Bastante relacionado con lo que hablábamos ayer, sobre el precio del oro, que sigue subiendo, está el papel que desempeña el dólar en la economía global y su presunto declive, de momento más un deseo por parte de algunos agentes que una realidad. Siempre la moneda del país dominante ha actuado como moneda de reserva global. Pasó con el real de a ocho de la monarquía hispánica (del que el dólar también hereda las columnas de Hércules de nuestro escudo nacional, eso son sus dos barras verticales). La libra británica cumplió ese papel en el tiempo del imperio victoriano y, tras las guerras mundiales y la victoria de EEUU, es el dólar el que desempeña la función.
Eso significa que la demanda de dólares es mucho mayor que la derivada de los flujos económicos que se desarrollan en y con EEUU. El petróleo cotiza en dólares, por lo que si un país europeo quiere comprarlo debe entregar dólares para ello, cambiando sus euros. Muchas materias primas funcionan de igual manera, y otro tipo de bienes. El dólar es una moneda aceptada en casi todas partes, especialmente en aquellos lugares donde hay inseguridad financiera y lo sistemas de pago son endebles. Piense usted en Argentina, en qué moneda ahorraría, ¿en pesos?. Los depósitos denominados en dólares se ofrecen por parte de la inmensa mayoría de entidades financieras como vehículo de ahorro global. Es una moneda plenamente convertible, que cotiza a diario en el mercado de divisas. Los títulos de deuda emitidos bajo su denominación suponen el mayor mercado de bonos del mundo, el más líquido, el que más se demanda, compra y vende. Y por detrás está la primera economía del mundo, el mayor ejército y el garante del sistema de reglas globales, financieras y no, bajo las que nos regimos. Esto otorga a EEUU un privilegio enorme, exorbitante lo denominada De Gaulle, porque puede endeudarse mucho más que el resto de naciones, ya que siempre habrá alguien a quine le convenga o necesite hacerse con dólares, mientras que la demanda del resto de monedas será menor, poco o mucho, pero menor. ¿Puede cambiar este panorama? Sí, pero no es tan fácil. Los cambios de moneda de reserva global han ido precedidos de derrumbes en el poder real del país que tenía esa enseña como propia, principalmente por la pérdida de guerras y el declive en su peso internacional. Si EEUU deja de ser la gran potencia global el papel del dólar se debilitaría, pero es necesario mucho más que eso para que la preminencia de esa moneda deje de ser la que es, y por ahora no se ven signos evidentes que puedan ser capaces de alterar el panorama. China, su economía, empieza a rivalizar con la norteamericana en extensión, capacidad y vinculaciones, eso es cierto, pero su sistema financiero sigue siendo un juguete intervenido por el régimen de Xi, que ni aporta garantías ni solidez ni convertibilidad. El yuan está muy lejos de ser moneda de reserva internacional. Cierto es que cada vez que China firma acuerdos comerciales con terceros países en los que obliga a intercambiar los bienes en yuanes trata de erosionar el papel global del dólar, y esta es una vía efectiva para lograrlo, pero aun así es necesaria una reconfiguración global enorme para que el cambio se dé. Realmente, las mayores amenazas para el dólar sólo pueden surgir desde los propios EEUU, en dos vertientes, financiera y política. Por el lado financiero, el gigantesco déficit público que no deja de crecer allí puede acabar siendo una bola indigerible que nadie sea capaz de abordar, y la historia demuestra que el derrumbe de muchos imperios ha ido acompañado de déficits que se disparan, fruto del cada vez más costoso mantenimiento de una estructura de poder que requiere recursos infinitos. ¿Puede la deuda norteamericana herir gravemente las finanzas del país y debilitarlo globalmente? Sí, es un elemento capaz de lograrlo, y la discusión sobre si eso va a pasar o no y cuándo, de suceder, es una constante en el debate de no pocos estudiosos.
La otra vertiente es la política. La previsibilidad de EEUU en sus actuaciones y su papel como garante del sistema global, político y financiero, son algo que se daban por sentado pero que, con la deriva trumpista, empiezan a ponerse en duda. Si instituciones, flujos comerciales, incluso la estabilidad interna de la nación empieza a ser puesta en cuestión, el temor a que el billete verde empiece a dejar de ser visto como algo respaldado por poder efectivo puede crecer, y pocas cosas son más miedosas que el dinero. Trump grita a los cuatro vientos que el sistema global roba a EEUU, cuando es justo al contrario, EEUU es mucho más fuerte gracias a un sistema global en el que resulta ser el pilar decisivo. Este asunto, de enorme calado, empieza a abrirse paso en el debate global como pocas veces en el pasado.
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