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lunes, mayo 12, 2025

Armisticio entre India y Pakistán

Trump ha tenido un fin de semana intenso. En uno de los mensajes colgados en su red social anunció el sábado, por sorpresa, que India y Pakistán habían alcanzado un acuerdo para cesar en sus hostilidades, una tregua que paraba la escalada militar que se vivía en la zona. Lo hizo sin que no Delhi ni Karachi anunciaran nada por su parte, pero con el paso de las horas se pudo ver que, en efecto, el conflicto remitía. Entre acusaciones mutuas de haberlo violado, el alto el fuego se mantuvo el sábado y ayer domingo tampoco hubo escaramuzas significativas ni en la frontera ni en la disputada zona de Cachemira. Por ahora, el conato de guerra se contiene.

Lo cierto es que, desde el inicio de la operación Sindoor, lanzada por el gobierno indio, la escalada militar que se ha vivido en la región ha sido de las más intensas (y peligrosas) de los últimos años. La anunciada respuesta hindú consistió en un ataque combinado de drones, cohetes y aviones de combate, con muy poca presencia de tropas terrestres, con el objetivo de golpear tanto las infraestructuras terroristas pro pakistanís que se encontraban en la zona de Cachemira como posiciones militares ya en el interior de la propia Pakistán. La información que ha llegado de lo sucedido es confusa, como era de esperar, pero parece que el movimiento hindú ha sido de gran intensidad y efecto, y ha llegado a golpear algunas de las instalaciones pakistaníes relacionadas con el armamento nuclear que posee el país. En efecto, hay pruebas, que parecen fiables, que muestran daños significativos en naves industriales que se encuentran en las proximidades de algunos de los lugares desde los que Islamabad acumula su arsenal nuclear. De hecho, el acierto hindú en la búsqueda de estos objetivos parece que fue lo que puso muy nervioso al departamento de estado de EEUU, porque veía como lo que parecía una guerra regional acotada podía escalar a alta velocidad hacia algo mucho más serio en el caso de que Pakistán interpretase que su capacidad de disuasión nuclear había sido afectada. Con estas cosas no se juega, y el miedo ha sido el catalizador que ha forzado a la actualmente necia Casa Blanca a intervenir, buscando un alto el fuego que llevara a males mayores. Las fuentes indias hablan de algo más de un centenar de militares y terroristas pakistaníes muertos por sus ataques y de una decena de bases de entrenamiento seriamente dañadas, en lo que consideran un significativo golpe de castigo. Pakistán también afirma haber causado daños y bajas significativas a su vecino, aunque por la información que ha ido trascendiendo, confusa, sí parece que Delhi ha golpeado con más fuerza que Islamabad. Ambos contendientes han conseguido abatir algún avión enemigo y han mostrado poseer cohetes de precisión y drones atacantes efectivos, reiterando nuevamente la evolución de las tácticas de guerra militar que se han visto desde hace ya algunos años en Ucrania, con la presencia masiva de los drones para casi todo y la letalidad que ofrecen los sistemas de disparo de precisión, armas que son capaces de alcanzar sus objetivos de una manera tan quirúrgica como letal, creando un daño enorme para el bando que recibe sus impactos y no es capaz de neutralizarlos. Por su mayor tamaño en todos los sentidos, las capacidades militares indias son superiores a las pakistaníes, pero también, como se ha publicado estos días, su ejército acumula una amalgama de muy distintos fabricantes y orígenes, mientras que el pakistaní ha acabado más centrado en el aprovisionamiento de tecnología china, por lo que logísticamente lo tiene mejor para emprender operaciones de cualquier tipo. Ambos partieron en su momento de tecnología y plataformas soviéticas, pero sus capacidades de hoy en día están muy distanciadas de lo que, por ejemplo, muestra la Rusia de Putin, tanto en forma como en fondo. En estos días han dado una muestra de guerra moderna sin pisar el terreno opuesto, basada en lo que se denomina el intercambio de salvas.

¿Es este el fin de la crisis? Probablemente no, pero sí el punto álgido de tensión por el momento. Si las cosas son como parecen, India ha podido ser capaz de meter disuasión, miedo, a Pakistán, por la capacidad estratégica de sus ataques, y eso puede hacer que no se produzcan respuestas informales desde Islamabad en Cachemira por un tiempo. Obviamente ambas capitales presumen de haber sido las que han causado más bajas a su enemigo, pero, con las salvedades necesarias dada la confusión, parece que India ha ganado este asalto. No es probable una alteración de los equilibrios regionales, pero Delhi ha enseñado mucho músculo, y parece haber causado el miedo que buscaba.

viernes, abril 25, 2025

Crisis entre India y Pakistán

La actualidad produce noticias de interés a una velocidad mucho mayor de la que somos capaces de asimilar, por lo que ni les cuento sobre reflexionar al respecto. Además, hay noticias gordas, por importancia y recorrido, que opacan otras que son también muy relevantes. Todo lo que hace el desquiciado Trump llena titulares sin dejar sitio a muchos otros temas, y ahora mismo, lo relacionado con la muerte del Papa Francisco y el proceso de sucesión, tan estético como intrigante, apasionan a la audiencia. Súmenle un poco de la basura política de nuestra nación y tendrán un menú en el que cosas como las que les voy a comentar apenas logran espacio.

Y eso que es serio. Esta semana se ha producido un grave atentado en Cachemira, región al noroeste de India, partida en dos y administrada cada parte por India y Pakistán, que comparten ahí un buen pedazo de frontera. El ataque se ha producido en la parte india y ha causado la muerte a veintiséis personas, todos ellos turistas procedentes del resto de la nación hindú. Es uno de los mayores ataques registrados en años en esa zona y que hayan sufrido los nacionales indios. Las investigaciones sobre la autoría aún son preliminares, y es sabido que en esa zona abundan los movimientos nacionalistas que reclaman la autonomía de la región cachemir, pero los detenidos, por lo que por ahora ha contado el gobierno de Delhi, tienen bastante más relación con Pakistán que con los residentes en la propia región. Las relaciones entre ambos países nunca han sido muy buenas, y es necesario recordar que su mera existencia separada es fruto del convulso proceso de independencia indio respecto a la corona británica, cuando deja de ser una colonia, y acaban existiendo dos naciones, una musulmana y otra hindú, donde antes sólo existía un protectorado controlado por Londres. El actual gobierno de India, presidido por Modri tras su reelección, se ha mostrado como uno de los más nacionalistas de la historia del país, y ha ejercido una presión creciente contra todos aquellos que no sigan la confesión hindú, registrándose numerosos incidentes en los que, no sólo, pero sobre todo los musulmanes, han sido los perseguidos, con la complacencia de unas autoridades indias que miraban para otro lado y dejaban hacer. Tras el atentado, las declaraciones del gobierno de Delhi han subido mucho de tono y se han lanzado acusaciones muy graves contra las autoridades pakistanís, a las que se les acusa de haber instigado el atentado, con una retórica agresiva muy subida de tono. La respuesta de Islamabad no ha tardado en llegar, en un tono muy ofendido y con la intención de responder a cualquiera de las represalias que el gobierno de Delhi decida emprender. La palabra guerra ha sido pronunciada en ambos discursos, y eso ha hecho que más de un analista se haya mosqueado seriamente ante la posibilidad de que se produzca un conflicto abierto entre ambas naciones. Por ahora, la respuesta directa india ha consistido en la suspensión de todo tipo de intercambios comerciales entre ambas naciones, en un estilo que, sin duda, a Trump le gustaría, y ha roto todas las relaciones diplomáticas, expulsando a algunos de los miembros de la legación paquistaní en Delhi y cortando vínculos. Una de las acciones que ha emprendido es la movilización de los regimientos militares que se encuentran en la zona cachemir y, en una acción que es muy llamativa, está restringiendo los caudades del río Indo, que es el principal de Pakistán, pero que nace en la zona cachemir india. De las múltiples represas que lo regulan varias se encuentran en la zona india, y la orden del gobierno está siendo la de disminuir los caudales que bajan y derivar esas aguas a otras cuencas, en un ejercicio llamativo de extorsión hídrica en una zona en la que la aridez de las mesetas muy habitadas es paliada por los cauces de los grandes ríos que nacen en el entorno de la inmensa cordillera del Himalaya. Pakistán ha protestado enérgicamente ante esta acción india y amenaza con responder, sin que nadie tenga muy claro cómo.

¿Es posible una guerra entre ambas naciones? No sería la primera. Tras la partición de 1947, violenta, se han producido conflictos armados en 1965 y 1971, y la tensión siempre ha estado presente en la zona limítrofe. Ambos países son potencias nucleares, siendo Pakistán, por ahora, el único país musulmán en tener la bomba. Un enfrentamiento entre ambos ejércitos, aun por medios convencionales, puede tener una enorme repercusión en lo que hace a bajas y daños. No se si sucederá, pero el hecho de que la policía global que representaba EEUU esté en retirada abre la puerta, cada vez más, a que disputas locales acaben en lucha abierta, lo que es muy peligroso. Habrá que seguir con atención lo que allí pase, esperemos que la cosa no vaya a más.