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miércoles, julio 05, 2017

El ejército iraquí reconquista Mosul

Ruinas, ruinas y más ruinas. Cascotes que lo invaden todo, procedentes de lo que un día fueron edificios y que hoy apenas se pueden distinguir de las contiguas montañas de escombros que flanquean las calles, en las que el firme no es irregular, sino inexistente. Fusionado con el entorno, la trama urbana es impracticable, llena de residuos, pedruscos, chatarra y restos de batalla que lo llenan todo. Cadáveres por doquier y cientos, miles de personas, que han vivido durante los últimos años en esa ciudad y que ahora huyen de sus ruinas sin apenas nada puesto, famélicas, deshechas, con sus cuerpos y almas a juego con el paisaje de destrucción que les rodea.

A finales del verano pasado el ejército iraquí comenzó la batalla de Mosul, la segunda ciudad de Irak, su capital en el norte, una urbe de dos millones de habitantes, la más poblada de entre las dominadas por el maldito DAESH. Los islamistas se hicieron con el control de la ciudad en el verano de 2015, cuando escasos pero bien armados, irrumpieron por sus calles y el ejército de Irak huyó de una manera cobarde y escandalosa. Casi sin pegar un tiro los fanáticos se hicieron con una gran ciudad, toda su población y sus enormes recursos, entre ellos mucho armamento, abandonado por quienes presuntamente tenían que defender a sus moradores de los salvajes. Fue en Mosul, en una de sus mezquitas más antiguas y valiosas, donde Al Bagdadí proclamó el califato en 2015, en ese vídeo que seguramente muchos de ustedes han visto, en el que el clérigo, orondo y vestido de negro, proclama una salmodia que, con el tiempo se ha traducido en dolor y sangre por medio mundo. Como síntoma de lo que vendría, las tracerías y bellas figuras geométricas que enmarcan la imagen del presunto califa son ahora mismo parte de esas ruinas que alfombran Mosul, dado que los fanáticos de DAESH volaron hace una semana la mezquita en la que están tomadas esas escenas. Volaron sus cúpulas, salas de oración y minarete, muy antiguo este, del siglo XII, y famoso por estar inclinado. ¿Acaso hay mayor afrenta al islam que la destrucción de uno de sus templos más antiguos? Pues ese es el último “servicio” prestado por estos salvajes a la religión a la que dicen servir y no hacen más que mancillar y violar. Nueve meses han sido necesarios para la reconquista de la ciudad, que ahora no es sino un campo de escombros y refugiados, demostrando por un lado que es posible ganar al terrorismo de DAESH sobre el terreno pero, también, poniendo de relieve que esa victoria ha venido tras una batalla de crueldad, desgaste y salvajismo difícil de imaginar, en la que los muertos se cuentan por miles (de hecho hace tiempo que se han dejado de contar) y los civiles no han sido sino carne de cañón, escudos utilizados por los fanáticos para retrasar el avance de las tropas iraquíes. ¿Se puede hablar de victoria en este contexto? Supongo que la lógica obliga a decir que sí, pero la realidad y las imágenes que se nos muestran más bien apuntan a que poca cosa se ha conquistado. Las crónicas de algunos enviados especiales, periodistas freelance que se han jugado la vida entre esas calles, por llamarlas de alguna manera, contando lo que veían, eran aterradoras. Mosul parecía una reedición de Stalingrado, con el ardiente sol sustituyendo al frío ruso, y sin frentes claros, pero con las mismas tácticas de desgaste, las mismas sucias estrategias y, claramente, los mismos y asesinos resultados. Ahora mismo la ciudad, como lo fue Stalingrado, no es más que un inmenso cementerio, en el que la trama urbana no hace sino disumular el aspecto de camposanto.


¿Y ahora, qué? El ejército iraquí tratará de desactivar aquellos grupúsculos de resistencia islamista que aún persistan en la ciudad y en lo que quede de territorio del país, y el delirio de un territorio sometido a los designios de DAESH se derrumbará, quizás a la misma velocidad a la que se levantó en las arenas de Siria e Iraq. Pero no nos engañemos, el fruto del delirio de Al Bagdadí y los suyos, que pueden estar muertos o no, ha prendido en muchas comunidades islamistas, de allí y de aquí, y no son pocas las manos y mentes que, en Siria, París o Mallorca, planean actos de honor para defender una fe por la que dar la vida y quitársela a los infieles. Una fe, pervertida, que yace bajo las filigranas convertidas en polvo de la mezquita de Mosul. Porque ese es el destino de todo lo tocado por el fanatismo, la destrucción.

miércoles, octubre 19, 2016

La batalla de Mosul

Por si no teníamos poca desgracia con la ración que nos ofrece Alepo cada día, el inicio de la batalla de Mosul promete una sobredosis de violencia, muerte y destrucción que se le puede acercar bastante. Entre uno y dos millones se estima que son los habitantes que residen en esa ciudad, capital del norte de Irak, tomada hace dos veranos por las huestes de DAESH, sin apenas librar enfrentamiento alguno, en medio de la desbandada de las tropas regulares iraquíes, que huyeron, algunos ni con lo puesto, dejando pertrechos de guerra, dinero, recursos y ciudadanos para que DAESH los explotase y esclavizase a su gusto.

A lo largo de estos dos años el territorio conquistado por el Estado Islámico ha alcanzado su máxima extensión y, desde algo menos de un año, no deja de menguar, tanto en el frente sirio como en el kurdo e iraquí. Esa pérdida de terreno es muestra de debilidad y, sobre todo, de ganas por parte de los enemigos de acabar con ellos, que no es poco. La actuación de las tropas internacionales está siendo escasa en esta guerra, dada su virulencia, número de bajas y el pánico que tenemos los occidentales a recibir cadáveres en casa. Subcontratamos a los kurdos e iraquíes para que hagan el trabajo sucio y, desde luego, pongan los muertos. El principal apoyo de los ejércitos europeos y norteamericano en esta guerra está siendo la logística y el entrenamiento de las tropas. Este último punto es decisivo en el caso del ejército iraquí. La comentada y vergonzosa huida de Mosul fue el punto más bajo de un supuesto ejército, recreado tras la ocupación norteamericana, que fracasó por completo en su primera prueba seria. Con el país partido, con tropas iraníes en suelo suní y la seguridad de la nación inexistente en todo punto, tiene en Mosul el ejército local la posibilidad de reconciliarse con su pueblo y consigo mismo. Los años en los que DAESH ha sometido a la población de la ciudad ya no podrán recuperarse, y es difícil que alguna vez podamos saber realmente cómo se vivió allí bajo ese régimen fanático y opresor, pero cuando Mosul sea reconquistada, tocará volver a integrarla en un régimen de seguridad y derechos, no se muy bien bajo la bandera de que nación, porque me parecería milagroso que el Irak que hemos conocido se mantuviera en pie tras esta infinita guerra en la que vive, pero en todo caso los residentes en esa ciudad necesitan ser rescatados del yugo salafista. La gran pregunta es cuánto va a costar esto. Cuánto va a costar en tiempo, en recursos, en vidas, en destrozos. Qué va a quedar de Mosul y de sus habitantes tras la batalla que ahora empieza. Se ha visto, por ejemplo en Palmira, que que DAESH no es muy eficiente en el enfrentamiento en campo abierto y que, pese a ser capaz de resistir en entornos atrincherados, no puede sostener una batalla convencional frente a blindados y equipo pesado ni siquiera en un entorno urbano, que le favorece sobremanera. Pero eso no quiere decir que esta guerra sea fugaz, y acabe en pocos días con la desbandada de los yihadistas. Ojalá, pero dudo que así sea. La posibilidad de usar a miles de civiles como rehenes en el campo de batalla es muy cierta, y ya nos han demostrado los yihadistas el (nulo) aprecio que tienen por los que no son como ellos. Vienen tiempos muy duros y muy sucios para Mosul, pase lo que pase.

Ante esta perspectiva, muchos de los habitantes de la ciudad, optarán por huir como sea, tratando de salvar sus pertenencias y, sobre todo, su pellejo. El éxodo de refugiados que va a generar esta batalla puede ser enorme, tan inmenso como los que llevamos meses, años, viendo en medio de la indiferencia global. Alepo, su ruina, su miseria, su destrucción, es el espejo en el que se miran los habitantes de Mosul, sabedores que los que no huyeron a tiempo de lo que fue la capital económica de Siria ahora están muertos o malviven entre escombros. No se si Mosul correrá el mismo destino, espero que no, pero pocas noticias buenas van a llegar desde allí en las próximas jornadas.

viernes, julio 08, 2016

El informe sobre la guerra de Irak

La guerra de Irak, como si fuera un espectro, va a estar apareciéndose de manera continua a sus protagonistas hasta el final de sus días. Resulta asombroso pensar que han pasado ya trece años desde aquel acontecimiento, pero todos lo recordamos como algo tan próximo como si hubiera sucedido ayer. Para sus tres promotores, la sensación de vivir en un bucle inacabable va a seguir existiendo para siempre. En esta ocasión el fantasma reaparece a cuenta de un informe oficial elaborado en el Reino Unido, país amante del suicidio, por lo visto, pero que aún nos da muchas vueltas en casi todo. Y desde luego, en la evaluación y valoración de las políticas, varios miles de ellas.

El informa llamado Chilcot, por el nombre del principal responsable del mismo, es tajante y pone negro sobre blanco algunas cosas que ya sabíamos todos, centradas especialmente en la inconsistencia, cuando no falacia, de los argumentos que llevaron a aquella guerra. Ni las armas de destrucción masiva existían ni las pruebas presentadas por la entonces administración norteamericana eran sólidas ni veraces. Ni los argumentos esgrimidos por los cooperantes de la guerra, encarnados en los tres dirigentes políticos de EEUU, Reino Unido y España. Personalmente no me interesa el hecho de que la guerra se hiciera con o sin el mandato de Naciones Unidas y la supuesta violación o no de la legalidad internacional, expresión difusa que esconden siempre un juego de intereses y de poder. Lo sustancioso es que la guerra se desencadenó por motivos que no eran ciertos, y respondía sobre todo a un plan trazado por unos dirigentes del Pentágono que soñaban con un mundo moldeable a su antojo, en el que Irak sería la primera pieza de un renovado y, deseado democrático, oriente medio. La guerra se ganó en pocas semanas y, desde entonces, llevamos perdiendo la postguerra. El informe británico examina con especial detalle, obviamente, el papel de Tony Blair, el entonces primer ministro del entonces Unido Reino, y le deja en muy mal lugar. Seguidismo, falta de valoración crítica de los hechos, simplificaciones, errores de inteligencia… Blair y su equipo son demolidos por un texto que deja bien a las claras lo que se pudo hacer para evitar la guerra y lo que, principalmente, no se quiso. Blair ha comparecido diciendo que, con la información que tenía entonces, hubiera actuado igualmente, y que a posteriori es obvio que se equivocó, y ha pedido disculpas ante los medios y su sociedad, de una manera un poco taimada, pero lo ha hecho. En España este asunto generó una polémica bestial. No fuimos militarmente a la guerra porque no teníamos medios para ello (ahora aún menos) pero Aznar le dio cobertura y apoyo político. Resulta evidente que se equivocó, y lo es para todo el mundo menos para él mismo, empeñado en salvar una parte de su legado que es, quizás, la más tóxica e indefendible. Tras una primera legislatura grandiosa, Aznar cometió enormes e infantiles errores en una segunda en la que no había día en el que se creyera en la total posesión de una verdad que, algunas desde entonces, otras desde hoy, no estaba en su mano. Su incapacidad para admitir errores, fruto quizá de los acontecimientos del 11M y de cómo su nefasta gestión de los mismos hundió su carrera política y personal, le ha llevado a seguir defendiendo en solitario su papel en aquella guerra cuando el resto de protagonistas de la misma han renegado de ella, de una manera más o menos clara. Y a cada noticia nueva sobre Irak las preguntas vuelven a colgar en el tablero de un Aznar que se niega siquiera a leerlas.

Trece años después Oriente Medio es un lugar convulso, sumido en una asquerosa y cruel guerra, cuyo epicentro es Siria, pero que se extiende por todas partes. En Irak la dictadura de Sadam está ya casi olvidada por todo el mundo, pero el país, por así llamarlo, vive sumido en el caos. Es muy difícil saber hasta qué punto aquella guerra determinó la situación actual, dado que otros factores muy importantes (la crisis y las primaveras árabes por citar sólo dos) han influido muchísimo en la zona. Pero una de las lecciones amargas de aquello es que fuimos a la guerra equivocada por motivos equivocados y, en el caso de Siria y DAESH, no vamos a la guerra correcta con motivos correctos. Pura amargura.

miércoles, mayo 20, 2015

El islamismo de DAESH se hace con Ramadi

Ayer mismo, mientras disfrutábamos de un refrescante descenso de las temperaturas, cuando las terrazas de finales de mayo seguían llenas en todas las ciudades, estando la cartelería electoral colgada en farolas y demás estandartes de la ciudad, mientras unos cuantas personas y yo disfrutábamos de un bello concierto de música renacentistas en el Museo del Prado, miles de personas huían con lo puesto, o ni siquiera con eso, de la ciudad iraquí de Ramadi, a unos cien kilómetros al oeste de Bagdad, mientras las banderas negras de DAESH se elevaban en azoteas y minaretes, anunciando la llegada de la pesadilla.

Somos tan volubles que si los islamistas no degüellan ante nuestros televisores o asesinan en nuestras calles los olvidamos como si no hubieran existido. Pero no, siguen ahí. De hecho la constancia que muestran, su absoluta perseverancia hasta el final, es una de sus mayores bazas. Ante ella, la estrategia occidental, caracterizada por la duda, el impulso potente seguido del repliegue, y la ausencia de ideas a medio y largo plazo, está condenada a fracasar, o al menos a no doblegar al enemigo. Resulta descorazonador que se vaya a cumplir un año de la fundación de ese infame califato islámico y que sólo hayamos sido capaces de movilizar unos aviones para que efectúen bombardeos tácticos que apenas logran frenar el avance de sus huestes. A lo largo de estos meses DAESH ha reculado en algunas zonas pero se mantiene muy firme en otras, y allí donde reina el terror se impone con fiereza inusitada. Son miles las personas asesinadas por sus creencias, o su falta de ellas, que lo mismo da. Los refugiados crecen, ya que a medida que la ola negra avanza la población huye despavorida para salvarse de esos asesinos, en una clara muestra de lo eficaz que resulta su estrategia de tierra quemada, por muy repugnante que nos pueda parecer. Ahora, nuevamente Bagdad aparece en el horizonte de estas tropas fanáticas, y se vuelve a mostrar la fragilidad del ejército iraquí, en el que tanto dinero invirtieron los norteamericanos, en lo que, sin duda, es una de sus inversiones más ruinosas de tofos los tiempos. Son los chiíes, aliados de Irán, enemigos acérrimos del poder establecido en Bagdad, los que combaten en primera línea contra las filas de la bandera negra, y ponen muertos, muchos muertos, que es la forma de impedir que los asesinos prosperen. Pero este combate corre el riesgo de eternizarse, porque ambas partes obtienen refuerzos de fanáticos llegados de todo el mundo y de ingresos que aportan los países que, de manera encubierta o descarada, los amparan. Es una guerra muy sucia, de constante desgaste, de frentes móviles, bastante urbana, carente de divisiones mecanizadas que se enfrentan en campo abierto, y si de incursiones, grupúsculos de unos cien combatientes que atacan aldeas y las arrasan, y tratan de consolidar territorio. Si no se produce una intervención decidida por parte de fuerzas occidentales el riesgo de que la situación se eternice es muy elevado. Ese mismo escenario es el que contemplamos cada día en la guerra de Siria, que ya va por su cuarto año, y es el más absoluto caos imaginable, con todos contra todos y sin que nadie sea capaz de vencer, en una versión repugnante y nada atractiva de Juego de Tronos.

Ahora Ramadi ya es territorio hostil a la vida y la inteligencia, pertenece a la edad media mental en la que viven los fanáticos de DAESH, y para sus moradores las alternativas son sólo tres. Muerte, sometimiento o huida. Irak vuelve a ser el ejemplo de hasta qué punto pueden ir las cosas mal y el desastre humanitario, expresión vacua que sirve para calmar nuestras conciencias, no deja de crecer. Y, por supuesto, no seremos capaces de ofrecer la sangre de ninguno de nuestros compatriotas para defender la civilización (cristiana, musulmana, con o sin el apellido que deseen) y como en los treinta, el nazismo, antes de cruz gamada, ahora de caracteres islamistas, seguirá expandiéndose. Ramadi es, también, nuestra derrota.

viernes, febrero 27, 2015

Destruir arte, signo de los bárbaros

Armados con mazas, martillos, radiales y taladros, un grupo de barbudos enturbantados entran en las salas de un museo, en el que las piezas, esculturas de diversos tamaños, se encuentran en lo alto de sus pedestales o directamente sobre el suelo. Poco a poco, empezando por las más pequeñas, las arrojan, las tiran desde su posición, causándoles graves daños en la caída, pero eso es sólo el principio. Usando sus instrumentos con la mayor de las sañas posibles, aporrean con fuerza desatada a las figuras, ya en el suelo o aún erguidas, y no paran hasta destruirlas. Y se regocijan en su barbarie mientras el suelo se llena de escombros.

Dije hace tiempo que el islamismo fanático de DAESH, que es como debe denominarse a esa basura autoproclamada como Estado islámico, es el nazismo de nuestro tiempo. Su obsesión por la violencia, su afán destructivo, su cosmovisión fanática, iluminada y absoluta, tiene muchos puntos en común con la ideología que espoleó Hitler y que llevó a Europa a su destrucción. Y en ambos casos, porque en este mundo todo está inventado, los métodos son muy similares. Exterminio de los enemigos, campos de concentración, violación, abuso y trata de mujeres, asesinatos crueles, y también, como no, la destrucción del arte. En aquel caso se acusaba a los artistas modernos de ser degenerados, y sus obras se insultaban, y a los escritores que no eran consentidos por el régimen se les perseguía y los libros por ellos escritos se acumulaban en pilas que eran quemadas en medio de la orgía de satisfacción de los energúmenos que se congregaban ante actos de tal vileza. Pues bien, ochenta años después de aquello, observamos las mismas escenas. Esta vez no nos enteramos directamente por las páginas impresas de un periódico, o por una emisión de radio con interferencias, sino por internet, por una grabación en vídeo, producida como todas las suyas con esmero, a través de la más alta tecnología, pero el mensaje es el mismo que el de hace décadas, siglos o milenios. La barbarie, que anida en todos nosotros, siempre está dispuesta a ser amaestrada por quien mejor la sepa utilizar, y una vez desatada es imparable. Esos destructores de arte, esos asesinos de personas, no tienen como dicen muchos las cabezas huecas, vacías, no. Es mucho peor, las tienen llenas de odio, de fanatismo, de ideas basura, de infamias, de mentiras, en las que un supuesto Dios, vejado hasta el absurdo, les pide que cometan lo que todas las religiones califican de pecados absolutos y los que todos los no religiosos entenderían como tales. Su odio les ciega, y nada les frenará en su afán de destrucción si no es algo que se les enfrente, algo que impida que sigan, sala en sala del museo, pueblo en pueblo de la llanura iraquí, destrozando, matando, persiguiendo y arrasando lo que encuentren a su paso. Ayer fueron estatuas en Mosul, hoy quizás los aldeanos de una localidad, mañana los recursos naturales de una comunidad, y así hasta que su fanatismo agote todo lo que encuentre a su paso o alguien les pare, como sucedió con los nazis en el pasado o con hordas similares que, a lo largo de los siglos, han utilizado las mismas y aborrecibles prácticas. Y es que en el campo del salvajismo casi todo está inventado. La moderna tecnología sólo refina las tácticas y permite conocer sus resultados con mayor velocidad.

En 2013 visité Berlín, y un lugar obligado en el que estar, y más tratándose de un “letraherido” como yo, era la Bebelplatz, sita muy cerca del Teatro de la Ópera y de Unter den Linden, en lo que fue el este de la ciudad. Allí en 1933 tuvieron lugar esas escenas que todos recordamos de libros ardientes, multitudes enfervorizadas arrojándolos con pasión, y jerarcas nazis, organizadores de aquel acto, regodeándose ante el monstruo que estaban creando. En aquel entonces nada hicimos para impedir que ese monstruo se frenase, y no lo entendía, y cuando lo intentamos fue demasiado tarde, y la II Guerra Mundial comenzó. Hoy, en otro contexto, la historia, cruel, parece repetirse, y el nuevo monstruo que quema libros y mata personas tampoco encuentra a quien le frene. Y no lo entiendo.


Subo a Elorrio el fin de semana y me cojo dos días de vacaciones. Si no hay problemas, el siguiente artículo será el miércoles 4 de marzo.

viernes, agosto 22, 2014

El islamismo, y el EI, como amenaza global


De una manera ya definitiva, el islamismo armado salvaje que representa el EI, IS en su versión inglesa, se ha convertido para muchos en la reencarnación de Al Queda, su sucesor natural. Y en un entorno de fanatismo como es ese resulta coherente que el primogénito de un iluminado lo sea aún más. El salvajismo, la crueldad que ejercita el EI allá por donde pasa supera, a pequeña escala, a lo que fue capaz de hacer Al Queda en Afganistán. Y uno de los miedos que todo el mundo tiene y nadie menciona es que el EI trate de superarla también en osadía a la hora de plantear un ataque en suelo occidental. No les faltarán medios ni voluntarios, desde luego.

¿Cómo se combate, cómo se vence al EI? No esperen de mi una respuesta, porque no la tengo. Sinceramente, este es uno de esos problemas muy complicados que no admiten soluciones rápidas, sencillas y limpias. No, nada de eso. He leído bastantes artículos estos días sobre el tema, especialmente en la prensa anglosajona, y las posturas podrían resumirse en dos frentes que aparentar ser incompatibles. Por un lado están los duros, que pregonan por una intervención militar a gran escala sobre el terreno, para laminarlos y sepultarlos bajo las arenas que ahora les sirven de cobijo y residencia. Por otro están los contemplativos, que abogan por vencer al EI con persuasión, inteligencia y astucia, pero sin intervenir militarmente porque, algunos lo mencionan y otros no, pende sobre nosotros la amenaza de que se venguen en nuestras ciudades y maten en ellas. Personalmente soy de la opinión de que ante un problema, uno debe de usar todos los recursos de los que dispone para solucionarlo, estudiando muy bien cuál es el mejor uso que les puede dar a cada uno de ellos en cada situación. Es ingenuo pensar que se derrotará al EI sin pegar tiros sobre el terreno, sin enviar tropas, sólo con prestar munición a los combatientes kurdos y al desnortado ejército irakí que lucha contra ellos. Pero también lo es imaginar que, como en 2003, cientos de miles de soldados occidentales, léase de EEUU, van a acudir nuevamente a luchar en Irak, Siria o donde sea para capturar a las tropas islamistas. Eso no va a suceder salvo que, ojalá no sea así, otro suceso similar al 11S genere un impacto similar en EEUU y le obligue a movilizarse. Sí, hay que enviar tropas, pero las justas, muy bien dotadas, y muy profesionalizadas. Y junto a ello hay que usar toda la inteligencia posible, militar y civil, para tratar de corregir los errores del pasado. El EI no es el fruto de la guerra de Irak, pero la desastrosa gestión de la postguerra iraquí sirvió para alimentarlo. El EI no es el fruto de la guerra de Siria, pero el no haber apoyado desde un principio a la resistencia civil de aquel país permitió a los islamistas hacerse con el control de la guerra. Y así podríamos seguir. El EI es, sobre todo, fruto del fanatismo yihadista y de la cortoplacista visión de occidente a la hora de gestionarlo y combatirlo. Debemos tener paciencia, objetivos a largo plazo y constancia a la hora de lograrlos. Sólo así podremos combatir a unos guerrilleros que no sólo creen que tienen a Dios de su parte, sino que les da igual cuánto tiempo y cuántas vidas les lleve conseguir sus objetivos. Ellos saben, y es una de sus principales fortalezas, lo que nos cuesta a nosotros el tiempo y la vida de cada persona que allí mandamos. De hecho, en el vídeo del asesinato de James Foley sólo le faltaba al verdugo hacer el gesto con la mano para invitar a los EEUU para que les invadan, a sabiendas que unas cuantas víctimas norteamericanas son suficientes para minar la moral de un país occidental acomodado, que vive las noticias al segundo y es presa de la histeria por cada traspiés que sufre.

Y, por supuesto, al EI se le combate económicamente. No sólo boicoteando la venta del petróleo que ahora gestiona, varios miles de barriles al día, sino sobre todo persiguiendo a los países sunitas radicales que lo financian por detrás (y estoy pensando en nuestros “queridos” aliados Arabia Saudí y Qatar) y lo usan como ejército en la guerra civil que se vive entre el sunismo y el chiísmo. Va a resultar paradójico ver que quizás sea el odiado Irán el principal aliado de EEUU para vencer a unas tropas armadas encubiertamente por unos jeques que, durante toda la vida, han sido los grandes amigos de occidente. Como ven, esto no tiene nada de sencillo, y sí mucho de complejo, sucio y desagradable.

Subo el fin de semana a Elorrio y me cojo el Lunes festivo. Disfruten del fin de semana y ojo al previsto calor para la semana que viene. Hasta el Martes 26!!

jueves, agosto 21, 2014

El asesinato de James Foley por el EI


El vídeo comienza con una imagen de fondo negro en la que un mensaje advierte, en inglés, subtitulado en árabe, que esto es una muestra de la venganza que le espera a EEUU por sus acciones contra el islam y el Estado Islámico (EI, IS en inglés). Tras una serie de mensajes de igual estilo y contenido, la imagen desaparece y se nos traslada a un lugar indeterminado del desierto. Un lugar pedregoso, árido, sin dunas de arena pero con suaves colinas de fondo, en el que no hay nada vivo y donde dos personas, vivas se muestran ante una cámara que graba, fija, profesionalmente, con un grado de nitidez y calidad que asombra.

Uno de ellos, con el pelo rapado al cero, luce un mono naranja que le cubre el cuerpo entero, a excepción de la cabeza, y se encuentra arrodillado sobre el pedregal. A su izquierda, un hombre permanece de pie, cubierto por un mono negro que lo cubre por completo, dejando apenas ver sus ojos. Le protege y a la vez camufla. Vemos el rostro del arrodillado, sereno, serio, con la mirada perdida, y apenas distinguimos los ojos de quien está de pie, que oscila y se mueve ligeramente mientras enseña a cámara un cuchillo pequeño, típico de cocina, no un machete ni nada aparatoso. En un momento dado el hombre arrodillado empieza a hablar. Con una voz firme, en un inglés nativo, lee, o al menos eso parece, un discurso político inculpatorio contra su país, EEUU, en el que acusa al gobierno y ejército norteamericano de invadir aquellas tierras, de matar a sus residentes y, ahora, de volver a luchar contra los creyentes. Traslada la culpa de lo que le vaya a pasar a Obama y al resto de los dirigentes de la potencia, y afirma que lo que vamos a presenciar no es sino una muestra de venganza por esos actos hostiles y una advertencia para todo aquel americano que ose atacar a los combatientes del EI. Mientras el arrodillado habla, el hombre de pie se mueve suavemente, mostrando en ocasiones el cuchillo, pero sin hacer ostentación del mismo, más bien como jugueteando ante la cámara. Algunos de sus movimientos parecen cómicos, como si quisiera transmitir con gestos la alegría o lo bien que se lo está pasando en ese momento. El hombre arrodillado termina su proclama y tras unos segundos de silencio comienza a hablar el hombre de pie, en un inglés que los expertos determinan que tiene acento británico. Vuelve a lanzar un mensaje de amenazas, y se muestra en todo momento contenido, sereno y firme, sin un ápice de teatralidad o exceso. La escena es de un minimalismo desbordante, con una cámara que no quita el protagonismo a los dos hombres sobre un escenario natural de desolación. En todo momento los subtítulos traducen lo que ambos hombres dicen al árabe, dado que el único idioma que oímos de sus labios es el inglés. El hombre de negro acaba su discurso, no se si leído o memorizado, y se junta aún más al hombre arrodillado, que mira a la cámara con un gesto firme y sereno. El espectador, que a medida que ha ido viendo la grabación se ha puesto más y más nervioso, desea en todo momento que se trate de una farsa, de una puesta en escena, de un montaje, que no suceda lo que cada vez parece más seguro que va a suceder. Sin embargo, su esperanza se desvanece cuando el hombre de negro sujeta con su mano derecha la cabeza del arrodillado, y lleva la mano izquierda, que porta el cuchillo, hacia la garganta…….

El vídeo termina con el cadáver de James Foley tumbado, tirado, vejado sobre un pedregal, manchado en su propia sangre, y continuos mensajes en árabe que, supongo, claman venganza y odio hacia EEUU y todos aquellos que osen poner sus manos en la tierra del califato del EI. El espectador, estupefacto, aún no tiene muy claro qué es lo que acaba de presenciar, pero no puede evitar que se le revuelvan las tripas. Al cabo de un día los medios contarán la historia de Foley, periodista norteamericano, alabado por sus compañeros de todo el mundo, que llevaba dos años secuestrado en Siria por milicias islamistas, y que fue asesinado por unos salvajes hace dos días, en medio de un pedregal, en Irak. DEP

lunes, agosto 11, 2014

Obama, atrapado en Irak


Cuántas y cuan crueles pueden ser las vueltas que da la vida. Cuando llegó a la presidencia de EEUU, Obama enarboló, entre otras, la bandera del final de la guerra de Irak, la de abandonar aquel reseco arenal que se había llevado la vida de más de cuatro mil soldados norteamericanos, y de donde sólo provenían noticias de desestabilización y violencia sectaria. Obama expuso su plan de retirada, y lo llevó a cabo más o menos como había previsto, y supuso ingenuamente que Irak ya no sería nunca más un problema ni para él ni para su ejército y país. En cuestiones de estrategia, el aparente cortoplacismo con el que opera la inteligencia de EEUU me parece que es uno de sus flancos más débiles.

Ahora, a dos años del final de su segundo y último mandato, con una situación internacional camino del descontrol, y con su prestigio personal muy por debajo de lo esperado, Irak vuelve a llamar a la puerta del Ala Oeste de la Casa Blanca y requiere atención inmediata. El proceso de descomposición que vive el país, las luchas fratricidas entre las diversas facciones que lo habitan, el riesgo de que la producción petrolífera se desplome y, sobre todo, el éxito militar que las tropas yihadistas extremas han tenido en amplias zonas de la región han obligado al ejército norteamericano a volver a mirar a Irak. Lo que en un principio se llamó EIIS (Estado Islámico de Irak y Siria) y que ahora se llama simplemente Estado Islámico, apareció hace unos meses en las noticias como poco más que una banda de malhechores renegados de la guerra de Siria que, no pudiendo con el ejército de Asad, volvían a Irak a establecerse en algunas zonas. Su conquista de Mosul y de territorios cada vez más importantes empezaron a llamar la atención de eso que tanto me gusta, la comunidad internacional, que al poner sus ojos allí vió como se las gasta el islamismo más fanático, con asesinatos, crucifixiones y todas las barbaridades que uno pueda imaginar perpetradas sobre una población civil que bastante castigo tenía ya con sus paupérrimas condiciones de vida. Armados hasta los dientes, fanatizados hasta el extremo, y dotados de estrategia, financiación y muchas ganas, los psicópatas del EI han logrado hacerse con el control de más de un tercio de Irak, y llenan Youtube de escenas espeluznantes en la que ejecutan a sus conquistados de las maneras más aberrantes posibles. Ante eso miles, cientos de miles de personas huyen como alma que lleva el diablo cuando escuchan que las tropas del EI se acercan a sus poblaciones, lo que, aunque duela decirlo, es una muestra del éxito de su estrategia de extender el terror. Las imágenes de desamparo de esa población, y la osadía mostrada por el EI han sido suficientes para que EEUU, quién sino, empiece a realizar una campaña de bombardeos, con aviones y drones, para reforzar a las tropas kurdas y de lo que queda de Irak que luchan contra los fanáticos. Así, Obama vuelve a bombardear Irak, esta vez en el norte del país, tratando de sofocar una guerra que no es exactamente fruto de la emprendida por George Bush en 2003, pero que sí muestra nuevamente que ese país está sumido en el más absoluto de los desastres, y que tras la intervención de mediados de la década pasada nada, o casi, se ha logrado para que la población local tenga un futuro. Imbatible en la batalla, EEUU ha demostrado nuevamente que no sabe gestionar el día después de la guerra.

Un matiz algo cruel en este asunto es que el ataque estadounidense se lleva a cabo desde el portaaviones que lidera la flota de Oriente Medio, que desde hace unos meses es el llamado George Bush, en honor al presidente Bush padre, que recordemos fue el que inició la primera guerra de Irak, tras la invasión de Kuwait por parte de Sadam Hussein, en los años 1990 – 1991. El mal remate de aquella guerra fue, entre otras cosas, el inicio de lo que vemos ahora, y si piensa Obama que con unas cuantas jornadas de bombardeo de precisión va a lograr acabar con la ira de los psicóticos yihadistas es que no se ha enterado de casi nada de lo que allí sucede. De hecho muy pocos tienen claro cómo se acaba con ellos, salvo con el uso de muchas tropas y la recepción de muchas bajas. Y de eso nadie quiere oír hablar.

miércoles, junio 18, 2014

Irak abdica


La actualidad española estará hoy y mañana, inevitablemente, centrada en el proceso de abdicación del Rey Juan Carlos I y el juramento del nuevo Rey Felipe VI, hechos que se producirán esta tarde y mañana por la mañana respectivamente. No olvidemos que no dejan de ser formas protocolarias para dar envoltorio a lo que no es sino la entrada en vigor de una Ley, lo que es la forma habitual de proceder de los estados constitucionales. Legalmente a las 12 de la noche de hoy entrará en vigor la abdicación y, de manera simultánea, Juan Carlos dejará de ser Rey y Felipe pasará a serlo. Tan profundo y, a la vez, tan sencillo.

Pero de mientras eso sucede aquí, la atención de medio mundo gira poco a poco para volver a fijarse en las ardientes arenas del desierto iraquí, siempre calientes, más a la entrada del verano, y especialmente sangrientas en estas fechas. En medio de la lógica desinformación que rodea toda guerra, parece que las fuerzas del EIIL avanzan rumbo a Bagdad, y algunas crónicas les sitúan apenas a unos sesenta kilómetros de la ciudad. Lo que parece evidente es que Irak, como país, se enfrenta al riego cierto de ser despedazado, de pasar a la historia como nación, y dejar de existir, poniendo fin a las fronteras que fueron trazadas con gran uso de escuadra y cartabón en el siglo XIX por parte de los geógrafos del imperio británico. Ahora mismo el norte del país se encuentra bajo el control de los kurdos, que aspiran a tener un estado propio, y es la zona más estable de todas. El centro está sometido al ataque del EIIL y allí la violencia es total, sin que exista lugar en el que poder refugiarse de ella. Y de Bagdad hacia el sur se concentra la población chií, huida en parte del resto del país, residente de siempre en esa zona, que trata de ponerse cerca de alguna frontera en caso de que los combates prosigan y que desea la intervención de fuerzas internacionales, especialmente de la vecina e igualmente chií irán, para poder soportar los envites de los islamistas sunitas. ¿Es factible que Irak acabe convirtiéndose en tres naciones, Kurdistán, sunistán y chiistán? Puede parecer un chiste, y hace unas semanas hubiera sonado a eso, pero hoy en día es un escenario que, de no controlarse la situación, amenaza con ser verosímil, y todo ello en el marco de un conflicto en el que cada vez la intervención de las potencias regionales es más clara y los riesgos crecen. Los países del golfo pérsico, sunitas, apoyan a los guerrilleros de EILL y desean ver a Irak dentro de su órbita de influencia, mientras que Irán no dudará en apoyar a sus hermanos chiís en caso de que vea el riesgo de que los sunitas se hagan de manera efectiva con el control de la situación. Así, lo que empezó siendo un ataque terrorista muy organizado y que ha derivado en una cruenta guerra civil y religiosa entre los propios iraquíes corre el riesgo de convertirse en toda una guerra regional entre distintas facciones del islam que puede poner a toda la zona en gravísimo peligro. Como se pueden imaginar, las implicaciones de un conflicto descontrolado son inmensas, tanto en los planos políticos y militares como en el de la seguridad mundial y la economía. De momento el petróleo, sí, el condenado y necesario petróleo, se ha acomodado por encima de los 110 dólares el barril, a la expectativa de lo que pueda pasar, pero puede subir más, mucho más, en caso de guerra a gran escala. Además es evidente que occidente no puede quedarse mirando sin más a lo que allí sucede, porque tarde o temprano le va a afectar. Sin embargo, la sola mención de la expresión “guerra de Irak” despierta fantasmas pasados que, hoy en día, impiden cualquier tipo de intervención con soldados en la zona. Para seguir lo que se supone que puede estar pasando sobre el terreno, les aconsejo esta web, en la que diariamente se actualiza el mapa de Irak can las posiciones (supuestas) de los combatienetes.

Así mismo, un consejo sobre la información y los medios y la red. Si uno brujulea por internet no va a tardar mucho en encontrar vídeos y fotos colgadas por los terroristas del EIIL de una crudeza y salvajismo atroces, difíciles de imaginar. Tengan cuidado porque su visión puede resultar sumamente desagradable, y recomiendo a los medios de comunicación que no se dejen llevar por el morbo y tengan un cierto control sobre la emisión de dichas escenas. Ahora mismo se puede ver una imagen de ese tipo en la portada de la web de un periódico nacional sin aviso y accesible para todo el mundo. Siempre defiendo la necesidad de mostrar la crudeza de la guerra para que no pensemos que no es lo que es, pero de ahí al exhibicionismo hay varios pasos. Cuidado, por tanto.

Mañana es festivo en Madrid, previsto desde mucho antes de que se supiera que iba a tener lugar la coronación de Felipe VI, por lo que no habrá blog, pero el Viernes sí.