viernes, julio 31, 2026

Marruecos vuelve a organizar un asalto a Ceuta

A lo largo del día de ayer, sin que se le hiciera caso alguno, se desató una avalancha de ciudadanos magrebíes que franqueó las verjas de acceso a la ciudad de Ceuta y que, de manera imprudente, se echó al mar para tratar de rodear el espigón que separa la ciudad del territorio marroquí. Lo que en principio era un movimiento de cientos de personas se convirtió, en pocas horas, en la llegada de miles, algunos medios hablan de cifras de entre diez mil y veinte mil personas, en medio de la incapacidad de las fuerzas españolas de controlar lo que sucedía y la pasividad absoluta de las marroquíes, dejando hacer a los que corrían por su territorio camino Ceuta.

La situación se parece a la que se vivió en 2021, pero tiene pinta de que esta vez la entrada de personas ha superado, por mucho, la que se registró en aquel año. Para una ciudad como Ceuta, con unos 83.000 habitantes y un entorno geográfico acotado, un acceso de miles de personas en sus calles es algo similar a una invasión, porque no hay manera de ofrecer un alojamiento o servicio alguno a los miles y miles que se encuentran por allí, que ya han pasado al raso una noche y no creo que hayan comido nada desde hace ya bastantes horas. La situación de la ciudad es insostenible desde cualquier punto de vista y la improvisación con la que ha actuado el gobierno, mirando para otro lado hasta que no ha podido evitar hacerlo es total. ¿Cuál es la causa de lo que está pasando? Se alega como motivo principal una sentencia del Tribunal Supremo de hace pocas semanas que rechaza las devoluciones exprés a Marruecos si la entrada a la ciudad se ha hecho a nado, al considerar el tribunal que eso supone que no se ha franqueado ilegalmente muro o barrera de contención. Es una posibilidad real, que ha podido generar un efecto llamada, pero no nos engañemos. El episodio de 2021 fue una respuesta organizada por el gobierno marroquí para castigar al español por la acogida que este dispensó al líder de los saharauis con motivo de un tratamiento sanitario en medio de la crisis del Covid. Todo el mundo sabe cómo se las gasta el régimen marroquí y es consciente de que nada pasa en el país vecino sin que el gobierno lo sepa. Ayer era el 27 aniversario de la llegada de Mohamed VI al poder, era fiesta en Marruecos, y algunos dicen que esa era la causa de que hubiera menos efectivos en el control de la frontera en el lado marroquí. También se dice que la reciente visita de Pedro Sánchez a Argeloia, enemigo acérrimo de Marruecos, ha disgustado en Rabat y que lo sucedido sería una especie de respuesta. No está claro. Lo único que tengo seguro es que lo que ha pasado ha contado con el aliento, colaboración, consentimiento y, me atrevería, estímulo de las autoridades de Rabat. Los cerca de quince muertos que se estima como balance de lo que pasó ayer en el asalto a la ciudad son algo que a Marruecos no le importa en lo más mínimo, como tampoco le importa el resto de su población. Lo de ayer fue otro ejercicio de intimidación perpetrado por el régimen de Rabat contra la soberanía española de Ceuta y Melilla, un intento de marcha verde ligera, no desatada, que vuelva a testar hasta qué punto somos capaces de controlar lo que se puede venir encima y mantenemos una cierta rigidez en nuestra posición de dominio de ambas ciudades. A corto plazo, la respuesta de las autoridades españolas habrá encantado a las marroquíes. Ignorancia, improvisación, desidia, desatendimiento total a la desesperada llamada de las autoridades de municipales de Ceuta reclamando la declaración de emergencia nacional, pasividad absoluta, comunicados oficiales en los que se alaba la cooperación de los gobiernos de España y Marruecos… la catarata de despropósitos que se vieron ayer sería de chiste, si no fuera por las dimensiones de la tragedia y la gravedad de lo que está pasando.

No nos engañemos, Marruecos va a tratar de hacerse con Ceuta y Melilla en el corto plazo, bien por una invasión civil de este estilo o con una operación militar, y no debemos olvidar que, desde hace un tiempo, Rabat cuenta con el apoyo explícito de Washington, que va a respaldar todos sus movimientos, tanto con declaraciones como con hechos o inacciones. Estamos solos ante la agresión presente, y las futuras, que Marruecos va a ejercer, y no debemos seguir engañándonos al respecto. Tarde o temprano habrá disparos cruzados entre militares de ambas fronteras, y estaremos solos, no nos va a ayudar nadie. ¿Somos conscientes de ello? ¿Nos damos cuenta de lo que está pasando y del peligro que viene?

jueves, julio 30, 2026

El nivel de los stocks de armas de EEUU

Esta noche ha vuelto a ser de ataques intensos en el entorno de Ormuz. El ejército norteamericano ha disparado contra numerosos objetivos relacionados con instalaciones de la guardia revolucionaria iraní, y tras el relajo que se vio en los precios a principios de la semana, el barril de crudo vuelve a superar los 90$. Las erráticas declaraciones de Trump no hacen sino añadir confusión a una guerra que se prolonga de una manera gris. Un día dice que va a lanzar un ataque muy duro y al par anuncia que la negociación va muy bien, y luego otra vez. Es evidente que no tiene el control de la situación en la zona y que, militarmente, las cosas no le van como quisiera.

Durante los últimos días varias fuentes han hablado, y no poco, sobre los posibles problemas de suministros de armas a los que se enfrenta EEUU tras lo que lleva de campaña iraní. En los primeros meses de guerra se lanzó contra la nación persa un gran número de misiles, bombas y demás artefactos que tenían dos características muy importantes. Eran precisos y caros, muy precisos y muy caros. EEUU tiene un elevado catálogo de armas de este tipo, pero sabe que, al contrario de lo que pasa con la munición convencional de disparo, debe emplearlos con mesura, porque no es nada fácil reponer las existencias frente a, digamos, balas y obuses convencionales. Son armas pensadas para dar golpes duros y significativos a instalaciones militares, infraestructuras críticas y centros de mando y decisión, pero no para hacer barridos ni para ir a por objetivos menores. Frente a ello, la respuesta iraní, es sabido, ha consistido en el lanzamiento de algunos de sus misiles, y de muchos muchos drones de bajo coste que han logrado alcanzar no pocos de sus objetivos. El daño que pueden hacer estos drones es bastante menor que el de la munición precisa norteamericana, pero se pueden lanzar en oleadas de decenas o cientos de elementos, y su fabricación puede seguir siendo sostenida día tras día. Es una de las lecciones básicas que ha dejado la guerra de Ucrania. Precisión y potencia pueden ganarse con saturación de bajo coste. Estas fuentes analizaban los stocks que, se supone, constaban en los inventarios de defensa norteamericanos, de todo tipo de elementos: misiles Tomahawk, interceptores patriot, y una amplia gama de dispositivos similares. No pocos de los analistas que han hablado estos días estiman que EEUU ha gastado entre un tercio y la mitad de lo que tenía guardado en los almacenes, en apenas unos meses de combates contra Irán. A cambio ha obtenido… bueno, no se muy bien lo que ha obtenido, si no se puede calificar directamente como fracaso. Si esos cálculos son ciertos, EEUU tiene un problema, porque la producción de repuestos de este tipo de munición es cara, carísima, y lenta, sobe todo comparado con el proceso de elaboración de drones de ataque. El resto del mundo ha visto estos informes y comparte de la idea de que EEUU ha derrochado material de gran valía de una manera irracional, por el mero hecho de presumir de ella, pero que está mostrando unas notables carencias en el caso de que la guerra se prolongue. La estrategia de defensa de EEUU se diseña en base a su abrumador poder de intervención, pero no está planteada para conflictos largos de ataque de invasión. Sí para una entrada masiva y breve que, por aplastamiento, le de el control de la situación, pero no para un conflicto prolongado en el que el consumo de material de lata calidad se dilate en el tiempo. Simplemente, no hay lo debido de eso. Por eso no son pocas las voces que dicen que detrás de esas llamadas erráticas de Trump a la negociación se encuentran asesores militares que le advierten de que no se va a poder prolongar mucho más tiempo esta tipología de ataque a riesgo de ver seriamente comprometida la capacidad defensiva del país por el mero hecho de quedarse sin armas de primer nivel que poder disparar. Si esto es así, y es plausible, el fracaso de la estrategia norteamericana en Irán alcanzaría cotas antológicas.

En parte EEUU no ha aprendido nada de lo que sucede en Ucrania desde hace años por mera soberbia, por creerse invulnerable y operar desde una posición de privilegio absoluto. Este es uno de los caminos más directos hacia el error. El avance tecnológico que ha sufrido la guerra de drones ha vuelto obsoletas varias de las armas y tácticas clásicas de los ejércitos, y esa tecnología, masiva y barata, permite a naciones como Irán enfrentarse a EEUU con el conocimiento de que no van a ganar, cierto, pero tampoco van a ser derrotados, y eso, para el Pentágono, es una muy mala noticia. Terceras naciones, pensamos todos en China, toman buena nota de lo que está sucediendo, de lo que funciona y de lo que no y, en silencio, aprenden.

miércoles, julio 29, 2026

El coste de los fuegos

Puede que sea un detalle menor, pero lo cierto es que los incendios forestales salen carísimos. Y no me refiero, desde luego, a los costes directos, ambientales y emocionales, que suponen su existencia, o al valor paisajístico destruido que tarda años en volver a ser algo comparable a lo que fue, no. El mero coste de la extinción es disparatado. Se estima en una cota que oscila entre los 10.000€ y 20.000€ por hectárea en función de si se han empleado medios aéreos para sofocarlo o no, siendo ese caso el que eleva las cifras hacia el rango alto. Multipliquen alguna de esas estimaciones por las cientos de miles de hectáreas que se queman al año y obtendrán cifras en el entorno de varios miles de millones de euros.

A este coste muy directo hay que sumar los costes derivados de los bienes destruidos. Particulares, empresas y sector público ven como algunos de sus activos físicos se pierden. Pensemos en viviendas, coches, cobertizos, instalaciones agrarias, reservas de comida para el ganado, pabellones industriales, carreteras, tendidos eléctricos, postes de telefonía móvil, antenas de Wifi… la lista de bienes a recuperar es enorme y se traduce en nuevos gastos de presupuestos de todo tipo e indemnizaciones de seguros, más o menos cicateras, que de todo hay, que se traducirán en primas más altas en años posteriores. En los incendios de esta semana sólo el coste de las viviendas perdidas en la comunidad de Madrid va a ser tremendo, dado que se estiman en decenas y decenas las perdidas, o pensemos en el entorno del pantano de San Juan, donde se encontraba toda una serie de negocios relacionados con la navegación de interior, con instalaciones de formación, chiringuitos y embarcaciones, habiendo sido todo ello arrasado. La factura global se eleva muy notablemente. Tras esto vienen los costes derivados de la reforestación o de, por lo menos, el tratamiento de los suelos arrasados. Miles de árboles que permanecerán en pie, ennegrecidos, estarán muertos o poco les faltará. Es necesario retirar todo eso y proceder a una regeneración de los suelos, y a un trabajo intenso por parte de los agrónomos de recuperación, siembra y replantado, estudiando en cada caso el diseño del paisaje que se quiera construir, las especies que van a ser adoptadas, su compra, labores de instalación, riego, abono, etc. La recuperación de caminos forestales y de toda una serie de instalaciones de monte, como conducciones de agua o tendidos también es costosa, y en ocasiones exige ser rediseñada por los destrozos causados por el incendio en el entorno. Esta es una tarea lenta, pausada, que no aparece en las noticias, pero que es primordial para que el terreno no sufra ya el abandono, sino la más profunda de las erosiones y se convierta en un anticipo de lo que es la aridez del desierto. Profesionales y empresas de todo tipo deben trabajar en estas labores, y hacerlo de una manera coordinada, y contando a ser posible con la suerte de la meteorología, en forma de otoño e invierno con precipitaciones que ayuden a crear una mínima capa de verdor que sea el principio de la recuperación. En zonas agrarias de Galicia, por ejemplo, se ha visto em años pasados como se procedía con urgencia a arrojar paja desde helicópteros sobre los terrenos chamuscados para que este material hiciera de cobertura ante las posibles lluvias del otoño. Se buscaba en este caso, en terrenos dominados por pendientes significativas, que esas lluvias no arrastrasen la ceniza depositada en las lomas tras el fuego, con la pérdida de sustrato de estos y el elevado riesgo de contaminación de ríos, acuíferos y todo tipo de sistemas fluviales de abastecimiento con los restos dejados por el fuego. La paja actuaría como compactador del terreno y limitaría los daños. Es probable que en la zona abulense arrasada este tipo de actuaciones se den con más frecuencia e intensidad que en la madrileña, a priori menos abrupta, pero en todo caso son tareas que requieren suministro de insumos y el uso de medios aéreos con intensidad, por lo que la factura no deja de crecer.

Hay un coste emocional enorme, e imposible de valorar, por la pérdida del paisaje, y otro, inmenso y, me temo, muy tangible, derivado de la ya nula explotación. Casas rurales, alojamientos de montaña, negocios de rutas y senderismos, decenas de actividades relacionadas con el ocio campestre, las excursiones o el asueto están condenadas a desaparecer una vez que los parajes que las sustentaban se han esfumado. Toda una red económica de servicios asociados a l turismo de naturaleza han desaparecido con las llamas. Para los pueblos del entorno es un daño inmenso, que se extenderá a lo largo del tiempo, y limitará mucho sus economías locales. Toda una serie de facturas que van a salir carísimas.

martes, julio 28, 2026

Evacuar la casa

Hay ciertos desastres naturales en los que la casa, tradicionalmente un refugio, se convierte en un peligro. No es el caso de, por ejemplo, nevadas o inundaciones, donde el hogar, más si cabe en el caso de ser un piso, ofrece protección. La casa se convierte en lugar de encierro, rememorando lo que pasó durante el Covid, y sus paredes, que nos separan de lo que pasa fuera, actúan como barrera defensiva, aunque también como prisión de la que no hay escapatoria. Demasiados días forzado a estar en casa suponen una prueba que muchos llevan con parsimonia y no pocos con desesperación. Todos sufrimos ese experimento social hace unos años, y seguro que son pocos los que quieren recordarlo.

El incendio es distinto. Como amenaza móvil, sujeta a los caprichos de la meteorología y la disponibilidad de combustible, supone un enemigo ante el que el hogar no es capaz de garantizarnos seguridad. Hay que huir en la dirección contraria cuando se acercan las llamas, con el viento de espalda, en busca de un lugar seguro, y en muchas ocasiones, hacerlo de manera precipitada. Vemos como cambios en la dirección del viento convierten en localidades que ven con temor el avance de las llamas en la lejanía en más que probables objetivos del incendio una vez que las rachas alteran su dirección. En este caso la huida puede ser a la carrera, descontrolada, en medio del pánico, y eso es una receta casi segura para que se produzcan desastres, como el que vimos hace no demasiadas semanas en Almería. Las evacuaciones que están provocando los malditos incendios de este julio, masivas, no han concluido en situaciones de ese tipo porque ha habido suerte y porque el personal encargado de gestionarlas es abundante y se trabaja en zonas bien comunicadas. Aun así, se han producido atascos considerables, inevitables, en muchas de las localidades que han sido forzadas a la evacuación. Los hay que pueden huir en sus coches, pero otros muchos no, bien porque no los tienen o porque ya no están en condiciones de conducirlos o por lo que sea. Hay personas que se resisten a huir, por el mero miedo de lo desconocido, porque no quieren renunciar a la seguridad de lo que hasta ahora ha sido su hogar y no ven cómo van a sobrevivir fuera de él. Esto es especialmente frecuente a medida que aumenta la edad de las personas, y complica mucho las evacuaciones. Cuando se decreta el abandono de una localidad no se hace como capricho, sino porque se cree que no hay otra alternativa más segura para los que allí viven ante un avance descontrolado de las llamas. Hay una causa objetiva, probablemente visible a poca distancia de las viviendas, que obliga a escaparse antes de que sea demasiado tarde. Los efectivos tienen como prioridad el salvar las viviendas de los pueblos para permitir que, aunque el entorno se destroce, los habitantes puedan volver a sus hogares y no sufran pérdidas materiales además de las emocionales, pero hay momentos en los que no está nada claro si ese objetivo se va a poder lograr o no, por lo que escaparse es lo más práctico para salvar la vida. En ese caso no hay que coger mucha cosa. Documentación, el móvil y el cargador, y medicinas en el caso de que sean necesarias por un consumo prescrito y recurrente. Apenas nada más. Se recomienda llevar algo de dinero en efectivo, pero eso hoy en día puede ser escaso en algunos hogares. En general, en los lugares habilitados para refugio a los que se lleva a la población se dispone de utillaje para poder comer y dormir. Rebuscar por la casa cosas que se antojan como valiosas o necesarias puede consumir un tiempo que, quizás, no tengamos. Hay que salir a la carrera, con lo puesto, tratando de salvarse a uno mismo y a los que nos rodean. Se ha visto como los equipos de emergencias llevaban a ancianos, personas con movilidad reducida y, en general, aquellos que no disponen de medios para desplazarse en su vida normal. No rebusque, no pierda ni un instante. Corra, y si no puede correr, avise para que quien sí es capaz pueda llevarle.

La incertidumbre de estar días como refugiado en tierra vecina sin saber qué habrá sido de las casas y pertenencias debe ser horrible. Los que están con los desplazados les cuidan de la mejor manera posible, pero no pueden aliviar su temor ante lo vivido y, sobre todo, ante lo que se pueda haber perdido en el caso de que el fuego haya entrado en las poblaciones. Esa angustia lo impregna todo, de igual manera que lo hace el olor a chamuscado, y no se va hasta que se puede retornar y se comprueba lo que ha quedado, el resultado de la macabra partida que los equipos de extinción han tenido que jugar contra el devastador fuego. Ojalá esto se acabe de una vez y los desplazados puedan volver, todos, a sus casas.

lunes, julio 27, 2026

Desastre absoluto

Ya el viernes por la tarde, mientras estaba trabajando en la oficina, en julio, se podía apreciar desde las ventanas que dan al oeste de mi edificio las enormes nubes de humo que cubrían la sierra de Madrid. Parecían formaciones tormentosas, el origen de los cumulonimbos que logran descargar en esa zona en los días de verano propicios para ello, pero no tenían un origen meteorológico, sino siniestro. Eran el reflejo del voraz incendio que estaba teniendo lugar en Ávila, en Toledo y en el suroeste de Madrid, todo zonas contiguas. El viento sostenido de suroeste originaba esa formación, que no llegaba a la ciudad, pero mostraba su amenaza.

A lo largo de estos días millones de personas residentes en el centro del país han, hemos, podido contemplar con nuestros ojos los devastadores efectos de unos incendios gigantescos, descontrolados, inabarcables, que se han cebado con vegetación, arbolado, enseres, infraestructuras y todo lo que han cogido a su paso. Las cifras de evacuados que se están teniendo que gestionar son propias de una catástrofe de película, o de una situación de guerra. En docenas de localidades, decenas de miles de personas, han tenido que abandonar sus hogares y llevan pasando ya tres o cuatro noches en polideportivos, locales municipales y cualquier otro tipo de instalación comunitaria, en medio del desvelo absoluto por no saber cómo estarán sus bienes. El único consuelo que queda es que, a estas alturas de la historia, no hay que lamentar desgracias personales, no hay fallecidos, ni heridos graves, pero todo lo demás es desolador. El número de personas que se emplean día y noche en luchar contra las llamas se cuenta por miles, entre bomberos profesionales, de reemplazo, voluntarios, militares, etc, en una movilización que también es digan, por su dimensión, de un tiempo de combate. Pese a todos los medios recabados, ha sido necesaria la variación de las condiciones meteorológicas, con el alivio del calor de este fin de semana, lo que ha permitido poner coto al avance de las llamas, pero el viento, el maldito viento, que sólo ayer empezó a ofrecer algo de tregua, ha traído por la calle de la amargura a todos los involucrados en la lucha contra el fuego. Las rachas sostenidas intensas, en los primeros días, llevaron las columnas de fuego a una velocidad insoportable, y a partir de este fin de semana, las más leves pero mucho más erráticas lo han expandido de manera caótica por zonas que los primeros días permanecieron a salvo. Se ha conseguido salvar el entorno de El Escorial, porque los medios y Dios lo quiso en forma de cambio de viento, pero ese mismo soplo de fortuna para esa zona supuso la condena del valle del Tiétar, en Ávila, una vez que el incendio de Castilla y León logró ascender toda la sierra en su vertiente norte y se lanzó sin freno a sotavento, recalentado. Muchas de las poblaciones que el sábado y ayer eran el centro de las llamas y la evacuación contemplaban con congoja, pero seguridad, la evolución del fuego el pasado viernes, cuando el suroeste sostenido les mantenía aparentemente lejos de la amenaza. El maldito viento ha sido su desgracia, ha jugado en su contra, y ha ganado a los esfuerzos de todos los que luchaban contra las llamas. No he estado nunca en esa zona de la sierra, que era conocida por sus parajes naturales, sus pueblos y por numerosos atractivos, la mayor parte relacionados con la gastronomía y el disfrute de los recursos. Cuando las llamas se extingan, muchos de los negocios de esas localidades se verán abocados al cierre, al existir, lo que quede de ellos, en medio de una extensión calcinada en lo que lo único que van a dar ganas de hacer cuando se pueda contemplar será llorar con rabia, con la angustia de saberse a salvo quien lo hace, pero encontrarse perdido en medio de lo que, hasta hace pocos días, era su paisaje, su vida, su pueblo, y ahora no es otra cosa que un erial de ceniza y desolación.

La meteorología vuelve a ponerse cuesta arriba a partir de esta tarde y mañana, con la llegada de varias jornadas de calor muy intenso, en el entorno de los 38 40 grados, por lo que, cuando los fuegos sean controlados del todo, la necesidad de refrescar el terreno deberá seguir siendo prioritaria para evitar reactivaciones, que el mero movimiento de una brisa entre semejante calorina bastará para convertirse en amenaza. Es de esperar que, con el avance de la semana, los desalojados vayan volviendo a sus hogares, pero aún queda bastante para hacernos una idea certera de las dimensiones del desastre que ha tenido lugar en esas comarcas, y de lo irreparable que va a ser en muchos de los casos. Qué maldito horror.

viernes, julio 24, 2026

ChatGPT se escapa

Una de las noticias más interesantes de la semana, que da mucho que pensar, es el incidente sucedido con un modelo de IA de la empresa OpenAI, creadora de los ChatGPT X. Al parecer, según han contado y ratificado otras fuentes, un modelo de IA que estaban entrenando en un entorno seguro y, presuntamente, aislado del exterior, logro encontrar un agujero en las medidas de seguridad que cercenaban su hábitat y escapó, de tal manera que violó el confinamiento. No sólo eso, sino que procedió directamente a lanzar un ciberataque a una empresa tecnológica emergente, de nombre Huggin Face. Esta empresa ha confirmado que sufrió el ataque.

La IA tiene, en este momento, dos grandes riesgos, de naturaleza muy distinta, y que en ningún caso, en mi opinión, se están afrontando como es debido. Uno es el financiero. La industria de la IA requiere enormes inversiones en centros de datos que sirvan para entrenar y abastecer de información a los modelos, llenos de carísimo equipamiento informático de última generación, y con ellos enormes costes energéticos de uso y refrigeración. Para lograr todo esto las empresas metidas en la carrera de la IA han anunciado inversiones inmensas, de cientos de miles de millones de dólares, se ha lanzado a la emisión de deuda privada a lo loco y se han convertido en devoradoras de capital con una voracidad pocas veces vista. Hasta ahora el mercado se lo ha consentido todo en aras de la expectativa de negocio que se puede estar creando, pero empiezan a surgir serias dudas de que toda esa montaña de costes pueda no sólo llevarse a cabo, sino ser rentable en un plazo razonable. Si crece la sensación de que estos costos no van a ser asumibles y este castillo financiero se derrumba, la IA puede llevarse por delante compromisos, emisiones, derechos y todo lo que ustedes imaginen que sucede cuando se produce una estampida financiera. La dimensión de las cifras apostadas en el sector es capaz de provocar un crack global si no cumple lo que promete. El otro problema, más de concepto si quieren, es el derivado de una tecnología que puede no ser tan controlable como se nos ha vendido. Desde el principio, mucho antes del surgimiento de los modelos LLM, ha habido una corriente precautiva con la IA ante el temor de que, si se alcanza, se escape de nuestro control y sea capaz de causar daños masivos. El que muchas películas hayan basado sus argumentos en este temor lo ha ridiculizado parcialmente para muchos expertos serios mantienen dudas profundas sobre qué va a suceder cuando las aplicaciones de IA sean capaces de operar solas y el control de quienes las diseñan no pueda mantenerlas en cautividad. La carrera que se vive entre empresas y naciones (EEUU y China) en este sector no hace sino aumentar los miedos a que alguno de los modelos llegue a un punto de escape. No hace falta que se alcance la AGI, la Inteligencia Artificial General que tanto ansían las empresas norteamericanas y que no dicen perseguir las chinas. Basta con que un modelo empiece a superar las capacidades de comprensión y seguridad de quienes lo han desarrollado para que se vuelva peligroso, como una criatura que ya no responde a quien le ha amaestrado, en este caso más bien creado. ¿Algo de esto es lo que le ha pasado esta semana a OpenAI? Puede ser, aunque recuerden que en este sector las noticias que asustan también son una excelente fuente de marketing. En todo caso, parece que estamos ante un incidente serio, que ha comprometido las medidas de seguridad de la empresa y que, probablemente, revele hasta qué punto esas medidas son, cada vez, más escasas ante el avance que se registra en la carrera tecnológica. Es probable que OpenAI haya sido sobrepasada por una de sus creaciones. Es muy necesaria una auditoría seria de lo que ha sucedido y tomar las medidas que sean necesarias para impedir que se repita.

En ambos planos, financiero y tecnológico, la IA corre a sus anchas sin apenas regulación, más allá de los intentos de una UE sobrepasada por completo. Las similitudes entre la carrera nuclear y la de la IA son numerosas, aunque hay un factor que, por ahora, las distingue claramente. En el caso nuclear primero vino la bomba, vimos el hongo y, tras ello, se vio la necesidad global de la regulación por seguridad. En la IA el desarrollo tecnológico sigue imparable sin apenas controles, pero con el temor de que, en algún momento, se produzca un accidente que revele la peligrosidad potencial de esa tecnología ¿Habrá que esperar a que eso suceda para regular como es debido? Ojalá no sea así, pero ya ven, los problemas crecen y las medidas para atajarlos no.

jueves, julio 23, 2026

Petróleo por encima de 90$

Llevamos ya algo más de una semana de ataques cruzados entre EEUU e Irán. Teóricamente las conversaciones entre ambas naciones siguen en vigor tras la firma del memorándum de entendimiento que se celebró tras la reunión francesa del G7, pero lo cierto es que desde hace días no hay noche en la que no se produzcan ataques norteamericanos y represalias iraníes. Se han dado también, y es el argumento norteamericano para reiniciar los bombardeos, ataques por parte de la guardia revolucionaria iraní contra navíos que pretendían cruzar las aguas de Ormuz, y es evidente que el tráfico de buques en esa zona del mundo sigue sin volver a la normalidad de febrero, antes del inicio de la guerra.

Todo esto ha llevado a que el pecio del petróleo se vuelva a disparar. Tras la firma del acuerdo, el barril de crudo se relajó, perdió la cota de los ochenta y el Brent europeo hizo un mínimo de 71$ a principios de julio, sin romper esa barrera. Recordemos que antes de la guerra, pongamos enero de este año, ese barril cotizaba en el entorno de los 60$. Pues bien, como era de esperar, la reanudación de las hostilidades ha provocado ascensos en el petróleo, y los 70$ se abandonaron rápidamente, y no ha pasado demasiado tiempo para que los 80$ dejen de ser el techo. Ahora mismo el barril cotiza claramente por encima de los 90$. En esta semana se ha ido encareciendo día a día, y a esta hora de la mañana lo hace en 96,027$ un previo muy muy alto. El máximo alcanzado durante la guerra fue de 114,44$ a principios de mayo. A las puertas de la gran operación salida del verano nacional, con el consumo de gasolinas y demás productos en máximos, en una época de viajes largos y multitud de escapadas locales, la presión del barril va a impulsar los precios de los combustibles al alza, lo que va a poner aún más por los cielos las que se esperaban ya como las vacaciones más caras de historia. El gobierno anunció hace unas semanas el apaciguamiento progresivo de la subvención que otorga a los combustibles, en consonancia con el relajamiento de los precios del barril tras el acuerdo, de tal manera que, si no recuerdo mal, serían 15 céntimos el descuento que se aplicaría en julio, 10 en agosto y 5 en septiembre, para en octubre eliminarse por completo. Eso era en el escenario en el que ya habíamos dejado atrás lo peor de la subida, pero si ahora empezamos una nueva escalada de precios es probable que ese calendario de medidas deba ser revisado en el caso de que estemos ante un ascenso sostenido. Conociendo la volatilidad de Trump puede que organice la marimorena en agosto o que, por las buenas, decida dar otra vez carpetazo a este fracaso de guerra. En todo caso, como eso es algo parecido a la meteorología, caprichosa e impredecible en plazos superiores a los pocos días, no podemos contar con ello, y habrá que ir siguiendo la actualidad día a día. Lo único seguro es que cada jornada en la que el precio del crudo sigue alto, y más de 90$ es muy alto, la presión inflacionista que se creía controlada, lo que parecía un shock de apenas unas semanas, puede volver en forma de fantasma permanente, haciendo que los precios de la mayoría de los productos escalen progresivamente a medida que los costes crecientes de la energía se filtren por la cadena productiva. La dimensión de este proceso depende sobremanera del tiempo en el que los precios del petróleo se mantengan altos. Nuevamente, si lo que vivimos es una escaramuza que se apacigua en días, el efecto será escaso, pero si la dinámica de ataques y represalias se mantiene en el tiempo, aunque la crudeza de la guerra no escale, puede ser suficiente para sostener precios energéticos altos durante más tiempo de lo que las cuentas de resultados de muchas empresas son capaces de soportar. Y eso se traduciría es ascensos de precios sostenidos y relevantes, tipos de interés al alza y frenazo económico. Supongo que los que se dedican a la modelización macro deben estar pasando un año de pesadilla a cuenta de esta maldita guerra y los shocks que provoca en los precios del petróleo.

Hay otro amiguito al que no debemos olvidar en esto de los precios y suministros, que es el gas natural. Aunque parezca lejano, ya hemos consumido el primer mes del verano y el recorte en el día empieza a ser relevante. Sí, aún queda mucho calor, pero es necesario empezar a rellenar los stocks de gas de cara al próximo invierno. En Europa las reservas están bajas, y los precios de la materia prima, espoleados por el disparate de Ormuz, altos. Si esto sigue así este invierno vamos a tener unas facturas de calefacción disparatadas, y en función de la intensidad del frío, veremos a ver si algunas naciones no pasan estrecheces de suministro. Queda tiempo, sí, pero hay que empezar a acumular ya.

miércoles, julio 22, 2026

Nolan y la ambición

Es indudable que Chritopher Nolan posee un sentido de la ambición fuera de lo común. Sus producciones son mastodónticas, y el éxito que ha cosechado con varias de ellas le permite mantener unos ritmos de inversión y despliegue de medios que están al alcance de muy pocos. Algunos le critican por eso, aunque no veo nada malo en ello. Lo que sí apruebo es el paralelismo que no pocos le dan con Kubrick, uno de los grandes, en su deseo de hacer, en cada género que toca, la obra total que lo deja clausurado, el referente que marcará el paso al resto, la búsqueda de la excelencia, el hito.

A Kubrick se le tachaba de perfeccionista, de histérico, de dictador en sus rodajes, etc. Una serie de comentarios que no le importaban para nada y no impidieron que el cineasta norteamericano, exiliado por propia voluntad en Reino Unido, dejara joyas de la historia del cine que son clásicos sin discusión alguna, y que hoy en día siguen creando ciertos problemas de interpretación entre los que las ven. ¿Era ambicioso? Claro, lo era, porque pensaba que lo que estaba creando era mucho más importante que los que en ello participaban. Tiene pinta de que Nolan también trabaja con esa idea en mente, aunque lo que se oye de sus rodajes no lo pone mal en el trato personal. Tener ambición a la hora de crear una obra no es necesario, no la convierte por ello en superior, es la cantidad, calidad del trabajo y la genialidad del creador lo que le otorga a lo creado una cualidad que destaca sobre el resto, pero tener ambiciones grandiosas en la vida puede ser la única manera de levantar monumentos que perduren. En la época dorada de Hollywood existían directores y productores que sabían que estaban ante retos fabulosos, pero que si los lograban pasarían a la historia y se convertirían en estrellas globales. Títulos como “Lo que el viento se llevó”, “Ciudadano Kane”, “Ben Hur”, “Cleopatra” o “Gigante” requieren una ambición desmedida por parte de quienes los desarrollaron, pero junto a ese deseo de grandeza también existía una enorme cantidad de trabajo de mucha gente y la presencia de genios, delante y detrás de las cámaras, que lograron llevar a buen puerto unos proyectos que podían haber naufragado por sus propias dimensiones. “Titanic” es un ejemplo de película moderna sobrada de ambiciones que acabó siendo un éxito rotundo en todos los sentidos, pero que fue un empeño megalómano de James Cameron, que casi supone su ruina y que era vista, en un principio, como un ejercicio absurdo por parte de un director especializado en acción y ciencia ficción, con títulos muy buenos en esos géneros, pero que no iba a ser capaz de levantar una historia realista, y con unos costes de producción disparados. Lo logró. De hace dos años es la película “El brutalista” de Brady Corbet, una cinta de enorme extensión temporal, más larga que La Odisea (llega a las tres horas y media y fuerza intermedio) que es un ejercicio de ambición de libro por parte de un director apenas conocido, que no llega a los cuarenta años, y que con un coste no muy elevado quiso llegar muy lejos en su diseño y filmación. ¿Lo logro? Creo que sí, o al menos a mi me gustó, aunque reconozco que es una película que tiene barreras de entrada y que, si no se superan, puede hacerse muy cuesta arriba. Corbet pedía mucho a su productora y pide mucho al público, y en algunos casos lo tiene y otros no. Recibió numerosos premios que le valieron reconocimiento y prestigio, y el ajustado coste de producción le ayudó a no generar pérdidas en su recorrido comercial. Corbet no juega en la liga de Nolan, desde luego no en lo presupuestario, pero probablemente sí en la visión de la obra que crea como algo enorme, desmedido, digno de realizarse por encima de todo obstáculo imaginable, y con la idea de que ese monumento perdure en el tiempo y ante los que se presenta, que sirva de referencia. Seguro que en eso están ambos muy de acuerdo.

Sí, no hay mayor fracaso que uno en el que la ambición ha sido la máxima, porque soñar con el cielo y estrellarse es lo peor. Ansiar vivir en el suelo y caerse hace menos daño, pero es necesario que haya en el mundo de la creación personas ambiciosas, que vayan más allá del resto, que intenten hacer cosas que no se han logrado o que ni siquiera se hayan planteado. Pueden tener éxito o no, y si lo que se busca es sólo el éxito es probable que la ambición creativa sea cercenada. Soñar con nuevos retos es lo que puede lograr que el arte alcance cotas no logradas. Sí también desastres antológicos, pero bueno, así es la gloria, pertenece a los que quieren llegar al cielo…. Y consiguen flotar en él.

martes, julio 21, 2026

La odisea, de Nolan

Fui a ver la peli de la odisea con reparos. Había tenido la oportunidad de contemplar un par de veces los avances y, la verdad, no me gustaban. Eran oscuros, había escenas marítimas propias del Mar del Norte más que del Mediterráneo, me daban una sensación incómoda que me llenaba de temores. Por ello, cuando empezó la proyección, a sabiendas de que me esperaban tres horas de visionado, me puse en guardia con unas expectativas bajas. A ver lo que ha hecho Nolan con la historia más vieja jamás contada, madre de todas las demás, pensaba en mi interior. Lo cierto es que, poco a poco, me acomodé a lo que veía y, finalmente, no pude sino alabarlo.

La complejidad de la historia, las tramas cruzadas, la fantasía que se relata en muchos de los pasajes, la violencia que todo lo impregna… la odisea es, junto a la iliada, el relato fundacional de la literatura occidental, y junto a algunos pasajes de la Biblia, el origen de todo. El resto lo único que ha hecho en estos miles de años transcurridos desde entonces ha sido copias, variaciones, alteraciones menores en un relato basado en la marcha de unos hombres a una guerra cruel y el desquiciado regreso de uno de ellos a casa. Tan simple como eso. Nolan opta por centrarse en el segundo de los relatos, el que da título a la película, pero con fragmentos intercalados de la primera historia, la de la guerra de Troya, presuntamente provocada por el rapto de Helena, hija de Menelao, por París, príncipe troyano. Uno supone que todo el mundo conoce la historia original pero eso no tiene por qué ser cierto, y las idas y venidas en el tiempo del relato permiten hacerse una idea al espectador que desconozca el origen de la historia de dónde surge todo. Es en Ítaca, la isla de la que es rey Ulises, Odiseo, donde se ancla toda la trama, con el acoso de los pretendientes a Penélope, la mujer de Ulises, que espera su vuelta mientras que los demás ansían un trono y lo esquilman de paso. La película elimina algunos de los pasajes del libro, por necesidad material de tiempo, pero incluye otros con un detalle espectacular, como el del cíclope Polifemo, la bruja Circe, o el paso por la isla de las sirenas, realizando una variante de los efectos del canto que resulta muy interesante. Hay mucha discusión entre los exégetas sobre cuánto hay de pérdida en la vuelta de Ulises o de demora deseada por parte de un pillastre, que es como se presenta al personaje, y la película no deja nada claro si opta por una u otra alternativa. No esconde, eso sí, que el héroe de la historia tiene un componente de crueldad intenso, no es para nada un hombre de corazón puro y blanco, sino un interesado, un tramposo, alguien que puede ser vengativo cuando no es necesario, que en ocasiones es sometido por la hibris, esa expresión griega que hace referencia a la ira desatada que enloquece. A medida que avanza el relato vemos como Ulises se salva de sus peripecias, sí, pero cada vez carga con más culpas de lo que sucede a su alrededor, del destino de los que le acompañan, a quienes rige, y pierde progresivamente en cada uno de los avatares que suceden en el camino. El proceso de carga de la culpa sobre el héroe aparece como uno de los grandes puntales de toda la historia, la llena de dramatismo y, como es habitual en todas las películas de Nolan, prácticamente hace que no haya ningún momento jocoso. Todo es muy serio, cada vez más. En la parte final de la película se nos descubre el origen del dolor que acosa al protagonista, fruto de la guerra a la que fue hace ya años, a esa Troya mítica que era la joya de la civilización de la época y que sucumbió al asalto de las tropas griegas gracias, entre otras cosas, a la astucia de Ulises. La culpa de lo que allí sucedió le atormenta de una manera absoluta, moderna, total. Hay un homenaje a “El corazón en las tinieblas” o “Apocalipsys now” en medio de las ardientes ruinas de una Troya devastada, en la que el soldado sucumbe ante las consecuencias de sus actos. Es, a mi entender, el momento culminante de toda la película, y es imposible permanecer inmune ante él.

Con una producción de enorme altura, en la que se nota el cuarto de millar de dólares invertidos en cada momento, la cinta ofrece un espectáculo absoluto, pero sometido al desarrollo de la historia. Como pasa en muchas de las cintas del autor, exige al espectador de una manera bárbara y lo deja exhausto, pero a cambio ofrece un producto de un nivel técnico perfecto y que resulta conmovedor. Nolan logra, a mi modo de ver, una excelente versión personal de la madre de todas las historias, en la que imprecisiones como las señaladas por muchos respecto al tipo de armaduras y otras cuestiones de contexto no desmerecen para nada el resultado final. El reparto borda una exigencia extrema y la película está, sin duda, entre sus mejores trabajos. No se la pierdan.

lunes, julio 20, 2026

No me gusta el fútbol

Esas cinco palabras del título de hoy ya son toda una declaración de intenciones vital, y en un país como el nuestro, motivo de exclusión, o como mínimo de observación por parte del resto de la sociedad, que me ve como si se tratase de un espécimen digno de ser guardado en una vitrina de museo. Si a eso se le suma una serie de cosas que tampoco me gustan y que la gente considera que son de obligado seguimiento, la imagen que tantos poseen de mi es, como mínimo, exótica. Cuando uno es pequeño eso le causa problemas, pero a medida que los años avanzan y todo resulta más relativo, no me preocupa lo que el resto quiera pensar. Sólo trato de que no me impongan sus aficiones. Al menos, claro, las que rechazo.

Manuel Vázquez Montalbán, que era muy del Barça, escribió un ensayo, que no he leído, con un título brillante: “Fútbol, una religión en busca de un Dios” en el que se planteaba, según relataban las crónicas, su pasión por ese deporte y, sobre todo, la pasión social que despertaba. Y sí, el título es muy bueno, porque describe bastante bien el irracional fenómeno de masas que se desata en torno a unas personas que pegan patadas a un balón y logran que millones crean que eso es relevante en sus vidas. Todos los procesos que se dan en el entorno de las religiones organizadas se reproducen de una manera casi milimétrica en torno al mundo del balón, con las congregaciones de fieles, adoradores ciegos de una enseña, unos colores, una marca, un equipo, una selección, a la que defienden a muerte respecto al resto, a la que ven como única. Un rebaño que comparte símbolos, autoridades y discursos en forma de sermones por parte de los dirigentes de su equipo y los que juegan en él, que son elevados a los altares formando un panteón de diosecillos que reciben adoración. En estos días se podía ver a aficionados montando altares en sus hogares o en los lugares de congregación de la feligresía futbolera en los que se ponían estampitas con la imagen de los jugadores, con fotos de celebraciones pasadas, con insignias, escudos y demás parafernalia, conformando altares con todas sus letras, donde sólo faltaban las barrocas columnas salomónicas para ser dignos de consagración. Ese movimiento de fe produce exaltados, creyentes acérrimos ciegos que no dudan jamás, que viven su pasión hasta el extremo y se dedican a perseguir a los que consideran impuros, tibios, o simplemente no dignos de su creencia. Pasa en todas las religiones, los exaltados se reúnen en sectas particulares y empiezan a dictar la norma que el resto ve como una exageración, pero en no pocas ocasiones se convierte en el objetivo a seguir. Envueltos en bufandas, uniformes, cánticos y no pocos signos más de pertenencia a la tribu, esos puristas van sembrando su mensaje entre los suyos y el resto y, antes o después, llegan los incidentes. El fútbol, como simulacro de guerra entre bandos, es proclive a la violencia y se considera que esta, mal vista de manera oficial, es algo natural en el entorno del balón. Todo el mundo ve obvio que existan corrientes de aficionados salvajes, de sujetos broncas, que extienden su mal vivir a los aledaños de los estadios, y cuyos actos son, no pocas veces, reídos como gracias por parte de los responsables de los clubes, que los consideran como muy necesarios de cara a conformar el espíritu de la entidad que dirigen. Esos mismos responsables que, casi siempre, eluden la ley, gestionan los equipos de manera opaca y con un ansia de protagonismo sólo comparable al nivel de presunto fraude que cometen ante todo tipo de leyes, especialmente las urbanísticas y financieras, y que cuentan con el beneplácito de las autoridades, que en nombre de los “colores” conceden privilegios a esas entidades del balón con los que no pueden ni soñar otro tipo de empresas o asociaciones, de lucro o no, que son perseguidas con saña por la administración en forma de normas e impuestos, mientras que los del balón se ven beneficiados de todo tipo de privilegios, quizás porque no hay nada que al poder le guste tanto como subirse a un palco de un estadio y sentirse por encima, en todos los sentidos, de la plebe a la que somete en sus formas de ocio y saja de manera financiera, mientras consigue el vulgo aplauda enfervorizadamente a los santones que corren por el campo.

Lo siento, soy un ateo de esa religión organizada que es el fútbol. Si el deporte me dice poca cosa, si verlo por televisión me parece una manera de aburrirse difícilmente superable, lo del fútbol es algo que me supera. Nunca me ha gustado, cada vez menos, y la intromisión que supone su desarrollo en la vida de los demás me parece un abuso que no tiene excusa posible. Obviamente me he enterado de lo que pasó ayer, aunque de todo lo que sucedió vi nada más que la entrega de premios, para comprobar qué espectáculo organizaba Trump y su secuaz Infantino. No defraudaron, actuaron a la altura de lo que ambos era esperable. Poca cosa más me interesaba de lo de ayer, nada del jolgorio de hoy, ni de lo que venga después, ni de los siguientes partidos, o ligas, o copas, o competiciones internacionales, o duelos del siglo, o….

viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

jueves, julio 16, 2026

Bajan las ventas de pisos

Los últimos datos publicados de venta de pisos muestran que el mercado se frena. Las compras bajan respecto a meses anteriores y se empieza a notar un tiempo de espera creciente en las operaciones. Ya no te quitan el piso de las manos, o al menos no existe esa urgencia desaforada que hasta hace poco convertía las compras en casi subastas al mejor postor realizadas en plazos récord. El vendedor empieza a no tener todas las cartas en su mano y el comprador, angustiado, renuncia, por lo que las transacciones no se hacen a toda velocidad. Parece que, esta vez sí, hemos tocado un techo en el mercado.

Ese techo se alcanza en las zonas en las que la demanda es fuerte, léase grandes capitales, costa y demás. En muchas otras zonas del interior peninsular las compraventas siguen bastante lánguidas, aunque se ha notado la expansión de mercados como el madrileño, que incapaz de satisfacer la demanda propia, expulsa a residentes cada vez más lejos de la ciudad en busca de precios asequibles a costa de traslados cada vez más largos y costosos. Este freno al mercado inmobiliario se da en medio de una coyuntura económica complicada, con costes energéticos que no se disparan pero, dadas las incertidumbres en Ormuz, no bajan como debieran, y una inflación que ataca al bolsillo del consumidor en su día a día, dejándole menos margen disponible para el ahorro y aún menos para aventuras financieras como es la compra de un piso. El coste de la financiación hipotecaria tampoco afloja. El euríbor, en media mensual, está en lo que llevamos de julio en el 2,77%, un pelín por debajo de su cierre de junio, que fue 2,8% pero bastante caro si lo comparamos con el 2,2% de febrero, el último mes anterior a la guerra de Irán. A partir de ahí los tipos remontan y la financiación se encarece. Esto, evidentemente, es un freno a la demanda, que, hasta ahora, por lo menos, “sólo” tenía como enemigo los precios disparados, pero al menos en las entidades financieras las condiciones para solicitar hipotecas eran relativamente laxas. Desde hace unos meses ya no es así, y sean a tipo variable, mixto o fijo, el coste de la compra se ha encarecido también por esa vía. Puede que esta haya sido la puntilla a un mercado que ya estaba demasiado tensionado y, en opinión de todos, no podía seguir con esa fuerza mucho más tiempo. Quizás la subida de tipos ha adelantado la formación de un techo que pudiera haberse alcanzado a finales de año si la dinámica de subidas de precios de los pisos se hubiera mantenido. Todo este análisis esconde una realidad bastante cruel, porque la demanda de vivienda sigue estando ahí, enorme, dada la formación de hogares y el ritmo de crecimiento de la población del país, fruto en gran parte de la llegada de inmigrantes. El que los precios se estanquen y las transacciones bajen no quiere decir que la demanda haya dejado de existir, no, simplemente señala que la capacidad de compra de esa demanda no da más de sí, y que si no puede adquirir la vivienda que necesita renuncia a ello y busca alternativas como la de compartir el piso alquilado con cada vez más gente, o volver a casa de los padres, u otro tipo de soluciones similares que no son sino parches ante un problema irresoluble, no llegar al precio requerido para poder comprar. Por su parte, los datos de oferta siguen siendo rácanos, tanto en nueva vivienda como en segunda mano. Los procesos que se hacen de conversión de edificios de oficinas a residenciales son muy escasos y, en general, asociados a viviendas de lujo, segmento inmobiliario en el que no jugamos la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las licencias de obra nueva se siguen concediendo a cuentagotas en medio de una burocracia exasperante y el mercado de segunda mano va como va. El cuello de botella de la oferta se mantiene.

¿Qué va a pasar en los próximos meses? No lo se. Si el techo se prolonga habrá muchos vendedores que puedan esperar y mantener precios altos, pero algunos empezarán a sentir presión por deshacerse del inmueble y optarán por comenzar a bajar sus peticiones, pero ese es un proceso que, si se da, deberá ser ratificado por bastante más que una serie de anuncios donde se publicita una rebaja. Si la inestabilidad económica global se mantiene es probable que el mercado entre en una fase de estancamiento, con goteos a la baja y pérdida de dinamismo. Con las vacaciones de verano casi a pleno rendimiento, será en otoño cuando podamos saber con más certeza qué rumbo toman las cosas.

miércoles, julio 15, 2026

La crisis de Volkswagen como síntoma

El viernes pasado, tras varios días de especulaciones, la empresa alemana Volkswagen hizo púbico su plan de reestructuración, que en grandes líneas confirmaba lo que se estaba comentando en los mentideros especializados del sector. En esencia, una jibarización de la compañía, una reducción. Menos empleos, con bajas que pueden llegar a los 100.000 despidos en todo el mundo, menos producción, con reducciones desde los doce millones de vehículos producidos en la actualidad hasta nueve, y menos gama, con una cancelación de casi la mitad de las tipologías que actualmente se fabrican. Volkswagen se achata para tratar de sobrevivir.

Hasta hace poco, y durante varios años, Volkswagen ha sido el mayor productor mundial de vehículos. Poseedor de marcas como la de la propia empresa, SEAT, Audi, Cupra, SKODA, Porsche y otras, su producción y ventas son globales, y ha sido referente en el mundo de la automoción por calidad y diseño, aunando la marca de “ingeniería alemana” a unos precios asequibles frente a firmas germanas de más estatus como BMW o Mercedes. Hace ya algunos años perdió el trono de la mayor productora frente a Toyota, la japonesa, que encontró en la hibridación la piedra angular que le permitió despegar en los mercados occidentales a medida que las restricciones con las emisiones contaminantes empezaban a ponerse serias. Desde entonces las marcas asiáticas han ido ganando cuota de mercado sin cesar en el mundo, perdiéndolo las norteamericanas, reducidas casi al nicho de su país (con la excepción de Tesla), y las europeas, los gigantes globales que ven cada día como su trono se derrumba. Tras la irrupción de los japoneses, con la mencionada Toyota, Nissan o Suzuki como abanderadas llegó la de los vehículos coreanos, con una primera entrada de Daewoo, que no llegó a consolidarse, y con la implantación de Kia y Hunday, marcas que esconden detrás inmensos conglomerados industriales que son líderes en temas como el naval, la elaboración de componentes para la industria extractiva, el refino y muchas cosas más. Las marcas coreanas han ido ganando en fiabilidad y diseño de una manera constante y ahora mismo sus modelos son tan apetecibles como cualquiera de los europeos. Los últimos en llegar al mercado han sido los chinos, pero no por ser los últimos son precisamente los menos importantes. Justo lo contrario. Con una enorme cantidad de marcas, muchas de las cuales sigo sin reconocer, la capacidad productiva de las empresas chinas y su salto a la electrificación sin complejos, junto a las subvencione que su omnipotente gobierno les ha concedido, todo ello les ha llevado a pasar de ser anecdóticas a posicionarse como las que más crecen en todos los mercados. El mes pasado, por primera vez, una marca china, BYD, vendió en el conjunto de la UE+UK+Noruega más vehículos que Citröen, una de las más clásicas europeas. Las marcas chinas operan tanto mediante enseñas propias (BYD, Jaecco, Omoda, etc) como a través de las adquisiciones que han hecho en Europa de industrias automovilísticas en crisis, de tal manera que los Ebro, MG, Volvo o Polestar que usted ve por la calle pueden tener un sello europeo y haber sido diseñados aquí, pero esconden tecnología, fabricación e ingresos chinos. Ahora mismo en España las marcas chinas ya se han hecho con una cuota de mercado global que ronda el 10% y tiene pinta de que van a ir a más. Para los conglomerados europeos clásicos, como los franceses Renault o el grupo Stellantis (Peugeot, Citröen, Fiat, Opel…) o los alemanes ya mencionados, en un mercado maduro como el europeo, el ascenso de marcas chinas supone en gran medida una pérdida de los fabricantes locales. Las decisiones anunciadas por Volkswagen responden a esta pérdida progresiva de mercado.

Si un gigante como el alemán toma medidas de este tipo puede uno imaginarse lo seria que es la situación en el sector, un sector que genera un arrastre de inversiones y empleo enormes, porque a las plantas de producción de coches debemos añadirle las miles y miles de empresas que fabrican componentes auxiliares para ell.as de tipo mecánico, plástico, tecnológico, informático, etc. Todo un ecosistema que se tambalea ante el empuje de las marcas chinas y la revolución tecnológica que empieza a transformar el coche a una especie de Tablet con ruedas en la que la batería y la tecnología son lo más importante, perdiendo la mecánica importancia a pasos agigantados. Es toda una revolución.

martes, julio 14, 2026

Cómo afrontar la extinción

Ver el paisaje desolado que deja un incendio es una de las experiencias más duras que se pueden experimentar, y más aún si es el entorno que ha protagonizado la vida de quienes lo contemplan. No hay peor catástrofe natural que un incendio forestal, ninguna deja secuelas más extensas y persistentes, ninguna duele como él. Pese a ello, año a año, gracias a la fatalidad, la desidia y los desalmados, miles de hectáreas arden en nuestro país, y en los demás, y el daño que producen se extiende, retroalimentando las emisiones de CO2 y dejando un rastro de destrucción y pérdidas, materiales siempre, en ocasiones de vidas, que ya no verán nada.

Me da la sensación de que, a medida que la virulencia de los incendios crece en medio de los veranos intensos y extensos que vivimos, la técnica que se enfrenta a ellos empieza a no ser suficiente. Se ven ejemplos constantes de grandes fuegos, en España, en Francia, en EEUU, en Canadá, donde los frentes de llama son amplísimos y las condiciones meteorológicas que provocan, con pirocúmulos asociados, se convierten en sí mismas en peligros para el entorno y todos los que se encuentran cerca, además de contribuir a la propagación despiadada de las llamas. O se actúa muy rápido, nada más comenzar el fuego, o muchos de ellos alcanzan rápidamente una dinámica que los vuelve incontrolables. La inversión en medios para apagarlos no deja de crecer, en forma de aviones, camiones motobombas y, en el caso particular de España, todo lo relacionado con la UME y su trascendental papel en esta labor de apagadores, pero no parece ser suficiente. Los expertos ven como las dimensiones del enemigo no dejan de crecer y, en muchos casos, la seguridad de los que trabajan en la extinción exige la propia retirada de su presencia ante el avance de unas llamas que pueden llegar a acorralarlos. En el incendio de Almería la superficie calcinada es elevada, 6.000 hectáreas, pero poco de ese terreno era arbolado, la mayor parte consistía en matojos, brezo, monte bajo, que espoleado por el viento desatado se convertía en yesca que hacía avanzar las llamas a una velocidad de vértigo. Sumado a eso una orografía endiablada y la dispersión de las viviendas, la receta para el desastre estaba servida, pero no ha sido un incendio como los devastadores de Zamora, León o Galicia del año pasado, de enormes masas forestales desatadas. En Almería el gran enemigo de la extinción ha sido el viento, con la orografía. El año pasado eran las dimensiones del propio fuego las que impedían atacarlo con opciones. Era demasiado grande, demasiado virulento. Con temperaturas asfixiantes y sin tregua no había mucho que hacer. Gran parte de la carga de agua que los aviones soltaban desde sus panzas se evaporaba antes de alcanzar las llamas, como si fueran virgas, y la desesperación era evidente entre todos los que trataban de combatir el incendio. ¿Cómo atacar a un fenómeno así? Si la meteorología no ayuda, ¿es posible vencerlo? Empiezo a sospechar que, a día de hoy, la respuesta es negativa, y eso nos pone ante un dilema difícil de asumir, que es el riesgo real de que alguno de estos incendios acabe por crear un enorme problema social y vital, en forma no ya de aldeas quemadas, sino de localidades de entidad atacadas y asediadas por unas llamas que no puedan frenarse. En enero del año pasado pudimos ver barrios enteros de la ciudad de Los Ángeles devorados por las llamas, que alentadas por los vientos de Santa Ana, corrían sin freno. Urbanizaciones de todo tipo, desde las residenciales de clase media hasta algunas de millonarios, sucumbían a un incendio que era imparable, y que no hubo manera de controlar hasta que los vientos aflojaron. Para entonces, cientos, miles de viviendas quedaron arrasadas, y barrios enteros del extrarradio de la ciudad se convirtieron en cenizas y ruina. El espectáculo era aterrador, y distópico, y generaba tanto miedo como impotencia. ¿Cómo frenar estos fenómenos?

Tras una desgracia de este tipo se reiteran los llamamientos políticos a pactos, que se olvidan pasados los días, pactos que se centran en contenidos políticos, pero que eluden la cuestión técnica de cómo afrontar algo para lo que empezamos a no estar preparados. Los veranos abrasantes y extensos pueden ser una “nueva normalidad” frente a la que el entorno forestal, abandonado, no sea capaz de sobrevivir de manera natural. Olvídense de eso de las políticas preventivas, estamos en España, tierra de procastinación perpetua. Urge pensar algo, inventar métodos, técnicas, soluciones, compuestos, ingeniería aplicada, lo que sea, para poder atacar a esos fuegos de manera más efectiva. Y lo de urgir va en serio.

lunes, julio 13, 2026

La destrucción de RTVE

Siempre, cuando uno ve RTVE, sabe que es la tele o radio del gobierno, y eso obliga a poner una especie de filtro, para destilar la información real de la que está teñida de propaganda. Con el paso de los años uno le va cogiendo el truco, porque la manipulación, que siempre existe, es menos intensa que en las televisiones regionales, vulgares cortijos que sólo están para loar al líder autonómico. No se quién puede ver un informativo en, pongamos, Telemadrid o ETB y acabar sano de la cabeza, sin tener ganas instantáneas de que se convoquen elecciones para votar a manos llenas a la presidenta Ayuso o al Lehendakari Pradales, que tan buenos son.

Sánchez, que en esto también ha querido ser único, consideró que no le bastaba una tele nacional progubernamental, no, sino que necesitaba un altavoz de propagan cutre al nivel de las autonómicas y, ni corto ni perezoso, a convertido a RTVE en una de las peores cadenas de televisión imaginables, en la que la propaganda sale hasta por las orejas, en la que los bulos diseminados por Moncloa son los que forman la escaleta de los informativos y presuntas tertulias, convertidas en versión política del Sálvame basura que también intentó resucitar, llenan la parrilla mañana tarde y noche, en un ejercicio continuo por parte de lo que se llama la “sincronizada”, el conjunto de personas a sueldo del gobierno que se hacen pasar por periodistas para ser constante altavoz de las directrices de Sánchez y los suyos. El día después de la desgraciada DANA de Valencia, a nadie con mando en este país le interesaban los muertos y el desastre, a Sánchez tampoco. En medio de la conmoción, se las arregló para sacar en el Congreso una reforma del sistema de nombramiento de la presidencia de la corporación RTVE, de tal manera que tenía manos libres para hacer lo que quisiera. A partir de ahí se nombró un nuevo Consejo de Administración con mayoría absoluta de vocales afines al gobierno y sus apoyos, presidido por José Pablo López, personaje curioso que ha mostrado ser el mejor mercenario de quien esté dispuesto a pagarle las exorbitantes cantidades que reclama. A partir de ahí la degeneración de la casa ha sido total, los programas con argumentarios monclovitas se han hecho con las partes gruesas de la parrilla y han controlado los informativos, que han pasado en buena parte a ser publirreportajes de lo que dicta cada mañana Moncloa que debe ser la actualidad. Los profesionales de la casa han ido viendo como la usurpación del ente ha llegado hasta unos límites que ningún gobierno llegó a traspasar, y se han empezado a producir movilizaciones, más en el área de RNE, que lleva semanas de “viernes negros” famosos en la época del gobierno del PP, ninguneados por completo en la actualidad por parte de la dirigencia del ente. El consejo de informativos de TVE; organismo interno que lleva años de trabajo y prestigio denunciando las injerencias de los gobiernos en la redacción de noticias de la casa, ha ido elevando sus acusaciones ante lo que considera la época más negra de la historia de la cadena, con constantes presiones y una usurpación absoluta de la marca informativa de TVE por productoras externas que, con contactos en el gobierno, desarrollan esas tertulias basura constantes que “venden” información pero que no son sino burdos ejercicios de propaganda llenos de zafiedades. La respuesta de la gerencia de RTVE ha sido la de ir a por el consejo de informativos, expedientando a varios de sus componentes y dejando claro que todo aquel que se oponga a las líneas que se dictan desde Moncloa será represaliado. Debe haber un ambiente muy tóxico en los pasillos del ente, con bandos enfrentados, en una casa que, normalmente, ha tendido a ser pro PSOE, pero que nunca se ha visto maltratada de la manera en que lo está siendo en estos tiempos. Ni los propios soñaron jamás con un nivel de falsedad tan elevado como el que se dicta a cada hora desde una marca que ya ha perdido todo su prestigio para quienes consideran el periodismo una profesión, no una mera excusa para el desarrollo del activismo militante.

El triste episodio sucedido este fin de semana en uno de esas basuras de pseudotertulias, presentado por alguien que no llegaría ni a primero de periodismo, pero que no lo necesita para ser altavoz de quien le paga la nómina, no es sino una muestra más de la degeneración de una empresa, que hace tiempo que dejó de tener el servicio público en mente. RTVE es ahora mismo una basura equivalente a cualquiera de las patéticas televisiones autonómicas, con la diferencia de su influencia y disparatado coste, pagado por cada uno de nosotros mediante los impuestos. Eso también es corrupción. La decadencia del periodismo, su crisis absoluta, tiene en España, y en RTVE, uno de los mayores exponentes.

viernes, julio 10, 2026

Tragedia en el incendio de Los Gallardos

Esta noche se ha producido una tragedia en la comarca almeriense de Los Gallardos, por culpa del incendio forestal que se desató ayer por la tarde. Parece que, causado por la caída de un tendido eléctrico, y avivadas por el intenso viento, las llamas han corrido de manera caótica por un paraje en el que hay muchas casas de campo habitadas. Los fallecidos serían residentes que cogieron sus coches para huir del incendio y fueron atrapados en caminos rurales por zonas de incendio que cambiaban de curso a medida que el viento los zarandeaba. A esta hora de la mañana las llamas siguen descontroladas y son once los fallecidos confirmados.

Los medios de extinción trabajaban desde ayer en la zona del fuego y esta noche eran más de mil las personas desalojadas que, de manera controlada, habían abandonado sus hogares para buscar refugio, pero evidentemente la situación fue más grave de lo que los equipos presentes podían afrontar y la diseminación de la población en casas de campo sueltas ha contribuido a que el desastre se produzca. En este caso ha sido el maldito viento el que ha traicionado a los profesionales y a los residentes. Por lo que se cuenta, la virulencia del fuego no es extraordinaria, pero esas rachas intensas y cambiantes no dejan de extenderlo de una manera caótica, imposible de prever, que cambia de dirección a cada golpe de un viento caprichoso que no da tregua, y todo en un paraje agreste, lleno de recovecos donde el viento se comporta de una manera mucho más brusca y cambiante si cabe. Va a costar mucho llegar a las zonas en las que se ha dado la tragedia y ver lo que ha pasado, pero a escala, esto es lo que ha sucedido más de una vez en Portugal, donde desgraciadamente no son raros los casos de ciudadanos que huyen con sus vehículos de asentamientos rurales dispersos y fallecen al ser atrapados en caminos que eran seguros antes de convertirse en trampas infranqueables. Recuerdo un verano de no hace muchos años en el que la escena de vehículos carbonizados en medio de una carretera rural rodeados de lo que, creo, eran pinares ennegrecidos, resultaba sobrecogedora, y más sabiendo el elevado número de personas que viajaban en ese convoy de coches que fue atrapado y no tuvieron posibilidad alguna de escapar con vida de allí. En España los protocolos de desalojo de municipios se han mejorado mucho, y se llevan a cabo cuando los riesgos ya se consideran suficientes para la población, sin esperar a que la situación se vuelva extrema. En no pocas ocasiones estos desalojos cuentan con la oposición de los vecinos, cosa que puede parecer extraña a primera vista, pero no lo es tanto. En muchos casos estamos hablando de poblaciones rurales en las que los residentes conviven con su paisaje de una manera que se puede hacer difícil de entender para más de uno, que acrecen de muchos medios más allá de las propiedades residenciales y agrarias en las que viven, y que huir de allí es desubicarles por completo de su entorno, de donde y de lo que son. Al instinto del miedo ante el fuego puede, por no poco tiempo, vencer el de conservación de lo propio, y el intento de luchar contra las llamas, y ahí se puede perder un tiempo precioso. El incendio puede comportarse con una virulencia o impredecibilidad que deja sin respuesta hasta al más profesional, también al que mejor conoce el terreno, y el tiempo que se pierde desde que se pudo huir cuando la llama se intuía al que transcurre hasta que se admite la derrota ante el fuego puede ser vital. Es fácil decirlo sentado en una mesa de oficina, ya lo se, pero si las llamas se acercan a su finca lo mejor que pueden hacer, haya profesionales cerca o no, es huir, escaparse, tratar de salvar la vida. Es una mierda perderlo todo, pero es irremediable perder la vida.

Durante todo el día los servicios de extinción van a estar trabajando en la zona afectada por el fuego, y contra el resto de incendios que se desarrollan en España en estos momentos, a sabiendas de que en la zona mediterránea el calor no va a dar tregua y el viento se irá intensificando a medida que avance el día. Los 40 grados que se registran en gran parte del país no ayudan nada, se lo imaginan, para controlar incendio alguno, y aunque hoy se ha acabado la segunda ola de calor del verano, la fechada de levante y Baleares puede vivir la semana que viene un episodio de temperaturas muy altas que disparará todos los riesgos imaginables. Mucha prudencia, mucho cuidado, y no se lo piensen. Huyan antes de que sea demasiado tarde si el maldito incendio se les acerca.

jueves, julio 09, 2026

Ahora bombardeo, ahora no, ahora sí….

La conclusión casi unánime de todos los expertos es que el resultado de la guerra de elección de EEUU contra Irán ha resultado ser un fracaso para los intereses norteamericanos y, en general, para la imagen de su ejército. Un ejercicio de respuesta asimétrico por parte de Irán, el estrangulamiento de Ormuz y con ello del suministro de crudo y el desprecio absoluto del régimen iraní a las posibles bajas propias logró que los ataques aéreos de EEUU no doblegaran a la dictadura islamista como algunos ingenuos esperaban, sino que se consolidara el poder duro al frente de la nación. Y todo ello con los países del golfo siendo dañados por ataques iraníes y no protegidos por EEUU, en un papel de aliado completamente incomprensible.

Trump acabó casi suplicando la paz con Irán a medida que las reservas de crudo nacionales se agostaban, el barril no bajaba de los 100$ y el galón de gasolina llegaba a los 4 dólares, lo que para el consumidor norteamericano es carísimo (y eso que un galón son 3,78 litros). Pues nada, tras una serie de incidentes menores que han ido escalando poco a poco, ayer Trump, en la cumbre de la OTAN, se ciscó en los iraníes, a los que llamó escoria en varios momentos, y dijo que el memorándum de paz firmado en Versalles era papel mojado, que se iban a enterar y que bombardearía duro para que bla bla bla bla. Sus palabras tuvieron efecto inmediato en la cotización del petróleo, que subió un 7%, y en las caídas de las bolsas europeas, que arrastraron en un principio a los índices de EEUU, pero que luego estos lograron mitigar en un cierre en rojo pero con poca pérdida. A la noche, hora española, Trump reiteraba que iba a golpear Irán, pero ya descartaba que se reabriese la guerra en el sentido estricto, diciendo que esto que iba a hacer era una advertencia para que tomasen nota y no volvieran a causar más incidentes. Si uno juntaba las declaraciones de la mañana con las de la tarde le salía un personaje paródico, que se autocontradecía, que decía una cosa y la otra a la vez, con el que uno no sabe con que quedarse y que, de no ser alguien con el poder de Trump, lo consideraría como un vulgar payaso al que no se le debe hacer caso alguno en la sarta de tonterías que suelta sin cesar. Pero claro, Trump ocupa una posición en la que, si le entra un arrebato, hay un portaviones repleto de misiles y cazas de guerra que responden al poco, por lo que debe sus palabras deben ser tenidas en cuenta. En general, la devaluación de la palabra de Trump es ya muy elevada, han sido tantas veces las que ha dicho una cosa, su contraria y algunas versiones intermedias en tan corto plazo de tiempo que hace imposible mantener una cierta credibilidad respecto a sus intenciones reales. De hecho, se considera que carece de intenciones, de estrategia a largo plazo, por así decirlo. Su narcisismo descontrolado le impulsa a vivir el día a día y, como si fuera un niño, disfrutar en la nueva jornada de un nuevo juguete para su regocijo. Si consigue el juguete se ríe y aplaca. Es, a escala, el comportamiento que las crónicas clásicas otorgan a Calígula o Nerón, sujetos pueriles, volátiles, obsesos con sí mismos, que desean caprichos instantáneos y que, como ocupan la más alta posición del poder en su tiempo, obtienen dado que el resto de los mortales se desviven para proporcionárselos. En el caso de la corte de Washington el número de pelotas pusilánimes que rodean a Trump para agasajarlo es enorme. Pierden toda la dignidad y vergüenza posible arrodillados por completo ante su líder, con la esperanza de que algo de su fortuna les llegue y solucione para siempre su vida, pero para los analistas, estrategas militares, diseñadores de políticas, encargados de logística, financieros de presupuestos y todo tipo de profesiones que viven de prever, de estimar escenarios y de una cierta previsibilidad en los acontecimientos, los bandazos de Trump son una pesadilla. ¿Cuál va a ser el precio del petróleo hoy? ¿Mañana? ¿Dentro de seis meses? Es casi más sencillo acertar con la lotería que tratar de responder a esas preguntas.

Por de pronto, hoy mismo, veremos a ver si los ataques norteamericanos son respondidos por represalias iraníes y si esta escalada va a más o se convierte en tormenta en un vaso de agua y se va diluyendo con el paso de las horas. Lo cierto es que la seguridad en la zona es totalmente aleatoria, y el flujo de buques y crudo en Ormuz es algo tan volátil como la propia gasolina cuando se expone al aire. Trump no nos va a dejar un día tranquilo hasta que se acabe su mandato, ese es el único hecho seguro. Bueno, también que cada día que lo ejerce destruye la imagen de su nación y la credibilidad global de los Estados Unidos, regidos desde hace más de un año por un iluminado y una corte de aduladores.

miércoles, julio 08, 2026

El fin de la OTAN

En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.

Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.

Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.

martes, julio 07, 2026

Demostración de fuerza de Irán

El régimen iraní ha decretado un duelo nacional durante seis días para celebrar las exequias del líder supremo Ali Jamenei, muerto al inicio de la guerra entre Irán y EEUU de marzo abril. No me pregunten en qué estado puede estar el cadáver del personaje, si en vida ya presentaba un aspecto propio de la muy avanzada edad con la que contaba. Lo cierto es que para honrar su muerte se ha previsto una serie de actos multitudinarios en Teherán y en la localidad de la que era natural, donde se espera que todo el mundo salga a la calle a honrarlo, y eso, más que una previsión, es una orden que muchos tendrán que cumplir.

Las imágenes que dejaba ayer Teherán eran impactantes, con mareas humanas llenando las avenidas de la ciudad en una concentración que varios medios elevan claramente por encima del millón de personas, y que es una cifra creíble viendo las escenas que se mostraban en la televisión. Más allá de que los iraníes hayan sido forzados a salir a manifestarse o no, la masa congregada es impactante, y no deja de ser un ejercicio de fuerza del régimen, que lejos de derrumbarse, se afianza en el poder, apoyado ahora en un sentimiento colectivo de martirologio y de exaltación nacionalista. Los daños que haya podido sufrir Irán durante esta guerra, probablemente intentos en infraestructuras y recursos militares, no han servido para derribar la dictadura teocrática que rige con mano firme los designios de esa nación desde muy finales de los setenta. Esas declaraciones grandilocuentes de Trump al inicio de los bombardeos alentando a la población oprimida del país a que se revele frente a la dictadura han quedado, como suele ser habitual en el personaje, en meras fanfarronadas sin sustento. El conflicto militar ha entrado en una situación de tregua inestable, pero sostenida, ya que el control por parte de Irán del estrecho de Ormuz se ha demostrado como una variable que le otorga a Teherán un poder sobre el precio del crudo que Washington no llegó a imaginar (bueno, siendo sincero, los ineptos que ahora gobiernan en Washington). Al régimen de los ayatolas le ha dado siempre igual la situación de los iraníes, menos aún la de las iraníes, que para ellos son poco más que vasijas reproductivas, por lo que las muertes causadas por los ataques norteamericanos no tienen efecto alguno. Si acaso sirven para cohesionar a la nación, ante el ataque cierto de un enemigo externo que se ha hecho realidad. La guerra ha hecho rebrotar el nacionalismo persa, algo que es compartido tanto por los jerarcas del régimen como por no pocos de sus opositores, que tienen a la nación iraní en el corazón, y los ataques perpetrados por EEUU e Israel han puesto de acuerdo a ambos bandos en la necesidad de defender al país de una injerencia que gran parte de la población no entendía, y menos aún a medida que el conflicto se desarrollaba. Desde las redes sociales el hijo del Sha Palevi, aspirante a volver a Irán tras un cambio de régimen que restaure su trono (esa es la idea de una de las facciones opositoras a los ayatolas) se mostró ilusionado con el inicio de los ataques norteamericanos, pero a medida que avanzaban las semanas y que la permanencia de la dictadura iraní iba siendo una variable fijada fuera cual fuese el resultado de los combates ha ido espaciando sus apariciones. Exiliado en EEUU, creyó a Trump cuando proclamó que la libertad llegaría a Teherán, y se ha visto tan frustrado como todos los demás con el resultado de la guerra. El mensaje de la concentración masiva de estos días en el país también se dirige a la oposición interna. Es una manera de advertir, de gritar “ni se os ocurra hacer algo” porque hay huestes de fieles al régimen, que no ha caído, que ahí siguen actuando de manera represora en su nombre, y tras lo sucedido es probable que la severidad de las condenas ante cualquier acto considerado opositor, lejos de aliviarse, se endurezcan sin cesar. La pena de muerte se dispensa en Irán con una facilidad pasmosa.

De quien sigue sin saberse nada es del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, del que se han escuchado algunos audios, a saber si son ciertos o no, pero ninguna imagen en vídeo desde que fuera nombrado sustituto de su padre. Quién sabe, quizás ni siquiera esté vivo, pero eso al régimen puede que ya no le importe mucho. Una de las derivadas de la guerra es el ascenso en la pirámide del poder de la guardia revolucionaria, la facción militar, que ahora es mucho más poderosa que la islamista. La dictadura sigue, pero ahora quizás más controlada por militares clásicos que por clérigos, que pueden ser paseados, pero teniendo claro que los de los fusiles son los que controlan la situación. Hoy Irán y su población está peor que antes de la guerra, y mira que era difícil, pero así es.

lunes, julio 06, 2026

Venezuela es una ruina

Transcurrida ya más de una semana desde que tuvo lugar el terremoto de Venezuela, aún es posible la existencia de milagros en forma de supervivientes rescatados bajo los escombros, pero las probabilidades son ya mínimas. Sólo aquellos que hayan sido localizados por los rescatistas y se les haya podido aprovisionar con agua pueden aguantar el tiempo necesario para que, tras el desescombro, sean rescatados con vida. El resto, o ya han fallecido o agonizan. Muchos de los voluntarios llegados de todo el mundo para auxiliar a las víctimas ya dejan el país ante la imposibilidad de nuevos rescates, y la tragedia empieza a perder puestos en el ranking informativo global.

Si Venezuela era ya una nación torturada por la opresión de su régimen, esta aleatoria catástrofe natural supone su ruina en el sentido literal del término. Antes sólo estaba arruinada, ahora el paisaje de escombros se repite por numerosas localidades del país. Como suele suceder en estas ocasiones, los gobiernos se ven superados por los acontecimientos, pero si en el caso de una democracia esto es grave, en una dictadura como la que se gestiona desde Caracas las consecuencias para la ciudadanía son insoportables. La incompetencia, la falta de recursos, de medios, de todo lo imaginable para rescatar o aliviar los daños personales aparecen con la mayor de las crudezas, porque el régimen chavista es muy bueno reprimiendo, por la cuenta que le trae para seguir en el poder, pero es la necedad absoluta en todo lo demás. Si en las coyunturas normales la gestión chavista ha sido capaz de hundir la economía venezolana hasta unos límites propios de la miseria más extrema, ni les cuento lo que va a pasar a partir de ahora. Privado de recursos y capacidad, el régimen tratará de cubrir con propaganda los desconchados y hacer creer a los propios que lo sucedido es poco más que una fatalidad, pero que en ningún caso es excusa para denunciar la corrupción que todo lo llena o la mera incompetencia. Por si fuera poco, el proceso de tutela que vive el país, sometido a los designios de Trump, no ayuda para nada. Al poco de producirse el seísmo se lanzaron declaraciones de apoyo desde la Casa blanca y se anunció el envío de material pesado y equipos especializados, pero la impresión de los que se encuentran sobre el terreno es que la ayuda norteamericana no se ve en abundancia. Algo hay, pero ni mucho menos de manera masiva. Conociendo los intereses de los que rigen la nación norteamericana es probable que su interés se mantenga puesto únicamente en las zonas extractoras de petróleo, situadas en una región bastante alejada de las que han sido más afectadas por el temblor. Si no se han producido daños importantes en las instalaciones petroleras del país es casi seguro que la administración Trump haya perdido todo interés en lo que hace a rescates y ayuda humanitaria, por lo que se mantendrá al margen y solo moverá un dedo para apuntalar al régimen. Si hay movimientos opositores de damnificados, que se ven, con toda la razón, abandonados a su suerte, es casi seguro que las fuerzas represoras manadas por Delcy y compañía sí que les respondan con la contundencia habitual y, de necesitarlo, contarán con todo el apoyo por parte de los norteamericanos. Las últimas noticias conocidas en las que EEUU actúa en contra del posible regreso de Marina Corina Machado a su país, en medio de la debacle, deja bien claro cuáles son las intenciones reales del régimen y de las fuerzas que lo controlan. Si los demócratas venezolanos esperan que de las ruinas de Caracas o la Guaira surja algún tipo de alternativa política al régimen, ya pueden ir perdiendo toda esperanza. Delcy es una buena lacaya de los intereses trumpistas, y si antes no se conmovía por la suerte de los suyos, ahora tampoco.

¿Qué esperar a partir de ahora? No lo se, pero las cifras de muertos y damnificados, que serán mucho más altas que las oficiales, abocan al país a una situación de desastre difícil de imaginar. Si la pobreza ya estaba generalizada, y la violencia urbana era un mal endémico, ahora a todo eso se le une un nivel de destrucción difícil de imaginar. La falta de recursos para reconstruir lo dañado aboca a miles de personas a malvivir en medio de un escenario de ruinas que pueden perpetuarse años y años. Quizás el terremoto sea el paso que lleve a Venezuela a “cubanizarse” a entrar en el más profundo escalón de la pobreza. Ojalá no sea así, pero pinta muy muy mal.