Las catástrofes suelen tener su propio ritmo en la generación de noticias. Aparecen brevemente como un suelto, un aviso de urgencia, una notificación que señal que algo ha pasado, y pasa un cierto tiempo para ponerle nombre y localización al hecho, y a partir de ahí suele ir sucediéndose un goteo de novedades que empieza a dimensionar lo que ha pasado, acentuando la intensidad del hecho en función del número de víctimas. Si la cosa sucede de noche y en un lugar apartado, esta secuencia se vuelve más angustiosa, por la lentitud y la ausencia de imágenes claras que permitan dimensionar. En esta era de redes sociales, junto con los bulos, se convierten en la vía principal de información que utilizan los afectados para hacer saber qué les ha pasado.
Ayer todo se produjo de esta manera, cuando al poco de pasar las 20 horas de la tarde empezó a llegar la información de un incidente ferroviario en la línea de Alta Velocidad Madrid Andalucía. Como últimamente los sucesos en los trenes son constantes, al principio la cosa parecía otra de esas incidencias que se basan en que el convoy se queda varado en medio de la desolación por a saber qué fallo técnico y los pasajeros comunican que ahí están, tirados, pero a los pocos minutos se podía comprobar que la cosa no era ni mucho menos algo por el estilo. Palabras como descarrilamiento o choque se asocian a accidente, y en convoyes de alta velocidad, repletos y raudos, esa situación puede convertirse en drama con una facilidad pasmosa. A eso de las 21 horas quedaba meridianamente claro que algo grave había sucedido en el entorno de Adamuz, pequeña localidad cordobesa situada a no demasiados kilómetros de la capital, antes de llegar a ella se viaja desde Madrid sentido Andalucía. En ese lugar hay un puesto técnico de ADIF y un cambio de agujas para permitir desvíos e intercambios de vía. En las imágenes que llegaban se veía la parte final de un convoy de Iryo, empresa italiana operadora de la línea, junto con RENFE y la francesa Ouigo. El tren, un Freccia Rossa de ocho vagones, con una máquina con cabina en cada extremo, estaba parado en las vías y se apreciaba que el penúltimo vagón estaba fuera de ellas y el último se encontraba caído de lado por completo sobre el balasto. Luces de emergencias, asistencias e imágenes titubeantes indicaban que la cosa era grave. Los primeros testimonios de pasajeros del tren aseguraban que se había movido mucho de manera extraña y luego habían sentido un fuerte golpe. Al poco se sabía que ese golpe no era sino el impacto de otro tren que circulaba por la vía anexa en sentido contrario. Sin que se sepan las causas, la parte trasera del Iryo descarriló e invadió las vías, siendo eso lo que mostraba la imagen de los vagones fuera de carril, y contra ellos impactó un Alvia que hacía el recorrido en sentido Andalucía, concretamente destino Huelva. Se supone que la maldita casualidad hizo que el descarrilamiento de uno se produjera justo cuando se cruzaba con el otro, de tal manera que el Alvia no tuvo opción alguna para poder frenar. En las imágenes no se ve nada de ese segundo tren, en medio de la noche heladora, pero los testimonios de los primeros auxilios que se habían desplazado a la zona hablaban de que era en ese segundo tren donde se concentraba la mayor gravedad. Debido a su velocidad, el impacto debió de ser bestial, y al menos dos de los vagones con los que contaba salieron despedidos, volando varios metros y acabando tras un terraplén, donde terminaron depositándose. La confusión de la noche no ayudaba en nada, pero era evidente que estábamos ante un accidente grave, con un número elevado de heridos y un balance de fallecidos que comenzó en la cifra de dos y escaló rápidamente a la decena, habiendo crecido a lo largo de la madrugada hasta la casi cuarentena que, a esta hora de la mañana, se informa en las webs de los medios de comunicación. No es difícil suponer que este balance crecerá con la luz del día si el choque ha tenido la virulencia que los testimonios de ayer indicaban, pero eso ya es un poco lo de menos. Cuantificar la dimensión exacta de la catástrofe es necesario, desde luego, pero eso no altera la sensación de desastre absoluto y de tragedia irreparable.
Ha sido una noche dura, muy dura, para cientos de viajeros, que fueron reubicados como se pudo en las instalaciones municipales de Adamuz, a donde han ido llegando algunos autobuses para trasladar a los que se encuentran ilesos, casi todos ellos del tren Iryo descarrilado, a sus lugares de destino, Madrid principalmente. Los heridos han sido llevados a los hospitales de Córdoba a lo largo de la noche y el trabajo abnegado de profesionales y voluntarios ha permitido dar algo de consuelo y cobijo a todos los afectados, pero lo más cruel comienza ahora, cuando se sepa el nombre de los fallecidos y sus familias salgan de la incertidumbre para caer en la cruda realidad. Es uno de los mayores desastres ferroviarios de la historia de España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario