viernes, junio 26, 2026

Primera ola de calor

Si en lo político esta semana la cosa ha estado calentita, ni les cuento en lo meteorológico. Casi toda la España peninsular ha sufrido en sus carnes una ola de calor, de la que los más afortunados por su liviandad han sido los residentes en la esquina suroeste. Sí, esta vez Huelva o Sevilla no se han llevado la palma de las temperaturas, ni de las noches tropicales, que en el caso de Almería han pasado a ser dos niveles superiores, saltándose las tórridas y llegando a las infernales, cuando las mínimas no bajan de los 30 grados. Tres noches han tenido seguidas de este tipo, lo que supongo implica desesperación absoluta, porque las pasadas en Madrid claramente por encima de los 20 no han sido nada divertidas.

Donde esta ola, la primera del verano, ya ha sido histórica, es en el norte. Asturias pero, sobre todo, Cantabria, País Vasco y Navarra han superado récords de junio y absolutos con una facilidad pasmosa, en medio de un ambiente completamente despejado, con trazas de calima y escaso refresco nocturno. Noches tropicales que han ido seguidas de jornadas por encima de los cuarenta grados de manera consecutiva, enlazadas una tras otra en una secuencia que, tengo que revisar los datos de Elorrio, pueden haber sido récord desde que los tengo. Cuatro días seguidos por encima de cuarenta es algo anómalo allí, pero que se ha convertido en otro hito superado en el proceso de subida progresiva de las temperaturas medias que se vive en nuestro país y entorno. El calor en la meseta o en el sur es duro, pero existe costumbre frente a él, formas de vida, entornos, tecnología, etc. En el norte alcanzar los cuarenta no es tan exótico, es bastante habitual que un día al año se logre, pero es ese día, el día de los cuarenta, no una secuencia de varios y, sobre todo, tras ese día de cuarenta suele llegar algún tipo de derrumbe en forma de tormenta, role de viento o similar. Esta vez no se ha vivido nada de eso. Ayer, que se alcanzaron los treinta y ocho, como si fueran un regalo, hubo amagos de tormenta por el norte, pero tampoco nada del otro mundo. Parece que hoy la tendencia a bajar las temperaturas por allí se consolida y se mantendrá varios días, de tal manera que el inicio de la semana que viene pillará a Bilbao y alrededores en el entorno de los veintitantos. Y, como les anticipaba, frente a la costumbre del sur, el norte no sabe combatir esas temperaturas, no están preparados ni los cuerpos ni las viviendas ni las infraestructuras. No se si habrá algún piso con aire acondicionado en mi pueblo, pero tengo dudas. Es probable que alguna casa o chalet disponga de ello, pero como algo exótico, como la piscina particular, que es una de las mayores excentricidades que se pueden ver por arriba, signo de ostentación donde los haya. Sospecho que los ventiladores se habrán agotado en las tiendas y sus fabricantes estarán haciendo el agosto adelantado, pero un ventilador de esos pequeños que se ponen en las habitaciones, aunque hace su labor, no es capaz de cubrir las necesidades de una familia, o de alguien mayor para el que la regulación de la temperatura es algo que su cuerpo ya no realiza de manera correcta. Toldos, parasoles y ventiladores de techo son ideas muy prácticas y efectivas, pero que deben ser instaladas previamente, requiriendo una inversión mayor y obras, en algunos casos escasas, en otros no tantas. Se han dado casos de centros de salud urbanos en Bilbao en los que las temperaturas interiores superaban claramente los treinta grados, de tal manera que se convertían en lugares peligrosos para sus trabajadores y los que a ellos acuden, máxime cuando se supone que no lo hacen en la mejor de las condiciones físicas. Algunos de estos centros son de reciente construcción, lo que muestra las carencias con las que se han planificado. Es cierto que las olas de calor tienen un componente de punta que es breve en el tiempo, pero la persistencia de las altas temperaturas y los picos más altos es algo que se está cronificando poco a poco en esos entornos donde eso antes era un relato propio de la estancia de vacaciones en otros lugares. Salvo las oficinas modernas, las instalaciones de climatización no están para nada adaptadas a los veranos que nos tocan.

Y si en Bilbao esto ha sido duro, piensen en París o Burdeos, que también han superado claramente los 40, o en Londres por encima de los 35. Esas ciudades, países en general, tienen el calor como un elemento exótico, propio de relatos de verano en el sur de Europa o, directamente, de cuentos coloniales. Allí no ha hecho calor casi nunca, y las vías del tren o las carreteras empiezan a fallar cuando se superan umbrales de temperatura que en el sur de España son convencionales en verano. La ola en el norte y centro de Europa no ha remitido aún, y sus consecuencias son significativas. Las medidas preventivas ante hechos de este tipo deben ser planificadas con premura, porque estas temperaturas desatadas se van a repetir cada vez con más frecuencia.

Subo a Elorrio y me cojo dos días de ocio. Si no pasa nada raro nos leemos el miércoles 1 de julio

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