Ya son varias las noches de disturbios que se registran en Mineápolis, capital del estado de Minnesota, con serios enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del ICE, la guardia pretoriana creada para realizar redadas en el marco de la política federal de inmigración a la búsqueda de ilegales en el país. Son altercados callejeros en los que las fuerzas del ICE responden con saña ante masas de gente, mayormente pacífica, y algunos alborotadores que tiran petardos y otro tipo de objetos. Las imágenes muestran una manera de protestar que dista mucho de los niveles de violencia vistos en algaradas en nuestro entorno, piense usted en País Vasco o Cataluña. Quizás el intenso frío que se vive en la zona contribuye a lo desatarlo todo.
El origen de estas protestas es el asesinato, no hay otro término para definirlo, por parte del ICE, de una mujer cuyo coche fue dado el alto por parte de miembros de ese cuerpo de seguridad. La conductora, que iba sola en el vehículo, se puso nerviosa ante la presencia de una serie de personas a su alrededor completamente militarizadas en aspecto y armamento, y comenzó a mover su coche con intención de evadirlos, momento en el que un par de agentes se acerca a la ventanilla más próxima a su puesto de conductora y uno, sin dudarlo, le dispara, causándole heridas fatales que provocarán su muerte pocas horas después. La escena es lenta, silenciosa, no hay muchos gritos ni acelerones. Ella no busca huir lanzando su vehículo a lo loco ni contra la patrulla ni en sentido contrario. Es el miedo lo que se intuye que mueve lentamente el coche, y asistimos a una ejecución a sangre fría sin conmiseración alguna. Este grave incidente es lo que ha soliviantado a la ciudadanía de Mineápolis y le ha hecho salir a la calle a protestar. Es una protesta legítima. Ante ello, el Ice está actuando sin cortarse en lo más mínimo, contraponiendo una respuesta violenta notablemente desproporcionada respecto a la amenaza que suponen los manifestantes. Desde el momento del crimen se ha producido una extravagante polarización de lo sucedido en los medios y autoridades de aquel país, y digo extravagante porque es normal que ante hechos que admiten visiones contrapuestas las opiniones se fragmenten y puedan ser no coincidentes, pero en este caso, viendo el vídeo de la escena, pocas dudas hay. Pues bien, la secretaria de seguridad interior del gobierno de Trump afirmó, en una entrevista televisiva, comentando las imágenes de lo sucedido, que era evidente que la conductora pretendía atropellar al agente y que éste había respondido en defensa propia, para salvar su vida ante lo que era una agresión premeditada. Las imágenes de la escena muestran justo lo contrario, pero Kristine Noem, que así se llama el alto cargo trumpista, no tenía reparo alguno en mentir ante el entrevistador y ante todo aquel que tuviera ojos y estuviese despierto. Era asombroso, un ejercicio de falsedad casi insuperable. Desde el primer momento los cargos trumpistas, y sus medios afines, han comprado la idea de la defensa propia del agente del ICE y de la culpabilización de la víctima, una peligrosa radical, una extremista, una bollera. Lo único cierto es que una mujer asustada fue asesinada por un empleado federal armado en el ejercicio absolutamente fuera de sentido de una violencia ejecutora para la que cuenta con el pleno respaldo de la autoridad del país. La población de EEUU asiste, en su mayor parte asombrada, ante el hecho y la no ya frialdad, sino simple descaro con el que las autoridades federales justifican lo que para casi todos es un ejercicio de violencia si escrúpulos por parte de quien debe tener más cuidado para no caer en ella.
Renee Nicole Good es el nombre de la mujer asesinada, y también la primera víctima conocida, hay muchas otras anónimas, de una campaña de intimidación perfectamente orquestada desde la presidencia del país con el objeto de meter miedo a la población, de hacerle saber que si protesta ante las medidas que tome el gobierno federal se arriesga a salir muy mal parada, o a incluso no hacerlo. El número de agentes del ICE no deja de crecer, supera ya los 10.000 y su impunidad legal es total. Van camino de ser una fuerza armada al servicio directo de Trump y sus deseos autocráticos. Son un ejemplo de violencia ejercida por el estado para secuestrar la libertad de los ciudadanos. El trumpismo ya es un peligro cierto para los habitantes de EEUU, y lo será cada vez más.
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