La pregunta obvia que surge tras la comparecencia de ZP ante el juez de ayer y el comunicado que dio a conocer a los medios es por qué alguien debiera tener fe en su inocencia, sin argumento ni prueba alguna, cuando tras horas de declaración el juez sigue creyendo que hay indicios serios de delito. En sus palabras ante la sociedad ZP busca excusarse y requiere un auto de fe en su persona que no se compadece con los hechos que van aflorando, ni con la estrategia legal que está siguiendo en lo que va de procedimiento. Los habrá que, por su ideología, no necesiten nada para creer en él. Más allá de las ideas, a mi no me encontrarán en ese lado.
El argumento del juez para no imponerle cautelar alguna, especialmente la de la retirada del pasaporte, es que se trata de una personalidad de notoriedad y fama muy elevada, lo que dificulta su fuga. Eso es cierto, aunque lo de dificultar es una cuestión relativa. Uno puede salir de España en coche sin que se le vea y, con el pasaporte en la mano, coger un vuelo en un aeropuerto mediano de Europa rumbo a cualquier parte. Estimo que las probabilidades de que ZP huya no son nulas, pero que sí son bajas. No lo descarto, pero no es lo más probable que vaya a suceder a corto plazo, aunque todo estará en función de lo que vaya saliendo de la investigación. A medida que puedan aparecer pruebas que muestren pagos irregulares, o derivados de acciones inexistentes, como mero objeto de blanqueamiento, o se aten cabos respecto a posibles sociedades en el extranjero en las que él y / o sus socios puedan tener registradas participaciones o ingresos le puede ir rentando más el coger las de villadiego y largarse, aunque eso suponga la plena admisión de los delitos de los que se le acusa. La estrategia con la que ha iniciado el procedimiento, que antes señalaba, apunta preocupantemente por ahí, porque no se centra en rechazar la comisión de delito alguno, sino en buscar o bien la prescripción de los mismos o la anulación de pruebas del sumario que los justifiquen. Intenta hacer que sea el procedimiento el que le salve, no la inexistencia de los hechos, y eso es una manera de decir que sí, que los delitos existieron, pero que no son punibles en este momento. Curiosa forma de proceder del faro moral de muchos que ha resultado ser, como cuando ejerció de presidente, un trampantojo tras el que no había nada sólido. El haber elevado a los altares de su sector ideológico la figura de ZP por parte de los que ahora nos desgobiernan es la causa de que el daño que todo este asunto produce a su electorado sea tan serio. ZP salió del gobierno como el fracasado que fue, arrasado por una crisis económica brutal que nunca quiso ver ni entendió, que trato de evitar, como en el tema judicial, no combatiéndola, sino negando su existencia, buscando subterfugios para que políticamente no le causase daños el derrumbe de la burbuja que él contribuyó a inflar en su tramo final. El desastre de gestión económica de ZP lo dejó para el arrastre entre los suyos y los ajenos, lo mandó al desván de la historia, y desde ahí se fue construyendo la carrera de consultor, de lobista, de hombre de pazzz con los regímenes dictatoriales latinoamericanos, con especial querencia en la torturada Venezuela, donde el chavismo le recibía con las manos abiertas y él trabajaba sin descanso para limpiar la imagen de la dictadura. Es más que probable, tras lo conocido, que empezase a cobrar de ella desde sus primeras gestiones. Sánchez y compañía lo rescatan para la política nacional como muñidor de pactos con el sedicioso puigdeminíaco y otros elementos de nuestra cloaca política nacional, y lo van elevando poco a poco a estandarte del progresismo, en un ejercicio de recuperación como no se había visor en mucho tiempo, que no dejaba de sorprender a los muchos que no olvidábamos la inutilidad absoluta de su ejercicio como presidente. Lo de ahora es el segundo derrumbe, y parece que será aún más estrepitoso que el primero.
Socialmente, lo que más se habla de ZP en tertulias y comentarios es sobre el tema de las joyas, pero a mi eso me parece algo menor en comparación con el resto de delitos de los que está acusado, menor también en cuestiones monetarias. Algo más de un millón de euros en pedruscos tallados no declarados no es casi nada frente a las mordidas que se pueden haber creado con el contrabando de oro y petróleo venezolano. Como en el caso de la operación Malaya, lo llamativo era el Miró en el baño de Juan Antonio Roca, mientras que lo mollar era todo el robo del ayuntamiento de Marbella. Aquí las joyas sólo dicen mucho del personaje que nos pide que tengamos fe en él.
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