miércoles, junio 03, 2026

Moción de censura atascada

Esta semana se ha cumplido el octavo aniversario de la moción de censura que descabalgó a Rajoy del gobierno y se lo otorgó a Pedro Sánchez, sujeto del que apenas sabíamos nada entonces, y del que ya hemos descubierto demasiadas cosas. Induce al sonrojo ver a Ábalos recitando un discurso lleno de presuntos compromisos éticos cuando ahora conocemos que estaba a punto de hacer desde su posición de poder, hasta qué nivel iba a degradarse él y su jefe y el resto de sus compañeros de gobierno y partido. Ver esas escenas inducen a volverse el sujeto más cínico del universo, para evitar la sensación de ser el engañado, el pagador de esa fiesta obscena.

Ocho años después, ¿Está justificada una moción de censura contra este desgobierno? Sí. ¿Es viable? No. La suma de PP y Vox sigue siendo insuficiente, y una iniciativa así sólo puede prosperar con el apoyo del PNV o Junts, partidos que se saben perjudicados por la deriva del sanchismo, que ven reducidas sus expectativas electorales por formaciones que les fagocitan, llámense Aliança catalana o Bildu, pero que saben que sus tácticas de chantajeo pueden prosperar unos meses más gracias a la debilidad del ejecutivo y no quieren aparecer ante sus propios electorados como los que han propiciado la llegada de los populistas de Vox al gobierno. La acumulación de escándalos seguirá su ritmo procesal, lento pero determinado, y el atrincheramiento del gobierno en posiciones trumpistas, conspiranoicas, parece que es su única estrategia para sobrevivir ante lo que no tiene defensa alguna, pero el mecanismo electoral para cambiar de ejecutivo sólo pasa por dos vías. O que Sánchez, a quien todo le da igual, adelante las elecciones, o que una moción imponga otro candidato como presidente del gobierno y sea ese el que convoque. De hecho, creo que la única opción para que una moción de censura prosperase, y es escasa, es precisamente que sea un candidato anónimo el que sea presentado como alternativa. Piense usted en alguien con el que se cruce por la calle o sus quehaceres a lo largo del día de hoy. Que sea él o ella la que ostente esa candidatura, con el único programa electoral de, una vez jurado el cargo de presidente del gobierno, disolver las Cortes y convocar elecciones generales. Nada más, sólo eso, que no es poco. Que no sea Feijoo ni nadie relevante del PP el que se presente como candidato. Aún en este supuesto, la posición de Junts o del PNV sería delicada, y probablemente no aceptarían votar a favor. La declaración de Junts de ayer retando a Feijoo para que acuda a Waterloo para negociar con el sedicioso las condiciones de una moción era una manera de expresar su no rotundo a cualquier colaboración con el PP, a sabiendas de que los populares no pueden acudir a la casa del fugado, como sí hizo el colaboracionista Sánchez. Por lo tanto, la discusión sobre la posible moción de censura no deja de ser un juego teórico muy interesante para las tertulias de café y bar, pero con pocas consecuencias prácticas, y nulos visos de realidad, al menos a día de hoy. Desde el principio de esta legislatura, una vez que Sánchez traicionó a los suyos, antes ya se lo había hecho al resto, otorgando una amnistía que negó una y mil veces, y consiguiendo los votos para ser investido presidente, en sus cálculos entraba que no iba a dejar el gobierno en los cuatro años que restaban por delante, pasara lo que pasase, porque todo le da igual, y porque sabe que descabalgarle implica la unión de fuerzas cuyo odio mutuo es superior al deseo que tienen de acceder al poder. NI imputado, ni aunque aparezcan vínculos con pagos ilegales, pase lo que pase, Sánchez no cederá el poder antes de tiempo. Esa es su principal garantía de inmunidad para lo que teme que le puede alcanzar, judicialmente hablando.

Los suyos, que van al degolladero en todas las elecciones futuras que se celebren mientras él siga en el poder, podían exigirle presentar una cuestión de confianza, pero tampoco creo que lo hagan. Tienen miedo de perder los carguitos de los que viven, y un año de altas nóminas públicas es una gran ayuda para las finanzas personales. El destrozo en la marca PSOE y el arrastrar nombres sin cesar por el calvario de los juzgados durante meses no causará mella en el líder que ha destrozado al partido y que se cree por encima de todo y de todos. Ajeno a la realidad, Sánchez seguirá lo que pueda, y querrá volverse a presentar. Y los suyos, en un acto de suicidio colectivo, se lo consentirán. Salvo gran sorpresa, es lo que creo que pasará.

No hay comentarios: