueldo está el aguante de la bronca. Sánchez en este caso ha estado muy rápido, y más allá de si su visita ha sido oportuna u oportunista, y los “coños” que se ha dejado en el camino, ha puesto sobre la mesa la imagen, ya muy conocida, del fantasma de la Moncloa, de ese sujeto, se llame como se llame, que acaba encerrado en el Palacio y que no sale de ahí para nada, pase lo que pase.

Ese llamado síndrome ha afectado a todos los que hasta ahora han sido presidentes del gobierno, con más intensidad a medida que han pasado más tiempo en el poder. En el caso de Rajoy, personaje extraño donde los haya (su gestión de las candidaturas en Madrid da para escribir varias tesis psicológicas) se junta ese conocido síntoma con una forma de ser que muestra desapego a lo que le rodea, un desapego que no se si es indiferencia, temor o prudencia, pero que lastra enormemente su imagen pública, ya destrozada por la gestión de la crisis. Los que le conocen comentan que Rajoy, de cerca, es mucho más agradable de cómo le vemos en el día a día. No se qué Rajoy veremos en el barrizal del Ebro, ni si aprovechará para enterrar allí a algunos presuntos candidatos. En unas horas, se supone, lo sabremos.

lunes, diciembre 15, 2014

No, Rajoy, no, la crisis aún no es historia


Nos guste o no, ya hemos entrado en plena campaña electoral, dadas las numerosas y trascendentales citas del año que viene. Por ello, les aconsejo que, declaración que oigan de un dirigente político, la tamicen con cuidado para quitar de ella todo lo que sea mensaje, propaganda, eslogan o argucia electoral. Si con un poco de suerte se quedan con algo pueden darse con un canto en los dientes, que les alimentará mucho más. Jugar a sabiendas a esto durante tanto tiempo es realmente cansino, pero es lo que toca. Es como si las semanas de promoción de perfumes navideños durasen casi un año, pero sin Charlize Theron, claro.

El que, de momento, ya ha soltado la más gorda, es el propio Rajoy, que se juega su puesto dentro de once meses, y empieza a temer que pueda perderlo. El otro hizo unas declaraciones en las que afirmó que la crisis, en muchos aspectos, es cosa del pasado. Él sabe que eso no es cierto, que la crisis sigue y que durará aún mucho, pero si quiere remontar en votos de aquí a noviembre, pasando por el degolladero municipal de mayo, debe insistir en el mensaje de que la economía funciona y que la crisis ha quedado atrás. Siendo objetivos, ¿en qué situación nos encontramos? Pues como siempre, depende de cómo se mire. Desde la óptica de un gobierno que llegó al poder a finales de 2011 en medio de la catástrofe, el que las cuentas resistan es todo un logro que vender, y que en un contexto europeo de estancamiento España presente tasas de crecimiento superiores al 1% es algo que permite a nuestros dirigentes sacar pecho. La inflación está en negativo y sigue mostrando un pulso económico casi plano. Por el lado del desempleo, pese a que se crea empleo, aunque no de gran calidad, todavía hay millones de españoles en paro con un horizonte muy negro, y sin perspectivas claras de futuro. Los niveles de deuda no dejan de crecer y, aunque es cierto que la prima de riesgo es baja, estamos ya en el 100% del PIB de endeudamiento público. El consumo, uno de los tractores de la economía, parece que empieza a despertarse en estas navidades y las ventas de pisos suben desde hace varios meses, pero aún queda por ver si estos efectos son coyunturales, un rebote o una especie de espejismo estadístico, dado que venimos de niveles muy bajos tras una caída muy grande, y desde esos lugares es relativamente fácil conseguir tasas positivas elevadas. Podemos coger muchas otras variables económicas y nos darán, como ven, signos mixtos, por lo que es difícil saber dónde nos encontramos. Pero con ese análisis no se ganan elecciones. Por así decirlo, a Rajoy le “toca” obviar los riesgos y problemas y vender la recuperación por encima de todo, y a la oposición le “toca” eludir las cifras buenas y convencer a la población de que todo va mal. Personalmente estoy enfadado con el gobierno porque, pese a que es cierto que ha tomado medidas adecuadas, no ha tenido el valor de hacer las reformas que el país demanda y la crisis requería. No se ha tocado la estructura administrativa, ni la productiva, ni las bases económicas del país. Se ha tirado de recetario clásico de recorte donde era más fácil y subida de impuestos, en vez de apostar por una apertura liberalizadora que permitiera que nuevos negocios surgieran para relevar a los caídos. No se han removido estructuras arcaicas, burocracias inútiles ni duplicidades (casi pentalidades) que obstaculizan el crecimiento y el emprendimiento, y la innovación ha sido tratada como un coste, más que como la tremenda oportunidad que es.

Y todo ello en el plano nacional. Rajoy sabe que la economía española depende mucho de lo que suceda fuera, y que la prima de riesgo la ha bajado él un poco pero, sobre todo, ha sido obra de Draghi desde el BCE. Si Europa se estanca, malo, o el precio del petróleo sigue bajando, bueno, es algo que no depende del gobierno y que afectará a su resultado electoral y a nuestras cuentas. Por ello, en definitiva, no se crean los mensajes de los políticos en este año que ya se aproxima, lean mucho, infórmense, calibren las cosas, eviten que su coyuntura, buena o mala, les condicione el juicio, y frente a campañas y demagogos profesionales, con o sin coleta, usen su propio juicio y decidan lo que crean mejor.

martes, diciembre 02, 2014

Dos hombres y un (mal) destino


Seguro que lo que más le interesaba a muchos de los que acompañaban ayer a Rajoy en su visita a Hollande era saber cómo se organiza el mandatario francés sus citas amorosas en el Eliseo, cómo entra y sale Jullie del palacio y en qué habitaciones tuvieron lugar las amargas broncas entre el todavía presidente de la República y su antigua compañera, Valeire Trewieller. Es casi seguro que nadie dijo una palabra sobre estos asuntos durante el encuentro mantenido por los dos gobernantes y sus equipos, pero me apuesto lo que quieran a que fue un tema obligado entre los chascarrillos y comentarios de la delegación española.

Yendo un poco a asuntos más serios, la verdad es que el encuentro de ayer fue curioso, porque reunió a dos presidentes que, según todas las encuestas, caminan de manera firme y decidida hacia el fracaso. Sobre Rajoy sabemos mucho, y de cómo le tratan las encuestas, y del efecto de Podemos, y de la indignación social, y su indolencia a la hora de tratar los problemas (o nombrar ministros, que llevamos casi una semana sin ocupar la cartera de Sanidad y no pasa nada). De Hollande sabemos menos, pero lo que nos llega, cuernos y sentimentalismos aparte, me hace afirmar que su situación es aún peor que la de Mariano, si es que eso es posible. Habiendo cumplido ya la mitad de su mandato de cinco años, el estado de su presidencia es desastroso. Con unos índices de aprobación que no llegan al 20%, una economía riquísima, pero que no crece, una confusión absoluta sobre qué rumbo político tomar y un Partido Socialista desmembrado en facciones cada vez más opuestas, Hollande se tiene que levantar cada mañana con la sensación de que la pesadilla nunca termina. En frente, el inquieto Sarkozy amenaza con volver, seguro que más motivado por la inmunidad que otorga el poder ante los juicios que le esperan que por disfrutar de las mieles del éxito. Vencedor por poco margen de las primarias de su partido este fin de semana, su retorno, polémico y aún discutido por muchos, amenaza con tambalear más a las estructuras de la derecha francesa que al propio Hollande. La UMP, que es el partido de Sarkozy, está aún más dividido que el socialismo, asaetado por casos de corrupción y en un estado de quiebra financiera prácticamente irresoluble. “Sarko” que es megalómano hasta para saludar, promete recuperar el prestigio perdido, pero es difícil que los franceses, y no sólo ellos, que quedaron muy decepcionados con el resultado de su presidencia, le vuelvan a dar un apoyo masivo. Quien observa todo esto desde una barrera muy tranquila es Marine Le Pen, actualmente la política con más poder, mejor imagen y más probablemente vencedora de unas presidenciales. Tan ideológicamente nefasta como su padre, pero mucho más lista, ha vendido su discurso xenófobo y antieuropeo envuelto en el celofán de la solidaridad ante la crisis, llevándose riadas de votos tradicionalmente partidarios del socialismo y conservando los muchos que ha arrebatado a la derecha tradicional. Sin muchas salidas de banco, sin declaraciones ruidosas que generen polémica, pero pensando lo de siempre, el populismo del Frente Nacional encabeza todas las encuestas desde hace meses, y otorga la panorama político francés el dudoso honor de ser ahora el, probablemente, más peligroso riesgo para la pervivencia de la UE. Imaginarse a Marine como presidenta del país es una pesadilla a la que ningún analista quiere siquiera hacer frente, pero entre su astucia, la crisis infinita y la ineptitud de sus rivales, cada día que pasa resulta ser un escenario más realista.

Imagino a Hollande y Rajoy contándose estas penas en privado, y preguntándose ambos cómo han logrado hundirse así en la miseria y elevar a los altares a populistas como Marine o Iglesias, que amenazan con desestabilizar sus países. Los dos, de orígenes e ideologías muy distintas, han acabado juntos en muchas de las iniciativas europeas frente a Alemania, pero sobre todo comparte un probable destino de fracaso, que unas futuras elecciones certificarían de una manera clara, pero que ahora no es sino una leve sombra que invade todas sus acciones y decisiones. Curiosa, sí, y tristona, la cumbre celebrada ayer en París.

lunes, septiembre 08, 2014

España, un país que no cuenta en el mundo


Tras los años de la política exterior de Aznar, caracterizados por la sobreexposición y la obsesión por hacer todo lo que un equivocado EEUU determinase, la llegada al poder de ZP supuso un giro total en este plano, logrando que España desapareciese del plano internacional. Se acusó al anterior presidente del gobierno, con razón, de hacernos irrelevantes, de escondernos, de convertir a España en un país de segunda regional (no somos de primera, pero al menos seamos de la segunda buena) y de convertir nuestra política exterior en algo que oscilaba entre lo absurdo y lo ridículo. Esas críticas eran, a mi modo de ver, acertadas.

Pues bien, esas mismas críticas, ese mismo discurso, incluso algunas de las mismas crueles palabras que se destinaron a la diplomacia de ZP en el pasado pueden utilizarse hoy para calificar la postura de España, encarnada en la esfinge de Mariano Rajoy, en la pasada cumbre de la OTAN celebrada en Gales. Esa cumbre tenía dos asuntos fundamentales entre manos, a cada cual más grave e importante. Uno era el de Ucrania, en el que España acordó enviar buques de vigilancia a la zona si se considera oportuno y, tras múltiples gestiones, logró un encuentro bilateral entre Rajoy y el presidente ucraniano Poroshenko, un día después de lo que previamente se había informado. El otro asunto es el de la lucha contra el islamismo asesino del Ejército Islámico, el EI, y pásmense, a las reuniones sobre este asunto Rajoy no asistió. Se vino de vuelta a España tras anunciar a sus socios que, sobre el particular, ofrecía una posición de apoyo táctico y logístico a lo que se anunciase, pero que España se quedaba en la retaguardia. Asombroso. Casi la mitad de la cumbre dedicada a cómo abordar uno de los problemas más complejos y peligrosos a los que se enfrenta occidente, y las libertades en su conjunto en gran parte del mundo, y España decide que ni asiste a la reunión. Un encuentro en el que, seguramente, se expusieron las dudas, temores, recelos y problemas que cada uno de los países allí presentes veía sobre cómo atajar el crecimiento del EI, un problema muy muy complicado, y de paso ver cómo encauzar la vuelta de los combatientes, muchos de ellos europeos, que militan en sus filas y que poseen pasaporte comunitario, y que tal como se fueron a la yihad a las arenas del desierto, pueden volver para extenderla en la campiña inglesa o el páramo castellano. ¿Cuál es la opinión de España al respecto? ¿Qué opina el gobierno sobre el crecimiento del EI y sus cada vez mayor poder? ¿Qué plantea España para controlar a los yihadistas retornados? Estas y otras cientos de posibles y trascendentes preguntas no las va a contestar nadie, porque nadie en el gobierno habla de este asunto. Es alucinante. Amparados en una discreción cobarde que esconde vergüenzas más propias que ajenas, el gobierno de Rajoy, sospecho, se escuda en que el concepto de “guerra” e “Irak” remueve fantasmas que no quiere ni volver a imaginarse. Lo único que necesita ahora la posición, pensarán en Moncloa, es un banderín de enganche como la guerra para movilizar por completo a sus huestes, cuando nos enfrentamos a un problema muy distinto al de 2003, de una gravedad e intensidad muy diferente, y donde la pedagogía ante la población, como si no fueran suficientes los vídeos islamistas, sería muy útil para hacerla comprender que vamos a una guerra justa, con todos los matices que se puedan expresar al respecto, que los hay. Pero no, Rajoy opta por callar y esconderse. Como casi siempre.

Ante esta postura, ¿cuál sería la valoración de usted, querido lector, en caso de ser un dirigente de otra nación aliada? ¿Qué pensaría si uno de sus socios, que pide puestos de responsabilidad en instituciones varias y contar a la hora de tomar decisiones, no apoya ni ayuda cuando más se le necesita? ¿Nos vería como socio o como gorrón? Quizás en casa a Rajoy le funcione la táctica del avestruz, que no me gusta nada pero, hay que reconocérselo, le ofrece resultados. Pero en el extranjero, donde no se puede engañar a todo el mundo de una manera tan burda, ni Rajoy ahora ni ZP en el pasado son tomados como personas serias, porque eluden sus responsabilidades. Qué bien lo cuenta Carlos Sánchez. Léanle, léanle

martes, septiembre 02, 2014

La errada reforma electoral local del PP


Rajoy está nervioso. Se que esta es una afirmación arriesgada, porque si por algo se caracteriza el Presidente del Gobierno es por no transmitir, por mantenerse encerrado en un estado hierático que no transmite sensación alguna. Sin embargo sabe que el año que viene, electoral en todos los frentes, puede ser desastroso para el PP, entre otras cosas porque parte del mejor resultado posible y sólo puede empeorar. Los dos frentes de su gestión, la economía y la política, que creía tener encarrilados, pueden desmadrarse en cualquier momento, y lo sabe. Y los primeros que recibirán el golpe electoral serán los alcaldes y presidentes de las (mal llamadas) Comunidades Autónomas, que se votan en Mayo.

Por eso Rajoy ha presentado la propuesta de que el alcalde del Ayuntamiento sea el de la lista más votada, en previsión de que muchos de los municipios en los que ahora gobierna el PP por mayoría absoluta dejarán de estar bajo su control al perder un gran margen de votos. En el fondo la idea de que el alcalde lo sea el más votado no es mala. Es más, la votación a alcalde es lo más parecido que tenemos en España a unas elecciones presidenciales, dado que en ellas todo el censo afectado por la gestión del posible candidato puede votarlo (o no). En la práctica hay dos maneras de lograr que esto sea posible, siempre que no se gane la elección por parte de una lista directamente con mayoría absoluta. Una es la de la “prima electoral” un concepto que no existe en España pero sí en otros países, consistente en otorgar a la lista más votada un bloque de escaños (concejalías en este caso) que le lleven directamente a la mayoría absoluta. Es eficaz para lograr el objetivo previsto pero, a mi entender, genera excesivas distorsiones, y podría transformar un resultado muy reñido entre varias fuerzas en una aplastante (e irreal) victoria de una de ellas. Otra opción, que me parece más sensata, es la de elecciones a dos vueltas. En la primera concurren todas las listas y en la segunda las dos que han sido las más votadas en la primera elección, de tal manera que se obliga de manera expresa a todas las formaciones a posicionarse respecto a uno u otro candidato (o ninguno) y al final el elegido sí es el más votado entre todos los que se han presentado, lo que le da una mayor legitimidad. Evidentemente respeta más la proporcionalidad del voto que el primero de los casos, por lo que podría tener un mejor encaje en nuestra Constitución, que refleja la primacía de la proporcionalidad. Sin embargo exigiría una reforma legal profunda, creo que no sólo de la ley electoral en su parte local, sino también en lo que hace a la definición de las competencias municipales. Porque es evidente que un alcalde votado directamente en segunda vuelta por todos los electores posee un poder legitimado en el voto que no tiene ahora mismo, y por ello sus competencias debieran ser mayores (esa es la diferencia básica entre un sistema presidencialista como el Francés o el Americano y el nuestro, que aunque muchos piensen que lo es, ni se le aproxima). En todo caso, una reforma de este tipo requeriría no sólo de un amplio consenso, sino de un serio estudio de cómo implantarla y diseñarla para que los posibles sesgos que posee este sistema de votación, que los tiene, como todos, fueran pulidos de una u otra manera, sobre si debe aplicarse a todos los municipios o sólo a los que superen un determinado umbral de población, sobre que ocurre en el caso de que, por ejemplo por corrupción, un alcalde elegido de esta manera fuera procesado, y cómo se le relevaría de su puesto, etc. Es decir un estudio sosegado y en detalle, porque es un asunto serio, complejo e importante.

Y en todo caso, después de las elecciones. Eso por descontado. La ley electoral de este tipo se puede llevar como promesa a los siguientes comicios y, después de celebrados, el gobierno podría aprobarla, incluso en solitario, aunque sería ideal el consenso. Pero en todo caso no se puede alterar el sistema de elección a unos nueve meses de las elecciones por el temor de un partido, en este caso el PP, a perder poder a manos de otros partidos o movimientos que amenazan con acabar con su hegemonía. Esta propuesta demuestra el temor de Rajoy y, sobre todo, el pánico de los cargos locales del PP, que temen ser barridos en la primera de las embestidas electorales que se sucederán en 2015. Por ello no debe llevarse a la práctica ahora.

miércoles, febrero 26, 2014

El debate sobre el estado del PP y del PSOE


Ayer tuvo lugar la primera de las tres jornadas en las que se divide el debate sobre el Estado de la Nación, la que suscita más morbo, interés y audiencia, porque supone el enfrentamiento cara a cara entre el presidente del gobierno y el líder de la oposición. Hoy el debate continúa con la participación de los grupos que ayer no pudieron hacerlo, por tiempo, y las consiguientes réplicas presidenciales, y mañana se votan las propuestas de resolución acordadas por todos los grupos. El interés mediático y social decae exponencialmente a medida que avanzan las horas de sesión.

¿Sirvió el debate de ayer para solucionar alguno de los problemas que aquejan a nuestro país? No, ¿Alguno de ustedes esperaba que así fuese? Me temo que la respuesta también será negativa. Un debate como el de ayer sirve, sobre todo, para el lucimiento de los oradores que suben a las tribunas, para lanzar mensajes internos y externos, y para escenificar un enfrentamiento que los partidos mantienen de manera constante sobre qué hacer. Y a tres meses justos de las elecciones europeas, 25 de Mayo, el papel que representaron Rajoy y Rubalcaba era bastante coherente de cara a dar el pistoletazo de salida a la campaña electoral de esos comicios. El Presidente, en su discurso y réplicas, abusó de los datos que muestran el fin de la recesión, y el ligero crecimiento económico que vivimos. Tenue, liviano, pero gozoso en comparación con el desastre de años anteriores. Su carta única a estas próximas elecciones, y a las que vienen el año que viene, las gordas, es que esa recuperación empiece a notarse y permita al PP volver a cosechar unos votos que obtuvo en las generales de 2011 y que ahora todas las encuestas muestran que los ha perdido. Esta sobreactuación económica esconde una mala gestión en muchas otras materias, especialmente las sociales, el desastre que se vive dentro del partido, enfangado en luchas de poder internas, roces personales y movimientos de sillas, y la situación judicial por la que siguen atravesando sus finanzas, con Bárcenas en la cárcel y el juez Ruz que sigue tramitando una instrucción eterna pero que en cualquier momento se puede convertir en juicio oral y mediático. Rubalcaba, por su parte, estuvo vehemente, desaforado, muy mitinero, con una fuerza oratoria desacostumbrada, quizás porque sabe que si no tiene mucha suerte el de ayer haya sido su último debate sobre el Estado de la Nación. Acosado por los suyos y la losa de un pasado que nunca podrá separar de sí, el que fue el vicepresidente de un gobierno que casi nos lleva a la quiebra, atacó los flancos que le dejó Rajoy, abundantes y jugosos, y consiguió enardecer a su bancada y, quién sabe, a aparte de su electorado. A partir de hoy cada día que Rubalcaba logra seguir al frente del PSOE es un día ganado en su carrera para mantenerse en ese puesto, y para el las elecciones europeas de Mayo son fundamentales. Un buen resultado, no digamos ya una victoria frente al PP, le volvería a dar serias posibilidades de revalidad su liderazgo ante unas primarias prenavideñas que a buen seguro se encargaría de gestionar a su favor. Por eso cada vez que sale a hablar se la juega, y debe darlo todo. Ayer se vio ese desequilibrio entre un Rajoy excesivamente complaciente y un Rubalcaba desatado, y el resultado dialéctico y mediático del debate probablemente arroje una suerte de empate, o incluso una ligera ventaja para el candidato del PSOE. De ahí la alegría que se vivía en las huestes del PP y la euforia que sentían los del PSOE al acabar la jornada. Todos contentos, como los niños en el colegio. En lo sustancial, más allá de algunos anuncios que indican algo de lucidez en el gobierno (la tarifa plana en las cotizaciones a indefinidos) se ve que el necesario ímpetu reformista se frena ante el calendario electoral, y por parte del PSOE sigue sin tener un programa económico digno de ese nombre.

Un último detalle que no puedo dejar pasar tiene relación con la intervención de Rosa Díez, de UPyD, que ayer cerró la jornada. Es esta parlamentaria la que cosecha las respuestas más desabridas, despreciativas e insolentes por parte de un Rajoy habitualmente calmo e irónico, y ayer volvió a darse esa misma imagen, extraña y sin sentido. No entiendo por qué, pero le aconsejo a Rajoy que no lo haga, no sólo por la educación debida, que también, sino porque UPyD sigue creciendo en las encuestas, y sospecho que cada desplante que Rajoy les realiza supone para ellos más votos añadidos. Y en las siguientes elecciones muchos partidos van a quitar votos al PP y (y al PSOE). Debieran hacérselo mirar ya.