viernes, junio 26, 2026

Primera ola de calor

Si en lo político esta semana la cosa ha estado calentita, ni les cuento en lo meteorológico. Casi toda la España peninsular ha sufrido en sus carnes una ola de calor, de la que los más afortunados por su liviandad han sido los residentes en la esquina suroeste. Sí, esta vez Huelva o Sevilla no se han llevado la palma de las temperaturas, ni de las noches tropicales, que en el caso de Almería han pasado a ser dos niveles superiores, saltándose las tórridas y llegando a las infernales, cuando las mínimas no bajan de los 30 grados. Tres noches han tenido seguidas de este tipo, lo que supongo implica desesperación absoluta, porque las pasadas en Madrid claramente por encima de los 20 no han sido nada divertidas.

Donde esta ola, la primera del verano, ya ha sido histórica, es en el norte. Asturias pero, sobre todo, Cantabria, País Vasco y Navarra han superado récords de junio y absolutos con una facilidad pasmosa, en medio de un ambiente completamente despejado, con trazas de calima y escaso refresco nocturno. Noches tropicales que han ido seguidas de jornadas por encima de los cuarenta grados de manera consecutiva, enlazadas una tras otra en una secuencia que, tengo que revisar los datos de Elorrio, pueden haber sido récord desde que los tengo. Cuatro días seguidos por encima de cuarenta es algo anómalo allí, pero que se ha convertido en otro hito superado en el proceso de subida progresiva de las temperaturas medias que se vive en nuestro país y entorno. El calor en la meseta o en el sur es duro, pero existe costumbre frente a él, formas de vida, entornos, tecnología, etc. En el norte alcanzar los cuarenta no es tan exótico, es bastante habitual que un día al año se logre, pero es ese día, el día de los cuarenta, no una secuencia de varios y, sobre todo, tras ese día de cuarenta suele llegar algún tipo de derrumbe en forma de tormenta, role de viento o similar. Esta vez no se ha vivido nada de eso. Ayer, que se alcanzaron los treinta y ocho, como si fueran un regalo, hubo amagos de tormenta por el norte, pero tampoco nada del otro mundo. Parece que hoy la tendencia a bajar las temperaturas por allí se consolida y se mantendrá varios días, de tal manera que el inicio de la semana que viene pillará a Bilbao y alrededores en el entorno de los veintitantos. Y, como les anticipaba, frente a la costumbre del sur, el norte no sabe combatir esas temperaturas, no están preparados ni los cuerpos ni las viviendas ni las infraestructuras. No se si habrá algún piso con aire acondicionado en mi pueblo, pero tengo dudas. Es probable que alguna casa o chalet disponga de ello, pero como algo exótico, como la piscina particular, que es una de las mayores excentricidades que se pueden ver por arriba, signo de ostentación donde los haya. Sospecho que los ventiladores se habrán agotado en las tiendas y sus fabricantes estarán haciendo el agosto adelantado, pero un ventilador de esos pequeños que se ponen en las habitaciones, aunque hace su labor, no es capaz de cubrir las necesidades de una familia, o de alguien mayor para el que la regulación de la temperatura es algo que su cuerpo ya no realiza de manera correcta. Toldos, parasoles y ventiladores de techo son ideas muy prácticas y efectivas, pero que deben ser instaladas previamente, requiriendo una inversión mayor y obras, en algunos casos escasas, en otros no tantas. Se han dado casos de centros de salud urbanos en Bilbao en los que las temperaturas interiores superaban claramente los treinta grados, de tal manera que se convertían en lugares peligrosos para sus trabajadores y los que a ellos acuden, máxime cuando se supone que no lo hacen en la mejor de las condiciones físicas. Algunos de estos centros son de reciente construcción, lo que muestra las carencias con las que se han planificado. Es cierto que las olas de calor tienen un componente de punta que es breve en el tiempo, pero la persistencia de las altas temperaturas y los picos más altos es algo que se está cronificando poco a poco en esos entornos donde eso antes era un relato propio de la estancia de vacaciones en otros lugares. Salvo las oficinas modernas, las instalaciones de climatización no están para nada adaptadas a los veranos que nos tocan.

Y si en Bilbao esto ha sido duro, piensen en París o Burdeos, que también han superado claramente los 40, o en Londres por encima de los 35. Esas ciudades, países en general, tienen el calor como un elemento exótico, propio de relatos de verano en el sur de Europa o, directamente, de cuentos coloniales. Allí no ha hecho calor casi nunca, y las vías del tren o las carreteras empiezan a fallar cuando se superan umbrales de temperatura que en el sur de España son convencionales en verano. La ola en el norte y centro de Europa no ha remitido aún, y sus consecuencias son significativas. Las medidas preventivas ante hechos de este tipo deben ser planificadas con premura, porque estas temperaturas desatadas se van a repetir cada vez con más frecuencia.

Subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de julio

jueves, junio 25, 2026

La ciega soberbia

Se que me repito, a todos nos pasa, pero más a los que no callamos. Lo que no está en Homero o en la Biblia lo teatraliza Shakespeare o lo novela Cervantes. En Macbeth las tres brujas comen la cabeza al noble escoces, le hacen creer que él es el mejor y le anticipan su reinado, y preso de codicia, con el inestimable apoyo de su esposa, comienza una carrera de sangre y destrucción hasta lograr el soñado poder, desde el que ejercerá con la misma ira con la que llegó, y así cavará su tumba. La historia que se relata en la obra es la de un fracaso absoluto, la de la destrucción de un reino por las ambiciones de una persona. Los hay que prefieren ver un relato de heroísmo, pero no es así. Es una advertencia ante el peligro de creerse el poder.

Sánchez ejemplifica bastante bien el relato shakesperiano, trasladándolo a unos tiempos modernos en los que la liquidación de los adversarios políticos no pasa por su ejecución en la plaza público o por el sombrío asesinato en las alcobas. Llegado a la secretaría general del partido y a la presidencia del gobierno de una manera rupturista frente a los usos de la democracia española, se ha mantenido en el poder a base de mentir sin tapujos durante años, prometer cosas que nunca se cumplirían y traicionar a propios y extraños con el único objetivo de ser él el que se mantenga en el poder. A lo largo de este tiempo la figura de su gobierno se ha ido desdibujando, el mensaje socialdemócrata, que sirvió como trampantojo para enganchar al electorado, se ha travestido en mero culto al líder y su partido se ha ido jibarizando hasta convertirse en poco más de una secta de acólitos al que manda que ya no son capaces de hacer nada sin su permiso y que viven completamente desconectados de la realidad. Los constantes casos de corrupción que afloran desde hace tiempo en el entorno del presidente, sea cual sea el punto al que miremos, son tratados por él como algo ajeno, similar a fenómenos meteorológicos que se suceden en el cielo ante los que no hay responsabilidad alguna que se pueda achacar a quien lo dicta todo. Es precisamente la naturalidad con la que Sánchez miente sin cesar lo que ha destruido la credibilidad del personaje en el conjunto de la sociedad española, que en un momento dado lo recibió como un regenerador tras la estela de corrupción que arrasó el PP de Rajoy. Coincidía su llegada con las ascuas aún bien calientes del movimiento 15M, una llamada social a la regeneración del país que unos aprovecharon, otros desperdiciaron y, los más, exprimieron para su propio beneficio. Sánchez tuvo mucho olfato para detectar el sentimiento que existía cuando se embarcó de camino al poder, y desde entonces mantenerse en él ha sido su único objetivo, una obsesión que no logro entender, que se ha transformado en la destrucción del personaje y su marca a lo largo y ancho del país, de una manera que resulta tan obvia que sólo los que sigue cobrando gracias a él son capaces de combatir, como buenos empleados que son. El acto parlamentario que se vivió ayer, que vi de manera resumida por la noche, no fue sino la enésima reiteración de los comportamientos ya conocidos. Un sujeto soberbio hasta el extremo que se presenta ajeno a toda mancha que le rodea, una oposición cargada de razones pero que no logra construir el argumentario debido y unos socios de gobierno que sigue hundiéndose en la irrelevancia a cambio de las elevadas nóminas que ocupan en los cargos que, lo sabe, perderán el día en el caiga el gobierno, y, lo saben, al contrario que las oscuras golondrinas, no volverán. Un conjunto de mediocridades reiterativas en la sala de plenos del Congreso, en otro ejercicio de devaluación de la Cámara, uno más. En cierto modo, es algo coherente, dado el desprecio con el que Sánchez trata las instituciones que se diseñaron para limitar el poder, para deliberar, para frenar las ansias de quien se cree por encima de todo.

Con un estilo muy distinto, con formas opuestas, Sánchez es un presidente muy trumpista, muy en la línea de creerse por encima de todo y de todos que se estila en la Casa Blanca desde que el populista naranja se hizo con ella. Sánchez no se caga en los muertos de nadie, ni insulta sin cesar (Óscar, el indeseable, Puente sí) pero comparte el desprecio a la democracia como sistema de contrapesos y de limitaciones. Si el presidente soy yo, ¿quién me va a limitar? ¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me venga en gana porque mando yo, y sólo yo? Más de un pelota, bien remunerado, aún queda en los pasillos de Moncloa y en no pocos medios reiterando los síes fieles a estas preguntas cuando su líder se las hace. No esperen que Sánchez dimita, aunque se vea envuelto en causas corruptas que le afecten a él mismo. Nunca lo hará.

miércoles, junio 24, 2026

El infinito poder de Alan Greenspan

Hubo unos años en los que Alan Greenspan no sólo era una de las personas más poderosas del mundo, sino también de las más admiradas. Capacidad de decisión y calidad de conocimiento se aunaban en un personaje de gafas grandes y calvicie creciente que acabó completamente pelado cuando alcanzó sus años de gloria. Recuerdo una tarde en el centro de cálculo de la Universidad, cuando estaba haciendo cursos postdoctorales (qué tiempos, qué envidia) en la que Greenspan comparecía, y sus palabras hicieron caer la bolsa norteamericana a plomo. Uno de mis compañeros de entonces, el gran PBN, empezó a cagarse en los muertos de Alan y en toda su familia viva, mientras que el SP bajaba. Todos conocíamos a Alan.

Greenspan estuvo diecinueve años, que se dice rápido, al frente de la FED, el banco central de EEUU, el organismo monetario más importante del mundo. Su gestión abarcó cuatro presidencias, multitud de crisis pequeñas y medianas, booms del mercado y situaciones de todo tipo. Instauró una gestión profesionalizada al frente de la institución, sistematizando procesos y dando cada vez más importancia a la información cuantitativa a la hora de la toma de decisiones. En su mandato se pasó de los ordenadores como algo exótico al dominio de la tecnología para la gestión financiera y estadística, en lo que supuso una revolución que, aún hoy, sigue imparable. Greenspan supo ver la importancia de la informática tanto como herramienta para su trabajo como sector productivo capaz de revolucionar al resto. Amigo de la teoría de las expectativas racionales, que acabaría siendo el paradigma de la economía en esos tiempos, se encargo de dictar lo que se denominó desde entonces las “forward guidance”, catálogo de intenciones de política monetaria previsibles, de tal manera que la FED, además de un regulador, se convirtiera en un agente económico fiable, no dado a las sorpresas. La idea era que ese conocimiento anticipado de lo que la Fed iba a hacer diera a los mercados la tranquilidad de un rumbo, de que el objetivo de inflación del 2% se mantendría como foco inamovible y que la rigurosidad de la institución sería el ancla en los tiempos turbulentos y en los días despejados. Durante los años de la presidencia de Clinton formó un tándem operativo con Robert Rubin, Secretario del Tesoro de aquel gobierno, que les hizo mundialmente famosos en el mundo de la economía y que llevó a EEUU a tasas de crecimiento sostenidas durante muchos años. Empezó ahí el despegue absoluto de esa economía, que aún por entonces se podía ver desde la distancia desde la Europa occidental, pero que ya empezaba a marcharse al infinito. Los años de la gran moderación, como se le empezaría a llamar entonces, con tasas de crecimiento económico, desempleo a la baja e inflación controlada eran el paraíso de los economistas y la balsa de aceite sobre la que crecía la prosperidad occidental. Muchos veían a Greenspan como una especie de mago que tocaba pocas teclas, pero siempre las acertadas y en el momento preciso, y su aura de infalibilidad creció hasta niveles delirantes. Bob Bodward llegó a escribir uno de sus libros, titulado “maestro” en el que la imagen de Alan ocupa toda la portada y es una especie de hagiografía desatada, una larga carta de agradecimiento a quien el periodista veía como uno de los principales artífices de la prosperidad de su país. También se recuerda mucho ese día en el que Greenspan habló de la “exhuberancia irraciona” de los mercados, pronunciada en 1996, en medio de la subida bursátil de la tecnología, que advertía de una posible burbuja en aquel mercado. Greenspan acertó, pero cuatro años antes de lo debido, lo que en economía es errar por mucho. Ese día sus palabras hundieron una bolsa que se recuperó al poco. Quizás fuera ese justo el momento en el que mi querido PBN se ciscó en todo, o no.

Greenspan pudo lidiar con la burbuja puntocom de 2000, y se fue de la FED en 2006 en medio de la aclamación global, sucedido por un desconocido profesor de Princeton llamado Ben Bernanke. En 2007 comenzó una tormenta que se convirtió, en 2008, en la gran recesión, que lo hundió todo. También la imagen del propio Greenspan, que se vio acusado por todos de no haber visto lo que venía y haber mantenido la burbuja de crédito desatada en los últimos años de su mandato. Greenspan trató de defender su legado, inútilmente, y fue Bernanke quien, junto con otros, nos salvó del desastre. Amante del jazz, saxofonista de gran nivel, ha fallecido a los 100 años. Hace tiempo que dejó de ser historia para convertirse en mito.

martes, junio 23, 2026

Spielberg, y El día de la revelación

Acudir a una sala de cine y que se proyecté eso de “Dirigido por Steven Speilberg” no es sólo una garantía de calidad asegurada, sino volver al terreno añorado, a una casa en la que se sabe uno querido y se encuentra a gusto. Aún las películas que no son redondas de Spielberg entregan mucho más de la medía, y sospecho que nunca podremos agradecerlo lo que ha creado para todos, las imágenes en las que ha plasmado sus propios deseos vitales y nos los ha convertido en propios. Todos tenemos una peli de Spielberg, una escena particular, que ha penetrado hasta lo más profundo, que nos ha marcado. Eso pocos autores lo pueden decir. Muy muy pocos.

El título de la película no hace referencia al momento en el que Aldama empezó a desvelar las andanzas de Ábalos y la troupe de golfos que conformaban todos juntos, sino a la visión que el genio muestra de las conspiraciones ufológicas. Quiere creer el maestro que los extraterrestres han llegado hasta nosotros, en décadas pasadas, y que permanecen de alguna manera aquí. Sueña con el hecho de que si han logrado alcanzarnos no sólo poseen una tecnología fascinantemente superior a la nuestras, sino un grado evolutivo mucho mayor en el que la mayor parte de los instintos violentos que los humanos mostramos en demasía se han perdido, en aras de una convivencia colectiva en armonía, que aporta muchos más beneficios. Esa premisa ha estado presente en todas sus historias en las que ha habido un componente extraterrestre, es marca de la casa, y por tanto se puede considerar como el mayor hándicap a la hora de disfrutar de esta película, pero el mismo problema lo tenía ET o Encuentros en la tercera fase. La diferencia, si me apuran, es el nivel de cinismo que se ha alcanzado actualmente en la sociedad, donde la desconfianza en la dirigencia y en quienes ostentan cualquier cargo de responsabilidad es no ya creciente, sino casi imposible de superar (y viendo lo de Ábalos y sus jefes qué decirles). Spielberg habla al mundo desde una visión buenista, aunque no me gusta la palabra, que la sociedad no comparte, o ya no siente como propia, y eso lastra el resultado de esta película, en la que el desenlace puede no estar a la altura de las expectativas, en la que el clímax se alcanza justo en el vacío del conocimiento de una verdad oculta que muchos considerarían como una patraña más en un mundo de pantallas en el que el consumo de contenidos artificiosos no deja de crecer y que acabará superando al de historias reales. Si nos abstraemos de ese problema, la película funciona muy bien como una historia de tensión, persecuciones y personajes sometidos a fuerzas que les superan, sean estas muy terrenales o de origen paranormal. Como es marca de la casa, la producción resulta impecable y el realismo de todo lo que se ve es incuestionable. Spielberg sigue demostrando que, a su edad, nadie rueda como él, nadie es capaz de contar sólo con imágenes escenas completas, en las que los personajes se desnudan y relatan historias sin decir una sola palabra, porque lo que vemos ya nos lo cuenta. Eso es cine. En este sentido las cotas alcanzadas en Los Fabelman, su anterior trabajo, uno de los más deslumbrantes de entre los suyos, se muestran insuperables, no llegando en este filme a ese nivel de relato, pero es cierto que, como película de acción, la cinta no pivota tanto como la anterior en la vida interior de los personajes y sus relaciones como en la propia supervivencia de los mismos y de sus huidas. En todo caso, sea en las escenas de acción o en las relajadas, la precisión con la que rueda Spielberg logra sacar todo el jugo posible a un conjunto de actores que se muestra algo irregular, especialmente en sus caracteres masculinos, pero que desborda en los femeninos, con Emily Blunt y Eve Hewson comiéndose la tostada a todos los que comparte escena con ellos.

Si se quiere ver como una peli de acción, lo es. Si se quiere interpretarla como un alegato conspiranoico, funciona, si se busca una historia de encuentro y redención en la que el cariño entre personas y seres sea lo dominante, también cumple como tal. Las críticas que ha recibido el filme son dispares, y creo que, como señalaba al principio, se envuelven en exceso en un cinismo social que tacha a Spielberg de ingenuo, de ñoño, de no ser el adulto serio y duro que debe ser en el mundo de hoy. Es curioso que quien logró que muchos cerrasen los ojos porque no soportaban lo que Steven les mostraba en Omaha Beach el Día D sea tachado de infantiloide. Cada uno de los planos de sus películas velen mucho más que lo que yo pueda crear a lo largo de mi vida, y ese es punto de partida desde el que establezco mi juicio hacia su obra.

lunes, junio 22, 2026

Starmer, amortizado

La capacidad de la política británica para destrozar liderazgos es asombrosa. Su queman figuras a una velocidad que parece muy superior a la que se crean, y uno tras otro, da igual la ideología, van cayendo en la pira que es la dirigencia de aquel país tras el Brexit, del que ahora se cumplen diez años. Está a punto de cumplirse el segundo aniversario de la arrolladora victoria de Keith Starmer al frente del laborismo en las elecciones de 2024. Tras la debacle conservadora, y es muy probable que hoy mismo el primer ministro presente o su renuncia o un calendario que acabe llevándole a ella en un breve plazo. Starmer ha pasado de ser una esperanza para el país a un lastre para los suyos, que se lo han cargado en una revuelta interna despiadada.

Su más que probable sustituto es Andy Burnham, hasta hace no mucho alcalde de Manchester, y que hace pocos días conseguía un escaño en el parlamento de Westminster al presentarse por un distrito que tocaba renovar en el que el candidato laborista renunció para dejar que Burnham se presentase. Al parecer es condición necesaria que el candidato a primer ministro en Reino Unido sea miembro del parlamento elegido, cosa que no sucede en España, y Burnham, que encabezaba la oposición a Starmer, estaba fuera de la bancada parlamentaria. Su elección abrumadora ha supuesto un mini referéndum sobre su figura entre las bases laboristas y ha dejado claro que no están con Starmer, por lo que la posición del primer ministro se ha debilitado de una manera que se considera ya irreversible. Si Starmer dimite el parlamento votaría la candidatura laborista de Burnham y, dado que poseen mayoría, accedería al cargo, en un movimiento similar a los muchos que se dieron durante el agitado mandato conservador de 2020 a 2024, donde se sucedieron en el cargo Borish Johnson, Theresa May, Lizz Trust y Risy Shunak, siendo sólo el desquiciado Johnson el que se presentó a las elecciones. La legitimidad del poder en un sistema parlamentario la otorga la cámara, por lo que todos los anteriores fueron primeros ministros válidos, como lo será Burnham si accede al cargo de esa manera (o como lo fue Sánchez aquí tras la moción de censura, o como lo sería alguien si ganase una moción de censura presentada contra Sánchez). Starmer ha sido devorado por la realidad y algunos errores propios. La realidad le ha devorado por tres frentes. La economía, que no acaba de despegar en un país que sigue sin ser consciente de su progresivamente menor tamaño en la economía global, la relación con EEUU, totalmente desarbolada tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, y el problema de la inmigración, que deriva cada cierto tiempo en episodios de inseguridad, reales, hábilmente explotados por los populistas ultranacionalistas, que no dejan de subir en las encuestas. Starmer logró una amplia mayoría en las elecciones de hace dos años, pero ha sido incapaz de domesticar estos problemas, quizás en parte porque no sea posible hacerlo. Entre los errores propios son destacados varios nombramientos que han salido rana en puestos de su ejecutivo y aledaños, minando su imagen de gestor y, sobre todo, lo relacionado con el caso Epstein. Las revelaciones vinculadas al pedófilo y a su círculo de influencia han causado, curioso, mucho más revuelo en Reino Unido que en EEUU, y la figura de Starmer, que no tuvo relación con el caso, ha quedado ligada a él a través de Peter Mandeloson, figura icónica del laborismo británico, embajador del país en EEUU, y que sí que participó en cosas feas de las de Epstein, con el conocimiento relativo de un Starmer que nunca ha aclarado lo suficiente por qué mantuvo su confianza en Mandelson cuando ese escándalo estaba teniendo lugar. Explicaciones vagas, excusas, cambios de versión (¿les suena?) han ido minando la credibilidad de Starmer entre la opinión pública y más entre los propios, que han pasado de verle de un dirigente valioso a un foco de problemas. Quizás hayan pensado eso de “muerto el perro, se acabó la rabia” y han considerado que liquidar a Starmer es la mejor manera de evitar todos los problemas que a él se asocian, y durante un tiempo así será, pero visto lo visto, ¿cuánto puede durar el liderazgo de la nueva figura laborista? No apuesten por demasiado tiempo.

Lo cierto es que, visto desde aquí, me da una cierta envidia lo sucedido entre las filas laboristas. Han descabalgado a su líder porque lo ven incapaz y fracasado, no condicionados por el cargo que cada uno de los sublevados desempeñase en el partido o gobierno. Ha habido dimisiones internas, renuncias, declaraciones de protesta acompañadas de hechos prácticos, etc. Desde la partitocracia dictatorial que se vive entre nosotros, donde el líder, aunque esté atrapado en todo tipo de casos de corrupción, no es capaz de ser cuestionado por los miembros de su partido pase lo que pase, resulta envidiable la sensación de libertad que se disfruta en la política británica. Quizás ellos sí se lo creen, quizás son válidos y saben como sacarse la vida sin recurrir a la usurpación del cargo público. Da que pensar, ¿eh?

viernes, junio 19, 2026

Moscú, asediado por drones ucranianos

Moscú sigue siendo la mayor ciudad de Europa, una conurbación de unos 12 millones de personas de enorme extensión, con dos aeropuertos internacionales de gran tamaño y viviendas para dar y regalar, en medio de la estepa rusa. Posee numerosas instalaciones industriales en sus aledaños, no pocas de carácter pesado, en parte herencia de la época soviética, y desde hace unos años de un complejo de rascacielos modernos en uno de los meandros del Moscova que imitan a La Defense parisina o al Cannary Wharf londinense, rivalizando con las siete hermanas de Stalin, que han marcado tradicionalmente su perfil.

Puer bien, ayer esta ciudad sufrió el mayor ataque militar que ha vivido en sus carnes desde que los nazis, en 1942, comenzaron su asedio a la entonces URSS, dentro de lo que se llamó operación Barbarroja. Cientos de drones ucranianos se lanzaron contra la ciudad, donde las defensas aéreas lograron interceptar a muchos de ellos, pero otros tantos lograron alcanzar sus objetivos. Algunos impactaron en edificios residenciales, en torres altas, en pisos superiores, causando heridos y daños materiales de consideración a varias de las viviendas de los edificios, pero los objetivos principales eran instalaciones industriales, especialmente todas las relacionadas con el refino de crudo. Hay varias refinerías cerca de Moscú, con sus torres de destilación, conglomerados infinitos de tuberías y depósitos de almacenamiento, y algunas de ellas fueron golpeadas reiteradamente. Es impresionante la imagen en la que uno de esos depósitos, de los que tienen la forma de una lata de conservas, de mayor diámetro que altura, de dimensiones impactantes, estalla tras ser alcanzado por el dron. El interior, repleto de combustible, explosiona de una manera muy violenta y la tapa del depósito sale disparada al cielo por la fuerza de la onda expansiva y los gases. Una estructura metálica de decenas de metros de diámetro se eleva como si nada, asemejándose a un platillo volante que hubiera decidido llegar a la ciudad, para después, alcanzada su cota máxima, precipitarse al suelo contra los restos ardientes de los que partía, contribuyendo a aumentar aún más la destrucción. Al cabo de un rato Moscú era una ciudad en la que se podían divisar varias y enormes columnas de humo negro, fruto de los ataques exitosos de la tecnología ucraniana. No eran uno o dos, no, sino un montón de instalaciones las dañadas, que ardían de manera descontrolada, creando un paisaje propio de una película, con humaredas negras, densas, compactas, amenazantes. No pasaron demasiadas horas hasta que numerosos residentes de la ciudad notaran la llegada a sus viviendas de la ceniza de los incendios y de algo de precipitación en forma de lluvia aceitosa, fruto de la evaporación parcial de los hidrocarburos y su arrastre por la lluvia. Esto se vivió también en Teherán durante las primeras semanas de bombardeos norteamericanos, y debe ser una sensación asquerosa, a la par que siniestra, ver como medio llueve gasolina del cielo. La imagen que ofrecía ayer Moscú era inédita. Todos los vuelos con destino o procedencia a la capital rusa estuvieron suspendidos, su espacio aéreo cerrado y la población de la urbe con el miedo en el cuerpo por no saber si a esa oleada de drones le seguiría otra y otra, y con la constatación de que las defensas aéreas de la ciudad no son capaces, para nada, de detener estos ataques, y que la capacidad militar de Kiev ha llegado a un punto en el que es capaz de alterar por completo la vida del urbanita ruso que vive ajeno a la guerra, en medio de las preocupaciones que nos llenan la cabeza a cada uno de los que vivimos en las ciudades de hoy, entre las que no está, ni mucho menos, el peligro de ser alcanzado en un ataque aéreo por otra nación.

Ucrania ha justificado su acción por el ataque que sufrió el monasterio de las cuevas de Kiev a principios de esta semana por parte de misiles rusos. El lugar es uno de los más santos para el mundo ortodoxo, y la imagen de parte de la techumbre de ese espacio, ardiendo o semi derrumbada, conmocionó a todos los ucranianos y, en general, a todos los ortodoxos. Ayer Ucrania volvió a demostrar que sus capacidades tecnológicas de ataque mediante drones han logrado una capacidad que está mucho más allá de, si me apuran, cualquier sistema de defensa conocido. Ahora mismo Ucrania es líder mundial en el empleo y fabricación de drones militares, y no hay objetivo que se le resista. Ayer Ucrania sembró el miedo en el corazón de Moscú.

jueves, junio 18, 2026

ZP, por ahora, sin medidas cautelares

La pregunta obvia que surge tras la comparecencia de ZP ante el juez de ayer y el comunicado que dio a conocer a los medios es por qué alguien debiera tener fe en su inocencia, sin argumento ni prueba alguna, cuando tras horas de declaración el juez sigue creyendo que hay indicios serios de delito. En sus palabras ante la sociedad ZP busca excusarse y requiere un auto de fe en su persona que no se compadece con los hechos que van aflorando, ni con la estrategia legal que está siguiendo en lo que va de procedimiento. Los habrá que, por su ideología, no necesiten nada para creer en él. Más allá de las ideas, a mi no me encontrarán en ese lado.

El argumento del juez para no imponerle cautelar alguna, especialmente la de la retirada del pasaporte, es que se trata de una personalidad de notoriedad y fama muy elevada, lo que dificulta su fuga. Eso es cierto, aunque lo de dificultar es una cuestión relativa. Uno puede salir de España en coche sin que se le vea y, con el pasaporte en la mano, coger un vuelo en un aeropuerto mediano de Europa rumbo a cualquier parte. Estimo que las probabilidades de que ZP huya no son nulas, pero que sí son bajas. No lo descarto, pero no es lo más probable que vaya a suceder a corto plazo, aunque todo estará en función de lo que vaya saliendo de la investigación. A medida que puedan aparecer pruebas que muestren pagos irregulares, o derivados de acciones inexistentes, como mero objeto de blanqueamiento, o se aten cabos respecto a posibles sociedades en el extranjero en las que él y / o sus socios puedan tener registradas participaciones o ingresos le puede ir rentando más el coger las de villadiego y largarse, aunque eso suponga la plena admisión de los delitos de los que se le acusa. La estrategia con la que ha iniciado el procedimiento, que antes señalaba, apunta preocupantemente por ahí, porque no se centra en rechazar la comisión de delito alguno, sino en buscar o bien la prescripción de los mismos o la anulación de pruebas del sumario que los justifiquen. Intenta hacer que sea el procedimiento el que le salve, no la inexistencia de los hechos, y eso es una manera de decir que sí, que los delitos existieron, pero que no son punibles en este momento. Curiosa forma de proceder del faro moral de muchos que ha resultado ser, como cuando ejerció de presidente, un trampantojo tras el que no había nada sólido. El haber elevado a los altares de su sector ideológico la figura de ZP por parte de los que ahora nos desgobiernan es la causa de que el daño que todo este asunto produce a su electorado sea tan serio. ZP salió del gobierno como el fracasado que fue, arrasado por una crisis económica brutal que nunca quiso ver ni entendió, que trato de evitar, como en el tema judicial, no combatiéndola, sino negando su existencia, buscando subterfugios para que políticamente no le causase daños el derrumbe de la burbuja que él contribuyó a inflar en su tramo final. El desastre de gestión económica de ZP lo dejó para el arrastre entre los suyos y los ajenos, lo mandó al desván de la historia, y desde ahí se fue construyendo la carrera de consultor, de lobista, de hombre de pazzz con los regímenes dictatoriales latinoamericanos, con especial querencia en la torturada Venezuela, donde el chavismo le recibía con las manos abiertas y él trabajaba sin descanso para limpiar la imagen de la dictadura. Es más que probable, tras lo conocido, que empezase a cobrar de ella desde sus primeras gestiones. Sánchez y compañía lo rescatan para la política nacional como muñidor de pactos con el sedicioso puigdeminíaco y otros elementos de nuestra cloaca política nacional, y lo van elevando poco a poco a estandarte del progresismo, en un ejercicio de recuperación como no se había visor en mucho tiempo, que no dejaba de sorprender a los muchos que no olvidábamos la inutilidad absoluta de su ejercicio como presidente. Lo de ahora es el segundo derrumbe, y parece que será aún más estrepitoso que el primero.

Socialmente, lo que más se habla de ZP en tertulias y comentarios es sobre el tema de las joyas, pero a mi eso me parece algo menor en comparación con el resto de delitos de los que está acusado, menor también en cuestiones monetarias. Algo más de un millón de euros en pedruscos tallados no declarados no es casi nada frente a las mordidas que se pueden haber creado con el contrabando de oro y petróleo venezolano. Como en el caso de la operación Malaya, lo llamativo era el Miró en el baño de Juan Antonio Roca, mientras que lo mollar era todo el robo del ayuntamiento de Marbella. Aquí las joyas sólo dicen mucho del personaje que nos pide que tengamos fe en él.

miércoles, junio 17, 2026

Un G7 descafeinado en Francia

Estos días tiene lugar en Evian, Francia, la reunión del G7, foro de las principales economías del mundo, diseñado sin la presencia de China, por lo que es ya la expresión de un mundo no vigente, en el que las grandes naciones occidentales y Japón se juntan para tratar asuntos de gobernanza global, tanto económica como política. Durante los años de la gran recesión este foro, junto con su versión ampliada del G20, sirvieron para coordinar esfuerzos ante un problema, el financiero, que angustió a todo el mundo y requirió acciones conjuntas a varias bandas y naciones para tratar de contenerlo. Funciono. Visto lo visto, tuvimos mucha suerte.

Hoy los tiempos han cambiado, y los aires de cooperación que se vivieron en esos turbulentos años han quedado atrás. Estamos en un mundo de competición despiadada en el que las viejas alianzas han caído, empezando por la que mantenía unida a occidente, a lo largo de las dos orillas del Atlántico. Europa ha visto como su socio fundamental, EEUU, se aleja sumido en el caos de su política interna, llena de populismo y soberbia, mientras que es Asia, liderada por China, quien aspira a un relevo en la dirección del mundo, al menos en las cuestiones económicas. Si en ese campo las cosas están disputadas, en todo lo demás el unilateralismo se ha hecho fuerte, como lo demuestran la eternizada guerra de Ucrania o la relámpago de EEUU con Irán, donde no hay organismo multilateral alguno que pese a la hora de determinar lo que sucede en ambos escenarios. Rusia primero, EEUU ahora, se han erigido en naciones que ponen su soberanía por encima de los designios globales, y hacen uso de la fuerza sin ni siquiera cumplir el paripé de presentar sus problemas y demandas ante el Consejo de Seguridad de la ONU. Antaño EEUU ya desarrolló guerras ilegales, con Irak en el recuerdo de todos, pero si recuerdan se produjeron varias vistas en la sede de la ONU en la que la administración Bush trató de convencer al resto del mundo del problema que veía y la solución que iba a imponer. No sirvió para ello, pero al menos se cumplía un protocolo formal que hacía mantener la apariencia de que la multilateralidad importaba. Habrá quine prefiera esta versión descarnada de hoy en día a la hipócrita del pasado, dado que ambas acaban en situaciones similares, pero en mi caso prefirió que haya un mínimo grado de formalidad para que los que no podemos recurrir a la fuerza al menos tengamos tiempo para ir planificando cómo responder (huir). ¿Qué conclusiones se pueden esperar de la reunión de Evian si EEUU ha mostrado su desprecio a todo lo que no sea sometimiento a los intereses trumpistas? Acude Donald al encuentro tras haberse conocido parte del texto del MoU que van a firmar este viernes Washington y Teherán, si no sucede nada imprevisto. Un acuerdo que es bastante humillante para las posiciones de EEUU, que certifica el fracaso de su intervención y los enormes costes que le ha supuesto su imprudencia, pero Trump lo venderá como un éxito rotundo. En las imágenes que se han visto de la cumbre el emperador deambula solo la mayor parte del tiempo, como aburrido, medio ausente, desubicado. Se le veía más en su salsa junto al ring que se autoregaló en los jardines de la Casa Blanca por su cumpleaños. Se han visto algunos intentos de conciliación por parte de dirigentes europeos ante Trump, especialmente del canciller alemán Mertz, pero es patente la frialdad que existe entre Trump y Macron, anfitrión del encuentro, que mantiene una pose sonriente que no oculta su incomodidad cada vez que está cerca del mandatario norteamericano. La retahíla de comentarios despectivos que ha tenido que escuchar, él y el resto, por parte del dirigente de EEUU, lo dicen todo, y los europeos saben que los halagos a Trump lo moderan, lo alegran como el niño mimado que es, pero que no evitarán la pataleta a los pocos minutos si no sigue teniendo el juguete que desea en las manos. Sólo el poder efectivo, como el que es capaz de ejercer China, amilana a Trump, y los europeos carecemos ya de esa capacidad de persuasión, mejor dicho, coerción.

Aunque se han producido avances en el respaldo a Ucrania y Zelensky ha sido recibido por Trump con formas presentables, la verdad es que pocos esperan resultados prácticos de esta cumbre. El G7 está fracturado entre EEUU y el resto, con China como el ausente decisivo que cada vez condiciona más, y el núcleo europeo del foro se debate en cómo sobrevivir en un mundo inseguro, en una economía proteccionista, en un escenario tecnológico en el que la IA y otras herramientas no radican en sus fronteras y con costes energéticos y de seguridad crecientes. Muchas sonrisas de cara a la prensa, con ambiente de glamour francés, pero poco contenido y demasiadas dudas.

martes, junio 16, 2026

El acuerdo de Trump con Irán

Ayer fue un día de festejo en bolsas y mercados de todo el mundo tras el grandilocuente anuncio de Trump del acuerdo, tras más de una treintena de amagos, con Irán, y su inminente firma. Parece que esta vez va en serio, o eso es lo que compraron los valores, con subidas desatadas en las bolsas, récord del Ibex por encima de 19.000, caída del petróleo, con el Brent en 84$, aún caro, pero bastante menos que hace unas semanas, y sensación de que lo peor ha pasado. De todas maneras se mantiene una cautela lógica ante lo que pueda pasar estos días, sobre la estabilidad del acuerdo, y va a ser necesario bastante más tiempo del que muchos creen para que los flujos petrolíferos vuelvan a la normalidad, y los precios a niveles razonables.

Del acuerdo en sí hay dudas, porque se han filtrado versiones del mismo que son divergentes. Parece que existe consenso en cesar las hostilidades, en reabrir Ormuz, y poco más. Sí hay un compromiso de empezar a negociar desde este momento la cuestión nuclear, con la idea de que en sesenta días, que se antojan muy pocos, suscribir un acuerdo al respecto en el que Irán renuncie al arma atómica y se deje claro que pasa con cientos de kilogramos de uranio enriquecido a elevado porcentaje que el país mantiene. Se abre la puerta al desarrollo de un programa de energía nuclear civil, que necesita de un uranio con un nivel de enriquecimiento mucho más bajo (3,5% frente al más del 90% que necesita la bomba). A partir de aquí las dudas son crecientes, principalmente por tres aspectos. Uno, la posible compensación económica que Irán pueda recibir por parte de EEUU por los daños causados en los ataques, que el régimen de los Ayatolas da por cierto y la Casa Blanca lo desmiente. Dos, las renuncias al desarrollo de misiles y programas defensivos de ataque, entre los que se incluyen los drones, que EEUU considera como imprescindible y que Irán no quiere dejar de tener, y que según no pocos analistas sigue creando desde que se dio el cese parcial de las hostilidades. Esto incluye el final del respaldo a las milicias tipo Hamas y Hezbollah. Y tres, y el más espinoso de los asuntos, la deriva del Líbano Israel. Teherán considera que el acuerdo incluye el compromiso de cese de los ataques israelíes al Líbano y el fin de esa guerra, con el retorno de las poblaciones desplazadas y el fin del sufrimiento de la población civil, mientras que Washington no considera que este punto se incluya en el acuerdo por ser ajeno al enfrentamiento entre ambas naciones. Sin embargo, es evidente que Israel, más bien el desatado gobierno de Netanyahu, se opone frontalmente al acuerdo entre Irán y EEUU y ha declarado que no se ve concernido por él, de tal manera que seguirá con sus operaciones en Líbano y donde considere conveniente. Pero tan evidente como eso lo es la incomodidad creciente de EEUU con su socio israelí, principal causante de la entrada de los norteamericanos en el avispero iraní, y constante instigador de acciones sobre civiles que son imposibles de comprender por las opiniones públicas occidentales. Hasta la casa Blanca de Trump se ha dado cuenta de que la actitud de Netanyahu es tóxica para sus intereses, y se empiezan a filtrar con regularidad conversaciones en las que Donald insulta sin rubor al dirigente hebreo, acusándole de torpedear todos los acuerdos posibles y de actuar no ya por libre, sino de manera traicionera y estúpida, todo ello aderezado con el florido vocabulario insultante del magnate, que es tan claro como naranja su aspecto. Irán ha dejado claro que no sólo responderá a Israel ante ataques que sufra en su propio territorio, sino que si desde las IDF se siguen emprendiendo campañas contra el Líbano atacará objetivos militares y civiles israelíes. Está por ver si EEUU logrará meter en vereda a su socio israelí, pero entre las numerosas dudas que sugiere lo que se conoce del acuerdo, este flanco parece ser el más propicio para que se pueda romper, y las ganas que tiene Netanyahu de forzar esa ruptura son tan claras como peligrosas.

Lo único seguro de lo sucedido estas semanas de negociación es que, pese a que ambas partes lo vendan como una victoria, EEUU ha sido el más interesado en que la guerra se acabe para que los costes económicos de la misma no sigan erosionando las expectativas electorales de Trump en noviembre. EEUU ha perdido una guerra en la que no debió entrar, que imaginó como paseo militar con conquista de régimen a lo venezolano y que se ha convertido en una fuente de grandes daños en la infraestructura militar en la región, desaires profundos con sus socios de las monarquías del golfo, destrozos económicos, consumo desaforado de valiosos y difícilmente reemplazables stocks militares y, en general, ha dado la sensación de haber fracasado, con una carencia de estrategia absoluta.

lunes, junio 15, 2026

SpaceX o el negocio espacial

El pasado viernes inició en Wall Street la cotización de SpaceX, la empresa de cohetes de Elon Musk. Salió a bolsa una parte pequeña de la compañía, en torno al 5%, con un valor estimado de 75.000 millones de dólares, así que multipliquen por veinte para calcular lo que la empresa estima como su propio valor. Como se esperaba, el debut fue exitoso, las acciones subieron por momentos por encima del 20% y acabaron cerrando con una revalorización del 19%, lo que supone una ganancia muy notable para todos los que estuvieron metidos en el ajo. Desde el viernes muchos de los empleados de la empresa son millonarios. Lo de su jefe ya está en otra dimensión.

¿Vale tanto SpaceX? Es difícil decirlo, porque el plan de negocio de la compañía es un compendio de realidades conseguidas y ambiciones fantasiosa que no se las cree casi nadie, salvo el propio Elon Musk. Lo seguro es lo que ha logrado ya. SpaceX ha revolucionado los lanzamientos con el desarrollo de un cohete reutilizable, uno que pone en órbita la carga útil, principalmente satélites, y luego vuelve a la Tierra, logra aterrizar y se puede volver a utilizar tras una revisión relativamente rutinaria. Es algo asombroso de contemplar, e inaudito. Nadie lo había conseguido. Hasta entonces lanzar cohetes era como coger un autobús para ir de un lugar a otro sabiendo que, una vez alcanzado el destino, el autobús se destruye. Tantos viajes a realizar, tantos autobuses a construir. Ruina garantizada. Este avance tecnológico ha supuesto una enorme reducción de los costes operativos y, con ello, ha permitido a la empresa hacerse con el mercado de lanzamientos, siento ahora mismo la dominante absoluta de los mismos. También ha logrado que su cápsula Dragon sea operativa, de tal manera que es capaz de poner astronautas en órbita baja, la Estación Espacial Internacional, de manera sencilla, eficaz y segura. Todo esto le ha costado no pocos accidentes, como es habitual en este mundillo, pero lo han conseguido, y sólo con eso SpaceX ya sería, es, la principal empresa espacial del mundo. Pero las ambiciones de Musk van mucho más allá. Desde hace tiempo mantiene en pie el proyecto StarShip, una nave de gran tamaño que serviría para llevar tripulaciones amplias y carga, en principio, bastante más allá de la órbita terrestre, con la Luna y Marte como principales objetivos. Cada pocos meses se realiza un lanzamiento de prueba del sistema StarShip, actualmente el mayo cohete del mundo, desde la base que SpaceX tiene en Bocachica, Texas, muy cerca de la frontera con Méjico. Ahí el número de incidentes está siendo elevado, y caso cada uno de estos intentos acaba con algo explotando de manea más o menos controlada, predominando lo segundo. “Proceso de desmontaje no programado” es como denomina Musk a todos esos incidentes. El proyecto StarShip es prometedor, pero hoy en día no cumple ninguno de sus objetivos y queda bastante para que pueda convertirse en una nave con un mínimo de fiabilidad. En lo que hace a la apuesta lunar, SpaceX tiene numerosos contratos con la NASA para poder dar servicio a las ambiciones de la agencia norteamericana de volver al satélite, tanto en lo que hace al mero retorno y poner el pie en él como para el desarrollo de una futura base estable que pueda mantener una tripulación constante en el satélite. Para ello SpaceX se ha comprometido a entregar un modelo de módulo de aterrizaje lunar, equivalente al LEM de los Apollo, que sufre una serie de retrasos nada anecdóticos, y en paralelo Musk sigue espoleando a sus ingenieros para que diseñen habitáculos y plataformas de aterrizaje lunares en las que las StarShip funcionarían como lanzaderas de conveniencia, haciendo posible el viaje que el viaje a la Luna sea algo tan rutinario como lo que ahora es un lanzamiento de satélites de su empresa. Pero, por ahora, todo esto son promesas, como la idea de instalar centros de datos para la IA en órbita terrestre, huyendo así de las restricciones que imponen los costes energéticos de los emplazamientos terrestres. Las ideas de SpaceX son numerosas y bastante rupturistas, pero por ahora muchas de ellas no pasan de bocetos.

No les he comentado nada de Marte porque, sinceramente, si lo de la Luna está verde, lo de Marte es pura fantasía, con el nivel tecnológico actual. Así pues, SpaceX es una empresa disruptiva a más no poder y trabaja en un campo de potencial enorme, costes que pueden convertirse en prohibitivos y riesgos muy elevados. Su apuesta es muy alta, y puede ser exitosa, lo que redundaría en beneficio propio y en el de toda la humanidad, o fracasar en varios de sus objetivos, creando agujeros económicos de imposible cobertura. Tener al desquiciado de Musk al frente vista su secuencia de éxitos empresariales, es uno de sus mayores activos. Invertir en ella es arriesgado, pero puede ser todo un pelotazo. El viernes pasado ya lo fue.

viernes, junio 12, 2026

Suben los precios, suben los tipos

El anuncio de ayer de Trump de un acuerdo con Irán para este fin de semana disparó los índices de la bolsa de EEUU e hizo caer el petróleo, pero esta supuesta tregua es parecida a la que se ha anunciado unas treinta veces en las últimas semanas, y sospecho que el único objetivo de ese anuncio era el de espolear los mercados justo en el momento de la colocación de las acciones de SpaceX, garantizándose así hoy una salida al mercado exitosa de la espectacular empresa espacial de Elon Musk. ¿Un mero amaño de mercado? No sería la primera vez que el tahúr de Trump lo hace, ni sería la última.

En lo relevante, el miércoles se supo el dato de inflación de EEUU, que en tasa interanual ha subido en mayo hasta el 4,2% , la más alta desde los tiempos del descenso de la tasa tras el disparate de la salida del Covid y el inicio de la guerra de Ucrania. Es un valor muy alto, altísimo, que erosiona profundamente la capacidad de compra del consumidor, devalúa sus ingresos y activos y, dado su carácter regresivo, destruye mucho más a las clases bajas y medias que a las adineradas. Ante un panorama semejante, con daños estructurales en Ormuz y su entorno que van a hacer que los precios de la energía no vuelvan a ser bajos en bastante tiempo, es de esperar que las tasas de inflación no retornen a corto plazo al nivel deseado del 2%, por lo que las autoridades monetarias deben actuar, les guste o no. De ahí la intervención del BCE de ayer, con una subida de tipos de 0,25%, dejando los oficiales de la eurozona en el 2,25%. Esto se va a traducir rápidamente en un encarecimiento del crédito, tanto el de inversión como el de consumo o el hipotecario. Este último lleva ya unos meses poniéndose cuesta arriba, porque el euríbor está actuando como buena señal de tensión monetaria, alcanzando cotas de cierre mensual del 2,8% Esto encarece las hipotecas a tipo variable, y por ello el porcentaje de las que se firman a fijo sube y sube, pero decisiones como las de ayer encarecerán las ofertas de fijo de los bancos, por lo que la financiación para la compra de inmuebles se pondrá más difícil sí o sí. ¿Puede ser esa la causa por la que parece que hemos llegado a un techo en el precio de los inmuebles? Quizás, aunque también el que su precio sea disparatado y la demanda no tenga fuerza infinita influirán sobremanera. En todo caso, y como pasó ante el disparo inflacionario de 2022, las causas de esta subida de precios no son estrictamente monetarias, no hay un disparate de emisión de moneda o algo así, son causas físicas, principalmente la escasez en el abastecimiento de energía, pero el BCE y el resto de autoridades monetarias no disponen de fragatas u otro tipo de elementos “reales” con los que hacer frente a las crisis de precios. Sólo pueden actuar sobre variables intermedias, como los tipos, los coeficientes de reserva y cosas por el estilo, para tratar de buscar una contención de la demanda y que así los precios se vean menos tensionados. Combatir problemas de escasez de oferta frenando la demanda no parece la mejor de las soluciones posibles, y no lo es, pero no hay muchas alternativas si no hay movimientos que arreglen los problemas en el mundo real. Las autoridades monetarias son las responsables de variables financieras, y no tienen muchas más opciones. Deben controlar el nivel de precios y no pueden consentir que, sea cual sea la causa, se dispare. A partir de ahora el BCE está a expensas de los anuncios de Trump, y de lo que acabe sucediendo en Ormuz. Si la crisis se mitiga en el medio plazo podrá volver a una senda de moderación, pero si las cosas se enquistan y, con ello, los precios, no tendrá más remedio que volver a subir tipos.

Para la economía de la UE, débil y golpeada por varios frentes, la subida de tipos va a sentar mal a muchos sectores, nuevamente los más débiles, los necesitados de financiación o los que tienen ingresos bajos. Los precios aquí no han llegado a ese 4% de ascenso que se registra en EEUU, pero en gran parte eso se debe a las subvenciones que se siguen aplicando, por parte de los gobiernos, a los combustibles, por lo que un gasto fiscal extra está sosteniendo artificialmente los precios de la gasolina, y esto no puede ser indefinido. O baja el barril en origen o las subvenciones se irán recortando. Las medidas de estímulo necesarias para que nuestras economías remonten allí donde lo necesitan se encarecerán.

jueves, junio 11, 2026

Antonio Gaudí en la Torre de Jesús

Cojan una cuerda con las manos y extiendan sus brazos, a lo ancho, creando envergadura, poniéndolos en cruz. Mantengan la cuerda tensa. Ahora, poco a poco, vayan cerrando los brazos y verán cómo, al destensarse, la cuerda cae poco a poco creando una curva. Esa curva se llama catenaria, es la forma que se genera cuando una misma tensión se aplica a cada punto. Es la que se puede ver en cualquier tendido eléctrico o en las que sostienen los puentes colgantes. Quizás les parezca una parábola, pero no lo es. A medida que acerquen sus brazos la cuerda colgará más y empezará a caer con fuerza, creando una imagen similar a un arco apuntado, pero raro.

Con las manos cerca una de otra, la extensión de la cuerda hacia abajo es casi máxima y su base estrecha. Ahora imagen ese trazado justamente invertido, con la base en el suelo y la cuerda elevándose al cielo y bajando. Acaban de crear ustedes una bóveda catenaria, y eso es lo que define gran parte de la arquitectura de Gaudí. Aunque parezca que son góticas, las naves y muchas de sus edificaciones no tienen nada que ver con ese estilo, de paredes rectas y bóvedas de arista, que inevitablemente acaban generando descargas que se salen de la verticalidad de las paredes y requieren apoyos, los arbotantes y contrafuertes que inventaron los constructores de las catedrales. Gaudí era un arquitecto genial que sabía de estructuras modernas. Jugaba con las formas y se exaltaba en la decoración, pero conocía los materiales modernos y el comportamiento de las estructuras como un buen ingeniero de su época, principios del siglo XX, cuando el desarrollo de arcos y otras formas había alcanzado niveles inauditos para los constructores del pasado. Sus edificios son raros por fuera, también por dentro, pero estructuralmente siguen las ecuaciones que rigen los que ahora utilizamos, ecuaciones que él conocía. Su genialidad absoluta fue llevar a ciertas formas estructurales a límites que no se habían intentado jamás y, desde luego, su inspiración en la naturaleza para dotar de organicidad (disculpen el palabro) a todo lo que edificaba, creando así obras con un sello muy propio que son inconfundibles. Algunas de sus creaciones se enmarcan dentro de la corriente de Art Nouveau, que si visitan Bruselas, por ejemplo, podrán admirar en todo su esplendor, pero es cierto que Gaudí va más allá, y su Nouveau no sólo tiene esteroides por la dimensión que alcanza, sino por el exuberante barroquismo que llega a ser invasivo. Las fachadas de Gaudí son sobrecargadas en extremo, y suponen un reto constante para el que las contempla, como una especie de cuadro de El Bosco donde los detalles se agolpan uno contra otro hasta llenarlo todo. No hay detalle del edificio, desde las barandillas de las escaleras hasta la última teja del techo, que no sea trabajado en extremo por el artista, que concebía sus edificios como un todo, como un conjunto en el que cada parte tenía la misma importancia que las demás, y no dejaba nada al azar. Este afán obsesivo encarecía mucho sus proyectos y le hacía incumplir plazos, aunque en general dejaba satisfechos a los mecenas que financiaban sus obras, que sabían hasta qué punto la dedicación del creador de las mismas había sido plena. Esa obsesión profesional, junto con su profunda vocación religiosa, se unieron en el que fue el mayor de sus proyectos, el de la creación de una iglesia a la mayor de las glorias, con motivo expiativo, lo que sería el templo de la sagrada familia. Una construcción en la que todo su genio se llevaría al extremo, en el interior y el exterior, con doce torres para los apóstoles, cuatro para los evangelistas, una para José, una para María y, como cimborrio, la de Jesús, la torre de iglesia proyectada con mayor altura del mundo para su tiempo, que superaría a la mítica catedral alemana de Ulm, y que se quedaría unos pocos metros por debajo de la altura de la colina del Tibidabo, techo geográfico del municipio de Barcelona, para no rivalizar con lo que Dios creo en la tierra.

Ayer, en una ceremonia emotiva, bella y con mucho sentido de la luz, con música plena, y en el marco de la visita del Papa León XIV, tras la misa que tuvo lugar en el templo, se procedió a la inauguración oficial de la torre, una vez que fue coronada hace no mucho por la cruz mirador de cuatro brazos que remata su cúspide. Entre toques de órgano, orquesta y voces de niños, la luz del interior de la torre y la imagen del propio Gaudí generada por drones luminosos en el cielo de Barcelona consagraron la cúspide de una obra asombrosa, que sigue impactando a quien la ve y provocando reacciones de todo tipo. Gaudí era un genio, y creo que le hubiera gustado ver el espectáculo de ayer.

miércoles, junio 10, 2026

Apache vs Dron

Si busco en Google cuánto cuesta un helicóptero Apache, Gemini me contesta que la cifra básica es de unos 52 millones de dólares, a los que se debe incorporar munición, sistemas de radar y demás, y toda una serie de conceptos que se incluyen en los contratos de compra, como mantenimiento, simuladores, formación de pilotaje, repuestos, etc. Un elemento de este tipo no funciona sólo, sino que requiere una logística enorme. Señala la IA de Google que los últimos acuerdos firmados por EEUU con Israel o Polonia para suministrar estos helicópteros a sus ejércitos han hecho que cada unidad salga a un coste de unos cien millones de dólares.

Pues bien, ayer por la tarde noche un dron iraní derribó uno de estos helicópteros en las proximidades del estrecho de Ormuz. Los dos tripulantes del aparato pudieron salvarse, pero la nave se perdió por completo. No se que tipo de dron sería el empleado, a priori, puede que un shahed de los que Irán hace versiones y unidades a lo loco, pero pudiera ser de otro tipo. En todo caso, el objeto que derribó al helicóptero era no tripulado, con lo que el riesgo para el operador iraní era realmente bajo comparado con el de los tripulantes de la aeronave, y sin determinar el objeto atacante preciso no puedo buscar cuánto ha costado, pero se estima que un shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares la unidad. Pongámonos en lo más caro, hacemos unas pocas cuentas y deducimos que un Apache cuesta lo mismo que dos mil drones shahed. Un helicóptero por el coste de dos mil drones. La ratio es realmente asombrosa. Desconozco cuál es la efectividad de los shahed en el caso de un enfrentamiento entre ellos y los Apache, cuántos drones son necesarios, de media, por ataque, para derribar a un helicóptero, pero sospecho que harán falta menos de dos mil. Cualquier que vea estas cifras puede empezar a pensar, fríamente, hasta qué punto compensa hacerse con unos helicópteros o con la licencia para fabricar drones. Piense usted que los drones, obviamente, no están tripulados, por lo que no sólo el riesgo de que el piloto pueda sufrir algún tipo de lesión o baja queda descartado, es que simplemente no hay que aprender a pilotar. El dron vuela al objetivo teledirigido parcialmente en plan videojuego o lo hace de manera autónoma con sensores en los que el software juega el papel determinante y donde la IA empieza a tomar sus propias decisiones una vez que se ha marcado cuál es el objetivo que atacar. El dron puede emplearse contra elementos en vuelo, como helicópteros o aviones, o blancos fijos, bien sean tropas, infraestructuras militares, residencia de civiles o cualquier otro tipo de objetivo, y aunque las capacidades destructivas de un Apache son elevadas, dada la munición que porta, vemos cada día en el frente ucraniano como oleadas de cientos de drones causan daños generalizados en las zonas a las que son dirigidos, tanto por los rusos como los ucranianos. Los porcentajes de drones interceptados son elevados, normalmente superiores a la mitad de los que forman parte de la oleada de ataque, pero basta que unos pocos logren llegar a sus objetivos para infringir daños y atemorizar al rival. En el ataque por drones precisión es una palabra importante, sí, pero aún más lo es saturación. No hay sistema de defensa que sea capaz de parar la totalidad de una embestida en la que cientos de naves proyectil se dirigen contra un escenario. Hay experimentos con métodos de inhibición de frecuencias y cosas por el estilo, incluso el uso de láseres para poder eliminar a los drones, en ejercicios que parecen películas futuristas, pero ahora mismo eso está en plan experimental, y a un nivel de coste disparatado frente a lo que supone un enjambre de cientos de unidades. Y pensemos que los shahed son drones de un cierto tamaño, y por ello coste. Imagine usted un enjambre de drones minúsculos, como esos que se usan en los parques para grabar vídeos, cargados de explosivo y que se concentran en un objetivo (avión de combate, helicóptero, etc). La escena puede ser fantasiosa, pero empieza a darse.

Si algo ha enseñado la guerra de Ucrania al resto del mundo es que las tecnologías militares han revolucionado la estrategia, y que ahora mismo las grandes y caras plataformas como tanques, fragatas o helicópteros son muy muy vulnerables ante ataques de drones de coste ridículo. Ucrania, Turquía o Irán han marcado el camino al resto, pero EEUU muestra lo poco que algunas naciones han aprendido sobre lo que lleva sucediendo desde hace pocos años. Y si los norteamericanos están así ni les cuento los europeos, que ahora han fracasado a la hora del diseño conjunto de un nuevo caza de combate, cuando probablemente los cazas se están quedando obsoletos. Hagan números.

martes, junio 09, 2026

León XIV y el liderazgo

Una buena muestra de hasta qué punto ha triunfado el Papa en su visita a Madrid es lo rápido que corren muchos a sumarse a su discurso, a coger fragmentos que creen que les benefician para intentar sacar rédito y conseguir que parte de las masas que aplauden a León XIV les sean propicias. Eso se vio ayer de manera descarada tras el discurso del Congreso, donde el Papa hizo una exhortación a favor de la doctrina clásica de la iglesia, en lo moral y social, y unos se quedaron con lo segundo, otros con lo primero, algunos con la integridad y Miriam Nogueras con la mano de su santidad en medio de su delirio nacionalista. Mucho interesado, pero poca sinceridad ayer en las Cortes por parte de sus señorías.

Lo cierto es que en estos días León XIV ha dado una lección práctica de liderazgo a muchos de los que cada día se llenan la boca con estrategias, campañas y demás operaciones de marketing. El liderazgo es algo muy difícil de lograr. Hay gente que tiene madera para ello, otros entrenan y lo consiguen, los hay negados, y los peores son los incapaces que creen serlo. El líder es el que guía, el que lleva a otros a cumplir la voluntad que él desea, bien por el interés colectivo o personal, y hay tantas formas de ejercer esa capacidad de liderazgo como uno pueda imaginar, pero básicamente, simplificando las cosas demasiado, las dividiría en dos. Por una parte, está el líder impositivo. Normalmente poseedor de un cargo, tiene una autoridad nominal y la ejerce. Es el consejero de legado de una empresa, el jefe de equipo, el cargo público, el directivo, el presidente, lo que sea. Ahí puede ejercer sus dotes y parte con la ventaja de que, a priori, se le va a hacer caso. En muchas ocasiones esta posición de autoridad deriva en autoritarismo, y el liderazgo se acaba ejerciendo por el mero ejercicio del poder, de la amenaza, de la imposición. Los equipos acaban cumpliendo los objetivos previstos, pero más por las amenazas que caen sobre ellos que por otra cosa. El cargo tiene la “potestas” que de él se deriva pero carece de la “autoritas” del ejercicio. Puede llegar a triunfar, pero la imagen que tendrán de él los que comparten trabajo y vida no será envidiable. Este tipo de liderazgo es el más común. El otro es el que yo denominaría líder persuasivo. Normalmente no está ligado directamente a cargos nominales, aunque puede darse el caso, y es aquel que logra convencer a los demás que lo mejor que pueden hacer es, precisamente, lo que él desea que suceda. Este es el liderazgo en el sentido puro, genuino, porque los demás ven en esa persona alguien en quien fiarse y observan como en su desempeño se da un grado de coherencia entre aspiraciones y sacrificios personales. El líder también se entrega. Sí, manda y coordina, pero trabaja como los demás, y uno se cree lo que hace bajo su dirección porque le ve igualmente implicado. Este tipo de liderazgo es mucho más instintivo, se puede tener o no, pero es difícil de adquirir. Se da en entornos variados, tanto profesionales como alejados del trabajo o de las esferas del poder. Es relativamente fácil de detectar, y muy difícil de imitar. En la práctica el liderazgo acaba teniendo un poco de todo, pero a mi entender la mejor combinación es la que tenga una escasa presencia del peso autoritario, que siempre debe darse en toda organización, y una elevada del componente persuasivo, que sea el ejemplo el que muestre el camino y mando. Abundan mucho más los liderazgos impositivos, porque son más fáciles, pero conseguir esa “autoritas” que sirva de guía es lo más difícil. En el caso del Papa, el actual titular del cargo, Prevost, parece un hombre sereno, poco dado a la efusión, tranquilo, con don de gentes pero lejos de la capacidad magnética de alguno de sus predecesores, como por ejemplo Juan Pablo II, líder carismático en estado puro. Ocupa un cargo de Rey absoluto en una jerarquía extendida por todo el orbe, y por tanto parte con ventaja de cara a ejercer su misión. Posee la “potestas” desde que fue elegido en el cónclave.

En esta visita ha empezado a construir su “autoritas”. Su estrategia parece sencilla, y es la de huir del dogmatismo de la tradición católica y, frente a unos liderazgos políticos globales basado en el grito, el insulto y las malas formas, con Trump como ejemplo perfecto de todo eso, lanzar un mensaje suave, conciliador, respetuoso con la tradición católica, pero sin estridencias. No abroncar, sino acompañar. Por lo visto estos días, y más allá de que existe un componente de “papilotría” en numerosos estratos de la sociedad, ha logrado posicionar su imagen global, ha empezado a construir su liderazgo. El cómo lo ejerza en el día a día y cómo afronte asuntos peliagudos (el tema de los abusos, las finanzas vaticanas, el choque con los gobiernos populistas) determinará su futuro, pero de momento ha acumulado un muy notable capital.

lunes, junio 08, 2026

León XIV triunfa en Madrid

Robert Prevost lleva poco más de un año de pontificado, tras su elección en el cónclave de 2025, después de la muerte del Papa Francisco nada más terminar la semana santa de ese año. Norteamericano, con aspecto de tímido, sus primeros meses de mandato fueron grises, poco dado a crear titulares. Tras la verborrea excesiva de su predecesor, Prevost decidió aplicar un criterio de reserva y no meterse en charcos, defendiendo el legado de Francisco, pero también el de sus predecesores, en lo que se consideraba un papado de compromiso. Pero claro, llegó Trump, y ante el huracán naranja es imposible no posicionarse, y el Papa lo ha hecho, y eso ha elevado notablemente su figura mediática, quizás por encima de lo que desea.

En el viaje a España que está realizando Prevost es defendido por todos, que toman parte de su discurso para apropiarse de él y adaptarlo a sus necesidades, obviando otros aspectos, y haciendo así del papado una carta que pueda servir a los intereses de parte. Y ese comportamiento es comprensible, dada la capacidad de movilización del pontífice, que arrasa como nadie. ¿Qué líder es capaz de llenar el centro de una ciudad como Madrid con más de un millón de personas en un encuentro como el de ayer? Sin incidentes, sin destrozos, sin violencia alguna, en plena serenidad, el movimiento de masas que ha logrado León XIV es llamativo y muestra una sensibilidad religiosa en la sociedad que permanece frente a todo. También, por qué no negarlo, una papolatría, una adoración al famoso y una búsqueda de recuerdo, imagen o presencia de alguien importante, cosa que es típica en el comportamiento social. En todo caso, la misa celebrada ayer en el centro de la ciudad fue un éxito desde todos los puntos de vista, tanto organizativo como en la imagen de congregación que se produjo. León XVI está de moda, como parece estarlo parte del imaginario católico, y eso arrastra masas. Ejerce un liderazgo espiritual blando, que pide y exige, pero con formas cuidadas, alejadas del insulto y la demagogia, y sólo por eso ya merece la pena escuchar su discurso. Frente al líder polarizante que caracteriza a la política de nuestro tiempo, simplista y dedicado a segmentarlo todo en un claro sí a él y no a todo lo demás, Prevost presenta un discurso en el que la fe se erige como pilar de todo, como respuesta a los dilemas de la persona, pero que no se impone, ni se exige ni se dicta. Se ofrece. Sus alocuciones son amables, buscan el entendimiento y se ofrecen a la sociedad como una alternativa en tiempos de pérdida, de confusión. Se proclama su mensaje, no se grita. El liderazgo del Papa no se produce por exclusión, porque le escucho a él frente a otros, sino por añadidura, lo escucho a él junto a otros, de ahí que cada uno escoja de su discurso lo que mejor le plazca y agrade a los oídos. Al Papa no le gusta eso, sabe que los políticos manipulan sus palabras para ser cada uno de ellos los beneficiarios de las mismas, conoce hasta qué punto un acto como el de ayer genera una inmensa envidia en los corazones de los “líderes” que tenemos, incapaces de salir a la calle sin ser abucheados, que reúnen cifras ínfimas de personas en sus encuentros y que todas ellas son coincidentes en plenitud con el discurso al que van a asistir. Frente a esa selección social medida, controlada, cercada, el Papa ofrece un encuentro abierto en el que el evangelio, algo conocido por todos, es la base, guía y referencia absoluta. Realmente no hay muchas novedades en los mensajes papales de los últimos siglos, ya que, por definición, su obra es la de mantener el legado de Jesucristo, pero los matices sobre cómo se hace esa labor son importantes. León XVI aún no ha asentado su pontificado, tiene que darle un toque personal que, por lo poco que lleva en el cargo, aún no ha sido capaz, pero en este viaje, en su primera experiencia ante las masas, está aprendiendo poco a poco a lanzar los mensajes que quiere y en el tono adecuado. Aún no es un líder global, pero puede llegar a serlo.

En lo que lleva de visita todo a transcurrido como estaba previsto, sin incidente alguno y con asistencia masiva a los actos, tan masiva como se esperaba por parte de la organización, que está funcionando de manera adecuada, ante los enormes retos que supone unas concentraciones como las de este fin de semana. Para los católicos la visita de León XVI es un chute de autoestima y un impulso necesario para mantener su fe y llevara a la práctica en el día a día. Para el conjunto de la sociedad, esta visita es una llamada de atención sobre cómo vivir en los tiempos que nos tocan, y cómo hacerlo de la manera más humana posible. Ya sólo por eso su presencia tiene una importancia imposible de eludir.

viernes, junio 05, 2026

Bad Bunny arrasa, aunque no lo soporte

Creo que de las pocas veces que he estado de acuerdo con Donald Trump fue cuando se quejó porque en el intermedio de la Superbowl de este año salió a actuar un cantante al que no se le entendía nada. Los hablantes españoles asentimos diciendo que nosotros tampoco le entendíamos, aunque se suponga que habla castellano. El artista se llama Bad Bunny, conejo malo, y arrasó en ese espectáculo, uno de los de mayor audiencia televisiva a lo largo de todo el año en los EEUU. Yo le conocía de antes, pero apenas había escuchado temas suyos. Me bastaron unos pocos minutos para tener claro que no, que el conejo malo me parece malo malo malo, que no me gusta nada de nada.

Como casi siempre, debo estar en minoría. Ya por entonces se estaba planificando su gira y las fechas de los conciertos que iba a dar en España y otros países. La demanda de entradas se disparó y las fechas de los eventos se iban sucediendo sin cesar, de tal manera que se acabó creando una secuencia de días que resulta asombrosa. Entre mayo y junio el conejo acabaría dando dos conciertos en Barcelona y, pásmense, diez en Madrid, con un aforo de unas cincuenta mil entradas en cada uno. Un conjunto de seiscientas mil entradas vendidas, que ya serán algunas más, a un precio mínimo de cien euros, que supone una de las mayores concentraciones de pago jamás registradas por un solo cantante. En estos días estamos inmersos en la secuencia de conciertos del malote en Madrid, que se celebran en el Metropolitano, el estadio del Atlético que se encuentra en la zona este de la ciudad, afortunadamente lejos del centro, donde los cortes y preparativos para la llegada mañana del Papa León XIV complican notablemente el tránsito. Creo que tendrían que pagarme más de cien euros, pongamos que bastante más, para que asistiera a un concierto de ese tipo, pero se ve que hay multitudes dispuestas a ello, y se congregan para un espectáculo musical y visual que, sinceramente, me echa mucho para atrás. Soy de los pringados que creen que un concierto es música, con aderezos, pero música, y si la música del intérprete no me gusta, el resto me da igual. Ahora no, los conciertos se han convertido en “experiencias” en las que la música es uno de los factores que congregan a la masa, pero no parece ser el más relevante en ciertos casos. Luces, juegos visuales, representaciones, cosas como lo de “la casita”, presuntos posicionamientos políticos y demás estrategias de marketing acaban ocupando las portadas de los medios y el interés de los asistentes y los que hablan del concierto mucho más allá de lo que en él se cante o haga. En general, todo eso que rodea al espectáculo me da bastante igual, creo que su sobreabundancia en estos tiempos tiene mucho que ver con el desplome de la calidad musical que se interpreta, y que todo lo demás consigue llenar el hueco que dejan unos temas plúmbeos, repetitivos y sazonados de reguetón y cosas así, que me parecen insoportables. Es realmente difícil distinguir un tema del conejo malo de otro de artistas de apodos similares, en los que la letra, si se llega a comprender parcialmente, suele ser la descripción de un par de escenas de porno barato y la música se reitera reguetoneramente sin cesar, inmisericorde, constantemente, aderezada según sea el caso con toques de bachata, salsa, merengue o algún otro tipo de aderezo latino que se le añade en función de la procedencia del cantante o del público o de lo que sea. A los pocos minutos la secuencia musical es una mera iteración de lo ya escuchado y el espectáculo se prolonga durante horas, en medio del éxtasis de los asistentes, sin que apenas haya nada de música que pueda ser calificada como tal. Muy, pero que muy muy interesante, debiera ser la acompañante que me hiciera ir a un concierto de este tipo, o muy sustanciosa la comisión (Leire, estírate) que me cayera si franquease las puertas del estadio para ir a la grada y pasar horas con Bad Bunny.

En todo caso, lo que yo opine da un poco igual. Realmente no sirve para nada. Hoy en día el éxito global del reguetón y asociados es incuestionable, y ha logrado que la música en español (si acordamos que eso que suena es nuestro idioma) logre superar en facturación a la anglosajona, cosa que no había sucedido nunca. Bad Bunny arrasa y convoca multitudes, yo escucho lo que me gusta y todos contentos. No cambiaré mi opinión sobre ese tipo de música por mucho éxito que tenga, aun a sabiendas que, en unas décadas, el reguetón será visto por no pocos como algo “bueno” frente a lo que suene en ese momento, que será lo peor. Es lo normal en cuestiones musicales, donde el gusto es personal y, no pocas veces, intransferible.

jueves, junio 04, 2026

La guerra escala en Ucrania

Huyamos de la pestilencia de los que nos desgobiernan y sus tramas mafiosas, vayamos a la guerra. En Ucrania esta semana ha sido especialmente trágica. El martes el país sufrió una de las mayores oleadas de ataques desde el inicio de la invasión rusa, con decenas de muertos en Kiev, causados por unos seiscientos drones y algo más de medio centenar de misiles de diferente tipo. Edificios residenciales, principalmente, y algún complejo industrial, fueron los objetivos de este “blitz” que sumió a la capital del país en el caos y la lleno de columnas ardientes, elevando sus humaredas al cielo. Las defensas aéreas locales poco pudieron hacer ante semejante oleada.

Ayer, en la inauguración del llamado “Davos de Putin” encuentro económico y político de alto nivel que el dictador ruso organiza anualmente en San Petersburgo, los ucranianos lograron golpear esa ciudad, que está a mil kilómetros en línea recta desde Kiev, con varios drones, no tan numerosos, pero sí efectivos, que causaron daños en el puerto, en algún buque militar ruso y en instalaciones fabriles de las afueras. A menor escala, pero la imagen que ofrecía ayer la bella ciudad rusa del Báltico era similar a la de Kiev, con varias columnas de humo elevándose, señal inequívoca de los impactos logrados. Las defensas rusas abatieron a la mayor parte de los proyectiles ucranianos, pero la escena no dejaba lugar a dudas. Kiev logró golpear la ciudad cuando Putin estaba en ella y, aunque los daños no son serios, mostró su enorme capacidad de ataque y la necedad de las defensas rusas. Ayer Zelensky humilló al dictador ruso, llevando el golpe hasta las mismas puertas de su acto de propaganda. Estos hechos son el culmen de un par de meses en los que Ucrania ha logrado detener el avance de las fuerzas rusas y, aunque de manera minúscula, ha recuperado kilómetros cuadrados de frente en el Dombas, región masacrada en la que no se si quedará algo en pie. Ante la creciente falta de efectivos humanos Kiev lo está apostando todo a la tecnología, principalmente drones, tanto aéreos como terrestres, que atacan las líneas enemigas y logran rescatar heridos de las primeras posiciones del frente. También está haciendo sus pinitos con la IA, empleando armas con cierta capacidad de decisión, que dan mucho miedo a todo el que las está analizando, porque el riesgo de que se escapen de control existe. Por parte rusa, sigue la leva de tropas y las bajas se cuentan por miles y miles cada mes, tanto en fallecidos como heridos de diversa consideración, mientras que el rendimiento de las unidades terrestres sigue siendo decepcionante. Los analistas observan un frente estancado en el que los avances rusos del invierno se han detenido y la primavera ha resultado ser positiva para la estrategia de Kiev. En este contexto crecen las voces para que se llegue a un acuerdo entre las partes, acuerdo en el que los ucranianos pudieran tener en estos momentos en una posición de poder negociador mayor que en ocasiones anteriores. Hay rumores crecientes de disensiones en el entorno de Putin sobre el desarrollo de la guerra, el creciente e inasumible coste, financiero y en vidas, que está suponiendo, y la necesidad de frenar esta sangría. Es difícil saber qué hay de cierto o no en estas informaciones, que se solapan con amenazas cada vez más explícitas de portavoces oficiales rusos hacia las naciones europeas, quien sabe si en un intento de amedrentamiento para que cesen su ayuda a Kiev o como una escalada real en la que Rusia puede intentar algún golpe de efecto que cause un miedo europeo que atenace a las capitales occidentales. ¿Una escalada para desescalar? ¿Un golpe, pongamos, en los bálticos, que exija a la UE ceder en sus posiciones para no arriesgar? ¿Es un farol? Hay serias dudas sobre la capacidad militar rusa, y su ineptitud se ha mostrado a las claras durante lo que llevamos de guerra, pero sería un error subestimar el daño que puede causarnos.

Con unos EEUU cada vez más ausentes de la seguridad europea, desentendiéndose de lo que pasa en Ucrania y errando de manera clamorosa en sus propios laberintos, Kiev sabe que lo que pueda conseguir pasa por el autosacrificio y la capacidad que tenga la UE de sostener sus gastos. Conoce las limitaciones del armamento europeo, de su incapacidad de producción, y se ha volcado en una evolución tecnológica que le está permitiendo resistir y convertirse, quien lo hubiera dicho, en líder mundial en la guerra de drones. ¿Será eso suficiente para mantener a Rusia a raya? ¿Cuánto tiempo más pueden mantener ambas naciones las hostilidades? No hay respuestas claras, sólo víctimas, destrozos y columnas de humo en el cielo.

miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.

martes, junio 02, 2026

Trump, troleado por Irán

Hace unas semanas les comentaba que Trump estaba cada vez más ansioso por firmar un acuerdo con Irán para poner fin a las hostilidades, reabrir Ormuz y desplomar el precio del petróleo, que se filtra entre los votantes norteamericanos en forma de inflación a cinco meses de las elecciones de medio mandato. Les comentaba que, en su ansia, se estaba plegando a muchas de las condiciones iraníes y que el ridículo que estaba haciendo EEUU en todo este asunto era de unas dimensiones difíciles de imaginar. Siete días después las cosas son aún más absurdas, ya que ni hay acuerdo firmado, ni hay bajada del petróleo ni reapertura de Ormuz ni credibilidad por parte de EEUU.

Trump publica en su red social, más o menos cada hora, un mensaje lleno de mayúsculas, que parece escrito por un alumno de parvulitos, en el que afirma que las negociaciones avanzan muy bien y que, prácticamente, está ya todo acordado, que no falta casi nada. Así lleva una semana, por lo que la mayor parte de los que siguen la actualidad y quieren tener una cierta información fiable de lo que sucede ya no hacen caso alguno a lo que dice este personaje. En estos días se han producido algunas escaramuzas militares entre ambas naciones, con el derribo de drones, hundimiento de lanchas y, en general, ataques de baja dimensión, pero que han dejado claro que las hostilidades siguen ahí y que no se van a ir de un día para otro. Quien ha aprovechado este impasse para su propio beneficio es Netanyahu, que ha iniciado una nueva y sangrienta ofensiva contra el Líbano, en un ejercicio de destrucción descarado que no tiene otro fin que el de la mera venganza. Irán, contemplando los actos de Netanyahu, ha encontrado la excusa perfecta para lanzar un órdago a EEUU y ha amenazado con levantarse por completo de la mesa en la que presuntamente negocia con Washington, afirmando que nada sucederá en ella hasta que Israel detenga su ofensiva. Ayer Trump afirmó haber hablado con Netanyahu con la intención de forzarle a cesar sus ataques, lo que sería, de ser cierto, toda una sumisión de la estrategia norteamericana a los deseos iraníes y a la actitud despiadada de Israel. Según algunas fuentes, la relación entre Trump y Bibi se ha agriado completamente en estos meses, porque parece que el magnate se ha dado cuenta de hasta qué punto cometió un error enorme involucrándose en la guerra iraní, que Netanyahu le vendió como rápida e indolora. Desde marzo EEUU se ha metido en un avispero del que no es capaz de salir, donde ha sufrido pocas bajas militares, pero sí significativos daños en instalaciones de gran valor estratégico, ha dilapidado munición cara de precisión y ha dejado su prestigio dañado. A cambio sólo ha obtenido inflación y la imagen de ser rehén de su aliado israelí. Los ayatolas, a los que nada les importa la nación que oprimen sin cesar, han descubierto el valor de Ormuz como arma estratégica, y es casi imposible que el tráfico por el estrecho vuelva a ser el que existía antes de la guerra, uno libre por aguas internacionales no tuteladas. Desde Washington algún iluminado pensó que atacar Teherán sería algo más ruidoso, sí, pero poco más difícil que la operación de cambio de régimen emprendida en Venezuela en enero, y con semejante ilusión, tan ilusa, se dio la orden para movilizar efectivos y armamentos en una operación carente de pensamiento que será estudiada como una de las más estúpidas jamás emprendidas por el soberbio ejército norteamericano. Tres meses después del inicio de esa guerra, lo que antes denominaba como ridículo de EEUU se extiende en el tiempo y la sensación de haber perdido el control de los acontecimientos se acrecienta. Se alcance un acuerdo explícito con Irán o no, la sensación de derrota es inevitable en Washington, aunque evidentemente nadie que no quiera ser despedido de su cargo pueda expresarla.

El cierre de Ormuz sigue tras estos tres meses, y la subida de precios del crudo va camino de convertirse en estructural. El agotamiento de las reservas de las que se está tirando para paliar la falta de suministros del golfo empieza a ser relevante y es casi seguro que habrá efectos de escasez en determinados componentes de la oferta y en algunas naciones que irán haciéndose evidentes a lo largo del verano. El daño económico global causado por esta crisis es de serias dimensiones, y era plenamente evitable. Todo es fruto de la soberbia de unos y la estupidez de otros. Todos lo pagaremos, y no poco, en el coste de lo que adquirimos. Duele pensar que semejante destrozo era plenamente evitable.

lunes, junio 01, 2026

Grave accidente de Blue Origin

SpaceX nos ha malacostumbrado. Su altísimo porcentaje de éxito en los lanzamientos espaciales y en todo tipo de pruebas con los cohetes ha convertido a esos momentos en rutina, pero nada más lejos de la realidad. Un cohete es algo muy parecido a una bomba, pero que se detona de manera controlada. Supone quemar, de forma salvaje, combustible y oxígeno a todo trapo con el fin de alcanzar la velocidad de escape. Los motores son cámaras de combustión aceleradas donde los flujos y temperaturas que se alcanzan resultan mareantes. Cualquier problema puede acabar en desastre.

Y eso es lo que pasó el viernes en la prueba estática de Blue Origin. Esta prueba consiste en llenar el cohete de todo el combustible que puede cargar, no incorporar la carga útil que se prevea pueda portar en el lanzamiento, y poner en marcha sus motores durante un par de segundos o tres para comprobar todos los sistemas en condiciones reales. El cohete permanece atrapado junto a la plataforma de lanzamiento y no va a despegar. Todo el sistema se arranca y, pasados esos instantes, si todo es correcto, se corta el flujo de combustible y la maquinaria se apaga. A partir de ahí se puede empezar a instalar la carga útil del viaje, recargar los depósitos y planificar el despegue correcto. Pues bien, en la estática del viernes algo falló, aún no está claro que, pero algo en los motores de la primera etapa degeneró y provocó un fallo estructural en el cohete, que se extendió hasta la segunda, donde se inició un incendio no previsto. Las imágenes, nocturnas, eran las tres de la mañana en Florida, son muy veloces, y apenas permiten distinguir la ignición de algunos puntos a lo largo del cohete, pero en una fracción de segundo apenas perceptible todo se convierte en una inmensa bolsa de fuego que devora la escena, cubre por completo la plataforma e instalaciones auxiliares y se convierte en una gigantesca explosión dotada de su propio hongo, con una potencia que se ha estimado en un kilotón. El cohete estaba lleno del combustible, creo que queroseno, y oxígeno líquido, necesario para mantener la combustión cuando el cohete abandona la atmósfera y se encuentra en el vacío espacial, donde desde luego no hay aire. El incidente se produjo, por tanto, con la máxima cantidad de sustancia inflamable posible, y de ahí que la secuencia de la explosión sea tan salvaje. Se percibe como una de las torres de servicio, que actúa como pararrayos, tiembla como un árbol movido por el viento, muestra de la fuerza de la explosión. Las imágenes diurnas describen un escenario horrendo, con una de esas torres auxiliares completamente destrozada, daños significativos en la torre principal de lanzamiento y destrozos severos en el conjunto de la plataforma, que deberá ser reconstruida. La torre que sostiene el depósito de agua, necesaria para amortiguar el impacto del despegue en la estructura del lanzamiento, parece haber aguantado, pero está completamente ennegrecida y habrá que ver si sufre algún daño estructural. Son innumerables los fragmentos de material carbonizado que se extienden por toda el área y la sensación que produce la escena es de desastre total. Afortunadamente no había nadie cerca de allí, por lo que no se han registrado ni heridos ni percances personales de ningún tipo, pero el destrozo alcanza enormes dimensiones, no sólo por la pérdida del cohete en sí, sino también por lo que hace a la plataforma, que va a quedar inutilizada durante un buen tiempo, probablemente varios meses. Esa plataforma era la que se había habilitado, dentro del complejo de Cabo Cañaveral, para ser utilizada por Blue Origin, por lo que, o bien se destina otra de las plataformas a su uso, con la necesaria inversión para adaptarla a los cohetes de la empresa de Bezos, o la empresa tendrá que esperar a la reconstrucción de toda la instalación. En todo caso, pinta que habrá que esperar varios meses, no pocos, para ver un nuevo lanzamiento de Blue Origin.

Este desastre también tiene consecuencias para el programa lunar de la NASA. Las naves de Blue Origin juegan un papel muy importante tanto en el desarrollo de la futura base lunar como en el de la puesta en marcha del módulo lunar, que es el que permitirá a los astronautas salir de Artemisa y poder poner nuevamente el pie en el satélite. Si ya el calendario de las misiones II y IV se antojaba forzado, el percance del viernes pone completamente en entredicho todo el cronograma que la NASA se había impuesto, y generará retrasos de todo tipo en el programa lunar. La explosión del viernes le va a salir cara a Jeff Bezos, pero mucho más al programa espacial norteamericano.