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miércoles, mayo 13, 2026

Ya asoma la inflación

Ayer se supo el dato de inflación de abril de EEUU. Se esperaba alto, pero superó las expectativas, y se quedó en una tasa anual del 3,8%, la mayor subida desde la escalada salvaje que se vivió con la reapertura del Covid y los problemas de la cadena logística posterior. Una cifra que revela que los problemas en el suministro energético se empiezan a filtrar en la cadena productiva y de consumos intermedios. Allí la gasolina ahora mismo supera ampliamente los cuatro dólares por galón, una medida que equivale, más o menos, a los cinco litros. Nos puede parecer barato, y lo es frente a lo nuestro, pero a principios de año ese galón les costaba dos dólares y poco.

Ormuz sigue cerrado, el corte de suministro se mantiene y lo que podría haber sido una crisis transitoria va camino de cronificarse en una estructura de precios altos y escasez. Es una combinación perversa que, poco a poco, como la sequía, cuartea las estructuras económicas y genera efectos constantes que no son tan dramáticos como lo pueden ser en el caso de un shock de impacto, pero que calan. Esa es la diferencia entre los destrozos que, en meteorología, provocan las inundaciones frente a las sequías. Son más mediáticas, dramáticas y puntuales las primeras, pero resultan mucho más dañinas y olvidadas las segundas. La sequía de petróleo que afrontamos empieza a hacer el daño que muchos auguraban en las estadísticas, y será inevitable que se note a pie de calle. Comercios, empresas y demás agentes han podido hacer un esfuerzo de aguantar su subida de costes y no trasladarlos directamente al precio final con la esperanza de que lo de Ormuz se acabase en unas semanas, pero no, no se acaba, y esa capacidad de aguante sí que se muestra finita. Por ello es de esperar una nueva ola inflacionaria que golpee a todos los sectores, con distinta incidencia, y que el consumidor final perciba con toda su crudeza cuando haga la compra, tome un café, se vaya de vacaciones o similar. ¿Cómo van a reaccionar las autoridades económicas ante esto? Dice el manual que las subidas de precios implican subidas de tipos de los bancos centrales, y eso es lo que se anuncia cada vez con más insistencia desde Frankfurt, la sede del BCE, pero en Washington la FED va a ser presidida dentro de unas semanas por un candidato nombrado por Trump que tiene la misión, encomendada por el agente naranja, de bajar los tipos, para aliviar la carga de la deuda inmensa que soporta el país y generar un crecimiento disparado que enjuague el estado de las encuestas de popularidad del amado líder norteamericano. Kevin Warsh, que es así como se llama el futuro gobernador de la FED, se ha mostrado partidario de las bajadas de tipos, pero todo eso era antes de Ormuz. Llevar a cabo esa política con una inflación en el entorno del 4% es algo disparatado, y sólo tendría sentido si, en paralelo, se produce una retirada de liquidez por parte del Tesoro de EEUU y la propia FED, cancelando los programas de QE que se han venido utilizando desde el derrumbe de 2008. Hay algunos expertos que opinan que llevando a cabo ambas políticas a la vez la bajada de tipos no sería inflacionaria, porque se compensarían nominalmente, y sí se vería un alivio en los préstamos que consumidores y empresas soliciten (y en el pago de intereses de la deuda pública). Esos expertos se agarran a que el mercado se ha enganchado al dopaje financiero y que subir tipos ante la inflación generaría un desplome de las cotizaciones y, quizás, un reventón en lo que algunos califican de burbuja en los mercados de crédito privado y la financiación de la IA. Sería peor el efecto de la subida de tipos que el daño de la inflación, vienen a decir. El argumento tiene puntos fuertes, sí, pero la credibilidad de la FED, y de las autoridades monetarias, quedaría muy en entredicho si en un episodio de subida de precios no actúan con la destreza e intensidad que se les da por sentado. Eso supondría desanclar las expectativas de inflación, los agentes sospecharían que las instituciones que velan por el control de precios no hacen su trabajo y el riesgo de una espiral de subidas de precios sería cierto. Y eso, además de ruinoso, entraña muchos peligros más allá de lo económico.

Me temo que los datos de inflación en Europa van a ser también muy malos en este mes y los que vienen, y a las puertas del verano, con el tema del queroseno en el aire, nunca mejor dicho, los efectos del cierre de Ormuz se irán convirtiendo en una pesadilla que nos vaya golpeando de manera constante, sector a sector, negocio a negocio. Dada la parálisis que se vive en el conflicto EEUU Irán, el barril se ha asentado cómodamente en la cota de los 100$, y ese precio es dañino, no letal, pero sí doloroso. Es necesario que baje, pero cada día que pasa es más difícil evitar las consecuencias de ese coste en nuestras economías. Nos vamos a empobrecer, la duda es cuánto, pero no el qué.

jueves, abril 16, 2026

¿Habrá escasez de combustible?

Aunque ayer en Wall Street tanto el Nasdaq como el SP500 cerraron batiendo sus récords históricos, superando los 7.000 puntos el principal índice agregado de aquella bolsa, el miedo a la crisis global por la guerra de Irán cree a cada día que el conflicto se mantiene. Ayer hablamos del problema de los precios, de cómo la inflación se puede colar en todos los productos, posibles respuestas monetarias de los bancos centrales y el daño que eso hará a la demanda, pero hoy quiero centrarme en un problema más físico, más de cantidades, y es el temor a que haya escasez de combustible, más concretamente, de queroseno y diésel.

Por Ormuz salía el 20% del petróleo que se consume en el mundo y un porcentaje elevado del gas natural licuado. Ese petróleo tenía como destino más directo Asia, de tal manera que son las naciones de ese continente las que están notando directamente una menor llegada de suministro. Tirando de reservas las cosas se palían, pero si entra menos que antaño y el consumo no cae lo debido las reservas se agotan. A partir de un barril de petróleo se extraen un montón de productos, algunos de ellos necesarios para la industria química, y toda una gama de derivados energéticos, desde el gas de petróleo (butano) a gasolinas ligeras, las convencionales, queroseno, diésel, naftas y alquitranes para asfaltado. Todo en función del proceso de refino que se haga, de las temperaturas de trabajo de ese proceso, de la calidad del petróleo en origen y otra serie de factores. En general, gasolinas y gasóleos son los derivados más numerosos en porcentaje respecto al total que se extrae, y también son lo que más se consume. El queroseno es uno de los derivados más importantes, porque es el combustible de la aviación, y aquí llegamos al gran cuello de botella. El transporte por carretera se puede electrificar en parte, sustituir por transporte público que optimice el consumo de combustible, etc. Es difícil y costoso, pero se pueden plantear alternativas, pero no hay nada similar en el mundo de la aviación. Todos los aviones consumen queroseno y no despegan sin él. Habrá trayectos cortos que pueden ver alternativas por carretera o tren, quizás, pero eso no es posible en la mayor parte de las rutas, sean trasatlánticas o de recorrido aún más largo. Empieza a cundir un cierto nerviosismo en las aerolíneas no sólo por el disparo de los precios del combustible sino por el mero hecho de su aprovisionamiento. Si hay naciones o aeropuertos que empiezan a afrontar escasez, los vuelos que lleguen a ellos no podrán repostar ni por tanto salir, por lo que pueden convertirse en hubs inoperativos, lugares de escala de los que no se puede salir, y las rutas comerciales empezarían a verse comprometidas. En un mercado con miedo a la escasez surgen procesos de acaparamiento, carreras para no ser el último a la hora de conseguir llenar el depósito, y eso conduce a conductas feas en las que la ley y demás normativas se ven suplidas por el pirateo puro y duro. En la pandemia pudimos ver qué es lo que pasa cuando la demanda de un producto, léase mascarillas y demás, se dispara con ansiedad respecto a la oferta disponible, y cómo se robaban cargamentos, se acaparaban, se especulaba con sus precios y más de uno se forraba en medio del problema de todos (ahora mismo se juzga a algunos que, aquí mismo, robaban a cuenta de eso, y de todo lo demás, desde instancias oficiales). ¿Puede suceder algo similar con el queroseno? ¿Está amenazado el sector de la aviación y los viajes? ¿Van a poder llegar a España los millones y millones de turistas que cada año lo hacen, a través de nuestros aeropuertos?

No hay respuesta clara. Como todo lo relacionado con este asunto, depende de cuándo se acabe la guerra, cuándo se reanude el tráfico de exportación de crudo desde Ormuz y cuáles hayan sido los daños que han sufrido las industrias extractivas en los países del golfo. En todo caso parece que sí habrá algunas tensiones, ya las hay de hecho, y cada día que se prolonga el conflicto bloqueo irán a más. Es probable que en un par de semanas o tres tengamos algunas respuestas más claras sobre esto, a medida que todo el crudo que pudo salir antes del inicio de la guerra ya haya sido procesado en destino y las refinerías asiáticas dejen de recibir barcos.

martes, marzo 31, 2026

El poder de la energía

Este fin de semana se ha realizado en Europa occidental el cambio de hora de verano. Hemos dormido una hora menos con el objeto de alargar las tardes y, en teoría, ahorrar energía, sincronizando de manera óptima las tareas diarias con el alargamiento de la jornada que se produce a medida que nos acercamos al solsticio de verano. Hace tiempo que se señala que los estudios que, en su momento, avalaron ese ahorro como excusa del cambio de hora se han quedado obsoletos, y que no se puede decir nada al respecto. La inercia y la imposibilidad de llegar a acuerdos entre países, e incluso dentro de los mismos, sobre qué horario es el qué debe prevalecer lleva dos veces al año al reajuste de las manecillas.

Lo relevante es que esta medida se adoptó en los años setenta con motivo de la primera crisis del petróleo. Cuando se desató la guerra del Yon Kipur y los países árabes boicotearon a occidente con un corte de suministros el petróleo escaló de una manera brusca y se multiplicó de precio hasta por tres o cuatro veces respecto a los valores que cotizaba por aquel entonces. Eran unos precios originalmente muy bajos, pero multiplicarlos de tal manera era una vía directa para generar consecuencias en una economía que se había vuelto completamente petróleodependiente. Escasez, colas, nervios, estanflación, crisis… esos años se asocian a turbulencias económicas serias, que a España le cogieron en pleno cambio de régimen y, por tanto, entre despistada e incapaz. La cuestión es que el ahorro energético se convirtió en una obsesión, y medidas que hoy damos por obvias, como ese cambio de hora, o la generalización de los límites de velocidad en las carreteras, se adoptaron en occidente a partir de entonces para tratar de reducir los consumos, a los que hasta entonces apenas se les prestaba atención. En la película Licorice Pizza, de Paul Thomas Anderson, ganador del Oscar de este año, se muestra una california setentera en la que, en medio de la curiosa historia de amor y carreras de los protagonistas, los conductores hacen colas en las gasolineras para repostar porque no hay suministro, o es carísimo, y llevarse una garrafa de gasolina es el premio más cotizado que existe, casi tanto como el beso de la chica para el desgarbado protagonista. Verlo resulta curioso, pero en sus tiempos no tenía ni pizca de gracia, desde luego, y resulta casi inimaginable desde nuestra época de abundancia…. Hasta que empieza una guerra como la que se vive ahora en Irán y los nubarrones acechan. Hoy, las economías de todo el mundo han diversificado notablemente sus consumos de energía, y el petróleo ha caído notablemente en intensidad, de tal manera que es necesaria mucha menos cantidad de ese componente para producir una unidad de PIB de lo que hacía falta entonces, pero es ingenuo pensar que es un recurso secundario. Sectores de importancia estratégica como el de los transportes, de personas y mercancías, siguen dependiendo muchísimo de él, y otros como la química y los fertilizantes usan uno de sus primos, el gas, como herramienta básica para poder llevar a cabo sus procesos. Un barril a 115$, precio alcanzado ayer, casi duplica los sesenta y pocos que se pagaban en febrero, hace mes y medio, pero el problema no es tanto ese nivel, muy alto, sino cuánto tiempo se va a mantener ahí y si eso significa, entre otras cosas, una restricción permanente en el acceso a la materia prima. Naciones que son bastante más dependientes que nosotros, de manera directa, del flujo del crudo que pasa por Ormuz, como las asiáticas, empiezan a vivir escenas de “colas en las gasolineras” y de miedo a tener que restringir el acceso al combustible, a priorizarlo ante unos precios desatados y existencias menguantes. ¿Pueden llegar a nuestras vidas situaciones como esas?

La respuesta es sí, pero depende sobremanera de cuánto dure el conflicto y lo que se mantenga el precio disparado del barril. En todo caso, hay sectores sensibles, como el de la aviación, que consume queroseno, destilado del petróleo más ligero que la gasolina y no tan abundante en el proceso de fabricación de las refinerías, que empiezan a preocuparse por las existencias de combustible más allá del dolor de cabeza que les produce el disparo de su precio, que es el mayor de sus costes. Si la guerra acaba en breve todo se quedará en un susto, pero si se mantiene, o se producen más destrozos en infraestructuras estratégicas, no es descartable un escenario de tensión en la oferta y de restricciones. Y no sería nada romántico quedar a hacer cola en la gasolinera.

martes, marzo 24, 2026

Sobre las medidas de alivio económico

Como la guerra va al vaivén de las alocadas decisiones de Trump, ayer comenzamos el día en el peor de los escenarios y lo acabamos con festejo, con una variación intradía en los mercados absolutamente salvaje, y con más que probable uso de información privilegiada del entorno del magnate a la hora de operar. En todo caso, el petróleo bajo hasta la cota, muy alta, de los 100$ y las bolsas subieron con fuerza. A saber si a lo largo de la semana vamos a asistir a un ensayo de acuerdo, con fin de las hostilidades, o todo esto es una pausa previa a un recrudecimiento. Lo que diga el hombre naranja será lo que suceda.

En este contexto, las medidas económicas aprobadas el viernes, y que deben ser ratificadas esta semana en lo que hace al decreto de verdad, no el de juguete fabricado para Restar, tienen bastante sentido y son un compromiso entre lo que sería más eficiente y lo equitativo. Ante estas situaciones los gobiernos siempre tienen el dilema de qué hacer, hasta dónde llegar, qué distorsiones introducir y qué coste va a suponer todo al erario público. Estamos ante un shock externo ante el que las decisiones de nuestros gobiernos no pueden hacer nada, y lo mejor es una posición de apoyo a los sectores más afectados y un enfoque gradual, a la espera de ver cómo evolucionan los acontecimientos. La medida estrella es una bajada de impuestos, del IVA en todo lo que hace a gas y producto petrolíferos y del de generación eléctrica. Esto se traduce directamente en una bajada del precio de los productos gravados, sin que los intermediarios ni el consumidor final tengan que hacer grandes esfuerzos técnicos, y en una reducción de la recaudación impositiva. Es una transferencia directa, un impuesto negativo al consumidor de esos bienes. Supone una medida lineal que afecta a toda la población, sea usted un asalariado con una nómina bajita o el residente en una urbanización de lujo, por lo que esa taba rasa conlleva, como siempre, un sesgo regresivo. Hubiera sido mejor poder discriminar el beneficio de la medida en función de la renta, de tal manera que el coste tributario es menor y se podría alcanzar una progresividad en la medida, pero las enormes carencias técnicas en las que vive la administración y la gestión en este país, donde la IA y otras tecnologías ni están ni se le esperan, y la parálisis burocrática que nos aplasta impedirían poder llevar a cabo algo así de manera rápida y eficaz. Por lo tanto, mejor algo rápido e imperfecto que algo mejor pero tardío y a saber cómo. En paralelo, para los sectores profesionales que usan el transporte como medio de trabajo, se ha establecido una bonificación de, creo, 20 céntimos por litro de combustible, de tal manera que vean una doble rebaja en sus facturas. Esta es una medida particular, destinada a combatir el daño de la subida de precios a quien, sí o sí, no tiene otro remedio que afrontarla. No tengo coche en Madrid, no tengo por qué repostar, pero si trabajo de transportista el llenar el depósito del vehículo es tan trascendente como el comer para la persona, y no hay manera de eludirlo. Combinadas ambas medidas, son una manera de afrontar el primer impacto de la subida. Los sectores profesionales han denunciado que las subidas que se han producido en los combustibles desde el 28 de febrero, inicio de la guerra, han sido bastante mayores que el efecto combinado de las ayudas aprobadas el pasado viernes, por lo que siguen en una situación de costes disparados en todo lo que llevamos de mes, que será inevitable trasladar a la cadena productiva, y que si se mantienen, pueden llevar a problemas, quiebras, movilizaciones, cierres, etc.

La observación diaria de la evolución de la guerra y los precios de las materias primas asociadas, a la par que el margen que los distribuidores petrolíferos aplican una vez puestas en marcha las medidas, es algo que va a ser muy necesario por parte de las autoridades. A eso se ha comprometido el Ministerio de Economía, y se juega bastante en ello. La graduación de las medidas y su duración, previstas en principio hasta el final de junio, van a depender mucho de lo que suceda en el teatro de operaciones. La posibilidad de unos precios del crudo enquistados en cotas altas es real, y eso, tarde o temprano, generaría efectos inflacionarios de segunda ronda y una contracción económica, ante la que estas medidas no serían sino simples paliativos.

martes, marzo 10, 2026

Locura en el petróleo

Cuando se pronuncia la expresión “guerra en Oriente Medio” lo primero que se le viene a la cabeza a todo el mundo es el precio de la gasolina, las colas ante los surtidores, los contadores locos, el coste disparado. Desde hace dos sábados los combustibles han comenzado a subir a lo loco, anticipándose a lo que pueda pasar con el precio del barril de petróleo, que ayer vivió su jornada más caótica en mucho mucho tiempo. Si uno va a repostar pagará unos veinte céntimos de más, como mínimo, respecto a los precios de febrero. Ese sobrecoste es un impuesto a todo, a todos, una fricción, un dolor que se filtra por la cadena productiva y sólo genera inflación.

El gráfico del Brent de ayer fue impresionante. Comenzó la jornada en el entorno de los 93$, y rápidamente subió, superando la barrera de los 100, hasta marcar un máximo de 115$, precio desatado que significa dolor. Desde ese punto inició un suave goteo a la baja que se aceleró bruscamente cuando Trump empezó a lanzar mensajes sobre el hecho de que la guerra estuviera ya casi ganada, queriendo hacer creer que esto iba a durar poco más. El precio se derrumbó y llegó a cotizar por debajo de los 90, marcando un mínimo diario en 86$. Todo esto en un solo día. Esos mensajes trumpistas fueron los que giraron las bolsas de EEUU y les permitieron cerrar al alza, frente a las pérdidas moderadas de las europeas y durísimas de las asiáticas. Ahora mismo el Brent cotiza en los 93,4$ muy caro, recogiendo la montaña de incertidumbre que sigue en pie en torno a Irán y la errática conducta de Trump. Es cierto que el mundo no es lo que era, que la intensidad de consumo de petróleo en las economías ha ido cayendo de manera sostenida a lo largo de las últimas décadas y que la aparición de fuentes de energías alternativas, junto a soluciones tecnológicas, han contribuido a que el crudo no sea el determinante de todo. No, no estamos en los años setenta u ochenta, pero no es menos cierto que determinados sectores, como el transporte, siguen siendo determinados por el precio de la gasolina, y todo lo que hace referencia a logística, mover cosas que pesen de un lado para otro, se correlaciona muchísimo con el mundo del crudo, y que los precios del barril se disparen no es una buena noticia. Para los europeos, que lo importamos en su práctica totalidad, es nefasto. Al petróleo se le une su primo el gas, energía que ha ido creciendo en uso e importancia en sectores como el energético o industrial. Los fertilizantes, la calefacción y muchas otras cosas dependen ya más del gas que del petróleo. También lo importamos los europeos, en este caso principalmente licuado en barco, tras el corte de los suministros rusos desde la invasión de Ucrania, por lo que el daño que nos puede provocar es mayor que a otras regiones. El miedo generalizado entre los economistas es que unos costes energéticos altos, pero que duren apenas unos días, no van a pasar de un susto desagradable, pero si esta situación se mantiene será inevitable una filtración de la subida de los costes a las cadenas productivas, y de ahí a una nueva ola inflacionaria no hay nada. Tras el subidón que se vivió entre los años 2021 y 2022 las alzas de precios se han moderado, pero los niveles no han vuelto a los de entonces. Ir al supermercado, o a una cafetería a tomar algo se ha vuelto un deporte de riesgo, donde es casi imposible no salir herido víctima de una cuenta dañina. ¿Cuánto más pueden soportar las familias y empresas un disparo de precios generalizado? ¿Qué sectores, más allá de los obvios, serían los más perjudicados y tendrían un futuro negro por delante? Un barril que se mantenga de manera sostenida en el tiempo por encima de los 90$ es un freno a la economía considerable y una fuente de subidas de precios. Valores del barril por encima de 100$ empiezan a causar daños directos en algunos sectores y hacen muy probable que el ciclo económico se revierta.

Esto, el daño en los precios, puede ser lo que haya provocado que Trump anuncie que queda poco. Al consumidor americano, que tiene la ventaja de no quedarse desabastecido dada la capacidad de EEUU de producir petróleo, también le sube el precio de la gasolina, y de lo que compra en el súper, y la inflación fue una de las principales causas que provocaron la derrota de Biden. Allí tampoco se pueden permitir otra ola de precios al alza. Por eso tratar de que el petróleo no fluya por Ormuz y que el mercado se desestabilice es una de las mejores estrategias de Irán para resistir, y puede ser la clave para que el enfrentamiento acabe en breve. De momento, hoy seguimos por encima de los 90$.

miércoles, marzo 20, 2024

El petróleo está subiendo

Otro día nos fijaremos en el disparo de otra materia prima que es fundamental para nuestra vida, y en parte goce, pero hoy nos centraremos en el petróleo, que también tiene su importancia en la vida, ¿verdad? Si echamos un vistazo al gráfico se puede ver que, por ejemplo, el WTI, referencia en EEUU, (en Europa es el Brent) alcanzó un máximo parcial a finales de septiembre e inicio de octubre de 2023, en el entorno de los 90 dólares, coincidiendo con los ataques de Hamas a Israel. Luego se mantuvo unas semanas en ese entorno y, a partir de ahí, comenzó una senda descendente que lo llevó a perder, por poco, los setenta dólares a mediados de diciembre.

Desde ahí, poco a poco, sin hacer ruido, ha ido subiendo, y ayer cerró a 83 dólares el barril, un precio en la zona alta de lo que se ha visto en los últimos tiempos. El por qué el petróleo sube y baja da para varios libros y pocas certezas, ya que su mercado está tan condicionado por la marcha del ciclo económico global como por el de las expectativas de crecimiento futuro y todo lo relacionado con la geopolítica. Para simplificar mucho, y perder matices, digamos que la bajada navideña pudo ser debida a la convicción de que la guerra de Israel y Hamas no se iba a extender más allá de Gaza, lo que lo convertía en un conflicto regional sin generar riesgos globales, y que las noticias que llegaban de China eran de enfriamiento económico sostenido, con demanda a la baja, deudas inmobiliarias crecientes y riesgo de deflación. Ahora, en marzo, en el primer día de la primavera, ¿cuáles son las causas que impulsan el ascenso del crudo? En Gaza el desastre es total, pero la guerra sigue siendo local. Los ataques hutíes están encareciendo la cadena de suministro global al dejar al mar rojo y al canal de Suez fuera de la mayor parte de las rutas comerciales. La economía China ha mostrado estas semanas algunos datos que podrían indicar que no se recupera, pero sí que no empeora, y la tan temida recesión global que se anuncia desde hace dos años no llega y no llega, sepultada por unos índices bursátiles disparados y economías, como la de EEUU, carburando a toda potencia. El impacto de los ataques ucranianos de estos pasados días a algunas refinerías rusas añade algo de picante, en forma de tensión y reducción de oferta, que presiona los precios al alza. Sea por lo que sea lo cierto es que el barril sube, y esto no estaba en muchas de los modelos predictivos sobre la economía en este 2024. A corto plazo, si la subida se modera, estaremos ante un pico de precios de efectos menores que no irá a más, y no generará muchas consecuencias, pero si el nivel de los ochenta se convierte en un suelo permanente durante bastante tiempo, con picos y valles, sí empezará a generar efectos serios. Para nosotros el petróleo es coste puro, un factor que debemos importar sí o sí y el precio supone un valor que se nos detrae directamente de la renta que generamos. Una bajada del barril es una inyección de dinero en nuestra economía en forma de insumo más barato, por lo mismo que un ascenso es como si nos subieran los impuestos directamente. En el contexto global, una subida del barril supone un incremento de costes productivos y, con el tiempo, una traslación de los mismos a la cadena de precios, por lo que esto se puede traducir en unas tensiones inflacionarias añadidas a las que ya vivimos. Tenemos desde hace tiempo un nivel de precios que está causando graves problemas y destruyendo poder adquisitivo de las clases medias, y sólo en estos últimos meses, por la bajada de productos como la electricidad y algunos alimentos, se está viendo un poco de luz al final del túnel, pero no olvidemos, una luz que supone que los precios, en media, suben mucho menos, habiéndonos comido el escalón de subida que sufrimos en 2022 y 2023 sin visos de poder recuperar el poder adquisitivo que se ha perdido. Si el barril induce a un nuevo disparo de precios el daño sobre el consumidor será intenso.

La posibilidad de una nueva subida de precios en el horizonte puede tener otro efecto no esperado, que es el retraso, aún mayor, en la bajada de tipos de interés por parte de los bancos centrales. Las apuestas en otoño eran que la reducción de tipos sería en primavera, y ahora mismo nadie espera bajadas antes del inicio del verano. La FED y el BCE están muy atentos a los datos de precios, y si observan que la moderación que se ha visto en los últimos meses en principal y subyacente revierten las bajadas se retrasarán. Actualmente tipos como los de los bonos o el euríbor ya anticipan los retrasos que vivimos. ¿Irán a más?. Ahora mismo es muy difícil predecirlo.

martes, septiembre 19, 2023

Barril de petróleo a 90 dólares

Ayer las dos principales referencias en las que cotiza el crudo, Brent para el mercado europeo y West Texas para el norteamericano, cerraron claramente por encima de los noventa dólares, un precio que no se veía desde agosto del año pasado, cuando aún no estaban nada claras las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania (siguen sin estarlo). El euro, por su parte, lleva debilitándose frente al dólar desde hace un par de meses y está cotizando en los 1,06 dólares por moneda comunitaria, cuando hace no muchos meses llegó a cotas de 1,12. Esto significa que, tanto por el valor del barril como por la cotización del dólar, el petróleo se nos está encareciendo a los europeos a lo loco. Y creo que es algo que no estaba muy previsto.

Los constantes tambores de recesión, que llevan sonando desde hace más de un año, y que han fallado calamitosamente, tienen como corolario que la demanda global de crudo debe caer si se produce una contracción de la economía, y más aún si China muestra datos flojos como los que se han visto en los últimos meses. Cierto, no tenemos una recesión, y sí unos PIBs crecientes, pero el incremento de los precios del crudo de una manera tan brusca no cuadra mucho. ¿A qué se debe? Así, de golpe, se me ocurren dos ideas, una de largo plazo y otra de corto. La de largo es que precios baratos como los vividos en los años pre y pandémicos, sumados a medidas de transición energética como la anunciada prohibición del uso de vehículos de gasolina a partir de un futuro no muy lejano en numerosos países han empezado a pesar en las cuentas de las empresas que producen y extraen crudo. Para ello deben hacer enormes inversiones, algunas de las cuales lograrán dar con pozos y otras no, y esas inversiones deben ser rentables. A 100$ el barril lo son todas, pero si en una década la demanda empieza a caer de manera significativa pocas lo serán, por lo que el ciclo inversor de la industria del petróleo puede haber empezado ya a declinar, y eso hace que la oferta potencial de crudo no vaya a crecer con fuerza y se produzcan tensiones. A corto plazo, parece que esta subida viene motivada por la decisión de algunos productores, especialmente Rusia y Arabia Saudí, de recortar sus volúmenes de extracción para lograr que los precios sean altos, y así hacer negocio. Hay un límite puesto por las sanciones internacionales al crudo ruso, que se debe vender a precios bajos, pero con un barril legal tan caro el contrabando de crudo ruso se disparará, y el que esa nación y los de Riad hayan decidido tensar la cuerda de la producción es la vía directa para que los precios en el corto plazo suban. Si el objetivo de los magnates saudíes y demás sátrapas que controlan la producción de crudo era forrarse lo están consiguiendo, y pueden tener por delante un otoño de lo más rico. Otros factores coyunturales también ayudan, como el que la reserva estratégica de EEUU esté bajo mínimos y eso obligue a las autoridades de ese país a acaparar parte de su producción y reducir las exportaciones a terceros, limitando aún más la oferta global. El pico más reciente de precio del West Texas se alcanzó el 5 de junio de 2022 a 120,67$ para luego ir descendiendo. Fueron los meses posteriores al inicio de la guerra, cuando petróleo, gas y muchas otras materias primas se dispararon de precio por la tensión global, lo que obligó a medidas de apoyo público en los surtidores y a sectores profesionales como los transportistas. Ahora, otra vez, estos precios al alza impactan directamente en las estaciones de servicio, encareciendo el combustible sobremanera y afectando a los que usan el coche o camión como herramienta de trabajo. Si estamos ante un pico puntual las cosas no irán a más, pero si estos precios altos se mantienen durante el otoño es más que probable que asistamos a movilizaciones de los sectores afectados ante una escala de precios de los carburantes. En este caso, otra vez, el pudiente que se ha comprado un segundo coche eléctrico puede verse inmune ante este problema.

Y claro, si estos precios aguantan ahí arriba un tiempo podemos enfrentarnos a una segunda ronda de inflación de costes, de la más repugnante e inútil que existe, que se origine en los combustibles pero que se traslade a otros productos y suponga una nueva vuelta de tuerca al bolsillo del consumidor. Con los tipos de interés en máximos y una inflación que parecía estar camino de la domesticación, estos precios del crudo pueden ser una mala noticia y toda una pesadilla para banqueros centrales, previsores económicos y, desde luego, todos los ciudadanos que compramos y consumimos. El chantaje ruso saudí, de momento, empieza a hacernos daño.

lunes, diciembre 05, 2022

Petróleo ruso a precio tasado

La última de las sanciones aprobadas por la UE, excluida Hungría, para hacer la vida más difícil a la economía rusa es la imposición de un precio máximo al petróleo ruso, pactado en 60$ el barril, de tal manera que no se pagará por encima de ese valor si la cotización del crudo es superior. Así mismo, las navieras europeas no podrán transportar petróleo ruso y, en caso de hacerlo, no podrán contratar seguros marítimos, que son obligatorios en cada viaje. Sí se permite la adquisición de petróleo por oleoductos, pero con el límite de precio antes comentado. El viernes, la cotización del petróleo, en su variante europea y norteamericana, superaba por poco los 80$.

El objetivo obvio de estas medidas es frenar los ingresos de la economía rusa, ahogarla aún más e impedir que así se pueda financiar la guerra de Putin contra Ucrania. Es una acción que daña a ambas partes, al productor y exportador ruso y al importador y consumidor europeo. Los países de la UE deben diversificar las fuentes de las que se abastecen de petróleo y así eludir al ruso, y Moscú debe encontrar compradores alternativos y que, además, estén dispuestos a saltarse este límite de precio. Parece que ambas partes ya están haciendo parte de ese trabajo. La UE era muy dependiente del gas ruso, pero no tanto del petróleo, porque ahí ya tenía una amplia cartera de países suministradores que le cubrían, de tal manera que, salvo excepciones, como Hungría y otras naciones del este, es posible que nos podamos abastecer sin el suministro ruso sin que los precios globales suban demasiado. Para Rusia la UE era uno de sus principales mercados de exportación de crudo, por lo que la medida es más dañina, pero desde que empezó la guerra Putin y sus compinches ya se han encargado de abrir nuevos mercados de exportación, principalmente China e India, naciones que se han convertido en las grandes consumidoras de los hidrocarburos rusos. El barril que sale de los Urales, con denominación propia, suele cotizar a precios menores que los del mercado global norteamericano y europeo, y a eso se suma que Rusia ha hecho ofertas a la baja a los nuevos socios, de tal manera que, cuando los precios del barril superaban los 100$ Rusia estaba ofertando su petróleo a la mitad de ese precio a los nuevos socios. Ahora les subirá algo, pero dado que esas naciones no se han adherido al acuerdo de precios máximos es posible que Moscú logre evadir por ese lado el impacto de las sanciones. Más complicado lo va a tener para el mero transporte del mismo, porque no hay una red de oleoductos de gran capacidad que comuniquen Rusia con Asia, por lo que la inmensa mayoría del petróleo se transporta por barco. Y ahí el tema de los seguros a las navieras europeas sí puede hacer daño efectivo. ¿Alternativas rusas? Las hay, sucias, pero las hay. Principalmente tres; El uso de barcos en la sombra, viejos y que no están muy registrados, de los que Rusia y otras naciones poseen más de uno; el pirateo, es decir, que barcos de navieras sujetas a sanción actúen bajo cuerda llevando el petróleo y cobrando en negro, literalmente, y claro, el que navieras de naciones que no se unan al acuerdo petrolífero los transporten. El hecho de que el mercado mundial de seguros navales esté controlado por la city de Londres, con Lloyds como emblema, hace que empresas de terceros no adheridos al acuerdo no tengan tan fácil ofrecerse a hacer de transportistas para Rusia, porque en el tema de los seguros estarían comprometidos, pero vamos a ver qué sucede, si la presión del dinero ruso crea un mercado de seguros encubierto, basado en corruptelas y pagos al estilo mafioso, donde se puedan comprar seguros y coberturas que no sean legales, pero hacerlas pasar como tal. Lo cierto es que en esto del comportamiento ilegal Rusia tiene bastante experiencia, por lo que no es descartable nada de nada.

¿Van a tener éxito estas sanciones de la UE? Esperemos que sí, pero es pronto para asegurarlo. Hay que esperar a ver cómo reacciona el mercado global de petróleo, de momento sin restricciones adicionales de oferta tras el comunicado de ayer de la OPEP, y las tácticas putinescas que busquen eludir el bloqueo. A priori es una medida que puede hacerle daño, pero de una manera lenta, y eso nos llevaría a que en este invierno de frío ucraniano mortal el daño no sería lo suficientemente severo como para condicionar las decisiones del Kremlin. En todo caso era una decisión que había que tomar, seguramente mucho antes. Ahora, a medir efectos y a aguantar las consecuencias.

martes, abril 21, 2020

El petróleo en EEUU cotiza en negativo

Desde que en 2008 Lehman Brothers reventó gran parte de lo que nunca era imaginable en la teoría económica se ha ido produciendo con una naturalidad tan pasmosa como carente de respuesta por la academia. Muchas de esas cosas que vemos y leemos desde entonces hubieran sido capaces, por si solas, de provocar suspensos masivos en cualquier clase de teoría económica si un alumno hubiera osado a mentarlas, porque no eran posible. “Profesor, ¿puede la deuda de un país cotizar a un tipo de interés negativo?” y la respuesta sería, “Eso es tan probable como que usted apruebe la macro en junio” y todo así.

Ayer vimos otra de esas aberraciones, fruto de la nueva normalidad económica que se instaló desde 2008 en nuestras vidas y consecuencia, por supuesto, de la gravísima crisis del coronavirus, que va a poner a nuestras economías patas arriba, y a nuestras vidas particulares contra la pared. Al cierre del mercado de petróleo en EEUU, la referencia de allí, el llamado West Texas Intermediate, WTI, cotizó a -37 dólares por barril. Sí, soy torpe, no sólo en el Mercadona, pero ese “-“ que antecede al número y que se lee como menos no es un desliz de mis disléxicos dedos, sino el reflejo de lo que pasó ayer en la jornada de cotización de esa materia prima más aberrante de su historia. El vencimiento de los futuros para las compras de mayo generó una enorme volatilidad y contribuyó a hundir unos precios que ya estaban cayendo con fuerza a lo largo de todo el día, pero el final de la sesión fue aplastante. ¿Qué significa un precio negativo? Que el comprador está dispuesto a pagar para que el vendedor no le entregue un bien, así de raro, y eso se debe a dos causas profundas. Una es el derrumbe de la demanda de crudo en EEUU por el parón de su economía, por el confinamiento de la gente, por la inmovilización de gran parte del sector productivo y de los millones de coches que siempre están dando vueltas por allí. El otro es que la capacidad de almacenamiento del crudo sobrante se ha agotado en aquel país. Literalmente no hay donde guardar un petróleo que, si se compra, no va a poder ser utilizado, dada la demanda desplomada. Las llamadas reservas estratégicas de crudo están a rebosar, y ahora mismo el petróleo le sobra a aquel país, por lo que la demanda es nula. Esto es un efecto temporal, y evidentemente los precios negativos no van a mantenerse mucho, de hecho es probable que hoy mismo ya se vuelva a un terreno positivo, pero el que algo así haya sucedido indica hasta qué punto lo del coronavirus va a generar un shock económico como no lo ha habido otro en la historia contemporánea. El derrumbe del crudo que se veía ya desde hace semanas en los mercados es un evidente indicador de no ya recesión, sino depresión global, dado que el conjunto de las grandes economías del planeta están literalmente detenidas, y afrontan, afrontamos, un panorama de meses y años inciertos en los que la demanda deberá ser reconstruida, y eso hace que el consumo de petróleo llegue a unos niveles muy bajos, desde los que remontará. ¿Podemos ver en Europa algo similar a lo visto en EEUU? Es difícil, pero casi más es descartar ya cualquier cosa. Ayer, la referencia europea, el Brent, cerró a veintipocos dólares el barril. La capacidad de almacenamiento de reservas en nuestro continente aún existe, por lo que el punto de tensión que se vivió ayer al otro lado del charco no está tan cerca, pero es evidente que la debacle económica nuestra va a ser igual de intensa que la suya, sino más, así que el petróleo aquí tampoco será caro en el futuro cercano.

Todo esto cuadra muy bien con los escenarios que ayer presentó el Banco de España para nuestra economía, en un ejercicio necesario que el gobierno debiera interiorizar, temer y esperar. Tres son los posibles mundos que anticipa la institución, a día de hoy, con los datos que se tienen y los supuestos que se manejan. El menos probable es la recuperación rápida desde una caída del PIB del 6% este año y el peor de ellos es una lenta salida desde un abismo del 13% de derrumbe. Ya les aviso que es mucho más fácil que estemos en esta sima de los huesos que en una bajada del 6% – 8%. Y es que la economía ya hace lo que quiere, no lo que uno cree.

miércoles, noviembre 06, 2019

Aramco sale a bolsa


Parece que esta vez va en serio y Aramco va a salir a bolsa, Quizás a muchos el nombre de Aramco les suene a chino, pero no debiera. Responsable de la extracción y refino de una décima parte del petróleo que se consume en el mundo, ese nombre hace referencia a la empresa petrolera saudí que ostenta el monopolio del crudo en aquel país. Regida por la familia Saúd como una extensión de sus propiedades, se la considera la empresa más valiosa del mundo, con un valor que puede situarse en el entorno de los 1,8 billones de euros (el PIB de España es 1,2 billones) lo que prácticamente duplica el valor de monstruos como Apple, Microsoft, Amazon, Google…

El plan saudí para sacar una porción de esta empresa a bolsa es antiguo, y se ha frustrado en numerosas ocasiones, tanto por la complejidad y volumen de la operación como por las propias opacidades del reino del desierto y su manera de gestionar las cosas. Se ha hablado habitualmente de sacar un 5% del capital de la empresa, lo que puede suponer, redondeando, unas ganancias para los saudíes de unos cien mil millones de dólares, tres veces lo que vale Telefónica hoy en día. En estas cifras siempre está como base la valoración que Riad ha hecho del imperio petrolífero, de sus infraestructuras y reservas, y pese a que se sabe que los recursos petrolíferos saudíes son ingentes, ha habido suspicacias sobre el valor de los activos de la compañía y lo que realmente esconde bajo su nombre. Obsesionados por el ingreso rápido que supone la salida a bolsa, los dictadores saudíes han mantenido su opacidad, y eso es una combinación imposible en este caso. Cotizar en bolsa exige una transparencia mucho mayor a la empresa que decide dar ese paso que si uno se mantiene alejado del parqué. En el fondo, salir a bolsa no es sino vender una parte de tu negocio a otros, que en el porcentaje vendido, entran a formar parte de tu empresa y tienen acceso a tu información. A veces eso es bueno y necesario, principalmente paran la empresa que sale al parqué, porque obtiene una fuente de financiación rápida y directa, pero acarrea consecuencias que pueden ser no deseadas. Elon Musk, el fundador de tesla, sigue coqueteando vía twitter con la idea de sacar a su empresa de cotización (eso se hace recomprando las acciones, poniendo dinero encima de la mesa) porque está harto que la SEC (el regulador bursátil norteamericano) y un montón de auditores le estén husmeando día tras día. En España tenemos el caso de empresas como Mercadona o, especialmente, El Corte Inglés, que son indistinguibles del tejido económico nacional, pero que no cotizan. Los grandes almacenes son el ejemplo perfecto de oscurantismo en sus cuentas y gestión propietaria, más allá de los líos familiares que se han hecho públicos en los últimos años. Nadie conoce el detalle del balance de El Corte Inglés, y sería casi público si tuviera que salir a bolsa. Consideran sus dueños que no necesitan el ingreso suplementario del parqué a cambio de perder la propiedad y privacidad plena, y es su decisión, y la pueden mantener indefinidamente, siempre que ante las necesidades financieras encuentren alternativas privadas. En el caso saudí, la situación es la misma, pero a una escala tan gigantesca como nepotista. Controlada por los príncipes herederos y sus adláteres, que son muchísimos, Arammco es otro tentáculo del poder regio en el que la separación entre estado, negocio y empresa es, como mínimo, gris. Acuciado por una deuda pública crecente y unos precios del petróleo que parecen haber alcanzado un máximo estructural ante la emergencia del fracking, el reino saudí busca, con la venta de ese pequeño porcentaje de la empresa, una riada de dinero fresco que sanee las cuentas nacionales y cubra el déficit creciente de una economía absurda, que derrocha los ingresos que casi, en su totalidad, provienen del petróleo. Arabia Saudí es, en este sentido, un fantoche, que empieza a asumir que en un mundo descarbonizado su papel será irrelevante. Tardará décadas, quizás, pero la tendencia está ahí.

Más allá de la espectacularidad de las cifras financieras de la operación, por la que han pujado la city londinense, Singapur, Tokyo y Wall Street, a sabiendas de las multimillonarias comisiones que pueden surgir, todo el mundo ansía con curiosidad conocer detalles del interior de esa misteriosa y mágica empresa. El atentado que sufrieron sus instalaciones hace pocos meses con aquellos drones que decían venir de Yemen pero probablemente lo hacían de Irán dejó claro que el mantenimiento y seguridad de sus instalaciones no es lo que se nos ha dicho, y eso se notó en las estimaciones de valor de esta macrooperación económica y de poder, que va mucho más allá de lo bursátil. Veremos a ver cómo cotiza, si cumple con los dividendos previstos, y qué se esconde detrás de su turbulenta historia.

lunes, septiembre 16, 2019

Ataque con drones a Arabia Saudí


Uno de los escenarios clásicos que se plantean en los juegos de gesoestrategia es el del bloqueo del estrecho de Ormuz, impidiendo la salida del petróleo que de allí surge, y abastece a medio mundo. Derivadas de ese escenario implican que lugares que a usted quizás no le suenen de nada como Ras Tanura o Abqaiq sean atacados e inutilizados. Esas palabras arábigas hacen referencia a enormes complejos de procesado, refino y abastecimiento de petróleo, que son la base de la potencia exportadora de Arabia Saudí y su joya absoluta. Inutilizar alguno de esos complejos implique el primer productor y exportador mundial de crudo quedaría bloqueado. De ahí sale, redondeando, el 10% de todo el petróleo que se consume. No es poca cosa.

Pues bien, de una manera innovadora, sorprendente y con un toque extraño que lo hace aún más inquietante, el complejo petrolífero de Abqaiq fue atacado este pasado sábado mediante un grupo de drones cargados con explosivos enviados por los rebeldes hutíes. Lo reconozco, la frase tiene mucha miga, y junta conceptos clásicos con otros que no lo son tantos. Conocida es la guerra que se libra en Yemen entre los hutíes y el régimen del país, que no es sino una guerra “proxy” entre Irán,q eu apoya a los chiíes hutíes y Arabia Saudí, que apoya al suní régimen. Esta guerra lleva ya varios años en marcha, con muy escasa cobertura de la prensa, y ha causado la ruina absoluta de Yemen, un país que ya de por sí era pobre, y un balance de miles de muertos y refugiados, que a pocos les interesan. Los hutíes han demostrado una resistencia mucho mayor de la que nadie esperaba y han logrado realizar ataques con misiles a lugares insospechados, como el aeropuerto internacional de Riad, pero el que puedan manejar drones militares resulta algo que nadie, o casi nadie, tenía en su radar. Al parecer han sido diez los aparatos utilizados, y los daños en el complejo petroquímico, minimizados en un primer instante por el gobierno saudí, son más intensos de los que nadie pudiera esperar. Hay una enorme distancia entre la zona de guerra yemení y el lugar atacado, más de una España de uno a otro punto, por lo que surge dudas evidentes sobre cómo los hutíes han podido hacerse con esa tecnología, estar adiestrados en su uso y acertar de pleno en un ataque tan intenso. Han afirmado portavoces rebeldes que han contado con el apoyo de elementos locales, y eso pondría en la diana al pequeño porcentaje de población chií, en torno al 10%,que vive en el reino del desierto, pero aun así la logística del ataque y su éxito son realmente sorprendentes, tanto que de primeras permiten hacer dos deducciones muy interesantes (e inquietantes). Una es que las acusaciones de que Irán esté detrás de este ataque no son un brindis al sol, por las características que les estaba comentando, y que la seguridad de los complejos saudíes es, como mínimo, muy mala, así como su sistema de defensa antiaéreo. No sabemos casi nada de lo sucedido, a excepción del hecho de que ha pasado, y es probable que la información militar profunda sobre ello n se sepa nunca, pero intuyo que ahora mismo en Riad y Washington se está analizando en detalle qué detectaron los sistemas de seguridad saudíes, y qué no detectaron, en el momento del ataque. Riad es uno de los principales compradores de armamento a EEUU, pero cada día que pasa parece obvio el poco partido que saca a tales inversiones. El estancamiento eterno de la misma guerra de Yemen es una muestra de la inoperancia de los saudíes, y deja a las claras que el reino del desierto es una máquina de generar dinero y derrocharlo, pero con una incapacidad absoluta de gestionar cualquier problema que se le pueda presentar. Frente a ellos, Irán, país bastante más pobre, pero dotado de una estructura de gobierno mucho más seria, se convierte en un enemigo potencialmente mucho más peligroso, y vuelve a ser el paraguas de EEUU la única coraza que permite que la cleptocrácica monarquía saudí siga en pie. El heredero al trono y hombre fuerte del país, MBS, tiene ante sí un nuevo reto. Ha demostrado ser cruel con los periodistas molestos e inoperante en la gestión militar ¿Qué hará ahora?

La subida del 10% del precio del petróleo en lo poco que llevan abiertos los mercados es una respuesta lógica, no tanto por el corte de suministro saudí, que también, como por el incremento de la tensión en la zona. EEUU amenaza con intervenir militarmente contra Irán si se demuestra que está detrás de este ataque, y un conflicto desatado en aquel lugar sí que puede suponer un desastre en el suministro global de petróleo y un problema de primer orden para todo el mundo. Tarde o temprano los juegos de guerra que se desarrollan a ambas orillas de Ormuz y las amenazas mutuas pueden acabar en un enfrentamiento real de serias y graves consecuencias. Muy atentos a todo lo que allí puede acabar pasando. Nos afecta de lleno.

viernes, junio 14, 2019

Tensión en el estrecho de Ormuz


Volvamos al mapa, que siempre es una vía perfecta para ver y entender la actualidad. Cinco son los puntos en los que se concentra el tráfico marítimo global y son, por tanto, vitales bajo cualquier punto de vista. Dos son artificiales, los canales de Panamá y Suez, y tres son naturales, los estrechos de Gibraltar, Malaca y Ormuz. De los cinco, es este último, el de Ormuz, que da acceso al golfo pérsico, el que no lleva a ninguna parte, no comunica un mar con otro, y por tanto parece, a simple vista, mucho menos relevante, pero el que un tercio del petróleo que cada día consume el mundo, y que sale por vía marítima de ahí, es lo que lo convierte en, quizás, el más valioso.

Varios son los artículos de política ficción que han jugado con un conflicto que provocase el cierre de Ormuz, y las consecuencias que ello tendría para la economía global. En nuestro mundo actual la dependencia de las economías respecto al petróleo se ha reducido algo frente a la situación de adicción total que se vivía en los setenta u ochenta, pero es obvio que el crudo sigue siendo la materia prima más valiosa e importante. La propia producción se ha diversificado mucho y hoy en día, créanselo o no, es EEUU el principal productor del mundo, pero el segundo, Arabia Saudí, que es el estabilizador del precio global de esa materia, saca sus recursos por ese canal estrecho, al igual que lo hace Qatar, principal exportador de gas natural licuado, o Kuwait e Irak, que bombean petróleo con ganas. También lo utiliza Irán, el otro gran productor de la región y vecino de los saudíes, separados por el golfo y muy cerca unos de otros en el estrecho, desde donde se miran amenazadoramente desde hace décadas. En Barein, entre la costa catarí y saudí, tienen los norteamericanos la base de la quinta flota, y no es ninguna casualidad que esté allí, controlando el flujo del golfo y estrecho. Es, por tanto, un lugar de constantes fricciones entre enemigos acérrimos, saudíes e iraniés, suníes y chiíes, entre los que las tensiones no cesan de crecer y apaciguarse, en un movimiento similar a la sístole y diástole cardíaca que siempre parece rozar un infarto. De hecho, el cierre o bloqueo parcial de ese estrecho sería lo más próximo que podría vivir la economía mundial a un infarto, la obstrucción de una de sus principales arterias generaría una enorme marejada económica en forma de subida de precios del crudo y, por ende, de otros muchos productos. La mera suposición no ya de un bloqueo marítimo, sino el desarrollo de una guerra a ambos lados del golfo sería un escenario de auténtica pesadilla para el globo, porque las instalaciones de extracción, refino y almacenamiento de crudo que allí se encuentran están entre las mayores del planeta, funcionan a un ritmo endiablado prácticamente sin descanso y son las que abastecen del crudo más utilizado en todo el mundo. Por ello, cada vez que tambores de guerra suenan en la zona el nerviosismo se dispara y todas las miradas se vuelven a un punto en el que lugares como Bandar Abbás, el puerto iraní, o Ras Tanura y Al Jubayl, los enormes complejos petroquímicos saudíes, apenas conocidos por el público en el día a día, se mencionan como si fueran Londres o París en boca de los industriales del crudo y los operadores financieros de medio mundo, que gestiona los contratos de flete, suministro, venta y demás operaciones que pueden verse relacionadas con la compra y transporte del petróleo. El golfo y sus puertos viven un constante trasiego de barcos de carga, mercantes que transportan crudo y / o derivados desde sus zonas de aprovisionamiento hacia cualquier país del mundo que lo haya comprado. Esas naves se cruzan desde hace algunos años con los cruceros que caminan rumbo Dubai o Abudabi, extraños enclaves de lujo que también se encuentran en esa zona, y que viven del petróleo, sus rentas y sus poseedores.

Dos de esos barcos petroleros son los que ayer se vieron envueltos en un grave incidente en el que el fuego y el humo demostraban que algo había explotado contra sus cascos, en una acción premeditada que EEUU atribuye sin duda a Irán y que los iraníes niegan en redondo. Hace un par de semanas tuvo lugar otro incidente, de menor grado, que ya levantó sospechas y alarmas, pero lo de ayer fue bastante más serio. El crudo acabó subiendo un 2% en los mercados, pero la difusión de un vídeo por parte de EEUU que dice probar la mano iraní y las claras acusaciones de Pompeo, secretario de estado norteamericano contra el régimen de Teherán parecen ser suficientes para que la escalada leve de ayer lo sea más intensa hoy. Mucho cuidado con todo lo que suceda los próximos días en esa zona. Los infartos, de todo tipo, son muy peligrosos.

viernes, octubre 19, 2018

El cisne negro saudí


Nassim Taleb es un pensador de origen libanés afincado en EEUU. Estadístico, filósofo, operador de mercados financieros, posee un perfil bastante renacentista, y es amante de las polémicas, en las que muestra unas formas rudas y poco caballerosas. Saltó a la fama en la crisis de 2008 cuando desarrolló su teoría del “cisne negro” que definió como ese acontecimiento poco probable pero poseedor de enormes consecuencias, que de vez en cuando se desata. La caída de Lehman Brothers en ese año, o el asesinato del archiduque en Sarajevo en 1914 son ejemplos de este tipo de sucesos, que desencadenan efectos tremendos y que, por su baja posibilidad de que sucedan, no reciben la atención debida antes de producirse.

¿Es lo sucedido en el consulado saudí de Estambul un cisne negro? Potencialmente, sí. Uno de los problemas de la teoría de Taleb es que le pasa a su concepto como a las burbujas, que sólo sabemos que estamos delante de una de ellas cuando sus efectos se desatan. Antes, en ausencia de los mismos, no podemos calificar como burbuja o cisne a sucesos que pudieran parecer tales, y de ahí el calificar lo que ha pasado en Estambul como “potencial cisne” y de paso prestarle toda la atención que seamos capaces de darle. Poco a poco sabemos más detalle de lo que allí pasó, el número de personas que estuvieron implicadas en el asesinato, y la certeza de que tal crimen tuvo lugar. Ayer, de hecho, se produjo un salto cualitativo en el engorde del oscuro cisne cuando Trump reconoció que, probablemente, el periodista Khashoggi está muerto, y amenazó con represalias. Es un cambio relevante del aliado más fiel y poderoso que poseen los saudíes en el mundo, y un primer mensaje serio por parte de la Casa Blanca a los Saud ha sido la cancelación de la presencia del Secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, en el foro económico que va a tener lugar en Riad en unos días, en lo que se calificaba hace unos meses como el “Davos del desierto” por la relevancia de presencias financieras globales que se iban a citar en las arenas saudíes y que ahora ya podemos bautizar como el “Davos desértico” ante la espantada generalizada. Los costes para la monarquía saudí de todo esto empiezan a ser significativos, y la figura del todopoderoso MBS empieza a no ser intocable. Ayer se hablaba de buscar un chivo expiatorio entre alguno de los principales responsables de la seguridad del propio MBS, estableciendo así un cortafuegos que llegase cerca de las alturas familiares y que permitiese dar la imagen de una renuncia de poder por parte de los Saud y reconocimiento de culpa. ¿Es esto suficiente o estaríamos ante una mera representación? Parece más probable lo segundo, y está por ver que sea suficiente. Los saudíes y los norteamericanos (por extensión todos nosotros) estamos agarrados por nuestras partes blandas y si uno presiona y hace daño el otro lo puede hacer igualmente. El régimen feudal de los Saud subsiste gracias al petróleo y a la alianza forjada a principios del siglo pasado entre esa familia y las empresas norteamericanas que empezaban a explotar los infinitos yacimientos que se esconden en la península arábiga. Posteriormente los Saud se hicieron con el poder en el país y nacionalizaron el negocio petrolífero, pero manteniendo ventajosos acuerdos comerciales con las empresas matrices que lo explotaban hasta entonces. Hoy en día Arabia Saudí sigue siendo el país regulador del precio del crudo, con capacidad para bombear mucho o recortar la producción en apenas días, gracias a la tecnología e intensidad con la que explota sus campos, que le ofrecen un margen espectacular por cada barril que produce. Y es uno de los países que más compra a occidente, sobre todo armamento, lujo y comida. Fuentes saudíes han amenazado con hacer disparar el precio del crudo si se producen sanciones o decisiones lesivas para sus intereses. ¿Hará Trump algo? ¿Moverá realmente ficha contra su eterno aliado? Sería, de producirse, un movimiento tan relevante como chocante.

MBS, el príncipe heredero, está en medio de toda esta situación. Su política, agresiva, ha cambiado la estabilidad de la corrupta casa Saud, llevada en silencio durante décadas. Purgas masivas, guerras frecuentes en su vecindario (como la horrenda de Yemen) y una actitud de total impunidad a la hora de tomar decisiones le han dado la sensación, hasta ahora cierta, de ser intocable. ¿Ha llegado el ocaso de MBS? Está por ver, eso sería algo muy serio para el futuro de los Saud y del país que controlan como si se tratase de una finca familiar, pero no es posible descartar nada. Y todo por un asesinato cruel y propio de una película en el consulado de Estambul. No se si será cisne a la manera de Taleb, pero sí que todo pinta de un negro petróleo que no augura nada bueno. Hay que seguir esta historia sin descanso.

martes, octubre 16, 2018

Asesinato en la embajada saudí


A ver, seriéfilos del mundo, que os pegáis zampadas de capítulos a alta velocidad y simultaneando pantallas para poder seguir el ritmo de estrenos, novedades y comentarios que inundan las redes, os planteo un nuevo reto. ¿Cuál de las tramas que seguís posee un argumento con la truculencia, sordidez e intriga de lo que se está desarrollando ahora en el consulado de Arabia Saudí en Estambul? ¿Dónde en vuestros adorados malos de la pantalla se esconden asesinos de lujo árabe y descuartizadores profesionales de cadáveres que viven el día a día con pasaporte diplomático? ¿En cuál de esos guiones se puede llegar a una crisis global y a un disparo en el precio del petróleo por un cruel asesinato de un periodista que buscaba papeles para un divorcio?

Se pueden hacer chistes y bromas, pero la situación es de todo menos graciosa. Sea lo que sea que sucedió en el interior de ese consulado, se ha saldado con la muerte de un periodista opositor al régimen de los Saud, y eso no es sino un asesinato en territorio saudí perpetrado por miembros del régimen. Un crimen político que muestra hasta qué punto la dictadura saudí abre ligera y cosméticamente la mano, permitiendo cosas como la conducción por parte de las mujeres, pero a la vez mantiene un férreo puño cerrado con el que golpea a todo el que no se pliega a su visión teocrática, dictatorial y medieval de la vida. Sin embargo, queda la duda de si esta vez la dictadura regente en Riad ha calculado mal sus fuerzas y se ha pasado de frenada. La desaparición del periodista fue denunciada al cabo de un día por sus allegados, y los rumores de asesinato eran tan intensos al poco tiempo como imposibles de ocultar. Jamal Khashoggi colaboraba con el Washington Post, no era un mindundi de la profesión, y eso sin duda ha hecho que el ruido mediático de este caso sea mucho más elevado de lo habitual, a lo que hay que sumar el morbo por el suceso en sí y por detalles como la presunta descuartización del cadáver, que elevan la imaginación del personal y lo trasladan a mundos de ficción serializados. La polémica es muy intensa, y de ella no han podido huir los mandatarios aliados de Arabia Saudí, que son todos los que en el mundo existen salvo Irán y algunas ramas chiíes. Riad es la ciudad en la que, nos guste o no, se deciden los designios del petróleo, que alimenta nuestros coches en todas partes. Occidentales y orientales, cada cierto tiempo peregrinamos al país de los mil príncipes, quizás muchos más, para saber que esa especie de gasolinera global va a seguir de nuestro lado, controlando el flujo de extracción, los volúmenes del mercado e impidiendo que el barril escale más allá de valores insostenibles para el crecimiento económico global. Es así de crudo, literalmente hablando. La llegada de un nuevo príncipe casi al poder, el famoso MBS, alentó esperanzas en el mundo de que sería este el señalado para modernizar la economía y sociedad del reino. Hacer de Arabia Saudí un país que no sólo viva del monocultivo del crudo y que las libertades personales se abrieran paso entre las arenas, donde ahora yacen yermas, presas de la dictadura de los Saud y del rigorismo suní wahabí que controla el país. MBS ha tomado decisiones inauditas, como las enormes purgas entre su familia, tratando de desterrar la corrupción, o eso se nos ha contado, pero su política gestora del reino ha sido, como mínimo, errónea. Lo ha embarcado de pleno en la guerra del Yemen, una de las mayores tragedias que se viven en la actualidad, en la que los saudíes no logran vencer a los chiíes hutíes, pero sí están llevando a ese ya pobre país a la miseria más absoluta. En su lucha contra Irán, MBS ha perdido casi todos los frentes y la influencia regional de los persas ha crecido en todo su entorno de una manera que ha escapado a las previsiones de muchos. Desde que MBS “reina” sin estar nombrado, el poder de Arabia Saudí ha decrecido y su imagen, deteriorado.

Ahora, según algunos medios, y para salvar la imagen de este poderoso regente, los saudís pudieran otra por reconocer que Khashoggi murió en un interrogatorio en la embajada que salió mal. Curiosa forma de admitir la existencia de torturas generalizadas, que se achacan a elementos incontrolados de la seguridad interna, nada que ver con las autoridades del país. Una cortina de humo para encubrir el caso y acallar la polémica, pero que revela hasta qué punto es Arabia Saudí no ya un aliado incómodo, sino un problema global que existe gracias al parasitismo que provoca su recurso natural. No creo que haya valor para poner a Riad las sanciones que debieran ser obligadas, entre otras cosas por el miedo a su respuesta. De momento, los Saud nos siguen teniendo cogidos por los barriles de crudo. La tecnología que nos haga prescindir del petróleo es lo que acabará, antes o después, con su cruel régimen.

viernes, mayo 11, 2018

El petróleo, disparado, amenaza económica


Este viernes comienza otro puente en Madrid, en un mes de mayo que en la capital está plagado de festividades. El martes 15 es San Isidro, patrón del municipio, y festivo en la ciudad y, por simpatía logística, en otras localidades de la corona metropolitana. No me cojo días festivos, por lo que el lunes vendré a trabajar (y escribiré) pero habrá muchos que salgan a disfrutar de cuatro días de ocio, con buen tiempo por delante, aunque con temperaturas a la baja para el fin de semana, y al alza a partir del martes. Coches sin fin llenarás carreteras y caminos y consumirán gasolina como nunca, y al llegar al surtidor muchos se van a encontrar con la desagradable sorpresa de que los precios del combustible están subiendo sin freno.

La Super 95 llega en algunas estaciones a 1,4 euros el litro, máximos desde 2015. ¿Por qué? Dos hechos combinados generan este efecto. Por un lado, la caída del valor del euro frente al dólar, de la que hablaba hace unos días. Ha pasado en semanas de cotizar en el entorno de 1,25 dólares por euro a llegar a los 1,18 dólares por euro, lo que es una caída en la cotización ligeramente superior al 5%. Como el petróleo se vende en dólares, por ahí tienen una fuente de subida. La otra, la más importante y, seguramente, estable, es el ascenso de la cotización del barril de petróleo. El Brent, que es la marca con la cotiza el petróleo en Europa (para EEUU se utiliza el WTI, que posee su propio mercado) se situaba ayer en los 77 dólares por barril. En este gráfico pueden ver cómo ha evolucionado en los últimos seis meses, y el aspecto del mismo ofrece pocas dudas. En Navidad se encontraba poco por encima de los sesenta dólares, y el inicio del año ya nos dejó una fuerte subida hasta los 68, que se derrumbó en pocas semanas cunado los mercados financieros vivieron las turbulencias de febrero. Llegó la tranquilidad a las bolsas y, desde entonces, no ha hecho nada más que subir, desde esos 62 dólares que marcó a finales de febrero hasta los 77 actuales, una subida del 24% que ya podían haber experimentado los activos de la cartera suya y mía. Ante una subida de este tipo es imposible que los precios de los combustibles no reaccionen, y lo han hecho con ganas. Recuerdo vagamente, porque uso muy poco el coche, haber repostado a principios de año en la gasolinera barata de Elorrio la Super 95 a poco más de un euro el litro, y hace un mes los carteles marcaban el 1,2 con claridad, y sin duda hoy ese valor es más alto. La subida de la gasolina es un impuesto directo que retrae renta de las familias, hogares y empresas y reduce los recursos de gasto de todos ellos. Si cuando se derrumbó el precio del barril hace unos años hablábamos de las grandes ventajas que ello suponía para un país como el nuestro que importa todo su combustible, hoy podemos revertir ese mismo discurso y cantar las penurias que para nuestra economía supone un petróleo caro. De hecho este ha sido uno de los llamados “vientos de cola” que durante los últimos años ha soplado con fuerza desde el exterior, impulsando nuestra economía, permitiéndonos alcanzar tasas de crecimiento superiores al 3% con una inflación muy reducida. El encarecimiento del crudo es un freno a ese proceso de crecimiento, restará décimas a la subida prevista del PIB e introducirá inflación vía costes en la cadena productiva y en los bienes de consumo. Sus efectos pueden ser más intensos cuanto mayor sea la subida y más tiempo se mantenga. En el lado positivo, la rentabilidad de los vehículos eléctricos o híbridos crece a medida que su competencia contaminante se encarece, y los atascos se pueden reducir algo si la gente, ante precios altos, opta por conducir menos y dejar el coche quieto el fin de semana. Pero claro, eso el que tenga opciones para ello, en su vida laboral y personal.

¿Y por qué sube el barril? Ahora mismo hay causas económicas y geopolíticas que presionan los precios al alza. Las economías siguen creciendo y alargando el ciclo expansivo, con unos EEUU y China que no aflojan, y una Europa que, con datos confusos, también crece. Las tensiones en oriente medio no ayudan a tranquilizar un mercado que actúa, también, como un indicador global del miedo, y las previsibles sanciones que EEUU imponga a Irán restarán barriles persas en el mercado y tensionarán los precios. El fracking, que a estos precios es muy muy rentable, quizás sea el causante de que el techo del barril esté cerca, pero de momento tenemos a la coyuntura de frente, y pinta cara. Si se va de puente, conduzca con cuidado y, también con mucha suavidad, ahorre al volante y destine sus euros a lo que realmente le valga la pena.

jueves, septiembre 28, 2017

Esa cárcel que es Arabia Saudí

Todos somos hipócritas alguna vez a lo largo del día. Nos callamos por beneficio o interés ante situaciones que, vistas desde fuera, denunciaríamos sin dudar. Sucede en el plano personal, en el profesional y en todo tipo de instancias y niveles. A medida que uno tiene más poder, por tanto intereses, y más cosas que arriesgarse a perder, esa hipocresía va en aumento, y puede alcanzar cotas de cinismos absoluto si nos encontramos ante naciones como Arabia Saudí, de la que dependemos todos los días, a todas horas, cada vez que arrancamos nuestro coche o cogemos un avión. Y eso hace que traguemos con sus infames comportamientos.

En un gesto de magnanimidad del soberano de aquel país, lleno de príncipes soberanos, se va a cambiar la legislación para que, a partir del año que viene, las mujeres puedan conducir. Sí, sí, suena a broma, mala, pero es cierto. Araba Saudí es uno de los países más rigoristas del mundo en la aplicación de la ley islámica. Es suní, que suele sonar a moderado frente a chií, pero lo que tiene de moderado el régimen de los Saud es lo que yo tengo de belleza apolínea. El reino se creó en el siglo XIX mediante un acuerdo entre una de las tribus que peleaban en las arenas de la península arábiga, la de los Saud, y un imán extremista, Wahab, impulsor de una doctrina que no dejaba respirar a nadie por su férreo control vital y su concepción del islam como un todo. Los Saud pusieron el brazo militar y Wahab el de la fe, y derrotaron juntos al resto de tribus, unificando el territorio, en el que se encuentran, no es detalle menor, los lugares santos de Medina y La Meca. El hecho de que se descubriera petróleo en aquel país, de inmensa calidad y muy superficial, lo convertiría a lo largo del siglo XX en la “gasolinera” de occidente y en el gestor de los precios de una materia prima esencial (pruebe a no llenar el depósito y pregúntese para qué sirve su coche). De mientras todos nos llevábamos de cine con los Saud, estos hacían lo que les daba la gana. Por un lado, derrochaban la fortuna del petróleo, mediante un nivel de lujo y ostentación tan obsceno como cutre, y por otro extendían la influencia de su visión islámica por todo el mundo. El wahabismo, que así se llama actualmente, alimentado por el flujo infinito de dinero que surge de Riad, ha construido mezquitas y escuelas coránicas en todo el mundo, la de la M30 de Madrid sin ir muy lejos, y está en la base de la mayoría de movimientos terroristas yihadistas. Ofrece una visión de la vida cerrada, pura, discriminatoria, en la que los creyentes, hombres, son puros, y los demás, impíos. Para la mujer el wahabismo es una pesadilla casi inenarrable, que deja a series como la de “El cuento de la criada” convertidas en duros alegatos feministas. Su existencia se consiente básicamente por la necesidad de reproducir la especie, pero carece de derechos de todo tipo, forma de expresión e, incluso, aspecto, dado que debe de ir siempre cubierta. El grado de esclavitud que soporta es tan infame como difícil de imaginar. Existe en Arabia Saudí una llamada “policía de la moral” que se encarga de hacer que se cumplan los preceptos wahabíes y que nadie los eluda, sea hombre o mujer. Esa policía posee armas y puede utilizarlas, y normalmente lo hace. Esto convierte a ese lugar en un sitio paranoico, que no llega al nivel de Corea del Norte dado que no está aislado del exterior, pero que ciertamente se le parece. La cuestión de la conducción de las mujeres ha sido vista como una anécdota por parte de muchos occidentales, y lo sorprendente de la prohibición ha logrado llamar la atención de la comunidad internacional y. así, suscitar algo de presión. Pero no nos engañemos, una mujer allí lo tiene prohibido todo. Todo. Y dudo que su vida diaria sea muy diferente, en cuanto a derechos, de lo que lo era la de un esclavo en la época romana. Es nauseabundo. Y callamos.


¿Cómo se arregla un problema así? Sólo se me ocurre una manera. Cada vez que un coche eléctrico sale a la calle y uno de gasolina no lo hace le estamos quitando poder a los príncipes que viven sobre el recurso del crudo. Sólo la tecnología, capaz de desarrollar y optimizar nuevas fuentes de energía, es capaz de cambiar las relaciones de poder e influencia entre naciones. Los Saud, sin el petróleo, volverían a ser lo que eran en el siglo XIX, nada. Y la sociedad saudí, que ya empieza a ver sombras en su futuro, podría cambiar por completo tras la pérdida de poder del régimen dominante. Pero no esperen alteraciones bruscas. De momento todos necesitamos que, al girar la llave, un motor de explosión se ponga en marcha, ¿verdad?.

viernes, diciembre 02, 2016

Subidón del precio del petróleo


La noticia de hoy no es de las buenas, ni para el bolsillo del ciudadano ni para nuestra economía en general. Parece que, por fin, un acuerdo de recorte de producción del petróleo por parte de los países de la OPEP y otros productores es visto por el mercado como una posibilidad cierta. Hasta ahora ha habido varios anuncios de este tipo pero todos se han quedado en nada. Esta vez parece que va en serio y el precio del barril lo ha notado, con una subida que a lo largo de esta semana se acerca al 20%. La referencia europea, Brent, llega a los 50$ y la americana, West Texas, casi a los 54. Hace poco más de un año los precios estaba en el entorno de los 25 dólares.
 
Para un país como España, que importa todo el petróleo que consume, la bajada de su precio es un alivio y su subida un perjuicio, con pocos matices. Ya saben que la traslación de los precios del barril al surtidor es muy especial, dándose el llamado efecto cohete, de subida muy rápida del litro de gasolina cuando sube el barril, y el efecto pluma, de descenso muy lento de los precios del consumidor cuando el barril se desploma, pero cierto es que durante los últimos tiempos hemos tenido combustibles baratos, con el gasóleo por debajo del euro el litro en muchas estaciones, y las gasolinas poco por encima de esa redonda cifra. La subida del crudo que estamos viendo, unida al fortalecimiento del dólar, provocará que a no mucho tardar vean ustedes incrementos de precios en las estaciones de servicio y, con ello, costes nuevos en su vida familiar. Es verdad que el mercado del petróleo está cambiando mucho, tanto por la oferta como por la demanda. Por la oferta, nuevos yacimientos y tecnologías como las del fracking han revolucionado la producción y, probablemente, sean capaces de poner un tope máximo al precio del barril que impida que alcance valores del entorno de, pongamos, 100 dólares, vistos hace apenas seis o siete años. A bajos precios esos nuevos recursos son deficitarios, pero a partir de los 50 60 dólares muchos alcanzan lo que se llama el “break even” o umbral de rentabilidad, a partir del que su explotación genera beneficios, y se suman a la oferta global, presionando a la baja al precio. Por el lado de la demanda, existe una enorme cantidad de la misma que a día de hoy es cautiva, pensemos en el parque móvil, pero en este punto la irrupción de la movilidad eléctrica y las restricciones anticontaminación pueden provocar que, si no hemos llegado, estemos cerca del punto histórico de mayor consumo de petróleo como combustible. Es casi seguro que en los países desarrollados veamos como poco a poco las cantidades de petróleo destinadas a la movilidad van decayendo a medida que se implantan vehículos y redes de carga eléctricas. Ese proceso será, no se engañen, lento y progresivo, pero es más que probable que no se detenga y, por tanto, presione a la baja a la demanda. Para un señor que posee un coche eléctrico, o un híbrido enchufable, el precio de la gasolina deja de ser, poco a poco, una variable importante en su economía familiar. El petróleo seguirá siendo fundamental en otras industrias, como la química, donde es mucho más difícil poder reemplazarlo, pero en la movilidad, creo que estamos en su momento álgido, y empieza a verse la cuesta abajo del mismo.
 
En todo caso, a corto plazo, esta subida del petróleo es mala para España. Equivale a una dura subida de impuestos para el consumidor (a la que hay que sumar la que anuncie hoy el gobierno) y generará inflación de costes al aumentar los precios de toda la cadena de logística y valor asociada. Inflación de la de peor tipo. Durante este par de años que llevamos la bajada del petróleo, junto con la política ultraexpansiva del BCE y el disparo del turismo han sido los llamados “vientos de cola” que han impulsado con fuerza la recuperación de nuestra economía. Tiene pinta de que uno de los vientos se convierte, poco a poco, en contraria turbulencia. A ver cuáles son los efectos finales y qué tendencia coge el precio del barril en los próximos meses. Ojalá no suba mucho más.