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martes, octubre 14, 2025

La firma del acuerdo de paz

Si Trump quería un día a mayor gloria suyo en el que todo el mundo le hiciera la pelota no hay duda de que ayer lo obtuvo, retransmitido en directo para todos los países y con la pompa de los acontecimientos especiales. El tiempo dirá si, además de coba, Trump obtendrá una reseña en la historia por ello, ya que Oriente Próximo es un lugar tan fértil en acuerdos de paz como en violentos incendios que los convierten en nada, llevándose por delante vidas y propiedades en estallidos de ira irrefrenables. ¿Cuál será la suerte de este acuerdo extraño? ¿Logrará persistir y dar fruto?

Esta es la primera vez que recuerde que, en los tiempos modernos, la diplomacia no la ejercen los profesionales, sino una serie de individuos que están allí y ocupan poder por ser amigos y familia de otros. Los que se presentaron hace unos días en la plaza de los rehenes de Tel Aviv para anunciar la futura liberación de los rehenes no fueron embajadores ni secretarios de estado ni nada por el estilo. Hablaron Steve Winkoff, millonario y amigo de Trump desde hace años, Jared Kushner, yerno de Trump, e Ivanka, hija de Trump y esposa de Jared. En una alocución anómala, desataron la euforia de los presentes y dieron esperanza a los familiares de los rehenes, creando el caldo de cultivo para la recepción que Israel le otorgó ayer a Trump, de rendida pleitesía y agradecimiento. Frente a la figura de Netanyahu, enemigo de parte de la sociedad israelí y gobernante rechazado por los familiares de los secuestrados, Trump se erigió ayer en el salvador de Israel, en el hombre fuerte del país, en el reinante. Todo fue un despliegue del poder y la sociedad israelí como pocas veces se habrán visto. Es obvio que el ego del magnate se sentiría más que recompensado, y viendo lo que se veía tenía motivos para ello. Los rehenes vivos fueron finalmente liberados, casi dos mil presos palestinos se soltaron de cárceles israelíes y fueron mandados a Gaza, y algunos de los cadáveres de los rehenes que han fallecido durante el secuestro han empezado a ser entregados a sus familias. Los frutos directos del acuerdo de paz se produjeron ayer en medio de escenas de enorme emotividad, de gran impacto humano, y el gran rentabilizador de todo ello fue Trump, que se convirtió en el hacedor de lo que estaba sucediendo. Es cierto que quizás haya sido más relevante el enfado de Qatar tras el ataque que Israel perpetró contra su territorio y la presión del resto de monarquías del golfo a la Casa Blanca para que se produjera lo de ayer que cualquier idea surgida de Trump y de su equipo, pero por una causa o por otra el magnate se apropió de lo que estaba sucediendo y la sociedad israelí se entregó a sus brazos por completo. A los suyos, no a los de Netanyahu o a los de cualquier otro político local. En el acto celebrado en el complejo turístico egipcio de Sharm el Sheikh, Las Vegas locales, se reprodujo la entrega de todos los presentes a la figura de un Trump que lo acaparó todo, en gestos, declaraciones y cualquier otro aspecto. Todos los invitados a la ceremonia, presidentes y primeros ministros de sus naciones actuaron de una forma algo infantiloide, aplaudiendo las gracias del presidente norteamericano y dejándose dominar por sus gestos y formas. Quizás, conscientes de su pequeñez, los europeos acudieron para solamente refrendar algo en lo que no han participado y para lo que no han sido consultados, como muestra de la total irrelevancia de la UE en el mundo global, y dieron por bueno que hacer la pelota al líder puede ser la única opción que les quede para que el niño rubio no se enfade y le de una rabieta en forma de aranceles, trabas o cualquier otra medida alocada. Para los expertos en protocolo y gestos el encuentro de ayer fue un festival de obscenidades, y para los diplomáticos, la muestra clara del fin de su papel en el mundo, arrumbados por magantes, amigos y familiares, que se han convertido en los tratadistas que escriben acuerdos y se reparten botines. El nuevo mundo de hombres fuertes que establecen las reglas se escenificó ayer en la costa del mar rojo egipcio.

Sobre el acuerdo en sí, ahora viene lo más complicado, una vez puestos en libertad los rehenes. La posibilidad de que se de una paz estable en la zona es escasa, y no son pocas las fuerzas que tratan de que así sea, y está por ver como lo acordado, vago y ambiguo como poco, permite una mínima estabilidad. En todo caso hace ya algunos días que no hay bombardeos en Gaza, no mueren civiles y la situación no empeora, y eso es un avance. El futuro de la arrasada franja y de sus habitantes sigue siendo sombrío, el islamismo desquiciado no ha desaparecido y el sionismo militarmente poderoso sigue crecido. El tiempo lo dirá. De momento, Trump ya tiene la gloria a la que aspiraba, sea efímera o no.

jueves, octubre 09, 2025

Primer acuerdo Israel Hamas

Ya ayer por la noche, pasadas las 23 horas, existía en las redes el runrún de que las conversaciones que mantienen Israel y Hamas en Egipto podían dar unos primeros frutos. La propia presión de la Casa Blanca, exigiendo casi que esta semana misma se pudiera tener algo tangible y los mensajes que empezó a lanzar Trump al respecto daban esperanzas de que, realmente, se pudiera alcanzar un logro en no muchas horas. Se especulaba incluso con una visita del presidente norteamericano este mismo fin de semana a la zona para, con su presencia, ratificar el acuerdo. Sobre esto último aún se especula, sobre lo primero, ya hay certezas

Sí, hay anuncio oficial de un primer acuerdo entre las partes, en el marco del plan presentado por Trump. Resumidamente, Hamas acepta entregar todos los rehenes, vivos y muertos, en un canje que incluye a una larga lista de presos palestinos e Israel detiene sus operaciones militares en Gaza y comienza un repliegue de sus fuerzas en toda la franja. A lo largo de la mañana se conocerán más detalles de este primer acuerdo, pero al menos supone un notable avance respecto al desastroso punto en el que nos encontramos y, si no me equivoco, supondría también el final de los combates militares en la franja. No es sólo una tregua, sino el inicio del final de la guerra, o al menos así es como el plan presentado hace unas semanas recoge en su espíritu. Se supone que los islamistas de Hamas han aceptado el pacto muy presionados por sus aliados cataríes y que hoy Netanyahu, muy presionado por Trump, llevará este resultado a su gabinete para que lo ratifique. Es probable que en la reunión del gobierno israelí haya una gran bronca, porque los aliados ultras del primer ministro han expresado claramente, desde el principio, su oposición a la idea del pacto, desde cuando se presentó hace un par de semanas, pero es poco probable que logren desdecir a un primer ministro que ve como su aliado, su único aliado, está ya más que harto de todo lo que pasa en Gaza y le exige el final de una batalla cruel que también ha soliviantado a buena parte de la sociedad norteamericana. Para Israel el pacto supone, por encima de todo, la devolución de los rehenes, que es la gran aspiración de sus familias y del conjunto de la sociedad, y la esperanza de que todo esto suponga el estabelecimiento de unas condiciones de seguridad reales que impidan que algo como lo del siete de octubre de 2023 se vuelva a repetir. Sobre todo, para Israel, esto puede servir para empezar a asumir el desastre que su respuesta militar a los atentados de Hamas ha causado en el pueblo palestino y ver, a las claras, el hundimiento de su posición en el mundo. La imagen del país ha quedado destrozada tras verse embarcado en una guerra salvaje por parte de la minoría ultra que ahora lo gobierna. Sin la guerra, esos ultras se quedan sin motivo de existencia y está por ver cuál será la estabilidad del ejecutivo (no olvidemos las tramas de corrupción que asedian a Netanyahu y que ahora volverían a reactivarse, de lograrse la paz). Para los palestinos el acuerdo supone, primero, la supervivencia de todos aquellos que iban a seguir muriendo día tras día víctima de la ofensiva israelí y de las deplorables condiciones de vida, es un decir, que existen en la franja. Destruidos como sociedad, masacrados en lo militar, convertido en escombros su lugar de residencia, los gazatíes han sido los arrasados a lo largo de estos dos años, gracias al islamismo de Hamas y al integrismo de los halcones israelíes, y su futuro es una incógnita. Aunque llegue la paz Gaza es ahora mismo un lugar de pesadilla, y sin una asistencia internacional de verdad, masiva y coordinada, la hambruna que allí se vive y las pestilentes condiciones que lo rodean todo impedirán que cualquier tipo de solución prospere. No se sabe nada aún de todo este tipo de cosas, ni si se van a dar ni cuándo ni cómo.

El mero hecho del acuerdo y de que las bombas dejen de atronar en la franja es una muy buena noticia, tras dos años y dos días de desastre absoluto ininterrumpido, y de derrota absoluta, a mi parecer, de un Israel herido y un islamismo cruel. Que haya paz es la condición necesaria para que los gazatíes puedan volver a pensar que futuro es un concepto y no una mera unión de letras en forma de palabra. La solución de los dos estados, la única que tiene sentido, volverá a estar sobre la mesa, supongo, en un futuro cercano, y como se ha visto, sólo será viable si hay una presión internacional profunda, léase imposición de EEUU, que lo imponga. Esto es sólo el principio.

martes, octubre 07, 2025

Dos años de los atentados de Hamas en Gaza

Hoy se cumplen dos años de los salvajes atentados yihadistas de Hamas que causaron más de mil muertos en Israel, y del secuestro posterior de cientos de ciudadanos, tomados como rehenes por la milicia, con lo que se iniciaba el actual ciclo de terror que se vive en la franja y en toda la región. El ataque fue sorpresivo, devastador, de unas dimensiones nunca vistas en Israel. Fue el día en el que murieron más hebreos desde los de la liberación de los campos de exterminio. Un fantasma traumático se despertó en la sociedad israelí y no ha cesado, desde ese momento, de golpear con saña a todo lo que sienta como enemigo, lo sea o no.

El balance de estos dos años es desolador, y apenas mencionar algunos de sus efectos deja sin muchas esperanzas a nadie con dos dedos de frente. Gaza, la zona de la que surgieron los atacantes, se ha convertido en una escombrera debido a la invasión que han desarrollado las tropas israelíes, que no se han cortado en lo más mínimo. Decenas de miles de personas han muerto en unos combates donde la caza del islamista de Hamas o la búsqueda de los secuestrados ha mutado a un mero ejercicio de fuerza bruta sin conmiseración alguna. La franja ahora mismo es inhabitable y por ella deambulan los supervivientes sin rumbo, tratando cada día de escapar de los bombardeos. Asediados por Israel y abandonados por el resto del mundo, empezando por el conjunto de los países árabes, los palestinos han sufrido el mayor desastre en décadas por la acción combinada de los yihadistas de Hamas y el gobierno sionista de Netanyahu. Las IDF han mostrado unas capacidades enormes, y a lo largo de este tiempo han sido capaz de desarrollar ataques en hasta cinco frentes, a veces de manera simultánea: Gaza, Líbano, Siria, Irán y Yemen, dejando claro que no hay nadie que pueda hacerles frente. Irán, principal valedor de Hamas y la milicia libanesa de Hezbola, ha sido el país más debilitado por los ataques y ha perdido gran parte de su influencia en la región, y con ello la debilidad de sus proxy se ha visto muy claramente. Sólo los hutíes de Yemen se han mostrado irreductibles y capaces de hostigar a los israelíes, logrando alcanzar su territorio con misiles de una manera reiterada. También, junto con estos frentes convencionales abiertos, el gobierno de Netanyahu ha ido presionando sin cesar a la población de Cisjordania, en una campaña de enfrentamientos soterrados, alentando la violencia de los colonos y su expansión mucho más allá de lo que los acuerdos internacionales reconocían. No hay ahí una guerra como tal, pero si una presión violenta que busca convertir a esa zona en un lugar lo más hostil posible para los palestinos. Convertida en una especie de Esparta desatada, Israel ha ido dejando atrás su normalidad institucional, la propia de una democracia, para ir cayendo en un autoritarismo en el que su gobierno, presidido por el encausado en tramas de corrupción Netanyahu, apoyado en una serie de partidos extremistas, se ha lanzado descaradamente a la ejecución de una política sionista pura, ni semita, sino nacionalista integrista. Durante este tiempo algunos de los ministros del gabinete israelí han pronunciado discursos de un tono racista, supremacista, absolutamente indignos, idénticos a los que los islamistas proclaman cuando aspiran a la pureza en su región y desean acabar con el estado de Israel. El comportamiento durante estos dos años de guerra de la política y las IDF sobre el terreno ha supuesto un ejercicio de degeneración permanente hasta la pérdida completa de legitimidad que atesoró la nación hebrea cuando, hace dos años, Hamas le golpeó con una crueldad nunca vista.

Este proceso ha ido convirtiendo a Israel en un estado paria a ojos cada vez de más naciones en el resto del mundo, y la opinión pública global ha ido mutando de la solidaridad con Israel tras los atentados a una condena inequívoca de las acciones del gobierno de Tel Aviv. Hoy en día el gobierno de Netanyahu deshonra la bandera de la estrella de David y la arrastra por el fango violento causado por sus actos. Los palestinos han sido masacrados y la región, a pesar del acuerdo de paz que impulsa EEUU, el único que puede detener los acontecimientos, sólo ha visto dolor y muerte en este par de malditos años. El dominio absoluto de los extremistas en ambos bandos ha causado el mayor de los desastres, el horror sin freno.

miércoles, octubre 01, 2025

El plan para Gaza

De las pocas cosas que tengo claras sobre el futuro de Gaza, una es que sólo EEUU es capaz de frenar a Israel y detener el actual estado de guerra despiadada. Nada de lo que el resto de los países o poblaciones haga, sean declaraciones públicas, manifestaciones o boicots deportivos será de utilidad. EEUU es la fuerza decisiva en la región y el sustento del ahora atacante. Sin su apoyo militar, logístico, económico y público, Israel no puede sostener campaña militar alguna, por lo que frenar a Netanyahu y sus tropas requiere que EEUU desee hacerlo. ¿Es el plan presentado útil para ello? Puede que sí.

El plan contiene veinte puntos, algunos de ellos bastante vagos, que se pueden resumir en que si Hamas acepta su rendición completa y disolución Israel se retirará de la franja y los palestinos podrán seguir en ella. Sino, la guerra seguirá y las posibilidades de que haya palestinos vivos en Gaza se irán reduciendo de manera inmisericorde. El plan impone un ultimátum a Hamas, organización terrorista que es tratada en algunos medios españoles como una especie de ONG caritativa, y fuerza a que Israel no se anexione la franja, pero deja demasiado abierto un futuro nada definido. Que Trump se autoproclame como responsable del territorio ya es una manera de decir que nadie sabe qué se quiere hacer con aquel lugar ni con los que allí residían, ahora convertidos en parias. No está claro cuál sería el plan de reconstrucción de un lugar arrasado por completo ni el destino de lo que se recomponga allí. El plan habla de la posibilidad de un futuro estado palestino, pero Netanyahu ya ha dejado claro que no va a permitir nada de eso, y conociendo la volatilidad de las opiniones de Trump uno puede quedarse con una idea de lo que esos puntos suponen y escuchar, por boca del magnate, una interpretación completamente distinta al cabo de un par de días. Véanse sus cambios de opinión sobre Ucrania como ejemplo de la inconsistencia absoluta del personaje. En todo caso, y dado el nivel de desastre al que se ha llegado en la franja, todo lo que suponga un cese de los combates y el final de la sangría sería visto por todo el mundo como un avance. La liberación de los rehenes y la entrega de los fallecidos es condición necesaria para cualquier tipo de avance y se necesitan garantías explícitas por parte de los islamistas de que renuncian a cualquier aspiración militar. En este asunto es muy importante la participación de naciones como Qatar o Turquía, que han saludado el plan con buenos ojos, y según todas las fuentes están negociando con los representantes de Hamas para dar una respuesta lo más rápida posible, se espera que incluso a lo largo de los días que quedan de esta semana. Irán, patrocinador de Hamas, sustento económico y militar de la milicia, no ha dicho nada, o al menos eso es lo que consta. Un silencio no es un no, y algunas informaciones señalan que puede estar realizando un papel de mediación entre los países anteriormente mencionados y las milicias, pero no es seguro. La posición de debilidad en la que se encuentra el régimen de los Ayatolas tras el enfrentamiento habido con Israel y la incursión norteamericana en Fordo y Natanz no le otorga una gran posición de bloqueo en todo lo que sea negociaciones en la zona, cosa que sí podía hacer apenas hace un par de años. Si Irán da su brazo a torcer y convence a los islamistas para que se rindan puede que la opción de que la guerra termine gane muchos enteros, y se podría poner fin a tanto sufrimiento. Es la esperanza a la que se agarran muchas naciones de todo el mundo, los palestinos y los familiares de los secuestrados. Desde que Hamas atacó el 7 de octubre de hace dos años todo es un horror sin fin ni atisbo de solución.

De todas formas, reitero, si hay suerte y se produce la entrega de los rehenes y el final de los combates, no me queda nada claro qué futuro le espera a la franja. Esa autoridad internacional encargada de su gestión es un ente muy vacuo, apenas determinado, y el fin de la guerra no va a significar, ni mucho menos, que se haya acabado el odio entre los islamistas y los extremistas israelíes. De hecho, las voces críticas contra el plan en el ala radical del gobierno de Netanyahu son claras y se escuchan sin problemas. Demasiadas dudas sobre la mesa, pero si al menos sirve para que se frene la muerte, bienvenido sea el plan. Y luego Dios dirá.

jueves, julio 10, 2025

Agonizar en Gaza

Ahora ya no, pero durante los meses del curso escolar no han sido pocas las veces en las que, al subir al metro de la parada de mi barrio para venir al trabajo, he coincidido con una chica joven que llevaba dos colgantes metálicos en su cuello con sendas placas. En una se podía leer “bring them back” que es el lema con el que los israelíes se manifiestan para reclamar la vuelta de los secuestrados tras los atentados del Hamas del 7 de octubre de 2023. La otra placa, ilegible para mi, estaba escrita en caracteres hebreos. Supongo que será el mismo lema en su propia lengua.

A tres meses de cumplirse los dos años de aquella salvajada islamista, la situación en Gaza y aledaños es, simplemente, desoladora. El número de palestinos que mueren cada día a manos de las tropas de Israel se cuenta por docenas, el nivel de destrucción de la franja la ha convertido en poco más que un erial lleno de escombros y la superioridad aplastante de las tropas del IDF respecto a los milicianos de Hamas se ha traducido en un constante abuso de la fuerza, siendo incontables los casos denunciados de violaciones de los derechos humanos cometidos en la franja por parte de las tropas israelíes. Hace tiempo que la guerra de Gaza dejó de ser un ejercicio de legítima defensa para convertirse en una venganza largamente rumiada por parte de la sociedad israelí, y las acciones que allí se han desarrollado han estado marcadas, sobre todo, por ese deseo de resarcimiento, de devolver el dolor sufrido una y mil veces, hasta la extenuación. El destino de los secuestrados, desde que empezaron las operaciones, ha sido la menor de las preocupaciones del gobierno de Netanyahu, que ha visto en esta guerra la oportunidad de oro no sólo de mostrar a las claras la extensión de su ideología extremista, sino, sobre todo, la vía para paralizar los procesos judiciales que le acosaban en casa por denuncias de corrupción. Bibi se ha envuelto en la bandera y subido al tanque para eludir a los jueces que le empezaban a cercar. Esta guerra, también por la actitud comentada de su gobierno, ha supuesto una partición profunda en la sociedad israelí, completamente unida respecto a la necesidad de rescatar con vida a los rehenes y traerlos de vuelta, el lema que lleva la chica del metro colgado al cuello, pero totalmente dividida en todo lo demás. Los sectores liberales de Israel contemplan con miedo como los más radicales de entre los suyos se han hecho con el control del gobierno y no han dudado ni un segundo en lanzar ofensivas militares a diestro y siniestro para asegurarse el control del territorio y, también, de la sociedad. Se repiten cada fin de semana en Tel Aviv las manifestaciones de ciudadanos que reclaman la vuelta de los rehenes y acusan al gobierno de Netanyahu de prorrogar la guerra de Gaza sin sentido, pero no es menos cierto que en el conjunto del país se ha instalado una especie de mantra de olvido respecto al sufrimiento de la población palestina de Gaza. Hay una especie de sensación, vista desde fuera, de que se están mereciendo lo que les pasa tras años y años de hostigamiento terrorista, y es muy difícil realmente saber hasta qué punto el país asume que lo que está cometiendo en Gaza no es un genocidio, no, pero sí una guerra de dimensiones injustas y llena de actos de absurda crueldad. Con su acción terrorista, Hamas ha provocado la destrucción de Gaza, la muerte de decenas de miles de palestinos y una especie de corrupción moral en el seno de Israel que está dejando herida a la sociedad civil, y que ha arrasado la imagen del país en el mundo. Para muchas sociedades y naciones Israel es culpable de cometer crímenes de guerra y su bandera el símbolo de un estado agresor. Esa nación, que se fundó como respuesta al mayor crimen colectivo del siglo XX, está ahora mancillada por la actitud de su gobierno y el silencio, en parte cómplice, en parte muestra de miedo, también de conmoción, de una parte significativa de su sociedad. Desde el 7 de octubre de 20213 el mal ha anidado de una manera nunca vista en aquella parte del mundo. Si ese era el plan de los estrategas islamistas de Hamas, enhorabuena, sus peores deseos se han hecho realidad.

Cuando coincidía con esa chica, que se quedaba en mi línea tras bajar yo de ella en busca de un intercambio que me acercase a la oficina, me quedaba con muchas ganas de preguntarle sobre todo esto, sobre si tenía vinculación con alguno de los secuestrados, sobre cómo ve la situación de su país y la actitud de su gobierno, sobre si apoya a los manifestantes sabatinos de Tel Aviv, sobre cómo valora lo que está pasando allí y cómo se observa desde las sociedades occidentales, tradicionales valedores de Israel, ahora en gran parte hostiles por la oposición de sus opiniones públicas a lo que ven que pasa cada día en Gaza. Muchas preguntas, que no formularé y para las que, al menos yo, no encuentro respuestas satisfactorias. Sólo una sensación profunda de dolor y pena. Nada más.

viernes, mayo 23, 2025

El desastre absoluto de Gaza

El asesinato a tiros de una pareja de ciudadanos israelíes, funcionarios de la embajada en Washington, a las puertas del museo del Holocausto de la ciudad, sucedido ayer, es la última de las desgracias que se suceden relacionadas con la guerra de Gaza, que hace tiempo que ha degenerado en un conflicto asimétrico entre un gobierno israelí desatado y una milicia islamista que mantiene secuestrados aún a decenas de ciudadanos hebreos. Y, en medio, cerca de dos millones de palestinos que sufren cada día, sin cesar, las penurias de unas vidas destrozadas en medio del campo de escombros de lo que alguna vez fueron sus ciudades.

A las víctimas del atentado de ayer les podemos poner nombres. Son Yaron Lischinsky y Sarah Lynn Milgrim. Se iban a comprometer la semana que viene con vistas a su futura boda, y sus rostros esconden una vida llena de sucedidos, que los allegados pueden relatar, para hacernos una composición de cómo han sido su transcurrir por este mundo hasta que alguien programado vengador de la causa palestina, decidió sacrificarlos. Ellos son al excepción, porque la gran mayoría de víctimas de Gaza no tienen nombre ni rostro ni historia. Algo similar sucede con los más de mil hebreos asesinados en los atentados del siete de octubre de 2013, el origen de la pesadilla que ahora vivimos. Desde entonces todo ha sido una pesadilla descontrolada. Hamas, sigo pensando que con conocimiento de causa, decidió ejecutar una acción salvaje y cruel hasta el extremo para forzar al gobierno del extremista Netanyahu a que actuase sin piedad y quedara retratado ante el resto del mundo. En este juego los palestinos eran la excusa, la carne que se ponía en la balanza para ser mostrada como sacrificio ante la opinión internacional. Como espoleado por la muleta que mueve el torero, el gabinete israelí desató una ofensiva militar en Gaza que aún continúa y que, con altibajos y escasas treguas, ha causado la muerte de decenas de miles de palestinos, varios de los dirigentes de Hamas, no pocos de los secuestrados, la destrucción casi total de la franja, la miseria absoluta de los que residían en ella y el hundimiento total de la imagen de Israel en el mundo. Apoyado en algunos de los sectores más extremistas de su nación, Netanyahu no ha dudado en usar la guerra como arma política para mantenerse en el poder y tratar de acallar las voces y protestas que demandan su marcha, que ya eran muy activas desde antes del inicio de la guerra a causa de un montón de acusaciones de corrupción, que empezaban a cercarle. Las bombas acallan los juzgados, debió pensar Bibi, convirtiendo la desgracia en una oportunidad personal. El balance de todo lo que está sucediendo desde entonces es cruel en extremo, con los palestinos como los principales perjudicados, carentes de futuro alguno en la actual Gaza, y convertidos en pieza de juego de manera obscena por Trump y Netanyahu en una especie de concurso de ideas absurdo sobre a qué parte del mundo se les puede trasladar, como si fueran muebles de una mudanza, para vaciar Gaza y convertirla en un remedo de la costa azul. Sí, que lleguen a plantearse escenarios similares demuestra hasta qué punto vivimos en un mundo en el que la frivolidad más absoluta se ha convertido en bandera no ya de muchos de nosotros, sino de los gobernantes que se supone nos rigen. Israel ha demostrado una fuerza militar avasalladora en todos los escenarios en los que se ha desenvuelto desde octubre de 2023, siempre contando con el apoyo de EEUU, pero ha excedido con mucho las atribuciones que le otorga el derecho a la defensa y el concepto de agresión comedida. Lo que ejecuta desde hace meses en Gaza no es una guerra convencional, sino un proceso de arrase, de destrucción de la franja, sin importarle en lo más mínimo las consecuencias civiles. Es más, algunos de los miembros más extremistas del gabinete israelí parecen contentos con las muertes que ocasionan cada día, y les parecen pocas. Son declaraciones repugnantes.

Israel ha ganado la batalla militar en los frentes en los que ha actuado, pero con su actuación de estos meses ha perdido la legitimidad a ojos de la opinión pública internacional y de muchos de los gobiernos, especialmente los occidentales, que han sido sus tradicionales aliados. La única democracia de su entorno, rodeada de enemigos teocráticos islámicos que desean su destrucción, está cayendo en la trampa de ser socavada desde su interior por aquellos radicales que, empleando una creencia distinta, exponen argumentarios de superioridad peligrosamente similares a los islamistas a los que dicen convencer. Israel está fracasando, por culpa de su necio y extremista gobierno. Desgracia tras desgracia es lo que en ese mundo sucede desde el maldito siete de octubre de 2023.

jueves, febrero 06, 2025

Trump Resorts SA en Gaza

Seguro que han visto ya alguna de las asombrosas ruedas de prensa que da Trump en el salón oval cuando firma compulsivamente esos decretos o recibe a visitas. Sentado, rodeado de periodistas que le asedian, se pone a contestar una pregunta tras otra en medio del caos y, sin freno alguno, suelta lo que se le ocurre, a veces pensado, otras no, qué más da. La soberbia del poderoso otorga a sus dictados valor de aparente verdad. En las ruedas de prensa organizadas, como la del miércoles tras su entrevista con Benjamín Netanyahu, actúa de la misma manera, convirtiéndose en el creador de espectáculo por excelencia. Disfruta domando el circo que organiza.

La que soltó ese miércoles ante los periodistas de medio mundo es de las gordas, pero me temo que no era una improvisación ni se puede decir que resultase completamente novedosa. Sí era un disparate, y una aberración, pero nada alejado de lo que anida en la mente del personaje. Dijo de manera alta y clara, sin dar lugar a equivocaciones, que Gaza es un lugar inhabitable, una escombrera tras la bárbara actuación del ejército de Israel, que ahí no se puede estar. Que los palestinos que son de allí, cerca de dos millones de personas, deben abandonar ese espacio, y residir permanentemente en otra nación, mencionando a Jordania o Egipto, y que ya se encargará EEUU de reconstruir y gestionar toda la franja, convirtiéndola en una especie de gran resort, un paraíso del turismo, la Riviera llegó a afirmar. A cada una de estas frases los medios, y todos los que lo escuchaban, iban poniendo cara de asombro y sensación de no estar en medio de un salón oficial sino en una gala chistosa carente de humor. Con un balance como el de la guerra no concluido, con más de cuarenta mil palestinos fallecidos y aún israelíes secuestrados en manos de Hamás, con un sufrimiento atroz entre todos los civiles que allí vivían y los que en Israel sufrieron la masacre del 7 de octubre de 2023, Trump considera a Gaza como una extensión del extrarradio de Las Vegas en la que construir chalets, centros comerciales, casinos y, desde luego, una o dos torres con su logo, de tal manera que quede claro no sólo quién manda, sino el negocio que allí puede prosperar. La vida de los palestinos que son de Gaza no le importa en lo más mínimo, sólo hay sitio en su cabeza para las cuentas de una enorme operación inmobiliaria en la que, para más inri, el trabajo de urbanización le saldría gratis, sufragado por el conjunto de los norteamericanos y ejecutado por el ejército del país. Asombroso, si no fuera porque el personaje es perfectamente capaz de tener esa idea en su cabeza y considerarla como la más lógica del mundo. De hecho, este plan no es nuevo. Hace ya varios meses, en la primavera del año pasado, Ashton Kurchner, el marido de Ivanka y “asesor” para la región durante el primer mandato de Trump, expresó esa misma idea, la de Gaza como un futuro destino turístico una vez que la guerra hubiera terminado. Por aquel entonces casi nadie prestó atención a semejante disparate, salvo los más radicales entre los sionistas de Israel, que empezaban a ver como la guerra de Gaza se iba transformando en una masacre en la que las tropas de las IDF estaban laminando barrio a barrio, enclave a enclave, toda la estructura urbana. Desde esa ala extremista se veía como cierta la posibilidad de hacerse con Gaza, de extirpar de una vez a los palestinos de allí, fueran de Hamas o no, de sacarlos a la fuerza a los que quedasen vivos, de liquidar al mayor número posible mientras durasen los combates, y convertir todo el espacio en un erial para, en un futuro, hacer con él lo que se quisiera. ¿Estaba esa idea en la manera en la que Netanyahu ha dirigido la guerra? ¿Era su extensión y dimensiones algo premeditado una vez que el ataque del 7 de octubre obligaba a responder? ¿Había urbanistas israelíes pre diseñando por dónde irían los nuevos bulevares y paseos marítimos, e indicando a las IDF qué bloques derruir? Sólo hacerse estas preguntas estremece, pero la realidad es que no cuesta nada imaginarse a Trump mirando el plano de Gaza y colocando casitas como si del Monopily fuera.

En casi todo el mundo este plan ha sido visto como una aberración, pero dado quién y como lo ha dicho la cosa es bastante más que un juego. Dentro de EEUU también varios republicanos consideran esta idea como absurda, desquiciada, e incluso algunos miembros del gabinete, como el Secretario de Estado Marco rubio han empezado a matizarla, pero albergo pocas dudas con que Trump lo decía muy en serio. Habrá que seguir esto con detalle, pero no descarten que un día de estos tropas norteamericanas desembarquen allí y empiecen a “sacar” a la población. Y de paso, todo el islamismo radical global se frota las manos ante semejantes Trumpadas, que no hacen sino darle excusas para emprender nuevas acciones terroristas.

jueves, enero 16, 2025

Tregua en Gaza

Ayer se hizo público el acuerdo alcanzado por Israel y Hamas que pone, por fin, un punto y a parte a la guerra de Gaza, declarando un alto el fuego que entrará en vigor a partir de este domingo 19 de enero. El acuerdo recoge la entrega de los rehenes que Hamas mantiene en la franja, en tres fases, y la excarcelación de cientos de presos palestinos que están detenidos en Israel, además de la retirada de las IDF del territorio de la franja, con vistas a que sea la Autoridad Nacional Palestina la que pueda ir haciéndose con el control de la zona, con vistas a su administración futura.

Transcurridos quince meses desde los atentados salvajes de Hamas, que causaron una conmoción absoluta en la sociedad israelí, la situación en el vecindario de Israel nada tiene que ver a como era el día anterior a la ejecución de esa matanza yihadista. Israel ha emprendido una política militar despiadada contra todas las terminales chiíes comandada por Irán y, a lo largo de estos meses, las ha convertido en una sombra de lo que eran. En Gaza, la situación es horrenda. Más de un año de guerra abierta han arrasado por completo el territorio, convirtiéndolo en una escombrera. El número de víctimas de palestinas se cifra en casi cinco decenas de miles, aunque puede ser más alto, y la situación del resto de habitantes, entorno a los dos millones, es de indigencia absoluta y de imposibilidad de volver como tal a una residencia dado el nivel de destrucción alcanzado. Hamas, como fuerza militar, se encuentra sumamente devaluada y es mucho más inofensiva que antes. La inmensa mayoría de sus arsenales militares están destruidos y, pese a que la actuación israelí haya podido crear un sentimiento favorable a la resistencia palestina, es obvio que el mundo del miliciano en la franja ha desaparecido como tal. Es casi seguro que la mayor parte de sus fuerzas paramilitares de élite yacen ahora bajo toneladas de escombros y no hay nadie capacitado para montar una resistencia militar activa. Otro factor, trascendental, que va a hacer que Hamas no pueda recuperarse a corto y medio plazo es la situación de debilidad en la que ha quedado irán, su valedor, financiador y suministrador de armas. El régimen de Teherán es uno de los grandes perdedores de toda esta guerra, habiendo sido derrotado de manera indirecta en Gaza, Líbano y Siria, perdiendo en los tres territorios la gran parte de sus capacidades militares y viendo diezmadas las fuerzas que alimentaba en cada uno de ellos y le servían para mantener bajo control. En definitiva, la guerra de Gaza ha arrasado el territorio y destruido al enemigo de Israel, pero deja muchas preguntas sobre cuál va a ser el futuro de ese territorio y de sus habitantes. La actitud israelí hacia los palestinos durante esta guerra, tanto en Cisjordania como en Gaza, ha sido de desprecio profundo, y la posibilidad de crear dos estados viables se ha casi deshecho dados los daños causados en Gaza y el asedio constante al que los colonos han sometido a las poblaciones de Cisjordania, el único territorio viable a partir del que se podía construir una nación palestina como tal. La acción de Hamas desquició a la población israelí y ha hecho que muchos de los más radicales se hayan colocado al frente no sólo del gobierno, sino de gran parte de los centros de influencia. El expansionismo israelí, reforzado por la dimensión de sus victorias militares, ha hecho del país una fuerza hegemónica en la zona, y ha mostrado a todos sus enemigos que su capacidad militar de respuesta, y el deseo de usarla, está mucho más allá de lo que nadie hubiera imaginado. Volver a embridar a Israel en una política de colaboración con el resto de fuerzas de la zona va a ser complicado, y eso es un factor nuevo que antes no existía. El sionismo es poderoso en el país, y el saldo de las guerras le ha otorgado un prestigio del que carecía. La división política en el país se mantiene, se ha profundizado si me apuran, pero el poder ahora mismo lo llevan los halcones.

¿Es el acuerdo anunciado ayer el primer fruto de la llegada de Trump al poder? En parte creo que sí. Cierto es que el texto pactado no deja de ser una versión muy similar a la que Biden propuso ya en mayo de 2024, pero creo que ha sido la presión de Trump sobre Netanyahu la que ha forzado a Israel a acordar ahora lo que ha rechazado durante meses. Trump es el aliado más fiel con el que puede contar el sionismo israelí y, también por ello, al que más caso va a hacer, aunque le sugiera cosas que no le gusten. Me da que Trump quiere que la zona deje de ser noticias, avalará a un Israel dominante, y se centrará en conflictos que considere de primera división (léase Rusia y China). No olvidemos que el pacto empieza a regir un día antes de su jura presidencial.

viernes, octubre 18, 2024

Israel sigue eliminando objetivos

Ayer, en una operación desarrollada en Gaza, en la que murieron cerca de una veintena de palestinos, fue ejecutado Yahia Sinwar, el actual líder de Hamas, que ascendió al cargo tras el asesinato por parte de las tropas israelíes de los que le precedieron en el cargo. Hay escenas impactantes tomadas por drones del interior de la vivienda en la que se refugia el islamista, ya golpeado, que intenta arrojar algo a la cámara que le observa, todo cubierto de polvo de escombros, pero no es capaz de ni de acercarse a su objetivo. Posteriormente comandos especializados accederían al lugar y procederían a rematar el trabajo, nunca mejor dicho. Las fotos del resultado son esclarecedoras.

La bíblica frase de ojo por ojo, diente por diente, se está ejecutando en aquel lugar del mundo con un grado de vigencia difícil de concebir. Sinwar fue el autor intelectual de los atentados del 7 de octubre, de esa matanza indiscriminada de israelitas que soliviantó al mundo y cambió para siempre la zona. De él partió no se sabe seguro si la idea, pero sí el permiso para planearla y ejecutarla. Al parecer era consciente de que con esa decisión iba a desencadenar una guerra de la que no saldría vivo, y así ha sido. De paso, miles y miles de palestinos, a los que sin duda el fanatismo de Sinwar consideraba prescindibles, han fallecido en esa batalla que él inicio. Las consecuencias de aquellos actos de hace apenas un año reverberan en la región y en todo el mundo, y han mostrado a un Israel dolido, vengativo, fiero, inasequible y sin piedad, que muestra un poderío militar frente al que sus vecinos apenas pueden hacer nada. Todos los grupos proxies que atacaban a Israel, dominados por Irán, van camino de ser diezmados y convertidos en poco más que sombras de lo que fueron, al precio de reducir el vecindario de Israel a una montaña de escombros y a miles y miles de víctimas inocentes que han sido atrapadas entre las represalias de la acción de Sinwar. La situación de los palestinos comunes, los que no pertenecen ni apoyan a las milicias islamistas, es desoladora. Se encuentren donde se encuentren, una bomba habrá caído en sus proximidades o algún familiar habrá fallecido en combates o ataques contra civiles. Gaza es ya un lugar inhabitable, convertido en un campamento de refugiados que subsisten bajo el sol protegidos por tiendas de campaña y poco más, dependientes por completo de una ayuda externa que entra con cuentagotas, sometida al control del ejército israelí. La destrucción física de la franja es casi total y la posibilidad de que allí los supervivientes vuelvan a vivir de una manera razonable es muy escasa. El sur del Líbano va por el mismo camino, siendo ahora el lugar en el que se centran las ofensivas militares. Beirut sigue siendo golpeada por las bombas casi a diario, especialmente en los barrios que se encuentran más al sur, que ya lucen cráteres y escombros en abundancia. Una gran cantidad de los habitantes de la capital libanesa, y del resto del país, han optado directamente por escapar para salvar su vida y las pocas pertenencias que hayan podido reunir y transportar en sus propios medios. El balance de destrucción y muertos en Líbano supera ampliamente ya a lo que pasó en la guerra de 2006, y las operaciones están aún lejos de finalizar, dada la extensión de aquel territorio y la enorme fuerza, tanto militar como humana, con la que contaba Hezbollah, ahora ya bastante disminuida en ambos conceptos. Las acciones militares israelíes encuentran resistencia en su avance, y ocasionalmente se producen bajas, pero la sensación que está dando por ahora la operación es de una superioridad aplastante de las IDF frente al enemigo islamista, que está siendo doblegado y, en cierto modo, exterminado. Si las cosas siguen así es probable que Israel gane esta guerra, en lo militar, de una manera rotunda, incontestable.

Quedan un centenar de rehenes secuestrados en Gaza, en ese montón de ruinas, de los que poco se sabe. La probabilidad de que sigan vivos es baja, dado lo que ha pasado sobre sus cabezas, pero sus familiares mantienen la esperanza y exigen sin cesar a Netanyahu que los libere, que sea ese, y sólo ese, su objetivo. El primer ministro ya ha demostrado que los rehenes son una prioridad menor frente al hecho de mantenerse en el poder, y una guerra triunfante, según muestran las encuestas, puede ser la mejor manera de consolidar su posición. Sobre la sangre de los indeseables que mataron a los suyos, y sobre la de otros muchos miles inocentes, Netanyahu puede salir consolidado de todo este desastre. E Israel rodeado de escombros y odio, pero victorioso.

lunes, septiembre 02, 2024

La situación en Israel empeora

Este fin de semana las IDF descubrieron, en un túnel, los cadáveres de seis de los secuestrados que permanecen retenidos por Hamas en Gaza. Habían sido asesinados por sus captores horas antes de que el ejército israelí pudiera llegar a ellos. Jóvenes, cuatro fueron secuestrados en el escenario de guerra del festival musical del 7 de octubre. Uno, de nacionalidad norteamericana, era famoso en EEUU porque los padres han aparecido en varios actos demandando su liberación, el último en la convención demócrata de hace un par de semanas. Esto ha causado un gran impacto en Washington y, como se imaginarán, mucho más en la propia Israel.

Ese impacto se está traduciendo en frustración y protesta, porque la guerra se acerca peligrosamente a su primer año y el balance de la misma es desolador. Pocos son los secuestrados que han sido recuperados con vida, bastantes más fallecidos, y de los noventa que quedan retenidos las esperanzas de que vuelvan a casa con vida decaen día a día. Gaza es un infierno, arrasado por las IDF, con cerca de cuarenta mil víctimas palestinas y ningún sitio en el que los dos millones de habitantes que quedan puedan vivir, más allá de escombreras. En Cisjordania los brotes de violencia van a más y las incursiones militares israelíes han causado decenas de muertos entre los palestinos y destrozos significativos en varias de sus infraestructuras. La disputa en el norte del país sigue en un juego de amenazas y amagos entre las IDF y Hezbollah, con muchos de los residentes de esa zona evacuados y con el miedo a que una guerra abierta se pueda declarar en la zona, convirtiéndola en otro erial. Las relaciones de Israel con toda su vecindad, que se estaban normalizando gracias a los acuerdos de Abraham, están en su punto más bajo, con los gobiernos árabes no haciendo nada a favor de los palestinos, pero sin colaborar en lo más mínimo con las autoridades hebras. La imagen de Israel en el mundo se ha deteriorado de forma notable, y el apoyo que las potencias occidentales han mantenido tradicionalmente a esa nación se está convirtiendo en algo tóxico para las formaciones que las llevan a cabo, con electorados y bases sociales que cada vez protestan con mayor intensidad. En EEUU el interés en que se acabe la guerra es máximo, sobre todo para los demócratas, que son los que tienen el corazón más partido entre las afinidades israelitas y la solidaridad palestina, y saben que cada día que siga la guerra tienen un frente de voto que se les puede escapar. En medio de todo este desastre, en la propia Israel, la división social no hace sino crecer sin freno. El gobierno de Netanyahu, asociado a los más extremistas, no hace sino ahondar su separación de la mayoría laica del país, y las manifestaciones que todas las semanas se suceden, principalmente en Tel Aviv, aumentan de intensidad y convocatoria. Esas protestas, organizadas periódicamente para exigir la vuelta de los rehenes, se han convertido en un movimiento organizado en contra del gobierno de Netanyahu. Parte de la sociedad israelí cree, y me da que con cierta razón, que de mientras dure la guerra Netanyahu seguirá en el poder sin dar explicaciones sobre su gestión y sus corruptelas. Indirectamente se beneficia de la misma, y sus incentivos para que termine son escasos. Si eso se junta a que su gobierno se sustenta en grupos extremistas que tienen odio a todo lo que no sea sionismo, y están encantados con las acciones militares contra los palestinos, tenemos a una nación embarcada en una contienda de rumbo confuso, final incierto y daños reales. El hartazgo se está transformando, como les comentaba, en frustración. Y en división. Ahora mismo el país está totalmente partido entre los partidarios de Netanyahu y sus políticas y los que le odian, o lo que es similar, entre el ultranacionalismo y el liberalismo.

Para hoy está convocada una huelga general en el país para paralizar la economía como protesta contra el gobierno. El aeropuerto internacional de Tel Aviv, el de más tráfico, estará cerrado, y el sector tecnológico, uno de los puntales de la economía nacional, se ha unido a la convocatoria que aúna a movimientos sindicalistas con muchas otras facciones, ideológicamente opuestas, pero comúnmente unidas frente a lo que consideran traición de su gobierno a los secuestrados y rumbo de hundimiento de la nación. Nada iba a ser igual en Israel tras los atentados de Hamas del 7 de octubre, eso era obvio, pero era difícil imaginar un escenario peor para los palestinos y la nación israelí apenas una decena de meses después de la masacre.

martes, mayo 28, 2024

Israel está perdiendo la guerra

Una de las novedades de estos tiempos respecto a las guerras es la disponibilidad, casi al instante, de imágenes de lo que sucede en los frentes. Si uno quiere, puede acceder a material grabado a casi a diario que los protagonistas suben a las redes. En él se recogen escenas de una atrocidad muchas veces insoportable, con el fondo de las llanuras ucranianas o las ruinas arenosas de Gaza, según se trate. De otras guerras, como la de Sudán, sabemos mucho menos, y vemos menos aún, pero los horrores serán muy similares. Simplemente, hay un consenso global de que esa matanza africana no nos da igual, mientras que la europea o la de Gaza sí.

Israel, como fuerza atacante sobre el territorio habitado de Gaza, debiera ser consciente de que va a ser fiscalizada con un celo mucho mayor que el que sufrirá Hamas, organismo fantasmal, red de asesinos cuyas cabezas se encuentran a refugio en naciones cercanas, e inexpugnables, como las monarquías del Golfo o Irán, su patrocinador. Además, Israel, como potencia occidental, debe tener un escrúpulo moral mayor que su atacante, que es un islamista radical dominado por el odio. Por eso, los errores, como los llama el gobierno de Netanyahu, le cuestan tan caros a ojos de una comunidad internacional que sólo ve civiles masacrados en medio de ruinas, civiles con aspecto palestino, que están tan indefensos como uno sea capaz de imaginar, y mueren de las maneras más crueles posibles a manos de un ejército que actúa sin miramientos. Realmente Israel no comete errores, su gobierno sabe que eliminar a cada uno de los miembros de Hamas puede costar una decena de veces o más su número en forma de civiles inocentes, pero le da igual. De hecho, para alguno de los componentes del gabinete hebreo, sólo es bueno el palestino muerto, y por eso sigue su ofensiva con el mismo ardor que en un principio, cercando cada vez más a la masa de población de una franja convertida ya en una escombrera. A medida que el horror crece, la imagen de Israel se deteriora en todo el mundo y el coste para el país se dispara, en términos económicos, sí, pero sobre todo en forma de oprobio global. Mi idea de que lo que buscaba Hamas con el horror que desató el 7 de octubre era forzar a Israel a una guerra que le hundiera emocionalmente ante el escenario global se ve reforzada a cada día que pasa. Las IDF conquistan una parte de la franja, la arrasan, convierten en refugiados a todos sus habitantes, los obligan a desplazarse a otro lado, donde en breve reemprenderán los combates, disparando el número de bajas, escombros y refugiados, y así localidad tras localidad. Y cuando se han conquistado ya tres zonas de la franja en la primera resurgen focos de resistencia de Hamas, que actúan contra las tropas y atacan, en la medida de sus posibilidades, territorio israelí, por lo que lo que parecía un terreno asegurado se vuelve frágil nuevamente para las IDF. Los secuestrados por Hamas siguen en el territorio, aunque con cada bombardeo las posibilidades de que sobrevivan se reducen, y la división cree en el seno de la sociedad israelí sobre la gestión de la guerra, los esfuerzos reales que se hacen para rescatar a los refugiados y el papel de un gobierno cuyo máximo dirigente y alguno de sus aliados están más cómodos si los combates siguen que si cesan. Esta es la secuencia de acontecimientos que se repite una y otra vez desde octubre, y que se profundiza cada vez que se conoce que un rehén ha fallecido, o que un nuevo error ha causado decenas de muertos en un campamento de refugiados civiles que ya tenían pocas posibilidades de seguir vivos al día siguiente por el mero hecho de no saber qué comer. El prestigio de Israel está tocado en lo más profundo, y cada vez más, para sus aliados, se está convirtiendo en una incomodidad. EEUU será el último que lo abandone, pero en la UE la secuencia de naciones que se ponen de frente ante la actitud de Netanyahu y su gabinete no cesa, y Francia y Alemania, los que acaban dictando la posición de la Unión en todas las materias, ya están más por el abandono a Israel que por seguir a su lado. Pocos dirigentes han hecho tanto daño a su nación como Netanyahu, pocos le van a causar una herida más profunda a su pueblo, confundido injustamente con la gestión de su líder político.

Al poco de los atentados de Hamas del 7 de octubre, un analista norteamericano escribía un artículo en el que decía entender el dolor por el que pasaba Israel, equivalente al que sufrió EEUU tras el 11S, pero les instaba a aprender de la errónea respuesta que la nación norteamericana dio ante aquel golpe. La invasión afgana fue correcta, pero todo lo que vino después fue un desastre que supuso décadas de enormes daños, evitables. Una nación tan poderosa como EEUU puede seguir adelante a pesar de tales errores, pero Israel, pequeña y dependiente, no. El afán de venganza ante el dolor sufrido y la horrenda manera de gestionar la guerra por parte de Netanyahu le están llevando a conquistar el terreno, y perder el combate. Es todo un desastre absoluto. Sólo los líderes de Hamas y sus financiadores pueden estar satisfechos.

martes, mayo 07, 2024

Confusión en Gaza

Siete de mayo, y se cumplen siete meses desde los atentados de Hamas que provocaron el estallido de la guerra de Gaza. En todo este tiempo, todo lo que podía haber ido mal, lo ha hecho. A lo largo del fin de semana se han sucedido los rumores de un posible acuerdo de alto el fuego como fruto de las conversaciones que delegaciones de Hamas y el gobierno israelí han trasladado a El Cairo, donde habitualmente se ejecutan estos procesos de negociación. De hecho ayer por la noche Hamas anunció que acordaba los términos de un posible acuerdo de canje de rehenes por prisioneros y una tregua de cuarenta días, creo.

Pero, en la práctica, la situación sobre el terreno dista mucho de la tregua. Hamás atacó el domingo un puesto militar fronterizo israelí, causando algunas bajas, y las alertas aéreas han vuelto a sonar en varias ciudades del sur de Israel ante posibles lanzamientos de cohetes. Por su parte, el gobierno de Netanyahu sigue haciendo oídos sordos a todos los llamamientos que le llegan y mantiene su plan de atacar la ciudad de Rafah, el principal asentamiento al sur de la franja y refugio de más de un millón de palestinos, que han huido de las localidades del norte a medida que eran arrasadas por las IDF. Alega el gobierno de Jerusalén que en Rafah se esconden varios batallones de Hamas y cientos de sus milicianos, lo que es posible dada la cantidad de gente que allí se encuentra, pero precisamente por esto último, y por la no existencia de alternativas de huida para la población civil, el intento de asalto militar a la ciudad es imposible que no acabe con un balance de víctimas civiles insoportablemente alto, y eso es lo que temen todos los gobiernos del mundo, expuestos ante la realidad incesante de una guerra que deja escenas de violencia duras a la hora de los informativos y solivianta a parte de la opinión pública. Ahora mismo los incentivos de Israel, mejor dicho, del Netanyahu, para detener la guerra son escasos, porque una tregua le pondría en la tesitura de tener que responder ante su sociedad por la gestión de la crisis de los rehenes, la sorpresa del ataque de Hamas, el fallo de seguridad de su gobierno y otras muchas cuestiones para las que, probablemente, no tenga respuestas. Así mismo una tregua hará que las causas que, antes del inicio de la guerra, acosaban a la figura del primer ministro (corrupción, intento de control de la justicia, etc) vuelvan al primer plano de la vida política israelí, y ahí Netanyahu carece de defensa. Por su propio interés, y por la presión del ala radical de su gobierno, que casi aspira a eliminar a los palestinos de todos los territorios en los que puedan, no hay incentivos para que ordene a las IDF parar la guerra. Por el lado de Hamas la situación es distinta, pero tampoco una paz puede venirles bien a corto plazo. La guerra ha destrozado gran parte de su infraestructura y acabado con un número muy elevado de los suyos, pero ha conseguido poner al conflicto palestino, otra vez, en el centro de la actualidad global, y lo ha gestionado de tal manera que su propia atrocidad del 7 de octubre ha quedado sepultada por la actuación de las tropas hebreas. Hoy en día el clamor que se escucha en muchas protestas en occidente no hace referencia a la liberación de los rehenes capturados por Hamás, no, sino a la actuación del gobierno israelí, a las continuas masacres que se dan día tras día en la franja. En su empeño por utilizar a los palestinos para su propia causa, Hamas no duda en sacrificarlos, y que ahora aparezca como el “bueno” ante los ojos de parte del mundo es todo un éxito para su propaganda, y supone también la derrota moral de Israel. Que Hamas quede más o menos arrasada tiene su importancia para Netanyahu, pero por cada escena de violencia desatada en Gaza sospecho que surgirán nuevos yihadistas en otras partes del mundo dispuestos a exigir venganza. Los dirigentes de Hamas, y sus jefes lo saben.

¿El desastre que pueda ocasionar Israel en Rafah es valioso para Hamas? No como entidad, pero quizás sí como ideología, como palanca para seguir movilizando a las sociedades musulmanas, a franjas cada vez mayores en ellas, para que se adhieran a su causa y rechacen las vías pacíficas de negociación. En un futuro escenario de dos estados en la zona, el único que puede garantizar una paz estable, forzado por terceros países, el peso de Hamas, su filosofía, será abrumador, una vez que vendan que su sacrificio es el que ha propiciado la victoria. Que todo esto suponga la muerte de miles de palestinos inocentes no parece importar nada a ninguno de los combatientes.

lunes, abril 29, 2024

Caos en los campus de EEUU

Es interesante comprobar como la atención mediática global ha preferido centrarse en la guerra de Gaza frente a la de Ucrania, lo que sin duda perjudica a los valerosos ciudadanos y soldados de Kiev, que ven su apoyo reducido. Lo que pasa en el conflicto Israel Palestina es un enquistado tema en las noticias desde hace décadas y la implicación global de potencias en él siempre le ha dado una trascendencia especial, todo ello unido, claro, al enfrentamiento religioso que está, también, en el fondo del asunto. Como actor clave, EEUU aparece siempre vinculado a todo lo que sucede allí, sea el causante, beneficiario o, simplemente, aliado de uno de los contendientes.

Los infames ataques de Hamas del 7 de octubre del año pasado pusieron la solidaridad y el apoyo de todo el mundo en la sociedad israelí. La guerra posterior y la manera en la que las IDF desarrollan los combates ha cambiado el signo de la balanza, y la solidaridad internacional ahora está claramente del bando palestino. Unas atrocidades no exculpan otras, y uno puede sentir legítimo horror por ambas, pero ya saben lo que es el tiempo presente, sectarismo hasta el extremo. En EEUU la sociedad, tradicionalmente pro Israel, ha ido virando a lo largo de estos meses a golpe de imagen de combate y de palestinos masacrados y, especialmente las generaciones jóvenes, no tienen ninguna duda de a quién apoyan en esta guerra. Eso se traslada en expectativas de voto menguadas para un partido demócrata que no puede permitirse perder sufragio alguno, y de ahí la postura cada vez más incómoda de Biden y su administración con Netranyahu. Pero la cosa no se ha quedado ahí. De las manifestaciones callejeras día sí y día también se ha pasado a las concentraciones en los campus universitarios, en un movimiento que recuerda, estéticamente, a las imágenes que nos enseñan los documentales de finales de los sesenta, cuando la oposición popular a la guerra de Vietnam no hacía más que crecer. Estas acampadas, que llenan los céspedes de los collegues y demás instalaciones universitarias, se dicen regir por la petición de paz, y es probable que entre sus integrantes haya muchos que tengan ese sincero deseo, pero no son pocos los que, de entre los concentrados, han lanzado proclamas claramente pro Hamas, que ni mucho menos quiere decir que sean pro palestinas. Los estudiantes judíos de las universidades, que allí son bastantes, se sienten acosados por lo que en las concentraciones se grita y se han producido algunos incidentes. Muchos de los benefactores, que son los que pagan el coste de mantener en pie esas instituciones educativas, son de origen judío, y se muestran cada vez más contrarios a renovar sus aportaciones, lo que pone en un brete la supervivencia futura de algunas de las universidades. Equipos rectores, profesorado, todo el personal de esos centros se encuentra dividido en torno a lo que pasa en ellos y, en general, la postura es de incomodidad, se apoye a Israel, a Palestina o se denuncien los horrores cometidos por ambos. Miles de empleos de alta responsabilidad, altísimo sueldo y poder no pequeño pueden ponerse en riesgo si la imagen de las universidades comienza a deteriorarse y los flujos financieros que las alimentan se frenan. Como pueden ver, las autoridades académicas tienen un señor problema. Por ahora tratan de nadar y guardar la ropa, defendiendo la libertad de expresión de sus alumnos y profesores, lo que ampara las protestas, y pidiendo que no se cometan excesos, ni actos de violencia ni apologías del terrorismo, buscando cortar los discursos pro Hamas, pero una cosa son los deseos y otra lo que se ve, con más de un campus en el que la policía ha tenido que entrar para desalojar a grupos de manifestantes combativos. La situación es seria, porque allí las universidades son enormes empresas con unas cifras financieras de gestión apabullantes y un impagable prestigio social. En España la universidad no pinta nada, pero allí es una de las claves de bóveda de la vida comunitaria.

Para tratar de salir del paso, varios campus están decretando, dado que llegamos al tramo final del curso lectivo, la vuelta a las clases virtuales y el fin de la presencialidad hasta después del verano, lo que es una manera de reducir notablemente el número de alumnos que están en el campus y los problemas, y una manera de mandar el problema al futuro, patada adelante, confiando en que en septiembre la situación en Gaza se haya tranquilizado, pero no hay garantías de que eso sea así y, a las puertas de las elecciones de noviembre, es fácil presuponer un inicio de curso movido. Desde luego es seguro que la bronca seguirá estos días.

viernes, abril 05, 2024

Israel, en la trampa tendida por Irán

No soy muy amigo de las teorías retorcidas, pero a veces suelen ser efectivas. No es lo habitual, pero la realidad nos enseña que casi todo puede ser posible. Hay una que me ronda desde hace tiempo referida a la guerra de Israel contra Hamas que, a medida que los combates avanzan, adquiere un significado más profundo y parece autoconfirmarse. Resumidamente ¿Y si la salvajada que está haciendo Israel en Gaza fuera precisamente lo que buscaba provocar el ataque del 7 de octubre? Al poco de empezar esa guerra, la legitimidad de Israel en combate se ha ido evaporando y su imagen en el mundo se ha destruido en una gran parte.

Pensemos. Pongámonos en la mente de uno de los líderes de Hamas, que no viven en la franja de Gaza, sino en Qatar o Irán, a resguardo de todo. Contempla como la sociedad israelí se manifiesta día tras día contra el gobierno del corrupto Netanyahu, obseso por aprobar una reforma judicial que le permita librarse de los delitos de corrupción que le acosan, una especie de autoamnistia, que seguro que lo entenderemos mejor. Bibi preside el gobierno gracias a una coalición con ultraortodoxos, extremistas en todas sus posiciones, también en lo belicista respecto a la relación con los vecinos. El gobierno está asediado por la sociedad y es débil. Los de Hamas, desde la distancia, saben que, en estas condiciones, si lanzan un ataque serio contra Israel nadie frenará a los halcones a la hora de desatar una guerra cruel contra los palestinos de Gaza, y el primero que la alentará será el propio Netanyahu, que vería en esa guerra la excusa ideal para aferrarse al poder y no responder por sus presuntos delitos. Los movimientos del gobierno israelí con Arabia Saudí de cara a firmar pactos de cooperación y reconocimiento también les inquietan, y creen que eso debe ser cortado de raíz. ¿Cómo? Si jugamos al toreo, podemos encabritar al astado para que, cuando le pongamos el capote como señuelo, embista con toda la rabia y se estrelle contra el estoque, o lo que le pongamos por el camino. A los líderes de Hamas no les importan los palestinos de Gaza, y de hecho consideran un beneficio creciente para su causa que el número de fallecidos en la franja como consecuencia de la respuesta israelí sea el más alto posible. Cuantos más mueran mejor, porque peor se rebelará el comportamiento de Israel ante propios y extraños. ¿Puede suponer eso perder la franja? ¿La propia Hamas quedaría muy dañada por una respuesta militar masiva? Sí, pero como en una partida de ajedrez diabólica, se puede soportar el sacrificio de algunas de las piezas si el objetivo final es alcanzado, y peones y alfiles se pueden perder si se da caza a la dama y al Rey. Además, una guerra desatada en el sur debilitará a las fuerzas israelíes y a su economía, y la puede dejar mucho más vulnerable ante posibles represalias por parte de Hezbolá en el norte, milicia pro iraní de una entidad militar mucho más potente que Hamás. Los estrategas, desde su cómodo refugio, aprueban el plan, y diseñan una acción contra Israel lo más intensa, cruel y despiadada posible, que sea imposible que la ira desatada se contenga, que fuerce a las IDF a una guerra total, que sea imposible que el animal herido no se encabrite y caiga en la trampa. Se movilizan comandos, milicianos, todo tipo de elementos de ataque y se fragua una operación salvaje, en la que, además del ataque contra la población israelí fronteriza con Gaza, se produzcan evidentes ensañamientos, tipo violaciones, degollamientos y destrucción de cadáveres, que sean vistos como lo que son, una afrenta absoluta. Si todo va como está planeado, el gobierno extremista de Israel arrasará la franja y sus aliados lo abandonarán ante la carnicería de venganza desatada, y ese momento será el ideal para una estocada mayor.

¿Retorcido? ¿absurdo? En parte sí, pero tiene una cierta verosimilitud, y la evolución de los combates está dejando, además de una franja de Gaza arrasada y miles de palestinos muertos, la destrucción de Israel como socio y aliado para las potencias occidentales, que tratan de salir como pueden de una guerra cada vez más sucia. El descontrolado Netanyahu parece estar cumpliendo a rajatabla ese guion en el que su actitud suicida y xenófoba pone en bandeja a los líderes yihadistas el objetivo de tener a Israel a punto de caramelo para lanzar contra él una ofensiva total. Hay paranoia en la sociedad hebrea por una posible respuesta desde el norte.

jueves, abril 04, 2024

Israel pasa de víctima a culpable

Es un tópico decir que un determinado incidente provoca que un proceso, en este caso, una guerra, cambie de fase y se diferencia completamente de lo que sucedía antes de lo que se ha convenido en señalar como relevante. A veces sucede, pero en otras ocasiones no son sino las ganas de los que relatan lo sucedido lo que hace que determinados hechos adquieran relevancia. Sólo a posteriori, con el tiempo, se podrá decir con certeza que eso que se señaló como crucial lo fue o se quedó en mera nota al pie de un relato mucho más largo y complicado. En el caso de una guerra, que es un fenómeno sujeto a inercias muy poderosas, señalar sobre la marcha pivotes de este tipo resulta muy aventurado.

Sea así o no, desde luego es muy relevante lo que ha sucedido con la muerte de los siete cooperantes de la ONG World Central Kitchen que ha tenido lugar a principios de esta semana en Gaza. Los cooperantes murieron a manos del ejército israelí que, con saña, bombardeó los vehículos en los que se desplazaban por la franja. Pudieron huir de un primer ataque, parece que también de un segundo, pero no del tercero que los mató. En cifras absolutas siete muertos es muy poco en comparación con las decenas, o centenares, que fallecen a diario en la franja fruto de la incursión militar israelí, pero ya se sabe que, como dijo el gran Orwell, todos somos iguales, pero unos son más iguales que otros. Esos siete cooperantes eran occidentales, con pasaportes de primera división; reino Unido, Australia, Canadá… nacionalidades que valoran la vida de cada uno de los suyos como la de algunos cientos de palestinos, por poner una medida aproximada pero no alejada de la realidad. Eran empleados de una ONG mundialmente conocida, liderada por el cocinero español José Andrés, famoso en todo el mundo y una auténtica celebridad en EEUU, a un nivel como no somos capaces de imaginar. Por ello, la relevancia global que tienen estas muertes es enorme, y golpea de lleno a naciones que apoyan sin fisuras a Israel, y que empiezan a despegarse a toda velocidad de la gestión de la guerra que realiza el gobierno de Netanyahu. El clamor que ha surgido de los portavoces de estos países exigiendo explicaciones al primer ministro israelí ha sido bastante más potente del escuchado a lo largo de todos estos meses sobre muchas de las acciones militares desarrolladas en la franja que son difíciles de entender desde una óptica militar, menos desde la humana. El balance de muertos de la incursión al hospital Al-Shifa se puede enumerar en varios centenares, sin que las ruinas del edificio tras el paso del ejército israelí pueden decir nada sobre las atrocidades allí cometidas y la justificación de una acción que no tiene nada que ver con una guerra y sí, mucho lo parece, con una mera venganza. Pero un cooperante internacional vale más que cientos de palestinos, recuerden la crueldad de la vida en la que vivimos, y ha sido el ataque a los occidentales lo que sí ha obligado a Netanyahu a dar la cara, a decir que ha sido un error de información por parte del ejército israelí y de que estas son cosas que pasan en la guerra. Desde las cancillerías europeas, y también la de EEUU, estas explicaciones ni han gustado ni han servido para aplacar unos ánimos que empiezan a estar muy enfadados ante la deriva de una guerra por parte del gobierno israelí que empieza a ser del todo punto injustificable ante las opiniones públicas nacionales. Si muchas de las víctimas que deja esta batalla no tienen rostro ni nombre, esos siete cooperantes tienen fabulosos pasaportes con escudos de naciones poderosas, en los que figuran detalladas fotos a color de los fallecidos, códigos de seguridad emitidos por instituciones de las naciones emisoras de los documentos y demás parafernalia que les hace ver a los occidentales, nos hace ver, a uno de nosotros en ellos. Esos muertos sí nos generan empatía, y su asesinato, dolor. Y por eso el desastre que para Israel supone esta acción de guerra puede resultar tan importante, si provoca que el apoyo de sus aliados flaquee. Que la guerra vaya a ser distinta a partir de ahora, o que incluso se acorte por ello, es algo que está por ver y sólo el tiempo lo dirá.

El 7 de octubre, tras los atentados salvajes de Hamas, la solidaridad global se volcó con Israel ante el reguero de víctimas inocentes con las que el fanatismo islamista llenó los campos y pueblos hebreos cercanos a la franja. A casi siete meses de esos ataques, la actuación del gobierno de Netanyahu ha destrozado gran parte de ese capital emocional que se generó tras el ataque y convertido a Israel en el culpable de lo que sucede en la franja, en el responsable de convertir ese territorio en una escombrera invivible llena de cadáveres de palestinos inocentes. En pocas ocasiones la nefasta gestión de unos pocos creo tales destrozos y males. Israel ya ha perdido esta guerra a los ojos de la opinión pública global, sea cual sea su resultado militar.

viernes, marzo 08, 2024

La guerra de Gaza empeora

Mientras Sánchez y los suyos traicionaban a todo el país y no cabían de orgullo por la felonía conseguida, en EEUU Biden daba el último discurso sobre el estado de la Unión de su actual mandato, un ejercicio de demostración de la unidad del país ante los problemas comunes, con el presidente compareciendo ante una sesión conjunta de ambas cámaras. Como Trump es un sanchista de pro, pasa de la unidad y contraprogramó una intervención en la que se dedicó a insultar a todos los que no son como él, muy en su línea. Sólo faltaba Bolaños junto al magnate dando saltos de alegría. No me consta que Gaza apareciese en el de Trump, pero sí en el de Biden.

Ayer se cumplieron cinco meses desde el inicio de la guerra de Gaza, comenzada por Hamas con su brutal ataque terrorista del 7 de octubre, y el balance que puede hacerse, desde cualquier punto de vista, es desolador. La franja está parcialmente arrasada, convertida en territorio inhabitable en su mayor parte. Edificios residenciales, infraestructuras y construcciones de todo tipo han sido laminadas por las tropas israelíes. Los muertos palestinos se contabilizan por decenas de miles, mientras que los refugiados son prácticamente el resto de los algo más de dos millones de personas que vivían en aquel lugar. Las bajas en el ejército israelí alcanzan varios centenares de fallecidos y heridos, los secuestrados por Hamas han sido rescatados parcialmente, pero más de un centenar siguen capturados, y son decenas los que han muerto a manos de sus captores o en las acciones militares cruzadas entre las tropas de la IDF y los milicianos islamistas. La imagen de Israel en el mundo se ha ido deteriorando sin freno a lo largo de estos meses, a partir de un pico de solidaridad por las salvajadas perpetradas por Hamas. La respuesta militar del gobierno de Netanyahu ha supuesto la digestión, para la opinión pública global, de un reguero de imágenes de extrema crueldad en la que palestinos civiles, muchos de ellos niños, mueren a diario en condiciones penosas entre escombros y llantos de sus familias que, impotentes, no pueden hacer nada para evitarlo. Los mensajes comunes de la casi todas las naciones tras el 7 de octubre han ido derivando hacia el silencio y, progresivamente, la crítica ante la actuación israelí, que va a lograr convertir Gaza en un erial, pero que no está nada claro que sea capaz de eliminar a Hamas como movimiento, aunque se cargue a muchos de sus milicianos. La actitud cada vez más descarada por parte de las fuerzas extremistas israelíes, las más ortodoxas, que mantienen una cuota de poder creciente al ser las que sostienen al gobierno (algo así como los sediciosos puigdemoníacos pero con la Tora por bandera) están alentando el incremento de la violencia no sólo en Gaza, sino también en Cisjordania, donde varios de los colonos que residen en asentamientos ilegales actúan sin mucho miramiento, realizando ataques a las residencias palestinas con las que comparten territorio de una manera similar a archipiélagos diseminados a lo largo de las colinas de ese lugar. En el norte de Israel siguen las escaramuzas entre las tropas de las IDF y las fuerzas de Hezbola, que amagan día sí y día también lanzando cohetes contra territorio israelí, pero sin decidirse a emprender una ofensiva en toda regla. Los discursos de sus dirigentes siguen la tónica incendiaria habitual en todos ellos, pero no pasan de ahí, y de momento, el temido frente libanés no acaba de concretarse en una segunda guerra, lo que es uno de los pocos hechos optimistas que existen en la zona. Esto, el que la guerra se mantenga encapsulada en el espacio de Gaza durante estos meses, contribuye a que la indignación ante lo que pasa no escales a alarma, y sigue dando margen de actuación a Israel, que puede sostener el frente bélico y sus costes, con enorme daño para la economía del país, pero con posibilidades de aguantar varios meses más. Eso no sería posible con una segunda guerra simultánea, capaz de dejar exhaustas las finanzas y capacidades de la nación.

Todos estos meses son un desastre, en el que quizás sólo los extremistas de Hamas, los sucios ayatolas iraníes que los manejan y los ultraortodoxos israelíes puedan declararse satisfechos al seguir dando rienda al odio acumulado que poseen, liberándolo en forma de asesinatos sin piedad a uno y otro lado. Sigo pensando que una de las derivadas que tenía la acción de Hamas era buscar el desastre de la imagen de Israel en el mundo, tentarle como a un toro con el capote y que embistiera, usando a los palestinos como anzuelo y carne de sacrificio. Si ese era uno de los objetivos, tristemente, se ha conseguido. El gobierno israelí empieza a ser tóxico para las naciones occidentales.

viernes, febrero 16, 2024

Israel se está equivocando

Una vez que las fuerzas israelíes ha conseguido el control total sobre el norte y centro de la franja de Gaza, sus operaciones se encaminan hacia el sur, acercándose a Rafah y al paso de su mismo nombre, frontera de acceso a Egipto y límite inferior de la franja En las localidades donde ya se han disputado los combates los destrozos son inmensos, el número de milicianos de Hamas eliminados numerosos y las víctimas civiles medibles mediante unidades de millar, en una ofensiva que se está demostrando tan eficaz como letal. Lo que quede de Hamas en el territorio no va a seguir muy vivo de aquí a unas semanas.

Recuerdo que, al poco de sucederse los atentados islamistas del 7 de octubre y comenzar la respuesta militar israelí, se publicó en prensa un interesante artículo, de tono sombrío, en el que un experto norteamericano intentaba dar algunos consejos a Israel sobre cómo responder ante la masacre que había sufrido. El principal de ellos era que no cometiese los errores que llevaron a cabo los propios EEUU tras el 11S. Conmocionados, cegados por el dolo y el odio, las fuerzas norteamericanas respondieron contra la base terrorista de Afganistán, y derrocaron al gobierno talibán que había amparado a Bin Laden y el resto de sus secuaces. Ese ataque contó con la comprensión y el apoyo de la inmensa mayoría de países ante la atrocidad que se había producido en Nueva York y Washington, pero de ahí en adelante el gobierno de EEUU siguió ciegamente una estrategia equivocada en la que la fuerza imparable de su ejército y su sed de venganza le hicieron atacar otras naciones, descomponer gran parte del apoyo global y sumirse en el marasmo de lo que luego supondría Irak y sus desastres asociados. Comentaba el experto que, en esa época, a la población y dirigencia de su país le pudo el odio y la venganza sobre el cálculo frío, la necesidad imperiosa de responder violentamente sobre la estrategia efectiva y determinada para acabar con sus enemigos, y sólo con ellos. Venía a decir que era fácil que, ante un golpe como el 11S, la reacción hubiera sido la que se dio, y que el tiempo ha permitido aprender lecciones sobre lo que se hizo bien y mal, y que en ese momento Israel, ante su 11S particular, debía sentarse consigo mismo de manera serena y planificar la respuesta de tal manera que el daño que hiciera a sus oponentes no se le volviera en su contra. Expresaba una total solidaridad con las víctimas del atentado, sus familias y, en conjunto, con toda la sociedad israelí, y pedía al gobierno, que en esos momentos trataba de reconfigurarse como un gabinete de unidad nacional, que actuara con racionalidad. Era consciente el autor de lo difícil que era lo que pedía, porque ellos mismos, su propia nación, no actuó así, y lo más fácil es que Israel cayera en errores similares. Por eso le advertía y rogaba para que no los cometiese. Transcurridos ya unos meses desde los atentados de octubre, el desarrollo de la respuesta israelí muestra los mismos errores en los que cayó la política norteamericana en 2002 – 2003, agravados si cabe por la capacidad que tenemos ahora mismo de seguir en directo las consecuencias de los ataques de las IDF y, desde luego, incrementados por la presencia de discursos extremistas que, en los últimos años, se han hecho fuertes en la política israelí. No se si Hamas será destruida, sí es probable que lo sean sus infraestructuras en Gaza, pero el aliento para el extremismo islamista que supone el desarrollo de la ofensiva israelí es todo un triunfo para los radicales que lanzaron los ataques del 7 de octubre. A eso asesinos, a los que no les importan ni la vida de los israelíes ni las de los palestinos, el balance de más de veinte mil civiles palestinos muertos en lo que llevamos de ofensiva les suena a gloria, a sangre derramada que riega el odio que plantaron con su acción terrorista, y que la respuesta israelí contribuye a que crezca fuerte y vigoroso. Un odio que será difícil de exterminar.

En estos meses la solidaridad global con Israel se ha tornado en abierta hostilidad por parte de países y opiniones de gran parte del mundo, e incluso la tradicional alianza inquebrantable entre ellos y EEUU se resquebraja por cada nuevo bombardeo. Intolerables actos antisemitas se extienden por doquier con la comprensión de muchos que no quieren verlos y, a veces con poca discreción, los apoyan. El gobierno israelí está fracasando en su objetivo de ganar la guerra, aunque pueda acabar laminando Gaza y convertirla en un erial. Temo que alguien, en alguna parte, esté planeando una gran y cruel venganza por todo lo que está sucediendo, que sea un fruto de ese odio que se extiende sin freno por la zona.

Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo tres días. Si no pasa nada raro nos leemos el jueves 22. Pásenlo muy bien.

lunes, enero 08, 2024

La guerra y sus dinámicas

La guerra es uno de esos fenómenos que, una vez desatados, posee propiedades que escapan a los que participan en ella y la vuelven incontrolable. Los contendientes poseen planes y estrategias que, normalmente, se convierten en basura a medida que los acontecimientos se desarrollan. En muchas ocasiones, a posteriori, el que inició las hostilidades no lo hubiese hecho de saber lo que le esperaba, porque lo que se prometía como una victoria rápida y sencilla se había convertido en una derrota, una masacre y todo un desastre ¿Pensaba Putin descabezar el gobierno de Kiev en una operación relámpago que durase un par de semanas y hacerse así con el control de Ucrania? Probablemente. En febrero esa guerra cumplirá los dos años.

Ahora mismo en Israel se vive una situación similar en una guerra multifrente y multiopositor que puede descontrolarse por completo, y hay fuerzas que buscan ese incremento de las hostilidades y otras que tratan de frenarla como sea por el miedo al desastre total. En el escenario principal de los combates, Gaza, las milicias de Hamas parecen estar siendo tan masacradas como la población civil entre la que viven, sin que el ejército de Israel tenga excesivos problemas, ni miramientos, a la hora de convertir el terreno urbano en escombreras. La imagen de Israel en el mundo se deteriora a pasos agigantados y las operaciones de combate prosiguen lentas pero sin pausa. Sospecho que este era uno de los objetivos buscados por Hamas, tentar a la maquinaria israelí para que entrase de manera salvaje en la franja y exponer ante el mundo la crueldad de los ataques a los civiles palestinos, que las cámaras de las televisiones globales expondrían en todos los salones. No hemos visto muchas imágenes de las matanzas de Hamas en su ataque del 7 de octubre por el pudor de los israelitas, pero a diario vemos escenas desgarradoras ente los palestinos que inclinan la balanza global de los sentimientos y exacerban el odio a Israel. Las poblaciones árabes están claramente decantadas por los palestinos y, aunque sus gobiernos no hagan mucho más que emitir declaraciones grandilocuentes, apenas son capaces de contener una ira que se sigue larvando. A Irán, archienemigo de Israel, la situación le viene ni que pintada, es ideal para su deseo de acabar con la nación judía, pero si se fijan, además de muchos comunicados de odio y griteríos en las plazas, el gobierno de Teherán no está atacando a Israel con toda la fuerza que podría emplear. Su proxy en Gaza, Hamas, está siendo liquidado ofreciendo escasa resistencia, y los demás proxys que posee en la zona, especialmente Hezbola, no se deciden a entrar en conflicto abierto. Al respuesta contundente y despiadada del ejército israelí también ha sido, en sí misma, un mensaje al resto de actores que pudieran estar tentados a entrar en combate. Un mensaje algo así como “no os metáis, que os matamos a todos” que mete el miedo en el cuerpo. El frente de los hutíes es, a corto plazo, el más peligroso para aspectos como el comercio internacional, pero el de Hezbola lo es, de manera estratégica, en todo lo relacionado con el devenir militar de la guerra y la reconfiguración de la zona. Hay fuerzas dentro del gobierno israelí, los ultranacionalistas, que ven en la guerra actual la gran oportunidad para llevar las fronteras de la nación hasta su extremo y acabar de una vez con el problema palestino y libanés, de una manera inaceptable para el resto del mundo. Entre los islamistas arden los deseos de venganza y quieren también que esta sea una guerra total en la que, sino ganar, infrinjan suficiente daño a Israel como para que quede debilitado en un futuro y no sea capaz de mantener una posición de control en la zona. Un conflicto militar total en dos frentes, Gaza y Líbano, pondría en serios apuros a las capacidades militares de Israel y requeriría la movilización total de una sociedad que, ahora sí, estaría ante un riesgo existencial. La economía de la nación, ya muy tocada, se hundiría, y el estado estaría ante su mayor reto.

Frente a esta dinámica, hay fuerzas dentro de Israel, y fuera, como la UE, EEUU y las naciones del golfo, que presionan para que el desastre actual no se extienda y la guerra no se escape de las manos. Para sus aliados, el actual gobierno de Israel se ha convertido en un socio muy poco manejable dado el peso que tiene el extremismo ortodoxo en el gabinete y parte de la sociedad hebrea, por lo que ahí el trabajo de “apaciguamiento” es más que difícil. En Teherán está la principal clave sobre las posibilidades que tiene la guerra de extenderse o no. Sospecho que habrá Ayatolas que lo desean y otros que no, en una división bastante similar a la que se vive en el gabinete israelí. ¿Quién logrará ganar la partida?

viernes, enero 05, 2024

La guerra de Gaza se descontrola

Han sido unas navidades desastrosas en Palestina e Israel. Sin nada de turismo, y con la violencia descontrolada fruto de la tensión de la guerra, Belén ha lucido en 2023 como una aldea fantasma, apenas recuerdo de lo que allí sucedió hace dos mil años y algo. Las imágenes que nos llegan de Gaza, con cadáveres acumulados y niños sufrientes han permitido a muchos hacer las comparaciones de rigor entre Netanyahu el moderno Herodes que asesina niños para saciar su venganza. En su guerra en la franja, Israel sigue perdiendo apoyo de la comunidad internacional, Hamas lavando su imagen a costa de los palestinos muertos y estos, los palestinos, caen bajo bombas, escombros y desastres de todo tipo.

Uno de los objetivos que el resto de naciones deseamos, desde nuestra hipócrita visión de la realidad, es que la guerra, cruel, no se descontrole y se expanda más allá de la frontera de Gaza. Tres son los posibles escenarios para que el conflicto se extienda y se convierta en toda una guerra regional de alcance mucho más importante; Líbano, por el norte de Israel, por la presencia de Hezbola, El mar rojo, a través de las milicias hutíes y los altos del Golán y Siria en el este de Israel. La actividad en esos tres frentes está aumentando a lo largo de los últimos días, con acciones armadas de los distintos grupos anti Israel tratando de mostrarse fuertes y chantajeando, especialmente en el caso de los hutíes, al mundo occidental mediante el asalto de buques y la ruptura del tráfico comercial del mar rojo y el canal de Suez. Detrás de todos estos posibles frentes está Irán, la gran potencia regional, que alimenta, financiera e ideológicamente, a todas las milicias que actúan sobre el terreno en ellos. Hezbola no es sino un gran ejército proxy de Irán que mantiene una posición de dominio en el Líbano y que es mucho más poderoso que Hamas. Los hutíes llevan recibiendo apoyo de Teherán desde hace años, en su guerra contra los invasores saudíes, y se han hecho con la mitad del montañoso y pobre Yemen, convirtiéndose de facto en soberanos de parte del territorio y de las aguas que dan acceso al mar rojo, y en la zona del Golán Siria operan milicias que se reabastecen directamente del cercano Irán, en un territorio descontrolado que antaño fue de Siria y que ahora, quizás, nominalmente lo siga siendo, pero tras la guerra civil que asoló aquella nación sólo depende de Damasco de manera nominal, siendo una marca, o zona de frontera para los intereses iraníes. Las escaramuzas que han tenido más desarrollo, y que en apariencia son las más graves para la extensión directa de la guerra, son las que tienen como protagonista a Hezbola. Su capacidad militar es muy elevada y dispone de una profundidad estratégica para reabastecerse y buscar refugio en el territorio libanés de la que carece Hamas, arrinconada en la franja de Gaza. Recordemos que militares españoles llevan tiempo enclavados en la zona dentro de una misión de mantenimiento de la paz de la ONU tras la última guerra entre Israel y Líbano (Hezbola) que no fue precisamente un juego de niños. Diariamente se lanzan algunos proyectiles desde ambos lados de la imprecisa frontera y las poblaciones civiles israelíes llevan meses desalojadas en previsión de que las cosas vayan a más. El líder de Hezbola ha lanzado duros comunicados contra Israel y su acción militar en Gaza, pero no ha ido más allá de palabras amenazantes, quizás también impactado por la actuación militar israelí, y deseoso de que sus milicias no sufran numerosas bajas en combate. La muerte de un alto cargo de Hamas en Líbano en lo que parece un atentado planificado por Israel ha levantado todas las alertas y, casi, forzado una respuesta militar.

Curiosamente, durante los días navideños, han sido los hutíes de Yemen los que más guerra han dado, literalmente, con los ataques a buques mercantes, forzando en la práctica un cierre del mar rojo al negarse muchas navieras a transitar por él ante la falta de seguridad. El intento norteamericano de crear una misión de seguridad en la zona y la negativa de varias naciones europeas a aportar ayuda, o a hacerlo de una manera tan testimonial como ridícula, muestra que las relaciones globales se están tensando más de lo que muchos esperaban por los acontecimientos en Gaza, que no dejan indiferente a nadie. El riesgo en la zona aumenta

martes, diciembre 05, 2023

Biden y el avispero de Gaza

Puede que la asociación entre EEUU e Israel sea una de las más firmes y sólidas de las que existen en el panorama internacional en los tiempos modernos. Sea por el peso del lobby israelita en la política norteamericana o por el complejo de culpa de unos EEUU que no hicieron lo debido para evitar el holocausto cuando aún era posible, o por la causa que fuere, Israel sabe que en Washington tiene a su más fiel aliado, que le va a defender de lo que pase sea cual sea su actitud, y que le proporcionará apoyo financiero, militar, de inteligencia o de lo que sea ante las circunstancias que surjan. Así mismo, Israel será el brazo que actúe en nombre de EEUU en su zona de influencia.

Teniendo esto en mente, resulta de sumo interés comprobar como la evolución de la guerra de Gaza está abriendo una fractura hasta ahora no vista entre las relaciones de ambos países. De cara a la galería el discurso oficial de EEUU se mantiene firme: Israel tiene el derecho a la autodefensa tras los salvajes atentados del 7 de octubre y como aliado ahí estaremos para apoyarle. Por debajo, la preocupación crece entre los mandos militares y civiles del gobierno norteamericano a medida que las operaciones de las IDF en Gaza se extienden sobre la franja, disparan las víctimas civiles y dejan un saldo de destrucción que no permite imaginar cómo puede ser el día después de la guerra. Destruir Hamas, el propósito enunciado por el gobierno de Netanyahu, es compartido por EEUU y el resto de naciones occidentales, pero desde la capital del imperio se empieza a cuestionar que la manera de lograrlo sea reducir Gaza a escombros y convertir a su población civil en una masa de refugiados sin destino. Eso desde el lado práctico, si así me lo permiten definirlo, pero es que desde el lado de los intereses políticos de la administración Biden también empiezan a surgir dudas y temores. La ración diaria de sufrimiento palestino que retransmiten todas las televisiones ha hecho que la respuesta social en las calles de EEUU sea mayoritariamente a favor de esos palestinos, y el apoyo a Israel sea simbólico, cunado no directamente inexistente. En el partido demócrata la situación es de fractura total, con un grupo dominante, por poco, compuesto por las figuras de toda la vida, que son claramente pro Israel, en las que abundan vínculos económicos, políticos y sentimentales con la nación hebrea, y una fracción creciente, compuesta en su mayor parte por jóvenes, que se muestran claramente a favor de los palestinos y cada vez critican con más fuerza la acción de Israel. A esta división se le debe sumar el hecho de que poco, pero el voto musulmán que existe en EEUU se ha decantado tradicionalmente por los demócratas, que se han especializado en recolectar el voto de minorías, diluyendo en parte su discurso programático, en la idea de que agrupar a esas minorías les dará para alcanzar la mayoría suficiente. Los representantes de la comunidad musulmana en EEUU están tan horrorizados como indignados por lo que pasa en Gaza, y en sus protestas dejan claro que, frente a lo que sucedió en la campaña de 2020, no van a pedir el voto para un partido demócrata que ven coaligado con Netanyahu y su política belicista. El voto de este colectivo es pequeño en número, pero recordemos que hay ciertos estados, los llamados “swing states” en los que el balance entre demócratas y republicanos está muy ajustado y suelen oscilar entre uno y otro por escasos miles de votos. Si Biden pierde los sufragios del colectivo musulmán eso le puede costar alguno de esos estados, y con ello la reelección presidencial dentro de once meses, que en el fondo es lo que más le importa. No lo único, pero sí por encima de todo lo demás.

El deseo de la administración Biden sería que la guerra de Gaza concluyese mañana, mejor aún, esta tarde, y que todo lo que está pasando se fuera disolviendo en el tiempo, amortiguándose de cara a las presidenciales de 2024, pero la falta de una estrategia de futuro sobre el desarrollo de los combates y lo que va a pasar en la franja después por parte del gobierno de Israel hacen que la inquietud siga subiendo en un partido, el demócrata, que se la juega el año que viene de una manera casi decisiva. Cada día de guerra son votos que Biden se arriesga a perder, y sabe que no le sobra ninguno, y menos con unas encuestas que siguen poniendo a Trump en cabeza.

Esta es una semana extraña, pero no me cojo puente, así que el jueves aquí nos leeremos.