miércoles, enero 21, 2026

Más accidentes

Se ve que en esto de las desgracias las rachas existen, como dicen que sucede en el juego cuando se encadenan victorias o derrotas. Ayer se produjo una colisión en el servicio de cercanías de Barcelona a la altura de Gelida de una unidad contra un muro de contención de una cercana autovía que, probablemente, a causa de las intensas lluvias de la borrasca Harry, había cedido. El balance actualmente es de decenas de heridos, algunos graves, y un fallecido, que algunas fuentes identifican con el maquinista, sin que a esta hora se pueda confirmar. El servicio ferroviario está suspendido en toda la provincia y se están revisando las líneas para ver si hay más afectaciones.

Este accidente no tiene nada que ver con el de Adamuz, entre otras cosas porque parece obvio que la causa del mismo es un imponderable fruto del temporal, pero no deja de ser otro desastre ferroviario en una semana marcada por informaciones donde los raíles han dejado de ser sinónimo de comunicación para convertirse en fuentes de dudas crecientes. Ayer mismo ADIF emitió una nota interna para los empleados de las operadoras en la que ordenaba limitar la velocidad en numerosos tramos de la línea Madrid Barcelona a los 160 kilómetros por hora, frente a los 300 para los que está diseñada y se supone que presta el servicio, catalogado y cobrado como de Alta Velocidad. Esa reducción implica que durante una cuarta parte del recorrido, más o menos, la velocidad máxima es apenas superior a la mitad posible, lo que supone una relativa estafa. La medida llega después de numerosos comunicados de los maquinistas de esa línea, y de otras, en los que se señalaban los constantes botes que los convoyes sufrían en unos tramos en los que la infraestructura no estaba, ni mucho menos, acorde a lo que debía ser. Esas quejas se han viralizado también gracias a vídeos de usuarios en los que han mostrado, vasos llenos de líquido en mano, cómo viajar en las líneas de AVE se ha convertido últimamente en una especie de danza espasmódica en la que el traqueteo se sustituye por un nada sugerente bamboleo que deriva en golpes constantes. No es difícil imaginar que cada uno de esos pequeños impactos supone un esfuerzo serio para los materiales con los que está fabricado el tren y para la vía, de tal manera que todo el sistema se somete a un esfuerzo extra que acelera su deterioro, hasta poder llevarlo a un punto de ruptura. Durante meses esas quejas de pasajeros y de trabajadores de las líneas, especialmente maquinistas, han sido ignoradas, cuando no ridiculizadas, por los portavoces del Ministerio de Fomento, acusándolas de alarmistas, de exageradas y cosas por el estilo. Tras la tragedia de Adamuz, ADIF ha hecho algo que se le demandaba desde hace tiempo y lo ha ejecutado de manera oculta para la ciudadanía, sin informar públicamente de ello en sus canales y sin que conste respaldo técnico a su decisión. ¿Se ha asustado el gestor de la infraestructura ante lo sucedido? ¿Sabía que algo no iba bien, lo minimizó, y tras el desastre, ha actuado con la prevención máxima? ¿Ha ocultado ADIF información relevante a los operadores de las líneas? ¿Hay estudios técnicos hechos después de las advertencias de los maquinistas? ¿Se ha jugado a la posibilidad de que “algo” no suceda frente a las consecuencias de que realmente sí había problemas? ¿Se parece esto a lo del apagón, que no iba a suceder, y tras él las renovables no eran las culpables, pero el uso del gas se ha disparado por orden del gestor de la red y con él la factura? ¿Hasta dónde se ha comprometido la seguridad de pasajeros y empleados de las operadoras? ¿Qué información relevante sobre el estado de las líneas ha tenido ADIF todo este tiempo y no ha compartido con nadie?

La catarata de preguntas que surgen con todo esto es tan enorme como grave, y aumenta la sensación de inseguridad del usuario de un servicio, y de quienes trabajan en él, al comprobar que no se trata ya sólo de denuncias de “baches” que uno ve en vídeos de las redes sino de riesgos evidentes, que pueden comprometer la seguridad y ocasionar accidentes de una enorme gravedad. Va a haber que dar muchas muchas explicaciones sobre lo que ha sucedido en Adamuz, y sobre el estado de toda la red de Alta Velocidad. ¿Tienen ustedes confianza en que eso se produzca?..... no, yo tampoco. Y sí, Beatriz Corredor, la responsable de REDEIA durante el apagón, sigue en su puesto y cobrando un dineral.

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