jueves, julio 02, 2026

Calor y errores europeos

Hay un debate que me asombra en gran parte de Europa, tras la ola de calor de la semana pasada, sobre la instalación o no de aires acondicionados en los hogares y distintas instalaciones colectivas. Existe un movimiento de pensadores y prescriptores que abogan porque no se deben poner estos dispositivos por sus emisiones y el efecto de calentamiento global que generan, y recomiendan a la gente que debe concienciarse con el planeta, sacrificarse y renunciar a la falsa comodidad que supone el dispositivo de aire en aras de la sostenibilidad global. Como discurso queda bien pero como estrategia es, como poco, estúpida.

¿Cuántos de los que así opinan tienen aire acondicionado en sus casas? ¿Cuántos trabajan en oficinas o lugares en los que sí funciona el aire acondicionado? ¿Cuánto CO2 emite un dispositivo de aire acondicionado frente a los jets privado en los que viajan no pocos de estos prescriptores medioambientalistas? Si uno empieza a hacerse preguntas puede obtener respuestas incómodas, todas ellas unidas a un comportamiento tan hipócrita como clasista, que se basa en el mantenimiento de unos privilegios para unos pocos y la negación de una calidad de vida media para los millones y millones de personas que conforman la sociedad real. Pongamos una ciudad europea, capital, un París, Madrid o Londres. ¿Cómo se refrigeran millones, repito, millones de viviendas en medio de los 40 grados? La instalación de sistemas de ventilación y aire acondicionado es obligatoria si uno no quiere asistir a crisis sanitarias de graves consecuencias. ¿Cómo se mantiene la calidad de vida, no educativa, sino de vida, en aulas de colegios en los que se superan los 30 grados? Al igual que los centros educativos poseen sistemas de calefacción para que los críos y profesores no se congelen en invierno, deben contar con métodos de refrigeración que sean capaces de controlar las temperaturas que se alcancen en ellos. Clases en las que se alcanzan los 30 grados son insoportables, como dormitorios o cualquier otro tipo de estancia a esa temperatura, pero quienes dicen que el aire acondicionado recalienta el planeta y no se debe utilizar seguramente viven y trabajan siempre a unos veintipocos grados, sostenidos por sistemas de climatización más o menos eficientes. Sí, hay que seguir trabajando en la mejora de los aislamientos, en sistemas pasivos que permitan que los edificios existentes se comporten mejor ante los retos térmicos, hacia arriba o hacia abajo, y sean más ahorrativos. Debemos tratar de crear todas las superficies de sombra que sean posible en medio de plazas y calles que tienden a convertirse en acumuladores de calor, fruto de diseños muchas veces erróneos, pero el mensaje de que usted no debe tener aire mientras yo sí lo tengo es de una hipocresía tan cutre que sólo sirve para crear indignación social, cabero y hartazgo. El que pretende defender el medio ambiente, o cualquier otra causa, y usa como argumentario que son otros los que deben sacrificarse por ello en vez de él mismo está destruyendo el objetivo que dice perseguir, porque va a crear una animadversión social absoluta hacia él. La sociedad va a considerar como falso el problema que se dice combatir por parte del experto y va a hacer todo lo contrario. Me sigue asombrando cómo, cada día, se observan conductas de este tipo, estúpidas en el más profundo de los términos, en nuestros medios de comunicación, y más entre los que se proclaman más concienciados con el cambio climático. ¿A qué temperatura mantienen sus redacciones estos medios? Los despachos de sus gerentes y consejeros delegados, ¿se refrigeran por las plantas que están en los alféizares de las ventanas o por el aire que sale de los extractores que circulan sobre sus cabezas? Lo de a Dios rogando y con el mazo dando en versión climática.

Sí, las temperaturas van a subir, sí, es un fenómeno global, y sí, depende ya mucho más de lo que hagan naciones como China o India de lo que los europeos pongamos de nuestra parte. Ante un panorama como este sólo queda adaptarse, mitigar los efectos, dado que no va a ser posible combatir las consecuencias (inapreciables cuando sólo los europeos vivíamos bien y a costa del resto). Y restringir el acceso de la refrigeración a las clases medias y bajas europeas es una política estúpida que sólo va a crear indignación y desafección. Me asombra que sigamos cometiendo errores tan burdos, de manera tan persistente, como si viviéremos en una realidad paralela.

miércoles, julio 01, 2026

Calor y renta

Cuatro días en el norte tras una de las olas de calor más intensas y persistentes que se han vivido por allí deja casi un monotema de conversación entre todo el mundo. Es habitual que los que conozco, llegadas estas fechas, se compadezcan de mi por vivir en el infierno madrileño, pero esta vez les recordaba que han pasado días más duros que los que se han dado en la gran ciudad y el semblante de mis interlocutores tornaba de lo gracioso a lo crudo, desesperado, todo atisbo de broma desaparecía y los rostros mostraban agotamiento, y casi hasta miedo por lo sucedido, por los días que han pasado, y por la mera posibilidad de que algo así vuelva.

Lo de combatir el calor cuando no hay costumbre ni instalaciones es un problema, y es algo que empieza a estar presente en esa zona del país, y en todo el continente europeo, hasta ahora ajeno en gran parte a eso de “la calor” que azota al centro y sur de los países mediterráneos. La compra de ventiladores se ha disparado entre mis conocidos, y obviamente el stock de las tiendas no ha dado abasto. En el chino de Elorrio quedaban algunos ejemplares de esos que se ponen en las mesillas, con aspas de quince centímetros de diámetro, como mucho. Ejemplares de pie, o portátiles de aspas grandes, nada de nada, y de los de techo para las habitaciones ni soñarlos. Los que los tenían de veranos pasados, como era el caso de mi madre, ejemplar mediano, los ha usado a espuertas, pero a muchos les ha pillado sin otra cosa que un abanico para poder darse algo de corriente. Si los ventiladores allí son algo escaso, lo del aire acondicionado es un exotismo. Las oficinas y comercios grandes lo tienen, junto a varios bares, pero en general escasea en tiendas y es prácticamente imposible de encontrar en viviendas particulares, sean pisos o chalets de privilegiados. No existe nada parecido a eso de la preinstalación de aire que se hace por defecto en todas las viviendas nuevas en Madrid, y ver cajas de extractores de aire en la calle resulta muy llamativo. Uno puede pasear en Madrid contemplando edificios viejos y contando las pocas viviendas que no lucen adosada en la pared una de esas cajas que quedan estéticamente como pegotes, pero que en estos días suponen la supervivencia y el sueño de más de uno. Cada uno, por aquí, ha ido instalando los equipos a la buena de Dios de tal manera que los exteriores de los edificios son realmente feos en muchos casos. Parece como si los hubiera asaltado una viruela o algo así. Arriba no, las fachadas son pulcras, porque no es posible encontrar esos dispositivos en ninguna parte. ¿Va a cambiar ese paisaje urbano en el norte? Sospecho que sí, y dado que el aire acondicionado es una instalación que supone una inversión considerable, sospecho que empezarán a proliferar en las viviendas y barrios pudientes, para ir extendiéndose poco a poco a los bloques de pisos convencionales, de barrios más modestos. En la lucha contra el calor la renta es una de las principales variables, como lo es en casi todas las cosas de la vida. Uno pasea por barrios y las viviendas y los coches suelen ser buenos indicativos de lo que ganan los residentes que allí viven. En el caso de las calefacciones los edificios suelen venir con ella instalada, sea cual sea el dispositivo escogido, y normalmente es el usuario el que decide lo que quiere, o puede, gastar. Arriba son muy escasos los piso que carecen de sistemas de calefacción, aunque los haya, pero en general es muy difícil saber desde la calle si eso es así o no. Acertarán al 90% si consideran que todos los tienen, sea cual sea la tipología de edificio que contemplen. En el caso del aire acondicionado el porcentaje de acierto será muy similar si apuestan por el no, y dado el funcionamiento de la tecnología, en breve empezará a distinguirse quién ha hecho la obra para instalárselo y quién no.

Se habla de pobreza energética cuando el ciudadano sufre para poder pagar las facturas de lo que se llama vulgarmente la luz, que es eso y mucho más. Normalmente se ha asociado a la época de invierno, en la que hay gente que pasa frío en casa porque no puede pagar las facturas si pone en marcha sus instalaciones. ¿Vamos a una extensión de ese concepto a todo el año, a medida que el calor empieza a condicionar la vida de la gente? No es descartable, la verdad. En todo caso, y como es habitual, el que tiene dinero podrá llevar una vida mucho más acomodada, en la que los veintipocos sean la norma que rija en su hogar, sea cual sea la época del año.