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viernes, julio 17, 2026

Una derrota para Europa

Era de esperar que, tras el pronunciamiento que expresó el abogado general, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea emitiera el veredicto de ayer, avalando la indigna ley de amnistía y otorgando validez jurídica a la rendición de la democracia española ante Puigdemont y el resto de sediciosos. La decisión es una manera de arrodillar los valores europeos ante el intento totalitario que se dio por parte del nacionalismo separatista catalán en 2017, una insurrección populista que contó con apoyos de enemigos externos de la UE, y que nunca fue entendida por las instituciones comunitarias como lo lesiva y peligrosa que era para la idea de la Unión en sí misma.

La mayor de las corrupciones de esta no legislatura que estamos viviendo no es la económica, relacionada con las distintas tramas, algunas presuntas, otras ya condenadas, que se desarrollan en torno al poder del sanchismo. Ni si quiera es todo lo relacionado con las cloacas y Leire, una historia de degeneración en la que el uso partidista de las instituciones y medios públicos para tratar de sabotear investigaciones que afecten al entorno del presidente y el partido demuestra un grado de envilecimiento mucho mayor que el de los que se dedican a mangonear del presupuesto. No, la mayor corruptela, la más imperdonable, es la traición que Sánchez cometió al conjunto de sus votantes y, por extensión, a toda la sociedad española, cuando juró y perjuró que nunca se aprobaría una ley de amnistía para los condenados del Procés pero, tras los resultados electorales de las elecciones de julio de 2023, en esa misma noche, afirmó eso de “somos más”, teniendo ya muy claro desde entonces que esa amnistía se aprobaría sin problema alguno a cambio de los votos de Puigdemont. Esa es la mayor de las corrupciones de este tiempo, la cesión de la verdad a los que fueron condenados por sedición tras sus actos viles y su entronización ante una parte de la opinión pública, mucha de ella beneficiada de prebendas y mordidas que, como el resto, contempló lo sucedido en 2017 con la misma congoja con la que lo hacía todo el país. La absoluta vulneración de la ley y los derechos de gran parte de los catalanes, y del conjunto de los españoles, por parte de los totalitarios nacionalistas pasó de ser juzgada y condenada por la ley a ser amnistiada por el mero interés del mantenimiento en el poder de Sánchez. Hubiera dado igual la naturaleza de los delitos que se hubiesen cometido durante aquel golpe postmoderno, como muchos lo han calificado. La absoluta falta de escrúpulos de quien ostenta la presidencia del gobierno tenía muy clara que los siete votos de Junts valían lo que fuera necesario, y si había que amnistiarles, se les amnistiaba, y si hasta el día anterior se decía con contundencia que eso era imposible, a partir del día siguiente se argumentaba que cómo no se había hecho antes. Un proceso de corrupción institucional y de la verdad absolutamente repugnante, dirigido sin escrúpulo alguno desde la presidencia del gobierno, secundado al unísono por todo aquel que quisiera mantener un cargo público en el nuevo ejecutivo y coreado sin escrúpulo alguno por muchos que, en la órbita del gobierno, pasaron de defender con ardor la negativa a conceder semejante medida a justificarla con vehemencia por el mero hecho de que a una sola persona le convenía que se produjera. La destrucción de capital social y prestigio que se produjo en aquellos momentos fue enorme, irreparable. Contemplar el arrastramiento de no una o dos, sino tantas opiniones por el mero hecho de congratularse con el poder que les garantizaba una posición cómoda, sin el más mínimo rubor ante la traición a la ley, a la verdad y a la realidad que estaban realizando… Ese ha sido el mayor acto de corrupción de esta no legislatura. El resto, casi todo lo demás, sólo es robo protagonizado por vulgares ladrones.

Ayer, mientras en Luxemburgo se leía una sentencia injusta, es muy probable que en el Kremlin en otros despachos muy decorados se brindase con alborozo, y se riera con ganas ante la demostrada estupidez de una UE que no ha sabido, querido o podido, no se cuál de las tres opciones es peor, enfrentarse a un movimiento que atacaba sus bases institucionales, jurídicas a ideológicas, todo ello enmascarado en una presunta revuelta popular. Los sediciosos no actuaron solos, y muchos de ellos y los que les apoyaron pueden acabar inmunes, mientras que los que defendieron la libertad de todos y actuaron de parte de la ley sólo han obtenido desprecios, empezando por los emanados de sus mayores superiores. Tristeza inmensa.

miércoles, septiembre 24, 2025

El disparo de Alliança

Ripoll es una pequeña localidad de Gerona, de unos diez mil habitantes, algo más que Elorrio, en la que el independentismo ha sido una fuerza política dominante desde hace tiempo, como ha sucedido en muchas comarcas interiores de Cataluña. Tras ser gobernado por el PSC, su ayuntamiento pasó a ser regido por formaciones nacionalistas de derechas e izquierdas (es un decir) hasta que Convergencia Junts ganó dos mandatos consecutivos. En las últimas elecciones, las de 2023, la victoria correspondió a Alliança catalana, y se proclamó como alcaldesa Silvia Orriols, la presidenta de ese partido, una formación extremista bastante singular, que a cuenta de este triunfo empezó a ser conocida en todo el país.

El último sondeo electoral publicado por La Vanguardia sobre elecciones autonómicas arroja unos resultados que han dejado asombrados a todos, sobre todo por el papel de Alliança. Se registra una bajada relevante del PSC, que seguiría en primera posición, un debilitamiento de Esquerra, un desplome relevante de Junts y un disparo de Alliança y Vox, con un PP quieto. Vox pasaría de 11 a 16 escaños, superando al PP, pero es que Alliança, que ahora tiene sólo dos escaños, escalaría hasta los diecinueve, convirtiéndose en la cuarta formación del parlamento, en un escenario de fragmentación absoluto en el que lograr pactos de gobierno se antoja casi imposible y que refleja una derechización creciente del electorado catalán. Junts es el gran perjudicado, y Alliança la gran receptora de votantes del sedicioso. Esto ha alarmado a muchos, especialmente en las filas del independentismo a sueldo del fugado, que ve como su poder mengua a pasos acelerados a medida que avanza la legislatura. Frente a ellos está surgiendo una alternativa que les disputa el espacio independentista pero que va mucho más allá en otro tipo de propuestas. Y es que Orriols, la presidenta de Alliança, es una mujer de armas tomar con una mezcla ideológica digna de estudio. Independentista radical, odia a todo lo que no sea catalanismo del duro, negando papel alguno al español como idioma y a lo español como concepto de nación compartida. Es abiertamente xenófoba con todo lo que suene a español, pero en ese sentido su supremacismo es consistente, porque también desprecia la inmigración de otras naciones como algo ajeno. Unida desde el principio a la teoría del gran remplazo, considera a los inmigrantes como impurezas que están pervirtiendo la esencia de lo catalán y que deben ser extirpadas, un discurso tan curo como el que pregona Trump o los mentecatos de Vox. Desde su visión, solo el catalán catalán, que por supuesto ella y los suyos decidirán quién cumple los requisitos para serlo, tiene derecho a residir en Cataluña, y todos los demás deben irse. Este planteamiento se mezcla en su discurso con una defensa de los derechos LGTBI, lo que la diferencia de las posiciones clásicas de la extrema derecha, aunque recalca que el buen catalán debe ser cristiano y católico, por lo que quizá acabe proclamándose papisa de una congregación que se reúne en torno a la cruz pero que es permisiva con las orientaciones sexuales privadas. En materia internacional es abiertamente pro israelí, quizás no tanto por defender las posiciones de Netanyahu como por el odio que tiene hacia lo musulmán, lo que sí le emparenta con las formaciones extremistas del resto de Europa. Todo este mejunje mental, de mucho sectarismo y brocha gorda, recibe el aplauso de los votantes según se refleja en la encuesta, y es probable que este sondeo, como todos los que reflejan el ascenso de una formación de la que no hay datos pasados para comparar, infravalore los resultados finales del partido. Por ahora Alliança es mucho más fuerte en pueblos que en el área de Barcelona, pero el sistema electoral beneficia a las comarcas interiores frente a la gran ciudad para no sesgar al conjunto del territorio por lo que el porcentaje de voto que pueda lograr se traduciría en un resultado en escaños proporcionalmente mayor. Súmenle a eso el efecto de fuga de votos de Junts, que se puede acelerar, y tenemos servida una situación de vértigo.

Más allá de estos números, y del crecimiento de algo tan antisistema como Alliança, en el movimiento del sedicioso están en crisis. Sin poder en la Generalitat siguen extorsionando al gobierno de Sánchez, con la plena colaboración del inquilino de Moncloa, pero eso no se traduce en beneficios en forma de votantes. El fugado Puchi sabe que, o retoma el poder de verdad, o se verá obligado a renunciar al insultante tren de vida que se pega en Bruselas, a cuenta de su falso victimismo. ¿Forzará Junts un adelanto electoral nacional para frenar la sangría y actuar como oposición real? ¿Necesita Junts un gobierno en Moncloa de otro color para hacerse la víctima y competir por el electorado indepe en Cataluña? ¿Hasta dónde pude llegar la locura de Orriols?

martes, agosto 20, 2024

El sedicioso consentido

Supongo que, al menos, estaremos todos de acuerdo en que lo más patético que ha sucedido en lo que llevamos de verano es lo protagonizado por el sedicioso puigdemoníaco en el día que acabó siendo el de la investidura del antaño socialista Salvador Illa, ahora un nacionalista catalán más. Lo cierto es que, dadas las dimensiones del montaje que vimos, puede que estemos ante lo más chusco en muchos años, y hayamos sido testigos del mayor ejercicio de prevaricación pública protagonizado por autoridades de todo tipo y cuerpos y fuerzas de seguridad. Vergüenza es un término muy suave para definir lo que allí pasó.

Puigdemont vino, dio un mitin y se fue, así de tranquilo. En ningún momento tuvo intenciones de entregarse a la justicia y, lo que es aún peor, en ningún momento las fuerzas de seguridad, nacionales y autonómicas, hicieron esfuerzo alguno para detenerle. Ni un solo amago real. Con la complicidad de no pocos mossos que trabajaban al servicio del indeseable, y con las órdenes dadas por parte de los responsables políticos de la Generalitat y del gobierno central, la actuación que el indigno realizó ante los ojos de sus fieles era un paripé orquestado desde hacía tiempo, un trampantojo en el que el fugado se hacía el mártir, el valiente que pisa la tierra donde peligra para jugarse el tipo, muestra su infinita habilidad para el despiste, y logra escapar delante de todos como si de un ilusionista se tratase. Todo mentira. Puchi llegó cuando y como quiso, estuvo llevando una vida normal y viéndose con quienes decidió quedar, acudió al estrado del mitin de Barcelona el día de autos, dijo bobadas y mentiras durante unos minutos, y se fue tranquilamente, orquestando una especie de huida en la que todos le ayudaban. Una vez que ya estaba fuera de Barcelona, la dirección de los mossos organizó eso que se llama operación jaula, cuyo fin suele ser evitar que un delincuente huya de la acción de la justicia, pero que en este caso no era sino un teatro más, un paripé para hacer creer a quien aún viviera en la ingenuidad que se estaba esforzando en detener a quien se lo merecía. Esa acción sólo provocó atascos, molestias, retrasos y se ganó el cabreo de quienes por ella se vieron perjudicados. Ojalá todos ellos denunciasen a los mossos y a la gentuza que los dirige ante los jueces por los daños causados en un monumental atasco que para nada servía. En los días siguientes las oficinas de los mossos publicarían atestado surrealistas en los que, mentira tras mentira, se trataba de justificar que no se había hecho lo que los jueces habían pedido, en algunos casos con un grado de cinismo propio de una mente retorcida, que hubiera estado pensando un tiempo cuán grandes pudieran ser las trolas que iba a redactar en ese escrito y con apuestas de por medio de si alguno se las creería. Con el beneplácito de illa, Sánchez y Aragonés, el sedicioso hizo su teatro amparado en las órdenes que esas tres autoridades habían dado, y por ello él es culpable del bochornoso espectáculo que se vivió ese día, propio del trumpismo, pero también lo son los tres políticos antes mencionados, como colaboradores necesarios, como cómplices de un sujeto despreciable que sigue teniendo los votos necesarios para que el gobierno central pueda sobrevivir a cada votación. Por eso, sólo por eso, desde Moncloa se le protege y cubre, hasta extremos como los que vimos en ese día de agosto, que sólo no avergonzó a los indeseables que lo hicieron posible.

Era curioso ver cómo, al día siguiente, la mayor parte de los medios compraba la falsa historia de la huida de Puigdemont, cuando, reitero, no estábamos ante una fuga, sino una prevaricación colectiva. Se ve que prensa y demás medios están cada vez más acuciados económicamente, y las subvenciones que puedan recibir del gobierno, ni les cuento para los locales de la Generalitat, son capaces de doblegar a cualquier articulista que sabe muy bien lo que vio ese día, pero la hipoteca mensual, y quien se lo permite pagarla, le exige que se tape los ojos y la conciencia, y redacte artículos no al nivel de los atestados de los mossos, pero sí en esa línea. Así estamos.

lunes, mayo 13, 2024

Gran victoria del PSC en Cataluña

Hay alguna cosa segura tras el resultado de las elecciones de ayer en Cataluña. La obvia es que la victoria del PSC es incontestable, siendo la primera fuerza en votos y escaños. La segunda es que el independentismo no suma mayoría en la cámara, ni en votos ni en escaños, y que dentro de él, el sedicioso Puigdemont se ha convertido en líder al mejorar sus resultados, mientras que Esquerra, que ha disfrutado del Govern durante estos años, sale como la formación derrotada de la noche. Aragonés, Junqueras y compañía van a tener que hacer frente a una cruel digestión de los resultados y sus opciones tras ellos.

Lo que no queda nada claro es quién va a gobernar en Cataluña ni cómo, ni las consecuencias a nivel nacional. A priori, con estos dos resultados, hay dos opciones. Una es que el tripartito PSC Esquerra Comunes, que suma justo los 68 que dan la mayoría absoluta, lidere investidura y gobierno, lo que requiere el apoyo obvio de Esquerra, que no parece estar de momento por la labor. Sus manifestaciones de ayer de que los votos le han mandado a la oposición es una muestra de que no quiere participar en un nuevo gobierno, aunque podría apoyarlo desde fuera y chantajearlo de una manera u otra. Esa alternativa está en manos de ellos. La otra suma es la de PSC Junts, un pacto contra natura, pero es lo que ocurre en la práctica en el Congreso de los diputados. Puigdemont ha sacado un buen resultado, pero insuficiente para presentarse a una investidura. Sin embargo, cuenta el traidor con un arma que todo el mundo conoce, el chantaje que pueda hacer a Sánchez en Madrid, de tal manera que, si le retira su apoyo, el gobierno central quedaría en minoría en el Congreso y, en la práctica, la legislatura embarrancaría. Este escenario ha sobrevolado por la mente de muchos analistas, que ven a Puchi extorsionado y a Sánchez forzando al PSC a que se abstenga para permitir una investidura del sedicioso. Los números dan para ese escenario, pero se me antoja muy difícil que el PSC tragase con una idea semejante tras el resultado que ha logrado. Lo cierto es que si Illa logra gobernar en Cataluña es poco probable que Sánchez logre mantenerse en Madrid, por lo que las opciones de un adelanto electoral general crecen, aunque sólo lo veo posible si Sánchez estima que electoralmente le va a ir bien, en el sentido de poder reeditar una investidura válida. Ya en este 2024 estamos sin presupuestos y la perspectiva de que así sigamos bastante tiempo no es descartable, y es sabida la habilidad del inquilino de Moncloa para permanecer en el poder aunque, en la práctica, no pueda ejercerlo. Una vez que, a finales de mayo, se apruebe en el Congreso la infame ley de amnistía, si no hay nada que lo impida, nada obliga ya a Puigdemont a sostener el gobierno, y todos los escenarios se abren. Los plazos a corto están bastante tasados, porque dentro de dos semanas, el viernes 24, se abre la campaña de las elecciones europeas, y es casi seguro que antes del domingo 9 no va a haber acuerdo de ningún tipo, aunque creo que la mesa del Parlament se constituye justo antes del fin de semana electoral. Sea quien sea el presidente de la mesa, y ahí ya veremos que acuerdos se están negociando a escondidas, es casi seguro que Illa acudirá a la investidura, por lo que empezaría a contar el reloj de cara al plazo máximo de una investidura viable, que son dos meses. Si en ese tiempo no se logra, ya saben, repetición electoral, escenario que a día de hoy nadie quiere, y menos una Esquerra que, si es vista como la causante de volver a votar, puede ser completamente triturada. Así que durante estas semanas estaremos atentos a rumores de uno u otro tipo sobre qué conversaciones existen entre los partidos y qué se rumorea desde Moncloa al respecto, porque desde hoy la negociación pasa tanto por ese lugar como por el Parlament de Barcelona.

El resto de partidos pintan poco y hay resultados dispares. Los Comunes bajan, siguiendo la senda de todas las elecciones en las que Yolanda lidera su marca, pero pueden entrar dentro del tripartito, salvando así la cara. Vox mantiene sus 11 escaños y no se ve favorecido por el ambiente indepe y el PP sube a 15 escaños desde sus ridículos 3, una ganancia evidente pero que no le sirve para decidir nada. En todo caso, pueden estar más que satisfechos al conseguir en Cataluña un resultado presentable. El Vox catalán entra en el Parlament con dos escaños, que pudieron ser más si hubiera alcanzado el 3% de voto en Barcelona, que rozó. Y Ciudadanos, ay, no debió presentarse para así tener un funeral digno.

lunes, diciembre 13, 2021

El nacionalismo sectario acosa a un niño

Se llama la ley de la selva, de manera figurada, al régimen en el que es la fuerza la que dirime quién manda y cómo lo hace. El ejercicio de la fuerza está en manos de aquellos que la poseen, en general con brazos más grandes, puños más duros o más armas, y así amedrentan a los que no tienen esas ventajas, naturales o compradas. La ley, el estado de derecho, busca salvar a los que no pueden recurrir al uso de la fuerza para defenderse y permite que pringados, como yo, no sean avasallados por otros más grandes. Hacer que la ley sea igual para todos requiere que un tercero, el estado, lo imponga, ejercite la violencia si es necesario para ello, y es la garantía de la democracia en las sociedades en las que ese concepto, glorioso, ha arraigado.

Pero mantener el estado de la ley requiere un trabajo constante por parte del legislador y del poder del estado, porque las tentaciones del uso de la fuerza son constantes. Lo vemos a diario en nuestras sociedades, donde hombres con fuerza abusan de ella y matan a mujeres o violan a niños, que requieren una protección especial. Más allá de los individuos, el mayor riesgo para una sociedad es que una parte de ella se emancipe de la legalidad y se constituya en una fuerza opresora, que haga uso de la violencia de manera efectiva e imponga un régimen de terror. Más allá de los golpes de estado y las dictaduras, donde la democracia y la ley ya no existen, el caso perfecto de lo anterior es la mafia que, en algunas zonas de Italia, por ejemplo, es un poder paralelo al estado y actúa de manera independiente, casi soberana. En España hemos vivido durante décadas un subproducto similar, con la mafia etarra enseñoreándose de la vida y destinos de los ciudadanos del País Vasco, en una engrasada maquinaria política, militar y social que amedrentaba, chantajeaba y, cuando así lo requería, asesinaba. Costó décadas someter y derrotar a la bestia terrorista, aunque aún subsiste en parte de esa sociedad el cáncer que ella alimentó y el sentimiento de desprecio de algunos de sus ciudadanos sobre otros. En Cataluña no se ha llegado a algo similar, afortunadamente, pero sí ha habido una concienzuda y premeditada siembra de odio por parte de políticos irresponsables, que han azuzado al nacionalismo sectario para establecer dos comunidades; ellos, la elegida, y los demás, los inferiores, y no desaprovechan ninguna oportunidad para abusar de los que consideran menospreciables, de los que, para sus ojos, son menos, o no son nada. Estos comportamientos, en los que el racismo es la base fundamental sobre la que se asientan, violentan la ley, los derechos humanos, la racionalidad y cualquier otro tipo de norma o criterio creado por el humanismo a lo largo de la historia, y deben ser perseguidos por parte de las autoridades cuando, en un momento dado, comienzan a expresarse, para que no logren calar en las mentes y, sobre todo, sentimientos de parte de la población. El problema, como bien nos enseña la historia, se da cuando son precisamente las administraciones las que alientan estas conductas sectarias e irresponsables, las que desde sus privilegiados púlpitos alientan a unos ciudadanos contra otros, señalan a los que son impuros, apoyan a las hordas que insultan y financian actos y aquelarres en los que el sentimiento exaltado de superioridad racista exhala un aroma tan nauseabundo como aterrador. Nos produce asco ver esos documentales del segregacionismo surafricano, o norteamericano, cuando gobernadores elegidos ejecutaban normas de segregación y discriminación que implicaban tratar a los negros como una subespecie, peor que los animales, mucho peor que las mascotas de los blancos. ¿Por qué no nos da la misma repugnancia cuando algo similar se empieza a dar, se quiere hacer, en nuestro propio país?

Un niño de cinco años de Canet de Mar, Barcelona, y su familia, llevan siendo señalados y acosados desde hace varios días por parte de los separatistas por exigir su derecho a recibir las clases en castellano que dicta la ley. A ese acoso se ha sumado gran parte de la población del pueblo, con el constante y decidido apoyo del ayuntamiento, la Generalitat de Cataluña y el silencio consentidor del gobierno nacional. Este caso, flagrante violación de los derechos del niño abuso totalitario por parte de la sociedad, prevaricación completa de las administraciones y, en definitiva, infame ejercicio de acoso mafioso, es contemplado con condescendencia por parte de la clase política nacional, y sus votantes. Y todo eso es, sí, un síntoma de que la democracia, allí, está gravemente herida y, en el conjunto del país, dañada. Ese niño y familia cuentan con todo mi apoyo, el de un pringado que, gracias a la ley, puede desarrollar su vida.

lunes, mayo 31, 2021

Indultos dolosos

Escribo menos de lo que debiera sobre el tema catalán, dada su importancia y gravedad, pero como cuenta Ramón González Férrriz en “la Ruptura” este asunto a mi también me produce molestias emocionales y hasta físicas. Tras décadas viendo y viviendo el destrozo social que el fanatismo nacionalista es capaz de provocar en mi lugar de origen, aderezado además en ese caso con una banda mafiosa asesina, comprobar como el mismo delirio supremacista y sectario, esta vez sin violencia organizada, anida en otra sociedad y logra descomponerla es descorazonador. Nada aprendemos de lo que nos pasa, ninguna defensa nos creamos ante el virus del racismo que, en forma nacionalista, vive en lo más oscuro de nuestras entrañas.

El indulto que Sánchez va a conceder a los independentistas catalanes condenados por sedición es un pago para que Esquerra le mantenga en el poder todo el tiempo que sea posible. Nada más que eso, y nada menos. Es una jugada con la que busca extender la duración de su gobierno. No tiene nada que ver con ninguna otra cosa. El departamento de propaganda de Moncloa, dirigido por Iván Redondo, y cuyos miembros cobran si hacen lo que el jefe les dicta, ya ha elaborado un argumentario para ocultar lo anterior, que sin indultos todos ellos perderán el cargo y la nómina mucho antes, y en ese discurso falso creado para enmascarar el miedo al desempleo se utilizan conceptos amables para los que apoyan el indulto como concordia y graves para los que lo rechazan, como revancha y venganza. Una excelente muestra del marketing político que nos rodea, en el que lo emocional lo es todo y la verdad, si quiera un atisbo de ella, es imposible de sobrevivir a tantas toneladas de lemas, eslóganes y palabrería hueca. Algunos han comprado esa mercancía averiada, muy pocos por convicción, la mayor parte por interés, para congraciarse con un poder del que pueden sacar rédito o del que, directamente, cobran cada final de mes. No son pocos los que, por seguir a Sánchez por interés y creencia, han retorcido completamente su discurso en meses, semanas, y ahora recitan frases calcadas de esos PowerPoint elaborados en Moncloa, con agradable dicción, pero nula creencia, mostrando lo profundo de su interés personal, mayor cuanto mayor es la nómina mensual que perciben. Sabe el gobierno que la inmensa mayoría de la sociedad rechaza esos indultos, pero eso le importa poco, porque como a todo gobierno, lo que más le importa es seguir siéndolo. Su estrategia se basa en que el escándalo que se origine por la concesión del indulto se aplaque en unos meses, y que la recuperación económica que siga al fin de la pandemia y a la llegada de los fondos europeos (aviso, siempre tardan mucho más en llegar de lo que se espera) hagan olvidar este tema y le den margen para no convocar elecciones hasta, como muy pronto, otoño del año que viene, un año antes de lo que tocaría. En el tacticismo habitual en el que se mueve Redondo, que sobrevive semana a semana sin que le importe los destrozos que ello ocasione, la senda temporal está clara, y da igual cual sea el precio por comprar los apoyos que se necesiten para sobrevivir en el corto plazo, lo importante es seguir cada viernes al frente del poder y de las nóminas que otorga. Que la ideología del partido que me ha contratado, pensará el consultor Redondo, sea de izquierdas e internacionalista, y me vea obligado a amnistiar a unos sediciosos independentistas que, por definición, son cantonalistas, y que buscan el privilegio de unos, los más ricos, frente a otros, los más pobres, me da igual, porque como buen consultor me debo al que me ha contratado. Si ya con Albiol, del PP, fabriqué para su campaña unos lemas demagógicos sobre la inmigración puedo hacer con Sánchez lo que él quiera para que se mantenga el tiempo suficiente en lo más alto para que mi promesa de arrojarme con él a un barranco se sitúe lo suficientemente lejos en el tiempo como para haber encontrado un nuevo cliente al que asesorar, fabricar discursos, mensajes y lemas, y dejar al de ahora con los problemas que él, sólo él, se haya creado. Porque es el cliente el que pide y el consultor el que elabora, y nunca tiene la contrata la culpa de lo que quien la reclamó le pidió.

La probabilidad de que esos indultos sean útiles de cara a apaciguar el tema catalán es ínfima, porque en Cataluña ya es enorme la grieta social abierta entre los nacionalistas supremacistas, populistas dignos de Trump hasta en su estilo y forma y poder financiero, y el resto de la sociedad, y serán necesarias décadas, muchas décadas, para recomponer el destrozo que el odio independentista ha creado. Ni indultos ni gestos huecos serán útiles. Sólo paciencia, ley, lógica al actuar y mucho mucho tiempo. Y ejemplaridad, y defensa de las clases medias y bajas catalanas, abandonadas por una presunta izquierda que hace tiempo ya se alió con lo más rancio de la oligarquía local para buscar unos privilegios aún mayores de los que ya disfrutaba. Y encima tienen la desfachatez de querer vender esto como progresismo.

viernes, abril 16, 2021

Con Javier Cercas

Es Javier Cercas un excelente escritor, novelista de lo cotidiano, que en sus textos afila la punta y deja al lector sometido a vaivenes de los que no saldrá impune. Ecléctico como pocos, en su narrativa se encuentran novelas convencionales, escritos que bordean la autoficción tan en boga en estos tiempos y aproximaciones al ensayo tan originales como certeras. Ha contado con el respaldo de crítica y público desde el inicio de su carrera, que crece día a día tanto por la obra publicada como por el impacto de la misma. Leer a Cercas es necesario, además de gratificante, y sus libros son una recomendación segura para aquel que pide material en el que sumergirse y aún no lo conoce. Si ese es el caso, no lo duden, adéntrese en sus textos.

Cercas no vive en una torre de marfil, aislado del mundo, sino en Gerona, en medio de una Cataluña sometida al delirio independentista y controlada, política y mediáticamente por una secta intolerante que ha enarbolado el separatismo como podía haber lucido la bandera del arrianismo, cualquier cosa con tal de mostrar su intolerancia a las ideas de otros y el racismo absoluto a quienes consideran inferiores, que son todos menos ellos. Cercas no se calla, cuando le pregunta por política responde, cuando le preguntan por la sociedad se moja, y eso, en el ambiente tóxico en el que ha arraigado la infamia nacionalista catalana es peligroso. Cercas no es dócil, no se convierte en un perrito amaestrado, como muchos otros, que saben que si callan ante la dictadura que allí se está creando podrán cobrar unas migajas del dispendio de dinero público y privado que las élites están realizando en nombre de una fantasiosa patria estelada. Cercas no necesita subvenciones para vivir, se basta y se sobra con su obra, ni soporta que una dictadura, se vista como se vista, le imponga el qué pensar y el qué decir. Cercas ya se ha colocado en el bando de los malos catalanes, que es el bando de los malos vascos ante el nacionalismo batasuno y la mafia eterra, o era el lado de los malos españoles a ojos de la dictadura franquista, o era el lado de los malos norteamericanos para Trump, o era…. Siempre la misma historia de odio, de mentiras, de falsedades sembradas por el grupo de intolerantes de turno que adquieren semejante fuerza y tamaño como para ser tenidos en cuenta por el resto de la sociedad y, sobre todo, temidos. Cada vez que Cercas acude a TV·, o a cualquier otro medio de comunicación de todos, convertido en un ruidoso altavoz sectario de esa tropa de intolerantes, dice la verdad en medio de la mentira guiñada que no deja de salir de esas ondas. A cada pregunta responde con educación, sinceridad, rebatiendo un falso discurso victimista que siempre es adoptado por los matones de la esquina cuando realizan sus fechorías. Y eso convierte a Cercas en blanco de tiro para los intolerantes, que alientan a sus jaurías en las redes para que le insulten y calumnien sin cesar. Como dice el escritor, en Cataluña se ha instalado la mentira, que crea esclavos, y a todos los que no se someten se les presiona sin fin para que, o se callen o se larguen. Son tratados no ya como ciudadanos de segunda, no, sino como residuos, como restos que deben ser depurados, eliminados de la vista. A escala el odio sembrado en esas Comunidad funciona con la eficacia con la que lo ha hecho en el País Vasco durante décadas, bien es cierto que allí con el respaldo de una banda mafiosa asesina, que otorgaba a todo el panorama un sabor mucho más siniestro y peligroso, pero el mismo odio, el mismo racismo, el mismo supremacismo, la misma comprensión hacia el violento por parte de las autoridades locales y regionales, el mismo esquema dictatorial, perfeccionado hasta el extremo gracias al tiro en la nuca, es lo que se está sembrando en una Cataluña económicamente rica hasta el hartazgo, pero ya gangrenada por ese virus del odio y la mentira, en el que tantos viven.

Frente a ellos, Cercas, y muchos otros, pero ni mucho menos todos, se planta y sigue gritando, ante los terraplanistas que la tierra es redonda, ante los negacionistas del virus que el Covid existe y mata, y ante los sectarios independentistas que la libertad es mucho más que ellos, que él es catalán, como todos los que allí viven, que nadie puede calificar a otros como buenos o malos en función de su ideología, y que ni se va a largar ni se va a callar. Ante una dictadura en proceso de formación, que no es otra cosa lo que sucede en Cataluña desde hace ya algunos años, y el silencio cómplice de tantos que se dicen intelectuales y progresistas, Cercas, se levanta como un faro luminoso en medio de la tormenta, y no deja de recibir embestidas de olas fanáticas. Somos muchos los que estamos, contigo, los que estamos con Javier Cercas.

miércoles, marzo 10, 2021

Puigdemont, desenmascarado de nuevo

Uno de los más logrados ejemplos de trumpismo que tenemos entre nosotros responde a ese sujeto denominado Carles Puigdemont, un fugado de la justicia que alienta a los suyos a rebelarse contra las instituciones porque no detenta el poder que cree que debe poseer. Ayer, en una de sus declaraciones, que tan bien le definen, definió la calidad de la democracia europea en función de lo bien que le vaya a él en su descarriada aventura. Si las instituciones comunitarias el avalan la democracia funciona, si no lo hacen están corrompidas y degeneran. Luis XIV dijo aquello de “el estado soy yo” desde la cumbre de su poder. Puigdemont se cree un rey absolutista cuando no es más que un patético sectario, cada vez más sólo.

El levantamiento de la inmunidad del parlamento europeo de ayer es una buena noticia porque siempre lo es que una institución sepa detectar cuáles son los personajes que, desde su interior, trabajan para derrumbarla. “Puchi” se presentó a las elecciones europeas del 2019 con el único objetivo de alcanzar la inmunidad asociada al cargo, de manera que fuese una barrera más para tratar de evitar el cerco judicial que desde los tribunales nacionales se le iba aproximando. Hasta ahora, y con la evidente ayuda de los tribunales belgas (no quiero usar el término complicidad, pero si así lo entienden me parece correcto) la estrategia le ha ido bien al sedicioso jefe, pero parece que algunos de los vientos populistas que han barrido la política occidental en los últimos tiempos empiezan a aflojar, esperemos que así sea, comenzando porque desde el otro lado del Atlántico ya no sopla la ventolera Trump, en la que se apoyaban todos estos personajes. La decisión del parlamento es un revés para el sedicioso, pero no es el final de la historia, ni garantiza que pueda ser extraditado y procesado por los múltiples delitos que ha cometido. Ya ha demostrado el personaje tener suerte y cabezas pensantes a su lado que rumian y rebuscan argumentos para tratar de salvarle en cada caso, pero sobre todo esa votación de ayer sirve para que, políticamente, la causa Puigdemoníaca y, con ella, el independentismo catalán, haya sufrido un fracaso en Europa que le va a hacer mucho daño. Una votación transversal en la que la socialdemocracia, los liberales y la derecha europea se han unido para empezar a deshacerse de este sujeto y que ha mostrado la unidad de las fuerzas pragmáticas que buscan consensos y el crecimiento del continente, frente a los que usan las cámaras parlamentarias como altavoz de sus delirios y lugar de confrontación. Es una derrota política, sólo eso, pero nada más y nada menos que eso, y para un político, o a un sujeto que se presenta como tal, el resultado de ayer le escuece. Por eso salió el personaje a dar el discurso que antes mencionaba, al que sólo le faltaba de fondo una horda de sujetos con cuernos y vestimentas estrafalarias dispuestas a tomar al asalto la sede legislativa de Bruselas para salvaguardar la democracia auténtica, encarnada en el líder libertario de pelo abundante y obsesiva mirada sectaria. Es curioso los pocos políticos calvos que son populistas, parece que en todos ellos el pelamen es signo característico. ¿Quiénes votaron a favor de “Puchi”? Lo mejor de cada casa, con formaciones como Podemos y la extrema derecha francesa de Marine Le Pen a la cabeza. Es curioso que Vox, los grandes amigos de la populista lideresa gala, unieran sus votos al bando de la cordura. No es ese el bando en el que residen, el de la razón, precisamente. La votación de ayer retrató a los que se inclinaron hacia uno y otro lado, y deja en el lugar preciso a formaciones como Podemos, de los que la distancia con el sedicioso va poco más allá de un estilo distinto de peinado en las crestas de las cabezas de los líderes. Curioso, los que vinieron con el discurso (falso) de la casta y del fin del privilegio de los aforamientos votan para mantener el fuero a un convicto escapado de la justicia. Por sus mentiras y vergonzosos hechos les conoceréis.

Como antes decía, lo de ayer es una pequeña victoria de la ley, pero no garantiza un éxito en el procedimiento judicial abierto contra el sedicioso jefe. En todo caso, muestra hasta qué punto, camino de los cuatro años del acto golpista de “Puchi” y los suyos, su fracaso es absoluto. La región que gobernaron está hoy sumida en el desconcierto institucional y el descrédito, la economía local padece los males del populismo y afronta una decadencia que, lenta, parece difícil de revertir y el apoyo internacional a la causa independentista no deja de circunscribirse a grupos ideológicos extremistas, totalitarios, populistas y desacreditados. El fracaso de “Puchi” y los suyos es total, cunado más tarden en asumirlos, peor para todos.

lunes, febrero 22, 2021

Violencia callejera

Seis noches seguidas van de algaradas violentas, en varias ciudades pero, sobre todo, en una Barcelona asediada por bandas criminales que le han cogido el gustillo a arrasar lo que se encuentran. Convocadas para protestar contra el encarcelamiento de un rapero, lo que en principio son concentraciones pacíficas acaban derivando, de manera segura, en graves incidentes contra las fuerzas de orden público y saqueo de comercios y tiendas, especialmente las de marca, no los bazares chinos, donde los que se autodenominan como luchadores por la libertad se dedican al robo, pillaje y saqueo sin ningún remordimiento.

A escala, lo que sucede estos días, y su contexto, recuerda demasiado a lo que se vivía en las calles del País Vasco durante los malditos tiempos de la maldita “kale borroka” fenómeno extremadamente similar al que estamos contemplando estos días. Hay, evidentemente, una diferencia fundamental, que es ETA. En aquellos años la existencia de una banda mafiosa de asesinos, en torno a la cual se organizaban todo tipo de estructuras de violencia, extorsión y chantaje, convertía el fenómeno de las algaradas callejeras en algo mucho más grave y peligroso. Ahora ETA no existe, aunque más de uno la añora, y por ello el fenómeno que se ve en Barcelona es más limitado, autoconclusivo, pero otros de los factores se repiten. Especialmente, por su gravedad, la condescendencia, cuando no apoyo, de parte de las fuerzas políticas a los violentos, realizando declaraciones y tuits en los que muestran un respaldo claro a los grupos que asaltan las calles por la noche. En los tiempos oscuros del País Vasco, Arzalluz, uno de los jefes de la mafia, de los más listos, que nunca pudo ser incriminado en nada violento, los calificaba como de “los chicos de la gasolina” y lo expresaba con un tono de comprensión propio del abuelito que ve como su nieto se equivoca pero, ay, es su nieto, y le quiere tanto…. La Ertzaina se veía sobrepasada por la intensidad del fenómeno al que se enfrentaba y sus mandos políticos, en especial durante la época del Consejero Balza, hacían todo lo posible para no dotarles de medios, para deslegitimarles, para criticar sus actuaciones, para minar la moral de un cuerpo asediado que, según la mentalidad nacionalista, no debía atacar a quienes luchaban por la Euskal Herria libre. Hoy los Mossos están ante una situación similar (reitero, mucho menos grave porque no hay una banda terrorista que los ejecute, como sí hacía ETA) entre la espada de los violentos y la pared de sus mandos políticos, que no dejan de lanzar mensajes en contra de la actuación no de los delincuentes callejeros, no, sino de los propios Mossos, a los que acusan de violencia y otras lindezas por el estilo mientras la ciudad en la que todos ellos viven y sus habitantes es atacada por hordas de salvajes. Algunos de los partidos que lanzan esos mensajes de comprensión a la violencia están en el actual gobierno de la Generalitat, otros aspiran a incorporarse a él y pertenecen al gobierno de la nación, en una mezcolanza de intereses tan compleja como rastrera. Cada noche los niñatos, porque muchos de ellos son menores de edad, se lanzan contra las fuerzas de seguridad, destrozan mobiliario urbano, queman, realizan pillajes y causan daños económicos directos, y un enorme roto a la imagen de una ciudad que ve. Impotente, como este tipo de escenas empiezan a formar parte de su propio ser. Vimos tras la sentencia del procés secuencias de incidentes más graves que las actuales, pero con características similares, en las que el movimiento anarquista, que siempre ha tenido bastante fuerza en Barcelona, se aliaba con el independentismo radical con el único objetivo de montar bronca y destrozar por destrozar. Y de mientras, entonces y hoy, los dirigentes de formaciones herederas del terrorismo etarra, a los que algunos inconscientes pretenden blanquear, deben estar cómodamente sentados en los salones de sus casas brindando al ver estas imágenes en la tele, que tanto les recuerdan a sus años mozos, y a buen seguir mandando mensajes de ánimo a algunos que estarán cerca de los que los organizan. Años, lugares y coyunturas distintas, semejante maldad criminal y desprecio por la democracia.

La verdad es que, mirado con perspectiva, tiene bastante gracia que el líder supremo de Podemos, el señor Iglesias, haya logrado convertir a su formación en una especie de versión blanqueada de Batasuna de alcance nacional, que justifica la violencia allí donde surja y adopta los modos y manera totalitarios ya vistos en épocas pasadas. Del noble surgimiento en demandas de igualdad y de lucha contra los corruptos que supuso el caldo de cultivo en el que nacieron los movimientos de los que surgió Podemos, a lo que ahora es la formación, dan ganas de llorar si uno tuvo en algún momento su ilusión puesta en estas siglas. No hay nada que un estalinista de guardia no pervierta, ni círculo que no llegue a convertir en, visto lo visto, espiral de odio y violencia.

lunes, febrero 15, 2021

El PSC gana, pero no gobernará

Votar en pandemia es una pesadilla, y sigue quedándome la duda de hasta qué punto es una irresponsabilidad convocar unas elecciones bajo este escenario, pero lo cierto es que ayer tuvieron lugar las previstas en Cataluña, con una bajísima participación, fruto sobre todo del miedo de muchos al contagio, lo que les impidió salir de casa. Es probable que esta bajada de asistencia haya sido más intensa entre el votante constitucionalista, pero no parece ser una excusa para adulterar o interpretar de otra manera los resultados, contundentes en algunos casos, vistos ayer. Por cierto, bastante cercanos a las encuestas previas y las del propio día.

El efecto Illa era cierto, y Sánchez, por candidato interpuesto, es el gran ganador de lo sucedido ayer, con un PSC que queda primero en votos y empatado a 33 escaños con Esquerra. El PSC prácticamente duplica su número de asientos, recogiendo voto constitucionalista y moderado que huye de la marca naranja, una de las grandes derrotadas de la noche, y alcanza un resultado encomiable. ¿Le va a permitir gobernar? No, porque es ERC la que tiene la llave. En su conjunto el independentismo logra un gran resultado, con esos 33 de ERC, 32 de los Puigdemoníacos y los 9 de la CUOP; que también sube. El arco parlamentario queda dividido, por sus resultados, en tres grandes formaciones y un conjunto de pequeños satélites a gran distancia. La cuarta formación del parlamento, una desatada VOX, con once diputados, es triplicada en número de escaños por cualquiera de las tres grandes formaciones, y los 11 de VOX parecen un cielo en comparación con lo conseguido por Podemos, que repite con 8 parlamentarios y no saca rédito alguno de su presencia en el gobierno nacional, y sobre todo con lo que han sacado Ciudadanos y el PP. La debacle naranja es apoteósica. Ganó las anteriores elecciones autonómicas con 36 escaños en un resultado histórico que su entonces dirigente Albert Rivera no supo, o no quiso, rentabilizar, y hoy, con un sexteto de asientos, se encuentra en una situación agónica que pone en entredicho su propia viabilidad como formación política. Señaló ayer un analista en una radio que Ciudadanos salió de Cataluña, y de ahí saltó al resto del país, y que quizás, desde ayer empieza, también desde Cataluña, el camino inverso para su posible desaparición. El resultado del PP sería el normal en una fuerza minoritaria, pero para sus siglas e historial es un fracaso tan vergonzoso como injustificable. Partiendo de los 4 escaños que tenía pierde uno, y ha superado por poco el corte del 3% d voto en la circunscripción de Barcelona. Su papel en la política autonómica catalana ha sido reducido a la absoluta inexistencia, y contempla con asombro no sólo que los extremistas de VOX han dado el sorpasso que tantos temían, sino que casi les cuadruplican en escaños. Si hoy puede haber fiesta en las reuniones que se celebren en la sede socialista de Ferraz en Génova las caras serán bastante más largas que en muchos funerales. El candidato del PP no era malo, en el sentido de una persona abierta, natural y de apariencia honesta, pero el resultado cosechado es tan desastroso que no hay por dónde cogerlo. Casado, desde hoy, tiene su liderazgo mucho más tocado, sometido a una enorme presión interna, mientras que Sánchez contempla lo sucedido ayer como una gran jugada en la que su marca sale muy fortalecida, la de su desleal socio de coalición debilitada y la de la oposición a su gobierno vapuleada. La estrategia le ha salido redonda a Iván Redondo, y no es un detalle menor que estuviera ayer en Barcelona y que Illa le agradeciese de manera expresa su apoyo. Sólo el PdCAT, la antigua Convergencia, que no ha logrado representación parlamentaria, puede dolerse más del resultado que un apaleado PP.

¿Quién va a gobernar con estos datos? Sólo se me ocurre un nombre, Pera Aragonés, de ERC. Hay tres opciones posibles. Una vez que IIla se presente a la investidura, como ha dicho que va a hacer (y debió hacer Ciudadanos hace tres años) y probablemente la pierda, se presentará ERC, y con dos opciones. La “natural” si así se quiere es con una reedición del acuerdo independentista con los Puigdemoníacos, pero el odio entre ellos es lo que nos ha llevado a estas elecciones. Otra posibilidad “interesante” es que el que PSC permita un gobierno de ERC con los Comunes de Podemos, a cambio del apoyo de ERC al gobierno nacional, y claro, está la alternativa de que no haya acuerdo y se repitan las elecciones, cosa que nos llevaría por la conocida senda melancólica de 2019. Toca esperar y ver.

miércoles, octubre 16, 2019

Secesión


Si son lectores habituales de este pequeño hueco de la red, cosa que les agradezco profundamente, habrán notado que, tan pegados como están los comentarios a la actualidad, Cataluña es uno de los temas que no abunda, y no es por casualidad. Me produce un enorme hastío ese inmenso problema y, sobre todo, me genera melancolía, tristeza, mucha tristeza. Ver, otra vez, como el virus del nacionalismo sectario se inocula en una sociedad y la descompone, la agrieta, es doloroso. Demuestra, otra vez, que no aprendemos nada, que repetimos una y mil veces los mismos errores, que la violencia y el tribalismo siguen anidando en ostros y que políticos zafios y sectarios pueden avivarlo para defensa de sus corruptos intereses cuando les plazca.

La sentencia del Tribunal Supremo sobre los hechos de octubre de 2017 se hizo pública el lunes, y ha dejado insatisfechos a muchos. Dictamina el alto tribunal que lo sucedido fue secesión y establece unas condenas que están en el rango bajo de lo pedido por la fiscalía. Nada que no fuera la absolución iba a contentar a los independentistas que, como bebes caprichosos, sólo velan por sus espurios intereses. También han surgido muchas críticas contra el tribunal por aquellos que esperaban sentencias más duras. No esperen que yo me pronuncie al respecto, ni una exégesis de las casi quinientas páginas del fallo; de primeras porque no soy un experto en derecho y obviamente no tengo base para poder enjuiciarlo lo que allí se expone y argumenta, de segundas porque no me he leído la sentencia ni, lo reconozco, lo voy a hacer. Como he dicho en varios cafés, lo que diga el Supremo, supremo es, y se acabó. Es lo que opinaba el viernes pasado, es lo que creía el sábado al mediodía cuando se habían filtrado los detalles básicos del veredicto y es lo que creo hoy miércoles, tras dos días de montañas de artículos valorativos de todo signo y calidad. Juzga el Supremo el caso y toca aplicar las sentencias, así de sencillo. No nos encontramos ante un juicio político, ni mucho menos, como quieren hacer ver los independentistas y sus socios útiles, sino un juicio A políticos, que se parece mucho más a instrucciones como las de Bankia que a otro tipo de avatares judiciales. Se les juzga porque, en su calidad de dirigentes, usaron sus cargos para saltarse la ley, en este caso no sólo para malversar, como también los de Bankia, sino para atacar el orden legal vigente. Es tan sencillo como profundo. El que los condenados tengan gente que les jalee en las calles no tiene nada que ver con los hechos cometidos y juzgados, como no lo sería en caso contrario. El ruido político lo perturba todo, pero es así de crudo y duro como creo que debe analizarse este asunto, y todos los que tienen que ver con la política y los delitos. El Supremo no ha juzgado al independentismo, porque esa ideología no es ilegal, sino que ha juzgado a unos líderes independentistas que cometieron delitos y que se quedaron en España. Otros líderes independentistas que cometieron delitos y huyeron no han podidos ser juzgados, empezando por el fantasma puigdemoníaco, y ese es uno de los aspectos más frustrantes de todo este asunto. Imagínense que el juicio de Bankia se celebra sin la presencia de Rodrigo Rato, que hubiese huido a, pongamos, Brasil. Se realizarían las vistas, se emitiría un fallo, pero uno de los grandes presuntos culpables de lo sucedido no sería sentenciado. La huida de Puigdemont y sus secuaces, y el vergonzoso comportamiento de distintas instancias judiciales menores de naciones de la UE al respecto es uno de los temas más deprimentes de todo este avatar judicial, y de fondo el mal funcionamiento de la euroorden, que ni es euro porque los países de la UE son los que la incumplen ni es orden porque nadie las ejecuta. Una vez emitida la sentencia, son decenas, cientos, los líderes independentistas que, tras ella, siguen con su vida normal, como el resto de ciudadanos del país, porque no han cometido delito alguno, por lo que, como habrá que repetir una y mil veces, juzgar un delito no es juzgar unas ideas, sino juzgar un delito. Y no hay ideas que amparen la comisión de delitos. Delinquir es delinquir, sin apellido alguno.

Escenas de violencia como las vividas esta noche en Barcelona y otras ciudades catalanas empezarán a ser cada vez más frecuentes, una vez que el virus de la intolerancia nacionalista sembrada por Puigdemont, Torra y demás sujetos ha calado en capas no pequeñas de aquella sociedad, y la radicalidad se ve justificada por el entorno comprensivo. Cuesta muy poco soltar el genio de la violencia irracional, y se tardan años, décadas, en volver a encerrarlo en la botella de la que nunca debió salir. Habrá detenciones y condenas, pero los culpables últimos de esos altercados son los políticos que han mentido, manipulado, engañado a su sociedad con una ensoñación falsa, mientras ellos robaban lo que querían. El nacionalismo, siempre mentiroso sea cual sea su apellido, sólo genera destrozos.

martes, octubre 01, 2019

Dos aniversarios dictatoriales


Hoy, uno de octubre, se conmemoran dos hechos marcados por su carácter profundamente antidemocrático y por la imposición de la voluntad de unos exaltados frente a otros. El aniversario pequeño, el de juguete, es el referéndum ilegal celebrado en Cataluña hace dos años. Auspiciado por un gobierno sedicioso y totalitario, encabezado por el impresentable Puigdemont, esa jornada fue triste, dura, dolorosa para todo el país. Ahí se vio cómo la fe nacionalista es capaz de imponer su doctrina y paranoia allá donde echa raíces, y una vez crecida esa planta del odio al (no) diferente lo difícil que es erradicarla. Hoy, los instigadores de aquellos hechos o están en la cárcel o lo van a estar, y su fracaso costará millones de euros y horas de dolor a los catalanes y resto de compatriotas.

El otro aniversario, el grande, el que realmente influyen en nuestras vidas cada día, es el de la creación de la República Popular de China. Hoy, en 1949, las fuerzas militares de Mao Ze Dong se proclamaron victoriosas en la guerra civil que tuvo lugar en el país, expulsaron a los perdedores a la isla de Taiwan, y crearon en la China continental una república sometida a los dictados del marxismo leninismo y aliada plenamente con lo que se decía desde Moscú, faro de todas las naciones que acogían la ideología marxista como credo de funcionamiento. Lo sucedido en aquel país en los setenta años transcurridos es algo que ni los propios dirigentes chinos hubieran sido capaces de imaginar, sobre todo por el desarrollo de las primeras décadas de aquel régimen. Mao llevó a cabo la implantación de un socialismo propio, se le denominó maoísmo, que empezó a separarse, primero tenuamente, luego de forma clara, de lo que imponía la URSS. El maoísmo tenía muy buena prensa entre los acomodados intelectuales europeos, que lo veían como una vía válida para el progreso en países rurales y atrasados, como era China. Un buen ejemplo para otras naciones asiáticas y africanas para que siguieran sus pasos. La realidad de esa doctrina no se supo hasta años después, cuando muchos de esos intelectuales, aclamados por casi todos, o ya no existían o en su ancianidad se negaban a admitir su fracaso. Millones, decenas de millones de muertos, cifras enormes sobre las que aún no hay consenso, supusieron el precio que pagó China por la imposición de esa “revolución cultural” de Mao, que arruinó por completo al país. En los setenta China era un desastre, un erial de hambre y padecimiento, con un régimen atornillado al poder y un culto a la personalidad del líder exaltado, con pocas diferencias con lo que podemos ver hoy en Corea del Norte. Los dirigentes que llegaron al poder tras Mao nunca lo admitieron en público, por la cuenta que les traía, pero se dieron cuenta del enorme fracaso de sus políticas y la necesidad de cambiar de rumbo, aunque fuera para seguir en el poder de algo que fuera digno y valiosos para ser detentado. El viaje de Nixon a Pekín fue el primer signo de apertura al exterior y la señal para que las cosas empezasen a virar. Fue con Den Xiao Ping al frente cuando se implantó el lema “un país, dos sistemas” bajo el que, con la férrea supervisión del centralizado partido comunista, se definían zonas de apertura económica en las que, en la práctica, se implantaba un capitalismo sin barreras. En principio estas zonas eran islas, lugares cerrados, ciudades contadas, pero luego se fueron extendiendo. Para mediados de los noventa la economía china empieza a despegar, y en las dos décadas transcurridas la transformación que ha experimentado ha supuesto una sacudida global, con una senda de crecimiento del PIB que no ha experimentado tasas por debajo del 6% en esas dos décadas y con la explosión industrial, urbana y tecnológica más impactante y veloz que se haya dado nunca en el mundo. De ser un país del tercer mundo China ha pasado a disputar a EEUU la primacía en numerosas clasificaciones y estadísticas sobre economía, investigación, consumo de recursos, etc, y hoy en día representa, redondeando, la quinta parte del PIB mundial y un tercio del crecimiento de la economía global. China hoy es un monstruo que no deja de crecer.

El espectacular desfile militar celebrado hoy en Beijín, que es así como se llama ahora la capital del país, es una muestra del poderío de la nación, un alarde de lo que son, y una señal de la ambición futura que les guía. Pero no todo es oro en la China actual. Bajo una espesa capa de contaminación que lo cubre casi todo, con una demografía en declive y un PIB per cápita aún propio de sociedades en desarrollo, la dictadura comunista que rige el país sabe que debe invertir y esforzarse cada vez más para controlar a la población, porque el fantasma de la revuelta de Hong Kong, que se encrespa día a día, muestra que las ganas de libertad siguen bullendo bajo las asfaltadas calles de las ciudades chinas. ¿Estamos ante la dictadura perfecta y perpetua? El tiempo lo dirá, y ya saben que en China el tiempo va a un ritmo distinto al de occidente.

jueves, mayo 16, 2019

Iceta se queda sin pista de baile


Tengo serias dudas sobre lo que estamos viendo en relación a la designación de Miquel Iceta como próximo presidente del Senado. El que dentro de nueve días se vuelva a votar me produce la sensación de que algo hay orquestado en todo este proceso, que no es casual que Sánchez se embarre en una decisión que va camino del fracaso y que Esquerra renuncie a apoyar al candidato socialista. ¿Ganan votos ambos partidos con sus respectivas jugadas? ¿Les resulta rentable de cara a sus electorados sacrificar a Iceta en el altar de los medios para reclutar adeptos? Si es así, estaríamos ante otra de esas jugadas sibilinas de las que tan aficionado es Sánchez, aunque admito que en este caso el retorcimento de la realidad puede resultar exagerado.

La decisión de Sánchez de hacer a Iceta presidente del Senado descolocó a muchos, quizás incluso al propio nominado, y dejó en el aire la pregunta de por qué, justo después de celebrar elecciones a Congreso y Senado, el PSOE escoge como candidato para presidir la cámara alta a un político que no estaba en las listas electorales, no fue por tanto escogido como senador, y debe ser nombrado como tal por la cámara autonómica. Y llevar una votación al parlamento catalán, sobre lo que sea, es asistir al triste espectáculo diario del independentismo sectario y manipulador. Normalmente las designaciones de senadores por los parlamentos autonómicos han sido un mero trámite, todos los grupos han apoyado a los candidatos que se han presentado por uno u otro lado porque si ahora te toca a ti, luego me tocará a mi, y el papel mismo del senado es visto, con razón, como algo secundario. Sólo en la pasada legislatura, con el bloqueo al presupuesto y la puesta en marcha del 155 se pudo ver a esa cámara como un reducto de poder auténtico. Si Sánchez confiaba en que esa tradición se fuera a mantener se ha dado con un canto en los dientes. Desde un principio era obvio que la candidatura de Iceta a senador dependía en exclusiva de los votos del independentismo, dado que PP y Ciudadanos iban a dejar hacer. Era obvio que, con elecciones a dos semanas vista, Sánchez no iba a pactar nada con los independentistas para conseguir un puesto que se había sacado de la manga, por lo que el proceso de elección del político catalán podía ser vendido al electorado del conjunto del país como una nueva muestra de que (antes de unas elecciones) el PSOE no se sienta con los independentistas. Es una buena jugada. Por el lado secesionista, bando moderado y bando radical (aunque cada vez sea más difícil decir quién es quién) la propuesta de Iceta les ponía sobre la mesa la posibilidad de mostrarse duros con los suyos. En un ambiente de lucha fratricida entre Esquerra y los puigdemoníacos, si uno de ellos afloja la presión el otro le puede acusar de traidor ante los electores desatadamente independentistas, que son legión. No hay alicientes para ser moderados, y las decisiones que han tomado ambos partidos, con excusas peregrinas de todo tipo, esconden en el fondo esa rivalidad por ver quién es más extremista ante el mismo votante, para llevárselo. De ahí que la decisión que han adoptado, y que salvo enorme sorpresa se llevará hoy a la práctica, se encuadre en este proceso de competencia electoral que termina el 26 de mayo. La alcaldía de Barcelona y otros centros de poder están en juego y ambas formaciones, que se odian, quieren ser decisivas. En la primera vuelta del 28A ERC le ganó la mano a los herederos del pirado en Bélgica. Ahora está por ver si eso se repite o no, y el escaño en el Parlamento europeo también está en juego.

¿Sería todo esto muy distinto si estuviéramos en un escenario postelectoral? Muy probablemente sí, porque entonces ni PSOE ni ERC tendrían nada que perder, en votos que ya están contados, si pactan, acuerdan o se acuestan, y probablemente pueda suceder algo por el estilo en un par de semanas o tres, quizás en otros ámbitos. Pero el senado se constituye la semana que viene y creo que es obligado escoger cargos y presidencia antes del día 26, por el correr de los plazos formales. De ser así Iceta perdería ese tren, y quizás otro en forma de ministerio le esperase para salvar su cara tras este bochornoso proceso. En todo caso queda claro que, con o sin paripé, la influencia de los independentistas en la gobernabilidad nacional sigue siendo muy alta, y eso en sí mismo es una muy mala noticia.

miércoles, marzo 20, 2019

Torra, el ilegal


Esperar a que Quim Torra cumpla la ley es como sentarse ansiando la lluvia en Madrid este año. Ambas cosas son necesarias pero tan escasas como infrecuentes, y cuando se dan parece que es por casualidad, por efecto de la suerte y no por hechos consumados. El de los lazos amarillos en las fachadas de los edificios oficiales de la Generalitat no es sino el último de los episodios, desafíos de juguete de aprendiz de pirómano, de un personaje tan siniestro como irrelevante, que a cada día que pasa muestra más tanto su incompetencia como mala fe, producto de las negras ideas que anidan en su seno, y que contamina con su actitud a todos aquellos que con él se relacionan. Toma nota, PSOE, de a quién te arrimas.

La verdad es que poco se podía esperar de Torra y los hechos han ido demostrando hasta qué punto es la nada lo que anida en su dimensión política, y sólo el sectarismo es lo que exhala en su comportamiento diario. Elegido por el pirado de Waterloo, donde pueden ustedes darle varias acepciones al concepto de pirado, Torra era un completo desconocido para casi todo el mundo. Cuando fue señalado por el representante en la tierra del cielo soberanista muchos pudimos conocerlo, y lo que vimos fue horrendo. Un sujeto gris que había trabajado en una compañía de seguros y que en sus manifestaciones públicas (escasas) y escritos (más abundantes) no dejaba de referirse al mundo en términos de racismo y xenofobia. Dominado por un discurso de odio, supremacista, en el que los que con él comparten afinidad son los superiores y el resto bestias inmundas, las palabra de Torra eran el perfecto manual del extremista, dichas en un tono amable y clerical por el autor de las mismas, en un intento quizás de rebajar el tono de lo que realmente piensa, para no asustar. Esa táctica está ya demasiado vista, y es utilizada por muchos extremistas. En tiempos “sin complejos” cada vez menos, pero es un clásico. Los vaivenes de la política española han puesto en manos de Torra la gobernabilidad de toda la nación. Fue decisivo el voto de los suyos para tumbar el gobierno de Rajoy y aún más lo fue para tirar a la basura los presupuestos de Sánchez, y con ellos el gobierno socialista. Los devaneos del presidente, que pasó de calificarlo el Le Pen español cuando Sánchez no gobernaba a reunirse amablemente con él y aceptar algunos de los puntos de la delirante agenda independentista hablan mal de un Sánchez que nos ha acostumbrado a ser veleta a cada día, pero deja a las claras las rocosas convicciones de un exaltado que, ahora mismo presidente de la Generalitat, ejerce claramente funciones tóxicas para su cargo, institución y ciudadanía. Cada actuación de Torra en público es un compendio de disparates, algunos ilegales, otros no, pero que en su conjunto dibujan la figura de un sujeto obsesionado por la etnia, la diferencia, la separación, la exclusión, los buenos y los malos, los puros y los impuros, los dignos y los indignos. Y él y los suyos, claro, son los que antes, ahora y siempre dictaminan quién pertenece a uno de los bandos, los escogidos, y quién no. Si Torra no llevara el nacionalismo por bandera sería visto en todo el país como lo que es, un racista sectario, pero el envolverse con banderas regionales otorga, sin que tenga muy claro el por qué, un aura de respetabilidad que a parte de nuestra sociedad cautiva. Es digno de resaltar como la izquierda mediática y sociológica no es capaz de ver en este personaje, y movimientos similares, a un enemigo absoluto a todo el discurso que el socialismo, solidario, internacionalista y progresista, encarna. Torra es un sectario racista y, por cierto, muy de derechas, y es comprendido en ambientes que se declaran de izquierdas, incluso de extrema izquierda, lo que no logro explicarme de ninguna manera. No es que los pueda engañar, que Torra no tiene capacidad para ello. ¿Por qué algunos aún se dejan engañar por estos personajes?.

Acabe quitando los lazos, o no, Torra se ha demostrado como el perfecto valido del delincuente fugado. Entre los dos han destrozado lo que antaño era el vehículo político de la burguesía catalana, han arruinado empresas, obligado a marcharse a ciudadanos de sus lugares de residencia y sembrado el virus del nacionalismo etnicista en una sociedad que siempre tuvo un componente nacionalista en su seno, pero atemperado por el pragmatismo por encima de todo. Pasarán años, quizás décadas, hasta que la normalidad vuelva a ser nuevamente moneda corriente en Cataluña, y entonces muchos se preguntarán cómo alguien como Torra llegó a ocupar y degradar de semejante manera el cargo del Molt Honorable President de la Generalitat.

jueves, octubre 04, 2018

Torra el chantajista, Sánchez el débil


Debía saber Pedro Sánchez, desde el inicio de su mandato, que su llegada al poder se producía por un frente de rechazo al PP que gobernaba hasta el momento. Lo único que amalgamaba a todos aquellos votos unidos era el no a Rajoy y a su partido, pero que suscitar un apoyo a un sí, para lo que fuera, iba a ser otra cosa muy distinta. Si entre las fuerzas de izquierdas lograr esa unidas iba a costar una barbaridad, como vemos en el día a día con tirones e imposturas entre PSOE y Podemos, ¿qué esperaba que sucediera con el soberanismo catalán? La llegada de un sujeto como Quim Torra al palacio de la Generalitat sólo iba a significar la cerrazón absoluta. ¿Era consciente Sánchez de eso? Debía, aunque dudo que así fuera.

Aquel Torra, que escribió aquellas lindezas sobre todos los que no son de la sangre pura que él encarna, mostrando su racismo y totalitarismo hasta que no hubiera duda alguna, es hoy el dirigente de un gobierno autonómico que anima a las masas a atacar a las instituciones y que se envalentona cuando grupos incontrolados asedian el Parlament de la Generalitat, la cámara autonómica. Ese es Torra, el que se refleja en sus escritos de toda la vida. Tras los sucesos de este principio de semana, se ha envalentonado aún más el oscuro personaje y ha lanzado un ultimátum al gobierno de Sánchez para que este abra un diálogo que verse sobre cómo alcanzar al autodeterminación, sin posibilidad de renunciar a ella. Curioso concepto de diálogo el que muestra el sujeto, aunque dada la repugnancia que le provocará compartir espacio con subhumanos como Sánchez o cualquier otro que no pertenezca a su estirpe elegida es probable que busque la máxima brevedad en sus encuentros. ¿Cuál ha sido la respuesta del gobierno? Tibia. Un no expresado por la portavoz Celáa que no ha tenido la fuerza escénica debida, sobre todo por ser el colofón de una serie de declaraciones y posturas de miembros del gobierno y afines en las que se veía una clara connivencia con el independentismo catalán de cara a que éste siga sosteniendo con sus votos la acción del gobierno. Los constantes llamamientos a que los políticos encarcelados sean liberados de su prisión preventiva, sin que el juez pinte nada en ello, han sido tan ridículos como muestra ostentosa de debilidad. Los acuerdos financieros para pagar a la Generalitat, cuando otras CCAA se las ven y se las desean para poder hacer frente a sus gastos y no saben lo que es recibir inversiones del gobierno central también han sido gestos destinados a “comprar” tranquilidad y voluntades. La situación recuerda un poco al desarrollo de la “operación diálogo” que llevó a cabo Sáinz de Santamaría cuando ejercía la presidencia. Táctica suave para no enervar a los exaltados y mostrar buen talante para no poder ser acusado de carecerlo. Aquello, como todos sabemos, salió mal, sobre todo porque en frente estaba un sujeto alocado, desquiciado, un tal Puigdemont, y tras él cientos de miles de ciudadanos a los que se les había vendido un discurso falso de opresión, victimismo, y de independencia sanadora. Como nos enseña Trump cada día, el delirio de un dirigente político es realmente peligroso cuando logra convencer del mismo a parte de los votantes. El derrumbe de aquella operación y el golpe de estado institucional orquestado por “Puchi” y los suyos nos llevaron al 155 y a las elecciones anticipadas, y de ahí hasta aquí. La posición del gobierno actual de Moncloa es aún más débil de lo que lo era la de Rajoy, carente también de mayorías absolutas, que sólo pudo aplicar las medidas extraordinarias cuando la situación hacía tiempo que lo era. Esa debilidad la nota todo el mundo, y más aquellos que pueden sacar mayor partida de la misma. Aunque el chantaje planteado por Torra ha sido recogido con división de opiniones en el frente independentista, es probable que la presión de este desalmado y su banda no afloje en exceso. ¿Qué debe hacer ante ello el gobierno?

Iván redondeo, el poder en la sombra de Sánchez, debe estar haciendo escenarios y encuestas atinadas, no como las del CIS, calculando cuántos votos pierde el PSOE en toda España cada vez que se amilana ante las presiones independentistas, y viendo cuándo le conviene convocar elecciones si estas presiones continúan. A día de hoy el adelanto electoral general gana enteros como opción, quizás dicen algunos emparedado entre unas elecciones andaluzas de final de año y las municipales y autonómicas de mayo, pero tampoco descarten un adelanto de las propias elecciones catalanas si el presunto desacuerdo entre Esquerra y los Puigdemoníacos va a más. En todo caso, cuanto más débil se muestre Sánchez ante ellos, peor para él y para todos los demás. Y eso seguro que lo sabe.

lunes, julio 09, 2018

El doble juego de Sánchez con los independentistas


Recibe hoy Sánchez en Moncloa a Quim torra, President de la Generalitat, y avatar del fugado Puigdemont, que debe estar muerto de celos al ver que la actualidad le resta protagonismo. No consta que Torra tenga ideas propias más allá de las que se le dicten desde Alemania, al menos en lo que hace a la gobernanza (es un decir) de Cataluña. Donde Torra tiene ideas muy suyas es en cuestiones identitarias, que asimila a genéticas y de raza. ¿Qué sentirá al estrechar la mano de un subhumano español esta mañana? ¿Cuánto tardará en acudir al baño para lavársela mediante unas friegas compulsivas? No dudo mucho de que algo así hará.

Lo interesante de la reunión de hoy es el juego al que se va a enfrentar Sánchez y, creo, la primera situación en la que no va a poder escabullirse del problema catalán. La forma de abordarlo, una vez llegado a la Moncloa, ha sido la de cambiar el talante de los discursos y hacer una serie de gestos, legales y posibles, para distender el ambiente. El traslado a cárceles catalanas de los políticos presos y las manifestaciones de una Meritxell Batet demasiado locuaz han sido la mano tendida al independentismo. En paralelo, especialmente con Borrell, se ha seguido una línea de firmeza ante el mensaje separatista, con respaldo expreso, como no podía ser de otra manera, a la valiente actitud mostrada por Pedro Morenés en Washington ante el desquiciado discurso de Torra de hace un par de semanas. Ya ven, una versión del clásico juego del “poli bueno, poli malo” en el que Sánchez aparece como el justo entre los dos extremos. ¿Qué busca esta estrategia? Probablemente agotar el catálogo de excusas, falsas, que los independentistas esgrimen ante cualquier posición negociadora. Que si el estado opresor, que si la falta de democracia, etc. Quizás busca Sánchez ofrecer una imagen de suavidad inversa a la que mostraba el gobierno de Rajoy para, en ese caso, resaltar aún más la intransigencia de los nacionalistas y retratarles ante todos como la caterva de extremistas que son. ¿Es válida esta interpretación? Puede serlo, pero si es así debe saber Sánchez que es una estrategia en la que corre serios riesgos, y que no puede mantener mucho tiempo en marcha si ni logra frutos claros. Si, como es lo más probable, los independentistas se mantienen en sus trece la táctica buenista puede acabar tan naufragada como la operación diálogo de Soraya. Si hay frutos, debe ser cuidadoso el gobierno para calibrar hasta dónde se cede y se ve como una debilidad. Y si no hay avances de ningún tipo el juego no podrá prolongarse mucho más allá de la paciencia del votantes socialista, que de momento ha ofrecido su confianza al nuevo gobierno, pero que reaccionaría con dureza ante lo que pudiera ser visto como un compadreo con fuerzas y personas que han mostrado hasta qué punto están dominados por el sectarismo y ejercen la villanía con el resto del país. Supongamos que, como se rumorea, se adelantan las elecciones andaluzas a octubre. Un acuerdo con los independentistas que fuera visto como cesión sería nefasto para las aspiraciones de voto de Susana Díaz, que difícilmente podría vender a su electorado un pacto o componenda en la que no creyese. Y sería gasolina para las expectativas de voto de Ciudadanos, que siguen desorientados desde la moción de censura.

¿Expectativas ante la reunión de hoy? Pocas. Más allá de la foto y de los lugares comunes, es previsible que se escenifique un desacuerdo profundo. El hecho de que se vaya a hablar de derecho de autodeterminación es grave, pero no lo será tanto si Sánchez mantiene la postura lógica de que es inexistente, y ante eso torra no podrá hace otra cosa que protestar y desgranar su lista de agravios ideológicos (y buscar el baño para lavarse con fruición). Quizás se ofrezcan, y acuerden, cuestiones económicas y competenciales, pero eso no soluciona el mar de fondo. Y la verdad es que ante un racista convencido como Torra no hay nada que los subhumanos hagamos que le pueda satisfacer.

lunes, mayo 14, 2018

Quim, o Kim, presidirá la Generalitat


La CUP esperó hasta ayer para recontar el televoto eurovisivo y decidir, sin la emoción de ocasiones anteriores, abstenerse en la segunda votación de investidura que se celebra hoy. No hubo fantásticos empates a guarismos imposibles, ni exaltadas intervenciones, no. Se le da un voto de confianza al candidato a President y se le pone el dedo encima para advertirle que sobre el caerá una fiscalización política intensa para que no se desvíe ni un solo milímetro del rumbo republicando independentista que les ha prometido a los “cuperos”. Este grupo, que tan de izquierda se proclama, nada ha dicho de apoyar a un candidato de la banda del 3%. Se ve que robar, si se hace con la excusa de la patria soñada, es menos delito.

Quim Torra, con esas abstenciones, será hoy elegido Presidente, tras casi cinco meses de las elecciones, y  apenas a una semana del final del plazo para poder constituir gobierno antes de que sean convocadas automáticamente nuevos comicios. Torra va a dar la turra, y mucho. Se que es un chiste fácil, pero no puedo evitar alguna nota de humor en medio de la amargura que supone toda esta historia. En su discurso de investidura no mostró sorpresa alguna. Leyó un texto, de manera suave y sosegada, en el que el Puigdemontismo se ve plenamente representado. La fidelidad a las esencias de la falsa república instituida por el delirio independentista exhalaba por todos los poros de su piel, y la voluntad de seguir adelante en ese proceso hacia la nada era la única hoja de ruta posible que se podía establecer de sus palabras. Hizo llamamientos al dialogo, ese diálogo falso que imploran los totalitaristas, que consiste en sentarse con ellos para alabar sus posturas y actuar como claque entregada. Dentro del delirio de su discurso, Torra llegó a cotas aún más desquiciantes de las ya alcanzadas por el prófugo “Puchi” afirmando que Cataluña vive una crisis humanitaria, encarnada en los presos políticos y la sociedad amordazada. Vergüenza absoluta el que alguien, quien quiera que sea, pronuncie palabras semejantes en la rica y privilegiada sociedad occidental, y más si se elevan desde una tribuna política de un parlamento, institución que no existe en sociedades como las que describía Torra, no desde su ignorancia, sino desde la más vergonzosa y nauseabunda mala fe. Antonio Pampliega, periodista, víctima de la sinrazón de DAESH y conocedor de lo que es una sociedad que padece una crisis humanitaria, ha dicho basta, y le ha puesto los puntos sobre las íes al falso Gandhi que enarboló el discurso de la opresión desde el atril del privilegio. Pero, ¿Acaso nos puede sorprender a estas alturas que el nacionalismo tergiverse realidades, que manipule conciencias y use para sí las desgracias de los demás? El victimismo del privilegiado es una de las principales señas de todo nacionalismo, y el “por su falso dolor les conoceréis” bien pudiera ser una de las formas más obvias para reconocerlos a todos. En la época en la que ETA las víctimas eran los familiares de los presos. Cuando se otorgaban sentencias de muerte en forma de asesinatos mafiosos, era el pueblo vasco nacionalista el oprimido. A escala, es lo mismo que estamos viendo estos días. Cuadrillas de matones, exaltados, miles de personas de buena voluntad, millones de votantes, defienden las ideas de un grupo de iluminados que han encontrado en la mentira, la manipulación y el odio la forma más rentable y segura de esconder su nulidad, que han logrado exaltar a unas masas vendiéndoles un discurso sectario, manipulado, en el que los buenos son ellos y los malos todos los demás, en el que la arcadia de la patria catalana, una, grande y libre, será la salvación frente a la degenerada e inferior vida que les proporciona España, o la UE, o cualquier otro lugar del planeta que no sea su Edén. La misma mentira que a lo largo del siglo XIX y XX ensangrentó Europa, sembrada y recolectada hoy, en 2018.

Torra es un supremacista catalán, un reconocido racista y xenófobo que cree en la existencia de razas, de sociedades superiores e inferiores, que obviamente está convencido de pertenecer a las primeras y que una de sus obligaciones es someter y descartar a las segundas. El discurso de los racistas arios del KKK, de esos supremacistas que aplauden a Trump cada vez que se mete con los mejicanos, de los xenófobos de extrema derecha europeos que atacan a los inmigrantes en el centro y norte de Europa, ese mismo discurso que tanto rechazo nos provoca, lo enarbola aquí un tal Quim, que tanto se parece en sus deseos de sociedad totalitaria a lo que ha logrado su homónimo Kim. Y algunos que se dicen de izquierda, incluso de extrema, le van a votar o consentir. A partir de hoy un racista presidirá la Generalitat. Sí,, progresamos hacia la nada.


Mañana es festivo en Madrid, hasta el miércoles!!!

lunes, febrero 26, 2018

Cómo cargarse el Mobile World Congress

Hoy comienza en Barcelona el Mobile World Congress, MWC, congreso sobre telefonía móvil y redes inalámbricas más importante del mundo, y uno de los congresos que, en su conjunto, mueve más dinero y profesionales de los que se celebran a lo largo del año en cualquier ciudad y de cualquier temática. Junto con el CES de Las Vegas será, probablemente, la feria tecnológica más relevante del año, y el sector, ya se sabe, es de los más dinámicos, pujantes y presentes de nuestro tiempo. Barcelona recibe decenas de miles de profesionales dispuestas a aprender, enseñar sus tecnologías y gastar. Se calcula un impacto superior a los 400 millones de euros y no hay sector de la urbe que no se vaya a beneficiar, desde el más selecto al más turbio.

¿Seguirá celebrándose el MWC en Barcelona los próximos años? Es una enorme pregunta que muchos empiezan a hacer en alto y que tiene una difícil respuesta. El mero hecho de que nos lo preguntemos se debe a que asumimos el riesgo de que no sea así. La entidad organizadora del evento tiene firmado un acuerdo con Barcelona para que allí este la sede del acto al menos hasta 2022, si no recuerdo mal, pero es verdad que los rumores de traslado crecen sin parar y que otras ciudades, suenan Munich y Dubai, los omnipresentes Emiratos Árabes, se quieren postular como futuras sedes. ¿Por qué este temor a la marcha de un negocio seguro y que, desde 2008, se celebra con seguridad y (muy) creciente importancia? Pues por lo que todos sabemos, por la deriva independentista catalana, por la obcecación de una parte nada pequeña de su clase política y el clima turbio que este proceso ha generado en la imagen de la ciudad. Todo lo que allí ha sucedido desde que empezó esta locura ha supuesto un deterioro del clima de negocios y de la posición turística y comercial de Barcelona, y con ella de Cataluña, en el contexto internacional. La esperanza que tenían algunos de que esto no fuera sino un pequeño bache empieza a difuminarse a medida que la cerrazón, por no llamarlo locura, de parte del independentismo, mantiene bloqueadas a las instituciones regionales, con una Generalitat intervenida, y un Ayuntamiento seguidista de esas desquiciadas posturas que no hace sino ahondar en la crisis institucional. Las escenas vividas ayer durante la recepción previa al inicio del Congreso, en las que representantes públicos del Ayuntamiento y las instituciones autonómicas volvieron a actuar como agitadores de parte, y no como portavoces del conjunto de la ciudadanía la que se deben, son la peor tarjeta de visita para que los que vienen al Mobile, que apenas conocen nada de la realidad catalana o española, se lleven una buena imagen. Algo les chirriaría de los discursos que escucharon, donde un completo ausente de nuestra actualidad (afortunado por perdérsela, sí) percibiría una tensión nada disimulada y una constante referencia a términos como libertad, derechos humanos o necesidad de conciliación, más propios de zonas en conflicto civil. Si ese es el mensaje que quieren transmitir los independentistas, en parte, lo consiguen con su actitud diaria, y es evidente que eso se traduce en perjuicios, que no van a pagar los líderes de esas formaciones, siempre bien cubiertos ante cualquier pérdida económica sino el trabajador a pie de calle, el ciudadano normal que paga sus impuestos y, sobre todo, trabaja día tras día para sacar adelante su vida, negocio y familia. El año pasado Barcelona perdió la sede de la Agencia Europea del Medicamento, una de las mejores a las que se podía optar, contando con edificio e infraestructuras preparadas, en una candidatura excelente, que fue saboteada por el independentismo y la ceguera nacionalista. El impacto de esa sede en la ciudad hubiera sido enorme, tanto como lo fue la sensación de pérdida que produjo su no adjudicación.


En su discurso de ayer ante las autoridades y representantes de las empresas participantes, el Rey Felipe VI apeló a la colaboración entre instituciones y al trabajo conjunto para mantener el Mobile en Barcelona, para no perderlo, para no expulsarlo. Palabras llenas de lógica que, tristemente, no serán atendidas por un sector de la política catalana. En el País Vasco tenemos experiencia de décadas sobre el daño económico que supone la cerrazón nacionalista (por no hablar de otros daños infinitamente más graves e irreparables). Ahora Cataluña empieza a sufrir los costes reales de la deriva de Puigdemont y de todos los personajes que, día a día, nos llenan la actualidad, nos aburren y, también, empobrecen, no sólo de manera metafórica. Que el Congreso sea un éxito para las empresas y la ciudad, y que el año que viene y todos los que vengan, sea siga celebrando allí. Y cuando los móviles sean algo que ni imaginemos, también.

martes, enero 16, 2018

La banda corrupta de Convergencia

El mérito inicial se lo debemos a Pascual Maragall. Él fue quien, en el Parlament, cuando aún el recinto no había sido vejado por los totalitarios, dijo en alto eso de “ustedes tienen un problema y se llama 3%” y todo el mundo, empezando por los suyos, salieron a la contra, acusándole de difamar, de acusar sin pruebas y, sobre todo, de haber roto la omertá, la ley del silencio que reinaba desde hacía décadas sobre la política catalana. ¿Quién se creía que era él, uno que no pertenecía a la élite, para destapar aquello? ¿cómo osaba a hablar de lo que nadie debía ni podía? Eso “no tocaba, nunca” hubiese dicho el jefe del clan, el Pujol máximo, y junto a él, Mas y el resto de secuaces.

La sentencia del caso Palau, conocida ayer, pone negro sobre blanco la trama corrupta que, durante décadas, ha alimentado las boyantes finanzas del nacionalismo político catalán, en el que el dinero entraba con toda la naturaleza del mundo y compraba voluntades, proyectos, cargos y designios. Envueltos entonces en la Senyera, Pujo y los suyos organizaron una fantástica maquinaria política, que rendía como pocas elección tras elección, y de paso un contubernio financiero que drenaba recursos de las arcas públicas y de instituciones sociales con los que amamantar a las huestes de la prole y a los cargos del partido. CiU expoliaba a la vez que sacaba muchos votos, y se convertía en una fuerza necesaria para la gobernabilidad en el conjunto de España, lo que le hacía sacar más votos en el terruño catalán y mucho más dinero allí y en todas partes. Una vez estuvo a punto de descarrilar el invento, y fue con el caso de Banca Catalana, un chiringuito financiero en el que estaban los Pujol y varios de los que serían luego altos cargos de la Generalitat durante décadas. Aquel caso acabó diluyéndose en los tribunales ante la pasividad de unas acusaciones que sabían que no debían de actuar con rigor. No convenía de cara a la estabilidad del país, de España. “No tocaba”. Con el paso de los años, la retirada de primera línea de Pujol y su clan y la ascensión de Mas al poder autonómico, el sistema se mantiene plenamente en marcha, pero CiU ya no saca tantos votos como antes, empieza a mostrar síntomas de debilidad, su electorado envejece y no logra captar a los jóvenes, desencantados. Y llega la crisis, la devastadora crisis, que para Ciu supone, sobre todo, la disminución de las mordidas porque los corruptures (absueltos en este caso, grave error) tienen menos dinero. Mala época para robar a un presupuesto público que mengua día a día. Mas se ve obligado a hacer recortes en las políticas públicas para mantener su cargo (y la red clientelar que sostiene) y llega al fondo de una crisis económica en la que empieza a sentir el riesgo de ser derrotado, apartado del cargo y, sobre todo, privado de sus pingües ingresos. Y Mas se asusta, pero como no es tonto, piensa y piensa y se le ocurre una idea. Coge la Senyera convergente y la transforma en estelada. Se envuelve en ella y usa todos sus recursos para convertirse en el líder de una nación oprimida que demanda libertad (y mordidas), y hace todo lo posible para que el independentismo cale como solución mágica entre una sociedad desnortada, golpeada por la crisis, asustada y sin referentes. El experimento le sale bien al principio pero, como les sucede a todos los aprendices de brujo, se le desmadra, y acaba con su cargo político, que es ocupado por el actual fantasma de Flandes. Los jueces cercan a la antigua CíU y ni siquiera la mafiosa comparecencia de Pujol en una comisión del Parlament, que ni Scorsese hubiera imaginado como guion de una de sus películas, logra apaciguar los ánimos. El cerco judicial se estrecha y Mas, acorralado, se va retirando de sus cargos hasta que, la semana pasada, cuatro días antes de conocer la sentencia, dimite de todos ellos alegando excusas de mal pagador (pero muy muy buen cobrador).


Escuchar ayer a los actuales responsables del PdCAT, o al propio Mas, afirmar que su formación no tiene nada que ver con Convergencia y que la sentencia no les atañe sólo servía para demostrar que no hay nada más duro en la naturaleza que la cara de un sinvergüenza. La condena expone una forma de corrupción, de robo, de usurpación de las instituciones para beneficio privado que es tan burda y zafia como intensiva y efectiva. Una manera de robar para el partido y para la vida privada de los corruptos que, durante décadas, se vio como algo natural, como el derecho adquirido de quienes, como los Pujol, Mas y resto de la banda, se veían como “seres superiores” a los que les rodeaban. ¿Cómo Maragall osaba a denunciar algo así? ¿Quién se creía acaso que era?