En el mejor de los escenarios previstos, el resto de líderes congregados en Ankara esperan que Trump aguante hoy de cuerpo presente hasta el final de la cumbre de la OTAN, pero no son pocos los que temen que lleve el desplante hasta el extremo de largarse antes de tiempo. Ya en días pasados el mandatario norteamericano afirmó que acudía al encuentro por el respeto que le tiene al anfitrión, otro de esos autoritarios y nada demócratas que tanto le gustan, y esas palabras eran en sí mismas una muestra de desprecio hacia el resto de dirigentes. No hace falta ser muy brillante para deducirlo, pero Trump, carente de filtros, no pierde oportunidad en dejarlo claro.
Durante sus intervenciones de ayer todo fueron malas palabras hacia los demás asistentes, gestos oscos, miradas de desprecio y sensación arrogante de superioridad para nada disimulada. Centró sus críticas especialmente en Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, ignorándonos al resto, ya que nos debe considerar como parte de Latinoamérica o similar. Su queja constante era que durante la fracasada guerra de Irán no ha podido usar las bases de utilización conjunta situadas en Europa porque los gobiernos nacionales no han dado permiso para ello. Pero no contento con esto, ayer volvió a sacar el espantajo de Groenlandia. Como me temía, mantiene sus obsesiones en este frente y el resto, sólo que la guerra con Irán ha supuesto un evidente tropezón en su marcha y le ha distraído tiempo y recursos. Ahora que parece que se ha aburrido del estrecho de Ormuz, no así los incidentes que se repiten allí sin cesar, vuelve a la carga con el tema de la gran isla de soberanía danesa, que considera debe pertenecer a EEUU por cuestiones estratégicas, y no se cortó ayer en lo más mínimo a la hora de redoblar sus exigencias en presencia de la primera ministra danesa, que debió quedarse con cara de circunstancias ante lo que escuchaba. Piensen un momento la escena. En la cumbre de una organización de países que buscan la seguridad mutua mediante el acuerdo de protegerse unos a otros, la nación más poderosa lanza amenazas nada veladas sobre una de las más pequeñas. Puede parecer absurdo, de hecho lo es, pero es lo que sucedió ayer delante de los medios de comunicación de todo el mundo. En principio la cumbre iba a servir para explicitar el incremento de gasto en defensa de todos los países miembros, y el compromiso europeo de aumentar sus capacidades de cara a un futuro en el que la responsabilidad de la seguridad del continente cada vez dependerá más de las propias naciones que lo conforman, pero todo eso quedó opacado por la actuación de un Trump desatado, sin filtro, sin cortapisa alguna. Quizás cabreado porque, pese a sus intentos, la selección de su país no ha podido clasificarse para la siguiente fase de la cosa esa de pegar patadas a un balón que se está desarrollando en EEUU, Trump decidió ciscarse en todo y en todos en un ejercicio definitorio de lo que es el abuso escolar. A medida que desgranaba agravios y exigencias las caras de los demás mandatarios y personal presente en la cumbre iban mudando de la sorpresa a la vergüenza colectiva, y es más que seguro que no faltarían gamas por parte de todos ellos de levantarse de la mesa y dar por terminada una reunión que no sirve para nada, pero no se produjo eso. Sólo el silencio, la pesadumbre y la sensación de que una era ha terminado, una puerta se cierra, una relación trasatlántica se ha quebrado y que nada volverá a ser igual con EEUU mientras Trump siga al frente del país. Los más espabilados saben que aunque Trump se vaya y las formas se dulcifiquen, el fondo seguirá quebrado, y que el vínculo occidental está naufragando a ojos vista de todo el planeta.
Sí, la OTAN ha muerto. Una organización de seguridad colectiva se basa en la confianza entre sus miembros y en la disuasión que la fuerza conjunta de todos ellos ofrece respecto a amenazas de terceros. Todo ese poder derivado de la unidad ha desaparecido, nadie se cree ya que EEUU acudirá a rescatar a, pongamos, un país del Báltico si sufre un ataque ruso. Es más, si Putin ofrece a Trump la gestión compartida de un puerto allí es incluso probable que EEUU participase conjuntamente en esa agresión. Paradojas de la historia, no ha sido el comunismo, el izquierdismo naif ni nada parecido lo que ha destruido la OTAN, no, sino la ceguera arrogante del ultranacionalismo norteamericano. Vivir para ver.
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