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martes, julio 07, 2026

Demostración de fuerza de Irán

El régimen iraní ha decretado un duelo nacional durante seis días para celebrar las exequias del líder supremo Ali Jamenei, muerto al inicio de la guerra entre Irán y EEUU de marzo abril. No me pregunten en qué estado puede estar el cadáver del personaje, si en vida ya presentaba un aspecto propio de la muy avanzada edad con la que contaba. Lo cierto es que para honrar su muerte se ha previsto una serie de actos multitudinarios en Teherán y en la localidad de la que era natural, donde se espera que todo el mundo salga a la calle a honrarlo, y eso, más que una previsión, es una orden que muchos tendrán que cumplir.

Las imágenes que dejaba ayer Teherán eran impactantes, con mareas humanas llenando las avenidas de la ciudad en una concentración que varios medios elevan claramente por encima del millón de personas, y que es una cifra creíble viendo las escenas que se mostraban en la televisión. Más allá de que los iraníes hayan sido forzados a salir a manifestarse o no, la masa congregada es impactante, y no deja de ser un ejercicio de fuerza del régimen, que lejos de derrumbarse, se afianza en el poder, apoyado ahora en un sentimiento colectivo de martirologio y de exaltación nacionalista. Los daños que haya podido sufrir Irán durante esta guerra, probablemente intentos en infraestructuras y recursos militares, no han servido para derribar la dictadura teocrática que rige con mano firme los designios de esa nación desde muy finales de los setenta. Esas declaraciones grandilocuentes de Trump al inicio de los bombardeos alentando a la población oprimida del país a que se revele frente a la dictadura han quedado, como suele ser habitual en el personaje, en meras fanfarronadas sin sustento. El conflicto militar ha entrado en una situación de tregua inestable, pero sostenida, ya que el control por parte de Irán del estrecho de Ormuz se ha demostrado como una variable que le otorga a Teherán un poder sobre el precio del crudo que Washington no llegó a imaginar (bueno, siendo sincero, los ineptos que ahora gobiernan en Washington). Al régimen de los ayatolas le ha dado siempre igual la situación de los iraníes, menos aún la de las iraníes, que para ellos son poco más que vasijas reproductivas, por lo que las muertes causadas por los ataques norteamericanos no tienen efecto alguno. Si acaso sirven para cohesionar a la nación, ante el ataque cierto de un enemigo externo que se ha hecho realidad. La guerra ha hecho rebrotar el nacionalismo persa, algo que es compartido tanto por los jerarcas del régimen como por no pocos de sus opositores, que tienen a la nación iraní en el corazón, y los ataques perpetrados por EEUU e Israel han puesto de acuerdo a ambos bandos en la necesidad de defender al país de una injerencia que gran parte de la población no entendía, y menos aún a medida que el conflicto se desarrollaba. Desde las redes sociales el hijo del Sha Palevi, aspirante a volver a Irán tras un cambio de régimen que restaure su trono (esa es la idea de una de las facciones opositoras a los ayatolas) se mostró ilusionado con el inicio de los ataques norteamericanos, pero a medida que avanzaban las semanas y que la permanencia de la dictadura iraní iba siendo una variable fijada fuera cual fuese el resultado de los combates ha ido espaciando sus apariciones. Exiliado en EEUU, creyó a Trump cuando proclamó que la libertad llegaría a Teherán, y se ha visto tan frustrado como todos los demás con el resultado de la guerra. El mensaje de la concentración masiva de estos días en el país también se dirige a la oposición interna. Es una manera de advertir, de gritar “ni se os ocurra hacer algo” porque hay huestes de fieles al régimen, que no ha caído, que ahí siguen actuando de manera represora en su nombre, y tras lo sucedido es probable que la severidad de las condenas ante cualquier acto considerado opositor, lejos de aliviarse, se endurezcan sin cesar. La pena de muerte se dispensa en Irán con una facilidad pasmosa.

De quien sigue sin saberse nada es del nuevo líder supremo, Mojtaba Jamenei, del que se han escuchado algunos audios, a saber si son ciertos o no, pero ninguna imagen en vídeo desde que fuera nombrado sustituto de su padre. Quién sabe, quizás ni siquiera esté vivo, pero eso al régimen puede que ya no le importe mucho. Una de las derivadas de la guerra es el ascenso en la pirámide del poder de la guardia revolucionaria, la facción militar, que ahora es mucho más poderosa que la islamista. La dictadura sigue, pero ahora quizás más controlada por militares clásicos que por clérigos, que pueden ser paseados, pero teniendo claro que los de los fusiles son los que controlan la situación. Hoy Irán y su población está peor que antes de la guerra, y mira que era difícil, pero así es.

lunes, enero 12, 2026

Revuelta sangrienta en Irán

De entre las muchas cosas que están pasando en este inicio de año, las más esperanzadora y, probablemente, la más sangrienta, es la que está sucediendo en Irán. Allí, desde hace dos semanas, se viene registrando un alzamiento popular que ha ido cogiendo cada vez más fuerza, en medio de la opacidad de los medios occidentales, que sólo este fin de semana han decido poner sus ojos en el país. El origen de las revueltas era económico, por el disparo de precios tras la última pérdida de valor de la moneda local, lo que ha empobrecido aún más a la numerosa población del país, pero el movimiento ya es de lucha general contra la tiranía. Y puede vencer.

Irán es una dictadura teocrática islámica de corte chií en la que la libertad y los derechos humanos no existen desde hace décadas, sometidas al rigorismo de los clérigos, que han organizado un estado policial militar de notable eficacia a la hora de oprimir a su población, y más bien nula en lo que hace al desarrollo de la economía. Esta nación, obsesionada desde su dirigencia por el control regional y la lucha contra el satán occidental, ha desarrollado elementos militares controlados a distancia, proxys, en muchas de las naciones vecinas, siendo los más famosos Hezbollah en Líbano y Hamás en Palestina. A su entrenamiento y dotación se han destinado enromes cantidades de recursos que Israel ha destruido con saña a lo largo de 2025. Las derrotas sucesivas de Irán en esos frentes, y el ataque norteamericano a las instalaciones nucleares de Nathan y Fordo, llevaron el año pasado al régimen a uno de sus puntos más bajos, mostrando interna y externamente una debilidad que parecía no existir en el marco de la propaganda constante que sale de Teherán. Sus colaboradores entre nosotros, que no son pocos, y cobran más que la inmensa parte de la población de aquel país, también han contribuido a sostener al régimen y, probablemente, han forzado a que las revueltas que se han dado desde 202 reclamando libertada apenas tengan cobertura mediática y, desde luego, ninguna repercusión social. Bien está manifestarse a favor de los palestinos masacrados, pero no hay movilización alguna en contra de los iraníes masacrados, en este caso no por ningún otro país, sino por la fuerza bruta del propio régimen. Si la represión iraní es famosa en todo el mundo por su crueldad, ni les cuento lo que sucede en el caso de las mujeres, colectivo que allí es tratado con un desprecio casi talibánico. La mujer iraní lleva encarcelada en vida desde que triunfó la revolución chií, y a bien pocos les ha importado el sufrimiento que han padecido. Una de las anteriores revueltas en el país tuvo como detonante la detención, tortura y asesinato a manos del régimen de Masha Amini, joven iraní valiente que decidió quitarse el velo que la encerraba, y eso fue suficiente delito para que la policía de la moral le condujera a su tumba. Un acto de inmenso valor en una sociedad represiva hasta el extremo que provocó revueltas en la nación, reprimidas con saña, y una ligera movilización internacional, poco ruidosa, en la que las feministas occidentales apenas alzaron la voz ante una mujer que representaba, como pocas, su causa y su sufrimiento. Sí, lo de Irán da para varias indignaciones al día y ejercicios de hipocresía notables. Sin embargo, a pesar de la cobardía de occidente, la población del país lleva unos años en un contexto de agitación continua que se traduce en revueltas, represión, balance de daños y vuelta a empezar, con una cúpula del poder cada vez más encapsulada y blindada, con temor a perder su privilegiada posición. Las posibilidades de exilio de Jamenei y el resto de sus esbirros son escasas en un mundo en el que el chiismo es minoritario y la propia ceguera teológica que parece anidar en sus corazones les hace ver el martirio como última salida en el caso de que la represión no sea capaz de detener a las masas. Esto es lo que se dirime ahora mismo en las calles de Teherán y otras muchas ciudades del país, quizás con más fuerza e incertidumbre que nunca.

Que cayera el régimen de los Ayatolás sería una excelente noticia, pero eso es algo que sólo podremos celebrar si se produce, y si tras ello se da un proceso de consolidación de un poder que retome una senda de libertad y apertura. La oposición iraní está fragmentada y el hijo del Sha, que reside en EEUU, quiere representar una unidad que, en la práctica, no existe de una manera tan clara. La intención de Trump de atacar al régimen para apoyar la revuelta contribuye a oscurecerlo todo aún más y nos pone ante una situación volátil, peligrosa, en la que lo único seguro es que ya son muchos cientos, miles según algunas fuentes, los asesinados por el régimen en su intento desesperado por sobrevivir. En Irán se está haciendo historia, como suele ser habitual, con sangre.

viernes, enero 09, 2026

Los venezolanos no importan

En una entrevista que concedió ayer a su canal amigo de televisión, la FOX, el vicepresidente de EEUU, JD Vance, mano derecha de Trump y más que posible sucesor, a la pregunta del entrevistador sobre en qué iba a mejorar la vida del norteamericano medio con el ataque a Venezuela, se mostró tan directo y carente de escrúpulos como su jefe. Afirmó que ahora mismo los inmensos recursos naturales del país están en manos de EEUU y que en un futuro no muy lejano la gasolina y otros costes que pagan los americanos verán reducido su precio por la explotación que de esos recursos se va a llevar a cabo.

Es un perfecto ejemplo de mentalidad colonialista del siglo XIX. Si algo me interesa, me lo quedo, y si es de alguien, si soy más fuerte, se lo quito. Hasta no hace mucho EEUU mantenía un discurso de promoción de la democracia en el mundo, mezclado no pocas veces con explotación de recursos de por medio, pero existía un sustrato ideológico de desear la expansión de los regímenes liberales por el mundo, sobre todo cuando existía un antagonismo dictatorial como fue el caso de la época de la guerra fría. Ya no. Los actuales líderes de esa nación actúan desde la prepotencia más absoluta, la de saberse poseedores del mayor ejército del mundo y de la capacidad de imponer una fuerza desproporcionada sobre todos los demás que se les crucen en el camino. En el caso de Venezuela el argumento exprimido por la administración Trump ha sido el del vínculo de Maduro con redes de narcotráfico, y esa es la causa por la que va a ser juzgado en suelo norteamericano, pero es obvio que si Maduro estaba compinchado con cárteles, cosa que es perfectamente posible, otros miembros de su régimen no se dedicaban a la beneficencia. Diosdado Cabello o los hermanos Rodríguez también formarían parte de una estructura delictiva. Lo que es obvio es que todos ellos componían la cúpula del poder dictatorial venezolano, cúpula descabezada, pero que se mantiene casi intacta en el resto de niveles, tras el ascenso de Delcy al poder. Ayer varias fuentes de la administración Trump hablaban de que el control del país se puede mantener durante años, porque expoliar sus recursos no va a ser tarea fácil ni rápida. Eso va a requerir notables inversiones, presencia sobre el terreno de compañías privadas petroleras y fuerzas militares de defensa, y más que sustanciosos ingresos tanto para la potencia colonizadora como para los jerarcas actuales del chavismo, que van a ver cómo lo que antes robaban se queda convertido en poca cosa frente a lo que van a poder llevarse ahora. Con estos réditos a la espera es más que lógico suponer que Delcy, y otros, traicionasen a Maduro para quedarse con el poder y repartirse un jugoso botín. La falta de escrúpulos está bastante bien repartida entre todos los personajes de este drama. Y algo que también comparten todos ellos es el absoluto desprecio al pueblo venezolano. Los millones de ciudadanos de ese país que malviven en él y los que han tenido que huir, por la miseria o por la persecución, no cuentan para nada en esta ecuación, son comparsas, decorado sobre el que actúan los poderosos. Quizás algo de las inmensas cifras que se acaben deduciendo de toda la corrupción que se va a poner en marcha ahora caigan hacia algunos sectores de la población del país, pero lo que les pase a los venezolanos, en su futuro político y económico, es lo que menos le importa a Trump y a su camarilla, y a Delcy y los suyos. Ambos han firmado un pacto bañado en crudo, la necesaria sangre y fortunas futuras a la espera. Todo lo demás es disimulo, ruido y algo de propaganda, tampoco mucha, que no hace falta vestir demasiado la colonización que viene.

Ayer fueron liberados en Caracas cerca de un centenar de presos políticos, de esos que los que apoyan al régimen entre nuestros ciudadanos dicen que no existen, en lo que parece un gesto de buena voluntad, pero que no cambia mucho las cosas. La represión se mantiene, la posibilidad de reconocer a Edmundo González, ganador de las elecciones de 2024 como presidente es nula, y la estabilidad de Delcy y los suyos en el poder se consolida día a día en medio de cesiones ante los mandatos de Trump y promesas de enriquecimiento para los que le sean leales. El futuro del país es oscuro, y la esperada transición democrática no es deseada por ninguno de los que ahora mismo detentan el poder, tanto en Caracas como en Washington.

jueves, enero 08, 2026

Se lo lleva crudo

Cuando usted ya estaba incumpliendo los primeros propósitos de año nuevo, incluso antes de que muchos renunciaran a su primera sesión de gimnasio por eso de “bueno, queda mucho año por delante” Trump ya estaba maquinado cosas para dejarnos a todos pasmados, y escogió Venezuela como el primero de sus objetivos, país que se encontraba en el punto de mira, literalmente, desde hace ya tiempo. Era evidente que el despliegue militar realizado en torno a las aguas del país caribeño no podía ser sólo un teatro, era demasiado aparatoso e intenso para quedarse en mera fanfarronada. Y en efecto, se usó.

El Sábado 3 de enero se puso en marcha una operación militar que, con el bombardeo previo de algunas instalaciones militares en Caracas y alrededores, llevó a cabo la captura de Nicolas Maduro, el presidente del país, el líder de la dictadura que oprime a los venezolanos. A lo largo de ese día las impresiones de los que seguíamos las noticias, al menos las mías, iban cambiando a la vez que se superponían. Evidente sorpresa por lo sucedido, por la forma y el éxito aparente de una operación de descabezamiento del régimen. Alegría por la caída de un dictador que ha oprimido a su país durante años, condenándole a la miseria económica y la represión. Inquietud por las formas, por la absoluta violación del derecho internacional que suponía que una nación, EEUU, se arrojase por su cuenta y riesgo la labor de descabezar a otra nación soberana y atacar su territorio, aunque fuera de una manera quirúrgica, como parecía que había sido el golpe, sensación de “deja vu”, de vuelta a unos años sesenta y setenta donde Washington imponía a sangre y fuego los liderazgos en una América Central y del Sur donde la democracia era una aspiración vana… todo agolpado a lo largo de una mañana en la que las noticias se sucedían sin parar, hasta llegar a un mediodía en el que se confirmaba que Maduro, apresado, ya iba camino a EEUU, a una cárcel en Brooklyn, uno de los distritos de Nueva York. La sucesión de opiniones y especiales en los medios no cesaba, en medio de unas vacaciones navideñas pre Reyes que ya habían quedado suspendidas para todos. Había aún bastante confusión, incluida entre los venezolanos opositores al régimen, que veían con asombro el derribo del tirano y el surgimiento de una esperanza pero, al menos así lo creía yo, era necesario esperar a la comparecencia de Trump, prevista para la tarde de ese sábado, para tener una idea medianamente cierta tanto de lo que había pasado como el cómo y las consecuencias de lo que vendría después. Esa aparición ante los medios se produjo en su casa de Florida, desde donde se dirigió toda la operación, en una nueva muestra de cómo el magnate considera la presidencia de su país como un negocio privado en el que la institucionalidad y las formas no son sino obstáculos a su megalomanía. Las explicaciones empezaron con retraso, pero a los pocos minutos de la misma empezó a quedar bastante claro no sólo que estábamos ante un nuevo espectáculo televisivo de Trump, de esos que tanto le gustan, sino que la captura de Maduro no se enmarcaba en ningún plan de derrocamiento de la dictadura chavista y de la vuelta de la democracia al país, no. Todo era una operación destinada sí al descabezamiento del régimen, y sí, sobre todo, a la puesta de Venezuela bajo tutela norteamericana para que los recursos naturales del país, especialmente el petróleo, pero no sólo, fueran gestionados, explotados e ingresados por empresas norteamericanas. No estábamos ante la caída de la dictadura, sino a su sometimiento ante otro régimen, que parece ir encaminado a serlo.

Transcurridos algunos días desde los hechos del 3 de enero, es evidente la desvergüenza absoluta con la que la administración Trump trata a la oposición venezolana y la obsesión que mantiene con el control del petróleo y sus ingresos. Estamos ante una mera operación de robo, de apropiación, de asalto. La sucesión en el régimen, a cargo de la muy conocida Delcy, garantiza estabilidad y represión de puertas para dentro y la tutela que EEUU va a poner sobre ella determinará que la mayor parte de los ingresos generados por el país se queden en Washington, incluso en la propia familia Trump, convertida en una satrapía. No va a haber transición democrática en Venezuela, sí un acuerdo entre mangantes, nacionales y extranjeros.

lunes, octubre 13, 2025

Nobel muy merecido para Marina Corina Machado

Hubo el viernes un suspiro de alivio en medio mundo por la no concesión del Premio Nobel de la paz a Donald Trump. El personaje, ególatra hasta el extremo, desea todo para sí, incluido ese galardón. No sabe, como es habitual en él, que el comité Nobel suele otorgar sus premios tradicionalmente no por un hecho concreto, sino por una carrera, por un esfuerzo de años. Cierto es que a veces se han saltado esta norma, y una de las más sonadas, y erróneas, fue la concesión del premio de manera preventiva a Obama nada más llegar al cargo. Ese galardón no lo entendió nadie, creo que ni el mismo presidente de EEUU.

Marina Corina Machado, la premiada de este año, es una de las cabezas más visibles de la oposición venezolana y, a la vez, una de las mujeres más escondidas del mundo. Desde que el régimen la enfiló y ella, candidata a las presidenciales, vio de manera clara que su vida corría peligro, decidió esconderse dentro de Venezuela, sin que se sepa su paradero. Por eso, pese a ser la candidata unitaria de la oposición, no pudo disputar las últimas elecciones presidenciales, las amañadas, las de las actas que nunca aparecerán, y ella, junto con el resto de líderes opositores, escogieron la figura de Edmundo González como candidato para disputarle a Maduro el sillón presidencial. Tras lo que pasó en aquellos comicios y la posterior represión del régimen, Edmundo, un señor mayor y de carácter suave, tuvo que huir del país y reside en España, y Machado permanece escondida. Marina es una mujer fuerte, valiente, directa, que sobrevive en medio de una de las dictaduras más burdas y crueles de la historia de América Latina. Lo que comenzó con el triunfante golpe de estado de Hugo Chávez y se transformó en una dictadura vestida de revolucionaria para congraciarse con ciertas élites izquierdistas occidentales se ha convertido en un régimen militar obseso con el control del poder, del dinero y de la nación. Venezuela hace tiempo que se ha convertido en una gran prisión al aire libre, donde el ciudadano que no ha optado o podido salir del país malvive sometido a los designios de un poder arbitrario, caótico y despiadado. La economía de la nación es un desastre absoluto, con tasas de pobreza enormes y con unos indicadores que no dejan de agravarse año tras año, y el endémico problema de la violencia en la sociedad civil ha sido agravado por los actos represivos del régimen. Venezuela es un fracaso absoluto desde todos los puntos de vista, un país en el que, nadie, en su sano juicio, desea vivir, y no es mucho más allá de la finca particular para recreo de los militares del país, con Maduro en la presidencia y Diosdado Cabello como hombre fuerte, haciendo y deshaciendo a su antojo. Los vínculos de ambos personajes y, en general, los altos cargos del régimen, con el narcotráfico son bastante claros, y el enriquecimiento ilícito de todos los que se encuentran en la cúpula de semejante entramado es cada vez mayor, en una nación en la que la pobreza se ha convertido en la manera de vida habitual de los que permanecen en ella. La oposición al régimen ha actuado varias veces de manera dividida, con intentos significativos de cambiar las cosas, como la autoproclamación de Guaidó como presidente legítimo del país, que acabó siendo flor de pocos días, y ha visto como muchos de sus dirigentes eran apresados o perseguidos con saña. Escaparse del país ha sido la manera que han encontrado no pocos de ellos para mantenerse con vida. Marina Corina Machado ha sido la última gran figura unitaria de la oposición y ha mostrado poseer una valentía que pocos de los líderes nacionales han sido capaces de igualar. Su figura, y el hecho de ser mujer, le han catapultado a la relevancia internacional, y desde un principio el régimen tuvo claro que era peligrosa para sus intereses. El hostigamiento hacia ella ha sido contante, pero de una manera novedosa, Marina opto por exhibirlo, por mostrar al mundo cómo se las gastan los siervos de Maduro, y lo hizo en público hasta que el riego de su vida se disparó y tuvo que esconderse.

Este premio es un acto de justicia a la causa por la libertad en una nación sometida desde hace décadas a una crueldad pasmosa, y los silencios que se han dado en España al conocerse su concesión dicen mucho. Nuestro desgobierno aún no ha felicitado a Corina, muestra de cobardía absoluta y de complicidad con la dictadura madurista. Los socios del gobierno al menos sí han hablado para expresar lo que se esperaba, su alineamiento pleno con los represores y su absoluta hipocresía, la de unos personajes ricos y que hablan sin cesar del paraíso venezolano residiendo a cuerpo de rey a miles de kilómetros de allí. Por sus hechos les conoceréis, y Marina, con su valor, los desnuda a todos.

jueves, septiembre 04, 2025

La sucesión en las dictaduras

Uno de los comentarios más reiterados ayer tras la aplastante parada militar de Beijing fue, además de la exhibición de poder que supuso, esa conversación pillada entre Putin y Xi en la que hablaban sobre la posibilidad de vivir hasta los 150 años, mediante trasplantes. Al parecer comentaban algunas de esas noticias medio fantasiosas que surgen a veces de gurús de Silicon Valley sobre posibilidades maravillosas de alargar la vida o alcanzar la inmortalidad. Ya les advierto que todas ellas están, por ahora, condenadas a la melancolía, porque son tan falsas como el valor de un dólar de chocolate. La vida no se va a alargar de esa manera, no.

Lo que sí es cierto es que Xi y Putin tienen intención de gobernar sus naciones hasta que se mueran, y a la edad que ambos comparten, 72 años, es algo que acabará pasando pero, probablemente, no a corto plazo. Eso les plantea, y lo saben, el problema de la sucesión en el régimen, uno de los mayores en lo que hace a la supervivencia de un estado y de su forma de poder. Las democracias tienen establecida una manera tortuosa pero efectiva, que son elecciones regulares cada pocos años, normalmente cuatro, y el pacto común entre todos de aceptar que gobierna el que gana cada vez. Eso permite que el traspaso de poderes sea un acto reglado, más o menos periódico y sin una especial trascendencia. En las dictaduras, regímenes personalistas muy jerarquizados, donde la cúspide lo controla todo, la muerte del dictador supone una convulsión profunda que puede acabar con la estructura de poder que controla la nación y desestabilizarla hasta límites insostenibles. Una solución tradicional a estos problemas es la sucesión de golpes de estado, en los que una facción se levanta y derroca al gobernante, y con el tiempo otra hará lo mismo, y así sucesivamente. La sociedad vive sometida, el país no se desarrolla, la violencia es endémica y la sensación de inestabilidad, permanente. En el caso de China estaba establecido que los mandatos del líder del PCCh fueran uno más uno, sin posibilidad de prórroga, y con la elección conocida de un delfín que, salvo sorpresa, sería el sucesor. Xi ha roto esa tradición y se ha convertido en líder indiscutido y prorrogable hasta el hartazgo. Ha verticalizado mucho la estructura de poder del PCCh y cada día que pasa complica la perspectiva de qué puede suceder en su ausencia. En todo caso, la estructura del partido sigue siendo enorme y, pongamos, si Xi fallece en el corto plazo, aunque haya diputas entre facciones, es probable que el liderazgo no quede vacante durante un tiempo significativo, y que otra figura, puede que de transición, sea puesta en su lugar. En el caso de Putin la cosa es más complicada, dado que hay consenso en que lo que gobierna en Rusia es una mafia, una camarilla de poderosos que se amenazan entre sí y que no dudan en recurrir a lo más sucio para mantenerse. Putin sabe que dejará el poder muerto, bien por causas naturales o provocadas, y de eso segundo sabe bastante. En el caso ruso la ausencia de Putin sí desencadenaría una lucha entre los distintos miembros de esa mafia para saber quién accede al Kremlin como el más poderoso, y no está nada claro qué es lo que pasaría. No son pocos los que opinan que sería un momento muy peligroso, porque ahora Putin ofrece una estabilidad interna en ese país que impide movimientos de todo tipo. Pensemos en los seres grises que se mueven por allí en la sombra, en la cantidad de oligarcas con mando, en los que disponen acceso a armamento y a fuerzas paramilitares, como fue el caso del ya asesinado dirigente de Wagner. La sucesión en Rusia a la muerte de Putin es una total incógnita y un momento peligroso que muchos temen, dentro y fuera de ese país.

El que mejor se lo ha montado de entre los dictadores del desfile de ayer es el norcoreano. Es el tercero de los Kim que se sucede en el poder después de que su abuelo se hiciera con el poder, implantase una dictadura demoniaca y no tuviera otra ocurrencia que convertirla en un reino hereditario, de tal marea que Corea del Norte es la única monarquía absoluta leninista conocida. Sus resultados como ejemplo de gobernanza son claros, y es mejor no imitarlos en nada. Kim Jong Un es joven, creo que no llega a cuarenta, aunque de salud mejorable, y tiene una hija, que le ha acompañado a su visita a China, que algunos apuntan como la sucesora, frente a la hermana de Kim, que también ha sonado. No se conoce a ningún hijo de Putin que pueda ser futuro Zar.

viernes, enero 10, 2025

Viva Venezuela libre, abajo la dictadura

Hoy está prevista la jura de la presidencia de Venezuela tras las elecciones celebradas allí en verano. El régimen de Maduro se encargó de inhabilitar a un montón de candidatos que pudieran hacerle la sombra, especialmente a la líder opositora, María Corina Machado, y finalmente fue Edmundo González, un diplomático jubilado, el que pudo presentarse como representación de la democracia real frente al tirano y sus secuaces. El amaño del recuento electoral, la farsa de la proclamación de Maduro como ganador sin mostrar las actas y todo lo que vino después no fue sino la constatación de que la dictadura chavista, ahora madurista, sigue en pie.

Ante un robo de esas dimensiones sólo hay tres opciones posibles. La resistencia armada, que nunca es aconsejable, la resistencia civil o la huida. Machado optó por la segunda. Tras el fraude en las elecciones el aparato del régimen empezó a inventarse causas contra ella de tipo penal y, sabiendo que no tenía garantía alguna de poder defender sus derechos ante tribunales y administraciones golpistas, optó por esconderse en la clandestinidad, dentro del país. Edmundo González, el candidato opositor, un señor ya mayor y con una pinta de salud endeble, se vio igualmente acosado por las estructuras del poder chavista y poco a poco el cerco del régimen se estrechó contra él. Las opciones que le quedaban eran escasas, y casi todas pasaban por la cárcel. Finalmente usó la tercera vía que antes les comentaba y huyó para salvar su pellejo, recalando en España, donde ha sido acogido con la parcial indiferencia de nuestro desgobierno, uno de cuyos socios comulga claramente con la dictadura de Maduro. Desde entonces Edmundo ha declarado que su estancia en España es temporal, y que el 10 de enero de 2025, fecha prevista para la jura presidencial, acudiría a Caracas para ser investido como legítimo ganador de las elecciones. Ese día ha llegado, es hoy, y desde hace unos días Edmundo realiza una gira por países latinoamericanos para recabar apoyos diplomáticos y respaldo a su figura. También ha sido recibido en la Casa Blanca por el ya saliente presidente Biden, y sigue con la intención de entrar hoy en Venezuela, a un país en el que la seguridad del régimen ha amenazado con actuar sin muchos miramientos ante esa posibilidad. Ayer mismo se produjo una masiva manifestación en las calles de Caracas de opositores a la dictadura y reapareció María Corina Machado, tras meses en la clandestinidad, para ser detenida de manera violenta por parte de algunos sicarios del régimen, y posteriormente ser puesta en libertad, en un episodio mafioso que no tiene otro mensaje que el de meter miedo a Edmundo y a cualquier otro opositor que intente plantar cara ante las formas del régimen. Hubo disparos en el incidente de ayer, el número de armas que hay en Venezuela es muy alto y el régimen se ha encargado de que muchos de los que le apoyan, que se organizan mediante bandas de motociclistas, estén perfectamente dotados de pistolas, munición y objetos contundentes para sembrar el pánico. Vamos, lo de siempre, el poder de las armas del dictador frente al de la palabra del opositor. ¿Quién gana? En demasiadas ocasiones lo que parece más obvio, y el cadáver del opositor suele dar testimonio de una entrega que ha terminado de manera criminal. Si hoy Edmundo González entra en Venezuela las opciones de que acabe siendo un “Navalny”, detenido, encarcelado y asesinado por la fuerza represiva de la dictadura, son muy altas. El riesgo que corre es evidente y, sinceramente, deseo que siga vivo y luchando, por lo que espero que no entre en el país. Pero el valor que han demostrado los opositores ante la infamia de Maduro y los militares que le sostienen va más allá de cualquier frío cálculo, y alguien cobarde como yo sólo puede expresar su admiración ante semejante muestra de gallardía. Ellos son un ejemplo de lucha por la democracia, cuando ésta lleva tiempo secuestrada.

Esta semana ha comenzado el desgobierno de aquí una vacía y cutre campaña de marketing sobre el medio siglo transcurrido desde la muerte del dictador que rigió España durante casi cuarenta años. Mucho alto cargo bien pagado en un acto vacío a mayor gloria del actual presidente del gobierno. La nada absoluta. Mucho postureo ante un dictador infame que lleva medio siglo muerto y nada, ningún gesto ni declaración de todos los allí presentes ante un dictador vivo, Nicolás Maduro, que oprime a una nación hermana, Venezuela, y que no dejará el poder nunca por su propia voluntad. Así se escribe la historia, y deja cada uno testimonio de sus hechos cuando los realiza, y cuando no.

lunes, septiembre 16, 2024

La dictadura venezolana aprieta

Es triste que, de todo nuestro desgobierno, sólo Margarita Robles, ministra de defensa, se haya atrevido a decir una verdad tan clara y evidente respecto al régimen de Maduro. Al calificarlo como lo que es, dictadura, ha roto una especie de tabú en la tontería ideológica que se mantiene en gran parte del ejecutivo y, desde luego, en sus socios de investidura. La contemplativa actuación de Albares, que hace tiempo que superó el ridículo, ha sido puesta totalmente en evidencia por Robles, que tiene bastantes más arrestos y capacidad para saber a lo que se enfrenta que un segundón cuyo futuro depende sólo de la rosca que le haga al que, es un decir, preside el gobierno de España.

Ayer Borrell, que ya está de salida, lo volvió a reiterar y dejarlo muy claro. Antes de las elecciones fraudulentas Venezuela estaba en manos de una dictadura, después del amaño, el régimen es aún más represivo y cerrado. Es así de sencillo. En el mundo existen dictaduras de derechas y de izquierdas, o que al menos pretenden vestirse de esos ropajes ideológicos, dado que en todas partes son lo mismo, un grupo de sujetos e intereses que se han hecho con el poder absoluto, político y económico, y reprimen con dureza a todo aquel que ose discutir su preminencia. Todas las dictaduras son malas, y todas debe ser vistas con el mismo desprecio moral, pero para gran parte del pensamiento dominante en nuestro país, que vive como millonarios en una sociedad de libre mercado, dictaduras como las de Cuba o Venezuela no lo son. En fin, no se dejen engañar por semejantes falsos. La cuestión es que, tras las declaraciones de Robles el régimen de Maduro ha aumentado la presión sobre España y nuestro desgobierno ya no puede recurrir al cansino comodín del PP para echarle las culpas de todo lo que pasa en el universo conocido. Este fin de semana se ha sabido que aquella dictadura mantiene detenidos a varios occidentales, entre ellos a dos de Bilbao, a los que acusa, sin pruebas, de formar parte de una conspiración para atentar contra la vida de Maduro. Diosdado Cabello, el responsable de las fuerzas armadas y hombre muy fuerte del régimen, ha salido en la televisión anunciándolo, acusando a los españoles de pertenecer al CNI y contando toda una historia que más parece fruto de una buena cortina de huno que otra cosa. Nuestro desgobierno ha salido rápidamente a desmentir que los ciudadanos españoles pertenezcan al CNI o a cualquier otra institución pública, y sus familias, que no han comparecido públicamente, sólo han confirmado que estaban de turismo por la zona y a principios de la semana pasada pusieron una denuncia por desaparición, porque habían perdido el contacto con ellos. Ahora sabemos que se encontraban detenidos por el régimen y que nadie de allí había informado ni a las autoridades españolas, y menos a las familias, que sus seres queridos no habían sufrido un accidente o algo así, sino que estaban entre rejas. Junto a ellos hay ciudadanos norteamericanos y de alguna otra nacionalidad europea, por lo que me da que Maduro y sus chicos acaban de conseguir un botín en forma de rehenes para presionar a las autoridades de estas naciones con el objeto de conseguir que la presión contra ellos disminuya. Supongo que a lo largo de la semana se mostrarán imágenes por parte del régimen de los capturados, con rótulos enormes en los que se indique que reconocen todos los cargos de los que se les acusa, y se empezarán a organizar pantomimas de juicio, de trámites previos, en los que se anticiparán sentencias muy duras. La actitud mafiosa de toda dictadura, que se extiende más allá de su propia población, y que no duda en restringir derechos a todo aquel que ose acercarse al país sometido al arbitrio del tirano.

Es de esperar que la UE avance en el procedimiento para reconocer a Edmundo González como presidente electo de Venezuela, e intensifique las sanciones al sátrapa Maduro y a su camarilla cómplice, lo que pondrá en más aprietos al desgobierno que tenemos, carente de toda ética, cegado por ideologías trasnochadas y muy perjudiciales, y lleno de necedad. La situación de estos rehenes que ahora se encuentran en Caracas es un problema añadido, no menor, pero que no puede condicionar el desarrollo de las decisiones políticas y sociales que deben ser tomadas por nuestras autoridades. Menos mal que estamos en la UE.

lunes, septiembre 09, 2024

Edmundo González, asilado en España

Ayer se supo que Edmundo González, el candidato opositor en Venezuela, ganador de las elecciones presidenciales a las que Maduro decidió no hacer caso, se hallaba en viaje rumbo a Madrid para ser acogido como refugiado político. Desde que se celebraron los comicios, su figura ha sufrido todo tipo de acosos por parte del chavismo, y la seguridad de su persona empezaba a estar en entredicho. A los cerca de 75 años de edad, y con un aspecto frágil, el ex diplomático no estaba en condiciones de afrontar las formas que una dictadura otorga a aquellos a los que reprime. Su marcha del país era lo mejor para él.

Pero, ay, esa marcha vuelve a ser una forma de consolidar el reino de terror de Maduro en la nación venezolana. A estas elecciones presidenciales la oposición, sometida a todo tipo de presiones y amenazas, logró acudir unida, pero ante la fuerza de su candidata, María Corina Machado, el régimen hizo de todo para apartarla de la carrera electoral, buscando descabezar el cartel opositor. Machado vio que era inútil dar la batalla contra la dictadura y sus instituciones y renunció a presentarse, y propuso a Edmundo, un hombre veterano, alejado de la política, de perfil bajo y talante tranquilo. En los mítines ella jaleaba y Edmundo era la cara y el cartel. Con esta improvisación, en las elecciones, los resultados es muy probable que hayan sido los que la oposición proclama y el gobierno esconde. Las actas electorales probablemente nunca sean mostradas por la dictadura, que ya no las necesita, para ejercer el poder. Le bastan las porras y las prisiones. El acoso a todos los líderes opositores se intensificó desde que Maduro se proclamó ganador de los comicios y ayer se supo que, desde entonces, Edmundo González se refugió en la embajada de Países Bajos, desde donde enviaba vídeos reclamando el reconocimiento del régimen de su derrota y el fin de la represión. Como respuesta, la fiscalía y tribunales venezolanos, vulgares apéndices del madurirsmo, intensificaron sus pesquisas de manera inquisitorial, y la presión se empezó a convertir en insoportable. Salir del país es, la verdad, la opción más razonable para garantizar la supervivencia de Edmundo González, pero la pregunta que queda es cómo se las va a arreglar la oposición venezolana para sobrevivir, tras haber perdido a un nuevo líder. Machado ha anunciado que se queda en el país, pero evidentemente en la clandestinidad más absoluta, y las posibilidades de que un régimen atrincherado se prolongue durante el tiempo son elevadas. A Maduro y sus secuaces bien poco les importa que otras naciones sudamericanas, algunas de ellas gobernadas por dirigentes ideológicamente cercanos, le hayan quitado todo el reconocimiento y, tras haber pedido las actas y no haberlas conseguido, den por hecho que el fraude denunciado por la oposición se ha consumado. Maduro cuenta con pocos apoyos en el exterior, empezando por el dictador nicaragüense Noriega, que son ridículos, pero no lo es el de la Rusia de Putin, que desde el principio salió en defensa del régimen y felicitó al dictador sudamericano. Rusia es, por tanto, no sólo el principal apoyo político, sino también económico. China también ha reconocido al régimen, pero luego no ha hecho demasiadas declaraciones ni ha mostrado postura alguna sobre todo los que ha sucedido desde el día de los comicios. Para el aparato represor, muy ocupado deteniendo y torturando a los que pilla, todo el apoyo o condena internacional le preocupa bien poco, y puede aguantar durante muchos años en pie. El proceso de degradación económica del país es total, pero los jefes del régimen y el ejército, auténticos dueños de todo, ya han rapiñado lo suficiente para vivir de manera holgada durante mucho tiempo, mientras que los venezolanos que no pueden huir del país van a seguir subsistiendo en medio de la mayor de las pobrezas. Para un venezolano los próximos años, como los pasados, sólo ofrecen una disyuntiva. Sometimiento y miseria o huida. Los venezolanos han votado “con los pies” y son legión los que han escapado de su país.

Mención aparte requiere el papel de nuestro desgobierno en todo el asunto venezolano. España ha tenido una posición ambigua en todo momento dado que parte del actual ejecutivo se apoya, directamente, en una formación, Sumar, que en parte hereda los dictados de Pablemos sobre la defensa a ultranza de Chaves Maduro, lo que es tan infame como suena. El papel ejercido por ese sujeto siniestro apellidado Monedero y ese otro melifluo apodado como ZP dejan clara cuál ha sido uno de los factores que más han pesado a la hora de que nuestro país no apoyase como es debido a la oposición venezolana. Acertada ha sido la decisión del ejecutivo de acoger a Edmundo, pero ni mucho menos lava las manchas de lo que antes ha hecho.

martes, julio 30, 2024

Fraude en Venezuela

Cuando un autócrata convoca elecciones lo hace para ganarlas, como sucede igualmente con los plebiscitos. Dependiendo de la rigidez del régimen y el control que tiene de la sociedad a través de la represión que impone, logra salir victorioso con mayor o menor margen, pero no pierde. Hace pocos meses Putin dio una lección sobre cómo arrasar en una elección presidencial, con candidatos amañados, campaña de mentiras, votantes sumisos y resultados aplastantes. Qué dictador más profesional. Una ola de envidia se sintió en gran parte de los palacios presidenciales del mundo, especialmente los ocupados por dictadores. Este sí que sabe hacer las cosas bien, pensaron muchos de ellos.

En Venezuela, país arrasado en lo económico y social, Maduro lidera un régimen caótico que está muy lejos de la eficacia represora de Putin, pero no tanto por sus métodos, igualmente crueles, sino porque es ineficiente en todo lo que hace, y no logra por tanto someter a todos los ciudadanos. Tampoco es capaz de mantener el sector productivo nacionalizado, es la de Maduro la típica dictadura latinoamericana, cruel y despiadada, pero inútil hasta en la gestión de lo suyo. Las elecciones presidenciales de este domingo han sido las primeras en mucho tiempo a las que la oposición, con un candidato desconocido, tras impedir el régimen presentarse a cualquiera que pudiera tener tirón, se presentaba unida, y con opciones de victoria. Sabían los opositores que las amenazas que los de Maduro han ido sembrando a lo largo de la campaña no iban a quedar sólo en palabras, y han sido varios los actos de intimidación, crecientes a medida que se ha ido acercando la fecha de los comicios, donde candidatos opositores y seguidores suyos han sido sometidos a actos de violencia y amedrentamiento. El propio Maduro amenazó con baños de sangre si era expulsado de un poder que considera como propio, heredado del golpista Chávez, convertido en una especie de mito religioso absurdo. El día de las elecciones fue una nueva muestra de cómo el régimen facilitaba el voto de los suyos e impedía el de los contrarios, con colegios saboteados y colas largas en algunos casos que no iban a ninguna parte. Se impidió la presencia de observadores internacionales dignos de tal nombre, vetando a personas propuestas por regímenes como el colombiano o chileno, donde gobierna la izquierda, y sólo personajes siniestros y afectos al madurismo como Monedero o ZP han sido los que se han paseado por el país en coche oficial a lo largo de estas últimas semanas, disfrutando de los privilegios de la élite que rige los designios de la ruina venezolana, un poco a la manera en la que los antiguos dirigentes de las formaciones comunistas europeas viajaban a Rusia, y desde el PCUS se les trataba con mimo y enseñaba una versión falsa de la realidad, ajena a la cruel dictadura que imperaba al otro lado del telón de acero. Tras el cierre de los colegios la mayor parte de encuestadores no oficiales otorgaban ventaja a la oposición en una proporción de dos tercios frente al tercio de votos conseguido por el madurismo, pero ya se sabe que no hay nada más útil en un proceso electoral amañado que un recuento trucado. A primeras horas del lunes, hora española, la junta electoral dominada por Maduro refrendaba una victoria del oficialismo por la mínima, poco más de un punto sobre la mitad de los votos válidos, y una derrota de la oposición que lograba algo más de un tercio de los votos. Junto a ellos, otros partidos que, sumados todos los porcentajes de votos, superaban ampliamente el 100% de los emitidos, cosas de la manipulación, que como antes les comentaba, y en contraste con la rusa, es inútil hasta para eso. Las protestas se suceden desde entonces y hay actos violentos en las calles de Caracas y otras ciudades, en los que se mezclan manifestaciones pro democráticas, actos de pillaje, represión del régimen y descontento generalizado. Con Maduro autoproclamdo presidente, sin apenas reconocimiento salvo algunos de los dictadores más significativos del mundo, es de esperar que la represión se agudice en el país y que todo vaya a peor.

La única esperanza para los venezolanos, ya lo siento, está en las terminales de los aeropuertos o en las fronteras terrestres, vías para poder salir de un país destruido que se va a seguir hundiendo en la miseria y la represión. Es de esperar que, como pasó en Bielorrusia tras el último fraude orquestado por Lukashenko, a las manifestaciones les siga más represión y sólo la huida de los opositores podrá garantizarles la vida, cosa que ya no será segura en el interior del país. La sociedad venezolana, rota, arruinada, seguirá varada años y años en medio de una dictadura paranoide y la esperanza, que parecía cierta, se tornará frustración. No hay luz al final de ese túnel.

viernes, junio 21, 2024

Putin en Corea del Norte

Una de las cosas asombrosas de la propaganda es que funciona, y por eso se usa sin cesar. No ya es que lo veamos en casa, con la basura diaria creada en Moncloa que genera réditos en forma de votos en cada elección, no, es que entre nosotros hay gente que es favorable a Putin, y no poca. Gente que recorre todo el espectro ideológico, desde la ultraderecha nacional catolicista nostálgica de la dictadura franquista hasta los ultraizquierdistas que sueñan con hoces, martillos y muros en Berlín. Y entre medias no pocos, más templados, que alaban las virtudes del régimen y a su dictador, sin apenas rubor alguno. No lo entiendo, pero así es.

Esta semana Putin ha visitado la mayor cárcel del mundo, que no es una de esas macroprisiones construidas por Bukele en El Salvador, sino Corea del Norte, toda una nación entre rejas. Si uno visita esa atroz dictadura y se saca fotos de cariño cómplice (nunca mejor empleada esa palabra) con el dictador que oprime a todo su pueblo no hace falta ser un lince para deducir de qué lado debe estar un demócrata ante semejante muestra de absolutismo paranoide, pero tranquilos, si sacan el tema seguro que alguien de su entorno les recuerda lo esclavizados que estamos en el sistema capitalista que nos oprime, y desde su Smartphone último modelo, donde acumula los resguardos para el viaje de veraneo que va a realizar en breves semanas, tuiteará algo en contra de la opresión occidental y a favor de los que luchan contra ella. Como no merece la pena discutir con gente como esa es mejor mirar la imagen de los dos opresores juntos y darse cuenta de que, para usted y para su hipócrita amigo, es una mala noticia que esos sujetos se reúnan, porque para ellos nosotros, usted y su amigo conjuntamente, y todos los que les rodean, somos basura decadente, vulgares sujetos, débiles que soñamos con la libertad individual, los placeres mundanos, el relajo y la prosperidad. En Rusia, y no les digo ya nada en Corea del Norte, todo eso no existe, o al menos está supeditado a la voluntad del régimen y sus deseos y necesidades, y si una guerra de exterminio surge por la voluntad imperialista de los que rigen el poder en Moscú la juventud del país no puede pensar en prosperar, hacer negocios, formarse o encontrar empleo, o pareja, o todas esas basuras que nos tienen muy ocupados en el decadente occidente. No. Deben ser llamados a filas y sacrificados en unas trincheras infames, morir como basura para conquistar y destruir aldeas en las que hace no mucho otros jóvenes como ellos soñaban con eso del trabajo, la familia y las tonterías que antes enumeraba. No. Es mucho más digno ser un cadáver reventado en las tierras arrasadas de Ucrania que un joven decadente que busca la libertad. Eso Putin y su amigo Kim lo tienen muy muy claro, tanto como que son otros, no ellos, los que van a morir en esos campos, mandado por sus deseos, eso sí. En esta visita Putin ha fortalecido los lazos con la nación más cerrada y extraña del mundo, y seguramente ha firmado nuevos contratos por los que el complejo industrial militar norcoreano, el único digno de tal nombre en aquella nación, seguirá suministrando armamento al ejército ruso, especialmente munición de los más diversos calibres. Aún con la economía rusa convertida en complejo centrado en lo militar, con cada vez más recursos y empleos destinados a fabricar armamento, Moscú no es capaz de sostener en solitario el esfuerzo que supone los algo más de mil kilómetros de frente que ahora se desarrollan en Ucrania. Los proyectiles que lanza se cuentan por miles al día, y la capacidad de sostener ese esfuerzo de castigo es lo que le está permitiendo avanzar, tímidamente, pero de manera clara, en medio de las trincheras. Ucrania no obtiene los refuerzos de material que necesita a la velocidad a la que Rusia lo hace, y eso desequilibra la contienda.

Que un dictador de aspecto mefistofélico se haga fotos encantado frente al gordito Kim y su junta de miles de militares entusiastas deja claro dónde está el peligro. En esas escenas en las que ambos sátrapas se mueven por Pyongyang entre multitudes robotizadas que compiten en mostrar afecto servicial son realmente escalofriantes, la muestra de un mundo alternativo que está en la mente de estos dictadores, y que han conseguido recrear en sus sometidas naciones. Y todo con el aplauso, supervisión y apoyo del gran Xi Jinping desde la poderosísima china. Sinceramente, no se cómo alguien puede seguir siendo propagandista de semejante mierda, por mucho que del kremlin obtenga nóminas por ello. Que ya algunos lo hagan de gratis sólo demuestra estupidez insalvable.

viernes, marzo 15, 2024

Putin, reelegido

Uno de los muchos delitos cometidos por los secesionistas catalanes que pretende borrar la infame amnistía aprobada ayer en el Congreso, en una de las jornadas más tristes de su historia, son todos los relacionados con la consulta ilegal de 2017, y el propio referéndum falso, con aquellas urnas chinas. Una pantomima que pretendía hacerse pasar por democracia, pervirtiendo todo el sentido de ese concepto, una estafa, una simulación, una gran mentira. Es lo que buscan los dictadores, refrendos falsos que vistan de elegido lo que no son sino decisiones unilaterales tomadas por ellos, despreciando a todos los demás.

Puigdemont, Junqueras y demás no son sino aprendices del maestro que, junto a las cúpulas del Kremlin, ha elevado esto de las elecciones amañadas a una dimensión casi no vista. No es de extrañar que el secesionismo catalán contase con el apoyo, explícito y encubierto, de la dictadura rusa, tanto por el daño que el proces suponía para una nación de la UE como por el mero hecho de que el gran dictador contemplase, divertido, a pequeños émulos, becarios que tratan de imitarle en fondo y forma. Sí, hay elecciones en Rusia, sí, la gente va a votar, pero de los candidatos que se presentan sólo uno va a ganar, el resto son mariachis puestos como adorno y cualquiera que pudiera ser opositor real a Putin está en el exilio, encarcelado o, directamente, muerto. La única duda de estos comicios es cuánta ventaja va a sacar Vladimiro, qué porcentaje de voto considerará el suficiente como para sentirse satisfecho ¿El 80%? ¿Más o un poco menos? No descarten que a medida que avance el domingo por la tarde algunos de los responsables del recuento electoral le ofrezcan a Putin un escrutinio ya tabulado con unos márgenes similares, y el autócrata asentirá ilusionado, dando carta de legalidad a la mentira, como ayer en el Congreso, y esperando a la mañana del lunes para que ese escrutinio maravilloso sea portada de sus medios, los únicos que pueden emitir. La dictadura casi perfecta actuando ante nuestros ojos con gran eficacia, y sin rubor alguno. Además, no faltarán algunos tontos útiles, aquí y en otras naciones, que miren admirados al reelegido líder y le vean como una esperanza frente a nuestras decadentes democracias. Otros, como Puigdemonto o Trump, ven a Putin como alguien a quien imitar, porque le envidian profundamente. Él sí ha conseguido desarrollar una dictadura de ordeno y mando, un régimen con todos los poderes a su servicio en el que sólo su voluntad dicta lo que se puede hacer o lo que no. Para el pequeño dictador que anida en el nauseabundo corazón de los secesionistas, o del magnate que aspira nuevamente a la presidencia de EEUU, Putin es el admirado, el que lo ha conseguido, el ganador de una carrera hacia la dictadura que ellos emprenden cada día y que, pena, los contrapesos y sistemas de las democracias occidentales se lo ponen difícil. “Qué basura de democracia” pensará el sedicioso en Waterloo, creyéndose ser un rey de la Cataluña histórica y mítica (los mitos nunca han existido) y que no puede ejercer su poder absoluto por no se que historias de constitución, legalidades, mayorías, jueces, derechos y demás tonterías. Si pudiera lo aboliría todo, haría una única ley en la que fuera lo que el dicta lo que se deba de cumplir sin discusión alguna ni recurso a tribunal que valga (eso es lo que aprobaron en la ilegalidad de 2017) y al que no le guste, leña, persecución, cárcel y exilio, como mínimo. Contempla Trump, desde su residencia de Florida, la posibilidad de volver a la Casa Blanca, pero está harto de que haya contrapesos que le impidan ejercer el papel de presidente absoluto que él se cree que es. “Se van a enterar esos” piensa mientras se zampa hamburguesas baratas en una habitación decorada con el estilo más hortera y recargado posible, soñando ya en cómo va a ejercer el poder a su plena voluntad, eliminado a todos los que algo el discutan. A todos. A todos. Seguro que en su escritorio hay una foto en marcada de Putin, y Trump la mira sin dejar de pensar “tú sí que sabes, tú sí que te lo has montado bien”.

La escena que hemos visto estos días de voluntarios del gobierno ruso llevando las urnas puerta por puerta a las viviendas de los residentes en las zonas ucranianas ocupadas por el ejército Z es la viva imagen de la dictadura trabajando, del voto no libre, de la perversión de la elección, de la violación de la democracia. Todo el mundo debe votar, y sólo lo permitido. El teatrillo cuesta dinero y esfuerzo, pero sirve para engañar a más de uno, y así se convierte en rentable para el dictador. Una vez ejercido su “derecho al voto” el ciudadano cierra la puerta y sabe que su hogar no es refugio para el poder si hace algo que el poder no quiere o, simplemente, si el poder determina que el ciudadano ha cometido alguna actividad ilegal.

jueves, febrero 22, 2024

Navalny, asesinado

Creo que también fue Vargas Llosa el que calificó a Navalny como el hombre más valiente del mundo cuando, tras recuperarse en Alemania del intento de envenenamiento que sufrió en Rusia, decidió no quedarse en el exilio, sino volver a su patria para dar la cara ante el tirano Putin. Muchos comprendimos ese gesto por lo que tenía de rebeldía ante la dictadura, y lo apoyamos de manera moral, pero éramos también mayoría los que pensábamos que esa decisión era un suicidio a cámara lenta, una manera de facilitar al kremlin la eliminación de uno de sus más peligrosos rivales. Tristemente, los hechos nos han dado la razón.

Nada más volver a casa, Navalny fue detenido y sometido a un juicio tramposo, de esos que tan bien se orquestan en las dictaduras, y cuya partitura está tan ensayada que hasta parecen improvisados. Las acusaciones contra el político se agolpaban por parte de un aparato en manos del poder que no iba a dejar opción alguna de redención al hombre que, muy solo, contemplaba lo que se le venía encima. Da igual la condena que le impusieran, no recuerdo cuántos años fue, pero con las condiciones de las cárceles rusas, una estancia de meses en una de ellas puede equivaler a varios años en las nuestras. Desde que fue recluido las noticias sobre maltratos y abusos contra él no dejaron de surgir en su entorno familiar. Poco podía hacer el partido en el que militaba, que en gran parte ya había sido desmantelado por las fuerzas de seguridad del régimen, con redadas y detenciones masivas. Todo el que se salía del discurso oficial se arriesgaba a conocer la vida desde el interior de una cruel prisión rusa, y los que no acabaron allí huyeron a la clandestinidad o se largaron del país. Si el panorama era tan horrendo entonces, empeoró aún más si cabe con el inicio de la guerra de Ucrania, ya que desde entonces el régimen ni se molestó en aparentar una mínima pátina de apariencia democrática. Ante una situación excepcional, y una guerra lo es, las medidas se toman con ese tono, y la represión interna se agudizó notablemente, esta vez sin la necesidad si quiera de juicios falsos (siguiendo la teoría de Óscar Puente, para qué, hacerlos, si van a ser condenados igualmente, nos los ahorramos). Pocas han sido las escenas que han llegado desde Rusia de protestas ante la guerra cruel e injusta desatada por su gobierno en el este de Europa, y en todas ellas hemos visto la efectividad de sus cuerpos represivos. Desde la cárcel, Navalny se enteraría del inicio de las hostilidades y, sospecho, empezaría a temer seriamente por su vida. Si en algún momento pudo albergar la esperanza de que, siendo un personaje famoso y reconocido en occidente, Putin se cortaría, por así decirlo, a la hora de tomar represalias contra él, con los combates atronando en Ucrania el mensaje era claro, nadie era inmune al poder homicida que reina en el Kremlin. Navalny fue trasladado desde la prisión a la que se encontraba a un centro de reclusión cerca del ártico, en la Siberia extrema, a un lugar que formó parte de ese archipiélago gulag en el que la represión estalinista asesino a millones de personas de una manera tan cruel y efectiva como el nazismo, pero sin tanto conocimiento posterior ni, desde luego, arrepentimiento por parte de los ejecutores y sus descendientes. Desde ese lugar, a más de tres mil kilómetros de Moscú, con unas temperaturas extremadamente bajas, era casi imposible esperar que Navalny volviera con vida. La idea era llevarlo allí para que el frío y las despreciables condiciones con las que iba a ser tratado hicieran su trabajo y, en un momento dado, sorpresa, se muriese, bien cuando algún carcelero se pasase o bien cuando, directamente, la orden de ejecutarlo llegase con la firma clara y siniestra de Putin. Eso es lo que sucedió la semana pasada, el viernes, y desde entonces Navalny es un mártir por la libertada, un recuerdo, una imagen y, también, un cadáver oculto por parte de las autoridades rusas.

Su viuda clama desde entonces en los foros internacionales, denunciando la última muerte conocida causada por el régimen de Putin, y su madre ha ido hasta la localidad siberiana en la que se encuentra el gulag donde han matado a su hijo para exigir que le den el cadáver. Como ante ETA o la mafia italiana, son las mujeres, viudas y madres, las más valientes, las que claman en la soledad de su dolor exigiendo justicia, mientras que los verdugos y sus cómplices callan, no amedrentados por esos gritos, quizás sí avergonzados. Impasibles en todo caso. Putin morirá matando, y no dudará en eliminar a todo el que pueda suponer una amenaza para su persona y régimen.

martes, agosto 29, 2023

Putin le envía sus sentidas condolencias

Elevando a su más alto grado el cinismo, Putin ha dicho que no va a poder acudir al funeral de Prigozhin porque tiene la agenda muy ocupada. Es difícil que un escritor fuera capaz de componer una imagen semejante en la que el asesino se muestra tan comprensivo y, a la vez, tan cruel con aquel al que se ha cargado. La profesionalidad mafiosa de Putin está más allá de toda duda. Ha prometido que se realizará una investigación sobre las causas del desplome del avión, pesquisas que tendrán como gran debate de fondo si fue la mano izquierda o la derecha de Putin la que ordenó que, probablemente, una bomba estallase en pleno vuelo.

En la presentación de un libro suyo sobre los años de corresponsal en Moscú, que coincidieron con la caída de Yeltsin y la llegada de un desconocido Putin, Anna Bosch comentaba que el poder en Rusia es algo que no tiene nada que ver con la idea de poder que tenemos en occidente. Aquí los gobernantes, mandan, deciden, pero sobre todo lo hacen en temas administrativos, y no pocas veces con escaso éxito o nulo respeto por parte de la sociedad. El gobierno de un país occidental es importante, claro, pero no controla muchos de los aspectos de la sociedad que, de alguna manera, va por su lado, en lo que es una de las más profundas e importantes distinciones que separan a nuestras sociedades de las de los regímenes totalitarios. En Rusia las cosas no son así. El poder es viscoso, palabra que creo recordar ella utilizó. Se introduce por todas partes y es imposible escapar de él, deja rastros, marcas. No tiene límites, no tiene frenos, no tiene escrúpulos. La gestión del poder por parte de quien ocupa el Kremlin es tan absoluta que resulta inconcebible para los ingenuos occidentales, amarrados como estamos a leyes, cortapisas, contrapoderes y equilibrios. Allí no. Si se determina que algo o alguien debe ser eliminado lo es, y si la ley dicta otra cosa no importa, se hace lo que el poder designe que debe hacerse y luego se hará aparentar que es legal. Dirá usted que esto se parece a las marrullerías que hace Sánchez con sus socios sediciosos, y aunque en la forma se parezca, nada tiene que ver en el fondo. En Rusia la vida individual vale lo que en cada momento el régimen dictamine que vale, y si es necesario hacer una leva y llevarse a cientos de miles de chavales a sacrificarlos al frente ucraniano se hace, sin conmiseración alguna. Si un opositor se mantiene en sus trece de no doblegarse se le puede ir retorciendo, social y hasta físicamente, hasta eliminarle cuando el que dicta en el Kremlin lo considere oportuno, con la misma frialdad con la que se decide hacer una limpieza en el baño de casa. La ley, cuando el occidental vive allí, se demuestra papel mojado, mero formalismo que el poder no necesita cumplir para sí mismo, y que determina si debe ser respetado o no para los demás en función de sus intereses. Esta manera de gestionar, aunque no sea el término adecuado, no es nueva allí, existe desde hace varios siglos, es más asiática que occidental, y se remonta a los zares y a su concepción de Rusia como una finca privada en la que el capataz es dueño de tierras, enseres y empleados. A lo largo del siglo XX el capataz ruso se ha disfrazado de varias formas, en algunos casos vistiendo modernos y científicos disfraces de lucha de clases, pero la crueldad y el absolutismo han pervivido en la nación, de tal manera que la sociedad de aquel país ve esta forma de actuar como la única conocida y la única que permite mantener la unidad de una nación tan enorme en lo geográfico y dispersa en lo demográfico. Los experimentos democráticos en Rusia apenas han sido balbuceos, ahogados en corrupción y en el surgimiento de ese poder que siempre está ahí, encarnado por zares, soviets o mafiosos. Distintas maneras de describir a un único sistema que se perpetúa por centurias.

El asesinato de Prigozhin y sus lugartenientes puede ser visto como una muestra de fortaleza o de debilidad de Putin, hay argumentos para ambas opiniones, pero deja clara un par de cosas. Una es que Putin morirá matando, nunca abandonará el poder por sí mismo a sabiendas de lo que eso supondrá. Otra, obvia para los que aspiren a sucederle, es que el siguiente que planifique un golpe contra Vladimiro debe saber que, o va hasta el final y mata al inquilino del Kremlin o, tarde o temprano, morirá a manos de él. Como decía Yoda en “El imperio contraataca” hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. Lección práctica para aquellos que deseen alcanzar ese poder ruso tan vil y, sí, viscoso.

viernes, agosto 04, 2023

Un chino, ministro, desaparecido

Les comentaba ayer el peligro que suponen para nuestras democracias autócratas como Trump y sus intenciones de dominar el sistema para ponerlo a su servicio. Afortunadamente podemos denunciarlo y combatirlo, y eso sólo ya es muestra del lujo que tenemos de vivir en sociedades libres, prósperas y que son la aspiración del resto del mundo. Se que este párrafo queda mal en tiempos de corrección política extrema como los que vivimos, pero la gente en los países podrá votar en urnas o no, pero siempre tiene pies para poder ir a otra parte, y los flujos migratorios globales muestran cuáles son los lugares de destino, a dónde quiere la gente ir. Y sí, vienen aquí.

En naciones como China, que se han desarrollado de una manera fulgurante en las últimas décadas, la emigración es escasa, pero los derechos lo son aún más. La dictadura de partido único que allí rige, vestida en este caso de comunismo marxista, es opresiva en grado creciente, y no pierde oportunidad alguna para aleccionar a toda la sociedad de quién es el que manda y quiénes, el resto, obedecen. Que un alto cargo del partido y gobierno desaparezca de un día para otro y no se vuelva a saber de él es algo que nos suena a novela histórica, a relato de la época de los emperadores romanos, donde las venganzas crueles estaban a la orden del día, pero no, pasa allí, en 2023, a la vez que uno desde su Smartphone puede estar bailando con el último vídeo de moda. Qin gang es el nombre del que, hasta hace algo más de un mes, era el ministro de asuntos exteriores de China, un cargo muy relevante en cualquier gobierno, más en el de una potencia global como es aquella nación. Qin provenía directamente del entorno de Xi, era relativamente poco conocido pero había ascendido con fuerza de la mano del líder absoluto. Hace más de un mes, de repente, se dejó de verle. Un ministro de exteriores no está todo el día delante de los medios de comunicación, pero tras varios días en los que su departamento es fuente de noticias y no se le ha visto en reunión o declaración alguna empiezan los mosqueos. Pasan los días y nada de nada, Qin no aparece por ningún lado y empiezan a surgir preguntas a la representante del ministerio, que sí comparece casi a diario, que son tratadas de manera evasiva. No se le vuelve a ver, no se le menciona en ninguna de las fuentes oficiales de información, y en poco más de dos semanas es como si a Qin se lo hubiera tragado la tierra. Nada. Al cabo de un mes la desaparición es noticia global y todos los medios del mundo se preguntan dónde está el hombre, no tanto el representante del cargo, porque las opciones de que le haya pasado algo realmente malo son cada vez más elevadas. En medio de la confusión, el ministerio de exteriores de Beijing se limita a un comunicado en el que menciona el cese del titular, el desaparecido, y su relevo por Wang Yi, que ya ocupó ese cargo en una ocasión anterior. El relevo muestra la caída en desgracia de Qin, pero no hay información alguna sobre la causa del cese, el dónde se encuentra el hombre y las causas que han motivado esta extraña ausencia. Cero, ni una sola explicación. Pero sí un movimiento que revela hasta qué punto es tenebrosa la situación de las personas en ese régimen. De un día para otro, en la web del ministerio desaparece toda la información del pasado titular. Se borran sus imágenes, discursos, comparecencias, fotos, enlaces, currículum… todo. En la época de los romanos esto se llama “damnatio memoriae” la eliminación del anterior ocupante del poder. Se hacía con cincel y maza sobre mármol. Se rompían estatuas, se desfiguraban, se arrasaban las placas en las que se relataban hechos acaecidos bajo su mandato, se trataba de borrar el pasado para que el caído ya no ocupase el hueco que se hizo en ese tiempo. Ahora eso se hace desde un teclado de ordenador, no es necesario pico y maza, pero la idea es la misma. Cruel, despótica, pero cierta.

Si esto le pasa a alguien que es ministro, imagínense lo que le puede suceder al ciudadano de a pie que protesta, que pide ejercer sus derechos, que se manifiesta en contra del régimen. China está llevando a la perfección tecnológica todas las argucias que las dictaduras han ido poniendo en práctica a lo largo de la historia para someter a la ciudadanía y garantizarse el poder absoluto. Eso que dijo Orwell en 1984 de que quien controla el pasado controla el futuro trasladado desde la rotura de estatuas o la manipulación fotográfica estalinista a la era digital y la IA en su versión china. Si ese régimen es el futuro que le espera a una gran parte de la humanidad no saben cuánto me alegro de vivir en un decadente país occidental.

jueves, junio 29, 2023

Rodarán cabezas en el Kremlin

A medida que pasan los días sabemos más de lo que pudo suceder en la convulsa jornada rusa del sábado y lo que le precedió, pero a la vez crecen las dudas de a qué asistimos. Bueno, el qué realmente no, pero sí su dimensión y la organización que tenía. Parece claro que no vivimos el arrebato pasional de un Prigozhin harto, sino la puesta en escena de una operación planificada, de un órdago estudiado y lanzado con toda la intensidad posible para tratar de derribar al régimen de Putin de la única manera que eso es posible, por la fuerza, por el amedrentamiento. El golpe no triunfó, y la experiencia dice que en estos casos la piedad no abunda entre quienes, sabiéndose traicionados, aguantan en el poder.

Ayer medios norteamericanos deslizaban dos interesantes noticas. Una era que la intención del ataque de Prigozhin pasaba por secuestrar al ministro de defensa Shoigou y al Jefe de las fuerzas armadas, Gerasimov, que estaban en Rostov, la ciudad rusa cercana a la frontera con Ucrania desde donde se organizan los ataques y todo tipo de operaciones militares de la guerra. Al parecer los servicios de seguridad del estado, la FSB que es la que domina el Kremlin, llegó a enterarse y alertó a los dos altísimos cargos, que abandonaron Rostov apenas un par de días antes, el jueves. Eso pudo precipitar el asalto de Prigozhin al sábado, quizás ya a sabiendas de que no iba a lograr dos piezas de caza muy preciadas, a la vez salvoconductos para mantener su posición de fuerza pasase lo que pasase, y lanzó sus tropas con el riesgo de que la jugada le saliera mal. La otra información es que Prigozhin no actuaría sólo, sino que contaría con apoyos dentro del ejército regular ruso. Esto es un factor importante, y suele ser de lo más habitual en toda intentona golpista. Los sublevados saben que su éxito pasa porque el mayor número de fuerzas se unan a su bando o, en su defecto, les dejen hacer, sumando a la sorpresa de la acción la colaboración de los que, en el bando atacado, puedan prestar. Esa labor de búsqueda de colaboración interna, que tantas veces hemos visto en libros y películas que relatan golpes en naciones y dictaduras pasadas, es necesaria, pero muy peligrosa para el conspirador, porque en el proceso de búsqueda de fieles el secretismo de la operación se va diluyendo, y la probabilidad de que alguno de los contactados se vaya de la lengua y chive los planes al poder constituido crece. Esta es, de hecho, una de las principales fallas que suelen tener estos golpes, donde la sorpresa es, en ocasiones, la gran arma con la que cuentan. Durante las horas en las que la columna de Wagner avanzó desde Rostov hasta Moscú era evidente que no había un movimiento militar en Rusia de entidad equivalente y opuesta para detenerla. Las escenas de excavadoras abriendo zanjas en autovías para impedir el paso de los blindados rebeldes era patética, y el derribo de algunos aviones por parte de los sublevados dejaba en evidencia a la fuerza militar rusa pro Putin, llamémosla así. ¿Hasta dónde llegaba la implicación de los generales del ejército regular en la asonada? Es una pregunta complicada, difícil de averiguar. Por de pronto, ayer por la tarde noche se supo que Surovikin, uno de los más laureados y brillantes, ejecutor de las operaciones en Siria y reformador del ataque ruso en Ucrania tras el desplome del frente del otoño pasado, había sido arrestado por, presuntamente, haber apoyado la revuelta Wagner. Surovikin es un hombre grande, gordo, pelón, blanquecino, con cara de muy pocos amigos, como todos estos rusos. El hombre da miedo, y conociendo su historial, mucho más. En la tarde del sábado apareció en una habitación desnuda, con traje de militar, con pinta de no haber dormido en un par de meses, en una postura forzada, sentado y con la mano derecha constantemente encima de su arma, sita en el lado derecho del pantalón, enviando un mensaje a las tropas rebeldes obligándoles a que se dieran la vuelta. La escena parecía propia de la declaración de un secuestrado que es forzado a emitir un comunicado por sus captores. Quizás era eso, precisamente, lo que vimos.

Si Surovikin estaba en el complot, o sabía de él y no lo detuvo, o lo apoyó de alguna manera, es algo que ahora mismo entra en el terreno de la especulación, y que puede que nunca lleguemos a saber porque no sería extraño que no volvamos a verlo, al menos vivo. Putin, que ha salido debilitado de todo esto, necesita cortar cabezas para hacer limpia en su entorno y mostrarse como el tipo duro que gana el envite. Y en Rusia, cuando se habla de cortar cabezas, se cortan literalmente. Y, lo que es peor, Putin necesita matar ucranianos de la manera más cruel y perversa posible para mostrar que la guerra, su guerra, avanza. Ayer asesinó a varios civiles en un café en Kramatorsk. El mafioso en jefe está ávido de sangre para saciar su ira tras saberse traicionado.

lunes, febrero 20, 2023

La represión de Ortega en Nicaragua crece y crece

Es Nicaragua una de las historias más tristes entre todas las que se desarrollan en centro y Sudamérica. Sometida a dictaduras constantemente, objeto de revoluciones alabadas desde los salones de la progresía europea, sin que nunca muchos de los que las respaldaban pisasen el país, la población de esa pequeña nación casi siempre ha tenido un dictador que le ha aplastado, por un motivo u otro. La derrocación de Somoza por el frente sandinista y el apoyo norteamericano a la insurgencia contra esa revolución, la llamada “contra” puso a este país en el mapa durante el siglo XX, como objeto de deseo político de algunos.

Daniel Ortega fue el dirigente principal de ese frente sandinista que logró, enarbolando la bandera de una revolución marxista, que la dictadura militar de Somoza cayera, pero sólo para ser sustituida por otro tipo de régimen en lo ideológico, sin apenas diferencias en la militarización de la vida política y el férreo control social. Al poco de llegar Ortega al poder empezó a verse que la dictadura se mantenía, en una especie de triste versión del “quítate tú pa ponerme yo” con la diferencia de que Ortega era respaldado por movimientos izquierdistas de medio mundo. Esto le ha permitido ir fortaleciendo un régimen que ha condenado a la miseria a la población de un país que ya era de los más pobres de América. Con la entrada de capitales chinos, a los que nada más les importa que lo que sea de interés para Beijing, la dictadura de Ortega se ha apuntalado y su represión ha ido creciendo en medio de la desaparición de Nicaragua del mapa mediático. A Ortega hay que reconocerle que tiene los mimbres de los dictadores latinoamericanos clásicos, y es un bien heredero del propio Somoza, o de Trujillo, o de la familia Duvalier, pero ha incorporado al catálogo de infamias de la región el factor religioso, o más bien chamánico. Su mujer, Rosario Trujillo, ejerce el poder con la misma fiereza y autoridad que él, pero lo adereza con invocaciones a la santería y una parafernalia de símbolos que le asocian más a la gurú de una secta que a una dictadora convencional. El matrimonio Ortega Murillo se ha hecho con los resortes del poder en la nación y reprime con la misma dureza con la que realiza rituales que no dejan de ser absurdos, pero que añaden a la violencia dictatorial un folclore que la hace única. Hace ya un par de años se produjeron las últimas protestas contra el régimen, que fueron acalladas con el uso desatado de la violencia. Muertes, detenciones arbitrarias, torturas, encarcelamientos sumarios… el régimen habitual de medidas que los dictadores imponen para seguir al frente y quitarse de en medio a quienes protestan. Los líderes opositores que no pudieron huir del país fueron apresados, y la violencia se adueñó de Managua y otras ciudades del país, todo a mayor gloria de los Ortega Murillo. En estos días, la pareja presidencial ha tomado una decisión curiosa, que es la sacar de las cárceles a varios de los opositores represaliados, embarcarlos en un avión y dejarlos en EEUU, el gran satán a ojos de Ortega, con la propina de eliminarles la nacionalidad nicaragüense. El gobierno ha declarado apátridas a todos estos encarcelados, y a otros muchos que siguen en las cárceles del país o que se encuentran en el exilio. En España, este exilio tiene, como figuras más relevantes, a la poetisa Gioconda Belli y al escritor ergio Ramírez. Ramírez fue, hace décadas, sandinista, opositor a Somoza, y miembro de los grupos que lograron tomar el poder y derrocar a esa dictadura. Observó desde dentro la deriva de Ortega, viendo cómo se convertía en otro dictador, y huyó para salvar su vida de lo que ya eran olas de represión indiscriminadas. Afincado en España desde hace mucho, fue premio Cervantes hace no muchos años, y es el intelectual que más se pronuncia en los medios denunciando lo que sucede en su nación.

Ahora Ortega le ha “desnacionalizado”, le ha quitado valor legal al pasaporte que lleva en el bolsillo y que dice que nació y es ciudadano nicaragüense. A él y a otros cientos de personas el régimen les considera traidores y les arrebata una nacionalidad que tienen por derecho desde que nacieron, y que no es una dispensa de gobierno alguno. El manifiesto firmado por cientos de personajes de la cultura y otras áreas en defensa de los represaliados es una luz de apoyo internacional a la causa democrática nicaragüense, pero no hará efecto alguno en el dueto Ortega Murillo, que a buen seguro mantendrán su aparato represivo trabajando sin fin hasta el último de sus días en este mundo. El horror que vive aquel país no descansa.

lunes, noviembre 28, 2022

Revueltas en China por el covid

Desde que el cuarteto de vacunas occidentales demostró su altísima eficacia frente al Covid, la pandemia se ha convertido en un tema superado en nuestras sociedades. Si no fuera por la persistente obligación del uso de la mascarilla en el transporte público que sigue vigente en España, algo ya carente de sentido, apenas nada nos recuerda a la pesadilla pasada durante el año 2020. En este caso el triunfo de la ciencia ha sido tan absoluto que ha provocado el olvido acelerado de lo vivido, y la sensación para muchos, errónea, de que aquello no pasó. En general, en todas las naciones la situación es la misma pero hay una gran excepción, que es justo el país en el que se originó el brote que nos volvió locos a todos.

China sigue inmersa en su absurda política de Covid cero y no deja de sorprender al mundo con confinamientos salvajes al más mínimo rebrote de casos, con una desproporción entre contagios y millones de encarcelados que se revela no ya absurda, sino simplemente incomprensible. Hay teorías que señalan que esos confinamientos no son sino una extensión del poder dictatorial del gobierno chino, que ha descubierto que el Covid es la gran excusa para someter de la manera más absoluta posible a la población, de monitorizarla en todo momento, de someterla al más rígido de los sistemas posibles. Amparado en excusa de la salud, el gobierno de Xi ha encontrado en el covid el arma perfecta para retorcer aún más el cuello a la sociedad a la que dirige. El problema de esta visión de la dictadura es que parte de esa población sometida se está hartando. Los chinos ven la televisión y otros medios, y la férrea censura gubernamental no puede eludir el hecho de que, en el resto del mundo, la vida ya no está sometida a controles sanitarios. No hay confinamientos, las aglomeraciones se dan sin freno en calles, estadios y todo tipo de eventos. Solo en China se mantienen restricciones masivas, y eso mosquea, y mucho, a los habitantes del país. Cierto es que, aunque no lo ha reconocido, la vacuna china es bastante peor que las occidentales, ofreciendo un grado de protección menor que las cuatro magníficas, y eso hace que la población del país, que sólo tiene acceso a la vacuna propia, por decisión de su gobierno, se vea en mayor riesgo en caso de contagio, pero no sirve de excusa para la situación que el chino de a pie observa. La muerte de algunas personas en un incendio en una de las ciudades confinadas, que no fueron atendidas a tiempo por los bomberos, ha sido la chispa que ha desatado una ola de protestas y manifestaciones en una nación en la que ambos fenómenos están prohibidos. De momento las protestas son menores, poca gente, y menos aún teniendo en cuenta las masas urbanas que se estilan en aquella nación, pero son significativas, se hacen oír, se enfrentan a los medios policiales y se extienden por muchas de las ciudades chinas. Las demandas de eliminación de las restricciones Covid se unen al grito de libertad frente a la dictadura de Xi, y lo cierto que es asistimos a la mayor de las revueltas registrada en aquella nación desde que el autócrata la gobierna. Recordemos que son ya diez los años que Xi lleva al mando del país y que en el reciente congreso del partico comunista chino ha vuelto a ser reelegido, esta vez sin plazo aparente, por lo que puede ocupar el cargo hasta que le plazca, o algún virus lo retire de la circulación. Durante la década de Xi el grado de autoritarismo de China no ha hecho sino crecer sin freno, aupado por el uso intenso de la tecnología más avanzada. El país se ha convertido, a la vez, en una superpotencia económica y en una supercárcel en la que el gran hermano tecnológico lo observa todo y califica a cada ciudadano para determinar a qué tiene derecho y a que no (bueno, sobre todo a lo segundo). La represión contra las minorías, como el caso de los uigures musulmanes se ha convertido en una barbarie y, en general, la dictadura se ha vuelto más profunda y oscura. Si alguien tenía esperanzas en el aperturismo de China, éstas se han deshecho a cada golpe de mano del régimen, cada vez más poderoso.

¿Suponen estas protestas un cambio en ese proceso? No lo se. La verdad es que, en apariencia, la solidez del régimen chino es muy alta, y la experiencia dice que no dudarán en recurrir a la violencia y la represión para controlar cualquier conato de revuelta. Allí no se estudia, pero nosotros mantenemos en el recuerdo lo sucedido en Tianang men, sin que sepamos aún cuántos fueron asesinados en ese infame momento de la historia china, cuando también se levantó una esperanza de libertad, que fue brutalmente aplastada. En todo caso, habrá que estar muy atento a lo que suceda en el país, al desarrollo de estas protestas. Ojalá sean el germen de un cambio que derrumbe el régimen.

lunes, octubre 24, 2022

La dictadura total de Xi

La imagen es escalofriante, síntoma claro de lo que ha sido todo el congreso y el rumbo que ha tomado el poder bajo la hégira de Xi JinPing. Cuando los bedeles levantan de su sitio al anciano expresidente Hu Jintao y le recogen sus papeles éste trata de resistirse, pero carece por completo de fuerza y capacidad. Avanza sujeto, casi escoltado, y trata de dirigir unas palabras al propio Xi, que estaba sentado a su lado, pero Xi le mira de reojo, imperturbable, como si poco más que una mosca revoloteara en torno a él, le dice apenas unas palabras y Hu sale de escena sujeto, arrastrado casi, por los que han sido encargados de levantarle. Todo el mundo contempla la escena en silencio y la tensión se palpa. Xi, mira al frente y casi ni pestañea.

Al acabar el cónclave del partido Xi permanece en pie, como todos los demás delegados, y junto a él sigue una silla vacía, la que ocupó Hu hasta hace poco, antes de ser removido. Como metáfora del poder absoluto que ha alcanzado Xi no deja de ser realmente fascinante. Nadie puede osar a discutirle nada, nadie es capaz de acercarse si quiera a su figura. Lo que estaba diseñado para ser el momento de la entronización ha adquirido un carácter aún más absolutista si cabe. Si hemos visto esta escena es porque Xi lo ha querido, y al igual que nosotros, todos los chinos la han visto, y han sacado la lección debida. Si en público la purga se puede hacer, de cara a la vista de todos, qué pasará en privado. El castigo para todo aquel que se rebele en contra del poder establecido por Xi será despiadado, y no hay parapeto posible. El anterior presidente ha sido apartado como un residuo, un despojo, y el actual líder poco más que ha expresado incomodidad por la molestia derivada del roce de su silla a su paso. En la dictadura perfecta que ha montado Xi, mezcla de autoritarismo, capitalismo y tecnología, nada sucede sin que el líder lo determine, y todo el poder debe estar supeditado a su voluntad. Ahora mismo Xi es la persona que controla a más personas en todo el mundo bajo su gobierno, y aunque la India pueda superar en población a China en breve es evidente que la autoridad de Beijing sobre el país es muy superior a la de Delhi sobre el subcontinente. Los guionistas de películas de mafiosos han visto coreografiada, de manera precisa, una escena de vendetta sin sangre ante las cámaras, pero con toda la crueldad derivada de una pública ejecución. Es asombroso. El rumbo de China ha ido derivando de un autoritarismo autárquico a una rigidez gubernamental con un capitalismo descontrolado. Desde su llegada al poder Xi no ha metido en vereda las prácticas irregulares del sistema económico, pero sí las posibilidades de acceso al poder que habían tomado los dueños de las enormes corporaciones privadas, cuyos ingresos y productos rivalizaban con la capacidad del estado para impulsar doctrina. Tras dos mandatos, diez años, Xi, ha conseguido someter a las empresas privadas y, en general, a todo aquel que ha querido hacerle sombra, alcanzando un grado de emperador como no se veía en décadas. Lo que suceda ahora con Chin en todos los ámbitos imaginables vendrá determinado por la voluntad de Xi, y más allá de las derivadas que puedan surgir por el pinchazo inmobiliario que sufre, la guerra de Ucrania y su papel de aliado blando de Putin o las tensiones en Taiwán, lo cierto es que nada va a pasar sin que Xi lo consienta, y eso abre una época en la que China se va a convertir en un mundo mucho más cerrado. Supongo que seguiremos comprando productos hechos allí en inmensas cantidades, no queda otra alternativa, pero las relaciones globales entre China y occidente van camino de un deterioro sostenido y peligroso. Xi nos ve decadentes, opinión compartida por su belicoso socio Putin, y opina que China seguirá creciendo y moldeando el mundo a su manera mientras que nuestras economías y sociedades declinan, poco a poco, pero de manera inexorable. Cada vez China estará más tentada en hacer uso de sus capacidades y del enorme poder global que ha adquirido, ya es el segundo del mundo, y retar a EEUU en más y más escenarios. Es muy probable que en un futuro, que algunos auguran muy corto, Taiwán sea el primer punto de enfrentamiento militar entre ambos imperios, el vigente y el aspirante. Puro Tucídides.

Frente a la dictadura china poco podemos hacer desde nuestros pequeños países europeos. Si acaso colaboramos en su fortalecimiento aumentando las inversiones chinas en nuestro territorio, bien de manera comercial o con la adquisición por el capital chino de infraestructuras como puertos o plantas de producción energética. En todo caso, sea lo que sea lo que pase, ya conoce usted la diferencia fundamental de vivir en una democracia imperfecta, decadente y llena de broncas como la nuestra o la eficiente y silenciosa dictadura china. Sabe que las purgas le pueden afectar pero, como mucho, rebajándole el sueldo, no quitándole la vida y exponiendo su desgracia ante el capo de todos los capos. No tengo dudas de qué régimen prefiero.

martes, marzo 08, 2022

Putin como gran líder cristiano

Una prueba de lo que ayer les comentaba, de cómo ideologías presuntamente opuestas mantienen idénticos discursos respaldando el argumentario del Kremlin son los calcados discursos que este fin de semana han pronunciado tanto la líder de extrema derecha francesa Marine Le Pen como varias ministras de Podemos. Aparentemente distanciadas en extremos ideológicos irreconciliables, comparte una misma idea, nauseabunda, en la que Putin es su referente y guía, aunque ahora no conviene que lo digan, y supongo que siguen tratando de ganarse el sueldo que les giran desde Moscú. Que las ministras de Podemos sigan en el gobierno tras esto es sólo una muestra de su sinvergonzonería y la nulidad de su jefe.

Pero lo del apoyo a Putin va más allá de las ideologías, y no sólo comunistas y la extrema derecha le adoran, no. Hay un curioso movimiento, transversal, que uno podría identificar de primeras con ideas de derecha, pero que es mucho más complejo y abierto, que ha encumbrado durante los últimos años a Putin como gran líder por su defensa de los valores tradicionales y el cristianismo. Sí, sí, como suena, Putin casi como guía espiritual. Opinadores, blogueros, articulistas de todo tipo han ido sumándose al carro de los que elevan a Putin como salvaguardia de las costumbres y morales occidentales cristianas, en un movimiento que causa tanto asombro como vergüenza, pero que tiene su aquel y resulta de lo más interesante. Frente al relativismo de las sociedades occidentales y la presunta caída de sus valores morales, el Kremlin ha construido la imagen de un líder que es la fortaleza de esos principios. Defensor del matrimonio entre un hombre y una mujer, contrario a la ideología de género y a la feminización de la sociedad, defensor de los valores tradicionales de la familia, rechazo profundo, rozando el odio, a todo lo que tenga que ver con el mundo gay, Putin se ha convertido en la salvaguardia del tradicionalismo, y todo ello envuelto en el aura de la defensa de la religión ortodoxa, que durante sus años de mandato ha vivido una resurrección, no en lo religioso, pero sí en lo que hace a poder e influencia. Vladímir, que es maligno pero no está loco ni es tonto, vio en el patriarcado ortodoxo un posible fiel aliado para someter a las masas y ha hecho que los popes de la iglesia se vean encumbrados a una posición de relevancia en el poder ruso como no se daba desde los tiempos zaristas, y no por casualidad. Ha creado una simbiosis entre su figura como regio garante del estado y defensor del patriarcado de Moscú que lo hace aún más intocable, que visto desde fuera es completamente anómalo, pero que a los españoles me da que nos resultará familiar, porque es lo más parecido que conozco a esas imágenes del NO DO en las que Franco desfilaba bajo palio. Sí, Putin ha creado una especie de Nacional Catolicismo versión ortodoxa que es psicodélico pero que le ha funcionado muy bien de cara al interior de Rusia y que, pásmense, le renta en el exterior. No sólo en España, hay movimientos evangélicos en EEUU y Latinoamérica que ven a Putin desde hace tiempo como una figura redentora, como alguien que viene a restaurar los valores atacados por la laxa moral de la decadente sociedad occidental. Frente al hedonismo consumista de occidente, Putin ofrece un refugio, un lugar en el que el valor clásico de la figura paterna fuerte y la moral robusta sobreviven a los ataques de la postmodernidad y el contubernio gay. Todo esto les puede sonar un poco absurdo, y en parte lo es, pero es la mera descripción de una realidad que, como pulida herramienta de propaganda, ha logrado calar en las mentes y corazones de millones de personas, y ha elevado la influencia dogmática de Moscú mucho más allá de lo que uno se pueda imaginar. Como herramienta de marketing es brillante y ha funcionado de una manera tan exitosa que, incluso con cientos de muertos ucranianos al día, algún vocero sigue escribiendo sobre el espíritu cristiano de un Putin que, equivocado, sigue contando con el favor de Cristo.

Putin, como eficiente dictador, sólo tiene una creencia, él mismo, y el poder que pueda amasar. Si para ello le conviene asociarse con la iglesia ortodoxa, pues lo hará, si le viniera bien juntarse con una congregación del hare krishna allí que se iría con bongos e inciensos. Además de un grandísimo hijo de mala madre, es un inmenso pecador frente a todos los preceptos religiosos y morales de la iglesia, sea la ortodoxa o la de cualquier otra confesión, como lo han sido y serán todos los dictadores que en el mundo ha habido y habrá. Putin ha sido más listo que otros al vestir su dictadura con ropajes celestiales para engañar aún más, pero no es sino un asesino que reza para que algunos fieles sigan engañados frente a su figura. Nada nuevo bajo el Sol.