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miércoles, abril 22, 2026

Trampas del nacionalismo voxero

Si no pasa nada raro, esta mañana María Guardiola será investida como presidenta de la Junta de Extremadura tras la segunda jornada del debate destinado a ese fin. Los votos de Vox, conseguidos tras el acuerdo firmado la semana pasada, permitirán a la del PP alcanzar una presidencia que ya ostentó la vez pasada gracias a otro acuerdo con los populistas de derechas que se frustró tras la espantada voxera a cuenta del acuerdo de reparto de menores inmigrantes. En esta ocasión los de Abascal han bajado algo sus exigencias tras los últimos resultados electorales, pero han conseguido que su idea, falsa, de los nacionales primero, esté presente en el debate político.

Y digo falsa porque el ideario voxero, como el de todos los nacionalistas populistas, se basa en la asunción de una superioridad (falsa) de un conjunto de personas respecto a otras por cuestiones que se asocian a la raza, el origen y tonterías por el estilo. En esto los profesionales en España son los nacionalistas vascos y catalanes, que exhiben su racismo sin tapujos y han conseguido que parte de la inútil izquierda del país les compre el discurso y lo califique de progresista. Pues bien, los de Vox son igualmente racistas, sólo que cogen a otro grupo de población para determinar cuáles son los privilegiados y cuáles los discriminados. Es lo que tiene ser sectario, tu defines a conveniencia quiénes son los elegidos y desprecias con la mayor fuerza posible al resto. Y ese comportamiento, además de inmoral, es ilegal. La ley, eso que empieza a ser poco más que una referencia en papel pero que cada vez se respeta menos, empezando por nuestro desgobierno, define a los españoles como ciudadanos sujetos de derechos y obligaciones. No es posible discriminar a unos de otros, porque las leyes modernas occidentales, fruto de la evolución ilustrada y liberal, se basan en el reconocimiento de la individualidad como el sujeto del derecho, en la preminencia del ciudadano como el titular, y en la igualdad entre todos ellos, sean hombres o mujeres, blancos o negros, niños o ancianos, calvos o poseedores de melenas… todo eso no es relevante respecto a los derechos que posee el ciudadano. Vox, como el resto de nacionalistas, además de ser racistas, y otras cosas igualmente malas, vive en un mundo preilustrado, un mundo medieval en el que los derechos no son de los ciudadanos, sino regalías otorgadas por el poder absoluto, del que emana todo, que permiten a unos medrar y mantienen a otros eternamente condenados a la discriminación. Los delitos con los que tanto se le llena a Vox la boca, son delitos, los cometa quien los cometa, y tenemos capullos integrales causantes de daño, dolor, muerte y corrupción nacidos en España, nacidos en Senegal y nacidos en Noruega. La ley no juzga orígenes, juzga hechos y actitudes. ¿Acaso la ocupación ilegal de viviendas es menos ilegal si la realiza un ciudadano nacional que uno comunitario o uno nacido fuera de la UE? ¿En qué cabeza entra que el castigo ante los delitos deba estar condicionado a la procedencia de los que los llevan a cabo? Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado deben perseguir a los delincuentes que lo sean, por los delitos que cometen, no por otra cosa, y los juzgados sancionar las conductas delictivas que sean probadas. Y todo ello, a ser posible, con celeridad. Es así de simple. Los voxeros han encontrado un presunto filón en el tema de la inmigración, que provoca tensiones en el acceso a los servicios sociales y a mercados como el de la vivienda, pero no tanto por el origen de los que vienen de fuera como por el mero hecho de que la población se dispara. Es tan complicado comprar piso en Alicante por la cantidad de nórdicos que se hacen por ellos como lograrlo en barrios del extrarradio de las grandes ciudades por la llegada de, pongamos, latinoamericanos. Curiosamente, o no, Vox sólo se fija en los segundos, para nada en los primeros. Es un racismo el suyo, como suele ser habitual, muy mediatizado por la renta per cápita del que llega al país, poniendo el umbral de la “españolidad” que otorga con displicencia en, intuyo, unos 35.000 euros de ingresos anuales. Por encima de esa cifra no le ve tantos problemas, seguro.

La gestión de los flujos migratorios es un problema para sociedades envejecidas como la europea, necesitadas de la llegada de gente de otras nacionalidades pero que ve, con temor e hipocresía, que el mundo que conocía se convierte en algo bastante distinto. Es un asunto en el que los populistas encuentran un buen caldo de cultivo para vender soluciones falsas, que logran prosperar en medio de la agitación social y la dejadez de las administraciones, más preocupadas por pillar mordidas que hacer su trabajo, como se intuye de los juicios que vemos a diario. Votar a populistas como Vox no solucionará problema alguno, sólo empeorará los que hay y creará a nuevos. Probablemente la sociedad lo descubra bastante más tarde de lo debido.

martes, abril 14, 2026

Orban pierde el poder en Hungría

El dictamen de las encuestas electorales de las pasadas elecciones húngaras era unánime. Orban, tras dieciséis años en el poder, iba a perder la votación y con ello su poder. Sin embargo, el miedo que genera el personaje y la duda sobre lo que sería capaz de hacer en la propia jornada electoral alimentaban un sano escepticismo sobre qué acabaría pasando. Finalmente el domingo no hubo que trasnochar para asistir a la defunción oficial del régimen húngaro tras la arrolladora victoria del candidato Magyar, que logró la mayoría absoluta y. además, la necesaria para revertir las reformas desarrolladas por Orban en el país. 

Durante estos años Hungría se ha deslizado hacia el autoritarismo de una manera evidente y peligrosa. Si no ha caído completamente en él se ha debido a su pertenencia al club europeo y a los frenos que Bruselas ha intentado aplicar, pero se ha visto que no eran demasiado efectivos. El propio Orban definía a su régimen como iliberal, despreciando ese liberalismo que se encuentra en la base de las democracias tal y como las entendemos, ese liberalismo que permite que la voluntad ciudadana se exprese en las urnas pero que la libertar individual y los derechos de las personas sean lo que determinen los límites del poder del estado. En Hungría había elecciones, sí, pero no mucho de lo otro. La intromisión del poder en la vida del ciudadano era inmensa, y en este caso no por una ideología presuntamente socialista, no, sino por lo que se vendía como su reverso, por un conservadurismo tradicionalista que, tanto monta monta tanto, ha cercenado derechos por doquier y ha impuesto un modelo de gobierno en el que todas las instituciones estaban al servicio de un Orban no convertido en dictador, pero sí en lo más parecido a ello que se pueda imaginar en el contexto de la Europa de hoy en día. Su alianza con lo mejor de cada casa ha hecho que Hungría se convierta en un satélite ideológico de naciones como Rusia, China y los EEUU de Trump. Dos de esos países son dictaduras y en el tercero el magnate naranja sueña con construir la suya propia. Desde esa posición internacional, Hungría ha sido el caballo de Troya de Putin en Bruselas desde hace mucho, boicoteando en todo lo posible las muchas decisiones comunitarias que requieren unanimidad y, en el caso concreto de la guerra de Ucrania, actuando descaradamente como representante del país agresor, sin cortarse en lo más mínimo a la hora de despreciar a los ucranianos y festejar la invasión putinesca. Una posición muy deshonrosa en el exterior que se ha ido mezclando con la decadencia económica interior. Si las democracias son corruptas, ni les cuento los regímenes autoritarios. Las cifras económicas de Hungría muestran una decadencia que es una excepción entre el conjunto de las naciones del este europeo, que han visto como la adhesión a la UE ha sido lo mejor que les ha sucedido en casi un siglo, también en lo económico. Los miles de millones de euros de fondos europeos que riegan al resto de países vecinos no lo hacen en Hungría, donde la Comisión no ha encontrado otra manera de amonestar a su socio más díscolo que la de recurrir a ese chantaje económico. La verdad es que Orban se lo ha puesto fácil a Bruselas, porque el incumplimiento de numerosas condiciones referidas a derechos y libertades era flagrante, y eso daba argumentos legales a Bruselas para no transferir sus fondos. Envuelto en la retórica ultranacionalista, Orban ha hecho lo que habitualmente hacen los que son como él, empobrecer a sus naciones, empequeñecerlas, someterlas, hacer que viajen a lo que se vende como un pasado idílico y no es sino un pasado peor, un pasado de atraso. 

La principal bandera de enganche del candidato vencedor, que viene de una escisión del movimiento de Orban, es la lucha contra la corrupción, La supermayoría alcanzada le va a permitir desmontar legalmente mucho de creado por el orbanismo, pero el número de parásitos leales al régimen que se encuentren en cualquier punto de poder en Hungría será tal que va a costar mucho deshacer el régimen. El domingo por la noche fue casi festivo en Europa tras la derrota de quien ha sido uno de sus mayores enemigos internos. Voxeros, putinistas, trumpistas, pablemos y demás populistas globales han perdido a un aliado, más bien a un siervo. Y eso también merece ser festejado.

viernes, septiembre 27, 2024

AMLO y su fracaso en México

Se acaba esta semana el sexenio de presidencia mejicana de Andrés Manuel López Obrador, AMLO, recibido por la izquierda global como un salvador cuando llegó al poder y que, en su ejercicio, ha demostrado ser el populista sectario que ya asomaba a lo largo de toda su trayectoria. Se despide con una toma del control de la justicia tras la horrenda reforma aprobada la semana pasada, con el objeto de convertirla en instrumento manipulable al servicio de los políticos y otros poderosos, y deja perlas impagables, como su conspiracionismo y trabajo antivacunas durante toda la crisis del Covid. En esto, como en muchas otras cosas ha sido un trumpista de libro.

Curiosamente, a lo largo de estos años, la economía mejicana ha crecido bastante, pero no por los méritos de su gobierno, sino por decisiones globales y por estar donde está situado. Los aranceles puestos por Trump a los productos chinos y la búsqueda de acortar las cadenas globales de suministro han convertido a Méjico, la frontera sur de EEUU, en la sede de múltiples inversiones que han hecho de este país el primer socio comercial del gigante norteamericano. Sí, sí, EEUU importa más de Méjico que de China, es de hecho su primer mercado importador. ¿Son productos mejicanos? Legalmente sí, llevan ese sello, pero en la práctica, como imaginarán, no. Se trata del resultado del montaje de muchos productos fabricados en China y otros países asiáticos, que se llevan a territorio azteca y allí son ensamblados en su fase final, consiguiendo de esta manera un sello de fabricación autóctona y eludiendo las tasas y aranceles establecidos para el Made in China. En lo no económico, el país sigue atravesando una profunda crisis de seguridad, que no deja de agravarse. El asesinato está establecido como una manera de solucionar los problemas y la violencia que ejerce el narco se ha vuelto más intratable, si cabe. En la práctica hay zonas del país, en particular varios estados del norte y oeste, en los que el estado no existe en la práctica, no es capaz de imponer no ya la ley, sino un mínimo grado de seguridad pública, y los cárteles de la droga son los dueños y señores de la situación. En las últimas elecciones municipales fueron numerosos los candidatos asesinados de manera salvaje en una campaña en la que en no pocas localidades eran directamente los seleccionados por los cárteles los que se presentaban, siendo esas las zonas donde la violencia era menor, una vez alcanzados ya todos los resquicios del poder. Las promesas de AMLO a su llegada a la presidencia de restituir la seguridad se han quedado en nada, y hoy en día Méjico es uno de los países más violentos del mundo, con una tasa de criminalidad que le acerca, en cadáveres producidos, a zonas en las que se viven guerras civiles. Además, son muertes con un nivel de ensañamiento particularmente elevado, con cotas de sadismo difíciles de entender. Los que no mueren son secuestrados, y el número de desaparecidos sigue creciendo día a día sin que las autoridades parezcan hacer nada ni para evitarlo ni para esclarecer los casos que se pudren en el tiempo. El caso que más relevancia internacional alcanzó fue el de los estudiantes de Ayotzinapa, cuarenta y tres jóvenes que desaparecieron y de los que no se ha vuelto a saber nada. Sucedió hace diez años, bajo otra presidencia, y huelga decir que AMLO utilizó este caso como munición electoral en su campaña, pero hoy, transcurrida una década, nada se sabe de lo que sucedió con esos chicos, dónde están y qué les pasó. Sólo sus madres, y las madres y padres de otros miles de desaparecidos, mantienen el recuerdo de sus seres queridos y protestan ante unas autoridades que no hacen nada para darles consuelo y respuestas, que no investigan, que da la sensación de que están cómodas en el cenagal de violencia en el que se ha convertido la nación. Que siguen cobrando día a día e inventando problemas inexistentes para ocultar su necedad. En fin, populismo basura de primera división, emitido en directo todos los días desde la plaza del Zócalo.

En fin, que AMLO termine su mandato, y dé el relevo a su pupila, reverdeciendo una polémica estéril y absurda no deja de ser poco novedoso, bastante patético, y perfecto reflejo del personaje que es y del mal que ha hecho a su país. Que pablemos, Restar y Bildu anuncien que si van a acudir a la toma de posesión de Claudia Sheinbaum es un perfecto reflejo del poder que allí se ejerce y de lo orgulloso que puede estar uno de mantener las distancias respecto a él. Curiosamente, en esta ocasión, Sánchez ha dicho y hecho lo que debía. Cierto es que no tenía otra opción, pero conociendo al personaje a saber. En este caso, me reitero, lo ha hecho bien.

viernes, mayo 31, 2024

Trump no será amnistiado

Ayer fue un día de vergüenza en España, un día que pasará la historia, que será olvidado por muchos pero que marcará a la democracia de nuestro país por ser traicionada por sí misma, con el beneplácito de no pocos. Ayer los malos, los sediciosos, los golpistas, ganaron, no como en la transición, donde perdieron. Por eso lo que sucedió hace tantos años tiene el valor moral que reluce a lo largo del tiempo, y lo aprobado ayer será una mancha absoluta para los que lo han organizado por un crudo tacticismo de poder. Los que ayer votaron sí traicionaron su mandato electoral, su promesa a los electores. Y a muchos de ellos, conscientes, nada les importa.

Ayer, también, un jurado en Nueva York consideró, de manera unánime, culpable a Donald Trump de los delitos de los que estaba acusado. El juicio analizaba no la relación sexual de Trump con Stormy Daniel, la tormentosa actriz porno, sino el desvío de fondos electorales para ser usados como soborno para comprar su dinero, es decir, cuestiones de falsedad documental y desvíos de dinero. El veredicto es claro y la condena del juez será segura, por lo que a Trump ya se le puede calificar de delincuente sin el presunto delante. Sus abogados han dicho que no van a tardar ni un solo segundo en presentar apelaciones y tratar de dilatar la firmeza de la sentencia, pero ayer fue la primera derrota judicial del magnate ante un tribunal que le puede complicar mucho la existencia. Curiosamente, se convierta en firme o no, esta sentencia no le inhabilita como candidato a las elecciones de noviembre, por lo que puede seguir en la carrera electoral, y está por ver hasta qué punto será afectado por el veredicto. A lo largo del juicio, convertido en todo un espectáculo mediático, la táctica de Trump ha sido la de siempre, recurrir al falso victimismo, a la conspiración, a la acusación injusta y a que todo es fruto de bulos contra su persona. No se si a ustedes esto les suena de algo, muy muy cercano. Y en las semanas de show alrededor de sus comparecencias y de las del resto de testigos ante el tribunal las encuestas no han reflejado, ni mucho menos, una pérdida de popularidad entre sus votantes. Es más, se ha consolidado una cierta ventaja entre su candidatura y la de Biden, y en los estados bisagra, los que realmente van a decidir la elección en noviembre, las posiciones siguen siendo ajustadas, pero por ahora Trump parte con ventaja suficiente en varios de ellos como para considerar que su reelección es lo más probable. A partir de hoy, con una condena expresa, la campaña demócrata lo tiene fácil para acusar a Trump de lo que es, y él irá a por todas en su estrategia de victimización y de ser el que lucha contra los poderes ocultos que tratan de hundirlo. Ya se ha agarrado al inevitable ardid de calificarse como preso político, esa expresión basura en el contexto de las democracias, en la que sólo la combinación inversa, político preso, tiene sentido. Sus partidarios acérrimos se sentirán aún más iracundos frente al sistema que ha condenado a su líder, y es probable que eleven los decibelios de sus protestas, pero lo interesante será ver si la sentencia provoca movimiento de voto entre los tibios, aquellos que votan a Trump sin gran convencimiento, sin la fe de sus acólitos. Los que consideran que un condenado es indigno de representar un cargo público, de esos que parecen no abundar mucho en España, deben decidir allí si es correcto votar no a un presunto, sino a un ya condenado. Y si el porcentaje de los que mueven su voto por esta sentencia es suficiente el margen de Trump en los sitios disputados puede revertirse y costarle la elección. Esa es la esperanza de los demócratas para retener la Casa Blanca, y también la de los que, como yo, consideramos que Trump es un candidato basura, un populista destructor de consensos, un vulgar agitador carente de idea alguna, dado que su ego ha usurpado toda su mente. Trump es lo peor que le ha pasado a la política americana en mucho tiempo. Su derrota en noviembre sería una gran noticia.

Al menos me queda el consuelo de que, si pierde, nadie le va a amnistiar, ninguno de los demócratas venderá su orgullo por el favor de un sujeto como Trump, y menos al ridículo precio al que los socialistas se han humillado aquí ante los sediciosos y sus jaurías. Sólo, si Trump gana, existe la posibilidad de que se autoamnistíe, lo que sería tan horrendo como lo que vivimos aquí ayer. Derrotas de los que cumplen la ley a manos de los que la violan impunemente, ese parece ser el destino de no pocas de nuestras naciones. No cuenten conmigo para esa indignidad, sólo la repulsión de ver como esos sujetos manchan con sus manos la ley con la que nos regimos es lo que me llega y llena. Día obsceno el de ayer aquí, algo esperanzado en EEUU.

martes, abril 30, 2024

Teatro barato

Todavía tengo algunas dudas para describir lo que hemos contemplado durante estos últimos días en la política española, una situación totalmente anómala en la que el presidente del gobierno se ha encargado de sembrar la incertidumbre absoluta en una situación que, para algunos es tacticismo, para otros una estrategia calculada, para unos pocos el reflejo de un sentimiento real y, para mi, sobre todo, una enorme payasada que, como todo lo que sucede en la política desde hace ya muchos años, supone pérdida de tiempo, de esfuerzos, de voluntad, de ganas y de interés en lo que hace referencia a ella. Degradación.

Salió Sánchez al pórtico de acceso a la Moncloa, se hizo la víctima, calificó de masivas la presencia de unos pocos militantes socialistas el sábado en la sede madrileña y se dijo a sí mismo que seguía y que luchará por la democracia, en una aparición vacía, lastimosa, llena de odio larvado a todos los que no sean el mismo y su ego. No hay mucho más que comentar sobre lo de ayer, porque de todos los escenarios que se llegaron a plantear, y que una posible dimisión como la que se presumía abría, nada se anunció. Ni cuestión de confianza ni nada de nada. Ya les puse por escrito el viernes, al día siguiente de conocerse el extraño anuncio, que por mi desde luego que Sánchez tiene que dimitir, pero que dudaba mucho que lo hiciera, y los hechos, por una vez, me han dado la razón. Durante estos días hemos visto como lo que antaño fuera un partido, el socialista, ya no es sino una corte de aduladores de un líder que actúa con despotismo absoluto en esa entidad, que decide de manera cesarista el futuro, quizás el suyo, desde luego el de los que le rodean, con unas formas en las que sólo su voluntad existe. El exhibicionismo de peloteo por parte de todos aquellos cuya nómina depende de la voluntad del líder ha sido obsceno, cutre, propio de una teleserie barata, con unas interpretaciones rayanas en el patetismo. Se notaba que, dependientes hasta el extremo de la voluntad del líder, todo su futuro estaba en el aire si éste dejaba de serlo. Les va la nómina, las hipotecas, los favores comprados y muchos otros castillos edificados en el aire sobre las bases de un poder que ejercen por atribución del Dios que, caprichoso, decidió darse un largo fin de semana. En todas las organizaciones existe un culto al líder, un grupo de pelotas que buscan medrar a costa de dorar la píldora al que manda para que les cubra de favores, y en la política este tipo de adhesiones “inquebrantables” que son ”eternas” duran lo que el poder en manos del que lo ostenta, y como se ejercen de cara a la opinión pública resultan tan descarnadas e imposibles de disimular. Para algunos exégetas quedará el analizar gestos y frases de estos cinco días. Para mi, no es otra cosa que una payasada lo que hemos vivido, un ejercicio táctico de prietas las filas de cara a las elecciones catalanas y europeas, pero vestido de reflexión personal en una secuencia de días que han teatralizado la vida pública de una manera infantil. Han proliferado los insultos en las redes, malditas, de una caterva de forofos del presidente y contrarios a los que nada diferenciaba de las aficiones exaltadas de esos que pegan patadas al balón y roban a manos llenas. El proceso de conversión de la política en un asunto de fanáticos psudofutboleros se ha acrecentado este fin de semana de la mano del ególatra supremo, que habrá disfrutado en casa como un enano de los desvelos de una parte de la sociedad, muy pequeña, ni siquiera de todos los militantes de lo que fuera el PSOE. Su calificación ayer de movilizaciones “masivas” lo que han sido unas concentraciones realmente escasas de apenas doce mil en Ferraz el pasado sábado son una muestra de la realidad paralela en la que vive el hábil superviviente de Moncloa, un personaje que no piensa para nada en gobernar, sólo en seguir y mantenerse por encima de todo. En cada una de sus piruetas cree Sánchez que hace historia. En parte es verdad, pocas veces se puede caer en ridículos históricos como el de estos cinco días.

Afortunadamente, la inmensa mayoría de la sociedad española hace tiempo que ha desconectado de estas payasadas, tristemente ha dejado de ver a la política como una vía de solución de sus problemas, y se dedica a vivir el día a día ajena a los bodrios que los que mandan les sueltan. Los precios, la vivienda, el trabajo, los hijos, las redes sociales, el euríbor, la salud… los frentes que de verdad importan son los que centran las preocupaciones de casi todo el mundo, mientras que la burbuja política, y los medios que de ella viven y alimentan, cada vez están más lejos del interés. De hecho, cada vez se ven con más desprecio. Malo, pero así es.

Cojo un par de días de ocio, lo que sumados a los festivos nacionales y locales hará que no nos leamos hasta dentro de una semana, el martes 7. Pásenlo muy bien.

martes, noviembre 07, 2023

No a la violencia política

Ayer tuvo lugar una nueva manifestación frente a la sede socialista de Ferraz. En este caso sí estaba comunicada a la delegación del gobierno, no como las de días pasados, y Vox era uno de los convocantes oficiales de la misma. Por ahí andaban Abascal y otros de los dirigentes de esa formación. La cosa acabó en tangana, con lanzamiento de bengalas contra la policía, que protegía los accesos a la sede, un par de cargas y algunas detenciones de exaltados. También se vieron actos de intimidación a periodistas que cubrían lo que allí pasaba por parte de algunos de los manifestantes, varios a cada descubierta, otros ocultos. Un espectáculo, en fin, patético.

Manifestarse delante de la sede de un partido o un juzgado es un acto que busca amedrentar la libertad de expresión, lo haga quien lo haga, y se haga por la causa que se haga. Es sencillo. Está mal. Vox, como buen grupúsculo agitador carente de idea alguna, actúa como un movimiento carente de escrúpulos morales a la hora de atacar a sus adversarios y, en este, resulta ser el perfecto heredero de las tácticas podemitas que Iglesias y los suyos desarrollaron cuando llegaron al estrellato político. Si recuerdan, los escraches, esa sucia forma de acoso personal al político siguiendo hasta su residencia privada y amenazándole allí, fueron puestos de moda por la formación podemita, a la vez que convocatorias con lemas tan infames como “rodea el Congreso”. Los que en aquel momento nos manifestamos en contra de actitudes semejantes fuimos tachados de fascistas (curioso lo de Podemos, ve fascistas imaginarios por todas partes menos cuando son de verdad, como los putinistas o los puigdemoníamos) y de no admitir que acosar a un político era “jarabe democrático”. Esas tácticas eran vulgar matonismo propio de personajes apolíticos. En el País Vasco conocíamos perfectamente la graduación de todas las posibles formas de acoso que se pueden ejercitar, por parte de una mafia organizada, contra un dirigente o partido político, que iban desde las pintadas hasta el vil asesinato, pasando por todo tipo de comportamientos dignos de una película de Scorsese. Ver que Podemos empezaba a hacer cosas así era nefasto, y ahí estuvimos algunos, pocos, protestando. Podemos se ha ido consumiendo fruto de su propia indigencia intelectual y necedad desde las posiciones de gobierno que ha mancillado ocupándolas, y ahora parece que es Vox, su reflejo en el otro extremo ideológico el que, al calor de las infames cesiones que Sánchez hace a los sediciosos para alcanzar la presidencia, empieza a usar tácticas similares. Pues nada, se tira del manual de demócrata que cada vez está más devaluado en nuestro país y se condena sin paliativos el acoso que ayer los voxeros, sus patéticos dirigentes y los engañados que pudieron reunir realizaron en la calle Ferraz ante la sede del PSOE. Se muestra, como cuando eran los podemitas los atacantes, la total solidaridad con las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que ayer tuvieron que actuar para controlar a los exaltados, unos funcionarios que trabajan para garantizar la seguridad de todos, y se recalca que, por muy repugnante que sea lo que el PSOE está tejiendo para lograr la investidura de Sánchez, que lo es, nada justifica la violencia, el acoso, la intimidación, el amedrentamiento. De hecho resulta absurdo manifestarse en contra de la injusta amnistía que quiere aprobar Sánchez adoptando unas tácticas que son de lo más similares a las puigdemniacas que se acabaron convirtiendo en delito. Actuar como lo haría Puigdemont es una manera de darle la razón en sus formas, y Puigdemont es el ejemplo perfecto del comportamiento no democrático, del supremacismo, catalanista en este caso, desarrollado contra una parte de la población catalana que, el fugado, considera inferior. En esto, las pulsiones identitarias de Vox no son muy distintas que las de los sediciosos catalanes.

Parafraseando el prólogo de Ana Karenina, de León Tolstoi, todos los movimientos populistas se parecen unos a otros, pero cada familia democrática lo es a su manera. Trump, Bolsonaro, Orban, Putin, Abascal, Puigdemont, Iglesias, Otegui… cada uno de ellos tira de un presunto recetario ideológico que se califica por algunos de izquierda o derecha, pero en el fondo son lo mismo, personajes totalitarios, nacionalistas, que aspiran a llegar al poder como sea, bien si es por las urnas, pero sin hacer ascos a la violencia si resulta necesario, y desde allí mandar de manera absoluta, sin cortapisas, en nombre de un pueblo al que dicen defender, pero que utilizan para su único beneficio, causando siempre dolor, aflicción y daños. Que estos sujetos basura tengan seguidores es uno de los grandes males de nuestro tiempo.

miércoles, octubre 04, 2023

Los trumpistas bloquean el Congreso de EEUU

La peste del populismo es, quizás, la mayor enfermedad que viven nuestras democracias. Un narcisismo exacerbado por parte de los que se creen en posesión de la verdad lleva a la ruptura de los consensos, a la división irreconciliable y a la decadencia. En España estamos sobrados de este tipo de sujetos, que se visten de distintas ideologías y marcas, pero que no son sino expresión de sus fobias y paranoias. Unos y otros condicionan las opciones de gobierno real, y entre medias, la mayoría de la población, asiste harta a un agotador ruido del que no se quién puede disfrutar. Como consuelo, muy triste, en muchas otras naciones están igual.

Ayer, en EEUU, el país más poderoso del mundo, el que sostiene el entramado global que conocemos y, a cambio de ser sumisos a sus designios, nos permite vivir como lo hacemos, se produjo un hecho que es dañino para ellos, que supone un dolor autoinflingido de manera absurda, estúpida, y que sólo beneficia a naciones como Rusia o China, que aspiran a que EEUU abandone el poder que detenta. El presidente de la Cámara de Representantes es algo parecido a nuestro presidente del Congreso, pero con muchas más atribuciones, y con un papel determinante a la hora de impulsar proyectos y que se aprueben. Suele ser elegido por el partido mayoritario en la Cámara y, en caso de no coincidir con el presidente, como sucede ahora, se convierte en un líder político nacional en aquel país y en la voz real de la oposición. El actual ocupante del cargo, Kevin McCarthy, trumpista por conveniencia pero no por convicción, logró ser elegido en enero tras quince votaciones en las que el sector más trumpista de los congresistas republicanos, una facción de un radicalismo ideológico y social digno de estudio, no dejaba de rechazarle por considerarlo demasiado blando. Al final McCarthy logró el cargo tras prometer cesiones a esa ala populista que, en su mayor parte, no ha cumplido, entre otras cosas porque son imposibles y porque no está de acuerdo con ellas. Si ha alentado la apertura de un juicio político contra Biden a cuenta de los delitos presuntamente cometidos por su hijo, pero en otros aspectos se ha mostrado conciliador con los demócratas. Lograron conjuntamente alcanzar un acuerdo para levantar el techo de deuda a principios del verano y, el pasado sábado, casi fuera de plazo, una prórroga presupuestaria para impedir el cierre del gobierno federal. Esto ha exaltado por completo a los populistas, hartos de lo que consideran un pusilánime negociador, y ayer presentaron una moción para destituirle. Los demócratas, que no tienen posibilidad de alcanzar el cargo con sus votos, vieron con asombro cómo el ala trumpista de los republicanos les otorgaba la oportunidad de quitar poder al partido rival y, obviamente, no desaprovecharon la oportunidad. En la votación de ayer tarde, noche en España, creo que fueron siete u ocho los congresistas populistas que votaron en contra del representante de su partido, lo que sumado a los votos demócratas supuso que, por primera vez en la historia de los EEUU, el Congreso de aquel país destituye a su presidente. Es un hecho sin precedentes en la historia política de la nación y supone un nuevo golpe a otra institución clave para la gobernanza de la nación, que ahora queda en funciones y sin capacidad de poner en marcha iniciativas (no exactamente, pero como si fuera la Diputación permanente de nuestro Congreso entre procesos electorales). Ha sido mucho más fácil echar a McCarthy de lo que fue nombrarlo, lo que hace suponer que lograr un consenso entre las facciones republicanas para que un nuevo candidato sea reelegido se antoja difícil. El tiempo en el que la cámara esté en funciones es perdido, de bloqueo, de inacción, de desgaste, de daño creado y que se extiende. EEUU se ha propinado a sí mismo un golpe bajo que no hubiera sido capaz de propinarle ninguna otra nación. Patético, sí, pero cierto.

Una de las muchas derivadas de este bloqueo es que medidas como las ayudas financieras y militares a Ucrania que no deja de aprobar EEUU se pueden meter en problemas, porque algunas de ellas requieren ser tramitadas por el Congreso en plenitud de funciones. De hecho, una de las obsesiones de los populistas trumpistas es bloquear estas ayudas para que esos fondos no salgan del país, en un trabajo de colaboración con los deseos del kremlin digno de un vulgar traidor. Así, lo de ayer también debilita la posición de los aliados en nuestro frente común ante la Rusia de Putin, y complica más las opciones de resistencia de Kiev. Un desastre en toda regla, se mire por donde se mire.

miércoles, septiembre 27, 2023

Melancolía en el Congreso

Recuerdo como, hace no muchos años, seguía con pasión cada uno de los grandes debates que se daban en el Congreso de los Diputados. Las investiduras eran bastante ocasionales pero los del estado de la nación eran cada año y luego había algunos, relacionados con las decisiones de los consejos europeos, que tenían bastante enjundia. Uno sabía más o menos lo que iba a pasar antes de celebrarse, pero pese a ello tenían su gracia. Y no eran exactamente debates, sino argumentaciones de la posición de cada uno, obviando los del contrario. A veces se organizaban broncas y la cosa se acaloraba. No me hacía mucha gracia.

Desde que en 2015 el sistema de partidos se fue al garete y la mal llamada nueva política llegó a nuestras vidas las sesiones del Congreso han vivido un proceso de degeneración constante, convirtiéndose en un bochornoso espectáculo carente de gracia alguna. Los partidos populistas como Podemos y Vox, y los sediciosos catalanes han sido los grandes creadores de episodios por los que las madres de cada uno de nosotros nos hubieran pegado una gran paliza de haber sido protagonizados por mi o por conocidos, pero es de justicia señalar que tanto PP como PSOE se han sumado a la degeneración con saña y, entre todos, han convertido a ese hemiciclo en un lugar irrespirable, ajeno no ya a la cortesía, sino a la simple educación. Contemplar debates en los que la carrera por quién la decía más gorda y lo tuiteaba antes se convertía en una pesadilla deprimente, y opté por dejarlo, porque me ponía nervioso y triste asistir a aquello. Desde entonces, curioso, creo que ha habido más sesiones de investidura que estados de la nación, dada la inestabilidad absoluta a la que nos hemos acostumbrado, con coaliciones de gobierno cada vez más disparatadas y mentiras soltadas desde la tribuna con un descaro inigualable. ¿Aporta algo a la convivencia decir esas barbaridades en el lugar más solemne posible? El Congreso es la sede de la soberanía nacional, el lugar en el que los elegidos para representarla tienen el poder para hacer leyes, y debiera tener un carácter ejemplarizante en su actuar y proclamar, pero es justo lo contrario. No hemos llegado al nivel de los parlamentos coreanos, famosos por sus broncas físicas que, de vez en cuando, nos llegan convertidas en memes o breves de telediario, pero sí a un nivel de bajeza en las formas y discursos que es, simplemente, impresentable. Nuevamente son Vox Y Podemos los principales baluartes de este proceso de degeneración. Su incapacidad intelectual y el vacío ideológico en el que viven, rellenado de pensamientos sectarios y totalitarios, se manifiesta en declaraciones de desprecio a todos los que no son ellos, y con la aquiescencia de algunos logran protagonizar día sí y día también sesiones parlamentarias que abochornan a cualquiera. El intento de algunos diputados de elevar el debate, o al menos no hacer que se enfangue más, choca con el muro de los desquiciados y el éxito absurdo que esas poses logra en unas redes sociales donde el ruido triunfa y lo elegante jamás ganará a lo zafio. ¿Hay posibilidades de reconducir la situación? En privado muchos parlamentarios y cronistas confiesan que es una vergüenza lo que contemplan en su día a día y que ellos no quieren participar en eso, pero es difícil luchar contra la corriente de malos modales que se hace fuerte en las bancadas. Y aunque me guste la política, lo cierto es que eso que se ve en el Congreso no es política, es simplemente suciedad, embarramiento, ruido, que aleja a los pocos ciudadanos que pueden estar interesados en ello y convierte a una institución en un despojo. Quizás sea ese el plan de más de uno.

Ayer, en el inicio de su investidura condenada al fracaso, Feijóo hizo un discurso suave. Sin estridencias. Se puede estar a favor o en contra de sus propuestas y estilo, pero no hubo insultos ni mala maneras, Por la tarde Sánchez decidió despreciar el debate y lo embarró sacando a Óscar Puente, un macarra de primer orden, conocido no sólo en el Valladolid que ha administrado como alcalde, para dar una réplica faltona y barriobajera, ante la que los propios medios pro gubernamentales no tenían más remedio que avergonzarse. Y eso se vende, desde Moncloa, como un “golpe de efecto”. Ese es el nivel.

lunes, junio 19, 2023

Xavier Trías y el saber perder

Afortunadamente la ley establece que la constitución de los ayuntamientos apenas deja margen para que no tenga lugar el día previsto y que no se salde con la elección de un alcalde, por lo que no tenemos unos ocho mil potenciales caos de investiduras atrasadas y demás disfunciones que pueden suceder en las autonomías y el gobierno central. Este sábado ha sido el día señalado, tras las elecciones de mayo, para realizar todos esos actos cívicos y administrativos. En la mayor parte de los casos ya se sabía quién iba a ser elegido regidor, bien por disponer de mayoría o por contar con un pacto que superase a la lista más votada, que es la que se lleva el gato al agua. Barcelona era la gran incógnita, y dio espectáculo.

Allí el más votado fue Trías, en la candidatura independentista de derechas de Junts, y después estuvieron el PSC de Collboni, Esquerra, independentistas de (eso dicen) izquierdas y luego los Comunes de Colau. Ambos partidos sacaron unos resultados muy similares, con un PP de quinta fuerza a una enorme distancia. Desde un principio se abrían tres posibilidades. Sin pactos explícitos, Trías, lista más votada, sería alcalde con una minoría muy inestable. A partir de ahí se abrían dos posibles pactos. Uno de ellos independentista, con Junts y ERC reeditando el bloque soberanista, ahora mismo sumido en una gran fractura, y el otro el pacto entre PSC y los Comunes, que con el apoyo del PP daría una mayoría no soberanista, pero que contaba con la oposición de los Comunes, que no podían soportar que el maligno PP les apoyara. Durante días Esquerra y Junts han estado negociando, y las cosas parecía que iban bien, por lo que por la primera o segunda alternativa Trías disfrutaría del momento de tener el bastón de mando en sus manos, y a sus setenta y muchos años coronaría su carrera política, emulando a joviales de su quinta como Biden o Trump. El hombre fuerte de Esquerra, Ernest Maragall, también es otro “joven”, promesa estrella de su partido. Sin embargo, el guion independentista se frustró por obra y gracia de la decisión del PP de sumar sus votos a los Comunes y al PSC, una vez que ambos habían anunciado que votarían conjuntamente, por lo que el socialista Juama Collbonie, que ha sido teniente de alcalde con Colau en la última legislatura, sería escogido como alcalde. El revuelo en el pleno fue grande, pero nada comparado con la indignación absoluta de un Trías que veía como la alcaldía que ya casi tenía en la mano le era arrebatada en el último minuto. Casi emulando esos esprintes ciclistas en los que la foto finish determina qué tubular ha sido el primero en cruzar la línea de meta, los votos no soberanistas vencieron a los soberanistas, y el PSC se puede colgar la medalla de haber reconquistado, tras muchos años, la alcaldía de una Barcelona que dominó en el pasado. El propio PSOE, aunque su relación con el PSC sea lo que es, puede exhibir el triunfo de gobernar la segunda ciudad de España. Los Comunes, desalojados de todo su poder municipal, mantienen una pica de influencia en el consistorio que más publicidad puede darles y el PP tiene como argumento para la venta su sentido de estado a la hora de una votación en la que no pintaba casi nada. Los que ganan, ganan, todos. Y los que pierden… bueno, lo pierden todo. ERC no consigue la vice alcaldía tras unos malos resultados locales en Cataluña y Junts pasa de las mieles del éxito en la plaza Sant Jaume a la nada más absoluta. Los gestos de Trías empezaron la jornada mostrando templaza y senny, pero la sorpresa iba creciendo a medida que el pleno avanzaba y, al desvelarse el sentido de las votaciones, trías pasó de una imagen de ancianito adorable y bonachón a la de un viejo resentido, cabreado y lleno de ira porque le habían quitado el juguete con el que soñaba. Enfadado, descolocado y poseído por la venganza, Trías hizo un discurso sabiendo que ya no sería elegido en el que, literalmente, mandó a todos a paseo y expresó un “que os den” que resonó en toda España.

En el fondo Trías actualizó aquel anuncio del Scatergorys, (los millenial no saben de qué les hablo) de tal manera que dejó claro que él y los suyos entienden la democracia como un juego en el que todos votan y se respeta la voluntad de los ciudadanos siempre que el resultado sea el que debe ser, es decir, que los ganadores sean ellos. Todo lo demás es pucherazo, bronca, usurpación de la voluntad, dictadura, fascismo y todas esas tonterías. Los “indepes” como buenos totalitarios, se llenan la boca con la democracia, el derecho a decidir, votar y esas cosas como meros procedimientos de refrendo de lo que desean imponer a la sociedad, y si esa sociedad les da espalda, la sociedad es traidora, manipulada e indigna de las nobles ideas políticas que los indepes proclaman. Menuda lección dio Trías el sábado, hizo todo lo que no hay que hacer, y como contraejemplo es, simplemente, perfecto.

jueves, junio 15, 2023

Sumando restas

Formar una coalición política es un tema serio, o al menos así debiera considerarse, sobre todo por los que están tratando de armarla. El problema muchas veces surge de lo que está detrás de la política, la lucha por el poder, y las ansias que eso desencadena. Cuando abunda, el poder se puede repartir y disfrutar entre más y eso apacigua los ánimos, pero cuando escasea la lucha se vuelve despiadada, cruel, sin descanso alguno. Esa es la base de muchas de las tragedias clásicas, que vemos repetida cada día en nuestro país y en todo el mundo, porque las personas somos como somos, y así nos va. Pero cuidado, fina es la línea que separa el drama de la farsa.

El proceso de construcción de sumar, el partido que encabeza Yolanda Díaz. Plataforma que reúne a todas las siglas a la izquierda del PSOE, ha sido una mezcla curiosa entre almíbar empalagoso y puñaladas traperas. El conglomerado y la nueva marca son, otra vez, el enésimo intento de envolver al partido comunista en una estructura que permita que a los comunistas no se les llame así. Primero fue Izquierda Unida, luego llegó Podemos, ahora nace Sumar…. En el fondo todo es de lo mismo, de esconder esa extrema izquierda populista, reflejo de la extrema derecha populista agrupada en Vox, bajo un paraguas que enmascare las pulsiones totalitarias de una ideología de pasado y presente indefendible. Creo que son quince las formaciones que se han unido entorno a YoYolanda, como la denomina brillantemente Carlos Alsina, y la última de ellas ha sido Podemos, un partido devaluado y camino del desguace por causas propias. Podemos se unió a la coalición sumar apenas a un par de horas del final del plazo de inscripción de agrupaciones para las elecciones del 23 de julio, en medio de un vodevil de acusaciones mutuas y de vetos explícitos no nombrados. Los súbditos del camarada Iglesias querían negociar con Yolanda de tú a tú, pero los resultados de las elecciones locales de mayo dejaron claro que el tono morado de Podemos se ha convertido en un pálido tirando a velo. Tras los votos, el peso de la negociación entre ambas partes estaba claro, Yolanda podía imponer sus condiciones e Iglesias y los suyos eran unos fantasmas sin capacidad de decidir nada, pero al líder supremo nada se le resiste, la realidad tampoco, y así, antes y después de los comicios, dedicaba todas sus fuerzas a atacar el personalismo del proyecto de Yolanda (sí, sí, el ególatra mayor del reino acusando a otros de personalismos) y exigiendo que Irene Montero debiera estar en las listas de sumar como la reina que es. YoYolanda, que no es tonta, sabe que Montero es tóxica, un fracaso andante y una máquina de perder votos, y no la quiere ni en pintura, por lo que dejó claro a los negociadores de su parte, sin decir una palabra en público, que a Montero nada, y que Iglesias dijera lo que le viniese en ganas. Pablemos amagó con no unirse a la coalición pero, finalmente, lo hizo, eso sí, como el niño malcriado que es, diciendo que se ha unido pero que no está a gusto, que ha firmado pero que no hay acuerdo, y reiterando sus exigencias al momento siguiente de juntarse para que el proceso de conformación de listas sea el más convulso y zafio posible. Desde sus canales y púlpitos, bien regados de dinero, Iglesias sigue acusando a todos aquellos que no se pliegan a ante él de ser unos vendidos al capital, al fascismo y a todas las bobadas que no deja de decir desde que alguien le puso un micrófono delante, sólo que ahora ya no encandilan a tantos que, tontos, se dejaron engañar por el personaje. Ahí seguirá hasta que se cierre el plazo de constitución de listas, creo que el lunes que viene (no descarten sorpresas) y luego, en campaña, dirá que hay que votar a Sumar, pero con la nariz tapada porque son unos traidores a su causa y bla bla ba

Desde luego, si una plataforma política aspira a hacerse un hueco relevante en el panorama político del país, esta no parece la manera más inteligente de conseguirlo. Estos proyectos siempre nacen con un grupúsculo torpedeándolos, porque las esencias ideológicas de la izquierda pura prevalecen entre los iluminados de turno, se llamen como se llame, y no dejan de producirse escenas que hacen que los sketches clásicos de la vida de Bryan sobre el Frente de Liberación de Judea y el Judaico Popular sean el mejor tratado politológico al que uno pueda acudir para entender lo que pasa en esa jaula de grillos. Será difícil que sumar supere los veinticinco escaños, y eso sin el torpedeo de Pablemos y de los sectarios que le siguen. Proyecto unido e ilusionante lo llaman.

miércoles, marzo 22, 2023

Lo de Tamames

Ramón Tamames es mucho más listo y culto que todos los parlamentarios que hoy en día se sientan en el Congreso, empezando por los incompetentes que le han reclutado para este triste espectáculo que se desarrolla ante nosotros. A sus noventa años conserva aplomo, capacidad de respuesta y un cierto gracejo. Es bastante probable que yo no llegue a su edad y, si lo hago, en unas condiciones mucho peores, por lo que no esperen de mi alusiones sarcásticas a los años que tiene o al aspecto que presenta. No tiene él la culpa de lo que sucede en estas sesiones, sino aquellos que, en un monumental ejercicio de pérdida de tiempo, han decidido crear este sainete.

El populismo es ruidoso, sectario, bronco, falso y, además de todo eso, ineficiente. Durante los años de esta deprimente legislatura hemos tenido la oportunidad de comprobar cómo se las gasta en su versión extrema izquierda, soltando mentiras sin cesar, escribiendo leyes mal redactadas y causando daños allí por donde avanzan. Apenas nada se puede salvar del paso de Podemos y demás tropa por unas instituciones que han arrastrado por el fango con su actitud, formas y decisiones. Frente a ellos, nada agazapados, espera el reverso para llegar al poder, el populismo que se envuelve en la bandera patria para esconder la misma incapacidad, brutalismo y afán sectario. Vox apenas ha tocado poder en algunas regiones y todas sus medidas han sido disparates absurdos, meteduras de pata y declaraciones en las que el concepto de bocazas quedaba perfectamente definido por la gracia de quien las emitía. La indigencia intelectual, elevada en el conjunto de la clase política nacional, sumidero de personas de poca valía, en la que aquellas que más capaces son tratan de huir, es sumaria en las formaciones populistas, que viven a golpe de tuit zafio y ruido mediático autogenerado por sus cámaras de eco, que replican sin cesar propaganda de un nivel nauseabundo, que deja a las mentiras impulsadas a diario por Moncloa en piezas dignas del museo de la retórica. El espectáculo de una moción de censura absurda que contemplamos estos días es fruto de las inteligencias de Vox, a las que Chat GPT supera en todos los test que puedan realizarse. Visto desde la óptica del estratega político, que piensa en frío y actúa en función de cómo evoluciona el entorno, el declive en el que se encuentra el gobierno de coalición, fruto de errores propios y de la división entre sus componentes, es la mejor de las bazas para que la oposición saque rédito. Como recordaba hace no mucho Felipe González, preguntado ante el último disparate emanado de la boca del vicepresidente Iglesias, no movería un dedo para sacar del error a mi adversario, y por cada uno que cometa nada haré para evitar que siga en ello. Dejar que el gobierno se vaya cayendo ante la realidad y las consecuencias de sus errores es la táctica más limpia y práctica que tiene ahora la oposición. Por ello, organizar este espectáculo de censura sólo sirve, la verdad, para que Sánchez y Yolanda Díaz puedan mitinear desde la tribuna del Congreso sin límite de tiempo, frente a un candidato a presidente, Tamames, ninguneado por la propia formación que lo ha propuesto para el cargo. Dada la velocidad a la que se desarrollan los acontecimientos es muy probable que en una o dos semanas todo esto que vemos se haya quedado en el baúl de los recuerdos y apenas genere efectos. Las vacaciones de semana santa y, tras ellas, el esprint de la campaña electoral de las municipales y autonómicas lo llenarán todo. Quedan dos meses casi exactos para esos comicios, y las encuestas muestran una erosión del voto socialista y ascenso del PP, pero con el determinante papel de los populistas de izquierda y derecha para condicionar la gobernabilidad tras los resultados. Pasar del chantaje podemita al voxista no es un avance, sino quedarse en donde estábamos.

Se las razones que permiten que estas formaciones cosechen votos y se los quiten a los partidos clásicos, leo y escucho a los que de esto controlan y los argumentos son convincentes y reiteraos, y se dan aquí y en otras naciones, pero, en el fondo, no entiendo cómo alguien puede votar a semejante panda de inútiles, a los que ninguno de nosotros contrataría para darle un trabajo, o confiaría para cualquier cosa que nos importase. Millones de papeletas tendrán impresas, en las siguientes elecciones, unas siglas que se basan en el odio y la mentira, y cuyo único fin es obstaculizar, perseguir al contrario, impedir el avance. Bien los sabe Tamames, que fue encarcelado por un sectarismo por el hecho de militar en el otro sectarismo de la época.

martes, marzo 07, 2023

El Congreso empieza a corregir el “sí es sí”

No deja de tener su cara irónica que el gobierno que llegó al poder encumbrado en el lema del “no es no” se esté deshilachando por una ley llamada del “sí es sí”. Cualquiera que desconozca las vicisitudes de nuestra política, además de ser más feliz, pensará al leer todas estas tautologías que somos una nación absurda y empeñada en el simplismo. Si es así acertará de pleno. Reducir la complejidad a lemas pegadizos y baratos es uno de los artes de la propaganda, política y no, pero el grado de simplismo al que se ha llegado en estos últimos años abochorna hasta a los que no son capaces de entender que es lo que pasa. Haber dejado el poder a dogmáticos y estalinistas es lo que tiene.

Hoy el Congreso, salvo sorpresa gorda, validará la proposición de ley del grupo socialista para enmendar la ley del “sólo sí es sí” con una aplastante mayoría. Repugna a casi todo el mundo que violadores, asesinos y delincuentes de este tipo hayan visto rebajadas sus penas por un texto legal aprobado por la totalidad del Consejo de Ministros, desde su presidente hasta el último de sus miembros, que sólo era un mero instrumento de propaganda del sector morado del ejecutivo. El peaje por el que Podemos seguía apoyando al ejecutivo era que le dejasen aprobar su juguete de ley, un texto lleno de fallos, que desde su tramitación fueron advertidos por muchas voces, y que nada más entrar en vigor ha generado cientos y cientos de revisiones de sentencias, todas ellas rebajando penas. El escándalo es mayúsculo, infame hasta lo insoportable, y el ala socialista sólo se puso a ello cuando vio que la propaganda que salía de Moncloa era incapaz de sobrevivir a una realidad indignante. ¿Y Podemos? Nada, a lo suyo. Su líder supremo, el gran machista Iglesias, que de manipular sabe mucho, se inventa la expresión “código penal de la manada” para referirse a toda norma legal que no haya sido dictada por su propio puño y letra y convierte a este eslogan en el santo y seña de todas las comparecencias de los cargos del Ministerio de Igualdad y de los de su secta morada, lanzándolo con la mayor de las agresividades a quien se ponga por delante. Y si el que se pone es del PSOE, con más saña si cabe. Resulta increíble que los altos cargos de Podemos que ocupan responsabilidades en el gobierno y cobran decenas y decenas de miles de euros por ello no dejan de insultar al gobierno al que pertenecen, al resto de compañeros del ejecutivo y, en conjunto, a toda la sociedad, con un grado de incompetencia y soberbia que roza lo patológico. Como es evidente que Sánchez no va a cesar a nadie de Podemos pase lo que pase, los morados saben que tienen bula (y sueldazo garantizado) hasta el día de las elecciones generales, y ya les da igual todo. Se van a dedicar a destrozar lo que puedan hasta el momento en el que, espero, deje de cobrar porque el gobierno cambie. No hay nada que salvar ni de honra ni de discurso en ese lado del ejecutivo ¿Y en frente? Ayer Margarita Robles, que tiene el valor que le falta a su presidente, no se dejó amilanar por Belarra y sus secuaces, y le dijo bien claro, a la cara, y mentando su nombre, que ella ya luchaba por la igualdad antes de que las dirigentes de Podemos hubieran nacido, y que desde luego no eran esas incompetentes nadie para darle lecciones en esos temas (y en ningún otro, añado yo). Robles debe estar como gran parte del socialismo, asqueada del vil comportamiento de sus socios de gobierno, y muy enfadada con un Sánchez que decide ponerse de perfil en todo momento, siendo el mayor responsable de todo lo que suceda, porque de sus decisiones e inacciones surgen estos problemas. Si tuviera algo de valor cesaría a Irene Montero, y que entonces decidan los morados si quieren romper el gobierno e ir a elecciones o aguantar lo que queda de legislatura. Pero no, Sánchez no hará eso.

La votación de hoy es el primer paso para que la reforma de la ley llegue a buen curso y, a partir de entonces, deje de producirse ese sangrante goteo de rebajas de penas, pero nada podrá evitar que los cientos y cientos de indeseables que ya se han beneficiado no lo hagan, el error cometido, cometido queda. Dejar que el sectarismo se haga con los mandos del poder es peligroso, porque a su ceguera ideológicas se le suele sumar la ineptitud. Podemos, Vox, Trump… todo ese tipo de partidos y personajes no sólo poseen discursos tóxicos, sino que, llegados al poder, perjudican la vida de la gente, destruyen cosas, alientan delitos. Maldita la hora en la que el populismo arraigó en occidente y engañó a los votantes.

martes, enero 17, 2023

La necedad de Vox

Es el aborto uno de los temas más vidriosos que conozco, y sobre el que menos considero que pueda emitir una opinión juiciosa. Me baso en una serie de ideas en las que fundamento mi opinión, pero trato de no discutir sobre ello. Creo que todo aborto es una tragedia, sea natural o provocado, creo que no es un método anticonceptivo y creo que la gestante es la única que puede decidir sobre ello. Es un hecho que se da en todas las clases sociales y rentas, y la experiencia demuestra que una ley de plazos es la mejor manera para evitar discriminaciones y requisitos que, cuando se tiene dinero, se pueden saltar sin miramientos. Utilizarlo como arma política me repugna.

A partir de ahí, entran los necios de Vox en el avispero y se dedican a remover todo lo posible para conseguir no se muy bien qué. La que ha organizado el cero a la izquierda que es Juan García Gallardo, vicepresidente de la Junta de Castilla y León al respecto es digna de estudio, y sinceramente no debiera haber ido tan lejos, porque el personaje ha demostrado no ay tener pocas luces, sino simplemente ser un absoluto ignorante sobre todas las materias sobre las que se le ha pedido su opinión en todo el tiempo que lleva en la vida pública. Es el típico ejemplo de incompetente absoluto que cobra de un sueldo público y que demuestra cada día que no está capacitado para nada que no sea el gesto soez y la desvergüenza (ven, igualito que los de Podemos, me reitero, esas dos formaciones son la cara y cruz de la misma inutilidad política). Gallardo salió el otro día a anunciar un protocolo nuevo en la región ante solicitudes de aborto por parte de las madres gestantes que, como siempre, mostraba titubeos cuando lo leía, probablemente porque leer es, en sí mismo, algo que no es capaz de hacer con fluidez. Se le veía atorado con algunas palabras de más de tres sílabas y sin tener ni idea de lo que significaban. Ante algunas de las preguntas, el sujeto contestó con el manual de tres ideas vagas que tiene él y su grupo al respecto, que se basan en el hecho de que la mujer no es más que una vasija para poder reproducir en ella a brillantes personajes como Gallardo. Ante semejante actuación, la oportunidad que se le abrió al gobierno y sus socios para entrar a degüello contra el gobierno regional y el PP era tan obvia como rentable. Menudo favor les hizo el tonto de Gallardo a las de Podemos para tapar sus excarcelaciones de delincuentes sexuales o a la mismísima Moncloa para ocultar el texto del auto de Llarena que dejaba por los suelos la intención indultante del gobierno respecto a los sediciosos, aunque obviamente acataba la reforma legal, como no le quedaba otra. En fin, que nuevamente las declaraciones esquizoides de uno de esos personajes pertenecientes a la extrema derecha patria sirven para que el bando contrario se realimente y pueda sacar pecho, lo que es algo tan absurdo como obvio. Más o menos sucede lo mismo cuando, pongamos, una secretaria de estado de igualdad de Podemos se dedica a hacer chistes sobre abusos sexuales, regalando oro puro a la oposición y disparando con fuerza contra el gobierno al que pertenece. Las formaciones mayoritarias de cada uno de los bandos ideológicos, PSOE y PP, sometidas a la fragmentación política, se ven arrastradas al fango por las bobadas que no dejan de salir de los portavoces de las formaciones extremistas de sus ideologías, y resulta deprimente comprobar cómo en los grandes partidos no existe el valor necesario para salir a todo correr y propinar los correctivos necesarios ante semejantes desastres. La secretaria de estado de Podemos debió ser cesada al día siguiente de sus declaraciones, y Gallardo también debió ser cesado tras las suyas. Es así de fácil. Si a estos sujetos, inútiles e incompetentes donde los haya, se les hace saber que si hacen o dicen bobadas dejan de cobrar a buen seguro que se lo piensan un poco, aunque es cierto que pensar no es lo que estos personajes hacen en su vida.

Dada como funciona nuestra actualidad, y más en año multielectoral como este, esta estúpida polémica será suplica, en breve, por otra igual de estúpida en la que se volverán a decir tonterías de grueso calibre, los medios afines a cada partido la esgrimirán como el último recurso disponible en su enfrentamiento y loa al líder del que dependen (y hundimiento en la sima de la irrelevancia) y así hasta que otra supere a esa, y el ruido eterno no cese, aturdiendo y avergonzando a cualquiera que tenga un mínimo de seriedad. La nueva política, que se llamó, que ha generado dos monstruitos fanáticos y maleducados, es de lo peor que le ha pasado a este país en décadas. No sucede sólo aquí, cierto, pero esas dos siglas son responsabilidad propia. Ojalá los electores reflexionasen y se quedaran sin ningún voto. Ojalá.

martes, enero 10, 2023

Ridículo republicano en EEUU

El sembrar las semillas del populismo en la política tiene efectos muy llamativos, como el que vimos el domingo en Brasilia, o su antecesor, el asalto de Washington de 2021, pero también trae otros, más sibilinos, quizás igualmente letales. En nuestro país el gobierno se sostiene en una formación de extrema izquierda populista que no deja de cometer errores de bulto, hacer declaraciones sonrojantes y comportarse, en el mejor de los casos, como una cutre asamblea universitaria. En la derecha, el PP está asediado por unos sujetos que se organizan en torno a algo llamado Vox que no dejan de decir disparates, hacer poses de tipos duros y ser unos absolutos incapaces para todo lo que sea gestión. El populismo socaba los consensos

Por eso, el espectáculo lamentable que se ha visto estos días en Washington en torno a la elección del “spaekaer” o presidente de la Cámara de Representantes, el Congreso de allí, ha vuelto a poner sobre la mesa el letal efecto que ese populismo sin frenos tiene y cómo el extremismo conocido siempre podrá ser superado por un extremismo aún más disparatado por venir, que acusará a todos los demás de no ser lo suficientemente puros. Los republicanos ganaron las elecciones legislativas de medio mandato de noviembre, con menos margen del previsto, lo que hizo que no recuperasen el Senado, pero sí la citada Cámara de Representantes, aunque por un margen bastante más estrecho de lo que se esperaba. Muchos candidatos a representante fueron decididos por Trump, entre lo más granado de sus desquiciados fans, y varios fracasaron en la elección, pero otros no. Como resultado, la mayoría republicana de la cámara tiene un subgrupo de unos veinte congresistas que son la creme de la creme del trumpismo, que se proclaman poseedores de la verdad y que no aceptan que el resto, tampoco sus presuntos compañeros de partido, les digan lo que tienen que hacer. A la hora de escoger el presidente de la cámara, que allí tiene más capacidad y poder que aquí, el candidato republicano era McCarthy, trumpista de la vieja escuela, por así decirlo, y se presentó ufano a la votación, pero su sorpresa fue enorme al ver que salía derrotado porque el grupo de los puros voto a un candidato propio. La escasa mayoría republicana se perdió y ninguno de los candidatos presentados alcanzó los votos requeridos. Fracaso. Bronca. Sorpresa. McCarthy, asombrado, escuchaba a los de su propia bancada, a esos inmaculados, acusarle de ser un blando, un vendido, de no estar con Trump hasta el fondo como ellos, de ser un cobarde (¿les suena?). Creyendo que todo era una pesadilla, se volvió a solicitar una votación, y el resultado fue idéntico. Tras varias votaciones en ese día, el 2, McCarthy no resultó elegido en ninguna de ellas. El desastre era ya monumental. Así han transcurrido los primeros días legislativos en EEUU. El ala mayoritaria republicana, que controla el 90% de los escaños de la formación, ha estado plenamente sometida al chantaje que han planteado los limpios entre los sucios y han ido haciéndoles concesiones de todo tipo hasta lograr que el día 5, tras quince votaciones, McCarthy fuera finalmente escogido, gracias a la abstención de algunos de los seres iluminados, previa conversación de cada uno de ellos con el patriarca Donald. Las concesiones que se han alcanzado le han permitido al candidato acceder al cargo, pero con menos poder, porque ahora puede ser recusado en cada momento si alguno de los congresistas así lo considera y someterse a una moción de confianza de la cámara, por lo que el grupo de veinte mantiene, en la práctica, un derecho de veto sobre la figura del presidente de la cámara. Cada normativa que los republicanos presenten, o cuenta con apoyo demócrata, muy difícil, o es respaldada por los que viven en el Valhalla de la verdad, por lo que la posibilidad de parálisis de la cámara es casi más una realidad que un temor.

En la práctica, el partido republicano se ha escindido en la cámara en dos formaciones, una conservadora clásica con aires trumpistas y otra radical, sometida no ya a los designios de Donald, sino a la visión inmaculada de la arcadia soñada, al paraíso al que aspiran los elegidos. El disparate es absoluto. Con un Congreso que puede caer en el bloqueo no es ya que estos dos años próximos sean una pesadilla para la administración del demócrata Biden, que también, sino que podemos estar ante un empantanamiento total del legislativo norteamericano, lo que puede afectar a su gestión presupuestaria, el mercado mundial de bonos, el apoyo a Ucrania y muchas cosas más. Y todo por el maldito populismo y sus voces extremistas.

viernes, noviembre 25, 2022

Vox, Podemos y el matonismo político

La incapacidad de Irene Montero para el desempeño de cargo público es manifiesta. Su total desconocimiento de las normas, del funcionamiento del estado de derecho, de llevar el activismo a la forma de trabajo ha conducido a su Ministerio a un callejón sin salida en el que cada norma que de él ha surgido ha sido peor, más destructiva para sus pretendidos propósitos, hasta llegar a la sinrazón de la ley del sólo sí es sí, un disparate que genera el mayor desasosiego posible entre las víctimas de delitos sexuales. Su no dimisión, y su no cese por parte de su jefe, expresan la total irresponsabilidad en la que vive ella y su jefe.

En el anterior párrafo he sido muy duro contra Irene Montero, pero en ningún caso me he metido con su vida personal. He puesto por los suelos la actividad que desempeña y que dice defender, pero no la he insultado ni he criticado sus comportamientos privados. ¿Por qué? Porque eso es algo que no se hace, de lo que uno puede tener una opinión personal de uno u otro tipo, pero que no se debe expresar en público, porque el comportamiento privado de cada uno es el que es, y punto. La crítica a la gestión política de un cargo es una cosa que entra dentro de lo normal, y el matonismo, amparado en unas siglas o ideologías, es otra cosa en la que yo no voy a caer nunca y, por lo visto, cada vez es más frecuente entre nuestra infame clase política. El último caso ha sido el desatado por una portavoz de Vox, secundada por otros miembros de su partido, que han convertido a la vida privada de Irene Montero en el objeto de sus ataques. Como bien saben, mi opinión de Vox no difiere mucho de mi opinión de Podemos, porque ambos son presuntos extremistas ideológicos de unas corrientes desfasadas que dicen defender con ardor, pero que no son sino reencarnaciones de proyectos totalitarios que buscan el poder absoluto y la eliminación del adversario. Podemos fue innovador en su momento en el uso del matonismo, de la crítica personal, del insulto, acoso y seguimiento a aquellos que, según su criterio, no se merecían respeto alguno, y su líder, Pablo Iglesias, sigue ejerciendo ese papel de inquisidor mayor y dictamina quién tiene derecho a opinar de qué y quién no, y sentencia cacerías contra los que, a su juicio, deben ser silenciados. Es un comportamiento repugnante. Vox hace exactamente lo mismo, lo mismo. La misma basura moral, el mismo grado de violencia verbal, la misma crudeza en el desprecio a quien no se ve como merecedor del mismo. Abascal y su tropa de falangistas nostálgicos suponen el reverso perfecto de los antes mencionados, con una chulería y desprecio a las formas que serían objeto de un montón de azotes en caso de ser empleadas en colegios donde se rigiera el código de sanciones que le gustaría a Vox. El último de los episodios vividos ha sido, como les decía, de Vox contra Podemos, pero ambos se han insultado hasta el extremo e insultado a los demás, haciéndose merecedores de la absoluta condena por parte del resto de los grupos políticos y, en general, de cualquiera que tenga un mínimo sentido de educación y urbanidad. En este caso hemos tenido la desgracia de tener dos movimientos opuestos que utilizan prácticas equivalentes, pero daría igual si sólo fuera uno de ellos el que existiría, sería igualmente repugnante, condenable y despreciable. La técnica del escrache, por ejemplo, fue introducida por Podemos, y pocos fuimos los que, desde un principio, la consideramos intolerable, impropia de una sociedad democrática, un ejercicio de violencia que debía ser condenado. Podemos, y algunos otros, que les reían las gracias, no lo vieron así, y lo defendieron. Cuando los dirigentes de Podemos empezaron a ser víctimas de idénticos escraches por parte de totalitarios voxeros fuimos más, los pocos de antes y algunos sumados, los que los condenamos, porque era nuevamente la repetición de una táctica infame contra el entorno personal de alguien que no debía ser atacado.

¿Saben qué es lo peor de este tipo de comportamientos deleznables? Dos cosas; el contagio y que rentan. El contagio se extiende, se normaliza. Una vez que unos y otros realizan actos semejantes, o desatan discursos de odio similares, otros se suman al carro y llevan la misma táctica a su forma de actuar, convirtiendo la política actual en el cenagal del que huye el que tenga un mínimo de sentido de la decencia. Lo otro es que renta, que la sociedad no castiga como es debido (no votando, despreciando) a quienes cometen este tipo de actos. Tienen fans que les jalean, agitan a unas masas que parecen enardecer en medio de insultos y bravuconadas zafias. Eso, quizás, sea lo más peligroso de todo esto. Malditos populistas.

martes, junio 07, 2022

Boris Johnson se salva por los pelos

Sí, lo siento, no soy nada original. Sospecho que la frase hecha con los pelos y el margen ajustado será el clásico que servirá para titular muchas columnas hoy sobre la votación a la que ayer fue sometido el primer ministro británico. Su pelambrera desordenada invita a hacer todo tipo de chistes al respecto, y es tan fácil caer en ellos… Aunque el resultado, 211 a favor, 148 en contra, parezca otorgar una confianza holgada, lo cierto es que tanto voto en contra refleja un profundo hartazgo en el partido conservador a las formas y maneras de Johnson de hacer política y de no asumir sus errores.

Lo más claro que se puede decir de Johnson es que no engaña. Su pinta de bufón corresponde a un personaje que supera por mucho sus propias capacidades y que desarbola a todo aquel que trata de aproximarse a su figura. Histriónico, excesivo, lúdico, amante de las broncas, la carrera de Johnson es la de un tipo listo, dotado de una excelente memoria, educado a la manera de las más rancias élites británicas, que ha ido de un lado a otro movido por su mero afán de escalar en el poder sin tener muy claro para qué. Obsesionado con la figura de Churchill, proclama su adoración al primer ministro al que tanto debemos los europeos, pero la manera en la que Boris pretende emular a Winston sólo logra caricaturizar al personaje histórico y dejar en peor papel al actual político. No hay honra ni contenido profundo en la figura de un Johnson en la que, nuevamente, sus desordenados pelos son el perfecto reflejo de su personalidad. Antes de dedicarse de manera profesional a la política hizo un poco de todo, y entre sus múltiples empeños estuvo el de ser periodista, corresponsal de un diario británico en Bruselas. No consta que allí se disparara su eurofobia más de lo que ya lo estuviera antes de asentarse en la oscura capital comunitaria, pero sí es cierto que fue pillado en más de un renuncio por parte de sus editores, que comprobaban con cierta frecuencia cómo las crónicas que escribía el tal Boris no eran el reflejo de la realidad. Johnson escribía bien, sí, pero no era cierto gran parte de lo que contaba. Eso no sería delictivo en caso de dedicarse a la novela, pero en el periodismo resulta ser, como poco, una estafa. Acabó siendo despedido del medio y a partir de ahí, con los contactos que hizo en la Bruselas lobista, seguro que con más de una fiesta de por medio, encarriló su vida hacia la política, llegando a ocupar el puesto de alcalde de Londres, una figura que tiene más de nombre que de responsabilidad dado el extraño funcionamiento administrativo de esa gran ciudad. Durante sus mandatos Johnson no dejó indiferente a nadie, mostrando un talante cada vez más populista, aficionado al espectáculo puro y duro y con una vena histriónica que, salvando las distancias, le llevaba más a parecerse a un Jesús Gil y Gil anglosajón que a un mero populista de manual. Es en esos años cuando el tema del Brexit va cogiendo fuerza y Johnson lo ve como una oportunidad para pegar el gran salto al auténtico poder en su nación. Amparado en las irresponsable decisiones del nefasto David Cameron, un absoluto inútil de aspecto más formal pero de profunda necedad en todo, Johnson se une con fiereza al bando de los que quieren sacar a su país de la UE y, día tras días, repite mentiras cada vez más gordas sobre los efectos financieros para la islas de estar en la Unión o sobre cualquier otra cosa. Comparar lo que dice el martes con lo que afirma el jueves es risible, dado que no se parecen en nada y cada día que pasa sus trolas son mayores que las del día anterior. Pero Johnson tiene morro, por decirlo en bruto, sabe hablar ante un público mitinero, se toma una pinta con los votantes con enorme credibilidad, preludiando lo que será su principal ocupación una vez que llegue al gobierno. El brexit triunfa de una manera sorprendente, y Boris se sube al carro de una victoria a la que hacía no mucho veía con recelo. Afirma que era “brexitero” ya desde la cuna y, casi seguro, montó más de una fiesta para celebrar el resultado.

El interregno de Theresa May al frente del gobierno británico es una época en la que Johnson no deja de hacer trabajo de zapa para preparar su propio ascenso al poder. Entre medias, le da tiempo a volver a cambiar de pareja y ser padre otra vez, cosa que repetirá ya siendo primer ministro, Creo que tiene seis hijos de tres parejas conocidas. Llega al poder con una enorme victoria sobre el laborismo, arrasando en el cinturón rojo del norte, y la pandemia ya demuestra que gobernar no es lo que le gusta al marchoso de Boris. Desde entonces su vida es un rosario de escándalos, declaraciones absurdas, meteduras de pata, grandes palabras, discursos pomposos y nulo rumbo, todo aderezado con varias copas de alcohol. Como Churchill, sí, pero en payaso.

lunes, abril 11, 2022

Macron gana la primera vuelta, pero…

Las encuestas francesas han acertado el nombre del ganador y de su rival en la que será, dentro de dos semanas, la segunda vuelta de la elección presidencial, pero no han atinado bien en la abstención, elevada, pero menor que la predicha, ni en la distancia alcanzada entre el primer y segundo candidatos. Se preveía un resultado muy ajustado ente Macron y Le Pen, y finalmente él le ha ganado a ella por unos cuatro puntos, lo que es una holgura mayor de la que obtuvo en la primera vuelta de hace cinco años. Eso, en principio, sería un síntoma de tranquilidad respecto a la segunda vuelta, pero no, no es el caso.

Si uno mira los resultados descubre, con preocupación, que Le Pen, con el 23,41% de los votos, Melenchon, extrema izquierda, con el 21,95% y Zemmour, aún más extrema derecha, con el 7,2% suponen más de la mitad de los votos emitidos ayer en la rica, desarrollada y culta Francia. Más de la mitad de los electores votaron por propuestas populistas que se basan en ideologías extremistas, de confrontación, de lucha, de enfrentamiento, de odio. Ideologías que no sólo no tienen ni ideas ni criterios para solucionar los problemas económicos y sociales de los franceses, sino que, de llegar al poder, supondrían la creación de nuevos y fabulosos problemas. Frente a estas opciones, el voto moderado, encabezado por Macron, se queda por debajo de esa mitad de sufragios, por lo que el miedo a una asociación de radicales en la segunda vuelta resulta obvio y justificado. Podría pensar el lector que no hay porque asustarse, dado que el votante de Melenchon, algo así como el Podemos de Francia, no va a respaldar a la ultra Le Pen, pero es obvio que, en gran parte, el resultado electoral de dentro de dos semanas va a depender de lo que decida ese grupo de votantes, entre los que habrá desencantados que no acudan a las urnas ante el rechazo que les puedan dar ambos candidatos y otros que votarán más a uno que a otra, se supone, pero de cómo se produzca el reparto entre estos tres grupos determinará lo que acabe pasando. Zemmour ya ha indicado que sus votantes deben agruparse en torno a Le Pen, por lo que la extrema derecha actuará unida, y el resto de partidos no populistas han dado instrucciones para que se vote a Macron, lo que sucede es que ese resto de partidos ha quedado convertido en un grupo más pequeño que la agrupación de mariachis que suele rondar las sedes de los partidos derrotados en España. El republicanismo gaullista, el clásico, el que llevó a Chirac o Sarkozy al poder, ha sacado un cutre 4,8%, y sui candidata Valérie Pécresse, que en algún momento llegó a despuntar en las encuestas, ha rubricado el final de esta formación histórica. Si la derecha clásica quiere buscar algún consuelo a su cruel derrota puede hacerlo mirando a los socialistas que, en la práctica, han dejado de existir. Con Ane Hidalgo al frente, los correligionarios de Sánchez han sacado el 1,7% de los votos, una cifra aún menos que el ridículo 2% que les otorgaban las encuestas. Ambas formaciones, que hasta la llega de Macron se han repartido el poder en Francia durante décadas, han quedado por debajo del 5% y, según he leído por ahí, eso hace que no puedan recibir subvenciones que les cubran los costes de la campaña, por lo que, además de irrelevantes, esos partidos deben estar al borde de la quiebra. Lo lógico sería que se juntasen en un local, no muy grande, y firmaran su disolución, quizás con vistas a refundarse en un futuro, pero con el presente convertido en la nada. La política tradicional francesa ha muerto y sólo Macron, cabeza de un movimiento personalista y sin demasiado arraigo local, es el dique de contención del populismo que, al otro lado de los pirineos, comanda la dinámica electoral. Comparado con esto la política española resulta hasta optimista, dado que aquí los populismos, aunque en alza, todavía no han llegado a esas cotas de votos y poder.

De cara a la segunda vuelta Macron va a tener que hacer una campaña muy intensa, y tratar de recoger voto de esa extrema izquierda para que, con pinzas en la nariz, le vote. Le Pen, que se ha visto favorecida por la presencia del radical Zemmour para poder exhibir un aire menos extremista, vuelve a ser la cabeza visible de todo el radicalismo de derechas, y eso beneficia, a priori, una campaña macroniana de unidad nacional contra el frente populista, pero la verdad es que, hasta que la noche del domingo 24 se acabe no podremos saber si tendremos cinco años más de continuidad en Francia o un terremoto se abatirá sobre el corazón de Europa. Por si acaso, Putin tiene enfriada una botella de vodka para brindar por si su candidata acaba ganando. Y no lo olviden, puede suceder.

jueves, diciembre 16, 2021

Boris Johnson naufraga

Ayer el parlamento británico aprobó la reimposición de restricción es en Reino Unido con motivo del disparo de contagios que está propiciando la variante ómicron. El resultado de la votación refleja el absurdo en el que se ha convertido la política de aquel país, antaño ejemplo de seriedad, y hoy a un nivel de cutrez similar al que vivimos habitualmente países como el nuestro. La desbandada de diputados conservadores, unos cien, más o menos un tercio del grupo del gobierno, que decidieron no apoyar las medidas del gabinete, hizo que las restricciones fueran aprobadas gracias al voto de la oposición laborista, que ahora mismo encabeza las encuestas de unas muy lejanas elecciones.

Este resultado es el último desastre que ha causado Boris Johnson, un primer ministro cuyo estilo de gobierno se refleja mucho más en su forma de peinarse que en cualquier otro aspecto de su personalidad. La semana ya empezó para él de la manera más horrible, siendo vapuleado ante todos a medida que se desvelaban los detalles de la fiesta navideña que tuvo lugar en sus oficinas de Downing Street el año pasado, cuando estaban prohibidas por estar los contagios, enfermos y demás variables covid en auge. Johnson urgía en esas navidades a sus compatriotas, los que le pagan el sueldo, a no ver a los y a pasar casi en soledad las fiestas para no propagar más el virus y, a los pocos minutos de terminar su alocución, se unía a la fiesta que tenía lugar en la residencia del gobierno, donde las medidas sanitarias eran, seguramente, solo algunas de las que no se cumplían en absoluto. Este episodio ha colmado la paciencia de muchos, y ha sido la causa de las primeras dimisiones reales en el entorno de su núcleo duro, pero no es sino una más en la caótica gestión que se vive, en el día a día, en aquel país. Johnson es un populista de libro, un autor de estrategias llamativas para epatar ante los medios, de discurso bronco, de foto fácil, de mensaje directo. Sabida es su cultura, su capacidad de recitar a los clásicos en las lenguas originales, y que, aunque los tenga muy desordenados, carece de un pelo de tonto, pero es un absoluto inútil para gestionar un gobierno. Fue antieuropeo cuando trabajaba como periodista en Bruselas, luego flirteó con el europeísmo y, en la campaña del Brexit, no se mojó muy claramente a favor de la salida de la UE. Tras el desastre del resultado, se unió con firmeza a las huestes proBrexit y dedicó todas sus fuerzas a hacerse el abanderado de la causa británica, convirtiéndose en una auténtica mosca cojonera de la entonces primera ministra, Theresa May, de su partido, que hacía lo que podía con un Johnson desatado. Consiguió reunir fuerzas para que May renunciara y se convocaron elecciones en las que sacó un resultado arrollador, consiguiendo par el partido conservador una mayoría absoluta inmensa, con triunfos en el llamado cinturón rojo laborista del norte de Inglaterra, donde los conservadores nunca se habían comido una rosca. Johnson llegó al poder por el que tanto había luchado y, desde entonces, su gestión es un ejemplo de impericia, ineptitud y descontrol. La pandemia apareció al poco de que se sentase en su despacho del gobierno, y optó por ignorarla, convirtiéndose en negacionista hasta que el virus le postró en un hospital y vio la luz. Con Trump en el gobierno de EEUU, exaltó su imagen nacionalista británica y se convirtió en un auténtico “Miniyo” de su jefe, ambos provistos de prominentes cabelleras, pero la derrota del populista padre le dejó medio colgado de la brocha. Ha ido aprobando y rectificando normas que, en relación al tratado del Brexit firmado con la UE, han introducido una enorme inseguridad en todos los ámbitos imaginables. La imagen de fiabilidad del Reino Unido bajo la era Johnson se ha diluido por completo.

Esta misma semana ha asistido al nacimiento de su, creo, séptimo hijo, fruto de su actual relación, creo que la tercera conocida. El caos que supone seguir su vida sentimental es el reflejo de un personaje devorado por sí mismo, alguien capaz de sentir en ocasiones con fineza por dónde sopla el viento del electorado para subirse a él y arrasar y que, casi siempre, yerra en lo práctico, sumido en escándalos de financiación relacionados con la decoración de su actual piso en pareja, o la anterior residencia, o cosas por el estilo. Johnson vendió a los suyos un futuro glorioso basado en un Brexit de ensueño. La realidad de su gestión, más allá de ser un fracaso, muestra tintes de patetismo que, realmente, son difíciles de imaginar provenientes de un lugar tan serio como aquel.

jueves, octubre 21, 2021

El gran error de Polonia

Esta semana hemos asistido, en el parlamento de Estrasburgo, al diplomático pero férreo enfrentamiento entre el primer ministro Polaco, Mateusz Morawiecki y la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Layen, a cuenta de las decisiones tomadas por el constitucional polaco, que constituyen un golpe muy serio no exactamente al proyecto de la UE, pero sí al papel de Polonia en él. La sentencia del tribunal dictamina que la primacía del derecho nacional es incuestionable frente a lo que dictan los tratados y normativas de la Unión, y esto supone una violación de los compromisos por los que Polonia, o el resto de naciones, se adhieren a la UE, o a cualquier otro tratado internacional, que exige su ratificación por parte de los que a él se agregan, asumiendo lo que dice ese tratado como propio.

Resulta duro comprobar el enorme error, el inmenso error que están cometiendo algunas de las naciones del este de Europa, cuya ampliación, costosa y controvertida, fue vista como un éxito cuando se produjo, por motivos obvios de reencuentro tras las décadas de dictadura soviética que los separaron del resto del continente, pero que con el tiempo se ha comprobado como un proceso mucho más bronco y conflictivo de lo que se esperaba. Varias de esas naciones han visto como en su seno han surgido poderosos movimientos populistas, en este caso nacionalista extremos y de ideología derechista, que han buscado, como hacen todas las formaciones populistas, cercenar las libertades e imponer una uniformidad que sólo existe en sus estrechas mentes. Los roces con las autoridades europeas empezaron al poco de que estas formaciones tocaran poder y, si el caso de Hungría ha sido el más sonado de todos, el más relevante es el de Polonia, que resulta ser una nación mucho más grande, más poblada y, económicamente, la de mayor potencial de la zona. Fronteriza con Alemania, la simbiosis entre las empresas de uno y otro lado de la raya ha crecido con fuerza a medida que la entrada de Varsovia en la UE unificó reglamentaciones y levantó barreras. Ello, junto con el enorme caudal de fondos europeos de desarrollo, ha provocado que la economía polaca haya vivido muchísimos años de crecimiento económico, paliando en parte el enorme atraso del que partía tras ser aplastada y saqueada por el régimen soviético durante décadas. Polonia es un caso de éxito de la economía social de mercado en un espacio de libertades, de la ventaja de ocupar una posición centrada en una UE que viró al este cuando se produjo la ampliación, de poseer una población formada y laboriosa. Polonia fue la primera de las naciones del bloque del este en la que se produjo una oposición social a la dictadura comunista. Allí, en Gdansk, en los antaño inmensos astilleros, surgió Solidadirad, el sindicato de Lech Walesa, que buscaba proteger a los trabajadores navales de las duras condiciones que les imponía el régimen y, también, buscaba un espacio de libertad en medio de la opresión. La historia de Solidaridad, de su crecimiento como movimiento libre, del impulso social que creo y de la fuerza que llegó a adquirir frente a la dictadura es una de las más conmovedoras y hermosas de la reciente historia europea, y puede presumir de haber culminado con éxito. Se benefició de una URSS que, aunque no lo aparentaba, ya se empezaba a desmoronar y no era capaz de volver a sacar los tanques por las calles polacas como lo hizo en Praga en 1968. Doce años después los demócratas polacos veían que su régimen se agrietaba porque, por así decirlo, en el Mordor que era la URSS el poder del mal se debilitaba, se agrietaba el faro oscuro de Moscú. En esos años, Polonia supuso un lugar de esperanza para muchos, y la clave de bóveda que, con su caída, precipitó el colapso de las dictaduras que se encontraban al otro lado del telón de acero. Algunos de esos derrumbes fueron sangrientos, como el de Rumania o, sobre todo, la antigua Yugoslavia, pero en Polonia la libertad triunfó a lo grande.

Por eso, ver ahora la actitud del gobierno polaco resulta deprimente, muy triste, y lo es mucho más si se explora la historia polaca del siglo XX en su conjunto, un tiempo en el que los ciudadanos de esa nación han sido masacrados, exterminados, tanto por alemanes como por rusos, y donde la libertad apenas ha durado años contados entre largas y opresivas dictaduras. Nunca Polonia ha tenido una oportunidad tan grande como la que le brinda la UE de ser una nación libre, próspera y acompañada, frente a los riesgos que existen en nuestro mundo de hoy. Allí Rusia está muy muy cerca, y algunos populistas ven a China como el socio protector que deja hacer frente a una UE intervencionista. Espero que el gobierno y la sociedad polaca recapaciten y sean conscientes del enorme error, histórico, que están cometiendo. 

miércoles, marzo 10, 2021

Puigdemont, desenmascarado de nuevo

Uno de los más logrados ejemplos de trumpismo que tenemos entre nosotros responde a ese sujeto denominado Carles Puigdemont, un fugado de la justicia que alienta a los suyos a rebelarse contra las instituciones porque no detenta el poder que cree que debe poseer. Ayer, en una de sus declaraciones, que tan bien le definen, definió la calidad de la democracia europea en función de lo bien que le vaya a él en su descarriada aventura. Si las instituciones comunitarias el avalan la democracia funciona, si no lo hacen están corrompidas y degeneran. Luis XIV dijo aquello de “el estado soy yo” desde la cumbre de su poder. Puigdemont se cree un rey absolutista cuando no es más que un patético sectario, cada vez más sólo.

El levantamiento de la inmunidad del parlamento europeo de ayer es una buena noticia porque siempre lo es que una institución sepa detectar cuáles son los personajes que, desde su interior, trabajan para derrumbarla. “Puchi” se presentó a las elecciones europeas del 2019 con el único objetivo de alcanzar la inmunidad asociada al cargo, de manera que fuese una barrera más para tratar de evitar el cerco judicial que desde los tribunales nacionales se le iba aproximando. Hasta ahora, y con la evidente ayuda de los tribunales belgas (no quiero usar el término complicidad, pero si así lo entienden me parece correcto) la estrategia le ha ido bien al sedicioso jefe, pero parece que algunos de los vientos populistas que han barrido la política occidental en los últimos tiempos empiezan a aflojar, esperemos que así sea, comenzando porque desde el otro lado del Atlántico ya no sopla la ventolera Trump, en la que se apoyaban todos estos personajes. La decisión del parlamento es un revés para el sedicioso, pero no es el final de la historia, ni garantiza que pueda ser extraditado y procesado por los múltiples delitos que ha cometido. Ya ha demostrado el personaje tener suerte y cabezas pensantes a su lado que rumian y rebuscan argumentos para tratar de salvarle en cada caso, pero sobre todo esa votación de ayer sirve para que, políticamente, la causa Puigdemoníaca y, con ella, el independentismo catalán, haya sufrido un fracaso en Europa que le va a hacer mucho daño. Una votación transversal en la que la socialdemocracia, los liberales y la derecha europea se han unido para empezar a deshacerse de este sujeto y que ha mostrado la unidad de las fuerzas pragmáticas que buscan consensos y el crecimiento del continente, frente a los que usan las cámaras parlamentarias como altavoz de sus delirios y lugar de confrontación. Es una derrota política, sólo eso, pero nada más y nada menos que eso, y para un político, o a un sujeto que se presenta como tal, el resultado de ayer le escuece. Por eso salió el personaje a dar el discurso que antes mencionaba, al que sólo le faltaba de fondo una horda de sujetos con cuernos y vestimentas estrafalarias dispuestas a tomar al asalto la sede legislativa de Bruselas para salvaguardar la democracia auténtica, encarnada en el líder libertario de pelo abundante y obsesiva mirada sectaria. Es curioso los pocos políticos calvos que son populistas, parece que en todos ellos el pelamen es signo característico. ¿Quiénes votaron a favor de “Puchi”? Lo mejor de cada casa, con formaciones como Podemos y la extrema derecha francesa de Marine Le Pen a la cabeza. Es curioso que Vox, los grandes amigos de la populista lideresa gala, unieran sus votos al bando de la cordura. No es ese el bando en el que residen, el de la razón, precisamente. La votación de ayer retrató a los que se inclinaron hacia uno y otro lado, y deja en el lugar preciso a formaciones como Podemos, de los que la distancia con el sedicioso va poco más allá de un estilo distinto de peinado en las crestas de las cabezas de los líderes. Curioso, los que vinieron con el discurso (falso) de la casta y del fin del privilegio de los aforamientos votan para mantener el fuero a un convicto escapado de la justicia. Por sus mentiras y vergonzosos hechos les conoceréis.

Como antes decía, lo de ayer es una pequeña victoria de la ley, pero no garantiza un éxito en el procedimiento judicial abierto contra el sedicioso jefe. En todo caso, muestra hasta qué punto, camino de los cuatro años del acto golpista de “Puchi” y los suyos, su fracaso es absoluto. La región que gobernaron está hoy sumida en el desconcierto institucional y el descrédito, la economía local padece los males del populismo y afronta una decadencia que, lenta, parece difícil de revertir y el apoyo internacional a la causa independentista no deja de circunscribirse a grupos ideológicos extremistas, totalitarios, populistas y desacreditados. El fracaso de “Puchi” y los suyos es total, cunado más tarden en asumirlos, peor para todos.