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jueves, abril 23, 2026

Libros más o menos densos

Hoy es el día del libro, san Jorge en varias CCAA, y las calles se llenarán de tenderetes con autores y ejemplares, y rosas acompañantes, en un maridaje espléndido de belleza editada y natural, a pesar de que más de uno me acusará de ser cursi hasta el extremo. El poder de las tradiciones es su vigencia, pero las hay que, por sí mismas, valen la pena, y otras que no, y lo de comprar libros y rosas me parece algo no sólo digno de que se mantenga en el tiempo, sino una de esas cosas bonitas que no debieran dejar de existir en una sociedad que tiende a la grisura en muchos otros aspectos. El que critique, bien, y el que compre, también.

Hace unos días leía un artículo en el que se estudiaban algunas características de los libros editados en los últimos años. El tema de investigación, centrado en la pérdida de atención que se vive en nuestro mundo, comparaba la densidad de los textos, la longitud de las frases y su complejidad, y le salía como resultado que, progresivamente, los éxitos de ventas se van volviendo lingüísticamente más sencillos. La media de palabras por frases está bajando, poco a poco, pero de manera sostenida, y la ausencia de subordinadas es cada vez mayor, en unas estructuras mucho más lineales de lo que lo eran antes. Para los apocalípticos del tema esta es otra evidencia de la debacle a la que nos enfrentamos tras el dominio aplastante de las pantallas y del vídeo como fuente de conocimiento y diversión, mientras que para los integrados (Eco, Eco) el estudio es relevante pero no es indicativo de que se esté produciendo una decadencia de las capacidades lectoras, máxime cuando se venden más libros que nunca y el número de lectores activos se mantiene en cotas elevadas, sin haber sufrido desplomes como ha sucedido con el de los cinéfilos. Steve Pinker, psicólogo, uno de los estudiosos más relevantes sobre el comportamiento humano, y que tiende a estar en el lado de los optimistas vitales, ha comentado en algunas de sus últimas intervenciones que la preminencia del vídeo, gracias a la tecnología que lo ha hecho omnipresente, está sustituyendo al texto explicativo, y que leer algo es un esfuerzo que va en contra del instinto de ahorro que llevamos grabado a fuego en nuestro interior. Ver es más natural que leer, que no deja de ser una técnica introducida hace varios miles de años. Comenta Pinker que las búsquedas en internet de cualquier tema ofrecen, en la actualidad, como primera referencia un texto explicativo elaborado por la IA y, a continuación, una serie de vídeos que comentan sobre el tema. Esto es mucho más claro en búsquedas de carácter técnico que en otras (pruebe a buscar en Google cómo cambiar un grifo o enchufe, por ejemplo) y es probable que tenga razón. La pasividad que supone contemplar imágenes que nos explican las cosas es insuperable, frente al esfuerzo que supone leer e imaginarlas. Eso ya lo descubrieron los programadores de televisión hace varias décadas, de tal manera que consiguieron no ya hacerse un hueco, sino modificar completamente los estándares de ocio y acceso de la información de la sociedad. La tele se convirtió en la reina de los hogares, en un movimiento criticado por muchos por la escasa calidad de sus contenidos. “La caja tonta” es algo que se ha dicho toda la vida. Ese fenómeno se ha hecho exponencial con el móvil, de tal manera que esa pantalla es la absorbente completa de nuestras vidas, o de gran parte de ellas. El suministro de vídeo que supone acceder a algunas apps llega a ser infinito, y más de uno se puede pasar toda la tarde, o toda la vida, contemplando clips más o menos cortos de un tema para saltar a otro y a otro en un bucle absoluto. ¿Se está contagiando la literatura de ese concepto de la inmediatez, brevedad, concentración? Puede ser. De momento, bastante hace el sector con sobrevivir ante semejante competencia, que ha laminado industrias enteras, de ocio y de otro tipo.

No se va a dejar de leer, ni de publicarse novelas y ensayos relevantes, junto a muchos otros que no lo son tanto, porque no todo el campo está lleno de flores. La lectura siempre resultará más exigente que otras formas de ocio, pero ofrece a cambio una de las mayores posibilidades imaginadas, que es precisamente esa, la de imaginar lo que está sucediendo, la de ser uno el creador del vídeo personalizado que refleja lo que las letras le están contando. El vídeo de la web es idéntico para todo el que lo ve, la novela también, pero el resultado de la lectura es completamente distinto para cada lector que se enfrenta a ella. Esa es parte de su magia, de los pétalos de colores de esa rosa que, con sus espinas, sigue subyugando a tantos.

miércoles, febrero 04, 2026

Cierra Tipos Infames

Cafeterías y librerías son los locales que más frecuento en Madrid, con diferencia. De hecho creo que son los únicos que visito por gusto, ya que el resto suelen estar relacionados con obligaciones que uno debe cubrir (ropa, alimentación, etc) Pasar la tarde en un centro comercial me parece un plan tan absurdo como aburrido. En esos dos establecimientos me dejo bastante dinero, cada vez más dado el coste creciente del café. Por eso, que cierre alguno de esos locales me parece una mala notica, una pena, una pérdida, algo que lamentar. No entiendo la politización de esos hechos, simplemente lo veo como algo que me aportaba y deja de existir, y eso es malo.

Tipos Infames es una librería que está en Malasaña y que abrió en medio de la debacle de la crisis financiera, tras los años más duros del desplome y cuando estábamos en el fondo de un pozo al que no se le veía salida. Tres amigos montaron un local para vender libros y que tenía la cafetería como una forma paralela de negocio. De hecho era un bar con espacio en el que la mayor parte de este se ocupaba con estantes y mesas expositoras con títulos de todo tipo, especialmente novedades y de editoriales no masivas, en los que el gusto personal de los propietarios se notaba mucho en la selección de la oferta. Cuando descubrí el negocio lo anoté como uno de los que debiera visitar con cierta frecuencia, cosa que he hecho a lo largo de estos años. Al principio la cosa debía ir funcionando lentamente, porque era sencillo poder encontrar sitio en sus dos o tres mesitas para poder tomarse un café y leer (soy más de café que de vinos, aunque ellos publicitaban más las copas que las tazas) en una escena que era el sumun de lo que entonces empezaba a llamarse cultura hípster, sólo que yo no cumplía ninguno de los estereotipos estéticos de ese grupo de gente. Era muy urbanita, propio de la capi, por así decirlo, lo de tomarse algo y leer en el mismo local, y me parecía una idea excelente, por la misma razón por la que hay gente que disfruta en esas inmensas tiendas de ropa en las que la música no cesa y siguen llenas. Que se lo pasen genial así, pensaba, yo lo hago de otra manera, y todos contentos. Con el tiempo el local empezó a crecer en audiencia y ya no era posible encontrar sitio para tomar algo, pero sí se podían seguir comprando libros, y lo hacía de vez en cuando, de tal manera que soy de los que ha contribuido a mantener la empresa en pie durante estos tiempos, con mi modesta aportación de cultureta pringado compra volúmenes, que es lo único que soy capaz de hacer en condiciones. Por eso, hace unas semanas, cuando me enteré de la noticia de que van a cerrar el negocio em entró mucha tristeza. Salían entrevistas en varios medios a algunos de los propietarios, en los que comentaban el disparo de precios en los alquileres en el barrio, sometido a una demanda desesperada y constante, y el cómo ya no han podido hacer frente a la marea. Al poco, cosas infames de verdad que suceden en estos tiempos, en las redes sociales empezó una especie de batallita cutre en la que algunos, ante las declaraciones anticapitalistas de los propietarios (creo que erradas) empezaban a acusarles de subvencionados, de falsos y de todo tipo de cosas sin sentido. Se podía percibir un cierto aroma de venganza en esos mensajes, como de “os lo tenéis merecidos, por modernos” en un movimiento áspero y sucio que carecía de sentido. Lo observaba y no entendía nada. La politización basura que nos absorbe y que todo lo enfanga también entró ahí, para buscar rédito o para echar aún más sal en la herida. Y seguía sin entender nada. Lo único que sabía es que una librería que he visitado varias veces, en la que me lo he pasado bien, en la que me han tratado bien, va a cerrar, y eso, para mi, es una pena.

A veces he soñado con regentar yo una librería, dado que me paso tanto tiempo leyendo en mi tiempo de ocio, pero me he desengañado rápidamente porque me da que el negocio no es lo suficientemente lucrativo como para cubrir la hipoteca de casa y ciertas necesidades, entre ellas la de comprar libros. Los que crearon Tipos Infames lograron llegar a ver su sueño cumplido, y durante años les ha permitido vivir de ello, y eso es algo que merece admiración, y, sí, también, un punto de envidia, en este caso sana. Cuando dentro de un tiempo pasee por esa zona y vea que en ese negocio hay obras de reforma, o se abre cualquier otra cosa, me dará pena, por un pasado que se fue. Al menos pude disfrutarlo de mientras existió. Gracias por ello.

viernes, diciembre 19, 2025

Libros recomendados del año 2025

Este año una famosa de las redes sociales, de cuyo nombre no quiero acordarme, ha dicho que leer está sobrevalorado y no te hace mejor persona. Aunque les choque, puede que tenga que darle la razón en lo segundo, porque la bondad personal es algo intrínseco, que si no se tiene es poco probable que los libros la otorguen. Pero lo que resulta indudable es que leer un buen libro entretiene, divierte, enseña, acompaña, relaja, proporciona consuelo, evade, forma, genera curiosidad, sirve de refugio, te hace preguntas, a veces te da respuestas… parafraseando al maestro Delibes, “es algo que, con su sola presencia, aligera la pesadumbre de vivir" Y eso, coincidirán conmigo, es mucho.

Recuerden que no tienen por qué ser libros editados en este año sino los que más me han gustado de entre los que he leído. Salvo los ganadores de cada categoría, el orden del resto de libros reseñados no indica una mayor o menor calidad, sólo que son los que más destaco.

Mejor libro de ficción.

Los vencejos, de Fernando Aramburu, editorial Maxi Tusquets 704 páginas

Aramburu partía con el hándicap de haber escrito Patria, una de las indiscutibles obras maestras de la literatura española de este siglo, por el fondo y la forma, y tras algo así son pocos los autores que logran escapar de la propia sombra que han tejido. Y lo logra. Para ello se escapa de sí mismo y se vuelva en un relato enorme en el que Toni, un profesor de instituto chamuscado por el trabajo y la vida, decide poner fin a sus días con un plazo programado. El texto supone la descripción precisa del pasado y presente de un hombre y de su contexto, familiar, sexual, vital, en el que una catarata de personajes aparecen como fruto de los recuerdos del protagonista, que nos desvela cómo ha llegado hasta ese punto de hartazgo. Te hace reír, te hace llorar, te atrapa… en ningún momento puedes ser indiferente a lo que te está contando.

* La autopista Lincoln, de Amor Towles, editorial Debolsillo, 592 páginas. 
Me fastidia que las ediciones de Bolsillo de Twles salgan con la tardanza con la que lo hacen, porque los dos libros que llevo suyos me han parecido excelentes. Este tiene el componente clásico de la “road movie” americana de fondo, con unos chavales que se llevan muy mal pero que emprenden el viaje desde el medio oeste hacia Nueva York en busca de una presunta fortuna que allí le espera a uno de ellos. Traiciones, engaños, sustos, descubrimientos, la trama se sucede sin cesar hasta un final que es deslumbrante. Es muy entretenida y está escrita de maravilla.
 
* La última función, de Luis Landero, editorial Tusquets, 224 páginas
Landero va recortando el tamaño de sus libros a medida que se vuelve más y más preciso con el lenguaje. Es admirable cómo escoge sus términos para, en un par de trazos, como un maestro caricaturista, describir la personalidad de una de sus creaciones con toda la consistencia posible. En este caso una extraña función de teatro en un pueblo de la sierra es el marco en el que dos personajes, hombre y mujer, unen sus vidas separadas de manera que queden marcadas pasa siempre. Un ejercicio literario inmenso.
 
* Klara y el Sol, de Kayzo Ishiguro, editorial Anagrama, 336 páginas
Ishiguro es el Nobel de la generación británica gloriosa que conforma con Amish, Barnes, McEwan… y es el más distinto de todos ellos en cuanto a temáticas. En este libro la protagonista es Klara, una Amiga Artificial, un robot dotado de IA general al nivel humano, que se vende para que sirva de amistad y compañía para, en este caso, críos en edad preadolescente. La novela se sumerge en una especie de futuro muy cercano de relaciones frías, distantes, en las que las IAs parecen estar más atentas a lo que realmente les pasa a las personas que los propios humanos. Una muy buena novela y una excusa para reflexionar sobre algo que ya casi está entre nosotros.
 
* Me piden que regrese, de Andrés Trapiello, editorial Booket, 400 páginas
Trapiello vuelve al Madrid de postguerra, pero esta vez no para relatar hechos verídicos, sino para novelar una trama de espionaje que se desarrolla en una ciudad con ruinas abundantes, miserias, fiestas de vencedores y violencia soterrada. Un norteamericano de origen español vuelve a su ciudad con un encargo del gobierno de Washington que le acabará metiendo en problemas. Personajes muy creíbles y una trama que mezcla la acción y el costumbrismo de una manera solvente
 
*  Caledonian Road, de Andrew O’hagan, editorial Libros del Asteroide, 672 páginas
Novela amplia, en fondo y forma, de tramas cruzadas y de multitud de personajes., En ella el autor realiza un retrato bastante certero de nuestro mundo. Encuadrada en la salida de la pandemia, Londres y un montón de gente que por ella desfila sirven para conocer cómo es la política, las redes sociales, los negocios, las influencias, las corruptelas y todo lo que se mueve en torno al dinero y el interés de los humanos modernos. Corre el riesgo de hacerse liosa, pero si se hace uno con ella es muy disfrutable. ¿Incluye bitcoins en la trama!
 
* El jardinero y la muerte, de Georgui Gospodínov, editorial Impedimenta, 224 páginas.
“Mi padre era jardinero. Ahora es jardín” es el perfecto resumen de este texto no muy amplio, fragmentado en abundantes capítulos, que se inscribe en el género del duelo a la pérdida, en este caso, del padre. El autor ve como la vida del mayor se consume ante sus ojos, asiste impotente a la decrepitud y no puede hacer mucha cosa más allá de describir lo que a él le pasa y lo que su padre ha supuesto a lo largo de su vida. Obviamente, al temática es triste, pero el texto resulta luminoso, por lo natural, sencillo y sincero.
 
El canto del cuco, de Robert Galbraith, editorial Salamandra Bolsillo, 544 páginas
Galbraith es el seudónimo bajo el que se esconde la escritora JK Rowling. Famosa en todo el planeta por la saga Harry Potter (muy buenos libros, merecen mucho la pena) ahora se ha pasado al policiaco, con el detective privado Cormoran Strike como su personaje principal. Londinense veterano de la guerra de Afganistán, Strike malvive con su agencia de investigación, un cuchitril en el que medio vive, donde necesita ayuda para sacar adelante el trabajo que le llega. Es una novela muy entretenida, densa y escrita con estilo. Es el inicio de una serie, de las que me he leído cuatro entregas. El personaje de Robin Ellacott es fantástico.
 
* Archipiélago, de Mariana Enríquez, Ampersand ediciones, 300 páginas
Debo reconocer que aún no he leído obras literarias de Mariana, por lo que me pierdo a una de las mejores cuentistas de nuestra lengua, según comenta la crítica. Ha querido la casualidad que comience con ella con esta especie de memorias de lectora, en la que en capítulos breves de dos o tres páginas describe decenas de referencias que le han marcado en la vida, tanto literarias como de cualquier otro tipo de expresión artística. Se descubre a una personalidad de lo más inquieta, interesante, con gustos eclécticos y muy personales, más que atractiva.
 
* V2, de Robert Harris, editorial Debolsillo, 304 páginas

Las novelas de Harris aseguran entretenimiento de calidad, con unas tramas que se suelen basar en hechos históricos, que se recrean con gran fidelidad. Finales de 1944, Alemania está perdiendo la guerra, pero desde la costa holandesa los ingenieros y militares nazis lanzan los primeros cohetes de la historia, misiles balísticos que atacan Londres y aterrorizan a la población. La historia de uno de los ingenieros que han desarrollado esas armas y la de una de las analistas británicas que buscan descubrir desde dónde se lanzan para destruir sus bases se cruzan en una historia de espionaje, guerra y traiciones.
Mejor libro de no ficción.
 
Otro año en el que la calidad de los ensayos me ha parecido algo superior a la de las novelas. La geopolítica manda mucho.

Mejor libro de no ficción

El ascenso de China, de Rafael Dezcallar, editorial Deusto, 352 páginas.
China es la obsesión de occidente, y más aún de todo aquel que la ha conocido recientemente y ha visto a un gigante avanzando sin cesar. En esta obra Dezcallar trata de describir cómo es la China actual, sin olvidar de dónde viene, cuáles son las motivaciones sociales y políticas que la definen y cómo se organiza su sociedad y su sistema de gobernanza. Es un magnífico y comprensible texto para hacerse una idea de cómo funciona la otra superpotencia global.
 
* Tierra baldía, de Robert Kaplan, editorial RBA, 304 páginas
El usar como título del libro el famoso poema de TS Elliot no es baladí, ya que Kaplan, en este análisis geopolítico, plantea una visión descarnada de un mundo en el que, según él, volvemos a esquemas del siglo XIX, de equilibrio tenso entre potencias y dominico exclusivo en las zonas de influencia que cada una considera suya. La Weimar de entreguerras también aparece como metáfora en este muy interesante trabajo.
 
* Guerra nuclear, un escenario, de Annie Jacobsen, editorial Debate, 416 páginas.
En este libro, técnico, detallado, y que se lee como si fuera la mejor novela de intriga imaginable, Jacobsen relata, en tiempo real, la sucesión de acontecimientos que se producirían en el caso de que, desde EEUU, se detectase el lanzamiento de un misil balístico intercontinental, ICBM, con cabeza nuclear, con un objetivo fijado en suelo norteamericano. Una cadena de sucesos se inicia para evitar lo inevitable, y el resultado final más probable es un escenario de destrucción absoluta. La última película de Katherine Bigelow “Una casa llena de dinamita”, excelente, se basa en esta obra.
 
* El tren, de Guillermo Abril, editorial La Caja Books, 328 páginas
China otra vez, pero en este caso como lugar de destino de un viaje apasionante que comienza en la estación de contenedores del Abroñigal, al sur de Madrid, donde acaba la línea ferroviaria más larga del mundo, que en un par de semanas es capaz de transportar un contenedor desde el gigante asiático al centro de Europa. El viaje es un libro de historias en torno a la logística, la producción y el intercambio, una guía sobre los cimientos que sostienen la globalización que nos proporciona servicios procedentes de todo el mundo. Y está escrito con estilo, sin tecnicismos, con mucho sentido.
 
* Los filósofos terrenales, de Robert Heilbroner, Alianza editorial, 528 páginas
Descubierto gracias a un artículo de prensa de Ramón González Férriz, este libro es una excelente introducción a la historia del pensamiento económico A través de ejemplos, se avanza a lo largo del tiempo, con los autores y escuelas más destacadas, mostrándose en cada caso sus visiones principales, sus puntos fuertes y los débiles. Es bastante sencillo de leer y no requiere un conocimiento previo detallado sobre el tema. Y demuestra nuevamente que la economía es mucho, mucho, mucho más que números.
 
* Oppenheimer, de Kai Bird & Martin J Sherwin, editorial Debolsillo, 896 páginas
El año 2023 fue el de la película, pero en este es cuando me he leído el libro en el que se basa, un trabajo monumental por el detalle y la intensidad de lo que se cuenta. La vida del físico norteamericano, analizada en detalle, sirve a los autores para hacer toda una biografía sobre la física cuántica, la geopolítica, el poder y la sociedad de la primera mitad del siglo XX, en una obra que resulta exigente por momentos, pero que en otros es mucho más interesante y atractiva que la propia película.
 
* La factura del cupo catalán, de Jesús Fernández Villaverde y Francisco de La Torre, editorial, Espasa, 356 páginas
El anunciado preacuerdo para la concesión de un cupo a la Generalitat de Cataluña, aún no concretado en nada, sirve a los autores para escribir una obra en la que desmontan tanto el agravio financiero que alega la Generalitat como varios de los mitos que existen en nuestro país sobre las finanzas públicas. Es un resumen acelerado de cómo y quién recauda en España, en qué se gasta, qué partidas son las que consumen la mayor parte del presupuesto, que tiene sentido descentralizar, qué no, cómo se ve afectada la lucha contra el fraude fiscal con este tipo de medidas…. El tema es farragoso, pero lo que se explica se hace con sencillez. Es un libro necesario, no sólo por cuestiones coyunturales.
 
* Quien tiene miedo muere a diario, de Giuseppe Ayola, Gatopardo ediciones, 262 páginas
Dejado por un compañero de trabajo. Es un libro testimonial de Giuseppe Ayala, fiscal antimafia italiano, íntimo amigo de Falcone y Borsellino, jueces asesinados por los delincuentes cuando desde la justicia se organizó, por fin, de manera decidida para luchar contra esa lacra. Crónica de esfuerzos, trabajo, vida, muerte y sacrificios de un grupo de funcionarios, servidores públicos en el mejor de los sentidos, que en no pocas ocasiones fueron abandonados por el estado al que servían. Denuncia de una impotencia, en gran parte, impuesta por las propias autoridades italianas.
 
* Una historia personal de la arquitectura europea, de David, editorial Tusquets, 400 páginas
David Ferrer es arquitecto, y, sobre todo, un amante de su profesión que la explica de manera muy clara para los no iniciados. A lo largo de todo el continente europeo, y desde la Grecia clásica hasta el periodo entreguerras del siglo XX, Ferrer ilustra las bases, condicionantes, evolución, usos, modas y formas de construcción que han dominado hasta conformar los estilos que ahora llamamos como clásico, gótico, neoclásico, la Bauhaus, etc. Es un texto excelente para introducirse en el tema, y sirve como compendio general de la materia.
 
Los extrañados, de Jorge Freire, editorial Libros del Asteroide, 224 páginas
Libro curioso en el que el autor, en cuatro capítulos, recrea la biografía de cuatro escritores famosísimos en su tiempo que acabaron desubicados por completo, y que hoy son muy poco reconocidos por el público general. Wodehouse, Bergamín, Blasco Ibáñez y Edith Warton le sirven a Freire para, con un estilo literario de gran belleza, recrear episodios históricos significativos que los cuatro tuvieron la oportunidad de vivir. Una especie de minimemorias de sujetos en el margen.
 
* El mundo no se acaba, de Hannah Ritchie, editorial Anagrama, 472 páginas
Ritchie es una de las responsables de la excelente web Our World in Data, uno de los mejores repositorios de información de toda la red. Es experta en datos y muy concienciada con la idea ecologista, pero desde una perspectiva racional, y sin caer en alarmismos exagerados. En el libro aborda algunos de los más graves problemas a los que hacemos frente en este campo (contaminación, pérdida de biodiversidad, plásticos, deforestación, etc) evaluando de manera sincera la eficacia de las medidas que se llevan a cabo para mitigarlos, que en algunos casos funcionan y en otros no. Huye en todo momento del tremendismo que tanto vende y supone una visión racional muy necesaria en este campo de estudio.
 
 
…….. y una coda de años pasados, pero que ahora se convierte en profética
 
La conjura contra América, de Philip Roth, editorial Debolsillo, 432 páginas

Todos los libros de Roth son excelentes, cojan cualquiera de ellos y sumérjanse sin miedo en su universo. Este es distinto al resto, es una ucronía, fechada en un 1940 alternativo en el que el candidato aislacionista Charles Lindberg, sí, el aviador, obtiene una clara victoria frente a Franklin D Roosevelt en las elecciones presidenciales de 1940. Con la guerra en Europa lanzada y los nazis conquistando sin freno, Lindberg y el resto de su equipo, con evidentes simpatías respecto al régimen de Berlín, dan un viraje total a la política norteamericana, dejando aislado al primer ministro británico, Churchill, desentendiéndose de todo lo que tenga que ver con el acogimiento de los europeos que huyen del continente, pactando con los nazis un entendimiento cordial, y poniendo en marcha en el territorio americano una política de persecución centrada en la numerosa comunidad judía que reside en el país.
 
Sí, es ficción, sí, pero, en este 2025 que dejamos atrás… ¿se les hace familiar el argumento?
 


viernes, septiembre 05, 2025

María Pombo no lee

Esta semana he conocido a María Pombo o, más bien, le he puesto cara. Y sí, es muy guapa. Me sonaba ligeramente pero no la tenía ubicada, dado el poco caso que hago al mundo de los influencers, fenómeno que no logro entender del todo. Busqué algo para saber quién era después de unas declaraciones suyas que le han dado relevancia a lo largo de la semana, y la trayectoria que tiene se me hace ajena a más no poder. En todo caso es evidente que la vida, al menos en lo material, ha sido bastante más gratificante para ella que para mi, por lo que en lo que respecta a la supervivencia, me gana de calle. Para eso no le ha hecho falta leer, desde luego.

Pombo ha dicho que las personas que leen no las hace mejores respecto a las que no leen, y que el mero hecho de leer está sobrevalorado. Esto ha generado mucha polémica, ruido en las redes y respuestas de todo tipo, en general críticas hacia ella. Eso le ha obligado a reconocer que algún libro se ha leído, y ha mencionado a unos cuantos de autoayuda y el principito. Más allá de que la fama de Pombo sea merecida o no, creo que no pero eso da igual, en parte tiene razón con sus declaraciones, al menos respecto a la bondad personal asociada a la lectura, porque creo que las buenas personas, las que son mejores, no tienen por qué leer, o no es algo que sea distintivo en ello, pero eso mismo se puede decir de mil facetas distintas de la vida. Uno puede ser bondadoso e iletrado, culto y capullo, devorador de libros y generoso, amante de la cultura y racista, etc etc. La gente, en estos tiempos en los que todo es blanco y negro, no logra entender que las personas somos complejas, tenemos un montón de facetas distintas en nuestra personalidad, combinaciones de todo tipo de gustos, preferencias, recuerdos, historias, hechos que nos han marcado, etc, y suele ser el efecto de todo eso lo que determina cómo somos. Leer es una manera intensa de aprender y acceder a conocimientos acumulados por la humanidad, y genera empatía respecto a las historias que se cuentan de esta manera, pero eso puede generar efectos de todo tipo en cada persona y a algunos volverles más receptivos respecto a lo que pasa en el mundo y a su alrededor y a otros no. La superioridad moral, de la que tanto presumen determinados colectivos e ideologías que pululan entre nosotros es, a mi entender, un oxímoron, porque quien así se manifiesta está cayendo en un desprecio hacia los demás, lo que es un comportamiento poco moral. Pombo, a quien no conozco de nada, puede ser una bellísima persona, o lo contrario, o ni fu ni fa, haya leído o no. A mi, que la lectura me encanta, me resultará mucho más interesante alguien a quien también los libros le digan algo, porque tendré allí una afinidad común que es muy relevante en mi vida, pero yo no leo porque me crea que eso me hace ser mejor que otros, por la misma razón que cuando como espaguetis no me creo superior a quien come ensalada. Ese pensamiento es una estupidez profunda. Leo porque me gusta aprender cosas, porque me seduce el hecho de sumergirme en un contexto no visual en el que lo que se cuenta debe ser complementado por la imaginación para conformar un relato. Leo porque me gusta que me cuenten historias, igual que si vas al cine o escuchas un poadcast en el que se relatan anécdotas. Leo porque me lo paso bien, porque me entretengo, porque me parece una manera fantástica de pasar el rato, porque me produce placer sentarme en un banco, o en casa, o en donde sea, abrir un libro y meterme dentro. Leo principalmente por el mero hecho del entretenimiento, del disfrute. Decía Savater que de pequeño le caía alguna bronca en casa por estar “ahí, leyendo, sin hacer nada” y el respondía que leer es hacer algo, y que no había momento en el que se lo pasase mejor que metido en las novelas y ensayos que le absorbían. Leer por placer es, para mi, una excelente manera de pasar la vida, y el montón de obligaciones de la vida adulta (en mi caso no tan adulta como lo normal, lo que genera menos debes) quita tiempo para ello, pero una vida de horas libres para poder leer lo que se quiera es una buena idea de paraíso.

Leer, escuchar música, asistir a conciertos o exposiciones, visitar museos…. Todo ese tipo de actividades que asociamos con la cultura son buenas porque, en general, otorgan a quien las practicas mayores criterios y recursos para enfrentarse a la vida, por lo que puede ser de utilidad. Pero, por encima de todo, pueden resultar actos gratificantes, estéticos, de gozo, de pasarlo bien, de sonreír mientras se ejecutan. Dudo que la cultura nos haga ser mejores personas, hay contraejemplos profundos al respecto, pero al menos, a los que nos gusta, nos va a hacer pasar buenos momentos y aliviar el paso vital. Y eso, que esté tranquila, no afectará al elevado nivel de facturación del negocio de María Pombo.

lunes, abril 14, 2025

Ha muerto Mario Vargas Llosa

Supongo que será manida la comparación, pero hoy, aniversario del hundimiento del Titanic, ha fallecido uno de los mayores escritores de la historia, en este caso en castellano. La levantarme y poner la tele me he encontrado con la desagradable noticia de la muerte de Mario Vargas Llosa, acaecida en Perú, donde se encontraba con toda su familia. A los 89 años, con una vida prolífica y larga, ha muerto rodeado de los suyos en la tierra que le vio nacer, que describió como nadie, y que será el lugar en el que sus cenizas reposen, tras ser incinerado por su expreso deseo. Las letras universales están de luto por una pérdida enorme.

En lo literario, Vargas Llosa lo ha sido todo, todo, todo. Fue parte del llamado boom latinoamericano, esa explosión de literatura y lenguaje que llegó del otro lado del charco con una frescura, imaginación y belleza que en España ya ni se podía imaginar. Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y el propio Vargas Llosa eran los estandartes de una generación de creadores que supieron renovar la forma de escribir y contaron con el éxito de la crítica y el público. Gracias al trabajo de Carmen Balcells, desde Barcelona, sus obras llegaron a nuestro país y el resto del mundo, y cambiaron la literatura en castellano. García Márquez fue el primero en ser reconocido con el Nobel, pero era Vargas Llosa el que iba desarrollando una carrera literaria más profunda. Menos centrado en el realismo mágico, sus novelas se centraban en retratar el Perú en el que había nacido, y la opresión que se vivía en el país por las dictaduras militares que lo regían. Vargas Llosa era literato, pero creyente en la libertad con la misma fuerza con la que la pasión de las letras le devoraba. Esto le hizo separarse de los popes ideológicos que servían de referente a muchos de sus correligionarios escritores, y le hizo apartarse de ellos. En las novelas de su primera etapa, con La ciudad y los perros, Conversaciones en la catedral o La casa verde, como grandes hitos, se muestra rudo, no ahorra dolor en las descripciones referidas a la arbitrariedad del poder y a cómo los ciudadanos, sometidos bajo él, degeneran para tratar de sobrevivir, adaptándose al miedo o dejándose llevar. Toda su obra tendrá como hilo conductor la defensa de la libertad y la denuncia de los dictadores, sea cual sea la presunta ideología en la que se envuelvan para tratar de encubrir su ansia infinita de poder. Candidato a las presidenciales de Perú, llegó a la segunda vuelta electoral, pero no logró salir elegido, y acabó escarmentado de la política activa. Tras ello, compaginó su labor de escritor con el desarrollo un activo papel como intelectual en defensa de sus ideas, con esa libertad como bandera. Articulista, ensayista, baluarte del liberalismo de corte anglosajón y abierto, huía de dogmatismos y era capaz de separar el polvo y la paja de la agria actualidad que le rodeaba. Residente en España desde hacía mucho, obtuvo la nacionalidad ya en los noventa y se convirtió en un personaje público de nuestra actualidad social. Sus novelas siguieron siendo excelentes, con Tiempos recios, o, especialmente, La fiesta del chivo, como cumbres absolutas de una labor literaria incansable. Abanderó causas políticas en nuestro país, como la inquebrantable defensa de las víctimas del terrorismo de ETA o la denuncia del procés catalán, siendo de los pocos valientes que, desde primera hora, se apuntó a la defensa de la democracia de nuestro país frente a los sediciosos que trataban de tumbarla. Creciente en edad y dudas, su figura creció de una manera enorme, y pese a que en los últimos tiempos más de uno le asoció a la prensa del corazón por la relación que tuvo con Isabel Preylser, su relevancia en el campo literario le consagró en todo el mundo. Recibió el Nobel en 2010 y fue miembro de la Real Academia Española y de la francesa, un honor compartido que, creo, nadie ha recibido nunca.

Hace un par de años se despidió de las páginas de la prensa, donde tenía una columna de opinión regular los domingos en El País. Su última novela, Le dedico mi silencio, era expresamente el final de su carrera como escritor de ficción, y dejó el mensaje de que estaba trabajando en un último ensayo sobre la vida de Sartre, uno de los grandes intelectuales del siglo XX, luz llena de oscuridad que en su momento le encandiló y que supo ver, con su clarividencia, las falacias que escondía tras su máscara de compromiso social. No se si ese trabajo verá la luz o no. Su obra es enorme y queda para siempre entre nosotros. Gracias por ella, y un sentido abrazo a los suyos por la pérdida de la persona que fue.

viernes, marzo 28, 2025

Sobre el libro de José Bretón

Anagrama ha decidido, motu proprio, suspender indefinidamente la distribución del libro que Luisge Martín ha escrito sobre José Bretón, el asesino de sus hijas, ejecutor del acto más cruel posible sobre ellas para castigar a su mujer, Ruth Ortiz, la madre. Condenado por esos hechos, al parecer en el libro confesaba por fin su culpabilidad, que no había admitido aún, ni siquiera en ninguno de los momentos del juicio. El libro ha generado una enorme polémica y las voces que han pedido cancelarlo, por respeto a Ruth, son las que prevalecen, y algunas de las medidas judiciales que se han tomado iban en ese sentido.

Este es un tema vidrioso, feo, en el que el protagonista es un criminal de dimensiones inabarcables, por la atrocidad cometida y la absoluta maldad que la rodea. Creo que debe estar encerrado en prisión hasta el último de sus días, sin remisión alguna, y que sólo cuando fallezca en la cárcel pueda salir. ¿Debe prohibirse el libro? Hay creo que la respuesta es negativa. Todos los días se publican muchos libros, algunos buenos, la mayor parte irrelevantes, no pocos malos. El autor tiene derecho a escribir lo que quiera sobre lo que quiera, y aunque el tema sea repulsivo, la decisión de prohibir su publicación abre un melón de difícil gestión. ¿Cuándo es suficientemente grave un delito para no ser lítico escribir sobre él? ¿Cuánta maldad es excesiva para determinar que sobre unas cosas sí se puede publicar y sobre otras no? La dimensión de estos hechos puede ser cuantificable en penas acumuladas en el código penal, pero no en moralidad, porque un asesinato ay es ir al más allá de la maldad, aunque luego puedan existir regodeos. Además, quién soy yo, o cualquier otra persona, para determinar lo que es lícito publicar o no, o los sentimientos que puedan ser heridos por una determinada obra. En todo caso, mi elección será la de consumir esa obra o no, considerar que el tema me atrae o no, pensar si hago bien o mal al adquirir ese libro… en definitiva, decisiones personales de cada uno ante la obra existente. Creo que son dos las barreras que deben respetarse a la hora de hacer cosas como este libro, o las series que nos inundan. Una, que el causante del mal no se beneficie económicamente de ello. Pagar a un asesino derechos de autoría por una obra que habla de su crimen es recompensarle por lo que ha hecho, y eso me parece una indignidad absoluta. En este caso Anagrama, la editorial, ha dejado claro que no se va a producir algo así, que los únicos que cobrarían dinero por la obra serían el autor y el editor. La segunda cosa que creo es obligada es que, en este caso la editorial, se ponga en contacto con la víctima, Rut Ortiz, para que sepa lo que se está pensando hacer, cuente con su opinión y tenga un acceso previo a la información. Enterarse por los medios de una polémica así no es nada agradable, y ahí al editorial ha fallado calamitosamente, mostrando una profunda insensibilidad con la víctima. ¿Es eso motivo de prohibición? Me da que no. Prohibir es una palabra muy intensa que debe ser usada con moderación, no a la ligera (ahí si me leyera alguno de mis geniales compañeros del centro de cálculo de Sarriko, de los que tanto debí aprender) y aún más en estos tiempos de redes sociales, donde el mero hecho de generarse una polémica así aumenta el interés de todo el mundo y dispara las posibles ventas y repercusión económica. Ante las series que nos invaden sin cesar sobre crímenes reales, eso que se ha dado en llamar “true crime” que no me llama mucho, la verdad, la polémica es similar, y me da que si se determinase el criterio de prohibir como norma general gran parte del catálogo de las plataformas que ahora mismo se puede escoger para ver en casa sería eliminado. No entiendo el morbo que le produce a la gente este tipo de horrores, pero existe, y a sabiendas se realizan productos para que sean consumidos, sirviendo para alimentar a la sociedad que los demanda. Se pueden tener todo tipo de objeciones morales y opiniones al respecto, y optar por consumirlos o no, pero prohibir, reitero, es una palabra que no debe ser usada a la ligera.

Hay una derivada interesante de esta historia, relacionada con lo anterior, que la expuso Sergio del Molino hace unos días en una de sus columnas, que es la relativa hipocresía de una sociedad que demanda prohibir el libor pero que ha consumido programas televisivos basura día tras día sobre el caso, con entrevistas y tertulias sin fin, con un enorme afán comercial en todo ello. Si prohibimos el libro, ¿qué hacemos con todos esos programas televisivos que hace un verano, por ejemplo, casi enseñaban a descuartizar un cuerpo y defendían a quien lo había hecho? No, creo que el libro debe editarse, y que José Bretón debe morir en la cárcel, y que nada habrá en el mundo que pueda devolver consuelo a Ruth Ortiz. Todo lo demás es ruido y desolación.

viernes, febrero 14, 2025

La conjura contra América, de Phillip Roth

Phillip Roth es un escritor norteamericano fallecido hace pocos años. Era uno de los más grandes en su oficio, y la academia sueca no le dio el Nobel, lo que supuso otro enorme baldón en el expediente de los sacrosantos nórdicos, que perdieron la oportunidad de asociarse a la calidad literaria de ese maestro. Reiteraron su error al no reconocer a Javier Marías antes que, también, falleciera. Judío residente en Newark, su origen permeaba toda su obra y era imposible entenderla sin él. No era sionista, pero sí se sentía con el alma algo desubicada. Su religiosidad era menor que su conciencia de ser parte de un grupo eternamente perseguido, siempre vulnerable.

Una de sus últimas novelas se llama La conjura contra América, y es una ucronía, un ejercicio de ficción sobre una historia alternativa, algo poco habitual en su producción literaria. En ella los protagonistas principales son los miembros de la comunidad judía de Newark, que viven con preocupación los acontecimientos que les llegan de Europa, donde se está produciendo el ascenso del régimen nazi y las noticias son, cada vez más preocupantes. En medio del rearme alemán, lo que trasciende es el crecimiento económico y apenas se habla de la creciente discriminación que sufre la comunidad judía y de la violencia generalizada que, contra ella, se extiende por el país. En los EEUU donde se radica la trama tiene fama y gloria Charles Lindberh, famoso aviador que fue el primero en cruzar el Atlántico en un vuelo sin escalas, en el “Spirit of Sant Louis”. Lindbergh es todo un mito en el país y desarrolla una intensa vida pública, en la que no esconde sus opiniones políticas, cada vez más escoradas hacía la admiración hacia el régimen nazi y la propia figura de Hitler. Todo esto es real y cierto, y el giro de la novela hacia la ficción se da cuando Lindbergh decide presentarse a las elecciones presidenciales de 1940 y con un programa aislacionista respecto a la guerra que ya se ha desatado en Europa, logra vencer a Roosevelt, que llevaba ya dos mandatos en el cargo. La victoria del antiguo aviador instaura un nuevo régimen en el país en el que no sólo se corta todo tipo de colaboración con el Reino Unido y la resistencia europea, sino que también se empiezan a implantar una serie de leyes segregacionistas destinadas al aislamiento de la comunidad judía, que ve cómo la persecución que les cuentan sus allegados europeos empieza a darse en sus propios pueblos. En Newark, donde reside la familia del protagonista Phillip, una versión del propio Roth en sus años de crío, las prohibiciones y redadas empieza a hacerse cada vez más frecuentes, y la clandestinidad es la única opción posible para tratar de sobrellevar lo que se les viene encima. Lindbergh construye poco a poco un régimen parta policial en el que la delación, el espionaje interno y la acción violenta son las bases del día a día. Los ciudadanos, enfrentados ante el riesgo de colaborar con un estado que se vuelve opresor o eludirlo para ayudar a los perseguidos, se ven obligados a escoger, y se muestran caracteres diversos que adoptan todas las posturas posibles, desde las más traidoras a las más nobles, enfrentados en todo momento a una disyuntiva entre el deber moral y la presión policial que busca cambiar el régimen norteamericano. Poco a poco el paisaje urbano de Newark y de algunos iconos asociados a las libertades, como pueden ser los monumentos a Lincoln o Washington empiezan a convertirse en meros decorados en los que el poder instala una sombra que los transforma por completo. La propia idea de los campos de concentración surge como posibilidad en el una de las reuniones en las que burócratas del nuevo gobierno buscan como atajar el problema que supone la enorme comunidad judía que reside en el país. Los Roth, y el resto de sus allegados, se verán cada vez más presionados y sin escapatoria. Y de paso, en Europa, la guerra continua y el continente, sin el apoyo de EEUU, se desangra.

Escrita de maravilla, como lo hacía Roth, la novela es deprimente, no sólo por lo que cuenta, sino por el hecho de que podía haber sucedido algo así. No era imposible que una facción aislacionista se hiciera con el poder en Washington, y es necesario recordar que, incluso bajo el tercer mandado de Roosevelt, la implicación norteamericana en la guerra europea fue indirecta porque en el país la población, en su gran mayoría, no quería verse involucrada en un nuevo conflicto. La novela relata una pesadilla que pudo ser y no fue. Leerla hace unos años suponía un placer estético y un resquemor. Hoy, con Trump en la presidencia, lo primero se mantiene, lo segundo se acrecienta de una manera casi insoportable.

viernes, diciembre 20, 2024

Recomendaciones de libros 2024

¿No tienen la sensación de estar perdidos en medio del griterío? Cada vez más me siento así, con ganas de escaparme de una conversación pública que ha degenerado en un banal enfrentamiento entre bandos ruidosos que ni se escuchan ni argumentan. Sentarse, abrir un libro y estar en silencio, además de un placer entretenido, se está convirtiendo en uno de los actos más transgresores que imaginarse uno pueda. Quién me lo iba a decir a mi, sujeto de costumbres y sosainas hasta el extremo, que iba a hacer algo transgresor en mi vida….

Recuerden que no tienen por qué ser libros editados en este año sino los que más me han gustado de entre los que he leído. Salvo los ganadores de cada categoría, el orden del resto de libros reseñados no indica una mayor o menor calidad, sólo que son los que más destaco.

Mejor libro de ficción

El mago del Kremlin, de Giuliano da Empoli, editorial Booket, 336 páginas. En esta novela se nos cuenta, como si fuera una confesión, la vida de un asesor del kremlin que logró llegar hasta las más altas esferas del poder ruso, y de cómo firmó un pacto fáustico en el que entregaba su alma a cambio de una capacidad de influencia enorme en la política, economía y sociedad del país. Personajes ficticios que pueden ser identificables y uno, que no se menciona como tal, pero que siempre está, y al que todos ponemos perfecto rostro y mirada heladora. Una excelente novela sobre el poder, las relaciones personales, la familia, a lo que nos vemos obligados a hacer si la ambición es lo que nos domina. Se disfruta tanto como inquieta.

* M, el hijo del siglo, de Antonio Scurati, editorial Debolsillo, 824 páginas. Primero de los varios volúmenes que Scurati está dedicando a la historia de Mussolini, como perfecta encarnación del totalitarismo y de una época, la primera mitad del siglo XX. Alternando capítulos novelados con otros de contexto histórico, la figura de un patán aprovechado va surgiendo, cada vez con más proyección, en los años del caos tras la Primera Guerra Mundial en una Italia pobre, violenta y desorientada. Esta brillantemente escrito y el hecho de que sepamos lo que va a ocurrir en cada momento no le quita un ápice de emoción a lo que relata.

* Los alemanes, de Sergio del Molino, Editorial Alfaguara, 336 páginas. Una de las ventajas de la literatura de del Molino es que parece saltar de género en género de una manera natural, siendo bueno en todos ellos. En esta novela se mezcla el presente y pasado con una colonia de alemanes afincada en Zaragoza desde hace un siglo como referente. Historias familiares que esconden cadáveres mal enterrados, tramas actuales, el perdón y la culpa que los antecesores llegan a hacernos cargar toman forma en un texto ágil, intenso y que deja el regusto de la buena literatura.

* La anomalía, de Hervé Le Tellier, editorial Booket, 368 páginas. Novela ganadora del Goncourt hace pocos años, es un ejercicio de ciencia ficción muy interesante. Un avión con más de doscientas personas llega a su destino, Nueva York, tras haber despegado de París, y los pasajeros comienzan sus vidas tras el viaje. Tres meses después, el mismo avión con las mismas personas, repetidas, vuelve a llegar a Nueva York, otra vez desde París. Este imposible sirve para plantear una historia de paradojas físicas y vitales. Es una novela muy curiosa y de una procedencia, Francia, inesperada para el género.

* Hexalogía Blackwater, de Michael McDowell, editorial Blackie Books, seis volúmenes, 200 páginas cada uno. Uno de los grandes éxitos de venta del año, tanto por su estética como por lo que cuenta como por el hecho de ser una serie pensada como tal, que engancha. La historia de una familia, los Caskey, y el enfrentamiento entre la matriarca del clan y la recién llegada Eleanor, enorme personaje, en Perdido, localidad ficticia del profundo sur de los EEUU llena de misterios. Intriga, fantasía, momentos de terror a lo Stephen King, la trama relata cómo, a lo largo de las décadas, todo cambia y se transforma, las luchas se mantienen, las fortunas se crean y pierden, y sólo es eterna la salvaje y peligrosa corriente de los ríos Blackwater y Perdido, que rodean al pueblo. Muy entretenido.

* El reino, de Emmanuel Carrère, editorial Anagrama, 520 páginas. Tiempo llevaba esperando que Anagrama lo editase en bolsillo, y ha merecido la pena. Es una de las obras grandes del autor, en la que, como siempre, mezcla la historia que quiere tratar con su vida propia. En este caso nos sumergimos en el Carrère religioso, que sufre una conversión y se hace católico de una manera profunda, para acabar volviendo a la fe descreída de la que partía. Y en el camino se nos novela la obra de Pablo de Tarso, el auténtico creador de la iglesia católica, el que organizó el mensaje de Jesús en forma de estructura de culto y poder. Es un libro denso y lleno de reflexiones interesantes.

* Cementerio de animales, de Stephen King, editorial Debolsillo, 488 páginas. Un libro de Stephen King cada cierto tiempo es garantía de entretenimiento. No le darán el Nobel, por lo que es probable que el jurado del premio acabe alguna vez reventado por la ira de un monstruo que surgirá de una alcantarilla sueca. Novela intensa, con unos personajes trazados con tiralíneas que, desde el primer minuto te atrapan. Te hace pasar miedo de verdad y, para los que tengan mascotas, supongo que les forzará a mirarlas con unos ojos un poco más precavidos ¿Quién hay que sea capaz de escribir tanto con semejante calidad?

* El ancho mundo, de Pierre Lemaitre, editorial Debolsillo, 592 páginas. Lemaitre se ha convertido en un experto en contar la historia francesa en formato novelón, justo al contrario que Éric Vuillard y sus textos mínimos. Su pasada trilogía, muy recomendable, se centraba en el periodo entre guerras. En esta nos lleva al mundo tras la Segunda Guerra Mundial, a una Francia que se reconstruye, con personajes valientes y turbios, y a una Indochina en la que algunos protagonistas van a la búsqueda de un futuro y se encuentran con sorpresas algo tenebrosas. Entretenida y con mordaces apuntes sobre la historia reciente del país vecino.

* Proyecto Hail Mary, de Andrew Weir, editorial EdicionesB, 544 páginas. Weir se hizo muy famoso por la novela de El Marciano, que Ridley Scott adaptó en una muy buena película de aventuras. Especialista en ciencia ficción dura, de esas que cuentan cosas que son aparentemente imposibles, pero con una gran plausibilidad en los detalles y con ciencia real de fondo, nos lleva ahora a una misión interestelar de la que depende el futuro de nuestro planeta, amenazado por un agresivo fenómeno cósmico. El único superviviente de la tripulación, amnésico, va recordando poco a poco por qué está allí, y qué es lo que debe hacer para salvarse él mismo y a todo el mundo. Y cree que está solo…

 ….. y una coda muy especial. Duelo sin brújula, de Carme Lopez Mercader, editorial Reino de Redonda, 128 páginas. Este es un libro único, triste, el último de la editorial. Su autora es la mujer de Javier Marías. Juntos crearon esa empresa de libros y una vida en común que se extendió durante décadas. En estas páginas Carme da rienda suelta a su pena, expone el testimonio de alguien que ha perdido una de las causas por las que vivir, y acaba componiendo una espléndida, y desoladora, carta de amor a Javier, a su hombre, que todo lo fue, con quien todo lo compartió y que ya no está.


Este año han caído más ensayos que novelas, y de calidad notable.

Mejor libro de no ficción

La escritura de los dioses, de Edward Dolnick, editorial Siruela, 340 páginas. Libro dedicado a la apasionante labor de traducción de los jeroglíficos egipcios, y la carrera que mantuvieron Thomas Young y Jean-François Champollion, cada uno con aciertos y errores. De fondo, el casual descubrimiento de la piedra Rosetta, bastantes nociones sobre cómo funcionan los idiomas humanos, y un montón de historia sobre el antiguo Egipto, la época victoriana y las montañas de prejuicios culturales que debieron ser vencidos para poder lograr el éxito. Y el inquietante corolario de que, dado que aún existen idiomas no descifrados, era posible que no lo consiguiéramos. No es una novela policiaca, pero es mejor que muchas de ellas.

* Un verdor terrible & Maniac, de Benjamin Labatut, editorial Anagrama, 224 y 400 páginas. Si no quieren uno, dos. Muy alabados por la crítica, finalmente me lancé a por el verdor y quedé deslumbrado, y ya tuve que pillarme el otro. Son ensayos científicos sobre temas diversos, miscelánea el primero, e inteligencia con la vida de Von Neuman como guía el segundo, pero el autor los escribe con una carga literaria enorme que va creciendo a medida que las páginas avanzan, de tal manera que llega un punto en el que no está claro si estamos ante un ensayo o un trampantojo. Pero da igual, porque es fascinante.

* Los años peligrosos, de Ramón González Férriz, editorial Debate, 216 páginas. Hay muchos ensayos políticos en las estanterías. Este expone de manera excelente las claves de la polarización que estamos viendo, clarividentemente logra demostrar que responde a una decisión racional de los actores que la crean y, en definitiva, retrata de una manera precisa nuestro árido tiempo. Férriz es un intelectual con sólido conocimiento de la materia y gran capacidad para exponerlo. Sus artículos en los medios son muy recomendables. Una obrita suya anterior, La Ruptura, reeditada este año, es obligada.

* Homo Viator, de Pepe Pérez Muelas, editorial Siruela, 456 páginas. Libro curioso y denso. Montones de capitulitos de unas tres páginas, agrupados por temáticas, en las que el autor da rienda suelta a su pasión por el viaje. La era de los descubrimientos, la antigüedad, América, aventureros, historias de mapas, planisferios, viajes mitológicos… escrito con enorme elegancia, el compendio de anécdotas que se reúnen es enorme, y cada uno de los pellizquitos que se muestran daría para toda una novela de aventuras en lugares exóticos.

* En busca de consuelo, de Michael Ignatieff, editorial Taurus, 296 páginas. Ignatieff ha recibido este año el premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales. Es una figura globalmente relevante y un estupendo ensayista. Y a pesar de ser miles de veces más listo y culto que yo, se muestra igualmente perdido ante el mundo que nos rodea, y se pregunta en este libro, algo distinto al resto de los suyos, dónde poder encontrar consuelo ante la adversidad. Explorando la vida e ideas de varios pensadores a lo largo del tiempo, extrae lecciones que pueden servir para iluminar. No es un libro de autoyuda, por supuesto, sino de pensamiento y filosofía. Y de los muy buenos.

* Hacia el infinito, de Michael Lewis, editorial Deusto, 288 páginas. Con el subtítulo de “Ascenso y caída de Sam Bankman-Fried, fundador de FTX” Lewis nos lleva de viaje a la creación de la que fue la principal plataforma del universo “cripto” antes de su quiebra, mediante una sucesión de episodios en los que personajes, a cada cual más extravagante, parecen salidos de una serie de televisión con guionistas descerebrados. El propio Bankman-Fried resulta ser una perfecta mezcla entre todos los personajes de Big Bang Theory hecho realidad, pero en sus juegos de fantasía hay miles de millones de dólares. Es tan entretenido como alucinante.

* Los cielos retratados, de Jose Miguel Viñas, editorial Crítica, 304 páginas. Viñas es un excelente meteorólogo, colaborador en varios medios y autor de libros divulgativos muy recomendables. En este caso la obra mezcla dos disciplinas, la meto y el arte, ofreciendo un resultado excelente. Distintos tipos de nubes y fenómenos meteorológicos ilustrados con pinturas de todas las épocas y estilos en una sucesión de capítulos a cada cual más atractivo. Es tan interesante la lectura como bello el resultado. Una gran obra

* Viajes interestelares, de Pedro León, editorial Guadalmazán, 400 páginas. Todo lo que usted quiso saber sobre las sondas Voyager se encuentra explicado en este perfecto libro de divulgación astronómica, tecnológica y espacial. Desde el descubrimiento de maniobras como las de la asistencia gravitatoria, que es lo que permite que objetos lanzados al espacio puedan alcanzar los planetas exteriores e ir más allá, al diseño de las misiones, todas sus características, problemas sufridos, anécdotas, momentos de fracaso, suerte y éxito… todo está aquí. Y no hace falta saber para enterarse de lo que se cuenta. La web que las sigue en directo es https://science.nasa.gov/mission/voyager/

* La Roma de Constantino (gran formato) de Néstor Marqués y Pablo Aparicio, editorial Desperta Ferro, 224 páginas. El trabajo divulgativo de Néstor Marques sobre el mundo romano es, creo, el mejor que existe hoy en día. Este libro es especial, porque no sólo explora la historia de la urbe en un momento clave, la llegada de Constantino y la aparición del cristianismo, sino que realiza un enorme trabajo de reconstrucción con infografías para ilustrarlo. Con un formato de A4, hay páginas dobles y hasta cuádruples con ilustraciones fruto de las últimas investigaciones que, la verdad, hacen de Roma una realidad imponente.

* Manuel Chaves Nogales, de Francisco Cánova Sánchez, editorial Alianza, 416 páginas. Otro subtítulo que lo dice todo “Barbarie y civilización en el siglo XX” El libro es la biografía del legendario periodista y escritor, y un retrato de la España que le tocó vivir, del torbellino que fue el primer tercio largo de nuestro siglo XX y cómo la guerra y el infortunio le persiguieron aquí y en Francia, primer lugar al que huyó tras el inicio de la guerra civil. Es un excelente trabajo de memorias de la persona estudiada y de la evolución de los medios, especialmente la prensa, en aquellos años. Muy recomendable.

* Una película para cada año de tu vida, de Alejandro G. Calvo, editorial Debolsillo, 448 páginas. Libro ideal para discutir con el cuñado sobre gustos, lo visto y no. Alejandro, que es crítico y, sobre todo, amante del cine, hace una selección de cien títulos que considera imprescindibles, entre los que se encuentran algunos clásicos de toda la vida, bastantes modernas, unas pocas de cinefilia, grandes éxitos, de todo un poco, en una selección ecléctica fruto de los propios gustos del autor, que defiende con la pasión de quien lo ha gozado en la sala de cine. La edad a la que proponer verlas es lo de menos. Es muy divertido ir saltando entre una y otra propuesta y comparar nuestras apetencias con las del autor (destripe, tengo vistas unas setenta de las cien que comenta)

* Poder y progreso, de Daron Acemoglu y Simon Johnson, editorial Deusto, 568 páginas. Este año les han dado el Nobel de economía a Acemoglu y Robinson por su trabajo en la teoría institucional, expuesta perfectamente en su primer y genial libro “Por qué fracasan los países”. En este volumen, con la IA de fondo, los autores estudian el papel de la tecnología en el progreso económico de las sociedades, dejando claro que siempre hay ganadores y perdedores en cada avance, y que muchas veces cuesta saber quién es quién. Un muy buen ensayo de historia, economía y sociedad “marca de la casa”.

miércoles, mayo 08, 2024

Paul Auster, escritor

Más de una vez contó Paul Auster una anécdota referida a su infancia que le marcó para el resto de su vida. Era un crío y, junto al resto de compañeros del cole, estaba en una excursión por el campo. De repente, se desató una tormenta y el grupo, alumnos y profesores, empezaron a correr por el descampado en el que se encontraban en busca de refugio. En ese momento cayó un rayo e impacto en el chico que estaba más cerca de Auster, matándole en ese mismo instante. La conmoción para todos fue enorme, y para Auster dejó un poso para siempre, por el trauma de lo vivido y, sobre todo, por su absurdo, por el puro azar que había supuesto esa muerte, que perfectamente podía haber sido la suya.

Eso le animó a llevar una vida activa que le hizo trabajar de casi todo y residir en varios países, especialmente en Francia, durante años en los que perfeccionó su estilo, porque escribir siempre estuvo entre sus amores más profundos. Afincado definitivamente en Brooklyn, un barrio que en sus tiempos no era ni mucho menos la zona residencial de lujo que es hoy en día. Perteneciente a Nueva York, situado en el lado este de la ciudad, tiene a Manhattan en frente, aunque gran parte de la historia lo ha tenido de espaldas. Auster situó gran parte de sus historias ahí, en el entorno urbano que conocía, en el que hizo deambular a sus personajes a la búsqueda de destinos esquivos en los que la suerte y las casualidades realizaban la mayor parte del trabajo que era propio del narrador. Sus novelas son fáciles de leer, pero eso se debe a que Paul era un escritor excelente, que conseguía narrar con una naturalidad asombrosa lo que quería. Sin frases alambicadas, trazo corto, toque ligeramente poético pero nada almibarado, sus textos son una delicia para el lector y, para el que gusta de la escritura, un reto, porque aunque no lo parezca, escribir sencillo y claro es una de las cosas más difíciles del mundo. En esa sencillez Auster planteaba a sus personajes problemas profundos, los ponía en tesituras difíciles, y no eludía dilemas morales de gran dimensión, pero eran perfectamente accesibles para el lector, que no tenía que enfrentarse a muros en forma de párrafos densos e inabarcables. Su técnica era tan depurada como transparente, llegando a lograr ser liviano en la descripción de situaciones de gran complejidad. Quizás por ello, y porque era casi imposible saber cómo se iban a resolver sus tramas hasta que el azar empezaba a jugar, disfrutó de un gran éxito comercial, que le convirtió en uno de los escritores más famosos de su generación. Ha sido raro el caso de Auster porque en él se ha dado una gran calidad literaria y un nivel de ventas propio de las estrellas. Su rostro era famoso en medio mundo, y las incursiones que hizo en otros géneros como el ensayo o el mundo del cine contribuyeron a darle fama global. Durante los ochenta y noventa los lanzamientos de novelas de Auster se convirtieron en fenómenos editoriales que trascendían por mucho el mundo de las letras. Sin embargo, no dejó que la fama le volviera loco, sabía que se debía a sus escritos y lectores, y que la vanidad inevitable que se asocia al éxito no es sino otra muestra del azar que tanto le gustaba, que a veces no tiene nada de merecimiento, y que con la misma fuerza con la que llega se puede ir. Estudioso de la literatura norteamericana, publicó algunos ensayos al respecto, demostrando que el bagaje de lecturas que tenía era enorme, y que en su campo, el de las letras, era todo un intelectual además de un creador. Su producción se fue espaciando a partir de la década de los dos mil, a medida que su vida personal se fue enrevesando. Su segundo matrimonio, con la escritora Siri Hustvedt, convirtió a ambos en una especie de pareja real de las letras norteamericanas. En todo momento ella siguió una carrera literaria propia, separada de la de su marido, y él no se inmiscuyó para nada en las novelas y ensayos de su mujer. Trabajaban juntos, pero cada uno en lo suyo.

El cáncer de pulmón que se le detectó hace unos años fue el inicio de una época de amargura total en su vida. Su hijo y nieto fallecieron hace poco, ambos por problemas relacionados con las drogas, en una serie de episodios truculentos hasta más no poder. Eso, y el tratamiento médico, le fueron debilitando y, finalmente, la semana pasada, el autor fallecía en su casa de su barrio de su ciudad. Deja una obra enorme cuya vigencia está más allá de las modas, una manera de escribir inimitable y apenas sucesores en el estilo y tramas. Su pérdida es enorme. Otro Nobel que la academia sueca decidió perderse, y que, esta vez sí, los Príncipes de Asturias supieron premiar.

martes, abril 23, 2024

Libros y la estafa de la autoayuda

Hoy es 23 de abril, el día del libro, una jornada de descuentos en las librerías y de celebración del mutuo placer de leer y recomendar. Las rosas de Sant Jordi, bella costumbre catalana, estarán por todas partes y autores y lectores compartirán ideas sobre los textos que han sostenido juntos, unos creándolos y otros dándole vida. En el paraninfo de la Universidad de Alcalá recibirá el premio Cervantes Luís García Montero, a quien he leído menos de lo debido. Es un bonito día para los que amamos los libros, que tratamos de extenderlo a lo largo de todo el año. Los aniversarios sirven de recordatorio, pero son inútiles como islas en el mar del tiempo.

Pero, ay, tampoco podemos ser ingenuos. No todo lo que se publica es maravilloso. El libro es un formato ideal que perdura desde hace siglos y lo que le queda, pero lo que en él se escribe puede tener mayor o menor valor, o ser incluso contraproducente. Por ejemplo, de un tiempo a esta parte la sección de las librerías que más crece es esa que se ha bautizado como Autoayuda o Crecimiento personal, o cosas por el estilo. No se si por moda o porque realmente ahora sucede más, pero es casi imposible pasar por la entrevista de alguien conocido que no confiese que ha acudido a terapia, que ha necesitado tratamiento psicológico o algo por el estilo. De la estigmatización del sufrimiento mental y emocional hemos pasado a un cierto alardeo del mismo, cosa que sucede con todos los fenómenos sociales, hasta que se banalizan por completo y, pasada la resaca, suele quedar lo realmente valioso de ellos. Pues bien, subidos a esta moda se han disparado los títulos que tratan de ayudar a aquellos que lo necesitan, o al menos así se venden. Personajes que se hacen llamar doctores, expertos en psicología, conferenciantes de prestigio y una fauna de lo más diversa llena muestrarios con volúmenes no muy grandes pero nada baratos sobre los trescientos catorce consejos para llevar una vida mejor, la manera más adecuada de ser uno mismo, las vías para conocerte y llegar a los demás, las proteínas que en forma de persona servirán para construirte y un montón de lemas por el estilo, a cada uno más vacío y pomposo, que no hacen sino girar y girar en torno al concepto de “si crees, puedes” lema de una peligrosidad enorme, porque hace creer a quien se ha convencido del mismo que la vida no es sino el resultado de lo que tu pienses de ella y de cómo la afrontes, cosa que es completamente falsa. Si, como suele suceder, la vida te pega varios palos y muchas de las cosas que deseas no las logras, aunque creas mucho en ello, el corolario del lema es que no has creído lo suficiente y, por tanto, la culpa de lo que te pasa es tuya. Eso te hunde aún más en un pozo depresivo, pero nada, ahí aparecerán una nueva hornada de publicaciones que te dirán que la culpa es tuya, pero que debes de creer aún con más fuerza, y levantarte, porque el mundo está hecho para ti, y los demás son tuyos, y si te autoconvences de verdad de verdad de la buena vas a salir del hoyo y triunfar en todo lo que te propongas. Y así una y otra vez, un bucle constante de mentiras destinadas a personas que han sido golpeadas por las circunstancias de la vida. Como todos hemos sufrido porrazos de más o menos importancia, porque eso es vivir, el comprador potencial de estos libros de autoayuda es todo el mundo, lo que es fantástico. No estamos ante una literatura de género que a unos gusta, pero a otros no. A todos se nos han muerto allegados, hemos tenido crisis en el trabajo, desastres en las relaciones de pareja, sueños frustrados, etc, y todos tenemos heridas en nuestro interior causadas por lo que nos ha sucedido, o lo que hemos presenciado en nuestro entorno. Así, el potencial comprador es el mundo entero, y claro, entre tantos no serán pocos los necesitados de ayuda que acudirán ahí a la búsqueda de un remedio, como lo harán ante cualquier opción donde crean que puedan encontrarlo. Ya lo siento, pero esos libros son una estafa que no va a ayudar a nadie.

Bueno, a alguien sí, al autor y editor, porque se van a quedar con algo del dinero del sufrido comprador, que va a seguir tan mal como antes, pero con unos cuantos euros de menos en el bolsillo. No hay recetas mágicas para afrontar la vida, como tampoco para hacerse millonario ni para seducir ni nada de nada. Quien eso vende es un poco más listo que la media, eso es verdad, sabe detectar las carencias de los que les rodean y encuentra la manera de, a través de ellas, hacer negocio. Es un engaño, sí, pero que no deja de repetirse. Sinceramente, cada vez que veo una montaña de libros de ese tipo me dan ganas de denunciarlos. No compren nada de eso.

jueves, diciembre 21, 2023

Libros recomendados Año 2023

Esta imagen anexa es la que ilustró el cartel de la feria del libro de Kiev de este año y, como metáfora, representa una idea brillante. Lamentablemente, no, los libros no son capaces de parar los bombardeos ni salvar vidas, pero quizás sean uno de los mejores lugares en los que encontrar refugio ante la dura realidad que no deja de sobresaltarnos. A veces leer, sumergirse en esos mundos narrados, puede ser la única manera de sentirse a salvo.

Recuerden que no tienen por qué ser libros editados en este año sino los que más me han gustado de entre los que he leído. Salvo los ganadores de cada categoría, el orden del resto de libros reseñados no indica una mayor o menor calidad, sólo que son los que más destaco.

Mejor libro de ficción. Ha llegado tarde en el año, pero es impactante

Mira esa chica, de Cristina Araújo Gámir, editorial Tusquets, 384 páginas A priori, este libro, primera novela de la autora, tenía todos los motivos posibles para que no le hiciera caso, al tratar un tema muy manoseado por los medios y lleno de sesgos, el de una joven adolescente y una manada, donde ser políticamente correcto y quedar bien en lo más fácil. Leí comentarios de críticos que pensaban eso mismo pero que lo aprobaban con nota, y decidí darle una oportunidad. La verdad, soy tonto. Es excelente. Un libro escrito con un estilo brillante, lleno de diálogos y reflexiones de adolescentes y adultos, de escenas memorables, de dureza extrema cuando se requiere, y totalmente alejado de sesgos, simplicidades, de caracteres planos, de complacencia. Una construcción de personajes asombrosa y una capacidad de relatar la historia que te hacen imposible dejarla. Es una de las mejores novelas que he leído en los últimos años.

  • Castillos de Fuego, de Ignacio Martínez de Pisón, editorial Seix Barral, 704 páginas. Martínez de Pisón tiene una excelente obra en la que el realismo social y las décadas de los sesenta a los ochenta se unen de manera natural. Aquí sale de su “zona de confort” y nos lleva, en su libro más complejo y ambicioso, a un Madrid de postguerra arrasado, frío, ruinoso, mísero, en el que un conjunto de personajes, algunos reales, otros de ficción, acaban cruzando sus vidas en una trama en la que cada uno sobrevive como puede. Colaboracionistas, conversos con el régimen, resistentes, supervivientes, jóvenes con ilusiones, arribistas, fracasados… es un libro excelente que retrata una vida y época de una crudeza extrema.
  • Tomás Nevinson, de Javier Marías, Ed Debolsillo, 680 páginas. Última novela del desaparecido maestro, es una segunda parte de Berta Isla y, a la vez, no lo es. En ciertos momentos la trama se cruza con sucesos contados en aquella novela y el que Tomás sea el marido de Berta hace que ella aparezca en ocasiones. En todo caso, es una obra independiente y plena, escrita con un total dominio de la forma y que nos lleva al mundo del espionaje contraterrorista con el protagonista apostado en una ciudad española de provincias que se parece mucho a León, tratando de identificar qué mujer forma parte de un comando etarra. El universo Marías en todo su esplendor.
  • Una historia ridícula, de Luis Landero, editorial Tusquets, 288 páginas. Si Marías es el maestro de lo rebuscado, Landero va camino de la depuración más absoluta, pero logrando iguales cotas de genio en el uso del lenguaje, con un tono y estilo puramente cervantino. Novela que cuenta una anécdota de poca momta desde la perspectiva del protagonista, un personaje grimoso, pagado de sí mismo, que se cree el centro del mundo y de todo lo que le rodea. Landero logra que alguien de quien huiríamos sin dudarlo nos resulte interesante en su monólogo narrativo y construye una novela brillante.
  • Las manos cerradas, de Francisco Bescós, editorial Sílex Ediciones, 334 páginas. Bescós es un autor de novela negra y thriller (suyo también es La Ronda, editorial Reservoir Books) al que he conocido este año. Este libro se sale de su temática habitual y cuenta como es su vida como padre de una niña con parálisis cerebral irreversible derivada de un problema en el parto. Aunque se le incluya en el género de la autoayuda, el libro está lejos de esos manuales nefastos que tanto éxito tienen ahora. Estamos ante el sentido, y literariamente redondo relato de un amor, de una vida complicada hasta el extremo, de la lucha constante por todo, de la gratificación y el dolor. Conmueve
  • Yoga, de Emmanuel Carrere, editorial Anagrama, 328 páginas. Carrere es el maestro de contar su vida y hacerla adictiva. Esta obra, dividida en dos partes muy claras, cuenta su adicción al yoga como terapia personal para “buscarse” y encontrar reposo interior, y el lector siente que estamos ante la confesión personal de una autoestafa más que un remedio. En la segunda parte, el autor huye de eufemismos y relata cómo esa búsqueda degenera en una depresión profunda de la que saldrá no por la meditación y el aura interior ni cosas de esas, sino por la eficacia de los medicamentos con los que le atiborran. El argumento del libro es un poco absurdo, pero Carrere escribe tan bien y de forma natural que es imposible no caer en sus brazos literarios.
  • El italiano, de Arturo Pérez Reverte, editorial Debolsillo, 400 páginas. Reverte va a un ritmo endiablado, de libro por año, preocupado porque el tiempo no le permita escribir todas las historias que quiera contar. Por ahora esta frecuencia de publicación no le resta calidad, y este es un caso especialmente llamativo. Novela encuadrada en Gibraltar Línea de la Concepción, en plena Segunda Guerra Mundial, con unos espías italianos, unos británicos aliados, un régimen franquista en construcción y una población civil que ve, colabora con unos u otros, o ambos o ninguno. Un gran ejemplo del universo narrativo del autor, referencias a los clásicos y trama que engancha.
  • Intento de escapada, de Miguel Ángel Hernández, editorial Anagrama, 248 páginas. Un autor español al que he descubierto este año. Murciano, dos son las novelas que he leído, y reseño esta porque la trama y lo que cuenta se me han hecho más interesante, pero podría referirme a la otra (El dolor de los demás, también en Anagrama). Un relato en el que el arte moderno juega un papel importante, y un creador con aires de divo rompe los esquemas de un joven universitario que quiere introducirse en el mundo del comisariado de exposiciones y va a descubrir algo que no le gustará nada. Amor, sexo, trampantojos en una novela más que interesante.
  • La señora March, de Virginia Feito, editorial Debolsillo, 328 páginas. Una historia donde nada es lo que parece. La señora March es una adinerada residente en uno de esos pisos de ensueño de Manhattan, casada con un escritor que, en su última novela, caracteriza a la protagonista principal de tal manera que todo el mundo lo identifica con su esposa. Ella empieza a sentirse incómoda y, a partir de ahí, empiezan a pasar cosas que nos llevarán a un escenario de tensión con ribetes de película de Hitchcock que impiden al lector dejar de leer.
  • La llama de Focea, de Lorenzo Silva, editorial Booket, XXX páginas. Si antes indicaba que Landero cada vez es más cervantino, también se puede decir que Silva se hace galdosiano. Su serie de novelas de “Vila y Chamorro” son, una a una, episodios nacionales en los que el crimen a resolver está en el fondo de una descripción social del país y su tiempo, y de unos personajes que crecen a pasos agigantados en edad, sabiduría y cicatrices. Enmarcada en el año de la sentencia del golpe sedicioso de 2017, y con viajes intercalados a la Barcelona olímpica de 1992, la novela es excelente. Leerla tras lo sucedido en este 2023 la hace aún más amarga y, sí, necesaria

Mejor libro de no ficción. Varios y buenos ensayos en un año de dudas y sombras.

La guerra de los chips, de Chris Miller, editorial Península, 544 páginas. Casi todo lo que usamos en nuestra vida tiene chips, y quienes los fabrican y diseñan se han convertido en los que dominan el mundo. Concebido como un enorme reportaje periodístico, el trabajo de Miller mezcla los desarrollos de I+D+i que permiten el crecimiento exponencial de la capacidad de los chips con la evolución empresarial de los gigantes que en Asia y EEUU (y en un rincón de Países Bajos) construyen lo infinitamente pequeño que permite que funcione internet, coches, smartphones, lavadoras, la IA, las plataformas de televisión, etc. Negocios, geopolítica, estrategia, tecnología, codicia y muchísimo dinero en una historia apasionante narrada con pulso, gracia y gigahercios. Se aprende mucho, se disfruta aún más.

  • Leonardo da Vinci, de Walter Isaacson, editorial Debolsillo, 584 páginas. Cualquier libro de Isaacson es genial. Experto en biografías, se centra en este caso en la vida del gran Leonardo, del que se sabe tanto como se ignora. El texto sigue un orden cronológico, pero usa las distintas obras que florentino crea a lo largo de su vida como nexo de unión, prestando especial detalle a lo que aportó en pintura, arquitectura, biología, defensa, etc. Destaca de él, por encima de todo, la absoluta curiosidad que nunca perdió, que le permitió explorar en todos los campos del saber, pero sin llegar a sacar todo el rendimiento posible de su genio en ninguno de ellos porque en todos quería estar.
  • Guía para viajar en el tiempo a la Inglaterra medieval, de Ian Mortimer, editorial Capitan Swing, 472 páginas. El título lo dice todo, pero esconde muchas sorpresas. Cómo vivir, cultivar, vestirse, moverse, hablar, creer, comprar, trabajar, divertirse.… la vida común de una época que se nos antoja como un planeta completamente distinto. El autor ha buscado documentarse en fuentes de todo tipo para tratar de mostrar la vida no ya de nobles y cortesanos, sino de los siervos y villanos que deambulaban por un entorno mucho más hostil y vacío que el nuestro. Y sí, por momentos la época medieval es repugnante y muy peligrosa, pero en otras cuestiones la similitud respecto a lo que vemos en el día a día es elevadísima.
  • La guerra ruso ucraniana, de Serhii Plokhy, editorial Península, 544 páginas. De mientras siguen los combates, no son demasiados los libros publicados sobre el devenir de la guerra. En esta obra, densa, el autor mezcla momentos concretos del desarrollo de la guerra, desde febrero de 2022, con la historia que han tenido ucranianos y rusos en el pasado, con especial énfasis en lo sucedido a lo largo del siglo XX y los efectos del dominio soviético. Es un trabajo serio, riguroso, profundo, con conocimiento de causa por parte de un historiador al que le ha tocado sufrir en primera persona los efectos de la guerra.
  • Europa, de Timothy Garton Ash, editorial Taurus, 496 páginas. Pocas veces se da la coincidencia que permite unir vida personal y relato histórico de una manera tan amena y acertada como la lleva a cabo Ash en esta obra, para mi gusto la mejor de las suyas. El libro se centra en la evolución del continente desde la postguerra hasta los tiempos turbulento del Brexit y la guerra de Ucrania, pasando por el cénit de la construcción europea tras la caída del muro y el desencanto fruto de la crisis financiera de 2008 – 2012. Digno heredero del “Postguerra” de Tony Judt, es una obra de referencia para todo amante del concepto de Europa y de su historia.
  • Observar el arroz crecer, de Julio Ceballos, editorial Ariel, 512 páginas. China es ya una variable imposible de evitar para explicar el mundo en el que vivimos, aunque esté atravesando lo que parece ser una crisis económica con toques de burbuja inmobiliaria que le impiden crecer como antaño. El autor, español residente allí desde hace muchos años, cuenta cómo es la vida real en aquella parte del mundo, con sus contradicciones, ventajas, servidumbres y matices. Puede resultar un texto algo complaciente con el régimen, pero me parece de referencia para entender cómo vive el chino, entiende el mundo y cómo, desde fuera, debemos tratar de abordarlos.
  • Vuelta al país de Elkano, de Ánder Izaguirre, editorial Libros del KO, 356 páginas. En obras anteriores (Plomo en los bolsillos, por ejemplo) Ánder ya mostró tanto lo buen escritor que es como lo que le gusta el ciclismo, y aquí vuelve a juntar sus dos pasiones. Aprovechando el centenario de la primera vuelta al mundo de Magallanes y Elcano, se planta en la Getaria natal del navegante y, a partir de ahí, realiza un recorrido en bici por el mundo vasco en extenso, incluyendo Navarra y el sur de Francia. Cuesta arriba y abajo, el relato mezcla historia, reflexiones y descripciones de viaje en un excelente libro que desmonta tópicos, afianza otros y permite aprender mucho.
  • La bóveda y las voces, de Ramón de Andrés, editorial Acantilado, 384 páginas. “Por el camino de Josquín” es el subtítulo con el que el musicólogo y filósofo Ramón de Andrés ha titulado esta obra en la que trata de investigar la vida y creaciones de Desprez, o como se escriba, que no está claro, el mayor de los polifonistas de la escuela franco flamenca y creador de una obra sacra y profana que llevó al arte vocal a las cumbres más altas de su tiempo. Lo poco que se sabe del personaje es un aliciente para imaginar su vida y cómo se relacionó con aquellos que le contrataron a lo largo de una Europa en la que las cortes se disputaban a los mejores músicos.
  • Berlín de Sinclair McKay, editorial Taurus, 504 páginas. Pocas ciudades tienen más historia, y peor si me apuran, que la capital alemana. La idea de McKay no es hacer una biografía enciclopédica de la urbe, sino centrarse en episodios concretos, protagonizados más por ciudadanos anónimos que por grandes figuras, que enlazan desde los años veinte de una ciudad derrotada tras la Gran Guerra hasta la caída del muro, pasando obviamente por el estallido de terror nazi de los treinta y el apocalipsis de los cuarenta. Es ideal para tener un esbozo general de cómo se vivió en la urbe durante esas décadas y, a partir de ahí, profundizar en función de las apetencias del lector.
  • Las ideas fundamentales del universo, de Sean Carroll, editorial Arpa, 352 páginas. La idea del físico y cosmólogo Sean Carroll es escribir tres libros en los que se puedan resumir los conocimientos de la física actual, referida a lo “grande”, lo cuántico y lo complejo. Este es el primero de ellos, en los que se arranca a partir de la física clásica newtoniana, la de los planos inclinados y el tiempo fijo para llegar a la relatividad einsteniana, su modelo espacio tiempo y los agujeros negros. Es un texto accesible, con un gran componente didáctico, y que se puede convertir en la perfecta introducción para los amantes del tema.
  • Camino a la utopía, de J Bradford Delong, ed Deusto, 656 páginas. Este es un libro de historia económica, centrado especialmente en el siglo XX y, sobre todo, en las tres décadas que siguieron al final de la II Guerra Mundial, en las que el mundo, no sólo occidente, vivió un crecimiento económico explosivo que provocó, y se retroalimento, de unos cambios sociales y tecnológicos como nunca se habían visto. El crecimiento de la prosperidad de las naciones, la aparición de los problemas de desigualdad entre los ciudadanos que las componen y la frustración que en los tiempos presentes se vive ante un futuro que antaño se soñó pletórico son las bases de un buen ensayo económico.