lunes, enero 12, 2026

Revuelta sangrienta en Irán

De entre las muchas cosas que están pasando en este inicio de año, las más esperanzadora y, probablemente, la más sangrienta, es la que está sucediendo en Irán. Allí, desde hace dos semanas, se viene registrando un alzamiento popular que ha ido cogiendo cada vez más fuerza, en medio de la opacidad de los medios occidentales, que sólo este fin de semana han decido poner sus ojos en el país. El origen de las revueltas era económico, por el disparo de precios tras la última pérdida de valor de la moneda local, lo que ha empobrecido aún más a la numerosa población del país, pero el movimiento ya es de lucha general contra la tiranía. Y puede vencer.

Irán es una dictadura teocrática islámica de corte chií en la que la libertad y los derechos humanos no existen desde hace décadas, sometidas al rigorismo de los clérigos, que han organizado un estado policial militar de notable eficacia a la hora de oprimir a su población, y más bien nula en lo que hace al desarrollo de la economía. Esta nación, obsesionada desde su dirigencia por el control regional y la lucha contra el satán occidental, ha desarrollado elementos militares controlados a distancia, proxys, en muchas de las naciones vecinas, siendo los más famosos Hezbollah en Líbano y Hamás en Palestina. A su entrenamiento y dotación se han destinado enromes cantidades de recursos que Israel ha destruido con saña a lo largo de 2025. Las derrotas sucesivas de Irán en esos frentes, y el ataque norteamericano a las instalaciones nucleares de Nathan y Fordo, llevaron el año pasado al régimen a uno de sus puntos más bajos, mostrando interna y externamente una debilidad que parecía no existir en el marco de la propaganda constante que sale de Teherán. Sus colaboradores entre nosotros, que no son pocos, y cobran más que la inmensa parte de la población de aquel país, también han contribuido a sostener al régimen y, probablemente, han forzado a que las revueltas que se han dado desde 202 reclamando libertada apenas tengan cobertura mediática y, desde luego, ninguna repercusión social. Bien está manifestarse a favor de los palestinos masacrados, pero no hay movilización alguna en contra de los iraníes masacrados, en este caso no por ningún otro país, sino por la fuerza bruta del propio régimen. Si la represión iraní es famosa en todo el mundo por su crueldad, ni les cuento lo que sucede en el caso de las mujeres, colectivo que allí es tratado con un desprecio casi talibánico. La mujer iraní lleva encarcelada en vida desde que triunfó la revolución chií, y a bien pocos les ha importado el sufrimiento que han padecido. Una de las anteriores revueltas en el país tuvo como detonante la detención, tortura y asesinato a manos del régimen de Masha Amini, joven iraní valiente que decidió quitarse el velo que la encerraba, y eso fue suficiente delito para que la policía de la moral le condujera a su tumba. Un acto de inmenso valor en una sociedad represiva hasta el extremo que provocó revueltas en la nación, reprimidas con saña, y una ligera movilización internacional, poco ruidosa, en la que las feministas occidentales apenas alzaron la voz ante una mujer que representaba, como pocas, su causa y su sufrimiento. Sí, lo de Irán da para varias indignaciones al día y ejercicios de hipocresía notables. Sin embargo, a pesar de la cobardía de occidente, la población del país lleva unos años en un contexto de agitación continua que se traduce en revueltas, represión, balance de daños y vuelta a empezar, con una cúpula del poder cada vez más encapsulada y blindada, con temor a perder su privilegiada posición. Las posibilidades de exilio de Jamenei y el resto de sus esbirros son escasas en un mundo en el que el chiismo es minoritario y la propia ceguera teológica que parece anidar en sus corazones les hace ver el martirio como última salida en el caso de que la represión no sea capaz de detener a las masas. Esto es lo que se dirime ahora mismo en las calles de Teherán y otras muchas ciudades del país, quizás con más fuerza e incertidumbre que nunca.

Que cayera el régimen de los Ayatolás sería una excelente noticia, pero eso es algo que sólo podremos celebrar si se produce, y si tras ello se da un proceso de consolidación de un poder que retome una senda de libertad y apertura. La oposición iraní está fragmentada y el hijo del Sha, que reside en EEUU, quiere representar una unidad que, en la práctica, no existe de una manera tan clara. La intención de Trump de atacar al régimen para apoyar la revuelta contribuye a oscurecerlo todo aún más y nos pone ante una situación volátil, peligrosa, en la que lo único seguro es que ya son muchos cientos, miles según algunas fuentes, los asesinados por el régimen en su intento desesperado por sobrevivir. En Irán se está haciendo historia, como suele ser habitual, con sangre.

No hay comentarios: