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jueves, julio 09, 2026

Ahora bombardeo, ahora no, ahora sí….

La conclusión casi unánime de todos los expertos es que el resultado de la guerra de elección de EEUU contra Irán ha resultado ser un fracaso para los intereses norteamericanos y, en general, para la imagen de su ejército. Un ejercicio de respuesta asimétrico por parte de Irán, el estrangulamiento de Ormuz y con ello del suministro de crudo y el desprecio absoluto del régimen iraní a las posibles bajas propias logró que los ataques aéreos de EEUU no doblegaran a la dictadura islamista como algunos ingenuos esperaban, sino que se consolidara el poder duro al frente de la nación. Y todo ello con los países del golfo siendo dañados por ataques iraníes y no protegidos por EEUU, en un papel de aliado completamente incomprensible.

Trump acabó casi suplicando la paz con Irán a medida que las reservas de crudo nacionales se agostaban, el barril no bajaba de los 100$ y el galón de gasolina llegaba a los 4 dólares, lo que para el consumidor norteamericano es carísimo (y eso que un galón son 3,78 litros). Pues nada, tras una serie de incidentes menores que han ido escalando poco a poco, ayer Trump, en la cumbre de la OTAN, se ciscó en los iraníes, a los que llamó escoria en varios momentos, y dijo que el memorándum de paz firmado en Versalles era papel mojado, que se iban a enterar y que bombardearía duro para que bla bla bla bla. Sus palabras tuvieron efecto inmediato en la cotización del petróleo, que subió un 7%, y en las caídas de las bolsas europeas, que arrastraron en un principio a los índices de EEUU, pero que luego estos lograron mitigar en un cierre en rojo pero con poca pérdida. A la noche, hora española, Trump reiteraba que iba a golpear Irán, pero ya descartaba que se reabriese la guerra en el sentido estricto, diciendo que esto que iba a hacer era una advertencia para que tomasen nota y no volvieran a causar más incidentes. Si uno juntaba las declaraciones de la mañana con las de la tarde le salía un personaje paródico, que se autocontradecía, que decía una cosa y la otra a la vez, con el que uno no sabe con que quedarse y que, de no ser alguien con el poder de Trump, lo consideraría como un vulgar payaso al que no se le debe hacer caso alguno en la sarta de tonterías que suelta sin cesar. Pero claro, Trump ocupa una posición en la que, si le entra un arrebato, hay un portaviones repleto de misiles y cazas de guerra que responden al poco, por lo que debe sus palabras deben ser tenidas en cuenta. En general, la devaluación de la palabra de Trump es ya muy elevada, han sido tantas veces las que ha dicho una cosa, su contraria y algunas versiones intermedias en tan corto plazo de tiempo que hace imposible mantener una cierta credibilidad respecto a sus intenciones reales. De hecho, se considera que carece de intenciones, de estrategia a largo plazo, por así decirlo. Su narcisismo descontrolado le impulsa a vivir el día a día y, como si fuera un niño, disfrutar en la nueva jornada de un nuevo juguete para su regocijo. Si consigue el juguete se ríe y aplaca. Es, a escala, el comportamiento que las crónicas clásicas otorgan a Calígula o Nerón, sujetos pueriles, volátiles, obsesos con sí mismos, que desean caprichos instantáneos y que, como ocupan la más alta posición del poder en su tiempo, obtienen dado que el resto de los mortales se desviven para proporcionárselos. En el caso de la corte de Washington el número de pelotas pusilánimes que rodean a Trump para agasajarlo es enorme. Pierden toda la dignidad y vergüenza posible arrodillados por completo ante su líder, con la esperanza de que algo de su fortuna les llegue y solucione para siempre su vida, pero para los analistas, estrategas militares, diseñadores de políticas, encargados de logística, financieros de presupuestos y todo tipo de profesiones que viven de prever, de estimar escenarios y de una cierta previsibilidad en los acontecimientos, los bandazos de Trump son una pesadilla. ¿Cuál va a ser el precio del petróleo hoy? ¿Mañana? ¿Dentro de seis meses? Es casi más sencillo acertar con la lotería que tratar de responder a esas preguntas.

Por de pronto, hoy mismo, veremos a ver si los ataques norteamericanos son respondidos por represalias iraníes y si esta escalada va a más o se convierte en tormenta en un vaso de agua y se va diluyendo con el paso de las horas. Lo cierto es que la seguridad en la zona es totalmente aleatoria, y el flujo de buques y crudo en Ormuz es algo tan volátil como la propia gasolina cuando se expone al aire. Trump no nos va a dejar un día tranquilo hasta que se acabe su mandato, ese es el único hecho seguro. Bueno, también que cada día que lo ejerce destruye la imagen de su nación y la credibilidad global de los Estados Unidos, regidos desde hace más de un año por un iluminado y una corte de aduladores.

miércoles, julio 08, 2026

El fin de la OTAN

En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.

Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.

Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.

miércoles, abril 29, 2026

Magnicidios trumpistas

Si llega a tener éxito en su intento de atentado, el magnicidio de Trump hubiera alcanzado el récord de periodistas testigos, dado que la cena anual de corresponsales es el evento que más profesionales de este ramo reúne cada año en Washington. Más de mil de ellos asistían a un evento que descarriló, sin que afortunadamente la cosa fuera a más, pero que pudo ser el hecho de sus vidas en el caso de éxito del atacante. Vista la estrategia de quien pretendió perpetrar el atentado, escasas eran sus posibilidades de éxito pero, entre su capacidad de carrera y ciertas brechas en el perímetro de seguridad, estamos ante un intento serio de asesinato presidencial.

Y, sospecho, no será el último. Trump ha sembrado una estela de odio político en el interior del país, donde extremistas de todo pelaje abundan, y sus declaraciones casi diarias con carácter insultante hacia todo lo que se mueve han normalizado una manera de entender la política con una elevada carga de violencia, que en un país sobrearmado como es EEUU dispara los riesgos de que los tiros sean los que hablen. Insultar, ciscarse en la madre de alguien, ser chulesco… lo que Trump hace en sus mensajes, al estilo de lo que vemos aquí con Óscar Puente y seres por el estilo, no es política, es simplemente insultar, es mala educación. Si las formas son soeces, el fondo no lo es menos, como bien sabemos todos cada día, viendo cómo desempeña su labor esta administración norteamericana, pero huelga decir que eso no excusa que se cometan atentados. Ha sido una desgracia, para EEUU y para el resto del mundo, que un sujeto como Trump llegue al poder, pero deberá ser retirado del mismo por los medios constitucionales previstos. El recurso a la violencia abre una espita muy peligrosa que no debe ser traspasada, porque desde el momento en el que se justifica un atentado bien poco queda para justificar otro, y otro, y nada evita que otros justifiquen atentados que sean en sentido contrario, y se abre una espita muy peligrosa que puede acabar en el peor de los escenarios. Ya en EEUU se vivió una situación muy peligrosa cuando se produjo el atentado que acabó con la vida de Charlie Kirk, joven activista MAGA muy famoso allí, apenas conocido en Europa. Se temió una respuesta violenta ante ese hecho, que afortunadamente no se produjo, pero es probable que haya alguno que esté recordando ese asesinato para exhibirlo como excusa de futuros actos crueles que esté planificando. Si un intento de magnicidio sobre Trump tuviera éxito, ojalá que no, las consecuencias del hecho serían históricas pero, además, y dada la extrema polarización que vive el país, el riesgo de que eso derivase en una espiral de enfrentamientos entre facciones civiles armadas sería muy elevado. No hace falta ser peliculero para ponerse ante un escenario de guerra civil, de baja o alta intensidad, da igual, en el que el orden constitucional de la nación se pusiera en entredicho por el empleo de armas y ataques entre grupos de partidarios del asesinado presidente y de los opuestos, acusándose todos ellos mutuamente de haber llevado al país a una deriva de enfrentamiento. Algunos de los ingredientes necesarios para que eso se dé ya existen, sobre todo dos de ellos. El odio profundo que se abre sin cesar entre dos sectores de la sociedad que se ven como ajenos, irreconciliables, y la particularidad norteamericana de que todo el mundo está armado hasta los dientes, de tal manera que allí las discusiones pueden derivar en disparos de una manera mucho más natural de lo que es pensable en nuestro entorno.

Espero que no se produzca nada de esto, pero el riesgo existe, y despreciarlo, o considerarlo como imposible es un error. La actitud diaria de Trump, lejos de mitigar este riesgo, lo acrecienta, y es de esperar que en los meses que quedan hasta las elecciones de medio mandato, en noviembre, veamos hechos que pongan en riesgo la estabilidad constitucional del país. Tengo mis dudas sobre si esas elecciones se llegarán realmente a producir, o hasta qué punto serán libres con Trump y los suyos al frente de la administración. Si para el resto del mundo Trump resulta conmocionante, para los EEUU puede ser el mayor de los peligros al que se ha enfrentado en su historia reciente. Cosas de la vida, este año esa nación cumple el 250 aniversario.

jueves, abril 09, 2026

Crisis en el movimiento MAGA

Sin que esté nada claro ni el contenido ni la pervivencia del acuerdo que ha supuesto una tregua entre EEUU e Irán, ayer los mercados financieros festejaron el fin provisional de las hostilidades y el gobierno israelí se dio un banquete de bombazos en el Líbano, al que no considera sujeto a tregua alguna, matando a más de un centenar de personas y dejando otra zona del país convertida en escombros. Trump y los muy suyos presumen de una victoria arrolladora de su nación, pero el resto del mundo cada vez entiende menos lo que pasa y contempla con estupefacción los delirios, o no, de un personaje que supera todo lo imaginado.

Cuando he hecho referencia a sus seguidores me he referido a los muy suyos porque los suyos normales empiezan a huir. Trump llegó a la presidencia aunando a una serie de fuerzas conservadoras bastante heterogéneas, con ideas distintas respecto a muchas cosas. Algunos provenían del republicanismo clásico, otras del conservadurismo evangélico, no pocos del aislacionismo, etc. En general el desprecio a lo woke y a la administración Biden era la mayor de sus coincidencias, y la creencia en la decadencia que vive su nación (creencia, por supuesto, falsa) por lo que ese lema de Make America Great Again, el MAGA, que lucía Trump en gorras y demás mercachifles electorales les venía al pelo como lema. Se acabó creando un movimiento MAGA, que arrasó en las elecciones de noviembre de 2024, y ha sido el puntal que ha sostenido toda la deriva presidencial durante este tiempo de gobierno, que a todos se nos hace inacabable. Sin embargo, desde hace ya algunos meses, se han abierto serias grietas en ese mundo por culpa de las políticas prácticas que realiza Trump. La locura del ICE en Mineápolis sirvió para que las bases conservadoras clásicas, recelosas de la inmigración como las que más dentro de ese movimiento, se alejaran de Trump por las formas salvajes con las que actuaba la guardia pretoriana dirigida desde la Casa Blanca, dos ejecuciones de norteamericanos incluidas, pero ha sido la deriva internacional de Trump lo que ha mosqueado a todos. El magnate llegó al poder con el mantra de que se acabaron las guerras demócratas en el exterior, que quitan recursos para la nación y son costosas para el ciudadano. Lo del intervencionismo fuera es cosa de los woke, decía, él iba a salir de todo eso. Era la idea del EEUU aislacionista que dominó durante no pocos años, entre finales del siglo XIX y principios del XX. Pero, una vez en el poder, el caudillismo trumpista ha visto en el ejército, en su uso y abuso, lo más apropiado para poner a todo el mundo a sus pies, para doblegar voluntades y conseguir “acuerdos” sea lo que sea que él llama acuerdo. La movilización de las tropas es casi constante desde que ha llegado al poder y sus intervenciones incesantes. Empezar 2026 capturando a Maduro en Venezuela no es precisamente un ejercicio de aislacionismo. La guerra de Irán, enorme conflicto militar que está dejando secos los arsenales de precisión del país y ha causado ya varios muertos norteamericanos, es todo lo contrario de lo prometido en campaña. Arrastrado por Netanyahu a un conflicto que imaginaba cosa de un par de días, una Venezuela un poco más grande, pensaría, cada día de guerra le ha costado críticas crecientes de sus bases, que no entienden lo que hace EEUU allí. La sensación de traición entre los propios es creciente, y la desafección electoral no hace sino crecer. La popularidad de Trump está en un nivel bajísimo.

El mensaje del martes amenazando con el fin de la civilización ha sido la gota que ha colmado el vaso de muchos, incluso de acérrimos defensores del trumpismo, personajes mediáticos y políticos conocidos por su radicalidad, que se han expresado totalmente en contra de la presidencia, reclaman su caída e, incluso, llaman a la desobediencia a las tropas ante las órdenes que surjan del departamento de defensa, o como se llame. Si hay algo que le preocupe a Trump debiera ser eso, porque sin el apoyo de todo el grupo que le siguió, especialmente sin los líderes mesiánicos que les movilizaron, no va a poder ganar ni las elecciones de una comunidad de vecinos. Quizás muchos de ellos descubran ahora que a Trump, lo que si que no le importa para nada, son unas elecciones. Un poco tarde para descubrirlo.

miércoles, marzo 25, 2026

Manipulación de mercado

El lunes fue un día despiadado en los mercados financieros, con una volatilidad altísima y unas pérdidas y ganancias enormes. La sesión asiática cerró con caídas del más del 3% ante el incremento del precio del petróleo por las amenazas cruzadas entre EEUU e Irán. La apertura europea no fue mucho mejor, con un 2,5% de bajadas en nuestros parqués, pero, pasadas las doce de la mañana, Trump anunció contactos con el régimen de Teherán y el aplazamiento de las amenazas sobre las instalaciones eléctricas. En pocos minutos los índices se giraron completamente, pasando a subir más del 2%, y el petróleo cayó en torno al 10%. Giro de una brusquedad difícil de ver.

Pues bien, a lo largo de la tarde noche del lunes fueron publicándose algunos mensajes en redes que analizaban, con datos de alta frecuencia, los movimientos que habían tenido lugar minutos antes del anuncio de Trump, y se detectaba un patrón llamativo. Se habían producido de manera simultánea, antes del anuncio del magante, compras de futuros al alza en el SP500 de la bolsa de Nueva York y operaciones en corto en el mercado del petróleo, por unos volúmenes de entorno a 1.500 millones de dólares, demasiado para no dejar rastro. Unas operaciones que iban totalmente en contra del movimiento que estaba experimentando el mercado, y que sólo podrían ser beneficiosas si el signo de las cotizaciones se daba la vuelta… y eso es lo que pasó precisamente unos minutos después. Se calcula que los beneficios de esa jugada en el mismo lunes pudieron alcanzar los 60 millones de dólares, una ganancia de esas que te permiten retirarte para muchas vidas. ¿Casualidad? ¿Suerte? Nadie de los que conozco que analizan estas cosas, y que saben mucho más que yo, cree en eso. Todos se apuntan a la idea de la información privilegiada, del chivatazo, de la burda manipulación del mercado. Una jugada en la que algunos, casi con toda seguridad pertenecientes al círculo íntimo de Trump, familiar o no, fueron informados por el magnate de que iba a hacer un anuncio que cambiaría por completo las cotizaciones, y se les advertía de que tenían poco tiempo si querían aprovecharse de ello. Una jugada que parece una trampa colosal en la que unos manipuladores logran estafar a la banca, en este caso a muchos inversores particulares, que estaban actuando, como dictaba la lógica, ejecutando pérdidas ante el miedo por lo que pudiera suceder. Como en un homenaje a Regreso al Futuro II, Trump jugaba con una especie de almanaque deportivo que le permitía saber qué iba a pasar en los instantes posteriores a su anuncio, y que podía decidir cuándo y cómo hacerlo, estaba en condiciones de adivinar el futuro con exactitud y aprovecharse de ello antes de que ningún otro pudiera hacerlo. Jugar con cartas marcadas es hacer trampas, y la sensación general que existe en los mercados, desde hace tiempo, es que Trump ha hecho jugadas de este tipo en varias ocasiones, aprovechándose de que tiene acceso a información que nadie más sabe y a que el impacto de sus declaraciones, mensajes de red social y demás parafernalia mediática que moviliza con esmero es abrumador, planetario. La principal diferencia de lo que pasó el lunes respecto a otros episodios similares está en el volumen de las operaciones desarrolladas y, sobre todo, en la enorme gravedad de los hechos con los que Trump y sus socios estaban jugando. En medio de una guerra en la que muere gente y se destruyen infraestructuras críticas, con el mundo pendiente de las consecuencias de un conflicto que puede generar enormes problemas políticos y económicos, a Trump y cia lo que más parece importarles es cómo sacar tajada de ello, y si eso incluye manipular las bolsas, pues mejor que mejor, más beneficio.

¿Es posible encausar a Trump, o a alguien de su entorno, por lo que tienen todos los visos de ser un acto de manipulación? La SEC es el organismo regulador de los mercados de valores en EEUU, y es una institución seria, pero como todas las del país, ahora vive presionada por la ira de quien se sienta en la Casa Blanca. Es poco probable que se abra la necesaria investigación que los hechos del lunes demandan, y desde luego, vistos los precedentes, más difícil será que alguien se atreva a acusar o a abrir un procedimiento contra la banda naranja. La sensación de impunidad con la que se maneja el poder en Washington por parte de semejantes sujetos está alcanzando grados difícilmente imaginables.

martes, marzo 17, 2026

Lealtad

La lealtad se encuentra en la base de toda relación que sea digna de tal nombre, y su surgimiento implica el respeto mutuo entre los que mantienen el vínculo. Uno sabe que el otro se va a comportar de manera leal, aún cuando desarrolle actividades ajenas, propias, privadas, y eso hace que la confrontación que pueda surgir por lo que se haga fuera de la relación sea lo menor posible. Ser leal a alguien es algo preciado, lo sabe el que lo es y lo sabe aún más el que puede confiar en el comportamiento del otro. La vida y sus avatares ponen a prueba todo esto, y cuando la lealtad se otorga, se recibe, se comprueba, la fidelidad del vínculo se afianza sobre raíces profundas, muy difíciles de arrancar.

Todo esto, que parece palabrería barata de autoayuda, vale para las relaciones de amistad, de pareja y, sí, también, internacionales entre países. Es cierto que en este último caso domina la máxima de aquel primer ministro británico (no era Churchill) que decía que los países no tienen amigos, sino intereses, y so hace que a veces algunas naciones sean sus amigas y otras no. En todo caso, cuando se establecen vínculos entre países se espera una lealtad mutua, se entiende que cada uno buscará lo propio por encima de todo lo demás, pero se espera un comportamiento predecible, una cooperación, y una actuación leal que permita que ese pacto suscrito sea llevado a la práctica y beneficie a ambos. Desde los años cuarenta hasta ahora el pacto trasatlántico ha sido uno de los mejores ejemplos de esto, una relación asimétrica entre EEUU y Europa en la que estaba meridianamente claro quién era el líder en lo económico y militar, quién el protegido, y donde todas las naciones se beneficiaban mutuamente de una simbiosis que les permitía ganar seguridad y prosperidad. El éxito de este pacto es que ha sido copiado por otros grupos de naciones, con mejor o peor fortuna. Recordemos el pacto de Varsovia en el mundo soviético en la guerra fría, que fracasó por ser un acuerdo de sumisión más que otra cosa, o la ASEAN en el Pacífico, centrado sobre todo en temas económicos, pero que supone una vinculación estrecha entre naciones que va más allá de los negocios. Pues bien, el pacto trasatlántico se está hundiendo ante nuestros ojos en pleno mar, lo que es una desastrosa noticia para todos aquellos que estamos involucrados por él. Curiosamente esto no se debe a que haya socios díscolos en la parte europea, donde el guirigay es constante y las opiniones no pueden ser más diversas dado el número de países soberanos que existen, no. El pacto se hunde porque es EEUU, la nación más poderosa, la que se ha embarcado en una senda de incumplimiento, de revancha y, sí, de deslealtad. Trump I ya fue un preludio de lo que vemos, pero no llegó a tanto. Desde antes de él ya se percibía una creciente indiferencia en Washington ante los problemas europeos, dado el creciente ascenso de China y la sombras que eso suponía sobre el mundo norteamericano, pero ese desentendimiento, que puede ser comprensible, no iba acompañado ni de formas ni de decisiones absurdas. Con Trump II las cosas han cambiado completamente en todos los sentidos. Desde un principio su discurso ha tenido en el objetivo al resto de economías y democracias liberales, atacándolas sin cesar, dedicándoles palabras gruesas y decisiones que buscaban romper el clima de entendimiento creado a lo largo de décadas. No es que EEUU con Trump se haya vuelto aislacionista, no. Eso sería un problema, pero un problema ya conocido en el pasado. Lo que sucede es que se ha vuelto agresor, marrullero, opositor a los principios liberales, y ahora es mucho más proclive a colaborar con dictaduras que le sirvan que con democracias con las que pueda negociar. Trump admira a los autócratas y recela de los sistemas democráticos. Aspira a ser gobernante único y perpetuo.

Ayer, por primera vez, y en bloque, la UE se negó en redondo a colaborar ante el llamamiento que hizo Trump de solicitar colaboración para una misión que garantice el paso de petroleros por el estrecho de Ormuz. No queremos meternos en algo que otros han iniciado, vino a decir desde Bruselas la UE, en una declaración que destilaba enojo por lo que pasa y por la decisión trumpista de levantar las sanciones de venta de crudo al invasor ruso. La UE ya ha comprobado que los actuales EEUU no son leales, no ya a sus intereses, sino directamente al concepto profundo que recoge ese término. Algo viejo y noble se hunde en el Atlántico, en medio del regocijo de nuestros enemigos.

viernes, marzo 06, 2026

Errores profundos de EEUU

Más allá del aprovechamiento partidista de la guerra de Irán por parte del presidente del gobierno y de las declaraciones anómalas, siendo diplomático, del ególatra que rige en la Casa Blanca (vaya dos castigos nos han tocado) el desarrollo de la guerra ofrece ya algunas lecciones interesantes, y EEUU no sale precisamente victorioso de ellas. Sospecho que los generales veteranos del ejército de ese país deben estar con un profundo cabreo al ver cómo se desarrollan los acontecimientos y comprobar como sus estudios de estrategia se han sustituido por tuits baratos, consumibles y de rápido olvido. Triste, pero es lo que hay.

Lo más importante, EEUU parece no tener una estrategia sobre qué es lo que quiere hacer. Más allá de la eliminación de la cúpula del régimen y la destrucción de sus principales capacidades militares ofensivas, ¿cuál es el objetivo de la guerra? Desde Washington se ha esgrimido el cambio de régimen como uno de los fines buscados, pero eso ha sido los días pares, ya que los impares lo de que el régimen cayera se consideraba como algo accesorio. Trump alentó a los iraníes sometidos a la dictadura teocrática a que se levantasen contra los tiranos cuando las bombas cesases, pero ayer mismo afirmó que desea que el poder lo tutele alguien a quien el pueda seleccionar y le sirva, al estilo Delcy, de tal manera que la dictadura pudiera mantenerse en pie sin problema. Este continuo cambio de posición es una muestra de desnorte asombrosa por parte de la principal potencia global, algo inédito en los EEUU, donde las cosas se piensan y planifican en detalle, independientemente de que luego, como es obvio, los planes salgan como estaban previstos. Aquí todo parece fruto de la improvisación, de las prisas, del seguidismo a un Israel dominado por la facción dura de Netanyahu que no tiene mucho que perder arrasando su vecindario pero que ha logrado enfangar a su gran aliado en una guerra que, como mínimo, va a causar serios costes económicos. Si esto fuera normal EEUU llevaría el liderazgo de las operaciones e Israel acataría sin rechistar lo que se le dictase desde Washington, porque está claro quien manda, pero no sucede nada de eso. Una muestra de la precipitación es que EEUU sólo dispone de fuerzas navales y aéreas para atacar el país, por lo que puede realizar campañas de bombardeo más o menos intensas, que obviamente debilitarán mucho al ejército iraní y a todas sus capacidades de ataque, pero que por sí mismas son incapaces de lograr una revolución en el país, una nación inmensa, unas tres veces España, con cien millones de habitantes y con millones de ellos formando parte de los cuerpos estatales afectos al régimen. Irán no es un barrio de las afueras de una urbe, sino un país complejo y difícil, y pensar que se puede lograr un control y sometimiento del mismo sólo con el empleo de la fuerza aeronaval se me antoja de una ingenuidad propia de primaria. Las noticias de estos días de que los norteamericanos están alentando a los kurdos para que ataquen a los iraníes son, a mi entender, otro disparate propio de la improvisación, que sólo va a conseguir que más kurdos fallezcan, si comienzan las hostilidades, cuando los norteamericanos les abandonen nuevamente a su suerte. Esta no es manera ni de hacer guerras ni de trabajar sobre el terreno ni nada de nada. Es un desastre como operación estratégica y muestra, como en todo lo que hace Trump, una combinación de riesgo, soberbia, ignorancia y desprecio por la realidad que resulta asombrosa, casi patológica. Y si eso es peligroso en economía o en otras cuestiones sociales, en temas militares ni les cuento.

Dada la improvisación absoluta en la que estamos, tampoco es descartable que Trump, como el niño caprichoso que es, se harte en unos días de todo y de por concluida la operación tras unos cuantos días de ataques, decretando una victoria en el punto en el que desee sin que nadie tenga claro qué es lo que se ha podido ganar. Estaríamos ante el tramposo que mueve la portería, o cambia las reglas a mitad de juego, para determinar que así ha ganado y ya está. Y todo el mundo se quedaría con la cara de asombro y mosqueo que se nos ha perpetuado desde que este personaje volvió a la presidencia del país más importante del mundo. Su proceso de destrucción de esa nación y de la cordura progresan adecuadamente.

lunes, febrero 23, 2026

El Supremo para a Trump

Se esperaba la sentencia sobre los aranceles fálsamente recíprocos de Trump desde hace tiempo, desde finales de enero ya la invocaban algunos analistas, y existía un cierto consenso en que iba a ser negativa para los intereses del presidente. El caso lo interpusieron varias medianas y pequeñas empresas norteamericanas, perjudicadas por el gravamen dictado desde la Casa Blanca. Sí, sí, las medidas de Trump nos perjudican a nosotros, pero también les perjudican a ellos. Quizás sea la fortuna personal del sujeto y de algunos de sus secuaces lo único que se vea beneficiado por sus políticas.

La cuestión es que fue el pasado viernes por la tarde, hora española, cuando se hizo pública esa sentencia y, en efecto, era un varapalo a las medidas dictadas por Trump. Se consideraban arbitrarios los gravámenes impuestos e ilegal la norma utilizada para ello, por lo que se estimaba la petición de los demandantes de anularlos y de revertir lo ingresado por ello. La sentencia hace referencia a la dificultad de este último punto, dado que estamos hablando de cientos de miles de millones de dólares recaudados que debieran ser reintegrados, con el inmenso lío administrativo que eso supone y el daño a las arcas públicas. Pero el fondo de la sentencia es nítido. Trump actuó de manera arbitraria e ilegal. Al poco respondió el magnate desde la Casa blanca acusando al Supremo de haberse vendido a intereses antinorteamericanos, insultando a los jueces y mostrando hasta qué punto la degradación de la institución presidencial del país no deja de ahondarse en manos de semejante individuo. Prometió reponer los aranceles, y su equipo jurídico ha buscado nuevas fórmulas, de momento provisionales, para imponer un arancel universal a todo el mundo del 10%, que en la noche del sábado subió al 15%, generando aún más confusión en el tablero económico global ante las dudas sobre si esta nueva medida también será ilegal, o sobre dónde quedan ahora los acuerdos comerciales bilaterales firmados entre EEUU y otras naciones para eludir, o al menos suavizar, los aranceles que se impusieron en la primera ronde de agravios, ahora declarada ilegal. Como es habitual con Trump, ruido y caos a mansalva. Lo relevante de lo vivido el viernes, más allá de las consecuencias económicas, es que, por primera vez, una enorme institución del país, el Tribunal Supremo, le ha llevado la contraria al magnate. Tres de los miembros conservadores del Tribunal, algunos de ellos colocados por Trump, han votado en contra de los intereses del presidente que les llevó hasta esa alta magistratura, lo que es algo reseñable, y envidiable visto desde aquí. Es cierto que la pertenencia vitalicia al tribunal hace que los magistrados no se deban a quien les colocó una vez puestos en el cargo, dado que son incesables, sólo la enfermedad o la muerte les puede quitar el puesto, pero siempre da envidia comprobar como una institución en la que la ecuanimidad se encuentra entre los pilares principales que justifican su existencia la ejerce de esa manera. En el primer año de presidencia trumpista el sistema de check & balance, compromisos y cortapisas, por así decirlo, ha fracasado en aquel país. Con el control de la presidencia y las cámaras apenas nadie ha osado llevar la contraria el ególatra supremo, y su presidencia discurre por un decretismo autoritario que no cesa y que va a más. El viernes, por fin, alguien con poder de verdad en EEUU decidió decir basta a quien amenaza con sumir a la nación en el caos. Y aunque sea sólo por eso, debemos celebrar la sentencia del Supremo.

En su escrito de justificación de su voto, contrario el presidente, el juez Gorsuch, conservador, puesto en el Tribunal por Trump, argumentó que las decisiones legislativas de la nación deben tener un componente deliberativo incuestionable, deben por tanto nacer de una contraposición de ideas entre instituciones, sea la presidencia, las cámaras o similar, y en ningún caso la norma debe responder exclusivamente al deseo de una única persona, a las ambiciones de alguien que se apropie el derecho como uso exclusivo en su propio beneficio. Gorsuch defiende en su escrito la esencia de la república norteamericana y la separación de poderes que consagran las constituciones de las democracias liberales. Y si lo hace es porque sabe que ambas, república y constitución, están amenazadas.

jueves, febrero 12, 2026

La disolución del Washington Post

Jeff Bezos es uno de los hombres más ricos del mundo. Es el dueño de Amazon, líder global en las compras por internet y una de las mayores empresas en el sector de la nube, a través de su división AWS. De vez en cuando Bezos se compra cosas, y hace unos años, como quien va al supermercado a reponer su nevera, adquirió el Washington Post, el segundo periódico más importante de EEUU y uno de los más famosos del mundo. Lo hizo, según sus palabras, por lo mucho que le importa la prensa y el mundo de la información. Lo cierto es que en esa compra había mucho interés en usar ese medio como palanca para la propia autopromoción y vía para acceder a personas famosas, influyentes. Los periodistas están cerca del poder.

Tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, Bezos es uno de los magnates a los que el sujeto presidente adula sin cesar, entre otras cosas por el dinero que le prestó para su campaña, y Bezos ya no necesita ni periódicos ni nada para pasearse por Washington con el aura de ser de los que deciden lo que va a pasar, así que ha empezado a olvidarse del medio o, más bien, ha comenzado su desguace. La semana pasada se anunció el despido de un tercio de la plantilla de la cabecera, formada por unos novecientos empleados, principalmente periodistas. El Post tiene unas cuentas precarias, y eso se observa con lupa por parte de un multimillonario que podría permitirse las pérdidas de toda la prensa global sin que su cuenta particular de resultados lo notara en exceso. Secciones enteras, como las de deportes o libros, cierran, y el recorte es muy intenso en internacional, donde áreas completas, como Ucrania o el sureste asiático se quedan sin nadie que las cubra. El Post se jibariza por completo en una decisión traumática para la empresa y mucho más aún para la profesión, que ve como una de las cabeceras más conocidas en el mundo entra en un proceso de achique del que, si nada lo remedia, acabará convirtiéndose apenas en la sombra de lo que fue. Ya antes de las elecciones de 2024 Bezos forzó a que el periódico no publicase su habitual artículo de “endorsement”, de apoyo o aprobación a uno de los candidatos que aspiraban a la contienda electoral. De todos era sabida la animadversión que en el Post suscitaba Trump, y también era más que obvia la sintonía entre el candidato y el dueño del periódico. Finalmente Bezos forzó a que no se publicase el texto que se esperaba de respaldo a Kamala Harris, y eso desató una oleada de cancelación de suscripciones, la vía principal junto a la publicidad con la que las cabeceras encuentran hoy la fuente de sus ingresos. Muchos habituales del Post consideraban que la vuelta de Trump a la presidencia era un error, y un peligro, y que su medio así debía de dejarlo claro en el posicionamiento editorial. Aquí ya se desató una seria crisis en la empresa que se ha ido agudizando a lo largo del primer año del segundo mandato, con algunas dimisiones, cuentas deterioradas y presiones crecientes desde el entorno de Bezos para que el periódico no realizara ataques a las cada vez más delirantes políticas de Trump. Finalmente, Bezos ha optado no ya por la tijera, sino por el hacha, y ha descabezado el periódico alegando las menguantes cifras de ingresos. De un día para otro articulistas que llevaban toda la vida allí o en corresponsalías, y que eran referentes de la profesión, se han visto en la calle, al modo americano, sin apenas indemnizaciones ni respaldos. Muchos simplemente ha recibido un correo notificándoles que ya no forman parte de la empresa y que se las arreglen como puedan. Si ese es el trato que reciben las grandes figuras de un medio más que centenario, ¿qué les esperará al resto?

Además de lo que esto supone para la prensa, para su libertad, y todo lo relacionado con el debate de los medios y la disputa entre los que en ellos trabajan y sus propietarios, este asunto revela que el movimiento de introspección que se vive en EEUU es profundo. Esa nación está cortando sus lazos con el resto del planeta, está demoliendo los puentes que la unen con los demás y que servían para mantener un canal de comunicación y, por qué no decirlo, de admiración hacia lo que pasaba en la gran nación norteamericana. La regresión crece, y la oscuridad en la que muere la democracia parece cernirse sobre los EEUU, rememorando cruelmente la advertencia que el Post incorporó a su mancheta con la primera presidencia de Trump

viernes, enero 16, 2026

El trumpismo violento en EEUU

Ya son varias las noches de disturbios que se registran en Mineápolis, capital del estado de Minnesota, con serios enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del ICE, la guardia pretoriana creada para realizar redadas en el marco de la política federal de inmigración a la búsqueda de ilegales en el país. Son altercados callejeros en los que las fuerzas del ICE responden con saña ante masas de gente, mayormente pacífica, y algunos alborotadores que tiran petardos y otro tipo de objetos. Las imágenes muestran una manera de protestar que dista mucho de los niveles de violencia vistos en algaradas en nuestro entorno, piense usted en País Vasco o Cataluña. Quizás el intenso frío que se vive en la zona contribuye a lo desatarlo todo.

El origen de estas protestas es el asesinato, no hay otro término para definirlo, por parte del ICE, de una mujer cuyo coche fue dado el alto por parte de miembros de ese cuerpo de seguridad. La conductora, que iba sola en el vehículo, se puso nerviosa ante la presencia de una serie de personas a su alrededor completamente militarizadas en aspecto y armamento, y comenzó a mover su coche con intención de evadirlos, momento en el que un par de agentes se acerca a la ventanilla más próxima a su puesto de conductora y uno, sin dudarlo, le dispara, causándole heridas fatales que provocarán su muerte pocas horas después. La escena es lenta, silenciosa, no hay muchos gritos ni acelerones. Ella no busca huir lanzando su vehículo a lo loco ni contra la patrulla ni en sentido contrario. Es el miedo lo que se intuye que mueve lentamente el coche, y asistimos a una ejecución a sangre fría sin conmiseración alguna. Este grave incidente es lo que ha soliviantado a la ciudadanía de Mineápolis y le ha hecho salir a la calle a protestar. Es una protesta legítima. Ante ello, el Ice está actuando sin cortarse en lo más mínimo, contraponiendo una respuesta violenta notablemente desproporcionada respecto a la amenaza que suponen los manifestantes. Desde el momento del crimen se ha producido una extravagante polarización de lo sucedido en los medios y autoridades de aquel país, y digo extravagante porque es normal que ante hechos que admiten visiones contrapuestas las opiniones se fragmenten y puedan ser no coincidentes, pero en este caso, viendo el vídeo de la escena, pocas dudas hay. Pues bien, la secretaria de seguridad interior del gobierno de Trump afirmó, en una entrevista televisiva, comentando las imágenes de lo sucedido, que era evidente que la conductora pretendía atropellar al agente y que éste había respondido en defensa propia, para salvar su vida ante lo que era una agresión premeditada. Las imágenes de la escena muestran justo lo contrario, pero Kristine Noem, que así se llama el alto cargo trumpista, no tenía reparo alguno en mentir ante el entrevistador y ante todo aquel que tuviera ojos y estuviese despierto. Era asombroso, un ejercicio de falsedad casi insuperable. Desde el primer momento los cargos trumpistas, y sus medios afines, han comprado la idea de la defensa propia del agente del ICE y de la culpabilización de la víctima, una peligrosa radical, una extremista, una bollera. Lo único cierto es que una mujer asustada fue asesinada por un empleado federal armado en el ejercicio absolutamente fuera de sentido de una violencia ejecutora para la que cuenta con el pleno respaldo de la autoridad del país. La población de EEUU asiste, en su mayor parte asombrada, ante el hecho y la no ya frialdad, sino simple descaro con el que las autoridades federales justifican lo que para casi todos es un ejercicio de violencia si escrúpulos por parte de quien debe tener más cuidado para no caer en ella.

Renee Nicole Good es el nombre de la mujer asesinada, y también la primera víctima conocida, hay muchas otras anónimas, de una campaña de intimidación perfectamente orquestada desde la presidencia del país con el objeto de meter miedo a la población, de hacerle saber que si protesta ante las medidas que tome el gobierno federal se arriesga a salir muy mal parada, o a incluso no hacerlo. El número de agentes del ICE no deja de crecer, supera ya los 10.000 y su impunidad legal es total. Van camino de ser una fuerza armada al servicio directo de Trump y sus deseos autocráticos. Son un ejemplo de violencia ejercida por el estado para secuestrar la libertad de los ciudadanos. El trumpismo ya es un peligro cierto para los habitantes de EEUU, y lo será cada vez más.

viernes, enero 09, 2026

Los venezolanos no importan

En una entrevista que concedió ayer a su canal amigo de televisión, la FOX, el vicepresidente de EEUU, JD Vance, mano derecha de Trump y más que posible sucesor, a la pregunta del entrevistador sobre en qué iba a mejorar la vida del norteamericano medio con el ataque a Venezuela, se mostró tan directo y carente de escrúpulos como su jefe. Afirmó que ahora mismo los inmensos recursos naturales del país están en manos de EEUU y que en un futuro no muy lejano la gasolina y otros costes que pagan los americanos verán reducido su precio por la explotación que de esos recursos se va a llevar a cabo.

Es un perfecto ejemplo de mentalidad colonialista del siglo XIX. Si algo me interesa, me lo quedo, y si es de alguien, si soy más fuerte, se lo quito. Hasta no hace mucho EEUU mantenía un discurso de promoción de la democracia en el mundo, mezclado no pocas veces con explotación de recursos de por medio, pero existía un sustrato ideológico de desear la expansión de los regímenes liberales por el mundo, sobre todo cuando existía un antagonismo dictatorial como fue el caso de la época de la guerra fría. Ya no. Los actuales líderes de esa nación actúan desde la prepotencia más absoluta, la de saberse poseedores del mayor ejército del mundo y de la capacidad de imponer una fuerza desproporcionada sobre todos los demás que se les crucen en el camino. En el caso de Venezuela el argumento exprimido por la administración Trump ha sido el del vínculo de Maduro con redes de narcotráfico, y esa es la causa por la que va a ser juzgado en suelo norteamericano, pero es obvio que si Maduro estaba compinchado con cárteles, cosa que es perfectamente posible, otros miembros de su régimen no se dedicaban a la beneficencia. Diosdado Cabello o los hermanos Rodríguez también formarían parte de una estructura delictiva. Lo que es obvio es que todos ellos componían la cúpula del poder dictatorial venezolano, cúpula descabezada, pero que se mantiene casi intacta en el resto de niveles, tras el ascenso de Delcy al poder. Ayer varias fuentes de la administración Trump hablaban de que el control del país se puede mantener durante años, porque expoliar sus recursos no va a ser tarea fácil ni rápida. Eso va a requerir notables inversiones, presencia sobre el terreno de compañías privadas petroleras y fuerzas militares de defensa, y más que sustanciosos ingresos tanto para la potencia colonizadora como para los jerarcas actuales del chavismo, que van a ver cómo lo que antes robaban se queda convertido en poca cosa frente a lo que van a poder llevarse ahora. Con estos réditos a la espera es más que lógico suponer que Delcy, y otros, traicionasen a Maduro para quedarse con el poder y repartirse un jugoso botín. La falta de escrúpulos está bastante bien repartida entre todos los personajes de este drama. Y algo que también comparten todos ellos es el absoluto desprecio al pueblo venezolano. Los millones de ciudadanos de ese país que malviven en él y los que han tenido que huir, por la miseria o por la persecución, no cuentan para nada en esta ecuación, son comparsas, decorado sobre el que actúan los poderosos. Quizás algo de las inmensas cifras que se acaben deduciendo de toda la corrupción que se va a poner en marcha ahora caigan hacia algunos sectores de la población del país, pero lo que les pase a los venezolanos, en su futuro político y económico, es lo que menos le importa a Trump y a su camarilla, y a Delcy y los suyos. Ambos han firmado un pacto bañado en crudo, la necesaria sangre y fortunas futuras a la espera. Todo lo demás es disimulo, ruido y algo de propaganda, tampoco mucha, que no hace falta vestir demasiado la colonización que viene.

Ayer fueron liberados en Caracas cerca de un centenar de presos políticos, de esos que los que apoyan al régimen entre nuestros ciudadanos dicen que no existen, en lo que parece un gesto de buena voluntad, pero que no cambia mucho las cosas. La represión se mantiene, la posibilidad de reconocer a Edmundo González, ganador de las elecciones de 2024 como presidente es nula, y la estabilidad de Delcy y los suyos en el poder se consolida día a día en medio de cesiones ante los mandatos de Trump y promesas de enriquecimiento para los que le sean leales. El futuro del país es oscuro, y la esperada transición democrática no es deseada por ninguno de los que ahora mismo detentan el poder, tanto en Caracas como en Washington.

jueves, enero 08, 2026

Se lo lleva crudo

Cuando usted ya estaba incumpliendo los primeros propósitos de año nuevo, incluso antes de que muchos renunciaran a su primera sesión de gimnasio por eso de “bueno, queda mucho año por delante” Trump ya estaba maquinado cosas para dejarnos a todos pasmados, y escogió Venezuela como el primero de sus objetivos, país que se encontraba en el punto de mira, literalmente, desde hace ya tiempo. Era evidente que el despliegue militar realizado en torno a las aguas del país caribeño no podía ser sólo un teatro, era demasiado aparatoso e intenso para quedarse en mera fanfarronada. Y en efecto, se usó.

El Sábado 3 de enero se puso en marcha una operación militar que, con el bombardeo previo de algunas instalaciones militares en Caracas y alrededores, llevó a cabo la captura de Nicolas Maduro, el presidente del país, el líder de la dictadura que oprime a los venezolanos. A lo largo de ese día las impresiones de los que seguíamos las noticias, al menos las mías, iban cambiando a la vez que se superponían. Evidente sorpresa por lo sucedido, por la forma y el éxito aparente de una operación de descabezamiento del régimen. Alegría por la caída de un dictador que ha oprimido a su país durante años, condenándole a la miseria económica y la represión. Inquietud por las formas, por la absoluta violación del derecho internacional que suponía que una nación, EEUU, se arrojase por su cuenta y riesgo la labor de descabezar a otra nación soberana y atacar su territorio, aunque fuera de una manera quirúrgica, como parecía que había sido el golpe, sensación de “deja vu”, de vuelta a unos años sesenta y setenta donde Washington imponía a sangre y fuego los liderazgos en una América Central y del Sur donde la democracia era una aspiración vana… todo agolpado a lo largo de una mañana en la que las noticias se sucedían sin parar, hasta llegar a un mediodía en el que se confirmaba que Maduro, apresado, ya iba camino a EEUU, a una cárcel en Brooklyn, uno de los distritos de Nueva York. La sucesión de opiniones y especiales en los medios no cesaba, en medio de unas vacaciones navideñas pre Reyes que ya habían quedado suspendidas para todos. Había aún bastante confusión, incluida entre los venezolanos opositores al régimen, que veían con asombro el derribo del tirano y el surgimiento de una esperanza pero, al menos así lo creía yo, era necesario esperar a la comparecencia de Trump, prevista para la tarde de ese sábado, para tener una idea medianamente cierta tanto de lo que había pasado como el cómo y las consecuencias de lo que vendría después. Esa aparición ante los medios se produjo en su casa de Florida, desde donde se dirigió toda la operación, en una nueva muestra de cómo el magnate considera la presidencia de su país como un negocio privado en el que la institucionalidad y las formas no son sino obstáculos a su megalomanía. Las explicaciones empezaron con retraso, pero a los pocos minutos de la misma empezó a quedar bastante claro no sólo que estábamos ante un nuevo espectáculo televisivo de Trump, de esos que tanto le gustan, sino que la captura de Maduro no se enmarcaba en ningún plan de derrocamiento de la dictadura chavista y de la vuelta de la democracia al país, no. Todo era una operación destinada sí al descabezamiento del régimen, y sí, sobre todo, a la puesta de Venezuela bajo tutela norteamericana para que los recursos naturales del país, especialmente el petróleo, pero no sólo, fueran gestionados, explotados e ingresados por empresas norteamericanas. No estábamos ante la caída de la dictadura, sino a su sometimiento ante otro régimen, que parece ir encaminado a serlo.

Transcurridos algunos días desde los hechos del 3 de enero, es evidente la desvergüenza absoluta con la que la administración Trump trata a la oposición venezolana y la obsesión que mantiene con el control del petróleo y sus ingresos. Estamos ante una mera operación de robo, de apropiación, de asalto. La sucesión en el régimen, a cargo de la muy conocida Delcy, garantiza estabilidad y represión de puertas para dentro y la tutela que EEUU va a poner sobre ella determinará que la mayor parte de los ingresos generados por el país se queden en Washington, incluso en la propia familia Trump, convertida en una satrapía. No va a haber transición democrática en Venezuela, sí un acuerdo entre mangantes, nacionales y extranjeros.

martes, diciembre 23, 2025

Final de 2025. Resumen internacional

Este año ha estado completamente marcado por lo que pasó el 20 de enero. Como se esperaba, Trump juró su cargo como presidente de EEUU, en una ceremonia interior por las gélidas temperaturas que se registraban en Washington, y a partir de ahí ya nada fue previsible. La llamada Trump II, su segunda presidencia tras el periodo 2016 – 2020, es un acelerón obsceno y despiadado de todas sus fobias, una trituradora de realidades y todo lo que uno soñó como pesadillesco. En el cuarenta aniversario del estreno de Regreso al futuro ya estamos en el 1985 alternativo de la segunda parte con Beef como obsceno potentado y dueño de todo.

Trump ve el mundo como un negocio transaccional, no cooperativo, de suma cero, en el que él encarna la fuerza al dirigir el país más poderoso, y eso le permite imponer condiciones a todo el mundo. No busca alianzas, sino sumisiones, no cree en la cooperación, sino en el sometimiento, y el enriquecimiento de EEUU y, por encima de todo, el suyo propio, está por delante de todo lo demás. Le da igual el régimen político de la nación que sea si consigue hacer un trato que le reporte beneficios, y su admiración por los líderes autoritarios es más que descarada, despreciando a los que rigen naciones en las que la ley y los contrapoderes suponen freno a las ambiciones personales de sus regentes. Trump quiere relacionarse de tú a tú con mandatarios que no tengan cortapisas, que no se vean frenados por nada, y su máximo objetivo sería ese mismo, el de permanecer en el poder sin tener que recurrir a elecciones y otro tipo de trámites que considera propios de naciones débiles. Trump es la ley, su voluntad es la ley. En este marco mental, todo lo que suponíamos que era estable y consolidado va saltando por los aires de manera estrepitosa. EEUU ha dejado de ser el garante de la seguridad global y el defensor del llamado mundo libre, de la idea que domina la geopolítica de occidente como un espacio de normas, derechos, libertades y prosperidad. EEUU ha roto, en la práctica, el pacto trasatlántico y dejado a Europa de un lado, tanto por declaraciones altisonantes como por los hechos, siendo aquella infame reunión con Zelensky en la Casa Blanca, todo un ejercicio de matonismo, la perfecta imagen de cómo se rompe una relación con los que han sido los socios desde hace ochenta y cinco años. Trump no respeta las alianzas suscritas por EEUU en otras áreas globales, como Asia Pacífico o AUKUS, porque todo se supedita al interés personal del mandatario. La seguridad de los acuerdos que se suscriben con Washington ya no existe, porque lo que hoy se firma con pompa y boato mañana puede ser reescrito de arriba abajo porque a Donald se le ha ocurrido. EEUU deja de ser el socio fiable, y dado que, en este mundo, su papel como el socio fundamental para casi todo sigue siendo determinante, el factor de desorden que eso genera es enorme. El caos ha ido creciendo en este año en el que Rusia ha seguido devastando Ucrania, con avances escasos en el frente, Israel ha destruido Gaza y a no pocos de sus habitantes, a la vez que ha realizado ataques de todo tipo en su entorno, incluida una breve “guerra de salvas” con Irán, la guerra civil de Sudán ha registrado episodios de una intensidad atroz que apenas han trascendido, India y Pakistán se han enfrentado en breves conatos militares que casi acaban en guerra abierta, Thailandi y Camboya han comenzado dos veces una guerra fronteriza a la que se le presta menos caso del debido, en el Sahel africano los golpes de estado se han sucedido y la región se sume cada vez más en un desorden en el que el islamismo puede ser el gran vencedor final…. El panorama global se revuelve, y el papel de las instituciones internacionales, como pudiera ser la ONU, se evapora, porque las reglas globales bajo las que actúan y consiguen imponer su autoridad se basan en que alguien poderoso, EEUU, las impone a un resto que, más o menos, las acata. Las cosas ya no son así, la gobernanza global declina a toda velocidad.

En un mundo de esferas de influencia al que paree que nos dirigimos China, la otra gran potencia, contempla encantada como EEUU se pega tiros en los pies y destruye su poder blando global, mientras que ella ocupa espacios en África, Ásia o Latinoamérica que el gran poder va dejando libre. Europa, nosotros, hemos asistido como espectadores a nuestro desprecio por parte del garante de nuestra seguridad, y terminamos el año en una posición mucho peor de la que nadie hubiera imaginado. El miedo empieza a calar en las capitales de la UE al verse desnudos ante un escenario global de depredadores carentes de escrúpulos, que nos ven como lo que somos, un lugar privilegiado en lo económico y de una pasmosa debilidad en lo que atañe a seguridad colectiva. No imponemos nada en un mundo que comienza a dominarnos. Así comienza el ocaso de occidente.

Subo a Elorrio a pasar las navidades, y cojo vacaciones algo más largas de lo habitual. Si no pasa nada raro nos leemos el jueves 8 de enero. Pásenlo genial, abríguense y mis mejores deseos para estas fiestas y el nuevo año.

martes, noviembre 25, 2025

¿Qué va a pasar en Venezuela?

Desde este fin de semana no es posible volar de Madrid a Caracas. Iberia, junto con otras aerolíneas, han suspendido los vuelos a Venezuela siguiendo las recomendaciones de las autoridades de EEUU, que han señalado graves riesgos para la navegación aérea en el espacio de tránsito de esa nación caribeña. La suspensión se mantendrá en vigor hasta que, o bien la alerta se levante o suceda algo que permita saber que la seguridad ha vuelto a la zona. Por lo tanto, ahora mismo sólo se puede acceder a Venezuela por tierra desde el continente sudamericano. El contingente militar de EEUU que rodea sus costas aconseja no hacerlo por mar.

Hay mucha confusión y todo tipo de hipótesis sobre lo que puede pasar en Venezuela, y los signos se acumulan señalando a algo feo. Ayer mismo el gobierno de Trump declaró como organización terrorista a uno de los cárteles de la droga que operan en Sudamérica y considera que es Nicolás Maduro, el presidente del país, la máxima autoridad de esa organización delictiva. Lo cierto es que no se si Maduro es o no un traficante, pero sí se que es un vulgar dictador y responsable, junto con no pocos, de haber sumido a Venezuela en la miseria absoluta y en el oscurantismo de la represión de un régimen que ha convertido a todo el país en una cárcel. ¿Excusa eso para una intervención militar que lo derroqué? No es algo que me guste, y creo que precisamente algo así contribuiría a dar al represivo régimen venezolano una pátina de mártir que sería muy fácil de explotar por parte de los movimientos ultras que lo apoyan, algunos muy presentes, y muy forrados, entre nosotros. Lo cierto es que la creciente acumulación de tropas norteamericanas en el entorno del país indica que eso es algo más que un juego. No tiene sentido movilizar al mayo portaaviones de la flota y a miles y miles de soldados para un ejercicio de intimidación puramente teatral. Sin embargo, dadas las dimensiones del país, tampoco es imaginable una operación invasiva como tal con las fuerzas que se han reunido. Venezuela no es Panamá, ejemplo último que puedo recordar de una intervención militar norteamericana en la zona, un país pequeño y con dos únicos puntos estratégicos de control, su capital y el canal. Aquí sólo las dimensiones de Caracas impiden una toma de la ciudad por un contingente como el desplegado. ¿Busca Trump asustar a Maduro y que él mismo opte por la huida? ¿Trata de ofrecer el apoyo de sus tropas a posibles movimientos disidentes en el ejército venezolano, que puedan optar por alzarse contando con el apoyo de EEUU? ¿Se planea una operación de toma del centro de poder y extracción / eliminación del líder y que el caos consiguiente sea aprovechado por las fuerzas opositoras? Nada está claro y las dudas, a la par que la tensión, crecen y crecen. Dentro de los propios EEUU no está clara la pretensión de Trump, y por si acaso se decreta una intervención militar, no son pocas las voces que señalan que el presidente debiera pedir permiso a las cámaras para lanzar algo así. No se si eso es requisito obligado o no dada la legislación y los poderes que allí rigen, pero sea como sea a Trump la legalidad le importa tanto como a Sánchez. Los planes que le hayan elaborado desde el rebautizado Departamento de Guerra sólo los conocen ellos, y sus intenciones permanecen ocultas. Como en muchos casos, se habla también de la motivación económica, y del posible intento de acceso de EEUU a los inmensos recursos petroleros de Venezuela, cosa que no es descartable, pero a priori me parece secundario, dado que EEUU ya es uno de los principales productores del mundo y el petróleo, que sigue siendo decisivo, empieza a no serlo tanto frente a otros recursos, como pueden ser las famosas tierras raras. ¿Todo esto para hacerse con los yacimientos de crudo? No es descartable, pero se me antoja demasiado burdo.

Para los venezolanos de a pie, los que quedan en el país y no han podido huir, su situación es desastrosa, tras años y años de represión política y destrucción económica. La miseria y violencia en el país es elevada, y sus posibilidades de recuperación nulas. La junta militar que realmente controla la nación y sus recursos sigue enriqueciéndose a cuenta de la pobreza de todos los demás y no querrá dejar el chollo que ha conseguido fabricar en lo que antaño fue un país. A toda esa desgracia se suma ahora la impredecible actitud del presidente norteamericano y las fuerzas que se sabe rodean las costas del país. Habrá que seguir atentamente lo que allí suceda, pero no, no pinta muy bien.

miércoles, noviembre 19, 2025

Reunión de mafiosos

Y no, no me refiero hoy a los encuentros entre Cerdán, Ábalos y demás miembros de la ejecutiva socialista, que de mafia parecían saber bastante y de reunirse más, siempre a cuenta de Rey, o más bien de su y mi dinero, querido lector. Hablo de la reunión que tuvo lugar ayer en la Casa blanca entre Trump y Mohamed Bin Salman, MBS, el hombre fuerte de Arabia Saudí. Ambos mandatarios firmaron acuerdos de intercambio comercial. MBS comprará aviones F35, los más caros de los que se fabrican en EEUU, los mismos que se le venden a Israel, y el reino del desierto promete realizar inversiones inmensas en territorio norteamericano. Apretones de manos, risas mutuas y compadreo nada disimulado.

La CIA ya dejó más o menos claro que el asesinato del periodista KAshogui en el consulado de Arabia Saudí de Estambul fue ordenado por MBS. Kashogui trabajaba para el Washington Post y había destapado varias corruptelas que afectaban MBS y su entorno, y se convirtió en un enemigo del régimen saudí. Su asesinato, y posterior descuartizamiento, escandalizó a la opinión pública mundial y forzó a un enfriamiento de las relaciones de varias naciones con Riad, entre ellas los propios EEUU de un Biden que tenía bastante claro que había pasado allí y quién había dictado la orden ejecutora. Pues bien, llega Trump al poder y pelillos a la mar. Las relaciones Washington Riad se restablecen de la manera más plena posible, con los llamados acuerdos de Abraham de fondo para estabilizar todo Oriente Próximo y las declaraciones del magnate rubio sobre el príncipe saudí escalan en elogios cada vez que él es preguntado al respecto. Y todo hasta llegar al momento de ayer, en el que MBS es recibido en la residencia del poder ejecutivo de EEUU con toda la pompa posible, con deferencias que se emplean en las ocasiones distinguidas, y con una cordialidad absoluta. Parecía lo que era, la reunión de dos compadres. En el encuentro posterior ante los medios, una periodista de la ABC pregunta a Trump sobre Kashogui, sobre las acusaciones que pesan sobre MBS en relación con su asesinato y si tiene algo que añadir. Trump empieza desviándose, pero al poco se lanza, en defensa absoluta de su anfitrión. Dice que ese periodista era una persona que no caía bien a todo el mundo, que es un asunto complicado y que, bueno, son cosas que pasan. “Cosas que pasan” es la valoración que el presidente de EEUU otorga a un asesinato cruel presuntamente ordenado por el señor que se encontraba a unos pocos centímetros de él. “Cosas que pasan”, supongo que todos tenemos conocidos a los que les “han pasado cosas”, ¿qué hay más natural y cotidiano que un vecino, amigo o conocido acabe siendo descuartizado después de desaparecer? Supongo que en el mundo de la mafia debe ser una de las maneras habituales para librarse de soplones, chivatos, testigos y, en general, todo aquel que sea considerado por los capos como sobrante. Una ejecución y listo, a otra cosa. Los medios de todo el mundo recogen las palabras de Trump y se quedan alucinados, pero el presidente apostilla, aumentando la dimensión de la vergüenza de lo visto ayer, criticando a la periodista por ser descortés con el invitado que en ese momento se encuentra en el Despacho Oval. “Tiene a usted a un dictador de primer nivel, a un ejecutor despiadado, trátele con el respeto debido o lárguese” parecía querer decir Trump con su mirada a una reportera que ya no sabía dónde meterse después de haber obtenido unas de las declaraciones más obscenas que imaginarse uno pueda. La reunión sigue entre los mandatarios, con los anuncios de inversiones y otras preguntas, pero el encuentro ya queda marcado por lo sucedido. Trump no sólo ha rehabilitado a MBS, lo ha elevado a sus altares y ya se ha convertido en otro de esos hombres fuertes que admira y envidia, que aspira a imitar en sus formas y modos de gobierno.

Todo es tan obsceno que mereciera ser una mera película, ficción, y asustaría en ese caso. Pero no, es real, el mandatario del país más poderoso del mundo, garante de la estabilidad financiera y geopolítica global sigue en su proceso de alianza con lo peor del planeta, con las dictaduras más crueles, y encamina a su país, y a eso que se llama occidente, a una incongruencia que no puede ser resuelta. Que MBS o Putin sean sujetos admirados por el Presidente de EEUU no es ya una anomalía, sino una señal de alarma que no deja de avisar que algo se está resquebrajando bajo nuestros pies. Me temo que no somos conscientes de la gravedad de lo que está pasando.

jueves, octubre 23, 2025

Putin hace lo que quiere con Trump

El pasado fin de semana tuvo lugar en la Casa Blanca otra reunión entre Trump y Zelensky. La idea del ucraniano era pedir que Washington mantenga el respaldo que ahora proporciona y, sobre todo, solicitar el préstamo y uso de misiles Tomahawk, cuyo alcance y precisión pondrían a todo el flanco europeo de Rusia al alcance casi directo de Ucrania. Los analistas aseguraban que el encuentro se iba a dar en buenas condiciones y que había opciones de acuerdo. Me escamé bastante cuando, tras la reunión, Zelensky dio la rueda de prensa posterior ante los medios no en el despacho oval, sino en los exteriores de la residencia. La cosa había ido mal.

Así fue. Ni cesiones de misiles ni nuevas ayudas ni nada. Al parecer volvió a haber bronca en el encuentro, esta vez no retransmitida para todo el mundo, y la sensación de los ucranianos, y la de los que les apoyamos, se tradujo nuevamente en derrota. En paralelo, por sorpresa, Trump anunció una nueva e inminente cumbre con Putin para discutir sobre el final de la guerra. Una reunión que se celebraría en Budapest, capital europea en la que manda el aliado del Kremlin Orban, y que tendría como punto de partida el reconocimiento de la situación actual del frente como escenario de un alto el fuego permanente. Todo eran detalles propios de una cesión absoluta de Trump ante el dictador ruso. Asombro en media Europa por todo ello. Envalentonado por los efectos del plan de Gaza, Trump quería hacer que otra guerra desembocase en un armisticio que le sirviera para presumir ante el mundo de su poder y capacidades, pero al contrario que en el caso de Israel, que no es capaz de actuar sin el permiso y suministro de EEUU, Rusia puede hacer lo que le plazca le guste a Trump o no, y Putin, que es mucho más listo, le tiene totalmente tomada la medida al magante y sabe cómo hacer que ese sujeto infantil e imprevisible siga sus dictados. Le adula lo necesario, le toca la fibra sensible del sentimiento religioso cristiano, que a Trump le da igual, pero no a sus bases, le manda mensajes muy personales que le llegan al inquilino de la Casa Blanca, le camela. Mientras hace todo eso, bombardea Ucrania, mata todo lo que puede y mantiene una guerra de exterminio que no conduce a ninguna parte, más allá de cronificar el sufrimiento en la región. Eso a Putin le da igual. A Trump tampoco le importa mucho, la verdad. Ambos personajes comparten el deseo profundo de ser los que manden, sin cortapisa alguna, en su mundo. El ruso lo ha conseguido y el norteamericano no, gracias a las salvaguardas de la ley, y eso le enrabieta. Putin sabe que Trump, en el fondo, le envidia. Le encantaría al magnate gobernar EEUU a la manera en que lo hace Vladimir, con el miedo reverencial por bandera y palacios inmensos de enormes dorados a su servicio. Para Trump Zelensky es un pordiosero que acude a su mansión a implorar ayuda, y que no deja de molestarle, como si se tratase de un pedigüeño que residiera a los pies de su torre de Manhattan. Él se mueve en el mundo de los hombres duros, como Putin o Xi, los ve como iguales, como rivales con los que comparte una misma forma de ver la vida. Los europeos, en general, son para Trump amigos de ese mendigo que reside en la acera, sujetos complicados, muchos, dispersos, que no se ponen de acuerdo, que piden, que tienen miedo, que respetan algo llamado ley, que siguen normas, que no usan la violencia como argumento principal en sus vidas. Sujetos confusos. Le aburren, le aturden. Le aturdimos. Si al menos rindiéramos pleitesía de manera constante seríamos graciosos, como bufones de corte, pero ni a eso parece que llegamos a los ojos de Donal.

El martes se supo que se cancelaba la reunión prevista en Budapest, en uno de los habituales giros en las decisiones del frívolo Trump, sin que se sepa el por qué. Ayer Bessent, el secretario del tesoro, anunció la imposición de sanciones por parte de EEUU a petroleras rusas, pero está por ver si son algo más que meras declaraciones. Y de mientras, como cada día, ucranianos inocentes eran asesinados por drones rusos en el golpe diario que no cesa. El mendigo que está en la acera cada vez tiene peor aspecto y Trump duda entre darle una limosna o echarle a patadas de ahí. Y Putin, encantado, sigue inamovible. El malnacido de él sigue siendo el más listo en toda esta cruel partida.

martes, octubre 14, 2025

La firma del acuerdo de paz

Si Trump quería un día a mayor gloria suyo en el que todo el mundo le hiciera la pelota no hay duda de que ayer lo obtuvo, retransmitido en directo para todos los países y con la pompa de los acontecimientos especiales. El tiempo dirá si, además de coba, Trump obtendrá una reseña en la historia por ello, ya que Oriente Próximo es un lugar tan fértil en acuerdos de paz como en violentos incendios que los convierten en nada, llevándose por delante vidas y propiedades en estallidos de ira irrefrenables. ¿Cuál será la suerte de este acuerdo extraño? ¿Logrará persistir y dar fruto?

Esta es la primera vez que recuerde que, en los tiempos modernos, la diplomacia no la ejercen los profesionales, sino una serie de individuos que están allí y ocupan poder por ser amigos y familia de otros. Los que se presentaron hace unos días en la plaza de los rehenes de Tel Aviv para anunciar la futura liberación de los rehenes no fueron embajadores ni secretarios de estado ni nada por el estilo. Hablaron Steve Winkoff, millonario y amigo de Trump desde hace años, Jared Kushner, yerno de Trump, e Ivanka, hija de Trump y esposa de Jared. En una alocución anómala, desataron la euforia de los presentes y dieron esperanza a los familiares de los rehenes, creando el caldo de cultivo para la recepción que Israel le otorgó ayer a Trump, de rendida pleitesía y agradecimiento. Frente a la figura de Netanyahu, enemigo de parte de la sociedad israelí y gobernante rechazado por los familiares de los secuestrados, Trump se erigió ayer en el salvador de Israel, en el hombre fuerte del país, en el reinante. Todo fue un despliegue del poder y la sociedad israelí como pocas veces se habrán visto. Es obvio que el ego del magnate se sentiría más que recompensado, y viendo lo que se veía tenía motivos para ello. Los rehenes vivos fueron finalmente liberados, casi dos mil presos palestinos se soltaron de cárceles israelíes y fueron mandados a Gaza, y algunos de los cadáveres de los rehenes que han fallecido durante el secuestro han empezado a ser entregados a sus familias. Los frutos directos del acuerdo de paz se produjeron ayer en medio de escenas de enorme emotividad, de gran impacto humano, y el gran rentabilizador de todo ello fue Trump, que se convirtió en el hacedor de lo que estaba sucediendo. Es cierto que quizás haya sido más relevante el enfado de Qatar tras el ataque que Israel perpetró contra su territorio y la presión del resto de monarquías del golfo a la Casa Blanca para que se produjera lo de ayer que cualquier idea surgida de Trump y de su equipo, pero por una causa o por otra el magnate se apropió de lo que estaba sucediendo y la sociedad israelí se entregó a sus brazos por completo. A los suyos, no a los de Netanyahu o a los de cualquier otro político local. En el acto celebrado en el complejo turístico egipcio de Sharm el Sheikh, Las Vegas locales, se reprodujo la entrega de todos los presentes a la figura de un Trump que lo acaparó todo, en gestos, declaraciones y cualquier otro aspecto. Todos los invitados a la ceremonia, presidentes y primeros ministros de sus naciones actuaron de una forma algo infantiloide, aplaudiendo las gracias del presidente norteamericano y dejándose dominar por sus gestos y formas. Quizás, conscientes de su pequeñez, los europeos acudieron para solamente refrendar algo en lo que no han participado y para lo que no han sido consultados, como muestra de la total irrelevancia de la UE en el mundo global, y dieron por bueno que hacer la pelota al líder puede ser la única opción que les quede para que el niño rubio no se enfade y le de una rabieta en forma de aranceles, trabas o cualquier otra medida alocada. Para los expertos en protocolo y gestos el encuentro de ayer fue un festival de obscenidades, y para los diplomáticos, la muestra clara del fin de su papel en el mundo, arrumbados por magantes, amigos y familiares, que se han convertido en los tratadistas que escriben acuerdos y se reparten botines. El nuevo mundo de hombres fuertes que establecen las reglas se escenificó ayer en la costa del mar rojo egipcio.

Sobre el acuerdo en sí, ahora viene lo más complicado, una vez puestos en libertad los rehenes. La posibilidad de que se de una paz estable en la zona es escasa, y no son pocas las fuerzas que tratan de que así sea, y está por ver como lo acordado, vago y ambiguo como poco, permite una mínima estabilidad. En todo caso hace ya algunos días que no hay bombardeos en Gaza, no mueren civiles y la situación no empeora, y eso es un avance. El futuro de la arrasada franja y de sus habitantes sigue siendo sombrío, el islamismo desquiciado no ha desaparecido y el sionismo militarmente poderoso sigue crecido. El tiempo lo dirá. De momento, Trump ya tiene la gloria a la que aspiraba, sea efímera o no.

miércoles, agosto 27, 2025

Trump contra la FED

Son muchos los frentes abiertos por Trump en su proceso de deslegitimación de las instituciones norteamericanas y su búsqueda de suplirlas por un autoritarismo personalista, encarnada en él. Los ataques que realiza día sí y día también contra la FED, el Banco Central de EEUU, son seguidos con cierta distancia por los comentaristas políticos, que lo ven como una línea más de las muchas gruesas que traza el presidente, pero no es así. Es una de las más graves actuaciones que está llevando a cabo desde su despacho, y si consigue su propósito, puede tener consecuencias enormes, tanto en EEUU como en el resto del mundo.

El Banco Central tiene dos grandes cometidos en todos los países. Control de la política monetaria y supervisión del sistema financiero. La FED, adicionalmente, incluye entre sus mandatos la búsqueda del pleno empleo. Para la primera de las funciones, la más relevante, el Banco Central mantiene el control de las emisiones monetarias, los tipos de interés de referencia, los posibles procesos de compra y venta de títulos de deuda pública, etc. Muchas de estas acciones tienen que ver con las políticas que se desarrollan por parte de los gobiernos, pero la teoría de la independencia del Banco Central respecto al gobierno de turno es de las más asentadas en la doctrina económica. Se busca que la posible irresponsabilidad en el gasto en la que puede incurrir cualquier gobierno en cualquier momento no sea respaldada por su autoridad monetaria, para así frenar inflaciones descontroladas. Qué gobierno no tiraría de la impresora de billetes si pudiera para pagarse todos sus caprichos, empobreciendo de esta manera al país. Separar ambas instituciones y blindar lo máximo posible el Banco Central de las injerencias políticas ha sido uno de los mayores avances institucionales logrados en las últimas décadas. Adicionalmente, desde hace tiempo los economistas saben que una de las principales bazas para luchar contra la inflación es la gestión de las expectativas, es decir, si se hace creer que la política monetaria va a ser estricta y hará lo posible por mantener una tasa, digamos el 2%, lo más probable es que ese valor sea la referencia que se instale en la mente de particulares, empresas y demás agente, anclando las expectativas, que se suele decir, evitando movimientos de todo tipo que puedan alejarnos de él. Es un refuerzo, la credibilidad de la institución y su objetivo manifiesto de inflación, hecho público, contribuyen a saber hasta dónde se puede llegar y qué no se puede traspasar. Esto es difícil de lograr en la práctica, requiere tiempo, suerte, constancia y mucha perspicacia por parte de las autoridades monetarias, que normalmente toman sus decisiones con mucha incertidumbre, muy habitualmente con retardo respecto a la posición real del ciclo económico y con variables de control que son indirectas respecto a las que pretender realmente regular. La política monetaria tiene algo de arte, y por eso acertar con ella es tan difícil. Desde la crisis de 2008 los bancos centrales en occidente se han convertido en salvadores de última instancia de las democracias mediante la puesta en marcha de programas muy polémicos y transgresores, como los QE, criticados por no pocos, y que han solucionado los graves problemas que se pretendían corregir, aunque han generado distorsiones de otro tipo en otros mercados. Su relevancia ha ido creciendo mucho más allá de lo que nunca imaginaron sus titulares o aquellos que establecieron sus reglas básicas de funcionamiento, y en tiempos de deudas públicas crecientes y de costes de financiación disparatados para los erarios públicos, esas instituciones aparecen como jugosas manzanas disponibles para ser merendadas. Ejemplos históricos tanto de décadas pasadas como muy recientes muestran hasta qué punto la toma del poder del gobierno en la autoridad monetaria acaba en todo tipo de desmanes que se traducen en inflaciones disparatadas, empobrecimiento general, crisis y ruina. No se debe jugar con esas cosas.

¿Para qué quiere Trump controlar la FED? Principalmente para que derrumbe los tipos en EEUU y así el gobierno federal se ahorre un pastizal en intereses de la desbocada deuda pública que no deja de crecer. También para dejar claro que él es el que manda y nadie puede estar sin servirle ni complacer sus deseos, y eso de los organismos independientes es algo propio de democracias, no de la visión totalitaria del poder que tiene en su mente. Si Trump logra hacerse con el control de la FED, cosa que me temo acabará sucediendo, nos puede meter a todo el mundo en un monumental problema, porque el dólar es mucho mucho mucho más que la moneda de EEUU.

lunes, agosto 25, 2025

Enanitos en la Casa Blanca

Como les iba contando el viernes, las cancillerías europeas tuvieron ataques de pánico cuando vieron el resultado de la reunión entre Trump y Putin, sintiéndose con razón amenazadas por el compadreo que mostraban ambos dirigentes. Tras el encuentro en Alaska, Trump citó a Zelensky en Washigton, y esta vez, los países importantes de la UE (obviamente España no estaba entre ellos) coordinaron una respuesta en forma de misión conjunta, para que Zelensky no estuviera solo y no se produjera el patético espectáculo que se dio en su primera reunión en el despacho oval, aquella encerrona indignante.

Así que a Washington viajaron varios de los presidentes de los países de la UE, y la Casa Blanca tuvo que establecer un protocolo de reunión, de tal manera que no consintió que Zelenskey se reuniera con la delegación europea y Trump. Primero sería el encuentro con el presidente ucraniano y luego el de EEUU con todos los europeos, pero la mera presencia de esos dignatarios allí lanzaba un mensaje interesante para todo el que quisiera entenderlo. Desde Europa no se iba a consentir otro acto de insultos hacia Zelensky. En las formas, esta vez, la reunión entre Trump y el presidente ucraniano fue bastante mejor que la vez pasada (cierto, había mucho margen de mejora) y el mero hecho de que Zelensky se pusiera una americana negra fue suficiente para que esta vez el magnate no se empezara a meter con él por su atuendo. El resultado de la reunión es que quedaba en manos de Ucrania tanto la realización de una bilateral con Putin, o una trilateral con Trump presente, y que también quedaba al alcance de Kiev dar por concluida la guerra si aceptaba cesiones. De una manera no disimulada, Trump actuaba como portavoz de las peticiones rusas, si se quiere no con la firmeza expresada por el Kremlin, pero sí con el mismo argumentario basura. Tras las formas, Zelensky se marchó y, al poco, se produjo el encuentro entre los mandatarios europeos y Trump. Hay una foto que recoge ese momento y no se si es ilustrativa de lo que allí se trató, pero si recoge fielmente dónde se encuentra el poder de decisión y dónde la necesidad. En esa escena Trump está sentado en su sillón frente a su escritorio, imagino que con su gesto soberbio habitual, dado que la toma está hecha a la altura de su hombre y no se ve su rostro. Frente a él, Macron, Stammer, Metz, Rutte y unos pocos más observan con cara de preocupación. Es la muestra de sumisión más clara que se ha visto, a los ojos del mundo, de lo que antaño fueron las potencias europeas ante el poder norteamericano, en este caso en relación a la seguridad de nuestro continente. Los presidentes de las naciones de la UE parecen implorar clemencia al emperador, que sin duda sabe ser magnánimo, pero que ofrece su caridad a cuentagotas y en función de quién le adule con la mayor de las convicciones. Hay una estrategia, que han revelado varios de los que trabajan con Trump, que viene a decir que Donald hace caso al último que habla con él, de tal manera que ser el primero es un error y que hay que tratar de cerrar la ronda de conversaciones para que tus argumentos sean los que tengan más peso. En este sentido la idea de los mandatarios de la UE fue buena, acudir allí y ser los que dejasen claras sus opiniones ante Trump después de la cumbre de Alaska y el encuentro con Zelensky, pero está claro que la escena ofreció al mundo una imagen contraproducente, muy cruda, sobre cuál es el papel de la UE y de sus distintas naciones en medio de la guerra de Ucrania y, si me apuran, sobre todo el tablero global. Se ha contrastado en varios medios esa foto con la escena, durante la primera presidencia de Trump, en la que Merkel, junto a otros dignatarios, se encara ante el magnate y, desde una posición altiva, le insta a reconsiderar su postura, en lo que, sino recuerdo mal, eran las primeras disputas comerciales instadas desde el proteccionismo trumpista. Ahora Merkel no está, su acuerdo con Putin no existe y Alemana ve como su PIB cae y su seguridad está en entredicho.

Comparar las dos escenas induce a la melancolía, pero es un ejercicio falso, porque entonces la UE no estaba tan fuerte como la imagen de Merkel parece transmitir. Lo que es seguro es que, desde entonces, nuestra posición económica y de poder se ha deteriorado, y la de EEUU no. El resultado de todos estos encuentros sobre Ucrania, vendidos por no pocos como decisivos, sigue siendo, a día de hoy, el de constantes oleadas de ataques aéreos rusos, muertos a mansalva y una posición norteamericana dudosa, cuando no comprensiva ante las demandas del kremlin. Es lo que tiene que EEUU haya caído en manos de sus, y nuestros, enemigos. El mundo se ha vuelto muy hostil para nosotros.

viernes, agosto 22, 2025

Frivolidad en Alaska

Ayer Rusia lanzó otro enorme ataque sobre suelo ucraniano, usando para ello unos cinco centenares de drones y algunos misiles de distinto tipo. Los principales objetivos fueron zonas civiles, urbes que llevan siendo castigadas sin piedad a lo largo de este verano con ataque más o menos similares en intensidad. En el frente de batalla, se han producido avances rusos, y rupturas de la línea de frente que han permitido a las tropas rusas avanzar en el territorio ocupado. Tampoco se han dado conquistas enormes, ni mucho menos, pero sí avances que han roto la estabilidad que llevaba caracterizando a ese frente desde hace tiempo.

Mientras todo esto sucede, y los ucranianos mueren sin remedio, se ha producido en Alaska la muy esperada cumbre entre Trump y Putin, encuentro improvisado, al estilo de la desastrosa administración estadounidense que padecemos, que ha sido muy poco fructífero en lo que hace a propuestas e indignante en las formas. Había muchas dudas sobre qué iba a salir de ese encuentro y cómo iban a reaccionar los dos personajes al verse, pero lo que nadie esperaba era una recepción por parte de Trump al presidente ruso más propia de un emocionado aficionado que otra cosa. Trump le puso la alfombra roja, le recibió con palmadas, abrazos, sonrisas infinitas, confraternización sin límite y alegría plena. Recordemos que Putin, perseguido por la Corte Penal Internacional, es un dictador en su país y un agresor nato que no disimula en lo más mínimo a la hora de mantener su guerra de invasión en el exterior y sus políticas represivas en casa. Trump le obsequió incluso con un viaje en su coche oficial, el apodado como “la bestia” de tal manera que se podía ver a los dos como viejos amigos compartiendo el recorrido desde la pista de aterrizaje de la base de Anchorage hasta el punto en el que se iba a realizar el encuentro. Sólo estas escenas bastan para darse cuenta de hasta qué punto puede llegar la traición de Trump a occidente y a las libertades que son atacadas en Ucrania. Tras un encuentro de unas tres horas, menos tiempo de lo que se anunciaba, se produjo una rueda de prensa extraña en la que los dos mandatarios aparecieron sentados junto a sus asesores, con caras que lo decían todo. Trump tenía pinta de cansado y, pese a lo que es él, no estaba nada locuaz. Putin exhibía un semblante raro para el, sonriente, graciosillo, poniendo caras ante algunas de las preguntas de los periodistas, haciendo gestos de todo tipo. Se le veía disfrutando, como si del encuentro hubiera quedado claro cuáles son sus posturas y lo que Trump puede hacer para respetarlas y lo que le da igual que haga si pretende alterarlas. Pocas palabras y fin del encuentro sin ninguna conclusión clara, más allá de la confianza vista en el arranque. Para la mayoría de los analistas, la cumbre fue un fracaso para las aspiraciones trumpistas de acabar con la guerra vía cesión del Kremlin. Putin, que ya partía como ganador del encuentro por el mero hecho de que se celebrase, por la rehabilitación pública que eso le suponía, salió de Alaska con una doble sensación de victoria, que las cancillerías europeas no podían ocultar en su lamento. Para Ucrania, el gran tema sobre la mesa, no presente de ninguna manera en el encuentro, sin representante alguno, el resultado de la cumbre fue nefasto, quedando claro que su agresor tiene bastante más elaborada su propuesta y sabe lo que quiere hacer, frente a la indecisión de quien debiera ser su mayor aliado, que no deja de dar bandazos en función de los vaivenes de la pelambrera de Trump. Una cumbre de este tipo requiere mucho trabajo previo, y muy serio, por parte de niveles intermedios de las naciones que se reúnen para garantizar que el encuentro vaya a ser poco más que un par de fotos. Nada de eso se ha producido esta vez, por obra y gracia de la actual negligencia norteamericana, y por ello, el agresor es el único beneficiado de un encuentro que, visto lo visto, mucho mejor que no se hubiera producido.

A partir de ahí se ha especulado sobre posibles altos el fuego, acuerdos de paz, el papel que las “potencias” europeas pueden tener en consolidar una situación de seguridad en Ucrania, una reunión con o sin EEUU en la que sí estuviera Zelensky, etc, pero todo han sido divinas palabras en medio de unos combates constantes y una actitud rusa de troleo general. El Kremlin parece tener controlados los tiempos y la manera en la que se debe negociar con Trump, un fanfarrón arrogante al que ser adulado es lo que más le pone, y Putin, bastante más listo que él, le tiene cogida la medida. Por ahora, en agosto, Rusia ha ganado en todos los frentes posibles, y nosotros vamos perdiendo. El posterior encuentro que se dio en la Casa Blanca entre Trump y los líderes europeos merece un artículo propio, a ver si la semana que viene puede ser.