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viernes, mayo 29, 2026

Los bonos siguen cayendo

En medio de nuestras miserias patrias, y de los que los provocan, el mundo ahí fuera sigue en marcha, y con datos que llaman la atención. Los índices bursátiles de EEUU siguen en máximos, batiendo récords día tras día, con la ya cercana colocación de acciones de SpaceX como uno de sus puntos culminantes (alguno dice que ahí se tocará el techo) pero, en paralelo, el mercado de bonos vive horas bajas, con caídas generalizadas de los valores de estos activos y, en paralelo, tal y como están definidos, ascensos en los tipos de interés, que es como miden su rentabilidad implícita. Los treasuries americanos a diez años están en el 4,45%, nivel muy alto.

Algún analista ha dicho estos días que, en medio de la complacencia general de las bolsas, los mercados de bonos están gritando, chillando de dolor. El desplome que se vive en ellos es general, tanto en el mercado norteamericano como en el europeo, y las carteras de renta fijan llevan unos rendimientos anuales muy malos, nefastos si se comparan con las variables. ¿Por qué está pasando esto? Este movimiento es relativamente habitual cuando se prevé un ascenso de la inflación en las economías, y de ahí esas subidas en los tipos de interés. Se descuenta el hecho de que, para tratar de frenar los precios, los bancos centrales van a subir los tipos y eso encarecerá las nuevas emisiones de deuda, haciéndolas más rentables respecto a los bonos que ya cotizan en el mercado. Eso genera un movimiento de venta de los bonos viejos para adquirir los nuevos, lo que hace descender el valor nominal de los valores antiguos, y su rentabilidad, como es fija sobre el valor de emisión, crece respecto al valor nominal. Una sobredemanda de bonos genera un efecto inverso y hunde los tipos de interés. ¿Recuerdan cuando estuvieron a cero o en negativo? El mercado de bonos también es el mayor del mundo, el más líquido, en el que más participantes operan, y por ello sirve también de termómetro global de riesgo país. Por ejemplo, la escalada que ha vivido el bono británico, desde el 4,23% de finales de febrero hasta el 5,18% de mediados de mayo era un buen indicador del estado político del país, con la debacle laborista y las presiones contra el primer ministro Starmer. Ahora el bono cotiza en el 4,83%, muy alto, pero no imposible. Un bono de reino Unido al 5% durante un tiempo prolongado sería insostenible para el gobierno de aquel país y sus finanzas, y obligaría a tomar medidas drásticas, tanto económicas como de personal. El que los bonos norteamericanos estén caros es una medida, también, de la incertidumbre que aqueja a aquel país desde que Trump empezó a hacer barrabasadas en todos los sentidos. Los bonos caros suponen presión para las arcas del estado, porque incrementan notablemente el coste de financiación de la deuda, y dados los enormes volúmenes de deuda pública sobre las que se asientan nuestras economías, tampoco es necesario que los tipos se vayan hasta el infinito para que su ascenso implique daños severos al presupuesto (afortunados los que lo tengan). Un país que puede meterse en problemas a no mucho tardar por este asunto es Japón. Atenazad por el estancamiento de precios durante muchos años, sus bonos han rendido tradicionalmente muy poco. Empezaron este año en el 1%, nivel que para ellos ya era elevado, dado de donde venían, pero ahora se encuentran en el 2,6%, un valor que supone zona de peligro para un país sobreendeudado, en pleno proceso de desplome demográfico y con problemas geoestratégicos crecientes. Japón es una de las naciones más golpeadas directamente por el cierre de Ormuz, y sus precios suben al ritmo al que lo hace un barril de crudo del que dependen más que otros. Este ascenso en sus bonos refleja tensiones inflacionistas como no se recordaban allí desde hace muchos años, e introduce una enorme presión en su economía. Veremos a ver cuáles serán las consecuencias de todo esto y lo que Tokyo se verá obligada a hacer.

¿Es compatible la subida bursátil con la bajada de los bonos? Los hechos de los últimos tiempos demuestran que sí, pero no deja de ser algo que llama mucho la atención. Por un lado, los bonos reflejan preocupación creciente por la inflación, considerándola como algo que ha venido para quedarse, mientras que las bolsas juegan a que el shock de precios será tan intenso como fugaz, un susto sin efectos sostenidos. Ambas interpretaciones no son posibles, por lo que uno de los dos mercados parece estar valorando erróneamente lo que sucede, o no queriéndolo admitir ¿Quién tendrá razón? Como casi siempre, el tiempo será el juez adecuado para salir de dudas.

miércoles, marzo 25, 2026

Manipulación de mercado

El lunes fue un día despiadado en los mercados financieros, con una volatilidad altísima y unas pérdidas y ganancias enormes. La sesión asiática cerró con caídas del más del 3% ante el incremento del precio del petróleo por las amenazas cruzadas entre EEUU e Irán. La apertura europea no fue mucho mejor, con un 2,5% de bajadas en nuestros parqués, pero, pasadas las doce de la mañana, Trump anunció contactos con el régimen de Teherán y el aplazamiento de las amenazas sobre las instalaciones eléctricas. En pocos minutos los índices se giraron completamente, pasando a subir más del 2%, y el petróleo cayó en torno al 10%. Giro de una brusquedad difícil de ver.

Pues bien, a lo largo de la tarde noche del lunes fueron publicándose algunos mensajes en redes que analizaban, con datos de alta frecuencia, los movimientos que habían tenido lugar minutos antes del anuncio de Trump, y se detectaba un patrón llamativo. Se habían producido de manera simultánea, antes del anuncio del magante, compras de futuros al alza en el SP500 de la bolsa de Nueva York y operaciones en corto en el mercado del petróleo, por unos volúmenes de entorno a 1.500 millones de dólares, demasiado para no dejar rastro. Unas operaciones que iban totalmente en contra del movimiento que estaba experimentando el mercado, y que sólo podrían ser beneficiosas si el signo de las cotizaciones se daba la vuelta… y eso es lo que pasó precisamente unos minutos después. Se calcula que los beneficios de esa jugada en el mismo lunes pudieron alcanzar los 60 millones de dólares, una ganancia de esas que te permiten retirarte para muchas vidas. ¿Casualidad? ¿Suerte? Nadie de los que conozco que analizan estas cosas, y que saben mucho más que yo, cree en eso. Todos se apuntan a la idea de la información privilegiada, del chivatazo, de la burda manipulación del mercado. Una jugada en la que algunos, casi con toda seguridad pertenecientes al círculo íntimo de Trump, familiar o no, fueron informados por el magnate de que iba a hacer un anuncio que cambiaría por completo las cotizaciones, y se les advertía de que tenían poco tiempo si querían aprovecharse de ello. Una jugada que parece una trampa colosal en la que unos manipuladores logran estafar a la banca, en este caso a muchos inversores particulares, que estaban actuando, como dictaba la lógica, ejecutando pérdidas ante el miedo por lo que pudiera suceder. Como en un homenaje a Regreso al Futuro II, Trump jugaba con una especie de almanaque deportivo que le permitía saber qué iba a pasar en los instantes posteriores a su anuncio, y que podía decidir cuándo y cómo hacerlo, estaba en condiciones de adivinar el futuro con exactitud y aprovecharse de ello antes de que ningún otro pudiera hacerlo. Jugar con cartas marcadas es hacer trampas, y la sensación general que existe en los mercados, desde hace tiempo, es que Trump ha hecho jugadas de este tipo en varias ocasiones, aprovechándose de que tiene acceso a información que nadie más sabe y a que el impacto de sus declaraciones, mensajes de red social y demás parafernalia mediática que moviliza con esmero es abrumador, planetario. La principal diferencia de lo que pasó el lunes respecto a otros episodios similares está en el volumen de las operaciones desarrolladas y, sobre todo, en la enorme gravedad de los hechos con los que Trump y sus socios estaban jugando. En medio de una guerra en la que muere gente y se destruyen infraestructuras críticas, con el mundo pendiente de las consecuencias de un conflicto que puede generar enormes problemas políticos y económicos, a Trump y cia lo que más parece importarles es cómo sacar tajada de ello, y si eso incluye manipular las bolsas, pues mejor que mejor, más beneficio.

¿Es posible encausar a Trump, o a alguien de su entorno, por lo que tienen todos los visos de ser un acto de manipulación? La SEC es el organismo regulador de los mercados de valores en EEUU, y es una institución seria, pero como todas las del país, ahora vive presionada por la ira de quien se sienta en la Casa Blanca. Es poco probable que se abra la necesaria investigación que los hechos del lunes demandan, y desde luego, vistos los precedentes, más difícil será que alguien se atreva a acusar o a abrir un procedimiento contra la banda naranja. La sensación de impunidad con la que se maneja el poder en Washington por parte de semejantes sujetos está alcanzando grados difícilmente imaginables.

martes, febrero 03, 2026

Sin corrección en bolsa

Ayer, tras el desplome de los metales preciosos del fin de semana, las bolsas asiáticas vivieron un día duro, con bajadas generalizadas y superiores al 2%, y el arranque de las europeas tuvo un tono similar, pero luego las cosas se fueron enderezando y, finalmente, los índices occidentales cerraron en ganancias. En el caso del selectivo español, el Ibex35 cerró por primera vez por encima de los 18.000 puntos, en lo que vuelve a ser un récord histórico. El comportamiento de nuestro índice es de los mejores del mundo, sostenido fundamentalmente, aunque no sólo, por el peso de la banca, que sobrepondera en nuestra bolsa, y que está a unos niveles de cotización extraordinarios.

¿Cuál es el techo de este mercado bursátil? Desde hace tiempo se viene insistiendo que hemos llegado a él y nuevos registros no hacen sino contradecir esa idea, por lo que aventurarse a pronosticar se ha convertido en un ejercicio de pura fe, lleno de riesgo. Las tensiones comerciales desatadas por Trump en abril de 2025 provocaron un minicrash que se recuperó con gran velocidad, de tal manera que, si uno hubiera estado quieto durante esas semanas de turbulencias, habría acabado en el mismo punto y se habría podido anotar ganancias adicionales. Si es cierto que los índices norteamericanos, aunque siguen subiendo, lo están haciendo a un ritmo cada vez más pausado. El SP ha llegado a superar los 7.000 en cotización intradía, pero no ha cerrado aún por encima de esa marca, y en lo que llevamos de 2026 la evolución ofrece ganancias, pero cortas. Hay una sensación de que el mercado está muy alto, pero no deja de subir, y los agoreros llevan ya un tiempo medio callados en vista de que sus pronósticos no se han cumplido. Dos son las fuerzas, simplificando mucho las cosas, que tiran del merado. Por un lado, la liquidez creciente que llena de papelitos todo y hace que los precios de los activos suban en su denominación en unas monedas a las que la inflación erosiona sin cesar. El otro impulso es la IA, las enormes inversiones en esa tecnología que, día sí y día también, revientan marcas alcanzadas en acuerdos entre empresas del sector. Este de la IA es el puntal principal para asentar el crecimiento, especialmente en EEUU, y es, a la vez, el gran riesgo económico. La eterna discusión de hasta qué punto las expectativas que se están poniendo en esa tecnología serán capaces de cumplirse es la pregunta que obsesiona a todos, y se están dando respuestas de todo tipo, algunas que hacen ver que la IA es una solucionadora de problemas, como se ve casi a diario en publicaciones científicas de todo tipo, mientras que no son pocos los artículos que cuestionan el uso real de herramientas como Copilot, el asistente de IA de Office, en el día a día de las empresas, habiéndose detectado una reducción de su uso desde el disparo inicial tras su implantación. ChatGPT, la gran empresa que todos asociamos como el culmen de la IA, ejemplifica muy bien tanto las esperanzas en la tecnología como los costes de capital que supone desarrollarla. Sigue sin dar beneficios y consumiendo dinero para mantener un sistema informático colosal que es mundialmente conocido, pero que no sirve, hoy en día, como negocio. Su futura salida a bolsa, principalmente para obtener capital fresco con el que financiarse, ha sido señalada por más de uno como el momento culminante de la exuberancia de la IA, el punto en el que todo el mundo se lanzará a por acciones de esa empresa para subirse al carro de lo que promete ser el negocio perfecto, convirtiendo la expectativa en una burbuja de verdad, que puede ser el colofón de la época. ChatGPT no es Terra, pero no falta quien compara la locura que puede suponer su salida a bolsa con la que se vivió con aquel portal web. ¿Recuerdan lo mal que acabo todo aquello, verdad?

Sí tengo la sensación de que este año puede ser más irregular que los pasados en bolsa, especialmente viniendo de un 2025 con ganancias muy elevadas, pero no me atrevo a hacer pronóstico alguno. Creo que en lo de la IA hay algo de burbuja, de vendehúmos, pero también observo realidades tangibles. Quizás, como pasó con la web, sea necesaria una purga para hacer limpieza y que la tecnología se despliegue con todo su potencial y capacidades, y limitaciones, y en esa limpieza no pocos palmen sus ahorros e ilusiones, pero si eso se produce, a saber cuándo, cómo y por qué será. Lo comentaremos aquí, y si no pasa, no. De momento, las bolsas aguantan.

jueves, noviembre 20, 2025

Todos pendientes de Nvidia

Ayer por la noche, horario español, todo el mundo económico estaba pendiente de la presentación de los resultados de Nvidia, la empresa más valiosa del mundo en bolsa, fabricante de chips y estructuras de soporte a la IA que se ha convertido no sólo en la joya de los mercados sino la piedra angular en la que se sostiene todo el mundo de la IA. Las empresas y demás actores que pretenden utilizar servicios de IA como ChatGPT, Copilot o cualquier otra de las que se encuentra en el mercado acaban dependiendo de la tecnología de Nvidia. Era la de ayer una noche especial, y que medio mundo estuviera cruzando los dedos esperando a los resultados por miedo a que si no eran demasiado buenos las cotizaciones de ese mundo se desplomasen es, admitámoslo, una anomalía.

Y los resultados, buenos, superaron ligeramente las expectativas del mercado, lo que da opciones a los que dicen que no estamos ante una burbuja. Durante el tercer trimestre de 2025 el beneficio neto ha sido de 31.190 millones de dólares, una barbaridad, y un 65% más de lo cosechado en el mismo periodo del año anterior. Tanto en beneficio por acción como en otros múltiplos de interés la compañía mejoró algo los exigentes vaores que le exigían los analistas, y eso se tradujo en subidas de la acción en post mercado de hasta un 5%, moderándose posteriormente al entorno del 2% – 3% Con eso el valor, tras la subida de casi el 3% que experimentó ayer, recupera prácticamente el 6% de bajada que había sufrido el lunes y martes de esta semana. El negocio de la empresa va viento en popa y su CEO, Jensen Huang, fue ayer tajante a la hora no sólo de prometer un futuro magnífico para su empresa y el sector de la IA; sino también en su negativa sobre la impresión de que estemos ante una burbuja en el sector. El miedo a ese fenómeno ha ido creciendo entre los analistas y otros muchos participantes en los mercados, y ahora mismo casi podíamos dividir a la opinión económica entre los que opinan que estamos ante una burbuja y los que no, y los primeros daban una importancia trascendental a los resultados de ayer para, en caso de ser decepcionantes, decretar el inicio de su estallido. Es cierto que se han visto desplomes en acciones ligadas al sector que tienen un perfil gráfico muy de burbuja reventada, casos como el del Oracle o Palantir, pero en las grandes, como es Nvidia, Microsoft, Alphabet y otras no se aprecian síntomas de una figura por el estilo. Obviamente el ascenso infinito no existe, las exigencias para Nvidia irán a más a medida que el tamaño de la empresa crezca y llegará un punto en el que sus cifras de ventas y beneficios se estanquen, como pasa en todo sector económico, pero parece que ese momento no es ya. En la opinión burbujil también hay dos sesgos significativos. Los que no lograron en su momento subirse al carro de las subidas se mueren de envidia ante lo que contemplan y creen que el derrumbe es inevitable, dado que ellos no lograron ver la oportunidad de ganancia. Por el contrario, los que están sobre una fortuna acumulada de subidas sostenidas necesitan que las cotizaciones no se derrumben para no perder lo acumulado en estos años de euforia. Eliminando estas opiniones interesadas, el miedo a que se produzca un porrazo en el mercado es lógico, y a medida que las valoraciones de las compañías se disparan es creciente, por el impacto que puede tener en la macroeconomía. El hecho de que muchas de las empresas del sector de la IA estén participadas también entre sí y aumente sin cesar el cruce de inversiones y préstamos que unas hacen sobre otras aumenta la sensación de que la caída de una de ellas pueda generar efectos de arrastre mucho más intensos de lo que sería deseable, por no hablar de las consecuencias puramente financieras sobre los volúmenes de deuda emitidos para financiar las inversiones mastodónticas que se anuncian día sí y día también. Es realmente difícil saber en qué situación nos encontramos.

Por definición, una burbuja lo es cuando ha reventado, porque si no lo hace no la subida podrá ser todo lo explosiva que queramos, pero responde una realidad. Es caso de las puntocom de principios de los dos mil es el que más se está recordando, como caso de una burbuja reventada que limpio el sector de internet, no lo arrasó, sino que sirvió para consolidarlo y convertirlo en lo que luego ha sido, la clave de bóveda de nuestra economía y sociedad. ¿Puede haber una burbuja de ese tipo en la IA, que borre muchos proyectos absurdos y ayude a consolidar los que realmente serán líderes? Sólo el tiempo lo dirá. De momento es eso, tiempo, lo que parecen haber comprado las cotizaciones. Disfrutemos de ello.

viernes, octubre 31, 2025

El Ibex bate récords

Este pasado lunes fue un día histórico para la bolsa española. Tras dieciocho años de espera, que se dice rápido, el Ibex logró marcar un valor intradía que superaba el anterior máximo histórico. Un ya lejano el 8 de noviembre de 2007 el índice alcanzó los 15.945 puntos, y fue el colofón del ciclo. Este lunes, al cierre, se superó esa cifra y el martes y miércoles se logró cerrar rompiendo la barrera de los 16.000. Nunca el índice de la bolsa española ha estado tan alto, aunque ya saben, según los valores que tengan en su cartera la cosa puede ir bastante mejor o peor, porque los bancos están desatados y otros no han vuelto a las cifras pre burbuja ni se sueña que lo logren.

Estos dieciocho años ha sido una agonía para la bolsa española, que se encuentra entre las últimas en haber logrado volver a los niveles anteriores al derrumbe. A finales de 2007 se empezaba a mascar la tragedia subprime en EEUU y la burbuja inmobiliaria española era ya obvia, menos para los que la negaban o seguían subidos a ella. El desmoronamiento de los valores fruto del reventón de esa burbuja arrastró la bolsa y la llevó a un primer mínimo en 2009, en el entorno de los 8.000. Eso supone más o menos la pérdida de la mitad del valor en poco más de un año, una caída espectacular que dejó en la estacada a muchos y que era el reflejo de lo que estaba pasando fuera de la bolsa con el resto de activos, con el empleo, la actividad y todo tipo de variables económicas. La crisis era enorme. Tras un rebote durante el año 2010, comenzó otro goteo a la baja que se profundizó cuando la crisis financiera global, que ya iba siendo dominada, mutó en crisis de deuda soberana europea, que afectó sobremanera a los países periféricos. En 2012, en pleno hundimiento de Grecia y con dudas serias sobre el futuro del proyecto europeo, con la prima de riesgo por encima de los seiscientos puntos y la financiación de nuestras cuentas públicas colapsada, la bolsa marcó un mínimo en el entorno de los 6.000. Si el índice estaba ahí imagínense lo que pasaba en algunos valores, que lo fueron todo y ya eran menos que nada, y pensar en Bankia, Abengoa o cosas por el estilo da más miedo que cualquier disfraz de pesadilla que se puedan encontrar hoy por la calle. De esa nos salvó Mario Draghi, al que nunca podremos agradecer lo que hizo desde su puesto del BCE, a pesar de que hay quienes critican su gestión en esos años. Poco a poco el Ibex fue subiendo durante los años 2013 a 2015, superando la barrera de los 11.000, pero no fue capaz de ascender más y se metió en un camino a ninguna parte que le llevó hasta 2020 con sube y bajas pero sin rumbo, más bien goteando a la baja. La llegada de la pandemia supuso otro enorme batacazo, y la cotización se derrumbó nuevamente hasta la zona de los 6.000 puntos, en el entorno del mínimo de 2012. A partir de ahí hubo una recuperación rápida pero no intensa, con recaídas en el 2022, que llevaron a un máximo de 9.000 y mínimo de 7.000, con el inicio de la guerra de Ucrania, y no ha sido hasta 2023 cuando el índice ha cogido carrerilla y ha comenzado un ascenso fulgurante que le ha conducido, con muy pocos descansos, hasta el máximo logrado esta semana. La subida del año 2024 y 2025 es espectacular, con un perfil alpino, y ha conseguido borrar en apenas un par de años década y media de penurias. Como suele ser habitual en nuestro índice, los bancos han sido los grandes responsables de este subidón, como lo fueron del desplome absoluto. La banca sobrepondera en el Ibex respecto a otros índices europeos, y eso hace que su estado de salud sea determinante para la evolución de las cotizaciones medias. Santander, Caixabank y BBVA, por hablar de los enormes, están en máximos absolutos y sus cuentas de resultados respaldan las cotizaciones.

El que en 2007 el máximo de la bolsa fuera preludio del estallido de la burbuja ha hecho a no pocos temer que estemos ante una situación similar. Nuevamente los precios de los pisos están enloquecidos, y las bolsas de todo el mundo rompen sus máximos cada día al calor de nuevos anuncios de inversión en la IA. ¿Hay otra burbuja tecnológica esperando a estallar? No lo se. Es cierto que algunas cosas “riman” respecto al pasado, y que hay valoraciones tan descabelladas que tienen un componente irracional, pero la definición de burbuja implica reventón, por lo que sólo si eso se produce podremos estar seguros de que estábamos ante una. De momento, euforia en el mercado y, a dos meses del final de año, el saldo de las carteras de inversión es inmejorable.

miércoles, octubre 15, 2025

Turbulencias en la cumbre

No, no me refiero a la que se ha organizado en el Everest a cuenta del último temporal y la evacuación de un montón de gente que por allí estaba, de manera incomprensible, pudiendo disfrutar de las comodidades de su hogar en vez de aventurarse por montañas inmensas, frías y peligrosas. Hablo de los días revueltos que se viven en los mercados financieros desde el pasado viernes, cuando un recrudecimiento del temporal arancelario, con fuerte cruce de vientos entre China y EEUU, provocó una caída abrupta de los índices bursátiles en EEUU y el desplome en no pocos activos, entre ellos el bitcoin, que se dejó en torno al 15%.

Este marasmo sucede en la cumbre de los índices, que llevan una racha de encadenar máximos históricos difícil de repetir. Desde el mínimo registrado en abril, tras la aberrante presentación de Trump de sus aranceles al mundo, las bolsas globales han subido de manera sostenida, y el SP 500, el principal índice de Wall Street, ha pasado del 4.700 en el fondo arancelario de abril al 6.670 al que cotiza ahora en los futuros de la próxima sesión, un ascenso enorme en un índice que, por la composición tan amplia que lo define, tiene movimientos amortiguados. Si las medias han subido, ni les cuento algunos valores relacionados con la tecnología y, especialmente, la IA, que han duplicado o triplicado ampliamente sus cotizaciones, lo que ha hecho saltar en todos medios la discusión sobre si nos encontramos en medio de una burbuja en este sector. Esta subida bursátil no ha supuesto que valores refugio como el oro se devalúen, cosa que se ha dado en muchas otras ocasiones, sino todo lo contrario. El metal dorado ha batido récords y cotiza claramente por encima de los 4.000 dólares la onza, en un año de enorme ganancia acumulada. Sí, está subiendo todo, casi se mire donde se mire los valores se disparan sin apenas opciones de arruinarse. En el mundo cripto, donde el dinero invertido se somete a una auténtica lotería, el bitcoin ha llegado al entorno de los 125.000 dólares como cota superior y, con sustos, acumula en el año una ganancia clara, pero el viernes su papel promocionado por muchos analistas como valor refugio y depósito de valor se vio claramente deshecho, con un derrumbe enorme que dejó a más de uno entrampado. Todas las criptos cayeron, algunas con recortes de cerca del 50%, arruinando a muchos y provocando algunos suicidios, según se ha podido leer este fin de semana en algunos medios, sin que tenga manera de poder confirmarles hasta qué punto es cierto o no, aunque depende de lo perdido no sería descartable. En general, es sana una corrección en los índices tras tantos meses de ascenso ininterrumpido, y la entrada masiva de dinero por parte de profesionales y particulares en todo tipo de activos, fruto de una liquidez que no afloja, hace que si se producen movimientos convulsos puedan tener serias consecuencias, porque cuanto más arriba está uno mayor es el porrazo que puede darse. A medida que las bolsas suben y suben el número de expertos, sea eso lo que sea en ese mundo, se ve superado por el de principiantes, oportunistas y avariciosos en general, que se lanzan a la piscina de las subidas con pocas precauciones, comprando a precios caros. El volumen de gente que entra en cada subida hace que las ganancias acumuladas por pocos sean elevadas y cada vez sean más los que han comprado caro y necesitan que la subida se mantenga para sacar un rendimiento, y esto a veces se da y otras no. Si uno lee a los que dicen saber de bolsa y mercados, en general sigue el sentimiento optimista, porque la liquidez no frena y la presión para que bajen los tipos en EEUU se mantiene, pero las suspicacias de algunos empiezan a verse claramente. El debate sobre la posible burbuja en la IA denota el vértigo que producen las subidas experimentadas, sostenidas, intensas y rápidas, y el miedo a que todo ese castillo de valor se pueda derrumbar, total o parcialmente, si se produce algún revés. No son pocos los que comparan la situación actual de la IA con la de las puntocom que reventaron en 2000. Tras aquello internet no desapareció, ni mucho menos, pero se hizo una limpia profunda. ¿Se va a repetir la historia? Quién sabe.

Lo cierto es que la impredecibilidad de los acontecimientos es ahora muy alta, las tensiones geopolíticas y comerciales intensas, y la incertidumbre sobre lo que va a pasar en economía y materias aledañas profunda, y eso casa de una manera no muy clara con un mercado alcista como el actual. El disparo del precio del oro introduce cada vez más señales sobre el debilitamiento de nuestras monedas y un posible cambio de patrón financiero, y el ruido crece en muchos sectores calientes, donde la inversión no deja de entrar pero los beneficios no se ven tan claramente. Está por ver si a este mercado alcista le queda mucho recorrido o poco. No lo se. Hagan sus apuestas.

viernes, abril 11, 2025

Semana dura para trabajar en mercados

Mi trabajo tiene un elevado componente financiero. Me paso casi todo el día haciendo números que deben cuadrar, ajustarse, cumplir reglas, o respondiendo a peticiones de información. Hay picos y valles, últimamente pocos de los segundos, y la presión existe, creciente, como el número de jefes. Pero al menos tengo una suerte profunda, y es que los “clientes” no pierden dinero en la operativa del negocio en el que estoy. De hecho, no es un negocio, como no lo es todo lo que tiene que ver con la inversión pública, pero sí hay cifras rojas y negras, presupuestos sobrepasados y otros que no se cubren, imprevistos que requieren improvisación y cosas por el estilo.

Esta semana de auténtica locura financiera ha debido de ser una pesadilla para todos aquellos que trabajan en bolsas y mercados. Gestores, fondos de inversión, operadores de trading, los que actúan desde casa de manera autónoma buscando un margen diario…. Todos ellos están habitualmente sometidos a tensiones elevadas, porque su negocio es sacar el margen de una situación de riesgo que no controlan y garantizando los rendimientos de la inversión principal que les han depositado sus clientes. Supongo que en épocas de ascenso constantes, como las que hemos vivido, por ejemplo, en los años 2024 y 2023, la situación es más relajada. Bastaba una gestión pasiva replicando índices para obtener márgenes sustanciales que cubrieran los compromisos de los particulares que contrataban los productos y el resto sería ingreso extra para los que trabajan en el tinglado. Sendas tranquilas, modelos predictivos de comportamiento que se cumplen y sensación de control. Como una tranquila tarde de primavera. Pero, ay, siempre llegan las borrascas, como la de hoy, que alteran el panorama y lo revuelven. Se sabía que la llegada de Trump iba a provocar sacudidas en los mercados, pero pocos intuían lo disruptivo y necio que podía llegar a ser. Hoy, sin que hayamos llegado a los tres meses desde la jura de su mandato, todo está patas arriba, y en los mercados ni les cuento. Subidas y bajadas como las experimentadas estos días no las recoge ningún modelo de comportamiento, se escapan por completo de las distribuciones estadísticas normales y se acercan al extremo de sus colas, donde como si fueran puntos de singularidad, las reglas no se cumplen. Oscilaciones superiores al 5% en un día son burradas ante las que las operativas convencionales poco pueden hacer. Al segundo día de pérdidas exageradas es seguro que la avalancha de clientes llamando a sus gestores haya sido imparable. Teléfonos, correos, aplicaciones, mensajería de todo tipo… peticiones sin fin de clientes asustados que ven en las noticias como las cotizaciones se desploman y que sus ahorros pierden sin cesar. Los nervios son malos consejeros, peores en situaciones de miedo, pero se vuelven inevitables. Ya el pasado fin de semana, con los primeros derrumbes tras el orwelliano día de la liberación, la idea de pasar un par de días de descanso para muchos supongo que se convirtió en un sueño de verano, porque ahora ya los mercados pueden parar, pero las apps no. Gestoras de fondos que llevan patrimonios sustanciales, individuales o colectivos, que se relacionan en muchos casos con planes de ahorro en los que pensiones o figuras de semejante importancia están en juego, empezarían a sudar de lo lindo ante un panorama que se descontrola por completo. ¿Cómo afrontar esa presión? Imagino reuniones de urgencia en el pasado sábado o domingo, improvisadas en muchos casos, no presenciales, con ruido de fondo y sensación de ahogo ante un lunes que pintaba negro y resultó ser opaco. Histeria creciente, y cada vez más presión. A añadir a todo esto los patrimonios personales de los que trabajan en el sector, muchas veces invertidos también, y con ingresos dependientes de unas comisiones en función del rendimiento que se deben estar esfumando. Si algunas de ellas están comprometidas en planes a posteriori es probable que muchas de esos gastos futuros se empiecen a cancelar sin alternativa posible.

Y luego, claro, están los que operan por su cuenta, que se juegan sus propios ahorros y que se forran, es un decir, cuando las cosas van bien, y se pueden arruinar, y muy en serio, si todo va mal. Ahí habrá expertos en la materia, gente curtida con mayor o menor experiencia, junto a un montón de aficionados que han podido ver en el trading una forma de vida y que, tras años de subida, se enfrentan a una de las mayores montañas rusas, llena de dientes, de la historia bursátil moderna. Algunos, armados de un par de manuales y libros de autoayuda, se han lanzado de bruces contra una máquina que, cuando se pone a ello, pude destruir capital y esperanzas sin freno alguno. ¿Cómo se sobrelleva eso? Ni idea.

jueves, febrero 27, 2025

El Ibex, desatado

En medio de esta sensación de colapso institucional y geoestratégico que vivimos, cuando los temores a que algo feo se esté fraguando no dejan de crecer, hay una cosa que también está creciendo y que supone una alegría para millones de españoles, y es el Ibex. El indicador de la bolsa española sube y sube sin que tenga muy claras cuáles son las causas. En lo que llevamos de 2025 su gráfica es similar a la del Angliru u otro de esos puertos míticos del ciclismo con pendientes sin cesar. Empezamos enero en el 11.600 y ahora, dos meses después, estamos casi dos mil puntos por encima, tras cerrar ayer a 13.332. Las ganancias acumuladas en lo que va de año empiezan a dar vértigo.

Si se mira la gráfica del Ibex a largo plazo se puede ver el enorme desierto por el que ha transcurrido la bolsa española. No es si quiera que nos costase más que al resto volver a superar los niveles precovid, que también. Es que desde los máximos históricos de la burbuja nunca habíamos estado tan altos como ahora. La marca de los 13.300 se abandonó en 2008, año que suena a pasado remoto, cuando el derrumbe de Lehman Brothers cambió el mundo. Los máximos absolutos del Ibex se alcanzaron un año antes, en 2007, en el momento álgido de la burbuja inmobiliaria. En torno a octubre de 2007 se superó la barrera del 16.000, y nunca la bolsa española llegó tan lejos. Como sucedió años después con la prima de riesgo, esa variable que algunos han olvidado, pero que con condonaciones trampa pueden hacer que sea necesario volver a recordar, muchos informativos y programas diarios abrían con el fulgor de unas cotizaciones que eran estratosféricas. Ese es un síntoma, dicen los entendidos, de que el final de la subida está ya muy cerca. Unos y otros, tuvieran acciones o no, se beneficiaban de un ascenso de las cotizaciones que engordaba carteras y activos de todo tipo. Desde tan alto la caída fue más dolorosa, y el que diecisiete años después aún no hayamos logrado superar ese registro indica tanto lo sobrecalentada que estaba la economía española en aquel momento como la dimensión y extensión del derrumbe que hemos vivido. Ahora que el Ibex se desmelena, ¿estamos en una situación comparable a la del pasado? Hay ciertos sectores en los que la sensación de burbuja existe, aunque las causas de lo que parece una exuberancia irracional sean distintas. El caso obvio es el de la vivienda, que se puso imposible entonces y también lo está ahora, pero es necesario reiterar que entonces se produjo una burbuja de crédito hipotecario, especialmente de las cajas, tanto a promotores inmobiliarios como a compradores particulares, que fue lo que infló los precios, y el derrumbe de los mismos arrastró a las entidades concesionarias en una espiral de quiebra de ladrillos y financieras. Ahora mismo los precios de las viviendas son imposibles, otra vez, pero no existe ese riego desmadrado de crédito. Más bien lo contrario, los bancos son cicateros a la hora de conceder hipotecas y no hacen locuras. Lo que sí tenemos en España es una sobredemanda de vivienda por aumento de población, por llegada de inmigrantes, por disminución del número de personas por hogar y, por tanto, aumentos de los mismos…. Es decir, hay causas objetivas que incrementan la demanda de vivienda y, en algunos casos, especialmente las compras destinadas a inversión o a residencia de extranjeros, con financiaciones holgadas por parte de quienes adquieren la vivienda, que en muchos casos ni recurren al préstamo hipotecario. La bolsa refleja la coyuntura de un momento de demanda expansiva, de ciclo alcista de consumo y precios, con entradas constantes de turistas que sobrecalientan la economía de, cada vez, más zonas visitables, pero no se si tenemos burbujas. Hay cosas como los niveles de deuda pública que sí están descontrolados, y no parece que las crecientes demandas de gasto en, por ejemplo, defensa, vayan a contribuir a frenarlas, pero en el residencial, el que fue el talón de Aquiles del pasado, no veo una situación equivalente.

La subida de la bolsa, como la del resto de activos, genera lo que se llama el efecto riqueza. Se haya unido uno o no a las ganancias derivadas del ascenso de los índices, tiene la sensación de ser más rico, porque esas acciones que no ha vendido aún valen más que cuanto las compró, o porque el piso en el que reside se ha inflado, y eso estimula el gasto, la confianza en las finanzas personales, esté esta basada en realidades o no. Mucho cuidado, es entonces cuando se pueden cometer los errores más graves. No se si el Ibex va a seguir subiendo o si está cerca de un techo o si Trump lo va a tirar. De momento, llevamos dos meses de fiesta.

jueves, agosto 22, 2024

Susto bursátil superado

El lunes 5 de agosto se produjo un terremoto bursátil en todo el mundo. El desplome del 2% del Nikkei japonés arrastró a mercados de Asia, Europa y EEUU en una espiral bajista que rompía unos gráficos que llevaban todo el año siendo alcistas. Ante una convulsión semejante el miedo es libre, y los titulares de los medios así lo reflejaban. El movimiento, brusco y relativamente sorpresivo, parecía indicar la presencia de un temporal de verano, de esos que amargan la playa a los inversores y generan dolores de cabeza en la macro. La cosa no pintaba bien.

Prácticamente tres semanas después, los índices han recuperado el valor previo al derrumbe de ese lunes, y, en algunos casos, como el de la bolsa americana, los han superado, por lo que el bache ha quedado atrás. Quien liquidó posiciones en el desplome o bien hizo algo de caja con la ganancia que llevaba acumulada o apenas se enteró porque si había comprado cerca de máximos ahí ejecutó su venta. Las estrategias conservadoras a la búsqueda de una cartera larga en el tiempo sí saldrían perjudicadas, porque no soportan para nada estos vaivenes, pero lo cierto es que si usted se fue a la playa a principios de agosto, no tenía puestas órdenes automáticas de ventas ante derrumbes (los stop losses) y vuelve la semana que viene a su puesto de trabajo, consultará su cartera y tendrá la sensación de que no ha pasado nada de nada. Los que no han hecho movimiento alguno, o esos suicidas que entran en barrena cuando las cotizaciones caen y compran barato son los que han salido más beneficiados de este movimiento. ¿Es normal? ¿Hubo una sobrereacción de los mercados a lo que pasó en Japón? ¿Había ganas de hacer barrida, algo de limpieza, y lo de Japón fue la excusa? No lo se, pero es verdad que a veces, demasiadas veces, encontrarle sentido a lo que sucede en la bolsa es una labor propia de filósofos más que de economistas. No es normal que caídas tan abruptas se queden, en tan poco tiempo, convertidas en nada. No es nada habitual que el VIX, el índice de volatilidad de EEUU, el llamado indicador del miedo, se disparase casi hasta máximos históricos ese día y que hoy, casi tres semanas después, roce mínimos absolutos. Realmente, si uno mira los gráficos, no parece que hayamos vivido una crisis bursátil, sino un día de histeria que se ha recuperado en semanas, y ya está ¿Es tan simple como eso? Quizás, no lo se. Los fundamentales de la economía global no han cambiado mucho en estas tres semanas, los que predicen que seguirá fuerte siguen optimistas, los que prevén que la famosa recesión, la más anunciada de los tiempos modernos, esta vez sí se acerca mantienen su fe en gráficos y datos que señalan problemas y, en general, el año bursátil sigue siendo alcista. El episodio del 5 de agosto aumentó notablemente la presión para que los bancos centrales, léase FED y BCE, bajen los tipos en sus próximas reuniones de septiembre. Esas llamadas a la bajada fueron un clamor el 5 y 6 de agosto y se han ido apaciguando a medida que el mercado ha corregido la pérdida, pero índices como el euríbor, que siguen a la baja, señalan como bastante probable que sí se den recortes de tipos con el inicio del otoño, lo que supondría nuevos estímulos a mercados como el inmobiliario, al abaratarse el coste de las hipotecas. La reacción de las bolsas ante una bajada tan solicitada puede ser de todo tipo, desde la alcista que diría la lógica a la bajista, por eso de comprar con el rumor y vender con la noticia. Sí se detecta una especie de atonía global en variables como el consumo, y bajadas de precios en algunas materias primas, como el petróleo, que está dando buenas noticas a los veraneantes viajeros, que podrían indicar señales de enfriamiento. ¿Es eso suficiente para frenar el ímpetu de unas bolsas que, especialmente en EEUU, lo están haciendo fenomenal? No parece a corto plazo.

Dicen los que de esto saben que el mercado bursátil debiera aguantar alcista al menos hasta las elecciones norteamericanas. Muchos apuntan a que el Tesoro y demás instituciones de EEUU están expandiendo el gasto todo lo que pueden, incurriendo en déficits monstruosos, para sostener la economía del país y que esa sea una baza en la candidatura demócrata y, si tras las elecciones, se revalida el mandato, asistiríamos a un freno en el gasto público y a un recorte en mercados de cierta entidad. Tampoco lo se, aunque el relato es verosímil. En todo caso, del susto japonés queda poco, pero ya saben cómo es esto, un campo de minas donde, cuando menos te lo esperas, se revienta una.

miércoles, febrero 14, 2024

¿Hay burbuja en Wall Street?

El pasado viernes, por primera vez en la historia, el índice SP 500 de la bolsa de Nueva York cerró por encima de los 5.000 puntos. Tras un inicio de enero con altibajos, febrero ha sido una sucesión casi constante de máximos históricos que ha llevado a la bolsa y a sus tres índices de referencia, el citado SP, el Dow Jones y el Nasdaq, a tocar cotas nunca vistas. El 5.000 tiene valor como símbolo, pero no es un soporte ni tiene significado dentro de la teoría chartista, la que se basa en elucubrar el futuro por la forma de los gráficos. Eso sí, alcanzarlo permite publicar titulares muy redondos y llenar portadas con la conquista de otra cima, una más.

Gran parte de la subida de los índices norteamericanos se ha producido en estos últimos años gracias a las llamadas siete magníficas, empresas tecnológicas relacionadas tanto con internet como con las tecnologías relacionadas, especialmente en el campo de la fabricación de semiconductores y la IA. Microsofto, Apple, Alphabet (Google) Meta, (Facebook), Nvidia, Tesla y Amazon son monstruos que, en algunos casos ya viniendo del olimpo y, en otros, entrando recientemente en él, han alcanzado valoraciones directamente inimaginables. Las dos primeras de la lista son las primeras empresas del mundo cuya capitalización bursátil supera los tres billones de dólares, con b de burrada. Esto significa que, en bolsa, Microsoft o Apple están valoradas, cada una de ellas, como dos veces el PIB de España. A precios de ayer al mediodía, todo el Ibex 35 español valía unos 650.000 millones de euros, por lo que, redondeando, cada una de estas empresas vale unas cinco veces toda la cotización de la élite empresarial española. Son unas cifras asombrosas. Nvidia, la última de las llegadas a este grupo de maravilla, supera ya el billón y medio de capitalización, y es la que ha experimentado las mayores ganancias porcentuales de valor de todas ellas a lo largo del pasado año 2023. Nvidia es un fabricante de chips, que durante años fueron dedicados casi en exclusiva a las tarjetas gráficas de los ordenadores, para apoyar al procesador central en el manejo de las imágenes cuando eso era una labor muy intensiva. En el mundo de los videojuegos Nvidia era muy conocida, pero no tanto fuera de allí. De repente, con el boom de la IA, la empresa se ha disparado ¿Por qué? Resulta que la arquitectura de sus procesadores, pensada para ese tratamiento de imágenes que antes comentaba, encaja a la perfección en la manera en la que trabajan internamente sistemas como ChatGPT y similares, ofreciendo un rendimiento mucho mejor que los chips de propósito general que desarrollan empresas como Intel o AMD. Y la demanda de productos de Nvidia no ha dejado de crecer a medida que la IA se ha convertido en el nuevo santo grial de la industria tecnológica. Las inversiones en ese mundo crecen sin freno y a ellas se han subido las siete magníficas, tanto desde el lado del hardware como del software. La semana pasada Sam Altman, el responsable de Open AI, el que fue cesado y reincorporado en el extraño culebrón que se dio en la empresa hace unos meses, afirmaba en unas declaraciones que eran necesarias inversiones en el campo de la IA por valor de billones de dólares para el desarrollo de software, producción de chips, entrenamiento, etc. Cifras monstruosas que dejan los esfuerzos de los presupuestos de inversión públicos convertidos en calderilla. Afirmaba Altman que era el momento para que fondos soberanos de naciones como la saudí o noruega, dotados de una capacidad de gasto que se puede medir en esas escalas inconcebibles, entrasen de pleno en el sector, porque la necesidad de recursos era ingente, pero las posibilidades de ganancia y de nuevos descubrimientos resultaban aún más asombrosas. Uno leía titulares de este tipo y, además de buscar en varias fuentes para comprobar si había erratas con las unidades de medida de las cifras, sentía un cierto estremecimiento por las dimensiones que pueda estar alcanzando el mundo de la IA en el plano ya no tecnológico y de poder, que también, sino simplemente en el financiero. ¿Cómo desarrollas un gasto de semejantes proporciones? ¿Qué sucede si fracasa?

Todas estas noticias juntas, y la bolsa disparada, han llevado a muchos a preguntarse si, realmente, estamos ante una burbuja, repetición a su manera de la “puntocom” que se dio en el Nasdaq hace veinte años, sólo que en este caso centrada en el campo de la IA y sus derivadas. No lo se. Lo malo de las burbujas es que tienen que reventar para, una vez contemplado el destrozo causado, poder afirmar que, en efecto, lo eran. Si no hay reventón no hay burbuja. Tengo el pálpito de que algo parecido a una burbuja se está gestando en ese mundo, pero puede que estemos realmente ante algo novedoso que altere la forma de muchos negocios y genere un efecto escalar no visto. En todo caso toca ser precavido. Ayer la bolsa corrigió ligeramente.

jueves, enero 11, 2024

La SEC autoriza los ETC sobre Bitcoin

Si vuelvo a leer el titular del artículo de hoy soy consciente de que mi madre no sería capaz de pasar de la primera palabra sin entender nada, por lo que voy a ver si soy capaz de explicar, de manera comprensible, que es lo que dice y por qué es importante ese hecho, y las ventajas y riesgos que supone la creación del nuevo vehículo inversor asociado a la más importante de las criptomonedas que existen. En pocas palabras, se democratiza la inversión en este tipo de activos, por lo que ahora cualquiera va a poder arriesgarse al pelotazo, y a perderlo todo, gracias a la evolución de un archivo informático al que el mercado le otorga miles de euros de valor

Hasta ahora, invertir en bitcoins era una cosa sólo apta para valientes. Uno podía hacerse con grandes equipos informáticos y proceder a minarlos, resolviendo los complejos problemas matemáticos que, como solución, generan bitcoins. Es un trabajo caro, pesado, muy exigente en recursos de computación y energía, necesita miles y miles de euros de inversión y es arriesgado, porque renta si la cotización del bitcoin supera los costes, sino es ruinoso. Otra opción era comprar bitcoins en plataformas que mercadean con ellos. Las dos líderes del mercado son Coinbase y Binance, ambas envueltas en escándalos de todo tipo. Son mercados no regulados, sin supervisión legal, en los que uno adquiere cosas sin garantía de que eso le sea realmente entregado. Esas plataformas ofrecen también un servicio de custodia de los bitcoins comprados, porque uno puede adquirirlo y llevárselo a su ordenador personal, pero si lo borra por error o el ordenador sufre algún percance y el archivo se vuelve inaccesible lo hemos perdido, y todos sabemos lo que fastidia perder un documento que no vale las decenas de miles de euros a los que cotiza ahora mismo el bitcoin. Para evitar todo esto está la industria financiera, que crea productos en los que uno, desde su entidad bancaria o plataforma de trading, puede invertir dinero en las cantidades que se desee no en acciones de Ibex, sino en cualquier otro producto o bien sin tener que tener realmente el bien. Los ETF son las siglas en inglés de fondos cotizados, fondos en los que uno invierte comprando participaciones en ese fondo que fluctúa de valor en función del subyacente al que esté anclado. Hay fondos de todo tipo, de autor y no, activos y pasivos, cotizados y no. En un ETF normalmente el fondo replica un índice y se comporta de igual manera. Si el Ibex un día cierra subiendo un 0,3% el ETF del Ibex sube un 0,3% y si yo había comprado a la mañana una participación en el fondo por valor de 1.000 euros al final de la jornada mi participación vale 1.003. Si voy a la bolsa puedo comprar acciones de empresas del Ibex por mi cuenta, pero no puedo comprar “Ibex” porque es el índice, pero sí un ETF que lo replique, por lo que el trabajo de diversificación de la cartera que supone el índice ya lo ha hecho el ETF al replicarlo. Como todo fondo, poseen comisiones de mayor o menor grado y su liquidez depende tanto del activo al que se fijen como del número de participantes y el interés que tenga el mercado en ese momento. En un ETF sobre Bitcoins no necesito tener bitcoins reales, minarlos, comerciar con ellos ni nada por el estilo, sino que compro una participación en un fondo que replica la cotización del Bitcoin, y me llevo sus subidas y bajadas, con la ventaja de la liquidez y de que, ahora sí, estoy en un mercado regulado en el que la SEC, el organismo regulador de la bolsa y valores en EEUU, audita las cuentas y realiza inspecciones a los que participan en el mercado y ofrecen títulos y productos a la venta. Muchos ETF son creados por bancos de inversión, gestoras de fondos y empresas por el estilo dentro de su cartera de productos, y el cliente que a ellos acude puede optar por contratar uno o varios de estos en función de su apetencia al riesgo, liquidez, deseos y cualesquiera variables se les ocurran.

Dado que la cotización del bitcoin es una montaña rusa, el que meta ahí dinero va a ver subidas y bajadas a lo loco, por lo que estos ETF se van a convertir en productos de riesgo, de esos en los que se puede perder y ganar mucho, por lo que, dado lo primero, no se los recomendaría a mi madre. Se espera una demanda muy alta de inversores ávidos de entrar en este mercado y eso ha hecho que el rumor del lanzamiento de estos productos, que lleva tiempo circulando, haya concluido esta semana con el hackeo de la cuenta de X, antiguo Twitter, de la SEC, realizando un anuncio falso de la aprobación de los ETF un día antes de que realmente tuviera lugar, lo que permitió a alguno pegar un buen pelotazo con Bitcoins al contado. En fin, emoción en el parqué.

viernes, octubre 27, 2023

Las bolsas están bajando

Desde hace unas semanas las bolsas han iniciado un camino de descensos que amenaza con convertir lo que hasta ahora era un año excelente en otro bastante distinto. El Ibex español ha perdido esta semana los 9.000 puntos y el SP 500 de Nueva York el 4.200. Ambos siguen en ganancias desde inicios de año, porque tras un enero marzo que fue de subida y bajada, a partir de abril se inició un ascenso sostenido que llevó a los máximos de finales de julio. Estas bajadas se han comido parte de esa gran ganancia acumulada, pero aún dejan 2023 como un año bursátil muy rentable. Está por ver si irán a más o no

¿Por qué bajan? Ya saben que a veces justificamos los movimientos de la bolsa en hechos que creemos que tienen relación con las cotizaciones pero que, la verdad, pueden serles totalmente ajenos. A priori tener dos guerras declaradas en las que occidente es atacado no es bueno, y seguro que asienten, pero la de Ucrania ya había sido más que digerida por los mercados, quizás falte por asimilar las consecuencias que pueda tener la de Gaza. Los movimientos de los bancos centrales han entrado en pausa, tras subir mucho los tipos de interés. Durante casi dos años las bolsas han estado jugando a encontrar el pivote, el momento en el que, para ellas, la FED o el BCE anunciarían que se acaban las subidas de tipos y empiezan los recortes. En cada decisión monetaria se ha dado una frustración, porque todas han sido de subidas, hasta ahora, donde hemos entrado en una pausa, una meseta de tipos altos que pueden permanecer ahí más de lo esperado. El daño que esos tipos hacen a la financiación de la economía, encareciendo el crédito, empieza a notarse en distintos sectores, y es un factor que apunta también a una contracción económica, que mermaría beneficios y dañaría las cotizaciones. Otro factor que está poniendo muy nervioso a todo el mundo es el comportamiento de los títulos de deuda pública. Las rentabilidades de todos ellos están claramente al alza, con el bono estadounidense a diez años, la referencia global de este tipo de activos, rozando día sí y día también el 5%, un nivel altísimo. Ya saben que los tipos de los bonos se mueven en sentido inverso al del valor de ellos, por lo que una subida de tipos quiere decir que los bonos cotizan por debajo de su valor de emisión, y quienes los han comprado están en pérdidas. Que el Treasury americano dispare su cotización implica que el valor de los bonos está cayendo sin cesar en las carteras de medio mundo, que los tiene acumulados en fondos de inversión, pensiones, soberanos y de todo tipo. Esto implica pérdidas latentes en la valoración de esas carteras, que se si realizan supondrán pérdidas reales de capital invertido. No sólo el americano se devalúa, también lo hacen los europeos. El español a 10 años está en el 4%, nivel alto, menor que el del americano por cómo el BCE manipula el mercado para contenerlo, pero alto. Todo esto también implica que las nuevas emisiones de deuda que realizan los estados para financiar sus constantes déficits públicos cada vez son más caras. Se acabó el tiempo de los intereses casi nulos o negativos, en los que endeudarse era un chollo. Ahora la deuda sale cara, muy cara, y eso se irá notando en los presupuestos de todas las naciones, donde la partida de pagos de intereses de la deuda, que llevaba unos años contenida gracias a esos tipos anormalmente bajos, va a ir creciendo poco a poco, pero sin cesar. Nuestra amiga la prima de riesgo, escondida ella, se mantiene sin mucho movimiento en unos 110 puntos básicos, lo que quiere decir que si nuestro bono a 10 años renta un 4% el alemán lo hace al 2,9%, pero sin que esa prima se dispare el coste de la financiación ya ha crecido mucho por el incremento de los tipos nominales. Alemania ha pasado de ganar dinero endeudándose a pagar al 2,9%, lo que es una situación radicalmente distinta. Si el mercado de bonos se desestabiliza, y el ritmo al que está emitiendo EEUU contribuye a ello, es imposible que bolsas y el resto de mercados financieros no sufran vaivenes.

La gran pregunta es si, esta vez sí, la recesión llega. Hace un otoño, en el 2022, todos creíamos que sí, y nos equivocamos por completo, sin que las causas estén aún muy claras. Esta vez todo apunta a que esa recesión sí que puede presentarse, pero debemos ser cautos. EEUU sigue creciendo por encima de toda previsión mientras que en la UE países como el nuestro aguantan por el tirón turístico mientras que Alemania lleva un año entre recesivo y paralizado. Sí que parece que las fuerzas que frenan la economía empiezan a pesar más que las que empujan, con una China que no carbura, y globalmente podemos ir a un escenario de bajo crecimiento, en el que las recesiones en distintas economías sean factibles. ¿Cotiza eso ahora en las bolsas? Puede ser

jueves, junio 01, 2023

Nvidia, ¿hay burbuja en la IA?

Nvidia es una empresa muy famosa en el mundo de la informática. Fue de las primeras creadoras de tarjetas gráficas, esa extensión de hardware que permite al ordenador manejar con mayor velocidad las imágenes que nos muestra en pantalla, y desarrolló una tecnología de procesador específicamente diseñada para eso, para manejar imágenes a lo bruto, polígonos de manera masiva, que era necesario para que los juegos primero, y luego otros programas, dieran de sí todo el potencial que escondían. Las tarjetas Nvidia se convirtieron en algo obligado en los equipos de alta gama, algo así como Intel en el mundo del ordenador personal.

Si les hablo de Nvidia, y a algunos puede que les suene a chino, se debe a que hace una semana, el 25 de mayo, sus acciones sufrieron un alza espectacular en la bolsa de Wall Street, una ganancia del 25% en una sesión, el día después de que anunciase unos beneficios jugosos en el primer trimestre del año y, sobre todo, una expectativa de ventas futuras desorbitantes. La empresa siguió subiendo hasta este martes 30, y ahí se convirtió en otra de las selectas que ha alcanzado el valor de capitalización de un billón de dólares, con be de burrada. Nvidia se ha convertido en una de las mayores empresas tecnológicas del mundo, así de simple, y eso ha generado la atención y, también, chiste fácil, la envidia de todo el mundo. ¿Qué ha sucedido para que una empresa, que sí que era grande, se convierta en un mastodonte? Bastan dos palabras: Inteligencia Artificial. Resulta que los procesadores que diseña Nvidia, que tienen un destino mucho más específico que los generales que elabora Intel o AMD, como antes les decía, no sólo son muy buenos para el tratamiento de gráficos, sino que rinden perfectamente en los sistemas de redes neuronales, que son los que están detrás de ChatGPT y todo ese grupo de sistemas de conversación virtual. Esas redes neuronales son complejísimas, con millones de conexiones entre unas y otras, pero las operaciones que realiza cada una de las “neuronas” con sus vecinas son extremadamente sencillas, y el procesador gráfico de Nvidia es el ideal para ejecutarlas. Todas las empresas que están detrás del desarrollo de sistemas tipo ChatGPT llevan un tiempo demandando a la empresa los procesadores más punteros que sea capaz de producir, y de hecho existe un cierto desabastecimiento en el mercado de ordenadores de los productos de Nvidia de alta gama, porque no es capaz de producir la cantidad que se le demanda. La explosión de la IA, las enormes inversiones que se están realizando y el crecimiento de las empresas y productos basados en ella requiere muchas cosas, y también componentes avanzados como esos procesadores, y las previsiones de ventas de Nvidia reflejan la carrera desatada que se ha puesto en marcha entre distintos actores para llevar a cabo sus proyectos de IA. El boom de la cotización es una derivada de ese aluvión de dinero que está llegando a la nueva tecnología de moda. Cuando Microsoft dijo que iba a invertir 10.000 millones de dólares en OpenAI, la empresa que desarrolla ChatGPT, es evidente que una parte sustanciosa de ese dinero se irá a equipos y sistemas en los que la tecnología de Nvidia estará muy presente. Y si Microsoft hace eso el resto de competidores, con Google a la cabeza, también, por lo que el disparo de la cotización de la empresa tiene una justificación y, nuevamente, uno se queda con la cara de tonto por no haber tenido la agudeza de meter algunos euros en esa empresa cuando todo esto de ChatGPT saltó a la luz. Otra oportunidad perdida de subirse al carro alcista que, vista a posteriori, era tan obvia. La vida se repite una y otra vez.

Y en esa sensación de repetición, con el billón de valor cotizado alcanzado, ha surgido la palabra y el miedo tradicional. ¿Estamos ante una burbuja de IA? La tecnología promete maravillas, pero de momento absorbe muchos recursos y vende expectativas, lo habitual en estos casos. ¿Se está engordando algo que puede acabar siendo mucho menos valioso de lo que se anuncia y se lleve por delante ahorros e inversiones? Es imposible contestar esa pregunta en este momento, sólo el tiempo podrá decir si estamos ante algo ya visto en sectores tecnológicos, y muchos otros. De momento, su tenían acciones de Nvidia compradas hace dos o tres semanas, son la envidia del resto de sus amigos. Disfrútenlo.

viernes, septiembre 30, 2022

La bolsa, y el Reino Unido, caen con fuerza

Si usted tiene acciones, fondos de inversión o cualquier otro tipo de producto financiero verá como, día a día, el valor de sus inversiones cae sin que nada parezca ponerle freno. El desplome de las cotizaciones empezó a ser significativo cuando el inicio de la guerra de Ucrania y los primeros datos de inflación desmadrada nos pusieron ante un panorama muy inesperado por casi todos. Fue el anuncio, y las decisiones de los bancos centrales de subida de tipos lo que catalizó el sentimiento vendedor y desde entonces los índices, en Europa y EEUU, caen con ganas. Ayer el Ibex marcó un nuevo mínimo anual, el último, por ahora, de este ejercicio.

Lo cierto es que el marasmo económico en el que estamos no deja de ir a más, y esta semana hemos visto, con sorpresa, como la economía británica es la primera que sufre los embates de lo que parece ser una nueva crisis financiera. Hace ya algunos días que la subida de la cotización del dólar y la debilidad de las monedas europeas habían logrado que nuestro euro perdiera la paridad, y ahora se cambia por unos 0,96 dólares (prohibitivo se ha vuelto viajar a EEUU) y al libra, antaño tan fuerte, empezaba a tener la paridad con el dólar también muy cerca. La presentación de las medidas presupuestarias del nuevo gabinete de Liss Trust ha sido la puntilla para la moneda y deuda británica. Ese proyecto, que recoge una bajada de impuestos y un aumento de la deuda, sería factible en una economía como la norteamericana, en la que la moneda es demandada por ellos y el resto del mundo, pero no en una economía nacional pequeña, que eso es la británica, que posee una divisa que no es menor pero, desde luego, hace tiempo que no actúa como refugio. Fue anunciarse su plan y la libra cayó aún más y el tipo de la deuda británica a diez años se disparó por encima del 4%, superando ampliamente al nuestro, que está en el 3,4%. Al no estar en la zona euro, no existe el concepto de prima de riesgo británico respecto al bono alemán, pero si quieren hacer el ejercicio y restar, nosotros nos encontramos en el entorno de los 120 puntos básicos y Reino Unido está en casi los 200. Asombroso, la economía británica comportándose como una perfecta economía periférica de la zona euro, quién lo iba a decir. Si nosotros no hemos tenido aún esas tensiones se deben a la intención declarada del BCE de sostener la deuda periférica dentro de su política de tensión de tipos, pero el Reino Unido va por libre, y está en medio de la tormenta sin mucho amparo. Su banco central ha salido esta semana a los mercados a comprar títulos de deuda para tratar de contener el tipo de interés, es decir, bajar esa prima de riesgo. Quizás no le haya quedado otra opción, pero ese movimiento revela la debilidad de la economía de las islas, y supone una acción devastadora a futuro. Con la inflación desatada también allí, y con una moneda débil, lo que supone importar más inflación, el Banco Central británico ya había comenzado, como todos, a subir tipos, para tratar de embridar los precios, pero esas compras de deuda para sujetar su valor son un estímulo adicional al gasto, lo que es justo lo contrario de lo que se necesita. Realmente es como si se estuviera pisando a la vez el acelerador y el freno del coche, lo que no lleva a ningún sitio bueno. La reacción de los mercados ante los planes del gobierno Trust ha sido de manual, lo típico que sucedería en un país del sur europeo, pongamos Grecia o España, si su gobierno hace un plan expansivo de deuda y todo el mundo sabe que no tendrá recursos para pagarla. Reitero que lo novedoso es que sea el Reino Unido el país que primero, y con esa fuerza, replica la dinámica de una economía menor y dependiente. Quizás porque realmente lo sea. A los pocos días de empezar su mandato a la primera ministra Trust se le ha muerto una reina eterna y casi se le cae la libra por el sumidero. No está mal como balance, no.

Más allá del Reino Unido, y sin que sepamos qué va a pasar con la guerra en Ucrania, el movimiento global de los mercados cotiza recesión. Materias primas y productos energéticos caen anticipando una demanda menor y todo nos lleva a pensar que, si no es para Navidad, el año 2023 será negativo en casi todas las grandes economías del mundo (ojo con China, sumida en problemas propios derivados de una burbuja inmobiliaria reventada). Es una recesión rara, con toques muy setenteros, con alta inflación y, de momento, bajo desempleo, pero con probable colapso de demanda de familias y empresas ante el incierto panorama. Ahorren y sean precavidos ante lo que pueda llegar.

lunes, junio 13, 2022

Las bolsas cotizan recesión

Tanto calor hace en la calle como frío en los mercados. Quizás no le prestaron mucho interés el viernes por la tarde a la evolución de las bolsas pero lo cierto es que el porrazo fue de los duros, con un Ibex que se dejó más del 3% y unos índices americanos que, no tanto, superaron el 2% de caídas de manera amplia. Las explicaciones de los expertos, que el jueves no veían esos desplomes, iban desde el dato de inflación en EEUU, nefasto, hasta la resaca de las decisiones del BCE anunciadas el jueves, que no tuvieron mucha cosa de sorprendente. Lo cierto es que el cierre de sesión y de semana fue un alivio. Si la cosa dura unos minutos más las pérdidas se hubieran acrecentado.

Desde hace dos meses los índices, especialmente en EEUU, están en formato corrección sin paliativo alguno. Rebotes a veces violentos pero breves en una secuencia de bajada que, en el caso del Nasdaq, la ponen en dimensión a la altura del crack del 2000, con una reducción del 20% desde máximos. No es sólo la tecnología, pero es ella la que más se está dejando en un bajonazo que, como suele ser habitual, pocos expertos han visto, y la mayoría han ido calificándolo de transitorio hasta que, probablemente, ellos también han entrado en pérdidas y han empezado a asustarse. El contexto bursátil antes de la guerra de Ucrania ya estaba mal, con una inflación desatada y unas perspectivas bajistas ligadas a la política de subida de tipos de la FED para volver a la normalidad monetaria tras los excesos pasados y la recuperación post Covid. El desastre ocasionado por Rusia he echado mucha más gasolina al cóctel inflacionario y a la incertidumbre que nos rodea, y eso ha terminado por fastidiarlo todo. Ahora mismo las voces que señalan que nos encaminamos a una recesión crecen a medida que los índices cotizados agudizan sus pérdidas anuales. En ciertos países de la eurozona la recesión técnica parece obvia por los datos que tenemos en el primer trimestre, con poco más de un mes de guerra efectiva. Recordemos que recesión es un término acordado por los economistas para definir un periodo de, al menos, dos trimestres de caída del PIB, pero como siempre es un concepto resbaladizo, que puede esconder muchos tipos de crisis y de intensidades muy diversas. La doble recesión de 2008 – 2012 fue en términos de PIB menos dolorosa que la única provocada por el Covid, que ha dejado a todas las anteriores convertidas en suaves olas en las gráficas frente al desplome producido por el cierre de 2020, pero ambas crisis fueron de una naturaleza muy distinta y de efectos también divergentes. Me atrevo a decir que, económicamente, el impacto de la de 2008 – 2012 fue mucho mayor del que vivimos en 2020, en el sentido de que aquella sí fue una crisis económica, mientras que la del Covid fue un desastre sanitario que afectó a todo, obviamente también a la economía. ¿Ante qué estamos ahora? Tenemos un shock de precios energéticos motivado por el rearranque de las economías tras el parón del Covid y las restricciones de oferta fruto de varios años sin inversión y de los cortes provocados por la guerra. Así mismo también las cadenas logísticas globales siguen perturbadas por efectos de las aperturas y cierres Covid, agravado este efecto por los rebrotes que se suceden en China y la no operatividad de sus enormes y vitales puertos. Por el lado monetario, el festín de estímulos lanzados por las autoridades para, en su momento, apaciguar los efectos de las crisis de deuda soberana europea de 2012 y luego permitir la expansión del gasto público necesaria para amortiguar los efectos del Covid ha dejado un mercado inundado de dinero. Los tres factores se han traducido en unas enormes tasas de inflación, condicionadas más o menos por factores reales o monetarios según qué sector y qué nación, que ahora mismo nos colocan en porcentajes de incrementos de precios no vistos en décadas.

Los gobiernos saben que con esas tasas no pueden ser reelegidos y que no hay manera de que la población esté tranquila antes una cesta de la compra que sube como la espuma, haciéndole la competencia a los termómetros en la ola de calor. Las bolsas de ahorro pandémico generadas durante el encierro parecen haberse destinado sobre todo al mercado inmobiliario, donde las compras y ventas de pisos están en pleno festín, y al ocio veraniego, con una demanda de viajes desatada y un precio de los hoteles que se infla más que las estrellas que los identifican. La duda es qué va a pasar después del verano, y, si las bolsas funcionan como indicador adelantado, que lo suelen, el panorama que vislumbran es sombrío. Estamos avisados de que vienen curvas.

jueves, mayo 12, 2022

Criptocrash

Enfangados como estamos en las cutres miserias de nuestra vida política, que tan bien nos retratan, no prestamos atención a lo que sucede fuera, que no se si es más sucio, difícilmente, pero desde luego sí importante. La bolsa de Nueva York llega dos semanas de desplomes, especialmente el índice tecnológico Nasdaq, y lo que empezó siendo un año prometedor en lo económico camina con fuerza hacia un destino recesivo cada vez más intenso. Fondos de inversión y carteras asociadas sufren desplomes enormes, dado que todos ellos poseen acciones de estrellas como Apple, Alphabet (Google) Amazon, Microsoft y otras tantas, que llevan varios días perdiendo miles y miles de millones de dólares de capitalización.

Si el marcado convencional sufre un desplome, el de las criptomodenas está viviendo una auténtica sangría, con derrumbes propios del estallido de una burbuja. Ayer el famoso Bitcoin cerró a 26.743 dólares, lo que es mucho, sí, pero apenas la mitad de los 49.744 a los que cotizaba a finales de marzo, y aún más lejos de los 67.000 que marcaba a mediados de noviembre del año pasado. Los que argumentaban sin cesar que en épocas inflacionarias como las que vivimos las criptomodenas iban a servir como activo refugio y demostrar su valor espero que no hayan seguido sus propios consejos y no hayan poblado su cartera de este tipo de activos buscando refugio. Este derrumbe afecta a todas las “criptos” sea cual sea su metodología y características, y lleva a preguntarnos qué implicaciones puede tener este derrumbe en la economía real. Es una pregunta difícil de contestar por la propia novedad de estos activos, pero más allá de que quien haya invertido en ellos pueda arruinarse, podemos hacer una división básica entre dos tipos de criptomonedas. Unas, como el Bitcoin o Ethereum, las más conocidas, son meros soportes de valor y se basan en lo que creen sus compradores que pueden llegar a valer, pero en sí mismas no son nada. En este sentido sí funcionan como el dinero real, porque las monedas y billetes que tenemos en el bolsillo nada valen de manera intrínseca. Lo que en el caso del dinero real genera valor es su obligatoriedad legal de uso y que todos sabemos que funciona y es aceptado. En estas criptos que valen lo que la fe del mercado les pueda otorgar el desplome de su valor arruinará miserablemente a particulares y empresas que se hayan metido en ese mercado, en el que no hay garantías ni nada por el estilo. La sangría puede ser enorme. El otro tipo de “criptos” son las llamadas “stable coin” criptomonedas tecnológicamente parecidas al Bitcoin pero que están ligadas a una moneda real ya existente y poseen un respaldo financiero real por parte de las empresas que las emiten. Theter es un ejemplo. Ahí se supone que la emisión de esa criptomoneda está respaldada uno a uno por un dólar, por lo que el riesgo de perder el dinero se difumina. El creador de la moneda, por así decirlo, se ha inventado un derivado, esa moneda, con la base de un fondo de riqueza real, para así expandir la capacidad financiera de ese fondo, y ofrece al inversor un respaldo seguro que le garantiza que no pierde. ¿Dónde gana el inversor en este juego? Con la rentabilidad que el creador de la moneda le ofrece por invertir en ella, rentabilidad que se consigue aupándose a la moda de las criptomonedas y haciendo así que el valor se infle o prometiendo unos intereses elevados a los inversores. Si uno escarba un poco en este tipo de negocios descubre que algo no está muy claro, porque a medida que el número de inversores crece la promesa de los intereses cada vez pesa más sobre un fondo inicial que sólo se puede enriquecer cuando el mercado sube, como pasaba hasta ahora, o el número de inversores crece, y eso paga los intereses… ¿Suena a estafa piramidal? En gran parte sí, y el miedo es que eso se confirme y arrastre a inversores, criptomoneda y fondo que la respalda, que ante desplomes como los que vivimos es incapaz de garantizar la conversión de un Theter a un dólar. ¿Hasta dónde llegan las ramificaciones de la cobertura de estos fondos? ¿Cuánto pueden arrastrar las “stable coin” en su caída a finanzas solventes que se usaron como avales?

Una de las características que nunca nadie debiera olvidar en esto de los mercados “cripto” es que no son mercados regulados, sometidos a supervisión y garantías. Eso no sólo significa que puede haber estafas y robos, de muchos tipos, sino que, también, no hay volumen de inversión mínimo que esté garantizado por ninguna institución y se pueda rescatar o salvar. No es el antiguo oeste, pero se le parece mucho, y si se pierde la bolsa con las monedas no hay manera de rescatarla. Muchos han entrado ahí al calor de las fulgurantes subidas del pasado y eso despierta voraces apetitos, condición necesaria, no suficiente, para que se organicen castillos de naipes que pueden derrumbarse de manera estrepitosa. Mucho cuidado con este tipo de inversiones, sepa lo que hace y no se meta sino, y no meta ahí cantidades importantes, puede perderlo todo.

miércoles, abril 27, 2022

Tormentas en las bolsas

Ayer por la tarde tuvo lugar una potente tormenta en Madrid, y en otras localidades españolas, pero metafóricamente, a lo largo de todo el mundo, fue un día tormentoso en las bolsas. Si alguna vez creí saber algo sobre ese mundo cada día descubro mi total ignorancia. En España, a primera hora, el Santander presentó resultados, muy buenos, y la cotización de la acción arrancó subiendo un 3%, y al del Ibex algo más del 1%, lo que parecía coherente. A lo largo de la mañana banco e índice perdieron lo ganado para ponerse planos y, al cierre de las 17:35 el Santander cayó un 6% casi diez puntos porcentuales de pérdida entre el máximo y el mínimo. Una locura.

¿Por qué? No lo se. Seguro que hoy algunos articulistas le encuentran explicación a un fenómeno que a eso de las 10 de la mañana de ayer no entraba en la cabeza de ninguno de los que compraron el valor. Más allá de nuestro Ibex, que pesa poco, las bolsas globales sufrieron ayer un mal día que termino peor en Nueva York, con los índices americanos cayendo con ganas y a la cabeza el tecnológico Nasdaq, con una bajada algo superior al 3%. ¿Por qué este desplome de las bolsas, que llevan un mal año? La respuesta corta y obvia es fácil, y tiene que ver con las intenciones de la FED de subir los tipos de interés para frenar la inflación en los EEUU, y eso hace bajar el valor de las acciones. La inversión de la curva de tipos que se ha dado en EEUU, con una rentabilidad más alta para los bonos de corto plazo que para los de largo, lo que es contraintuitivo, es un fenómeno que, casi siempre, indica negros nubarrones económicos en ese corto plazo. La respuesta larga, y algo más complicada, es que los mercados anticipan crisis, recesión, provocada por el disparo de precios de la energía y otras materias primas. El desastre de la guerra de Ucrania nos va a costar caro, y una de esas vías de coste será de frenar la recuperación económica tras el final oficial de la pandemia. Ese subidón de la economía que se reflejaba en cifras de crecimiento de PIB maravillosas para este 2022 se está diluyendo a cada revisión de los organismos oficiales, con el agravante ya muy sabido de que dichos organismos poseen una inercia enorme, y suelen minusvalorar tanto la fuerza de los impulsos de crecimiento como las caídas en los momentos de recesión. Los confinamientos masivos que se están dando en China fruto de su errada estrategia de Covid cero frente a una Ómicron ultracontagiosa amenazan plenamente el crecimiento estimado para el gigante asiático este año, lo que supone drenar las previsiones globales, y el colapso que ya existe en el puerto de Shanghái augura nuevos y liosos problemas en la cadena logística, que se suman a los que aún no han podido ser solucionados del todo, lo que mermará impulso al comercio global. Factores como ven no faltan para suponer que la evolución económica de los próximos meses va a ser de más a menos, sin que se pueda precisar muy bien hasta dónde va a irse ese menos, pero con la sensación de que la temida estanflación de la que tanto se habla pueda llegar a darse finalmente. Afortunadamente no estamos en la situación que describe esa fea palabra, que combina una caída del PIB y un aumento de los precios, el peor de los mundos posibles, dado que el PIB aún sube con fuerzas, pero ya ven que los frenos al crecimiento parecen ser cada vez más numerosos e intensos. En naciones como la nuestra, a las puertas de un verano de recuperación turística, las previsiones son complicadas, y si bien es cierto que la inflación nos hace un daño incluso mayor que a otros países el hecho de que se vaya a recuperar parte del turismo perdido en los dos años pasados introduce un factor de amortiguación de cara a los meses que vienen, pero pintan bastos en la economía global y, obviamente, nos darán un porrazo, querámoslo o no.

Este párrafo macroeconómico que les he soltado quedaría muy bien incluso para justificar el por qué de la caída del Santander ayer, y algún medio incluso me lo podría comprar para ello, pero ya les advierto que nada de nada. Lo que le pasó ayer a la acción del banco, una de las mayores empresas de este país, es algo que no tiene que ver con las intenciones putinescas de extender la guerra a Transnistria ni por la posible cuarentena estricta que se pueda abatir sobre Beijing a medida que suben allí los positivos. A saber por qué la acción se cayó. Y desde luego los que por la mañana compraron ilusionados y no pudieron salir a lo largo del día ya lleva una generosa pérdida, y contemplan con yuyu como, tras el batacazo de Wall Street, lso futuros europeos vienen también en rojo. Si trata de darles consuelo a lo mejor le arrojan un contenedor chino a la cabeza. Tenga cuidado.

miércoles, enero 19, 2022

Cae la bolsa en EEUU

Ayer fue otro día de intentas caídas en la bolsa de EEUU, con un descenso del entorno del 1,7% para el Dow Jones y más del 2% para el tecnológico Nasdaq. Desde que comenzó el año el mercado norteamericano se está comportando peor que el europeo, ya que aquí los índices no caen con esa fuerza, incluso presentan todavía ligeras ganancias anuales. En paralelo, el precio de los bonos norteamericanos, los “treasury” a diez años también cae y su rentabilidad escala con ganas, situándose cada vez más cerca del 20%, valores que eran soñados hace un par de años, en el mundo de las extendidas (y absurdas) rentabilidades negativas. Están los mercados revueltos.

¿Por qué? La explicación rápida es que el ciclo económico allí está más avanzado y que el anuncio de la FED de políticas monetarias más estrictas empieza a calar Recordemos que en sus últimos discursos Powell, el Lagarde de allí, ha indicado tres subidas de tipos para este 2022 y el fin del programa de compra de títulos asociado a la pandemia, todo ello para atajar una inflación que empieza a ser vista como no tan transitoria. Los efectos de ómicron, como freno a la expansión económica y como agudizador de los problemas logísticos globales suponen un nuevo dolor de cabeza para los expertos, que ven como las previsiones y escenarios de hace pocos meses se van a la basura a medida que China cierra ciudades y puertos cuando encuentra “dos o tres casos”. Poco, más bien nada, puede hacer la FED en ese mundo real, pero en su ámbito de actuación ha decidido que se ha acabado la fiesta y va a tratar de enfriar la economía para que, desde ese lado, los precios se moderen. Y eso se traduce en movimientos bursátiles de retirada, acrecentados además porque en EEUU los índices vienen de máximos históricos, y claro, hacer caja cuando el Nasdaq ha batido récords durante años y años es muy tentador. En nuestras bolsas europeas las cosas no son iguales, y menos aún en un Ibex que es el más rezagado a la hora de alcanzar niveles prepandémicos, con los que apenas ya sueña nadie. En EEUU las compras bursátiles a crédito son comunes y los movimientos bruscos para liquidar posiciones y no entramparse son comprensibles cuando el mercado vira. ¿Es de esperar que las caídas sigan? A priori si, aunque luego vaya usted a saber. Una de las causas por las que es probable que estos movimientos bajistas no sean pasajeros es que muchos, yo también, opinan que bolsas y mercados ya estaban sobrealimentados por las inyecciones de liquidez que los bancos centrales hicieron para capear la gran recesión, y que ese efecto de dopaje se ha acrecentado tras los programas de estímulo pandémico, que en parte han sido absorbidos por las cotizaciones. Retirar dinero de la circulación por la política más restrictiva de las autoridades monetarias es como quitar gasolina a un motor muy revolucionado, que bajara de ritmo de giro sí o también. La gran duda que atenaza a todo el mundo es cómo se va a producir ese proceso de aterrizaje del mercado, y quién se va a ver más afectado por el menor estímulo. Hay compañías y compañías, negocios viables y otros que han crecido con enormes dosis de ilusión y deuda, y que en caso de la subida de tipos de interés que vemos pueden verse comprometidos en sus cuentas, en las que hasta ahora la entrada de flujos financieros era segura. Si la situación persiste podemos ver empresas y sectores muy afectados, y en función de eso y de lo que ocurra podremos decir si lo que vivimos hasta finales del año pasado fue un proceso de burbuja o no, y sólo hemos pasado por una corrección necesaria y sana, una poda que elimina excesos. El tiempo y la dimensión de las bajadas lo dirá, resulta imprudente predecir lo que puede pasar y, además, si me arriesgo, es casi seguro que me equivoque por completo.

A todo este cóctel económico financiero hay que sumarle el factor geopolítico. La tensión creciente generada por Rusia en Ucrania es un factor con poder desestabilizante de primera magnitud, y que resulta en sí mismo completamente imposible de prever. ¿Va Putin de farol o realmente invadirá, o atacará híbridamente, o amagará con algo? Sólo lo sabe él, pero en todo caso eso introduce tensiones enormes en mercados como el energético, con el petróleo ya en el entorno de los 86 dólares, que generan inflación y frenos a la recuperación económica, y que ponen nerviosos a inversores y a cualquier hijo de vecino, y eso también cotiza. Como ven, el patio está revuelto, mucho.

jueves, agosto 05, 2021

La caída de la bolsa china

Parece que las bolsas occidentales, tras un rebote intenso en la primavera, han entrado en lo que se llama un movimiento lateral, que ni sube ni baja, un compás de espera hasta saber, quizás, qué efectos puede causar la variante delta en las economías globales o cómo va a ser el proceso de retirada de estímulos en EEUU. Curiosamente, la bolsa china no lleva ese camino. Si uno mira la evolución anual de sus índices se encuentra con una caída sostenida, algo que parece contra intuitivo. China nunca ha cerrado su economía como las nuestras en plena pandemia, y se ha forrado vendiendo suministros al exterior, ¿A qué se debe esa caída?

Como siempre, en estos casos, es difícil encontrar las causas, y más en el caso chino, donde nunca sabemos todo lo que sucede en aquel país, pero por lo que he leído, el origen principal del descenso es la retirada de inversiones extranjeras de los mercados chinos por la inseguridad jurídica provocada por las decisiones del gobierno de Beijing. Este es un asunto interesante. No debemos olvidar nunca que China es un estado autoritario, un régimen dictatorial de partido único en el que la dirigencia que mantiene el poder busca el desarrollo económico y toda suerte de objetivos, pero siempre con la mirada puesta en mantenerse al control del país. Si es necesario todo se supeditará a mantener el poder sujeto. Y los jerarcas chinos llevaban tiempo viendo con disgusto como figuras del mundo empresarial, surgidas al calor de la explosión de valor y poder de las empresas chinas, empezaban a hacerles la competencia. A los que les interesan estas cosas empezaba a no sorprenderles que un determinado dueño de una empresa “desapareciera” por un tiempo para, al cabo de unos meses, aparecer detenido y confesando diversos delitos. Esta táctica de cloacas para eliminar rivales se convirtió en algo noticioso a nivel global cuando el “desaparecido” fue Jack Ma, el creador y presidente del grupo Ali Baba, el Amazon chino, uno de los más ricos del país, y figura muy conocida en occidente. Ma también dejó de aparecer, de la noche a la mañana, en conferencias y todo tipo de actos a los que estaba invitado, y aunque no consta que haya sido detenido en todo este tiempo, sí parece que sus relaciones con los servicios de seguridad del estado son muy “próximas”. Junto a estas medidas, aderezadas con suspensiones de salidas a bolsa y, en conjunto, torpedeos a estrategias empresariales que para el poder se considerasen futuros rivales, hay otra idea, muy sugerente, sobre lo que está haciendo el gobierno chino con determinadas grandes empresas de internet, las que dan soporte a servicios de ocio en la red, y es curiosa y llamativa. Hace un par de días las cotizaciones de las empresas de videojuegos chinas se hundieron porque el gobierno calificó a estos productos como de “opio espiritual” y mencionar el opio en China retrotrae a las humillantes guerras del siglo XIX y a fantasmas de ese pasado. La idea de fondo afirma que el gobierno chino se ha cansado de que las inversiones tecnológicas se centren en empresas que no dejan de fabricar distracciones que reducen la productividad del trabajador y lo dispersan. Los conglomerados chinos como WeChat, su Facebook, Weibo, su Twitter o similares empiezan a ser vistos con malos ojos por el poder, porque se considera que no hacen sino ocupar el tiempo de la gente en actividades improductivas, llevarse a los mejores ingenieros para hacer productos de nulo valor añadido y consumir recursos que no se destinan a proyectos mucho más innovadores y, sobre todo, capaces de espolear la economía real. ¿Cree el gobierno chino, como dicen muchos pedagogos occidentales, que la distracción provocada por la saturación de pantallas es mala para su sociedad, e intereses, y está empezando a combatirla? En la línea de algunos gurús de Silicon Valley, que no dejan a sus hijos dispositivos tecnológicos, ¿está el gobierno chino tratando de recuperar las capacidades de sus ciudadanos, atontados por las pantallas?

Más allá de lo sugerente que es esta hipótesis y de sus implicaciones, lo cierto es que los inversores internacionales se encuentran, cada vez más, con un mercado chino intervenido en el que la seguridad jurídica brilla por su ausencia y el dinero metido en las acciones de una empresa se puede convertir en nada si a un gerifalte del partido le da por ver con malos ojos a ese sector o a sus directivos. Lo lógico, en estos casos, es replegar velas, sacar el dinero, esperar y ver. Y sin conseguir ser un mercado financiero pujante y fiable China no podrá destacar en el mundo global de las inversiones ni su moneda convertirse en referente. Interesante dilema el que aparece en el horizonte del gigante global.

viernes, enero 29, 2021

Guerra a los cortos en Wall Street

Jugar a bolsa “en cortos” es una manera de ganar dinero en el mercado cuando la acción baja, bastante arriesgada, pero que puede dar buenos beneficios. Funciona de la siguiente manera. Supongamos que creo que una acción puede bajar a lo largo de un mes. Acudo a un dueño de las acciones y firmo un contrato para que me las preste, pagando yo una comisión de, pongamos, 1% y me comprometo a devolvérselas en un mes. Nada más tener las acciones en la mano las vendo, cojo el dinero y espero a que la acción baje. Sea que, en efecto, cae un, pongamos, 5%. Recompro las acciones y en el plazo dado se las devuelvo al titular. Tras el pago de la comisión he ganado un 4% en un movimiento de bajada. Todos contentos.

Evidentemente esto permite ganar dinero al inversionista si la acción, en efecto baja. Si a lo largo de ese mes la acción sube un, pongamos, 6%, al final del plazo estaré obligado a comprarlas y pagar la comisión, por lo que perderé un 7%, mal negocio para el apostante. Por eso, pese a que la operativa en corto es legal y aporta beneficios al mercado, se ha visto habitualmente con resquemor, con miedo a que los de los cortos puedan provocar caídas que les beneficien y, en todo caso, operar desde una posición de buitre carroñero, buscando sacar rédito de las bajadas de mercado. Cuando las cosas se ponen feas no son pocos los operadores bursátiles que prohíben la operativa en corto durante un determinado tiempo y, en general, es obligatorio que los fondos que así actúan declaren cuánto están jugando en esta modalidad cuando el capital de la empresa con el que operan supera volúmenes significativos. Una vía por la que, si quisiéramos, el fondo que opera en corto sufriría mucho, es forzar la subida de la acción cuando sabemos que el fondo se ha posicionado corto en ella. Cuanto más hagamos subir el valor más dinero perderá el fondo que opera en corto, y las pérdidas duelen, siempre, mucho. Pues bien, a lo largo de estos días se ha estado desarrollando una fiera batalla en Wall Street entre clásicos fondos de cobertura, hedge funds, que operan en corto, y miles de pequeños inversores millenials usuarios de aplicaciones de inversión, con el objetivo en la mente de estos últimos de arruinar a los hedge funds. Acciones de compañías con poco movimiento y finanzas en estado dudoso, como la cadena de cines AMC o la empresa de videojuegos GameStop han experimentado subidas espectaculares, de más del 100% de su valor en apenas días. ¿Por qué? Esas empresas tenían declaradas posiciones cortas de varios hedge funds, y en estos días, a través de foros de internet como Reddit y mediante aplicaciones de inversión como RobinHood se ha puesto en marcha un movimiento viral de miles de pequeños inversores jóvenes que han intentado quebrar los fondos. La orden era clara, coge tu dinero e inviértelo en esas empresas, chicharros en el argot de la bolsa española, y todos unidos hagamos quebrar a los operadores de corto. Con subidas de varios cientos en porcentaje esos fondos han perdido millones, muchos millones de euros con este movimiento, en lo que algunos han llamado una guerra de inversores idealistas frente a oscuros operadores de mercado, pero que en el fondo no es sino otro episodio de la codicia que se despierta al calor del mercado de valores. Cuando las acciones de GameStop han subido como lo han hecho los primeros “idealistas” se habían forrado al duplicar o triplicar el valor de su inversión, y a medida que más idealistas se sumaban al carro, cada vez más caro, la ganancia que iban a obtener menguaba al ritmo en el que la acción se disparaba. El último de los idealistas ha palmado dinero como lo han hecho los fondos, y el que la acción de GameStop ayer bajase un 44% es indicativo de que muchos de los idealistas han perdido lo que han metido en este juego de una manera distinta, pero igualmente dolorosa, a como lo han hecho los fondos de cobertura tras el conjunto del movimiento. Eso sí, los primeros que se subieron al carro del ataque idealista han hecho el gran negocio, quizás con los ahorros de un fin de semana, quizás con mucho más dinero. A saber.

Lo que ha sucedido esta semana es espectacular, y la SEC, el equivalente norteamericano a la CNMV, ha anunciado investigaciones para determinar quiénes han provocado estos movimientos y si hay acciones ilegales detrás. Lo cierto es que estos días han sido frenéticos, aderezados cada cierto tiempo con tuits de Elon Musk que lo calentaban todo aún más, y con unas cotizaciones que eran el reflejo de una histeria de jugadores, no de nada relacionado con la inversión, convirtiendo por unas horas a Wall Street en el mayor y más peligroso casino del mundo. Seguro que Michael Lewis acabará contando todo esto de una manera magistral en uno de sus libros. Deseando estoy ya de poder leerlo.