Seguimos paso a paso la degeneración que se vive en EEUU, el derrumbe de la fiabilidad y la creación de una fractura social violenta alentada principalmente desde el poder que desea ser absoluto, con testimonios, imágenes y análisis sin cesar. Nada nos pilla por sorpresa, pero no sabemos prácticamente nada de lo que sucede en China, el otro gran poder, camino de imperio rival del norteamericano, en cuyas estructuras de gobierno domina tanto la férrea jerarquía como la opacidad más absoluta. Xi Jinping es el presidente del país y ha decidido perpetuarse, generando mucha envidia a Trump, pero de ahí para abajo lo desconocemos casi todo. Es anómalo, y peligroso.
Este fin de semana ha trascendido que se ha producido una purga en la jefatura del ejército de China. En palabras oficiales, “se ha abierto una investigación contra el general de más alto rango del país, Zhang Youxia, el número dos del presidente del país, Xi Jinping, en la Comisión Militar Central (CMC), por supuestas infracciones graves de la disciplina y la ley”. Si el nombre de Youxia no les dice nada no se preocupen, a mi tampoco hasta que lo leí ayer, pero es el segundo al mando del segundo ejército más importante del mundo. Bueno, más bien lo era, porque ahora ha caído en las sombras. La acusación genérica cuando se produce un movimiento de este tipo en el poder chino es la de corrupción, el desvío de dinero público para el enriquecimiento personal, la ostentación fruto de las mordidas. Xi y su corte han mostrado públicamente un odio profundo a la corrupción y no les ha temblado la mano a la hora de cargarse a dirigentes del partido de altísimo nivel alegando limpieza y ejemplaridad. Curiosamente, o no, estos cambios siempre se han traducido en la consolidación del poder de Xi, acaparando en cada movimiento parcelas de control del país que, hasta entonces, no se encontraban directamente bajo sus designios. En este caso estamos hablando de un movimiento serio no por las acusaciones en sí, sino por la institución de que se trata, el ejército, en un momento de disparatadas inversiones militares y de constante empleo de la fuerza para mostrar las crecientes capacidades de una milicia, la china, que ansía hacerse con Taiwán pero que, sobre todo, busca rivalizar en el escenario asiático con unos EEUU que, hasta ahora, eran la fuerza incontestable. Por cada ejercicio de demostración de nuevas capacidades que se ordena ejecutar desde Beijing queda claro que el ejército chino ya es una fuerza capaz de oponer resistencia significativa, y ejercer poder de disuasión En este sentido, se han conocido desde hace meses las directrices de Xi buscando ampliar la capacidad y versatilidad de los arsenales nucleares del país. China posee la bomba, eso es más que sabido, pero frente a las miles de cabezas de que disponen Rusia y EEUU, y sus múltiples combinaciones de vectores de uso, se estima que el arsenal nuclear chino supera por poco los tres centenares de elementos, y sus capacidades tácticas están muy por debajo de las de los dos líderes en esta materia. Tiene la bomba, y le sirve como elemento de disuasión, pero la asimetría en este campo respecto a Moscú o Washington es aún muy evidente. Por ese motivo es relevante la información que circulaba ayer por algunos medios en los que se señalaba que la causa profunda del cese de Youxia no ha sido la corrupción de toda la vida, no, sino el que le hubieran pillado filtrando secretos del programa nuclear chino a EEUU, información que surgió de fuentes norteamericanas que parecen ser solventes. En este caso estaríamos ante un acto de traición en el seno del ejército de China, y evidentemente, ante algo así, los ceses es lo menor que puede decretar un dictador absoluto como Xi. ¿Será esa la causa real de la purga? ¿el espionaje norteamericano había llegado lograr hasta la cúpula del ejército chino? Si así fuera, bastante más van a ser los purgados en un movimiento de limpieza que no se andará con remilgos.
En todo caso, lo único que podemos hacer es especular. Las fuentes oficiales chinas son propiedad del gobierno, y las no oficiales no pueden hacer nada sin el permiso del régimen. Al oscurantismo con el que se gestionan allí las decisiones se suma una cultura de trabajo y vida totalmente ajena a la nuestra que dificulta interpretar los gestos que se muestran cara a la galería. Siempre hay rumores sobre la estabilidad del régimen chino, sobre disputas internas y el miedo a que el control de la nación no sea tan rígido como se nos quiere hacer ver, pero realmente China sigue siendo un misterio en el que las opiniones vertidas desde aquí tienen poco suelo firme sobre el que asentarse. Que esto suceda en el segundo país más poderoso del mundo es para que nos lo hagamos mirar. Y temer.
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