Si busco en Google cuánto cuesta un helicóptero Apache, Gemini me contesta que la cifra básica es de unos 52 millones de dólares, a los que se debe incorporar munición, sistemas de radar y demás, y toda una serie de conceptos que se incluyen en los contratos de compra, como mantenimiento, simuladores, formación de pilotaje, repuestos, etc. Un elemento de este tipo no funciona sólo, sino que requiere una logística enorme. Señala la IA de Google que los últimos acuerdos firmados por EEUU con Israel o Polonia para suministrar estos helicópteros a sus ejércitos han hecho que cada unidad salga a un coste de unos cien millones de dólares.
Pues bien, ayer por la tarde noche un dron iraní derribó uno de estos helicópteros en las proximidades del estrecho de Ormuz. Los dos tripulantes del aparato pudieron salvarse, pero la nave se perdió por completo. No se que tipo de dron sería el empleado, a priori, puede que un shahed de los que Irán hace versiones y unidades a lo loco, pero pudiera ser de otro tipo. En todo caso, el objeto que derribó al helicóptero era no tripulado, con lo que el riesgo para el operador iraní era realmente bajo comparado con el de los tripulantes de la aeronave, y sin determinar el objeto atacante preciso no puedo buscar cuánto ha costado, pero se estima que un shahed cuesta entre 20.000 y 50.000 dólares la unidad. Pongámonos en lo más caro, hacemos unas pocas cuentas y deducimos que un Apache cuesta lo mismo que dos mil drones shahed. Un helicóptero por el coste de dos mil drones. La ratio es realmente asombrosa. Desconozco cuál es la efectividad de los shahed en el caso de un enfrentamiento entre ellos y los Apache, cuántos drones son necesarios, de media, por ataque, para derribar a un helicóptero, pero sospecho que harán falta menos de dos mil. Cualquier que vea estas cifras puede empezar a pensar, fríamente, hasta qué punto compensa hacerse con unos helicópteros o con la licencia para fabricar drones. Piense usted que los drones, obviamente, no están tripulados, por lo que no sólo el riesgo de que el piloto pueda sufrir algún tipo de lesión o baja queda descartado, es que simplemente no hay que aprender a pilotar. El dron vuela al objetivo teledirigido parcialmente en plan videojuego o lo hace de manera autónoma con sensores en los que el software juega el papel determinante y donde la IA empieza a tomar sus propias decisiones una vez que se ha marcado cuál es el objetivo que atacar. El dron puede emplearse contra elementos en vuelo, como helicópteros o aviones, o blancos fijos, bien sean tropas, infraestructuras militares, residencia de civiles o cualquier otro tipo de objetivo, y aunque las capacidades destructivas de un Apache son elevadas, dada la munición que porta, vemos cada día en el frente ucraniano como oleadas de cientos de drones causan daños generalizados en las zonas a las que son dirigidos, tanto por los rusos como los ucranianos. Los porcentajes de drones interceptados son elevados, normalmente superiores a la mitad de los que forman parte de la oleada de ataque, pero basta que unos pocos logren llegar a sus objetivos para infringir daños y atemorizar al rival. En el ataque por drones precisión es una palabra importante, sí, pero aún más lo es saturación. No hay sistema de defensa que sea capaz de parar la totalidad de una embestida en la que cientos de naves proyectil se dirigen contra un escenario. Hay experimentos con métodos de inhibición de frecuencias y cosas por el estilo, incluso el uso de láseres para poder eliminar a los drones, en ejercicios que parecen películas futuristas, pero ahora mismo eso está en plan experimental, y a un nivel de coste disparatado frente a lo que supone un enjambre de cientos de unidades. Y pensemos que los shahed son drones de un cierto tamaño, y por ello coste. Imagine usted un enjambre de drones minúsculos, como esos que se usan en los parques para grabar vídeos, cargados de explosivo y que se concentran en un objetivo (avión de combate, helicóptero, etc). La escena puede ser fantasiosa, pero empieza a darse.
Si algo ha enseñado la guerra de Ucrania al resto del mundo es que las tecnologías militares han revolucionado la estrategia, y que ahora mismo las grandes y caras plataformas como tanques, fragatas o helicópteros son muy muy vulnerables ante ataques de drones de coste ridículo. Ucrania, Turquía o Irán han marcado el camino al resto, pero EEUU muestra lo poco que algunas naciones han aprendido sobre lo que lleva sucediendo desde hace pocos años. Y si los norteamericanos están así ni les cuento los europeos, que ahora han fracasado a la hora del diseño conjunto de un nuevo caza de combate, cuando probablemente los cazas se están quedando obsoletos. Hagan números.
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