viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

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