Como les iba contando el viernes, las cancillerías europeas tuvieron ataques de pánico cuando vieron el resultado de la reunión entre Trump y Putin, sintiéndose con razón amenazadas por el compadreo que mostraban ambos dirigentes. Tras el encuentro en Alaska, Trump citó a Zelensky en Washigton, y esta vez, los países importantes de la UE (obviamente España no estaba entre ellos) coordinaron una respuesta en forma de misión conjunta, para que Zelensky no estuviera solo y no se produjera el patético espectáculo que se dio en su primera reunión en el despacho oval, aquella encerrona indignante.
Así que a Washington viajaron varios de los presidentes de los países de la UE, y la Casa Blanca tuvo que establecer un protocolo de reunión, de tal manera que no consintió que Zelenskey se reuniera con la delegación europea y Trump. Primero sería el encuentro con el presidente ucraniano y luego el de EEUU con todos los europeos, pero la mera presencia de esos dignatarios allí lanzaba un mensaje interesante para todo el que quisiera entenderlo. Desde Europa no se iba a consentir otro acto de insultos hacia Zelensky. En las formas, esta vez, la reunión entre Trump y el presidente ucraniano fue bastante mejor que la vez pasada (cierto, había mucho margen de mejora) y el mero hecho de que Zelensky se pusiera una americana negra fue suficiente para que esta vez el magnate no se empezara a meter con él por su atuendo. El resultado de la reunión es que quedaba en manos de Ucrania tanto la realización de una bilateral con Putin, o una trilateral con Trump presente, y que también quedaba al alcance de Kiev dar por concluida la guerra si aceptaba cesiones. De una manera no disimulada, Trump actuaba como portavoz de las peticiones rusas, si se quiere no con la firmeza expresada por el Kremlin, pero sí con el mismo argumentario basura. Tras las formas, Zelensky se marchó y, al poco, se produjo el encuentro entre los mandatarios europeos y Trump. Hay una foto que recoge ese momento y no se si es ilustrativa de lo que allí se trató, pero si recoge fielmente dónde se encuentra el poder de decisión y dónde la necesidad. En esa escena Trump está sentado en su sillón frente a su escritorio, imagino que con su gesto soberbio habitual, dado que la toma está hecha a la altura de su hombre y no se ve su rostro. Frente a él, Macron, Stammer, Metz, Rutte y unos pocos más observan con cara de preocupación. Es la muestra de sumisión más clara que se ha visto, a los ojos del mundo, de lo que antaño fueron las potencias europeas ante el poder norteamericano, en este caso en relación a la seguridad de nuestro continente. Los presidentes de las naciones de la UE parecen implorar clemencia al emperador, que sin duda sabe ser magnánimo, pero que ofrece su caridad a cuentagotas y en función de quién le adule con la mayor de las convicciones. Hay una estrategia, que han revelado varios de los que trabajan con Trump, que viene a decir que Donald hace caso al último que habla con él, de tal manera que ser el primero es un error y que hay que tratar de cerrar la ronda de conversaciones para que tus argumentos sean los que tengan más peso. En este sentido la idea de los mandatarios de la UE fue buena, acudir allí y ser los que dejasen claras sus opiniones ante Trump después de la cumbre de Alaska y el encuentro con Zelensky, pero está claro que la escena ofreció al mundo una imagen contraproducente, muy cruda, sobre cuál es el papel de la UE y de sus distintas naciones en medio de la guerra de Ucrania y, si me apuran, sobre todo el tablero global. Se ha contrastado en varios medios esa foto con la escena, durante la primera presidencia de Trump, en la que Merkel, junto a otros dignatarios, se encara ante el magnate y, desde una posición altiva, le insta a reconsiderar su postura, en lo que, sino recuerdo mal, eran las primeras disputas comerciales instadas desde el proteccionismo trumpista. Ahora Merkel no está, su acuerdo con Putin no existe y Alemana ve como su PIB cae y su seguridad está en entredicho.
Comparar las dos escenas induce a la melancolía, pero es un ejercicio falso, porque entonces la UE no estaba tan fuerte como la imagen de Merkel parece transmitir. Lo que es seguro es que, desde entonces, nuestra posición económica y de poder se ha deteriorado, y la de EEUU no. El resultado de todos estos encuentros sobre Ucrania, vendidos por no pocos como decisivos, sigue siendo, a día de hoy, el de constantes oleadas de ataques aéreos rusos, muertos a mansalva y una posición norteamericana dudosa, cuando no comprensiva ante las demandas del kremlin. Es lo que tiene que EEUU haya caído en manos de sus, y nuestros, enemigos. El mundo se ha vuelto muy hostil para nosotros.
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